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Ciencia ficción

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C I E N C I A

F I C C I Ó N

D I E G O U R I B E

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C I E N C I A

F I C C I Ó N

D I E G O U R I B E

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Ana María Lozano

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7 Introducción: Lo más cercano // 09

I - Subvertir lo distinguido // 013

II - Desalejar el mundo // 023

III - Ciencia ficción // 031

IV - El espacio exterior // 041

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Atlas, 1995

Paradoja: por familiaridad, o más bien por esa

costumbre que nos viene del habitar, el exceso de

cercanía equivale a un alejamiento.

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9 Pareciera que diariamente nos despertamos en este mundo solamente para abandonarlo nuevamente. Huimos inmediatamente hacia otros lugares que habitamos en el pensamiento; espacios interiores donde nos refugiamos de los hechos. Atendemos lo espectacular y lo heroico para engañarnos con que la finitud de un mundo inestable no nos compromete. De esta manera suspendemos la percepción y tomamos la distancia necesaria para evadir las penas del presente, mientras que a nuestro alrededor la actualidad de lo cotidiano se manifiesta y se dispersa, sin dejar muchos testigos.

Para descubrir las cosas cotidianas que están ahí, demasiado cercanas para ser vistas, parece necesario desfamiliarizarse1 del espacio circundante y volverlo a ver. Desmitificar la percepción hasta su estado más elemental, para que la materia cotidiana nos revele los fenómenos ordinarios que el dominio cultural margina. Solo así nos introducimos en un territorio efímero de gestos simples que se resisten a la categorización. Un lugar que no presume ningún contenido, pero que puede guiarnos hacia nuevos significados.

1 El concepto de desfamiliarización (ostranenie), utilizado en el Formalismo Ruso como una técnica para volver extrañas las formas familiares, resulta útil para pensar en una percepción reanimada, tras haber sido aturdida por el condicionamiento cultural.

Lo más cercano

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Lo cotidiano como señala Henri Lefebvre, solamente es accesible cuando el conocimiento especializado y las actividades estructuradas se agotan2; como si tratara de un residuo insignificante y pasajero que no podemos conocer por

medio de la razón. Esto sugiere que cualquier empeño por teorizarlo siempre terminara en la noción de que lo cotidiano es inaprensible, por lo que todas las tentativas de capturarlo se anulan a sí mismas automáticamente.

Sin embargo, tras aceptar que lo cotidiano no es representable en conceptos inteligibles y agotar la capacidad del pensamiento por definirlo, aparece la posibilidad de valerse de otras formas de representación, tal vez como la fotografía para al menos registrarlo en su condición inefable.

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La estética de la desaparición, 1988

Mirar lo que uno no miraría, escuchar lo que no oiría, estar

atento a lo banal, a lo ordinario, a lo infraordinario. Negar

la jerarquía ideal que va desde lo crucial hasta lo anecdótico,

porque no existe lo anecdótico, sino culturas dominantes

que nos exilian de nosotros mismos y de los otros, una pérdida

de sentido que no es tan sólo una siesta de la conciencia, sino

un declive de la existencia.

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Subvertir lo distinguido

I

En Los cuatrocientos golpes, Truffaut presenta la temprana adolescencia de Antoine Doinel, un personaje de conducta inquieta oponiéndose a la represión de una sociedad disciplinante. En la película, podemos ver como la identidad del protagonista se ve amenazada por el poder que distintas instituciones como la familia, la escuela y un centro de detención juvenil ejercen sobre él; pero vemos también como su desentendimiento constante le permite de alguna manera resistirse a la sujeción absoluta de su identidad. Aunque finalmente no es posible afirmar que Antoine se escape definitivamente del régimen disciplinario, podemos al menos considerar que cierta perspicacia para preservarse de los mecanismos culturales dominantes empieza a desarrollarse en él.

Me interesa recordar un evento en la película con el que Truffaut logra referirse al acondicionamiento –y descondicionamiento– de la percepción del individuo. La secuencia referida, inicia cuando Antoine –tras faltar a la escuela– se dirige a una feria de diversiones e ingresa en un Rotor1. Dentro

del juego, el protagonista se posiciona contra una pared en la circunferencia de una rueda, e inmediatamente el mecanismo de esta empieza a girar poco a poco, aumentando gradualmente su velocidad, y llegando hasta el punto en que la mirada de Antoine comienza a difuminarse.

1 El Rotor fue una rueda mecánica diseñada en los años 40’s y popularizada en las ferias de

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15 Entonces, vemos cómo el protagonista se eleva del suelo y forcejea contra la fuerza centrifuga para reacomodar su cuerpo, llevando a cabo un giro completo hasta quedar cabeza abajo, en una posición que le permite a Truffaut introducir un vistazo de la subjetiva de Antoine totalmente invertida y distorsionada. Desde esta nueva perspectiva, vemos brevemente como el lugar y los espectadores alrededor del juego giran repetidamente con tanta volatilidad que su forma y su aspecto nos resulta indefinido. Tras soportar la tensión corporal con la que logro obtener la agitación de su experiencia visual, Antoine regresa a su posición inicial mientras que paulatinamente la rueda comienza a detenerse y las personas dentro de ella logran descender al suelo. Finalmente, con la rueda detenida, vemos como todos los ocupantes trastabillean por un momento antes de ajustarse nuevamente a las condiciones habituales de gravedad y poder salir del juego.

En esta película, además de aludir de manera anecdótica y metafórica al pensamiento inconforme que se gestaba en la época –aquella convulsión cultural que desembocaría en los eventos del 68– con esta escena Truffaut introduce una sacudida a la percepción del espectador, desafiando la estética y los dogmas cinematográficos tradicionales para hacer un comentario sobre la condición humana. Aunque en un principio la película introdujo un personaje cuya identidad empezaba a trasmutarse bajo el orden de una sociedad moderna, durante esta escena pareciera que a Antoine se le sugiriera la relatividad del sentido y del tiempo percibido, desestabilizando su mirada y desintegrando la apariencia de una realidad que por un instante, se le revela como insostenible.

Las ideas que se presentan en este capítulo, revisan algunos de los procesos culturales que afectan la aproximación del individuo a la realidad, particularmente los que condicionan su mirada. En primera instancia, se estudia la manera en que el ser humano se encuentra sobredeterminado por la cultura moderna, y cómo al conformarse con esta circunstancia, se aísla de un orden de sentido mas amplio. A partir de este estudio, se buscan los procedimientos disponibles para hacerle resistencia al adiestramiento de nuestra percepción.

Creo que lo primero a tener en cuenta, es la particular relación de poder que el dominio cultural impone sobre el ser humano, convirtiéndolo en sujeto2,

y me parece necesario revisar el efecto que esta sujeción del individuo llega a tener en su relación con la realidad. Aparentemente es la cultura la que predetermina nuestra percepción del mundo, privándonos de las

2“Es una forma de poder que hace sujetos individuales. Hay dos significados de la palabra sujeto:

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experiencias que recaen por fuera de lo que nuestro panorama cultural distingue. Sin embargo, y como lo señala Foucault, este asunto no es fácilmente percibido, debido a que las formas de poder que hoy embargan al sujeto, emplean la individualización y la totalización simultáneamente3. Al parecer, por esta razón vivimos en una aparente subjetividad, cuando de hecho, nos mantenemos en una experiencia regulada sobre una superficie de construcciones culturales. Por lo tanto, la intromisión de esta individualidad ilusoria, tan solo consigue restringirnos de una aproximación más subjetiva hacia el mundo, sistematizando y comprimiendo nuestra experiencia perceptiva de la realidad.

Yo supongo que en toda sociedad la producción del discurso

está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida, por un

cierto número de procedimientos que tienen por función

conjurar los poderes y peligros, dominar el acontecimiento

aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad.

Michel Foucault

Lo segundo a tener en cuenta, son las maneras en que las estructuras de poder ejercen un control sobre el sujeto. Por ejemplo, una de las estrategias de sumisión que es posible divisar, es la de fijar la atención de toda la sociedad sobre los asuntos extraordinarios que pondera la cultura. Esta situación pretende que el sujeto habite en una representación abstracta, estratégicamente separada del mundo real; convirtiendo a cada individuo en el público de un mismo espectáculo4, y con el fin de producir una sociedad lineal y unificada.

Toda la vida en las sociedades donde rigen las condiciones

modernas de producción se manifiesta como una inmensa

acumulación de espectáculos. Todo lo que antes se

vivía directamente, se aleja ahora en una representación.

Guy Debord

3 “No creo que debamos considerar el “estado moderno” como una entidad que se ha desarrollado por encima de los individuos, que ignora lo que son e incluso su propia existencia sino, por el

contrario, como una estructura muy sofisticada con la que se puede integrar a los individuos con una condición: que esta individualidad adopte una nueva forma y se someta a un conjunto de dispositivos muy específicos.” Ibíd. Pg 428

4 El uso de este termino en los marcos de este proyecto carga muchas de las connotaciones

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17 Sin embargo, la regulación de un sentido enfático de la realidad, resulta en una jerarquía deliberada de los fenómenos que experimentamos en el mundo, y considero que esta condición no nos favorece para conocerlo más profundamente. No obstante, es probable que al examinar esta estrategia de sujeción mas detenidamente, podamos deducir algunas prácticas que se anticipen a su poder, esperando repeler el letargo que el espectáculo conjura en la sociedad.

El espectáculo es la pesadilla de la sociedad moderna

encadenada que no expresa finalmente más que su deseo de

dormir. El espectáculo es el guardián de este sueño.

Guy Debord

Kaiser-panorama5, A. Fuhrmann, 1890

Hasta el momento, podemos inferir que existe un espectáculo de lo distinguido, el cual ha crecido en la sociedad como un mecanismo de control. Sin embargo, también podemos pensar que su función es animada en cada momento por los mismos sujetos pasivos que conforman la sociedad, ya que es la docilidad hacía este orden de poder, lo que le permite seguir operando como una herramienta de control. Por lo tanto, podríamos pensar que para desprenderse de las estructuras de poder que sobredeterminan su aproximación al mundo, el sujeto puede recurrir a algunos desvíos de su conducta subyugada. Vale la pena recordar el estudio que Michel de Certeau

5 Una de las primeras estaciones de entretenimiento colectivas para reunirse a observar

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realizó acerca de la prácticas cotidianas, y con el cual señaló su capacidad de operar como tácticas de resistencia6 hacia los poderes reguladores del estado. Entre otras cosas, el estudio sugiere que a través de actividades cotidianas y elementales, el individuo recupera la conciencia de su autonomía y se resiste a los ejercicios de dominación. De esta manera, podríamos pensar que el sujeto logra desatender aquel espectáculo donde se fija la atención de la sociedad disciplinada para descubrir otro sentido en aquello que ese sistema de regulación descuida.

Si es cierto que por todos lados se extiende y se precisa la

cuadricula de la “vigilancia”, resulta tanto más urgente señalar

cómo una sociedad entera no se reduce a ella. Plantear

resistencias mediante procedimientos minúsculos, cotidianos y

artesanales que juegan con los mecanismos de la disciplina.

Michel de Certeau

De Certeau nos señala el potencial de las actividades cotidianas para suscitar el valor de lo que no es determinado ni captado por los mecanismos de la disciplina, sugiriendo que al recurrir a ciertas actividades básicas y fundamentales –en una especie de deriva hacia lo ordinario– el sujeto logra

resistirse al adiestramiento cultural. Como si al reconocer el valor de sus modos de hacer más elementales, el individuo se manifestara en contra de esa realidad distinguida e insustancial, reclamando la soberanía de su experiencia a los poderes que le suministran un sentido incompleto.

Un ensayo escrito por Henry David Thoreau, acerca de los dos años que vivió apartado de la sociedad, puede ayudarnos a sostener la noción anterior. Al sentirse defraudado por los ideales y las promesas de la civilización, Thoreau reaccionó retornando a un modelo de vida simple y ordinario. Impulsado a realizar un acto radical de desobediencia civil, se trasladó a los bosques de la laguna de Walden. De esta manera logró alejarse de todas las distinciones

culturales, buscando vivir sin las moderaciones de otro, lo que le permitió abordar una relación independiente, uno a uno con el mundo.

Creo que al retirarse hacia el bosque, Thoreau introdujo la vacilación necesaria para quebrantar la engañosa superficie donde lo sujetaban las doctrinas del pensamiento de su época, y fue con esta transgresión que pudo profundizar hacia una experiencia mas fiable de la realidad.

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Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente,

enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si podía

aprender lo que ella tenía que enseñar, no sea que

cuando estuviera por morir, descubriera que no había vivido.

Henry David Thoreau

Tras arrojar las interpretaciones anteriores acerca de la relación entre sujeto y cultura, me interesa pensar en los modos de hacer del humano (específicamente las maneras de mirar) que se anticipan a las formas de poder dominantes. Mi objetivo en este caso –además de señalar las deficiencias del dominio cultural sobre el sujeto– es llegar a sugerir una manera de disolver los valores regulares de la cultura a través de un uso particular de la mirada.

Me gustaría proponer el desinterés hacia lo extraordinario como una táctica de resistencia, recurriendo a la indocilidad de la mirada como una forma de contrapoder. Es probable que con el ejercicio de observar y documentar lo ordinario, se desajuste la fijación hacia lo distinguido y se desarrolle una conciencia de la realidad por fuera del espectáculo. Como si al experimentar con estados de percepción más elementales, se produjera una subjetivización de la mirada, desmantelándola momentáneamente de los prejuicios y las ilusiones culturales que la sujetan a una representación. Puede que al contemplar los aspectos ordinarios que pasan desapercibidos, nos adentremos en una experiencia marginal donde se revelen nuevos valores. Posiblemente bajo esta condición, podamos apreciar cómo algunos objetos, eventos y gestos relativamente simples adquieren dignidad.

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Tenía esta noción de lo que llamaba una manera democrática

de observar a mi alrededor: de que nada era

de mayor o menor importancia.

William Eggleston

Podría decirse que a través de derivas del espectáculo, el individuo se desplaza a un orden de sentido mas tolerante, lo que le permite reparar en una contemplación del mundo mas democrática. La noción que William Eggleston intenta comunicar no es mas que una mirada depurada de la mediación cultural. Una conducta con la que la jerarquía de lo distinguido pierde su protagonismo, permitiéndonos reconocer el valor de lo que en el constructivismo epistemológico se denomina como la percepción directa7, es decir, el experimentar con una manera de observar que se sitúa en un estado previo a las atribuciones de sentido y significado que le agrega la cultura.

La realidad de primer orden sería pues la percepción directa.

La realidad de segundo orden es la atribuición de sentido y

de valor. Y no hay una clarificación objetiva o fijación de

lo correcto de esta atribución.

Paul Watzlawick

Las impresiones de una mirada elemental sobre una sociedad enferma de representación producen una efervescencia. Son como una conducta sinuosa introducida en un sistema lineal, resultando en la desestabilización del supuesto énfasis establecido. La visión inmediata de las cosas, puede sugerirnos que el sentido que cubre la realidad es contingente, y que somos nosotros los que complementamos el mundo observado con un significado relativo.

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21 The Red Ceiling, William Eggleston, 1973

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¿Pero qué es propiamente el aura? Una trama muy particular de

espacio y tiempo: irrepetible aparición de una lejanía,

por cerca que ésta pueda estar.

Walter Benjamin

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Desalejar el mundo

II

En el marco de este proyecto, con frecuencia regreso sobre una idea que no logro sostener y ampliar adecuadamente; aunque se me dificulta detenerme a reflexionar sobre esta expectativa, me intriga lo que su eventual desarrollo pueda significar para el desenvolvimiento de esta investigación. Al indagar en algunos interrogantes sobre el sentido de la realidad bajo el influjo de la cultura, he llegado a considerar que con los excesos de las ilusiones modernas, el hombre empieza a habitar en la volatilidad de un discurso, a la vez que emprende un alejamiento del mundo real. Pienso que esta separación trae consigo un extrañamiento existencial ineludible, pero aún así, reaparece el presentimiento de poderlo conciliar con una noción que involucre cierta sensación de estar presente en la realidad. Como si el vacío generado en el apartamiento entre el hombre y el mundo, de alguna manera pudiera apaciguarse con la confirmación de que se está habitando el tiempo presente en un espacio real. La intuición de que el distanciamiento del mundo –promovido por el entusiasmo moderno– llegue a deshacerse con la conciencia de estar aquí y ahora, me estimula a ahondar en esta reflexión.

Valdría la pena empezar ubicando algunos de los fundamentos del malestar en el mundo moderno. En primer término, aparece la paradoja del hombre

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mismo en cada momento, consume el espectáculo y persigue por siempre el confort con devoción platónica; en su presunción por satisfacer todas las necesidades, le aparecen siempre nuevos deseos, y por esto es incapaz de reparar el vacío de sentido que lo acecha y que siempre se regenera. Como consecuencia crítica de esta conducta, el individuo moderno huye hacia la fantasía; llegando a habitar en la delusión de una realidad simulada2, donde la imagen y el signo suplantan el mundo real. De esta manera, las ilusiones del modernismo terminan por desplazar la referencia espacial del hombre, transformando su relación directa con el presente en una experiencia reprimida, y reforzando así el malestar de habitar en un mundo sintético sin experiencias existenciales genuinas.

En este paso a un espacio cuya curvatura ya no es la de lo real

ni la de la verdad, la era de la simulación se abre, pues,

con la liquidación de todos los referentes, y peor aún: con su

resurrección artificial en los sistemas de signos,

material más dúctil que el sentido.

Jean Baudrillard

En la novela White Noise, el autor Don Delillo construye –y refleja– el

retrato satírico de una familia norteamericana inmersa en una vida de consumo. Un mundo de supermercados, publicidad y farmacodependencia; donde los simulacros se entremezclan con accidentes reales, los medios de comunicación determinan la verdad, y donde una capa indetectable3 de miedo le impide a las personas afrontar la vulnerabilidad de la existencia humana. Entre los primeros sucesos del libro que aluden a la modificación de la realidad, el protagonista Jack Gladney visita el granero más fotografiado de los Estados Unidos y se asombra ante el aura que los mismos turistas continúan alimentando con sus cámaras. Desde cierta distancia, el personaje observa cómo cientos de personas se detienen en este lugar para hacer parte de un excéntrico ritual, fotografiar el granero en comunión y así confirmar su creencia en un mundo sustituido por representaciones. Durante este acontecimiento, pareciera que los turistas dejaran de ver el granero por lo que es, y más bien se realizaran a sí mismas repitiendo la misma fotografías,

2 En las reflexiones realizadas por Jean Baudrillard acerca de la realidad como simulacro, se

profundiza en la relación entre el hombre moderno y lo real. Para Baudrillard, una hiperrealidad

de imágenes y signos condicionan la conducta del hombre, desconectando todas sus prácticas y percepciones de un origen referencial real.

3 El ruido blanco es conocido por su capacidad de desorientar a las personas, por lo que es

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25 sacando la foto de un granero imaginado, a la vez que fomentan la idealización de su representación. En esta situación –como una alegoría para la realidad del sujeto contemporáneo– la relación fáctica entre el individuo y su exterior inmediato parece relevada por una gratificación ilusoria producida en la experiencia con un simulacro.

La simulación como remplazo de la experiencia real atraviesa toda la novela, presentándose como una condición que secuestra las experiencias genuinas y se naturaliza cada vez más en la conducta de la familia de Jack. Pero aún mientras su hijo mayor mantiene un juego de ajedrez con un asesino condenado a muerte a través del correo, o su hija de nueve años participa como víctima en la simulación de un derrame tóxico, el conflicto entre imagen y realidad enuncia su peor desgracia cuando un computador le pronostica a Jack su muerte prematura. Tras enterarse que su perfil virtual puede calcular la degeneración de su salud, el personaje descubre que su vida hecha imagen se reduce a la suma total de toda su data. La intranquilidad que invade a Jack en ese momento, parece provenir del extrañamiento entre él y su condición virtual, probablemente porque esto representa la ausencia de su agencia en su propia existencia, y talvez porque es precisamente con esta fórmula de enajenamiento donde el malestar que agobia al individuo moderno empieza a presentarse.

It is when death is rendered graphically, is televised,

so to speak, that you sense an eerie separation between your

condition and yourself. A network of symbols has been

introduced, an entire awesome technology wrested from the

gods. It makes you feel like a stranger in your own dying.

Jack Gladney en

White Noise

Es posible que la necesidad de refugiarse en un simulacro tan sólo señale los delirios existenciales de la modernidad. Ante el desconcierto de ser arrojado en un mundo cuyas claves se desconocen, no hay mejor consuelo que la ilusión de una realidad descifrada, o más bien “el reino de una enorme tautología”4 donde se puede al menos dormitar en la suposición de un orden. Por esta razón, el hombre moderno se escapa hacia la perfección de lo artificial, esperando evadir las incertezas y las penas existenciales, pero olvidando que son estas las que finalmente corroboran su presencia en el mundo real. De esta manera su vida se transforma en la postergación represiva de una vacilación inminente, con la esperanza de que la aparente estabilidad

4 JOHNSTONE, Stephen (ed.), BLANCHOT, Maurice. “Everyday Speech” (1962) en The Everyday.

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Summer Rain, Gregory Crewdson5, 2004

existencial que le garantiza el simulacro jamás se quiebre. El sujeto moderno ya no sabe entregarse a un mundo que es, prefiere no padecer la actualidad

y confortarse en una fantasía de interacciones despersonalizadas y de satisfacción inmediata, donde el conocimiento empírico le resulta obsoleto ante la navegación del hipertexto, y donde la aceleración tecnológica y la afición por diversos estados de conciencia, le dificultan relacionarse con su origen circundante.

Pareciera que los efectos de la ideología moderna promueven una crisis vital, alejando al individuo de una experiencia real en la medida en que desaparece su conciencia del tiempo presente. La sensación más elemental de tan solo estar en el espacio, conforme con la espontaneidad de la experiencia directa de lo que sucede y se manifiesta en el tiempo, se subestima y se trivializa hasta el punto de perder todo su valor frente al asombro de un mundo imaginado, sistematizado y acelerado; una fantasía que disuade al individuo hacia una desterritorialización tanto espacial como existencial. De esta manera, el proyecto del modernismo por cobijar al ser humano bajo una realidad antropomórfica e inteligible, termina por exiliarlo del espacio presente; posicionándolo en una escenificación cultural artificial que le ofrece un cierto horizonte de sentido provisional, pero que a fin de cuentas 5 Las fotografías de Gregory Crewdson sostienen una relación muy interesante con la idea de simulacro. Crewdson, trabaja en sets artificiales como los de una película. Escenarios que evocan

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27 no es más que un espacio de refugio contingente, y que eventualmente teme advertir como dispensable.

Para restaurar la soberanía del espacio presente, parece necesario un proceso de desalejamiento, en una especie de retorno a las relaciones elementales con lo que está más próximo. La noción del Dasein6 –utilizada particularmente por Heidegger– se anticipa a cualquier pretensión de trascendencia; refiriéndose a un modo de existir cuyo principio ontológico implica esencialmente estar-en-el-mundo. El término expresa el hecho de que ante todo, el ser está ahí, situado en el espacio y el tiempo presente, por lo que el hombre definiría su existencia en su relación con lo mundano y no con su capacidad de idearse un significado trascendente. Por lo tanto, es en la facticidad del Dasein donde

Heidegger –esperando realizar una analítica existencial inalterada– plantea por primera vez la cuestión del ser arrojado al mundo como tal; desamparado de un orden divino y sin las especulaciones antropocéntricas de la metafísica tradicional. De esta manera, la identidad del Dasein se ofrece como un principio existencial despejado de humanismo, con el cual, el ser ubica su horizonte de sentido en el espacio circundante, más acá de la filosofía y la metafísica.

El ser es lo más próximo.

Pero la proximidad es lo que más lejos le queda al hombre.

Martin Heidegger

Entendiendo el Dasein como un fundamento existencial anterior a cualquier experiencia, podríamos deducir que aunque la realidad parezca disiparse cada vez mas en los dominios de un simulacro, dicho simulacro nunca podrá ser una alternativa sustancial para la realidad, debido a que antes de habitar en una representación, el individuo se encuentra intrínsecamente involucrado en el mundo real.

El simulacro tan solo es un lugar de escape que gravita sobre el espacio fáctico de lo mundano, y por ello es incapaz de brindar una esencia vital. Por esta razón, la conciencia del Dasein opera como un dispositivo desalejador, en la medida en que implica un acercamiento del hombre a la actualidad del mundo presente, tal y como lo capta en la experiencia vivida, depurando su existencia de sus propias delusiones trascendentales.

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Para desmontar el condicionamiento cultural que nos mantiene fuera de ahí,

impidiéndonos establecer relaciones puras y simples con lo más próximo, tal vez sea necesario desprenderse del conocimiento que se ha cultivado en el habitar. Subsanar el desajuste entre el individuo y el mundo contemplando lo que esta ahí, cercano e inmediato. De esta manera, el registro fotográfico

de hechos ordinarios y palpables en medio de una realidad espectacular e imaginada, espera dar cuenta del acallamiento de las experiencias reales, y de cómo el último vestigio de un contenido sustancial, parece relegado a estas manifestaciones que se consideran “triviales”. Sin embargo, al documentar la manera en que estos fenómenos precarios logran interrumpir el dominio del simulacro –como fantasmas de las vivencias genuinas– intento señalar una muestra efímera de toda la vitalidad que subyace invisibilizada, por fuera de la simulación, pero que aún así permanece próxima y accesible.

En otras palabras, las fotografías realizadas durante este proyecto, tan solo expresan un deseo de experimentar y comunicar la sensación más elemental de estar aquí ahora; una aseveración necesaria en tiempos de ensueño.

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En vano el océano se repliega en sus cavernas.

Walt Whitman

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Ciencia ficción

III

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Con su cualidad de saber, el hombre se encuentra solo en un planeta de miles de especies, por que a diferencia de todas, su estabilidad existencial parece requerir de algo más. Podría decirse que el humano es una pieza inestable para el equilibrio del gran ecosistema en que participa; una anomalía dentro de una organización caótica pero consonante. Incluso pareciera que la naturaleza podría prescindir del hombre, pero perdería a su único testigo. La capacidad de ser crítico respecto al mismo universo del que hace parte, le permite al ser humano desarrollar una conciencia por encima del estado de pura inmanencia del que no pueden eximirse los demás animales, “nosotros en cambio, tenemos acceso al claro del bosque”1. En su caso particular, de poder contar con un estado de vigilia sobredesarrollado, el ser humano necesita construir los sistemas de defensa necesarios para soportar la conciencia de ser. Motivado a encontrar la serenidad existencial –una condición inherente a las otras especies– el hombre se esfuerza por descifrar y sintetizar la naturaleza ilógica de su exterioridad, esperando recogerla toda con medios imaginarios para ensamblarla nuevamente con una lógica perfecta en su interior. Por esta razón el hombre se eleva en teorías, para evitar el naufragio nocturno.

Es interesante pensar que gran parte de la estancia del hombre en la Tierra ha consistido en no estar acá. El ser humano se ha dedicado a habitar en conceptos eternos; en sistemas teóricos y teológicos donde es posible morar, pero no tanto en el presente, afrontando su finitud en el mundo real. Aunque 1 SLOTERDIJK, Peter. Extrañamiento del mundo. Valencia, España: Pre-textos, 1998. Pg 321

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33 el ser humano parte netamente de estar en el espacio del mundo, no esta arraigado en él; es originalmente una especie mundana, pero a la vez capaz de abstraerse hacia lugares virtuales, por lo que no se contenta estando ahí, si no fuera de ahí. De esta manera, el hombre se transforma en una especie

teórica, ausente del espacio presente, un animal que “deambula por la tierra y habita en su cabeza”2, elevado en vastos universos trascendentales que necesita imaginar para preservarse en una realidad inmutable, y desde ahí poder evadir los hechos imperfectos de la vida.

La reflexión anterior invita a proceder en una introspección esencial de los espacios habitados por el hombre. Para hacerlo, es posible recurrir a algunos de los fundamentos en las investigaciones realizadas por Peter Sloterdijk, con las que –desterrando y ampliando el proyecto de El ser y el tiempo emprendido por Heidegger– se desarrolla un minucioso seguimiento a los espacios de la existencia. Sloterdijk parte de la fórmula fundamental del Dasein, pero la dota de dinamismo, señalando que además del carácter de inmanencia que conlleva el principio existencial de estar-en-el-mundo, este también implica que el hombre esta involucrado en una relación con el espacio, lidiando por hallar una dirección.

Si los seres humanos están

ahí

, están en principio

en espacios

que

se han abierto para sí mismos porque ellos les han dado forma,

contenido, extensión y duración relativa al habitarlos.

Peter Sloterdijk

En una indagación sobre la arquitectura de realidades edificadas por el ser humano, Sloterdijk estudia la necesidad y la capacidad humana de pensar y construir diversos espacios interiores donde morar. La exploración de estos espacios a través de un sistema metafórico que Sloterdijk denomina

Esferas, analiza cómo el ser humano intenta recrear el alivio de aislarse en un espacio íntimo y protegido a través de la elaboración de sistemas científicos, ideológicos y religiosos; entendidos en su filosofía cómo una continua creación de esferas de inmunidad. Sin embargo, en su esfuerzo por suspender las incertezas existenciales, añorando regresar a la esfera original del útero materno –en donde la esencia de su existencia parecía estar dada– el ser humano experimenta una temible frustración cuando sus nuevas esferas de refugio se deshacen, expulsándolo repetidamente hacia la nada. Por este motivo, la conformación incansable de espacios metafísicos e imaginarios

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actúa como una herramienta de autocobijo, con la que el hombre se alberga temporalmente en una ilusión de significado y seguridad existencial, en un afán permanente por resguardarse del frío de afuera.

Se blindan contra los horrores de un espacio sin límite,

ampliado hasta el infinito, mediante la construcción,

pragmática y utópica al mismo tiempo, de un invernadero

universal que les garantice un habitáculo para

la nueva forma moderna de vida al descubierto.

Peter Sloterdijk

El análisis de Sloterdijk sugiere que la humanidad ha estado siempre orientada por una misma necesidad de refugiarse del vacío exterior. Desde la devoción a un orden divino, hasta la elaboración de teorías científicas, la constitución de mundos inteligibles a través de la historia tan solo devela el anhelo humano por consolidar espacios compartidos. Ante la falta de una esencia dada, el

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35 hombre se construye sus propios horizontes de sentido y se asegura de custodiarlos con la complicidad de sus prójimos; como un esfuerzo colectivo por preservarse de la inmensa y extraña exterioridad. De esta manera, la

vigencia de una esfera de refugio solamente perdura cuando un grupo de seres humanos es capaz de sostener el mismo estado de –dice Sloterdijk–

autohipnosis colectiva, con el cual pueden acceder a ella y permanecer ahí. En este sentido, los sistemas metafísicos de inmunidad pueden rastrearse en todas las conductas culturales; pero aunque estos sistemas se construyan, también se agotan; nuevas esferas nacen y otras estallan, en un constante devenir del ser a la nada y de la nada al ser. Bajo este orden de ideas, la vida humana puede entenderse como un proceso de transferirse3 sucesivamente en esferas interiores, en donde la necesidad de trasladarse de un sistema de seguridad a otro, simplemente demuestra la negación del ser humano hacia un mundo sin un orden de sentido garantizado.

Para no dejarse sobrecoger por lo desconocido, el ser humano se construye hábitats imaginarios que lo enclaustren en la serenidad de un orden tautológico. Desconsolado por una espesura exterior indeterminable, el hombre se protege idealizando mundos domesticados; habitando en utopías metafísicas donde el ser humano se integra y se estabiliza dentro de la naturaleza caótica de lo real. En este sentido, pareciera que la estabilidad existencial del ser humano tan solo es concebible en la medida en que este logra sumergirse en el sueño de un entendimiento del mundo; una fantasía donde logra conocer y dominar su entorno ingobernable.

En la película Solaris de Andrei Tarkovsky, el misterioso gran océano de otro planeta es estudiado por un grupo de científicos. Suspendidos en una nave sobre la materia liquida que se extiende por la superficie del nuevo planeta, los científicos especulan que este océano es capaz de materializar perfectamente algunos elementos del subconsciente de cada visitante. Obligados a abandonar la lógica con la que indagaron el planeta Tierra, los humanos ahora se enfrentan a un nuevo escenario, un planeta de condiciones menos sumisas, más indispuesto a ser humanizado. A diferencia de la Tierra, en este planeta resulta más difícil articular los códigos racionales para suscitar un contacto con el entorno, y así poder perpetuar una sistematización de las características del lugar. En cambio, Solaris se le manifiesta a los científicos de manera incomprendida, siempre en movimiento y en constante mutación, ofreciendo muy pocas posibilidades de ser interpretado.

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No queremos conquistar el cosmos, sólo queremos extender la

Tierra hasta los límites del cosmos. No queremos más mundos,

sólo un espejo que refleje el nuestro.

Dr. Snaut en

Solaris

En sus intentos por descifrar una materia desconocida, los científicos de Solaris solo obtienen un reflejo de ellos mismos, como si al perseguir las grandes verdades absolutas sobre el inmenso exterior que los rodea, se condenaran a sí mismos a un conocimiento condicionado por los límites de su entendimiento individual. Con su ambición por dar un orden al espacio caótico al que se enfrentan, terminan nuevamente atrapados en la lógica de un espacio interior. Tal vez sea por esta razón que al protagonista Kris Kelvin se le manifiesta su esposa Hari, quien se había suicidado hace un tiempo. Al no hallar un sentido hacia el cual atenerse mientras gravita sobre un océano incomprensible, Kelvin solamente logra preservarse dentro de él mismo, recreando el hábitat imperturbado de la relación que una vez sostuvo con Hari. De esta manera, el protagonista se introduce y se aísla en su propia esfera de significado, para huirle a la angustia de flotar en un espacio sinsentido. Aunque Kelvin sabe que la representación de Hari no es su esposa real, la simulación de ella empieza a volverse cada vez más humana, absorbiéndolo en la ilusión de estar en un mundo consolidado.

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37 Al escapar a un pensamiento platónico, Kelvin niega la muerte, sólo de esta manera puede imaginar que Hari volvió a la vida y sostener un alivio momentáneo; pero el océano en el exterior revela su indiferencia, Hari muere nuevamente y él debe regresar a la naturaleza efímera del mundo real.

Lo que se llama fin del mundo es estructuralmente muerte

de esferas. Su caso más real a pequeña escala,

es la separación de los amantes.

Peter Sloterdijk

Solaris ante todo señala la imposibilidad de abordar lo inmenso, insistiendo en los límites del entendimiento del hombre. Como si el anhelo frustrado del ser humano por comprimir todo el afuera en un espacio interior, solamente le recordara su vulnerabilidad, su insignificancia y su mortalidad. Lo que me gustaría rescatar es el estado de perplejidad que persiste durante toda la película; el desasosiego que descompone a las personas que visitan Solaris cuando deben aceptar que el todo del mundo –inmenso y extraño– no puede condensarse en una representación.

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Son sobre todo aquellos que han llegado a perderse del mundo

los que se disponen a decir definitivamente qué es el mundo en

suma. Para poder determinar el mundo en sus rasgos básicos,

hay que poseer ya la experiencia de su negabilidad.

Peter Sloterdijk

Tal vez sea su capacidad de abstraerse y habitar en ilusiones metafísicas lo que ciertas veces le impide al hombre ver lo que esta ahí, a la mano. El ser humano puede desaparecer de este mundo en su cabeza; ausentarse para negar la muerte, con la esperanza de vencer su deterioro inminente en un mundo tan finito como él. Por esta razón, el hombre se encierra dentro de sí mismo, imaginando que habita en utopías inmutables, refugiado del perecimiento que lo acecha en el mundo real. Vive absorto bajo un encantamiento metafísico, suspendido en sueños con lo eterno mientras que a su alrededor el mundo fáctico acontece irremediablemente.

Podría decir que las fotografías realizadas durante la presente investigación son registros de un mundo que simplemente es, pero en el que dejamos de

estar cuando nos elevamos demasiado hacia lo abstracto, con “el riesgo de desaparecer hacia arriba” 4.

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El espacio exterior

IV

En el espacio exterior a las esferas que nos aíslan en un mundo de significado

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Referencias

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