REVISTA CHILENA
DIRECTOR
ENRIQUE
MATTA VIAL
TOMO
I
SANTIAGO DE CHILE
Discurso leído con ocasión del centenario de su
nacimiento,
enel SalónCentral delaUniversidad,
el12deJunio
de 1917(1)
Exmo.
señor,
señorministro,
señorrector, señores:Al
cumplirse
el
centenario del nacimiento de donManuel
AntonioTocornal
yGrez,
laUniversidad
deChile,
de quefué
elsegundo, dignísimo,
rector,
hacreído
justo
y conveniente rendirespecial homenaje
a su memoria.I
Era
el señorTocornal
unhombre
deelevada estatura,
peroque, por
lo
muydelgado,
parecía
altísimo.
Los
grandes
ojos, obscuros,
hundidos enlas
órbitas,
bajo
un ceñode
ordinario grave, aveces, casiadusto,
eran dela más
inteligente
ybondadosa animación.
La nieve de
los
añosempezaba
apenas aencanecerle;
ynoimpedía
quela intensa
negrura delcabello formara
singular
con trasteconla
palidez,
un pocoamarillenta,
del
alargado
yangu
loso
rostro.Eran
susmodales
llenos
dedignidad,
y sinperjuicio
dela
llaneza, algo
solemnes,
Empleaba
la
mayoratención,
la
más culta
elegancia
enlas
exterioridades:
veíaseenél
al
hombre
degusto,
deraza y defortuna.
Fué
sumodo el de
uncaballero
alas
derechas,
demanifes
taciones
que encantabanpor lo
espontáneas
ysimpáticas:
supo ser
cordial,
sindejar
de sergranseñor,
contodos.Por
muchos años,
yhasta
su muerte,habitó
su señorial resi dencia enla calle
de laBandera
entre Moneda yAgustinas,
consagrando
eldepartamento
dela
izquierda
a subufete
de abogado
y a sutertulia
política,
yel
de laderecha,
a susgrandes
salones
derecibo
social,
suntuosamentealhajados,
y con cua dros yestatuasdemérito.
Dábanse
citaensutertulia,
de sieteanueve delanoche,
loshombres más notables
detodos
lospartidos,
desdelos ultra
conservadores,
hasta los
propios
radicales:
Allí
Covarrubias,
losAmunáteguis,
Lastarria, Matta,
ytantosotros,
constituían,
alas veces enmediode las vehementes
agitaciones
de lacalle
públi
ca, unhogar
común,
cívicosiempre,
bajo
laluminosa
inspira
ción,
y larespetable égida
del
dueño decasa.Poseía, además,
el ilustre
orador
ypolítico
otra gran mansión,
cercadeSan
Bernardo,
enel
fundollamado
«ElMariscal»,
por haber sidoenotrotiempo
delex-presidente,
donJoaquín
Prieto,
yen la que, durante elperíodo
devacaciones,
o endías
especiales,
solía recibir
asusamigos
y alomejor
de losextranjeros
que nosvisitaban.
II
Para
despachar
lacorrespondencia, empleaba
amenudo
tres amanuensesa untiempo,
que loerandeordinario
sushijos
don
Ismael
y donCarlos,
y don AbelardoNúñez,
cada
unode los
cuales ibadándole
la últimapalabra
que lehabía dictado,
Dilucidaba con
lujo
deinformaciones,
vigor
derazonamien
to,y la másrarafacilidad,
variadísimostemas.Llegó
aperder
ensus últimosañosel hábito de la redacción escrita:érale
lapluma
uninstrumento dilatorio.Fué
tanprecozsudiscreción
que, desdeadolescente,
consul
tábalesupadre,
donJoaquín,
a la sazón ministro deEstado,
sobre gravescuestiones
depolítica
internaoexterna.Hubo
siempre
entreambos,
noobstante la confianza yel
cariño,
como unprotocolo
severo,excluyente
de todafamiliaridad.
Desde que tuvoel
hijo
casapropia,
íbasesiempre después
de la cuotidiana tarea,a veral
padre,
ycuando,
poralgún
acaso,dejaba
dehacerlo,
decíallevar
unaespina
enel
corazón. Muerto donJoaquín, complacíase
a menudodon
Manuel Antonio enrecordar
losdichos,
anécdotas
yconsejos
pater
nales.
Una
ley
declemencia
reposaba
en suslabios.
Disminuía hasta donde eraposible
la censura.Su
aspiración
era vencer sinherir, derramando,
por decirloasí,
suespíritu
sobreaquéllos
que nopensaban
comoél.
¡Cuántas
veces detúvose laola
desuelocuencia,
y acabó enpiedad
loque
había
empezado
en indignación!
Eran contra su
naturaleza
lasluchas estériles:
creía en latriunfante
yconsoladora
fecundidad
del
amor en todaslas
líneas.
Supo
dar,
conla
templanza, simpatía
alajusticia,
yeficacia
a la acción.Nose
vengó jamás.
No
permitió
se alterase su serenidad enla
vidasocial
ni enlapública,
si bien en ladoméstica,
solía tener uno que otro arranque,fuego
depaja,
nó sinmotivo,
muyexplicable
por la
finura
de suorganización
Pero,
deordinario
eramás
bien
excesiva
supropensión
atolerar; simpático desequilibrio
que
novino,
porcierto
defla
queza,
sino de excesodebondad.
Nunca las inconsecuencias
ylos
abandonos,
quenole
esca searon,pudieron quebrantarle.
Era capaz de las más alentadas resoluciones. Cuando
ocurridos,
porejemplo,
Loncomilla
ylos pactos
dePurapel,
regresaba
acaballo
aSantiago,
llena
elalma
detristeza
porlos
horro res delcampo
debatalla,
y de tiernoorgullo
por traerla
paz enel bolsillo
de
sugabán,
como el romanoentre lospliegues
desutoga,
arrojóse
contal temeridad
a lascrecidas ondas
delLircay,
que apunto
estuvieron deahogarse jinete
ycabalga
dura,
ytrabajo
costó salvarlos
al rústicoque le
acompañaba.
Para Tocornal
y don AntonioGarcía
Reyes,
su íntimo ami go,que
negociaron
la
paz,pedía
el
lírico y hermoso donCarlos
Bello,
coronasde oroy de laurel.III
Lo que
después
delhombre
bueno,
descollaba
enTocornal,
erael orador.Hacíase
notarén
él la
facultad
espontánea
deproducirse
enformas
oratorias,
nosólo
enlatribuna
popular, parlamentaria
oforense,
sino enlossalones,
en lacalle,
enel
hogar,
entodas
partes,
masera unorador lleno depensamiento,
yconlas
for masde lamás noble sencillez.
Aventajaban
supresencia
oratoria
laalta
estatura, lagrave
dad
del rostro,el
aristocrático porte.
Era
como unamúsicasuvoz, y tanpotente,
que
en laCá
maraparecía
inverosímil
que deaquel
cuerpoflaco,
deaquel
hombre
débil,
saliera
semejante
voz.Advertíase
en lalentitud de
susademanescierta énfasis
contenida por
laseriedad;
ysólo cuando
iba aproducirse
el
movimiento
oratorio,
dabaamplitud
ydesenvoltura
a sugran
gesto
de orador elocuente.
la
definición de
Quintiliano:
«Orador
es elhombre
debien pe
ritoenel
decir».El
estrenode don ManuelAntonio fué
unhechomemorable:
donMiguel
LuisAmunátegui,
que asistía porprimera
vez alas
tribunas,
lo recordabacon emoción.Recién
electodiputado
Tocornal,
en1846,
sincumplir
aún los treintaaños,
yocupando
unode losbancos
independientes
dela
Cámara,
llamó
acuentasalos
ministros,
por habermantenido
unbatallón
deejército,
a sujuicio,
contrael
artículo
161 de laConstitución.
Empezaba
don
ManuelAntonio
midiendosusfuerzas
con las deaquellos
adustosatletas
denuestrapolítica,
que sellamaron
donManuel
Montt y donAntonio
Varas.Esa
interpelación produjo
sorpresa, nosólo
porlas
excepcionales
condicionesdel
joven orador,
sino por losprincipios
quesostuvoTocornal,
en orden alalcance que debía
darse a lasdisposiciones
constitucionales
relativas
al estado de sitio y alasfacultades extraordinarias. Parece que, hasta
esafecha,
nadie habíainterpelado
alos ministros.
Poco
después,
reconocióse
esederechoen elreglamento
de laCámara,
aindicación
deGarcía
Reyes.
Fué,
desde entonces,la
carreradeorador
para don ManuelAntonio,
unaverdadera marcha triunfal.
Es
particularmente
memorable el
discurso quepronunció
alinaugurarse
laestatuadeSan Martín,
Vióse
allí
allibertador
superando
ladivina
fortificación
de losAndes,
pidiendo
sóloenChile,
comopremio
desusservicios,
unejército
paracompletar
su obraen elPerú,
venciéndo
se allíasímismo,
anteBolívar,
conmayoresdificultad
ygloria
queaquellas
con lascuales había
vencidoa losmontes,
expatriándose,
nosindejar
el corazón enAmérica, compartiendo,
porfin,
sucerebro,
enlos amargos
díasdel
ostracismo,
entre las recuerdos dela
epopeya y las esperanzas delgrandioso
porvenir.
En la tumba de
Bello, procuró
hablar;
mas parece que sólo alcanzó adecir,
embargado
y
amigo...».
El Ferrocarril
delsiguiente
día ponealgunas
pa labrasmasensu boca(acaso
las
quepensaba
pronunciar)
ylas
concluye
conla fórmula
latina:
Tanto nomini nullum
par
elo-gium
(Tantas
palabras,
nosirven parael
elogio).
Y
nohabló
nadie más.
IV
La
magnanimidad
del estadistapúsose
aprueba repetidas
veces.Bajo
elgobierno
deBulnes,
hizoelevada
oposición
al
minis terio de don ManuelCamilo
Vial,
sinembargo
defigurar
enél donSalvador
Sanfuentes, amigo
desualma.
Derribado el
siguiente
ministerio,
que
encabezó donJosé Joa
quín Pérez,
y de queTocornal formó parte
como ministro deJusticia,
noporesonegó
su concursoalgabinete
ulterior.Triunfante don Manuel
Montt,
cuya candidaturanopropició,
y encendida
la
revolución en elSur,
lejos
deaceptar
las prestigiosas
insinuaciones delgeneral
Cruz,
caudillorevolucionario,
alistóse
como auditor de guerra, enlas
filas delorden.
Después
dela
guerra civil de185
1, solicitaba comodiputa
dola
amnistía,
«aunquesólo
hubiera deenjugar
unalágrima»,
y no
lisonjeó
aunpoder
que
eraantitético
desutemperamento
yaspiraciones,
aunque varias veces intentóganárselo
elpresi
dente.Y,
enfin,
después
dederribarle del
gobierno
laoposición,
por el
miraje
de la guerra conEspaña
en1864,
apoyó
algabi
neteCovarrubias
que, sin razón habíalederribado,
pero que erael
genuino
representante
de laopinión pública.
Sin
embargo,
lacualidad moral
que másse hacíanotarenél,
porquedebió
exigirle
los mayoressacrificios
devencimiento
propio,
fué
acasola
moderación.quese me
interpeló
hastacuatro veces en estaCámara. Pues
bien,
yó,
que deseaba fundaren mipaís
elgobierno
de la librediscusión;
yó,
quequería
inmolarme,
sacrificarme
deesamanera, a
trueque
de aseguraramipatria
en elporvenir
unaépoca
próspera,
contestabaa todos yacada
unodelos puntos
sobreque recaían las
interpelaciones,
sin quenunca se escapara de mislabios
unapalabra
quepudiera
traducirse en undesdén,
nodiréen
ofensas,
aunque hartas y bien amargasse meprodi
garon».Tenía el
derecho
dedecirlo
con la frente alta: eraverdad,
y nójactancia.
Por esola Cámaraenteraaplaudió,
inclusos
los
bancosde losdiputados.
A tales esfuerzossesometíaen esa
época
elilustre
orador,
pormantener sudignidad,
y en cuantole eraposible,
la dela
Cámara,
quecon frecuenciaenfermaba,
sufría
verdaderos ataques al
hígado, después
de las sesiones.Que exageraba
Tocornal elespíritu
deconciliación,
llevándolo,
alasveces, máslejos
delo
que lascircunstancias,
y especialmente,
el medio y eltiempo,
lo habríanpermitido,
yque por ello nopudo
serel hombre de ciertas situacionesdefinidas
oapasionadas,
escasi seguro:nada,
a lomenos, parece másnatural
yconforme
con el carácter delpersonaje
y la índole de su obra.Bajo aquel
supropio
ministerio del Interior y deRelaciones
Exteriores,
acostumbraba ir antesdela Cámara
ydespués
deella,
averadonManuel
Bulnes,
ex-presidente
dela
Repúbli
ca, que lo había hecho por
primera
vezministro,
yque vivíaen elelegante
y severoedificio
depiedra
que ocupahoy
suhijo
el ilustre historiador donGonzalo
Bulnes,
parapedirle consejo
antesdela
sesión,
para darlecuenta,
después
de ella.Solazá
base sobremanera elex-presidente
con la amenacharla
y el comercio moral desemejante
varón;
si biensolía,
a las veces, condulzura,
reprocharle
lo quellamaba
la excesiva suavidad de susprocedimientos
en elCongreso;
lo que venía a acenV
Fué
supadre,
comodije,
don
Joaquín Tocornal,
ysu
madre,
doña Micaela Grez.
Empezó
donJoaquín
sucarrera comoempleado
deHacien
da,
siguióla
comoministro
de
ese ramo, ymuertoPortales,
juntó
adicho ministerio los
delInterior
yRelaciones Exterio
res.Sus eminentes
servicios ysu gransituación
enel
partido
de
gobierno,
señaláronle
comoel
sucesor, al parecerinevitable,
del
general
Prieto
enla
presidencia
de la
República.
No
se contaba
conla aureola
queharía
surgir
sobrela frente
deBulnes
eltriunfo de
Yungay.
Fué doña Micaela virtuosísima
señora,
cuyacomplexión
influyó
más que
la desuesposo, enla
desuilustre
hijo.
Los hermanos varones de
don
Manuel
Antonio,
frutos
delprimer
matrimonio
desupadre,
fueron:
donJoaquín,
el
primo
génito,
quesededicó
ala
minería;
don
Javier,
aquien,
arrostrando las
preocupaciones
del
tiempo,
dedicó
supadre
alamedicina,
y que, porel
aspecto,
asemejábase
considerablemente
a nuestroprotagonista;
y porfin,
don
Tomás,
que
seconsagró
a lamilicia.
Recibieron
todosdesde
la
cunala educación
religiosa
quecorrespondía
alas
creencias y sentimientos desuspadres.
«Principió
(don
Manuel
Antonio)
susestudios deHumanida
desala
edad de sieteuocho
años,
cursando
el latín
en unaclase
privada,
y loscontinuó
como alumno interno delInstitu
toNacional.
lia-maba sus
alumnos
queridos.
Estando
Tocornal
enel Ministe
riodel
Interior,
publicó
Moraunartículo
en unperiódico
deMadrid,
quefué
reproducido
en ElIndependiente
(diario
deSantiago),
y recordaba enél
queTocornal
había sidosu discípulo.
«Disuelto el
Liceo,
continuóTocornal
estudiandohumanida
des con monsieurPortes
en unaclase
particular.
«Hizosusestudios de derecho comoalumnoexternodel Ins tituto
Nacional,
donde cursó losramos de derechonatural,
derecho
degentes
yeconomíapolítica.
Elprimero
deestos ra moslefué
enseñado por don ManuelMontt,
queeraentonces ministrodel
Instituto.«Al mismo
tiempo
estudió con donAndrés
Bello Derecho Romano yEspañol,
y Literatura.»(1).
Concentrábanse
sobresujuvenil
cabeza,
heredera de las tradi cionesconservadoras,
además
dela
atencióny esperanzas de supadre
y de las de Montt yBello,
las
de don Mariano deEga-ñay
don
Diego
Portales,
que tantocontribuyeron
ala
primera
organización
delaRepública.
«Este
joven,
dijo
elilustre
García
delRío,
será
unagloria
parasupatria.»
Escribiéndole
supadre,
amediados deMayo
de1840,
reco mendábalesostenerlo
bueno yjusto,
yreprobar
lo malo einjusto, cualesquiera
quefuesen
sus autores, así comousarunlenguaje
moderado ypersuasivo;
consejos
que,según
lo yaexpuesto,
encarnaronprofundamente
en el ánimo deljoven.
Noera
posible
poraquellos tiempos,
recibirenChile
mejor
educación;
nilo ha
sido nuncarecibirla
de más autorizados la bios que los de Bello yMora,
en susrespectivas asignaturas.
Fué
enel Instituto
dondeempezó
la nointerrumpida
amis tad deTocornal
conGarcía
Reyes,
hermanos
por elcerebro,
elcorazón,
yunaprofunda,
recíproca
simpatía,
verdaderos Ores-tesyPílades
dela
política
chilena,
y que, como esnatural,
influyéronse
poderosamente
entresí,
hasta la muertedeldo,
ocurrida
enLima,
en1857. Creyó siempre
don
Manuel
Antonio
queeraelde
suamigo
unentendimiento
singular.
Y fué
enlos
cursosliterario
yjurídico, respectivamente,
quehacía
en su casadon
Andrés
Bello,
donde
seconocieron,
estimaron
yamaronTocornal
ydon
Salvador
Sanfuentes,
los
discípulos predilectos
de donAndrés.
«Hubo
una pausa en susrelaciones
políticas,
pero nunca
llegó
ainterrumpirse
suamistad,
quefué muy
estrecha en unprincipio,
y
que,
sialgo
seentibió
porla
política,
volvió
a ser muycordial
enlos últi
mosdías deSanfuentes»
(1).
Fallecido
donSalvador
en1861,
dominó don Manuel Anto
nio,
sincontrapeso,
en el corazóndel ilustre sabio. Durante los
últimos
años deBello,
visitábale Tocornal todos los
domingos,
de doce
acuatro,
y
gozábase
muchísimo el
primero
enla
conversación y
compañía
del
segundo.
Enfermo
Bello de
suúltima
enfermedad,
iba averle diaria
mente su
antiguo discípulo,
y cuandose
administraron
al
moribundo los sacramentos, arrodillóse
donManuel Antonio
alospies
dellecho.
En
1837,
terminóTocornal
sus estudioslegales,
yseincor
poró
alaAcademia de Práctica
Forense,
yen1839,
serecibió
deabogado después
depracticar
condonManuel
Montt,
suantiguo profesor, quien
le
dio paraello
unexpresivo
certificado.Contribuyó
don
ManuelAntonio
ala
reforma
yconsolida
ción dela Academia
dePráctica,
en lacual, decía,
deben formarse
los
amparadores
delos
derechosindividuales
y los defensores
de lasleyes.
Patrocinó
seextendiera la
instrucción delabogado
ycondenó
elalargamiento
indebido
delos
juicios,
y elempleo
detérminos
injuriosos
antelos
tribunales,
constituyén
dose
desde
entoncesenel
paladín
de la moderaciónforense,
como había de serlo
después,
dela
moderaciónparlamentaria.
Desde el momento enqueserecibió deabogado,
se consagró
al
ejercicio
desuprofesión.
Hallándose
el doctor donJosé
Antonio
Rodríguez
Aldea,
queera en
aquella época
lamás notable
figura
denuestroforo,
consu salud
algo quebrantada,
asoció asu estudio a donManuel
Antonio,
paraencargarle especialmente
losalegatos
verbales. Teníaentoncesa su cargo el doctorRodríguez
numerosísi mosasuntos, ya pesar desu reconocidalaboriosidad,
no al canzabaadesempeñarlos
todos.Pocos
mesesdespués
dehallarse Tocornal
enel estudio deRodríguez
Aldea,
enfermó
éstegravemente,
yfalleció
aprinci
pios
deJunio
de1841.
Continuó
entonces don Manuel Antonio con ladefensa
de lascausasmásimportantes
delfallecido.
En
los
primeros
años delejercicio
de suprofesión,
elaboró Tocornalalgunos
informes enderecho,
siendo denotar que tuvocomoadversarioen.variascausascélebres
a su condiscípulo
yamigo,
el muydistinguido joven
donFrancisco
Bello,
arrancado,
harto prematuramente,
al corazónde
suinsigne
pa dre y alas esperanzas de lapatria.
Entre
las causas que defendió donManuel
Antonio en laprimera época
de suejercicio profesional, figura
un ruidosopleito
minero enCopiapó,
que
ganó
concostas,
y por cuya defensaobtuvo
cuatro barras y media dela
mina«Dolores»,
cuyostrabajos,
confiados
alainteligencia
y celo desuhermano donJoaquín,
tuvierongrande
éxitoy fueron la base de cuantio sopatrimonio.
Su
edad, posición
ycostumbres,
y los
principios
desufortu
na,señalábanle
ala vida delhogar;
ydecidióse efectivamente
su corazón porsuprima hermana,
la señorita MercedesIgnacia
Tocornal
yVelasco, hija
delfinado
regente
de laCorte
deApelaciones
deSantiago,
donGabriel
José
Tocornal,
aristo cráticahermosura,
gala
delos
salones,
que cuandoBulnes
vol víadelPerú,
sorprendió
consu canto al vencedor.Concertado,
empero, elmatrimonio,
creyó
Tocornal
quelas
circunstancias,
yespecialmente,
la necesidad deampliar
susconocimientos,
leaconsejaban
emprender
unviaje
aEuropa,
que
duraría
dosaños;
yefectivamente,
el 6 deFebrero
de1844
dióse ala velaenValparaíso
viajero
porel Estrecho de
Magallanes,
cuando,
enlacasa paterna,
que
aun posee unode
los miembros de la
familia,
enDelicias
esquina
de San
Isidro,
celebróse
elmatrimonio.
Como
lo
había
previsto
él
mismo,
tuvo enél
elviaje
aEuropa
influencia
trascendental,
entérminos
de que nohabría
sido seguramente
suactuación la
que
fué,
si nolo hubiese
realizado.
Su
objeto genérico
era conoceraquel
gran
mundo,
ysu ob
jeto específico,
estudiar el
derecho,
las instituciones
políticas
ylas
prácticas parlamentarias,
para poner
después
sus conoci mientos alservicio
delpaís.
Visitó
Francia, Inglaterra, Bélgica, Holanda, Alemania,
Aus
tria,
España, Italia,
Turquía
yGrecia,
visitando los
monumentos,
bibliotecas,
academias,
universidades,
museos, etc.Fué
íntimoamigo
enMadrid de
donÁngel
Saavedra
yFa
jardo, duque
deRivas,
celebrado
autor deEl Moro.
Expósito,
quien
loacompañó
aItalia,
y auno de cuyoshijos hospedó
después
enSantiago,
con suhabitual
magnífica hospitalidad.
Asistió
enLondres
conparticular
interés
alas
sesiones delParlamento.
Pero,
el
centrode
susoperaciones
fué
París,
endonde
bajo
la dirección ypatrocinio
de don Francisco
Javier Rosales,
portantos añosdistinguidísimo
representante
deChile
enFrancia,
y auxiliado
por susvaliosas
recomendaciones, pudo
trataraalgunos
delos
personajes
más eminentesdel
mundojurídico, político
oliterario,
escuchar
suslecciones
yaprovechar
sus enseñanzas. Tuvo endicha
capital
la
honra,
paraél
enternecedcra,
deconocer de cerca
al
general
San
Martín,
ya más que sexage nario.Los debates
forenses,
sobre todoenlas
causascriminales,
h¡-ciéronle
conocerde
un modopráctico
lo quesólo
conocía porlos
libros,
esto es, quela
profesión
deabogado,
lejos
de ser árida ydescarnada,
presenta
vasto campoa la elocuencia.Interesáronle
sobremaneralos
debatesparlamentarios.
Allívio también
prácticamente
que la misión de lasasambleas
ledel
Estado,
ejerciendo
asíesa autoridadmoral
que tiene tanta influencia sobre el destino delas
naciones.Figuraban
entonces enlaCámara
deDiputados
y en la de los Pareslos
hombres másdistinguidos
deFrancia.En
laprimera,
elacerado,
correctísimoGuizot,
presidente
enaquella época
del
Consejo
deMinistros,
más liberal acaso depalabras
que deobras;
el
pequeño Thiers,
deaguda
voz,llama
do
atan altosdestinos,
que
sehacíaescuchar
por supreclaro
ingenio;
Villemain,
el críticofamoso;
elinspirado,
aristocrá
tico
Lamartine,
que, cualninguno,
atraía la atención delas
mujeres;
elfilosófico
yelocuente Odilon
Barrot,
el
primer
ge-neralizador
de laCámara;
Berryer,
elabogado
ypolítico,
dedilatadas
y áureasarmonías; Billault,
más tarde ministro sin cartera deNapoleón
III,
ala
sazón muyjoven,
pero ya admi rable de razonadorafacundia;
elviejo
Dupin,
sagaz yexquisito;
yel financista
Duchátel, rápido
y diestro en la tácticaparla
mentaria.
Yen la
Cámara
delos
Pares, principalmente,
el
animoso,
iró nicoMontalambert,
contrario alrégimen
de larevolución
deJulio;
e! hábilduque
deBroglie, después
jefe
deGabinete
bajo
latercera
República,
y elacadémico
Mole,
quesimbolizó
polí
ticas de resistencia contrala
corriente liberal delsiglo
(i).
En
aquella
edad de orodelparlamentarismo
francés,
seguía
eljoven,
lleno de la más interesadaatención,
desde
su asientoen
las
tribunas,
eldesarrollo
de los debates que,prolongándose
eintensificándose,
habían de conducira larevolución
de1848;
yreparaba
nosóloen eljuego
de las instituciones yenel
fondo de las doctrinas ysistemas,
sinoen lasfiguras,
voces,actitudes,
gestos
y modales de los oradores.Sonó,
alfin,
la hora del regreso.Por
unrarocapricho
dela suerte, ala vista ya deValparaíso,
en dondele
aguardaba
su esposa,el celoso vientoplegó
lasalas,
y nole
permitió
desem barcar sino al décimo día.VI
El
viaje
aEuropa
ylas
tendenciasseculares
nodebilitaron
su fereligiosa:
eray continuósiendo
cristiano,
ycatólico
sinrespetos humanos,
hasta la
muerte.Como
Dupanloup
yLacordaire,
noaceptaba,
sinembargo,
lateocracia,
oseael
gobierno
en que elejercicio
delpoder
está sometido alsacerdocio;
yaspiraba
ardientemente alaarmonía dela
Iglesia
con lacivilización.
Leyó
con deliciael
ingeniosí
simofolleto
en queDupanloup
pretendió explicar
elSyllabus
en sentidoliberal;
pero,católico
hasta loíntimo,
doblaba
lacabeza
y renunciaba a sujuicio
cuandola
autoridadeclesiástica
definía
unpunto
de
doctrina.No
esinverosímil
que, por evitarconflictos,
yrecoger
losfrutos
de lalibertad,
dentro dela
mutuaindependencia
delospoderes espiritual
ytemporal,
hubieraoptado,
con eltiempo
yel progreso
de lasideas,
porla benéfica secularización
de lasinstituciones.
Era
paraél inviolable
lacreencia
ajena,
que, como haobser
vado últimamente unilustre
estadistafrancés,
no esmateria de«tolerancia»,
palabra
que a estepropósito,
debierasuprimirse
del
léxico,
sino deobligatorio
respeto;
alo
que agrega que «así como lamentalidad
quenorespeta
lafe
no esmentalidad
libre,
lareligión
que
atacaa lalibertad
amenaza lapropia
fuen te desupoder».
Subsistió también
donManuel
Antonioconservador
en política,
que, yasesabe,
éralo
genuinamente
por susorígenes
yeducación.
Creía,
antetodo,
en laconveniencia
de mantenerel
hechoconsumado,
la
instituciónexistente,
la casaconstruida,
yconDemuestranen él esta
progresiva
tendencia,
nueva entoncesen
el
partido
conservador,
numerososhechos.
Reconocía
defectos
en la Constitución de1833,
y la conve niencia demodificarla,
a pesar deque supadre
habíafigurado
entre losconstituyentes.
Inclinóse
siempre
ainterpretar
yaplicar
losseverosprinci
pios
fundamentales,
deuna maneraamplia,
respetuosa
del pre sente,previsora
del
porvenir.
Vimos yasuliberalidad en materiade
interpelaciones,
facul
tadesextraordinarias
y estados de sitio.Cuando
setrató
de la reforma del artículo5.0
de laConsti
tución,
opusosuarrolladura
elocuencia
alpensamiento
de de rribar lascapillas
disidentes,
eindujo
asuscorreligionarios
aaceptar,
muchos de ellosmal
desugrado,
latranquilizadora
ley
interpretativa,
según
la cual no sereputaría «público»,
ni podría,
enconsecuencia,
prohibirse,
el culto
que seejerciera
den tro de los indicadostemplos.
Esforzóse
por darlegalmente
la mayorpublicidad
alos
privi
legios
exclusivos.
Impugnó
conGarcía
Reyes
laaprobación
dela restrictivaley
deimprenta
de1846,
quenació
desacreditada,
yfué
después
necesario
derogar.
Conforme
alassaludables
inspiraciones
de lospadres
de lapatria,
favoreció
cuantopudo
la instrucciónpública
y la inmigración.
Tuvo,
enciertaoportunidad
quedefender
por la prensa, y lo hizoelocuentemente,
adonAndrés
Bello,
del
peregrino
cargo denohaber nacido enChile.
Influyó
enotra,
siendoministro,
para quese diera unpuesto
enlaadministración,
y serepatriara,
a don FranciscoBilbao.
Creía,
engeneral,
comolomanifestó
ensudiscurso universi tario de1847,
1ue<<e'
sistema quetiende
acentralizar
en elgobierno
las fuerzasy recursosde
lasociedad,
esincompatible
con la formaeinstituciones democráticas».
eleva-vadísimo
espíritu,
abierto dentro de la
prudencia,
alas
solucio-ciones
de lalibertad.
VII
Fué
elegido
diputado,
por
la
primera
vez,a suvuelta de Eu
ropa,
en1846,
porel
departamento
de
Rancagua.
Su conducta
ejemplar
enaquella
legislatura,
y
especialmente
sucampaña
enfavor
dela libertad de la
prensa,hiciéronle
candidato
de
oposición
porValparaíso
en1849;
y su
éxito
allíconstituye
unodelos triunfos electorales
másespléndidos
que serecuerdan enChile. Dando
cuentade laelección
alministro,
el
propio general
yalmirante
donManuel Blanco
Encalada,
intendente
dela
provincia,
que, apesar delos
tiempos,
supoguardar
enella la
más estrictaprescindencia,
decíale haber
te nido lahonra de
perder
las
elecciones,
y que donManuel An
tonio Tocornal
había sidoelegido diputado.
Consagrábase principalmente
poraquellos tiempos
donMa
nuel Antonio al
ejercicio
desuprofesión,
ypublicó algunos
informes
jurídicos
en causascélebres,
sobre todo enlos
pleitos
de
minas quepatrocinaba
antelaCorte
deApelaciones
de
LaSerena.
Respecto'
a sudiscurso
universitario sobre laorganización
de laprimera junta
degobierno, dijo
donAndrés Bello que
a unapaciencia
laboriosa,
juntaba
Tocornal
laaptitud
de coordinarlos
materiales,
y deexponerlos
deuna maneradiscreta,
impar
cial
ynoblemente sencilla.
De nuevo en
la
Cámara, atacó,
encompañía
deGarcía
Reyes
y otros, algabinete presidido
por donManuel Camilo
Vial,
de queformaba
parte don Salvador
Sanfuentes,
ya poco derribáronle.
Los
favorables
auspicios
conqueseinició elgobierno
deBul
nesno
parecían
justificarse
asuexpiración:
densas nubesasomaban
por todaslas partes
delhorizonte,
y enardecíanse sobremaneralos ánimos alrededor de
la candidatura
presidencial
dedon
Manuel
Montt.don
José Joaquín
Pérez,
la
presencia
deTocornal
enla
Justicia,
y la deGarcía
Reyes
enlaHacienda,
contribuirían
a allanarIss
dificultades. Nofué
así:el
conflicto había idodemasiado
lejos,
laelocuente
moderación de losjóvenes
oradores nosatisfizo
anadie,
cayó
elministerio,
y don ManuelMontt
fuélleva
doalaprimera magistratura,
con lasgravísimas
consecuencias
que de ellosesiguieron.
Ya
dije
laparticipación
deTocornal
en lospactos
dePura-pel
después
deLoncomilla,
yen la amnistía.Abstúvose,
por lodemás,
de intervenirenlacosapública
duranteel
decenio,
sindejar
por ello deprestar los
máseficaces
servicioscomo miem bro de laComisión
Revisora delproyecto
deCódigo Civil;
pero la
grande
época
desuvida
seacercaba.
Después
dela revolución de1859, reprimida
también
entrearroyos de sangre, creíase
cierta,
sinposible
lucha,
la candida
turapresidencial
de donAntonio
Varas;
pero elmagnánimo
estadista rechazólaindeclinablemente
conrudogesto
de heroís moantiguo,
y vino de allíla
presidencia
dedonJosé Joaquín
Pérez,
aquien
recibióel
pueblo
contransportes
dealegría.
No tardó en acentuarse el
antagonismo
entre elnuevorégi
men,apoyado
por laopinión
pública,
y elantiguo,
sostenido aún por los elementos degobierno, especialmente
porla casi
unanimidad delas Cámaras.
Constituyóse
entoncesla coalición
«liberal-conservadora»,
y fuéllamado
arepresentarla
y
dirigirla
enla
organización
del
nuevogabinete
y en losministerios del
Interior y de Relacio nesExteriores,
don ManuelAntonio Tocornal.
Acompañábanle,
enla
Justicia
e InstrucciónPública,
donMiguel
María
Güemes,
espíritu
ecuánime y sesudojurisconsul
to, de tendenciaconservadora,
yen laHacienda,
donJosé
Vic
torinoLastarria,
brillante
paladín
delas
ideasliberales.
Todo-ellobajo
la discretainspiración,
alas vecesalgún
tantohumorística,
delanciano
presidente.
Por el
poder
esencial delas
cosas, porel
influjo
del
espíritu,
pudo
aquella
situación sostenerse,
noobstante
laactitud
delas
Cámaras,
pero, acostadeinnúmeros esfuerzos
y contrariedades.
El
propio Tocornal,
según
vimos,
recuerda que díashuboenquesele
interpeló
duranteesaépoca
hasta cuatroveces enla Cámara deDiputados;
yen otraparte añade que, habiendosidoel introductor de las
interpelaciones, fué,
noobstante,
elmás
interpelado
delos ministros.Iniciósela administraciónde Bulnes enaurorade
gloria;
la deMontt,
enaurora de sangre;ladePérez,
en aurorade paz.Ya
quien
tocóprincipalmente
lahonrade servir a esapazcon sunoblealma,
ysumagnifica
elocuencia,
fué aTocornal:ben ditaseapor ellosumemoria.Siarepresentary servir la paz entró al
gabinete,
saliódeél por resistir la guerraconEspaña,
noindispensable,
a sujuicio,
y funesta.
Pudodecir el 26 de
Junio
de1864,
en la CámaradeDipu
tados:
«Más deunavezhabré
podido
estarendesacuerdo conmis conciudadanos.Ninguno
acatamás que yo laopinión pública;
ninguno
estáposeído
más que yo del deseo de satisfacerla.Pero,
porgrande
queseami respetoalaopinión pública,
nun catraicionaré por ella mi conciencia. Si elpaís
enterovinieraa
exigirme
una cosacontramiconciencia,
alpaís
entero diría que nó.(Aplausos
enlabarra).
«Y si
alguna
vezcreyera queconla obstinación de obedecera mi conciencia causaba
algún
dañoamipatria,
el deber de hombre honradomeobligaría
aabandonar elpuesto,
paraque otro lo ocupara másdignamente».
(Aplausos
en la barra yenlos bancosde los
diputados).
Huelga
añadir que los acontecimientos le dieronrazón;
y que al salir deaquel eclipse,
brillósuprestigio
conmásesplen
dor quenunca.
Electo
diputado
en1864,
por losdepartamentos
deChillany Los
Angeles,
continuósirviendo alpaís,
desdesuasientoenla
Cámara,
quellegó
apresidir.
Señaléya,entreesosservicios,
el referentea la
ley interpretativa
delartículo 5°de IaConstitución.
Alos pocosmesesdemuerto
Bello,
eligióle
estecuerpo uniinmensa honra de suceder al sabio maestro,enel
manejo
de laJuz civilizadora. Hizosenotarsu
rectorado,
aunquebreve,
por Sustendenciasefectivas de progreso enlas instituciones escola-Tes,yporunadirección de laenseñanzatanimparcial,
elevada,
y
benéfica,
que creyeron deber colaboraraella miembros de jas más diversasagrupaciones políticas.
Electo senadoren Marzo de
1867,
fuépresidente
delSenado,
aunantesde los cincuentaaños.
Faltábalesólo la
presidencia
delaRepública,
yatraíanlein venciblementeaella lasuperioridad
desusméritos y elgeneral
deseodesusconciudadanos.
Hallábanse reunidasen estehombre las más
aventajadas
cir cunstancias: la distinción delcontinente,
laclaridaddeunespí
ritusuperior,
unnoblecarácter,
la irresistiblemagia
de la elocuencia,
vastosconocimientos,
eminentesservicios,
generales
respetoysimpatía,
elevadaprosapia,
gran fortuna. Había porqué
el hadoenvidiase,
yfué débilsuorganismo,
y nolarga
su existencia.VIII
Cayó
enfermoenunatriste tarde deJulio
de1867.
Durante
largos
días,
estuvoSantiago pendiente
desuenfermedad,
enque le asistieron su hermano médico donJavier
y los doctores Blest y Petit.Los «nacionales» de
quienes
habíallegado
aserídolo,
mani festaronsusolicitud por el ilustrepaciente,
entérminos de que donAntonioVaras,
unadelas dos cabezas deldecenio,
leíaa vecesdesdeunsitioelevado los boletines médicosalaconcu rrencia.Todo
fué,
empero,inútil,
yaproximándose
elfin,
enlamañanadel 15 de
Agosto, después
de recibir los sacramentos, hizo llamar alseñorarzobispo
deSantiago,
donRafael Valentín
Valdivieso,
conquien departió largos
instantes.es-posa,
obispo
electo
de
Ancud,
que
noalcanzó
a entrar eneBdesempeño
de
susfunciones.
Dio
alos
suyosconsejos
delas
másaltas
previsión
ysensatez, recomendando
especialmente
aaquellos
de sushijos
quehubieran
de estudiarderecho,
nodefendiesen
jamás
sinopleitos.
justos,
ydiciéndoles
a estepropósito:
«Yo defendí
unodudoso,.
yaunque lo
gané,
mepesaen esteinstante».
Quiso
ver adonMiguel
Luis
Amunátegui,
paradespedirse-en
él
de susamigos;
yalcanzó
ahacerlo.
«Nocrean
que
deliro,
exclamó:
micuerpo
está yan>uerto„
pero micabeza,
lúcida:meacuerdohasta
decuando,
porla
mañana,
mecantaban lasaves enEl Mariscal.»
Don
Miguel
Luisembargábase
enllanto;
y elpadre
León,
el
fino
jesuíta,
aquien
muchos
de nosotros hemosconocido,
recordaba
almoribundo
el
sagrado
texto: «Másfelices
que los.que
nacen,sonlos que
muerenen elSeñor».
«Siempre, dijo,
he creído enla inmortalidad.
Hellenado
mi misión: deseodisolverme
enJesucristo.»
A
no ser porla extraordinaria
palidez,
habría
parecido
come-de costumbre.Ordenó
sedisminuyese
la luz natural
que entrabaala
alcoba,
y se
colocara
uncrucifijo grande
sobre
la mesa, mientrasopri
míaconlas últimas
fuerzas ylas
exangües
manos, unopeque
ñosobre el
corazón.Cerró
losojos,
ypasado
untiempo,
tras deleves
convulsio
nes,
rindió el ánima...
LA
EDUCACIÓN
ESTÉTICA
La
tareadel
quebusca
unplan
educativo,
oreformador
delas
tendenciasgenerales
de los niños deunpaís,
essencilla
cuan do se refiereahombres
de sangre pura, de unasola
raza. Las■complicaciones,
y porconsiguiente
las vacilaciones
ylos
fraca sos, comienzancuando
se trata deaplicar
el mismosistema
a educandos que tienenen sus venassangres de diversocolor,
en sumenteelchoque
decivilizaciones
apartadas
entresí,
ensus ;almas lalucha
desentimientos, creencias,
preocupaciones
con tradictorios.Para
abarcar conprecisión
estaidea,
conviene
recordar
untipo
universalmente conocido
como-concentraciónde
su raza.Así
huiremos
devaguedades
y dedogmatismos,
que en
proble
masobscuros ycontrovertidos
sonmanifestaciones
igualmente
«diosos
defalta
deprobidad
enla
exposición
de
unateoría.Este
tipo
derazapura, deintegridad
mental y moral fuéseñalado
eninmortales
páginas
porTaine.
Bonaparte
eraitaliano
de procedencia
yde raza, defamilia italiana
cuyoorigen puede
perseguirse
desde elsiglo
XII. Esta familia
esdesgajada
como una ramadesuárbol,
enplena
Edad
Media,
antesde todadecaden
cia,
de todorefinamiento,
de toda mezcla.
Transportada
aunase
acrisola
yendurece,
la
raza sepurifica
yconcentra.El
nuevo-trasplante
seefectúa
encondiciones extraordinarias.
Bonaparte
italiano,
eitaliano de la Edad
Media,
llega
aFrancia
enépoca
de
anarquía,
de
descomposición.
Se acaba de
pasarel arado
porla tierra
yla
planta
salvaje
de
Córcega
encuentrasurcoabierto
ysuelo
abonado,
ylibre
de toda
otramaleza de
sufuerza
yloza
nía,
de
suáspera
resistencia,
de
suviolento
crecimiento,
lo invade
todo.
«Desmesurado
entodo,
nosolamente está
fuerade
línea,
sino fuera de
marco.Por
sutemperamento,
susinstintos,
susfa
cultades,
suimaginación,
suspasiones,
sumoral,
parecefundido
en unmolde
aparte, compuesto
de unmetaldistinto del de
susconciudadanos
ycontemporáneos».
Y el
granpensador
recuerda
estafrase
deAlfieri:
«la
planta-hombre
no nace enningún
país
con mayorfuerza
que enItalia». Cuando la
integridad
mental
ymoral de
unamismarazaencuentraenlos
siglos
XIV„
XV
yXVI,
que
la
medidadel
super-hombre
esla
deSan
Francisco
deAsís,
Dante, Miguel Ángel,
Benvenuto,
César
Bor-gia,
Julio
II
yMachiavelo,
conviene escoger allíel
tipo
ymodelo-absoluto
para elestudio de los medios
que convieneimpulsar
alos hombres que vienen formándose
enla mezcla
derazasdiver sas,enla marcha ascendente hacia la
alturadel
progresomaterial
e
intelectual.
Borgese
nosmuestra,
en sureciente libro sobre
La Guerra delle
idee,
las obras que revelan
los dosaspectos
del
alma italiana: / Fioretti di Santo Francesco
yla Vita di
Benvenuto
Cellini,
el
santode Asís todo
espíritu
y el orfebregenial
todo naturaleza. Goethe admiró
yexaltó
aBenvenuto hasta lla
marlo
representante
de
unsiglo,
casi del hombre:
«capofila»
y«capostipite». Borgese
agrega que Bismark
fuéunBorgia
conéxito. No sabemos si
sehahecho
laaproximación
mucho más
visible
deCellini
yBonaparte,
cadacual
uncarácter
desnudo-de toda
simulación,
unavoluntad libre
dedudas
yvacilaciones,
una
irresistible fuerza natural
heredada,
movida
fríamente,
yal
mismotiempo
confrenesí,
enla líneadel
propio
interés.
crecimiento;
esel
correode lahumanidad que
abre lajaula
yda
libertad
alapaloma mensajera
enel momentopreciso.
En
cambio,
el educador de este otrohombre,
ramificación
deingertos
diversos,
nosabequé
formaadoptará
laplanta,
niqué
clase
de floresabrirán
en sufollaje
bizarro,
Entre
otrospublicistas, generalmente
hombres deprensa,
unprofesor argentino, distinguido investigador,
ha dedicado unen sayo depsicología
social a la mezcla de sangre de laAmérica
Latina.Este
libro encierra por lomenosel cuadrocoloreado
de nuestrastierras,
enespecial
de lashispanas,
sobre lascuales
laplanta
humanaimportada
se ha mezclado ytrasformado
y mientrasno dasutipo
definitivo pasa por las aberraciones delmestizaje
y, de tardeentarde,
amenaza conaisladas
aparicio
nesde hibridismo.Todas
las
razasdelorbe estaban
destinadas a darse cita en nuestro mundo descubierto porEspaña
ypoblado
por tribuscobrizas tal
vezvenidas delAsia. Los
primeros capitanes
blan cos vinierondesposados
con lamuerte o conlagloria;
peropronto
notaronla falta de la hembra ytomaronenla sed desu necesidad sexual la que máscercaestaba. Los portugueses
no habían rechazado yaala negra desu colonización del África y vinieronconella
alnuevomundo. El gran misioneroLas
Casas,
conmovido conelsufrimiento
delaborigen, provocó
lainmigra
ción delafricano. Hemos
trazado hace pocolas líneas
trágicas
de«El Camino
de losEsclavos»
que también cruzónuestraalta
cordillera
nevada.A
las costas delPacífico
acudió más tardedirectamente
elasiático;
perotambién
venía sangre semítica en laespañola
yno esimprobable
que yaencontraraésta la