TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS Y
CAMBIOS SOCIALES EN EL SIGLO XIX
1. INTRODUCCIÓN
Podemos plantear una visión global de la economía de la España contemporánea: a grandes rasgos, el siglo XIX fue de crecimiento lento mientras el XX fue de crecimiento rápido. Pero en el siglo XIX pueden establecerse dos subperiodos: la primera mitad es de estancamiento y la segunda, de crecimiento: el salto se da en la cuarta década (desamortización, mecanización de la industria algodonera, primeras coladas de arrabio, primeras industrias mecánicas).
Siempre se ha subrayado el relativo fracaso de la revolución industrial en España; en todo caso, es cierto que se trata de un país que la experimenta con retraso. Entre los factores que se han citado para explicar ese retraso de la economía española en relación con el ritmo de los países de Europa Occidental, están:
o Agricultura: obstáculos físicos, baja productividad, mucha ocupación, poca exportación
o Educación y alfabetización escasas, escaso capital humano o Mano de obra subempleada
o Recursos naturales ociosos
o crecimiento demográfico lento: alta mortalidad, crisis de subsistencias, la migración no es importante hasta finales del siglo (la amortigua el proteccionismo), tendencia al crecimiento de la periferia
o falta de capitales: esto causa: endeudamiento y dinero caro (la burguesía prefiere la deuda pública o la renta)
o mercado apático
o monopolios causados por el proteccionismo: precios altos
2. LOS CONDICIONANTES DE LA ECONOMÍA ESPAÑOLA
a) Condicionamientos geográficos
Si la situación geográfica es óptima para el comercio exterior (aunque no hay puertos muy capaces) el comercio interno es dificultado por relieve abrupto que encarece el transporte y dificulta el establecimiento de un mercado nacional.
b) Lenta modernización demográfica
El crecimiento demográfico fue lento (no como en el resto de Europa) lo que, unido a una población básicamente agraria, frena la demanda y, con ella, el desarrollo industrial y el mercado nacional.
El crecimiento de la población fue lento comparado con Francia o Gran Bretaña porque la esperanza de vida era baja y España tardó en salir del régimen demográfico antiguo. La mortalidad siguió siendo alta (en torno al 30 por mil), sin contar los efectos de la guerra de la Independencia y de las guerras carlistas. El bache poblacional de 1802-1815 (abajo) se notaría en las siguientes generaciones, 30 y 60 años más tarde.
Además, la mortalidad catastrófica no se detuvo del todo, como lo demuestran las epidemias de cólera de 1833, 1853, 1859, 1865 y 1885.
Puede verse cómo España no abandona el régimen demográfico antiguo hasta el final del siglo y cómo le afectan las epidemias de cólera (señaladas con flechas negras), incluso hay una crisis de subsistencia en
El ejemplo de Baracaldo: la elevada concentración de empleo industrial debido a la minería del hierro va acompañada de salarios muy atrasados respecto al precio de los alimentos, verdaderos “salarios de
hambre”, que producen unas pésimas condiciones de vida, como puede verse en la elevación de la mortalidad cuando los salarios reales descienden
Es en la segunda mitad del siglo, sin embargo, donde se aprecia un crecimiento menor que en el resto de Europa: España crece en ese periodo un 24% frente a un 51% de Gran Bretaña, un 65% de los Países Bajos o un 42% de Italia. La mortalidad media en esos años era del 29 por mil, el doble que la de los países de Europa Occidental, sobre todo porque no hay una verdadera lucha contra las enfermedades infecciosas (la legislación sobre salud pública no se desarrolla hasta bien entrado el siglo XX), especialmente en lo referente a la tuberculosis, que se ensañaba con las clases populares. Otro factor que influye en el escaso crecimiento fue la emigración, especialmente hacia América.
censo de Godoy, 1797
10,541 millones
censo de 1857 15,464 millones censo de 1897 18 millones
Crecimiento de la población española en el siglo XIX
Hasta principios del siglo XX no hay cambios significativos en la población activa, que sigue siendo esencialmente agraria, entre el 65 y el 70% de la población activa. Si sumamos a esto la escasa modernización del campo se explica la superpoblación del medio rural, un exceso de mano de obra con una limitada emigración a las escasas zonas industriales del país pero que encontró una válvula de escape en la emigración a América, prohibida hasta mediados de siglo, luego permitida y desde 1880 alentada. Sólo hay datos fiables desde 1882: desde esa fecha hasta 1930 llegan a América 3,5 millones de españoles. La mayoría desde Galicia, Asturias, Canarias y Vascongadas. Desde el sureste, entre Alicante y Almería, se prefiere Argelia, especialmente la zona de Orán.
c) El inmovilismo agrícola y el retroceso ganadero
En el proceso modernizador, la agricultura tiene como funciones básicas:
Producir excedentes para población urbana creciente Ser mercado para bienes industriales
transferir ahorro agrario a otras actividades flujo migratorio hacia otros sectores
exportación para importar capital
Estas condiciones sólo se cumplen, en parte, para la agricultura mediterránea de exportación.
El comportamiento de la agricultura es diferente para cada cultivo. El cereal, debido al proteccionismo y al limitado crecimiento de la demanda interna, crece de forma modesta. Pero la vid y el olivo, con gran demanda externa, tiene un gran auge, sobre todo en el último tercio. En todo caso, ese crecimiento no va acompañado de modernización tecnológica: el campesinado no mejora su nivel de vida y no crea un mercado interno que estimule a otros sectores.
Hasta 1869, protegida de la competencia exterior, la agricultura permanece estable y la producción aumenta gracias a que la desamortización amplía la superficie cultivada. El librecambismo introdujo nuevos abonos (nitrato de Perú) y el abandono de tierras menos rentables para poder competir con el trigo ruso y americano.
La legislación liberal hiere de muerte a la ganadería trashumante: la Mesta se disuelve en 1836. La competencia europea y después australiana rematan la tarea: de 4,5 millones de cabezas en 1800 se pasa a 1,5 en 1865.
d) Insuficiencia de capital y de infraestructuras
La descapitalización y el endeudamiento del Estado (gastos militares) junto a la compra de tierras desamortizadas convierten a España en un país carente de capitales internos, lo que obliga al endeudamiento y a permitir la entrada de capital extranjero. Los elevados costos de transporte interior y del carbón asturiano encarecen los productos españoles y lastran el desarrollo de la España interior en favor de la periferia, más abastecida de importaciones.
e) Los intereses de la nueva sociedad liberal
La burguesía latifundista asume la vía del capitalismo agrario con la consiguiente tendencia antiindustrialista que terminó por impregnar la política de los gobiernos. El aburguesamiento de la nobleza y el ennoblecimiento de la burguesía se hacen en perjuicio de la burguesía industrial y de la enorme masa de asalariados del campo. Esta bipolarización social planteará conflictos a partir del Sexenio.
3. EVOLUCIÓN DE LA POLÍTICA ECONÓMICA
a) La continuidad de la política desamortizadora
“La primera gran reforma agraria de nuestra época contemporánea” –como la ha llamado un historiador- deriva del decreto de 1813 que establecía como norma el reparto entre los vecinos de cada pueblo de las tierras baldías y de realengo (que solían usarse como pastizales o eriales) y de las tierras de propios (propiedad de los ayuntamientos, que las arrendaban a los vecinos) pero no de las comunales. En Cádiz se define la tierra como un bien privado, sin vinculaciones. El objetivo social de esta medida (el reparto de tierras) desaparece con Fernando VII, que la mantiene para hacer frente a la deuda de la Hacienda: el resultado fue que esas tierras quedaron en manos de gobernantes locales, que fueron convirtiéndose en caciques.
La desamortización eclesiástica se inicia con Godoy, entre 1798 y 1808, y afecta a 1/6 de las tierras eclesiásticas de Castilla. Con Fernando VII, aunque sigue la desamortización civil, se detiene la eclesiástica, que es reanudada por el decreto de Mendizábal (1836, relanzado por Espartero en 1841).
La desamortización se acompañó de medidas destinadas a suprimir los privilegios del Antiguo Régimen: produjo una metamorfosis de la propiedad que sólo puede comprenderse conjuntamente con la desvinculación, la abolición del régimen señorial y de los diezmos, el cercamiento de las tierras, la supresión de la derrota de mieses1,
1La derrota de mieses fue un aprovechamiento ganadero propio del Antiguo Régimen en casi la totalidad
etc. La nueva propiedad fue pacto burguesía-aristocracia: propiedad libre a cambio de reconocer los derechos de los viejos señores. La nobleza redondea su patrimonio sin trabas señoriales ni de mayorazgo: nacen los grandes latifundios modernos.
En la segunda mitad del siglo estuvo en vigor la ley de 1º de mayo de 1855, de Pascual Madoz, la de mayor importancia por su larga duración (estuvo vigente hasta 1917) y el gran volumen de los bienes desamortizados, la mayoría de bienes municipales.
Las consecuencias de las desamortizaciones fueron múltiples:
Reforzaron el minifundismo o el latifundismo en zonas que ya lo eran (el tipo de comprador respondía al perfil previo de propietario): satisfizo las aspiraciones de labradores con ciertos recursos y facilitó la inversión a los titulares de deuda pública. Cuando, a fines de siglo, muchos grandes propietarios compren tierras de campesinos arruinados, crecerá el latifundio
La desaparición del señorío, en Valencia y Cataluña, tuvo consecuencias distintas a Castilla porque los viejos enfiteutas obtuvieron la propiedad y desplazaron a los señores: nace así un grupo de pequeños y medianos propietarios La desamortización de los bienes del clero regular
proporcionó amplios recursos nacionales. El problema financiero era endémico desde 1808, agravado por la pérdida de América. Recurrir a los bienes de la Iglesia mermó la influencia de ésta, respaldó el crédito exterior y amortizó la deuda
Expulsión de los campesinos de las tierras que cultivaban tradicionalmente y proletarización de esa población. Desapareció el escudo de las tierras vecinales para los campesinos más pobres Como la de Mendizábal no fue paralela a
industrialización los campesinos permanecen en el campo como mano de obra proletarizada y subempleada, lo que facilitó la supervivencia de explotaciones poco rentables y la escasa capacidad de consumo. Sin embargo, la desamortización de Madoz sí estimuló la emigración.
Conllevó la extensión de los cultivos a costa de la cabaña (la Mesta se disuelve en 1836) y un
trasvase de capitales al campo para invertir en propiedades
Políticamente, la desamortización selló la alianza entre la aristocracia terrateniente y la burguesía liberal, hasta el punto de que las dos clases llegan a confundirse en lo que se conoce como “el bloque de poder”. Sin embargo, afectó a los grupos más reacios a la causa liberal: además de la Iglesia, alejó al campesinado del liberalismo y lo empujó hacia el carlismo (en el norte) o al republicanismo y anarquismo (en el sur y el este) Alivió la deuda pública y permitió afrontar la
La pérdida de las colonias, las guerras y el endeudamiento fueron los factores que forzaron a la desamortización. Como no hay una fiscalidad racional hay que recurrir a los empréstitos exteriores y a emitir deuda. Ese fue el gran problema de todos los gobiernos: el aumento de la deuda externa y la pérdida de valor de los valores reales (títulos de deuda). La reforma de Bravo Murillo en 1851 (consolidó la deuda exterior dejando de pagar intereses por cuatro años y luego limitándolos al 3%) alivió artificialmente la situación del Estado pero hizo perder la confianza de los inversores extranjeros (británicos y holandeses), que bloquearon los títulos españoles en las bolsas de Londres y Ámsterdam y dejaron de invertir en el país. Por eso, en los años sucesivos la mayor parte de la inversión llegó de Francia y Bélgica.
La creación de los primeros bancos y empresas ferroviarias se hace desde 1844, con capitales españoles, impulsando el ferrocarril en Madrid, Cataluña y Valencia. Pero la crisis de 1847 frena estas iniciativas, de manera que hasta la ley de ferrocarriles de 1855 y la ley de Bancos y Sociedades de Crédito de 1856 no habrá un verdadero despegue.
La Ley de Ferrocarriles, coetánea de la desamortización de Madoz, tenía como aspectos más importantes:
Garantizar las inversiones extranjeras facilitar la creación de sociedades anónimas
el Estado subvenciona a las empresas constructoras en proporción a los kilómetros de trazado, con lo que se aumenta la inversión pero a costa de aumentar la deuda pública y gastar los ingresos de la desamortización.
Liberar del pago de aranceles al material importado
Permitir que las compañías se financien emitiendo obligaciones (gran parte del ahorro español irá al ferrocarril, lo que creará una espiral especulativa con el valor de las acciones)
Conceder privilegios para la expropiación de tierras
La red ferroviaria a la llegada del sexenio
Evolción de la red ferroviaria española en el siglo XIX
c) Los cambios económicos en el sexenio
LA CRISIS ECONÓMICA DE 1866
Fue precedida por la crisis textil catalana en 1862 por la escasez de algodón provocada por la guerra de Secesión norteamericana (la llamada “hambre de algodón”)
El detonante fue la quiebra de las compañías ferroviarias en 1866, que arrastraron a las sociedades de crédito y bancos. Las expectativas de beneficio no se habían cumplido porque la economía española no tenía nivel de desarrollo suficiente para sostener una demanda importante de transporte de viajeros y mercancías. Así, el valor de las acciones se desploma y no hay liquidez A ello se sumó la crisis de subsistencia de 1867-68
Evolución de la deuda pública en España, en la segunda mitad del siglo XIX
transporte. También facilitó la creación de un capital vasco que creó bancos, navieras y siderometalúrgicas.
Estas medidas se acompañaron por otras liberalizadoras sobre los privilegios territoriales en materia de comercio, aduanas e impuestos. Todo ello culminó en la Ley de Reforma Arancelaria de 1869, la Ley Figuerola, que redujo los aranceles a un 25 o 30%, aún muy altos, con previsión de bajarlos al 5% desde 1875, lo que no llegó a hacerse.
d) Proteccionismo y nacionalismo económico durante la Restauración
Los diez primeros años de la Restauración fueron expansivos gracias a la coyuntura internacional:
la filoxera francesa impulsó las exportaciones de vino español la invención del convertidor Bessemer y la dependencia inglesa
del hierro vasco (el 20% del importado por Gran Bretaña) impulsaron la siderurgia vizcaína
la apertura del mercado cubano propició la recuperación de la industria algodonera catalana
Desde 1885 la situación cambia y el Estado gira hacia el proteccionismo: la crisis económica internacional, la invasión de cereal americano y los temores de los productores españoles a la competencia desembocan en el arancel proteccionista de 1891.
El eje Bilbao-Barcelona-Valladolid (es decir, la confluencia de intereses entre los propietarios cerealistas y los industriales catalanes y vascos) determina este giro que, tras la crisis de 1898, se multiplica con elevaciones de aranceles (1906) y medidas de apoyo a la producción nacional (1907). La reforma tributaria de Fernández Villaverde (1899) hizo crecer los ingresos del Estado a principios del XX, que también se benefician de la repatriación de capitales en 1898 (que están en la base de las nuevas entidades bancarias, como Banesto o Banco Hispano Americano).
4. LOS INICIOS DE LA INDUSTRIALIZACIÓN
a) La causas del lento proceso de industrialización
El bajo nivel de vida, en especial de la población rural. Una familia obrera gastaba más de la mitad de sus ingresos en alimentación (de los cuales la mitad correspondía al pan).
La inexistencia de un mercado uniforme por una mala red viaria, que dificulta la relación centro-periferia y facilita la importación a través de los puertos
obligaciones del ferrocarril o de minas y títulos de deuda
El proteccionismo obstaculizó la evolución tecnológica y permitió la supervivencia de industrias poco competitivas
La industria española se va a caracterizar por:
Extrema concentración geográfica
Retraso tecnológico, que es causa de su… …Escasa competitividad exterior…
…y de su dependencia tecnológica Excesiva sujeción a la actividad agraria
Estas características no impiden que se detecten signos de modernización:
Proceso de sustitución de fuentes de energía Mayor cualificación de la mano de obra
Sustitución de las industrias de la primera época Tendencia a una menor desigualdad, en cuanto al
peso económico, entre las industrias de bienes de equipo y las de bienes de consumo, que fueron hegemónicas en todo el siglo2
b) La industria textil
Al iniciarse el siglo XIX ya había una sólida industria algodonera en Cataluña (además de industrias tradicionales de lana merina castellana, sedería valenciana o lino gallego). Esas industrias tradicionales irán desapareciendo dejando sólo islotes como Béjar o Alcoy. La industria algodonera, centrada más en Barcelona, introdujo pronto la nueva maquinaria, dada la escasez de mano de obra por la sobremortalidad de 1800-1815 (Bonaplata tuvo las primeras máquinas de vapor). La repatriación de capital colonial desde los años ’20 permite crear industrias, la mayoría de capital familiar. La carestía del carbón dio prioridad a la energía hidráulica, lo que promovió la creación de industrias en los valles fluviales (Llobregat, Besós, Ter, Anoia) y marcó el futuro de la comarca del Vallés (Tarrassa, Sabadell). No obstante, la mecanización hizo que el vapor cobrara cierto auge desde los años ’30, lógicamente en las zonas costeras, especialmente Barcelona, donde llegaba el carbón.
2Una de las características de las economías industriales maduras es el mayor peso económico de la
mediados de siglo. El proteccionismo favoreció el estancamiento tecnológico y el monopolio del mercado cubano dio prosperidad al sector hasta 1898. En general, fue una industria poco competitiva, destinada al mercado interior, sustituyendo importaciones.
c) La explotación minera
Considerado un país de gran riqueza minera, muchas empresas extranjeras se establecieron en España en la segunda mitad del siglo, sobre todo francesas y británicas. Se ha hablado de “colonialismo minero”, debido al endeudamiento del Estado con la banca europea. La ley de minas de 1825 establecía que pertenecen a la corona, que puede cederlas (lo hace con las mejores: Almadén, Río Tinto, plomo de Linares, azufre de Hellín, hierro de Asturias, carbón y sal).
Aunque la producción de mercurio y plomo ya era importante a principios de siglo, la revolución del plomo (en el sureste y Sierra Morena, sobre todo Linares y La Carolina) se produce desde 1869 (Ley de minas de 1868), cuando se alcanza el primer puesto mundial.
El mercurio de Almadén estaba en manos de los Rotschild, que tienen el monopolio mundial.
El cobre y el hierro fueron muy demandados; el primero desde que apareció el telégrafo (1837), se producía sobre todo en Ríotinto (capital británico y alemán); y el segundo desde el procedimiento Bessemer para fabricar acero (1855), ya que el hierro vasco era de gran calidad. El cobre de Huelva y el hierro malagueño estuvieron en manos de compañías extranjeras pero no dieron lugar a una industrialización como en Vascongadas, donde se formó una “burguesía minera” con capital vasco y británico.
envío de hierro a G.B.
importación de carbón
más barato rebaja de fletes
ind. siderúrgica
grandes negocios con el comercio marítimo
astilleros base industrial
y financiera
d) La industria siderúrgica y otras
el 97% de los barcos mercantes de vapor eran extranjeros). Así, la siderurgia inicial de Málaga y Marbella fue un fracaso.
Entre 1865 y 1880 es la etapa asturiana, con producción aún escasa pero con aumento de la demanda interna (en 1865 se acabaron los privilegios de importación para las industrias constructoras del ferrocarril). Es cuando aparece la empresa Duro, en la Felguera.
En 1880 se impone la siderurgia vasca. Fue posible por a) la gran calidad de sus minas de hierro, b) el capital acumulado por las exportaciones a Gran Bretaña, c) la legislación liberal de los años 1868-70, d) los ferrocarriles, e) la decisión del gobierno, desde 1887, de hacer los pedidos para la marina a empresas españolas, f) la difusión del convertidor Bessemer y la sustitución del hierro por el acero desde 1890. Altos Hornos de Vizcaya fue la gran empresa del sector.
La siderurgia está estrechamente unida a la construcción naval y a la metalurgia de material ferroviario. Aunque el ferrocarril se importa (la primera locomotora española es de 1884) luego se beneficiará del arancel de 1891. En Sestao y Bilbao se establecen las primeras navieras, después en El Ferrol.
Dos sectores nuevos fueron el químico (ligado a la textil, para colorantes), donde Barcelona fue pionera, y el eléctrico (la primera central es de 1875; Madrid es la primera ciudad con alumbrado público eléctrico, en 1881).
Otras industrias, más dispersas, están relacionadas con el sector alimentario: harineras, vinos, aceiteras, azúcar, conserveras…localizadas cerca de los cultivos respectivos.
Como conclusión, podemos decir:
a. a principios del siglo XX, España es aún un país de base agraria (39% de la renta). El empleo es de 4:1 en agricultura frente a industria
b. problemas: reducido mercado interior, poca división del trabajo, preeminencia de los bienes de consumo sobre los de equipo, como en las fases iniciales de la industrialización
6. TRANSPORTE Y COMERCIO
El ferrocarril nace en 1848 (Orden de 1844). Los progresistas publican la ley liberalizadora de 1855 para atraer capital extranjero: se dispara la construcción (500 km antes de 1855, 4400 en el período 1856-65) lo que ofrece grandes perspectivas de beneficios (vid. supra).
Permitió un mercado más integrado; dio preferencia a las áreas más dinámicas y tomó una configuración radial, beneficiando a Madrid.
El desarrollo del ferrocarril presenta las siguientes características:
1. grandes capitales a través bancos y sociedades de crédito, cuyas deudas se financian con obligaciones
aranceles de hierro (2/3 es de fuera) y de combustible y se ceden terrenos públicos
3. sobredimensión de las líneas: pocas mercancías, grandes áreas semivacías
4. Un ancho de vía diferente, condicionado por el relieve 5. demasiada concentración de riesgos: quiebra en la crisis
de 1866: caída de los precios del algodón tras la guerra civil USA y malas cosechas de 1866-68
6. muchos costes de mantenimiento por la deficiente construcción, muy precipitada
En cuanto al comercio, España es un mercado mal integrado: diferencias regionales, elevado autoconsumo, precios muy variables…
El comercio exterior sufrió una drástica reconversión tras la pérdida de América. Se recupera en 1850 gracias a la guerra de Crimea pero luego se deprime. El sexenio trae una expansión por el librecambismo. La Restauración empieza con crisis, aliviada por la filoxera francesa desde 1878. La gran crisis internacional de precios agrarios en 1884 se une a la llegada de la filoxera. Si el comercio exterior creció de forma sostenida fue más por los cambios de la demanda mundial que por mejoras de la competitividad. La expansión de las exportaciones en la segunda mitad es por la expansión de la demanda mundial (la 2ª revolución industrial) y por la competitividad de los minerales y el vino (reúnen 2/3 de las exportaciones).
España siempre vivió con la polémica proteccionismo/librecambismo. La burguesía industrial catalana era proteccionista, mientras que la burguesía agraria y financiera, más confiada en la exportación, era librecambista.
En 1891 se da el giro proteccionista cuando confluyen los intereses de los industriales catalanes y vascos con los intereses de los propietarios agrarios ante la competencia de trigo americano. El ciclo “librecambista” (1860-90) fue de mayor crecimiento económico que el “proteccionista” (1890- 1913).
7. EL OBRERISMO INCIPIENTE
a) Las primeras corrientes socialistas y obreras (1820-1868)
En las décadas de 1820 y 1830 se producen:
La entrada de ideas del socialismo utópico francés (Blanqui, Proudhon), sobre todo en Cataluña: crítica de la injusticia capitalista y modelo teórico de armonía: son opuestos a la revolución y pretenden el cambio por la educación, la propaganda y el ejemplo: sociedades modélicas a imitar. En Cataluña tiene impacto el “viaje a Icaria” de Cabet (propiedad colectiva, sin clases), traducido en 1848. La Revista La Fraternidad es la portavoz de estas ideas. Muchos cabetianos derivarán hacia el republicanismo federal.
En Cádiz: Abreu propaga desde 1830 el modelo de Fourier (falansterio) y Garrido introduce el cooperativismo aprendido con Robert Owen
Los primeros movimientos luditas, en Alcoy y Barcelona (Vapor Bonaplata)
El primer asociacionismo se inspira en dos principios gremiales: organización por oficios y ayuda mutua. En 1839 se permiten las asociaciones obreras de carácter mutualista y, aprovechando esa coyuntura, nacen las primeras: en Barcelona la Sociedad de Tejedores y en Madrid la Asociación de Impresores, que reivindican mejoras laborales y sociales y convocan las primeras huelgas. Al hilo de estas organizaciones aparecen asociaciones culturales, escuelas, ateneos y prensa obrera. Hay que tener en cuenta que el liberalismo considera la relación empresario-trabajador como privada y niega la organización colectiva, de lo que se sigue la represión patronal y estatal, sobre todo en período de gobierno moderado. El impacto de la revolución europea de 1848, aunque en España fue abortada por Narváez, trajo conceptos como pueblo, democracia, república, socialismo, que se utilizarán como argumentos contra la monarquía. Políticos de la oposición y teóricos socialistas tendrán un programa común en las revoluciones de 1854 y 1868. Las revueltas sociales de estos años fueron ocasión para manifestar algunas de estas ideas. Las primeras organizaciones se definían como apolíticas y corporativas, pero pronto se inclinan por el Republicanismo federal.
Las medidas liberalizadoras de 1881-83, entre las que está la creación de una comisión informadora para el estudio de la condición de vida obrera (Comisión de Reformas Sociales), que en 1884-85 elaboró un informe, y la Ley de Asociaciones de 1887 facilitan la legalidad del asociacionismo obrero.
asistencial; pero también cumplen una función socializadora: son el lugar y el cauce de socialización popular (educan en hábitos y comportamientos propios de la moral burguesa, como el ahorro y la previsión frente analfabetismo y el alcoholismo): siguen los modelos de los casinos burgueses (serán el modelo de las futuras casas del pueblo del PSOE).
b) La I Internacional y la formación de sindicatos y partidos obreros
Hasta 1868, los grupos obreros se desarrollaron en la principal región industrial, Cataluña, pero eran clandestinos. Pero el reconocimiento del derecho de asociación y la propaganda de la A.I.T. (1ª Internacional, Londres, 1864) facilitan el auge del asociacionismo obrero así como la revolución Gloriosa impulsó la toma de conciencia de clase.
Al principio, las reivindicaciones obreras son canalizadas por el republicanismo. Después, el progresivo contacto con la I Internacional, primero en el Congreso de Bruselas de 1868, después con la llegada a España de Fenelli, enviado de Bakunin, se tradujo en la formación de los primeros núcleos internacionalistas españoles. Fenelli difundió el programa anarquista: supresión del Estado y su sustitución por una “federación libre de asociaciones obreras” sin participación en el juego político. Estos contactos determinarán la decisiva influencia anarquista en el obrerismo español. En 1870, en el Congreso Obrero nacional de Barcelona se ponen las bases de la Federación Regional Española de la AIT y el ideario internacionalista se extiende, especialmente por el Mediterráneo y el campo andaluz (63% de afiliados catalanes, 17% andaluces, 8% valencianos, 12% resto).
En 1871 llega a Madrid Paul Lafargue, yerno de Marx, y se pone en contacto con los medios internacionalistas de esa ciudad, difundiendo el criterio de Marx sobre la participación activa de los obreros en la lucha política mediante un partido netamente obrero: nace así un pequeño núcleo marxista, germen del futuro PSOE.
Entre 1870 y 1871 se suceden dos hechos básicos: la revolución de la Comuna de París y la ruptura, en el seno de la AIT, entre marxistas y bakunistas. Expulsado Bakunin de la Internacional, el pequeño grupo marxista madrileño fue expulsado de la Federación Regional Española y funda la Nueva Federación Madrileña (1872), reconocida por la AIT. Pero la mayoría de las secciones españolas de la Internacional siguen a los bakunistas y reafirman los postulados anarquistas (Congreso de Córdoba, 1873).
En la década de los ’80 empezó el ascenso del PSOE y su sindicato UGT. Esta doble constitución marcará por primera vez en España la definición neta y distinta de un partido de la clase obrera, que aspira al ejercicio del poder, agrupando al proletariado en su enfrentamiento con los patronos y las empresas en las relaciones de producción y pretendiendo la adhesión del máximo número de trabajadores en torno a objetivos concretos. Y si en principio la central sindical es independiente del partido, la vinculación entre ambos es estrecha tanto en la orientación política como en lo que se refiere a las personas que ocupan cargos de dirección en una y otro.
mayo de 1886). Desde la aprobación del sufragio universal en 1890 el PSOE obtiene apoyo suficiente como para obtener concejalías en las sucesivas elecciones municipales aunque su primer diputado no llegue hasta 1910. Su crecimiento popular aumentó con su iniciativa de boicotear la guerra de Cuba -la más impopular de las guerras hasta ese momento- en 1896-97 (en el Congreso Internacional de Londres de 1896, la delegación española apoyó una moción de simpatía hacia todos los que luchan por conquistar su nacionalidad).
El anarquismo español no tiene una sólo forma de acción sino que depende de las distintas coyunturas políticas existentes:
unas condiciones más permisivas favorecen la tendencia sindicalista (en 1881, Sagasta permite el asociacionismo obrero) y la lucha laboral
otras condiciones más represivas condicionan una tendencia insurreccional y violenta (terrorismo), como pasa en los primeros años de la Restauración o con las leyes antiterroristas de fin de siglo a raíz de las bombas en el Liceo en 1893, en la procesión del Corpus en 1896 y del asesinato de Cánovas en 1897 que dieron lugar a una dura represión y a procesos por la jurisdicción militar, sin garantías, como el de Montjüic en 1897
La FTRE (Federación de Trabajadores de la Región Española) fue el germen del movimiento anarquista español. Las divisiones internas quedan de manifiesto a la hora de condenar atentados como el de la “Mano Negra” en Andalucía en 1883. La tendencia a la moderación implicó profundas divergencias internas, provocando, a su vez, el descontento en los grupos andaluces más extremistas, debilitándose así la conexión de la Federación y comenzando a decrecer su poder. Esta tendencia se hace notoria hasta que se consuma la desintegración de la FTRE y la fundación de la Organización Anarquista de la Región Española. Esta desintegración progresiva, especialmente a partir de la represión de la Mano Negra, aboca a partir de 1888 a la acción revolucionaria individual violenta, martirial (la llamada propaganda por el hecho). Así se produce la escisión del anarquismo entre colectivistas bakunianos y los comunistas libertarios kropotkianos.
Los colectivistas:
prefieren la legalidad
sostienen la ilicitud de algunos medios,
confían en la masa obrera como sujeto revolucionario
confían en la organización de federación de sociedades de oficios
rechazan a los terroristas (aunque no dejaran de defenderlos en los procesos) apoyan las acciones reivindicativas cotidianas
dirigirán las sociedades catalanas de resistencia
Los comunistas libertarios:
tendían a la ilegalidad y a utilizar cualquier medio si era válido para sus fines creían más en el hombre aislado, el rebelde
justificaban a los anarquistas-terroristas
querían llegar a la sociedad ideal por medio de grandes cambios tendrán mayor influencia en las organizaciones del sur (Andalucía)
Portada de una revista francesa que ilustra las ejecuciones de los anarquistas condenados por los asesinatos cometidos por la presunta organización “La Mano Negra”, 14-VI-1884
El asociacionismo anarquista se dio más en Cataluña, Valencia y Andalucía, y el apoyo al PSOE en Madrid, Asturias y Vascongadas.
Al terminar el siglo, el asociacionismo obrero está muy realizado y se inicia el asociacionismo patronal: la Liga Marítima Española, Liga Vizcaína de Productores, Asociación Patronal de Mineros Asturianos… El enfrentamiento entre ambos será una constante en las primeras décadas del siglo XX.
La política social de la Iglesia fue definida en la Encíclica Rerum Novarum de León XIII en 1891: se opone al liberalismo extremo, al socialismo y al anarquismo y defiende el consenso con una gran dosis de paternalismo. Siguiendo esta línea, en 1892 aparecen las cajas rurales, de inspiración cristiana y en 1912 la Federación Nacional de sindicatos católicos, de vocación interclasista.