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Parir en medio de dos ríos: La partería tradicional en el resguardo indígena de vuelta Río Ortega, Tolima

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PARIR EN MEDIO

DE DOS RÍOS:

LA PARTERÍA

TRADICIONAL EN

EL RESGUARDO

INDÍGENA DE

(2)
(3)

LUISA FERNANDA BRIÑEZ GARCÍA

PARIR EN MEDIO DE DOS RÍOS: LA PARTERÍA TRADICIONAL EN EL RESGUARDO INDÍGENA DE

VUELTA RÍO-ORTEGA, TOLIMA

(4)

Briñez García, Luisa Fernanda

Parir en medio de dos ríos : la partería tradicional en el resguardo indígena de vuelta Río-Ortega, Tolima / Luisa

Fernanda Briñez García. -- Ibagué : Universidad del Tolima, 2019.

192 p. : mapas, tablas

Contenido: Parte 1: La partería como saber social -- Parte 2: Cuidar y partear en Vuelta del Río -- Parte 3: Entre la tradición y el cambio -- Parte 4: La interculturalidad como reto para la atención en salud.

ISBN: 978-958-5569-14-0

1. Comadronas 2. Medicina popular I. Título

618.2 B858p

©Sello Editorial Universidad del Tolima, 2019 © Luisa Fernanda Briñez Garcia

Primera edición: 500 ejemplares ISBN: 978-958-5569-14-0

ISBN Electrónico: 978-958-5569-13-3 Número de páginas: 192 p.

Ibagué-Tolima

Facultad de Ciencias Humanas y Artes

Grupo interdisciplinario de estudios sobre el territorio

Parir en medio de dos ríos: la partería tradicional en el resguardo indígena de vuelta Río-Ortega, Tolima

[email protected] [email protected]

Edición y corrección de estilo: Martha Elizabeth Varón Impresión, diseño y diagramación por : Colors Editores S.A.S. Portada: Julián Camilo Montilla Sepulveda

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PRÓLOGO

INTRODUCCIÓN

PARTE I. LA PARTERÍA COMO SABER SOCIAL

CAPíTULO 1. Conociendo Vuelta del Río

CAPíTULO 2. Problematizando la partería en Vuelta del Río

CAPíTULO 3. Lo médico como asunto sociológico CAPíTULO 4. Partería y cuidados: temas de interés

investigativo

PARTE II. CUIDAR y PARTEAR EN VUELTA DEL RÍO

CAPíTULO 5. Construyendo el sub-campo médico Coyaima-Natagaima

CAPíTULO 6. Describiendo la partería en Vuelta del Río

6.1. Prácticas culturales de cuidado 6.1.1. Cuidados durante el embarazo

6.1.2. Cuidados durante parto 6.1.3. Cuidados durante el puerperio

PARTE III. ENTRE LA TRADICIÓN y EL

CAMBIO

ÍNDICE

11

15

23 25

37 43

51

75

77

81 89 92 96 102

(6)

CAPíTULO 7. Exponiendo los factores de cambio en la partería

CAPíTULO 8. Definiendo el sub-campo alopático y su impacto social

8.1. Discurso del miedo y factores de riesgo CAPíTULO 9. Definiendo y caracterizando el modelo

médico hegemónico

PARTE IV. LA INTERCULTURALIDAD COMO RETO PARA LA ATENCIÓN EN SALUD

CAPíTULO 10. El multiculturalismo, las acciones afirmativas y la Ley 100

CAPíTULO 11. Entidades mediadoras en el proyecto intercultural de salud

CONCLUSIONES

LISTA DE ACRÓNIMOS

REFERENCIAS BIBLIOGRáFICAS

121

131

141

143

155

169

175

(7)

Mapa 1. Ubicación de Vuelta del Río en el mapa de división política del municipio de Ortega-Tolima

Mapa 2. Municipio de Ortega y sus comunidades indígenas

Mapa 3. Presencia de Pijaos Salud por etnias y departamentos

Mapa 4. Presencia de Pijaos Salud por municipios y departamentos

Mapa 5. Presencia de la IPS pública y las privadas en la red de servicios de Pijaos Salud Tolima

ÍNDICE DE MAPAS

25

28

159

159

(8)
(9)

Tabla 1. Características térmicas en la cultura Coyaima -Natagaima

Tabla 2. Distinción por componentes de las formas de atención a maternas

Tabla 3. Cuidados durante el embarazo

Tabla 4. Variaciones en la manera de atender el parto

Tabla 5. Cuidados durante el parto

Tabla 6. Cuidados durante el puerperio

Tabla 7. Nacidos vivos por persona que atendió el parto 2000-2010, Ortega – Tolima

Tabla 8. Nacidos vivos por persona que atendió el parto 2011-2015, Ortega – Tolima

Tabla 9. Nacidos vivos por sitio de parto 2000-2010, Ortega –Tolima

Tabla 10. Nacidos vivos por sitio de parto. 2011-2015, Ortega –Tolima

Tabla 11. Afiliados a la EPSI en el departamento del Tolima durante el 2013

Tabla 12. Componentes del SISPI

ÍNDICE DE TABLAS

34

89 92 97 98 102

125

125

125

126

(10)
(11)

PRÓLOGO

Reconocer en Umbelina la mujer sabedora de los secretos y las técnicas centenarias de la partería en una comunidad indígena, tiene no solo el mérito del poderse acercar a un contexto humilde y atiborrado de significados míticos y simbólicos, profundos y poco develados para el mundo de los saberes académicos, tanto como debe serlo para el mundo de las medicinas alopáticas, la mayoría de ellas cargadas de la presunción de un saber que tuvo sus orígenes en lo ancestral, es decir, en aquello que Umbelina relata que aprendió desde joven y que parece haber constituido su habilidad desde siempre, desde el tiempo de los tiempos.

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parece que tristemente su ejercicio no tendrá reeditoras. Parece que la medicina alopática terminará otra vez, triunfando sobre la que parece, inexorable extinción de uno entre tantos saberes ancestrales y no necesariamente para bien.

La investigación realizada por Luisa Fernanda Briñez García, tiene muchos méritos juntos, lo que justifica el otorgamiento de la mención de “Laureada” a su monografía para graduarse como Socióloga de la Universidad del Tolima y que constituye la presente publicación. Su rigor teórico conceptual y metodológico, expresado no solo en la adecuada búsqueda de antecedentes y la construcción de un marco teórico muy bien logrado, está acompañada de la aplicación juiciosa de entrevistas y un apropiado análisis, apegado a la comprensión de las gramáticas propias, tanto de la academia, como de las percepciones y prácticas culturales de la gente junto a la cual, conviviendo, pudo ser impactada por la fuerza de la realidad así construida y en confrontación con las visiones externas, no solo sobre la salud sino sobre el oficio de la partería.

(13)

El texto cautivará sin duda a la lectora y al lector y contribuirá a comprender un problema al mismo tiempo presente y crítico de la vida de nuestros pueblos ancestrales.

Miguel Antonio Espinosa Rico Coordinador del Grupo Interdisciplinario de Estudios Sobre el Territorio Profesor asociado a la Facultad de Ciencias Humanas y Artes

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INTRODUCCIÓN

Este libro es el resultado de una investigación sociológica de pregrado, la cual estuvo financiada por la Oficina de Investigaciones y Desarrollo Científico de la Universidad del Tolima. La idea principal que impulsó este proyecto fue buscar reconocimiento de la partería como una especialidad médica históricamente encargada de la salud sexual, reproductiva, materna y neonatal que exalta el pluralismo médico. Lo anterior significa que, acudiendo a las particularidades socio-culturales de los grupos humanos en los que se práctica, es posible develar la existencia de otras formas de atender el proceso reproductivo de la mujer (EPP) que no se restringen necesariamente al modelo alopático de salud hegemónico.

(16)

Si bien Vuelta del Río y las comunidades aledañas reconocen la utilidad de la partería en tanto práctica médica, también detallan problemas asociados a ella como la discriminación, la estigmatización, y la creciente patologización y medicalización de la vida en la población femenina e infantil, lo que se ha agravado con la hegemonía del modelo alopático y otros factores asociados, pues en la práctica la atención del proceso reproductivo de la mujer, especialmente el parto, ha venido siendo transferido a manos de hospitales y profesionales de la salud. Esta compleja situación ha llevado a que, entre otros asuntos, no se haya garantizado un relevo generacional de esta práctica, asunto que pone en riesgo de desaparición parte del conocimiento médico-cultural del pueblo

Coyaima-Natagaima, al igual que un ausentismo de atención en salud inmediata, culturalmente congruente y en el territorio para la población femenina e infantil en comunidades aledañas a Vuelta del Río y allí mismo.

Con este panorama, es que se resalta la función social de lo sustentado en este documento, pues el mismo ofrece herramientas académicas, críticas y reflexivas para la comunidad de Vuelta del Río en el camino por salvaguardar la partería, así como para la IPS indígena y EPS indígena en su objetivo por fortalecer la ruta materno-infantil. En cuanto al ámbito académico, el aporte corresponde a alimentar el débil campo de las ciencias sociales en materia de salud a nivel regional. Lo anterior debido a que en el Tolima no es muy prominente la producción acerca de esta temática, y desde este enfoque disciplinar y metodológico.

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que los estudios de caso obtengan un énfasis focalizado, profundo, holístico, flexible y contextual, rasgos que son posibles distinguir en esta investigación.

Respecto al carácter flexible, se precisa que fue un rasgo adoptado con la intensión de articular lo metodológico y lo teórico desde el inicio hasta el final del ejercicio investigativo. Esto quiere decir que, el proceso de recolección, análisis e interpretación de los datos, así como del enriquecimiento teórico se dio simultáneamente, pues, de acuerdo con Mendizábal (2006, p.68) esta ida y vuelta entre los datos y la teorización permite generar interactivamente conocimiento fundado en los datos. Este proceso circular, como puede entenderse la retroalimentación entre los datos, el trabajo de campo y la teorización, permitió la aparición de contingencias en lo teórico y lo metodológico. Respecto a lo teórico, por un lado, surgió el autocuidado como categoría emergente encontrada durante el trabajo de campo. Por otro lado, también desde el trabajo de campo, fue posible identificar e incluir en el análisis las prácticas culturales de cuidado como temática asociada a la partería.

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La etapa exploratoria se dio durante el 2015 y tuvo como objetivo realizar los primeros acercamientos con la comunidad; estructurar un mapeo de posibles cooperantes; iniciar y alimentar el análisis documental y socializar el proyecto para su respectivo aval. Luego de culminada la etapa exploratoria a finales del 2015, se inició el trabajo de campo. La duración de esta etapa se prolonga a la primera mitad del año 2016, periodo en el que se realizan 3 visitas de una semana cada una. Durante el trabajo de campo, se acudió a dos tipos de muestreo no probabilístico. Para ambos muestreos se aplicaron entrevistas semi-estructuradas y se contó con el registro detallado del diario de campo.

El primer muestreo referenciado es por conveniencia, el cual consistió en la invitación a un grupo de cooperantes clave mapeados previamente en la fase exploratoria. El total de esta muestra fueron 4 personas entre ellas: Edgar Otavo (referente indígena del SISPI), Alfonso Palma (líder indígena de Vuelta del Río), Umbelina Gutiérrez (partera), y otro miembro de la comunidad al que se llamará cooperante 1, esto en razón a su exigencia de confidencialidad. Con el fin de recabar información referida a las prácticas culturales de cuidado desde una perspectiva adicional al de la partera, se admitió la voz de algunas mujeres que han sido atendidas por ella. Para esto, se implementó el segundo tipo de muestreo conocido como bola de nieve, el cual dio una extensa red de posibles mujeres cooperantes. No obstante, la elección de las mujeres invitadas a participar tuvo como condición haber sido atendidas por la partera en cualquiera de las etapas de EPP, haber tenido al menos un parto en centros hospitalarios y tener disposición a la hora de participar. El resultado del proceso de selección y acuerdo con estas cooperantes vinculó a 3 mujeres1,

esto en razón a la información profunda y detallada que se logró recabar. Aquí es necesario expresar que si bien se planeó y ejecutó con esas 3 mujeres un trabajo en mayor intensidad, también se

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mantuvo el contacto con otras mujeres de la comunidad que aportaron elementos para la saturación de información, entendida, en términos de Martínez (2012, p. 617), como “el punto en el cual se ha escuchado ya una cierta diversidad de ideas y con cada entrevista u observación adicional no aparecen ya otros elementos.” El contacto con las otras cooperantes se registró a través del diario de campo. La elección de los cooperantes en los dos muestreos expuestos se hizo bajo los criterios de pertinencia, credibilidad y oportunidad.

Planear el trabajo de campo en un semestre y con visitas relativamente prolongadas y aisladas como se mencionó, explica el carácter flexible de la investigación y fue una elección intencional, pues lo que se buscaba era mantener un trabajo paralelo y de retroalimentación entre las etapas de campo y sistematización y análisis de los datos. En este sentido, la estrategia adoptada lleva al investigador a volver al campo con preguntas que necesitan ser resultas e incluso con otras que necesitan ser aclaradas. Respecto a las actividades correspondientes a la sistematización y análisis de la información, se detallan la transcripción textual de las entrevistas; la clasificación de las entrevistas y el diario de campo en temas y subtemas; la triangulación de los datos y la construcción de matrices para organizar los hallazgos. Si bien las dos etapas aquí mencionadas fueron en paralelo, se precisa que la sistematización y análisis de los datos se prolongó al segundo semestre de 2016.

(20)

El ejercicio investigativo plasmado en estas páginas se expone en cuatro grandes partes, los cuales se subdividen en capítulos. La primera parte, se denomina la partería como saber social y está compuesta por cuatro capítulos, en los que el lector encontrará una contextualización del territorio y la población con la que se trabajó; enseguida, se presenta la problematización de la partería en Vuelta del Río como objeto de estudio; luego, se expone la propuesta teórica con la que fue abordado el problema de investigación y por último, se referencia una serie de antecedentes dedicados a la partería y a las prácticas culturales de cuidado.

Luego de mostrar el contexto de la situación problemática, se presenta al lector la segunda parte titulada cuidar y partear en Vuelta del Río. Esta parte, expone el grueso de los datos recabados en campo y está compuesta por dos capítulos. El primero, ofrece un acercamiento a lo que se definió como el sub-campo médico

Coyaima- Natagaima, allí se pone en sintonía las categorías teóricas de Pierre Bourdieu y su adaptación a la realidad estudiada. Luego, en el segundo capítulo, se realiza una descripción detallada de la manera como se ha venido desarrollando la partería tradicional en Vuelta del Río, temática que abre paso a una profundización dedicada a las prácticas culturales de cuidado, la cual se divide a su vez, en tres secciones que sintetizan la información concerniente al cuidado durante el embarazo, parto y puerperio.

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discursivos, epistemológicos, y prácticos que lo diferencian de la medicina tradicional indígena.

Respecto a la cuarta parte, esta se divide en dos capítulos y ha sido titulada la interculturalidad como reto para la atención en salud. Las líneas dedicadas a esta sección establecen una mirada crítica frente a las estrategias impulsadas por el Estado para institucionalizar la atención diferencial en salud con la población indígena. Lo anterior, lleva a retomar elementos generales como las contradicciones manifiestas en el multiculturalismo estatal, la ley 100, las políticas de acción afirmativas y la creación de EPS indígenas, asuntos abordados en el primer capítulo. En lo concerniente al segundo capítulo, se hace énfasis en la creación y rol de la EPSI Pijaos Salud, en tanto entidad encargada de diseñar e implementar la atención diferencial en salud a partir del SISPI.

(22)
(23)

PARTE I.

LA PARTERÍA COMO SABER SOCIAL

En esta primera parte los lectores encontrarán cuatro capítulos referidos a la contextualización del territorio, el problema de investigación, el abordaje teórico y de antecedentes. El primer capítulo, es una aproximación microetnográfica del resguardo en temas como: ubicación geográfica, conflicto, lucha, tenencia y uso de la tierra, producción y dieta alimentaria, economía, patrones de asentamiento, acceso a servicios públicos, intervención estatal y salud. Luego de conocer a grandes rasgos la situación del resguardo, en el segundo capítulo, se hace énfasis en el tema de salud exponiendo los aspectos que hacen posible problematizar la partería como saber médico-cultural del pueblo Coyaima-Natagaima.

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CAPÍTULO 1. Conociendo Vuelta del Río

En la llanura calurosa del municipio de Ortega a 350 m.s.n.m y, en medio de dos ríos, el Saldaña y el Tetuán, está la vereda Vuelta del Río Centro, lugar en el que se ubica el resguardo2

indígena que recibe el mismo nombre. El siguiente mapa ubica este territorio geográficamente:

Mapa 1. Ubicación de Vuelta del Río en el mapa de división política del municipio de Ortega-Tolima

Fuente: página web de la Alcaldía de Ortega-Tolima.

Para que hoy, Vuelta del Río pudiese hacer parte de los 18 resguardos legalmente constituidos en el municipio de Ortega

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y registrados en el Departamento Nacional de Planeación (DNP, 2017), esta comunidad tuvo que enfrentar un conflicto por su territorio, el cual les fue usurpado primero, por la corona española y luego, por los hacendados regionales, quienes tomaron posesión sobre las tierras fecundas. El exilio de esta comunidad a tierras estériles — lomas— en las que la hambruna y la miseria perjudicaban sus condiciones de existencia, influenció la organización y movilización de la lucha por la tierra. Las palabras de uno de los participantes en ese conflicto narran la situación:

“(…) lo que pasaba es que nosotros en esa época carecíamos mucho de comida; de todo, porque no teníamos donde sembrar (…)”. Cooperante 1

“(…) a nosotros nos dejaron en las lomas. Y esas eran las charlas de nosotros, ¿Qué vamos a hacer en las lomas? Si nosotros somos los dueños de todos esos territorios buenos pa trabajar (…)”. Cooperante 1

La apremiante necesidad de solventar condiciones dignas para su vida y las de sus familias, sumada a otros factores, como el haberse percatado de que los predios que reclamaban eran posesión de dos personas, y no producto del despojo a los antiguos3,

así como, de la existencia de títulos coloniales que daban fe de la propiedad ancestral, hizo que estas reclamaciones tomaran mayor vigor, tal y como se relata a continuación:

“(…) esto antes era de un tal Florencio Duarte y después pasó a Paulo Lozano. Y acá era de un señor Carlos Liz, pero él era de Coyaima. Pero todas las tierras buenas que tenía eran acá en el municipio de Ortega, y aparecía que nadie le había vendido nada, sino que él había visto que eso estaba en soltura y nadies había encerrado y llegó y se apoderó”. Cooperante 1

“(…) todos los territorios buenos, los títulos, los tenían los abuelos de nosotros, pero no tenían la tierra. ¿Si me entiende? Tenían era los derechos. Las escrituras y todo eso guardadas. El gran título

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lo tenían guardado, donde especifica todo el gran resguardo, ¿sí? Y entonces pues las herramientas las teníamos, pero guardadas”. Cooperante 1

Aunque era de común conocimiento la existencia de un título colonial que podía sustentar sus reclamaciones ante la legalidad, las vías de hecho no se hicieron esperar. Esto ocurrió en diversos lugares de Colombia, por ejemplo el Cauca, lugar de donde viene mucha de la inspiración de esta sublevación. La conformación de grupos por la liberación de predios y su posterior reconocimiento legal en el municipio de Ortega fue numeroso, dentro de aquellas reclamaciones floreció la demanda de los predios: el Diamante, de 74 hectáreas, y la Península de 23, que actualmente conforman las 97 hectáreas del resguardo de Vuelta del Río (INCORA, 1996). La recuperación y posterior reconocimiento de este resguardo se hizo a sangre y fuego, según lo indicado por el cooperante:

“(..)Hubo sangre, balas, de todo… eso fue un atropello contra nosotros. Duro. . . Duro. Nos hicieron tirar al Saldaña. Ahora el Saldaña es un chorrito. Antes había harta agua y como a esta hora (5 pm) nos encienden a plomo (…)”. Cooperante 1

“(…) Esa policía auxiliar, nos encendieron a plomo nos hicieron tirar al río y eso hubo gente que gritaba, hubo harta gente que tocó cogerla ahogándose, niños y de todo”. Cooperante 1

“(…) fue duro porque durante esas vías de hecho hubo muchos enfrentamientos con la policía, heridos, muertos y sufrimiento de la gente (…)”. Cooperante 1

(28)

Los límites de este resguardo y otros posteriormente constituidos se encuentran ubicados en el siguiente mapa:

Mapa 2. Municipio de Ortega y sus comunidades indígenas Fuente: Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC).

Respecto a la recuperación de la tierra, el cooperante también señala que:

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“Al final el Estado compró esos territorios, y le entregó a la comunidad esos dos lotes y de ahí se constituyó el resguardo que es un título colectivo inalienable, inembargable para la comunidad. O sea, eso pasará de generación en generación y nadie podrá vender ni hipotecar esas tierras porque son colectivas”.

Alfonso Palma.

Aunque actualmente Vuelta del Río cuenta con 97 hectáreas, muchas de sus problemáticas siguen asociadas a la tenencia de la tierra, puesto que la extensión de esta es desproporcional para la cantidad de familias que residen de forma permanente (alrededor de 65 de las 150 registradas según el censo 2014)4, lo que ha dado

como resultado que cada núcleo familiar posea menos de una hectárea para el cultivo, siendo insuficiente para la satisfacción de sus necesidades básicas. A esta reducida cantidad de tierra, se suma el problema de la sequía que hace crítica la soberanía alimentaria, además del socavamiento del río Tetuán que consume parte del territorio.

En contraste a estas dificultades, la posición geográfica de este resguardo hace que sea una de las áreas más privilegiadas en la zona por su fácil acceso al agua (ríos) y a las zonas fértiles conocidas como vegas. En campo, se pudo identificar la importancia que los habitantes le otorgan a la confluencia de los ríos Tetuán y Saldaña en tanto fuentes de bienestar económico y social, así como al significado mágico, religioso y cultural que estos llevan impresos con personajes míticos como el Mohán, la Mohana, la Madre de Agua y la Madre Monte.

El asentamiento en los márgenes rivereños en medio de un bosque seco tropical ha comprometido el uso agrícola y pecuario de la tierra con los que se ha conformado una economía de subsistencia; esto es, una producción dirigida a la manutención básica de las familias. Dicha producción se comercializa en dos frentes: el rural y el urbano. Por una parte, se da una comercialización

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rural eventual de un pequeño excedente entre resguardos. Para ello, los habitantes de esta comunidad se han encargado de los cultivos de pan coger5 en pequeñas parcelas y en los patios de las

casas, así como de la crianza de animales de corral. Los productos agrícolas que se destacan son: cachaco, maíz y yuca; mientras que los animales de corral más frecuentes son: cerdos, chivos, pizcos, palomos, y gallinas, los cuales hacen parte su dieta alimenticia. Por otra parte, existe una comercialización urbana, dedicada a la venta de algunos productos en la cabecera municipal. Este último tipo de comercialización se hace generalmente los domingos, que son los días de mercado. Adicionalmente, esta comunidad se encarga de la crianza y venta de algunas cabezas de ganado, para gastos internos del cabildo.

En el marco de su economía de subsistencia, esta comunidad ha encontrado otros renglones económicos que le permiten solventar algunas necesidades básicas. Por ejemplo, la venta de hoja de cachaco, actividad llevada a cabo de dos formas. La primera, involucra el compromiso del propietario del corte por entregar la mercancía lista y dispuesta para ser distribuida en el mercado, es decir, en este caso, el dueño se encarga de todo el proceso de transformación del producto (corte, suazado y envoltura en bultos de 170 o 200 hojas). El precio de venta con esta opción es de alrededor de 20.000 pesos en temporada baja, mientras que en temporada alta como diciembre y junio aumenta a 30.000 o 40.000 pesos. La segunda opción, consiste en la negociación entre el propietario y un intermediario, donde este último se encarga de la transformación del producto (corte, suazado y envoltura) mediante la contratación verbal de alrededor de 2 o 3 personas a las que se les paga por jornal.

Los productos elaborados a base de maíz —chicha, envueltos y arepas— resultan ser otra actividad para el ingreso económico, principalmente de las mujeres, quienes se encargan de su fabricación y comercialización. Con todo, la importancia

(31)

en la fabricación excede los límites del campo económico, y trasciende al cultural, debido a que estos pequeños procesos productivos recrean las prácticas culinarias y festivas en las que la chicha, por ejemplo, ha jugado también un papel cohesionador materializado específicamente en el ya famoso festival de la chicha y en la celebración del día de la Virgen del Carmen efectuados anualmente, así como en la participación de esta bebida en la dieta alimenticia. En este sentido, no resulta extraña la existencia de tres (3) chicherías en las que durante toda la semana hay venta al público.

Las chicherías, además de ser un espacio de transacción económica, se han convertido en lugares de esparcimiento, comunicación y encuentro después del día de trabajo, del partido de fútbol o de los oficios de la casa. Allí, hombres y mujeres sin distinción participan en los juegos de tejo y charlas entre familiares, amigos e incluso foráneos. Llama la atención que a pesar de la venta de otros productos como cerveza o gaseosa, la chicha sigue siendo la bebida más consumida según lo comentado por algunos cooperantes y lo detallado en campo, lo que deja entrever el arraigo por esta bebida tradicional.

La participación de los habitantes de Vuelta del Río en diferentes actividades económicas permite distinguir una división del trabajo ligada intrínsecamente a los roles de género, en los que se logra identificar que las mujeres se encargan simultáneamente del cuidado del hogar, la inscripción a proyectos estatales, el trabajo en el campo y, la fabricación y comercialización de productos elaborados. Mientras que, el rol ejercido por los hombres, incluye una significativa participación en la actividad política del cabildo, en el trabajo comunitario, y en la obtención de parte de los recursos para el hogar.

(32)

actividades culturales, pesca, trabajo de la tierra, y participación en encuentros políticos, deportivos y culturales mediante los cuales se funden esfuerzos internos y externos a la comunidad. Uno de los proyectos que más sorprende es la tienda comunitaria, lugar que sirve para el abastecimiento de algunos alimentos y enseres en la zona.

Las chicherías, la escuela “Guatavita Tua sede Vuelta del Río Centro”, y la casa del resguardo en la que se ubica la tienda comunitaria, son los principales puntos de encuentro en los que departen los miembros de la comunidad. A la vez, son referentes en la distribución de las viviendas, por lo que se han posicionado alrededor de ellos, de las fuentes hídricas y de la vía carreteable que comunica a Vuelta del Río con los resguardos de Bocas del Tetuán, Sortija y la cabecera municipal.

(33)

Los servicios públicos con que los que cuentan estas viviendas son electricidad y agua. No obstante, el servicio de agua potable no puede considerarse como un servicio óptimo por lo que es común encontrar aprovisionamientos de ella en canecas. Esta práctica ha posibilitado la reproducción de vectores del dengue, chikungunya y Zika. La presencia de brigadas sanitarias para mitigar problemáticas de salud pública como los anteriores y otras como vacunación, odontología, y controles cardiovasculares, son eventuales y escasos en la comunidad según los cooperantes, razón por la cual muchos de ellos afirman que el acceso al servicio de salud se ha restringido solo a la cabecera municipal. Contrario a esta situación, Vuelta del Río también recibe intervenciones de otras instituciones gubernamentales y no gubernamentales que permanecen con mayor frecuencia en el territorio con programas como: familias en acción, PAIPI, de cero a siempre, Colombia mayor, generaciones étnicas con bienestar y algunos proyectos de Cortolima.

Respecto al tópico de la medicina tradicional en Vuelta del Río se trae a colación el fuerte precedente de aculturación, sincretismo y subordinación, lo que se ha transferido a la medicina tradicional y a sus especialidades médicas. Con todo, aún es posible notar la permanencia y puesta en práctica de la interpretación

Coyaima- Natagaima del proceso salud/enfermedad/atención y la transversal dualidad del sistema frío/caliente6, aspectos que tienen

origen en su cosmovisión y cosmogonía. La dualidad del sistema frío/caliente, por ejemplo, es usada para asignar rasgos distintivos al ambiente, cuerpo, alimentos, remedios, pero también sirve para clasificar las patologías que aquejan a sus miembros y entorno. De ahí, que las enfermedades sean entendidas como el “desequilibrio entre frío-calor, cuerpo-mente-espíritu y se incluya la acción de espíritus que roban el alma, poseen el cuerpo o causan maleficio” (Oliveros, 1996, párr.121). El tratamiento para esos desequilibrios térmicos, las prescriben cabezas médicas de la comunidad y

(34)

generalmente consisten en plantas o alimentos que tengan una temperatura contraria a la de la enfermedad, todo con el fin de restablecer el equilibrio o sea la salud. En este sentido y a manera de síntesis, la siguiente tabla reúne algunos elementos documentados sobre los atributos frío/caliente, que se clasifican así:

Tabla 1. Características térmicas en la cultura Coyaima -Natagaima.

COMPONENTES FRIO CALIENTE

SER HUMANO

Hombre X

Mujer X

FRUTAS

Aguacate, badea, banano, ciruelo, granadilla, guama, limón, mamoncillo, mandarina, maracuyá, melón, naranja papaya,

sandía, tamarindo, toronja. X

Piña, anón, guayaba, lulo, mango ,marañón. X

ALIMENTOS y BEBIDAS

Arepa de maíz amarillo o blanco,cachaco o popocho, carne de animales de monte, carne de cerdo, carne de res, cuchuco, granos (frijol, arveja, lentenja, garbanzo etc.), huevo, fideos o pasta, peto de maíz amarillo o blanco, plátano, sancocho, sopa de arracacha, sopa de avena, sopa de maíz, sopa de pasta , yuca, agua de azúcar o agua dulce ,agua de panela , aguardiente, avena café, chocolate, chicha de arracacha, chicha de cuesco, chicha de maíz, chucula, guarapo dulce, guarapo fuerte, leche.

X

Arroz seco, carne de pescado, guarrús, peto de arroz, sopa

de arroz, limonada X

PLANTAS DE USO MEDICINAL

Algodón ,altamisa ,limoncillo , mastranto, maíz, tabaco, auyama, ajo ,albahaca, árnica borraja, cabalonga , cabello de maíz, canchalagua, Guásimo ,hojas de naranjo, limoncillo, lirio ,llantén ,manzanilla, palo pedro, pionía, poleo, ruda, sasafrás o azafrán.

X

Matarraton, frutal o ciruelo, guasímo, verbena de castilla X REMEDIOS

Aceite de almendras, esperma de cebo o vela, huevos tibios con carbón o comino, linimento indio, manteca de

gallina, orines, quemado de panela. X

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(36)
(37)

CAPÍTULO 2.

Problematizando la partería en Vuelta del Río

El reconocimiento e integración de la diversidad cultural al orden constitucional, indicado en la mención de Colombia como una nación multiétnica y pluricultural a partir de 1991, ha descargado en el Estado la obligación, no solo de reconocer, sino también de proteger los grupos étnicos y culturales que constituyen dicha diversidad, al tiempo que sus identidades, prácticas, y manifestaciones socio-culturales. En este sentido, las medicinas tradicionales de los pueblos indígenas han ganado un espacio de visibilización y protección que se manifiesta en la expedición de normativas como la Ley Estatutaria de Salud (Ley 1751 de 2015), la cual regula de forma general el derecho fundamental a la salud y otras disposiciones, pero que a nivel particular, en el caso de los pueblos indígenas, resalta la importancia del derecho fundamental a la salud integral, entendida según las cosmovisiones, cosmogonías y conceptos propios que cada pueblo plasma en su propuesta de Sistema Indígena de Salud Propio e Intercultural (SISPI).

(38)

La referencia a la particularidad de esos modelos y sub-campos médicos alude a las disparidades en la comprensión del proceso salud/enfermedad/atención que cada grupo poblacional ha construido, transformado y reproducido. Así pues, aunque “la salud y la enfermedad son experiencias universales, lo que se define por enfermedad, por salud y por curación difiere de una cultura a otra” (CEPAL et al., 2010, p. 19), además, tiende a transformarse en tanto construcciones históricas y sociales. Ambas medicinas: la tradicional Coyaima – Natagaima y la biomedicina, coexisten con sus sub-campos y modelos médicos en el contexto de la comunidad indígena de Vuelta del Río conformando un complejo, pero rico escenario de análisis que aquí se problematiza.

En la actualidad ciertas especialidades médicas del pueblo

Coyaima - Natagaima afrontan problemas de vitalidad. Tal es el caso de la partería en Vuelta del Río, oficio que históricamente se ha encargado en este lugar de la salud sexual, reproductiva e infantil, pero que ahora coexiste frágilmente con otras especialidades de la medicina alopática. La endeble vitalidad de la partería se asocia a causas como los altibajos relacionados con la percepción de este oficio en diferentes periodos de tiempo; la migración de las nuevas generaciones a las urbes, y por ende su influjo en el inexistente relevo generacional de practicantes; la intervención estatal a través de la incursión de la medicina alopática sin criterios de diferenciación cultural; la indiferencia de los miembros de la comunidad; las desigualdades en salud y, por último, un elemento transversal a todos los otros, que consiste en la compleja relación de este pueblo indígena con la sociedad dominante, pues su trayectoria histórica demuestra el avasallamiento en diferentes ámbitos de la vida social, pero también la lucha por la conservación de sus usos y costumbres, entre ellos la medicina tradicional.

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algunos elementos propios de ese modelo médico al oficio de la partera. El circuito de atención médica tradicional con partera se ha visto seriamente golpeado principalmente en la fase del parto, debido a que la atención a dicho momento se ha desplazado casi que en su totalidad a manos de profesionales y centros formales de salud, en este caso el Hospital San José E.S.E y ocasionalmente, otros centros de salud ubicados en Ibagué, Espinal y Prado. Esta ruptura se agudiza, solo si se entiende que muchos de los jóvenes que se establecen en ciudades como Bogotá, Cali, Medellín e Ibagué no participan de estas prácticas médicas tradicionales, y más bien apropian y usan la medicina alopática.

La indiferencia de las diásporas juveniles asentadas en otras ciudades, sumada a la preferencia de los adultos que aún viven en el resguardo por recibir atención alopática, principalmente de las mujeres al momento del parto, deja entrever unas variaciones en la percepción del oficio de la partera, lo que alude a los componentes de seguridad y pertinencia de su oficio, pues la medicina alopática se ha posicionado como una forma medianamente eficaz para atender el EPP, aunque no por ello carente de conflicto dado que los casos de violencia obstétrica y violación de los derechos y autonomía de las mujeres resultan reiterativos.

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El dominio de la biomedicina en esta comunidad, como en tantas otras del país ha sido amparado por el Estado y por políticas de salud que han impulsado la atención homogenizada a todas las mujeres a través de la institucionalización de protocolos del parto, la integración de la población materna e infantil a controles prenatales y postnatales únicamente desde la perspectiva biomédica, lo que deja como consecuencia la exclusión e invisibilización de la partera en el circuito de atención primaria, pues en lugar de interactuar con ella, su forma de atención ha sido anulada.

Omitir la relevancia, así como ceder espacios de atención propios de la partera —como en el caso del alumbramiento—, ahonda las brechas de desigualdad en el acceso a la salud, ya que las maternas habitantes de Vuelta del Río se encuentran coaccionadas a la atención biomédica, y además tienen una reducida accesibilidad a programas de salud materno-infantil con pertinencia cultural. En este sentido, se ve limitada la posibilidad de convertir el quehacer de la partera en elemento perdurable de atención primaria en salud para población materna e infantil.

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Además de los choques culturales, la aplicación generalizada de la atención biomédica en Vuelta del Río y en otras comunidades pertenecientes al pueblo Coyaima-Natagaima ha desencadenado desde 1997, la defensa de la medicina tradicional como parte de sus derechos culturales y de salud. Producto de estas luchas encabezadas por el Consejo Regional Indígena del Tolima (CRIT), se constituyó para 1997, la Empresa Solidaria de Salud del CRIT: “ASOCRIT ESS” — hoy, Pijaos Salud EPS Indígena— cuyo encargo era administrar los recursos de la Seguridad Social en Salud que vienen destinados a las comunidades indígenas del Tolima, y posteriormente de otros pueblos indígenas.

Luego de la creación de la EPSI, durante el VI congreso regional indígena del Tolima, las comunidades llegaron al consenso sobre la necesidad de crear una IPS propia, que al igual que Pijaos Salud, se encargara de mejorar el servicio de salud en las comunidades y realizara las respectivas adecuaciones socioculturales necesarias; lo que en efecto se llevó acabo, dando lugar a la creación de THE WALA IPS. Ambas entidades indígenas —THE WALA y Pijaos Salud— han retroalimentado la discusión en salud que se da no solo a nivel regional, sino también nacional. La articulación con otras entidades de su misma naturaleza, así como con los otros pueblos indígenas ha permitido la reflexión y construcción de las propuestas de SISPI para cada etnia, al igual que el establecimiento de una mesa de concertación en salud con el gobierno nacional. Todo esto justificado en los preceptos de autonomía y reconocimiento que les concede la Constitución Política de 1991 y los tratados internacionales, entre ellos el convenio 169 de la OIT.

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CAPÍTULO 3.

Lo médico como asunto sociológico

El cimiento teórico que fundamenta estos resultados de investigación se concentra en la interacción de unas categorías centrales, subsidiarias y una emergente. Las categorías centrales son: campo, sub-campo, habitus, capital, posición y trayectoria social.

Todos ellos, conceptos relacionales e interdependientes en la propuesta teórica de Pierre Bourdieu. En cuanto a las categorías subsidiarias se encuentran: modelo médico, salud/enfermedad/ atención, prácticas culturales de cuidado, e interculturalidad, conceptos con diferente procedencia de autores y corrientes de pensamiento.

Y por último, autocuidado, una categoría emergente, que sobresalió durante el trabajo de campo, y que resulta totalmente relevante para el componente empírico de la investigación.

Así conformado este andamiaje de categorías, se inicia por expresar que lo médico en esta investigación conforma un campo social,

lo que en términos sociológicos es definido como un “espacio de juego históricamente constituido con sus instituciones específicas y sus leyes de funcionamiento propias” (Bourdieu, 1987 citado por Gutiérrez, 2005, p.31). Para Bourdieu, los campos sociales tienen además unas propiedades generales que los presentan como “una red o una configuración de relaciones objetivas entre posiciones” (Bourdieu y Wacquant, 2005, p. 150) en las cuales se ponen en juego unos intereses, pero también unos capitales con los que participan, compiten y luchan los agentes involucrados. A partir de esta idea de lucha, los campos también son considerados como espacios donde se establecen relaciones de fuerza entre los agentes y las instituciones comprometidas (Gutiérrez, 2005).

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anterior, para esta investigación se concibe que el campo médico, se divide en variados y diferenciales sub-campos médicos específicos, los cuales “constituyen un espacio de juego potencialmente abierto cuyas fronteras son confines dinámicos que son objeto de luchas dentro del campo mismo” (Bourdieu y Wacquant, 2005, p. 159) en los cuales, se revela los habitus, capitales, posiciones y trayectorias sociales de los agentes.

Respecto a la noción de habitus, Bourdieu afirma que esta debe ser entendida relacionalmente con el concepto de campo,

pues entre estas dos categorías se desenvuelve una relación

dialéctica que permite realizar una doble lectura de lo social, lo que implica reconocer que el campo estructura al habitus, y de igual forma, el habitus contribuye a construir el campo en tanto espacio significativo. Respecto a este argumento Gutiérrez (2005, p. 18) afirma que:

Las estructuras sociales existen dos veces, que lo social está conformado por relaciones objetivas, pero que también los individuos tienen un conocimiento práctico de esas relaciones- una manera de percibirlas, de evaluarlas, de sentirlas, de vivirlas-, e intervienen ese conocimiento práctico en sus actividades ordinarias.

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términos de Gutiérrez (2005, p. 49) se definen como “el lugar ocupado en cada campo en relación con el capital especifico que allí está en juego”.

En cuanto a la noción de capital, esta puede definirse como un “conjunto de bienes acumulados que se producen, se distribuyen, se consumen, se invierten, se pierden” (Costa, 1976 citado por Gutiérrez, 2005, p.34) en los campos sociales en tanto mercados de capitales específicos. Además de bienes, para Gutiérrez (2005) las variedades de capital y sus sub-especies constituyen “la gama de recursos, de medios y de apuestas de los distintos agentes comprometidos en las luchas de los diferentes campos sociales” (p.41). El volumen de los variados capitales

que pueden acumular, invertir o perder los agentes, así como las

posiciones ocupadas por ellos respecto a la posesión o no de esos capitales, permite establecer trayectorias sociales, lo que de acuerdo con Bourdieu y Wacquant (2005, p. 291) es definido como la “serie de posiciones sucesivamente ocupadas por un mismo agente (o un mismo grupo) en un espacio en sí mismo en movimiento y sometido a incesantes transformaciones”. El dinamismo de esas

trayectorias hace referencia a los desplazamientos del agente en el espacio social, es decir en su inserción en diferentes campos y, con diferente volumen de capital.

El andamiaje teórico anterior, además de ser central permiten ver “el valor heurístico de sus conceptos, como categorías que muestran todas sus posibilidades cuando se las pone en relación con las realidades empíricas” (Gutiérrez, 2005, p.7). De allí que para esta investigación, sean aplicadas con el objetivo de dilucidar en lo empírico ¿Cómo está constituido los sub-campos médicos en cuestión?; ¿Quiénes son los agentes e instituciones involucrados?; ¿Cuáles son sus habitus?; ¿Cuál es la estructura del capital que se encuentra en juego en cada sub-campo? y ¿Cómo este se encuentra distribuido?

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otras categorías subsidiarias como modelo médico y salud-enfermedad-atención. Conceptos que se relacionan con las categorías centrales en la medida que permiten comprender y rastrear otros elementos de análisis. Así las cosas, los sub-campos médicos en cuestión además de revelar los agentes, posiciones, luchas, intereses y capitales implicados en el juego, permiten rastrear los tipos de modelos médicos y concepciones de salud- enfermedad- atención que se dan en su interior y que además son experimentados dentro del orden social como “naturales”. Esta naturalización esconde además, un conjunto de relaciones de poder que dan forma a una estructura y jerarquía entre sub-campos, todo basado en diferencias epistemológicas, prácticas y discursivas construidas históricamente.

La referencia a los modelos médicos como elementos presentes en la dinámica de los sub-campos, se hace teniendo en cuenta que estos son construcciones abstractas influenciadas por la dinámica histórica, social y cultural (Menéndez, 1983), lo que permite develar unas formas particulares de atención que son a la vez variables. Desde esta perspectiva, cuando se habla de modelos médicos o de atención, se alude “no sólo a las actividades de tipo biomédico, sino a todas aquellas que tienen que ver con la atención de los padecimientos en términos intencionales, es decir que, en palabras de Menéndez (2005, p.186), buscan prevenir, dar tratamiento, controlar, aliviar y/o curar un padecimiento determinado” y en los que resultan involucrados directamente no solo los curadores o cabezas médicas; los agentes a los que va dirigido el tratamiento, sino también, de forma indirecta, otros agentes como cuidadores, instituciones sociales, e incluso otros modelos médicos con los que se dan transacciones.

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(1983; 1994; 2005) propone tres modelos básicos que pueden ampliarse y modificarse en relación a las realidades contextuales, estos son el modelo hegemónico —en adelante MMH—, el modelo alternativo subordinado y el modelo de auto atención. A cada uno de ellos le asigna unas características estructurales, además de identificarlos como parte de “sistemas socioculturales dentro de los cuales establecen su marco de representaciones y de prácticas” (Menéndez, 1998, p.20). De este modo, Menéndez reconoce no solamente que las medicinas indígenas y de otros grupos étnicos responden a unos condicionantes socio-culturales, sino que propone también que “debe asumirse en toda su significación que características del MMH como a-historicidad, a-sociablidad, división cuerpo/mente, exclusión del sujeto, constituyen parte de un modelo médico específico, pero que refiere a un sistema cultural y económico-político más amplio que incluye el saber médico (Menéndez,1998,p.20).

Así pues, los modelos médicos de auto atención, que en este caso son las medicinas indígenas y el MMH representado por la biomedicina o alopatía son experimentados diferencialmente por los grupos humanos en los que se dan las transacciones e integraciones. Mencionar estos dos últimos elementos es remitirse a lo dinámico y transformacional de los modelos y sub-campos médicos, pues estos de ninguna manera pueden ser entendidos como estáticos, debido a que por un lado, existe una lucha entre las posiciones de agentes dominantes/dominados al interior de los

subcampos y por otro lado, se hacen manifiestas unas relaciones de

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Ubicar en el centro de la reflexión a los grupos humanos que le dan sentido y significado a este proceso, remite a reconocer la

salud-enfermedad- atención en palabras de Menéndez (1998, p.20) como “áreas donde los conjuntos sociales producen una mayor cantidad de representaciones y prácticas socioculturales” asunto que recientemente ha sido trasladado a un plano de preeminencia, dado que usualmente el carácter biológico/individual ha tendido a dominar la interpretación de dicho proceso.

Además de Menéndez, Laurell (1986) también ha resaltado la relevancia de la posición de preeminencia de las dimensiones social y cultural. No obstante a diferencia de Menéndez, Laurell (1986) solo contempla la salud/enfermedad como herramienta analítica. Incluir la atención en esa categoría, implica entonces desde la propuesta de Menéndez asumir que los conjuntos sociales emiten unas respuestas con el fin de comprender y solucionar las eventualidades en salud, pues “pensar sólo en términos de salud/ enfermedad, es en cierta medida eliminar, o por lo menos poner entre paréntesis, lo que hacen los sujetos, grupos, sociedades para enfrentar sus enfermedades” (Menéndez, 2012, p.340).

Respecto al margen de acción y respuestas que emiten los agentes frente a sus eventualidades en salud, se sitúan dos catego-rías pertenecientes al área disciplinar de la enfermería. La primera es el autocuidado, concepto emergente en esta investigación, el cual es entendido por Orem (1993, p. 407) como:

“el conjunto de acciones intencionadas que realiza o realizaría la persona para controlar los factores internos o externos, que pueden comprometer su vida y desarrollo posterior. Es una conducta que aparece en situaciones concretas de la vida, y que el individuo dirige hacia sí mismo o hacia el entorno para regular los factores que afectan a su propio desarrollo y actividad en beneficio de la vida, salud y bienestar”.

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concepto subsidiario para efectos de esta investigación. Dicha categoría analítica es desarrollada por Madeleine Leininger en su propuesta de enfermería transcultural y consiste en complejizar el universo del cuidado de la salud a través de la inclusión del componente cultural. El cuidado basado en la cultura, tal y como lo propone Leininger se refiere a la necesidad de brindar una atención sanitaria multicultural, segura y eficaz, para lo que es necesario conocer los significados médico-culturales que los grupos humanos le dan a los eventos en salud. A partir de la propuesta de Leininger, otros autores como Muñoz y Vásquez (2007) y Ramos (2011) han retomado el concepto de prácticas culturales de cuidado

pues desde allí, en el orden empírico, han desentrañado el carácter socio-cultural que se da en el cuidado de la salud.

En relación con lo anterior, Ramos (2011, p. 18) define las prácticas culturales de cuidado como “las actividades que las personas hacen por su propia cuenta con el fin de seguir viviendo, manteniendo su salud, atender sus enfermedades y conservar su bienestar”. De acuerdo con el mismo autor, dichas actividades son guiadas por creencias y valores, que varían considerablemente según los grupos sociales y los sistemas familiares, económicos y sociales.

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complejas relaciones, negociaciones e intercambios culturales y, busca desarrollar una interacción entre personas, conocimientos y prácticas culturalmente diferentes; una interacción que reconoce y parte de las asimetrías sociales, económicas, políticas y de poder y de las condiciones institucionales para que el “otro” pueda ser considerado como sujeto con identidad, diferencia y agencia (…) se trata de impulsar activamente procesos de intercambio que, por medio de mediaciones sociales, políticas y comunicativas permitan construir espacios de encuentro, dialogo y asociación entre seres y saberes, sentidos y prácticas distintos.

Aunque para efectos de esta investigación la interculturalidad será entendida como la plantea Walsh, es preciso señalar que la aplicación de este concepto a la salud desata otras polémicas, ya que no se trata de una categoría neutral o desprovista de relaciones de poder, pues hasta ahora en torno a ella han girado discursos conciliadores, más no transformadores en torno a la relación del

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CAPÍTULO 4.

Partería y cuidados: temas de interés investigativo.

La investigación empírica respecto a la salud sexual y reproductiva en pueblos indígenas abarca un gran número de estudios. Las comunidades académicas han contribuido al creciente enriquecimiento de esta temática y otras subsidiarias a ella como son la mortalidad materna7, la atención del parto, los derechos

sexuales y reproductivos, el aborto, la sexualidad, el embarazo adolescente, la violencia contra las mujeres en las instituciones sanitarias, el VIH/SIDA, y las prácticas de cuidado. La producción sustancial desde estas sub-temáticas específicas ha posicionado a México, Brasil y Argentina como referentes obligados. Todos ellos, países en los que sobresalen rasgos distintivos y diferenciales de las ciencias sociales en salud expresadas en ramas como la antropología y sociología médica, medicina social y salud pública.

Aunque para Briceño (2003), las ramas mencionadas anteriormente son recientes en la región y en la historia de la ciencia, es decir, se remontan a la segunda mitad del siglo XX, este mismo autor considera que la permanencia de ellas expresa una gran diversidad, fecundidad y dinamismo de enfoques, no solo al interior de ellas como ramas, sino de las disciplinas a las que pertenecen y a las otras con las que se vinculan. Pese a que estas primeras líneas exceden los propósitos de esta sección, son absolutamente necesarias pues indican a los lectores la existencia de un amplio horizonte —del que aquí solo se hace mención — a partir del cual se ha venido construyendo un diverso y mutante campo teórico como Briceño (2003), denomina a la formación del campo disciplinar de las ciencias sociales en salud.

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Lo diverso del campo propuesto por Briceño, coincide con el desarrollo disímil de unas ramas más que otras en Latinoamérica, tal y como sucede en Colombia con la antropología médica, la

enfermería transcultural, y salud pública, áreas que han alcanzado un buen número de producción científica, lo que ha llevado además a la conformación de grupos de investigación y formación en posgrados. En contraste, México muestra un movimiento fundacional y de desarrollo actual mucho más fuerte que el colombiano en la sociología, antropología médica, y salud pública, de acuerdo con lo expuesto por Castro (2010). Aun con todos los desarrollos diferenciales en estas áreas, es posible reconocer un elemento problemático transversal a todas ellas que consiste en el todavía notorio predominio de la investigación biomédica y clínica, de allí el reto que tiene el pensamiento social en salud.

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la partería a nivel nacional, lo que quedó plasmado en el proyecto de Ley 19 de 2009.

En segundo lugar, desde el campo cultural, esta misma organización ha movilizado esfuerzos institucionales para incluir los saberes asociados a la partería afro de Buenaventura en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial (LRPCI) (ASOPARUPA, s.f). A pesar de que la solicitud de dicho reconocimiento tuvo sus inicios en el año 2012, solamente hasta mayo del 2017 el Ministerio de Cultura entregó la Resolución oficial que declara la partería como Patrimonio de la Nación, y de igual forma avala el Plan Especial de Salvaguardia — PES —. En el marco de la gestión y movilización que ha llevado a cabo ASOPARUPA ha tejido estrategias de cooperación para la investigación académica, así como para la divulgación de su conocimiento.

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del oficio, y por otro, permitió el fortalecimiento de relaciones entre las parteras de la organización y el mundo académico.

Además de las anteriores investigaciones, existen numerosos materiales divulgativos entre ellos artículos de prensa escritos en periódicos regionales y universitarios, videos y un libro titulado parteras tradicionales y plantas medicinales en el Pacífico colombiano: experiencias y saberes ancestrales de la Asociación de Parteras Unidas del Pacífico (2012). Este material expone buena parte de lo que esta organización ha definido es la partería en el pacífico, las técnicas y prácticas implementadas por ellas durante la menstruación, embarazo, parto, puerperio, cuidado del bebé, y el trasegar histórico de esta organización. Junto a la experiencia organizativa ya constituida de las mujeres afrocolombianas de ASOPARUPA también es necesario visibilizar la tarea de parteras indígenas y campesinas en todo el país, que aunque no tienen una estructura organizativa tan fuerte, sí han emprendido esfuerzos de autogestión y cooperación con la institucionalidad en salud para hacer visible su oficio. Esos esfuerzos se hacen evidentes en los encuentros interétnicos de parteras gestionados principalmente por la ONIC y las EPSI; las convocatorias de integración a agentes tradicionales para proyectos del Ministerio de Salud y Protección Social recientemente guiados a través del Modelo de Atención Integral en Salud (MIAS) e instituciones y organizaciones internacionales como la OMS, OPS y USAID, todos ellos establecidos como promotores de metodologías y proyectos para la maternidad segura y la disminución de la morbi-mortalidad materna e infantil.

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parte de la Asociación de Médicos Tradicionales del Resguardo. Esta misma situación se repite con las parteras tradicionales en el sur del Tolima. Llegado a este punto, es pertinente mencionar que la partería ya no solo se remite a mujeres pobres, analfabetas y ubicadas en zonas dispersas, sino que también ha sido desarrollada en grandes ciudades como Bogotá, donde buena parte de la población practicante y que acude a esta forma de atención ha tenido acceso a la educación formal y superior, es decir, se han profesionalizado y además poseen mayor capital económico.

En relación con la partería urbana, Espinosa (2013) y Pieschacón (2013) en sus tesis de pregrado muestran como se ha constituido el poder médico en la atención de los partos, a la vez que resaltan la aparición de perspectivas alternativas para atenderlo como: la partería urbana, lo que supone entender esta práctica de manera diferente a la rural. Aunque estas dos investigaciones compartieron el mismo tutor y trabajo de campo, cada uno de ellos se centró en dimensiones diferentes. Por ejemplo, Espinosa (2013) se ocupó de la profesionalización y la consolidación de este conjunto de prácticas alternativas en el área urbana; mientras que Pieschacón (2013) abordó los diálogos y tensiones entre partería y biomedicina, así como los discursos que se tejen alrededor del cuerpo, el dolor y el pudor. Compartir el mismo interés investigativo las remitió a trabajar con dos organizaciones dedicadas a la partería urbana en Bogotá: Unkay, y Artemisa. Existe también otra organización llamada Mujeres Bachué. Este conjunto de organizaciones ofrece una amplia gama de servicios para la población femenina, entre su catálogo se encuentra la atención y acompañamiento preparto, parto en casa, y posparto; meditación; masajes; talleres; escuelas formativas; asesorías en nutrición, entre otros. Todo ese conglomerado de servicios referenciados anteriormente, deja entrever la mercantilización de la práctica de las parteras urbanas contrario a lo que rara vez sucede con las parteras tradicionales que habitan las zonas rurales del país.

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preciso mencionar que hasta el momento se ha llevado un adelanto lento pero progresivo en la integración y respeto legal y social del rol de las parteras, lo que significa que existe un largo camino por recorrer en pro de lograr la oficialización e institucionalización de la partería o incluso como se podría decir desde esta perspectiva de “las parterías” urbanas, campesinas, indígenas, y afros, todas ellas manifestaciones médico- culturales de conocimientos alternativos y autónomos que hasta el momento han sido vistas como antagónicas al conocimiento obstétrico/estandarizado. La lógica dicotómica que hasta el momento se ha hecho sobresaliente en esos dos tipos de conocimiento, ha venido siendo controvertida, pues nuevas propuestas de atención en salud apuntan a la necesidad de la complementariedad entre ambos conocimientos.

Ahora bien, luego de exponer brevemente algunas de las experiencias prácticas que tienen la partería urbana y rural en el país, es preciso remitirse a otros antecedentes académicos e históricos que buscan desentrañar el origen etimológico, ocupacional e incluso mitológico de las parteras, tal es el caso del libro publicado por Jean Towler y Joan Bramall (1997) titulado Comadronas en la historia y en la sociedad. En este documento las autoras plasman cómo el oficio de la partera ha estado reiteradamente ligado a la vida religiosa y social de varias culturas en diferentes épocas históricas. El recorrido que hacen las autoras inicia con relatos bíblicos, griegos, romanos, bizantinos y egipcios, para luego dar un salto a la edad media y luego al siglo XIX y XX en Europa. Los debates que acompañaron los dos últimos siglos referenciados aquí, hablan de un tema medular que consiste en el cambio de la partería en términos de reconocimiento, cualificación del oficio, institucionalización del parto, e inserción en el sistema educativo.

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las mujeres y sus asuntos reproductivos, al tiempo que también referencia a las parteras más reconocidas de la antigüedad, entre ellas Agnodike (ateniense) y Trotula (italiana). Aun cuando estos dos libros comparten ciertos elementos, hay que mencionar que Cruz Hermida incorpora nuevas dimensiones como por ejemplo, diferentes acepciones para los términos partera o comadrona, entre las que se encuentra cum matre, obstetrices y comadre. Además de lo anterior, relata de manera biográfica la trayectoria ocupacional de algunas parteras de diferentes nacionalidades de occidente y otras de oriente. Este ejercicio ampliado al tiempo que permite ver las diferentes formas de partería, visibiliza los logros que estas mujeres han alcanzado en torno a su oficio, entre el que se destaca la formalización de escuelas de parteras.

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La asignación del espacio privado y doméstico a las mujeres, afirma Restrepo (2005) hizo que se monopolizaran algunas actividades de cuidado, las que fueron asumidas por nodrizas y comadronas. “Una mujer que asiste a la parturienta, ya que desde siempre las mujeres han sabido atender los partos, cuidar los niños y a los viejos y sanar a los enfermos, todo aquello con remedios caseros y una medicina transmitida de madres a hijas” era, de acuerdo con Restrepo (2005, p.57) la forma de referirse a la partera en Antioquia, durante el periodo comprendido entre 1870 y 1930. Cabe resaltar que en ese mismo periodo, el oficio de la partera era rechazado, perseguido y asociado con la curandería y prácticas mágicas peligrosas.

Otro documento con referentes históricos sobre la partería es el artículo publicado por Alarcón, Sepúlveda y Alarcón (2011) centrado en el patrimonio que han legado las parteras a la humanidad. Dicho material publicado por la Revista Colombiana de Obstetricia y Ginecología, resalta la antigüedad de la práctica de la partería, al tiempo que expone un breve recorrido histórico de algunas parteras reconocidas y los aportes de este oficio a la obstetricia en diferentes lugares del mundo. Sumado a ello también se ocupa de detallar a groso modo el rol que tienen las parteras en problemáticas de salud pública, lo que permite a Alarcón, Sepúlveda y Alarcón (2011, p.193) afirmar que “las parteras constituyen un gremio todavía apreciado en Japón, Europa, Estados Unidos y algunos países de Latinoamérica” como México, Guatemala, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, Perú, Uruguay, Paraguay, y Argentina, lugares donde la partería se ha profesionalizado, y sus practicantes son “quienes prestan la mayoría de servicios de atención de SSRMN8 con el apoyo de

personal médico, tanto a nivel institucional como comunitario” (UNFPA, 2014).

Pese a los avances de la región, el informe del estado de las parteras en el mundo (2014) muestra un panorama no tan alentador

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para Colombia, Cuba, República Dominicana y Venezuela, pues en estos países la partería aún no se ha profesionalizado, y tampoco ha alcanzado un reconocimiento eficiente de su rol y funciones médico-sociales, lo que ha provocado que la atención en salud sea ofrecida en buena parte por personal biomédico. A pesar de que como se ha dicho, Colombia ha tenido un tímido progreso en el reconocimiento legal y social de la partería, también es cierto que algunos autores como Alarcón, Sepúlveda, y Alarcón (2011) consideran que este oficio afronta problemáticas de vitalidad pues lo califican como en vía de extinción, ya que “paulatinamente la atención se ha centrado en las enfermeras y médicos especializados en las diferentes ramas de la obstetricia, la perinatología y la neonatología” (Alarcón, Sepúlveda y Alarcón, 2011, p.193).

Con todas las discusiones que desatan la vitalidad y oficialización de la partería en Colombia, académicos como Hugo Portela Guarín y Celmira Laza Vásquez, se han tomado la tarea de ahondar en esta temática. Portela (2016; 2013) por su parte, se ha dedicado a investigar la partería en comunidades Nasa, afrocaucanas y opitas, mientras que, de otra parte, Laza (2012) ha hecho un balance general sobre la partería como práctica en Colombia, motivo por el que afirma que el estado actual de dicho oficio en las zonas rurales del país está condicionado por aspectos como las barreras y choques culturales; el desconocimiento investigativo, y el difícil acceso e inclusión en los servicios de salud para estas cabezas médicas.

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culturales, de solidaridad y calidez que en los centros sanitarios son vulnerados e incluso ignorados.

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Laza Vásquez (2015) menciona las razones económicas, que se refieren a la imposibilidad de las mujeres y sus familias de costear la atención hospitalaria; de asumir costos de desplazamiento de sus lugares de residencia, lugares que generalmente son apartados del hospital; y de sumarle a ello los costos de cuidado de otros hijos durante la obligatoria ausencia por el tiempo del parto.

En segundo lugar, Laza (2015) referencia los factores relacionados directamente con la partera tradicional. Allí, a grandes rasgos, destaca la pertenencia y pertinencia cultural de este agente médico, pues resulta más aceptable para estas comunidades que las mujeres sean atendidas en sus hogares, con su familia y sin experiencias negativas durante todo su proceso de EPP. En tercer lugar, aparece el factor relacionado con los servicios salud: acceso y calidad de la atención, que involucra elementos como la accesibilidad y disponibilidad de centros de salud y personal especializado, los extensos plazos de tiempo para la atención, la violación de la privacidad y las experiencias negativas.

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conocimiento parcial de los profesionales de la salud respecto a la lengua, cultura y prácticas de cuidado de este pueblo, sino que a ello se suma la asignación de calificativos de “riesgo” para algunas de sus prácticas ancestrales. Otras barreras se encuentran referidas a las dimensiones políticas, geográficas, e institucionales.

El estudio mencionado también permitió dilucidar las limitantes para la prestación de servicios de salud culturalmente congruentes e interculturales, al tiempo que identificó a los promotores de salud como los agentes más cercanos a las realidades socioculturales del pueblo Nasa. Aun con todas las dificultades, el estudio señala que los agentes tradicionales esperan que sean reconocidas sus prácticas médicas, para así fortalecer la atención en salud y dar un paso a la interculturalidad.

En esta misma dirección, en otro estudio presentado por Polo (2008), se abarca la conflictividad del oficio de las parteras con los profesionales de la salud y su modelo médico hegemónico. Se trata de la tesis de maestría titulada Resistencias, pugnas de saberes y poderes en la institucionalidad del parto. En esta investigación cualitativa y con enfoque de género, Esther Polo se encarga por un lado de mostrar lo que ella ha llamado los protagonismos invisibilizados de las parteras, refriéndose a la participación de las mujeres en el cuidado de la salud y en la ciencia desde una perspectiva teórica e histórica. Del mismo modo, expone el confinamiento de este género a los escenarios privados, domésticos y de asociación con la naturaleza, así como también denuncia el feminicidio de sanadoras, asunto que ha intentado ser ocultado en la historia de las ciencias de la salud.

Figure

Tabla 1. Características térmicas en la cultura Coyaima -Natagaima.
Tabla 4. Variaciones en la manera de atender el parto.
Tabla 7.  Nacidos vivos por persona que atendió el parto 2000-2010, Ortega –  Tolima. PARTOS 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 ATENDIDO POR Médico 223 263 251 253 244 246 243 254 188 188 155Enfermera33230200110Aux
Tabla 10. Nacidos vivos por sitio de parto. 2011-2015, Ortega –Tolima.
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Referencias

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