Frazadas del Estadio Nacional

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(1)

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Frazadas

aé/ Estadio

Nacional

Prólogo

de Armando Uribe

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(2)

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DerechosHumanos.

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rtamentode ©uítura de la Secretaría

" " *

"duraciónde la

Región

(3)
(4)
(5)

Jorge

Montealegre

Iturra

Frazadas

del

Estadio

Nacional

Colección Septiembre

(6)

LOMPALABRADE LA LENGUAYÁMANAQUESIGNIFICASOL

MontealegreIturra,Jorge,19S4

-Frazadas del Estadio nacional[textoimpreso] /Jorge MontealegreIturra.—1" ed.

Santiago:LOMEdiciones, 2003.

180p.:1l,8x21cm.-(Colecciónseptiembre)

ISBN:956-282-578-7 R.P.I.:134.762

1.Presospolíticos

- Chile- 1973. 2. Chile- Historia -Golpedeestado,1973. I. Título. TI. Serie.

Dewey: 365.450983.— cdd 21 Cutter: M772f

Fuente: AgenciaCatalográficaChilena

Jorge Montealegre Iturra © LOMEdiciones

Primera edición, 2003

RegistrodePropiedadIntelectualN°: 134.762 I.S.B.N: 956-282-578-7

Motivode lacubierta: fotografíade PeterHellmich,tomada del libro "OperaciónSilencio".VerlagderNation.

Diseño,ComposiciónyDiagramación: Editorial LOM.Conchay Toro23,Santiago Fono: (56-2)688 52 73 Fax: (56-2)696 63 88

Impresoenlos talleres de LOM Maturana9, Santiago

Fono:(56-2) 672 22 36 Fax: (56-2)673 09 15 web:www.lom.cl

e-mail:lom@lom.cl

En Buenos Aires EditoresIndependientes (Edin) Baldomero Fernández Moreno 1217

Fono: 5411-44322840

editoresindependientes@hotmail.com

(7)

A

Natalia,

Abril y Miranda a todas las

hijas.

A

Raymi

y a todas las nietas.

(8)
(9)

Agradecimientos

A

Pía

Barros,

Óscar

Montealegre,

Elena

Montealegre,

Rafael

Eugenio

Salas,

Armando Uribe Arce.

A los autores de cada

testimonio,

voces de

(10)
(11)

"El

respeto

alos

demás,

latolerancia hacia elotro,esunode los bienes culturales más

significativos

conque contamos".

Presidente Salvador Allendeenel EstadioNacional,1 970.

"Otra

vegetación salpicaba

losmurosde laciudad. Erael musgo del odio que los

tapizaba".

(12)
(13)

Retrato

prólogodeArmandoUribeArce

Cumplo

unapromesa dehacevarias

décadas,

como se veráenestelibro. La hiceantesque ellibrofuera escrito.

Los recuerdos de

Jorge

Montealegre,

jovencísimo

en

1973,

sobresusascéticos

padecimientos

desde

el día del

gol

peysuforzada estadaenelEstadio Nacional

junto

amiles de

desprevenidas

víctimasdel

golpe

y la

dictadura,

tienenla frescura desuedadentoncesysucontinuada

juventud

hasta ahora.

Menudo yconnervios

templados

porsus

experien

cias de niño y

adolescente,

no

abjura

la delicadeza desu sensibilidadenlos mediosmás

siniestros,

cruelese

injustos.

Supera

los dolores y los transformaenalimentosanoy bueno. Tieneunanaturalidadcristianade laqueconozcopocosca sos.Podríahabersidoun

pastor

de

ovejas

de los

tiempos

de

Cristo,

queescuchaen

silencio,

conencendida

discreción,

las

palabras

cargadas

de sentido y emoción deesemaestro.

Estoes

patente

enlasFrazadas del Estadio Nacional. Inicialmente el títulome

dejó

dubitativo;

comoque

algo

nocalzabaentreambos

términos, frazadas,

estadio. Peromefui dandocuentade la

protección

hogareña

que las

primeras

fueron

significando

respecto

al mundoterri blede la

segunda,

elEstadioenque el

deporte

consistíaen hacer sufrir.

Silo que ocurrióen ese

lugar

después

del

golpe

de Estado es unametáfora de valor

universal,

las frazadas mal

repartidas

enel campo decementoy alambradascons

tituyen

lametáforamaternadel sobrevivir pesealos sicarios de uniforme ysus

colegas

civiles-identificados porsus diversos

zapatos...

Menosmal queunospocos de uniformemostraron

humanidad;

lopagaroncaro,con su

propia

muerte.

(14)

Muertonocturnode

pasto

y

piscina,

campo desan gre, Haceldama.

Hay

un

subgénero

denarraciónenprosa queseha llamado testimonial. Creo que

siempre

tieneel interés de undocumento

personal

y colectivo para fundar la historia que

luego

se

haga

sobre los hechos deun

período

crítico. Frecuentemente

adopta

trazos

autobiográficos

de orden

subjetivo,

social,

nacional. Muestradistintas formas deser chileno. Muchasveces conmueve.

Entreellos

hay

unciertonúmero,másbienescaso, de valor literario. Para

ello,

esrelativamente secundario el

lapso

ola intensidad de los

dolores,

humillaciones ynue vas

experiencias

sufridas y

registradas.

La

capacidad

de

expresión

literaria de

quien

escribesusrecuerdosconpa

labras,

los hace obra de literatura válida. Por

ejemplo,

el libro

Tejas

Verdes deHernánValdés-unode los

primeros

relatos

publicados

de

emprisionamiento

ytortura-resulta ser

plenamente

literario. Se trataba deun

poeta

yautoren prosa;aunqueno esdel todonecesariohaber escrito litera tura

previamente,

puesexisten

algunos

quesedescubren escritoresalcomponersusrecuerdos por

primera

vez.

Montealegre

hallósuvocaciónliterariaenel estadio ysu

experiencia

enel subsecuente campo deconcentración de Chacabucopormás

largo tiempo.

Comenzó,

en esostran ces,alos diecinueveañosaescribir

poesía

comolo ha hecho desdeentoncespor treintaañosmás.También prosa,como enlos diarios murales delcampode concentración.

Estelibro

actual,

enel que combina diestramentesus recuerdos iniciales desu

época

críticaysus

experiencias

mien traslosrememora,esunaobra literaria de calidad única.

Noshaceencontrarnos conla persona viva de su autor, madurandoen su

juventud

a

palos

y transformán dolosen

frutos;

yconla madurez de

quien

ha

aprendido

a conocertodas las limitaciones de larealidad.Esunpoeta, unartistaqueconserva,a lavez,la

riqueza

del niño que lleva adentro. Sin niño

dentro,

no

hay

poeta.Y éste lo

es, envueltoen susfrazadas.

Armando

Uribe

(15)

Dictados de la memoria

PRÓLOGODELAUTOR

Estoy

enla

oscuridad, hincado,

cubiertoporunafrazada.

Tengo

19 años,pero soy más chico que los adolescentes de mi edad.Meveomás niño. Ni

siquiera

me veo enesta

aparición.

¿Qué hago bajo

la frazada?Yonosoyeselolo

golpeado

yenmu decido.

¿Yo

no soy o ya no

soy?

Han

pasado

treinta años y bordeo loscincuenta. No soy elcasto

colegial

deentonces: soy abuelo.Me

perturba

elrecuerdo sin

imágenes

deese

chiquillo

que

sigue bajo

la frazada. Sin vista derayos

X,

comolos super-héroes de sus

revistas,

el horizonte es su

propia

frazada. La oscuridadque encierralos

recuerdos,

losconservay los

ahoga

y

hay

que volver ala oscuridadpara que la

imagen

latentese revele. Eneseretornosoy el

joven

y el

viejo

bajo

la mismaman ta:nos

cobija

lamemoria.

Soy

el mismo.

Recordándome

bajo

la

frazada,

me acercoal loloMon

tealegre

quetomaronpresoen

septiembre

de 1973. Ysientoel

impulso

dehacerme cargo de

él,

deconvertirmeeneltutorde ese

chiquillo;

el

apoderado

de

quien

no

pudo

volvereseañoa suliceo. Loarrancarondeuna casaquelo hacía feliz.Seaferróa ella hastaque losacaron aculatazos. Me dueleloque le

pasó.

Meduele denuevo.Vuelve mi callada

indignación.

No tenían derecho. Estabasolo.Se lollevaronsolo.Me

gustaría

invitarloa viviramicasa,para quesesientacomo ensu casa.

Viejo

prema turo,ya

podría

serel

padre

del

chiquillo

sin

padre

que estabaen esa casa.Lo

acompaño

enla

memoria,

le

pido

quemecuente, quetraspaselaoscuridaddela frazada.

Está

aquí, conmigo,

mostrándomesusrecuerdos de

pri

sión escritos en

1974,1

inmediatamente

después

de salir en libertad.

Impresos

a

mimeógrafo

enRoma los llevóaMéxicoen

Montealegre,Jorge.Chacabvco.Impresoamimeógrafo,Roma, Italia, 1974.

(16)

1975 para

entregarlos

a unacomisión internacional

investiga

dora.2 Era difícil hacerlo circular

bajo

dictadura.Enviarlopor correo

arriesgaba

inútilmentealdestinatario.Almenos

quedó

el

registro

en

papel

roneo de unos recuerdos que en

algún

momentotendrían queencontrarsecon esamemoriaquetam bién tieneunterritorio.

Siempre

tuvo la esperanza de que se

pudiera publicar

enChile.Yahora tieneesa

oportunidad.

Ojalá

no seademasiado tarde.

En la denuncia habíaun

registro

interesante,

con re cuerdos frescos que difícilmente se

pueden

reconstruir con fidelidadtreinta años más tarde. Le

prometí

entonces

ayudarlo

aretomar esos escritos para editarlos ennuestro

país.

Es un

antiguo compromiso.

Escribiósus

primeros

versos en la

pri

siónysus

compañeros

le

pidieron

que contaraloqueles había

pasado.

Yélse

comprometió,

sinsaberque

cumplir

conla tarea y

llegar

aeste momento

implicaba

viviruna

paradoja:

mantener la dictadura

"aquí

adentro".

¿Cómo

librareserecuerdo sinqueseconviertaenolvido? Ecodemímismo, entonces,le

dije

que

aceptaba

acom

pañarlo.

Entraren su

prisión

para salir

juntos

de ella. Le

pedí

que

comprendiera,

que ambosveríamosmucho

más,

quedebe ríamostomarencuentaeincluir

algunos episodios

que

ignoró

en su momento, a pesar de haber estado muy cerca de los hechos. Cuando

apuntó

sus

experiencias,

no se hablabaaún de

hallazgos

macabrosnideconfesiones siniestras.

También,

estuvimos de acuerdoencitar el testimonio desus compañe ros de

prisión

cuando esos relatos fueran

complementarios

a estasmemorias y

enriquecieran

la historia

compartida,

sinarro garnos dolores ni heroísmos

ajenos.

Así,

podría

seguir

con nosotros la

palabra

de los queya no están o que no fueron escuchados. Nos acordamos

especialmente

de Luis Alberto Corvalán,

quien

murió enel exilioy fue nuestro

amigo

enel

Estadio,

enChacabuco y fuerade Chile.

Le

pedí,

además,

quenose

alejara

demí: queno me

deja

rasoloreescribiendocomo

viejo

lo quele

pasó

a unadolescente.

Que

merecordara

siempre

quees suhistoria;y que él fuera el duende que me

soplara

los famosos dictados de lamemoria.

El testimonio Chacabuco fueentregadoa laIIISesión de la Comisión Investigadora de los Crímenes de laJunta Mili tarChilena. México, febrero de 1975.

(17)

Por

último,

que inevitablemente enla escriturayo seré el de antesy el deahora.

Retomé los

viejos

escritos conla extraña sensación de releer misrecuerdoscomodescubriéndomeamí mismo. Heres

petado

su relato. Me he resistido a novelar y a

incorporar

elementosdeficción.Tentacionesno mehanfaltado. Sinmayo

res

pretensiones

literarias,

deseo que tenga el valor de un testimonio

fidedigno.

Unmediode

pruebas.

Conmis

opinables

puntosde vista. Los deayer y de

hoy.

Comienzo.Mecuestaescribiroreescribirestaslíneas. La memoria duele. Demorala

escritura,

con sus recuerdos dere cuerdos.Es regresar. Ymepreguntosi vale la pena,

zigzagueando

entreel

escepticismo

ylaesperanza. Peronovolverseríaaban donarlo de nuevo.

Estoy

viendo a ese

chiquillo

tratando de

respirar

bajo

la frazada. Me

ahoga

su

imagen,

queestan

pareci

daala detantosque estuvieronconél.

Que

respiren.

Que

nose

queden

para

siempre bajo

unafr -zada.

(18)
(19)

I

(20)
(21)

Septiembre

liceo

Siento elpeso de una frazada de colores crudos.

Abrigadora,

calientita. Ella y los medicamentos que había tomado la noche anteriormehicieron dormir

plácidamen

te.Mehabría

quedado

más

tiempo

entrelas sábanasese martes 11de

septiembre

de 1973.

Esa mañanamis

primos

sefuerona sus

trabajos

enel Ministerio de

Agricultura

y yoaclases. Cursaba el 4o añodeenseñanzamediaenel Liceo N°ll de Las Con des. Enla

puerta,

una

algarabía

nerviosa enrarecía el ambiente. Los

amigos

nosbuscamos. Noentramosal li ceo. La radio de un auto transmitía a todo volumen marchas militares. David

Ojeda,

líder de la

pequeña

iz

quierda

del

liceo,

fue "dateado" por unasecretaria. La advertenciaera

simple:

quelos

"upelientos"

ninos aso

máramos,

porque los carabineros de la comisaría vecina "nosestaban

esperando".

Los estudiantesmásexcitadosteníanunaactitud espe cialmente

agresiva

y burlona hacia

quienes

éramos

partidarios

del Presidente Allende. Estábamos divididos yen ese

lugar

éra mosminoría.LaFederación de Estudiantes Secundarios de

Santiago

(FESES)teníados

presidentes,

desdesuúltima elec ciónenla cual las dos listas

principales

sehabíandeclarado

ganadoras.

Lade

oposición

era

representada

porun

democra-tacristiano,

Miguel

Salazar;

y los

partidarios

de la Unidad

Popular

habíamos

elegido

al socialista Camilo Escalona. Yo

participaba

activamenteen"laFesesde Escalona".En miliceo -de ultraderecha- el más votado había sido Andrés

Allamand,

Camilo Escalona y Andrés Allamand han tenido relevante participaciónenlosaños de transicióna la democracia. Am

bos hansido presidentesde sus respectivas organizaciones: elPartido Socialista y RenovaciónNacional,respectivamente.

(22)

de la

Juventud

Nacional3.

Algo

grave

pasaba

yeramásseguro

averiguarlo

enotra

parte.

Había que

alejarse.

¿Nos

estaban

esperando?

¿A

quié

nes?

¿A

cadauno connombres y

apellidos?

No íbamosa cometerla

estupidez

deentrara

preguntar.

Pero

quedó

la

inquietud.

¿Cómo

averiguar

si

podría

volver al liceo?Me

quedaba

eseañoparaterminarla eeducación media.Tenía que dar la Prueba de

Aptitud

Académica.Queríaestudiar cine.Ademásenfin: el

guión

de vida cambió de

golpe.

Comenzamosa

bajar

hacia elcentrode

Santiago.

El caminosehizo laberíntico por las barreras y soldados que

cerraron

algunas

calles. Noscruzamos conmuchos

peato

nes

yendo

oviniendoapaso

rápido.

Corríanaretiraralos niñosdel

colegio.

Losbocinazos de

alegría

enel barrio alto

nosfueron

deprimiendo

ynos

imaginamos

lopeor.Mien to: nuestra

imaginación

noteníaesealcance.En

verdad,

nunca

pudimos

imaginarnos

lopeor.

Pasamos

fugazmente

porla sede de la

Izquierda

Cris tiana.Deesa

pasada,

solohe retenido la

imagen

alucinante deundiario mural de

plumavit,

queyo mismo había instalado

en esosdías.

Liviano,

selevantabaconlas

ráfagas

de aire que

dejaban

los

compañeros

que

pasaban

corriendo sacandoco sas. Enesa

vorágine

tambiénnos sacarona nosotros,que andábamosconuniformede

colegio.

El diario muralseque

solo,

frenteala

exigida

chimenea,

enel

amplio

salón de la

antigua

y hermosacasonade

Cienfuegos

15.El diariomural mehabía

quedado

muy liviano. Y yanotenía

arreglo.

Huidizose

intrigados

volvimos hacia mi casa. El centroestaba rodeadoporlos militares.A nosotroselcora

je

nosdio solo para

rodear

el

aparato

de

radio,

esperando

quenos

dijera qué pasaba.

Lomirábamosen

silencio,

como siescucháramosconlos

ojos.

Recorríamosel dial

pasando

pormarchas ychirridos.Nosdetiene lavozdel Presidente Allende.Erasuúltimo discurso. La

despedida

eraperso

nal,

comosinoshablaraacadaunodenosotros."Me

dirijo

ala

juventud,

a

aquellos

quecantarony

entregaron

suale

gría

ysu

espíritu

de lucha.Me

dirijo

a

aquellos

que serán

perseguidos

"

Todo había terminado.Enesas

palabras

estabannues

tras futuras

nostalgias

y

pesadillas.

Bombardearon

La Moneday la residenciadel Presidente.Senubló.

Comenzó

a

(23)

llover. Cadaunodemis

amigos

sefueasu casa.Yo

quedé

en la mía. Otros,intentaban resistir o abandonabansus

puestos

siguiendo

las órdenes y contraórdenes de los par tidos. El bando N°l de la

Junta

nos

dejó

mudos,

incomunicados y

bajo

amenaza:"La prensa, radiodifuso rasy canales de TV adictosala UP deben

suspender

sus

actividades informativasa

partir

deeste instante. De lo

contrario,

recibirán

castigo

aéreo yterrestre.El

pueblo

de

Santiago

debepermaneceren sus casas afin de evitar víc

timas inocentes".

Estábamos

arrinconados,

cadauno en su

propia jau

la. Obedientes. A las6 de la tarde comenzóel

toque

de

queda.

Mis

primos,

los dueños decasa,no

llegaron.

Me

quedé

solo. Devezencuando el teléfono yconéluna nue va forma de

hablar,

torpemente

críptica,

plagada

de eufemismos recién

inaugurados.

Mis

primos

estabanasal

vo. Nosabían cuándo volverían a casa.Se comunicarían

conmigo.

El

toque

de

queda

duró42

horas,

hasta el medio día del

jueves

13de

septiembre.

Esedía solo

pudimos

salir de lacasadesde las12hastalas 16 horas. Y salir de lacasa

erasalira un

país

distinto.

(24)

Compañero

de

curso

Diciembre del 2002.

Apenas

recuerdo amis compañe rosde

colegio

ymecuestaordenar lasecuenciadetantoscambios

decasa.Antes de vivirconmis

primos,

merecuerdo almorzando

unyogurtconmihermano

Óscar

enla

pieza

que

compartimos

en un

departamento

de la Villa

Olímpica,

cercadel Estadio. La

pagá

bamos con una

pensión

de orfandad que no alcanzaba para

otros

lujos.

Apenas

cabíanuestrocamarote,pero

milagrosamente

también había

espacio

para otro

"pensionista":

el flaco

Ariel,

compañerode correrías de mihermano, que al estirarsecubría

todo el

largo

de la

pieza.

El

personaje

del barrio erael ChitaCruz, defensade la

mítica SelecciónNacional delMundial del62. Estacelebridad

ocupaba

un

departamento

del

primer piso.

Aunacuadra vivía mi compañerodecursoCarlos

Tapia,

el huaso. Loshermanos

Tapia

Martínez

-Axel,

JulioyCarlos-erande

Curicó,

de

origen

demo-cratacristiano,

amigos

delTucoCavalla.

ConCarlosnosíbamos

juntos

alLiceo 1 1. Para

llegar

había quetomardos

micros,

almenos.Un par devecesJulio

pudo

llevarnosen"su" auto.Erabien

especial:

unFiat 125, que

pertenecía

a la escolta del

presidente

Allende: Julio era choferdelGAP. Enun

santiamén,

acortando caminocon maes tría, nosacercaba al liceo y continuabasurutahacia Tomás Moro. Nos sentíamos, sin

duda,

sobreun transporteescolar

envidiable.

Parala

derecha,

en

cambio,

su carrerasimbolizaba la

prepotencia

deun

gobierno

odiado. Mariana

Callejas

-laes critorainvolucradaenel asesinato del General Prats-evoca

eseodio: "no recuerdan que Allende fue el

primer

Presidente deChile que contrató

guardespaldas,

los hombres del

GAP,

que ibancomo balas en susFiat 125 por la Costanera.

¿Por

qué

nadieseatreve

hoy

a decir queno

podíamos

seguir así

(25)

como estábamos con la

Upé?

Necesitábamos

algo

drástico,

hay

quereconocerlo".4 Y fuerondrásticos.

Después

del

golpe

novolvíaencontrarmeconCarlos. A

suhermano Julio lo vien una

fotografía,

junto

aotros

desapare

cidos. Juliose

quedó

conAllende. Lo apresaronenLaMoneda. Años mástardesupe quealos

prisioneros

del

palacio

los lleva

ronal

Regimiento

Tacna y de ahíaloscerrosde Peldehue. En

ese

lugar

losmataron,el 1 3 de

septiembre

de 1 973. "Todos alser

ejecutados

conservaron su

dignidad

-relató el entonces subte niente

Jorge Herrera,

a cargo del ametral lamiente»- yno se

produjeron

intentosde

fuga. Ninguno pidió

clemenciay

algu

nosmurieron

gritando consignas políticas".5 Cayeron

a unpozo,

lostaparoncontierrayderrumbaroncon

granadas

las

paredes

del pozo. Esa fuela

sepultura.

Hasta la Pascua del

Soldado,

de 1978.

Losmilitaresvolvieron al

lugar

del crimen.Removieron

y exhumaron los restos, clandestinamente. Los subieron en sacospaperosa un

helicóptero. ¿Para

quelos lanzaran almar? Eraun23 de

diciembre,

día de la Pascua delSoldado.6 Jomada

larga

y contradictoria: de la siniestra faena los militaresmar

charona

repartir regalos

a sus

hijos.

Y

abrazos,

conel hedor de la misión

cumplida.

Nohemos conversado deestoconmi

compañero

decur

so. Sufamilianuncaha tenido lacertezasobre el

paradero

de Julio,chofer del Presidente y

-alguna

vez—deunparde liceanos queno

querían

llegar

tardealosrecreos.

En: "MarianaCallejashabla desuminutofatal,mientras es

perasu detención",entrevista de Lilian Olivares.LaSegun

da, viernes6 dejunio de2003.

En: Escalante,Jorge. "Yo maté alosprisionerosdeLa Mone da. Habla el subteniente que disparóla ametralladora". Re

portaje enLaNación, domingo8de diciembre de2002. En estereportajeelautorde las declaraciones noesidentificado, posteriormente elmismoperiódico lo identificacomoJorge

Herrera.

En: Ramos, Marcela. "Crimen y castigo". Reportaje en La

Nación, domingo12 de enerode 2003.

(26)

Septiembre,

la calle

Enunsolo día los militaressetomarontodo el po der. Sin

contrapeso.7

Salí a caminar. Deambulé como

reconociendo la ciudad. Habíaunaatmósferadesconoci

da.Antes,habría ido al

partido.

Era mi

segunda

casa.En

ella

pasaba

casitodo el día. Ahí estaban mis

amigas

y mis

amigos.

Ahora nosabíaadónde

ir,

salvocaminaren re

dondoparavolveramicasa

ignorando

hasta cuándo sería

micasa.Había que

guardarse

temprano.

El barrio estaba embanderado.Enla calle los camiones militaressecruza

bancon los autos,que

pasaban

lentos para nolevantar

sospechas

y evitarserallanadosenlavía

pública.

Losmilitares usabancuellos

"beatles",

de colores

verdeolivaso

anaranjados,

y diversos brazaletes. Recuer

douno con

tortuguitas

verdes

estampadas.

¿Por

qué

estas

señasenlos uniformes? Se decía queerapara

distinguirse

de los "extremistas disfrazados

de militares",

queseha

bían robadouna

partida

de uniformes. Otrorumorafirmaba

que era para no confundirse con "lasfuerzas leales": el

ejército

fielala Constitución que venía

marchando,

desde

elnorteoelsur,encabezado por el General Carlos Prats. Peroenestaguerraseveíaunsolo bandoqueocu

paba

laciudad.Miciudad.

Enunadeesascaminatasmellevéungransusto.En

una

esquina

los soldadosmedetienen yamenazan concor tarmeel

pelo

con una

bayoneta

.

Prometí quemelocortaríaese

mismodíaparaquemesoltaran. El

pelo largo,

de

hippie

o

guerrillero,

para los milicosera unsíntoma

de

indisciplina,

"Los cálculos que teníamos deunos cincodías delucha, se

redujeronencambioa24horas.Fueunasorpresa para noso tros".Augusto Pinochet,ElMercurio,18deseptiembrede 1973.

(27)

desorden y

relajo

moral. Había que cortarlo violentamente.

Algunos

"lolos"notuvieron misuertey fueron

rapados

en

la calle demanerahumillante. Era

peügroso

seguir

siendo la misma persona. Comoporinstintolaautocensuracomen

por el

propio

cuerpoy

quienes

tuvieronquecortarsela barba andaban doblemente

pálidos.

Nos mandabanacortarnosel

pelo,

aacostarnos tem

prano,a

comportarnos

según

susórdenes. Desde el

primer

díanostrataroncomo a un

país-niño

quesehabía

portado

mal y que estaba

castigado.

Había que

disciplinar

al

país.

Tuvimos que escondernuestrahistoria y disimularnues

tros sueños.

Estigmatizados,

terminamos sintiéndonos

culpables

y

fugitivos.

Sin

líder,

sinlacasadel

Partido,

sinla familia

políti

ca,enlos militantesseanidóunsentimientode orfandad. Estábamosenla

calle,

la misma de las

manifestaciones;

pero ahora

dispersos

y

solitarios,

teniendoencuentrosfurtivos

en las

esquinas.

¿Cómo

seguir?

¿Cómo reorganizarnos?

¿Cómo

estabannuestros

amigos?

¿Qué

había

pasado

con

los

dirigentes?

Había mucho desconcierto.

Cualquier

cosa

podía

ser

una

imprudencia.

Perono erafácilasumirque "esto" dura ríamucho.

¿Cómo

destruir elcarnetdel

Partido,

quetanto

había deseado recibir? Nomeatrevía

quemarlo.

Comootros

recuerdos,

lo

quise

conservar.Por

sentimentalismo,

por cari ño. Fetichista o

cachurero,

para

siempre

ha sido difícil

cumplir

todainstrucciónque

signifique

deshacerme depa

peles

y recuerdos. Así es que lo escondíen un grueso y

antiguo

diccionario.Enesa

línea,

que

prometía conspiracio

nesmayores,

adquirieron

valor las

cajitas

de fósforosolos

paquetes

de tallarines yotrosquesefueron convirtiendoen

los estuches

preferidos

para

entregarnos

cartasolos

prime

ros documentos.

Y,

para mí,lo

típico

deesos días: salvar

libros y discos

"peligrosos"

enmascaradosconforros yca

rátulas "inocentes".

Losrumoresdeinfiltraciones tendieronunmantode desconfianza.

Que

Fulanohabía

aparecido

conuniforme de marino alotrodíadel

golpe,

queaZutanolo estaban

siguien

do y portantoera

mejor

pasarsin saludarlo. Erandíascortos. Ibaatodas

partes

caminando,

inventándome recorridos que

dificultaranun

seguimiento. Llegué

alascasasde

algunos

(28)

compañeros.

Envarias"reboté" por la

impertinencia

demi visita.

Que

después,

queotro

día,

quenodebistevenir,que yo tellamo Las

explicaciones

se

podían

atribuiralostemores,

aqueesapersona ya estaba contactada y

"compartimenta-da";

o

simplemente

ala desconfianza.Elmiedoerarazonable

y también irracional. La

prudencia

y la

paranoia

seconfun dían.A

algunos

la

imprudencia

lescostóla vida.Aotros, la

prudencia

lossacópara

siempre

de "la

política",

quecomen zabaa ser unafea

palabra.

Entanto,otrosestudiantes borraban los muralesque tenían

dibujos

y

consignas

que recordaban el

gobierno

de Allende.La ciudad

seguía

cambiando.

Decada recorrido

siempre

volvíaami casa,ala que

novolvíansusdueños.Enuna

esquina

tomamoscontacto, soloparavernos(Nos

despedimos

esa vezsinsaberqueel exilio de ellos sería inevitable ypara

siempre).

Mis

primos

no

regresarían

aún. Entanto, yo

podía disponer

de lacasa.

Mihermano

Óscar

se

refugió conmigo

unostresdías.

Irónicamente,

había sido

elegido dirigente

sindical el10de

septiembre,

en una

repartición

vinculadacon la Reforma

Agraria.

Empleado

público,

tenía razonespara sentirseen

riesgo.

Nos

quedamos

sincomida.Solo habíapanduro. Se

gún

Óscar,

silometíamosbien

mojado

alhorno

quedaba súper

rico. Noeracierto, perolo comimosconlaautocríticaaflor de labios. Nos

reíamos,

pero tambiénnosensombrecían los heli

cópteros

quevolabana

baja

altura sobrelascasas. Ambos teníamosundestino incierto. No sería la

primera

vez.

Hijos

de

padres

separados,

inclusodesde antesde lamuerte de

ellos,

ya habíamos estado más deuna vezviviendoen

luga

resdistintos para,

siempre,

volvera

juntarnos.

En

pensiones,

en

internados,

en

hogares

transitorios. Ynuncanosha falta dode

qué

reírnos.

Mihermano

quería

quemefueraconéla su

pensión

de

Maruri.Yo dudaba. Sin saber realmente

qué

pasaba

conmis

primos

ni cuántoduraría todo

aquello,

sentíaquedebía"cui dar la casa". Como

Óscar,

otraspersonasme

aconsejaron

que mefueraaun

lugar

másseguro.Másdeunamamá de mis

amigos

meinvitóa

"pasar

el

golpe"

con susfamilias. Pero

yo no

quería

dejar

lacasasola.

(29)

AbuelitaHaydée

Enero del 2002. Mi nieta uruguaya, de apenas 9meses,

estáenChile. Visitamosala abuelita

Haydée

para quese conoz

can.

Raymi

-asísellamala

pequeña

con carade fiesta-es

hija

de mi

hija

Natalia,

la que nacióen

Colombes,

cercade París. Fruto de los exilios.

Cuandoel

golpe,

la doctora

Haydée

López

Cassou que

ría quemefueraavivira su casa.Estaba

preocupada

por lo que

podía

sucederlea

Rodrigo,

suúnico

hijo,

a

quien

crió

práctica

mentesola.Yoera

compañero

de

partido

de

Rodrigo

González.

Nos

juntamos

en esos

primeros

días de confusiónen su

depar

tamento. Y

Haydée captó

fácilmente mi

desamparo.

Sin conocerme

mucho,

me

"adoptó"

y

quiso

quemefueraavivira su casa. Pero

después

de

juntarse conmigo, Rodrigo llegaba

solo condiscos y libros. "No

traigan

más

discos,

quiero

que

traigan

al

lolo",

exigía Haydée.

No

llegué

porrazones,

literalmente,

defuerza mayor.

Mástarde

protegió

y conservó pormuchos años mis cartas,

cuadernosy poemas de

prisión.

Sindeshacer el

compromiso

de

adopción

simbólica. Eraunaactitudquese

tradujo

en una

solidaridadmás extensayadre rabie. La Dra.

Haydée

López

adoptó

a muchos y muchas al convertirse en una defensora

pública

yactiva de los derechos humanos desde el

Colegio

Médico,

elMovimiento de

Mujeres

porla Vida... o como una madre

adoptiva

"en

particular".

Así,

cuando nació mi

hija

ma

yoren 1978

viajó

aParís paraconocer a sunieta. Voló desde

Indonesia,

donde realizaba un

trabajo

para la

Organización

Mundial de la Salud.

Acasi30 añosdel ofrecimiento desucasa,conNatalia le

presentamosasu

bisnieta,

que

algún

día entenderácon

orgullo

y

gratitud quién

fuesu"abuelita

Haydée".

(30)

Septiembre,

mi

casa

Le tenía apegoa ese

hogar.

Mis

primos,

unmatrimo nio

joven,

mebrindabanuna

hospitalidad

fraterna.

Magda,

con elementos muy

sencillos,

hacía de la casa un

lugar

alegre

y hermoso.Martín, intelectual

agudo

y de excelente

humor,

orientónaturalmente mi interésporel

periodismo

y el humor

gráfico.

Mesentía

aprendiendo

conellos. Ade más,

comprendían

miactividad

política

yminecesidad de

seguir

estudiando. Yomehabía "ahuachado"en esa casa. Erafeliz rodeado de revistas y discos y afiches. Pocos días

antes del

golpe

celebramos el bautizo de Ana

María,

la

primera

hija

delmatrimonio.Yo fui el

padrino:

portantoya

éramos

compadres,

lo queenChileessellarunanoble ins titución.

Yoerade ahí. Yme

gustaba.

Acostumbrado desde chicoalos

sillones,

alasca

mas

improvisadas,

a ser un

allegado

itinerante sincuarto

propio,

tenía conciencia de que casinada de lo que allí había eramío.

Respetuoso

del

espacio ajeno

y celoso de

misrincones,estaba lleno derecatosenestacasa.Mepara lizabaun

genuino

pudor

doméstico queme

impedía

allanar

mi

propia

casaantesde que la allanaran los milicos.

¿Cómo

disponer

detodo eso?

¿Podía

quemar,romper,

regalar

o abandonarese

hogar?

En

algún

momentotendríaquede

jarla,

en último caso porque se trataba de una casa arrendada. Perono

quería

abandonarla.Mefui

quedando,

cuidando elperroy los

libros,

viviendounaextrañainde

pendencia.

Eramos,creo,laúnicafamilia de

izquierda

en esa cuadra deunbarrio"momio". Yla intoleranciahabíaesti

rado lacuerdahasta

romperla.

El19de

septiembre

la

Junta

(31)

promovió

abiertamentela delaciónentrelos vecinos y

com-pañeros

de

trabajo

o

estudio,

al asegurar que "la información quese

proporcione

seráde carácterreserva

do,

manteniéndoseunatotal discreción sobre la identidad del que la formule". Las

bajas pasiones

se

tradujeron

en denuncias absurdas.La

gente

que las

hizo,

posiblemente,

nuncamidió lasconsecuencias.

Enla casa el

peligro

mayorera su

biblioteca,

los discos y lasrumasde revistas y diarios de todas lasten

dencias. La idea de quemar libros

pasó

por mi

cabeza,

perosolomellevabaarevisarcada libro yapensarcómo

esconderloo a

quién

llevárselo. Ante la

posibilidad

de

perderlos,

me

ponía

a leer los libros. Nunca había leído tantocomo en esosdías.

Intenté, sí,quemar

algunos

títulos

peligrosos

y

¡cómo

me

arrepentí

entoncesde haber

respondido

loscu pones que ofrecían

gratis

los libros de Mao Tse

Tung

y de

Kim II

Sung!

Llegaron

por toneladas ala casilla de co

rreos.Enediciones de

lujo

yrústicas. En

papel

couché y

en

papel

dearroz.

Paradójicamente

no

podía

quemarlos encendidos Escritos militares. Sus

tapas

plásticas

ardían lentamente

produciendo

unhumo negro que

podía

atraer

nosoloalos milicossinotambiénalos bomberos. Intenté salvar

algunos

llevándolosaotrascasas.No

siempre

me

aceptaban

el

regalo.

Teníansuficiente enterrandoopren diéndoles

fuego

a los

propios.

Los militares

quemaban

libros. Nosotros también.Eraunalocura.

Micasa era un

departamento

que estabaen un se

gundo piso,

conentrada

independiente.

Enla

planta baja

solo habíaunaentrada de autoyun

pequeño

patio

para cachureos. Esoseranlos dominios denuestroperro Pas

cual.

Explico

esto porque una vez, durante el

toque

de

queda,

mientras le daba comida al perro se me cerróla

puerta. ¡Me

quedé

afuera ynoteníala llave!

(32)

No

podía

iraotra

parte

ni conocíaalos vecinos.Mi

única

posibilidad

era

llegar

a una

pequeña

terraza que daba a lacocina. Traté de escalar por la

pared,

perono habíacómo.Sentíamis

espaldas

las hélices deun

helicóp

teroy

pensé

quemeestaban mirandooque

podían

tomarme

porunladrón. Robarenestado desitio

significaba

la

ejecu

ción en elacto. Recordé además al francotirador de un edificiocercano.En

fin,

me

pasé

varias

películas,

mientras

me

empinaba

conlasecretaesperanzade convertirmeenel hombre elástico.

Sentía queera

peligroso

tratardeentrarami

propia

casa.

Después

depensarhastaensubirmealperro,encon tréunosneumáticos

viejos

de la citroneta de Martín. Los fui

apilando,

noeranmásdetresocuatro,ymesubí yme

caíde ellos. No alcanzaba. Yo estaba eximido de

gimnasia

y

reprobado

en

trabajos

manuales,

asíquemis

aptitudes

para pasar sin escala deun

primer

aun

segundo piso

eran escasas.Pero síera unbuen lector de cómics yuncinefilo admirador deBuster

Keaton,

asíquevolvía

juntar

losneu

máticos y comencé a saltar en ellos como en una cama elástica.

Después

deun parde porrazos, fui

impulsado

porel

trampolín

de goma: "volé" y

pude

agarrarme deuna barandade la codiciadaterraza.

Así

llegué

arriba,

preocupado

del

helicóptero,

del

francotirador,

deunvecino

diputado

y de los eventuales balazosaestehombre arañaoladrón escalador. Elresto

fuefácil. Me temblabanlosbrazos y las

piernas.

Ymeque dé mucho

tiempo

conla aventura ensecreto, por cierto

sentidodelridículo. Alrededor

pasaban

otrascosas,segu

ramente más heroicas y

trágicas.

Pero al

recordarme,

ridiculamente adolescente y

asustado,

meríodemí mismo. Ymeasombro de los miedosque

llegamos

atener.

(33)

Septiembre

Margot

Margot

llegó

pocosminutosantesdel

toque

de que da. No tenía

previsto

verla y

pensé

quetraíamalasnoticias.

Porsu

parte,

creíaque yo estaba

mejor

informadoparasa

berdenuestros

amigos.

Además,

meconfesó los negros

presagios

queteníasobremifuturo.

Margot

ya estabare

signada

con el

golpe

y

quería

que yome olvidara de la

Izquierda

Cristiana.Ellaeradel

Opus

Dei,

mehablaba de

"la obra" yme

regaló

Camino. La conversación-la

primera

discusión

política

que tuve

después

del Once- señalaba caminosdistintos.

Margot

estaba

preocupada.

Yo,

tenso.Y bastante

inquieto

porque ya estábamos sobre la hora del

toque

de

queda.

Yse

quedó.

No hacía mucho habíamos tenido un

pololeo

no

declarado quenoshabíarevolucionado

prometedoramen-telas hormonas. Y ahora estábamoscontoda la noche por

delante

gracias

al

toque

de

queda.

Culposo

y

torpe,

víctima demi

propia represión,

eludía elencuentro.El

país

secaía

a

pedazos

y yo estaba

preocupado

de

qué

ibanadecir mis

primos

poreste"abuso de confianza".Afin decuentas,era unanoche deestrenosque nadie había

programado.

Solos,

cadauno con sucallada

castidad,

nosfuimos confesando. En mivoluntarismo

militante,

yoerade losquecreían enel celibato revolucionario. Convicción que,

ciertamente,

re

sultó más

frágil

queotrasconvicciones.

Margot

tambiénse

superó

así misma.Temerosos,

indecisos,

hicimosun amor

inexperto.

Miedocon

miedo,

cariñosos.Fértileseincons cientesmientras se abría tanta fosa. Alo

lejos, algunos

balazos

esporádicos

nos

dejaron

sus ecos llenos de pre

guntas.

Fue una relación n ís extraña que

alegre.

Los temoresdistintossetrenzaronenla noche.

(34)

Alotro

día,

Margot partió

a su

trabajo

muytempra no.

Yo,

volvíaalos

libros,

amisrecorridosporla

ciudad,

a misencuentros,al teléfono. Pocoantesdel

toque

de

queda,

Margot

estabanuevamentefrenteala

puerta

demicasa.La

frazada,

con suscolores

crudos,

seamontonaba

rápido

en el suelo. El

patrullaje

nocturno

imponía

elsilencio,hasta

que los vehículos

pasaban

de

largo.

Entoncesnosmirába mosmás

tranquilos.

Nadieenlas calles. Aesashoraslos únicosque

podían llegar

eranlos milicos. Cuandosele vantaba el

toque

de

queda, Margot desaparecía

como un fantasma. Yonosabíasudomicilionidónde encontrarla.

Tampoco

teníamos unacuerdo de

seguir juntos.

Pero la

esperaba,

con una ansiedad distintaa esa otra ansiedad

premonitoria

queme hacía mirarpor laventana acada rato. Fueron dos o tres noches. Era

pálida

y silenciosa. Nunca supesi

volvió,

al filo del

toque

de

queda,

el 28 de

septiembre.

Ese

día,

enlamañana,

llegó

amicasaun con voy del

Ejército.

(35)

Saco

de dormir

Año 1983.Vivoen un

pasaje

oscuro con

reja

ycandado

alacallecercade la Paz. Es la calle Olivos. Camino por el barrio buscando lacasadeuna

amiga

de los días de liceo. Ella

puede

contarme

qué

hasidode

Margot. Quiero

saber de ella. Escribo

mi poema

"Agenda"8

y

Margot

entraa un verso como una

pala

bra

críptica,

perollena de

significado.

Margot

me

ponía

nervioso.Yo nuncahabía

pololeado.

Teníamisamores

platónicos.

Y másdeunavez,enfermo de tími

do,

no meatrevíadar el pasodecisivo.Hasta que ella

apareció.

Enelveranodel '72estuvimos

juntos

enuncampamento estudiantil del

partido.

Niños

grandes,

nos

atrajimos jugando

literalmente a las escondidas. Yno

queríamos,

por supuesto,

que nos encontraran. Nos buscábamos en los

matorrales,

los

grupos, elriachuelo. Incluso

compartimos

carpa y lainvitéami

sacode dormir. Entrebromaybromanuestras

pieles

pudieron

tocarsecon

alegría

ycuriosidad

dejándonos

levementepertur

bados. Fue un contacto erótico

prometedor.

Nada más. Nada

menos.Unasituación de

campamento.

Luego,

en

Santiago,

lacafeteríadel Edificio de la Cultura "Gabriela

Mistral",

que llamábamos

simplemente

"la Unctad". Y de ahíal

Parque

Forestal.Un

pololeo

deverano que

empezó

y terminó discretamente.Ytomamosdistancia.

Yo

seguía

conmissueños,buscando sin buscarunalola

que sintetizara el

compromiso

de

Tania,

la

guerrillera,

conla sol turadeuna

hippie pacifista.

Enmis cuadernossemezclaba la

revoluciónconEl

principito,

reconociéndome casienlaamo rosasoledaddel

personaje

de Saint

Exupery.

También leíaEl

8

Agenda,poema del volumenCuentaregresiva.En: "Exilios", que contiene los volúmenesPaíssinterritorio,de Bruno Serra no;y Cuentaregresiva,deJorgeMontealegre.EdicionesTraga

luz, 1983.

(36)

loboestepario. Cantaba para mis adentros laBaladade Otoño

yotros temas lluviosos de Serrat. Meveo solo, pero no como

adolescente triste. Veo a un chico

fantasioso,

disfrutando los

soliloquios

de un

personaje

melancólico. Sin ser

religioso,

el lolo

Montealegre

tenía

algo

de sacerdotal.Cinefilo,era un aven turero puertas adentro,

reservado,

sinuna

gracia

para la vida social

juvenil.

Untauroque rumiabasus secretos.Asíme veo

desde

lejos.

Margot

esparte deesahistoria. Fértileseinconscientes

nosentregamos

bajo

eltoquede

queda.

En

fisgoneadas

ycen suradas cartas de

prisión

me enteré de su embarazo y de su

pérdida.

Confundidoe

impotente,

sentíunasuertede mutilación

irreparable.

Uncontradictorio y vergonzososentimiento de frus

tración y de alivio. Lo enrolléen unafrazada invisible y

silenciosa,

como una

larva,

para

siempre.

Ahí estála rabiaquea veces no encuentro.

¡No

sé por

qué

cuento estas cosas!

Al salir en

libertad,

poco antes de

partir

al exilio, nos

despedimos

con

Margot

enuna

esquina

delcentrode

Santiago.

Años más tarde la buscaba sin saber para

qué,

rastreando la

misma ciudad.Atientasencuentrolacasade

Georgina,

su

mejor

amiga,

ymeentero,comoresistiendoun

reproche,

de lamuerte

de

Margot.

Había sucedidohacía ya bastante

tiempo.

Deuna

manera

absurda,

como se muere la ciudad todos los días. Yo estaba afuera

(A

veceselexiliosesienteal

volver).

Irremediable

mentehabía

quedado

un asunto

pendiente.

Margot

era

pálida,

silenciosa.Pálida y silenciosa.

(37)

Allanamiento

y

secuestro

Losladridos de Pascual y lainsistencia del timbre hicieron queme asomara alaventana.Había dos vehícu los militares frentealacasay varios soldados

apuntando

sus armas endiversas direcciones. Otros intentaban abrir la

reja

y

alejar

al perro.

Bajé

aabrirconcierta

resignación,

comosilos hubiese estado

esperando.

Enla

puerta

nacíala escala que llevaba al

departa

mentoque

ocupábamos

enel

segundo piso.

Abrí yen ese instante

pasé

demicámara lenta al

vértigo.

Violentamente

unpar de soldadosmelanzócontrala

pared

pararevisar

me,mientrasungrupo entraba

aparatosamente

abuscar

otrosmoradores.

Luego

mesubieronen

vilo,

con

golpes

y

groserías,

paraque les

dijera

"dóndeestaban lasarmas".

Eraunremolino. Lossoldadosrevisarontodo. Entre

laropa,entrelos

discos,

enelentretecho.

Bajo

los

cojines,

bajo

lascamas.No

quedó

colchónen su

lugar.

Nihornoni

cajones

niollas sin abrir. Ni diariosni

platos

niafiches sin mover.Hastalas

mariposas

de

papel

lustrevolaron de las

paredes

blancas. Todo fue

registrado.

Elescritoriodemi

pri

mo.El

sillón,

el

baño,

los dormitorios. Las sábanas y frazadas

quedaron

porel suelo. Toda intimidad fue

profanada.

Uno de los oficialesmearrastróaundormitoriopara acribillarmea

preguntas

yamenazas.Ellibreto

inquisidor

-"marxista...

upeliento...

extremista"- sehilaba grosera

mente.Los militareserandepocas

palabras,

pero las pocas

que usaban las

repetían

demasiado.

Querían

saber dearmas,siconocía

cubanos,

de mis

actividades

posteriores

al

golpe,

delrestode los habitantes de lacasa.Les

dije

que mis

primos

sehabían ido del

país,

queera inútil buscarlosenotrascasas.Las

preguntas

se

respondían

solaso

simplemente

notenían

respuesta.

Me

(38)

botaronaculatazos ymepararona

patadas

pornodarles

armasnicubanosni

cómplices

demiextremismo.Mepu

sieronelcañóndel fusil dentro de la

boca,

hasta quetuve

arcadas. Me

obligaron

a marcar unteléfono queporsuerte

no

respondió.

Esallamada

tampoco

teníasentido. Estaban descontrolados.

Frustrados,

talvez,por

capturar

solamen

tea unlolo asustado.

Lo que másnos

inculpaba

erala biblioteca. El Marxis

mo, ensayo antimarxista, fue motivo de zamarreo;y La revolución de las

células,

textode

biología,

fueuntítulosospe choso. Peronosabía dónde estaban lasarmasque buscaban

nilaspersonas que

perseguían.

Ymi

ignorancia

afortuna

damente era real. Enel

interrogatorio

absurdo

quisieron

pruebas

deque ahívivíaunaguagua.Noles bastólacuna:

según dijeron,

erapara

transportar

armas.Al mostrarlesun

juguete,

el oficial lo

rompió

creyendo

quemeburlaba de él. "Herodes"

preguntó

porel

pediatra.

ElDr.Antonio

Cavalla,

médico de

pobres

y de

niños,

yaestabaenla ckndestinidad.

AfortunadamentenoinsistieronenelTuco. Poniéndomeen las botas de la

represión,

el doctor

podía

resultar más

"peli

groso"

einteresantequeotrosmilitantes.

Después

deuna

larga

revisiónde todos los rinco

nes, me mostraron unos

papeles

que

-según

ellos-me vinculabanconel GAP9. Habíaun

desgraciado

equívoco

y

ninguna

posibilidad

de daruna

explicación

serena.Tam

bién saltómicarnetde

partido.

Eldiccionario había sido

unmal escondite.Meavisaron que debía irmecon

ellos,

que tenía mucho que contarles todavía-" taidemasiao metió,

cabrito,

asíque vaiavenirteconnosotros".

Comenzaronasacarmede lacasa.Enelcamino

pedí

recoger mi carnetde identidad y los medicamentos que estaba tomandoen esosdías. Consarcasmoquelimitaba

con la filosofía

involuntaria,

el oficialmeaclaró que no

Misprimos militaban enelpartidoMapu ObreroCampesi no,cuya organizaciónde basese llamaba GAP

(Grupo

de Acción Política). A laescolta del PresidenteAllende tam

biénse le conocía como GAP (Grupode Amigos Persona

les). Basadoenestaacusación-"cómpliceenactividades del GAP"- el exjefede la DINAManuel Contreras Sepúlveda

incluyóminombre,junto al de cientos deprisioneros del Estadio, ensulibro que tituló La verdad histórica: el ejército

guerrillero (Ediciones Encina Ltda., año2000).

(39)

necesitaríacédulanimedicaciones: "te tenimoh

identi-ficao ...y donde vai a parar, cauro

hueón,

no vai a

necesitarremedios". Yme

empujó

hacia la escala para

que saliera demi

hogar

conlasmanosarriba.

Después

meenteréde loscargospor los cualesmellevaron:com

plicidad

en actividades del GAP, militante de la

UP,

extremista

peligroso

para el barrio y por transitar sin documentaciónenlavía

pública.

Mesubierona unode los

vehículos,

antela

expecta

ciónde

aquel

barrio embanderado al queno

regresaría.

La

casa

quedó

sola. La última persona quevisalir de ella fue

a unsoldado sacando el botínenunafrazada.

Apurado,

comounladrón

huyendo

conelsacoal hombro.

Años

después

mihermana Elenamecuentaloim

presionante

quefueencontrarlacasa

abierta,

saqueada

yconmanchas de sangre.

Creyó

queeramisangre. Pero no.Esas manchaseranlarazónporla cualno escuché losladridosde Pascual al salir demicasa.Nuestramas

cotafuecallada para

siempre

por la

patrulla.

Qué

decir. Almenoselperroles

gruñó.

Yo,

enel

recuerdo,

me veo

enmudecido.

(40)

Ingreso

a

la Escuela Militar

Losdos vehículos

llegaron

ala Escuela Militar.En

unoiba yo,conmáscustodia de la que mereda.Enelotro,

libros,

discos y

papeles

que delataban el mundo del cual

mehabían secuestrado. Tambiénotras

especies

queincre

mentaban el botín de guerra y abultaban la frazada convertidaen saco.

Me

entregaron

aunoficial que,

decepcionado

dever casipuros

libros,

me

presionó

de inmediatoconunapre

gunta

conocida: dónde están lasarmas, dónde están las

armas,dónde están lasarmas(Una

pregunta

que estabaen el aireparavíctimas yvictimarios).Nolo sabía. Y

agrade

cíanosaberlo.

Paradójicamente,

enestaEscuela lo

mejor

era nosaber las

respuestas.

Pensandoen

amigas,

compa

ñeros y

parientes,

deseaba con el alma que solo me

preguntaran

sobre cuestiones que no

supiera.

Y quemi

ignorancia

fueraconvincente.

-"¿Sabüi

rezar?". Fue la

pregunta

burlesca y el ges

toconqueel oficialme

ponía

nuevamenteen manosde los soldados:

"Mejor

que

sepái -agregó

unocasi

infidente-porque alos extremistascomovoh lostenimohquefusi lar!" Me tomaronde los brazos y me

llevaron,

casi a la rastra,haciaunodelos

patios.

Realmente creí quemefusilarían.

¿Por

qué

no,si yo notenía lo que buscaban? Nada les

impedía hacerlo.

Me costabasostenermeen

pie.

"¿Sabíh

o nosabíhrezar?

¡Reza,

mierda!

¡Ahora

sontooscristianoslos hueones!

¡Marxis-tasculiaos!". Recordé el Padrenuestroy,apesar de la burla del

oficial,

sentídeuna maneraharto

ingenua

quemires

puesta

sobre losrezosaclarabaen

parte

misituación.Pero nobastaba.Les

repetí

desesperadamente

quenotenía que

ver conelGAP,quenoteníaarmas,queen esa

seguidilla

de

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