Cuatro estudios sobre transiciones democriticas

17  Download (0)

Full text

(1)

Author(s): Gerardo L. Munck

Source: Desarrollo Económico, Vol. 36, No. 142 (Jul. - Sep., 1996), pp. 661-676 Published by: Instituto de Desarrollo Económico y Social

Stable URL: http://www.jstor.org/stable/3467365 . Accessed: 11/08/2011 09:25

Your use of the JSTOR archive indicates your acceptance of the Terms & Conditions of Use, available at .

http://www.jstor.org/page/info/about/policies/terms.jsp

JSTOR is a not-for-profit service that helps scholars, researchers, and students discover, use, and build upon a wide range of content in a trusted digital archive. We use information technology and tools to increase productivity and facilitate new forms of scholarship. For more information about JSTOR, please contact support@jstor.org.

Instituto de Desarrollo Económico y Social is collaborating with JSTOR to digitize, preserve and extend access to Desarrollo Económico.

(2)

66

NOTAS Y COMENTARIOS

LA DEMOCRATIZACION EN PERSPECTIVA

COMPARADA. EL DEBATE CONTEMPORANEO*

GERARDO L. MUNCK**

El surgimiento de gobiernos democrAticos, iniciado en 1974 y que contin0a en la decada del '90, es probablemente la caracteristica poll- tica de nuestros tiempos. Si estos cambios politicos pueden ser concebidos en terminos de la teorla clAsica de la democracia, tambien tienen ciertas connotaciones particulares. Los casos recientes de democratizaci6n, en reali- dad, son diferentes de los casos clsicos de transici6n a la democracia moderna de masas en Europa occidental por una variedad de razo- nes. En primer lugar, los ancien r6gimes de los cuales han devenido las transiciones recientes -autoritarismo burocrdtico, socialismo de Esta- do, autoritarismo postotalitario, etchtera- son bastante diferentes a los reglmenes oligArquicos de las postrimerlas del siglo XIX y de la primera parte del XX. Los actores involucrados son, por lo tanto, bastante distintos. AdemAs la imposi- bilidad prdctica, en el contexto

contempor.neo, de extender gradualmente el derecho de voto a sectores mAs amplios de la poblaci6n cierra el camino de la democratizacidn progresiva a tra- ves de la respuesta de las elites, una caracte- ristica fundamental de las transiciones de Euro- pa occidental. Lo distintivo de las transiciones contemporcneas a la democracia, a las que Huntington llama gen6ricamente la "tercera ola" de democratizaci6n, ha estimulado un gran de- bate te6rico, generando problamente m~s lite- ratura que en cualquiera otra area de interns en el estudio de la politica comparadal.

SumAndose a esta voluminosa producci6n, los cuatro libros que se resenan aqul constitu- yen importantes contribuciones a este debate. El 6nfasis te6rico o emplrico en el andlisis varla de un libro a otro. No obstante todos contribu-

yen a entender una de las tendencias centrales de la polltica mundial. Este prop6sito comOn, junto al carActer ambicioso de cada trabajo, nos brinda la oportunidad de evaluar la evolu- ci6n de un campo de estudios que podrlamos Ilamar el de las 'transiciones

democr.ticas'. Bosquejemos primeramente el contenido de cada uno de los textos.

* Los textos objeto de este comentario son los siguientes:

- SAMUEL HUNTINGTON: The Third Wave. Demo- cratization in the Late Twentieth Century. Norman, University of Oklahoma Press, 1991 (366 pigs.). - ADAM PRZEWORSKI: Democracy and the Market.

Political and Economic Reforms in Eastern Europe and Latin America. Cambridge, Cambridge University Press, 1991 (210 pigs.).

- SCOTT MAINWARING, GUILLERMO O'DONNELL Y J. SAMUEL VALENZUELA (comps.): Issues in Democratic Consolidation: The New South American Demo- cracies in Comparative Perspectives. South Bend, University of Notre Dame Press, 1992 (357 pags.). - STEPHEN HAGGARD Y ROBERT KAUFMAN: The Political

Economy of Democratic Transitions. Princeton, Princeton University Press, 1995 (391 pbgs.).

** Department of Political Science, University of Illinois at Urbana-Champaign. [ • 361 Lincoln Hall / 702 South Wright St. / Urbana / Illinois 61801 / USA / IT (217) 351-2922 / Fax: (217) 244-5712 / Correo electr6nico: gerrym@uxl .cso.uiuc.edu.]

1 Entre las contribuciones mis importantes al estu- dio de la "tercera ola" de democratizaci6n merecen menci6n especial los trabajos de Guillermo O'DONNELL, Philippe SCHMITTER y Laurence WHITEHEAD (comps.):

Transitions from Authoritarian Rule. Prospects for Democracy (The Johns Hopkins University Press,

Baltimore, 1986); John HIGLEY y Richard GUNTHER

(3)

Cuatro estudios sobre transiciones

democriticas

Issues in Democratic Consolidation, compi- lado por Mainwaring, O' Donnell y Valenzuela, es la contribuci6n mds reciente de un grupo de estudiosos que han confluido en el Instituto Kellogg, de la Universidad de Notre Dame, uno de los centros de investigaci6n mds prolificos en los estudios sobre democratizaci6n. Este libro puede ser leldo como un volumen comple- mentario al trabajo seminal de O'Donnell y Schmitter, publicado en 19862. Yendo mfs allA de esta ya clAsica obra sobre las transiciones desde el autoritarismo, este volumen aborda ahora problemas de la consolidaci6n de la de- mocracia sobre la base de la experiencia de casos latinoamericanos. En un artlculo que muestra su probada creatividad, O'Donnell dis- tingue estas dos tareas, que ve como dos tran- siciones caracterizadas por procesos distintos. Mientras que la primera transici6n giraba en torno del desplazamiento de los gobernantes autoritarios, siendo mAs claramente antiauto- ritaria que

prodemocr.tica, la segunda transi- ci6n implica un proceso mAs amplio y complejo asociado a la institucionalizaci6n de una serie de reglas o procedimientos nuevos y democrd- ticos. Esta distinci6n analitica sirve para dife- renciar los momentos mAs importantes a trav6s de los cuales las transiciones democrAticas pueden desarrollarse, y nos permite formular la pregunta acerca de la relaci6n entre estos dos momentos, una pregunta que O'Donnell res- ponde con una comparaciOn cuidadosa entre los casos de la Argentina, Brasil y Espanla.

En lugar de formular nuevas preguntas, el artfculo de Mainwaring intenta, mas bien, intro-

ducir consistencia en el debate. Conceptos cla- ves como los de transici6n, democracia, libera- lizaci6n, democratizaci6n, legitimidad e incerti- dumbre son discutidos explicitamente. En un campo de investigaci6n en el cual los autores emplean gran variedad de conceptos no siem- pre compartidos -definiendo ademAs frecuen- temente un mismo concepto de manera distin- ta-, una contribuci6n como la de Mainaring es esencial para la continuidad del debate y la acumulaci6n de conocimiento. El articulo de Valenzuela aporta una de las discusiones mAs penetrantes de los problemas de la consolida- ci6n de la democracia, abordando cuestiones conceptuales esenciales al anAlisis empirico y comparativo; toma como base para ello el con- texto del caso chileno. La 01tima contribuci6n te6rica pertenece a Przeworski, que practica- mente reitera el segundo capitulo de su libro y que, por Io tanto, sera discutido en ese contex- to. AdemAs de estos cuatro capitulos te6ricos, Issues in Democratic Consolidation incluye otros de carActer empirico. Felipe AgOero analiza las instituciones militares en Uruguay, Ecuador, PerO, Argentina y Brasil; Catherine Conaghan discute sobre capitalistas y politica econ6mica en Ecuador, PerO y Bolivia; y Frances Hagopian trata sobre el oportunismo democrAtico de los lideres politicos tradicionales en Brasil. En su conjunto, el volumen constituye un equilibrado balance de analisis de casos y elaboraciones conceptuales, cuya interacci6n resulta fluida y fructifera.

Democracy and the Market, de Przeworski, es parte de un proyecto mds amplio que com- para las transiciones politicas y las reformas econ6micas tanto de America Latina como de Europa del Este3. Con respecto a las primeras, Przeworski sostiene que el modelo para el estu- dio de las transiciones de O'Donnell y Schmitter en el contexto de America Latina y el sur de Europa puede hacerse extensivo, sin mayores Press, Cambridge, 1992); Richard GUNTHER, P. Nikiforos

DIAMANDOUROS y Hans-JOrgen PUHLE (comps.): The Politics of Democratic Consolidation. Southern Europe in Comparative Perspective (The Johns Hopkins University Press, Baltimore, 1995); y Juan LINZ y Alfred STEPAN: Problems of Democratic Transition and Consolidation: Southern Europe, South America and

Post Communist Europe (The Johns Hopkins University

Press, Baltimore, 1996). Sobre los casos clsicos, ver Barrington MOORE: Social Origins of Dictatorship and Democracy (Beacon Press, Boston, 1966), y John D. STEPHENS: "Democratic Transition and Breakdown in

Europe, 1870-1939: A Test of the Moore Thesis", American Journal of Sociology 94, 5 (1989), 1019-77.

2 Guillermo O'DONNELL y Philippe SCHMITTER:

Transitions from Authoritarian Rule. Tentative Conclusions about Uncertain Democracies (The Johns Hopkins

University Press, Baltimore, 1986).

3 Otras contribuciones a este proyecto son: Luiz Carlos BRESSER PEREIRA, Jos6 Maria MARAVALL y Adam PRZEWORSKI: Economic Reform in New Democracies (Cambridge University Press, New York, 1992) y Adam PRZEWORSKI et al.: Sustainable Democracy (Cambridge

(4)

elaboraciones, a Europa oriental. Discute, pues, la secuencia de decisiones que confrontan los cuatro actores principales de la transici6n, los duros y blandos dentro del regimen y los mode- rados y radicales desde la oposici6n, tradu- ciendo esencialmente la serie de decisiones estrategicas analizadas por O'Donnell y Schmitter al lenguaje de lateorla de los juegos4. Przeworski aporta ideas nuevas, sin embargo, en su discusi6n sobre la conexi6n entre refor- mas politicas y econ6micas, una cuesti6n de creciente interes en el andlisis comparativo de la democratizaci6n. En contraste con la mayo- ria de las contribuciones al volumen de Main- waring, O'Donnell y Valenzuela, en este libro ia preocupaci6n principal de Przeworski es con la teoria, prestando poca atenci6n a cuestiones empiricas. Las alusiones a casos emplricos s6lo tienen por objeto ejemplificar el tipo de razonamiento de Przeworski. Este alto nivel de abstracci6n, en verdad, es tanto la fuente de las contribuciones mAs importantes de este libro como de sus limites mAs notorios.

El libro de Huntington, The Third Wave, es bastante diferente tanto de sus obras anterio- res como de las dos que acabamos de reseiar. Representa, ante todo, un cambio en la tem;ti- ca que ha ocupado la atenci6n de Huntington, desde el problema del orden concebido en terminos bastante gen6ricos de su muy leldo Political Orderin Changing Societies5, a la cues- ti6n de la democracia. En segundo lugar, com- parado con los libros aqui resenados, el de Huntington se destaca por su ambici6n tanto desde el punto de vista conceptual como empi- rico. Trata tanto sobre los procesos de transi- ci6n desde el autoritarismo como sobre la con- solidaci6n de la democracia, y cubre unos 35 casos -de America Latina, Europa del sur y del este, Asia del sur y del este, y Africa-. Para desarrollar esta agenda comprensiva, se vale de un alto grado de eclecticismo te6rico. Trata de navegar en un curso medio entre los dos enfoques comunes en el estudio de la demo- cratizaci6n: el estructural, ejemplificado en los viejos trabajos de Seymour M. Lipset, y el enfo- que procesual centrado en los actores, repre- sentado por el trabajo sobre transiciones de O'Donnell, Schmitter y Przeworski6.

Mientras que este libro resulta atractivo por la cobertura comprensiva de su anAlisis y por

su pretensi6n de sintetizar distintos enfoques te6ricos, estas mismas cualidades introducen una grave debilidad al trabajo de Huntington. El problema reside en que su eclecticismo no da lugar a una sintesis te6rica. Mientras que facto- res econ6micos, sociales y culturales son ana- lizados como requisitos estructurales que ex- plican los orlgenes de las transiciones desde el autoritarismo y, en una buena medida, la proba- bilidad de la consolidaci6n de la democracia, el proceso mismo de la transici6n es explicado s6lo en base a los actores y sus decisiones. Estructura y actores, en efecto, son prolijamente segregados. En sintesis, lo que puede ser des- cripto como un marco conceptual poco desa- rrollado, basado en la simple adici6n de distin- tos factores, poco aporta para organizar en forma mAs o menos sistemdtica el

an.lisis de una gran masa de datos emplricos. El intento de ser comprensivo, parad6jicamente, socava la posibilidad de que el autor contribuya parti- cularmente con nuevos o interesantes aportes. Finalmente, The Political Economy of Democratic Transitions, de Haggard y Kaufman, trata sobre la dimensi6n econ6mica de los pro- cesos de democratizaci6n. El punto de partida de este libro es que los modelos de elecci6n estrategica usados en el estudio de transicio- nes democrAticas han puesto un 6nfasis des- medido en las decisiones de los actores. Es necesario, pues, considerar las estructuras eco- n6micas y sociales que determinan qui6nes son los actores politicos relevantes y

cu.les

4 Este modelo de cuatro actores fue presentado originalmente por O'DONNELL en "Notas para el estudio de procesos de democratizaci6n politica a partir del Estado burocritico-autoritario", en Desarrollo Econ6mi- co, vol. 22, N- 86 (1982), 231-47. PRZEWORSKI particip6 del estudio sobre transiciones en Am6rica Latina y sur de Europa coordinado por O'Donnell, Schmitter y Whitehead, contribuyendo con su articulo "Some Problems in the Study of the Transition to Democracy", en G. O'DONNELL, P. SCHMITTER y L. WHITEHEAD (comps.):

Transitions from Authoritarian Rule. Comparative Perspectives (The Johns Hopkins University Press, Baltimore, 1986); luego extendi6 el andlisis de O'Donnell y Schmitter al caso de Polonia en "La democracia como resultado contingente de los conflictos", Zona Abierta, NQ 39-40 (1986), 1-25.

(5)

son sus preferencias; por ello Haggard y Kaufman se proponen "construir una polltica econ6mica de las transiciones democrdticas" (pp. 4-7). Con este fin, emprenden una investi- gaci6n comparativa que incluye 12 casos de America Latina y Asia: Argentina, Bolivia, Bra- sil, Chile, PerO, M~xico, Uruguay, Filipinas, Co- rea del Sur, Taiwan, Tailandia y Turqufa, cetrdn- dose en dos preguntas:

,cudl es el impacto que tienen las crisis econ6micas sobre las transicio- nes desde el autoritarismo? y ,cudl es el im- pacto de las condiciones econ6micas y de las polfticas econ6micas sobre la consolidaci6n de las democracias que emergen de estas transi- ciones? El logro de este libro es considerable: constituye, en pocas palabras, el tratamiento mcs extensivo y sistemctico sobre la dimensi6n econ6mica de los procesos de democratiza- ci6n de que disponemos al presente. Pero es necesario tambi6n recalcar algunas limitacio- nes. En particular, el intento de ser ambiciosos, tanto en tbrminos conceptuales como emplri- cos, parece Ilevar a Haggard y Kaufman, en varias instancias, a ser poco precisos en sus definiciones de conceptos claves y en su ca- racterizaci6n de casos especlficos. Consecuen- temente, el lector se queda con dudas sobre el fundamento tanto de algunas de las criticas que hacen de ia literatura como tambien de algunos de sus propios argumentos.

A pesar de estas diferencias te6ricas y metodol6gicas, Io que une a estos cuatro libros es el esfuerzo por entender y explicar el proble- ma de la democracia en el contexto contempo- rdneo. Ademas de la utilidad de considerarlos conjuntamente en raz6n precisamente de estas diferencias, la reselna comparativa de estos libros permite una evaluaci6n general del esta- do de la literatura sobre la democratizaci6n. En esta agenda compartida, esta nota se centra, pues, en dos conceptos claves: la transici6n desde el autoritarismo y la consolidaci6n de la democracia, destacando aquellos puntos en los cuales los cuatro libros reserlados presen- tan coincidencias o desacuerdos.

El porqu6, el cuando y el c6mo de las transiciones

El primer grupo de preguntas que da cohe- rencia a la literatura conciernen al porqu6, el cudndo y el c6mo de las transiciones desde el autoritarismo. Con respecto al porqu6 ocurren las transiciones, el influyente trabajo de O'Donnell y Schmitter apunta a la emergencia de una divisi6n entre duros y blandos dentro del regimen autoritario como la raz6n principal para la iniciaci6n de una transici6n7. Luego, 6sta avanza a traves de una serie de negocia- ciones, entre elites estatales y opositoras, que definen un modelo de transici6n negociada. Esta formulaci6n original ha marcado los termi- nos del debate posterior, el cual se ha centrado en la contribuci6n relativa de factores dentro del r6gimen y de la oposici6n. Gran parte de la literatura, sin embargo, no ha superado la est&- ril contraposici6n entre transiciones guiadas por elites estatales y aquellas guiadas por elites opositoras.

Procurando evitar este callej6n sin salida, la contribuci6n de Mainwaring ofrece una manera productiva de evaluar el papel relativo jugado tanto por los actores del r6gimen como por los de la oposici6n. Dentro de la perspectiva in- teractiva que propone, Mainwaring sugiere que la "atenci6n exclusiva a las tensiones internas [dentro del regimen] pueden Ilevar a menos- preciar el impacto de actores de la oposici6n" y que "muchas transiciones incluyen interacciones complejas entre fuerzas del regimen y la oposi- ci6n desde una etapa muy temprana" (p. 299). Tambidn argumenta que en lugar de concebir las transiciones como resultado del papel de las elites politicas o de la movilizaci6n de ma- sas, es necesario estudiar las multiples co- nexiones entre elites y masas que pueden dar- se en los procesos de transici6n.

en los actores, que resalta el proceso de democratiza- ci6n, es desarrollada por HUNTINGTON en su articulo 'Will More Countries Become Democratic?", Political Science Quarterly, 99, 2, 1984, pp. 193-218.

(6)

Para Mainwaring la conceptualizaci6n de las fuerzas que entran en juego en las transicio- nes puede dar lugar a un entendimiento mAs sutil del c6mo pueden ocurrir las transiciones. Si 6stas son el producto de algo mAs que simples divisiones dentro del r6gimen y de negociaciones entre elites, en lugar del modelo singular de transiciones que sugieren O'Donnell y Schmitter, la noci6n de distintos modos de transicicn cobra importancia. Esta noci6n fue elaborada primero a trav6s de la contraposi- ci6n entre los casos de Espaia y Portugal, que Ilev6 a Juan Linz a distinguir entre las transicio- nes que ocurren a trav~s de la "reforma" de, o la "ruptura" con, el viejo sistema autoritario8. El argumento de Mainwaring es que esta diferen- ciaci6n es un buen punto de partida, dado que destaca una variaci6n importante de los proce- sos de transici6n, esto es, el grado de control que ejercen los gobernantes de regimenes au- toritarios sobre el proceso mismo de transici6n y su habilidad para imponer condiciones sobre la oposici6n. Pero insiste en la necesidad de incluir una categorla intermedia, puesto que cuando los gobernantes salientes ejercen un alto grado de control se estarla frente a una "transici6n por transaccibn". Esto corresponde a lo que Linz llama una transici6n por "reforma", lo cual se ajusta a los casos de Espanla y Brasil. Cuando el regimen simplemente cae, hay una

"transicidn por derrota"del regimen. Esto es lo que Linz llama transici6n por "ruptura", una ca- tegoria que describe bien los casos de Portu- gal, Grecia y la Argentina. Finalmente, entre estas dos modalidades de transici6n cabe una tercera, la "transici6n por extrication *"(pp. 317- 26)9. Como clarifica Valenzuela en su articulo, la distinci6n entre una transici6n por transac- ci6n y otra por extrication gira en torno de la diferencia entre una transici6n que ocurre sin que las reglas del viejo r6gimen se rompan (transacci6n) y otra en que tales reglas son abandonadas pero en la cual los gobernantes autoritarios retienen suficiente poder como para negociar su retirada, que es el caso de las transiciones por extrication (pp. 74-75).

Przeworski va mAs alla de estos autores al indicar que el desaffo mayor consiste en expli- car precisamente cudndo ocurren las transicio- nes. Sostiene, muy claramente, que "es mAs fAcil explicar por qu6 cay6 el comunismo que

por g~ cay6 cuando lo hizo". En otras pala- bras, "la respuesta a la pregunta ',por qu6 cay6 el comunismo?' no coincide con la respuesta a la pregunta ',por qu6 cay6 en el otoflo de 1989?' " (p. 1). Sin embargo, Przeworski no brinda una respuesta adecuada al desaflo que formula. Basicamente, sigue el argumento so- bre transiciones elaborado por O'Donnell y Schmitter. Tal como estos 01timos -que vieron las transiciones de America Latina y del sur de Europa como respondiendo a factores domes- ticos-, Przeworski razona que en los casos de Europa oriental "los factores externos actuaban para constrenir el proceso de transici6n, pero el impetu era interno" (p. 5). Como en el trabajo de O'Donnell y Schmitter, tambien subraya la im- portancia de las divisiones dentro del regi- men como un factor que explica la iniciaci6n de las transiciones. Pero ello implica retrotraer la cuesti6n hacia atrAs, ya que ahora la explica- ci6n deberia dar cuenta de por qu6 estas divi- siones emergen cuando lo hacen. Aqui Przeworski va mAs alld del anAlisis centrado en el funcionamiento del r6gimen que presentan O'Donnell y Schmitter, y considera que las divi- siones dentro del regimen son en parte una respuesta a las oportunidades de la sociedad. Como ocurre en la perspectiva interactiva de Mainwaring, las fuerzas sociales influyen sobre el calculo de los gobernantes (pp. 56-57). Sin embargo, tal como en O'Donnell y Schmitter, el anAlisis de Przeworski simplemente describe, pero nunca explica, el origen de las divisiones dentro del regimen. Poco es lo que se dice, en verdad, con respecto al momento preciso en que se desencadenan los principales eventos que precipitan el comienzo de la transici6n.

8 O'Donnell mismo desarrolla una diferenciaci6n

similar al contraponer la transici6n "por colapso" del caso argentino a la transici6n "por transacci6n" del Bra- sil. O'DONNELL: "Transitions to Democracy: Some Navigational Instruments", en Robert PASTOR (comp.): Democracy in the Americas: Stopping the Pendulum (Holmes y Meier, New York, 1989).

9 Linz tambi6n sostiene que reforma y ruptura son s6lo dos polos de un continuo con muchas variantes posibles. Juan LINZ: "Transition to Democracy", The Was- hington Quarterly 13, 3 (1990), 143-64, pp. 150-52. Sin embargo, Valenzuela sostiene que en lugar de ver a la transici6n por extrication como un punto en el continuo, 6sta deberia ser vista como un modo de transici6n distinto (pp. 74-75).

(7)

Explicar cuAndo ocurren las transiciones requiere un anAlisis detallado tanto de las ca- racterlsticas y contradicciones del ancien r6gime como de la formaci6n y las actividades de los grupos de oposici6n1o. Pero Przeworski pasa por alto aspectos claves de los regimenes poli- ticos de los cuales devienen las transiciones. Fuera de una breve referencia acerca de los tres pilares de la estabilidad sobre la cual se apoyaban los gobernantes autoritarios -false- dades, represi6n, o 6xito econ6mico-, poco se dice acerca de las estructuras politicas a trav6s de las cuales los paises de America Latina y Europa oriental eran gobernadas, o sobre los efectos de los regimenes autoritarios sobre es- tas sociedades (pp. 58-59). La raz6n de tal omisibn parece residir en la preocupacibn de Przeworski por establecer la comparabilidad de una amplia serie de casos. Por ello descarta como premisa bAsica el "modelo totalitario" y enfatiza las similitudes entre el socialismo de estado de Europa oriental y el autoritarismo burocrAtico de America del Sur. Si bien las raices profundas del colapso del comunismo pueden ser diferentes de aquellas que explican el fin de los gobiernos militares latinoamerica- nos, lo crucial para Przeworski es que la dinma- mica de los procesos de transici6n es esencial- mente la misma. Esto puede ser que sea cierto, pero al tratar de refutar cualquier diferencia radical entre los ancien r6gime de America Latina y Europa oriental termina poniendo de- masiado 6nfasis sobre las similitudes. En resu- men, Przeworski no nos provee las herramien- tas analiticas necesarias para distinguir entre los varios autoritarismos o formas de dictadura. Por ello, la pregunta acerca de por qu6 fue mas dificil dar comienzo a las transiciones desde el socialismo de estado que desde el autoritaris- mo burocrdAtico -esto es, por qu6 los regimenes de Europa oriental duraron mas que los de America del Sur- queda sin respuesta.

En claro contraste con el modelo de elec- cibn estratagica de Przeworski, Huntington pro- pone una vision mAs tradicional sobre el inicio de las transiciones. Para 61, la causa reside en los problemas de legitimidad, los efectos del crecimiento econ6mico sobre Ia estructura so- cial, los cambios en las doctrinas religiosas, la influencia de actores externos y los efectos demostraci6n de otros paises (capitulo 2). El

eclecticismo de este enfoque evita los defectos del trabajo de Przeworski, pero tiene, sin em- bargo, sus propios problemas. En contraste con los modelos de elecci6n estrategica, cuyo 6nfasis en la economla conceptual los Ileva a pasar por alto importantes variantes emplricas, Huntington sacrifica cualquier pretension de integracibn conceptual para obtener mayor co- bertura empirica. El resultado, entonces, es una formulaci6n que esencialmente usa factores dis- tintos para explicar casos distintos.

Si existen claras diferencias entre Huntington y Przeworski en lo que concierne a las causas de las transiciones, hay convergencia en cam- bio cuando Huntington trata de explicar c6mo avanzan las transiciones en si. Aqui Huntington deja de lado el andlisis basado en precon- diciones estructurales en cuanto a los origenes de las transiciones y toma prestado varios pun- tos de la literatura orientada hacia los procesos politicos mismos y al papel de los actores. BAsicamente, Huntington sigue el modelo de transiciones de O'Donnell y Schmitter, distin- guiendo, como estos autores, entre cuatro ac- tores y agregando un quinto. De acuerdo con su actitud frente a la democracia, estos actores son: los standpatters (Ilamados duros en el trabajo de O'Donnell y Schmitter), los refor- madores liberales y los reformadores

democr.- ticos (ambos blandos) dentro del regimen, y los dem6cratas moderados (moderados) y los re- volucionarios extremistas (radicales) dentro de la oposici6n (pp. 121-24). Sin embargo, Huntington va mAs alla del modelo de O'Donnell y Schmitter al mostrar c6mo los distintos pape- les de los actores claves, y la interacci6n entre

(8)

6stos, dan cuenta de los variados modos de transici6n (capitulo 3). Huntington distingue tres modos de transici6n, al igual que Mainwaring. Este hablaba de transiciones por transacci6n, por ruptura/colapso y por extrication, mientras que Huntington propone, respectivamente, los tbrminos "transformaci6n', traspaso" (trans- placement) y "reemplazo' (pp. 114-15)11. Tam- bien, aunque en terminos mAs crudos, la distin- ci6n entre modos de transici6n que hace Huntington

est. basada en la relaci6n de fuer- zas entre gobierno y oposici6n.

A pesar de las similitudes con los aportes de Mainwaring, O'Donnell y Schmitter, Valen- zuela y Przeworski con respecto a la conceptua- lizaci6n de la interacci6n entre los actores du- rante la fase de transici6n, Huntington conside- ra una pregunta que no discuten los otros auto- res: el posible impacto del r6gimen autoritario del cual devienen las transiciones democr;ti- cas sobre el proceso de transici6n mismo. Esta es una cuesti6n significativa pues lo Ileva a considerar si la forma que asumen las transicio- nes estA afectada por factores que van mAs

all, de las elecciones estrat6gicas que hacen los actores. Adoptando una perspectiva bastante simplista para estudiar el problema de la rela- ci6n entre el tipo de r6gimen precedente y el modo de transici6n, Huntington clasifica 35 ca- sos de transiciones ocurridos en el periodo 1974-90 de acuerdo con el tipo de regimen autoritario precedente y el modo de transicidn (p. 113). En base a este ejercicio, lo que emerge es que las transiciones por transacci6n y por extrication, esto es, los casos en los cuales los actores que forman parte de la coalici6n de gobierno retienen control sobre el proceso de transici6n, son las formas mAs comunes de transici6n desde regimenes militares (en 13 de 16 casos) y sistemas de partido Onico (9 de 11 casos). Al margen de estos dos modos de transici6n, sin embargo, no emerge patr6n al- guno que distinga a los regimenes militares de los sistemas de partido Onico: 5 de 11 sistemas de partido Onico tuvieron transiciones por tran- sacci6n y 4 por extrication; mientras que 8 de 16 regimenes militares tuvieron transiciones por transacci6n y cinco por extrication. La conclu- si6n mas fuerte, pues, es que las transiciones por derrota son raras (6 de 35 casos).

El problema con las correlaciones simplifi- cadas a las que recurre Huntington es que pasa por alto algunas de las complejas cuestio- nes conceptuales intrinsecas al estudio de la relaci6n entre el tipo de regimen politico prece- dente y el modo de transici6n. Son varias las lineas desde las que puede discutirse el trata- miento de esta pregunta por parte de Huntington. Primero, lafalta de cualquier hip6tesis confiable parece derivarse del hecho de que se refiere a los varios tipos de regimen sin desarrollar este concepto con claridad. Poniendo casos tan di- ferentes como El Salvador, Brasil y Sudan bajo el mismo r6tulo de regimen "militar", necesaria- mente diluye cualquier tendencia asociada al tipo de regimen, dejando abierta la pregunta sobre si existe alguna conexi6n te6rica comple- ja entre rasgos distintivos del regimen prece- dente y la forma en que ocurren las transicio- nes12. Segundo, la falta de evidencia acerca de esta conexi6n puede provenir de una clasifica- ci6n incorrecta de los casos. Esta duda se ve reforzada cuando uno compara la clasificaci6n de casos que ofrece Huntington con la de Valenzuela (p. 77). De los 14 casos que ambos clasifican, concuerdan en 9 y estAn en des- acuerdo en 5. Consecuentemente, el estudio de la relaci6n entre el tipo de regimen prece- dente y el modo de transici6n requiere una justificaci6n mAs cuidadosa en Io que concier- ne a su clasificaci6n13. Finalmente, uno puede

" Para simplificar la discusi6n de los modos de transici6n, en esta nota, s61lo usarb los t6rminos que propone Mainwaring.

12 Se necesita, en otras palabras, una tipologia de regimenes no democrAticos mis refinada de la que usan cominmente los estudiosos de las transiciones democraticas. En general uno podria decir que la litera- tura comparativa de la democratizaci6n ha reconocido mejor el impacto de la dimensi6n institucional de los gobiernos militares que el de los sistemas comunistas sobre el proceso de las transiciones. Por ejemplo, mien- tras que Mainwaring discute la tensi6n entre los milita- res como gobierno y los militares como instituci6n, un aspecto central de la dinimica de los regimenes milita- res de America del Sur, no dice nada acerca de la estructura institucional de los regimenes socialistas de estado (pp. 324). Para una obra que empieza a Ilenar este vacio, ver LINZ y STEPAN: Problems of Democratic Transition and Consolidation.

(9)

cuestionar la forma en que el concepto de modo de transici6n ha sido definido. La dificul- tad de situar casos como los de Polonia o Hungria dentro del esquema de los tres modos posibles de transici6n puede deberse al hecho de que los casos de Europa oriental estdn siendo interpretados forzando su inclusi6n en un esquema desarrollado inicialmente para com- prender los casos de America Latina y el sur de Europa. De alli que serla prudente concluir que quizAs exista alguna relaci6n causal entre el regimen precedente y el modo de transici6n pero que para descubrirla hay que usar una tipologia mAs elaborada de regimenes no de- mocrAticos, una clasificaci6n mds cuidadosa de casos y una comprensi6n mcs amplia del concepto de modo de transici6n.

El problema y la probabilidad de la

consolidaci6n de la democracia

Yendo ahora al problema de la consolida- ci6n de la democracia, el segundo concepto que organiza los debates recientes sobre la democratizaci6n, una cuestibn central pero ge- neralmente atendida en forma muy superficial es c6mo definir el termino. La necesidad de ser precisos al respecto se debe a que un pais puede ser calificado como "democracia" ape- nas los gobernantes autoritarios son desplaza- dos por nuevas autoridades elegidas mediante elecciones libres y competitivas, aun cuando carezca de caracteristicas asociadas a las de- mocracias consolidadas. Es necesario contar con un concepto, pues, que nos permita distin- guir entre las democracias "nuevas" y las de- mocracias "consolidadas". Una segunda cues- tibn, que se vincula con el proceso mismo de consolidaci6n, es que los analistas necesitan recordar que la consolidaci6n de las nuevas democracias implica mAs que una cuesti6n de

tiempo, a pesar del argumento frecuente de que la consolidaci6n de la democracia requiere el transcurso de una o dos generaciones. Es necesario, pues, desprenderse de la noci6n de que una transici6n exitosa desde el autoritaris- mo conduce, mAs o menos naturalmente, a una democracia consolidada y reconocer que mien- tras las transiciones giran en torno de Ia defini- ci6n de las reglas de juego que constituyen el nuevo regimen, la consolidaci6n de un regimen gira en torno de un proceso diferente: la institu- cionalizaci6n de estas nuevas reglas. En otras palabras, es necesario reconocer que los pro- cesos de transici6n desde el autoritarismo y de consolidaci6n de la democracia son bastante distintos, y que tanto los actores y sus estrate- gias como las condiciones estructurales que facilitan las transiciones no coinciden necesa- riamente con aquellas otras que hacen

m.s factible la consolidaci6n de la democracia.

En contraste con el objetivo bastante deli- mitado que anima el proceso de transici6n, a saber, el desplazamiento de los gobernantes autoritarios, la consolidaci6n de la democracia involucra un proceso complejo. Como argu- menta Valenzuela, la consolidaci6n de la demo- cracia requiere tanto la eliminaci6n de residuos del viejo regimen que son incompatibles con el funcionamiento de la democracia, como de la construcci6n de nuevas instituciones que re- fuerzan las reglas de juego democrAticas. Una definici6n de consolidaci6n de la democracia deberia, pues, combinar una definici6n minima de democracia que incluye el voto secreto y universal para los adultos, etcetera, como pro- pone Robert Dahl, y ademds una definici6n sobre la concepci6n estrat6gica de los actores. En otras palabras, como razonan tanto O'Donnell (pp. 48-9) y Valenzuela (pp. 60-2, 70-1), un regimen puede ser caracterizado como una democracia consolidada cuando todos los ac- tores principales aceptan las reglas del juego democrAtico, tal como son definidas en una concepci6n minima de la democracia, y cuan- do ninguno de los actores usa recursos que no son aprobados y, por ende, estdn excluidos del juego democrAtico.

Esta conceptualizaci6n de la consolidaci6n de la democracia es crucial para evaluar el problema que confrontan muchos paises en un contexto de postransici6n. Como han observa- tarse si el r6tulo de r6gimen de "partido C6nico" provee

(10)

do varios analistas, la mayorla de las nuevas democracias estfn sobreviviendo, y aqui radi- ca precisamente el problema: estcn "sobrevi- viendo" sin consolidarse. Exceptuando los pai- ses del sur de Europa, parece que la democra- cia tiene una clara posibilidad de consolidarse s6lo en los raros casos de redemocratizaci6n como Uruguay y Chile, esto es, casos en los que se habia logrado consolidar las democra- cias antes de la instalaci6n del autoritarismo. La mayorla de los otros paises parecen haber generado regimenes que, a pesar de ser demo- crcAticos, se diferencian de las democracias consolidadas de Europa occidentall4.

Retrospectivamente, los fen6menos de tran- sici6n a la democracia parecen un proceso bastante fAcil; como expresi6n de ello, la litera- tura sobre la consolidaci6n de la democracia es claramente

m.s pesimista que aquella sobre transiciones. Significativamente, el desplaza- miento del inter6s desde las transiciones a la consolidaci6n de la democracia ha traido, ade- mAs, un ensanchamiento del campo concep- tual. El predominio de los modelos de elecci6n estrat6gica ha sido reemplazado por teorlas que ponen el 6nfasis en factores econ6micos, socioestructurales e institucionales. Esta mayor complejidad te6rica, sumada al hecho de que esta literatura sigue aOn evolucionando, dificul- ta la tarea de proveer una evaluaci6n del deba- te sobre la consolidaci6n de la democracia. Sin embargo, parece posible formular un juicio so- bre esta literatura en lo que se refiere a los factores que 6sta postula como afectando la probabilidad de la consolidaci6n de la demo- cracia.

Una primera drea de investigaci6n concier- ne a la relaci6n entre el tipo de regimen autorita- rio precedente y los problemas de la consolida- ci6n de la democracia, un tema que ha genera- do un debate sobre el peso apropiado que debe darse a los legados hist6ricos. Sobre este tema, Przeworski ha articulado con claridad una posici6n al argumentar que la direcci6n en la cual se mueve un pals es mAs importante que el lugar del cual proviene. Esta contraposici6n marcada entre la orientaci6n hacia metas futu- ras en oposici6n al peso de factores hist6ricos, no Ileva a Przeworski a desconocer, por ejem- plo, que una transici6n desde un r6gimen liderado por un partido comunista supone lega-

dos distintos de los que resultan de una transi- ci6n desde un r6gimen liderado por militares (p. 74). Pero este autor Ileva a cabo un

an.lisis que no resalta las implicaciones de estas dife- rencias y que

est. coloreado por una visi6n esc6ptica de la importancia del tipo de r6gimen autoritario precedente para el proceso de con- solidaci6n democrAtica.

En oposici6n a Przeworski, Huntington sos- tiene que la naturaleza de quienes gobiernan el r6gimen precedente tiene un importante efecto para la perspectiva de la consolidaci6n de la democracia. Huntington destaca un contraste interesante entre las transiciones en Am6rica Latina, donde la retirada del gobierno por parte de los militares es vista como una retirada bastante completa del juego politico, y las tran- siciones en Europa oriental, en las que la retira- da de los partidos comunistas es menos com- pleta, dejando a estos partidos como actores politicos. Este contraste tiene un impacto sobre la posici6n de los viejos gobernantes en un contexto de postransici6n y, por lo tanto, sobre la posibilidad de una exitosa consolidaci6n de la democracia. En palabras de Huntington:

Despues de la democratizaci6n un partido que previamente tuvo un poder monop61lico tiene la misma posibilidad de reinstaurar un sistema autoritario que cualquier otro grupo politico. El partido abandona su poder monop61lico pero no laoportunidad de compe- tir por el poder por medios democrdticos. Cuando los militares se retiran del poder, aban- donan ambas cosas, pero retienen tambien la capacidad de recuperar el poder por medios no democrAticos. Es probable, por lo tanto, que la transici6n desde un sistema de partido Onico a la democracia sea mds dificil que una transici6n desde un regimen militar a la demo- cracia, pero que tambien sea a su vez mds permanente (p. 120).

Si bien el argumento de Huntington de que las transiciones en Am6rica Latina involucran un corte abrupto respecto de la capacidad de los militares para ejercer control sobre el proce-

14 Una de las caracterizaciones mds interesantes

de estas nuevas democracias la brinda Guillermo

(11)

so politico es algo exagerado, como lo sugieren los articulos de AgOero y Valenzuela (pp. 87- 93), por lo menos llama la atenci6n sobre las consecuencias que tiene el tipo de regimen autoritario precedente. Su trabajo confirma, por Io tanto, argumentos similares propuestos por otros autores, como O'Donnell, que considera que existe mayor posibilidad de regresi6n auto- ritaria en casos en que el regimen precedente ha sido relativamente exitoso en terminos eco- n6micos y relativamente poco represivo, dado que en estos casos es menos probable que la memoria hist6rica del perfodo autoritario inclu- ya un fuerte sentimiento antiautoritario entre la poblaci6n (pp. 31-37)15

El debate sobre la conexi6n entre legados hist6ricos y la consolidaci6n de la democracia, sin embargo, se ha centrado mAs sobre la cuesti6n del impacto diferencial de los distintos modos de transicidn desde el autoritarismo so- bre las posibilidades de la consolidaci6n de la democracia que sobre los legados del regimen autoritario precedente. Otra vez Przeworski en- cuentra poca conexi6n hist6rica, esta vez entre los modos de transici6n y el proceso de conso- lidaci6n democrAtica (pp. 94-99; ver, sin em- bargo, pp. 67, 79). Y otra vez Huntington adop- ta una posici6n opuesta, argumentando que "en general, la hip6tesis de que una transici6n con- sensual, menos violenta, provee una mejor base para consolidar la democracia que una transi- ci6n conflictual y violenta parece muy verosimil. Si esto es ast, transiciones por extrication debe- rlan ser las mais conducentes a la consolida- ci6n, seguidas por las transiciones por transac- ci6n, mientras que las transiciones por derrota serlan las menos conducentes a la consolida- ci6n" (p. 276)16. Vale la pena desarrollar esta linea de pensamiento.

Lo que es relevante en el argumento de Huntington es que los diferentes modos de transici6n estan asociados a problemas parti- culares durante la fase de consolidaci6n demo-

cr.tica. Como seinala Valenzuela, en transicio- nes donde los gobernantes autoritarios retienen un alto grado de control (casos por transacci6n y por extrication), las condiciones impuestas por los gobernantes autoritarios sobre la oposi- ci6n permanecen como legados de la transi- ci6n (pp. 73-75). Especialmente en casos de transiciones por transacci6n esto puede ser

bastante negativo. Considerando el caso chile- no -un claro caso de transici6n por transac- ci6n- Valenzuela describe los varios "poderes tutelares", "dominios reservados", y leyes elec- torales distorsionantes con las que las nuevas autoridades democr6ticas deben coexistir en el proceso de consolidaci6n del r6gimen demo- crdtico. Esta es una situaci6n bastante distinta de aquella que caracteriza los casos de transi- clones por derrota, como los de la Argentina, Grecia y Portugal, en los que los gobernantes autoritarios no tuvieron el poder necesario para imponer tales condiciones sobre los futuros gobernantes.

El contraste entre estos dos modos de tran- sici6n extremos, transiciones por transacci6n y por derrota, pues, puede ser vinculado con dilemas particulares que emergen en la fase de consolidaci6n democrAtica, como sugiere O'Donnell en su discusi6n sobre Brasil y la Argentina. Por un lado, donde latransici6n des- de el autoritarismo depende considerablemen- te de pactos entre elites, como en la transici6n

por transacci6n brasilela, O'Donnell sugiere que el legado de la transici6n representa una creciente restricci6n del poder civil. En esta situaci6n, las nuevas democracias son particu- larmente susceptibles a una "muerte lenta", una en la cual las autoridades civiles terminan su- bordinadas al poder militar. Por otro lado, alli donde los gobernantes autoritarios son incapa- ces de condicionar las acciones de la oposi- ci6n, como en la transici6n por derrota en la Argentina, O'Donnell sugiere que el legado de la transici6n es una competencia desenfrenada entre actores

democr.ticos que vuelve al nue- vo gobierno democrdtico muy vulnerable a una regresi6n autoritaria por "muerte sObita", esto es, por medio de un clasico golpe militar (p. 19). Si una transici6n por transacci6n permite demasiada continuidad con el viejo regimen autoritario, el corte introducido por una transi- ci6n por derrota puede dificultar el ejercicio de

15 La relaci6n entre el tipo de r6gimen autoritario precedente y los problemas de la consolidaci6n de la democracia es explorada tambi6n en LINZ y STEPAN: Problems of Democratic Transition and Consolidation.

16 Un argumento similar es propuesto por Giuseppe DI PALM: To Craft Democracies. An Essay on Democratic Transitions (University of California Press, Berkeley,

(12)

moderaci6n y, mds fundamentalmente, la emer- gencia del necesario consenso para sustentar una democracia naciente. Por lo tanto, como Huntington y varios otros autores senalan, pa- rece que la posibilidad de la consolidaci6n democrctica es mayor en aquellos casos don- de el poder mAs o menos equilibrado entre los gobernantes autoritarios y la emergente oposi- ci6n antiautoritaria hacen que el compromiso entre las dos partes devenga un elemento esen- cial de la transici6n pero que, a la vez, el poder de la oposici6n sea tal que permita rechazar los intentos de imponer condiciones excesivamen- te restrictivas por parte de los gobernantes autoritarios.

En resumen, una variedad de argumentos indican que la naturaleza de los problemas confrontados por las nuevas autoridades de- mocrAticas resultan, en parte, del tipo de regi- men autoritario precedente y del modo de tran- sici6n desde el autoritarismol7. Ciertamente, la consolidaci6n de la democracia involucra un proceso nuevo y una dindmica politica muy distinta de la que caracteriza al proceso de transici6n. Pero en tanto que los actores y la situaci6n que estos actores enfrentan estAn hist6ricamente configurados, los legados del viejo regimen y de la transici6n juegan un rol. De alli que sin ignorar los factores mAs inmedia- tos en el tiempo, una teoria de la consolidaci6n democrAtica deberla tomar en cuenta estos factores mis propiamente hist6ricos.

El papel de factores econ6micos en las transiciones democrdticas

Mientras que el debate sobre la importan- cia del tipo de regimen precedente y los modos de transici6n se ha desarrollado en base a la discusi6n de aspectos claramente politicos, el mismo debate se encuentra replicado en los estudios de las transiciones que ponen el 6nfa- sis sobre la relaci6n entre factores econ6micos y el proceso de democratizaci6n. Dentro de esta Area de investigaci6n, el trabajo de Haggard y Kaufman se destaca por ser el intento mAs comprensivo y ambicioso de estudiar el impac- to de factores econ6micos sobre las transicio- nes

democr.ticas. Por esta raz6n, esta secci6n presenta una discusi6n bastante extensa de este libro, remitiendolo en particular al trabajo

de Przeworski a fin de mostrar el carActer con- trovertido de algunos de sus argumentos.

Haggard y Kaufman empiezan por consi- derar el impacto de factores econ6micos sobre las transiciones desde el autoritarismo. El pro- blema que tratan de explicar no es, como ellos mismos admiten, por qu4 ocurren las transicio- nes (p. 17), sino mas bien cdmo 6stas se pro- ducen, o lo que lHaman los "tbrminos de la transici6n". Este concepto distingue el grado de control ejercido por los gobernantes autorita- rios sobre la transici6n y es equivalente al termi- no mAs comu'n de modos de transicidn (pp. 4, 109). En lugar de centrarse en el nivel de desa- rrollo econ6mico de un pals, como lo hace tradicionalmente la literatura que explora facto- res econ6micos18, Haggard y Kaufman ponen

17 Sobre la relaci6n entre modos de transici6n y problemas de la fase de consolidaci6n democrctica, ver ademis los trabajos de Terry L. KARL: "Dilemas de la democratizaci6n en Am6rica Latina", Foro Internacional XXXI, 3 (1991), 388-417; y Philippe SCHMITTER y Terry KARL: The Types of Democracy Emerging in Southern and Eastern Europe and South and Central America", en Peter M. E. VOLTEN (comp.): Bound to Change (Institute for East-West Studies, New York, 1992).

(13)

6nfasis sobre las politicas econ6micas, y exa- minan la capacidad de los gobernantes autori- tarios para responder a las crisis econ6micas que afectaron a los palses por ellos estudiados. Su argumento central es el siguiente: la natura- leza del regimen previo afecta el modo de transici6n en tanto que determina el grado de cohesi6n de los gobernantes autoritarios y, por lo tanto, la capacidad de estos gobernantes de administrar la economia (p. 37), lo cual a su vez determina sus posibilidades de retener prerro- gativas en la fase de postransici6n, y mAs im- portante aun, para configurar quidnes son los actores y

cu.l el orden constitucional que habrd de estructurar la competencia entre estos acto- res durante la postransici6n (p. 44, capltulo 4). En otras palabras, en aquellos casos en que los gobernantes autoritarios logran evitar o superar la crisis econ6mica, retienen suficiente control para definir la arena politica durante la etapa de postransici6n en una forma que les sea favorable, y en aquellos casos en que no lo logran, su influencia directa sobre la formacibn del nuevo orden que emerge de la transici6n resulta escasa.

A traves del anlisis emplrico, Haggard y Kaufman muestran bastante persuasivamente que este argumento contribuye a entender las transiciones democrAticas al poner en eviden- cia c6mo se entrelazan los factores politicos y econ6micos. Pero hay varias cuestiones con la forma en que presentan y desarrollan este ar- gumento. Un problema conceptual, que intro- duce bastante confusi6n, es que Haggard y Kaufman presentan su trabajo como si fuese una alternativa a los modelos de elecci6n estra- tegica propuestos por O'Donnell, Schmitter y Przeworski, a los cuales critican por no explicar las preferencias de los actores, tales como los duros y los blandos dentro del r6gimen (pp. 5- 7, 365-66). A pesar de proclamar la necesidad de considerar estructuras econ6micas y socia- les para poder identificar a los actores relevan- tes y a sus preferencias (p. 6), tales factores no aparecen centralmente en el trabajo de Haggard y Kaufman. Estos autores, en verdad, nada dicen sobre el proceso mediante el cual los actores principales de la transiciOn se constitu- yen como tales; el argumento de que la cohe- siOn o ia falta de cohesion de los gobernantes autoritarios es el factor principal que determina

la capacidad de respuesta a la crisis econ6mi- ca (pp. 12, 37), lo que determina a su turno el modo de transici6n, toma esta division entre duros y blandos como un supuesto. Es impor- tante advertir que esta limitaci6n no impide a los autores explicar los diversos modos de transici6n. Pero dado que su argumento no escapa a la propia critica que hacen de los modelos de elecci6n estrategica, su presenta- ci6n como si fuese una alternativa a las propo- siciones de O'Donnell, Schmitter y Przeworski es equivocada. Y esto confunde al lector intere- sado en ver c6mo el trabajo de Haggard y Kaufman modifica o complementa la literatura existente sobre las transiciones democrAticas. La pretensi6n equivocada de explicar las preferencias de los actores Ileva a Haggard y Kaufman a otro intento igualmente err6neo: el de explicar no s6Olo c6mo ocurren las transicio- nes sino tambidn culndo (p. 4). El problema es que una explicaci6n del cuAndo de las transi- ciones es simplemente la del por qu6 se dan las condiciones que causan unatransici6n cuando 6stas se producen, o, en el caso de Haggard y Kaufman -que hacen suyo el argumento de O'Donnell y Schmitter con respecto a la necesi- dad de que exista una division entre duros y blandos para que se inicie una transici6n (p. 31 )-, una explicaci6n del porqu6 emergen cuan- do lo hacen las divisiones en la elite autoritaria. Pero ya que Haggard y Kaufman nada dicen sobre la formaci6n de actores y asumen la divisi6n de duros y blandos como un supuesto de su argumento, la pretension de explicar cuando ocurren las transiciones no tiene funda- mento. La cuesti6n, pues, es muy simple: dado que los autores no pueden explicar por quo existen divisiones entre los gobernantes autori- tarios, no hay forma en que puedan explicar las razones de por qu6 estas divisiones emergen cuando lo hacen9.

19 Dada la necesidad te6rica de explicar por qu6

(14)

Si bien es posible rescatar la explicaci6n que Haggard y Kaufman ofrecen de los modos de transici6n, a pesar de la presentaci6n confu- sa que generan las cuestiones conceptuales, hay otro tipo de problema que afecta directa- mente incluso a la confiabilidad de este plan- teo. Es importante recalcar que la cantidad de datos que los autores emplean para defender su argumentaci6n es considerable. Estos datos son presentados ademAs en una forma muy clara y resumidos en un valioso cuadro que facilita una evaluaci6n por parte del lector (p. 38). Sin embargo, algunas veces la clasifica- ci6n de casos es bastante problemAtica. Por ejemplo, mientras Haggard y Kaufman preci- san muy claramente que la presencia de una opci6n continuista favorable a las preferencias de los gobernantes autoritarios es un buen indi- cador de la balanza de poder politico que ca- racteriza a una transici6n, la ubicaci6n del pe- ronismo en 1983 como un partido anticontinuista de izquierda no parece ajustarse a los hechos (pp. 126-35). Durante 1983 el Partido Justicialista represent6 precisamente una opci6n continuista en cuanto a las principales demandas politicas de los militares y, a su vez, el populismo econ6- mico del peronismo no constituy6 una posici6n de izquierda ni contraria a los militares que, por entonces, habian abandonado toda pretensi6n de instaurar un modelo de mercado libre.

Si la inclusi6n del Partido Justicialista como organizaci6n de caracterlsticas similares al Par- tido de los Trabajadores (PT) del Brasil es algo

cuestionable, la clasificaci6n de Brasil junto con la Argentina y las Filipinas como un caso de transici6n caracterizado por la incapacidad de los gobernantes autoritarios para condicionar la transici6n es otro ejemplo discutible. Esta clasi- ficaci6n es desconcertante tambien si compa- ramos al Brasil con Corea del Sur, un caso que Haggard y Kaufman ven como una transicidn controlada, ya que los gobernantes autoritarios en Brasil tuvieron Oxito en resistir la demanda de elecciones directas para presidente, algo que sus contrapartes coreanos no pudieron hacer (p. 95); por otro lado, los militares brasile- ifos lograron bloquear con 6xito cualquier inten- to de cuestionar sus acciones durante el perio- do autoritario, cuesti6n esta que los eventos en Corea del Sur a fines de 1995 volvi6 a poner sobre el tapete.

En resumen, aunque Haggard y Kaufman aportan avances al debate sobre el impacto de los factores econ6micos sobre las transiciones desde el autoritarismo -ya que van mAs allf de la tradicional preocupaci6n sobre el nivel de desarrollo econdmico de un pals-, su contri- buci6n se debilita por la falta de claridad en cuanto a la relaci6n entre el marco conceptual que elaboran y la amplia literatura ya existente sobre el tema de las transiciones, asi como por las dudas que surgen sobre sus pretensiones te6ricas.

Luego de considerar el problema de las transiciones, un segundo tema que Haggard y Kaufman abordan es el impacto de los factores econ6micos en la fase de postransici6n. El argumento central que presentan al respecto es que los legados del regimen previo y del modo de transici6n, junto a los efectos de la crisis econ6mica, son determinantes claves de la capacidad para administrar la economla por parte de los gobernantes de las nuevas demo- cracias. El regimen previo es importante, en tanto que determina las condiciones econ6mi- cas que enfrentan los nuevos gobernantes de- mocrdticos; asi, distinguen entre los casos que heredan una crisis econ6mica y que deben, por lo tanto, afrontar la dificil tarea de la reforma, de aquellos otros que reciben una economla salu- dable y cuya tarea, mas fAcil, consiste en sus- tentar un modelo previamente instaurado (pp. 159-63). El modo de transici6n juega un papel en tanto que define, como vimos anteriormente, que se proponen examinar hip6tesis comunes en la

(15)

quidnes son los actores y cuales son las reglas institucionales que estructuran sus relaciones (pp. 14-15, 163-74). Finalmente, los efectos de la misma crisis econ6mica son importantes dado que esta contribuye a erosionar los legados del modo de transici6n (pp. 109, 139, 179, 199). Como en el planteo sobre el modo de transi- ci6n, este argumento es complejo e interesan- te, sustentado en un estudio ambicioso y clara- mente presentado (p. 38)20.

Resulta ilustrativo confrontar los planteos de Haggard y Kaufman acerca de la polltica de reformas econ6micas mediante su compara- ci6n con el anAlisis de Przeworski sobre dichas reformas en las nuevas democracias. Este COti- mo no ofrece evidencia alguna con relaci6n a los legados del perlodo autoritario ni al modo de transici6n, porque si bien reconoce que la si- tuaci6n econ6mica varla de pals a pals de acuerdo con el legado del periodo autoritario (pp. 138, 144, 187), su atenci6n se centra en los casos que dan comienzo a la democratizaci6n en medio de una crisis econ6mica. Por lo tanto, nada tiene que decir sobre el argumento de Haggard y Kaufman a prop6sito del impacto del tipo de r6gimen autoritario precedente y de los modos de transici6n sobre los problemas y la probabilidad de consolidaci6n democratica. Pero su anAlisis de los casos que inician la democratizaci6n en medio de una crisis econ6- mica sl tiene relevancia para uno de los puntos en que Haggard y Kaufman mas insisten: el hecho de que las reformas econ6micas pueden ser iniciadas cuando existe un poder ejecutivo que tiene la capacidad de alcanzar autonomia e ignorar las presiones de grupos negativa- mente afectados por tales reformas (p. 9).

El problema con este argumento es que implicitamente acepta el modelo "neoliberal"21 y no reconoce que hay varias maneras o estilos politicos de Ilevar a cabo reformas econ6micas, algo que Przeworski (capitulo 4) fundamenta persuasivamente al contrastar el estilo tecnocratico del modelo "neoliberal" con un en- foque "socialdem6crata", definido por la ejecu- ci6n de reformas que "emergen en base a un consenso amplio, canalizado por instituciones representativas y ratificadas por medio de elec- ciones" (p. 187)22. Es necesario ser muy claros sobre este punto. La conceptualizaci6n de dis- tintos estilos politicos nada implica acerca de la

probabilidad de que existan o no las condicio- nes que posibiliten estos diferentes estilos poli- ticos. Por cierto, Przeworski admite que es im- probable que las condiciones que hacen posi- ble un estilo de reforma econ6mica socialde- m6crata puedan darse en las nuevas democra- cias de America Latina y Europa oriental. Pero la conceptualizaci6n de tal distinci6n es esen- cial, sin embargo, para desarrollar un argumen- to con respecto a las consecuencias pollticas directas que tienen las reformas econ6micas. Asi es que Przeworski puede demostrar por qu6 tales reformas implementadas a trav6s de un estilo neoliberal debilitan a las instituciones representativas y a la democracia, mientras que el estilo socialdem6crata produce un efec- to contrario (p. 183). Haggard y Kaufman, en cambio, se encuentran en la inc6moda posici6n de reconocer las consecuencias negativas, des- de el punto de vista de la consolidaci6n de la democracia, de una politica neoliberal (pp. 338- 40), pero no pudiendo conceptualizar la rela- ci6n entre la politica de reformas y la consolida- ci6n democratica.

Dado que Haggard y Kaufman insisten en que la iniciaci6n de las reformas econ6micas requiere que el poder ejecutivo tenga gran dis- creci6n en su accionar, mientras que la conso- lidaci6n de la democracia requiere, en cambio, que el poder ejecutivo responda a las institucio- nes representativas (pp. 16, 335), la Onica for-

20 Si hay un problema directo con este argumento

es que si bien los efectos de la crisis econ6mica contri- buyen a erosionar los legados del modo de transici6n, la crisis no determina por si misma cutles son los nuevos actores y las nuevas reglas institucionales que surgen. No queda claro, pues, cuciles son los factores que explican estos cambios.

21 Si bien Haggard y Kaufman sostienen que hay distintas respuestas que pudieron adoptarse para en- frentar la crisis econ6mica de la d6cada de los '80, se refieren a diferencias en cuanto a la sustancia de las medidas econ6micas y no a la forma en que tales medidas son introducidas (pp. 313-13).

Figure

Updating...

References

Related subjects :