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El vasconcelismo y la autonomía universitaria

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El vasconcelismo

y

la

autonomía universitaria

Salvador

Azuela

1. LOS ANTECEDENTES

La Ley Orgánica de la Universidad Nacional Au-tónoma fue posible por el ambiente que la 'preparó, durante largos años, y la oportunidad presentada gracias a la fuerza moral conquistada en la Repú-blica, en 1929, por los estudiantes. Para la campa-ña vasconcelista no se presentaban perspectivas de éxito inmediato y por ello los políticos profesiona-les la contemplaban como lucha perdida. Uno de sus frutos, aunque no fuera la única causa, se da en la autonomía universitaria.

La idea de hacer autónoma a la Universidad aparece desde febrero de 1881. Se trata del proyec-to de ley, en materia educativa federal, que don Justo Sierra, como miembro de la Cámara de Diputados, propone a este órgano legislativo. No es una iniciativa especial para la enseñanza univer-sitaria, sino uno de los aspectos del problema, planteado en dimensiones nacionales.

Don Justo soñó siempre a la Universidad con la capacidad de gobernarse por sí misma. No tuvo é-xito su primer empeño de 1881 y al crearse el Con-sejo Superior de Educación, siendo él Subsecreta-rio de Justicia e Instrucción Pública y titular de esa dependencia oficial el licenciado Joaquín Baranda, su pensamiento reaparece en abril de 1902.

En el discurso de inauguración de la U niversi-dad Nacional -septiembre de 1910- el maestro Sie-rra afirma queel ideal dela Universidades la libertad ante el poder público que no tiene que ser autoridad docente. Juzga que el Estado no puede imponerle dogma alguno.

El maestro Antonio Caso, siendo catedrático de sociología en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Nacional, en 1934, y yo adjunto suyo en el curso, me contaba la actitud de Sierra. Al de-signarse al licenciado don Joaquín Eguía Liz pri-,mer Rector de la Universidad, en 1910, y a Caso Secretario General, el historiador de la vida de Juárez le confiaba frecuentemente los destinos uni-versitarios e insistía en el principio autonómico. Por su parte el Rector Eguía Liz la propugnó tam-bién de acuerdo con su informe de diciembre de

1912.

La Escuela de Altos Estudios se·creó como co-lumna vertebral de la casa de estudios, en abril de 1910. Obedecía al propósito de superar la esfera de formación profesional. Ciencias y humanidades se impartirían en sus aulas, para diversificarse con el tiempo en dos facultades, con su propia esfera.

El Ateneo de la Juventud hizo suyas las ideas de don Justo Sierra. Tanto Caso como José Vasconce-los y Pedro Henríquez Ureña las defendieron en di-ferentes ángulos. Además de esos miembros del Ateneo, debe señalarse la figura del educador don Ezequiel A. Chávez, quien fue Subsecretario de don hsto, al elevarse a Secretaría de Estado la de Instrucción Pública, en 1905, antes Sub-Secretaría.

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El animador principal del Ateneo de la Juven-tud, fue Pedro Henríquez Ureña. Su tesis para ob-tener el título de licenciado en derecho, en 1914, versa sobre la Universidad. La dedica a la memoria de su creador Justo Sierra "bajo el patrocinio de Atena Promakos", "la ciencia que defiende a la pa-tria"; a don Ezequiel A. Chávez, brazo derecho de don Justo, y a Antonio Caso, Valentín Gama, Francisco Pascual García, Alberto J. Pani, Victo-riano Pimentel, Alfonso Pruneda y Antonio Ra-mos Pedrueza, quienes abogaron siempre por ella. Deben recordarse los ataques de aquellos que Pe-dro Henríquez llama "tardíos discípulos de Com-te", que en la Revista Positiva de México acaudilla-ba el ingeniero Agustín Aragón, personaje de gran autoridad moral por su probidad, al que Vasconce-los calificaba de mal filósofo, pero digno del respe-to que conquista su conducta.

Henríquez Ureña define, de modo nítido, el con-cepto de la U niversidad, traza las líneas generales de su historia y se refiere a la de México, particu-larmente. Arguye con inteligencia sobre la obliga-ción del Estado para sostenerla. Propone que todo nombramiento, en su esfera, sea hecho por el Con-sejo Universitario y que los catedráticos enseñen li-bremente sus disciplinas. Las reflexiones sobre la personalidad jurídica de la universidad desembo-can, claramente en la posibilidad de "organizarse como entidad autónoma".

Al triunfar la Revolución Constitucionalista, después de su llegada a la ciudad de México, el 20 de agosto de 1914, don Ven ustiano Carranza, en su calidad de Primer Jefe integró su gabinete. En la Secretaría de Instrucción Pública y de Bellas Artes designó al ingeniero Félix F. Palavicini, Oficial Mayor Encargado del Despacho. Al dar posesión en septiembre, como Rector de la Universidad Na-cional al ingeniero don Valentín Gama, en su dis-curso, Palavicini aludió a la conveniencia de hacer-la autónoma y liberarhacer-la de hacer-la mendicidad ante el gobierno.

Era José Vasconcelos Secretario de Instrucción Pública de Eulalio Gutiérrez, Presidente de la Re-pública electo por la Convención de Aguascalien-tes. A punto de terminar el año de 1914 convocó a profesores y estudiantes de la Escuela Nacional Preparatoria a elegir director y al triunfar Antonio Caso para el cargo -según él nos contaba- en la ceremonia en que tomó posesión, el nuevo funcio-nario reclamó del gobierno libertad plena para la Universidad y después estimuló constantemente a sus discípulos hacia la conquista de la autonomía, con gran elocuencia. En diciem bre de 1914 se dis-cutió un proyecto de ley que se encomendó a don Ezequiel A. Chávez sobre el mismo tema de la au-tonomía, que hicieron suyo numerosos y distingui-dos profesores universitarios. Vasconcelos alenta-ba los traalenta-bajos.

La Universidad Nacional la entendía Caso -años después- sobre tres pilares: la autonomía,

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últimos aparecían: el Universitario y de Bellas

Ar-tes, el de Salubridad Pública yel de

Aprovisiona-mientos Generales. El primer artículo a ello se re-fiere y en su torno se suscitó el debate sobre la au-tonomía de la Universidad, que se prolongó duran-te las dos sesiones siguienduran-tes. Vicenduran-te Lombardo Toledano, Manuel Gómez Morín, Alberto Vás-quez del Mercado, Antonio Castro Leal, Teófilo Olea y Leyva y Alfonso Caso enviaron una iniciati-va que hizo suya un grupo de diputados y en pri-mer término Jesús Urueta. Dicha iniciativa recla-ma expresamente la autonomía universitaria y el escrito que la propone fue alentado por don Anto-nio Caso.

Numeroso concurso de estudiantes llenó las ga-lerías de la Cámara, para asistir a las discusiones. Han acudido a los diputados grupos estudiantiles que buscan apoyo a las sugestiones sobre el princi-pio que se demandaba.

A favor de la-autonomía universitaria hicieron pronunciamientos, en la tribuna parlamentaria, entre otros, Alfonso Cravioto y Aurelio Manrique. Llevó la voz del Partido Liberal Constitucionalis-ta, -el más poderoso entonces- Rafael Martínez de Escobar, en el mismo sentido. En el discurso que dijo se evidencian reminiscencias de la lectura de la tesis profesional de Henríquez Ureña.

El principal opositor a la autonomía universita-ria fue el diputado Luis Cabrera, quien pronunció un largo alegato. En tanto la Universidad recibe dinero del gobierno, no habrá autonomía. ¿Es que existe de veras la Universidad? Ella no fue sino alarde de vanidad cortesana, en las fiestas del cen-tenario de 1910. Lo primero que los diputados electos por el pueblo deben proponerse, es la edu-cación primaria, el tener en cuenta la fuente de donde provienen. A esos argumentos añadió el po-lemista que pocas veces había oído tantos dislates como los que se dijeron en el debate y afirmó con insistencia el peligro que implicaba la autonomia, de entregar la Universidad a los enemigos de la Re-volución.

Replicó a Cabrera con vigor Jesús Urueta. A los disparates a los que el diputado poblano aludió, habría que añadir el suyo de que lo primero es la educación primaria. No hay educación primaria sin educación superior, afirmó Urueta entre los aplausos calurosos del público de las galerías. En las aulas universitarias el conocimiento científico por el hecho de serlo, implica la libertad. Un sacer-dote docto que enseña astronomía no podrá subs-traerse a los avances de la ciencia. Contra las armas modernas son inútiles las nechas de obsidiana. Las 'selecciones intelectuales y artísticas dan a los

pue-blos prestigio.

En breve contra réplica Cabrera adujo la expe-riencia de la Escuela Libre de Derecho, fundada a

consecuencia de su gestión como Director de la

Es-cuela Nacional de Derecho, en 1912. Quiso crear un ambiente de trabajo y estudio en el plantel y

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la cátedra sin cortapisas y el subsidio económico. La autonomía como capacidad para gobernarse y dictar las normas internas de su vida, en el marco jurídico del Estado. La cátedra como un coloquio que entablan maestros y discípulos, cuya esencia es el diálogo, y en la que no cabe la intromisión del poder público, al definir un dogma e impedir inves-tigar y discutir. Para alcanzar sus fines, la institu-ción requiere laboratorios, bibliotecas, aulas, emo-lumentos decorosos a profesores e investigadores,

o sea el subsidio económico.

En los pronunciamientos ideológicos iniciales de la autonomía, el vocabulario se resiente de impre-cisión. Indistintamente se la menciona identificán-dola con libertad e independencia.

Partidario de la autonomía, don José Natividad Macias desde la Rectoría de la Universidad Nacio-nal, manifestó su criterio y apoyó las gestiones y ayuda para lograrla.

El 4 de octubre de 1917 se presentó ante la Cá-mara de Diputados de la XXVII Legislatura Fede-ral, el dictamen sobre el proyecto de Ley Orgánica de Secretaría de Estado y Departamento. Entre los

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José Vasconcelos

vino la huelga. El resultado fue una institución propicia a la política adversa a la Revolución y fa-vorable al Cuartelazo de la Ciudadela, según Ca-brera.

La iniciativa de conceder la autonomía universi-taria fue rechazada por los diputados, en una vota-ción de noventa y dos votos en contra y ochenta y dos en favor de ella.

A los ocho años de la fundación de la Universi-dad Nacional en el discurso del Rector Macías se plantea la exigencia de la autonomía. Al conme-morarse el noveno aniversario del mismo hecho -septiembre de 1919- en un banquete que tuvo lugar en Chapultepec, hablaron don Antonio Caso como Director de la Escuela de Altos Estudios y don Luis Cabrera siendo Secretario de Hacienda. Ante la expectación general, Cabrera declaró que no era enemigo de la autonomía y propuso que se eligiera una comisión allí mismo, para estudiar los medios económicos que permitieran realizar el propósito. La comisión quedó integrada por el Rector don José Natividad Macías, el propio Ca-brera, el licenciado Antonio Ramos Pedrueza, el ingeniero Mariano Moctezuma y el doctor Alfon-so Pruneda.

La influencia de la reforma universitaria que se postula en Córdoba, Argentina, en 1918, llega a México y se muestra en el Primer Congreso Inter-nacional de Estudiantes, de septiembre de 1921.

En octubre de 1917, el Gobernador de Michoa-cán, ingeniero Pascual Ortiz Rubio, logra decretar la autonomía de la Universidad de San Nicolás de Hidalgo y en enero de 1923, don Rafael Nieto, que ocupaba ese mismo cargo en San Luis Potosí, la de esa entidad federativa.

11. LA LUCHA POR LA AUTONOMIA EN

1929

En agosto de 1923, la Federación de Estudiantes de México se dirigió a la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, para insistir en la autono-mía universitaria. Se proponía que el Rector fuera escogido de una terna aprobada por el Consejo Universitario que se presentaría al Presidente de la República y el Consejo se integrara por los directo-res de escuelas, con mayoría de repdirecto-resentantes de los profesores y un alumno por cada plantel. Era en ese momento aplastada por el gobierno, con la fuerza, la huelga preparatoriaria y la Federación de Estudiantes de México, por falta de independencia y de decoro, dejó a los alumnos expulsados sin apoyo. Durante la huelga se demandaba precisa-mente el derecho estudiantil a participar en la

de-signación de ~irectoresde las instituciones

univer-sitarias, concretándose al caso de la Preparatoria. Algunos diputados federales acogieron con su fir-ma el proyecto de 1923, como Jorge Prieto Laurens y José Manuel Puig Casauranc, y el Senador Pedro de Alba. No llegó sin embargo a discutirse.

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El Quinto Congreso Nacional de Estudiantes, de 1928, ofreció luchar por la participación de los alumnos en el gobierno de la U niversidad. En agosto de 1928, la Liga Nacional de Estudiantes elaboró una iniciativa de ley para reclamar la auto-nomía.

Al inaugurarse el año escolar de 1929, el Direc-tor de la Facultad de Jurisprudencia, licenciado Narciso Bassols hizo hincapié en la necesidad de

establecer reconocimientos periódicos escritos

para comprobar el aprovechamiento de los alum-nos y dio a sus palabras un tono de rigor. La res-puesta fue de inmediata y violenta repulsa. En la Es-cuela Nacional Preparatoria, en actitud similar, el licenciado Alfonso Caso, como Director, llevó al Consejo Universitario un plan de estudios con un año más para los dos que se estudiaban, que fue aprobado. En ambos casos se obró con arrogancia impositiva y falta de tacto. Durante el gobierno de Portes Gil había llegado de Rector de la Universi-dad el licenciado Antonio Castro Leal. Durante' ocho años estuvo en el servicio diplomático y al volver al país desconocía la situación política y el ambiente universitario de aquel momento. Escritor inteligente y de sólida formación literaria, se rodeó de personas que parecían confabuladas para deter-minar su caída, lo mismo que los funcionarios su-periores de la Secretaria de Educación Pública. No

lo derrocaron los estudiantes, se dijo, sino entreel

"Narciso Blanco" (Bassols) y el "Narciso Negro" (Ezequiel Padilla, Secretario de Educación).

El Consejo U niversitario rechazó una demanda de los alumnos de derecho, a principios de mayo de 1929, para no aplicar los reconocimientos. Se de-claró la huelga en la Facultad y se designó un comi-té provisional que la mantuviera. El Presidente Portes Gil dispuso la clausura transitoria del plan-tel; se buscó su arbitraje y ni Portes ni Padilla acep-taron recibir a los huelguistas. Los datos funda-mentales sobre esta etapa de la lucha universitaria de 1929 están consignados en un folleto de Ciriaco Pacheco Calvo.

La opinión estudiantil era profundamente desfa-vorable para los funcionarios de la Universidad. Los juzgábamos cómplices del callismo por su in-diferencia ante la campaña vasconcelista y las ad-moniciones oficiales no producían el efecto que se buscaba, por la impopularidad que las envolvía.' Entre catedráticos adversarios de la huelga figura-ban algunos que en sus clases o por escrito nos ha-bían invitado a la regeneración cívica de la Repú-blica y que simulaban entonces olvidar sus pala-bras.

El 14 de mayo el Presidente Portes Gil hizo de-claraciones que la prensa difundió profusamente. En ellas calificó de política la huelga estudiantil. Daba como razón que Alejandro Gómez Arias y yo, éramos líderes de los alumnos, -vascon.celistas

militantes- y añadió la amenaza de mantenerel

orden público.

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Por mi parte no había participado sino en un mí-tin que se celebró en el Generalito de la Preparato-ria. Sostuve la conveniencia de darle a la huelga una bandera de mayor contenido y argumenté que los exámenes y reconocimientos que Bassols quería imponer, correspondían a sistemas docentes ana-crónicos. Había leído una encuestra de autorida-des científicas y universitarias en un libro del edu-cador español Francisco Giner de los Ríos. Se tra-ta de la obra Pedagogía Universitra-taria, en el capítulo "O Educación o Exámenes".

Fui designado en el Comité de Huelga de la Fa-cultad de Jurisprudencia. Se constituyó el Comité Central, presidido por Alejandro Gómez Arias, al que se iban adhiriendo los comités de cada plantel,

cuando entraban a la huelga. .

Recuerdo un mitin en el patio principal de la Fa-cultad de Medicina, que era la que más difiFa-cultades ponía al movimiento. Desde la balaustrada del pri-mer piso, hablamos Baltasar Dromundo y yo. Dromundo fue siempre vasconcelista, pero des-pués se interesó más por la autonomía.

El 21 de mayo se reunieron los alumnos de la

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'UNA TERRIBLECATASTROFE

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cuela Nacional Preparatoria en el Anfiteatro. Por haber sido líder de la huelga de 1923 pude hablar con autoridad y contribuir a que este plantel se ad-hiriera al movimiento. Recuerdo que estuvo pre-sente Ricardo García Villalobos y figuró entre los que hablaron Flavio Navar.

Un factor que atizaba el descontento universita-rio era la presencia de la policía. Los choques habi-tuales entre estudiantes y bomberos se hacían más frecuentes y enconados y el más serio ocurrió el 23 de mayo en que hubo heridos, frente a la Facultad de Medicina y por ser el plantel que mayor resis-tencia presentaba para participar en la lucha, con tal motivo se decidió a hacerlo. U na manifestación de protesta que recorría la Avenida Juárez, ese mismo día, fue dispersada por los bomberos. Como Presidente del Comité Central de Huelga Alejandro Gómez Arias protestó, al ocurrir los he-chos, y en comunicación dirigida al doctor Puig Causauranc, como Jefe del Departamento Central, reclamó la participación estudiantil en el gobierno de la Universidad.

Trascendió que en la ésfera oficial estaban en pugna Padilla, Secretario de Educación y Puig. Era partidario de reprimir la huelga Padilla, y Puig ami-go de la autonomía y cuando fue titular de Educa-·ción, en 1928 así lo expresó e impulsó la tendencia a que participaran representantes estudiantiles en el Consejo Universitario. En el memorandum que el 'Jefe del Departamento Central presentó al Presi-dente Portes Gil, el 25 de mayo, se advierte clara-mente el propósito de superar el carácter discipli-nario del conflicto. En el mismo documento se hace la indicación categórica de que la autonomía era el propósito profundo de la lucha estudiantil y lo conveniente "anticiparse a las demandas de los estudiantes, con la concesión de una absoluta auto-nomía técnica, administrativa y económica de la Universidad". Aconseja dar a los alumnos igual número de representantes que a los profesores, en el Consejo Universitario, ya que con los directores de los planteles los primeros tendrían mayoría, y sugiere la facultad, del propio Consejo, de elaborar

una lista de candidatos a la Rectoría para queel

Presidente de la República hiciera la designación rectoral. Ya entonces estaban en huelga las escue-las técnicas, normales y secundarias de la ciudad de México.

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El cumplimiento de la oferta de Portes Gil deter-minó se convocara al Congreso de la Unión a pe-ríodo extraordinario de sesiones. EI4 de junio acu-dió Padilla a la Cámara de Diputados, como Secre-tario de Educación, a fundar la demanda de facul-tades extraordinarias al Ejecutivo Federal, para expedir la Ley Orgánica de la Universidad Nacio-nal Autónoma de 1929. Previamente fue consulta-do el Consejo Universitario y el Rector, licenciaconsulta-do Antonio Castro Leal, sobre el proyecto e hicieron pública su aprobación. En entrevista periodística de fines de 1978; Castro Leal afirma haber partici-pado en la formulación de la Ley Orgánica.

Padilla dice, en su discurso ante la Cámara de Diputados, que la Universidad no ha cumRlido su misión con el pueblo. La censura por preferir la formación profesional utilitaria a la investigación científica desinteresada. Dice que porta librea ex-tranjera y que asuntos vitales para México como la flora y la fauna del país, son tratados en libros de autore:-1o nacionales. A la juventud estudiantil, que lo sisea desde las galerías en tanto los diputa-dos lo aplauden, la elogía y afirma sentirse orgullo-so de ella por su entusiasmo y arrogancia, aunque en aquel momento se vuelva en su contra, y acude al manido ataque de reaccionarismo contra los es-tudiantes.

Aprobada la iniciativa de facultades extraordi-narias al Ejecutivo pasa de la Cámara de Diputa-dos al Senado. El representante zacatecano Lauro G, Caloca, -tipo muy pintoresco- en el debate que se suscita, sostiene que no es exacto que los jó-venes sean enemigos de la Revolución y aduce las ideas que campean en los concursos de oratoria de

El Universal. El Senado aprueba la solicitud de otorgar facultades extraordinarias al Presidente de la República, el 6 de junio.

En la sesión del 7 dejunio, celebrada en el Audi-torio de la Facultad de Jurisprudencia, en donde se reunían los miembros de los comités de huelga de las escuelas universitarias, a las que se adhirieron las de carácter técnico y normal dándoles resuelto apoyo, se plantea la necesidad de autorizar a los es-tudiantes de los dos últimos ramos educativos, a volver a clases. Apoyamos a Gómez Arias en ese sentido, Efraín Brito Rosado y yo. Aproveché la ocasión para criticar al gobierno con dureza y ex-presar que la forma en que se pretendía otorgar la autonomía no era satisfactoria, ni tampoco cons-tituía una gracia oficial.

En el Comité de Huelga los comunistas se opo-nían a que las escuelas técnicas y normales regula-rizaran sus trabajos y perdieron el debate. No se atrevían entonces a calificarnos de contrarrevolu-cionarios a los que postulábamos la candidatura presidencial de Vasconcelos, porque era tal su fuer-za que habrían sido silenciados.

EIII de junio se tomó el acuerdo de tomar el edi-ficio de la Rectoría de la Universidad, en Licencia-do Verdad. Las autoridades universitarias no

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bían renunciado y los estudiantes pedían la dimi-sión. El Secretario General Daniel Cosío Villegas, cuando llegaron los estudiantes, presa de un- ata-que de pánico, fue encontrado oculto en las ofici-nas rectorales. Alfonso Caso, Director de la Prepa-ratoria, pretendió regañar a los estudiantes, reuni-dos en el Paraninfo y fue acallado con dureza por Gómez Arias como Presidente del Comité Central de Huelga.

El 10 de julio se dio la autonomía universitaria en la Ley Orgánica correspondiente. El proyecto que sigue algunas de las sugerencias de Puig, fue adoptado y antes hubo cambios previos de impre-siones para consultar la opinión de los estudiantes que no era del todo favorable. No se logró que la terna de Rector de la Universidad Nacional se pro-pusiera por el Consejo Universitario al Presidente de la República, sino que fue el Presidente autori-zado a presentarla al Consejo para que este esco-giera.

En las facultades y escuelas se eligen delegados de los profesores y de los estudiantes. En J urispru-dencia a la candidatura a consejero de Alejandro Gómez Arias se opuso la de Juan José Bremer, quien se distinguió mucho en los estudios de la ca-rrera. Logré hacer triunfar la de Gómez Arias, en una junta muy concurrida que se celebró en el Au-ditorio de la Facultad, en que hice hincapié no ser equitativo eliminar a quien se aprovechó en la hora difícil de la lucha.

El 31 de julio se instaló el Consejo Universitario, de acuerdo con la Ley Orgánica de 1929, presidido por el licenciado Ignacio García Téllez, como

Rec-tor Interino designado porelPresidente Portes Gil,

mientras se aplicaba el procedimiento legal para elegir Rector definitivo.

Vasconcelos al principio, ante la conducta del Presidente que condenó las prácticas represivas, simpatiza con la actitud oficial ante el problema universitario. En su artículo de El Universal de ju-nio de 1929 "Opinión organizada y no Revolu-ción" escribió que se había roto con la tradición del caudillaje al apelar a las ideas y no a las balas. Posteriormente sostuvo que tras una medida civili-zada se ocultaba el propósito político de distraer a los estudiantes, regalándoles lo que él llamaba "un juguete" y acabó de confirmar su opinión cuando le llegó la noticia de que el Presidente Portes Gil hablaba de él para la Rectoría. La verdad es que la intención no se logra del todo, porque la mayoría estudiantil no cae en la tibieza cívica y muchos nunca pospusimos la campaña presidencial oposi-cionista, a la conquista de la autonomía. Sin

em-bargo, se tuvo siempre cuidado de no identificarel

campo universitario con la política militante, a pe-sar de nuestras simpatías.

De el libro de próxima publicación La avell/ura vasconcelista.

Referencias

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