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Buenos Aires Salud 2003 Ghitia y otros pdf

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“BUENOS AIRES SALUD 2003”, UNA EXPERIENCIA INNOVADORA

DE COMUNICACIÓN EN SALUD

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Adriana Ghitia, Patricia Diez, Andrea Jait y Karina Oliva

Introducción

Diversos documentos de la Organizaciones Mundial y Panamericana de la Salud, entre otros, plantean que la comunicación en salud busca constituirse en un proceso de carácter social que posibilite el reconocimiento, el encuentro y el diálogo de diversos saberes, y contribuya a consolidar la articulación entre los diferentes sectores sociales en torno a la salud para generar procesos de cambio que mejoren las condiciones de bienestar de la población.

En ese sentido, se realizaron en julio de 2003 y agosto de 2005 en la Ciudad de Buenos Aires, las exposiciones “Buenos Aires Salud 2003” y “Buenos Aires Salud 2005” organizadas por la Secretaría de Salud. Por primera vez el sistema de salud, los usuarios, distintas áreas de gestión del Gobierno de la Ciudad, organizaciones sociales, instituciones académicas, entidades gremiales, asociaciones científicas y el sector privado confluyeron en un mismo espacio físico intercambiando experiencias, saberes, ofertas de servicios, inquietudes, propuestas. Es decir todos los actores que integran el campo de la salud estuvieron presentes desde una concepción integral que, enfocada desde distintos ángulos, vinculó al Estado con la Sociedad privilegiando la interacción permanente y creativa.

La salud fue abordada como un proceso bio-psico-social, una construcción social entre todos los actores, vida, cuidado de la vida, derecho social. Pluralidad de voces y modalidades de expresión. Se habló de ella con múltiples lenguajes: desde la radio, los stands, las charlas, los talleres, la muestra histórica, las obras de teatro, los espectáculos musicales, la folletería, los videos, las teatralizaciones, el color de la salud, la alegría; la salud y la recuperación de su historia en la Ciudad, de la memoria, de la identidad; salud y cultura, técnicas culturales para comunicar mejor, para promover conductas saludables.

Salud y Estado

Partimos por comprender la salud como un derecho humano básico e imprescindible para el bienestar y el desarrollo social. Es un proceso colectivo que abarca múltiples dimensiones que se extienden más allá del tratamiento de la enfermedad, y comprende aspectos económicos, históricos, sociales y culturales de los diversos grupos humanos.

1 Este trabajo refiere a una experiencia de gestión de la comunicación en salud, llevada a cabo en

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Tradicionalmente la salud fue definida como la ausencia de enfermedad. Esta concepción responde a un patrón biomédico de pensamiento centrado en el saber científico y el tratamiento de la enfermedad desde la evidencia clínica. Este modelo médico hegemónico predominó en el desarrollo de los sistemas sanitarios de nuestro país, centrado en el individuo como sujeto desvinculado de su contexto social e histórico. Esta visión biológica entiende la enfermedad como la ruptura o la desviación de los parámetros considerados “normales”. En tal sentido, la práctica médica está orientada a la eliminación del síntoma y sus procedimientos condicionan una forma habitual de relación con el paciente, donde se privilegia el saber médico y se desacreditan los conocimientos de la persona asistida.

Si bien no pretendemos extendernos en este tema, su mera introducción nos sirve para entender cuál fue la historia de la estructura organizacional de las instituciones sanitarias. Su orden departamental y las jerarquías implícitas responden a una necesidad contingente que revela todo un sistema de condiciones sociales que han asumido una forma particular y no otra. Nos esclarece sobre el principio de las transformaciones ulteriores que se dieron a partir de los años sesenta cuando las relaciones de fuerza que determinaron este “campo” social (Bourdieu 1987) dieron paso a una serie de cambios. Así es como la Medicina Social, por ejemplo, introduce nuevos planteos acerca de las desigualdades y las diferencias en el proceso salud enfermedad asociados a las distintas formas de reproducción social. El modelo médico hegemónico, criticado por sus contradicciones, va siendo superado por estilos más democráticos o participativos basados en una concepción integral del hombre y la salud. Sin embargo, aún persisten en las instituciones sanitarias estructuras organizativas, estilos y prácticas heredadas de aquella línea de pensamiento que fundó las bases de nuestro sistema sanitario.

Más allá de que el paradigma vigente de intervención en las organizaciones estatales es el sistémico, que por cierto resulta insuficiente para dar cuenta de la complejidad de los procesos que ocurren en las mismas, en las organizaciones sanitarias, aún hoy, predomina el modelo taylorista. Autores como Sousa Campos (2001) y Róvere (2006) hacen referencia específica a esta situación, que se observa fundamentalmente en los hospitales. Sin embargo, también se observa la presencia de “archipiélagos”,2 diseminados y desarticulados en los

sistemas de salud que funcionan con una lógica distinta, y la existencia de estructuras horizontales y de redes en el primer nivel de atención y en programas implementados por gestiones democratizantes en los sistemas de salud locales –salud mental, procreación responsable y salud reproductiva, entre otros–.

Esto ocurre en el contexto de un Estado –caracterizado por una autonomía relativa (Oszlak 1984; Fox 1994)– en el cual conviven múltiples actores con intereses en tensión, pero que también pueden confluir en prácticas que construyen otro modo de relación entre sí y a su vez con la Sociedad Civil, cuestionando el orden vigente e instituido. Estas experiencias han sobrevivido

2 Según Mario Róvere (2002: 5) se trata de la alternativa organizacional a las pirámides. Cuando el

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administraciones y decisores políticos con intereses contrapuestos y han salido a la luz, durante gestiones más afines que le otorgaron viabilidad política, organizativa e institucionalidad.

Hoy, en un contexto de cuestionamiento a las políticas neoliberales de los años noventa, estas experiencias encuentran un terreno más favorable para crecer y profundizarse. Obviamente, esto constituye una condición necesaria, más no suficiente, si tomamos en cuenta que treinta años de políticas neoliberales y de mercado han dejado una fuerte impronta en las prácticas sociales y las organizaciones tanto del Estado, como de la Sociedad Civil. Aparece como una necesidad impulsar el trabajo en lo micro e implementar proyectos instituyentes.

Para ello, hay que inmiscuirse en los procesos microsociales, micropolíticos, en la vida cotidiana de los trabajadores de la salud, en la trama de relaciones de poder-saber, apuntando a generar estructuras en red. Redes que busquen reparar la fragmentación posmoderna, reconstruir y reconstituir un “sujeto sujetado”3, desplazando las estructuras tayloristas y sistémicas de organización.

Redes que funcionen como un dispositivo contracultural, que autonomice y empodere a los sujetos; que sostengan la diversidad de un mundo simbólico organizado según la lógica de las diferencias. Por otra parte, toda política de salud tiene implícita una concepción particular de la misma y consecuentemente, una modalidad de abordaje y de intervención en dicho campo. Esta dimensión política de la salud nos lleva a analizar el rol fundamental que tiene el Estado para la movilización de sus recursos.

La organización de “Buenos Aires Salud 2003” fue reveladora pues expresa la fuerza del Estado para poder realizar este tipo de convocatoria. Ningún otro puede hacer confluir en un mismo escenario a diferentes actores sociales al asumir su responsabilidad de impulsar la integración de una sociedad cada vez más diferenciada, así como también puede generar la posibilidad de encuentro con la sociedad mostrándole los recursos que tiene en forma creativa e inédita.

Vale consignar que una política social es definida como una toma de posición que intenta alguna forma de resolución. Precisando más los términos, “la política estatal” es un conjunto de acciones y omisiones que manifiestan una determinada modalidad de intervención del Estado en relación a una cuestión que concita la atención, interés o movilización de otros actores en la sociedad civil (Oszlak y O`Donnell, 1976). En el caso que nos ocupa es la salud pública la que concita la movilización y es la Secretaría de Salud la que definió un modo de intervención.

Nuestro trabajo estuvo acotado a una experiencia particular de gestión, no obstante no podemos prescindir en nuestro análisis de un mayor nivel de contexto que nos permita, primero inferir la posición que adopta el Estado en un momento histórico y una circunstancia determinada; y en segundo lugar, interpretar los conflictos y los enfrentamientos presentes en el sistema. Por ello, resulta ejemplar conocer el marco jurídico reciente que tiene la Ciudad de

3 Uno de los tres tipos de luchas sociales, según Foucault (1986), contra la sujeción, las diversas

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Buenos Aires en materia de salud (Ley 153/19994 Básica de Salud) pues

contempla el derecho a la salud integral para todas las personas sin excepción alguna, sean o no residentes en la Ciudad de Buenos Aires. Se establece además el principio de gratuidad y cobertura universal basado en la participación y la accesibilidad al sistema público.

Para ello, dispone de uno de los sistemas de salud pública más importantes del continente, conocido por su alta capacidad técnica y profesional. El sistema de salud de la ciudad está compuesto por una variada oferta de atención primaria y organiza el acceso a una mayor complejidad a través de sus treinta y tres hospitales (agudos y especializados), además de tener a su cargo la atención de urgencia en una ciudad tan extensa y cosmopolita. Esta enorme capacidad instalada no se condice con la cantidad de población que habita en la ciudad, el sistema está absolutamente sobredimensionado por la concentración de recursos económicos, culturales y políticos que determinaron que históricamente sea la ciudad de Buenos Aires la que más servicios de salud posea. No obstante, este sistema público brinda respuesta a otros niveles jurisdiccionales pues no restringe la accesibilidad por el ámbito de residencia. Cabe consignar que las sucesivas crisis económicas agravaron aún más los niveles de demanda sobre el sector público, por diversos factores tales como el empobrecimiento de la sociedad, la pérdida de cobertura de la seguridad social o el deterioro sufrido por las economías provinciales.

Si bien muy suscintamente expresado, este es el escenario desde el cual el Estado debe conducir, administrar y articular de modo coherente los recursos que posee para alcanzar sus fines públicos. Es la Secretaría de Salud entonces la que tuvo en sus manos la capacidad de gestionar un proyecto político. Ello remite a cuestiones no menos importantes sobre los factores que facilitan u obstaculizan los cambios, es decir, qué tipo de conflictos y enfrentamientos deben ser superados. La toma de posición por acción u omisión por parte del Estado suele ser un factor de decisiva importancia para que otros adopten o redefinan sus posiciones sobre la misma cuestión. Pero no debemos olvidar que las políticas estatales también generan procesos internos al Estado mismo con amplias repercusiones en sus estructuras horizontales y verticales. Para interpretar los conflictos es necesario delimitar alguna acción específica porque el Estado necesariamente ejecuta sus acciones a través de un aparato institucional cuya configuración y asignación de recursos le confieren una identidad. Es allí precisamente donde puede advertirse el enfrentamiento porque las unidades de gestión gozan de cierto grado de autonomía y son capaces de influir en diversas instancias del proceso. Oszlak y O´Donell advierten que el conflicto no es inherente a la toma de posición del Estado sino producto del enfrentamiento de alguna de sus unidades obedeciendo más bien a intereses organizacionales y clientelísticos contradictorios. Por lo tanto, cada unidad está dotada de atribuciones formales que le permiten redefinir la política inicial y cambiar la toma de posición del Estado. Cada aspecto es un punto de acceso para los actores sociales y señala otras tantas áreas de posible interpretación entre el Estado y la sociedad.

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En tal sentido, resulta por lo menos difícil llevar adelante una gestión de cambio que intente operar justamente en las transformaciones con la sociedad y articular otros mecanismos de contacto, mejorar la calidad, aumentar la participación, habilitar otras voces. Es un proceso a largo plazo que merece una cuidada planificación para poder influir en la estructura y las unidades del sistema. Por otra parte debemos reconocer el grado de autonomía y organización adquirida por la sociedad civil para hacer oír su voz. Pero el mismo movimiento social determina un mayor grado de fragmentación social que no hace sencillo alcanzar consenso y acuerdos. Estas consideraciones nos llevan a, por lo menos, mencionar la dificultad creciente que tiene el Estado para asumir el grado de diversidad, más aún si tomamos como contexto fenómenos como la globalización. Tal como señala Habermas (1998): “Inclusión no significa incorporación en lo propio y exclusión de lo ajeno. La inclusión del otro indica que los límites de la comunidad están abiertos para todos, y precisamente también para aquellos que son extraños para los otros y quieren continuar siendo extraños”.

Esto último guarda relación con una percepción particular de la ciudadanía. La posición jurídica de ciudadano sólo puede ser reconocida recíprocamente mediante una red de relaciones igualitarias. No obstante, estas relaciones de reconocimiento jurídico no se reproducen por sí mismas, será necesaria una práctica ciudadana activa. Es decir que comprende la ciudadanía no sólo como ejercicio del derecho propio individual sino que por encima de la pluralidad de distintas formas de entender la salud exige la socialización de todos los ciudadanos en una práctica intersubjetiva. Es allí precisamente donde el área de comunicación institucional encuentra su especificidad.

Los modelos de gestión impulsados por la “Medicina social” y la “Salud colectiva” en Brasil otorgaron centralidad a los sujetos que conforman las organizaciones y que constituyen el cotidiano de las instituciones de salud. El pasaje de objeto a sujeto, la constitución de los recursos humanos en sujetos son procesos que implicarán la construcción de una nueva intersubjetividad y la producción de “actos cuidadores” (Mehry 2001) como fin de los actos de salud. Este pasaje considerará a los establecimientos de salud como lugares de tensión, resistencia, relaciones y juegos de poder entre sujetos concretos atravesados por relaciones de poder-saber. La relación histórica y hegemónica de poder-saber estuvo sustentada en la figura del médico, que hoy está siendo desplazada5 y que

podría ser reemplazada por la del trabajador de la salud. El acento puesto en la constitución de sujetos deberá incluir, en tanto relacional, al ciudadano que mira y es mirado por el trabajador de la salud, que a su vez mira y es mirado por el ciudadano. En síntesis, nombrar al destinatario de las acciones de salud, construirlo como ciudadano, expresan la transición de la relación médico-paciente tradicional a la de trabajador de la salud/ciudadano.

5 Entre las causas figuran: la irrupción de un usuario/ciudadano proveniente de los sectores medios

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Comunicación, Salud y Estado

En el sector público el desarrollo de experiencias de comunicación resulta notablemente escaso, a diferencia de las empresas privadas que incorporaron intervenciones en dicha área desde hace varias décadas. En estas instituciones, la comunicación comenzó centrándose en la publicidad de productos. Luego el trabajo se fue ampliando a acciones de comunicación institucional, mecenazgo cultural y campañas de bien público. El motivo que orienta dichas acciones obedece a la necesidad que tienen las empresas de diferenciar sus marcas, construir una identidad corporativa distintiva, en un escenario hipercompetitivo. En la actualidad no resulta suficiente ofrecer productos de calidad o difundir la eficiencia de sus modos de trabajo, sino comunicar la identidad y en lo posible distinguirse por valores como la ética, la defensa del medioambiente, la sensibilidad hacia los que menos tienen. Ahora bien, ¿por qué en las instituciones públicas no se han dado motivaciones que impulsaran la incorporación de la comunicación como herramienta clave de gestión?

A diferencia de las instituciones privadas, las públicas no tienen la necesidad de seducir a sus clientes ya que éstos son cautivos. Además, en los últimos años la retirada del Estado de muchas funciones pareciera haber reducido las expectativas de los ciudadanos, cuyas demandas –salvo espasmódicos reclamos– fueron acomodándose a estos estados mínimos. En el mejor de los casos, en el ámbito público el trabajo de comunicación se ha visto restringido a la conformación de equipos de prensa dedicados a la difusión de acciones y actividades vinculadas, en muchos casos, al desempeño de los funcionarios.

Como profesionales creemos que en las organizaciones actuales cada vez más la función de la comunicación debe ser objeto de planificaciones y gestiones estratégicas. Esto implica el reconocimiento de la importancia de esta dimensión de las relaciones sociales en las organizaciones, que las atraviesa y las constituye en el plano simbólico, tanto en sus vínculos internos, como con otras instituciones del mundo social. Se busca entonces que la entidad proyecte tanto interna como externamente una imagen positiva, coherente, que además de muchos otros requisitos, exige un tratamiento integral. Si se pretende instalar una cultura comunicacional participativa y poner en marcha determinadas estrategias que posibiliten conformar dicha cultura, es necesario contar con un proceso comunicacional adecuado que identifique los objetivos, las líneas de acción y los destinatarios dentro de un plan global. Esto no alude simplemente a la producción de abundante información o la diversidad de soportes informativos sino a la creación de un verdadero proceso interactivo, una comunicación coherente acorde a los objetivos de la política y de gestión de la organización.

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como la gestión iniciada en noviembre de 2001 se propuso poner en práctica otro modelo comunicacional, que consiste en el tratamiento global de la comunicación y toma en cuenta a los actores, canales y dimensiones a partir de los cuales se articula un discurso institucional homogéneo que considera a los destinatarios y la diversidad y especificidad de las áreas de la red sanitaria. Sin duda, el campo de la comunicación para la salud es sumamente vasto e incluye campañas masivas, talleres de educación para la salud, producción de materiales, periodismo científico, teatro interactivo, etc.

Cabe aclarar que la comunicación siempre expresa una determinada concepción del proceso salud/ enfermedad/ atención. A lo largo de la historia se dieron diferentes concepciones de dicho proceso. Uno de los más importantes fue el enfoque efectista, individualista y biomédico, centrado en lo curativo. Consecuentemente la comunicación en salud se definía como la transmisión de mensajes culpabilizadores, centrados en la autorresponsabilidad individual en el cuidado de la salud, ignorando la significación de las estructuras, de la organización social y del papel del Estado.

Luego, la novedad de la salud pública fue el "estilo de vida", enfoque que pretendía detener el aumento de los costos de la atención de la enfermedad por medio del cambio dirigido de los comportamientos insanos individuales. El tabaco, la obesidad, la promiscuidad sexual fueron algunos de "los blancos a atacar" en las acciones comunicacionales destinadas a la población. Aunque el enfoque de la promoción de la salud basado en el estilo de vida ha logrado algunos éxitos, sus limitaciones resultaron cada vez más evidentes sobre todo a partir del deterioro de las condiciones de vida de crecientes sectores sociales. La pobreza, la vulnerabilidad social y el creciente desempleo han afectado con especial dureza a determinados grupos respecto a sus condiciones de salud. En un contexto cada vez más complejo marcado por la fragmentación social, no sólo se agudizaron viejos problemas de salud, sino también aparecieron nuevos problemas vinculados a las condiciones de vida como violencia urbana, expansión del abuso de alcohol y drogas ilegales, violencia familiar, trastornos alimentarios, entre otros.

Así se empezó a comprender que los estilos de vida no pueden considerarse como hechos aislados y separados de las estructuras sociales, económicas y políticas (Labonte s/f). Por ello apareció una nueva retórica de la promoción de la salud, que intenta incorporar una visión más participativa, en el sentido de empoderar a la población a través de la concientización sobre los factores económicos, sociales y políticos que determinan las condiciones de salud. También propone impulsar participación en torno a problemas sociales y aumentar el nivel de conciencia de cómo las decisiones y estilos de vida elegidos se relacionan con aspectos sociales y ambientales más globales. Se trata, entonces, de estimular la capacidad de las personas de tomar decisiones y llevar a cabo acciones individual o colectivamente, propiciar el análisis y la priorización de sus necesidades, formular y negociar propuestas, construir lazos de solidaridad, fomentar el intercambio de saberes.

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problemas y necesidades así como proponer estrategias para su resolución. Por lo tanto la cultura, las relaciones sociales y la participación activa de las personas directamente afectadas por el problema, se constituyen ahora en referentes esenciales para el diseño de acciones de comunicación en salud.

Es importante destacar la importancia que asumen los factores descriptos anteriormente, ya que a menudo se ha asociado –especialmente a partir del advenimiento de la sociedad de las comunicaciones– la comunicación en salud sólo al diseño de campañas masivas a través de los medios. Sin duda hay consenso en el hecho que en los últimos años, los medios masivos han jugado un rol en la modelación de los valores, las creencias y las opiniones de la sociedad. En materia de salud se convirtieron en actores clave ante la aparición de epidemias como el VIH-sida cuya principal posibilidad de control consiste en la adopción de conductas preventivas. Coincidimos con Petracci, Vacchieri y Quevedo cuando sostienen que las políticas de salud y los medios se han cruzado –exceptuando algunos casos– de un modo errático, discontinuo y muchas veces contradictorio. Muchos errores se han cometido. Los principales fueron no incorporar a los destinatarios en los momentos de la planificación, no considerar los componentes culturales del proceso salud-enfermedad-atención, utilizar canales comunicativos, códigos y lenguajes distintos de los de las poblaciones destinatarias, lo que genera la exclusión de los sectores a los que se quiere llegar (Petracci et al., 1998).

Pero como dijimos anteriormente la comunicación en salud no se agota en la producción de campañas a la población sino que debe ser un componente clave de una política sanitaria. La comunicación debe orientarse a fortalecer procesos locales que promuevan cambios en conocimientos, actitudes y prácticas en la población, fortaleciendo la capacidad de individuos y comunidades de incidir efectivamente sobre los determinantes de la salud. De esta forma, la comunicación va más allá de su utilidad instrumental, para constituirse en un proceso de carácter social que posibilita el reconocimiento, encuentro y diálogo de los diversos saberes, contribuyendo a consolidar la articulación entre los diferentes sectores sociales en torno a la salud, para generar procesos de cambio que mejoren las condiciones de bienestar de la población.

Un enfoque comprehensivo de lo comunicacional tendrá como objetivos político-ideológicos: sostener el derecho universal a la atención en salud; “producir salud” dado que el objeto de trabajo internalizado durante años ha sido la enfermedad; fortalecer el valor de uso de la salud (no su valor de cambio); contribuir a una programación eficaz, efectiva, equitativa y de calidad para la mejora de la calidad de vida; mejorar la accesibilidad de la población a los sistemas de salud, máxime teniendo en cuenta el deterioro ocurrido a lo largo de casi treinta años de implementación de políticas neoliberales; impulsar canales de participación y fortalecer la autonomización de los actores y la construcción de ciudadanía.

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comunicacional fue abordada mayoritariamente mirando a los destinatarios de las políticas sanitarias y de manera lateral con relación a los trabajadores de la salud.

Nos encontramos frente al desafío de articular dos enfoques, que otorgaron otra direccionalidad a las políticas sanitarias y pusieron un énfasis diferenciado en los sujetos/actores que constituyen la relación central del sistema de salud: los destinatarios de la política sanitaria, y quienes trabajan en el campo de la salud. Dichos enfoques recorrieron caminos desde los puntos de vista teóricos y de la intervención, incidieron sobre las prácticas sociales establecidas en distintos espacios de los sistemas de salud, y apelaron a distintas disciplinas para dar cuenta de la complejidad de las organizaciones/instituciones sanitarias.

Es en esta dirección, que desde el punto de vista de la comunicación se plantea la necesidad de intervenir enfáticamente con estrategias de comunicación dirigidas tanto a los trabajadores de la salud, como a los ciudadanos, subsumidos a nivel general en la relación Estado- Sociedad Civil. Dichos actores, que diferenciamos desde el punto de vista analítico, están profundamente entrelazados en la práctica social. Estas estrategias formarán parte de dispositivos instituyentes en la organización/ institución que tengan como norte al ciudadano, al cuidado como referente simbólico, desplazando la relación médico/paciente por la de trabajador de la salud/ciudadano; que, desplazando a los modelos tayloristas y sistémicos, impulsen modelos abiertos y en red, un lugar en el cual, en última instancia, se borran las fronteras entre interior y exterior, como en una cinta de moebius.

Descripción del evento

“Buenos Aires Salud 2003” fue la primera exposición integral de salud abierta a la comunidad, organizada por la Secretaría de Salud del gobierno porteño en el Centro Municipal de Exposiciones de la Ciudad de Buenos Aires, los días 3, 4 , 5 y 6 de julio. Por primera vez en la Ciudad el sistema de salud, los usuarios, distintas áreas de gestión, organizaciones sociales, instituciones académicas, entidades gremiales, asociaciones científicas y el sector privado confluyeron en un mismo espacio físico intercambiando experiencias, saberes, ofertas de servicios, inquietudes, propuestas. Todos los actores que integran el campo de la salud estuvieron presentes desde una concepción integral que vinculó al Estado con la sociedad, privilegiando la interacción permanente y creativa. Sus objetivos fueron: vincular a la comunidad con la salud, desde una concepción integral que privilegia la promoción y la prevención, apelando a técnicas innovativas y creativas de difusión y comunicación; difundir la oferta de servicios y orientar la demanda; promover hábitos saludables en la población; propiciar el intercambio de experiencias y prácticas entre los equipos de salud; y relacionar a la salud con la historia y la identidad de la Ciudad.

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lenguaje, dificultades en el aprendizaje, cuidado y acompañamiento en el embarazo y puerperio, prevención en violencia familiar, asesoramiento sobre alimentación, trasplantes, prevención de accidentes, atención y orientación en HIV, promoción de la salud sexual y reproductiva, simulacros de operativos de trasplante, muestra de microemprendimientos de reciclado de papel, vivero y gastronomía y huerta orgánica, con venta de productos, riesgo nutricional en la infancia, prevención del uso indebido de drogas, voluntariado, musicoterapia, juego y recreación, salud escolar, deportología y actividad física.

En el segundo espacio, los stands de Programas de Salud de Atención Primaria reunieron a los treinta y cuatro Centros de Salud y Atención Comunitaria difundiendo los programas de prevención y promoción de la salud que implementan cotidianamente (controles de salud y vacunación a chicos y adultos, juegotecas y actividades de promoción de lectura para chicos, cuidado de la salud sexual y reproductiva, orientación vocacional, problemas vinculares, trastornos en la conducta alimentaria, consumo de alcohol, tabaco, drogas, entre otros). El sector Salud y Ciudadanía se caracterizó por la multiplicidad de visiones acerca de la salud, participaron instituciones académicas, hospitales universitarios, ONG's vinculadas a la salud, organismos internacionales como OPS-OMS, Ministerio de Salud de la Nación, diversas áreas de Gobierno de la Ciudad.

A los doscientos stands con propuestas interactivas, se sumaron ciento treinta y dos talleres sobre diferentes temáticas y modalidades de participación (obras de teatro, bandas musicales, mimos, etc.), actividades académicas, la oferta de los centros culturales de los Hospitales Borda y Durand, y la muestra “Los hospitales porteños y la recuperación de la memoria histórica" organizada conjuntamente por la Dirección General de Museos y la Secretaría de Salud del Gobierno de la Ciudad demostrando así que la protección y el rescate de bienes culturales no es tarea exclusiva de un área específica sino un trabajo de articulación y fundamentalmente de reconocimiento de nuestra historia. Su núcleo central fue la etapa fundacional de los hospitales y su evolución desde la época prehispánica hasta la década de los años cincuenta. Indudablemente, esta primera exposición del patrimonio hospitalario configuró el inicio de una mirada y un quehacer que nos debíamos quienes trabajamos de manera mancomunada e interdisciplinaria en el “arte de curar” y preservamos porciones de un patrimonio que nos es común.

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profiláctico; charlas y trabajos interactivos en los stands que dejaron materiales, como por ejemplo, dibujos y definiciones de los alumnos sobre la salud y su cuidado; un grupo de niños sordos tocando con pasión una batucada. Por otro lado, la salud y su historia, nuestra historia como porteños, la recuperación de la historia, de la memoria, de la identidad.

Por último, la programación de la radio abierta se diseñó teniendo en cuenta la diversidad de destinatarios y utilizándola como una herramienta educativa para construir mensajes de prevención y promoción de la salud en un formato ameno y divertido. Se abordaron una amplia gama de temas: salud bucal, derechos humanos, historia de los grandes descubrimientos médicos, trastornos de la alimentación, VIH-sida, salud visual, preservación del patrimonio histórico, cuidado del medio ambiente. Muchos se emocionaron escuchando la historia de nuestros hospitales y todos ovacionaron la presentación de "La Colifata", iniciativa que desarrollan los pacientes del Hospital Borda, broche de oro del último día de actividad radial.

Metodología de trabajo

La organización del evento estuvo a cargo del Área de Comunicación Institucional y Prensa de la Secretaría de Salud del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que contaba con un grupo de trabajo en el que intervenían distintas disciplinas: comunicación social, sociología, psicología, medicina, diseño gráfico, periodismo y fotografía. “Buenos Aires Salud 2003” fue la expresión de un proceso que demandó un trabajo sostenido durante cinco meses. En un primer momento, se trató de visualizar a todos los actores del sistema y a todas las otras instituciones que trabajan en el ámbito de la salud en nuestra ciudad, a fin de sistematizar la convocatoria. En segundo lugar, se comunicó la propuesta por vía institucional. Y en tercer término, se comenzó a modelar una estrategia de motivación y acompañamiento personal a cada una de las instituciones o grupos para que fueran encontrando la manera de articular una propuesta de encuentro y diálogo con la comunidad, en pos de los objetivos propuestos.

Además de los aspectos organizativos de la Exposición tales como infraestructura del predio, montaje de los stands, folletería, guías, etc., hubo necesidad de articular una estrategia de comunicación que contemple varios niveles: comunicación interna al propio sistema (hospitales, programas de APS, SAME, direcciones generales, etc.); comunicación interinstitucional (Secretarias del GCBA, facultades, gremios, ONGs, etc.); comunicación masiva (niños, jóvenes, docentes, padres, abuelos) y prensa del evento.

A fin de describir el proceso de organización es preciso diferenciar a los actores puesto que como uno podría imaginar fue mucho más difícil convocar a la propia gente del sistema que al resto de las instituciones públicas, académicas, gremiales, etc. Más aún, encontramos mayor repercusión en los hospitales, que en los programas que conforman la Atención Primaria de la Salud (APS). Podríamos reconocer varias causas, sin embargo, las más obvias son los distintos niveles de organización y dirección y la diferencia en el acceso a los recursos.

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su propuesta al conjunto. Para muchos esta competencia constituyó un estímulo para mejorar su proyecto o para presentarlo de modo más creativo. Además, sirvió para generar un espacio de encuentro entre los diversos actores del sistema que escasamente se produce debido en parte a la fragmentación que caracteriza al sistema sanitario.

La firme voluntad política de la realización del evento contribuyó a favorecer la participación y a romper con ciertas visiones tradicionales, incrédulas o escépticas -dentro del propio sistema de salud- a cerca del interés que podía generar un evento de estas características. Las acciones se centraron en generar interés, detectar referentes, involucrar a las direcciones y potenciar el diálogo e intercambio para ir construyendo acuerdos cada vez mayores.

A su vez, para ir alcanzando mayores niveles de participación fue necesario que cada institución difunda la propuesta y convoque a los interesados, pues la decisión no se restringía al ámbito de la dirección. Fue necesario incluir otros mecanismos internos de comunicación, es decir que cada entidad fue encontrando sus propios recursos y potencialidades. De todas maneras, el acompañamiento o asesoramiento fue pautando una serie de objetivos y plazos a cumplir. No conviene aquí abundar en detalles, tal vez alcance con decir que cada hospital o programa de salud -a partir de ciertas definiciones- debía crear un stand con mobiliario acorde al proyecto, cubrir los cuatro días de la exposición con una oferta diversa, escribir una propuesta para la elaboración de materiales gráficos (cartel, afiche y dípticos) y proponer una serie de talleres sobre sus temáticas específicas.

Como dijimos anteriormente, uno de los rasgos característicos de los hospitales lo constituye el hecho de que su forma de organización ha tendido históricamente a generar departamentos estancos, donde, internamente cada servicio establece su propio canal de comunicación, desarticulado de los restantes, y asimismo cada institución establece escasos vínculos entre sí. En este sentido, el trabajo previo a la muestra favoreció el reconocimiento de canales de comunicación alternativos, formas no habituales utilizadas para dar a conocer el hospital a la comunidad; estableciendo asimismo circuitos de información más horizontales.

Por otra parte, la comunicación interinstitucional, no ofreció tantas dificultades. Sin embargo, fue inusual la propuesta de hacer coincidir a distintas organizaciones en un evento común, con visiones tal vez opuestas o contradictorias. Allí radica la vitalidad y diversidad de la exposición, no sólo en sus formas de expresión, sino también en la propia ideología puesta en juego. La dificultad mayor en este ámbito fue en qué parámetros sostener la restricción de la convocatoria en virtud de la cantidad finita de stand.

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Conclusión

La sistematización de la experiencia transitada implicó, por cierto, una instancia de reflexión sobre la práctica desarrollada. Asimismo, implicó la realización de un recorrido a través de las estrategias de comunicación llevadas a cabo en el ámbito de la salud pública y a través de distintas disciplinas para identificar, desde el punto de vista teórico-conceptual, categorías para abordar las acciones llevadas a cabo.

“Buenos Aires Salud 2003” dio cuenta de la salud como proceso biopsicosocial, como construcción social entre todos los actores, como relación que se establece entre ellos en un determinado contexto. La salud como vida, como cuidado de la vida. La salud como derecho social y otros tantos derechos que la atraviesan: a la educación, a la información, al trabajo, a la vivienda, a una vida digna, a la identidad, a la no discriminación, a la libertad de expresión. En síntesis: Salud y ciudadanía.

La salud y sus distintos ángulos de abordaje, pluralidad de voces, de cada uno de los actores que participaron. La salud y sus modalidades de expresión. Se habló de ella con múltiples lenguajes: desde la radio, los stands, las charlas, los talleres, la muestra histórica, las obras de teatro, los espectáculos musicales, la folletería, los videos, las teatralizaciones.

La salud como proceso y como fenómeno de comunicación: interna, inter.-institucional y externa. Multiplicidad de canales, técnicas y soportes de comunicación puestos en juego. La articulación entre el sistema de salud, y entre éste y la sociedad civil, vinculación horizontal, redes, la unidad en la diversidad y el respeto por la misma.

“Buenos Aires Salud 2003” formó parte de una política más amplia, que se orientó a facilitar el acceso a la información, a establecer canales de comunicación alternativos mediante los cuales la comunidad pueda conocer las distintas acciones que se llevan a cabo en torno del cuidado de la salud, contemplando la multiplicidad de actividades vinculadas tanto a la promoción y prevención como a la atención propiamente dicha.

La exposición tuvo una respuesta activa, constante y numerosa por parte de la comunidad. Era un continuo ir y venir de vecinos, estudiantes de todos los niveles, jóvenes, docentes, adultos mayores, personas con capacidades diferentes. La propuesta llegó a todos porque para cada uno tenía una arista que concitó su interés. Se pusieron en escena concepciones que conllevan una metodología de construcción, amplia y participativa, este fue el espíritu de la exposición. Espíritu que a su vez se sustenta en la firme decisión política de continuar en el camino de la transformación de las relaciones Estado-Sociedad. Fue un esfuerzo comunitario, sostenido durante meses, que tuvo su pico máximo de expresión durante la muestra, con una respuesta que si bien nos sorprendió gratamente, estuvo acorde al esfuerzo.

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exposición superó las expectativas de la mayoría, no sólo por la calidad de la oferta brindada y por la asistencia masiva del público, sino fundamentalmente, porque permitió que las instituciones de salud conocieran el trabajo que realiza internamente cada efector, así como también el que realizan otras instituciones del campo de la salud.

A partir de entonces, aún sabiendo que es un proceso de largo plazo y de resultados que no son visibles en forma inmediata, nuestro desafío fue sostener esa nueva estrategia de comunicación en salud. Quedó demostrada la necesidad del campo de la salud de construir abordajes integrales –que conjuguen distintos saberes además del médico– para dar cuenta de las múltiples dimensiones que comprenden los procesos de salud/enfermedad/atención de los conjuntos sociales en este presente. En particular, la inclusión de comunicadores en salud posibilita no sólo abrir nuevos ámbitos de intervención profesional para los graduados de dicha disciplina sino también generar aportes significativos a fin de producir conocimientos e intervenir sobre las necesidades y problemas de salud de la población.

En definitiva, como profesionales sostenemos que la comunicación debe ser asumida como un proceso de carácter social que posibilite el reconocimiento, el encuentro y el diálogo de los diversos saberes, contribuyendo a consolidar la articulación entre los diferentes sectores sociales en torno a la salud, para generar transformaciones que mejoren las condiciones de bienestar de la población.

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