1. El ser humano y la filosofía A diferencia de otros seres, el ser humano tiene conciencia de sí mismo, preguntándose acerca de su ser. De ahí una de las primeras preguntas que, desde la filosofía, se plantea el ser humano: ¿qué es el ser humano? Así sur

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Tema 6. LA PERSONA HUMANA

1. El ser humano y la filosofía

A diferencia de otros seres, el ser humano tiene conciencia de sí mismo, preguntándose acerca de su ser. De ahí una de las primeras preguntas que, desde la filosofía, se plantea el ser humano: ¿qué es el ser humano? Así surge la antropología filosófica.

1.1. La antropología filosófica

El término «antropología» procede de las palabras griegas anthropos («hombre» o «ser

humano») y lógos («estudio» o «tratado»); así pues, significa «tratado acerca del ser humano».

La antropología puede ser abordada desde diferentes puntos de vista, científico o filosófico:

Desde el punto de vista científico podemos encontrarnos con la antropología cultural, que se ocupa del estudio de las diferentes formas de vida humana que han existido y existen hasta nuestros días; o la antropología física, que analiza y estudia la evolución desde los primeros homínidos hasta el ser humano actual, el homo sapiens.

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1.2. Concepciones prefilosóficas sobre el ser humano

Actualmente, parece claro que, tanto el homo antecessor como el hombre de Neandertal practicaban ritos funerarios y tenían cierta conciencia de la muerte y del más allá.

En las civilizaciones india y griega se habla ya del ser humano como un compuesto de cuerpo y alma, siendo esta última la responsable de la vida. Una de las explicaciones más extendidas es la que identificaba el alma con un soplo o un aliento vital. Por eso hablamos del último aliento cuando alguien muere. Pero también se ha hablado en otras ocasiones de un fuego o calor vital, (que se apagaba y se enfriaba cuando un ser moría), o incluso de una especie de fantasma o sombra que se separaba transitoriamente del cuerpo cuando la persona se desmayaba, dormía o entraba en trance, separándose definitivamente cuando este moría (esto explica por qué en muchas culturas antiguas, cuando alguien entraba en trance se consideraba que entraba en contacto con los dioses).

Tanto la idea del aliento como del calor vital identifican el alma con la vida, independientemente de que esta sea animal o humana -o incluso vegetal. La tercera, sin embargo, apunta a una noción del alma separada y distinta del cuerpo que sería específica del ser humano.

Lo cierto es que la separación y distinción entre cuerpo y alma se ha convertido, salvo excepciones, en una constante en el pensamiento humano, ofreciendo diferentes respuestas al problema de la relación entre ellos.

1.3. La relación entre el cuerpo y el alma

Son tres las propuestas ofrecidas, estando dos de ellas presentes desde los orígenes de la filosofía y una tercera de origen mucho más reciente:

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Las teorías dualistas conciben el alma y el cuerpo como dos elementos de naturaleza absolutamente distinta que, sin embargo, se encuentran unidos durante la vida. Dentro de esta teoría también encontramos diferentes posiciones, aunque la que otorga prioridad al alma es absolutamente dominante. A su vez, dentro de esta concepción encontramos a quienes consideran que el alma es inmortal y quienes creen que el alma sólo puede existir con el cuerpo..

Teorías emergentistas: Dentro de las teorías materialistas aparecerá una posición que se separará no sólo del dualismo, sino también del monismo materialista. Esta teoría sostiene que sólo existe la materia y, por consiguientemente, da prioridad al cuerpo; sin embargo, la materia va desplegándose en una serie de niveles de ser que son entre sí cualitativamente distintos. De ese modo, el alma (o cabría decir mejor la mente) es concebida como una realidad con un grado superior de organización, que surge o «emerge» a partir del cuerpo o, más concretamente, del cerebro. Como sostiene Mario Bunge, “no es un ente separado del cerebro o paralelo a él o interactuante con él. […] La mente es una colección de actividades del cerebro”.

ACTIVIDADES

1¿En qué consiste la antropología filosófica?

2. Define los términos: monismo, dualismo, emergentismo, conductismo, fisicalismo, emergentismo y cibernética

3. Hoy día encontramos en el cine muchas referencias a la inteligencia artificial. Elige una película que aborde este tema y responde, ¿en cuál de las tres teorías la encuadrarías?, ¿por qué?

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2 Teorías sobre el ser humano

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2.1. La visión del ser humano en la antigua Grecia Los mitos y las leyendas de la Antigüedad nos ofrecen ya una reflexión sobre la condición humana. Por ejemplo, en la Iliada, Homero destaca la decadencia de su generación frente a la excelencia y la fortaleza de los héroes de la guerra de Troya. Además, en la antigua Grecia predominaba una comprensión trágica del ser humano, frágil y sometido al destino. Esta concepción de la humanidad se puede encontrar en los poemas de Homero, la Iliada y la Odisea, pero también en otros poetas y dramaturgos como Píndaro, Sófocles o Esquilo.

En el siglo V a. C., el denominado siglo de Pericles, en el que puede hablarse de una verdadera «Ilustración ateniense», los sofistas adoptarán una imagen no pesimista del ser humano, considerando a éste dueño de sí mismo y capaz de dominar la naturaleza. Así, Protágoras afirmará que “el ser humano es la medida de todas las cosas”, siendo capaz de superar sus limitaciones físicas con sus capacidades tecno-científica y ético-política.

En este contexto, y como antagonista de los sofistas, aparece Sócrates, cuyas ideas sobre educación, virtud o política serán heredadas por su discípulo Platón, primero de los grandes filósofos y responsable, en gran medida, de una concepción sobre el ser humano que ha llegado hasta nuestros días.

2.2. El dualismo antropológico de Platón

Platón adopta una posición que podemos denominar «dualismo antropológico» por cuanto considera que el ser humano es un compuesto de dos elementos de naturaleza absolutamente distinta: el cuerpo y el alma.

El cuerpo, material, sensible, mortal, se puede captar con los sentidos.

El alma, inmaterial, inteligible, inmortal, sólo puede captarse intelectualmente.

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Este dualismo, sin embargo, da clara preeminencia al alma, hasta el punto de que, para Platón, el alma es la que define verdaderamente al ser humano, no siendo el cuerpo sino un mal con el que hay que cargar. El cuerpo no sería sino “una cárcel” para el alma. Para liberarse del cuerpo, el alma tiene que alcanzar el conocimiento de la verdad, algo que solo es posible prescindiendo de toda influencia corporal y sensible:

«El cuerpo nos llena de deseos, pasiones y miedos, de todo tipo de imaginaciones y sinsentidos, de manera que por su culpa no nos es posible captar nada de lo que llamamos verdad. El cuerpo y sus pasiones son los que provocan las guerras, las revoluciones y los conflictos. Pues todas las guerras se deben a la adquisición de riquezas, y las riquezas han de adquirirse por causa del cuerpo, esclavizados como estamos por su cuidado» (Platón: Fedón)

Dado que, para Platón, el alma es la que verdaderamente define al ser humano, Platón ha dedicado especial importancia al alma, explicando mediante diferentes mitos y metáforas cómo es ésta y cómo ésta define la existencia natural de diferentes tipos de seres humanos.

Uno de los mitos más conocidos es el del carro alado, en su diálogo Fedro. En éste, Platón explica que el alma humana se parece a un carro con alas tirado por dos caballos y guiado por un auriga (conductor), según el relato, uno de los caballos es dócil y está dispuesto siempre a obedecer las órdenes del auriga; mientras que el otro es desobediente e impulsivo, y no se deja controlar fácilmente.

Por esta razón, al auriga le resulta difícil conducir el carro y llevarlo por el camino adecuado.

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Así, encontramos tres almas, cada una de las cuales tiene una virtud específica y a la que corresponde también una función específica::

a) El alma racional (representada por el auriga), cuya virtud es la prudencia o sabiduría, es la única que puede conocer racionalmente y es la encargada de dirigir a las otras dos almas o partes del alma de modo que el individuo se guíe correctamente. Además, sólo aquellos en quienes predomina esta alma está capacitado para gobernar la ciudad.

b) El alma irascible (el caballo obediente), cuya virtud es el valor, se pone al servicio de la razón para controlar los impulsos del alma apetitiva. Este alma es la que predomina en los encargados de garantizar el orden de la ciudad: los soldados.

c) El alma apetitiva (el caballo desobediente), es la que se deja llevar por las pasiones más bajas, de ahí que su virtud sea la templanza, que no es otra cosa que asumir el lugar que te corresponde, es propia de las clases trabajadoras.

Alma racional Alma irascible Alma apetitiva Auriga obedienteCaballo desobedienteCaballo

Sabiduría Valor Templanza

Gobernantes Soldados Productores

Inmortal Mortal Mortal

Reside en la cabeza Reside en elpecho Reside en elabdomen

2.3. El alma según Aristóteles

Aristóteles (siglo rv a.C.), asumió la división tripartita del alma de su maestro Platón, pero no aceptaba que el alma fuera independiente del cuerpo por varios motivos:

• Las actividades que se atribuyen al alma no pueden realizarse sin el cuerpo. Por ejemplo, hablar, pensar o desear son acciones imposibles para un alma sin cuerpo. Pero también lo son para un cuerpo inanimado (sin alma), como es el caso de un cadáver.

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se garantizaba que un escrito (carta, ley, etc.) procedía verdaderamente de su autor. De esta manera, afirmó que la relación entre el alma y el cuerpo es semejante a la que se da entre la cera (cuerpo, materia) y la impresión del sello (esencia, alma, forma).

• El alma es la forma del cuerpo.Esto quiere decir que es la forma lo que verdaderamente define lo que un ser es, su esencia (hombre, mesa, árbol), siendo la materia lo que define la individualidad. Ejemplo: todos los seres humanos tienen la misma forma (ser humano, humanidad), pero tienen distinta materia (tamaño, color del pelo, edad).

Juntos constituyen una única realidad que Aristóteles denomina «sustancia viviente».

Pero hemos dicho que, al modo de su maestro Platón, Aristóteles defendió la existencia de distintos tipos de alma, dependiendo de las funciones vitales que tenga que desempeñar cada ser. Estas almas son, el alma racional (propia del ser humano), el alma sensitiva (propia de los animales) y el alma vegetativa (propia de las plantas), de modo que el alma superior, por ejemplo el alma humana, desempeña, además de sus funciones propias, las funciones propias de las almas sensitiva y vegetativa.

«Lo que tiene alma se distingue de lo que no la tiene por el hecho de vivir. Ahora bien: la palabra vivir tiene muchos sentidos, y decimos que una cosa vive si está presente en ella cada una de las cosas siguientes: mente o pensamiento, sensación, movimiento o reposo en el espacio, además de movimiento que implica la nutrición y el crecimiento o corrupción.

[El alma] es, pues, el principio por el que todas las cosas vivas tienen vida [...] El alma es el principio y origen de estas características que acabamos de mencionar y se define por ellas; es decir, por las facultades de la nutrición, la sensación, el pensamiento y el movimiento».

ARISTÓTELES, Del alma

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Actividades

1.- Resume las concepciones platónica y aristotélicas acerca del ser humano. 2.- Señala en qué aspectos se diferencian y en cuáles se asemejan ambas teorías.

3.- ¿Qué función desempeña el cuerpo en la teoría de Platón? (apóyate en el fragmento del Fedón que has leído)

4.- Define y explica qué es el alma según Aristóteles (apóyate en el fragmento de Del Alma que has leído)

5.- ¿Cuántos tipos de alma distingue Aristóteles en este fragmento? ¿Cuáles son? 6.- ¿Qué significa que «la palabra vivir tiene muchos sentidos»? Explícala.

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2.4. Agustín de Hipona: la verdad está en el interior

Agustín de Hipona nació en el siglo IV d.C, en la ciudad de Tagaste, en la provincia romana de Numidia (en la actual Argelia).

Después de leer a Cicerón y estudiar con los maniqueos, en Roma entró en contacto con el escepticismo de la Academia neoplatónica que sostenía que los seres humanos carecen de facultades para alcanzar la verdad. Más tarde, en Milán conoció al obispo Ambrosio, se convirtió al cristianismo y llegó a ser obispo de Hipona.

Agustín de Hipona es considerado el iniciador de la filosofía medieval cristiana. Influido por la filosofía neoplatónica de Plotino (204-270), recoge el dualismo clásico entre el cuerpo y el alma, considerando que el ser

humano consiste, básicamente, en un alma que se sirve de un cuerpo.

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Entre sus obras filosóficas destacan Confesiones, La ciudad de Dios y Sobre la Trinidad. Especialmente en la primera de ellas, desarrolla la introspección (la mirada hacia el interior de uno mismo) como método para descubrir la naturaleza del ser humano. Se trata de un camino desde lo exterior, desde el mundo, hacia el interior, hacia el alma humana.

Según San Agustín, los seres humanos se dan cuenta de que pasan cosas a su alrededor, en el mundo; pero, además, tienen un «sentido interior»o la capacidad de volverse sobre sí mismos y observar su interior, su subjetividad. A esto lo llama San Agustín introspección o autoconciencia, a través de la cual descubrimos una triple verdad imposible de refutar: «somos, conocemos y amamos». Su argumentación fue la siguiente:

• «No puedo dudar de que yo soy o existo, pues si no existiera, ¿cómo podría equivocarme? Es indudable que cometo errores, pero si no existiera, ¿cómo podría cometer esos errores? Los errores que cometo producen en mí la seguridad completa de que soy o existo».

• «Tampoco puedo dudar de que yo conozco. Aunque todas las cosas que conozco fueran completamente falsas, es verdad que las conozco. Puede ocurrir que todos mis conocimientos sean falsos. Pero aun en ese caso, puedo afirmar que conozco cosas falsas, y esto último sería verdadero».

• «No puedo equivocarme en que yo amo. Aquí amar tiene el sentido del sentimiento amoroso, pero también del acto de la voluntad. Puedo equivocarme en las cosas que amo o quiero, y que estas no respondan a las expectativas que tenía sobre ellas. Pero mi quererlas o amarlas es auténtico y verdadero».

San Agustín creyó que este descubrimiento permitía combatir las dudas escépticas y reforzar las verdades irrefutables de la Biblia. Además, interpretó al ser humano, creado “a imagen y semejanza” de Dios, a partir de una analogía con la Trinidad:

Autoconciencia o introspección Dios

Somos Padre

Conocemos Hijo

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2.5. Tomás de Aquino

Tomás de Aquino (1225-1274) es valorado como uno de los máximos representantes de la escolástica medieval. Miembro de la orden de los Predicadores (dominicos) desarrolló su actividad principalmente en la Universidad de París. Su pensamiento destaca por la síntesis que logra entre la filosofía de Aristóteles y la tradición teológica cristiana.

Continuando con la tradición clásica, define al ser humano como un compuesto de dos sustancias (la material-cuerpo y la espiritual-alma), interpretando la relación entre ambas en términos aristotélicos.

Cuerpo y alma están estrechamente ligados: el alma es el principio vital del cuerpo; esto es, el principio del movimiento del cuerpo (lo anima) y el principio del conocimiento (sin el alma, el cuerpo no podría conocer el mundo que lo rodea).

Las características del alma humana son la inmaterialidad, la subsistencia y la incorruptibilidad. Además, el alma posee facultades apetitivas (voluntad, deseo, etc.), sensibles (los sentidos) e intelectuales (entendimiento, memoria, etc.).

En definitiva, el ser humano, en la medida en que es una creación de Dios, se asemejaría a su creador debido a la naturaleza intelectual e inmaterial del alma.

2.6. Pico della Mirándola

El paso de la Edad Media a la época moderna en el siglo XV estuvo marcado por el Renacimiento y el humanismo, que provocaron un cambio cultural que convirtió al ser humano en el centro de la nueva sociedad que se estaba gestando en la Modernidad: se trata del tránsito del teocentrismo medieval al antropocentrismo moderno.

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Retomando el mito de Prometeo, Pico propone una interpretación cristiana de este relato: Dios creó a todas las criaturas, y una vez repartidas todas las capacidades y habilidades entre ellas, decidió crear al ser humano, pero no quedaba ya nada específico con lo que dotar a esta nueva especie. Así pues, esta indefinición es la raíz de la libertad humana. Para Pico della Mirándola, los humanos no estamos constreñidos ni limitados por nuestra naturaleza, sino que somos libres para construir nuestras vidas, para transformar la naturaleza y adaptarla a nuestra voluntad.

Actividades

1.- Define: maniqueísmo, escepticismo, neoplatonismo, escolástica, humanismo. 2.- Resume las concepciones del ser humano que encontramos en San Agustín, Santo Tomás de Aquino y Pico della Mirandola y señala las diferencias entre ellos.

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2.7. Descartes y el mecanicismo

Rene Descartes (1596-1650) fue uno de los pioneros de la filosofía moderna. Se enfrentó al escepticismo, que niega la posibilidad de que exista la verdad y descubrió una verdad incuestionable («pienso, luego existo», cogito ergo sum), a partir de la cual pretendía construir todo el edificio del conocimiento.

«Al examinar, después, atentamente lo que yo era, y viendo que podía fingir que no tenía cuerpo y que no había mundo ni lugar alguno en el que me encontrase, pero que no podía fingir por ello que yo no existía [...] conocí por ello que yo era una sustancia cuya esencia o naturaleza no es sino pensar, y que, para existir, no necesita de lugar alguno ni depende de cosa alguna material. De manera que este yo, es decir, el alma por la cual soy lo que soy, es enteramente distinta del cuerpo e incluso más fácil de conocer que él y, aunque el cuerpo no existiese, el alma no dejaría de ser todo lo que es».

R. DESCARTES, Discurso del método 4

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introduce directamente en el tema que nos ocupa, el del ser humano.

En Descartes, como en Platón, encontramos un dualismo antropológico. Para Descartes, el ser humano está compuesto de dos sustancias diferentes e independientes entre sí, el cuerpo y el alma, con propiedades absolutamente diferentes:

- El alma, que no ocupa lugar ni puede dividirse en partes, es una entidad capaz de pensar y de dar órdenes al cuerpo.

- El cuerpo, que es extenso y divisible, funciona como una máquina y obedece a las leyes físicas, tal y como el de los demás animales.

“Supongo que el cuerpo no es otra cosa que una estatua o una máquina de tierra, formada expresamente por Dios para hacerla lo más semejante posible a nosotros, de forma que no sólo le da por fuera el color y la figura de todos nuestros miembros, sino también que pone dentro todas las piezas que se necesitan para hacer que camine, coma, respire y, en fin, que imite todas las funciones que se puedan imaginar que procedan de la materia y no dependan sino de la disposición de los órganos. (L’Homme)

El filósofo se refirió al cuerpo y al alma diciendo que ambos eran sustancias. En el sentido cartesiano, «sustancia» es aquello que no necesita de ninguna otra cosa para existir. En sentido estricto, la única sustancia sería, para Descartes, Dios; pero para subrayar la independencia entre cuerpo y alma, y dado que tanto el uno como la otra tan solo necesitan de Dios para existir, Descartes también utilizó el término sustancia para referirse al cuerpo y al alma.

Ahora bien, como ocurría en el pensamiento clásico, es el alma el que define la especificidad del ser humano, pues es en ésta donde reside la capacidad de pensar (Descartes define al alma como sustancia pensante), que es justamente lo que nos diferencia de los animales. Ahora bien, debemos subrayar que, cuando Descartes habla de pensamiento, no se refiere solo ni principalmente al entendimiento y su capacidad de conocer, sino también a la voluntad y a la libertad que le es inherente.

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una y otra deben comunicarse y afectarse mutuamente. De este modo, muchas veces ocurre que cuando alguien se siente triste (estado anímico), llore (fenómeno corporal); o que cuando siente vergüenza, se ponga colorado. El lugar donde, según Descartes, se comunican directamente cuerpo y alma es la glándula pineal o epífisis.

Pese a que Descartes hacía descansar toda su teoría en un ser perfecto al que denominamos Dios, creador tanto de la sustancia pensante como de la sustancia corporal, su explicación mecanicista del cuerpo, abría peligrosamente el camino al ateísmo pues, en su concepción, Dios solo interviene al comienzo de los tiempos, en el momento de la creación, de modo que, tras ésta, todo cuanto acontece en el mundo puede explicarse a partir de las leyes naturales. Esto hizo posible que, en el siglo XVIII, aparecieran autores como La Mettrie que, ignorando el alma, redujeron al ser humano a cuerpo y, por consiguiente, similar a cualquier otro animal e incluso planta.

2.8. El hombre animal

La Mettrie defendió que no había más que una única realidad de carácter material y sensible, que tiene en sí misma el dinamismo necesario para explicar todos los estados anímicos. Pensaba que aquello que los filósofos conocen como «alma» debía ser entendido como diferentes estados del cuerpo, considerando las sensaciones, los sentimientos o las emociones como alteraciones corporales. Según esta teoría, no es necesario recurrir al alma para explicar la tristeza, el pensamiento o la euforia, sino que bastaría con estudiar a fondo el funcionamiento del cuerpo para descubrir que su propia materia posee un principio de movimientocapaz de explicar todos los estados anímicos imaginables.

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Actividades

1.- Resume las características principales del dualismo cartesiano.

2.- Lee el fragmentos que sigue y responde a las cuestiones que se plantean:

“Si hubiese máquinas tales [...] que semejasen a nuestros cuerpos e imitasen nuestras acciones, cuanto fuere moralmente posible, siempre tendríamos dos medios muy ciertos para reconocer que no por eso son hombres verdaderos; y es el primero, que nunca podrían hacer uso de palabras ni otros signos, componiéndolos, como hacemos nosotros, para declarar nuestros pensamientos a los demás [...]; y es el segundo que, aun cuando hicieran varias cosas tan bien y acaso mejor que ninguno de nosotros, no dejarían de fallar en otras, por donde se descubriría que no obran por conocimiento, sino sólo por la disposición de sus órganos, pues mientras que la razón es un instrumento universal, que puede servir en todas las coyunturas [...], es moralmente imposible que haya tantas y tan varias disposiciones en una máquina, que puedan hacerla obrar en todas las ocurrencias de la vida de la manera como la razón nos hace obrar a nosotros”. (Discurso del Método 5)

Cuestiones:

1- ¿Existe alguna diferencia entre la concepción que tiene Descartes del cuerpo humano y la que tiene La Mettrie del ser humano? Razona tu respuesta.

2. Según Descartes, ¿sería posible crear una máquina pensante? ¿Qué argumentos ofrece? ¿qué piensas tú? Desarrolla la respuesta.

3.- Descartes sostenía que cuerpo y alma se afectaban mutuamente. Completa esta tabla poniendo 10 ejemplos:

Estado anímico o mental Manifestación corporal

Alegría Reir

Sonrojarse Pánico, miedo muy intenso

Llorar

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2.9. Hume: el yo como un «haz de percepciones»

David Hume (1711-1776) planteó una profunda crítica al dualismo antropológico cartesiano, según el cual el alma es una sustancia, rechazando la noción de sustancia.

Su crítica a la noción de sustancia y, por consiguiente del yo, deriva de su posición epistemológica, es decir, de su teoría acerca de cómo podemos conocer. Según Hume, nosotros solo podemos conocer a partir de la experiencia, siendo además la experiencia el límite de nuestro conocimiento. A partir de aquí, Hume debe preguntarse: ¿de qué percepción o experiencia deriva la sustancia, deriva el yo? Debiendo concluir que no hay percepción de la sustancia, como no hay experiencia del yo. Si examinamos nuestro pensamiento, nuestras emociones y, en general, nuestra mente, no encontramos ningún elemento que perdure durante toda nuestra vida, de modo que solo hallamos una sucesión de vivencias, sensaciones, pensamientos, creencias, emociones, etc. Así pues, nuestro «yo» o nuestra alma es un haz, un conjunto de impresiones, ideas, pensamientos, sentimientos, etc., que se suceden unos a otros, y no una sustancia permanente y única centrada en el pensamiento.

¿Pues de qué impresión puede derivarse esta idea? Esta cuestión es imposible de responder sin una contradicción manifiesta y un absurdo manifiesto, y es, sin embargo, una cuestión que debe ser respondida si queremos tener una idea del Yo clara e inteligible. Debe ser alguna impresión la que da lugar a toda idea real. Ahora bien; el Yo o persona no es una impresión, sino lo que suponemos que tiene referencia a varias impresiones o ideas. Si una impresión da lugar a la idea del Yo, la impresión debe continuar siendo invariablemente la misma a través de todo el curso de nuestras vidas, ya que se supone que existe de esta manera. Pero no existe ninguna impresión constante e invariable. El dolor y el placer, la pena y la alegría, las pasiones y sensaciones se suceden las unas a las otras y no pueden existir jamás a un mismo tiempo. No podemos, pues, derivar la idea del Yo de una de estas im-presiones, y, por consecuencia, no existe tal idea. (Tratado de la Naturaleza Humana. Libro I, Sección 4, ―De la identidad personal)

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2.10. Kant: libertad, racionalidad y dignidad

En el tema que nos ocupa, debemos comenzar diciendo que, para Immanuel Kant (1724-1804), uno de los rasgos principales de los seres humanos es la libertad: debemos suponer que somos libres para que la moral, las normas jurídicas, etc., tengan sentido. Solo si nuestra voluntad es libre podemos elogiar o censurar nuestras acciones.

Ahora bien, en opinión de Kant, la voluntad solo es libre si es autónoma, es decir, si se da a sí misma sus propias normas, pero unas normas dictadas por la razón (una razón pura, no empírica). Esto significa que si la voluntad humana estuviera sometida a las pasiones, las emociones o los sentimientos, denotaría un carácter heterónomo. De ahí que en su ética desarrolla la idea de que la voluntad humana debe regirse por el imperativo categórico, que es una norma moral según la cual debemos actuar de tal modo que nuestra máxima (la regla que seguimos) pueda convertirse en una máxima de aplicación universal, que todos puedan actuar siguiendo esa misma manera. Debemos subrayar que este imperativo categórico no puede estar sometido a ningún tipo de consideración empírica, material, histórica, real en suma, por cuanto está determinado por un deber absoluto dictado por la razón. Por ejemplo: decir siempre la verdad (aun cuando sepas que, al decirla, puedes provocar la muerte de una persona).

Esta cuestión, más allá de la polémica ética que suscita, lleva implícita la noción de una voluntad absolutamente independiente de las determinaciones materiales, físicas y, en última instancia, corporales, que definen al ser humano concreto. Encontramos por tanto el mismo dualismo que hemos visto ya en otros autores y que distingue claramente entre la materia y el espíritu o alma.

Esto se observa claramente al observar cómo Kant, que pretendía superar los límites del racionalismo y del empirismo a partir de una síntesis de los mismos; y, para conseguirlo, lleva a cabo una Crítica de la Razón Pura (así se llama su primera gran obra), descubre cuatro antinomias, siendo la tercera la que verdaderamente nos importa para el tema que estamos tratando.

En primer lugar debemos decir que una antinomia consiste en el descubrimiento de dos tesis a las que nos conduce la razón pese a que ambas tesis son contradictorias entre sí.

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“1) La causalidad según las leyes de la naturaleza no es la única de donde los fenómenos del mundo pueden ser todos deducidos. Es necesario admitir además, para la explicación de los mismos, una causalidad por libertad.

2) No hay libertad alguna, sino que todo, en el mundo, ocurre solamente según las leyes de la naturaleza.”

Si esto es así, ¿cómo justificar entonces la existencia del alma, de la conciencia, de la libertad humanas?

El problema era serio y, efectivamente, Kant se vio obligado a reconocer los límites del uso teórico de la razón, planteando la necesidad de llevar adelante una Crítica de la Razón Práctica que justificara tanto la moral como la libertad humanas, asumiendo no obstante, que los postulados en los que se fundamenta la moral (Dios, Alma inmortal y Libertad), no pueden ser conocidos ni demostrados.

Actividades

1.- Explica la crítica de Hume a la concepción cartesiana del alma humana como sustancia.

2.- Explica las ideas principales de Kant sobre la naturaleza humana. 3.- ¿Cuál te parece más coherente? Razona tu respuesta.

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2.11. Una propuesta contemporánea: El existencialismo de J.-P.Sartre

Nos encontramos en Francia en una época en la que el fascismo y el nazismo avanzan por toda Europa: las tropas alemanas ocupan gran parte del viejo continente.

En este contexto aparece la obra de Sartre, principal representante del existencialismo ateo (que debemos diferenciar del existencialismo cristiano al que pertenecen Gabriel Marcel y Karl Jaspers), cuyo formalismo ético descansa en las siguientes tesis:

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2- No existe un orden de esencias, de valores objetivos o naturales que pueda prescribirnos qué hacer.

3- El ser humano carece de una esencia o naturaleza a partir de la cual se pueda definir qué es lo bueno.

De esta última idea deriva la tesis capital sartreana:

4- El ser humano no es, existe, se hace a sí mismo.

La existencia humana, por tanto, no está determinada por una naturaleza o esencia, sino que es libre, abierta. El ser humano es indefinible porque no tiene una naturaleza, sino que es lo que hace, y por tanto es radicalmente libre. Su naturaleza es el fruto de sus acciones. El ser humano individual es un «proyecto» de cuya realización solo es responsable cada persona. Ese proyecto se irá concretando en función de las elecciones que libremente realice, porque no puede evitar tener que elegir y siempre lo hará de alguna u otra forma. El ser humano es aquel ser que tiene que hacerse a sí mismo desde el primer momento de su existencia.

Una imagen clara de esta noción sartreana del ser humano la encontramos en unos versos de Antonio Machado:

Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar. Caminante, no hay camino,

sino estelas en la mar. Caminante, son tus huellas

el camino, y nada ás; caminante, no hay camino,

se hace camino al andar. (Proverbios y Cantares)

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dispensan de ser libres” –escribe Sartre en El Ser y la Nada, obra publicada en 1943, en plena ocupación alemana de París.

Es la libertad lo que constituye al ser humano como ser humano; hasta el punto de que “estamos condenados a ser libres”. Lo trágico de la posición sartreana es que la libertad es vivida como una condena, como algo a lo que no podemos escapar.

Dostoievsky escribe: Si Dios no existiera, todo estaría permitido. Este es el punto de partida del existencialismo. En efecto, todo está permitido si Dios no existe y, en consecuencia, el hombre está abandonado, porque no encuentra ni en sí ni fuera de sí una posibilidad de aferrarse. No encuentra ante todo excusas. Si, en efecto, la existencia precede a la esencia, no se podrá jamás explicar la referencia a una naturaleza humana dada y fija; dicho de otro modo, no hay determinismo, el hombre es libre, el hombre es libertad. Si, por otra parte, Dios no existe, no encontramos frente a nosotros valores u órdenes que legitimen nuestra conducta. Así, no tenemos ni detrás ni delante de nosotros, en el dominio luminoso de los valores, justificaciones o excusas.

Estamos solos, sin excusas. Es lo que expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser libre. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo, y sin embargo, por otro lado, libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace.

Sartre: El existencialismo es un humanismo

Pero el individuo, cuya libertad es absoluta, se encuentra sólo frente al mundo, al que trata de dominar. Ahora bien, cuando Sartre dice “mundo” está diciendo “lo otro”, es decir, todo aquello que no eres tú, ya se trate de la naturaleza o de cualquier otra persona distinta de ti, al que llega a caracterizar como “infierno” (“El infierno son los otros” escribe en la obra de teatro A puerta cerrada). La posición sartreana es, en este momento, absolutamente individualista, hiper-subjetivista. Lo colectivo es totalmente olvidado.

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para actuar, nos ofrecía una garantía de que nuestro proceder era o podía ser correcto. Pero no hay Dios ni, por tanto, garantía. Sólo angustia.

Precisamente frente a la angustia, y como mecanismo de defensa, surge la “mala fe”, que no es sino el intento de renunciar a nuestra libertad, el intento de no reconocer nuestra responsabilidad en nuestras acciones. La mala fe es, digámoslo con una imagen, una especie de “lavarse las manos”, como Pilatos.

La dramática situación que vive Sartre (y Europa: la II Guerra Mundial), va a provocar un importante cambio del que Sartre fue plenamente consciente: “La guerra –reconocía Sartre– ha dividido mi vida en dos”.

Efectivamente, la guerra sitúa a Sartre en la necesidad de colaborar con el “otro” (otro francés, frente a la ocupación alemana). De ahí la reformulación de su obra, que culmina con la Crítica de la Razón Dialéctica. Esta reformulación opera a partir de un concepto fundamental: “situación”.

La “situación” no es sino la coyuntura socio-histórica en la que el individuo se encuentra, las condiciones materiales de existencia del individuo, desde las que debe decidir. El concepto de situación permite a Sartre superar el estrecho punto de vista individualista, su hipersubjetivismo, pues le permite descubrir la existencia de intereses distintos en la sociedad, pero también la coincidencia objetiva de intereses entre personas distintas. Ejemplo: la guerra permite descubrir que los alemanes tienen intereses distintos a los franceses, lo que hace posible la colaboración de los franceses con el objetivo de expulsar a los invasores. Pero eso exige pasar de la definición del “yo” a la definición del “nosotros”, cuyo tránsito es complejo.

Este tránsito exige: primero, la identificación de una situación común; y, segundo, la definición de un proyecto común.

En cualquier caso, en un sentido muy preciso, la apuesta sartreana no cambia: no somos, existimos, definiéndonos en todas y cada una de las decisiones, de las tomas de posición con las que nos comprometemos día a día:

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Lo que cuesta es el compromiso total, y no es un caso particular, una acción particular, lo que compromete totalmente a alguien”

Sartre: El existencialismo es un humanismo

Una última consideración: el concepto de situación nos permite además subrayar la distancia absoluta entre Sartre y Kant.

Actividades

1.- Sintetiza la concepción sartreana sobre el ser humano

2.- ¿Estás de acuerdo con los existencialistas en que no podemos evitar elegir?

3.- He escrito que el concepto de situación permite subrayar la distancia entre Kant y Sartre. ¿por qué?

4.- ¿Qué quiere decir el siguiente texto de J.-P. Sartre? (desarrolla tu respuesta):

«La libertad humana precede a la esencia del hombre y la hace posible; la esencia del ser humano está suspendida de su libertad. Lo que llamamos "libertad" no puede, por tanto, ser distinguido del ser de la "realidad humana". El hombre no "es" primero, para ser libre después, sino que no hay diferencia entre el "ser" del hombre y su ser-libre». (J.-P. SARTRE, El ser y la nada)

* * *

Últimas consideraciones

El desarrollo científico y tecnológico del siglo XX ha mostrado como absolutamente posible esa lejana posibilidad evocada por Descartes. Hoy, por dos vías diferentes (la ingeniería genética y la robótica), se hace más que viable la posibilidad de crear seres, al menos en apariencia, idénticos a los seres humanos. Y no son pocas las películas y series que han abordado el tema desde diferentes puntos de vista. La cuestión es: ¿serían humanos estos seres?

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conmigo? No sería para ti un crimen, si me pudieras arrojar a uno de esos abismos, y destrozar la obra que con tus propias manos creaste. ¿Debo, pues, respetar al hombre cuando este me condena? Que conviva en paz conmigo, y yo, en vez de daño, le haría todo el bien que pudiera, llorando de gratitud ante su aceptación. Mas no, eso es imposible; los sentidos humanos son barreras infranqueables que impiden nuestra unión. Pero mi sometimiento no será el del abatido esclavo. Me vengaré de mis sufrimientos; si no puedo inspirar amor, desencadenaré el miedo; y especialmente a ti, mi supremo enemigo, por ser mi creador, te juro odio eterno. Ten cuidado: me dedicaré por entero a la labor de destruirte, y no cejaré hasta que te seque el corazón, y maldigas la hora en que naciste.

Una ira demoníaca lo dominaba mientras decía esto; tenía la cara contraída con una mueca demasiado horrenda como para que ningún ser humano le pudiera contemplar. Al rato se calmó, y prosiguió.

—Tengo la intención de razonar contigo. Esta rabia me es perjudicial, pues tú no entiendes que eres el culpable. Si alguien tuviera para conmigo sentimientos de benevolencia, yo se los devolvería centuplicados; conque existiera este único ser, sería capaz de hacer una tregua con toda la humanidad. Pero ahora me recreo soñando dichas imposibles. Lo que te pido es razonable y justo; te exijo una criatura del otro sexo, tan horripilante como yo: es un consuelo bien pequeño, pero no puedo pedir más, y con eso me conformo».

Shelley, M.W., Frankenstein, o el moderno Prometeo.

Y esto nos conduce al verdadero problema de dirimir qué es lo que nos hace realmente humanos. En esta línea se han apuntado diferentes respuestas: la inteligencia (cuestión ésta que la Inteligencia Artificial parecería poner en duda), la voluntad –y consiguientemente la libertad– y los sentimientos y emociones.

Actividades

1.- Busca información y explica en qué consisten:

- Cerebro en una cubeta

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2.- Busca información y define razón, voluntad y sentimiento.

3.- Volviendo a Frankenstein:

- ¿Por qué argumenta el monstruo que es malvado y que los sentimientos son una barrera insuperable entre él y los seres humanos? Razona tu respuesta.

- ¿Qué le pide la criatura al doctor Frankenstein y por qué?

- Buscad información sobre la autora de Frankenstein, Mary Shelley, y sobre las circunstancias en las que escribió la obra.

Actividad final

Vamos a ver el 1º episodio de la serie WestWorld, así como la película Exmachina. En ambos casos se aborda la cuestión de la inteligencia artificial, aunque de forma diferente.

Después de su visionado realiza las siguiente cuestiones:

1.- ¿Ves factible, probable o posible lo que hemos visto?

2.- Suponiendo que, efectivamente, nos encontremos ante una posibilidad real, ¿podríamos decir que estos seres artificiales son humanos y, por consiguiente, deberíamos tratarlos como a humanos?

3.- ¿Qué te sugiere el final de Exmachina?, ¿crees que es justa, normal, comprensible, lógica...? Razona tu respuesta. (En tu razonamiento puedes utilizar apoyarte en Westworld.

4.- Además de la Inteligencia Artificial, otro de los retos científicos a los que se enfrenta el ser humano es al de la clonación y la ingeniería genética. ¿Conoces alguna película que trate este último tema? En caso afirmativo, enuncia -y explica brevemente-algunas similitudes y brevemente-algunas diferencias entre las películas que tratan el problema de la inteligencia artificial y el de la ingeniería genética.

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Referencias

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