FACULTAD DE CIENCIAS ECONÓMICAS Y EMPRESARIALES
REDES DE RELACIONES, CAPITAL SOCIAL Y
COMPETITIVIDAD EMPRESARIAL
EL CASO DE LOS EMPRENDEDORES LOCALES
Tesis Doctoral realizada por:
Carlos Hernández Carrión
Bajo la dirección de:
Dra. Dña. María del Carmen Camarero Izquierdo
Dr. D. Jesús Gutiérrez Cillán
2011
AGRADECIMIENTOS
Han sido tantas y tan diversas las personas que han contribuido a que este trabajo salga adelante que citarlas una por una y explicar cada aportación sería una tarea demasiado extensa, por lo que optaré por hablar de “redes” en vez de individuos en algunos casos. Sé que lo entenderán y que se sentirán identificadas en alguno de los párrafos que siguen.
Mi primer agradecimiento, como no podía ser de otra forma, es para mis directores de tesis, Carmen Camarero y Jesús Gutiérrez. Sé que el papel del director es fundamental en cualquier tesis, pero en mi caso tengo que agradeceros no sólo vuestra labor profesional en forma de consejos, horas de dedicación y absoluta disponibilidad para atenderme siempre que ha sido necesario, sino también, y de forma muy especial, vuestra apuesta personal porque este trabajo llegase a buen puerto, así como la paciencia y la flexibilidad que habéis tenido a la hora de adaptar vuestra metodología habitual de trabajo a las circunstancias particulares de esta tesis y de su autor.
A mi tutor académico, Óscar López de Foronda, y a los que durante cinco años han sido mis compañeros en el Departamento de Economía y Administración de Empresas de la Universidad de Burgos en general y en el área de Comercialización e Investigación de Mercados en particular, quiero agradecerles su buena acogida y el interés que muchos de ellos han mostrado por esta tesis doctoral. Me gustaría hacer extensivo este agradecimiento a los compañeros del antiguo de Departamento de Economía y Administración de Empresas de la Universidad de Valladolid, especialmente a los de su área de Comercialización e Investigación de Mercados. En particular, quiero agradecer a Javier Rodríguez sus consejos sobre el uso y abuso de PLS y sus puntos de vista sobre el carácter reflectivo o formativo de ciertas variables.
Fuera del ámbito académico pero sin salirme de mi red profesional, no puedo dejar pasar la oportunidad de expresar mi más profunda gratitud a Cristina Villar y a Agustín Valentín-Gamazo, que siempre han estado ahí cuando los he necesitado. Sabéis muy bien que sin vuestro apoyo en el terreno laboral y en el personal no hubiera podido, no ya concluir, sino siquiera haber empezado esta tesis. Quiero que sepáis que os admiro enormemente como economistas y no menos a nivel personal.
organizaciones: Federación de Agentes de Desarrollo Local de Castilla y León (FADECYL), Asociación de Agentes de Desarrollo Local de Valladolid (ADELVA), Asociación de Agentes de Desarrollo Local de la Comunidad Valenciana (ADLYPSE), Asociación de Agentes de Desarrollo Local de Cantabria (ADELCA), Red de Entidades para el Desarrollo Local (REDEL), Asociación Vasca de Agencias de Desarrollo (GARAPEN) y Federación Canaria de Desarrollo Rural.
Aunque no sé muy bien si debo ubicarlos en el párrafo anterior o en el que sigue, no podría continuar escribiendo sin hacer una referencia expresa a Elena Toribio, a Marian Martínez y a Ángel Moraleda. Ellos tienen la culpa de que los emprendedores locales y sus redes de relaciones sean el elemento central de este trabajo y también son los responsables de recordarme constantemente que la economía es, al fin y al cabo, una ciencia social. Sin vuestra ayuda hubiera sido imposible establecer ninguno de los contactos institucionales anteriores. Espero que podamos seguir uniendo lo académico con lo profesional, como llevamos haciendo desde hace ya diez años, que tengáis éxito en vuestra lucha por la profesionalización y el reconocimiento de la figura del agente de desarrollo local y por unas políticas de desarrollo local que vayan más allá del mero reparto de subvenciones. Pero, por encima de todo, espero que podamos seguir manteniendo nuestra amistad.
ÍNDICE DE CAPÍTULOS
CAPÍTULO 1. ENFOQUES TEÓRICOS PARA EL ESTUDIO DEL DESARROLLO LOCAL Y SUS
PROTAGONISTAS...9
1. INTRODUCCIÓN AL PROBLEMA DEL DESARROLLO LOCAL...11
2. EL NUEVO PARADIGMA DEL DESARROLLO REGIONAL...14
2.1. La perspectiva económica del desarrollo regional...15
2.1.1. El enfoque de la nueva geografía económica. ...17
2.1.2. El enfoque de la acumulación flexible...18
2.1.3. El enfoque de la competitividad...19
2.2. La perspectiva social del desarrollo regional...23
2.2.1. El enfoque institucionalista...23
2.2.2. La nueva sociología económica: la teoría de las redes sociales...24
2.2.3. El enfoque del capital social...27
3. LA COMPETITIVIDAD EMPRESARIAL A TRAVÉS DE LAS RELACIONES...37
3.1. Las fuentes del marketing relacional...37
3.1.1. La teoría del intercambio social...38
3.1.2. La teoría de la contratación relacional...39
3.1.3. El enfoque contractual...41
3.2. El enfoque del marketing de relaciones...43
3.3. Del marketing de relaciones al enfoque de redes...47
3.4. El marketing de relaciones y el capital social: hacia un enfoque integrador...53
4. PESPECTIVA GENERAL DEL DESARROLLO LOCAL EN ESPAÑA...57
4.1. Las políticas europeas de desarrollo endógeno...57
4.2. Las agencias de desarrollo local en España...61
4.3. La figura del emprendedor en el desarrollo local...65
CAPÍTULO 2. REDES Y ACCESO A RECURSOS DEL EMPRENDEDOR LOCAL...71
1. EL CAPITAL SOCIAL COMO RECURSO ESTRATÉGICO DEL EMPRENDEDOR LOCAL...74
1.1. La teoría de recursos y capacidades...74
1.2. El capital social y la generación de ventajas competitivas sostenibles...81
2. DIMENSIONES DEL CAPITAL SOCIAL...84
2.2. La dimensión estructural del capital social...87
2.2.1. El capital social vínculo, puente y nexo...90
2.2.2. Los argumentos de Coleman y Burt: la cohesión frente a la intermediación...90
2.2.3. Caracterización del capital social estructural...92
2.3. La dimensión relacional del capital social...94
2.3.1. La dimensión relacional de las redes desde las perspectivas del capital social y del marketing de relaciones...94
2.3.2. Caracterización del capital social relacional...96
2.4. La dimensión recursos del capital social...100
2.4.1. Los recursos enraizados en las redes de relaciones...100
2.4.2. Caracterización del capital social recursos del emprendedor local...103
3. LAS REDES DE RELACIONES DEL EMPRENDEDOR LOCAL: NATURALEZA Y TIPOLOGÍA...106
4. LAS RELACIONES DE LAS AGENCIAS DE DESARROLLO LOCAL CON SU ENTORNO...112
4.1. Clasificación de las relaciones de la agencia de desarrollo local: una aplicación del enfoque de Morgan y Hunt...112
4.2. Caracterización de las relaciones de las agencias de desarrollo local...117
CAPÍTULO 3. LA CONTRIBUCIÓN DE LAS REDES DE RELACIONES A LA COMPETITIVIDAD DEL EMPRENDEDOR LOCAL EN ESPAÑA: PROPUESTA DE UN MODELO EXPLICATIVO...119
1. PROPUESTA DE UN MODELO EXPLICATIVO DEL CAPITAL SOCIAL DEL EMPRENDEDOR LOCAL COMO FACTOR DE ÉXITO EMPRESARIAL...122
1.1. La lógica interna del capital social del emprendedor local...122
1.1.1. La contribución de las redes de relaciones del emprendedor a su acceso a recursos estratégicos...124
1.1.2 El capital social estructural como fuente de recursos para el emprendedor...132
1.1.3. Otras variables que afectan al capital social recursos del emprendedor...135
1.2. Capital social, estrategia y resultados del emprendedor local...138
1.2.1. La relación entre capital social y resultados...139
1.2.2. Otras variables que afectan a los resultados del emprendedor...143
1.2.3. Propuesta de un modelo explicativo del capital social y los resultados del emprendedor...150
2. LA CONTRIBUCIÓN DE LAS AGENCIAS DE DESAROLLO LOCAL A LA GENERACIÓN DE CAPITAL SOCIAL DE LOS EMPRENDEDORES LOCALES...152
2.1. El papel de las agencia de desarrollo local como agujero estructural...152
2.2.1. Orientación relacional y creación de redes entre los clientes internos de asociaciones y
organizaciones no lucrativas...174
2.2.2 Orientación relacional y creación de redes en los procesos de entrada en nuevos negocios y mercados...161
2.2.3. El impacto de la orientación relacional sobre la creación de redes en otros contextos...162
CAPÍTULO 4. RESULTADOS DEL ESTUDIO EMPÍRICO...165
1. LA OBTENCIÓN DE LA INFORMACIÓN: LA MUESTRA Y EL CUESTIONARIO...167
1.1. Universo, población y marco muestral del estudio...167
1.2. Cuestionario, variables y medidas...169
1.2.1. Medición del capital social del emprendedor local...169
1.2.2. Medición del perfil estratégico, la presión competitiva del entorno y los resultados del emprendedor local...178
1.2.3. Medición de la orientación relacional de las agencias de desarrollo local y del acceso a recursos del emprendedor a través de la agencia de desarrollo...184
1.2.4. Ficha técnica del estudio de campo...189
2. NATURALEZA DE LAS VARIABLES Y PROCEDIMIENTO DE ESTIMACIÓN...190
2.1. Naturaleza de los indicadores del modelo de capital social del emprendedor...191
2.1.1. Naturaleza de los indicadores de capital social de los emprendedores locales...191
2.1.2. Naturaleza de los indicadores de resultados de los emprendedores locales...194
2.1.3. Naturaleza de los indicadores de la presión competitiva del entorno...195
2.2. Naturaleza de los indicadores del modelo de orientación relacional de las agencias de desarrollo...195
2.2.1. Naturaleza de los indicadores de orientación relacional de las agencias de desarrollo local...195
2.2.2. Naturaleza de los indicadores del acceso de los emprendedores a recursos a través de las agencias...197
2.3. Procedimiento de estimación del modelo: la metodología PLS...197
3. ESTIMACIÓN DEL MODELO DE CAPITAL SOCIAL DEL EMPRENDEDOR LOCAL...200
3.1. Evaluación de las escalas de medida del modelo de capital social del emprendedor...200
3.1.1. Evaluación de las escalas de medida para las redes informales...202
3.1.2. Evaluación de las escalas de medida para las redes profesionales...202
3.1.3. Evaluación de las escalas de medida para las redes asociativas...203
3.1.4. Evaluación de las escalas de medida para las redes institucionales...203
3.2 Contraste de hipótesis del modelo de capital social del emprendedor...204
3.2.2. El papel de las variables de control en el modelo de capital social del emprendedor...214
4. ESTIMACIÓN DEL MODELO DE ORIENTACIÓN RELACIONAL DE LAS AGENCIAS DE DESARROLLO LOCAL...218
4.1. Evaluación de las escalas de medida del modelo de orientación relacional de las agencias...218
4.2 Resultados del contraste de hipótesis sobre el efecto de la orientación relacional de las agencias (H4)...222
CAPÍTULO 5. CONSIDERACIONES FINALES...227
1. CONCLUSIONES DEL ESTUDIO EMPÍRICO...230
1.1. La relación entre las dimensiones del capital social...231
1.2. La contribución del capital social recursos de los emprendedores locales a sus resultados empresariales...237
1.3. Los efectos de las variables que caracterizan al emprendedor y a su negocio...238
1.3.1. Variables de que afectan al acceso a recursos de los emprendedores locales...238
1.3.2 Variables de que afectan a los resultados de los emprendedores locales...240
1.4. La contribución de las relaciones de las agencias de desarrollo al acceso a recursos de los emprendedores locales...242
2. IMPLICACIONES TEÓRICAS...246
3. IMPLICACIONES PARA LA GESTIÓN...248
3.1. Recomendaciones para la mejora de la competitividad de los emprendedores locales...248
3.2. Recomendaciones para la gestión del desarrollo local...250
4. LIMITACIONES DEL ESTUDIO Y FUTURAS LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN...253
BIBLIOGRAFÍA...257
ANEXOS...307
ANEXO 1: CUESTIONARIOS...309
1.1. Cuestionario para emprendedores locales...311
1.2. Cuestionario para agencias de desarrollo local...320
ANEXO 2: CODIFICACIÓN Y DESCRIPTIVOS DE LOS INDICADORES DEL MODELO...329
2.1. Indicadores referidos a los emprendedores...331
2.2. Indicadores referidos a las agencias de desarrollo local...334
3.1: Coeficientes de correlación de Pearson para los indicadores de capital social de las redes
informales...339
3.2: Coeficientes de correlación de Pearson para los indicadores de capital social de las redes profesionales...340
3.3: Coeficientes de correlación de Pearson para los indicadores de capital social de las redes asociativas...341
3.4: Coeficientes de correlación de Pearson para los indicadores de capital social de las redes institucionales...342
3.5: Coeficientes de correlación de Pearson para los indicadores de resultados...343
3.6: Coeficientes de correlación de Pearson para los indicadores de presión competitiva del entorno...343
3.7: Coeficientes de correlación de Pearson para el indicador de acceso medio a recursos a través de las agencias de desarrollo local...343
3.8: Análisis factorial exploratorio de la orientación relacional de las agencias de desarrollo...344
ANEXO 4: FIABILIDAD Y VALIDEZ CONVERGENTE DE LAS VARIABLES MULTI-ÍTEM...347
4.1: Fiabilidad y validez convergente para las variables multi-ítem de las redes informales...349
4.2: Fiabilidad y validez convergente para las variables multi-ítem de las redes profesionales...350
4.3: Fiabilidad y validez convergente para las variables multi-ítem de las redes asociativas...351
4.4: Fiabilidad y validez convergente para las variables multi-ítem de las redes institucionales...352
4.5: Fiabilidad y validez convergente de la orientación relacional de la agencia de desarrollo hacia cada grupo de participantes...353
4.6: Fiabilidad y validez convergente del capital social recursos de los emprendedores...354
ANEXO 5: VALIDEZ DISCRIMINANTE...355
5.1: Validez discriminante en las redes informales...357
5.2: Validez discriminante en las redes profesionales...358
5.3: Validez discriminante en las redes asociativas...359
5.4: Validez discriminante en las redes institucionales...360
ÍNDICE DE TABLAS Y FIGURAS
ÍNDICE DE TABLAS
Tabla 1.1: El Nuevo Paradigma del Desarrollo Regional...14
Tabla 1.2: Principales atributos del emprendedor...69
Tabla 2.1: Caracterización y tipología de los recursos y capacidades...80
Tabla 2.2: Dimensiones del capital social Tabla 2.3: Dimensiones utilizadas para describir la estructura de las redes de relaciones en contexto del análisis de redes y capital social...88
Tabla 2.3: Dimensiones utilizadas para describir la estructura de las redes de relaciones en contexto del análisis de redes y capital social...93
Tabla 2.4: Variables utilizadas para describir las relaciones en el contexto del análisis de redes y capital social...97
Tabla 2.5: Paralelismo entre las dimensiones del capital social y las relaciones bilaterales...98
Tabla 2.6: Clasificación y caracterización de los recursos y capacidades...105
Tabla 2.7: Clasificaciones de las relaciones en la literatura de capital social y de marketing de relaciones...110
Tabla 2.8: Dimensiones y resultados de la orientación relacional...118
Tabla 3.1: Redes de relaciones y acceso a recursos...123
Tabla 3.2: Dimensiones del capital social estructural y acceso a recursos...129
Tabla 3.3: Capital social relacional y acceso a recursos...134
Tabla 3.4: Otras variables que afectan a la actividad emprendedora...138
Tabla 3.5: Estrategias a nivel de unidad de negocio...146
Tabla 3.6: Tipología híbrida de las estrategias a nivel de negocio...148
Tabla 3.7: Impacto de la orientación relacional sobre la creación de redes y capital social...159
Tabla 4.1: Relaciones, variables de capital social y escalas de medida en la encuesta Familias, Capital Social y Ciudadanía....172
Tabla 4.2: La medición del capital social estructural del emprendedor: ítemes, fuentes y dimensiones...174
Tabla 4.3: La medición del capital social relacional del emprendedor: ítemes, fuentes y dimensiones...176
Tabla 4.4: La medición del capital social recursos del emprendedor local: ítemes y fuentes...177
Tabla 4.5: Comparación de métodos de medición de la estrategia a nivel de negocio...179
Tabla 4.6: La medición de las estrategias del emprendedor local...183
Tabla 4.7: La medición de la presión competitiva del entorno y de los resultados del emprendedor local...184
Tabla 4.8: Codificación, descripción y referencias de los indicadores de la orientación relacional de las agencias de desarrollo local...186
Tabla 4.10: Ficha técnica del estudio...189
Tabla 4.11: Resultados del análisis factorial para la confianza institucional...194
Tabla 4.12: Naturaleza reflectiva / formativa de los indicadores multi-ítem de los modelos de capital social del emprendedor y de orientación relacional de las agencias de desarrollo...198
Tabla 4.13: Criterios de evaluación del modelo de medida con PLS...201
Tabla 4.14: Contraste de hipótesis del modelo capital social-resultados del emprendedor local...206
Tabla 4.15: Influencia de las variables de control en el modelo capital social-resultados del emprendedor local...206
Tabla 4.16: Efecto general de las variables de control sobre el capital social recursos y los resultados del emprendedor local...217
Tabla 4.17: Modelos de medida de la orientación relacional de las agencias de desarrollo local según el grupo de participantes...220
Tabla 4.18: Modelo de medida para el grupo de hipótesis H4...222
Tabla 4.19: Contraste de hipótesis H4...223
Tabla 5.1: Influencia de las redes del emprendedor sobre el acceso a recursos...231
Tabla 5.2: Influencia del capital social recursos sobre los resultados del emprendedor local...237
ÍNDICE DE FIGURAS Figura 1.1: Vínculos fuertes, vínculos débiles y agujeros estructurales...26
Figura 1.2: Fundamentos teóricos del marketing relacional...38
Figura 1.3: Los intercambios relacionales en el marketing de relaciones...47
Figura 2.1. El proceso estratégico según la teoría de recursos y capacidades...76
Figura 2.2: Niveles de relaciones en un distrito industrial especializado...113
Figura 2.3: Las relaciones de las agencias de desarrollo local...114
Figura 3.1: La lógica interna del capital social...135
Figura 3.2: La influencia del capital social recursos sobre los resultados del emprendedor local...143
Figura 3.3: Modelo completo de funcionamiento del capital social y su impacto sobre los resultados del emprendedor local...151
Figura 3.4.: La agencia de desarrollo como agujero estructural en entornos locales...157
Figura 4.1: La orientación relacional de las agencias de desarrollo local como constructo de segundo orden....196
Figura 4.2: Resultados para las redes informales del modelo estructural capital social-resultados del emprendedor local...208
Figura 4.4: Resultados para las redes asociativas del modelo estructural capital social-resultados del emprendedor local...210
Figura 4.5: Resultados para las redes institucionales del modelo estructural capital social-resultados del emprendedor local...211
Figura 4.6: Orientación relacional de la agencia de desarrollo hacia clientes internos y acceso a recursos del emprendedor...224
Figura 4.7: Orientación relacional de la agencia de desarrollo hacia proveedores de desarrollo local y acceso a recursos del emprendedor...225
“basca. Dícese del grupo o multitud identificable y homogeneizable por un propósito, una idea, una amistad
común, un líder (no político) o una indumentaria general.
[...] No toda densidad es una basca ni todo dinamismo es una movida.”
La figura del emprendedor es clave para explicar el desarrollo económico y social de los territorios, ya sean éstos países, regiones o entornos locales. Aunque existen diferentes concepciones del emprendedor, en este trabajo nos referimos específicamente a la persona que inicia o gestiona su propio negocio y que, habitualmente, lo hace en un entorno local concreto. De este modo, en la figura del emprendedor se unen, y probablemente de forma más evidente que en ningún otro fenómeno económico, las facetas empresarial y social. Ésta es la filosofía que inspira todo este trabajo y que se resume en la idea de que las relaciones económicas y las relaciones sociales están profundamente enraizadas (Granovetter, 1985).
Esta filosofía hace de las relaciones que mantiene el emprendedor con su entorno local nuestro objeto de estudio y, además, nos obliga a adoptar un enfoque multidimensional para abordarlo. Enfoque éste que incluye aportaciones no sólo de la economía en general y del marketing en particular, sino también de la sociología. No vemos en ello nada contradictorio porque no podemos olvidar que la economía es una ciencia social y tenerlo en cuenta nos ha conducido a integrar los postulados del marketing relacional con los del enfoque del capital social.
La complementariedad de ambos enfoques permite caracterizar no sólo las relaciones que el emprendedor mantiene con terceros sino también las relaciones que éstos mantienen entre sí, es decir, las redes de relaciones. Nuestro modelo contempla dichas redes como un activo valioso para el emprendedor en la medida que le permiten acceder a recursos estratégicos y mejorar sus resultados empresariales.
En base a estos argumentos, los objetivos de nuestro trabajo son los siguientes:
1. Entender cuáles son las dimensiones que caracterizan una red de relaciones y analizar cómo estas dimensiones interactúan entre sí.
2. Comprender el modo en que el emprendedor accede a recursos a través de sus redes de relaciones, tanto las de naturaleza estrictamente económica como otras de carácter más social y personal.
Para cumplir con estos objetivos, nuestro trabajo incluye cinco capítulos que pasamos a resumir.
En el Capítulo 1 presentamos el marco teórico que ha guiado nuestra investigación. El capítulo parte del reconocimiento de la multidisciplinariedad del problema general que pretendemos abordar (la actividad emprendedora y la competitividad territorial) para adoptar un marco teórico que incluye el enfoque de capital social, el marketing relacional y el enfoque de recursos y capacidades. Este marco teórico nos permite delimitar el objeto de estudio de nuestro trabajo: las relaciones de los emprendedores y de las agencias de desarrollo local y la contribución de dichas relaciones a los resultados económicos de los emprendedores locales.
El Capítulo 2 está dedicado a la caracterización de las relaciones de estos dos actores. En el caso de los emprendedores locales, hemos caracterizado sus redes de relaciones a través del concepto de capital social, que abarca tanto las redes de relaciones de un individuo como los recursos valiosos a los que puede acceder a través de dichas redes. Por su parte, las agencias de desarrollo local, como cualquier organización, mantienen relaciones con diferentes grupos de interés o stakeholders. El marketing de relaciones nos ofrece un excelente marco teórico para caracterizar estas relaciones. En concreto, hemos adaptado el modelo de Morgan y Hunt (1994) que clasifica las relaciones de una empresa en cuatro grupos (clientes internos, suministradores, relaciones laterales y clientes externos) al caso de las agencias de desarrollo local. Insistimos en que el capital social y el marketing de relaciones son dos enfoques complementarios. Así, el marketing de relaciones nos ha proporcionado una excelente base teórica para determinar las variables con las que hemos caracterizado el capital social relacional, mientras que el capital social nos permite comprender y caracterizar mejor el concepto de redes de relaciones propuesto por el marketing de redes, especialmente en lo que a la dimensión estructural de dichas redes se refiere.
En el Capítulo 3 analizamos, a través de dos modelos, la contribución de las relaciones de las agencias y de los emprendedores locales a la mejora de la competitividad empresarial de estos últimos. El primer modelo explica la contribución del capital social del emprendedor local a los resultados (comerciales, financieros y de innovación) de su negocio. Para completar este modelo se han introducido una serie de variables de control que pueden afectar tanto al acceso a recursos como a los resultados del emprendedor. El segundo modelo plantea en qué medida una mayor orientación relacional de la agencia de desarrollo hacia cada uno de los grupos de participantes en el desarrollo local con los que se relaciona, mejorará el grado en que los emprendedores de su entorno se sirven de esa agencia para acceder a recursos.
Los resultados del estudio empírico nos llevan a cerrar nuestro trabajo con un quinto capítulo dedicado a comentar estos resultados y las implicaciones que suponen, tanto a nivel teórico como a nivel de gestión.
Capítulo 1
1. INTRODUCCIÓN AL PROBLEMA DEL DESARROLLO LOCAL.
El fenómeno del desarrollo local y la competencia entre regiones ha sido abordado desde diferentes disciplinas. Dentro de la economía, tradicionalmente se ha considerado materia de la política económica y la macroeconomía, las cuales se han centrado en explicar las disparidades económicas entre regiones (Peña, 2006, pp. 21-102; Moncayo, 2003; Molina y Martínez, 2004, Costa, 1997; Carlton, 1979). Sin embargo, no faltan los pensadores que han adoptado un enfoque microeconómico y que han resaltado el papel de los individuos y las empresas en la competitividad de su entorno (Schumpeter, 1934; Porter, 1990; Benko y Lipietz, 1994b; Garofoli, 1994; Ayerbe, 2005; Ayerbe et al., 2005; Cornejo, 2005; Contín y Larraza, 2006; Mohapatra et al., 2007; Sabatini, 2009; Arribas y Vila, 2010). Por su parte, la sociología y la ciencia política también han estudiado el fenómeno, aunque desde un punto de vista más centrado en las características de los grupos sociales (Putnam et al., 1993; Helliwell y Putnam, 1995; Fox, 1996; Heller, 1996; Gittell y Vidal, 1988; Woolcock, 1998 y 2001; Rodrik, 1999; Easterly, 2000; Inglehart, 1994; Storper, 2005).
En las últimas décadas cada vez son más los autores que, desde las distintas áreas de la economía de la empresa, han intentado identificar los factores que contribuyen a lograr un desarrollo sostenible de las regiones en términos de inversión, empleo y calidad de vida. Así, por ejemplo, Porter (1990) estudió el fenómeno competitivo territorial y lo plasmó en el modelo conocido como “Diamante de Porter”, en el que se sugieren los factores de la competitividad territorial y se aconseja sobre la forma de gestionarlos estratégicamente para conseguir economías regionales capaces de competir en un entorno globalizado. Como no podía ser menos, también el marketing se ha acercado al fenómeno desde el llamado marketing de ciudades o marketing territorial para intentar solucionar el problema de la competitividad territorial a partir de la planificación estratégica, el análisis de los públicos objetivo y el posicionamiento estratégico de los lugares para cada público objetivo (Ashworth y Voogd, 1998; Kavaratzis, 2004; Van Limburg, 1998; Elizagarate, 2005 y 2008; Luque y Muñoz, 2005; Luque et al., 2007; Vanolo, 2008; Kavaratzis y Ashworth, 2006; Trueman et al., 2008; Daramola-Martin, 2009).
El problema central del desarrollo regional es que las diferentes regiones de un país (como, por ejemplo, España) o de un área económica (como puede ser la Unión Europea) ni parten de los mismos niveles de desarrollo ni tienen similares expectativas de crecimiento económico para el futuro. Esta tendencia se ve acentuada por la globalización y la libre competencia, de modo que hay “regiones que ganan” y “regiones que pierden” en el juego competitivo internacional (Benko y Lipietz, 1992 y 1994a).
del juego que impone la globalización (Pérez y Carrillo, 2000, pág. 45). Es entonces cuando los economistas y políticos volvieron su mirada hacia la microeconomía y al comportamiento empresarial de cara a comprender mejor los factores que llevan a una empresa a ser competitiva en los mercados globales. Paralelamente, las políticas económicas en muchos países atravesaban un proceso de descentralización en el que las llamadas políticas de estabilización estarían a cargo de los Estados centrales (o incluso de entidades supranacionales), mientras que las políticas de crecimiento económico quedaban en manos de los Gobiernos regionales y locales1 (Hierro, 2000).
Esta descentralización de las políticas de desarrollo económico obedece a una lógica según la cual el crecimiento económico se basa en la mejora de la función de producción debida a una mayor productividad de los factores de una región (Moncayo, 2003) que sólo puede lograrse mediante la innovación entendida en sentido amplio (es decir, no sólo la innovación en productos, sino también la innovación en procesos, en estrategias empresariales, en formas organizativas y de gestión, en canales de distribución, etc.). Tales procesos de aprendizaje e innovación están estrechamente relacionados con el contexto económico, social e institucional en que operan las empresas, tal y como propugnan los enfoques que componen la llamada perspectiva económica y la perspectiva social del desarrollo regional, las cuales se integran en un marco más amplio: el nuevo paradigma del desarrollo regional. Este contexto en el que operan las empresas tiene un fuerte componente local, ya que es en entornos locales donde fenómenos como la aglomeración industrial, las externalidades o las redes entre empresas e instituciones se hacen especialmente patentes. La figura del emprendedor merece una especial atención al estudiar el ámbito local, ya que el emprendedor habitualmente mantiene una relación muy estrecha con su entorno inmediato, no sólo a nivel empresarial, sino también a los niveles social e institucional.
En conclusión, las teorías propuestas por el nuevo paradigma del desarrollo regional han incorporado una serie de variables sociológicas e institucionales para explicar la competitividad de las empresas y de las redes de empresas, variables que cobran un especial sentido cuando se trata de explicar la competitividad empresarial en entornos locales.
1
Sobre estas bases, en el epígrafe 2 presentaremos las perspectivas económica y social del desarrollo económico. Al analizar la perspectiva social nos detendremos en el concepto de capital social.
2. EL NUEVO PARADIGMA DEL DESARROLLO REGIONAL.
El nuevo paradigma del desarrollo regional integra elementos multidisciplinares para responder a las viejas preguntas sobre los patrones de localización industrial y sobre los desequilibrios económicos entre regiones. Así, los factores de crecimiento considerados en sus análisis incluyen variables cada vez más diversas como la geografía, la organización política (perspectiva política del desarrollo), las instituciones y el capital social (perspectiva social), el medio ambiente (perspectiva ambiental) 2 y, por supuesto, los factores económicos (perspectiva económica), como puede verse en la Tabla 1.1.
Tabla 1.1: El Nuevo Paradigma del Desarrollo Regional.
Perspectivas
teóricas Enfoques
Factores determinantes
del desarrollo Principales aportaciones
PERSPECTIVA
POLÍTICA Estado-Región
Descentralización.
Transferencia de competencias políticas, administrativas y fiscales.
Chisholm (1990), Kennedy (1993), Giddens (1999), Ohmae (1997), Santamaría (2001), Jessop (1999),
Keating (1999), Strange (1998), Habermas (2000), Wolf (2001), Mason
(2000), Moncayo (2000)
PERSPECTIVA ECONÓMICA Nueva Geografía Económica Crecimiento Endógeno. Economías de Aglomeración. Convergencia regional.
Marshall, Myrdal, Kaldor (1961).
Krugman (1992, 1998, 1999), Fujita, Krugman y Venables (1999), Fujita, Krugman y Mori (1999), Fujita (1999), Fujita y Mori (1998), Rauch (1991), Eaton
y Eckstein (1994), Davies y Weinstein (1997), Henderson (1999), Castañeda y
Garduño (2000).
Acumulación Flexible
Distritos Industriales
Medio Innovador
Aydalot (1986), Bagnasco (2000), Becattini (1990), Benko y Lipietz (1994), Fischer (2001), Freeman (1988), Garofoli
(1994), Kirat y Lung (1999), Maillat (1995), Morgan (2007), Piore (1990), Piore y Sabel (1984), Saxenian (1994).
Competitividad Ventajas competitivas locales
Comisión Presidencial (EEUU) sobre Competitividad Industrial (1985); Porter (1990); OCDE (1992); Instituto Alemán de
Desarrollo (1992): Esser et al. (1996); CEPAL: Mandeng (1991), Pérez (1997),
Schuurman (1998), Beccaria y Galin (1998), Figueroa (1998), Mortimore y Pérez (2001); Peña, (2006); Cheshire y Gordon (1998); Dziembowska-Kovalska y
Funck (2000); Christiaans (2000); Howes y Singh (1999); Reinoso (1995); Foro Económico Mundial (WEF); PNUD (1996,
1998); Cuadrado Roura (2003)
2
PERSPECTIVA SOCIAL Enfoque Institucionalista Instituciones Rendimiento institucional
Williamson (1985), Eggerston (1990), North (1990), Powell y DiMaggio (1991),
Ostrom (1995), March y Olsen (1999).
Nueva Sociología Económica
Redes de relaciones
Enraizamiento (embeddedness)
Granovetter (1973, 1985, 1995, 2005); Uzzi (1996, 1997, 2000); Uzzi y Shapiro
(2005).
Enfoque del Capital Social
Redes de relaciones
Confianza y reciprocidad
Compromiso cívico
Normas y valores compartidos.
Putnam (1993, 1995, 2002), Putnam, Leonardi y Nanetti (1993); Bordieu (1980,
1986); Coleman (1988, 1990) ; Burt (1992); Nahapiet y Ghoshal (1998); Knack
y Keefer (1997); Lin, Ensel y Vaughn (1981); Lin (1999, 2001a); Lin, Fu y Hsung (2001); Batjargal (2003); Koka y
Prescott (2002); Durston (2000, 2001,2003a); Portes (1998); Narayan (1997, 2000), Woolcock (2001), Woolcock
y Narayan (2000); Pérez García (2005); Castro (2006), Sabatini (2009).
PERSPECTIVA
AMBIENTAL ---
Ecorregión.
Biorregión.
Relación población-recursos
Sachs (1982); Leff (1975, 1984 y 1985); Erlich (1968); Meadows et al. (1972);
Morello (1983)
Fuente: Adaptado de Moncayo (2003), Peña (2006) y Romero et al. (2007).
2.1. La perspectiva económica del desarrollo regional.
Pese a la libertad para localizarse, se observan en las empresas dos pautas de actuación (Costa, 1997):
1. Tendencia a la concentración en unas cuantas localizaciones (y no a la dispersión) de la mayoría de actividades industriales.
2. Tendencia de los territorios incluidos en un ámbito geográfico mayor a la especialización en un número limitado de actividades complementarias.
Las teorías sobre localización industrial se basan en dos elementos (Costa, 1997):
1. El concepto de “externalidades” y los “distritos industriales”.
2. El concepto del “desarrollo endógeno”.
Marshall (1920) propone el concepto de economías externas para justificar los patrones de localización empresarial que perduran en el tiempo. La proximidad entre las empresas les proporciona ventajas derivadas de la creación de un “clima industrial” relacionado con tres fuentes de externalidades: el surgimiento de un mercado local de mano de obra cualificada, la aparición de parques de proveedores especializados y más eficientes y una difusión más rápida entre las empresas localizadas en un mismo entorno de las innovaciones desarrolladas por cualquiera de ellas.
El modelo utilizado por Marshall para explicar la localización basada en economías externas se conoce como distritos industriales y sugiere que las economías externas benefician exclusivamente a las empresas del tejido local, de modo que para esas empresas el entorno actúa como un bien colectivo (Kindleberger, 1983).
Marshall no analiza por qué las empresas empiezan a aglomerarse, un fenómeno que puede deberse a razones históricas, factores legales, decisiones políticas, etc., sino que explica por qué, una vez producida la aglomeración, ésta se convierte en ventajosa para las empresas. Una aportación crucial de Marshall reside en la consideración de factores sociales e intangibles (Costa, 1997): el clima industrial de la localidad se relaciona con la familiarización del colectivo empresarial y social local con la actividad industrial de las empresas.
Este componente social es desarrollado posteriormente por Becattini (1979), que incluye como fuentes de externalidades a las instituciones sociales y empresariales y, paralelamente, advierte cómo en algunos distritos industriales surgen muchas pequeñas y medianas empresas (pymes) que trabajan en red y cooperan. Los distritos industriales basados en pymes son más flexibles ante cambios en la demanda, lo que supone una ventaja comparativa respecto de las grandes empresas (Piore, 1990; Piore y Sabel, 1984).
Todos estos factores de localización han cristalizado en tres enfoques teóricos (Moncayo, 2003; Peña, 2006): el de la nueva geografía económica, el de la acumulación flexible o postfordismo y el de la
competitividad.
2.1.1. El enfoque de la nueva geografía económica.
El enfoque de la nueva geografía económica (Krugman, 1998 y 1999; Fujita, 1999; Fujita y Mori, 1998; Fujita y Krugman, 2003; Fujita, et al., 1999) se basa en los modelos de crecimiento endógeno
formulados a finales de los años ochenta y en las viejas ideas sobre la teoría del lugar central 3 (Christaller, 1933; Losch, 1938), las externalidades (Marshall, 1920) y las teorías de la causación circular acumulativa 4 (Myrdal, 1957; Kaldor, 1961).
Según este enfoque el crecimiento económico de un territorio seguiría una lógica circular: las empresas establecen relaciones verticales con proveedores y distribuidores que conducen a su agrupación geográfica para aprovechar las externalidades de dicha agrupación. Esta tendencia se autorrefuerza hasta un punto en que las ventajas de la aglomeración se equiparan a sus inconvenientes (Fujita y Krugman, 2003). Entre las ventajas encontramos las externalidades (como las sugeridas por Marshall), mientras que entre los inconvenientes estarían el aumento de los precios del terreno (al haber una mayor demanda del mismo) y de los costes transporte (al crecer los distritos industriales y alejarse los centros de producción de los de consumo), así como las deseconomías externas derivadas de la aglomeración (congestión y contaminación ambiental).
A diferencia de los modelos neoclásicos, el enfoque de la nueva geografía económica no considera que el crecimiento se explique por el concepto de progreso tecnológico exógeno, sino por los factores propios del territorio. Esto implica que el crecimiento puede continuar mientras existan rendimientos crecientes de la inversión en capital (incluido el humano)5 derivados de las externalidades positivas (Moncayo 2004).
Las consecuencias de estos postulados de la nueva geografía económica son los siguientes:
3
El “lugar central” es un núcleo de población que abastece de bienes y servicios a un área mayor de la que físicamente ocupa. Según la teoría del lugar central, los asentamientos (de población y empresas) no aparecen de forma desordenada, sino que siguen un patrón matemático, de forma que las empresas se asientan allí donde maximizan los puntos a los que pueden abastecer y minimizan sus costes de transporte (Gutiérrez, 1993).
4
La teoría de la causación circular acumulativa explica que las inversiones se ven atraídas por la dimensión actual y por el crecimiento esperado de la demanda. De este modo, los desequilibrios regionales se acentúan ya que los lugares que pierden población también serán menos atractivos para las nuevas inversiones, que optarán por instalarse en lugares que crecen o que tienen expectativas de hacerlo (De la Rosa, 2006).
5
1. En ausencia de intervención externa las desigualdades regionales se acrecientan. Existen diversos estudios empíricos que corroboran este fenómeno (Moncayo, 2003 y 2004; Hall y Jones, 1998; Cuadrado, 2003; CEPAL, 2001, pág. 303).
2. El capital humano, el conocimiento y las infraestructuras son los factores que más influencia tienen sobre el crecimiento regional (Moncayo, 2003).
2.1.2. El enfoque de la acumulación flexible
.
Al enfoque de la acumulación flexible (Piore y Sabel, 1984) también se le conoce como “postfordismo” porque defiende que la nueva forma de organización industrial no estaría basada en grandes cadenas de producción dentro de una empresa integrada verticalmente que aprovecha las economías de escala, sino en una red de pequeñas y medianas empresas que aprovechan las ventajas de la aglomeración (externalidades) y que son más flexibles a la hora de reaccionar ante los cambios del entorno (de ahí el nombre de “acumulación flexible”) (Boisier, 1990; Boisier, 1992; Boisier 1994; Storper, 1997, pág. 3; Bagnasco, 2000; Peña, 2006).
Al igual que en el caso de la nueva geografía económica, el enfoque postfordista o de la acumulación flexible parte de las externalidades y los distritos industriales como factores explicativos del desarrollo regional6. Ahora bien, mientras que la nueva geografía económica se centra en las externalidades comerciales derivadas de la aglomeración (como la cercanía de proveedores y clientes, la difusión de las innovaciones o la creación de un mercado de mano de obra cualificado), la acumulación flexible lo hace en las características de los distritos industriales que les permiten generar externalidades no comerciales (como el entorno innovador o la interrelación entre empresas, instituciones y agentes locales).
El concepto de “acumulación flexible” como nueva forma de organización de la producción suscitó un gran interés entre los encargados del desarrollo regional. Este interés probablemente no sea ajeno a un cierto romanticismo inherente a lo que el postfordismo tiene de sustitución de las grandes empresas monopolistas por una vuelta a lo artesanal pero con mayores niveles de innovación y productividad.
Sin embargo, en el momento actual aún no está claro si el modelo de organización postfordista está sustituyendo realmente al anterior. Dado que existen suficientes trabajos empíricos que no han podido confirmar la difusión generalizada del distrito industrial como nueva forma de organización de la
6
producción, se puede entender que el distrito industrial como concepto único está superado y que la investigación debería empezar a orientarse hacia las características de los distritos más que hacia los distritos en sí (Moncayo, 2003).
En línea con estos argumentos, el concepto de distrito industrial se ha sustituido por los de “medio innovador” (milieu innovateur) (Aydalot, 1986, pág. 10; Maillat, 1995; Kirat y Lung, 1999; Fischer, 2001) o “región inteligente” (learning region) (Keating, 2005; Morgan, 2007; Storper, 2005; Johannisson, 2006)entendidos como un territorio en los que las redes de empresas crean fenómenos de aprendizaje colectivo que facilitan la innovación den el seno de las empresas. Todos estos autores se centran en el estudio de algunas de las características del distrito industrial (como las redes de empresas, la noción de competencia cooperativa, la relevancia de las instituciones o el capital social) como los factores realmente determinantes de la competitividad local basada en la innovación tecnológica de carácter acumulativo.
2.1.3. El enfoque de la competitividad.
El enfoque de la competitividad es el asumido a partir de la segunda mitad de los años ochenta por la mayoría de las instituciones nacionales e internacionales7 encargadas del desarrollo económico. Este enfoque trata de identificar los factores relacionados con el avance económico de los países y su participación en los mercados internacionales, lo que requiere identificar previamente una serie de medidas de la competitividad (Cheshire y Gordon, 1998; Christiaans, 2000; Dziembowska-Kovalska y Funck, 2000; Peña, 2006). Estamos pues ante un enfoque cuyas principales aportaciones provienen de la política económica y que gira en torno a dos puntos clave: la definición de competitividad regional y la identificación de sus factores determinantes.
Respecto del primer punto, la definición más ampliamente aceptada de competitividad regional/nacional es la realizada por la Comisión Presidencial de Estados Unidos sobre la Competitividad Industrial, según la cual la competitividad es “la capacidad de un país para sostener y expandir su participación en los mercados internacionales y elevar simultáneamente el nivel de vida de su población” (President’s Comission on Industrial Competitiveness, 1985). Respecto del segundo, existe un consenso entre los autores e instituciones englobadas en este enfoque en aceptar que los dos factores más determinantes de la competitividad industrial son la productividad y el progreso
7
tecnológico (Fajnzylber, 1991), por lo que la mayoría de las políticas públicas han incidido en favorecer estos dos aspectos.
No obstante, el enfoque de la competitividad también tiene sus detractores, los cuales aducen que el crecimiento de un país depende de su productividad interna independientemente de la competitividad frente a otros países y que los países no compiten entre sí al modo de las empresas, sino que el comercio internacional produce beneficios mutuos y no es un juego de suma cero (Krugman, 1994). En sentido contrario, existen resultados empíricos que avalan la aplicabilidad del concepto de competitividad como estrategia de crecimiento (Howes y Singh, 1999). El debate acerca de la necesidad o no de implantar políticas públicas para fomentar la competitividad de un país es, en el fondo, un debate sobre la capacidad del mercado para asignar espontáneamente los recursos de una economía hacia los sectores más productivos y hacerla más competitiva: la presencia de fallos en el mercado sería, por tanto, argumento suficiente para admitir la necesidad de dichas políticas públicas.
Precisamente la necesidad de fomentar la competitividad desde las instituciones y la asunción de que la competitividad regional es el resultado de la competitividad de sus empresas (en términos de productividad y de innovación tecnológica) (Guzmán et al., 2009) obliga a pasar de puntos de vista más descriptivos y de niveles macroeconómicos, a puntos de vista más proactivos y a un nivel de análisis
meso, es decir, a un nivel intermedio entre lo macro y lo micro y que tiene en cuenta la diversidad de actores implicados en el desarrollo de un territorio (Soja, 2005).
De cara a orientar las políticas públicas para el fomento de la competitividad, ya sea a nivel nacional, regional o de clúster, existen dos modelos que, desde un enfoque de competitividad, integran elementos del resto de enfoques vistos hasta ahora: el modelo del diamante (Porter, 1990) y el modelo de la competitividad sistémica (Esser et al., 1996).
a. El diamante de la competitividad de Porter.
Según Porter (1990), la competitividad de un país o, más específicamente, de sus empresas, depende de cuatro factores interrelacionados:
1. las condiciones de los factores de producción, las condiciones de la demanda (tamaño del mercado interno),
2. las industrias relacionadas y de apoyo (empresas proveedoras y empresas clientes que sean internacionalmente competitivas)
Además de estos cuatro factores determinantes de la competitividad, Porter incluye dos variables auxiliares: el Gobierno y la casualidad. El papel del Gobierno en el modelo consiste en procurar que se den esos cuatro factores de una forma coordinada. Por su parte, la “casualidad” se refiere a hechos repentinos e imprevisibles como por ejemplo la aparición de una nueva tecnología (innovaciones radicales schumpeterianas) o un cambio brusco en el precio de los factores. Estas casualidades son en muchas ocasiones las que determinan el inicio de una aglomeración de empresas que luego se transforma en un clúster (León, 2004, pág. 8).
En definitiva, para Porter son las empresas quienes innovan y lo hacen deliberadamente pero sujetas a las condiciones de su entorno, que favorecerán o retrasarán los esfuerzos individuales en pro de una mejor productividad e innovación. El modelo de Porter tiene, por tanto, una orientación más microeconómica que los enfoques anteriores y además se refiere a la competitividad de las empresas integradas en un clúster y localizadas en un entorno local o regional, lo que permite hablar de la competitividad de las regiones y ciudades (Porter, 2000; Berroeta et. al., 1999, pág. 765). De hecho, para desarrollar su modelo, Porter se basa en las mismas ventajas de la aglomeración propuestas por los enfoques de la nueva geografía económica y de la acumulación flexible (Peña, 2006, pág. 87).
b. La competitividad sistémica.
El modelo de competitividad sistémica parte de los trabajos de la OCDE (1992) que hablan de competitividad estructural basada en tres ideas fundamentales:
1. la innovación dentro de todas las áreas de las empresas es el determinante principal del desarrollo económico,
2. para lograr la innovación es necesario que las empresas abandonen los enfoques tayloristas y
A partir de estas premisas, los investigadores del Instituto Alemán de Desarrollo8 formularon el modelo de la competitividad sistémica según el cual la competitividad industrial es el resultado de una serie de factores que están interrelacionados y que se encuentran en varios niveles de análisis.
El modelo de la competitividad sistémica presenta como principal similitud con el modelo del diamante de Porter un polígono de interacciones entre diferentes factores de competitividad. Tan es así, que León (2004, pág. 46) habla del “diamante de la competitividad sistémica”. La diferencia con el modelo del diamante de Porter estriba en que la competitividad empresarial se explica ahora por la interacción compleja y dinámica entre el Estado, las empresas, las instituciones intermediarias y la capacidad organizativa de una sociedad. Así, este modelo añade a los anteriores niveles micro (nivel de las empresas) y macro (nivel del Gobierno) dos nuevos niveles: el nivel “meso” y el nivel “meta”.
El nivel meso, que puede identificarse con el entorno local o regional en el que se asientan las empresas, es un nivel intermedio entre el micro y el macro y se refiere a los factores que favorecen un entorno capaz de fomentar, complementar y multiplicar los esfuerzos de las empresas (Esser et al., 1996; Moncayo, 2003; León, 2004, pág. 46). La introducción del nivel meso hace que el modelo de la competitividad sistémica se ajuste muy bien a los análisis sobre desarrollo local y regional. De hecho, a nivel europeo son las regiones y localidades las que tienen las competencias en las políticas que se relacionan directamente con los factores del nivel meso. El propio modelo recomienda explícitamente la descentralización para que las regiones y localidades puedan desarrollar estos factores meso (Moncayo, 2003).
Según el modelo de la competitividad sistémica, son los factores a nivel macro y meso los que favorecen la presencia en un territorio de los requisitos que llevan a una empresa a buscar la competitividad a través de la mejora de la productividad y la innovación. Estos requisitos son dos: que la empresa esté sometida a una presión competitiva por las empresas competidoras y que la empresa esté inserta en redes que le permitan aprovechar las externalidades, especialmente las relacionadas con la difusión de la innovación.
Por último, el nivel meta se refiere a esos factores sociales y culturales, como la capacidad de una sociedad para la integración y la estrategia, que ayudan a la empresa a conseguir estos objetivos de productividad e innovación. (Peña, 2006, pág. 88). El nivel meta, además de marcar otra diferencia del modelo de la competitividad sistémica con el de Porter, implica introducir factores socioculturales en el análisis de la competitividad empresarial. Estos factores nos van a permitir enlazar la perspectiva económica con la perspectiva social del desarrollo regional.
2.2. La perspectiva social del desarrollo regional.
La economía contempla habitualmente la cultura, la subcultura y los grupos sociales a los que pertenece o con los que se relaciona un individuo como determinantes de su comportamiento económico. Del mismo modo, otras disciplinas científicas como la sociología o la ciencia política aportan una serie de enfoques que recalcan la influencia del entorno sociocultural sobre el comportamiento económico de individuos y empresas y, por tanto, sobre el desarrollo económico de un territorio.
La perspectiva social del desarrollo regional incluye tres enfoques centrados en otros tantos aspectos: las instituciones, las redes de relaciones entre individuos y, finalmente, el capital social. Este último concepto integra a los dos anteriores (instituciones y redes) y, como veremos más adelante, ha sido adoptado por no pocos economistas para explicar el éxito empresarial.
2.2.1. El enfoque institucionalista.
Para Gelbuda et al. (2008) el enfoque institucionalista tiene dos orientaciones que podríamos llamar institucionalismo sociológico (DiMaggio y Powell, 1983; Zucker, 1987; Scott, 1987) e institucionalismo económico (North, 1990).
La orientación sociológica considera que las instituciones son las normas y reglas que definen los comportamientos legítimos (DiMaggio y Powell, 1983; Powell y DiMaggio, 1991; Zucker, 1983), de modo que las organizaciones intentarán legitimarse adoptando dichos comportamientos aun en detrimento de sus resultados económicos.
Frente a esta orientación sociológica, el institucionalismo económico (o neoinstitucionalismo) define las instituciones como “las reglas del juego de una sociedad o, de un modo más formal, como las limitaciones impuestas para regular las relaciones interpersonales” (North, 2007 [original de 1990], pág. 3). En un sentido más amplio, por instituciones puede entenderse tanto las reglas del juego de una sociedad (como por ejemplo el matrimonio o el respeto de la propiedad privada) como el organismo que crea y aplica dichas reglas (ya se trate de instituciones públicas como el Gobierno o la policía, o de instituciones privadas como la familia) (Gelbuda et al., 2008).
De estas dos concepciones del institucionalismo, es precisamente el institucionalismo económico la orientación adoptada mayoritariamente para explicar las diferencias entre países y regiones en cuanto a desarrollo económico (Greif, 1993; LaPorta et al., 1998; Levine and Zervos, 1998). En consonancia con este enfoque, Reis (2007) resume las bases que deben guiar el estudio de los fenómenos económicos en cuatro puntos:
1. Las teorías clásicas y neoclásicas son insuficientes para explicar los fenoménos económicos porque parten de supuestos poco realistas, tales como la condición de céteris páribus o la consideración del precio como variable única de decisión.
2. Existen factores históricos, sociales e institucionales, muchas veces de naturaleza cualitativa, que deben incorporarse al análisis económico. Además, dada la naturaleza cambiante de estos factores, los modelos económicos deben tener una naturaleza dinámica y deben construirse a través de la inducción basada en trabajos empíricos.
3. La consideración del homo economicus individualista y maximizador de su utilidad marginal como unidad de análisis debe dejar paso al estudio de los grupos e instituciones sociales y al análisis del comportamiento de los agentes bajo distintas formas de Gobierno.
4. Para explicar los fenómenos económicos, es imprescindible asumir un enfoque multidisciplinar, integrando la economía con disciplinas complementarias como la sociología, el derecho o la historia.
A modo de resumen, podríamos decir que el institucionalismo económico encara el análisis de los fenómenos económicos introduciendo el papel del entorno institucional en el estudio de los comportamientos individuales de los agentes basados en su racionalidad económica. El entorno institucional viene representado tanto por las instituciones como por las relaciones que esas instituciones mantienen entre sí y con los agentes económicos. Ese entorno institucional será interiorizado por los agentes económicos hasta el punto de que puede llegar a convertirse en un factor psicológico que afectará a sus procesos de toma de decisiones.
2.2.2. La nueva sociología económica: la teoría de las redes sociales.
El argumento fundamental de la teoría de redes sociales (Rogers y Kincaid, 1981; Granovetter, 1983) es que la estructura y el funcionamiento de las redes de relaciones que conforman un grupo de individuos determinan la cantidad y la calidad de los recursos intercambiados en la red.
La teoría de redes sociales se construye en torno a tres conceptos: el “enraizamiento”, la “densidad de las redes” y los “agujeros estructurales”.
El enraizamiento (embeddedness) se refiere al grado en que cualquier tipo de relación, incluidas aquéllas de naturaleza estrictamente económica (como las relaciones mercantiles o laborales), tiene un componente social. Una consecuencia inmediata del enraizamiento es que, dado que las relaciones sociales subyacen a las relaciones económicas (Granovetter, 1983), para analizar el funcionamiento de una red empresarial es imprescindible considerar las normas sociales que existen entre sus miembros.
El segundo concepto importante es la densidad de las redes y se refiere al grado en que los individuos de una red están conectados entre sí por vínculos directos. Una red densa en la que la mayoría de sus miembros se conocen y habitualmente están vinculados entre sí por relaciones muy estrechas (vínculos fuertes) propicia la aparición de normas comunes y de confianza mutua entre sus miembros. Por esta vía, se reducen las conductas oportunistas y el riesgo de incumplimiento de acuerdos, lo que favorece los intercambios y la actividad económica de un territorio (Granovetter, 1973, 1974 y 2005). El caso contrario sería el de una red poco densa en la que muchos de sus miembros no tienen contactos directos entre sí y en la que las relaciones son menos estrechas (vínculos débiles). Este segundo tipo de redes se relaciona con otro concepto básico de la teoría de redes: los agujeros estructurales.
Los agujeros estructurales son característicos de las redes menos densas e indican aquellas posiciones dentro de la red que sirven de nexo entre individuos que de otro modo no estarían conectados. Ocupar un agujero estructural implica poder obtener una serie de ventajas por acceder a recursos diferentes de los que obtiene un individuo que pertenezca únicamente a un grupo. De este modo, en las redes poco densas pero diversas, basadas en vínculos débiles, surgirán agujeros estructurales que facilitarán el acceso a recursos innovadores a los individuos que los ocupen (Granovetter, 1973 y 2005).
estructurales por conectar grupos diferentes que de otro modo no tendrían relación. Aunque B y C están unidos a las dos redes sobre todo por vínculos débiles y su número de contactos es menor que el de A y D, la información a la que tienen acceso es más diversa. Los recursos (informativos o de cualquier clase) procedentes de la Red 2 que B puede intercambiar con A o con otros miembros de la Red 1 supondrán una novedad para los integrantes de esta red. Lo mismo sucede con C cuando intercambia recursos procedentes de la Red 1 con miembros de la Red 2. El individuo A mantiene seis relaciones (cinco vínculos fuertes y uno débil); sin embargo y a pesar de ser el individuo de la red A que posee más contactos, la densidad de su red es tal que los recursos disponibles en la red pueden llegar al resto de miembros por otros caminos, por lo que no puede obtener ventajas competitivas. Frente a ello, B y C pueden obtener recursos valiosos (por diferentes) a través de su vínculo débil. Por su parte, D mantiene siete relaciones (cinco vínculos fuertes y dos débiles) y ocupa una posición central en una red poco densa, lo que le otorga una cierta ventaja competitiva en cuanto a acceso a recursos de la Red 2 frente al resto de los miembros de esta red. Sin embargo, su única fuente de recursos procedentes de la Red 1 son C y E; es decir, a pesar de su posición central en la Red 2, el individuo D no cuenta con una ventaja competitiva frente a C o E a la hora de acceder a recursos nuevos procedentes de la Red 1.
Por otra parte, los vínculos fuertes y las múltiples interrelaciones de la Red 1 permiten que cualquier comportamiento oportunista de alguno de sus miembros sea conocido rápidamente por el resto, algo que no ocurre con tanta facilidad en la Red 2. De este modo, el riesgo de la aparición de conductas oportunistas entre los miembros de la Red 1 será menor que entre los miembros de la Red 2 y, en sentido contrario, la confianza mutua entre los miembros de la Red 1 tenderá a ser mayor que entre los miembros de la Red 2.
Figura 1.1: Vínculos fuertes, vínculos débiles y agujeros estructurales.
Fuente: Elaboración propia basada en Granovetter (1973). B
A
Red 1
C
E
D
Red 2
2.2.3. El enfoque del capital social.
En las últimas décadas se ha ido conformando el concepto de “capital social” como elemento integrador de las dos variables más relevantes de la perspectiva social del desarrollo económico: las redes sociales y el entorno institucional. El capital social explica precisamente la incidencia sobre el desarrollo económico de las redes de relaciones que se establecen entre los actores sociales, económicos e institucionales de un territorio (North, 1990; Olson, 1982).
Aunque su origen se encuentra en disciplinas distintas de la economía, como la sociología y la ciencia política, el concepto de capital social ha sido plenamente incorporado a un número creciente de estudios sobre desarrollo económico (Hirschman, 1984; Wallis y North, 1990; Greif, 1993; Pérez, 2005; Arribas y Vila, 2010). La incorporación de las relaciones económicas en general y del concepto de capital social en particular (con este u otro nombre) al análisis económico no es casual y autores como Arriagada (2003), Vargas (2002), Pérez (2005) Dasgupta (2000, pág. 327) o Granovetter (1985 y 1995) lo incluyen dentro del neo-institucionalismo9.
A medida que el concepto tomaba forma fueron surgiendo diferencias entre los autores acerca de qué es y qué no es capital social (y, más en concreto, qué es capital social, qué es consecuencia del capital social y qué es antecedente del capital social), cuál es su unidad de análisis (el individuo, el grupo o la sociedad) y cómo se mide. Por ejemplo desde una perspectiva institucionalista el capital social puede definirse como “el conjunto de normas y valores que rigen la interacción entre las personas, las instituciones a las que están incorporadas, las redes de relaciones que se establecen entre los diferentes agentes sociales y la cohesión global de la sociedad” (Peña, 2006, pág. 92). Sin embargo, desde una perspectiva más cercana a la teoría de redes, el capital social puede considerarse como “una red de relaciones que posee una organización (o individuo), la cual le proporciona valor al permitirle el acceso a los recursos que están incrustados en la red” (Casanueva et al., 2006).
Aunque en el epígrafe siguiente apostaremos por una definición de capital social basada en las redes de relaciones, conviene anticipar los dos puntos de consenso entre las diferentes definiciones: (1) el capital social es una forma de capital y (2) posee unas características que lo diferencian de los otros tipos de capital.
9
El capital social es una forma de capital por cuanto que genera beneficios para los individuos, grupos o territorios que lo acumulan, al igual que ocurre con el capital físico, humano y financiero. Así, el Banco Mundial distingue cuatro formas básicas de capital que afectan a la competitividad de un país: el capital natural, el capital construido (físico y financiero), el capital humano y el capital social (Kliksberg, 1999).
El segundo punto de consenso entre las variadas definiciones se refiere a las características que diferencian al capital social de otros tipos de capital. En concreto, el capital social, además de ser un capital intangible (como también lo es el capital humano), reside en los grupos (no en los individuos), no se desgasta con el uso y su naturaleza multidimensional hace muy difícil su medición.
Estas características del capital social lo relacionan estrechamente con la cultura. De hecho, autores tan significativos como Fukuyama (1996) entienden que existe una retroalimentación entre ambos y otros como Nahapiet y Ghoshal (1998) y Thai y Ghoshal (1998) identifican la cultura con la dimensión
cognitiva del capital social. Esta dimensión cognitiva incluye elementos tan típicamente culturales como el sentimiento de identificación colectiva, un lenguaje común, una historia común o un sistema de códigos y representaciones compartidos por los miembros de un grupo.
Por otro lado, el capital social y la cultura tienen un elemento en común que los diferenciaría de las otras formas de capital: no se deprecian con su uso sino que se potencian, aunque, por otro lado, pueden ser fácilmente destruidos al estar constituidos por intangibles y porque son activos socialmente construidos. Es decir, sólo existen dentro de una estructura de relaciones sociales que puede cambiar o desaparecer con el tiempo (Putnam et al., 1993, pág. 177; Moser, 1998; Lin 1999b; Pérez García, 2005, pág. 20; Zak y Knack, 2001; pág. 57; Rob y Zemsky, 2002; Rodríguez Fernández, 2003, Ribeiro et al., 2005).
Por estos motivos algunos autores hablan del “enfoque del capital social y la cultura” (Moncayo, 2002; Peña, 2006), aunque lo más habitual es la denominación genérica de “enfoque del capital social”.
En cualquier caso, si bien el crecimiento de la literatura sobre el capital social ha sido rápido y significativo, aún no contamos con un marco analítico y conceptual integrado y generalmente aceptado (Sabatini, 2009; Lin 1999b), lo que ha llevado a hablar del capital social como una “amalgama inconveniente” (Vargas, 2002) o como una “metáfora” (Burt, 2000) más que como un concepto bien definido.