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Urabá: políticas de paz y dinámicas de guerra

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'Investiga-dora del Instituto de Estudios R egionales. U niversidad

de A ntioquia.IHGFEDCBA

y

d i n á m i c a s

d e g u e r r a

GFEDCBA

C l a r a I n é s G arcía*

El

interés que m otiva estas reflexiones es la paz, cóm o

cons-truirla en el país, cóm o conscons-truirla en las regiones. Indudablem ente es

el tem a m ás com plejo al que se ha visto abocada la sociedad

colom biana en los últim os años y, precisam ente por esto, tiene

m últiples ángulos para pensarlo. En este trabajo m e propongo hacerla

desde la observación y el análisis del com portam iento del conflicto en

las principales coyunturas a las que ha estado asociada la política de paz en la región de U rabá.

Parto por constatar la paradójica relación entre guerra y paz.

D esde las treguas pactadas por el presidente Belisario Betancur hasta nuestros días, las sucesivas experiencias de paz han corrido de m anera

paralela a la degradación del conflicto y a la intensificación de la

violencia. A l m ism o tiem po, es preciso advertir que esta afirm ación general no tiene el m ism o significado ni los m ism os im pactos en los

ám bitos nacional y regional. El análisis de esas diferencias hace

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ám bito. El propósito de esta exposición es m ostrar justam ente eso, observando en la región cuatro coyunturas en las que se han propuesto

políticas de paz.IHGFEDCBA

1 . P r i m e r a c o y u n t u r a . L a t r e g u a

En Urabá, el escenario para plantear una salida negociada al

conflicto com ienza a crearse desde 1984 con la OperaciónGFEDCBAU r a b á -plan

de inversiones pensado com o herram ienta para conjurar los llam ados factores objetivos de la violencia- y con los pactos entre el Estado y las Fuerzas Arm adas Revolucionarias de Colom bia (FARC) y el Ejército Popular de Liberación (EPL). Estos pactos adquirieron form a con la firm a de la tregua en 1984 y con la form ación de los prim eros com ités de la Unión Patriótica (UP) en 1985.

Durante unos m eses los propósitos por la paz abrieron un espacio propicio para la tregua y para la negociación. Sin em bargo, este propósito no fue sino el preludio de un periodo en el cual el conflicto en la región se volvió m ucho m ás com plejo y las form as violentas m ediante las que se expresaba adquirieron niveles m ás agudos y visos inusitados.

¿En qué consistió "lo m ás com plejo" y "lo m ás agudam ente violento"? De una parte, a los cam pos del conflicto pre-existentes (patronos-sindicatos y guerrillas-Estado) se sum ó un tercer cam po: el de la lucha interguerrillera, que por naturaleza sólo se desarrolla m ediante la violencia. Este tercer conflicto, que se insertó en los pre-existentes, articuló por prim era vez y desde entonces al conjunto de los

conflictos en Urabá, fenóm eno que m ultiplicó los efectos

desestructuradores de la violencia sobre la sociedad regional.

Pero, en esta coyuntura ¿cóm o se asocian los factores de guerra y de paz y cóm o se im brican los niveles nacional y regional en la producción del conflicto? Al respecto encontram os dos procesos. La m anera com o juegan las particularidades regionales en la réplica de los

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el nivel regional, cuando hay un evidente desencuentro con el m anejo de la política de paz en el nivel nacional.IHGFEDCBA

A . L as particularidades regionales e n III réplica d e l o s p r o c e s o s nacionales

En el ám bito nacional se produjo el reposicionam iento de las fuerzas en el conflicto, gracias a las nuevas condiciones que planteaba

la política de paz del gobierno de Belisario Betancur. En este

reposicionam iento, el control de territorios estratégicos y de organiza-ciones sociales se convirtió en prioridad para los grupos arm ados, por ésto, no es de extrañar que la com petencia entre viejos am igos se desencadenara en algunas zonas donde coincidían territorialm ente.

En este contexto general, y para esta coyuntura, dos

caracterís-ticas regionales favorecieron el desencadenam iento de un m ayor nivel de violencia en U rabá. En prim er lugar, las raíces históricas de las

FA RC y del EPL en la región y, en segundo lugar, el significado

económ ico, político y m ilitar que adquirió el eje bananero com o territorio objeto de dom inio dentro del contexto regional.

H istóricam ente, las FA RC y el EPL tenían desde su origen

hundidas sus raíces en U rabá y este territorio, por tanto, tenía un especial significado geoestratégico para tales grupos; para el EPL en tanto condición de existencia', para las FA RC por cálculo racional".

U rabá ha sido pues una de las regiones m ás "caras" para am bas

El EPL nace y se consolida en C órdoba-U rabá y m antuvo allí su principal núcleo de dom inio.

2 V ale la pena recordar que cuando éstas últim as se constituyeron en 1966 y decidieron expandir su radio de acción allende el centro del país, U rabá era una de las tres zonas a las que se enviaron com isiones especiales,GFEDCBAs o n d a s , trabajo que perm itió pocos años después el nacim iento del V Frente. V é a s e : A lejo V argas.

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organizaciones y con m ayor razón en la coyuntura que analizam os (1984-1986), en la cual se buscaba ganar dom inio político en una zona con alta densidad dem ográfica y con una población asalariada im por-tante.

Estas dos agrupaciones arm adas entraron, entonces, en una sangrienta com petencia que adquirió visos m ás radicales en virtud de los efectos que había tenido la política de guerra del presidente Julio César Turbay A yala que, al haber m odificado las viejas territorialidades de estos grupos en el eje central de U rabá, los lanzaba ahora a un encarnizado enfrentam iento en el que las FA RC intentaban recuperar los terrenos perdidos y el EPL defender los recientem ente ganados.

O tros factores se anudaban para hacer del eje bananero el

centro del conflicto en los años ochenta. D esde el decenio de 1960 -época de intenso poblam iento y de configuración de redes

econó-m icas, sociales y políticas-, la agroindustria convirtió al eje

bananero en una zona m ilitarm ente estratégica, en tanto

concen-traba los porcentajes m ás significativos de la población y del PIB

de la región, así com o a la gran m ayoría de la población sindical

organizada o potencialm ente en capacidad de serio. M ilitarm ente,

las guerrillas habían reenfocado su interés sobre los ejes económ i-cos regionales. A dem ás, en U rabá, en el cam po laboral bananero,

se libraba el único conflicto en el que se enfrentaban, con algún

tipo de im pacto en el ám bito nacional, fuerzas regionales

organi-zadas. Todo apuntaba entonces a que "la tom a del eje" por la

guerrilla se concentrara en la tom a del territorio "bananero" y de

la población ubicada en él. Por ésto, el conflicto laboral quedó

inserto en el centro del conflicto com o núcleo en el que se

com enzaron a librar y a cruzar tres luchas diferentes: la social, la

política y la m ilitar'.

3 El desarrollo ysustentación de esta afirm ación se encuentra en: C lara Inés G arcía.GFEDCBA

U r a b á . R e g i ó n , a c t o r e s y c o n f l i c t o , 1 9 6 0 - 1 9 9 0 . Santafé de B ogotá, C erec-Iner,

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Estas particularidades regionales de la guerrilla (en este caso históricas) y el significado peculiar de un territorio específico (el eje), explican en parte por qué y cóm o la aplicación de esa prim era estrategia de paz (la Tregua y sus condiciones) produjo resultados contrarios a los esperados: el afianzam iento de un conflicto m ucho m ás com plejo, agudo y violento en la región.

Expresado de m anera sucinta: en esta coyuntura, los hechos para la paz en la nación producen efectos de guerra no previstos en Urabá, expresados en la aparición de un tercer conflicto arm ado (entre las FARC y el EPL), en la im bricación de los tres tipos de conflicto en el cam po laboral (el laboral, el político-m ilitar y el interguerrillero) y en la intensificación del nivel de la violencia (se disparan las curvas de invasiones, conflicto laboral, acciones guerrilleras y núm ero de m

uer-tos)".IHGFEDCBA

B . E l d e s e n c u e n t r o e n t r e l o s f a c t o r e s q u e m o t i v a n y e x p l i c a n l a

p o l í t i c a d e p a z e n e l á m b i t o n a c i o n a l y e s o s m i s m o s f a c t o r e s

t a l c o m o s e d a n e n l a r e a l i d a d d e l o s h e c h o s r e g i o n a l e s

En Urabá, en la coyuntura que va de 1984 a 1986, el desencuentro

fue evidente y, en buena parte, responsableGFEDCBAt a m b i é n de la enorm e

am pliación del conflicto y de la violencia. En efecto, en el ám bito nacional prim aba una propuesta de diálogo nacional planteada por el M -19 y una sensación generalizada, en la opinión pública y entre algunos sectores políticos, de saturación ante la situación de guerra sin resultados que había lanzado a los candidatos a la Presidencia de la República (1982-1986) a ofrecer una política de paz. En Urabá, por el contrario, los grupos guerrilleros -FARC y EPL- estaban seriam ente

4 V e r gráficos y cuadros correspondientes en: ibid. (anexos);y en Fernando B otero.

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debilitados y en condiciones de repliegue'; los dirigentes grem iales no consideraban que la guerrilla fuera un problem a (pero si la delincuen-cia) y los poderes tradicionales no veían ya en el Partido Com unista un potencial "enem igo", pues el Estatuto de Seguridad del gobierno de

Julio César Turbay A yala 10 había reducido a un total de333 m ilitantes

en la región."

En otras palabras, m ientras en el nivel nacional se había creado un espacio favorable a la potenciación de los efectos esperados de un prim er intento por la paz, en U rabá, por el contrario, unas condiciones

de paz no dem andadas y sí brindadas gratuitam ente en la región,

proporcionaron a los grupos arm ados unas condiciones favorables

para su inusitado fortalecim iento.IHGFEDCBA

1 1 . S e g u n d a c o y u n t u r a . F i n d e l a t r e g u a y p r i n c i p i o d e

l a a m p l i a c i ó n d e m o c r á t i c a

Entre 1987 y 1988 el escenario se enrareció aún m ás. En esta coyuntura confluyen el fracaso de la tregua con la aplicación de las prim eras experiencias de la am pliación de la dem ocracia, concreta-m ente de la elección popular de alcaldes. Esta estrategia de deconcreta-m ocra-tización que había sido pensada y diseñada com o herram ienta funda-m ental para la desactivación de la violencia en el país, llegaba en m om entos en que se declaraban de nuevo las hostilidades m ilitares.

La elección popular de alcaldes, que de alguna m anera se dirigía al logro de la paz, generó tam bién efectos perversos: se organizó y se generalizó el param ilitarism o en el territorio nacional y la política de exterm inio a la U P, una fuerza política con una im portante presencia electoral en la región.

5 El V Frente de las FA R C se refugiaba por ese entonces en regiones vecinas y el EPL, a pesar de un trabajo sistem áticam ente aplicado desde 1980 sobre los sindicatos bananeros, no lograba afianzarse.

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En U rabá este hecho nacional tuvo una am plia incidencia, pues allí la U P representaba m ucho m ás de lo que significaba en cualquier otra región del país. Esta organización partidista era el prim er actor político regional, ésto es, con historia, con presencia y con un proyecto político en la región. O tros actores en la zona no tenían proyecto regional alguno (caso de los bananeros) o el que tenían lo sustentaban con las arm as (caso de las guerrillas).

D ecir U P en el ám bito nacional no era lo m ism o que decir U P en el espacio regional de U rabá. En el prim er caso, significaba la posibi-lidad de existencia de un tercer partido m inoritario. En el segundo, representaba una fuerza política regional, potencialm ente m ayoritaria y la oportunidad de institucionalizar un poder regional alternativo al de los partidos tradicionales. Por lo tanto, exterm inarla era lo m ism o que elim inar un actor y un proyecto consustancial a la región.

Por ello, la violencia en U rabá, asociada al proceso de exterm inio a que fue som etida la U P, se debe m edir no sólo en el núm ero de m uertos sino tam bién en el im pacto político regional que alcanzó. Eso

explica por qué el proceso de am pliación dem ocrática en U rabá

generó una m ayor polarización y violencia, así com o la introducción

de efectos perversos para los ensayos de paz subsiguientes.IHGFEDCBA

1 1 1 .T e r c e r a c o y u n t u r a . E s p e r a n z a , P a z y L i b e r t a d

Con la entrega de arm as del EPL en 1991 se configura, paradó-jicam ente, un cuarto núcleo de confrontación y el conflicto regional continúa su tendencia a volverse cada vez m ás com plejo y violento.

La expresión m ás acabada del proceso de paz -que sería la actuación de dos fuerzas organizadas salidas de grupos arm ados y

dispuestas a librar sus batallas en el plano de la política (U nión

Patriótica y Esperanza, Paz y Libertadl-, se convirtió, en U rabá, en una aspiración abortada, pues la com petencia por el poder político

regio-nal entre estas dos agrupaciones quedó rápidam ente inserta en el

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grupos guerrilleros y param ilitares y por la am bigüedad que en el cam po de la acción de los nuevos actores políticos se com enzó a m anejar con relación a esa intervención. Esta im bricación de conflictos tom ó la form a de una guerra fratricida entre las dos organizaciones políticas.

A l igual que la U P, Esperanza, Paz y Libertad tenía un

significado especial en la región, significado m uy distinto del que

tenía en el ám bito nacional, pues su existencia en este últim o

dependía directam ente de su presencia y perm anencia regional.

A sí, esta guerra fratricida no se libraba entre dos fuerzas naciona-les m inoritarias en uno de los m uchos rincones del país, sino entre

dos actores políticos de peso regional, en un territorio cuya

identidad estaba íntim am ente ligada a la existencia y a la suerte

de am bos. Por esta razón, el experim ento de paz, el intento por

convertir actores arm ados en actores políticos, fracasó desde el m ism o m om ento de su nacim iento.

Podem os concluir afirm ando que en el transcurso de diez años (1984-1994) tres hitos en el proceso de paz de Colom bia, com o fueron la tregua, la am pliación dem ocrática referida a la elección popular de alcaldes y la entrega de arm as del EPL, se convirtieron, de hecho, en procesos que catalizaron la am pliación del conflicto y la violencia en U rabá.

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I V . C u a r t a c o y u n t u r a . L a t i e r r a a r r a s a d a

El cuarto m om ento, en el que se agudiza el conflicto y la violencia, ya no está atado a los procesos de paz sino al abandono de la m ism a.

En los últim os años, el Estado dejó de estar en el centro de la contienda; no figura com o actor principalliderando iniciativas de paz, ni com o gestor de la confrontación, com o había ocurrido durante la década del ochenta y principios del noventa. El relevo en la iniciativa de la guerra lo ha tom ado el param ilitarism o y, desde entonces, la

totalidad del conflicto regional se polarizó entre guerrilla y

param ilitarism o.

La form a que asum e este conflicto es la de la conquista del territorio m ediante la realización de m asacres a la población civil y del "barrido" total de veredas, práctica que se ha extendido desde el norte de U rabá, donde el dom inio param ilitar logró una total consolidación, pasando por el eje bananero y llegando hasta el sur.

Este cuarto m om ento m uestra una particularidad en relación con los problem as de la guerra y la paz en la com pleja com binación de los niveles nacional y regional: los asuntos de la paz en U rabá ya no se

definen a partir de lo nacional. Por el contrario,GFEDCBAp a r e c e q u e l o s

procesos d e origen r e g i o n a l com ienzan ao c u p a r e l l u g a r p r o t a g ó n i c o

en e l ám bito n a c i o n a l . Esto sucede de varias m aneras: desde el lado de

la form ulación de la política, desde el lado del planteam iento de la guerra y desde el lado de los experim entos reales de paz.

En lo que va de la región a la nación en la form ulación de la política de paz, observam os lo siguiente: prim ero, hechos regionales com o las m asacres sucesivas contra civiles, perpetradas en U rabá al

estilo de la m ás bárbara retaliación, hacen que la adopción del

P r o t o c o l o I I d e G inebra -enunciado com o intención política nacional

en septiem bre de 1994 y sin concreciones prácticas-, adquiera el

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violen-tos de U rabá le recuerdan diariam ente a la nación que la hum anización de la guerra es punto central de la política nacional de paz.

Segundo, es en la G obernación de A ntioquia donde nace la iniciativa de integrar una Com isión Facilitadora de Paz para la región

antioqueña, iniciativa que el gobierno nacional repite en otras

gobernaciones 7

Tercero, es en la A lcaldía de A partadó donde surge el m ás intenso e im pactante llam ado al gobierno nacional para que acepte alguna m anera de diálogo regional dentro de una estrategia de paz. Este llam ado logra un cierto nivel de aceptación en el ám bito nacional.

Cuarto, las Cooperativas Rurales de Seguridad (Convivir), surgi-das en 1994 com o propuesta por el entonces M inistro de D efensa Fernando Botero, pero acogidas com o política real por la G obernación de A ntioquia, por controvertidas que ellas sean, no sólo tienen de hecho am plia acogida y sostén en las m ás altas esferas del poder m ilitar nacional, sino que proyectaron la figura del G obernador com o una posible alternativa a la Presidencia de la República para el próxim o periodo.

Son hechos regionales particulares, com o los sucedidos en U rabá, los que inciden de m anera significativa en las form ulaciones o en los

hechos de lo que podríam os llam arGFEDCBAl a p o l í t i c a de p a z del gobierno

nacional durante el últim o periodo". D esde el ángulo y la realidad de la

guerra, tam bién parece que los hechos de esta zona del país son los que

7 M auricio G arcía D urán. S.J. «Política de negociación con la guerrilla: cam bios de la adm inistración G aviria a la adm inistración Sam per. C o n t r o v e r s i a . N o. 167. Santafé de B ogotá, C IN EP, octubre - noviem bre de 1995. p. 57

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im ponen cierta dinám ica y orientación a la m ism a, m ás allá de las fronteras regionales donde nacieron: U rabá y Córdoba constituyen la unidad, el eje prim ordial, el territorio donde nace, se consolida y se

expande a otros territorios de la nacion (Chocó, Sucre, Cesar) la

estrategia param ilitar.

H ay un punto que quiero destacar. A falta de una estrategia

nacional articulada frente a la guerra y a la paz,IHGFEDCBAl a s i n i c i a t i v a s

l o c a l e s tom an fuerza. Casos com o el del consenso de A partadó,

el pacto de Piedras Blancas o el de los indígenas zenúes se pueden citar en este sentido. Estas iniciativas tienen su fortaleza en la base sobre la cual se construyen: el efectivo acuerdo entre los actores;

pero su debilidad deriva de lo frágil y precario de los acuerdos, de

su im posibilidad de perm anencia en el tiem po por el carácter

aislado que los caracteriza. Si bien com o experiencias no tienen el

lastre que han debido cargar las experiencias nacionales en su

aplicación regional, sufren en el fondo la m ism a suerte: una

efím era existencia, en este caso, en razón de la falta de inserción

dentro de una estrategia nacional apoyada en fuerzas sociales,

políticas e institucionales.

C o n c l u s i ó n

1. Este som ero recorrido hace evidente el reconocim iento de que a la política nacional de paz, le ha faltado, a la hora de sus form ulaciones, una atenta m irada sobre lo regional. Esta m irada sobre lo regional tiene dos facetas: a) En el nivel del diseño de la política nacional es

im periosa la necesidad de que un equipo de conocedores de las

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Tal com unicación, que puede llevar, de hecho, a la construcción de espacios de contacto e intercam bio, tam bién puede conducir al Estado, aceptando que éste es m ás un resultado a construir que una supuesta realidad a hacer operar. Esa construcción se produce a partir de conflictos concretos, incluidos los del ám bito regional. U n buen ejem plo de ello lo aporta la experiencia del conflicto laboral en U rabá entre 1987 y 1989, cuando los trabajadores y los em presarios bananeros

llegaron, en m edio de la guerra y el cruce de fuegos, a pactar un

m ínim o de reglas del juego y a aceptar la m ediación del Estado".

A dem ás, vale subrayar aquí la gran paradoja de un Estado que parece validar en los enunciados sólo lo que desde el centro se haga, cuando de hecho ha abandonado la iniciativa a la experiencia local y regional.

2. D e otra parte, es evidente que si bien las experiencias locales de paz son indispensables -porque en m uchas ocasiones son la única

salida tem poral que tiene la población civil a losGFEDCBAi m p a s s e s de la guerra,

en un contexto general donde el Estado parece que no existe-,

tam bién es cierto que éstas no son m ás que eso: paliativos en m om entos agudos de violencia. Sólo una política nacional con capa-cidad de m ovilizar a los actores civiles y arm ados en ese ám bito puede

reorientar el sendero hacia la convivencia y la paz. Sin la intervención

del Estado ello no será jam ás posible.

Referencias

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