Nuestra Escuela Mdico Militar

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Editorial

Nuestra Escuela Médico Militar

Cor. M.C. Gaspar-Alberto Motta-Ramírez,1 M.M.C. Francisca Eloísa García-Chávez,2

Cor. M.C. Ricardo Arturo Herrera-Avilés,3 Gral. Brig. M.C. Ret. Francisco Balderrama-Ruiz4

Hospital Militar Regional de Torreón, Coahuila

1 Médico radiólogo, año de graduación 1987. 2 Coautor, médico cirujano, año de graduación 2010. 3 Médico ginecoobstetra, director del Hospital Militar

Regional de Torreón, Coahuila, año de graduación 1979. 4 Médico ginecoobstetra, año de graduación 1952.

Correspondencia: Dr. Gaspar Alberto Motta Ramírez radbody2013@yahoo.com.mx

Recibido: Enero 1, 2012 Aceptado: Enero 1, 2015

Nuestra relación con la Escuela Médico Militar es de toda la vida: personal por decidir que ésta debería ser la escuela donde estudiaríamos, siempre cercana a la gente de nuestro país, por su contacto con la realidad y su importancia para México y por ser un lugar que nos resulta entrañable. Es en esos años, en su seno, cuando nos recibe provenientes de un sinfín de sitios de nuestra república y de múltiples orígenes, donde se genera la gratitud, el orgullo y el amor incondicio-nal por ella (Figura 1).

¿Quién no recuerda ese momento en la explanada, cuan-do nombraban a cada aspirante de la lista de los ya acep-tados, que varía en su número, cuando la expectación era enorme, y observábamos cómo cada uno de los selecciona-dos al escuchar su nombre acudía corriendo a la que sería su casa por los próximos cinco años y marcar de esa manera su destino? La persona uniformada que daba lectura a los nom-bres de los aspirantes que ingresaban a la Escuela Médico Militar enfatizaba aún más la emoción indescriptible que se arremolinaba en el pecho de todos y cada uno de los que he-mos vivido ese momento. Estos hombres y mujeres jóvenes no sólo son los estudiantes de la Escuela Médico Militar, los considerados los mejores candidatos, los aventurados a alcanzar sus aspiraciones, que desean combinar la medicina con una contribución especial a la sociedad de nuestro país;

son los futuros líderes de la medicina mexicana que han sido seleccionados para un programa de excelencia, que ense-ña liderazgo y trabajo en equipo, así como conocimientos avanzados de investigación clínica y médica (Figura 2).

Para mitigar el exigente horario de estudios, los estudian-tes de la Escuela Médico Militar no deberán trabajar para ganarse la vida durante el tiempo de su instrucción. Su estan-cia está cubierta1,2 y todos los estudiantes viven en los

dor-mitorios de la Escuela, ya sea que provengan de o fuera de la ciudad. Un elemento importante del programa para estos alumnos procedentes de entornos muy diferentes es vincu-larse entre sí y con sus profesores,3 la formación del espíritu

de cuerpo2 y así alcanzar un aprendizaje in situ, que es el que

se desarrolla en los ambientes dinámicos y complejos y que condiciona el que la vida profesional de los médicos militares esté llena de acciones de aprendizaje informales, entretejidas con el ejercicio cotidiano de la clínica. La Escuela Médico Militar logró en sus inicios y a la fecha favorecer el apren-dizaje organizacional a través de una estructura basada en la creación, transferencia y aplicación del conocimiento avan-zado. Sin embargo, actualmente, aunque el compromiso es el mismo, los retos son otros.

Es justamente ese espíritu de cuerpo, del trabajo en equi-po, uno de los valores agregados a la carrera de médico

mi-The question for each of us is not what we would do if we had the means, time, influence, and educational advantages, but what we will do with the things we have.

La pregunta para cada uno de nosotros no es lo que podríamos hacer si tuviéramos los recursos, el tiempo, la influencia y las ventajas educacionales, sino que deberíamos hacer con lo que tenemos.

Hamilton WrigHt mabie

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litar condicionado por la formación integral de la Escuela Médico Militar que, además, implicará una enseñanza de liderazgo a lo largo de todos esos años para formar un jefe, un líder del ejército. Los valores del instituto armado extra-polados a la formación del médico militar condicionan la adquisición de un elevado sentido del honor, de la hones-tidad, del sacrificio y de un intenso desarrollo profesional para servir y someterse a las más duras pruebas físicas y mentales, incluidas las académicas. El médico militar en su papel de mentor, con su ejemplo, participa en la formación de la actitud moral, del sentido del deber, de responsabili-dad, en la firmeza del carácter y en los principios de moral y lealtad tan arraigados en los médicos militares.2

La unidad básica de aprendizaje es el grupo de trabajo. En cierto modo, todo aprendizaje es organizacional, porque la mente humana aislada es sólo una cuestión hipotética y es gracias a la vida social que adquirimos y enriquecemos el conocimiento.4

Desde 1993, Donabedian planteó la necesidad de estu-diar los modelos industriales de mejora de la calidad para obtener conclusiones aplicables al campo de la salud. In-dudablemente tenemos mucho que aprender de los estudios desarrollados en el campo de las empresas, que entienden al conocimiento como el principal elemento productivo. Las compañías modernas se conciben a sí mismas como or-ganizaciones que aprenden, estructuras en las que la gente amplía continuamente su capacidad de producir los resulta-dos desearesulta-dos, que incuban nuevos y más amplios patrones de pensamiento, donde las aspiraciones colectivas se esta-blecen libremente y las personas continuamente aprenden cómo aprender de manera conjunta. Por ello, se ha acuñado el término gestión del conocimiento, para significar la ar-ticulación de las redes de seres humanos con la tecnología informática, a fin de generar, propagar y utilizar el conoci-miento avanzado en el contexto de la competencia global. La gestión del conocimiento no se realiza de manera vertical y mediante un control burocrático, implica la transferencia neta de poder y capacidades para favorecer las decisiones y la autoorganización. Este proceso se denomina empode-ramiento y es la base de la participación democrática en el proceso creativo y de innovación.4

La Escuela Médico Militar debiese asumir la gestión del conocimiento en salud como una de sus funciones. La ense-ñanza en ella se basa en una educación clínica, al lado de la cama del paciente. Así seríamos más humanos porque tra-taríamos al personal de salud como el elemento creativo y, además, transferiríamos conocimientos a los pacientes para hacerlos copartícipes de las decisiones que afectan su salud.

Desde hace varias décadas, nuestros profesores clínicos observan y verifican la educación basada en competencias, logrando que las habilidades de interrogatorio y explora-ción física de nuestros graduados sean de lo mejor. Ellos,

Figura 1. Fachada del edificio de la Escuela Médico Militar.

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los maestros o los profesionales de mayor experiencia, es-timularon el espíritu “progresista” a través del intercambio de información con especialistas de otras ramas y además fueron creativos al momento de enfrentar problemas irre-sueltos, poco o mal explicados en la bibliografía. Fomentar el estudio profundo de un tema siempre resulta beneficioso, porque, de ese modo, aparecen enseguida esas “lagunas” de ignorancia que resultan en un territorio fértil para el investi-gador incipiente y para el alumno de medicina.5

El médico militar con esa flexibilidad aprendida desde sus inicios se anima a cambiar, lo que es una manifestación de la inteligencia aplicada,5 cada vez que se enfrenta a los

eventos que requieren su experiencia. Si bien su disciplina es una de sus fortalezas, lo es también su sistematización científica forjada a través de esa amalgama del alma mater.

El control de calidad es la regla en un sinnúmero de ac-tividades humanas. La Escuela Médico Militar debiese ser responsable por sus egresados. Desafortunadamente, hasta ahora, el concepto de calidad en educación médica ha sido librado a diversas interpretaciones y, por tanto, la evalua-ción adecuada y consistente de programas es difícil de reali-zar. La calidad en educación médica debe definirse y medir-se con instrumentos válidos y confiables. Un debate sobre el concepto de calidad es inevitable y conveniente, como también lo es la identificación y el ajuste de indicadores y criterios apropiados a través de la investigación. Como el concepto de calidad estriba en valores establecidos, su defi-nición en el contexto de la educación médica estará impreg-nada del mandato social asumido por la escuela. Por tanto, los indicadores no son esperables sólo en los contenidos y procesos educativos y en la disponibilidad y utilización de los recursos, sino también en la forma en que las escuelas cumplen su misión social y sanitaria.6

La Escuela posee un valor moral elevado. Es decir, so-lidaridad entre todos sus miembros, unificación de tenden-cia hatenden-cia un solo ideal, fuerza para defender sus derechos y para estimular a sus miembros cuya admirable y entusiasta dedicación de sus primeros alumnos y de sus profesores, de quienes debiésemos seguir el ejemplo y que fueron no sólo de los mejores médicos de la época sino de los que tenían pasión por enseñar, seleccionados acertadamente en esos inicios por el creador de la Escuela, el Coronel M.C. y maestro de cirugía Guadalupe Gracia García,7 de quienes

debiésemos seguir el ejemplo.

El comportamiento dentro del ejercicio de la medicina es cambiante, según la influencia personal que se le imprima a las experiencias vividas, debido a que con el paso de los años se acumulan vivencias que nacen de la vida misma y otras que nos enriquecen a través de la educación y la preparación profesional.8 Tenemos el compromiso social de llevar la salud

a toda la población, sin importar su cultura ni su estructu-ra política, es necesario identificar sus problemas de salud y

generar proyectos para su solución. No debemos perder de vista el hecho de que nuestro país se encuentra en vías de de-sarrollo, por lo que debemos cuidar la adecuada distribución de recursos, privilegiar lo ético por sobre lo jurídico y hacer honor a una tradición que ubica a la medicina en la defensa de los derechos fundamentales de los pacientes.8

El comportamiento del médico debe ser manifestación de su forma de ser y superar lo que le digan que deba ser o hacer. Su formación implica superación en lo cognoscitivo, en las destrezas, en su actitud. Son los resultados los que miden la capacidad de una persona y no sus intenciones o sus proyectos y parte de la felicidad de un médico es saberse capaz de solucionar los problemas que son motivo de su profesión. La principal obligación ética del médico ante un enfermo es tener el interés serio de solucionarle su problema de salud. Todo médico tiene limitaciones en conocimientos y en capacidad resolutiva, pero como profesionales se nos pide que seamos conscientes de ellas; nadie está obligado a ser un experto en todas las áreas o especialidades; ni es lógico pensar que así sea. Lo ético es no obligar al pacien-te a permanecer dentro del círculo de nuestras limitaciones cuando su problema nos ha rebasado.8

Debemos desarrollar mayor conciencia y una adecuada capacidad de análisis de los dilemas morales en la profe-sión, preparándonos a aceptar responsabilidades derivadas de nuestra función como médicos, en lo particular, y como miembros de un equipo. Asimismo, debemos desarrollar la capacidad de evaluar nuestro propio comportamiento. El reto es intentar ser personas comprometidas con nuestros principios y valores. La actuación ética y humanística es una obligación particular en la medicina.8

La Escuela Médico Militar condiciona por sí sola, a sus 98 años de creada y a toda la tradición de excelencia acadé-mica que la han caracterizado, el que sus aspirantes y futu-ros egresados tengan ese pleno convencimiento y vocación para ejercer la medicina médico militar (Figura 3).

La Escuela Médico Militar tiene como misión ser una escuela de nivel superior, que proporciona educación para formar médicos cirujanos militares de excelencia, a través de los principios científicos y humanísticos de la educación médica y doctrina militar, para desempeñarse en el primer nivel de atención del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos,9

y como visión, consolidarse como una institución vanguar-dista, líder en educación médica con base en valores hu-manísticos y científicos de la medicina, formando recursos humanos que brinden atención médica de calidad al perso-nal militar y derechohabiente del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos.9

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iniciando sus cursos el 15 de marzo de 1917, egresados en 97 años, hasta septiembre de 2014, 3,639 médicos militares, de los que, de los hombres, 3,069 eran nacionales y 61 ex-tranjeros y de las mujeres, 500 eran nacionales y 9 extran-jeras (Figura 4).10

Al cumplirse 98 años de su fundación, podemos compro-bar que cada día es mayor el compromiso de sus egresados y la convicción de su legado histórico al Ejército y al pueblo de México. Desde su creación, la Escuela Médico Militar ha pretendido ser útil dentro de la realidad económica, social y política de la comunidad; surgida de la Revolución Mexi-cana de 1910, formando profesionistas con sólida mística de soldados y médicos, para servir con eficacia, calidad y calidez a las Fuerzas Armadas Mexicanas, donde quiera que se les necesite. En sus aulas se han formado líderes cuya fortaleza radica en la unidad de trabajo, la disciplina acadé-mica, la organización institucional y la comunión de visión y valores. Sus herramientas de trabajo no han sido sólo las propias de la medicina, sino que, además, han ejercido con libertad la creatividad, el entusiasmo, la compasión, la inno-vación, el esmero, la dedicación y el humanismo.

Hoy podemos afirmar que los objetivos trazados en un inicio se han conseguido con creces, sin desviarse de su mi-sión de servicio. A lo largo de casi un siglo de vida, sus hijos, sus egresados, se han convertido en hombres y muje-res de bien; de trabajo y esfuerzo continuado; ejemplo para generaciones futuras; destacados investigadores nacionales e internacionales que han formado escuelas y asociaciones; pioneros en diversas ramas del área biomédica; líderes en su especialidad y maestros consagrados a la formación de las nuevas generaciones.10

En la Escuela Médico Militar encontramos quiénes éra-mos, encontramos quiénes eran nuestros amigos y quiénes no, aprendimos a esforzarnos por ese sueño que nos llevó al aprendizaje de esta profesión, fusión de arte y ciencia, y a hacerlo bien en todo momento y ante cualquier circunstan-cia, inclusive en ocasiones con o sin los recursos necesarios, cimentados en los valores de la Escuela Médico Militar: humanismo, honestidad, vocación de servicio, disciplina, salud y liderazgo. Aprendimos a ser seguros de nosotros mismos, maduramos como seres humanos, con un fuerte sentido de orgullo y disciplina.

México siempre ha demandado de sus Fuerzas Armadas y de sus médicos militares un compromiso que los ha lleva-do a afrontar situaciones críticas y difíciles.11

La vocación en medicina es como el amor: una vez alcan-zado hay que mantenerlo vivo día a día.

Los médicos militares, en el empeño de sus quehaceres, inciden en lo más preciado que tienen los seres humanos: su vida y su salud. Por tanto, convertirse en médico militar sig-nifica mucho más allá que terminar los estudios de medicina

Figura 3. Sello postal conmemorativo del cincuentenario de la creación de la Escuela Médico Militar. Colección particular: Cor. M.C. Gaspar Alberto Motta Ramírez.

Figura 4. Fila de arriba: M.M.C. Óscar Guillermo Aguirre Félix, Cap. 1ero. M.C. Edmundo Rodríguez Morales, Gral. Brig. M.C. Ret. Ernesto Jiménez y Ramón, M.M.C. Astro Azcary Peregrino Perea, Tte. Cor. M.C. Ret. Rafael Vera Valtierra, Tte. Cor. M.C. Ret. Luis Granados Aguilera, Cor. M.C. Ret. César Rodríguez y Enríquez de Rivera, M.M.C. Adolfo Carlos Gloria Carrales. En medio: M.M.C. Roberto Arroyo López. Fila de abajo: M.M.C. Rayniero Saldaña Aceves, Gral. Brig. M.C. Ret. Manuel Alejandro Ramírez Nájera, Tte. Cor. M.C. Ret. Víctor de la Cruz Carriza-les, Gral. Brig. M.C. Ret. Francisco Balderrama Ruiz, Cor. M.C. Ricardo Arturo Herrera Avilés, Tte. Cor. M.C. Ramiro Cárdenas Arias, M.M.C. Li-liana Ríos Mondragón y M.M.C. Juan Carlos Sánchez Briones.

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y los años de formación del posgrado; significa adquirir una nueva forma de vida, exquisitamente vocacional, una im-pronta que es característica de nuestra verdadera profesión, adoptando la actitud de una visión integral del paciente, fun-damentada en la firmeza de su imprescindible ética.12

Hoy día se requiere una nueva perspectiva acerca de la educación médica y debiese estar basada en sus principios básicos, elementales y en ellos el contacto profesional es-trecho de los profesores con sus alumnos para empezarlos a destacar. Es indispensable la formación de médicos ci-rujanos militares basada en los principios de la medicina científica para desempeñarse en cualquier nivel de aten-ción médica.13 En las palabras de Hipócrates: cuando se

adquiere el arte de la medicina, también se incluye el amor a la humanidad. No sólo su historial médico obtenido en la revisión clínica que se realiza en el consultorio médico o en la evaluación en el área de conflicto, el médico conser-va sus experiencias más amplias basadas en el humanismo para servir.11

Hay que pensar en la “mente-factura” en lugar de la ma-nufactura.13 Nuestro deber es proyectar a la Escuela

Médi-co Militar: pensar en una escuela ya no para nosotros, sino para los futuros médicos, para las futuras generaciones que vienen y que tendrán la facilidad de la autopista de la infor-mación electrónica a través de sus redes sociales. Invertir en este proyecto de educación para que en el futuro sea mucho mejor. Es necesario comprender el valor de una buena edu-cación médica y que una buena eduedu-cación es la que incluye la educación basada en los pilares de la educación médica planteados por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO): “Apren-der a hacer, apren“Apren-der a conocer, apren“Apren-der a convivir y apren-der a ser”.

Por ello, es indispensable que para la gestión de personal médico militar se desarrollen sistemas de evaluación que midan el desempeño y motiven el cumplimiento de las me-tas institucionales. Los líderes deben ser capaces de gestio-nar ese capital humano, con el fin de maximizarlo y desarro-llarlo en beneficio del interés de la institución y de México y ello conlleva implícitamente una distribución con base en las competencias y habilidades que permitirán alcanzar un mejor rendimiento del personal.14

El médico militar debe poseer una personalidad bien dife-renciada y al formar parte de las Fuerzas Armadas se funde con ellas en sus ideales, tendencias y convicciones teniendo simultáneamente una sólida preparación profesional en la Medicina, especialmente en los temas que son frecuentes de enfrentar en situaciones de guerra o de urgencia; incluyen-do habilidades quirúrgicas bien establecidas y manejo de la Traumatología, la Cirugía General, la Medicina Preventiva y la Medicina Interna. Los egresados de la Escuela Médico Militar son líderes con sentido humano y competitivos.

Es sabido que mucho del carácter de una persona está genéticamente determinado; pero también este carácter original puede modificarse por las condiciones del medio ambiente, especialmente en la niñez y la adolescencia. Por ese motivo, cuando un joven de 16 a 18 años ingresa a la Escuela Médico Militar y se somete a un régimen de vida dirigido por las virtudes que caracterizan al personal militar y a una exigencia estricta en el trabajo, la responsabilidad y el estudio de una profesión compleja como la Medicina permiten la formación de un carácter único en el médico militar mexicano.

La Escuela Médico Militar tiene las características que permiten esta formación mental, intelectual y moral de sus alumnos por dos condiciones básicas:

1. El estudiante vive en un internado militar sometido a las exigencias, disciplina y trabajo requeridos como cadete (soldado-alumno) soldado-cadete y simultáneamente se le exige el estudio intensivo de una profesión de compro-miso con el espíritu de servicio, basada en altos concep-tos morales, de una ética estricta e inviolable, y

2. La participación directa en la vida hospitalaria, gracias al sistema de enseñanza a la cabecera del enfermo, que obliga al estudiante a vivir y convivir la enfermedad, su-frir con sus enfermos y gozar la recuperación de su salud como si fuera en su propia familia.

La explicación del Dr. Demetrio Mayoral Pardo, año de graduación 1919, es muy expresiva: “El médico egresado de la Escuela Médico Militares un genuino elemento del insti-tuto armado, no sólo bien preparado para sus importantes misiones técnicas, médicas y militares, sino también para atender eficientemente a la población civil y cooperar con las autoridades civiles en importantes tareas de salud pú-blica que son de extraordinario alcance para conservar al capital humano, que es la principal riqueza de una nación. Por eso la Escuela Médico Militarprecisa desarrollar en los alumnos tendencias de rectitud moral, hábitos de valor, energía y espíritu de sacrificio. Cualidades todas ellas que no pueden adquirirse sino por educación lenta, progresiva en todos los instantes de la vida escolar, haciéndoles vivir la vida militar, recordándoles continuamente que son soldados y que están llamados a pensar y actuar como tales. Por eso visten con marcialidad el uniforme y desempeñan labores militares; se acostumbran a la disciplina y a la obediencia a sus superiores y se familiarizan también con el mando que debe ser enérgico, prudente y oportuno”.15

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“No sabía por cuánto tiempo venía. Estuve 35 años y ahí me retiré”. El Gral. Brig. M.C. Francisco Balderrama Ruiz, año de graduación 1952, fue director del Hospital Regional Militar de esa ciudad de junio de 1964 hasta el 15 de febrero de 1985, fecha en la que causó baja de las Fuerzas Armadas. Ese espíritu de sacrificio tiene un componente de entrega, de paciencia y de tolerancia, mismos que son importantes para superarlo todo y son los ingredientes principales para sobrellevar cualquier contratiempo (Figura 4).

Nuestra calidad radica en la suma de las característi-cas, sueños y anhelos de todos sus hijos; en su quehacer diario a veces simple, pero siempre confiable, oportuno y exacto.10 El personal médico militar debe poseer cualidades

trascendentales, como autonomía, autogestión, innovación y aprendizaje continuos en los que la calidad es tanto o más importante que la cantidad; ser capaz de conjugar praxis y conocimientos.14 También es atrevido al dar siempre lo

me-jor de sí.

Un concepto que puede definir a la medicina militar, pues capta en esencia lo que es ella, podría expresarse así:

Hacer una buena medicina en malos lugares, en ambientes difíciles. En nuestra estructura militar debemos combinar la medicina, que son los conocimientos y las habilidades ne-cesarias para ejercer este campo de la ciencia, con las cua-lidades y habicua-lidades indispensables para desarrollar el ca-rácter militar y unir ambas características para obtener una medicina operacional, de manera que en nuestras escuelas de formación logremos un producto que es el o la médico militar, un profesional que es capaz de desempeñarse con eficiencia en ambos ambientes.9

En los dormitorios, en las aulas, en los laboratorios, en las salas de hospitalización, en los quirófanos es donde esa enseñanza con formación mental, intelectual y moral inte-gra la humildad, la cortesía y el respeto que caracterizan al profesional médico militar, sin olvidar que el médico es tan sólo un instrumento de salud, no su fuente. No es conve-niente exagerar la importancia que el médico tiene en ese proceso de salud-enfermedad. Esas experiencias nos han en-señado que los pacientes quieren que el médico los salude, los escuche, les mire a los ojos, ponga su mano en el hom-bro, haga lo correcto, prescriba lo justo, los consuele, los pacientes quieren del médico …¡el encanto de su ciencia, la magia de su arte y el hechizo de su verbo!

No debemos envanecernos de ser lo que somos o por ha-ber alcanzado el grado militar que se obtiene al egresar de la Escuela Médico Militar. Nuestras mejores cualidades deben ser la humildad y la honradez, el mejor valor la justicia, la excelencia en nuestra preparación y el mismo objetivo: ser-vir a México.

Y mantener la verdadera lealtad. La verdadera lealtad es la lealtad a los ideales propios y ser sincero consigo mis-mo, es alcanzar el máximo de la lealtad, de esa lealtad que

es verdadera nobleza porque nace del corazón. La lealtad a nuestro padres o cuando menos a su memoria, por los sacri-ficios que hicieron por nosotros, debe ser principio incon-movible de todo ser humano. Pero la lealtad por los ideales, la persistente determinación por desarrollar lo mejor que uno tenga dentro de sí mismo, sin pensar en el ego, ésa es la verdadera lealtad.16

La formación de médicos militares implica no sólo la en-señanza de materias militares, sino que incluye la enen-señanza completa de médicos formados para ser integrantes de las fuerzas armadas.15 No es el título el que hace al médico, sino

el médico el que hace el título.16

Esta enseñanza completa de médicos formados para ser integrantes de las fuerzas armadas se alcanza a través de una extraordinaria tradición de entrega a la educación de los fu-turos médicos, con médicos pedagogos natos, para que con la docencia –desinteresada, apasionada y actualizada–, se capaciten todas las generaciones de médicos militares egre-sados de la Escuela Médico Militar.

Los médicos militares aseguran que su preparación ética los hace capaces de auxiliar tanto a soldados como a pre-suntos delincuentes que resulten lesionados durante enfren-tamientos que se susciten contra integrantes de organiza-ciones criminales. La institución educativa militar prepara a sus alumnos “con humanismo” y en respeto a los derechos humanos, con la ayuda de cursos en la materia.16 Es

indis-pensable luchar incansablemente para lograr que el médico militar sea escuchado por sus jefes militares: que se le tenga como un promotor de la salud del Ejército, que se le obe-dezca no por la superioridad del grado militar sino por el convencimiento, entendido que al defender el buen estado del combatiente, defiende al semejante, a la institución a que pertenece y, hoy por hoy, a su pueblo.17

El libro “Forjando una doctrina. La Escuela Médico Militar” de 1945 del Gral. Brig. M.C. Francisco R Vargas Basurto, año de graduación 1922, señala en la serie de dis-cursos ahí atesorados una devoción por una madre escuela, en la defensa que llega a ser intransigente de dicho plantel educativo. Su pretensión fue, es y será inculcar la búsqueda de un mejoramiento científico, personal y colectivo.

Es nuestro compromiso recordar las etapas dolorosas e inquietantes de la fundación y de los primeros años para quienes vinieron después, cuando el triunfo comenzaba a adivinarse; para los que posteriormente hemos abrevado en lugar seguro y quieto, cimentando el porvenir de la Escuela Médico Militar.17

Enseñar y pensar:18 las dos funciones de la Escuela

Médico Militar

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va-lores humanos y profesionales de la medicina. Por ello, la Escuela Médico Militar debe formar a los profesionales de la salud: sensibles, humanos, ciudadanos e institucionales.19

La función del médico militar no puede ser comprendida hoy aislada de la estructura actual de la sociedad y del sis-tema sanitario existente. En consecuencia, la formación del médico militar debe incluir, además de conocimientos cien-tíficos y habilidades técnicas, el desarrollo personal de una actitud muy positiva con respecto a su función social. La sociedad actual está pendiente, con atención y exigencia, no sólo de la actuación técnica y ética de los profesionales de la salud, sino de todo lo que afecta a la calidad y fiabilidad de su formación y de su educación médica continua que los mantenga competentes.19

¿Por qué elegí(mos) ser médico(s) militar(es)?

Damos pasos en una dirección sin mirar del todo hacia el final del camino. Avanzamos preocupados de un futuro inmediato (el próximo examen suele ser una de las preocu-paciones profesionales más recurrentes) y obviamos el ho-rizonte, que cada vez se acerca más a nosotros sin que nos demos cuenta.

Desde que estaba en secundaria, incluso en la preparato-ria, siempre sentí un fuerte interés y atracción por las cien-cias naturales; aunque era una pasión bastante inespecífica: me gustaba la ciencia en general. Poco a poco fui mostrando más interés por la complejidad del cuerpo humano, no sólo en sus aspectos biológicos (que sin duda me resultaban y me resultan fascinantes), sino por la potente interacción entre la complejidad de lo orgánico y la profundidad de lo más humano. Todo formando una entidad indivisible, compacta e integrada, dotando de mayor diversidad al ya emocionante equilibrio bioquímico. Todo esto me condujo a decidir que quería estudiar Medicina, a elegir en qué quería dedicar mis próximos seis años y a descartar otras muchas opciones en pos de la que más satisfacía mis inquietudes. Sin embargo, al principio sólo era un interés académico, impulsado por las ganas de saber, de conocer y de entender las razones de lo que somos. Pero pese a todo esto, todavía no era plena-mente consciente de que esa decisión implicaba algo mu-cho más importante: no sólo iba a estudiar Medicina, sino que con ello había decidido ser médico militar. Claro que es algo bastante evidente, cuando ingresé a la Escuela Médico Militar fue para ser médico militar. Es un pensamiento au-tomático, una asociación inmediata que todos hacemos sin pararnos a pensar lo que ello implica.

La Medicina me fue enamorando cada vez más, incluso las asignaturas más arduas me resultaban sumamente inte-resantes. Pero al principio sólo se reforzaba el sentimiento científico, el conocimiento teórico del funcionamiento mo-lecular, celular, tisular y orgánico del ser humano, con le-ves matices sobre la “psique”, dicho así, como una entidad

escasamente definida que flota sobre los procesos orgáni-cos distorsionando su normal desarrollo. En definitiva, iba profundizando en la ciencia, pero todavía no era capaz de imaginar lo que suponía realmente ser médico. Poco a poco, según fueron pasando los años y empezamos los servicios rotatorios por las salas del Hospital Central Militar, pude ir viendo cómo la Medicina como ciencia daba paso a la Me-dicina como profesión. La segunda fundamentada en la pri-mera, pero a la vez dotada de matices que la convertían en algo nuevo para mí. Descubrí lo que realmente le da sentido a la Medicina y otorga verdadera importancia al papel del médico militar: el paciente. Fue en tercer año cuando me di cuenta por qué había elegido esta carrera y eso se dio en la cátedra de la materia de Introducción a la Clínica con el Dr. Píndaro Martínez Elizondo, año de graduación 1949; el co-nocimiento científico adquiere sentido cuando el objetivo del mismo es solucionar los problemas de salud de las personas, y el papel de médico toma importancia cuando su labor se centra en ayudar a los que lo demandan. A diferencia de otros compañeros que tienen algún familiar médico, para mí este mundo era algo totalmente nuevo. Cuando decidí estudiar Medicina no contaba con ningún modelo a quien seguir, ni tenía nadie que me sirviera como apoyo en las dudas. Fue una decisión más individual, entre la Medicina y yo.

El interés y la curiosidad inicial por la ciencia y sus fun-damentos fueron dejando paso a la pasión y al cariño. Ca-riño hacia una profesión que trata de ayudar a los demás, de dar esperanza a quien no la tiene y ofrecer soluciones a los que han perdido lo que más se valora: la salud propia y de sus seres más queridos. La Medicina es un mundo su-mamente amplio, con un gran repertorio de posibilidades dónde poder elegir. Supongo que uno entra en Medicina porque se siente atraído, algo hace que te llame la atención por encima de otras tantas posibilidades, y una vez dentro va descubriendo su hueco, ese sitio en el que se siente más có-modo y donde realmente ve que puede ser feliz ofreciendo sus servicios (elijas lo que elijas, el objetivo de un médico siempre será ofrecer sus servicios a quien lo necesite). Bien es cierto que muchos compañeros han podido entrar en la carrera llamados por un supuesto prestigio, por la idea de un sueldo generoso o por la fuerza de la tradición familiar. En estos casos creo que hay dos opciones: o se descubre la vo-cación poco a poco a medida que vas profundizando en tus estudios, o terminas siendo un médico militar con intereses contrarios a los de la Medicina: nuestro prestigio, nuestro futuro y nuestra propia realización personal y profesional dependerán de la consideración que nos tengan nuestros pa-cientes, son ellos quienes ponen en nuestras manos su salud, y a nosotros nos toca corresponder a esa confianza con de-dicación y sinceridad.

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me motiva cada día más y lo que me insufla más ganas por llegar a ejercer como médico militar es la importante connotación humanitaria y social que ello conlleva: hacer que mis conocimientos sirvan para ayudar a los demás a vivir sanos, y con ello, quizá, facilitarles una vida un poco más feliz.

A mis 28 años de egresado, reconozco que decidí ser médico por su humanidad, por ser la aplicación más útil y comprometida que tiene la ciencia y por ser una forma de servir a México. En la Escuela Médico Militar logramos in-tegrar tres de las cosas más cercanas a nuestros corazones: educación médica, atención a la salud y el amor a nuestro país (Figura 5).

La Escuela Médico Militar también representa una opor-tunidad para los que, teniendo la aspiración de ser médicos, acuden a ella por ser su única opción, así se plasma en todos sus egresados la riqueza de nuestro pueblo.

Retos, un nuevo modelo de educación médico-militar

La medicina militar es una disciplina académica distinta, un cuerpo de conocimientos propio de las necesidades mé-dicas y de los problemas de las unidades militares, que no es lo mismo que lo que se requiere en una práctica médica normal.

Si bien se hace hincapié especialmente en la instrucción científica y técnica, el estudiante deberá fortalecerse en su formación moral, la que es indispensable en el ejercicio de la medicina. El médico militar debe aprender como premisa primordial en toda consideración que el paciente está siempre primero, que el paciente es el miembro más importante del equipo de salud y en su interacción con el paciente desde que es alumno de la Escuela Médico Militar y durante toda la vida profesional su disposición será para servir al paciente con lo mejor de su competencia. El futuro médico militar con esta visión será un factor de cambio en la calidad de la asistencia o cuidado de los que solicitan los servicios de salud.

La Escuela Médico Militar debe ser partícipe de la acción de carácter universal de organizaciones internacionales, como la Asociación Médica Mundial, la sección de Bioética de la Organización de las Naciones Unidas para la Educa-ción, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), que recomiendan la enseñanza de la ética en la medicina por su directa repercusión en lo-grar una mejor atención del paciente, porque con la ense-ñanza de ética en la práctica médica ésta mejorará.

El médico militar debe saber tratar traumatismos por ac-ciones militares, heridas causadas por armas no convencio-nales, trabajo excesivo, medicina ambiental (exposición al calor o al frío extremos, grandes alturas y ambientes subma-rinos), búsqueda y salvamento, epidemiología militar, tras-tornos psicológicos y estrés relacionado con cuestiones mi-litares, manejo de auxilios clínicos primarios y de pérdidas humanas masivas y desastres. Él o ella deben moverse con comodidad entre el campo de la medicina y las instalaciones fijas, y con confianza en las recomendaciones médicas acer-ca de la salud de un pelotón o comandante.

La Escuela Médico Militar debe incrementar la capaci-dad de los alumnos para integrar la información de la bi-bliografía científica en su práctica clínica de una manera sistematizada y efectiva a través de la medicina basada en la evidencia, amén de una lectura crítica de la bibliografía científica y alcanzar así la excelencia en la práctica clínica.

La educación médico-militar deberá apoyarse en la prác-tica del método científico para dar respuesta al sinnúmero de interrogantes con las que aún nos enfrentamos y, al aplicarla, alcanzar originalidad con la generación de conocimientos y experiencias propios, porque de no generarlos continuare-mos en el subdesarrollo y en la dependencia tecnología del extranjero.2

El fortalecimiento de las habilidades que los médicos militares necesitan para cumplir su papel docente, enseñan-do a los es tudiantes, a los pacientes y sus familias, a la co-munidad y al equipo de salud incluyéndolas en el perfil de competencias esperadas de sus egresados, insistiendo en la importancia de que estén preparados para cumplirlo porque dentro de los alcances de aprender a enseñar se inclu yen: a)

enseñar es esencial en la relación médico paciente; b) ense-ñar es una forma efectiva de aprender, y c) una proporción de los estu diantes será docente en el futuro.20

Al integrar un curriculum, éste no debe ser guiado por los esfuerzos para cubrir al máximo posible el conocimiento médico actual. Alguna información debe ser más importante que otra, especialmente para los médicos militares del fu-turo. Tenemos que ser más selectivos en lo que se le exige aprender a los estudiantes de Medicina y debemos darles más tiempo para estudiar de manera independiente. La meta debe ser enseñar los mecanismos fundamentales básicos y desarrollar en los estudiantes la habilidad de entender lo que

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ellos leen en la bibliografía médica, no necesariamente me-morizar un número enorme de hechos.21

La educación médico militar debe enseñar habilidades interpersonales, destrezas no técnicas:22 trabajo en equipo,

manejo de recursos, retroalimentación, búsqueda de apoyo con orientación sobre casos-problema, manejo del estrés y fatiga, mejorar sus destrezas de comunicación, liderazgo, destrezas en la coordinación, ser proactivo ante las necesi-dades psicológicas y físicas de los pacientes y de los dife-rentes integrantes del equipo médico;23 todo ello para

mejo-rar la seguridad de los pacientes en el ejercicio de nuestra práctica médica (Figura 4).

La educación médico militar debe mantener sus destrezas cognoscitivas: atento a las situaciones, destrezas de juicio, anticipadoras de conflictos, toma de decisiones, estrategias de adaptación, distribución de la carga de trabajo, etcétera.22

Es incuestionable que el trabajo del médico ha cambiado, no en su esencia, pero sí en su desempeño. Nos vemos en-frentados a nuevos retos, no sólo profesionales o técnicos, sino personales, emocionales, sociales; en suma: humanos.

La profesión de médico militar siempre se ha conside-rado humanista, ni de ciencias puras ni de letras, pero en la actualidad, si alguien lee el programa de formación de un médico, predominan los datos técnicos y las ciencias, destaca la preeminencia del conocimiento científico sobre la formación humanística. Este giro es inevitable dada la tecnificación acelerada de la práctica de la medicina, que en general, ha sido netamente positiva. Sin embargo, el médico militar debe contar con un humanismo integral, seguro de sus conocimientos científicos y ante la diversidad y la ad-versidad, ser mejor.

Los médicos militares recibimos una formación en la que ahora impera –como pensamiento dominante– la medicina basada en la evidencia, doctrina que en teoría debe marcar el quehacer y la toma de decisiones de todo médico que se considere científico. La variabilidad en la práctica clínica es un mal a perseguir. Todo esto puede ser necesario, aunque el trabajo del médico nunca –hasta ahora– ha estado tan re-gulado en su larga historia de lucha contra la enfermedad y el sufrimiento humano. Cuando un estudiante o un residente llegan a un hospital, su problema básico para desempeñar el trabajo de médico no es su falta de conocimientos; ahora, después de estudiar, el médico residente puede escribir 100 síndromes en un papel sin pestañear; los problemas empie-zan cuando se enfrenta con la realidad en un hospital en el que las reglas del juego distan mucho de las que le han enseñado en la Escuela Médico Militar: todo es menos hipo-crático, menos idílico, menos glamoroso, más caótico y más cercano a una gran familia mal avenida.

Nuestra impresión es que el nuevo médico militar debería recibir formación de asignaturas hasta ahora inéditas, cómo: aplicación del sentido común a la medicina, el proceso de la

enfermedad crónica y la muerte, el respeto a las decisiones de los pacientes aunque no se compartan, el tratamiento del dolor, la comunicación de malas noticias a pacientes y fami-liares, la importancia del sentido de la medida y la bioética –no sólo en su vertiente teórica sino en los casos cotidianos– y otras disciplinas agrupadas en las habilidades no técnicas o del comportamiento (comunicación, trabajo en equipo, toma de decisiones, liderazgo).

Hay que aliviar los programas de medicina de clases que enumeran datos efímeros y aprovechar el tiempo discutien-do casos clínicos, situaciones cotidianas, en educar a traba-jar en equipo y en otras actividades que hoy demandan los pacientes y nuestra institución.

La formación en habilidades no técnicas será una nece-sidad imperiosa para las nuevas generaciones que se van a enfrentar a pacientes nonagenarios con enfermedades cró-nicas, en los que lo más difícil no será diagnosticar y curar –que siempre será importante–, sino manejarse en el terreno de la calidad de vida, las expectativas de los pacientes y la sostenibilidad de los recursos.

Sólo una minoría de los médicos militares trabajarán en hospitales terciarios utilizando tecnología compleja y trata-mientos agresivos. El resto deberá saber más de relaciones humanas que de medicina y para eso no se prepara a los nuevos médicos:24 a adaptarse al cambio del papel que el

hospital representa en el sistema de salud. Por muchos años, el hospital ha sido la institución central para la educación de los profesionales de la salud, pero, debido a los profun-dos cambios en los sistemas de salud, el hospital se ha con-vertido en un lugar principalmente para enfermos graves, para realizar cirugías mayores o para ciertos procedimientos invasivos. La mayoría de los pacientes que hubieran sido hospitalizados hace 25 años están siendo tratados ahora de manera ambulatoria, y en esa consulta ambulatoria se hace la mayor parte de los diagnósticos y se encuentra la mayor parte de los problemas médicos más comunes.21,25

La educación médico militar, que se distingue por contar con ingenio, inteligencia, conocimiento, compasión y em-patía, deberá adecuar los planes de estudio a las necesidades sociales y a las políticas de salud y humanizar la profesión de los médicos militares del futuro; para ello, el Hospital Central Militar deberá ser el centro nuclear para mejorar la enseñanza de la medicina,25 debiendo incluirse a todos

los escalones del servicio para mejorar el conocimiento de nuestro entorno social. Es indispensable fortalecer esa rela-ción, tanto de la Escuela Médico Militar como de los dife-rentes escalones del servicio, evitando su divorcio.

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ahí generadas que le sirvieron para alcanzar y recorrer ese camino del ejercicio profesional de la medicina militar (Fi-gura 4).

La enseñanza de medicina preventiva se ha sido descui-dado seriamente a pesar del hecho de que la mayor parte de los avances de la ciencia en los últimos 50 años se han debi-do al desarrollo de la salud pública. El agua limpia, las ca-ñerías, las vacunas, el procesamiento de comidas han tenido gran efecto en la salud de los ciudadanos en todas las latitu-des y a lo largo de la historia de la humanidad. Sin embargo, hay problemas serios en lo que se refiere a la Medicina, la sociedad y la salud pública, que afectan la salud de manera adversa y nosotros, como médicos, necesitamos hacer re-ferencia a ellos en nuestros programas de educación. Por ejemplo: el alcohol y el abuso de sustancias ilegales conti-núan infestando a un gran número de nuestros ciudadanos y las consecuencias para la salud del uso de cigarrillos y otros usos del tabaco, amén de la incapacidad que generan los accidentes, continúan cobrando un alto precio en la salud de la comunidad.

Necesitamos enseñar a nuestros médicos militares a guiar a sus pacientes, así como mejores técnicas para tratar la adicción. Es más efectivo enseñar a nuestros médicos mili-tares cómo prevenir una infestación parasitaria que prescri-bir cualquiera de los tratamientos disponibles. La educación en nutrición es omitida frecuentemente en las escuelas de Medicina; la obesidad es uno de los mayores problemas en nuestra sociedad, debido, en parte a la falta de ejercicio re-gular, porque muchos ciudadanos pasan la mayor parte de su tiempo sentados en sus oficinas o en un sofá frente al te-levisor. Se debe enseñar a los médicos militares a no perder la esperanza con los pacientes que sufren obesidad, porque existen maneras efectivas de ayudar a los pacientes a perder peso. Por último, hay una gran necesidad de entender cómo cuidar a la población que está envejeciendo. Ellos tienen ne-cesidades especiales. Éstos, y muchos otros, son problemas que merecen el mismo tiempo y la misma atención que la enseñanza de ciencias básicas.21

Cómo estudiamos medicina en el siglo XXI

Todo está en formato digital, hay apuntes en Internet lis-tos para ser impresos, clases en presentaciones tipo power point para entender anatomía con datos y animaciones tridimensionales. En muy pocos años la enseñanza de la Medicina ha dado grandes pasos hacia esta tecnificación y eso se hace sentir en la manera de aprender que esta nueva época nos impone. Están de moda las centrales de apuntes, el abandono de la pizarra para hacer clases con Data, las informaciones y entrega de notas vía correo electrónico y la disponibilidad de información a través de Internet. Resulta particularmente inquietante la manera en que los Datas han cambiado la forma de hacer clases e incluso la arquitectura

de los auditorios que ahora necesitan tener una pantalla de proyección.

Este medio que asegura la posibilidad de traspasar in-formación audiovisual muy completa y explicativa tiene la contrapartida de aumentar considerablemente la cantidad de información que recibimos, entre tablas, estadísticas y grá-ficos, en ocasiones de manera excesiva, con lo que puede llegar a perderse el hilo conductor o la idea central de la clase y saturar a los estudiantes con datos casi indigeribles. No es de extrañar que ahora, quizá por su rareza, resulten particularmente agradables las clases de pizarrón que unos cuantos profesores siguen haciendo. Perfectamente claras en los contenidos y la discriminación, con una simpleza que hace a la materia inolvidable.

En los hospitales, ya sea privados, en el Hospital Central Militar y en los Hospitales Militares Regionales, es común observar a los internos con palm, ipad o tableta y ya algu-nos se preguntan cómo va a influir esto en la formación y desempeño como profesionales, porque su uso ha reducido la necesidad de memorizar y ha optimizado la disposición de in-formación de medicamentos o similares, pero, por otra parte, crea una notable dependencia de este tipo de objetos.

Dados estos elementos, podría aventurar algunos desa-fíos para la Escuela Médico Militar y, por ende, para la edu-cación médico militar en esta materia, y el primero de ellos está en crear la cultura necesaria dentro de la comunidad militar y médico militar para utilizar de manera satisfactoria estas nuevas tecnologías. Esto pasa por los académicos en cuanto a su dominio de los espacios virtuales y las distintas herramientas de comunicación e información y los estudian-tes por el uso que hacen de éstos.

Es necesario que se creen las condiciones para el acceso de todos los estudiantes a los medios que actualmente se uti-lizan y que son necesarios. Con esto me refiero, por ejemplo, a una adecuada cantidad de computadoras en la biblioteca y en los laboratorios, sobre todo considerando que no todos cuentan con Internet y computadora personal. También hay que asegurar que los estudiantes sepan usar las herramientas para buscar la información que necesiten, por lo que deberá incluirse en los estudios espacio en su horario para tener cursos de capacitación en manejo de datos, publicaciones y revistas electrónicas. Es necesario este tipo de formación en el uso de bibliotecas virtuales debido a que la disponibilidad de Internet ha hecho muy natural el uso de información de procedencia dudosa y ha disminuido los hábitos de lectura o consulta de libros.

Deberían hacerse extensivas a todos los ramos las inicia-tivas de entregar a los alumnos discos compactos con ma-terial complementario y otros elementos como apuntes que faciliten y mejoren el aprendizaje.26

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compasión. El interés por el bienestar del paciente y el sen-tido de responsabilidad y respeto hacia él son fundamenta-les en la actividad clínica (Figura 5). En la Escuela Médico Militar vamos por vocación, logramos una formación y con pasión practicaremos la profesión.

La relación médico-paciente

una relación de naturaleza especial, entre una confianza y una conciencia.

KJ WoJtyla (Juan Pablo ii)

Nota de agradecimiento

Deseo agradecer a todos los profesores, a mis profesores, mentores de mi quehacer médico, a mis colegas, a los alum-nos de la Escuela Médico Militar, a todos los integrantes del equipo de salud que incluye a médicos residentes, médi-cos internos, personal de enfermería, técnimédi-cos auxiliares en diagnóstico médico, personal de trabajo social y personal administrativo, por la oportunidad que me dieron de apren-der de todos ellos.

Este manuscrito se lo dedico con profundo respeto a mi

Alma mater, la Escuela Médico Militar y a mi madre la Sra. María del Refugio Ramírez Prieto. Ambas me condujeron con su ejemplo y su sabiduría a ser un mejor ser humano.

De mi madre aprendí a tener alas para volar cuando estu-ve preparado y raíces para nunca olvidar mi origen.

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Figura 2. El escudo de la Escuela Médico Militar está formado por un haz

Figura 2.

El escudo de la Escuela Médico Militar está formado por un haz p.2
Figura 1. Fachada del edificio de la Escuela Médico Militar.

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Fachada del edificio de la Escuela Médico Militar. p.2
Figura 3. Sello postal conmemorativo del cincuentenario de la creación de

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Sello postal conmemorativo del cincuentenario de la creación de p.4
Figura 4. Fila de arriba: M.M.C. Óscar Guillermo Aguirre Félix, Cap.

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Fila de arriba: M.M.C. Óscar Guillermo Aguirre Félix, Cap. p.4
Figura 5. Explanada de la Escuela Médico Militar, 1º de septiembre de

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Explanada de la Escuela Médico Militar, 1º de septiembre de p.8

Referencias

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