• No se han encontrado resultados

Mónica CODINA (ed ) (2001), De la ética desprotegida, EUNSA, Pamplona

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2020

Share "Mónica CODINA (ed ) (2001), De la ética desprotegida, EUNSA, Pamplona"

Copied!
6
0
0

Texto completo

(1)

D E !LA ÉTllCA DESlPlROTEGHDA

MÓNICA CODINA (ED.), EUNSA, PAMPLONA, 2001

E

S RELATIVAMENTE frecuente que ante un tema de actualidad se multipliquen las monografías y los estudios para tratarlo. Sin duda, la ética es hoy día un tema de actualidad: su estudio está de moda, de ahí que haya gran abundancia de literatura al respecto.

El libro que se presenta des-taca por ser un magnífico compendio de ensayos acerca de la deontología de la comuni-cación. El hilo conductor de la obra es una reflexión teórica acerca de la ética ligada a su práctica en la profesión del co-municador, bien sea en el

campo de la información, en el de la persuasión o en el de la ficción. Cada uno de los trece capítulos plantea con hondura y rigor las principales cuestio-nes éticas que afectan a la práctica profesional del comu-nicólogo y propone algunas po-sibles vías de solución a los cuestiones más frecuentes.

Aunque los problemas se desarrollan en diálogo con te-mas específicos de los diferen-tes ámbitos de la comunica-ción, hay, sin embargo, una se-rie de aspectos que no se olvi-dan en ninguno de los diferen-tes estudios: la necesidad de un compromiso ético personal en el ejercicio de la profesión, sin el cual de poco servirían los códigos éticos externos con los que tantas empresas y medios de comunicación han contado a lo largo de los últimos veinte años; la constatación de que no es posible ser un buen pro-fesional al margen de un com-portamiento ético, es decir, que la exigencia del comporta-miento ético nace del deseo de ejercer la propia profesión del mejor modo posible; sólo desde el ser de la profesión se llega a saber qué es un buen trabajo; la evidencia de que no basta una ética de mínimos para asegurar una ética social

-mente compartida y real-mente garante de un buen ejercicio

(2)

202

de la profesión; y, por último, la imposibilidad de ejercer bien la profesión sin una búsqueda permanente de la verdad, que

cuenta con una visión del

hombre y que supera el

mo-delo reduccionista del libera-lismo económico.

En el capítulo que abre elli-bro, M. Codina explica que el deber ser de la profesión del

comunicador deriva de la na-turaleza del ser mismo de la profesión. Ésta nunca puede

considerarse neutral, pues aunque los medios y empresas

de comunicación sean en sí

mismos abstractos, detrás de

ellos siempre hay una persona que actúa desde una visión del hombre y del sentido de su existencia que, en el ejercicio

de la profesión, se traducirá en

una responsabilidad social que afecta a otros hombres. La

su-peración de lo políticamente

co-rrecto supone evidenciar que el multiculturalismo no es

in-compatible con el reconoci-miento de valores permanen-tes y universales, idea en la que insiste también

J.

A. García

Avilés en su colaboración, ti-tulada ''Autorregulación

profe-sional y estándares en el perio-dismo audiovisual". Más aún,

los valores éticos van más allá

de las exigencias jurídicas y

esto implica el reconocimiento de unos principios permanen-tes. Como reafirma A.

Azur-mendi en el capítulo que lleva por título "De la ética despro-tegida": la ética está felizmente desprotegida por el derecho

(p. 215).

M. Codina explica también que la organización del mundo

actual necesita de los mass

me-dia, yeso supone un riesgo de manipulación si se olvida que

la ética nace del reconocimiento de que la verdad, la falsedad, el

bien y el mal están en las perso-nas, en las acciones y en las cosas (p. 18). Es preciso abandonar

el paradigma de la objetividad

y dar paso al de la adecuación, superando así la reducción del hombre a unos parámetros meramente objetivos y

calcula-dores de beneficio, impuestos por la epistemología moderna.

Sólo desde esta superación se

logra hacer justicia a la reali-dad con la que se enfrenta el profesional de la comunica-ción.

En "El comportamiento

ético en las empresas de

comu-nicación", A.

Sánchez-Taber-nero plantea la siguiente cues-tión: ¿supone una desventaja en la sociedad actual compor-tarse éticamente, asumir el

(3)

RECENSIONES

compromiso de servir con el propio trabajo a la verdad y a los ciudadanos sin que el afán de lucro sea el motor primero de quien emprende una em-presa de comunicación? Es de-cir, ¿es el compromiso ético un freno para un directivo? El de-sarrollo del estudio muestra cómo, a la larga, un comporta-miento ético que supera la mo-ral de mínimos a la moda re-sulta mucho más ventajoso y rentable, aunque ése no sea el motivo que lo justifica, sino sólo una consecuencia necesa-ria y derivada de ello. Frente a los emprendedores oportunis-tas, Sánchez-Tabernero pro-pone como modelo al corredor

de fondo, es decir a aquel que además de crear riqueza digni-fica con su trabajo a los ciuda-danos a los que sirve. Hay que contar con el largo plazo -idea en la que insiste también C. Sotelo en "Principios profesio-nales de la comunicación insti-tucional"- y, desde esa visión, superar el relativismo y el éxito fácil pero inestable.

Otra de las ideas importan-tes que aparece en este estudio, la necesaria formación de los directivos y de las personas que trabajan en las empresas de comunicación para que no antepongan sus intereses

per-sonales a los del bien común, late también en otros ensayos. A. Arrese y A. Fumagalli apuestan fuerte por recuperar y tomar conciencia de la

mi-sión formativa

y

educativa que asumen los comunicólogos. Éstos no son meros interme-diarios entre opiniones e inte-reses, sino profesionales que interpretan la realidad y que, por tanto, influyen social-mente con una visión u otra del hombre. Fumagalli, cen-trándose en el papel educador que asume la televisión, des-taca la responsabilidad de este medio para formar a las perso-nas en valores espirituales yen la educación del gusto y la sensibilidad. Los niveles de las audiencias no justifican ni la calidad ni 10 adecuado de las emisiones, pues el espectador no siempre se decanta por lo que más le gusta, sino que opta por lo que le resulta menos malo dentro de una oferta li-mitada. El principal motor de la responsabilidad televisiva ha de ser el enriquecimiento del espectador mediante la infor-mación y el entretenimiento, y no simplemente la venta de sensacionalismo y violencia. En esta línea, A. Navas insiste, en "Medios de comunicación, valores y educación", en el reto

Revista Empresa y Humanismo, Vol. V, N° 1/02, pp. 201-205

(4)

2°4

que una buena educación su-pone para una sociedad que se organiza y ordena según un ré-gimen liberal, pues la educa-ción se hace imposible sin un consenso estable y permanente sobre los valores absolutos que otorgan sentido a la existencia. De otra parte, como argu

-menta A. Pardo al hilo de unas palabras del productor de cine David Puttnam: la dimensión social de los medios se traduce en modelos de conducta y és-tos no se pueden rebajar, pues está en juego la salud y la vita-lidad de la sociedad.

J.

de los Ángeles, en "Ética y comunicación persuasiva", se acerca también a la ética desde su consideración de la excelen-cia, que no consiste única-mente en un cumplimiento de normas externas. La educación tiene un elemento persuasivo -lo propio de la publicidad-que enripublicidad-quece el discurso so-cial. La persuasión en la publi-cidad no es sospechosa cuando garantiza la libertad, el respeto a la persona y la bondad y la utilidad de aquello que pre-senta.

Esta última idea entronca con los estudios acerca de la calidad de los mass media, te,ma tratado en el capítulo "Etica en la televisión:

com-promiso por la calidad", de M. Medina, y en el de F.J. Pérez-Latre, "Hacia un nuevo con-cepto de calidad en la planifi-cación de medios publicita-rios". M. Medina entiende que la calidad es un término relativo a la excelencia, aunque no hay acuerdo entre los pro-fesionales de la comunicación sobre el contenido de este concepto. Ahora bien, ad-vierte de la importancia de no confundir la calidad con el sentimiento de lo que gusta. Estudiar los verdaderos inte-reses de los espectadores exige respetar la verdad de las cosas y entretener de un modo atractivo y amable con conte-nidos auténticos por su veraci-dad y verosímiles por su cer-canía a lo cotidiano. F.

J.

Pé-rez-Latre, en su análisis sobre calidad, destaca la necesidad de superar la noción de masa.

Resulta prioritario acercarse al paradigma de la participación y superar así el de la mera transmisión, de ahí que sea necesario establecer un diá-logo interpersonal y no masi-ficador desde los medios.

Por último, también la idea de participación aparece en el

estudio "Tecnologías de la in-formación y de la comunica-ción: retos éticos", de C.

(5)

RECENSIONES

daba. Puesto que Internet es un instrumento que obliga a la participación de quien 10 usa, la ética debe surgir como una cuestión imprescindible y

ne-ces aria para quien socializa a

través de la Red y para quien se acerca a ella en busca de in-formación.

Raquel Lázaro

Revista Empresa y Humanismo, Vol. V, N° 1/02,pp. 201-205

(6)

Referencias

Documento similar