Técnicas de intervención en abuso sexual infantil: estrategias cognitivo-conductuales, aceptación y mindfulness

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Técnicas

de intervención

en abuso sexual infantil:

estrategias cognitivo-conductuales,

aceptación y mindfulness

Alumno: Elena Feligreras Alcalá

Tutor: Prof. Dña. Mónica Hernández

Dpto: Psicología

J

unio, 2014

Trabajo Fin de Grado

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ÍNDICE

1. Resumen

2. Capítulo 1. Conceptualización del término abuso sexual infantil y consecuencias derivadas de la experiencia de abuso

3. Capítulo 2. Intervención en abuso sexual infantil desde la perspectiva cognitivo-conductual

4. Capítulo 3. Intervención en abuso sexual infantil desde la perspectiva de aceptación y mindfulness

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Resumen

En el presente trabajo se expone la conceptualización del término de abuso sexual infantil, así como la gravedad de las consecuencias psicológicas derivadas de tal experiencia. Concretamente, nos centramos en uno de los síntomas cuya presencia es muy frecuente en los casos de abuso sexual, el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT). Para abordar tal problemática, se han propuesto dos tipos de intervenciones, cuyos objetivos y estrategias terapéuticas difieren en gran medida.

En primer lugar, se describe una aproximación tradicional Cognitivo-Conductual. Desde esta perspectiva, las actuaciones con víctimas de abuso irán dirigidas a romper las asociaciones establecidas entre estímulos, así como a identificar y modificar las cogniciones, acerca de aspectos relacionados con el trauma, que resulten desadaptativas e irracionales a fin de que la persona pueda seguir adelante con su vida.

En segundo lugar, se describe la actuación desde una intervención, relativamente novedosa, basada en la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y Mindfulness, cuyo objetivo, contrariamente a la idea propuesta desde la terapia cognitivo-conductual de modificar el contenido de los eventos privados, es que la persona víctima de abuso perciba y acepte, desde la conciencia plena, dichos pensamientos y sentimientos tal y como son, actuando en dirección o de acuerdo a sus valores personales aún en presencia de dichos eventos privados.

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Abstract

In this paper the definition of the term child sexual abuse is exposed, and the severity of the psychological consequences of such an experience. Specifically, we focus on one of the symptoms whose presence is very common in cases of sexual abuse, Post Traumatic Stress Disorder (PTSD). To address this problem, we have proposed two types of interventions, whose the objectives and therapeutic strategies differ greatly.

First, a traditional approach Cognitive Behavioral is described. From this perspective, the performances will go to victims of abuse aimed at breaking the partnerships established between stimuli and to identify and change cognitions about issues related to trauma, resulting maladaptive and irrational so that the person can continue on with your life.

Second, the action is described from a relatively novel intervention based on Acceptance and Commitment Therapy (ACT) and Mindfulness aimed contrary to the idea proposed from cognitive behavioral therapy to modify the content of events private, is that the abused person receives and accepts from full consciousness, these thoughts and feelings as they are acting in either direction according to your personal values even in the presence of these private events.

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Capítulo 1

Conceptualización del término abuso sexual infantil y consecuencias

derivadas de la experiencia de abuso

No existe una definición única para el abuso o maltrato infantil. Sin embargo, la más aceptada viene proporcionada por el National Center for Child Abuse and Neglect (NCCAN, 1988), que define el abuso infantil como “todas aquellas acciones que van en contra de un adecuado desarrollo físico, cognitivo y emocional del niño, cometidas por personas, instituciones o la propia sociedad”. A su vez, esta definición engloba una serie de comportamientos, que son considerados de abuso, como maltrato físico, negligencia, maltrato psicológico o abuso sexual, tal y como señala el manual de psiquiatría DSM-IV-TR (2001).

En esta revisión focalizaremos nuestra atención en uno de los tipos de abuso infantil antes mencionados, el abuso sexual infantil. A lo largo de los años, se ha intentado establecer una definición del abuso sexual, siendo la más difundida la que proporciona el NCCAN (1988), que define el abuso sexual como “los contactos entre un niño y un adulto, cuando el primero se utiliza para la estimulación sexual del segundo o de otra persona”. Del mismo modo que el maltrato infantil incluía diferentes conductas, el abuso sexual infantil comprende comportamientos como violación, contacto genital-oral, caricias, voyeurismo, exhibicionismo y explotación sexual infantil (Redondo y Ortiz, 2005).

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6 En cuanto a la prevalencia del abuso, es decir, la proporción de individuos de la población que sufrieron abuso sexual infantil en un momento o periodo determinado, estos mismos autores la sitúan en el 14,5% para las mujeres y el 7,2% para los varones (Redondo y Ortiz, 2005). Estas diferencias entre hombres y mujeres podrían deberse al hecho de que verdaderamente haya más casos de mujeres que son víctimas de abusos sexuales, o bien, a que en el caso de los varones, estas experiencias permanecen ocultas, debido al miedo al estigma social de ser tachado de afeminado o de homosexual (Cantón y Cortés, 2003) .

En cuanto a la experiencia de abuso en sí misma, deberíamos señalar que, generalmente, los agentes del maltrato se encuentran muy cercanos al propio menor. Con frecuencia se trata de los padres, aunque también aparecen otras personas con o sin vinculación familiar con la víctima (López, 1994). Esta distinción respecto a la relación entre víctima-agresor, da lugar a distintos tipos de dinámicas interrelacionales en las que, cuanto más estrecha es la relación entre el agresor y la víctima, más probabilidades existen de se repita y se prolongue la conducta de abuso. Diríamos que la familiaridad funciona como un factor de riesgo, en la medida en que aumenta la probabilidad de se produzcan los abusos sexuales.

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7 Todo lo anterior nos lleva a considerar que la experiencia de abuso sexual supone un gran impacto a nivel individual, ocasionando graves consecuencias psicológicas en las víctimas. Así, Pereda, (2009) llevó a cabo un estudio, cuya finalidad consistía en identificar los problemas psicológicos derivados de la experiencia de abuso sexual. Entre ellos encontró una serie de problemas que abarcaban distintas áreas:

• Problemas emocionales. Problemas de tipo internalizante, como miedos y fobias. Así como, sentimientos de culpa y pérdida de autoestima.

• Problemas cognitivos. Alteraciones de atención y concentración.

• Problemas de relación. Problemas a la hora de establecer relaciones con grupos de iguales, pertenecientes o no a la familia, dada la ruptura que la experiencia de abuso sexual implica en la confianza de la víctima. Pueden llegar a producirse problemas de aislamiento social en víctimas de este tipo de experiencias.

• Problemas funcionales. Alteraciones del sueño (pesadillas) y alteraciones de la conducta alimentaria.

• Problemas conductuales. Conductas sexualizadas (masturbación compulsiva, agresión sexual y conductas exhibicionistas), así como conductas disruptivas y agresivas, las cuales incluyen hostilidad, agresividad, ira y rabia.

Tal y como hemos mencionado anteriormente, la presencia de factores de riesgo podría llevar a incrementar el impacto de dicho problemas. De esta forma, conductas frecuentes de coerción física por parte del agresor, junto con la presencia de sentimientos de culpa por parte de la víctima, podrían llevar a maximizar la probabilidad de aparición de determinados trastornos psicopatológicos (Pereda, 2009).

De hecho, en muchos casos, las víctimas de abuso sexual infantil son diagnosticadas de Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), cuyas características se describen a partir de una serie de criterios recogidos en el manual DSM-IV-TR (2001):

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8 amenaza de muerte o algún riesgo para la integridad física. Ante estas situaciones el individuo responde en forma de miedo, de indefensión o de horror.

Criterio B: El acontecimiento traumático se reexperimenta persistentemente en forma de:

 Recuerdos desagradables, recurrentes e intrusivos del suceso.

 Sueños desagradables sobre el suceso.

 Conductas o sentimientos que aparecen como si el suceso estuviera ocurriendo de nuevo.

 Malestar psicológico intenso cuando el individuo se expone a estímulos internos o externos relacionados, de algún modo, con algún aspecto del suceso traumático.

 Reactividad fisiológica cuando el individuo se expone a estímulos internos o externos que simbolizan el evento traumático.

Criterio C: Evitación persistente de los estímulos (pensamientos, sentimientos, lugares, actividades, personas, etc.) asociados al trauma.

Criterio D: Síntomas persistentes de hiperactivación (insomnio, explosiones de ira dificultades de concentración, hipervigilancia y respuesta de alarma exagerada.).

Criterio E: La duración del trastorno es superior a un mes.

Criterio F: El trastorno ocasiona una alteración significativa en el funcionamiento social, laboral o en otras áreas importantes de la vida.

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Capítulo 2

Intervención en abuso sexual infantil desde una perspectiva

cognitivo-conductual

Dada la elevada prevalencia de casos de abuso sexual que han derivado en un Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), en este apartado vamos a focalizar nuestra atención en la forma en que se llevaría a cabo una intervención dirigida a atenuar la sintomatología postraumática, desde una perspectiva cognitivo-conductual.

Desde una perspectiva cognitivo-conductual, (Bobes y cols, 2000), el origen del trastorno y su mantenimiento se explican teniendo en cuenta el aprendizaje social y atendiendo a los procesos de condicionamiento clásico y operante.

Así, los procesos de condicionamiento clásico permitirían explicar cómo los estímulos relacionados con el trauma actúan como estímulos incondicionados que provocan respuestas de miedo extremo. Al mismo tiempo, las señales cognitivas, afectivas y fisiológicas que acompañan al suceso traumático se convierten en estímulos que por sí solos son capaces de provocar una respuesta condicionada.

Del mismo modo, los procesos de condicionamiento operante permitirían explicar cómo las conductas de evitación cognitiva y conductual se mantendrían en el tiempo. En concreto, dichas conductas serían mantenidas por reforzamiento negativo, es decir, emitir la conducta de evitación llevaría a la desaparición de consecuencias negativas (ansiedad, malestar, tensión, etc) que provocan los recuerdos y estímulos (reales o simbólicos) asociados evento traumático.

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10 cualquier pensamiento, sentimiento o actividad que desencadene el malestar asociado al suceso traumático, serían respuestas aprendidas mediante condicionamiento operante y, las responsables del mantenimiento de la sintomatología postraumatica. Esto refleja una sucesión de procesos, a través de los cuales se crea un “círculo vicioso” que, aunque a corto plazo parecería eficaz, a la larga resulta realmente desadaptativo para las víctimas. (Figura 1).

Figura 1. Proceso mediante el que se mantiene la conducta de evitación en TEPT.

La sintomatología postraumática presenta algunas diferencias según la etapa vital en la que nos situemos. Así, tal y como afirma el estudio de Bobes y cols. (2000), en la etapa preescolar encontraremos síntomas relacionados con alteraciones del sueño, recuerdos y pensamientos recurrentes relacionados con la experiencia traumática y problemas de conducta. Mientras que, conforme van pasando los años, la sintomatología va siendo similar a la de los adultos, encontrando frecuentes episodios de flashback (sensación de estar reviviendo la experiencia traumática original), insomnio, irritabilidad

Estímulos relacionados con el trauma (pensamientos, recuerdos,

lugares, actividades, etc.)

Respuesta de ansiedad (Malestar, miedo,

angustia, etc.)

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11 y problemas de atención y concentración.

En general, conociendo las bases que sustentan al modelo cognitivo-conductual y, tal y como podemos observar en trabajos como el de Pedreira, (1996) parece lógico pensar que la intervención cognitivo-conductual en abuso sexual se centrará en los procesos que llevan a la reexperimentación del suceso traumático (pensamientos y recuerdos recurrentes en forma de flashbacks que desencadenan respuestas de ansiedad), en la conducta de evitación física y emocional de aquellos pensamientos, emociones, lugares y actividades asociados al evento traumático y en las propias reacciones de ansiedad (insomnio, ira, hipervigilancia, dificultad para concentrarse, etc. ) derivadas del recuerdo del suceso.

El consenso clínico sugiere que el tratamiento deberá implicar exposición directa al trauma, entrenamiento en inoculación de estrés y reesctructuración cognitiva (Sarmiento, Fernández, Barbacil y Gutiérrez, 2006).

La exposición prolongada (EP). Por cuestiones éticas, en estos casos suele utilizarse en imaginación. Se trata de una técnica a través de la cual la víctima revive la escena traumática en su imaginación del modo más vívido posible y la describe en voz alta con detalle y hablando en tiempo presente. Cada cierto tiempo, se mide el grado de ansiedad que presenta durante la exposición (con una escala de 0 a 10) y se identifican aquellos momentos en los que el nivel de ansiedad es mayor así como las cogniciones asociadas a él.

Algunos autores recomiendan aplicar, a continuación, una reestructuración cognitiva, con el objetivo de modificar aquellas cogniciones erróneas asociadas al suceso y, finalmente, se vuelve a revivir la escena utilizando argumentos alternativos más ajustados. (Bados y García, 2011).

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12 a la extinción completa. Esta ruptura se consigue a través de dos procesos, descritos a través de la “teoría del procesamiento de la información” de Jaycox y Foa, (1996), la cual muestra una gran consonancia con la teoría explicativa de Baguena (2001), según la cual, dicha ruptura se conseguirá por habituación a la ansiedad derivada de la exposición repetida a estímulos que recuerdan al trauma y el aprendizaje de que la exposición a dichos estímulos no conlleva una amenaza posterior. .

La reesctructuración cognitiva (RC), también se ha aplicado de manera aislada. El procedimiento se basa en la identificación y posterior modificación de aquellos pensamientos y creencias desadaptativos, con el objetivo de sustituirlos por otros más ajustados a la realidad. Como ya se ha comentado, esta técnica podría llevarse a cabo de forma paralela a la técnica de exposición prolongada y conseguir, de esta forma, optimizar los resultados. De hecho, se ha encontrado que, la reesctructuración cognitiva por sí sola, no conlleva resultados más beneficiosos que la exposición prolongada, sin embargo, cuando ambas se combinan, se obtienen los mejores resultados (Baguena, 2001).

A pesar de lo eficaz que han demostrado ser ambas técnicas (EP y RC) para reducir la sintomatología postraumática, debemos tener en cuenta otra serie de aspectos relacionados con la sintomatología de Trastorno de Estrés Postraumático.

Así, podrían resultar útiles otras estrategias de manejo de ansiedad, concretamente, Entrenamiento en inoculación de estrés (EIE), un programa de tratamiento cuya finalidad es que las personas adquirirán habilidades para el afrontamiento de la ansiedad en aquellas situaciones en las que estén presentes estímulos o recuerdos relacionados con el trauma. Entre las técnicas que conforman el EIE, podemos destacar las siguientes:

-Psicoeducación acerca de los síntomas de ansiedad. Se trata de una herramienta

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13 sensaciones y pensamientos responsables de tal estado y, posteriormente, actuar en consecuencia, a través de la utilización de las estrategias de afrontamiento aprendidas.

- Relajación progresiva. Ante la reexperimentación del suceso o, el simple recuerdo de este, muchas personas reaccionan mostrando elevados niveles de ansiedad, tensión muscular, etc. Por ello, se considera necesario incluir entre las estrategias que componen el EIE, la técnica de relajación progresiva, la cual permite a la víctima adquirir una respuesta incompatible a la ansiedad al enfrentarse a estímulos relacionados con el suceso.

Este procedimiento está basado en una serie de ejercicios en los que se tensan y relajan aquellas zonas musculares que habitualmente se asocian al estrés.

-Control del pensamiento. Es una estrategia cognitiva cuya finalidad es detener, de forma voluntaria, aquellos pensamientos intrusivos que provocan el estado de ansiedad. Es decir, se trata de adquirir la habilidad para identificar y detener la cognición desajustada y, posteriormente, exponerse a ella voluntariamente sin llevar a cabo la conducta de evitación. (Guerra y Plaza, 2009).

- Auto-diálogo dirigido. Se trata de una técnica basada en la identificación de aquellas autoafirmaciones irracionales y en la posterior adquisición de expresiones cuyo fin es reemplazar el autodiálogo negativo. (Huici, 2013). De esta forma, ante una situación que le provoque ansiedad (recuerdos, estímulos relacionados con el suceso, etc.) la víctima pregunta y responde preguntas que le ayudan a analizar la situación de forma más racional, llevándose a cabo, un autodiálogo interno.

- Role-playing. Esta es una de las técnicas más utilizadas a la hora de desarrollar

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14 Cada una de las técnicas que componen el EIE posee una esencia común con las demás, y es que su finalidad consiste en enseñar a la víctima del abuso sexual a reconocer y a controlar sus emociones negativas, como la ansiedad y la ira, mediante la planificación y emisión de conductas alternativas más adaptativas. (Mingote, Machón, Isal, Perris y Nieto, 2003). No obstante, antes de llevar a cabo el entrenamiento en Inoculación de estrés (EIE) debemos tener en cuenta la variabilidad de los síntomas que comprende cada caso, ya que para una persona cuya reacción ante el recuerdo o la exposición a estímulos asociados al trauma sea un elevado nivel de tensión muscular y ansiedad, sería útil el uso de la estrategia de relajación progresiva, mientras que para una persona que no presente tensión muscular pero sí otros síntomas, deberemos utilizar otro tipo de estrategias de afrontamiento. (Baguena, 2001).

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Capítulo 3

Intervención en abuso sexual infantil desde la perspectiva de aceptación y

mindfulness

Todas las personas evitamos aquello que nos produce malestar, y esa evitación no es necesariamente problemática. Pero en nuestro contexto histórico y cultural, sentirse bien se ha convertido en un valor en sí mismo, identificándose con salud mental. Algunas personas buscan sentirse bien a toda costa, evitando cualquier tipo de malestar aunque, en muchas ocasiones, eso les genere problemas y les conduzca a una vida más limitada. Es ahí cuando hablamos de Evitación Experiencial (Wilson, y Luciano, 2002).

La Evitación Experiencial es una dimensión funcional, que abarca problemas formalmente muy diferentes, y que hace referencia a los intentos por acabar con los eventos privados problemáticos. Aunque esos intentos puedan tener éxito a corto plazo, a medio o largo plazo los pensamientos, emociones y sentimientos que generaban malestar no desaparecen, incluso pueden incrementarse. Y la persona cada vez se aleja más de aquello que quiere y valora en su vida (Hayes, Wilson, Gifford, Follette, y Strosahl, 1996).

En el caso de víctimas de abuso sexual el comportamiento de evitación se extiende a pensamientos, emociones y recuerdos, además de a conductas, actividades, lugares, etc., que se relacionen con el evento traumático y evoquen dichos pensamientos, recuerdos o emociones. Cuando esos comportamientos de evitación se hacen crónicos y limitando considerablemente la vida de esas personas es cuando podemos hablar de Trastorno de Evitación Experiencial (TEE). Este ocurre cuando una persona no está dispuesta a establecer contacto con sus experiencias privadas, como los estados o sensaciones de su cuerpo, sus pensamientos, sus recuerdos, sus predisposiciones conductuales, etc., y actúa tratando de alterar la forma y frecuencia de tales experiencias, así como las condiciones que las generan, obteniendo con ello una limitación en su vida. (Gutiérrez y García, 2001).

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16 orientadas a modificar el contenido de los pensamientos intrusivos que resultan irracionales, ya que se considera que tales pensamientos son la causa de que la persona se comporte desadaptativamente y su modificación permitirá a la víctima volver a alcanzar su estilo de vida previo al suceso traumático.

Contrariamente a tal perspectiva, surge un tipo de terapia cuya finalidad no se basa en la modificación de los eventos privados, sino en el cambio de los contextos verbales que se relacionan con tales eventos. Esta es la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), una aproximación basada en la idea de que el verdadero problema no son los pensamientos, los miedos o la ansiedad desencadenados por el episodio de abuso sexual, sino los intentos de la víctima por acabar con esos eventos privados. Por tanto, la intervención se centraría en que la persona acepte los eventos privados fruto de su historia y siga adelante con la vida que quiere tener, tratando de alterar las relaciones desadaptativas que se han establecido entre sentirse mal y paralizar la vida.

En resumen, ante aquellos recuerdos, pensamientos, actividades, etc. que se relacionen con el evento traumático, ACT propone que una alternativa a la conducta de evitación sea estar dispuesto a aceptar la ansiedad y el malestar tal y como son, estableciendo un compromiso para actuar en la dirección elegida pese a ellas. (Carrascoso, 1999).

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17 Aunque ACT es una terapia flexible, tradicionalmente se han definido una serie de componentes que se podrían sintetizar en los: desesperanza creativa, el control de eventos privados como problema, clarificación de valores, desliteralización o distanciamiento, el “yo como contexto” y el compromiso con los valores personales.

Al inicio de la terapia y después de haber generado un contexto para la misma, trataremos de hacer ver a la víctima que los intentos de evitar determinados pensamientos, recuerdos, emociones, etc., aunque a corto plazo pueda resultar eficaces, a la larga supone un alejamiento de aquello realmente importante en su vida. Se generan así las condiciones para que el individuo experimente una desesperanza creativa, al comprobar que las conductas de evitación en ciertas situaciones conlleva una serie de repercusiones en numerosas facetas de su vida (Luciano, Valdivia, Gutiérrez y Páez, 2006). Para ejemplificarlo, resulta muy útil la metáfora del jardín (ver Anexo1), en la que se le pide al individuo que imagine que es un jardinero y su jardín es su vida. Las plantas representan todo aquello que le resulta importante para él y regarlas, abonarlas, etc. es hacer cosas en su relación de pareja, su vida familiar, trabajo o cualquier cosa importante. Las malas hierbas, representan sus recuerdos y pensamientos sobre la experiencia de abuso, y cortarlas es intentar que desaparezcan. No obstante si, únicamente, dedica su tiempo y esfuerzo a eliminar esas “malas hierbas”, el resto de “plantas” (las áreas valiosas en su vida) estarán abandonadas. El terapeuta no explicita estas conexiones entre los elementos de la metáfora y los diferentes aspectos de su vida, sino que trata de que el paciente sea el que establezca la conexión y caiga en la cuenta de que lo que está haciendo no funciona. Despues de esforzarse tanto y tan duro, tiene abandonadas sus plantas y no ha conseguido librarse de las malas hierbas. Si se hace bien, la experiencia de desesperanza será impactante para el paciente y provocará un punto de inflexión.

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18 Otro de los pasos esenciales en ACT, es hacer consciente al paciente de sus intentos por controlar los pensamientos, emociones y recuerdos y el resultado de esos intentos de control. El propósito es que, a través de metáforas, paradojas y ejercicios experimentales, la víctima sea consciente de que, de acuerdo a su experiencia, en algunos contextos, el control de eventos privados parece inviable y, en algunos casos, paradójicamente, intentar controlarlos implica que surjan con más intensidad. Esto puede ejemplificarse a través de diferentes metáforas como la metáfora del polígrafo (ver Anexo1) (Wilson y Luciano, 2002). Por tanto, en primer lugar, el objetivo es que el individuo detecte aquellas conductas que lleva a cabo para controlarlos y, a continuación, las abandone, permitiendo así, la aceptación de tales estímulos.

En general, la intervención desde la perspectiva de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) supone una reorientación de la persona hacia los valores, aquello que de verdad importa en su vida. La clarificación de valores es un elemento esencial en la terapia, ya que establece la dirección en la que hemos de orientar nuestra intervención (Luciano, Valdivia, Gutiérrez, y Páez, M., 2006). En dicha clarificación se definen trayectorias, pero también objetivos y acciones necesarias para alcanzar dichos objetivos, a la vez que se analizan las barreras que el paciente encuentra para avanzar en la dirección de sus valores. La clarificación de valores debería estar presente también desde los primeros momentos de la terapia y retomarse siempre que sea necesario. Para este fin, podría resultar útil un tipo de ejercicio como el “ejercicio del funeral”, en el que se le pide al individuo que imagine que asiste a su funeral y que piense las cuestiones por las que le gustaría ser recordado por sus seres queridos. (García, Luciano, Hernández y Zaldívar, 2004).

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19 Un componente basado, del mismo modo, en la idea de distanciamiento, es el proceso de defusión, cuyo objetivo implica notar las experiencias privadas sin intentar controlarlas.

Otro de los componentes de ACT, “yo como contexto”, implica ser capaz de contactar con sus pensamientos, recuerdos y emociones desde un lugar seguro, desde esa parte del yo, que puede darse cuenta de que está pensando, recordando y sintiendo acerca de aspectos relacionados con el evento traumático del mismo modo que puede pensar, recordar y sentir de forma diferente en otras situaciones. Para ejemplificarlo, podría resultar útil la metáfora del tablero de ajedrez (ver anexo1). Esta muestra, a través de un tablero y fichas de ajedrez, cómo los eventos privados, tanto aversivos (fichas de un color) como los deseables (fichas de otro color) coexisten en la persona, que sería el tablero.

Es importante que la persona entienda que, desde su posición como tablero (“yo contexto”) la guerra entre piezas no importa. Y, desde ahí, puede moverse en las direcciones que son valiosas en su vida, mientras observa cómo se mueven tales piezas. (Wilson y Luciano, 2002).

Esta perspectiva del yo como contexto supone el distanciamiento respecto a los eventos privados, lo que lleva a asumir una trascendencia del yo. De esta forma, cuando la víctima llega a establecer un contacto experiencial con ese sentido trascendente del yo, los pensamientos y recuerdos relacionados con el trauma se vuelven menos impactantes.

El concepto de trascendencia del yo, se encuentra relacionado con la esencia de algunas de las tradiciones filosóficas (Wilson y Luciano, 2002), entre ellas el Budismo Zen, cuya práctica se basa en la conciencia plena/meditación, recogidas a su vez, en el concepto Mindfulness, “una forma de atención que no juzga, centrada en el presente, en la que cada pensamiento, sentimiento o sensación que aparece en el campo atencional es

reconocida y aceptada tal y como es”. (Carmody, Segal, Abbey, Speca;Velling y Devis,

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20 Una de sus prácticas se basa en el entrenamiento en relajación, orientado a desarrolla la capacidad de evocar y aplicar la atención para mejorar el bienestar emocional. Sin embargo, en ACT, la práctica de mindfulness trata de complementar los procedimientos que aquí se llevan a cabo, a través de procesos del tipo: defusión, distanciamiento, y dejar ir, de aquellos pensamientos, creencias y recuerdos irracionales y desadaptativos; aceptación, hacer espacio para los sentimientos y sensaciones dolorosas, dejándolos entrar y salir, sin llevar a cabo ningún tipo de control emocional interno y contacto con el momento presente, un compromiso total con el aquí y ahora, con una actitud de apertura y curiosidad frente a la experiencia. (Harris, 2013).

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Discusión

A lo largo de este trabajo se ha llevado a cabo una conceptualización de abuso sexual infantil, un problema de índole mundial cuyas repercusiones afectan a la víctima a nivel personal, social, familiar, etc. Aquí hemos centrado nuestra atención en las consecuencias psicológicas derivadas de una experiencia de abuso, concretamente, en el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT). Para abordar la sintomatología de este trastorno, hemos propuesto la intervención desde dos tipos de perspectivas: cognitivo-conductual y aceptación y mindfulness.

La primera, hace referencia a un tipo de terapia tradicional, cuyo propósito es identificar y modificar aquellos eventos privados (pensamientos, sensaciones, recuerdos, etc.) que resultan desadaptativos, y así, conseguir que la víctima logre enfrentarse a las situaciones temidas.

La segunda de las intervenciones está basada en la perspectiva de aceptación y compromiso (ACT). Se trata de una aproximación orientada, en mayor medida, a aquellas víctimas que sufren un Trastorno de evitación experiencial (TEE) crónico, derivado de la experiencia de abuso y que, por tanto, conlleva una gran cantidad de limitaciones a la hora de lograr un normal funcionamiento de las áreas importantes de su vida.

Así, mientras la perspectiva cognitivo-conductual dirige sus actuaciones a modificar el contenido de los eventos privados de la víctima y así, conseguir que estos no supongan una barrera a la hora de enfrentarse a determinadas situaciones, la aproximación de aceptación y compromiso, está orientada a la aceptación de tales eventos privados, es decir, a que la persona sea capaz de identificarlos, sentirlos y aceptarlos tal y como son, sin llegar a realizar ningún esfuerzo por evitarlos.

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22 esencial que resulta alcanzar un estado de atención plena hacia aquellos eventos privados que tratamos de sentir y aceptar.

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Referencias

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Anexos

Anexo 1.

Metáfora del jardín

“Supongan que ustedes son un jardinero que ama su jardín, que le gusta cuidar de sus plantas, y que nadie más que usted tiene responsabilidad sobre el cuidado de las plantas. Supongan que las plantas son como las cosas que ustedes quieren en sus vidas…así, ¿cuáles son las plantas de su jardín? ¿Cómo ve las plantas como jardinero? ¿Tienen flores, huelen bien, están frondosas? ¿Está cuidando las plantas que más quiere como usted las quiere cuidar?...Claro que no siempre dan las flores en el lugar que usted quiere, en el momento que lo desee; a veces, se marchitan a pesar del cuidado; la cuestión es cómo ve que las está cuidando, ¿qué se interpone en su camino con las plantas, en su quehacer para con ellas? Quizás esté gastando su vida en una planta del jardín. Ya sabe que en los jardines crecen malas hierbas.

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27 pesar de ello, nadie puede garantizar el resultado completo con cada planta…Quizá el jardinero le gustase que el cuidado de una planta diese a luz una planta con un número de flores blancas de un tamaño preciso, en un tiempo concreto. Pero el jardinero sabe muy bien que la planta puede ofrecer otras flores distintas, en menor número y desprendiendo un olor menos agradable que el deseado, o quizá más. No es algo que el jardinero pueda controlar. La cuestión es si a pesar de ello valora el cuidado de esas plantas. Es más, las cosas, personas…, que queremos en nuestra vida se parecen a las plantas del jardín. A veces el jardinero quizá se impaciente si la planta tarda en crecer o lo que crece inicialmente no le gusta. Si el jardinero arranca de “cuajo” lo plantado y pone otra semilla, nunca verá crecer la planta, y su vida girará sólo en poner semillas sin llegar a vivir cada momento del crecimiento. Otra opción es seguir cuidando las plantas, con lo que ofrezcan cada momento.

Es importante que sepamos que yo nunca podré plantar semillas en su jardín, ni decirle qué semillas plantar, y cómo crecerá mejor; que nunca podré cuidar de sus plantas. Sólo usted podrá hacerlo. Y ahora, os pregunto si, por un minuto, ¿podríais dejar de centraros en la planta que os molesta, la que os ha traído aquí? ¿Estaríais dispuestos aun con cualquier pensamiento sobre esa planta que no quiere a hablar de las otras plantas de su jardín, de cómo están, e incluso estaríais dispuestos a hacer algo con ellas, a cuidarlas incluso sin ganas?...Dígame, ¿qué hay entre ustedes y el cuidado de sus plantas?

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28 Metáfora del polígrafo

“Imagínese enchufado al más moderno y sensible polígrafo del mundo. Es imposible estar enchufado y sentir la más mínima activación o ansiedad sin que la máquina lo detecte. En estas circunstancias le piden que haga una tarea muy simple. Que se quedes ahí, relajado. La más mínima ansiedad será detectada. Para motivarle un poco más ponemos una pistola Magnum 44 en su sien. Si permanece relajado no se disparará pero si se pone nervioso lo más mínimo, la máquina lo detectará, y morirá. Así que, relájese… ¿Qué cree que pasará? … La mínima gotita de ansiedad será terrorífica. Se dirá “Dios, me estoy poniendo nervioso. Aquí viene” ¡BANG!” (Wilson y Luciano, 2002).

Metáfora del tablero de ajedrez

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Figura 1. Proceso mediante el que se mantiene la conducta de evitación en TEPT.

Figura 1.

Proceso mediante el que se mantiene la conducta de evitación en TEPT. p.10