El rol femenino en la resistencia social: La poética como respuesta al desencantamiento del mundo

Texto completo

(1)

EL ROL FEMEN I N O EN LA RESI STEN CI A SOCI AL: LA POÉTI CA COMO RESPUESTA AL DESEN CAN TAMI EN TO DEL MUN DO

Daniel Blinder Universidad de Buenos Aires ( Argent ina) danielblinder42@hot m ail.com

Resum en

Est e t rabaj o versa en t orno a la t em át ica de la producción económ ica, polít ica y social de la m uj er m ás allá del fem inism o en sí. Busca analizar y pensar las sit uaciones concret as en la que est e act or social, invisible m uchas veces, t iene un peso polít ico im port ant e en las luchas polít icas, en la producción económ ica, y en la reproducción social.

Maldigo la poesía concebida com o un luj o cult ural por los neut rales que, lavándose las m anos se desent ienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no t om a part ido part ido hast a m ancharse. “ La poesía es un arm a cargada de fut uro” Gabriel Celaya

Com o a casa ruinosa, com o a casa ruinosa los vient os t rágicos de j unio y j ulio, así las huelgas t e rem ecen, fábrica, com o a casa ruinosa, y los com icios dem ocrát icos, las t urbas plebeyas, y su voz int eroceánica barren t us frut os lúgubres, barren t us frut os lúgubres: las pulm onías, las gonorreas, la t uberculosis, los insom nios, la m iseria, la fat iga, la congoj a, las borracheras t rágicas, las borracheras de los fracasados, el crim en, la verde envidia, Dios... t us frut os lúgubres, fábrica, t us frut os lúgubres, t us frut os lúgubres, la hipocresía crepuscular, crepuscular, el cat olicism o y la host ia oscura, la host ia oscura, la host ia oscura de la m ent ira social elevándose sobre aquella gran t um ba hedionda en donde los salarios, en donde los salarios oscilan ent re $1.50 y $2, al DI A... “ Los Gem idos” Pablo de Rokha, 1922

I nt roducción

Las pregunt as que m erodean est e t rabaj o son ¿cuáles son aquellos frut os lúgubres del sist em a capit alist a ? ¿Cuál es la hipocresía crepuscular en la Argent ina? ¿Dónde est á el suj et o de resist encia? Com o describe la t rist eza del epígrafe que encabeza est a página, el m undo fábrica, nuest ra vida at ravesada por la relación salarial –lúgubre- o no at ravesado por ella –lúgubre t am bién - abre el cam ino a la negat ividad. Una negat ividad ont ológica: decir NO al desguace que nos im ponen, ant e la necesidad de liberación.

León Felipe relat a en un poem a cóm o Don Quij ot e se encuent ra en la vent a con un albergue sucio e incóm odo, con un hom bre grosero y ladrón, con unas prost it ut as descaradas, con una com ida escasa y rancia y dice: ¡pero ést e no puede ser el m undo! Se produce ent onces la gran m et áfora poét ica y social. Hace del ladrón un caballero cort és y hospit alario, a las prost it ut as, doncellas herm osas, la vent a un albergue decoroso, y del pan negro un pan candela. Dice Don Quij ot e que el m undo no puede ser aquello, y lo t ransform a. Se afirm a sobre su propia negación. El m undo es, o puede ser –en pot encia- bello. El poet a prom et eico, se lanza para cont ar, describir, cam biar el m undo - con la gran m et áfora- cont ra los m olinos de vient o.

¿Cuál es la fábrica social, product ora de m iserables? El universo social, el Biopoder. ¿De dónde sale la resist encia? De los act ores sociales que const ruyen la gran m et áfora poét ica y social. Art e para cam biar el m undo: poiesis y praxis. La prim era, el t rabaj o, y la segunda, la acción. Que, com o refiere el t érm ino arist ot élico ( Arist ót eles, 1998) , supone art e com o t écnica, que no es su finalidad conocer por el conocer en sí m ism o ( com o ciencia t eórica) , sino el conocer para hacer.

(2)

ét ico de la denuncia, de la palabra. Siguiendo el argum ent o de Arist ót eles, la epopeya de la resist encia social, puede const it uirse en ét ica o pat ét ica. Puede ser una virt ud, o una pat ología a padecer. La epopeya necesit a de peripecias, reconocim ient os, y padecim ient os. Pero el pensam ient o y el lenguaj e deben ser necesariam ent e bellos. Mi hipót esis es que la poét ica com o conocim ient o práct ico y ét ico para la acción –poiesis y praxis- const it uyen un conj unt o de operaciones específicas que concret an en act o las m uj eres al experim ent ar la lucha cot idiana. No es una necesaria det erm inación est ruct ural com o rol específico asignado; de hecho est os roles exist en en nuest ra sociedad, en form a de m it o, de inst it ución. Pero det rás de ello hay ot ro t ipo de realidades subj et ivas. Alt husser ( Alt husser, 1988) explica que la ideología int erpela a suj et os, y est os la m at erializan en act o. Est os “ roles” com o t ales int erpelan a “ las” suj et os. Tal superest ruct ura ( ideológica, cult ural, m oral, et c.) ¿se m anifiest an en act o? No necesariam ent e exist e una sobredet erm inación. La m uj er ( ant e det erm inadas sit uaciones concret as) se da sus propias prem isas de acción: lo cual const it uye su principal acción poét ica en la lucha diaria.

Adem ás m i conj et ura est á basada en el hecho de que la m uj er com o part icipant e del int elect o general, const ruye en lo cot idiano aquellos espacios públicos por fuera del Est ado que dan vida dinám ica a la m ult it ud. Desde lo m últ iple, const ruye. Sus acciones ét icas apunt an direct am ent e al corazón de la vida, y le m arcan el rit m o, por lo que la m uj er ( desde la m ult iplicidad) es una form a m ás de la aplicación del derecho de resist encia, de com posición de m et áforas, y creadora de form as de cont rapoder.

La ( re) producción de la vida

Si de la fábrica social se despliega est e Biopoder, de ella m ism a explot a su resist encia. De acuerdo con Negri y Hardt ( Negri; Hardt , 2002) , el t rabaj o de Foucault nos perm it e reconocer el pasaj e hist órico de la sociedad disciplinaria a la sociedad de cont rol: la prim era es aquella en la cual el com ando social gira en t orno a disposit ivos que producen y regulan cost um bres y práct icas product ivas. La puest a en m archa asegurando la obediencia de las reglas y sus m ecanism os de inclusión y/ o exclusión se logra por m edio de inst it uciones disciplinarias, t ales com o la prisión, la fábrica, el asilo, la escuela, et c. Gobierna pues, est ruct urando los parám et ros y los lím it es del pensam ient o y la práct ica, sancionando lo que est é fuera de la norm a.

Hoy, la vida se ha vuelt o un obj et o de poder. Pasando de la sociedad m oderna a la posm oderna, debem os ent ender la sociedad de cont rol, com o aquella en la que los m ecanism os de com ando son m ás dem ocrát icos, inm anent es a t odo el cam po social, a t odos los suj et os. Ahora los m ecanism os de inclusión/ exclusión para gobernar est án dent ro de los suj et os sociales. Com o describe I m perio, “ el poder es ahora ej ercido por m edio de m áquinas que organizan las m ent es en sist em as de com unicaciones, redes de inform ación, y los cuerpos en sist em as de bienest ar, act ividades m onit oreadas, en las cuales se produce una alineación aut ónom a de la vida y la creat ividad” . Est os m ecanism os de disciplinam ient o que anim an las práct icas cot idianas –a diferencia de la sociedad m oderna, de disciplina - no t iene sit ios est ruct urados en inst it uciones, son m ás bien redes flexibles ( Negri; Hardt , 2002) .

Pero com o se dij o, de est a est ruct ura difusa y flexible de la sociedad de cont rol, surge la inm anencia, desde la m ult iplicidad, las resist encias. Lo m últ iple deviene en ident idades, no vaciadas de cont enido ét ico y est ét ico, sino t odo lo cont rario: se produce la ident idad de m inorías. Ést as, ponen en t ela de j uicio el im aginario social, lo cuest ionan, se posicionan en t ant o singularidad dent ro de lo m últ iple, y accionan las palancas de la resist encia, poniendo en j uego su epopeya hist órica, su m et áfora poét ica. Ellas, las m uj eres, t ienen una de las herram ient as m et afóricas.

(3)

de lo público y lo privado, asignando roles de género. Se crea el im aginario m uj er: com o m adre, com o pasividad erót ica fem enina, y com o el am or rom ánt ico. Se podría agregar que género es una definición relacional: rem it e a la relación ent re el género m asculino y fem enino com o relaciones de poder. Es, asim ism o, una const rucción hist órico social, que significa est ar at ravesado por ot ros aspect os subj et ivos t ales com o raza, edad, clase, y religión.

Est os m it o- inst it uciones legit im an el orden, la disciplina, el cont rol de lo est ablecido sobre los dos géneros, posicionando al varón en un rol de dom inio, de diferencia. Ellas, las m uj eres, resist en a las falsas m et áforas sociales inst it uidas, inst it uyent es. Resist en en prim er lugar a la fet ichización. El I nt elect o General, la producción social, nos pert enece a t odos. Pues puede ser que el Hom bre ( varón) sea la m edida del poder, pero no es la real.

Del fet ichism o a la m et áfora ( po) ét ica

Hom bre es t odo anim al racional. Baj o est a acepción se com prende t oda la especie hum ana. Sin em bargo, la división del lenguaj e no poét ico dixit : hom bres y m uj eres. La poesía verdadera em ana un hálit o de libert ad, crea un des- fet iche.

En t ant o vivim os en una sociedad de m ercado, nos encont ram os cosificados en m ercancías. Pesan sobre nosot ros las relaciones sociales, relaciones de producción capit alist as. La lógica de la est ruct ura social dixit : “ quien posea los m edios de producción que com pre el t rabaj o, la fuerza de t rabaj o, esa m ercancía preciosa y que produzca valor. Que el valor lo asignen los hom bres; las m uj eres est án por debaj o de ese valor” . La est ruct ura es rígida. Las relaciones sociales no. Todo lo sólido se le desvanece en el aire...

Siguiendo la argum ent ación de Karl Marx ( Marx, 2000) - que expone en “ El fet ichism o de la m ercancía y su secret o” - las m ercancías est án llenas de sut ilezas m et afísicas y resabios t eológicos. El m ist erio de la form a m ercancía según est e aut or, reside precisam ent e en su form a; “ proyect a ant e los Hom bres el caráct er social del t rabaj o com o si fuese un don nat ural social, com o si la relación social que m edia ent re los product ores y el t rabaj o colect ivo fuese una relación est ablecida ent re los m ism os obj et os al m argen de sus product ores” . Est e caráct er social- fet iche que se plasm a en el lenguaj e- fet iche cobra form a de inst it ución ( nat ural) ocult ando el caráct er m últ iple de la m ult iplicidad de los m uchos que quieren ser, por un lado; y por el ot ro son, en t ant o poder const it uyent e de la m ult it ud narrando desde la diversidad, const ruyendo m et áforas. Resist iendo, em belleciendo al m undo.

La inst it ución - fet iche invisibiliza ( o pret ende) lo diverso. Est os relat os- fet iche ocult an la singularidad de lo m últ iple. Se ocult an los procesos hist órico- sociales donde fueron t om ando form a ( form a fet iche) y se los coloca a la luz de lo ya dado com o discurso en ahist órico, y por ende inm ut able. Com o explica Ana María Fernández ( Fernández, 1993) , en t ant o const ruyen una realidad, que se present a com o obj et iva, organizan est os hechos, regím enes de verdad, con gran poder de sanción o enj uiciam ient o de cualquier práct ica o pensam ient o que t ransgreda la “ verdad” . Adem ás, según la aut ora, lo t ot alizador de los discursos, niega las est rat egias biopolít icas que operan de m anera diferent e según clases, o grupos de una sociedad, puest o que una sociedad que “ sacraliza” la m at ernidad, obliga t am bién com pulsivam ent e a vender su fuerza de t rabaj o y no ot orga ( el Est ado o la em presa) prot ección para sus hij os.

La cuest ión ét ica se nos aparece ant e la pared; la rigidez de las inst it uciones- fet iche ocult ará la form a hist órica en que se nos aparecen, poniendo énfasis en ciert os aspect os de la realidad, y los ot ros que no son nom brados quedan com o ocult os, inexist ent es. Todo lo que desdiga el im aginario, lo innom inado, es t ransgresión, es la ot ra ét ica, la de la lucha, la pasión, la vida t al cual es. Siguiendo el plant eo de Fernández, lo que se invisibiliza ( ocult a) es t oda cont radicción ent re lo real y el m it o.

Se crist alizan, pues, los sent idos com unes, los im aginarios que inst it ucionalizan t ant o las relaciones m at eriales com o las subj et ivas que se const it uyen en deber ser, no - m et áfora ét ica que niega las subj et ividades sociales, que son la verdadera m et áfora poét ica. El deber ser en act o const ant e, poiesis y praxis al servicio de la const rucción ( real) de la hist oria.

(4)

lenguaj e: por lo m enos la m it ad de la población son m uj eres.

Com o explica Mauricio Lazzarat o ( Lazzarat o, 1998) , la clase obrera est á en proceso de disolución en t ant o suj et o product ivo y en t ant o que suj et o subj et ivador de las luchas en el capit alism o. Las luchas de Minorías present an la caract eríst ica de ser port adoras de nuevos cont enidos en la lucha y adem ás relaciones de subj et ivación diferent es. Una m inoría no t iene m odelos a seguir com o los t ienen las m ayorías ( y con los cuales hay que t ener conform idad) . Para el aut or, las luchas de m inorías –los inm igrant es, los hom osexuales, y las m uj eres- se organizan en t orno a una doble necesidad: “ el rechazo al m odelo m ayorit ario que define la ident idad polít ica, cult ural, sexual y product iva en la sociedad capit alist a; y la necesidad de ser reconocido por est e m ism o m odelo, de nom brarse, darse una ident idad” .

La m uj er, com o suj et o port ador de una ident idad de género, t am bién es port adora de un híbrido de ident idades que la som et e, la explot a y la reproduce socialm ent e, en t ant o que sus asignaciones sociales no cualifican o m ás bien obj et ualizan su saber general, nat uralizando su condición sexual com o la prim era que se nos aparece ( condición m uj er) y la que descalifica en j erarquía. Se ent iende pues, que una m uj er puede ser m adre, piquet era, hom osexual, asam bleíst a, em pleada, cocinera, enferm a, adict a, así com o t am bién burguesa y com unist a.

Lazzarat o expone cóm o el m odelo m ayorit ario est á en crisis est ruct ural. El fordism o im plicaba la m ayoría en el t rabaj o asalariado, ciudadanía con derechos com o por ej em plo, al t rabaj o. En la sociedad act ual, t odos est án ent re una y ot ra cosa, desocupado u ocupado, ent re diferent es cult uras, diferent es ident idades sexuales y diferent es procesos de subj et ivación. En la posm odernidad el em pleo, la ciudadanía y la sexualidad m ayorit arias son t ot alizant es puest o que refieren al Est ado com o m odelo de m ayoría, negador de la subj et ividad social, reproduct or de la relación social capit alist a en su conj unt o. Est as luchas rechazan los disposit ivos est at ales de individuación y som et im ient o.

La m uj er fue siem pre relegada –en nuest ras sociedades occident ales por lo m enos- al espacio de lo privado. Est o, obviam ent e es una cuest ión ét ica, del et hos social: palabra del griego que significa cult ura, siendo ést a una const rucción social. Una const rucción que niega el espacio significat ivo de aparición en la escena pública de la m uj er. La praxis polít ica queda det erm inada en el espacio público de la polis, negando así la m et áfora poét ica diaria y const it uyent e. La m uj er queda reducida así a la act ividad cot idiana de la poiesis, de la econom ía, lo que para Arist ót eles sería de producción y reproducción de la vida, el t rabaj o cot idiano del hogar, la “ labor” para Arendt ( Arendt , 1993) . Para ella est a últ im a act ividad –efím era- carece de t odo significado biopolít ico. La sociedad es una sociedad ( valga la redundancia) de m icro- sociedades/ inst it uciones que reproducen el m undo de la vida desde lo inm anencial, desde lo pre- individual de los suj et os que en ella act úan. Según Arendt , la act ividad product ora de la vida es apolít ica, ám bit o específico de lo privado. Por esa razón se produciría una at rofia en el “ espacio de aparición” , sobre t odo en una sociedad laborant e, pero t am bién en una sociedad de product ores: por ciert o, labor dest inada a la m uj er, const rucción biopolít ica que por un lado, la niega en la polis; y por el ot ro, la relega al oikos. Lo que para Arendt es la pérdida de la individualidad e ident idad es en realidad, por el cont rario, una fuert e lucha por la reproducción de las obj et ividades ( m ant ener la salud del hogar en sus aspect os alim ent icios, de higiene, et c.) , y por el ot ro es una fuert e lucha por las subj et ividades, com o sost ener la form ación de los hij os en t odos los aspect os, y recrear la m et áfora poét ica de la Hidalguía de su com pañero.

La m uj er es la célula em brionaria de la fam ilia nuclear. Tam bién t iene su cuot a part icipat iva en lo público-educat ivo com o en la escuela. Am bas inst it uciones son fet iche, y recrean la lógica sist ém ica. Pero los sist em as sociales, t ienen un lím it e que no puede ser rebasado porque llega el conflict o. Allí es cuando la resist encia lat ent e se t ransform a en acción. Todo cuest ionam ient o organizado de las m uj eres no es inocuo, hay cam bios: llám ese vot o ciudadano o j uicios por la verdad. Algo cam bia a pesar de que puede haber un repliegue, una vuelt a al ám bit o privado y la reproducción del sist em a, pero siem pre desde un lugar m odificado.

En ciert as circunst ancias, el varón no at ina a reaccionar: el sist em a que le result a nat ural lo arrem et e, quiere dest ruirlo. Para él, se t orna incom prensible y se paraliza, se quiebra sint iendo la pérdida de su lugar. Se queda sin t rabaj o, no t rae m ás el sust ent o al hogar. Allí ent ra en escena la m uj er, no t om ando aquel lugar necesariam ent e, pero pone en act o su resist encia lat ent e, am uchándose con sus iguales, las m uj eres. La m uj er es pot encia ant e la im pot encia del fet ichism o capit alist a y m asculino cént rico. Si la labor es efím era, la m uj er no lo es, a pesar de la fragilidad de los asunt os hum anos. No se t rat a de que cont em os con la capacidad de prom et er o perdonar: es un deber ét ico urgent e.

(5)

con la lucha diaria y la poét ica det erm ina los sent idos de la belleza. Com o explica Lazzarat o, “ las luchas de las m uj eres hablan de condiciones sociales de producción de la subj et ividad y sus capacidades sem iót ico- lingüíst icas, creat ivas, relacionales, así com o los cost es de producción que ellas asum en casi exclusivam ent e com o la educación, form ación, gest ión de la vida, et c.” . En condiciones alt am ent e socializadas de la producción, adem ás de reconocer el derecho a la vida de t odos, hay que reconocer a la producción com o dependient e de la educación, de la salud, de las fuerzas psicoafect ivas de las capacidades com unicacionales y de t rabaj o.

La lucha fem enina –no necesariam ent e fem inist a - present a cualidades pot enciales inédit as en el capit alism o cont em poráneo. En prim er lugar, act úa desde la diversidad. Muj eres hay de t oda clase de géneros ( caract eríst icas personales, m odos de socialización, et c.) . La gran t ransform ación capit alist a, convirt iendo “ la aldea global” en una verdadera sociedad de m ercado, hom ogeneiza lo diverso. Las paut as cult urales im puest as por la lógica de la acum ulación y explot ación del t rabaj o aj eno pueden com prenderse ( y sent irse com o propias) en cualquier part e del m undo donde t ranscurran. En segundo lugar, het erogenizan lo universal, que es la condición fem enina. Así ot organ ident idades híbridas com plej as en las cuales declaran abolida la condición únicam ent e fem enina de la lucha. Las m uj eres brot an en la resist encia en t odos los frent es, asalt ando las t rincheras de la sociedad civil, luchando cont ra la explot ación en su t rabaj o, cort ando una rut a, sost eniendo la fam ilia para seguir reproduciendo la vida, et c. Tienen algo en com ún. Ellas, sost ienen la hidalguía universal de Don Quij ot e. ¿Acaso Dulcinea no era la inspiración de t oda m et áfora de lucha por la vida?

La m ét rica cuadrada del t iem po

La acción virt uosa es una act ividad polít ica por excelencia. Es biopolít ica en t ant o que es reproduct ora de una t ot alidad de relaciones sist em át icas coordinadas por los hom bres. Es t am bién una act ividad sin obra, con t iem pos difum inados en t odo el cam po social. Las m uj eres acaparan aquí un especial int erés. Son, en t ant o que género relegado a lo privado –fam ilia- una part e im port ant ísim a de la int elect ualidad de m asas com o poder const it uyent e. Com o explica Virno ( Virno, 2003) , “ la part it ura sui generis del t rabaj o cont em poráneo es el int elect o en t ant o que int elect o público, general int ellect , saber social global, com pet encia lingüíst ica com ún. La producción exige el virt uosism o, y por t ant o int roduce num erosos rasgos propios de la acción polít ica. ( ...) Únicam ent e porque el int elect o se ha vuelt o la principal fuerza product iva, prem isa y epicent ro de t oda poiesis” .

La m uj er en t ant o acción polít ica se hace pública en la escena cont em poránea, ya que el t rabaj o ha absorbido los rasgos esenciales de la acción polít ica. El general int ellect es t odo lo que en nuest ros t iem pos es un recurso público, son las apt it udes m ás generales, lo pre- individual de cada uno, las act it udes m ás genéricas del espírit u com o la facult ad del lenguaj e, la disposición al aprendizaj e, la capacidad de abst racción y de conexión, el acceso a la aut orreflexión, et c. ¿Quién sino la m uj er, com o ident idad relegada, const ruye desde lo pre- individual el sost én ét ico com o re- acción ant e el at aque de la t ot alidad de las relaciones del sist em a? ¿Quién sino la m uj er com o m odelo ( por supuest o no el único, dent ro de las m últ iples ident idades) de acción polít ica?

Todo fet ichism o aquí m encionado, en últ im a inst ancia, reconfigura las condiciones societ ales, genera adapt aciones, y repit e los pat rones cult urales de reproducción según una lógica de m ercancía. La m uj er –conform e al capit alism o- es t am bién una m ercancía, t al vez hast a doblem ent e preciosa: no sólo en una “ ciudadana” que vende su fuerza de t rabaj o, sino adem ás es una ciudadana que genera, organiza y cuida fut uros ciudadanos, sus hij os, la prole.

Michael Hardt explica que est os “ sist em as de pensam ient o que acercan a Marx y Freud, asocian el concept o del t rabaj o afect ivo con ideas com o el t rabaj o dent ro de la fam ilia y el cuidado de ot ros. Cada uno de est os análisis revela procesos m ediant e los que, dent ro de la act ividad laboral, producim os subj et ividades colect ivas, socialidad y que, en últ im o t érm ino, dan lugar a la sociedad en sí” ( Hardt , 1999) . Est e t ipo de labor, es t rabaj o inm at erial, y posee un caráct er alt am ent e subversivo dent ro del capit alism o act ual, y goza de un pot encial biopolít ico enorm e. El t rabaj o inm at erial que el aut or describe es aquél cuyo product o son bienes no t angibles, com o los servicios, los conocim ient os y las com unicaciones. Es la form a de producir t ípica del posfordism o, lo cual no quit a la presencia de los ot ros t ipos de t rabaj o en est e est adio del m odo de producción capit alist a.

(6)

adem ás la acción polít ica ant e la adversidad. Podem os observar en la Argent ina dist int os t ipos ej em plos: la form ación de com edores com unit arios ant e el ham bre de los hij os de t odas, la iniciat iva en los piquet es ant e la desocupación forzosa del m arido, la part icipación en las asam bleas, la ocupación fabril, et c. Com o decía Marx, aunque los burgueses saben que deben reproducir el prolet ariado m ediant e un salario que asegure su subsist encia, el obrero debe luchar t odo el t iem po cont ra la pérdida del valor de su fuerza de t rabaj o para garant izar su vida. Más allá de que el posfordism o en Argent ina haya dej ado población “ sobrant e” , las fut uras generaciones –los hij os-deben seguir subsist iendo. Com pulsiva, vit al y ét icam ent e las m uj eres t om an la iniciat iva de la epopeya.

El t rabaj o inm at erial no es caract eríst ico t an sólo de una porción de la población act iva. Es part e caract eríst ica de la inact iva. Las subj et ividades depreciadas del capit alism o por la inest abilidad m asiva del em pleo para los argent inos y las argent inas anudan el plexo societ al, a la vez que lo dest ruyen. Siguiendo est a línea de argum ent ación, est o se expresa en una escala m óvil de em pleo en donde el t iem po de t rabaj o, la duración del cont rat o, la rem uneración, dependen de la capacidad individual de producir subj et ividades en el t rabaj o, reproduciéndolas para el capit al. Ent onces se produce la m asificación del t rabaj o precario e int erm it ent e y es necesario m ant ener resist encia psicológica ant e t am aña sit uación. Por supuest o que en nuest ro país, un hecho t an significat ivo puso en act o una inm ediat a e int erm it ent e resist encia m ult it udinaria. Adapt ación, resignación, pero t am bién resist encia. Puest o que no se t rat a sólo de la dinám ica hist órica del capit alism o, sino que t am bién de alt eraciones de la vida de la m ult it ud, nos envuelve aquí direct am ent e una cuest ión ét ica. Para las m uj eres, por diversas razones, poét ica: porque es Dulcinea quien crea la Hidalguía de Don Quij ot e y no al revés.

El Est ado, lo ent iendo com o definición m ás próxim a, una derivación lógica e hist órica del capit al. Siguiendo la lógica dialéct ica explicada por Marx, la arquit ect ura del sist em a capit alist a es Mercancía, Dinero, y Capit al. El Est ado cont inúa la t ríada com o “ capit al colect ivo en idea” , reproduciendo el sist em a en su conj unt o, con su form a fet iche. Si ya no exist e la obsesión por los t iem pos m uert os sino por los t iem pos vivos, la m uj er encuadra perfect o en la fot o que se describe en est e t rabaj o: com o m adre, esposa, t rabaj adora, com o suj et o de resist encia, cont inúa la reproducción de la sociedad desde su lugar de lucha generando est os “ t iem pos vivos” en la const it ución del biopoder perm anent e. No sólo con su t rabaj o afect ivo ( m ant eniendo la hidalguía, reproduciendo las generaciones fut uras, et c.) sino t am bién, en la lucha por un subsidio universal ( planes t rabaj ar, j efes y j efas de hogar, et c.) . El Est ado, m as allá de ser una superest ruct ura polít ica, cult ural e ideológica, debe reconocer est as necesidades aprem iant es, en la lucha por est as condiciones subj et ivas y obj et ivas. En definit iva, la m uj er cont inúa con práct icas socialm ent e út iles ( t am bién para el capit al) que el Est ado com o part e int rínseca del capit al no desconoce, sim plem ent e com o form a fet iche, ocult a una t ot alidad de relaciones. Dado el caráct er público del int elect o com o fuerza product iva, es m anifest ado com o un crecim ient o hipert rófico de los aparat os adm inist rat ivos est at ales que t ornan est át ico el perfil del Est ado. Es pues, com o bosquej a Virno, una concreción aut orit aria del int elect o general.

Eslabones sanos y eslabones rot os: la pot encia liberadora de la m uj er

La m uj er, com o act or social, no sólo const ruye y enrosca sus cadenas. Tam bién las desgast a, las rom pe. Ret om ando la posición de Hardt , el “ biopoder es el poder de crear vida, es la producción de subj et ividades colect ivas, de lo social y de la sociedad en sí. Los afect os y las redes de producción de afect os com o principal obj et o de análisis nos revela est os procesos com o procesos de const it ución social” ( Hardt , 1999) . La part icipación fem enina del biopoder es prom et edora, Prom et eica. Paolo Virno señala que la piedra angular de la acción polít ica consist e en desarrollar el general int ellect por fuera del t rabaj o. Lo alent ador y prom et eico del t rabaj o de Virno y del rol social de la m uj er ( het erónom o socialm ent e, y aut ónom o por la fuerza de las circunst ancias) , acusa al fut uro de buen porvenir, en una t area cargada de fut uro.

En prim er lugar, el int elect o público se afirm a com o una esfera aut ónom a del Est ado y del Trabaj o. La subversión com o declara Virno es la const it ución de esferas públicas no est at ales, una com unidad polít ica que t enga com o propio gozne al int elect o general. “ Los rasgos dist int ivos de la experiencia posfordist a ( virt uosism o servil, valorización de la facult ad del lenguaj e, relación inevit able con la presencia del ot ro, et c.) post ulan, com o cont rapaso conflict ivo, una form a radicalm ent e nueva de dem ocracia” ( Virno, 2003) . En conform idad con est e aut or, decim os que el Éxodo –una sust racción em prendedora- es una defección de m asas fuera del Est ado, alianza ent re el general int ellect y la acción polít ica, el t ránsit o hacia una verdadera esfera pública de int elect o.

(7)

vez m ás hist óricam ent e difum inado en m ult it ud. Tom ando una elucidación de Baruch Spinoza, el derecho nat ural e inst it ución de la nat uraleza son las leyes de la nat uraleza individual, según las cuales concebim os a cada individuo det erm inado nat uralm ent e a exist ir y a obrar de un m odo dado. Así, en aquiescencia con Spinoza, el derecho nat ural se det erm ina por el poder de cada uno. Cuando se le cede a ot ro su poder, se est á cediendo el propio derecho, y est e soberano conservará su poder m ient ras t enga el poder de ej ecut ar la volunt ad de los cedent es. De ot ro m odo la aut oridad será precaria, y los m uchos m ás fuert es que el soberano no prest arán obediencia. El pact o com ún debe hacerse sin violar el derecho nat ural. Com o expone est e filósofo, “ La sociedad en que dom ina est e derecho se llam a dem ocracia, la cual puede definirse: «Asam blea general que posee com unalm ent e su derecho soberano sobre t odo lo que cae en la esfera de su poder»” .

El derecho de la exist encia, cuando no se ej erce m ás desde el Est ado, recae direct am ent e sobre los hom bres. Com o no se respet a el derecho nat ural, se ha quebrado el pact o social que lo sost enía y la m ult it ud t om a en sus m anos el poder const it uyent e en asam blea general, brot a la aut onom ía. Se produce el éxodo, la conform ación de una nueva cosa pública, dent ro de las diferent es sit uaciones, de lo m últ iple. La form ación de est a República se desprende de lo est at al. Pero no necesariam ent e desert a, sino que lo ut iliza en la lucha cot idiana por la subsist encia. El Est ado debe ceder, porque el capit al t iene que seguir acum ulando.

Siguiendo a Virno, la desobediencia civil represent a la form a fundam ent al de acción polít ica. Ést a pone en cuest ión la propia capacidad de m ando est at al. La obligación de obediencia es la causa y el efect o de la exist encia del Est ado. La acción polít ica dent ro de est a esfera apunt a a la obediencia pret érit a. Pero puest o que el derecho nat ural es derecho a exist ir, a la libert ad, y no a la aut oconservación y seguridad, brot an aquellos hálit os libert arios. Bríos m ult it udinarios resalt an la capacidad const it uyent e de la m uj er. Su reacción se debe a una necesidad visceral, vit al. La línea de fuga int em perant e opone un conocim ient o int elect ual y nuevas práct icas a la norm a ét ica y polít ica, difíciles de absorber por el Est ado, dada su rigidez.

“ La m ult it ud obst ruye los m ecanism os de represent ación polít ica. Se expresan com o m inorías act ivas” ( Virno, 2003) . No aspiran, sin em bargo, a ser m ayoría. Las organizaciones fem eninas son por lo general horizont ales y en redes, su fuerza es cent rífuga. Est as ligas o soviet , son un caso paradigm át ico de la unión ent re el general int ellect y la república, creando una com binación de saberes, de propensiones ét icas, de t écnicas, de deseos.

Algunos ej em plos poét icos, no t eóricos

Las m uj eres de las fábricas t om adas y recuperadas, la Liga de Muj eres Agrarias, las m uj eres encargadas de m erenderos barriales y las piquet eras son claros ej em plos de est a sit uación.

En la fábrica Brukm an, las 45 m uj eres obreras pasaron de la esperanza en que el dueño volviera, al reclam o de la est at ización de la em presa para ponerla a funcionar baj o cont rol obrero con un plan de producción de acuerdo con las necesidades poblacionales. Celia Mart ínez pert enece a la com isión int erna de la fábrica. Luego de cum plir su horario de t rabaj o, sigue produciendo valor . Celia part icipa de las asam bleas con sus com pañeras y com pañeros de t rabaj o, de m ovilizaciones, reuniones vecinales, con t rabaj adores, con est udiant es.

La vida de Celia, ant es de ingresar com o cost urera en Brukm an, no difería de la de m iles de m uj eres de fam ilias obreras que en la Argent ina de ot ros t iem pos se sost enían con el salario de los varones y las habilidades de sus esposas para el m anej o de la econom ía hogareña. Ella lim piaba la casa, cocinaba, lavaba la ropa, hacía t am bién la ropa para los chicos con su m áquina de coser, cuidaba sus hij os, y at endía a su m arido. Dice ella: “ Yo en ot ro t iem po no t rabaj aba en nada. Sí, t rabaj aba cuidando a los chicos, eran cuat ro y t odos m uy seguidit os. Se llevan un año y dos años. Así que t rabaj é un m ont ón, pero de m am á” . Ahora, con la t om a de la fábrica, ya no t iene el m ism o t iem po para dedicar a su casa.

(8)

Las m uj eres del MML se oponen al rem at e de los cam pos. El MML - Movim ient o de Muj eres Agropecuarias en Lucha de la Argent ina- est á const it uido por esposas de "chacareros" que en casos de viudez o por delegación fam iliar son t am bién las responsables de la producción agropecuaria. La caract eríst ica principal de est a agrupación consist e en organizar y gest ionar grupos fem eninos de resist encia que act úan enfrent ando las consecuencias de una polít ica rural que perm it e, en est a región, que las deudas cont raídas con los bancos de crédit o, pongan en peligro la posesión de las t ierras. La act it ud de est e m ovim ient o pone de m anifiest o el éxit o de las acciones em prendidas por un grupo de m uj eres que opt aron por un m odelo de producción y calidad rural. “Yo creo que en el fondo los hom bres son m ás t ím idos... las m uj eres est am os un poco escudadas, yo vengo acá a hablar y la policía no m e va a pegar. A lo m ej or el hom bre t iene m iedo, t iene m iedo de t ener problem as. Tam bién t iene m iedo al ridículo ( ...) Los hom bres est aban resignados, com o quien dice, no sabían qué hacer. ( ...) Los hom bres siem pre han est ado en la lucha, pero les cuest a reconocer lo que pasa, en ciert a m anera sient en que han fracasado. Diría que se sient en culpables porque siem pre el hom bre m ant uvo la fam ilia y en est os m om ent os ven que no pueden seguir" . Est as m uj eres luchan por la suspensión de los em bargos y los rem at es, y ot ra serie de cuest iones de urgent e solución est at al. El perfil de ellas es sim ilar al de ot ras part icipaciones fem eninas en barrios y colonias de poblaciones lat inoam ericanas.

El m erendero de la calle Yerbal en Boulogne, funciona hace cinco años. Com ienza por iniciat iva de un grupo de m adres del barrio, siendo capit alizado por un polít ico de la zona, usándolo client elíst icam ent e. Aquel polít ico ot orgó un local, y vinculó el com edor al Minist erio de Acción Social para el sum inist ro de alim ent os. En los últ im os t iem pos el polít ico se desint eresó y abandonó el padrinazgo, y el m erendero siguió creciendo en cant idad de niños y necesidades. Las m uj eres se negaron a abandonar a su suert e est a fuent e de nut rición de los niños, buscaron y consiguieron donaciones, organizándose. Sin respuest a a nivel nacional, con respuest a parcial en el ám bit o m unicipal ( con un polít ico de ot ro color part idario) y vinculándose a una incipient e red de m uj eres a t ravés de las cuales siguen consiguiendo los alim ent os.

Podem os seguir con las m uj eres piquet eras, que vigilan el piquet e, cocinan y m ant ienen la m oral del cort e de rut a. Y así, al infinit o. Obviam ent e, excede nuest ro t rabaj o seguir en det alles.

Est as ej em plificaciones t ienen com o obj et ivo, sim plem ent e, m ost rar de m odo didáct ico y em pírico la acción polít ica fem enina y t odo lo desarrollado en est e t rabaj o. Sin lugar a dudas, las m uj eres represent an un pot encial de acción cuando se t rat a del derecho nat ural a exist ir. Son un ej em plo de cuánt o hay de fet ichism o en el Est ado, en las form as de vida, et c. Y son una dem ost ración épica, m et afórica, y prom et eica. ¿Con qué nos vam os a quedar ? ¿Con Pandora liberando de la caj a t odos los m ales sobre la t ierra? ¿O con Prom et eo redim iéndonos?

Reflexiones finales, pero abiert as a...

I nvirt iendo el concept o paradoj al de Vincent “ subordinación act iva” en el cual refiere a la sim biosis ent re el hom bre y las fuerzas product ivas del posfordism o, se puede afirm ar t am bién que en est os m ovim ient os fem eninos encont ram os una insubordinación act iva, que pret ende una acción insubordinada ant e el lím it e de la necesidad. Est as m inorías act ivas, no t ienen m odelo universal y no aspiran a lograr hegem onía ( com o sí lo hacen las m ayorías) . Separan su acción de la esfera est at al y a su vez negocian con el Est ado por su reconocim ient o com o t ales, ya sea en t érm inos de ident idad, com o de necesidad. Adem ás, se da un proceso de insubordinación inact iva, es decir por inact ividad de t ipo salarial ( desem pleo) , inact ividad del Est ado, e inact ividad social ( inam ovilidad de las rígidas const rucciones sociales, los im aginarios) .

La lucha de las m uj eres se inscribe dent ro del m arco del capit alism o posm oderno. Part icipan del m ercado, la producción de valor, de la regulación de la vida m ism a. Ant e t ant a “ supuest a” sobredet erm inación est ruct ural, la m uj er, la m ult it ud, debe y t om a part ido por una det erm inación poét ica que est ablecen los procesos inst it uyent es y m et afóricos del cont rapoder. Sobredet erm inación que no puede cont ra el derecho a la exist encia. Det erm inación, porque es necesario. Com o la poesía m ism a, una t area cargada de fut uro...

Son palabras que t odos repet im os sint iendo com o nuest ras, y vuelan. Son m ás que lo m ent ado.

(9)

Bibliografía

Alt husser, Louis: La filosofía com o arm a de la revolución, Cuadernos de pasado y present e, Méj ico, 1998. Arendt , Ana. La condición hum ana. Barcelona, Paidós, 1993.

Arist ót eles: Poét ica, Mont e Ávila, Caracas, 1998.

Cast oriadis, C., Los dom inios del hom bre: las encrucij adas del laberint o, Gedisa, Barcelona, 1988.

Fernández, Ana María: La m uj er de la ilusión. Pact os y cont rat os ent re hom bres y m uj eres, Paidós, Buenos Aires, 1993.

Hardt , Michael: Trabaj o afect ivo, 1999.

ht t p: / / aleph- art s.org/ io_lavoro/ t ext os/ io_lavoro_hardt .ht m l ( Cit ado el 20/ 12/ 2007) . Hardt , Michael y Negri, Ant onio: I m perio, Paidós, Buenos Aires, 2002.

Lazzarat o, Mauricio: Luchas de m inorías y polít ica del deseo, 1998. Marx, Carlos: El Capit al, Fondo de Cult ura Económ ica, Méj ico, 2000.

Figure

Actualización...