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Soliloquio La "Tusa", un hecho surreal

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Academic year: 2020

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(1)1. —SOLILO QUIO La ‘tusa’, un hecho surreal.

(2) 2.

(3) 3. Universidad Distrital Francisco José de Caldas Facultad de Artes ASAB Proyecto Curricular de Artes Plásticas y Visuales Proyecto de Grado Autora: Carolina Díaz Garavito Código: 20131016148 Tutora: Elizabeth Garavito Bogotá, Colombia. 2018. —SOLILO QUIO La ‘tusa’, un hecho surreal.

(4) 4. Para los que sufren por amor, comiendo helado y viendo pelis. Un abrazo y mil gracias a mi mamá y hermano, siempre, y también a los amigos, Vicenta Gómez, Augusto Rivera, Héctor Ramírez y Camila León..

(5) 5. ÍNDICE. PRÓLOGO. 8. CAPITULO I CASI NADIE SALE VIVO DEL AMOR. 17. Lo que empieza mal, termina mal. 27. CAPITULO II LA RETAHÍLA. 31. La cultura del sufrimiento. 35.

(6) 6. You should be stronger than me. 42. Uno se enamora, y pierde. 47. CAPITULO III UN NAVÍO CONTRACORRIENTE. 72. Soliloquio. 82. REGISTRO FOTOGRAFICO DE LA INSTALACIÓN. 91. LISTA DE REFERENCIAS. 97. PLAYLIST. 101.

(7) 7.

(8) 8. PRÓLOGO. […] Cuando digo amor, el sonido sale de mi boca, llega a oídos de un tercero y viaja por ese conducto bizantino en su cerebro, a través de sus recuerdos de amor o falta de amor, registran lo que digo y me dicen que me entendieron. Pero ¿cómo sé que entendieron? Mucha de nuestra experiencia es intangible. No podemos expresar mucho de lo que percibimos, es indecible. Y sin embargo, cuando nos comunicamos entre nosotros, sentimos que hemos conectado, pensamos que nos entendieron […]. (Linklater, 2001). — ¿Conectado?.

(9) 9. Una palabra muy usada en estos tiempos, que de algún modo revela cierto tipo de cercanía, quizá solo virtual, pero que puede ser el detonante de una conversación y de repente de una relación. Así empezó mi historia. Al igual que una considerable cantidad de historias amorosas, esta se desenvolvió entre un sujeto amado, otro que ama, una traición, una inevitable ‘tusa’1 que difícilmente supera la tragedia y por supuesto, un individuo inmerso en las odiseas románticas. Ese individuo soy yo. Uno que al igual que muchos otros se pregunta, ¿qué pasó? Volviendo a la frase inicial, que por cierto escuché en una película que no era romántica ni mucho menos, aunque es extraño encontrar alguna producción cinematográfica en la que no se insinúe siquiera un acontecimiento amoroso, a mi parecer, el allí señalado es indudablemente correcto; hablaba del lenguaje más que del amor en sí, el cual utilizaban solo como ejemplo pero que de cualquier modo enmarca algo en lo que quizá yo y unos cuantos más estarán de acuerdo: el amor, en tanto experiencia individual, es difícilmente definible para un todo colectivo ya que apela a la subjetividad. En ese sentido, aunque contara con lujo de detalles mi experiencia amorosa y los devenires cotidianos de esta, aunque relatara las frases dichas, los momentos vividos y demás, no podría jamás convencer a otros de que mi historia refleja un significado universal del amor, ya que se trata de sucesos individuales. Por otra parte, dicho sentimiento es uno de los más desgastados de la historia, más adulados y más reprochados a la vez, con lo que cualquiera de sus definiciones podría ser, o no, la correcta. 1. Entiéndase en este documento el término como un regionalismo con el que se define, en Colombia, la etapa de duelo tras una ruptura amorosa..

(10) 10. A través del tiempo le hemos otorgado una connotación misteriosa e indescifrable, lo condenamos a ser la encarnación de las más bajas y a la vez nobles pasiones humanas, lo rodeamos con un aura color rosa. Sin embargo, las contingencias cotidianas de las relaciones amorosas nos demuestran que el puro sentimentalismo no es suficiente para entender el fenómeno amoroso, el cual tiende a banalizarse incluso hasta en la ruptura, una de las etapas más dolorosas del amor y que a muchos nos convierte la vida en una catástrofe. Es posible que acá piensen que exagero e imaginen que escribo esto como un acto de berrinche post-adolescente a mi infructuosa historia amorosa, y como otros tantos podrán decir: – ¡No será la primera, ni la última vez! No todos los desastres ocurren en el plano físico, el caos emocional puede mutar a los más terribles cataclismos interiores; tratando de reencontrar palabras que se aproximen a conformar un discurso amoroso general, Roland Barthes hace referencia a la palabra catástrofe, citando a Bruno Bettelheim:. La catástrofe está quizás próxima de lo que se ha llamado, en el campo psicótico, una situación extrema, que es ‘una situación vivida por el sujeto, como algo que debe destruirlo irremediablemente’. ¿No es indecente comparar la situación de un sujeto con mal de amores a la de un recluso en Dachau?, ¿una de las injurias más inimaginables de la historia puede reencontrarse en un incidente fútil, infantil, sofisticado, oscuro, ocurrido a un sujeto cómodo, que es solo presa de su imaginario? Estas dos situaciones tienen, sin embargo, algo en común: son literalmente pánicas: son remanentes, sin retorno: me he proyectado en el otro, con tal fuerza, que cuando me falta, no puedo recuperarme: estoy perdido para siempre. (Barthes, 1993, p.40).

(11) 11. Así, hundida en un vórtice y sin retorno me sentía, había encallado, ya no tenía cimientos, intentaba seguir anclada a la nada; cubierta de cenizas y de uno que otro polvo, me despertaba cada día. Estaba enceguecida, una luz potente iluminó en exceso los intersticios más escondidos de mi relación y había acabado con esta, perdí el control y el poder, no solo sobre mí, sino sobre otro, no podía reconocerlo ni reconocerme. No escribo esto reprochando a mí ‘verdugo’, por el contrario, fue en medio de este instante donde entendí que el hecho de que viviera aquella tusa como un desmoronamiento no era su culpa. Los seres humanos de esta época, principalmente en sociedades como la nuestra, que navega en medio de un limbo temporal, es decir, en una especie de modernidad tardía y a donde llegan todo tipo de estímulos culturales extranjeros, nos encontramos en medio de una encrucijada, la cual nos lleva a entender y vivir estas situaciones como las más infortunadas y calamitosas; el amor y por ende, el desamor, se encuentran permeados por los discursos e ideas que surgen a través de la experiencia, de la imaginación, de los mass media, de ideales, de intereses, entre otros. Difícilmente podría especificar el surgimiento de aquellos discursos, pero sí podría decir que tales escenarios abundan desde hace siglos y que cambian y evolucionan con el pasar de los mismos; entonces, tanto yo como muchas otras personas estaremos entre el amor romántico y el actual ideal del amor libre, ambos como una suerte de esperanzas salvadoras del espíritu humano, ambos en contradicción, y ambos en pro de un mismo sistema globalizado y capitalista. Reflexionar sobre esto no me hizo dejar de sentir un vacío doloroso, tampoco entender el amor en su totalidad, pero me hizo ver que es posible reconstruirse y que una forma de lograrlo es resistir a estos modelos, entendiéndolos, para no recrearlos incansablemente y no sumir la vida entera en un devastador.

(12) 12. momento. Todo esto, en suma, me daría luces sobre por qué había hecho de mi tusa, una decepción amorosa sin más, un desastre al igual que mi vida, que estaba paralizada. Lo cual configura el cuerpo del proyecto que comienza: LA TUSA opera entonces como un hecho surreal, en tiempos posmodernos. Así, que yo la hubiese vivenciado como un momento devastador se enmarca entre las concepciones históricas occidentales modernas del amor romántico mientras que el capitalismo imperante en la posmodernidad nos empuja a un modo de vida sin freno, dejando perplejo y exiliado al sujeto que sufre por amor, generando a su vez relaciones en donde el poder es lo que las fundamenta. Esto, sumado a los ideales románticos, discursos e imaginarios sociales dados a través de diferentes medios, crean un nicho para el amor basado en el control sobre el otro; cuando “el sujeto amoroso” desaparece nos sentimos devastados y emerge la ambigüedad, la locura, contradictoria a las dinámicas funcionales de la vida contemporánea; esto último es lo que yo nombro como hecho surreal, puesto que al momento del rompimiento nos encontramos tan desolados que no somos “competentes” para la vida contemporánea. El instante de la ruptura sobresale a la cotidianidad, a la realidad misma. Por una parte, nos sentimos capaces de dar la vida por alguien más, apelando a un discurso sacrificado en pro de su bienestar pero que solo reclama el control perdido sobre ese cuerpo y lo que satisface en el nuestro. Por la otra, la nueva ola del amor libre y la idea del amor individual en las sociedades neoliberales actuales, plantea un imaginario en donde ‘todo es posible’, en donde debemos despojarnos de los apegos innecesarios para progresar, consumiendo y desechando sin reparo. Ante este panorama es difícil encontrar cordura en medio de una decepción amorosa que hala de los dos lados. En vista de ello, la propuesta que se plasma a.

(13) 13. través de “Soliloquio – La ‘tusa’, un hecho surreal” , es un modo de situar tal escenario en medio de los discursos que nos circundan, aun cuando nos descoloca. Antes de iniciar a desglosar lo que he propuesto quisiera definir que cuando me refiero a la situación mencionada como un escenario, palabra que estará presente en la mayor parte de este texto, lo hago porque nuestro diario vivir está conformado por lo que vemos, oímos, leemos y por todo aquello que percibimos, es decir la cultura visual y popular que nos alcanza. En un escenario se sitúan acciones que son expuestas ante un público, y así funciona nuestra vida, compuesta por momentos, objetos, reacciones que realizamos ante otros y replicamos de nuestros símiles, ¿por qué?, porque son a quienes vemos más cercanos, más parecidos, es así como el niño aprende a hablar, por medio de lo que recibe a través de su sentido auditivo, para luego repetir aquello que ha oído y gesticular de la manera que lo ha visto. Cada instante que presenciamos y como actuamos ante este, ha sido moldeado por agentes que están en nuestra cotidianidad y que dejamos entrar a nuestro pensamiento. Las escenas que vemos en el cine, que imaginamos por medio de la música, que presenciamos en una calle o que vivimos nosotros mismos, se complementan entre ellas, la ficción atrapa a la realidad desarrollándose a partir de esta y viceversa. En síntesis este trabajo es una manera de encontrarle un lugar a aquel que desvanece de amor, pues aunque hasta el día de hoy seguimos inundados de discursos amorosos, nuestro modo de vida contemporáneo no nos da el espacio para vivir estas experiencias del modo alucinante que se nos ha vendido, por lo cual, con atrevimiento, me permito aconsejarle al lector y espectador que observe el entorno con todo lo que este le ha enseñado sobre el instante amoroso, que como yo, se detenga a ver el desastre antes de salir corriendo..

(14) 14. Así, extraigo una escena de mi experiencia, en donde todo se quebró, y aquella construcción, hablo del amor, se hundió; esa construcción que finalmente es el ensamblaje de ideas, experiencias, discursos, imágenes y sonidos, parte de nuestra cultura visual y popular, todo parte de algo espectacular. No solo porque es grandioso, en su complejidad, sino porque también, es un espectáculo, la exposición ante el resto del mundo, una escena de dos, que finalmente resulta siendo un monólogo, un soliloquio..

(15) 15. A veces soy feliz, especialmente cuando amo. Dejo que la vida me pase por los ojos y me dejo existir con una pasividad que no hace resistencia al temor ni a la idea de morir. El espíritu de inquietud cede sus furores al silencio, y una especie de bruma adormece las impaciencias del alma. Pero el amor, aunque es mi sentimiento más creativo, no puede ser nunca la imagen de un amor feliz. Tiene que ser, necesariamente, un sentimiento de turbación, de ruptura. Tenerlo a distancia para conquistarlo, en esa lucha radica su belleza. (Arango, 1993, p.145-146).

(16) 16.

(17) 17. CAPÍTULO I. Casi nadie sale vivo del amor.

(18) 18. En medio de una ruptura y en el afán por encontrar respuesta a lo que había sucedido, quise escudriñar todo aquello que me dejara dilucidar el acontecimiento amoroso del que había sido protagonista, pero no solo a nivel personal sino también general. En esa búsqueda descubrí algo que me ayudaría tangencialmente: el cerebro confabula químicamente cuando de amor se trata para producir hormonas que desencadenan emociones, contra esto no hay mucho que hacer más allá que asumir lo que se siente. No quisiera ahondar mucho en este punto, así que escuetamente diré, basándome en Helen Fisher2, quien junto a varios colegas ha estudiado durante años el fenómeno amatorio, encontrando en 170 sociedades distintas rastros de que ha existido el amor de tipo romántico en pareja. Fisher investiga estos procesos a través del cerebro realizando experimentos a grupos de personas en cámaras de resonancia magnéticas, logrando así identificar la afamada química del amor: dopamina, norepinefrina, serotonina; hormonas que se producen cuando se está enamorado y que se relacionan con la felicidad, la adicción, el apego y demás emociones. Sin embargo, no era suficiente, me resultaba una respuesta demasiado ambigua y muy prematura para el coctel de sentimientos que tenía; dejar todo en manos de aquellas hormonas me era impensable. Supuse que, aunque físicamente el cuerpo produce estas sustancias, también es posible que estén condicionadas por efectos sociales y sobre todo culturales; cada sensación es el efecto de una causa. Si me corto con el filo de un cuchillo, sangraré, y seguramente dolerá, del mismo modo, a lo largo de la vida se 2. Helen Fisher, (1945), Antropóloga y Bióloga Estadounidense, investigadora del comportamiento humano y el amor romántico en el campo científico..

(19) 19. recolectan información y experiencias, lo que condicionará los sentimientos que puedan generarse a través de ella. Es probable que, si en televisión percibo el amor como toda una odisea, mi experiencia directa se vea atravesada por esto que nutrió mi imaginario visual. Pensaba entonces que cada ser humano vivirá a lo largo de su existencia siquiera una experiencia amorosa de carácter conyugal, positiva o negativa, pero latente en la vida de cada uno. Esto no es fortuito, no emerge únicamente de su carácter biológico o sexual, ni de la mítica fantasía romántica, ni de la mera sensiblería que esta emana; el amor también hace parte de un pensamiento, un concepto generado para delimitar las experiencias. Desde que nacemos vamos insertando en nosotros una conciencia del amor, o quizá una subconciencia, que atraviesa la historia de nuestra humanidad; digo esto fundamentándolo en que difícilmente se han omitido los relatos amorosos en ella. Culturalmente hemos estado rodeados de historias de amor, quizá porque nos ayudan a saciar pulsiones, quien lo sabe, pero tanto siglos atrás como en el actual estos relatos están vivos; podría citar, por ejemplo, un discurso insignia del amor, tal vez uno de los más antiguos y probablemente uno de los más usados a la hora de iniciar una genealogía de este sentimiento, una oda sin reparo a este animal intangible: El Banquete. Seguramente muchos nos hemos acercado a él en algún punto de la vida; aunque es estimablemente antiguo,.

(20) 20. no es el primer escrito que se hace sobre amor pues ya antes del año 1.000 a.C. se conocen ejemplos de poesía y pinturas con temas amorosos o románticos entre las reliquias del antiguo Egipto3. Fue escrito por Platón sobre los años 385 - 370 a.C. y la alocución de Aristófanes, en dicho texto, ha sido una de las más trascendentales, dejando, por lo menos en la cultura occidental, aquel imaginario que aún hoy en día utilizamos sobre la búsqueda incesante de la media naranja:. Primitivamente había tres especies de hombres: unos todos hombres, otros todos mujeres, y los terceros hombre y mujer, los Andróginos, especie en todo inferior a las otras dos. Estos hombres eran dobles: dos hombres unidos, dos mujeres unidas, un hombre y una mujer unidos. Estaban unidos por el ombligo y tenían cuatro brazos, cuatro piernas, dos semblantes en una misma cabeza, opuestos el uno al otro y vueltos del lado de la espalda, los órganos de la generación dobles y colocados al lado del semblante, por bajo de la espalda. Los dos seres unidos de esta manera, sintiendo amor el uno por el otro, engendraban sus 3. No pretendo dirigir la mirada tan lejos, primero porque sería demasiado ambicioso y posiblemente fallaría y, segundo, porque mi historia, sin duda, está basada en un amor occidental. Con esto, lo que quiero enunciar es que tanto el sentimiento amoroso como la idea de amor, cosas distintas, en síntesis, han estado en un íntegro desarrollo en incalculables sociedades, incluso mucho antes de la modernidad..

(21) 21. semejantes no uniéndose, sino dejando caer las semillas a tierra como las cigarras. Esta raza de hombres era fuerte. Se hizo orgullosa y atrevida, hasta el punto de intentar, como los gigantes de fábula, escalar el cielo. Para castigarles y disminuir su fuerza, Júpiter decidió dividir estos hombres dobles. Comenzó por cortarles haciendo de uno dos, y encargó a Apolo la curación de la herida. El Dios arregló el vientre y el pecho, y para humillar a los culpables, volvió el semblante del lado en que se hizo la separación, para que tuvieran siempre a la vista el recuerdo de su desgracia. Los órganos de la generación habían quedado del lado de la espalda, de suerte que cuando las mitades separadas, atraídas por el ardor del amor, se aproximaban la una a la otra, no podían engendrar: la raza se perdía. Júpiter intervino, puso estos órganos en la parte anterior e hizo posibles la generación y la reproducción. Pero desde entonces la generación se hizo mediante la unión del varón y la hembra, y la sociedad hizo que se separaran los seres del mismo sexo primitivamente unidos. Sin embargo, en el amor que siente el uno por el otro, han guardado el recuerdo de su antiguo estado […]. (Platón, 1871, p.289). Aquel mito, entonces, deja entrever una de las primeras representaciones simbólicas del amor, la cual lo define como una de las partes esenciales de la humanidad, tanto por su aspecto más sublime como por el más.

(22) 22. devastador, la separación. Por otro lado, es generacionalmente transgresor, ya que defiende el amor libre y la homosexualidad, aun por encima de la heterosexualidad, que a lo largo del tiempo ha sido un acto susceptible a la descalificación. No es esto lo que me ocupa, al menos no directamente, sino más bien ejemplificar cómo, desde siglos atrás, se ha intentado representar el amor y con base en este también la existencia; este relato dejó un rezago de dependencia en su discurso, pues cada mitad estará eternamente buscando su par para poder sobrevivir, idea que en este y quizá en cientos de textos más ha sido la desencadenadora de un amor inestable, dependiente y sufrido. Además de ser progenitor de muchos más escritos con dicho tópico, en cualquier caso, es un ejemplo entre tantos que iniciarán el camino hacia lo que hoy es la idea amorosa. A modo de reflexión diría entonces que el aura metafísica que posee el amor, y de repente anteriores a este también el sexo y la vida, es la que ha llevado a inagotables intentos por significarlo; infructuosos o no, han conseguido recrear en torno al mismo concepciones que vivenciamos como reales. Quiero decir, es un acto en doble vía, la práctica pura en sí misma y las ideas pre-existentes en cada sujeto, cada una complementándose y construyéndose. No quisiera con esto espantar de tajo la magia de la experiencia amorosa, pero si somos objetivos, esta no posee ‘vida propia’; muta con cada visión externa que nos alcanza, y si pensamos en que desde mucho antes de nacer nuestros antepasados ya hablaban de la idea de ‘amor’ y que esta ha ido adquiriendo y perdiendo apéndices con el paso del tiempo, podemos deducir que está demasiado viciada de preconceptos y definitivamente cuestionarnos si el amor existe como un ente omnipotente que está por encima de cada uno,.

(23) 23. o si más bien está sobrevalorado y en parte es una fábrica de experiencias que recolecta episodios, emociones, e ideas de otros que a su vez arman las propias… así como este texto. — Entonces:. “El amor no es, ni un ser humano (una substancia inteligente o una substancia corpórea sino algo que les pasa a los hombres: un accidente4” (Paz, 1993, p.84).. un ángel ni incorpórea inteligente) una pasión,. Ahora bien, el hecho de recrear historias en torno al amor y cargarlo de significado es paralelo a la evolución como animal del ser humano, entendiendo que a medida que avanza, desde sus más primitivos inicios, este 4. Refiriéndose a la similitud de dos textos, uno del poeta y filósofo Ibn Hazm y el otro de Dante Alligeri, “El collar de la paloma: El amor, en sí mismo, es un accidente y no puede, por tanto, ser soporte de otros accidentes.” Y “Vita Nuova: El amor no existe en si como substancia: es el accidente de una substancia.”, respectivamente, en donde según el autor existen ‘ecos’ de “El Banquete” y “Fredo” de Platón; refiriéndose a la historia sobre la concepción de amor en occidente y su afinidad con la árabe, a través de la literatura..

(24) 24. ha tenido una fuerte relación con el sexo y la reproducción de su especie, es inherente a él, como a todo animal, y es la razón más probable que lo condujo a crear relaciones humanas más estrechas y complejas, tanto sensible como cognitivamente. En un intento titánico por rastrear los primeros factores que llevaron a la aparición del amor, Florence Thomas lo asocia al cambio de postura en el ‘Australopithecus’ (yendo mucho más atrás de Platón y su representación mítica del amor y la existencia), primate homínido que ya tenía posición bípeda, aunque no permanente, y su transición hacia el ‘Homo Erectus’, definiendo este hecho como: “El primer eslabón del amor” (Thomas, 1994, p.20). Así evolucionó su cuerpo y en ese sentido el orden psico-social concebido por tal, su masa craneal aumentó, lo cual generó cambios en la percepción, la motricidad y en la asociación de elementos más estructurados, así como la capacidad de representación. De igual modo se independizan manos y pies, lo que genera la elaboración de utensilios y el manejo de los mismos en el ‘Homo Habilis’, lo cual desemboca en que estos humanos no solamente fabricaban, sino que significaban sus objetos; los dotaban de una carga semántica. De este modo entonces brotaría el mundo simbólico, paralelo al natural-real, y que introduciría al ser humano en la necesidad de nombrar las cosas y los actos, consecuencia también de los cambios ambientales y la supervivencia que los llevaban a relacionarse entre sí como comunidad; desde el nacimiento entonces se relacionaría una vaga idea de amor entre madre e hijo, no solo por su vínculo biológico sino por el entorno y las sociedades en formación..

(25) 25. Pienso que también el amor es fruto de la sequía. Lógicamente la sequía acercó a los seres. Al inducir un embarazo más corto, obligó a la madre y al niño a permanecer más tiempos juntos. Esto con la ayuda de la aparición de la conciencia, dio origen a la emoción, y tal vez en la misma época, el hombre, el padre tuvo también que acercarse a esa pareja madre – hijo, por lo menos durante el tiempo de una estación sexual. De este modo habrían aparecido simultáneamente los sentimientos entre los dos sexos. (Thomas, 1994, p.24). Nuevos métodos de comunicación sensibles comenzaron a hacerse tangibles, más allá de lo que la propia naturaleza le exigía a los humanos, quienes entonces inventarían canales de interacción para formar una comunidad mucho más estrecha y empezaremos entonces a hablar de un ser constituido socialmente, que vive ya no solo en función de su propia existencia, sino en torno al otro también, ese otro que se gesta dentro de sí y aquel que lo fecunda, asociando sus instintos reproductivos y de supervivencia, a ideas y conceptos, muy permeados por el deseo. La proximidad entre madre e hijo y la posibilidad de que esta satisfaga los deseos y necesidades del niño a toda costa, serán así y en consonancia con lo anterior, para Freud, el primer objeto amoroso. (Martínez-Castro, 2012, p.82). — Habría encontrado un punto de encuentro, con mi propio modo de entender el mundo..

(26) 26. Siempre me interesé por esta relación, aquella simbiosis de la que todos provenimos, quizá en parte por la estrecha relación que tengo con mi madre o quizá simplemente porque creo profundamente en ese vínculo que no tiene explicación y que va más allá de toda conciencia; en efecto para mí es, y será siempre, el primer y más grande amor, asumiendo entonces que mis concepciones del cariño emergen y se desarrollan a partir de mis experiencias infantiles y que con esto que obtuve en mi niñez se edificarán mis futuras relaciones amorosas. No justifico ni recargo sobre esto mis victorias o fracasos, hablando de amor, sino que ligo parte de mi comportamiento a este primer suceso; el nacimiento y amor materno. Cuanto más leía sobre amor y sus orígenes, más complejo y turbio resultaba; quizá tampoco necesitaba saberlo todo para responder por qué tenía una tusa, tal vez era más bien un intento por racionalizar mi estado apelando a la autoayuda. En medio de tantos elementos que parecían un torrente inacabable de información, entre datos científicos, historia y hasta poemas épicos, empecé a ver que mi concepción de amor estaba atravesada por todos ellos, lo quisiera o no, y que inconscientemente buscaba y relacionaba eso que parecía más familiar a mi experiencia..

(27) 27. Lo que empieza mal, termina mal. Encontré un concepto que acabaría o, más bien, empezaría a darme respuestas: el amor romántico. Tal vez el peor de los inventos, en cuanto amor se trata: una ideología basada en modelos a alcanzar y en el poder sobre el otro. No es este el comienzo de una reflexión feminista, considero que los modelos económicos que daban poder al hombre y a la mujer la condenaban a ser un objeto de dominación, son también los que han dotado al amor romántico de un carácter patriarcal muy marcado y desde ese punto podría verse circundado por un halo de género muy potente. Uno de sus precedentes, con el ánimo de contextualizar al lector un poco, es el ‘amor cortés’ que aparece en la Europa premoderna y en oposición al amor de villa (villano), entendido el primero como una condición de vida mucho más civilizada que el segundo. Los poetas lo calificaban como un amor refinado y de distinción medieval que define a las cortes señoriales de la época, no como el anterior amor de villa, pagano, mucho más descarnado e imputable dentro de los ‘valores morales’, un amor más salvaje, cuyo destino era saciar las pulsiones sexuales. Hacia el siglo XII, donde aparecen los primeros señoríos feudales, hay una gran afluencia económica, tanto en lo agrícola como en lo comercial. En ese contexto, el matrimonio no se fundamentaba.

(28) 28. en los sentimientos sino en los intereses políticos, económicos y religiosos que se tuviesen entre familias; era un intercambio estratégico de poderes, era la idea de una forma de vida. A esto no escapan las clases más bajas pues era un método para organizar el trabajo agrícola. Entonces, el amor sería ante todo una negociación, idea que a finales del siglo XVIII y en adelante empezaría a cambiar con el surgimiento de la Ilustración, el pensamiento individualista, la racionalidad y, por sobre todo, la idea de libertad. El amor romántico emergería entre dos posibilidades; desde un punto, la elección amorosa estaría rescatada de ser un acuerdo jerarquizante y pasaría a ser subjetiva e individual, con lo cual los parámetros morales que sujetaban al amor en la sociedad occidental y condenaban las pasiones se irían desvirtuando paulatinamente; por el otro lado, la recuperación de la fantasía amorosa que logró el Romanticismo con la invención de la novela tendría aún ecos del mundo mítico y, que en contradicción con las certezas de las que se fía la Ilustración, esta sucede en pro de la imaginación. Sin embargo, para Anthony Giddens, teórico social contemporáneo inglés:. “[…] Una novela ya no era, como había sido considerada anteriormente, el conjuro específicamente irreal de un grupo de posibilidades en un reino de ficción. En lugar de eso se convirtió en una vía potencial para controlar el futuro, así como en una forma de seguridad psicológica (en principio) para aquellos cuyas vidas estaban afectadas por aquel […]” (Giddens, 1992, p.27). Identificando escuetamente la anterior funcionalidad del amor, un amor de tipo pragmático dado en la mayor parte de occidente, puede decirse que estaba mediado por la construcción del matrimonio como estructura.

(29) 29. social, en donde no se daba por algún sentimiento entre los conyugues, sino por cualquier tipo de negociación sobre la que reposaban un sinfín de intereses socio-económicos, los cuales mantendrían la subsistencia de la familia y sus individuos; por el contrario, el amor romántico, al aparecer, supone ser la salvación del sentimiento mismo, su ‘resurgimiento puro’, no viciado por agentes externos a la pareja en sí, la supuesta libertad. Hacia principios del siglo XIX y gracias también a la Revolución Francesa, con una mentalidad mucho más liberal, los hombres reconocen, aunque tímidamente, a la mujer como un ser digno de unión matrimonial, más allá de un pacto entre familias, sumado a la invención del romance que daría paso al ensueño y a la fantasía como parte de la ideología de esa época. Esto se traducirá en hechos con base en el amor y en el poder de decisión individual. Hasta acá diríamos que el amor habría encontrado su punto máximo para ser plenamente vivido, sin embargo dicha invención, el amor romántico, crea ideales y estándares lejanos de una experiencia real y tangible, ya que el amor en su complejidad no puede instaurarse en medio de cánones; cada suceso amoroso difiere en totalidad de otro, aquellas historias que nos son vendidas a través de los sentidos y que se han implantado en las sociedades modernas y difundido entre textos, películas, relatos, y demás medios que navegan entre discursos amorosos de tipo ideal, no son más que una abominación de la realidad. No se dejan atrás en esta idea (el amor romántico) las relaciones de poder, y un narcisismo genuino, donde hay alguien por encima de otro; es posiblemente una fábula sin enseñanza al final, que controla, aún hoy en día, a gran parte de las sociedades occidentales (Illouz, 2012)..

(30) 30.

(31) 31. CAPÍTULO Il. La Retahíla.

(32) 32. Si les preguntara cuántos comentarios, cuántas canciones o cuántas imágenes alusivas al amor o al desamor han visto el día de hoy, seguramente la respuesta abarcaría más que solo una. Esto no es gratuito, como lo he mencionado antes, desde hace tiempo el amor, y por defecto el desamor, han estado en medio de todos los discursos y muy posiblemente estos han influido en nuestra manera de actuar frente al enamoramiento y específicamente en lo que me compete: la tusa. Con el fin de distinguir algunos de ellos, mencionaré ciertos discursos que han estado presentes en mi vida y quizá también en la de otras personas. Aunque seguramente habrá miles de formas de hablar del desamor, podemos estar seguros de que muchos rezagos históricos del amor han venido quedando suspendidos en nuestro imaginario. Todo esto empezó como una forma de conversación interna sobre la gran tristeza que sentía y ese sentimiento de turbación que me inundaba todas las mañanas. Creo que fue la época en que más vi y oí cosas sobre el amor, desde revistas, libros, películas, canciones, hasta búsquedas en Google preguntando: “¿Por qué me dejo mi ex?”. Si lo medito ahora podría decir que me estaba torturando, pero ante el silencio del otro, ¿que más me quedaba? En vista de esto podrán imaginar que, aunque pudiese nombrar todos aquellos discursos que relacioné conmigo, no acabaría pronto de analizarlos, por no decir que uno me llevaría a otro y otro infinitamente, por lo cual recurriré a escogerlos con el azar como único criterio, teniendo la esperanza de que logren identificarse con alguno y comprendan lo que intento ejemplificar..

(33) 33. Supongo que si mi nacionalidad fuese otra pensaría distinto puesto que culturalmente cada lugar posee sus particularidades, pero al igual que gran parte de los que leerán este texto soy colombiana, es decir, poseo una mezcla intercultural bastante amplia y definitivamente un tanto extraña. Vale la pena aclarar, la tusa no es un fenómeno exclusivo de este país pues la globalización ha hecho esto con el mundo entero. No podría decir que la idea de amor que tengo es un pensamiento autóctono, incluso creo que rayaría en lo ridículo si me atreviera a decir que esta hace parte también de ideologías autóctonas de este lugar ya que crecí más bien alejada de una relación directa con una identidad puramente colombiana, si es que esta existe en medio de tanta diversidad. Así que en ese caso apelaré a una suerte de discursos culturales (religiosos y mediáticos) por los que quizá otros sujetos también, aparte de mí, han sido atravesados de algún modo.. La soledad del enamorado no es una soledad de persona (el amor se confía, habla, se relata), es una soledad de sistema: estoy solo para hacer el sistema (tal vez porque soy incesantemente compelido hacia el solipsismo de mi discurso). Paradoja difícil: puedo ser entendido por todo el mundo (el amor viene de los libros, su discurso es corriente) pero no puedo ser escuchado (recibido ‘proféticamente’) sino por sujetos que. tienen exactamente y presentemente el mismo lenguaje que yo. Los enamorados, dice Alcibíades, son semejantes a aquellos a quienes ha mordido una víbora: ‘No quieren, se dice, hablar de su accidente a nadie, salvo a los que han sido víctimas de una circunstancia semejante, como si fueran los únicos capaces de concebir y de excusar todo lo que ellos han osado decir y hacer bajo el efecto del sufrimiento’. Pobre legión de‘difuntos famélicos’,.

(34) 34. de suicidas de amor (cuantas veces no se suicidará un mismo enamorado), a quienes ningún gran. lenguaje (salvo, fragmentariamente, el del romance pasado) presta su voz. (Barthes, 1977, p.168).

(35) 35. La Cultura del Sufrimiento. Colombia fue una colonia española, como ya lo sabemos. Nuestros ‘conquistadores’, a parte de ‘extraer’ cosas de aquí, también nos dejaron o, más bien, implantaron muchas otras, dentro de las cuales se hallan ciertas costumbres y creencias. Es por esto que mi país profesa, en su mayoría, la religión católica-cristiana hasta el día de hoy. Yo nací en un barrio popular de la ciudad de Bogotá y mi familia es católica, sin embargo, el más devoto de todos es mi abuelo materno, por ende, mi mamá y mi tía obtuvieron algo de esa herencia. Aunque mi núcleo primario es más bien poco creyente, creo que estas costumbres católicas fueron una forma de congraciar a mi abuelo, por lo cual, no escapé a rezar en las noches, a orar y temer a Dios y sí, también a hacer la primera comunión, además de ver en mi barrio y en la casa de mi infancia toda clase de imágenes religiosas. Seguramente lo han vivido muchas personas; en mi niñez fue cuando más cercanía tuve con estas prácticas gracias también a las dos horas semanales en clases de religión, ética y moral de mi colegio. Y allí, sin saber muy bien por qué recibía estas lecciones, se me dio una visión del mundo en donde para recibir hay que dar y sacrificar siempre será un acto de amor..

(36) 36. El discurso religioso, entonces, configura también modos de percibir y experimentar el amor con base en sus preceptos, los cuales se pueden identificar mucho mejor en la biblia, compendio de lecturas que dictan ‘la palabra de Dios’. Entiendo que no para todos, este libro es cercano, para mí al menos no lo es, pero su contenido es la compilación de ideas de la cual se destilan muchos imaginarios en nuestra la sociedad, incluyendo la idea amorosa, como se puede identificar en la introducción del mismo:. […] El amor a Dios debe ser radical, en plenitud. Dios no admite propinas de amor. Lo quiere todo. Hay que amar a Dios con todo el corazón y con toda el alma (Dt 6,5). Y con esta misma fuerza hay que amar a los hombres (Mt 22, 39). […]. (Introducción, Versión de Casiodoro de Reina, 1569) El amor desde el punto de vista católico-cristiano será entonces un amor entregado y sin medida, dispuesto a darlo todo, aunque con condiciones; ahora que lo recuerdo con detenimiento, quizá yo también pretendía estas demostraciones sacrificadas.. -— Él no lloraba, no se estremecía ni un solo centímetro; mientras, yo estaba en el suelo, literalmente. ¿Por qué no sufría como yo? ¿Por qué no me demostraba con lágrimas y alguna escena tragicómica que me amaba?.

(37) 37. La idea que funda al catolicismo y al cristianismo reposa sobre esa corta palabra, amor, y es la que mueve estas religiones; con base en ella se crea y a su vez se destruye el mundo. ¿Quién no ha oído decir que sentir celos es una muestra de afecto o que si no se llora por el otro no se ama con total entrega? Si Dios murió por el amor profesado a cada uno de nosotros, se comprende que el amor más puro es el que lo arriesga todo incluyendo la vida misma. El sufrimiento hace parte de la idea religiosa de amar, por lo menos en occidente; sucumbir al deseo lleva al pecado y esto al castigo, aquel que más dolor siente es quien será el más afortunado y el mejor recompensado. Lo anterior no es un gran descubrimiento, las bodas entre amor y religión se ven desde incluso antes a el amor cortés. Para la era Victoriana, época comprendida entre el reinado de Victoria (1837 - 1901) en el Reino Británico, hacia las primeras décadas, los dos discursos, el romántico y el religioso, se amalgamaban, entrelazando valores y preceptos. Sin embargo cuando la industrialización de Inglaterra estaba en pleno auge, dando paso a grandes cambios sociales, como la aparición del divorcio y el derecho de la mujer a la propiedad después del matrimonio, se gestó un cambio de pensamiento que empezaba a romper con ideologías religiosas, dando más fuerza a la historia y la ciencia, desdibujando paulatinamente la simbiosis entre religión y amor. Esto se veía en las revistas de época, en las que el amor romántico se mostraba ligado por un lado a ‘comportamientos competentes a la mujer’, como la feminidad y, por otro lado, como un sentimiento excelso, cercano a lo divino que rebasaba los impulsos carnales dando paso al altruismo y al idealismo. (Illouz, 2009)..

(38) 38. Lo curioso es que, aunque desde ese momento el discurso religioso en torno al amor de pareja comenzó a evaporarse, no podemos desconocer la gran afectación de la religión sobre nuestra manera de ver y entender el mundo. Hacia el 2011, el predicador de la casa pontificia, el Padre Rainero Cantalamessa, ante el Papa Benedicto XVI, la Curia Romana y miles de fieles, dijo en un discurso: “El Eros Griego es un amor de conquista que reduce fatalmente el otro a objeto del propio placer e ignora toda dimensión de sacrificio, de fidelidad y de donación de sí” (Cantalamessa, 2011); frase que sintetiza cómo concibe el amor la religión católica-cristiana aún en la contemporaneidad, es decir, dándose por completo y rindiéndose ante el amor del otro como el fin último en una relación, empezando con aquella existente entre el ser humano y Dios. Estos comportamientos, similares a los de un mártir, cimentan la imagen del enamorado heroico y sacrificado, uno que deja todo por la felicidad del otro, aun cuando la separación sea inminente, separación que desde mi punto de vista es responsable del éxito de la literatura romántica y de ahí en adelante todos los demás discursos (música, cine). En el sufrimiento y la lejanía surge el nicho del verdadero amor, o más específicamente del mercado del amor, como bien puede verse en palabras de Eva Illouz:. El ideal cultural del amor romántico le ha aportado mayor legitimidad a la intensidad de la pasión y de la atracción sexual al mismo tiempo que ha restringido la cantidad posible de parejas al destacar el carácter único del ser amado y sumir la biografía romántica en un solo relato que abarcaría la vida entera (es decir, el relato del ‘gran amor’). No obstante, ese relato de amor casi nunca se convierte en un relato de comodidad. Como.

(39) 39. debe reafirmar la supremacía de la pasión, en general está condenado a terminar con la muerte o la separación de los enamorados5. (Illouz, 2009, p.232) Entonces, ¿será un amor lleno de pasión uno condenado a padecer? Puede ser, si partimos de que el amor apasionado (pasional) está ligado también a la Pasión de Cristo6 porque tienen en común ese eje, La Pasión: “(del l. passione) f. Acción de padecer. La acción, no con respecto al sujeto que la efectúa, sino al que la recibe. PSICOL. Las desviaciones de la pasión pueden tomar un aspecto mórbido, incluso paranoico, sobre todo cuando se basa en un sentimiento negativo como puede ser el odio, los celos o la toxicomanía” (Bibliograf S.A, p.4347). Entonces la abnegación y el dolor, desde las anteriores definiciones, son los pilares sobre los que se cimentan las relaciones, por tanto, cabría aquí otra pregunta: ¿hasta qué punto el sacrificio es un acto filantrópico y no uno que solamente ratifica la dominación de un cuerpo sobre otro, el cual exige la demostración y veracidad del amor por medio del dolor? No pretendo con esto decir que la imagen de Cristo moldeó estricta y únicamente los imaginarios mediáticos de la concepción romántica, pero sí sugiero que en gran medida pudo haberlos influenciado. Al fin y al cabo, 5. Pie de página tomado del texto original: “Los ejemplos abundan. Entre los más famosos, podemos mencionar Julie, ou la nouvelle Heloise, de Rousseau, Werther, de Goethe, Les Misérables, de Victor Hugo, Tristan und Isolde, de Wagner, La Traviata, de Verdi y la Bohème, de Puccini” (Illouz, 2009, p.232). 6. La Pasión de Cristo se entiende como los capítulos evangélicos (Evangelio de Mateo, Evangelio de Marcos, Evangelio de Lucas y Evangelio de Juan). Que narran los hechos de sufrimiento entre la última cena, la crucifixión y muerte de Jesucristo..

(40) 40. los relatos bíblicos son toda una aventura que descoloca la realidad, como una novela, una serie televisiva o una canción; un espectáculo, y este tinte utópico y al borde del límite es lo que genera la excitación y el ansia de consumo. El poder ubicarnos y ubicar a nuestras historias amorosas cotidianas, lentas, muchas veces cómodas, estables y sin acontecimientos fabulosos, en relatos ficcionales que bien podrían ser sacados de una realidad cercana, nos da la esperanza de colmar de brillo las vivencias románticas que experimentamos, cargándolas a la vez de lo que Illouz llama drama, que en última instancia es lo que legítima que un evento romántico sea o no una verdadera historia de amor. Ciertamente esta es una visión moderna sacada de los ideales del amor romántico, por no decir que de más atrás. Sin embargo pienso que, aunque en la posmodernidad las personas más contemporáneas intentamos asumirnos como personas mucho más ‘lights’ ante tales preceptos, estos han sido demasiado potentes a lo largo de la historia y no podemos evitar verlos reflejados en los productos que consumimos, volcando dichos escenarios a nuestras propias vidas. Basta con leer una revista de farándula en donde muchos de los artículos están enfocados a la vida en pareja de uno u otro famoso, o prender el televisor y ver las novelas de la tarde en donde el protagonista se encuentra en una batalla, casi épica, que busca pasar por cotidiana, intentando hacer ver que ‘a todos podría pasarnos’, y en la que lucha por el amor de su vida, o bien escuchar infinidad de canciones, susceptibles a ser dedicables, por su temática amorosa, que van desde la declaración más profunda de amor, hasta gritar a los cuatro vientos un desolador despecho..

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(42) 42. You should be stronger than me. Esta parte del capítulo está construida como un cadáver exquisito (hecho a mano y en digital), a partir de frases de canciones. Hace parte de una encuesta pública que realicé en mi perfil en la red social Facebook, la cual consistía en agregar al post una canción con la que cada persona recordara una tusa de la que hubiese hecho parte, con la intención de visualizar y extraer el discurso musical que nos permea a unos y otros. Adjunto el link de la encuesta a continuación y el playlist al final del texto referenciando cada track, en orden de aparición. Cada frase de cada canción unida a la que le sigue, logra crear una trama, en donde alguien manifiesta constantemente su desamor y nos devela a esta cultura empeñada en decirnos que el que ama necesariamente debe sufrir.. https://www.facebook.com/acarolinadiazg/posts/10155290955452749.

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(47) 47. Uno se enamora, y pierde. Pienso que son pocas las cosas que uno recuerda nítidamente de su niñez; yo misma no logro divisar muchos momentos de mi infancia. De repente se me hace más sencillo evocar sensaciones y tengo claro que cuando vi My girl se me hizo un nudo en la garganta, era una de esas películas que te hacen llorar y reír al mismo tiempo. — ¿Cómo podía morir Thomas Sennett después de dar su primer beso? Era un niñito que por mucho tendría 10 años y, además, era el niño más lindo que había visto en televisión. Cuando vi esta película a la edad de 7 u 8 años no entendía en absoluto lo que era el amor, aún no lo entiendo completamente, pero sé qué en ese instante, soñaba con mi primer beso y amorcitos de colegio, por lo cual me era inconcebible, que a Vada Sultenfuss (Anna Chlumsky) y a Thomas Sennett (Macaulay Culkin), dos mejores amigos quienes empezaban a sentir por primera vez en su vida una atracción hacia el sexo opuesto, los separa tan absurdamente la muerte..

(48) 48. – ¿Por qué crees que la gente quiera casarse? – Pues… cuando creces, tienes que hacerlo..

(49) 49. Grazer, B. (productor) y Zieff, H. (director). (1991). My Girl [Cinta cinematográfica]. Estados Unidos.: Imagine Entertainment.. Si me preguntan qué cosa imaginaba que era el amor a esa edad, mi respuesta en conclusión sería: My girl. Ha pasado buen tiempo después de eso y una gran cantidad de programas de televisión y películas por mis ojos; todo esto repercutió en mi concepción del amor, pero para ser sincera, nunca me detuve a pensarlo, así que todo aquello que vi y oí pasó por mí sin que yo sospechara de alguna forma que todo podría estar ligado con lo que eventualmente ocurría en mi vida amorosa. Claro que ni siquiera podría llamarla ‘vida amorosa’, eran quizá hechos aislados, medianamente románticos, los que había vivido antes de mi primer noviazgo ‘oficial’, causante al final, del desamor que brevemente narro..

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(51) 51. De cualquier manera, sé que nunca había visto tantas películas como hace unos 2 años; no estaba en capacidad física de pararme de la cama. Tampoco es que estuviera muriendo, si es lo que imaginan, por lo menos no corporalmente; algo más fuerte que yo, tal vez mental, no me dejaba levantar, la cama extendía el tiempo de alguna manera que me permitía estar allí, suspendida y derrotada, así que dormir, después de llorar, era mi hobby favorito, y cuando Hypnos 7 no me visitaba, ver películas era lo único que me mantenía medianamente estable. Aunque debo admitir que al mismo tiempo era un acto masoquista. Cada cosa que veía tenía, así fuese tímidamente, una visión romántica, y pensé que también era una forma de encontrar respuestas a mi paupérrimo estado, en vista de que ni Google podía contestármelo. ––– ¿Amigos?, nunca odié tanto esa palabra y ni Google, con sus 213.000 resultados pudo decirme por qué mi ex me decía tal cosa. Seguramente fue una manera tonta de buscar una razón, pero quién más podía responderme si él se resistía a hacerlo. Y bueno, mal que bien para algo debe servir el internet, si soy de esta tal llamada era digital, que por lo menos la web ayude un poco, ¿no?. 7. En la mitología griega, Hipno (griego antiguo: Ὕπνος, romanización: Hýpnos, literalmente: «sueño, sopor») Hipnos es la personificación del sueño/Dios del sueño..

(52) 52. De todas las películas que vi en ese momento hay unas que recuerdo más que otras, pues son las que más me devuelven las sensaciones que tenía en esos instantes. Unas porque poseen en su narración los arquetipos8 amorosos más habituales, otras porque son comedias románticas gringas que vi en mi adolescencia y que, aunque negaba haberlas visto, repetí en esa ocasión, otras porque en medio de dicha relación, él me pidió que viera y jamás lo hice (creo que quería decirme algo y nunca lo noté) y en conclusión, porque cada una me fascinó; no son las mejores películas del cine, al menos no todas, pero sin duda hicieron parte del proceso para entender y quizá sobrellevar mi rompimiento. Las enunciaré por medio de imágenes en este capítulo sin el ánimo de realizar un análisis estricto de ellas, ni del cine en su amplitud, sino con la intensión de extraer ciertos fragmentos que dan cuenta del discurso amoroso que consumí en ese momento, discurso con el que cualquier otro espectador de las mismas pudo haberse topado. Lo curioso del cine es que es un arte que llega directo y sin filtros a nuestro pensamiento, ya que trabaja, a excepción de la animación, con la realidad como insumo matérico. Me refiero a los términos formales, pues finalmente qué sería de la ficción sin la realidad y viceversa; la una no puede existir sin la otra. Esto hace que pensemos que la historia que estamos viendo puede sucedernos, o bien sentirnos identificados con los eventos que allí ocurren, sobre todo cuando de amor se trata, pues es extraña la película que no tenga así sea fortuitamente una escena que presuponga un hecho romántico, así como difícilmente existe un espectador que no haya experimentado o imaginado un momento de este tipo. 8. Entiéndase como un modelo general el cual agrupa o del cual se derivan otras ideas, conceptos y/o preceptos..

(53) 53. Los medios de comunicación y sus contenidos entre los que puede contarse la música, los programas de televisión, la prensa, el cine y hasta plataformas como las redes sociales, entre otros, son el foco de la cultura mediática que nutre nuestras ideas y concepciones del mundo. Es claro que como espectadores podemos decidir qué adoptar y qué desechar, pero sería ingenuo subestimar el poder que posee esta industria, pues sabe cómo vender experiencias, bien sea visuales o auditivas, que logran la identificación inmediata, llevándonos así a sentir, pensar o creer de una u otra manera. Creo que esto ocurre porque estamos sumidos en la monotonía que nos exige el sistema capitalista en el que estamos inmersos y dichos medios hacen ver hechos banales o cotidianos que ocurren todo el tiempo y a todo el mundo, de una manera exquisita y espectacular, llenándolos de mística. ¿Quién no quisiera que sus historias de amor trascendieran los mensajes lastimeros de Whatsapp o un like de Facebook?.

(54) 54. – ¿Ya no me quieres?... ¿Seguro? – Sí. Pero siento una ternura infinita por ti..

(55) 55. Como dato histórico, según Douglas Kellner, hacia la década de los 40, el cine, la radio, revistas, cómics y publicidad comenzaron a instalarse como el foco del sistema de cultura y comunicación en los Estados Unidos y otras democracias capitalistas. Con la llegada de la televisión, posterior a la Segunda Guerra Mundial, la cultura mediática tomó más fuerza y poder sobre las clases sociales. Desde entonces, la televisión por cable y satelital, reproductores de vídeo y otras tecnologías multimedia a las que hoy tenemos acceso, sobre todo en las ciudades, han aumentado en alcance y dominio sobre los consumidores. (Kellner, 1995, p.23). Kechiche, A. (productor y director) (2013). La Vie d'Adèle [Cinta cinematográfica]. Francia.: Quat'sous Films Wild Bunch.. La primera emisora de radio comercial en Colombia nace en 1931 y la televisión aparece en 1954. Dos de los medios de comunicación masivos.

(56) 56. de mayor consumo en este país surgen seis y cuatro décadas, respectivamente, antes de que yo naciera; crecí con ambos en casa, por lo cual tuve acceso a la música del momento y a las telenovelas que se veían en casa, además de las propagandas de los mismos que por lo general venden a partir de la idea amorosa y experiencias en torno a la satisfacción. Hacia los 90, época en la que nací, la idea amorosa victoriana y el ideal del amor romántico se habían debilitado muchísimo, esto debido a la germinación en los 50 y su auge entre los 60 y los 80 de la revolución sexual, refiriéndose a la igualdad de género, la sexualidad como parte integral del desarrollo humano para eliminar tabúes, el cuestionamiento del matrimonio y la familia tradicional, así como las relaciones sin apegos y el desprendimiento como parte natural de estas. Sin embargo, es contradictorio que para el momento en que nací y hasta el día de hoy, los discursos de los medios masivos aún profesan un amor que responde a prototipos que muchas veces no alcanzamos en la práctica, o que en otros casos nos muestran al desamor como una tragedia demasiado profunda que supera a otros problemas existenciales.. Al mismo tiempo que el romance se libera de ciertos controles sociales, el dinero lo ata al mercado mediante múltiples actos de consumo, que con frecuencia resultan invisibles. En efecto, el dinero desempeña una función importante en el proceso de definición del.

(57) 57. intercambio romántico, con lo que queda inaugurada una ‘economía política del romance’. (Illouz, 2009, p.104). Esto que Illouz llama “economía política del romance” se refiere a la manera en la que la relación entre clases intervino en la entrada del romance a las prácticas del consumo, entendiendo que esta va de la mano con los medios masivos. Por un lado, estos comercializan productos materiales de cualquier índole donde la propaganda transmite una idea amorosa que intenta llegar a nuestra emocionalidad y por otro, como lo señala Douglas Kellner, la industria promueve la comercialización de productos culturales y de ocio tales como el cine y la música. En el primer caso deberán ser populares y fácilmente vendibles, y en el segundo, que generen audiencias de proporciones amplias para lo cual la industria debe recordar la experiencia social, contener la crítica, romper convenciones o articular ideas cotidianas (Kellner, 1995, p.25). Esto quiere decir que los productos que se venden deberán ser alcanzables en términos adquisitivos para la mayor cantidad de audiencia, como también deberán ser completamente deseables, aludiendo a experiencias potencialmente realizables con el fin de apelar a los sentimientos de los consumidores. En ese sentido, el mercado no ofrece solamente un bien material, sino que genera toda una experiencia alrededor de lo que difunde y comercializa..

(58) 58. – Thirty and flirty and thriving. – Thirty and flirty and thriving..

(59) 59. — “…Tener 30, ser coqueta y próspera, tener 30, ser coqueta y próspera, tener 30, ser coqueta y próspera, tener 30, ser coqueta y próspera, tener 30, ser coqueta y próspera, tener 30, ser coq…” Así se lo repetía Jenna Rink (la protagonista de 13 Going on 30), mientras tenía los ojos vendados y un miedo infinito, así como yo. Aunque bueno, yo ya no tenia 13 y solo quería que me comiera la tierra o por lo menos que, igual que ella, un día me levantara y mágicamente hubiesen pasado 17 años.. Emerich, R. (productor) y Winick, G. (director). (2004). 13 Going on 30 [Cinta cinematográfica]. Estados Unidos.: Revolution Studios. Lo que genera la industria de los medios masivos son productos que abarquen la mayor cantidad de audiencia y es así necesariamente por que los costos de producción son demasiado altos; cabría preguntar entonces ¿cuáles son las imágenes que se le dan al consumidor? Asumo que aquellas que.

(60) 60. más se venden, para lo cual, estas personas harán juiciosos estudios de mercado. A vuelo de pájaro, se puede identificar que las películas más taquilleras en nuestro país, por lo general las más transmitidas por televisión Nacional, son las películas de acción, generalmente de superhéroes, con grandes efectos especiales, donde el héroe tiene algún amorío, o bien comedias románticas donde la tensión surge de la separación de una pareja que luego renace en medio del reencuentro. Sin embargo, para que estas acciones ocurran y puedan mimetizarse con la realidad, estos personajes casi que deben ser tocados por el dedo de Dios. Quiero decir con esto que casi siempre consiguen lo que quieren, por distintos motivos, quizá ganan una herencia, o los adopta algún benefactor, o mágicamente todo llega a sus manos, entre otro sinfín de posibilidades extraordinarias. La razón para que esta clase de cine se difunda mejor es gracias a esa misma fantasía que destila, a esa posibilidad de imaginarnos en un mundo fabuloso donde todo es posible, la cual es incluso tranquilizadora en un entorno tan hostil como lo es la realidad misma. Siento que es acá donde aparecen las clases sociales; como estas entienden e interiorizan lo que ven de este cine que llega tanto a los altos como a los bajos estratos..

(61) 61. – Lo llamaré ahora. – ¡Concéntrate!, tan solo un segundo. Ya te cortaron la luz, ya te cortaron el gas. ¿Quién se encarga de pagar?.

(62) 62. Según la Autoridad Nacional De Televisión, en la “Gran Encuesta Integrada de Hogares - CNTV” para el 2009, el 95 % por ciento de los hogares colombianos tenían acceso a por lo menos un televisor, en ese sentido, un amplio espectro de la población habrá visto, más allá de su estrato socioeconómico, por lo menos en una ocasión, los canales nacionales y lo que a través de estos transmiten, como películas de ese tipo. Lo único que difiere de un contexto a otro es la manera en como cada cual asume tales imágenes, lo que va muy ligado a su entorno. Jacobs, A., Caracciolo, J. (productores) y Yakin, B. (director). (2003). Uptown Girls [Cinta cinematográfica]. Estados Unidos.: Metro Goldwyn Mayer.. A modo personal, considero que no debe mutilarse radicalmente aquella ilusión irrealizable que propone el cine, sino educar a los públicos con formas para apoderarse críticamente de estos productos..

(63) 63. El cine, como ya lo mencioné antes, trabaja en medio y con la realidad, es esta su sustrato, razón por la cual lloramos, reímos o nos enojamos viendo alguna escena; esto que vemos en la pantalla no es más sino una copia del mundo que alguien transformó y adaptó en su cabeza. Cada personaje es ficticio, un ente irreal que se apodera de otro cuerpo visible y habla a través de él, pero que también está construido con ideas y preconceptos de la vida cotidiana. Es posible que entonces logremos entablar una conexión con x o y actor a través de la pantalla y nos sintamos identificados en ese individuo por ideas similares, comportamientos, manías, ideologías, creencias, situaciones parecidas o sentimientos semejantes. Esto crea una especie de rizoma, con múltiples brazos a los que se une realidad y ficción; puedo ser yo, la mezcla entre un personaje u otro, o uno de estos la mezcla entre una persona real y una imaginaria..

(64) 64. – Y entonces me pregunto: ¿si aún, cuando sé a quién estoy buscando, no lo puedo encontrar, cómo voy a encontrar al que estoy buscando, si ni siquiera sé cómo es?.

(65) 65. Cervi, N., Musaloppi, H. (productores) y Taretto, G. (director). (2011). Medianeras [Cinta cinematográfica]. Argentina.: Eddie Saeta S.A.. ¿Alguna vez nos hemos puesto a pensar de donde salieron esas frases cliché que, por esa naturaleza generalizada, gran parte de las personas hemos usado en nuestras relaciones? Por ejemplo: Tenemos que hablar, o, no eres tú, soy yo, quizá también el: debemos conocer más personas, o el penoso: vas a estar mejor sin mí. Considero que las decimos por inercia, están grabadas en la memoria y seguramente se han ido construyendo, pasando de persona en persona, hasta colarse en las pantallas o en los dispositivos audibles y estas a su vez en nuestros ojos y oídos. Los discursos amorosos están adheridos al cine casi como si fuesen menester de este, desde los más trágicos hasta los más felices, así que no es difícil verse inmiscuido en las historias representadas allí. Lo complicado sería no frustrar nuestras esperanzas al confrontarlas con la realidad, cuando veamos.

(66) 66. que aquella onírica historia no aplica en su universalidad a la vida cotidiana.. — No hay imagen más devastadora que verse sentado frente a una pantalla anhelando estar dentro de ella y dejar de lidiar con el mundo que gira a toda velocidad. Theodore Twomby, el protagonista de Her, cuyo nombre me produce ternura al decirlo, literalmente quería ponerse dentro de su computadora, se había enamorado de ella; pensándolo mejor, eso es más devastador que lo primero. Aunque bueno, para enamorarse no necesariamente se precisa tener un cuerpo..

(67) 67. – ¿Estás enamorada de alguien más? – He estado pensando cómo hablarte de esto..

(68) 68. Ellison, M., Jonze, S., Landay, V. (productores) y Jonze, S. (director). (2013). Her [Cinta cinematográfica]. Estados Unidos.: Annapurna Pictures.. En el presente capítulo, como lo postulé renglones atrás, no pretendo realizar un estudio juicioso acerca de las relaciones afectivas en el cine, sino más bien poner sobre la mesa cómo, por este medio, los discursos románticos nos siguen circundando, quizá con menos violencia que la música en su alocución, pero sí bastante certeros y directos. De este modo, las películas que enuncio no pertenecen a un mismo tipo de cine ni a una región en específico, por el contrario, son disimiles en ese sentido. Lo que sí logran es responder todas a un mismo género (comedia romántica) y a una época comprendida entre los 90 y los 2000, por lo que hacen parte de mi historia. En síntesis, son un pequeño compendio de los discursos a los que me expuse durante mi vida, en medio de mi relación y tras la ruptura..

(69) 69. Es complejo estar atiborrado de discursos románticos y pretender no untarse de ellos, cuando nuestra sociedad esta cimentada bajo preceptos amorosos; quizá hasta la misma palabra, amor, ya es un compendio de significados contaminados. Hacernos cerrar ojos y oídos al exterior podría ser lo único que nos haría inmunes a tal escenario, pero entonces me pregunto: ¿cómo sería el amor si no conociésemos nada de lo que tenemos preconcebido? ¿Sería posible si quiera entonces hablar de amor? Son preguntas al aire, en cualquier caso, lo único que resta por decir, es:.

(70) 70. – Uno se enamora, ¡y pierde!.

(71) 71.

(72) 72. CAPITULO III. Un navío contracorriente.

(73) 73. ¡Es verdad soy muy nervioso! Horrorosamente nervioso, siempre lo fui, pero, ¿por qué pretendéis que esté loco? La enfermedad ha aguzado mis sentidos, sin destruirlos ni embotarlos. Tenía el oído muy fino; ninguno le igualaba. He escuchado todas las cosas del cielo y de la tierra, y no pocas del infierno. ¿Cómo he de estar loco? ¡Atención! Ahora veréis con que sano juicio y con qué calma puedo referirles toda la historia. (Poe, 2015, p.1) —Es gracioso, así como el asesino de ‘El corazón delator’ yo, en efecto, soy bastante nerviosa y, de hecho, como él, tengo un oído muy fino, de titanio para ser exactos, aunque bueno, ese es otro cuento, consiguiente hasta cierto punto de mi infortunada historia amorosa. Por mi parte sentía que cada vez era más inestable, como si debajo de mi cama algo me succionara cada vez más hondo, como si todo temblara y lentamente estallara una catástrofe que me quebraba en mil pedazos. Hasta este punto lo que he intentado es dilucidar cómo desde hace tiempo nuestro mundo (occidental) está inundado de eso que llamamos ‘amor’ y los códigos que hemos creado a su alrededor, los cuales necesariamente influyen en nuestro modo de relacionarnos; al mismo tiempo con mi historia personal, la cual no ha sido ajena a estas ideas. El fin de este proyecto, sin embargo, no radica en hacer catarsis a mi ruptura; más bien me sirvo de esta para tratar de rastrear aquello que nos lleva a estas situaciones; la tusa, que no.

(74) 74. tiene lugar en el universo cotidiano y funcional en el que vivimos, a pesar de que caminamos sobre discursos amorosos todos los días. No es sencillo definir esa etapa, pero lo cierto es que para mí se convirtió en una depresión profunda que, a pesar de mis intentos por mitigar, no se iba. En vez de eso, los pensamientos sobre lo que había acabado con mi relación, sobre por qué mi vida estaba hecha un desastre y preguntas en torno a lo que era o no el amor eran recurrentes, incluso más que cuando estaba en la etapa feliz del enamoramiento. Era aturdidor pensar en mi ruptura, no lograba centrar mi atención en ninguna otra cosa, al punto en que me sentía ahogada en mis propias ideas. No me arriesgaría a decir que estaba volviéndome literalmente loca, pero tampoco podría calificar esto como un hecho banal. Por alguna razón ocurren los crímenes pasionales, los suicidios o, en mi caso, un despido laboral, un semestre académico aplazado, una enfermedad y, entre otras consecuencias de mi estado, unos largos seis meses en cama. El llamado duelo amoroso podría catalogarse como un período surreal en la vida, no solo porque mente y cuerpo se encuentran en un agujero atemporal, entendiendo esta idea como estar físicamente presente mientras la mente divaga en lo que fue el pasado y lo que será el futuro en una cuerda floja irrompible, sino porque es una situación descolocadora y pánica, que se invisibiliza y es tildada de patética, en el mal uso de la palabra..

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