REVISTA CHILENA
DIRECTOR:
ENRIQUE
MATTA
VIAL
TOMO XIV
Don
Enrique
Matta VialHbt
DON
ENRIQUE
MATTA VIALFué
sabio,
justo
ybueno,
cabría decir de estehombre,
queno se acabará de moriren muchos años, porquetuvo ese raro don de ubicuidad que le mantiene redivivo entre nosotros.
Docto, en todo la noble
aptitud
delvocablo,
no porque sus co nocimientos sólo resumieron fría e inútilbibliografía,
sino porque cuanto estudió estaba en él
palpitante
desensibilidad,
lle no de renovada vida.Justo,
porquejamás
lapasión,
el enconoo el
halago
torcieron sus decisiones: obró comopensaba,
conesa rectitud que emana de una condición única: la honradez.
Bueno,
porquesiempre
prodigó
conindulgencia
susjuicios,
siendo el menos severode los hombres para con los otrosy eljuez
masrígido
con suspropios
actos.Nada
quiso jamás
para si mismo y sólo supo darse enteropara el bien de las cosas de su tierra. He
aquí
elejemplo
típico,
elespejo
clásico del verdaderopatriotismo:
servir con esa humildadresignada,
con ese firmepropósito
que se ocultanparano ser
vistos;
servir a su tierra en cuantosignifique
una obrafructífera,
una acción de interéshumanitario,
una laborde
dignidad colectiva,
sin vanos alardes detrompetería,
sinprocenios
deexhibición,
sin clarinadas de fácileshomenajes;
servir comoquería
MarcoAurelio,
con losojos
bien abiertos ycon la limosnera mano ausente; servir acercándose a los hu
mildes,
a cuantos andan solitarios por los caminos de lavida,
con una estrella en la frente y el corazón anheloso.embar-226 ARMANDO DONOSO
go,
ninguno
acaso,en las actuales horasinciertas,
vivia con el corazón taninquieto
en el temor dealgo
que éltemia, presin
tiendo como una obstinadapesadilla.
Tantoquería
a sutierra,
con ese noble amor del
padre
por la esposay por elhijo,
que la incertidumbre de los obscurospresajios,
que adivinabaenel
horizonte,
le conmovían hondamente. Y no es que fuese elsuyo un
espíritu retardatario,
ni sus ideas las de unencogido
misoneista: por lainversa,
su liberalismo estaba aprueba
de blandosresentimientos,
porque era un liberalismorespetuoso
de sutradición y de susleyes,
formado como el de Mac Ivero el de don Marcial Martínez y don Julio
Zegers
en la doctri na y en lapráctica
de la escuelainglesa,
que ha dado a lapolítica
el sentidonobilísimoquedeseaba Aristóteles para todas las relaciones del ciudadano con el Estado.Era,
en suma, libe ral de lavieja
escuela, spenceriano ferviente,
ecuánime y tolerante, respetuoso
delpasado,
en el cualsiempre
su alma sen cilla de buenchileno,
sintió lamejor
razón de un fundadoorgullo.
¿Quién pudo
sentir como éligual
veneración por lospadres
de lapatria
y por losproceres
de losprimeros
años de laRepública? ¿Cuándo
encontraronmejor
defensor Portales yFreiré,
Montty Santa María?Espíritu
esencial y fundamentalmentecuerdo, spiritus
rector, le concedía a cada cual lo suyo: alos
antiguos
gobernan
tes elrespeto
y laveneración,
porque fundaronconsolidándola,
laRepública,
y le dieron susleyes,
para lasgeneraciones
demañana, una atención
indulgente
y un interéssiempre
alerta. A menudo soliarepetir,
cuando setrataba de defender las exaltaciones moceriles:son
jóvenes
ylavida,
alos veinticinco años,siempre fluye
desbordada;
a veces losjóvenes
tienen másrazón que losviejos,
que no se cansen antes detiempo,
porque de masiadopronto
dejarán
de serjóvenes;
por lodemás,
pensemoscon Lamartine: viva la
juventud,
con tal de que no dure toda la vida.Ninguno
conocía como él las cosas y los hombres delviejo
Chile: en la charlafrecuente,
que sehilvanaba en la tertulia de la libreríaMiranda,
pequeño
cenáculo íntimo a donde concurrían cotidianamente don
Augusto
Orrego
Luco,
don Julio ViEKVISTA CHILENA 227
Luis
Amunátegui Reyes,
don CarlosEstevez,
don AlbertoEd-wards,
don Ricardo MontanerBello,
OmerEmeth,
don AnselmoBlanlot,
donDomingo
Amunátegui,
don Samuel OssaBorne,
don AlbertoCumming,
para no mencionar mas que a los ha bituales concurrentes, él solía repasarviejas
memorias o atizarantiguos
recuerdos,
colocando sobre el tapetedeaquella
ana crónicaactualidad,
anécdotas y hechos que hacían de tal reu nión la massabrosa,
amena einstructiva de laspláticas.
Allísediscurría sobre los buenos dias
pasados,
como si los conter tuliosparticiparan
deanálogos gustos
en el revivir de un an taño para ellospresente.
Había calor y habíapasión,
a veces,cuando el sesgo de la charla derivaba hacia los acontecimien
tos
políticos
que solían dividir lasopiniones.
No todospodían
estar conformes cuando se
justipreciaban
los actos degobier
nos como los de don Manuel
Montt,
de Santa María o de Bal-maceda. Parecía renacerelviejo antogonismo
depipiólos
ypelucones,
laáspera
divergencia
quejamás,
sinembargo,
enco nándolo rozó el durable mutuoaprecio
entre los contertulios.¡La
tertulia hadesaparecido ya!
Laimplacable segadora
tronchó muchas de esas
vidas,
que se rindieroncalladamente,
dejando
en el círculounclaro que hacíamásvisible la melancolía del recuerdo. Eltestigo
deaquel
renovadoparlar,
don Guillermo
Miranda,
editor entusiasta hacealgunos
años,amigos
de todos loscontertulios,
curioso también de losviejos
libros,
en tendía comoninguno
a todos los del grupo, donde de cuandoen cuando iban a escuchar la chachara
inquietos benjamines,
que
ensayaban
susprimeras
actividadespoligráficas.
| Cuántas cosas buenas nacieron enaquella
tertulia!¡Cuántos
proyectos
de libros interesantes nocuajaron
al calor de ese atizar coti diano deopiniones,
que solía encender entusiasmos ygermi
nar en surcos
propicios!
Allí,
instado por el interéssiempre
generoso de donAugusto Orrego Luco,
concibió Ernesto de la Cruz la idea de preparar losepistolarios
deO'Higgins
y dePortales,
elprimero
editado dentro y fuera delpaís
y el segundo casi terminado ya; allí decidieron también a
publicar
suad mirable «Cosecha deOtoño»,
a don Julio Vicuña Oifuentes, yal Doctor
Orrego
Luco sus inolvidables«Retratos»;
y allítam228 ARMANDO DONOSO
buscaba o
pedía
para la RevistaChilena,
siempre
preocupado
de contribuir en el progreso de nuestra cultura.
Acaso en este hombre
ejemplar
la mayor de sus cualidadesestaba subordinada a un defecto lamentable: la falta de amor
propio,
quesiempre
leimpulsó
aocultarse,
a rehuir toda preocupación
depublicidad. ¡Cuántos
libros hubierapodido
escri bir!¡Cuántos
volúmenesllevaba maduros en sureflexiónyen suconocimiento de nuestras cosas!Los que adiario tuvimos la for
tuna de
participar
de los dones desucultura,
deseábamos verle inclinado sobre las
carillas,
escribiendo cuanto sabía y todolo mucho que había
logrado
arrancar a los libros y a su finaesperiencia
de la vida. Prefirió nopublicar
naday contribuir por entero aayudar
a los demás. Sinembargo,
unagrande,
enorme
labor,
realizócalladamente,
obra que muchosignoran
y que
perpetuará
su nombre: lapublicación
de revistas y libros,
que caracterizan clarosperíodos
de nuestra cultura. Ahí está esa enorme colección de historiadores de laIndependen
cia, especie
de Monumenta Germánica de toda unaépoca,
por laamplitud
de la documentación y elacopio
de noticias y libros reunidos en sus
páginas. Amplio emporio
de la historianacional,
en ellase encuentran la documentación hasta enton ces casi inédita del Diario deCarrera;
el Proceso de1813;
lasmemorias atribuidas a
O'Higgins;
algunas
obrasescasas de extranjeros
referenteaChile,
comola deTorrente;
eljuicio
de de fensa deO'Higgins
contrael libelo de don CarlosRodríguez,
hermano del
caudillo;
algunos papeles
concernientes al GeneralMackenna;
las memorias de Lord Cochrane elprimero
y segundo
tomos, inéditos hasta entonces, y ala vez el yapubli
cado sobre la guerra de laIndependencia
deRodríguez
Ballesteros.
¿Qué
decir de la Revista Chilena de Historia yG-eograJía,
iniciada por él enpequeños
cuadernos,
queluego
hanpasado
a constituir unaprolija enciclopedia
de lasinvestigaciones
deeste orden en
Chile,
y que todoinvestigador
futuro tendrá queconsultar porque en sus colecciones se almacenan centenares de obras y cosas que
responden
a valiosasinvestigaciones,
aestudios formales? Cuándo él dio a la
estampa
esa revistarevista chilena 229
publicación
en esaespecialidad
parecía
prematura
en elpaís:
sinembargo,
deahí,
comohan corrido los años ycomo esa Revista no sólo ha
prosperado
sino quepudo
dar también vida aunainstitución única en Chile como es la Sociedad deHisto
ria y
Jeografía,
en cuyo seno seha realizado una labor de difusión histórica y
geográfica
deinapreciable
valor. Y todo esoes obra que
impulsó
la constancia entusiasta de estehombre,
que tuvo el generoso don de
apadrinar
cuanta obracultural seintentaba,
ocultando su mano y supericia
útilísima.Y no se crea que su actividad cultural abarcaba solamente
las
producciones
de carácter histórico porque, en fuerzade serel mas
goloso
de los lectoresliterarios,
noperdia
ocasión deacoger con viva
simpatía
cuanto se refiriese a la.simple
pro ducción artística. Un antecedente para la fundación de su amplia
y valiosa Bevista Chilena lo había constituidoaquella
in teresante RevistaNueva,
queél dio a lapublicidad
conaquel
otro escritor
talentoso,
víctima deinjustificados
ataques,
quese llama
Enrique
Hurtado y Ariasquien,
como MattaVial,
sólo ha
querido prodigar
suoriginalísimo
talentobajo
el anónimo dé la volandera
producción periodística.
Vá corrido ya un cuarteto de
siglo
desdeaquellos
días cuando,
en la librería deBaldrich,
situadaen la calle de los Huérfanos,
se reunía en tertulia que, burlaburlando,
con inofen siva ypunzante intención,
denominaban de los filósofos chinos.«Algunos
añosha,
escribía hace poco Ernesto de laCruz,
se reunía en una librería del centrocomercial,
un grupo dejó
venes amateurs de las letras y las
ciencias,
que con frecuenciase
engolfaban
en ardientes discusiones sobre filosofía ypolí
tica. Se llamó a esatertulia de lesfilbsojos
chinos,
ya ella concurrieron en los albores de su carrera, don Ricardo
Montaner,
don Arturo
Alessandri,
don Julio PérezCanto,
don CarlosPalacios
Zapata,
don Nicolás PeñaMuuizaga,
don GustavoValledor,
don Samuel OssaBorne,
don LuisNavarrete,
donEnrique
MattaVial,
y otros muchos que hanalcanzado,
an dando eltiempo,
situaciónprominente
en lasletras,
lapolítica,
la administración
pública
o elmagisterio.
Entonces,
como hasta hace poco, talvez con mas vivo ardor230 ARMANDO DONOSO
mas de
alguna
ocasión,
esa charlacontribuyó
a alentaralgún
obscuro esfuerzo a lavozde
entusiasmo,
para talocual escritorque comenzaba.
Y fué por
aquellos
dias cuando Matta Vialy Hurtado yArias,
vinculados porininterrumpida
amistad,
asociaron sus esfuerzos para intentar lapublicación
deese cuaderno intere santísimo la Revista Nueva queanticipó
tantas y tantas firmas de los escritores noveles deentonces,
gloriosos
hoy. Después
de las exelentes revistas literarias que se habían sucedido hasta esa
época,
la nuevapublicación importó
un esfuerzo novedosoy
personal.
Serecojieron
en suspáginas
lasmejores
produc
cionesnacionales,
las memorias del sabioDomeyko,
los ecosamplios
de la literatura europea; sepublicaban
noticias yfrag
mentossobre los libros nuevos, y la acerada y brillantepluma
de Hurtado y Arias
ensayó
masde una cruel vivisección dealgún
escritor nacional. Constituían una novedad en suspá
ginas
latrascripción
de cuentos y novelas cortas, de autores que entonceseran pocomenos que totalmenteignorados,
comoTchekow, Wilde,
BlascoIbañez, Lindau,
Korolenpo,
Chocano,
Unamuno,
Bjoerson
yElysio
de Carvalhoy en el anuncio de cuantos progresos realizaban en el exterior las actividades dela ciencia.
Si
anónima,
voluntariamenteignorada,
fué todaestasuobrade
publicista,
la quelogró
realizar como funcionariopúblico,
desde cargos tan
importantes
como los de Subsecretario en elDepartamento
de Instrucción y Visitador en lasreparticiones
de enseñanza comercial yespecial
delpaís,
fuéno menossilenciosacomo tan fructífera y
reproductora.
En el seno de la Comisión de Enseñanza Comercial tuvo él a su cargo,
participan
do en ello con don Guillermo
Subercaseaux,
laparte
directivadeesta ramade la instrucción
pública
y los Institutos respectivos ledeben aél no
pequeña
parte
de suprosperidad.
En laSubsecretaría fué
siempre
protector
decidido de todas lasinstituciones científicas y a él se le
deben,
en granparte,
laspubli
caciones realizadas por la Universidad de Chile ypor la Biblioteca Nacional: las observaciones
metereológicas,
los estudiosantropológicos,
los volúmenes relativos aexpediciones geográ
REVISTA chilena 231
don Crescente
Errázuriz;
la colección deviajeros,
en la quefiguran
MaríaGraham,
Byron,
Miller, Feuillet, Frezier,
reconocen su
impulso,
susgustos,
supreocupación
y su enorme yamplísima
cultura.No
fué,
porcierto,
toda esta enorme y constante labor bri llante nipersonal,
porque la modestiaincorregible
de estehombre
pecó
por su excesivo celo. Asícomogustaba
de con tribuir al triunfo de los otros,desaparecía
en tratándose de lopropio.
Jamás olvidaremosaquellos
días en que, habiendo sidoelegido,
por unánimeacuerdo,
como individuo de número de la AcademiaChilena,
se vioobligado, urgido,
a preparar undiscurso de
incorporación.
Suprimer
impulso
fué renunciartan señalado cargo y sólo la intervención amistosa de
algunos
de sus
mejores amigos
pudo
hacerle desistir de sus firmes propósitos. Impaciente,
molesto a veces, airado otras, le veíamos adiario,
obsedido por la idea de esetrabajo.
Un día seresolvióa
emprender
su labor y, con esafacilidad característica enél,
Bedocumentórápidamente,
escribiendo un estudio definitivosobre Pedro de
Oña,
en el cual elacopio
dedocumentación,
laclaridad del
juicio
constituyen
una interesanteprueba
de susaptitudes
como escritor. Esapágina llegó
acompletar
cuantohabía
publicado
hasta entonces don José Toribio Medinaen su obra sobre la literatura colonial y en su edición monumental de las obras de Oña.Este
trabajo, mejor
quecualquier
testimonio,
prueba
cuantohubiera
podido
realizar Matta Vial si se hubiesepropuesto
de dicarse aloatrabajos
históricos,
que contaban entresusdecidi das dileccionesespirituales.
Pero,
esaincorregible
modestia,
malogró
tantas ideas generosas y tantos libros quepudieron
nacer de su
pluma.
Así,
entre lospapeles
de suriquísima
biblioteca,
hanquedado
abundantesapuntes
sobre derechoconstitucional,
materia que conocíaprofundamente
y sobre la cualrecientemente el Presidente de la
República
solicitaba su definitivo
juicio
paraalgunos
proyectos
sobre interesantes reformas. Así también durante las
presidencias
de Errázuriz232 ARMANDO DONOSO
Quien
le vio tan modesto y tansencillo, siempre
escondido detrás de simismo,
nopudo
pensarjamás
que esaapariencia
engañosa ocultaba un gran corazón y un cerebro
privilegiado,
reguladores
de una vida que sólo conoció las altas normas y los nobles fines.Recto,
con esa rectitud que ogaño parece importar
una virtudanacrónica,
en pocos como en él secumplía
elprecepto evangélico
cuandoprodigaba
sus acciones generosas:
siempre
la mano derechaignoró
lo que realizaba la izquierda.
Sus
gustos,
su manera de ser, sus dileccionesintelectuales,
añoraban otros
días,
de los cuales sólo era él un eco redivivo.Muchos de sus
amigos
habían muerto ya, y sus libros de elec.ción
correspondían
aotra manerade sentir y de pensar. Nadiecomo él
explicaba
ni seencuadrabamejor
en unaépoca
comola de la
pasada
centuria: formado cerca de lageneración
depromedios
delsiglo
diecinueve,
supoparticipar
de todassus cualidades sin desconocer sus defectos. Comosus inclinacionespredilectas
le llevaban hacia los campos de lahistoria, llegó
a conocerla de nuestropais
hasta en sus detallesmásignorados,
viviéndola en gran
parte
ora directamente o ya a través deltestimonio vivo de
quienes
fueron sus maestros y susamigos.
Su cotidiana
charla,
espiritual
ysencilla,
resumía ese conocimiento familiar de las cosas y de los hombres que comenza
mos a mirar
proyectados
en laperspectiva
de unpasado
quesólo
pertenece
a los libros.Los libros eran su
preocupación
constante,ó,
mas bien di.cho,
supasión
única,
Sumejor
salón lo constituía laantigua
librería donde cada tarde solíamosverle,
mirando sin ver suspupilas
cansadasydescoloridas,
a través de los cristales de suslentes,
mientras atizaba la chacharaamable,
que rodaba soñolienta,
en el seno delviejo
almacén de los libros. De memoria conocía él todos losviejos libros,
sinembargo,
su curiosidadnunca satisfecha
hurgaba
en los volúmenesfrescos,
buscandola vibración nueva de la sensibilidad de última hora o el rasgo
original
de las individualidadesinsospechadas.
Goloso de lec turas, nadie como él había leídotanto, aunque era el más avarevista chilena 233
Existencia sin novedad la suyanoalteró
jamás
larectacons tancia de sus inclinaciones: de su casa a lalibrería,
y de ésta ala BibliotecaNacional,
solían verle cotidianamente cuantosleconocían y le estimaban entrañablemente. Su paso
cansado,
susojos
sinluz,
suespalda
doblada,
sutraje
sencillísimo,
parecían extrañartodo lo
actual,
en medio de la vida tumultuosade la hora
presente.
Era un hombre de1880,
por todo lo que en su corazón y en susgustos
había delviejo
Chile, de la so ciedad de antaño, de laantigua
política,
de lasviejas
casonasy de los cenáculos de entonces, donde se confundían los más elevados hombres
públicos
con los humildespasantes
denues tros liceos. Su conversación y eldejo
melancólico de sus recuerdos nos le hacían sentir
alejado
de la hora quevivimos,
enmedio de la cual
priman
virtudes menosaquilatadas
quelas que en sus años moceriles solían elevar alos hombres.
Durante los numerosos años que formó
parte
de nuestra ad ministraciónpública, trabajó
en silenciogozando
de esa confianza ilimitada que
otorgan
losgobiernos
a los funcionarioscuya
capacidad
y cuyaprobidad
leserigen
enoportunos
men tores y en necesariosguías.
En mas de una ocasión el Presidente de la
República
quiso
tenerlo muy cerca llevándolo aalguna
Secretaría deEstado,
cosa quejamás
aceptó
su modestia
incorruptible
y su sencillez exenta de ambiciones. Nunca hubieraquerido
élinterrumpir
la isocrónica actividad de suvida,
durante la cualno ocurrió cosaalguna
quellegase
a alterarsus costumbres. Su ideal humano era tan sencillo que
nada
podía
tentarle o acelerar su pasotranquilo,
ese paso se guro dequien puede
reclinar en paz su cabeza sobre la almohada,
para nodespertar
al díasiguiente,
porque no tiene nadade
qué
arrepentirse.
Así se ha ido este hombre^bueno yúnico,
en
silencio,
reposadamente,
hacia el seno de la muerte, quenunca