La frontera étnica en el espacio de la crítica (Debate)

Texto completo

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ICONOSI11

Revista de FLACSO-Ecuador No 11. Julio, 2001

ISSN 1390

12'49-Los artículos que se publican en la revista son de exclusiva responsabilidad de sus autores, no reflejan necesariamente el pensamiento de ICONOS Director de Flacso-Ecuador

Fernando Carrión

Consejo editorial

Felipe Burbano de Lara (Editor) Edison Hurtado (Ca-editor) Franklin Ramírez Alicia Torres Mauro Cerbino Eduardo Kingman

Producción:

FLACSO-Ecuador

Diseño e ilustraciones:

Antonio Mena

Impresión:

Edimpres S.A.

FLACSO-Ecuador Ulpiano Páez N 19-26 y Av. Patria Teléfonos: 232-029/ 030 /031 Fax: 566-139

E-mail: fburbano@flacso.org.ec ehurtado@flacso.org.ec

ICONOS agradece el auspicio del Instituto Latinoamericano de Ciencias Sociales (ILDIS)

(2)

Indice

Coyuntur

a

6

Dialogo y poder.

lo

s

simu

lacros

d

e

la dem

ocracia

Pab

lo

na

vales

17

Col

o

mbia .

Est

ados

U

n

ido

s

y

la segu

ridad n

a

ciona l en

l

os pa

íses

a

ndino

s

Ad rián Bonilla

Dossier

30

El

saldo socia

l

d

e

l

a dé

cada

d

e

1

990

:

aumento de la pobr

ez a

y

conce

ntración d

el

ingr

eso

SUSE

4

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gecetes

"

p

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odo,

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o

c

o

s

.

La

transf

ormación

del tr

abajo

y

d

e

la polít

ica

s

ocial

en América Latin

a

tacre Pautassi

6

0

Fenómeno s ligados al cambio de las po líticas publicas: el caso dellNNFA

Nathalia Novillo

68

D

iag n

ó

sti

c

o

s

ob re

se

g urid ad

ci

ud ada na en Ecuador.

un paso hacia la definición de polít icas públicas

Eq

uipo Po

líticas

Púb

li

cas,

F

LACSO

8

0

El

gén ero en

e

l

Esta

do

:

e

ntre

e

l

discur

so

d,,¡

lizatorio

y

l

a ci

uda danía

Gioconda Herrera

8

9

(3)

Debate

9

4

La frontera ét nica en el espacio de la crít ica

An

drés

Gue

rrero

T

emas

100

los person ajes mascul ino s de Pablo Palacio:

orden y desord en del buen cab allero quiteño

Pi

erre

Lope

z

Fronte

ra

126

El zapatismo y la nueva ley indíge na en México

Jorge Alonso

11

0

¡Chiapas es Méx ico! Autonomías indíge nas:

luchas potitica s con una gramática moral

X

ochitl l eyva Solano

Dialogo

_

'

52

Reseñas

__

164

Sugerencias bib

liog

rMicas

168

(4)

~~. _ ._._-~ . _ ._ ._-_ ._ ._-_._--~ .~_ ._ ._ -_._ ._-_ .

__

.

__

._-~_

.

..

_-_._._--La frontera étnica

en el espacio de la crítica

g

J

I

CONOS

Andrés G

uerrero

*

Quicls lo m:l! fecund o su, ron la inrencién de inicia r UD espacie públiro <k debare, que mi Íectura aftia de

!05

arrlculos dediClldos a ana

-lizar

el

levantamiento indigen a de enero de: 2001,

e

n

el

núme

ro

anterior de: Icono s (N0.

1

0

,

abril 2001), se cencenue ante todo en los

.11-~ impIkitos que los autora dejan de lado,

corno

p':!nto de

rrkrencia

de sus argumentos, alitc:5.que tratar de terciar co n cada autor y en cada uz;¡o de los temas que proponen. Por lo tanto, apenas si me: dCTc:nd rt en rd'ac:nciu ex

-plicim. .

Me

cifi.o a un problema general. Tiene que ver con

el

punto

de

vista Y

el

de fuga de los e

n-f

oques

o. quiús mú bie n, por un lado, con una descolocaci6 n dd lugar desde

el

cual (en el campo social) los auto res enfocan los temu y ensamblan un discurso, y,

po

r

otro, co n un d i-fuminu

el

ajuste del foro en los objCTivos..

En

.

~c:nrro que en

ese

número. saI'iQ una ~

ciéno dosque talVtt mencionart. la mirad a del

analista pretende situarse en una exterioridad .1bsrraaa con respecto a la posición que ocupa y desde la

cual

discurre

r

compagina d .1nálisis. Sin emb.argo. posición y discursos: ambos le constituyen

histdrica

meme

en ciudad ano im -plicado y. sobre todo, cuestionado.

Ocurre como si. para. poder rc:fIexionar so-bre

el

levantamient o. fiH,ra imprescindible:

dar

un

paso

al costado. hacia un lugar <ksubicado o indefinido (en todo caso exterior); respecto a

~

nuuIm

.b

nur tilUluú1U) COIl i"JiDI ($.1CO provecho dd mati:z arbitrario que: escinde -en

• Doc'o••n C;"I\<:WSoc..t.,. PO' La E.<:udade Ah...

E.-ludios .... GmcW

SocWn.

I'uk.

español- al mismo ~rbo en dos, y dinin gue al

.l<'Tdd n titl': la orncia de la comingencia h

istó-rica).

Eses

modos de esta r ciud adano son una formaci6n histórica que, al menosen esta paree de: los Andes. sedesdoble en una relacién j erdr-quica. cuando no de do m inación yexplotacióo. Ocurre

algo

.111. cuando identificados en el grupo ciudadano blanco-meslÍl.O, los autores

h

ablan

(hablo y hablamos) de indígen as yde le. va.ntam ie:mos y quedan (quedamos) como

ana-lisras

ciudadano s en una evasiÓn hisr6rica no explicada, una imagen de espejo vacía frente al ind io que manifiesta su derech o histórico a la iguald.1d. Sucede como si, par.t ajusta r un a1u de mira .11 análisis. sen.1 condición necesaria si. tuarse en un punto de pareida en elcualla fron. lera étnica seomite

po

r

volumad subjCl iva, q

ui-ús

para discurrir desde un lugar donde cesan

por fin

las

implicaciones tqlC'fitivas de la h isro-ria, social e individ ual. Sim arsc en un lug;¡r neutro es plant ear una suerte de gambito de

po-der: la cond<"SCendencia hacia el dominad o que sacrifICa un peón.

En

ese lugar se hace CISO

om iso del proceso

de

identificaci6n que recrea -mOi en cu anto amagamos en la plaza pública un acto de comunicación. ya sea esee concreto o irruginado;hecho <k gestosy discu rsos;de in. reteses materiales o simbólicos; de expresiones de deseo o de indiferencia.

Al

leer los artículos me queda la impresión de que cuando "01 (enfitiz.o una perten en cia a

la

comunKbcl) ubicamos como ciemiflCOS

so-ciales

(no me queda otra manera de calificarnos en las p~ginas de Iconos), sucede co mo que en

1

0$

an~lisis se esfumara

la

histo ria que nos co ns-lituye: d hecho de que, como individ..-,

so-mos productosde tkstillOS "/atiDn"fn

(N.

Elias) en una sociedad a la VCl colonia! y republicana,

(5)

esas csrraregias de poder tan sutiles y complejas

(que manejándolas, nos manejan y que hablan

en nosotros), urdidas a la escucha de los sile n-cios recónditos de los saberes prácricos del s

en-tido co mun blanco-mestizo e indíge na. Aquel

mundo simbólico co mplejísimo que es una fo

r-mación cultu ral

(lI

ua fra

c

ultura,

co mo se escu

-cha decir): un acervo histórico común -gru pal-de co hesiones implícitas; una armazón de co n-sensos y disensiones int uitivos; un ensamblado de matices y espejos de marcado res simbólicos que leen, en cada quien, anricipadamenre ima-ginarias distincion es infiniresimales, cada vez

resignific adas . Una cultura que recon oce e i

ns-trumenra con an telació n las prefe rencias y r e-gu,to' de lo, Kntidos; los rechaws y añoranzas

en los afectos; la endogamia de grupo social; el manejo del poder entre los Inrimos, inrerpares

desdeeste lado de la fronrera dediscrim inació n. Al impoSTar la VOt de analisras sociales nos

ocurre como si esfumá ramos roda esa porción de nuestro mundo CUITUf31 que en

el

accionar diario (un conrexro que se impo ne compulsivo, fuera de nuestra voluntad individual) nos co ns-truye

y

nos ubica en un nivel de diferencia je-rárquica como ciud ada nos que ide ntifica n y ex-cluyen a ind ígenas y que, en conrraaraque, son id entificados y excl uidos. Ocurre como si, ate -rrad os por esa realidad (aun cuando en nuest ra

existencia cotidiana rechazamos las situaciones de dominio), huyéramos

d

el

mundo de la c ul-tura

polfrica

histórica que evitándola nos habi

-ta, que huyéndcla nos asedia y que, en las

cri-sis, nos inrerrogacomo e! Orro [Íacaniano y

so-cial) que

se

manifiesTa en el lapsus urbano, ese vad o que es e! parque del Arbolito.

Al escapar lejos del casco antiguo de la poll-rica, desde e!erre lado del río, una vez alca nza-da la montaña de enfreme y descendido a

I.a

planicie, como en b alego ría de las estatuas de mármol de N. Elias (La

socüdad

los i

ndivi-duos,

Península S.A. Ediciones, 2000) , nos da -mos la vuelta para evaluar (con un escrurar

reí-ficanre y protegido) e! levanTam ienro que nos reconsriruye (se lo quiera o no) en una distinta modalidad histé rica de!

m

a

r m

e

l mundo

como

ci

udadano, c

on i

ndigmas q

u

e

se

pontl/

ya

no

((1-m

o

un quedar igw¡!4tksl ,

s

ino

como

u

n

ur

i

gua-les.

Pohlacio nes que ya no acep ran la armonía secular de las leyes de la República y plantean losconflictos de ahora en la vidacotidiana de la

polírica; inTerrogan al sentido co mú n ciudad a-no, incluido aquel que rige en los mandatarios:

del Presidente y los demás que gobiern an. E xi-gen la igualdad;

el

derecho de opinar, decid ir, ejecutar en la cosa pú blica.

Fl fenóm eno

r

esulta

paf3dójico cuando, precisameme, se consta ta que casi rodas los a

u-.

.

rores que mrervrenen

en esre número de , , .

Iconos Tienen o ruvie-

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cur

r

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o

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si,

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pode

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ron en su haber, en al-

ref

lex

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ar

sobre e

l

gún momento de las

úlrimas

décadas, una

lev

antamiento

,

f

ue

r

a

reco nocida y positiva

i

mprescindible da

r

un

p

aso

implicac ión polírica

a

l

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ost

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c

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ugar

con elmovim ienro in

-díge na, en las organi-

d

e

s

ub

i

cado o in

def

inido

zaciones de la socie-

r

especto a los

modos de

dad civil blanco-mes -

e

sta

r

ciudad

ano

con

i

ndios.

liza, en el Estado y

hasta quizás en algún

Lo

s

mo

dos d

e e

st

ar

ciu

-partido político. Sin

d

adano so

n

una

embargo, al hablardel

f

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t

ó

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levant amiento sucede

o

rmación

is

t

ó

rica qu

e se

que en los análisis di-

d

esdobla en una re

lación

cha implicación en la

jerá

rqu

ica,

c

uando

no de

vida publica nacional

se desplaza hacia una

d

ominación

y

e

xplotación

.

platafor ma floranrede

sustente discursivo al

estilo de una asesada o evaluación sobre el ac

-ciona r

disran

re

de los ind¡genas, sus dirigenres, organizaciones y discursos, rod a eso en una co-yuntura política que sin embargo a todos SaCU· de y encara; que a todos nos interroga pública.

mente.

AbOf3 bien, hay que tener en cuenta que

el

desconcierto cread o por

el

levantamiento, esa dificu ltad que enfrentamos paf3 asumir la s itua-ció n histórica de ciudadano como punt o de vi s-ta en un campo social que se desdobla (y que nos de~dobla) en jerarq ula de dominació n, no

es de orden individual sino social. Conciern e a la cc nfiguracién

histérica

del espacio público y

1"Qued••!>olido en l. Replibliea d irnpuelto conocido con el nornb", de Conrribuáón Personalde Ind ígen.., y

lo. ind ividuo.< deellO el..., igwalAdo, d {q, dntuIs""""0· ridnl"" 30 de ",.ub", de [857, 13G de la Libenad; firma; F. Robles, P",.ideme. (Archivo Biblio,eca del Palacio Le-gi.Io,'vo).

(6)

vengan de un presente por devenir fururos y un pasado que siempre esd.siendo ahí significado; los métod os de encuesta que no pueden consti

-tuir en un ir de ciudadano po r el campo o las

ciudades a recoger información de las poblacio

-nes (¿colon iales?). Ya Wright Milis nos hahía ad veni do hace rantas décadas sobreun hacerde burocráeico de lasociología.

El discurso de las ciencias sociales, que es parre ccnsrinmva de lo público, no queda in có-lume: el levantamient o nos interpela en cuanto a asumir o evadir el mar m

ti

mundo de blanco mestizo. ¿Que implica ese estar cuando se va porla vida de ciudadano ant ropólogo, ci udada-no sociólogo, ciudadano historiador, ciudadano pclirclogo en relación co tid iana con sujetos in -dios que se levantan

y

dicen,

y

a los cuales se prerende estudiar? No es problema de un juicio moral personal, sino de ética históri ca.

El desdoblamiento (colo nial

y

republicano) de ciudadaníaen tiominioparriculAr,es una atri -bució n de poder que ejerce un grupo hisrórico en el Ecuado r. Po r un prouso raeiro d~ dt úga-eión de la adm inistración de poblaciones (a fin

de cuentas: una delegación de soberanía estatal) al mundo del sentido común bla nco mestizoen el siglo XIX, cualq uierciudadano (como p

erso-na pa rticular) puede ejercer sobre los indígenas,

poten cialmente, como rosa privada una estr

are-gia de tiominioen las zonas públicas de co ntac-to con las poblaciones. Dicho ejercici o, que es una virtualidad

y,

como ral, siempre se puede efeceivizarco mo estrategiade violencia simbóli

-ca, impone una relación de jerarq uía que pesa en exclusiones sob re las poblaciones ide ntifica-das de sujeros (indios) en la vida cotid iana y en

la esfera pollrica. Además, carga de violencias y rechazos, con acciones de discriminaci ón a fecti-va (q ue va desde la esrraregia de rnetafora

clasi-ficaroria oral -de sobrenombre, por e jemplo-hasra una homología con las accio nes que o cu-rren usualmente en el proceso de identificación en lo público) a la esfera panicular

y

el ámbito dcrnésrico de losciudadanos. Desde luego, des

-de ambos lados de la frontera étnica,

el

d esdo-blamiento instrumenta una panopli ade esrrare

-gias binariasqueconstruyen marcadores simbó -licos de discriminación . Se insnruyen en una cárcel de larga duración para el pensamien to, la

creat ividad y la libertad de auto definición

y

niega las ambigüedades y las ambivalencias.

Des

de

a

mbos

l

ados

de

la fronte

ra

é

tn

ica,

el

d

esdoblam iento inst

rumenta

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a

pa

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o, la c

reatividad

y la l

ibertad

de a

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efinición y nie

ga l

as

a

mbigüedades

y las a

mbiva

-lencias. Como toda división

du

al, n

i

ega la

d

ive

r

s

idad

el dominio 10 particuldrque, en la República del Ecuador gobierna a indios. Un dominiopo -tencial, un hecho cotidiano del que gou cada ciudadano como atributo híscórico (del modo

d~tuary en el mundo a! alcancede su mano. Te-ma que no ha sido estudiado hasta ahora en sus dimensiones de un pliegue de administración de poblaciones (en es-... te caso indígenas) por

los ciudada nos. Sin una reflexión sobre e s-te tema no se puede entende r las ins

isten-cias del movimiento indígena en reiterar la ocupación espacial de lo público para repre

-sentarse. Sin esa n o-ción , tampoco se pue -de entender la tozuda repetición de las estra

-tegias del gobiern o y el sistema político de los ciudadanos de que aqul nunca pasa tOM

luego de cada leva nta-miento: como si nada cambiara luego de ca-da levantam iento. Tal vezporque no pasó to-do, al estil o de la a

no-ranza de la antigua to

-ma del poder.

Sin embargo. cada vez.

y

en cada l evanta-miento. se reinvenra el espacio público (urbano

y

de trá nsito, las redes de distribución y los m

e-dios de comu nicación).

La

ocupación de los in

-dígenas crea un acto

políeicc

y redefine a los agentes sociales de la acción: modifica las con

-dicionesde su relacionarse en el mundo del se n-tido común.

Este problema tiene ramificaciones de sign i-ficación critica que habrla que explorar. Alean -un (mediados por lógicas propias), por e jem-plo, las orillas lejanas de la formació n acedé mi-ca en ciencias sociales y sugieren la pregunra de cómo hacernosde un instr ument a! teórico ad e-cuado a la historia de este mundo andi no (¿to r-elendo o ende rezando los conceptos to rn ados de otros lados y autores, como sugería M. Fo u -caulri): la reform ulació n de prc:guntas que nos

(7)

Como toda divisió n dual, niega la diversidad.

La

estr:ategia de binaridad compulsiva (i m-plemen tada desde ambos lados de la frontera: sea como dom inació n por los ciudadanos o sea

como resistencia por los indígen as) reverbera en

el quehacer del cienrfficc social. Impone una

cerrazó n en la imag inación creativa

y

vuelve aBs ica a la crítica. En los an.iJisis sociales se

transmuta en es... difuminar la fromera

y

una deser¡enración frenre al lugar de emisión d... los

discu rsos, cuando lo que requier... el rnovimien

-ro ind ígena es inrerlocurores crñicos para co ns-truir un futuro conju nto.

Sin ernbargo. aquel los grandes ritualesy

ac-tos pohricos que son los levantam ientos nos obligan (..-n un nos de ciudadanos y cientí ficos blanco rnesrizos) a situarnos en alguna parte dd

tejido rtMcional entre los ciud ada nos

y

los in

-dios. Esto , desde luego , siempre y cuando

que-ramos comprender lo que nos sacude y pro yec-tarnos hacia alguno de lo spresentes por devenir

fururos.

Para explicitar el problema al que me

refie-ro, sob re

las

condiciones de posibilidad (his tó -ricas en el aquí

y

ahora) de un inunto (con su riesgo) de superar los esco llos (ciudadanos his-tóricos) que se erigen a un enfoq ue crítico de

s-de las ciencias socialesa, tomaré como ejemplo el artículo que presenta al lector E. Kingmana.

El trabajo de E. Kingman me paro:ce que

ejemplifica un co rrer el riesgo de leer algunos

aspectos de la transformación de la relación en

-tre ciudadanos blanco-mestizos e indegenas en el espacio público urbano de Quito durante el levantamiento de enero. Desde el lugar de una

experiencia inmersa en los sucesos, que no es

-conde la triple ambigüedad de mar de e

spccr:a-dar, de ciud adano y de implicado , el autor ob

-serva los cambios de sign ificación que se dan en

esos días de catarsis- en el sentido de una pur

-2 Un. acción comunica.;.... en un• •i.uoción de """isió...

(si", quiere ""h.. mano alconccplOde

J

.

Habermas, para

designar una ,i'u>ción de cri, i, del contell'O de .igni6ca

-<i6nque ~uiere undi~ogo, y la conmucci6n de un nue

-VQ contexto de en ..ndimi""to;o una "">logiaen una,i_

1U:>C;Ón de h¡'múis, la deocompaginación enlre el habit...

yun <ampo socialque .. remodelaen e1 lev:lnlam;"nro, lo

que exige un replan l«l de l.. dispooicionesde comporta·

miento ciudad. n... si 50 prefiere. P. Boutdieu). Ambas.i·

.u.eion.. 0011 ere.d.. por el lev. nlamien.o.

3 VerIconos No. 10, Flaeso, huado:.

ga de los gesTOS atávicos en lo urbano; modifi -cacio nes de las vivencias

y

las percepciones de la

ciudad por sus habira nres perrnanenrcs

y

los re-cién llegados de las com uni dades. Constara la recreación de antiguos referen tes simbólicos en

la nueva formación urbana (espacial) de discri

-minació n. Indica la rernodelación de la imagi -nación y la memoria de los ciudadanos (la

reinscripcidn del pasado en

el

presente) por m

e-dio de la imagen dd sujeto salvaje que presu

po-ne al ciudad ano blanco-m estizo civilizador. Describe: los juegos de fuerza que se enfrentan simbólicamente en la ropogtafla urbana: reh a-cen e instauran desdoblarnienros ciudada nos de

dominació n en lo público y lo espacial de la

ciudad: el norte,

el

centro y

el

sur.

En

sinresis, a través del problema de oto rgar sign ificado a las vivencias en la cartografía ima-ginaria

y

simbólica de Quito, lo que estudia son

las Iransformaciones del vínculo relacional que hace al uno

y

al airo: a los ciudadanos bl anco--mestizos

y

a los indios en sus esrrategias mu

-tuas que otorgan una nueva defin ición a lo p

o-llcico

,

en un mome nto dado de esa relació n de

fuerza.

La

conclusión en la que parece desem

-bocar Kingm an parecerla ser que

el

movim ien -to indíge na no encuentra inrerlocurores del otro lado de la fronrera

é

mica

sino más bien

una fuga de los ciudadanos hacia un r eforza-miento defen sivo de los espacios co mparti me n-tados de discrim inació n. (Es un indicio de v

io-lencia poten cial, ese cavar de trinche ras?

Quizás tambi~n alude

J

.

León a este f

enó-meno, pero en arra dimensión y lugar poltricc,

cuando menci ona la construcción durante el 1...•

vanramjenro de un espacio local (una

resig

nifi-cación del antiguo cuadrilátero gamonal: e! pueb lo, la hacienda , la iglesia

y

e! Estado) como

nf"

a

p

ropia

indígena «en lugar de

nf

"

a

p

ú

bli-ca ciudada na: un sitio rechazado por las ubicuas

prácelcas de discriminación , como era

el

parque

o e! mercado públicos de! pueblo~). Esa m

odifi-cació n en las parroqu ias y canto nes es la ccn

di-ció n previa para, desde allt, dar e! salto a la

re-presenración eo la <:$Cena nacional.

T

a

m

bién

ad viere... sob re e! peligro de una contracción de

los márgenes de lo que califica como una "tole

-rancia émica" de los ciud ada nos , aunque qu izás

seda mejo r decir: (el agotarnieneode una est

ra-tegiade condescen dencia de losdom inantes? El

fenómeno es contradicto rio porque va de par

(8)

con una extensión nacional de la política social

del movimiento, mientras se reducen los c

ana-les de negociación con

el

Estado. Otros auto res

señalan que el movimiento indígena. cuyos i

n-telectuales han elaborado un discurso político

altamente elaborado. solo busca un interlocuto r

en el Esradc.

Si de

a

l

guna m

anera

q

ueremos a

br

i

r

un e

spacio

de c

rítica,

r

e

fl

e

x

i

ó

n

y

de

bate

d

esde lo espe

f

ico

d

e

las

cie

ncias

sociales, d

i

cho

espacio

,

de

to

das

m

anera

s,

de

bería

constitu

irse

en un

e

s

fuerzo

de

"

acción

co

municativa

"

(

llegar, e

n

diálo

go,

a un consenso

d

e

s

ig

n

if

ic

a

ció

n d

el

m

und

o

) con

e

l m

ovimiento ind

í

gena

,

desde o

t ro p

unto

d

e

v

is

ta

.

Si menciono este

problema es porque

soy de la opinión que

en el ámb ito de las

ciencias sociales p er-siste una acent uada querencia a repro du

-cir uno los mayores

prob lemas (c ultura-les, políticos. sociales) que encuen tra

el

m o-vimie nto ind ígena para rmagmar y ex

-presar alternativas, tal como se constató en

el

últ imo le

vanta-miento ; me refiero a la ausencia de i nterlo-cuto res ciudad anos

(ya sean estos intelec

-tuales individuales o asociados, organi za-ciones políticas foro

males o infotmales). Durante esos días del le-vanrarnie nrc no hubo voces de conrraparre

ciudadana, un pensamiento crítico que form

u-le discursos y suscite actos políticos que pr

o-ponga, confronte, disienta o confluya con el

levantamiento.

Si de alguna manera queremos abrir un

es-pad o de crítica, reflexión y debate desde lo es-pedfico de las ciencias sociales, dicho espacio, de todas maneras, debería conSTitu irse en un

es-fuerzo de Macción comun icativa" (quizás a lo

J

.

Habermas. o sea, llegar. en diálogo, a un con -senso de signifi cación del mundo) con el m oví-miente indígena, desde OTro punto de vista. D i-cho diálogo, a mi parecer. no se puede propo -ner

m

ás

que desde una ubicación que asum a las

formaciones históricas que nos constitu yen y cond icionan; desde lascuales podernos intentar

98

I

CONOS

establecer un intercamhio con los dirigemes e

intelectuales indígenas sobre

el

presente en

el

que navegamos y el devenir común al que nos

dirigimos. El levanta miento consiguió adhes io

-nes y apoyos imponantes. pero casino tuvo i n-terlocmores del OTro lado de la frontera, d uda

-danos que debatieran sobre sus vidas en el ha

-cerse haciéndose del presente, que ind uye a los

tiempos de un presente dd pasado y un pr

esen-te del futuro.

El movimiento indígena en el último levan-tamiento adoptó la estrategia de expand irse ha -cia

la

po1ftica wcialy,alcalor de las n

egociacio-nes con

el

Estado, formu ló propuestas que abarcan a casi todos los ecuatorianos. Sin

em-bargo, ese nada sólo pam íos indios nos adviene

de una soledad. No hay por qué admirarse de que su accionar busque ante rodo al Estado co

-mo inte rlocutor: es la única insrirución política ciudada na que no puede escabullir el bulto y

debe responder. ya sea por la negociación o con la violencia. El "nada sólo para los indios" es la enunciación de una ausencia de propuestas en

la OTra cara de la sociedad civil y en

el

sisre ma político puesto que el movimiento tiene que

asumir las demandas sociales a escala nacional, sin casi diálogo ni COTejo con orros actores s

o-ciales (por ejemplo. emanados de lasclases m e-dias y populares) con los cuales pueda formular

y negociar sus pedidos, e imaginar alremanvas. A mi parecet. laconsecuencia más álgida del

monólogo en la

polírica

,

es que quien emite el

discurso a lo sumo escucha un eco.Con lo cual

sigue un rumbo de deriva por los márgenes es-casos de la invención política: esto ocurre en ambas caras del sistema ciudadano. En algún

momento, hace algunos levantamientos

ya,

las intelectua les del movimiento de mujeres t uvie-ron lacapacidad de interpelar a las orga

nizacio-nes indígenas sobre la polftica de género. Qui

-zás ese sea un ejemplo que se pueda seguir en el

é

rn biro

de la refl exión social y

política

:

es table-cer un diálogo critico con los intelectuales y

di-rigentes indígenas desde lo especifico de las ciencias sociales, individualmente o en grupo. ubicados en lo relacional, desde un punto de

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