Agricultura y desarrollo:
Análisis histórico
ALEJANDRO CHECCHI
I. INTRODUCCIÓN
Recientemente, ante fenómenos de integración en Europa occidental, la teoría económica ha planteado el problema de las relaciones comer-ciales antes y después de la unión aduanera, y entre miembros de la misma y terceros países. Los fenómenos de creación de comercio y de desviación de comercio han atraído fundamentalmente la atención de los expertos, y la contrastación empírica se ha ceñido a esos problemas. Balassa y Traman (1), entre otros, han señalado la importancia de estos efectos en la estructura del comercio internacional. Por otro lado, las corrientes modernas de la teoría del comercio internacional tienden a señalar, a partir de la aportación de S. Linder (2), que no es posible explicar conjuntamente el comportamiento del comercio internacional de productos no homogéneos como los productos transformados y los productos de base o primarios. Asimismo, en otra línea de pensamiento, la doctrina ha señalado cómo, en un país con un factor relativamente más abundante, la aplicación de una tarifa proteccionista tiende a per-judicar el factor abundante en beneficio del factor escaso (3); los argu-mentos teóricos eran que la protección aumentaba el precio relativo interno del producto importable: el aumento del precio relativo de un producto aumenta la renta real del factor utilizado intensivamente en su producción y el producto importado es intensivo en la utiliza-ción del factor escaso del país. Teniendo en cuenta este planteamiento tan general, es grande la tentación de preguntar la relación entre la (1) B. BALASSA: La creación y derivación del comercio en el Mercado Común Europeo, traducido por ICE, número 443; E. M. TRUMAN : The European Economic Community, trade creation and trade diversión, Yale Economic Essays, 1968.
(2) An Essay on trade transformation, New York, 1961.
(3) Se trata del teorema Stolper-Samuelson, relacionado con los aspectos es-tructurales del modelo H-O, y discutido por Metzier en función de las elasticidades de demanda para importaciones y la propensión marginal interna a demandar pro-ductos exportables.
JUAN ALVARÉZ CÓRUGEDÓ
Unión aduanera y la distribución de la renta de los países que forman la unión. No solamente en función del efecto creador de comercio versus, el efecto distorsionado^ sino teniendo en cuenta la asignación interna de factores preexistentes a la unión misma. Está claro que la unión condicionará la distribución de la renta interna de cada país, en función del nivel de la nueva tarifa exterior común y en función del tipo de productos exportados, y las relaciones comerciales preexistentes entre los miembros de la unión y terceros países.
En este orden de cosas, se pueden plantear dos cuestiones relacio-nadas con las aportaciones doctrinales de la integración económica y del comercio internacional. Primeramente, es interesante saber si las rela-ciones entre los sectores y la economía general son determinantes de la conducta del comercio exterior de un país o más bien pueden ser el resultado de una política comercial concreta, y, en segundo lugar, si en una economía integrada las relaciones entre los sectores y el resto de la economía cumplen una función específica por un largo tiempo, o alteran esta función a medida que la integración se cumple.
De una manera más específica, se pueden contrastar las teorías sobre el desarrollo de la agricultura en relación con la economía en general, a través de modelos económicos contrastados o bien basándose en aná-lisis históricos.
La teoría está de acuerdo, en líneas generales, en aceptar que el sec-tor agrario debe cumplir con un conjunto de funciones relevantes (4):
1) proporcionar un excedente de alimentos comercializables; 2) crear mercados rurales para los productos industriales;
3) proveer un excedente de mano de obra para el sector urbano en expansión;
4) suministrar fondos (y, en algunos casos, empresarios) para el cre-cimiento industrial;
5) -proporcionar ganancias con la exportación.
Otros sectores de la teoría económica se dedican a señalar algunos aspectos de la agricultura de subsistencia y de la agricultura desarrollada, y a resaltar su obvia discordancia, medible a través del grado de moneta-rización de la economía. Sin embargo, el paso de un tipo de agricultura
al otro ha sido poco debatido (por lo menos con carácter general), aun cuando se puede establecer que este cambio es función de que "el estado de las artes permanezca estacionario, las preferencias y los motivos para retener fuentes de renta no varíen y ambas de estas condiciones perma-nezcan constantes el tiempo suficiente para que las preferencias y moti-vos marginales para adquirir factores que sean fuentes de ingreso lleguen al equilibrio" (5).
El análisis del sector en la dinámica general de un país en desarrollo se suele plantear, pues, en términos de relaciones con el resto de la nomía, porque si bien es cierto que "en los procesos de crecimiento eco-nómico la agricultura tiende a rezagarse, a ser un factor limitativo, en cierto modo el desarrollo agrícola parece haber sido con frecuencia una adopción secundaria o derivada de los sectores urbanos. En el curso nor-mal de los acontecimientos, las innovaciones no ocurren en el medio agrí-cola: el impulso parece tener que proceder siempre de fuera, ya se trate de la presión ejercida por la demanda exterior, de la apertura de nuevas redes de transporte, de la aparición de nuevos bienes de consumo que tientan al campesino, o del éxodo de la mano de obra agrícola hacia la ciudad" (6).
¿Residualidad de las variables agrarias?, ¿dependencia de la sociedad rural respecto de la urbana? No es exactamente eso, aunque en ocasiones se haya planteado así. El criterio que parece desprenderse del plantea-miento anterior es que, para que exista un travase de factores inductores (tecnología, empresarios), es necesario que se den particulares cambios institucionales. En este aspecto, la teoría parece coincidir con el análisis histórico, en el sentido de que, "a pesar de sus múltiples defectos, la eman-cipación del campesino constituyó un prerrequisito absolutamente nece-sario para que se realizara la industrialización" (7). De ello se desprende que la reforma de la estructura agraria es una condición previa esencial para que aumente la productividad de la mano de obra agrícola y se incremente la producción comercial, sin la cual no es posible el despegue hacia un crecimiento sostenido total (8).
(5) T. W. SCHULTZ: Modernización de la agricultura, Aguilar, 1964. (6) M. BOSERUP, ap. cit., págs. 229-230.
ALEJANDRO CHECCHI
II. "RISORGIMENTO" Y "MEZZOGIORNO"
El siglo XVIII en Italia es un siglo de formación de clases dirigentes. En esta centuria se forman los grupos económicos y sociales que durante el siglo xix intentarán y lograrán la unidad política italiana. El "mezzo-giorno", realidad destinada a jugar un papel importante en el desarrollo dual del país, representado hasta la unidad política por el Reino de Ná-poles, sufrió en el proceso de unificación los efectos de un fenómeno de integración económica (9).
Las reacciones en cadena que provocó esta integración en el Sur, han justificado una larga polémica en torno a la naturaleza política del "ri-sorgimento". Algunos autores, que lo han definido como una "revolución agraria fallida", acentuaron los efectos negativos de la integración; para ellos, el movimiento unitario era únicamente la toma de poder por parte de una minoría dinámica, política y económica, la única existente en aquellos momentos en que los equilibrios políticos internacionales per-mitían la unificación: la casa real de Saboya, y, en general, una minoría de agricultores progresistas y pequeños industriales y burgueses comer-ciantes. En ausencia de otras minorías dirigentes puramente napolitanas que quisieran defender los intereses campesinos y pequeños burgueses del Sur, la formación del nuevo Estado no tendría en cuenta los elementos diferenciales de] "mezzogiorno"; a partir de entonces, en un período de cuarenta años, la economía dual italiana se asentaría en un modelo de desarrollo cuyo problema fundamental será la existencia de economías atrasadas, polarizadas espacialmente en lo que había sido el Reino de Ñapóles (10).
Para otros autores, el proceso de integración política y económica es, tal y como se llevó a cabo, "históricamente necesario", y se desarrollará de la única forma posible, en cuanto que precisamente la coincidencia entre clase dirigente y empresa precapitalista suficientemente desarrollada
implicó la posibilidad de la integración como un proceso de absorción (11). Las discusiones ideológicas que se han desarrollado a este nivel y la historia política del período de integración no van a ser objeto de nues-tro análisis, pero es necesario tenerlos en cuenta como un marco general en el que interpretar el fenómeno del desarrollo dual italiano en los pri-meros cincuenta años de vida unitaria italiana. Este proceso pudo haber dado lugar a un fenómeno de integración económica pura, de creación de comercio y de economías de escala en las áreas integradas, o por lo menos en alguna de ellas. Desde este punto de vista, el problema que nos planteamos es el siguiente: un país políticamente inmaduro (sin una clase intelectual que aceptase su dirección), con estructuras económicas aún sin desarrollar, fundamentalmente basadas en la vida rural y, por tanto, con un elevado grado de autoconsumo en el campo y con una gran reserva de mano de obra, ¿cómo fue afectado por el proceso de inte-gración?
La existencia de economías de escala en los procesos de integración económica, tal y como propone la moderna doctrina económica, parece que se han contrastado en la actualidad (12). También se ha intentado demostrar, con cierto éxito, que la distorsión del comercio de terceros países existe cuando se acelera la integración de áreas económicas ve-cinas (13).
Si esto es así, y nosotros nos proponemos estudiar el fenómeno del movimiento unitario en Italia, desde el punto de vista de la integración, ¿cuáles son los límites del problema planteado? Primeramente la falta de ciertos datos importantes para el período que hemos de estudiar (o la difícil obtención de éstos, como las cifras de Deuda pública italiana, o los volúmenes de inversión en capital fijo social por grandes zonas de la península); por ello, las relaciones lógicas que se han intentado estable-cer pueden pareestable-cer heterogéneas, por la diferente .naturaleza de las es-tadísticas que se han utilizado. En segundo lugar, las limitaciones propias de la doctrina económica. En cuanto a integración económica, no creemos que se dieran en el "mezzogiorno" fenómenos parecidos a economías de escala, puesto que las inversiones no se desplazaron desde áreas más
de-(11) Cfr. R. ROMEO: Risorgimento e Capitalismo, Bari, 1959.
(12) T. SCITOVSKY: Teoría económica e integración de la Europa Occidental, 1964, entre otros, y G. BREMAUD: Le commerce exterieur des six pays de la C.E.E, P. U. F., 1969.
(13) E. M. TRUMAN, op. cit.,; R. LIPSEY: The Theory of customs unions: A general survey, en "Econ. Journal", 1960, reproducido por Penguin Modern Eco-nomics, en "International Trade", 1969.
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sarrolladas hacia el Sur, y, por lo que se refiere al efecto de creación de comercio, sin duda éste se produjo, pero fue quizás tardíamente, pues hasta 1878 el Sur mantuvo en gran parte las corriente tradicionales de exportación de sus productos (14). En cuanto a las teorías comúnmente englobadas en la teoría del desarrollo, es posible establecer un paralelo entre la economía italiana del período y los modelos de desarrollo dual, siendo el sector atrasado el agrícola del Sur y el sector "moderno" el sistema agrario industrial del Norte. El primero cumpliendo su función de reserva de factor trabajo (15) y dirigiendo este "excedente" hacia la emigración, hasta que el grado de desarrollo del país en general (espe-cialmente el Norte) no empezara a demandar un tipo de relación capital-trabajo diferente y una cantidad mayor de este factor.
III. LIMITACIONES DEL MODELO
Hemos esbozado en el apartado I un tipo de modelo en el que la agricultura cumple unas funciones específicas, hemos justificado su con-sideración en un contexto histórico concreto en el apartado II. Es opor-tuno, pues, brevemente, hacer explícitas las limitaciones en las que se incurre al aplicar este modelo a ese contexto histórico1, pues las
conclu-siones del análisis subsiguiente estarán condicionadas por el planteamien-to inicial.
En primer lugar, los modelos obtenidos a través del análisis histórico no son generalizabas. El modelo es una construcción mental que per-sigue la búsqueda de uniformidades en los acontecimientos históricos. El análisis histórico se basa entonces en la contrastación de estas construc-ciones mentales y su derivaconstruc-ciones (16).
Al utilizar modelos históricos no podemos olvidar que, aparte de esta limitación primera, existe la limitación terminológica. La discusión entre los defensores de una visión dialéctica entre desarrollo económico y eman-cipación del campesinado (E. Serení, Villari, sobre la tesis de A. Grams-ci) y los que interpretan el desarrollo económico durante el "risorgi-(14) No hay que olvidar que la fase de despegue en Italia se encuentra bastante más tarde que el período de integración propiamente dicho. Se puede determinar esta fase en la primera década de nuestra centuria, ver, a este respecto, R. TRE-MELLONI: Gli ultimi cent'anni dell'Industria Italiana, 1961, y S. B. CLOUGH: The
Eco-nomic History of Modern Italy, New York, 1964.
(15) Cfr. A. LEWIS: Economic Development with unlimited supplies of labour. Traducido por Tecnos, en "Teoría del Subdesarrollo", Agarwala y Síngh.
(16) A. GERSHENKRON, op. cit., págs. 51-53.
mentó" (A. Romeo) se ha planteado a base de utilizar los mismos tér-minos con conceptos diferentes (17). Esta limitación es importante, por-que, al hablar de prerrequisitos de desarrollo, utilizaremos, en el sentido adoptado por Gershenkron, de que "en países en desarrollo" una gran parte de la "preparación" tiende a coincidir con la fase de auge industrial, e incluso uno se siente verdaderamente tentado a decir que esta marcha de períodos ha sido la verdadera precondición de la industrialización rá-pida (18).
Finalmente, no se ha podido disponer del interesante estudio sobre la renta nacional italiana (19), aunque se hayan obtenido ciertos datos indi-rectamente (20).
IV. "MEZZOGIORNO" E INTEGRACIÓN
El siglo xix aparece como una centuria de uniones económicas. La Zollverein, después de 1834; la unión aduanera austro-húngara, a par-tir de 1848; los intentos de unificación arancelaria en Suiza, en 1822, y la creación de una unión aduanera cantonal suiza, en 1848.
La integración política italiana tiene, evidentemente, un carácter de unión aduanera, en el sentido de que la unificación política de la penín-sula implica sobre todo la eliminación de las barreras interregionales y la adopción en todas las zonas económicas del mismo arancel exterior, así como de una misma moneda.
Los efectos de esta unificación, tal y como se llevó a efecto, fueron la aceleración del proceso de diferenciación regional que hemos mencio-nado anteriormente.
A principios del siglo xix, la península se componía de una pléyade de Estados cuyas barreras aduaneras dificultaban el comercio interior, hasta el punto que se encontraban algunos de ellos mejor conectados con otros países extranjeros que con la península. En este concierto de Esta-dos-región, el dominio austríaco era notable, tanto directamente (Lom-bardía y Véneto) como indirectamente (ducado de Parma y ducado de Piacenza y Módena).
(17) Según A. GERSHENKRON, op. cit., págs. 89-139. (18) A. GERSHENKRON, op. cit., pág. 130.
(19) Indagine Statistica nello sviluppo del reddito nazionale in Italia del 1831 al 1956. Annali di Statistica, IX (Roma).
(20) Especialmente en CARACIOLO: La formazione dell'ltalia Industríale, La-terza, 1963.
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El ejemplo del Zollverein hizo nacer en la opinión pública italiana el deseo de iniciar un movimiento parecido. En 1843 aparecen publicadas las primeras ideas referentes a una unión aduanera. El autor, el conde Serristdri, publica una serie de artículos en defensa de la supresión de aduanas entre los diferentes Estados italianos, la especializaclón agraria de todos los Estados y la ampliación de mercados para los diversos tipos de manufacturas. Sin embargo, no habla de protección; propone una unión aduanera primero entre los Estados del Norte, Parma y Lombardía, com-pletada más tarde con Módena, Lucca, Toscana y Sardegna.
Entre los primeros intentos de realizaciones librecambistas hay el de Turín de 1847, en el que se intentó unir el Estado "Sardo" (Piamonte y Sardogna), Toscana y los Estados Pontificios, con previsión para ampliar la unión a Módena y al reino de las dos Sicilias, pero el intento fracasó por las presiones austríacas y por el resultado de la guerra de 1848.
Por lo que se refiere a la política comercial de las regiones dominadas por Austria, mantenían barreras arancelarias suficientemente elevadas como para estar comercialmente separadas del resto de la península, especial-mente después de su unión comercial con los demás países del Imperio austro-húngaro en 1848.
Un intento austríaco de añadir a su unión aduanera los ducados de Parma y Módena fracasó, a pesar de las circunstancias, pues las tarifas eran excesivamente elevadas y la unión económica suponía una ruptura comercial con otros Estados no dominados por Austria.
La política librecambista que caracteriza al Piamonte en su fase de unificación italiana no se inicia hasta mediados de siglo, época en que los temas económicos empiezan a atraer a las clases cultas del país. Entre 1851 y 1859 se promulgan una serie de normas arancelarias que liberan las importaciones de materias primas, las importaciones de ce-reales (acentuada en 1854, para combatir un alza de precios producidos por escasez en las cosechas) y la importación de productos manufac-turados. En 1859 se promulga una tarifa general ampliamente liberal, que en 1861 será extendida a toda la península. Las cifras de comercio exterior señaladas por Sombart demuestran el enorme impacto que estas medidas tuvieron en el país entre 1850 y 1858 (concretamente entre ambas fechas, para importaciones, las variaciones fueron 130-247 millo-nes, y para exportaciomillo-nes, 73-150 millones).
la unificación aduanera de la mayor parte del país (Venecia se incorpo-rará en 1866 y Roma en 1870).
Las características de la unificación son la supresión de barreras aduaneras intermedias y adopción de la tarifa del reino de Sardegna como tarifa arancelaria común, y la unificación de los sistemas fiscales y monetarios de otros Estados. Es curioso observar que las estadísticas de emigración marcan una acentuación del fenómeno señalado entre 1905 y 1915, precisamente en el momento de la aceleración, pero que el por-centaje de campesinos (fundamentalmente del Centro y del Sur) dismi-nuye precisamente en esta época, con lo que parece indicar que el fe-nómeno de la integración presionó en un primer momento sobre las clases del "mezzogiorno", mientras que distribuyó la presión con más amplitud más tarde (21).
Queda claro, pues, que nuestro problema es el de aclarar si el "mezzo-giorno" responde a un "modelo" de desarrollo impuesto por la propia in-tegración política y económica o si, contrariamente, es debido a una polí-tica económica concreta, llevada a cabo en nombre de intereses nacio-nales sin tener en cuenta los distintos grados de desarrollo entre los paí-ses que formaron el nuevo Estado en 1861 (22). Para ello trataremos de ver la situación del sector primario en la Italia de la unidad política a tra-vés de los economistas napolitanos del siglo xvni.
Para hacernos una idea de la situación de los economistas napolitanos es necesario notar que la época de las grandes crisis no había llegado aún, estos autores siguen hablando en términos de bienestar general, abundan-cia de alimentos, abundanabundan-cia de habitantes, planteándose, como alguien ha afirmado, un "modelo" de desarrollo "balanceado" para su sistema econó-mico, del tipo propuesto por R. Nurske. Un modelo, pues, en el que, según Genovesi, el sector exterior tenía muy poca importancia (23). Ahora bien,
(21) Ver más adelante apartado VII: "Población".
(22) Queda claro, pues, que no pretendemos movernos en el plano de la po-lémica, sino que creemos, con B. Croce, que "é chiaro che in un uione si hanno sempre vantaggi e perdite reciproche e che nondimeno il guadagne totale dev'esse-re assai superiodev'esse-re alie perdite particolari, se l'unione si é formata e se, invece di dissolversi e di allentarse dura e si rinsalada", y que, por lo tanto, solamente nos moveremos en el plano de si la unión fue históricamente necesaria. El "mezzogiorno" y su atraso pudieron bien ser la contradicción principal del movimiento unitario, haciendo más difícil la formación de un sistema económico maduro, pues al ser un movimiento sin "revolución agraria", le habría faltado el efecto de mercado1 que hubiera consolidado la integración.
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la dicotomía fundamental existente entre este modelo de desarrollo y el otro modelo de "desarrollo desequilibrado" (24) es la interrelación tem-poral entre Economías de Escala y Economías Externas. En las primeras se suele valorar más el fenómeno de la selección de inversiones, la con-centración de los capitales disponibles en sectores "inductores" de la eco-nomía, mientras que con el efecto "Economías Externas" se tiende a va-lorar más fenómenos como la existencia de ventajas para las industrias originadas en la existencia de industrias complementarias. Según Nurske, existiría además otra ventaja por el lado de la demanda, en el fenómeno de la creación recíproca de mercado dentro de la misma nación, a base de la diversificación de producciones en función de la estructura de elas-ticidades internas de las demandas respecto de la renta, y este último fenómeno nos lleva nuevamente al fondo de nuestro problema. En efecto, si es cierto, y así parece leyendo a Genovesi o Galiani (25), que el "mezzo-giorno" de finales del siglo xvni podía optar por un desarrollo de tipo "balanceado" y, por tanto, se podían crear una serie de efectos de merca-dos. ¿Cómo es que, medio siglo más tarde, todo el proceso de formación del estado unitario se fundamenta en la concentración de la capacidad de mercado en una zona concreta de la península (Piamonte y Lombardía, fundamentalmente), mientras que la industria ya estancada y la agricul-tura del Sur dan comienzo a una evolución negativa? Los fondos de in-versión (rentas diferenciales, beneficios de contratas públicas, en su ma-yor parte) se dirigieron hacia el Norte a financiar empresas, deuda públi-ca y/o infraestructuras de comunipúbli-cación (aunque estas últimas en un pe-ríodo más tardío). El paso de la agricultura que describen Genovesi y Galiani a la agricultura que protagoniza la unidad en el marco del "mez-zogiorno" solamente puede ser explicado por variables institucionales. Creemos que la variable a través de la que esta forma de integración in-cide en la estructura agraria del Sur es la política comercial, por ello, en
(24) A. O. HIRSCHMAN: The strategy of economic developpment, New Haven, 1958.
el apartado siguiente, nos detendremos en la política comercial italiana durante el período de integración.
Desde el punto de vista estrictamente comercial, antes y después de la unión italiana de 1861, el comercio debía tener formas de comporta-miento distintas. Sin embargo, no nos es posible probarlo, pues sola-mente tenemos promedios para un grupo de años muy reducido.
En el cuadro número 1 se explícita la composición estadística reali-zada por Tagliacarne (26) para el período 1854-58. A pesar de ello, si comparamos estas cifras de comercio exterior total con las del período posterior a la unidad, es lícito aceptar la idea de que la unidad pudo tener un efecto desviador del comercio para algunos italianos (Lombar-día y el ex reino de Ñapóles), pero no se ha dado en las cifras que pre-sentamos en el cuadro número 2. Si tenemos en cuenta que en las cifras del cuadro número 1 están incluidas las importaciones "intra comuni-tarias", la diferencia entre antes y después de la unidad parece indicar que el efecto desviación de comercio fue pequeño en el contexto general de la península, siendo más importante la interrelación con el resto del mundo.
En el cuadro 3 se relaciona el volumen de comercio con la renta na-cional.
CUADRO NÚM. 1
COMERCIO EXTERIOR DE LOS ESTADOS ITALIANOS ANTES DE LA UNIDAD
(Millones de liras, corrientes) (•)
E S T A D O S Import. Export. Total Antiguas provincias (promedio, 1854-58). 260,8 175)9 436>7 Lombardía (1858) 86,0 126,5 212,5 Parma (promedio, 1854-58) 18,0 14,5 32,5 Romagna, Merche, Umbría (promedio,
1851-55) 25,7 i8;6 44,3 Tascaría (promedio, 1854-58) 33,3 44,7 78,0 Provincias napolitanas (promedio,
1854-1858) 79>2 44,5 123,7 Sicilia (promedio, 1854-58) 78,3 86,1 164,4
Total (promedio anual) 607,5 57°,o r-i77>5
(*) Incluyen importaciones y exportaciones interestatales.
Fuente: G. Tagliacarne: "La Bilancia Internazionale dei pagamenti dell'Italia nel primo centennio dell'unitá".
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CUADRO NÚM. 2
COMERCIO EXTERIOR DESPUÉS DE LA UNIDAD
(Millones de liras, corrientes)
A ñ o s
1861-1870 1871-1880 1881-1890 1891-1900 1901-1910 1911-1920 Importación 898 1.186 1.348 1.277 2.381 10.023 Exportación 650 1.071 1.030 1.098 1.705 3.904 Total 1.548 2.257 2.378 2-375 4.085 13.927
CUADRO NÚM. 3
COMERCIO EXTERIOR, RENTA NACIONAL, POBLACIÓN (Liras de 1938) (*)
Datos por 1.000 de renta nacional A ñ o s
1861-1870 1871-1880 1881-1890 1891-1900 1901-1910 1911-1920 Importación 114 1 1 8
135 118 164 252 Exportación 82 i°7 103 1 0 2 119 I I O
(*) Fuente: Tagliearne, op. cit.
En él se ve que hasta 1880 (la década proteccionista) la relación de las exportaciones con la renta nacional es creciente y las importaciones también.
V. UNIDAD Y POLÍTICA COMERCIAL
A) Política Comercial en el siglo XIX.
En la Italia unificada se pueden establecer dos etapas, en cuanto a política comercial se refiere: una etapa librecambista, en el período 1861-1878, y una segunda etapa proteccionista, en el período' 1878-1900.
En la primera se dan los procesos mencionados de supresión de ba-rreras internas y formación de un territorio aduanero común, con adop-ción de tarifa aduanera exterior común. Este proceso tuvo consecuencias favorables para el Piamonte, que en este período asiste a un gran de-sarrollo de su agricultura, así como del comercio exterior, fomentado por la firma del contrato con Francia en 1863, convenido sobre bases muy amplias: durante mucho tiempo la política aduanera se regirá por principios únicamente recaudatorios. La tendencia proteccionista que se desarrolla en Europa hacia el último tercio del siglo xix llega a Italia, en donde se realiza una encuesta sobre cuestiones de política comercial, elaborada por el Ministerio de Hacienda en 1870 y publicada en 1874. En ella no se halla ningún síntoma de mentalidad proteccionista explí-cito, pero ya se aconseja la utilización del arancel para fomentar la pro-ducción nacional industrial. En 1878 se vota una nueva tarifa, que tiende a reforzar los ingresos fiscales y a revisar los derechos, con el fin de que no sean contraproducentes para la producción interior. Los derechos aduaneros no sufren, en efecto, una elevación sustancial; el más elevado, que es el de productos textiles, sufre una modificación del 30 por 100 "ad valórem". En 1875 se denuncia el tratado con Francia (en coinci-dencia con la crisis de Túnez), en donde se pone en vigencia una tarifa general elevada, y finalmente, en 1888, se inicia una verdadera guerra tarifaria, cuya verdadera raíz parece ser la reacción de los agricultores franceses con la exportaciones agrícolas italianas. Termina así la esca-lada a la protección de la "industria creciente". Pero sería injusto valorar esta tendencia sin colocar un marco más amplio que el puramente ita-liano. Pues la década de los 1880 es un período crítico para toda Europa en general.
Hacia 1880, a causa de la llegada masiva de cereales americanos a Europa, las políticas comerciales de diferentes países europeos reaccio-nan, cambiando de distintas maneras.
ALEJANDRO CHECCtít
en Gran Bretaña, se contraponen a la postura constructiva de Dinamar-ca, que supo utilizar los cereales a bajo precio para transformarlos en productos ganaderos. Toda la evolución de las políticas estatales sigue una pauta que data de la crisis agraria de 1880. El caso italiano parece ser un buen ejemplo de esto, pues la solución comercial adoptada du-rante esta crisis condicionó el desarrollo regional posterior. El arancel proteccionista mencionado anteriormente fue una de las soluciones to-madas en el concierto europeo; por lo que se refiere a Italia, no hay duda que ayudó a mantener el "statu quo" social imperante en el Sur. Es posible que una solución librecambista hubiese aumentado aquella capacidad de mercado que los industriales del Norte pretendían man-tener a toda costa. Las tradiciones librecambistas europeas arrancan de Inglaterra, en 1846 (abolición de las "corn-laws"), y de Francia, en 1860, con su tratado comercial franco-británico. (Para conectar estos hechos con el tema general, recordemos que, en 1859, Napoleón III inicia su campaña contra Austria, cuyo resultado ampliará el Reino de Sardegna con la Lombardía; el gobierno de Piamonte es la "Destra", con Depre-tis; en Inglaterra gobierna Pelmerston.) En esta época se acelera el in-tercambio entre los países europeos. Todos los productos agrícolas son rebajados de derechos aduaneros, especialmente los cereales.
El Reino Unido importa productos alimenticios, y asimismo Fran-cia, especialmente trigo. Dinamarca es exportadora de cereales, y los productos ganaderos no son aún parte importante en sus exportaciones. El principal exportador de cereales es Rusia.
El desarrollo de las compañías de ferrocarriles en Estados Unidos y en Rusia, así como de los transportes marítimos, facilita la invasión ce-realista en Europa (el coste de transporte del trigo americano disminuyó en un 50 por 100). Ya en 1879 se empiezan a notar los efectos de la crisis, los precios de los cereales caen y la escasez de cosechas ya no puede ser compensada por un alza de precios.
Las medidas adoptadas.
Francia: El principio de la crisis, en el año 1879, facilita la unión de los intereses agrícolas en la Sociedad de Agricultores, órgano de base aristocrática que representa los intereses de los cerealistas franceses. Toda la legislación tarifaria se relaciona con Meline, ministro de Agri-cultura, cuya filosofía se centraba en "La vuelta a la tierra y la sobre-producción industrial".
En síntesis, los efectos de esta política fueron:
— disminución de rentas agrícolas entre 1881 y 1886;
— consecuencias estructurales, estaticismo de las estructuras agra-rias, mantenimiento de los problemas derivados del minifundio. El caso inglés ofrece una postura librecambista, con la circunstancia de que no parece haberse dado presión alguna para modificar la política comercial por parte de los agricultores.
Causas posibles:
— una pequeña proporción de población activa en agricultura; — ausencia de una organización aristócrata-terrateniente, como en
Francia o en Aleman'a (influencia del "Reform Act" de 1882); — influencia de la población industrial.
Las consecuencias de la postura librecambista inglesa fueron: — empobrecimiento de numerosos granjeros y propietarios,
especial-mente en tierras de trigo (el precio* del trigo disminuyó en un 50 por 100);
— brusco desplazamiento de obreros agrícolas a la ciudad; — deterioro de las técnicas de cultivo;
-— el sector ganadero fue afectado también, pero mucho menos, y pudo continuar desarrollándose.
En Dinamarca se adoptó también una postura librecambista, pero evi-tando una concepción extremista, y se transformó positivamente la es-tructura productiva del campo. En vez de exportar cereales, dejó de pro-ducirlos y empezó a importarlos a precios muy bajos, para utilizarlos como alimento para su ganadería. Desde entonces es característica de la eco-nomía danesa exportar productos ganaderos. M. Tracy piensa que las causas de este cambio de estructura se remontan al siglo xm (27), cuando un gobierno reformador tomó disposiciones anulando la estructura feudal-de la agricultura y favoreciendo las explotaciones individuales con dimen-siones más racionales, introdujo además mejoras sustanciales en la edu-cación primaria, que facilitó años después el desarrollo de un movimiento
(27) Agriculture in Wenstern Europe.
ALEJANDRO CHECCHI
cooperativo muy intenso. En efecto, las principales producciones (leche, bacón, huevos) se basaron en este tipo de unidad económica (la coope-rativa).
En Bélgica, recién nacida como nación (se hizo independiente en 1830), se adoptó la solución librecambista, pues la naturaleza industrial de su producción la hacía dependiente del comercio internacional. Pero en 1887 se produjo una reacción hacia el proteccionismo, dedicado especialmente a la protección de alimentos básicos. A pesar de todo el grado de pro-teccionismo aplicado, fue muy leve.
Suiza: Se realizaron pequeños actos proteccionistas entre 1884 y 1887, referentes a productos industriales, mientras que la protección a la agri-cultura se realiza más bien a través de subvenciones. El proteccionismo realmente no se da en Suiza hasta 1891. Al igual que Bélgica y Dinamar-ca, mantuvo un mercado libre de granos.
En Italia se establece el sistema proteccionista moderadamente a partir de 1878, porque el comercio exterior no podía sufrir recortes sin una fuerte pérdida de ingresos, y más fuertemente a partir de 1887.
En este período se polarizan los grupos de intereses diferentes. Por un lado, los industriales, sensibles a la competencia extranjera, y los produc-tores de trigo, asustados por la caída de precios internacionales; por otro, los productores de vino, aceite, fruta, hortalizas, que no tenían compe-tencia que temer, pero sí las posibles discriminaciones contras sus pro-ductos en el comercio exterior.
El establecimiento de la tarifa proteccionista de 1887 produjo un "corte" comercial en relación con Francia, y hasta 1899 no se normali-zaron las relaciones comerciales entre los dos países.
Entre los elementos que pudieron conducir a tan diferentes políticas durante la depresión de 1800-90, los factores culturales tienen gran rele-vancia. Las escuelas económicas nacidas a partir de Smith y Ricardo, y/o List, parecen haber introducido en Inglaterra y en Alemania elementos de racionalidad, que no aparecen en Francia e Italia. En estos dos últi-mos países los debates a un nivel doctrinal elevado escasean. En Francia es el de Meline, con su obra "Le Retour a la terre"; en Italia es A. de Viti de Marco y la propaganda librecambista realizada por "II Giornale degli Economisti" desde 1875, junto con la fundación del "Ecomonista" (periódico publicado por la sociedad A. Smith). Estos son los intentos que destacan en el plano doctrinal, pero fueron perdiendo fuerza a medida que se terminaba el siglo.
Es indudable que los obreros industriales deben haber tenido un peso considerable a la hora de elegir aquellas alternativas. El argumento clási-co de precios agríclási-colas bajos pudo haber clási-contrarrestado, en Inglaterra, la voluntad popular de proteger la agricultura, pero este mismo argumento no sirvió en el caso de Alemania o en Francia, por lo que más bien parece que lo que prevaleció en Inglaterra fueron los intereses derivados de su dominio marítimo y comercial, o ambos a la vez. La unión de los intereses agrícolas con los intereses industriales pudo realizarse en la medida en que los beneficios de esta unión fuesen superiores a los conflictos naturales entre estos dos sectores. Pero ello no fue posible en Italia, donde, loca-lizado el problema en una zona sin una clase dirigente moderna, faltó a la agricultura local la defensa entre una política que recortaba una de las fuentes tradicionales de comercio con el exterior y aumentaba el peso fiscal y las diferencias interregionales de renta.
B) Bal'anza comercié, italiana (1861-1900).
En el cuadro 3 se podía constatar que el comercio exterior del país entre 1861 y 1900 aumentaba, en función de la renta, de 11,4 a 11,8 por 100 en las importaciones, y de 8,2 a 10,7 por 100 en las exportaciones. Es relevante la descomposición en los dos períodos mencionados, la pri-mera etapa de la nuevo economía integrada que va de 1861 a 1878, du-rante la que las importaciones aumentaban en función de la renta de 11,4 a 11,8 por 100, debido posiblemente a la tarifa proteccionista de 1888 (el período ocupó de 1881 a 1900). En el cuadro número 4 se pueden observar las diferencias tan fuertes entre la evolución de las importacio-nes y la evolución de las exportacioimportacio-nes. Excepto el período II, que coin-cide con una década lenta en la producción agraria, por el resto de las tendencias coinciden con la fase 1881-1890, siendo en esta época los puntos más bajos de la función de variaciones del comercio exterior.
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CUADRO NÚM. 4 TASAS DE CRECIMIENTO
(Tanto por ciento)
Import. Export. Total
I. (1861-1870) 32,0 II. (1871-1880) * 16,2 III. (1881-1890) — 5,2 IV. (1891-1900) 864 V. (1901-1910) 320,9
64,7 - 3,8 6,6
55,2 128,9
45,8 5,3
— 0,1 72,0 240,9
Fuente: Tagliacarne, op. cit.
Observando más detenidamente en el cuadro número 5 las colum-nas 1 y 2, se pueden confirmar las tendencias observadas en el cuadro 4 (pasamos de tendencias decenales en promedio, a observaciones para cada año), de 1861 a 1878 (dieciocho años después de la unidad) las im-portaciones aumentan en 33,8 por 100 y las exim-portaciones en 85 por 100, mientras que de 1879 a 1896 (el período llamado proteccionista) las im-portaciones aumentan 12,2 por 100 y las exim-portaciones 16,5 por 100. Ob-servando las columnas 7 y 8, en las que se relaciona el comercio exterior (importaciones con exportaciones), notamos que en los períodos 1878-1881 y 1888-1891 se manifiesta la misma tendencia hacia la baja de los valores para las importaciones, y para las exportaciones, aunque en estas últimas la tendencia decreciente disminuye hasta 1892, seguramente como con-secuencia de la guerra de tarifas realizada durante el período anterior. La consecuencia fundamental de esta lucha con Francia fue la pérdida del mercado francés para los productos agrarios italianos. Una vez defi-nida la naturaleza comercial de los períodos en análisis, pasamos a ana-lizar brevemente algunas relaciones con el sector agrario.
CUADRO NÚM. 5
COMERCIO EXTERIOR (1861-1920)
Años
1861 4.073 2.371 — 1.702 58-2 185 103 112 65 1862 4.406 3.058 — 1.343 69,4 199 138 108 75 1863 5.009 3.515 — 1.494 70,2 224 157 128 90 1864 5.465 3.182 — 2.283 58,2 243 141 136 80 1865 5.465 3.143 — 2.297 57,8 240 139 128 74
1866 4.688 3.307 — 1.381 70'5 204 144 105 74 1867 4.745 3.930 — 815 82,8 185 153 112 93 1868 4.525 3.974 — 551 87,8 176 154 101 89 1869 5.070 4.289 — 781 84,6 195 165 100 92 1870 4.894 4.428 — 766 84,4 187 158 106 89
1871 5.096 5.701 + 605 111,9 188 211 109 122 1872 5.777 5.674 — 103 98,2 212 203 121 118 1873 5.809 5.210 — 599 89,7 212 190 112 101 1874 5-981 4.514 — 1.467 75,5 217 163 121 92
1875 6.289 5-325 — 964 84,7 226 192 129 109
1876 7.027 6.495 — 532 924 251 232 138 128 1877 5.414 4.428 — 986 81,8 192 157 108 88 1878 5.201 5.000 — 201 96-1 183 176 106 102 1879 6.530 5.501 — 939 85,6 299 196 127 109 1880 6.159 5.728 — 431 93,0 214 199 112 104
1881 6.879 4463 — 416 94;O 238 223 131 123 1882 6.632 6.227 — 405 93,9 228 214 120 112 1883 7431 6.854 — 577 92,2 253 234 134 123 1884 7.946 6.452 — 1.494 81,2 269 218 139 113 1885 8.347 5437 — 2.910 65,1 281 183 144 93 1886 8.289 5-844 — 2.445 7O,5 277 195 138 97 1887 9.784 6.108 — 3.676 62,4 324 203 164 102 1888 7.044 5.347 — 1.697 75'9 232 176 121 92 1889 7.881 5.388 — 2.493 68,4 258 176 141 96 1890 7.286 4.949 — 2.337 67,9 237 161 122 83
1891 6.400 4.980 — 1.420 77,8 207 161 99 77 1892 7.008 5.723 — 1.285 81,7 225 183 115 94 1893 7-590 6.144 — 1446 80,9 242 196 116 94 1894 7.188 6.741 — 447 93,8 227 213 110 103 1895 7.406 6.476 — 930 87,4 233 203 114 100
1896 7-309 6.516 — 793 89,2 228 203 114 101 1897 7530 6.899 — 631 91,6 233 214 118 108
ALEJANDRO CHECCHI
Años
1898 8.687 7402 1.285 85,2 267
1899 9-034 8.579 — 455 95-o 276 1900 9.739 7-665 — 2.074 78,7 296
1901 9.889 7.909 — 1.980 80,0 298 1902 10.260 8.717 — 1.543 85,0 307 1903 10.889 8.907 — 1.982 81,8 325
1904 "-807 9.833 — 1.974 83,3 349 1905 12.154 10.212 — 1.942 84,0 357
1906 14.610 11.007 — 3-603 75,3 427 1907 I5-53I 10.448 — 5.083 67,3 450 1908 16.135 9-5i6 — 6.619 59)0 462 1909 17.100 10.193 — 6.907 59,6 485 1910 17.816 11.334 — 6.482 63-6 499
1911 17-215 11.125 — 6.090 64,6 310 1912 17-433 11.222 — 6.211 64,4 483 1913 17.650 12.088 — 5.562 68,5 487
1914 14-770 ".092 — 3-678 75,1 405 1915 17-888 9.553 — 8.335 5 3 4 487
1916 21.990 8.001 —13.989 36,4 598 1917 24.691 5.782 —18.909 23,4 673 1918 18.804 3-875 —14-929 20,6 516 1919 17.878 6.457 —11.421 36,1 4 8 0 1920 21.981 9.529 —12.452 4 3 4 599
228 262 233 239 261 266 290 300 321 303 272 289 317 310 311 333 304 260 217 158 106 117 260 124 132 139 137 144 138 145 148 174 178 190 187 195 184 193 183 153 219 287 363 338 287 305 8 105 125 110 109 122 113 121 124 131 120 112 ni 124 119 124 125 115 117 105 85 70 104 132
Fuente: Tagliacarne, op. cit.
1. Importaciones.—2. Exportaciones.—3. Saldo.—i. índice de covertura.—5. Importa-ciones per cápita.—6. ExportaImporta-ciones per cápita.—7. ImportaImporta-ciones por 1.000 liras de renta nacional.—8. Exportaciones por 1.000 liras de renta nacional.
VI. AGRICULTURA Y RELACIONES EXTERIORES A) Comercio y producción agraria.
El sector agrario se desarrolla lentamente durante todo el período que sigue a la unidad (28). Sin embargo, se observan períodos netamente es-tacionarios, mientras que en otros se pueden observar ligeros aumentos. Por ejemplo, en el cuadro número 6 (donde se relaciona la producción agraria con la población) se pueden observar tres períodos:
(28) ECKAUS, op. cit., pág. 119.
— 1861-1868, con un crecimiento notable (266,5-356,4) — 1869-1878, con una disminución ligera (356,4-312,7)
— 1879-1891, que podemos definir de estacionamiento (312,7-310,0)
Esta periodificación coincide en parte con lo que hace notar Eckaus al discutirse tres series diferentes de producción en el período que con-sideramos (29).
Por otro lado, entre 1881-1885 los alimentos significaban el 23 por 100 de las importaciones y el 34,9 por 100 de las exportaciones (ambas va-riables en términos de valor), ambas proporciones con tendencia a dis-minuir a lo largo de todo el siglo; en efecto, durante el período 1896-1900 los alimentos significaron el 20,2 por 100 de las importaciones tota-les y el 28 por 100 de las exportaciones.
Es posible, pues, que, entre la política de tarifas y la evolución interna de la producción, el porcentaje de alimentos dentro del comercio exterior haya disminuido. Es plausible pensar que ambos hayan incidido en esta evolución, ante todo por la importancia del mercado francés de productos agrícolas italianos y en segundo lugar por la menor disminución en la parte importada de alimentos. Precisamente en torno a 1885 las impor-taciones de trigo tienen una aceleración que dura hasta el período 1911-1920 (30).
Hemos establecido hasta este punto dos hechos:
1) que la fase de proteccionismo acelerado coincide con una fase de estancamiento en la producción agraria;
2) que durante el período, el comercio exterior agrario sufre una tendencia decreciente respecto al comercio total (31).
B) Producción agraria y emigración campesina.
En el gráfico I se han representado las tendencias de dos variables:
(29) Op. cit., el período de estancamiento agrario, según este autor, es 1880-1891.
(30) G. TAGLIACARNE, op. cit.
CUADRO NÚM. 6
POBLACIÓN AGRARIA Y POBLACIÓN 1861-1908
A ñ o s (a) (b) b/á
1861 24.905 66.500 266,5 1862 25.805 69.135 275,6 1863 25.265 70.850 280,4 1864 25.445 71.184 279,8 1865 25.625 78.247 3 0 5 4 1866 25.804 83.439 323'i 1867 25.984 83.085 319,8 1868 26.164 93-931 3 5 M 1869 26.344 88.510 336,0 1870 26.524 84.793 319,7
1871 26.704 9I-643 343,1
1872 26.884 89.968 334,7 1873 27.050 89.228 330,1 1874 27.216 92.788 340,9 1875 27.382 94-410 344)8 1876 27.548 90.264 327,7 1877 27.714 91.825 313-2 1878 27.879 87.186 312,7 1879 28.045 88.868 316,9 1880 28.211 96.588 342,4 1881 28.377 68.786 2 4 2 4 1882 28.565 94.966 332,5 1883 28.775 89.278 310,3 1884 28.985 86.837 299,6 1885 29.195 85.445 292,7 1886 29.405 93-154 3i6,8 1887 29.615 90425 305,3 1888 29.826 81.546 273-4 1889 30.036 72.523 241,5 1890 30.246 84.608 279,7 1891 30.456 94-450 310,0 1892 30.667 84.446 275,4 1893 30.877 90.850 294,2 1894 31.087 -75-931 244,3 1895 31-297 75-153 240,1 1896 31-507 89.739 284,8 1897 31.717 70.036 220,8 1898 31.927 92.348 289,2 1899 32.137 94465 293-4 1900 32.344 99-272 306,9 1901 32.531 121.538 373,6 1902 32.749 102.585 313,2 1903 32.967 114.646 347,8 1904 33-I85 116.279 350,4 1905 33403 103.740 310,6 1906 33-621 107.792 320,6 1907 33-839 132.270 — 1908 34-057 124.698 —
(a) Población, (b) Producción agraria (trigo, maíz y vino en miles de quintales). Fuente: G. Acerbo: "L'agricoltura italiana del 1861 ad oggi". Ed. Giuffre, 1961.
A, porcentaje de población activa agraria sobre población total. B, porcentaje de campesinos emigrantes sobre el total de emigrantes. Las series que se han utilizado se reflejan en el cuadro número 7.
CUADRO NÚM. 7
EMIGRACIÓN Y CAMPESINOS
A ñ o s B
1861 1881 1901 1911 1921
58,1 59-i 64,0 54,o 54,9
4°)9
52,9 45>4 36,5 27,8
1861
188Í 19el 1911 1921
Pese a lo corto de esta serie, se pueden deducir algunas relaciones entre las variables (en efecto, ocupan un período muy largo de tiempo). En la primera parte de nuestro período la variable A aumenta (1861-1901); sin embargo, sabemos (epígrafe A del capítuo VI) que, aunque entre 1861-1868 crece la producción agraria, entre 1869 y 1891 el sector entra en una fase de estancamiento. Lo lógico sería, pues, en términos de exce-dentes, que durante esta fase la variable B aumentara; esto lo hace entre 1861 y 1881 y ello cubre una parte del período de estancamiento, pero disminuye ya hasta 1921 uniformemente. Parece una contradicción y, sin embargo, es necesario tener en cuenta que, a medida que el país se de-sarrollaba, las alternativas de la mano de obra excedente del campo po-dían cambiar; ésta es la impresión si observamos la evolución del grado de urbanismo entre 1871 y 1901. Durante este período, la población en ciudades de menos de 2.000 habitantes pasa, en términos porcentuales, de 17,5 a 12,9 por 100, mientras que la población en ciudades compren-didas entre 8.000 y 50.000 habitantes pasaba de 39,5 a 42,1 por 100. El país pasaba, pues, por un cambio de estructuras urbanas. Las
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nes de este hecho se desarrollarán en el apartado siguiente; es intere-sante, sin embargo, apuntar aquí por lo menos la posible relación entre disminución de porcentajes de campesinos dentro del total de emigrantes en fase de estancamiento agrario y el aumento del grado de urbanización general del país (32).
VII. AGRICULTURA Y DESARROLLO
Durante la segunda mitad del siglo xix, el sector aparece .como el fondo de reservas y capacidades del mercado peninsular, bajo dos aspec-tos: como oferta potencia de trabajo y como mercado de compra de productos acabados.
La problemática del desarrollo italiano está condicionada por el ele-mento demográfico y por la capacidad interior del mercado, que no se-guirá una evolución paralela a la capacidad productiva de determinados sectores industriales. El papel de la agricultura no significa un elemento de acción hacia modificaciones de la economía general del país, pero sí, en cambio, un freno a su evolución, dada la estructura basada en una pluralidad de núcleos rurales, en los que el sistema de autoabastecimiento supuso para la industria un estrecho campo de acción (33). Esto no sig-nifica que la industria incipiente no pudiera encontrar en ese mismo am-biente una ayuda bajo forma de costos bajos. En efecto, la estructura rural de la economía favorece a la industria textil, especialmente algo-donera y sedera. El campesino trabaja primero para un empresario ciu-dadano-, sin moverse de su "habitat". En este período de tiempo, que os-cila entre los primeros treinta y cuarenta años del siglo, no se puede hablar más que de industria "muy naciente", en la que "fábrica" significa el almacén donde el empresario guarda las mercancías recogidas de las casas campesinas (34). Es más tarde cuando la función expulsadora del campo facilita mano de obra barata a los industriales (de ello se beneficia otra vez la industria textil, especialmente la algodonera). Como dato com-plementario hay que recordar que el éxodo demográfico empieza a tener importancia entre 1874 y 1883 (35).
El papel fundamental de la agricultura, y con ella el cultivo triguero, (32) Cfr. SHEPARD B. CLOUGH: The economic history of modern Italy, New York, 1964.
(33) A. GRAMSCI: II Risorgimento, Latessa, 1965. E. Serení, op. cit. (34) R. MORANDI: Storia della grande industria in Italia, Einando, 1967. (35) Ya se ha visto con anterioridad el cambio de estructura urbana.
es una constante a lo largo de todo el siglo. La escasez de datos para toda la primera mitad del xix nos obliga a considerar la composición del producto bruto, la participación de la agricultura en la población activa y la tasa de desarrollo de capital por sectores económicos, todos ellos para períodos diferentes y hasta posteriores a los que ahora examinamos. Además, hay que notar el carácter meramente indicativo de los datos, debido precisamente a la estructura rural del país, que debía hacer difícil un cómputo de las magnitudes estudiadas.
En 1882 la población presente, a mitad de año, fue de 28.565.000 ha-bitantes y para este mismo año la población activa en industria fue de 4,2 millones, mientras en agricultura había de 8 a 9 millones de habitan-tes, es decir, aproximadamente un 60 por 100.
Para el período 1861-1870, el 57 por 100 del producto bruto corres-pondió a la agricultura, el 19,8 por 100 a la industria y el 22,7 por 100 al comercio y servicios.
Importancia de la producción triguera.
A lo largo del período, el área dedicada a este tipo de cultivo es prác-ticamente constante:
— 1861-1878, 22,6 por 100 — 1879-1883, 21,1 por 100 — 1884-1895, 21,9 por 100
Para ponderar lo importante de este monocultivo hay que saber que el 47 por 100 de las tierras de la península son arables y que, de éstas, el 33 por 100 se halla en zonas montañosas.
En 1890 el cultivo del trigo significaba el 19,3 por 100 del producto bruto agrícola. Esta dependencia de la agricultura del cultivo triguero es importante a través de todo el siglo xix y parte del xx. Comparativamen-te, en Europa es sintomática la relación entre extensión de cultivo y productividad. En tantos por ciento sobre el total, en 1901: Italia, 23,3; Francia, 18,6; Bélgica, 8,7; Gran Bretaña, 5,3. En términos de producti-vidad (unidades de peso por hectárea): Italia, 9,4; Francia, 12,5; Bél-gica, 2,32; Gran Bretaña, 20,7.
Uno de los efectos de esta dependencia es la falta de capacidad de reacción del sistema productivo agrícola; un índice negativo de esta falta de capacidad reactiva puede ser la producción de forrajeras en extensión y la relación factor-producto:
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Año 1901 Extensión (%) Factor/Producto
Italia 5 10 Francia 17 15 Bélgica 40 28 Gran Bretaña 66 32
Se da una estrecha dependencia entre estructuras económicas atrasa-das y cultivo triguero y baja productividad. Clasificando a las provincias de mayor a menor productividad, tenemos que, entre 1870 y 1874, de las 15 provincias en primer lugar, 11 son del Norte y 2 del Sur; en 1880-1894, de las 15 primeras provincias, 14 son del Norte y 1 es del Sur.
La anulación de las barreras aduaneras internas y la evolución mun-dial que culmina con la crisis de 1880 hace que la agricultura italiana se integre en un proceso de cambio muy fuerte.
En un primer momento, la guerra de Oriente, con la consiguiente es-casez de cereales rusos, y la guerra americana de secesión, empujaron a extender el cultivo de trigo (época de mejoras en Le Puglie, por ejemplo); más tarde, la paz en Oriente y la vuelta de los cereales americanos fo-mentó el cultivo de la vid; el aumento de la tierras vitícolas fue fomentado también por la obtención de grandes beneficios en la exportación de vino de Francia (es la época de la filoxera). Este proceso de expansiones brus-cas impidió una estructuración racional de la producción agrícola (reno-vación de técnicas de cultivo y de explotación), de forma que cuando, en 1880, se publica la encuesta Jacini, se rompe el mito de Italia como "jardín de la naturaleza". Varios intentos para paliar la falta de prepa-ración de los agricultores fracasaron por lo elevado de las metas fijadas; era una labor superior a las fuerzas de más de una generación (las escue-las de agricultores de Ñapóles y de Milán datan precisamente de esa época; la de Milán fue fundada en 1878, el año de la primera tarifa pro-teccionista).
C) El problema del "mezzogiorno".
La polarización geográfica del problema de desarrollo en la península invita a estudiar el problema del desarrollo dual.
sin fundamento, al Otro dualismo campo-ciudad; en efecto, el crecimiento de las ciudades es de una época posterior a la del desarrollo inicial y la diferenciación entre las dos zonas (36).
CUADRO NÚM. 8
POBLACIÓN POR CATEGORÍA URBANA
Número de habitantes/año 1871 (%) 1901 (%)
Menos de 500 1,1 0,6 De 500 a 2.000 16,4 12,3 De 2.000 a 8.000 43,0 45,0 De 8.000 a 20.000 18,3 19,3 De 20.000 a 50.000 8,1 8,1 Más de 50.000 13,1 147
100,0 100,0 Fuente: Datos elaborados a partir de S. B. Claugh, op. cit.
Este aspecto es fundamental para delimitar el problema de la capa-cidad de mercado, creada, en teoría, por la unidad política y económica del país. La tesis sostenida por ciertos autores es que precisamente por no haber logrado la integración del campesinado en el sistema, se debi-litaron las posibilidades de aumentar la "profundidad" del mercado, y quizás fuera este hecho una de las causas que retrasaran la fase de ace-leración a épocas posteriores, mientras que el gran esfuerzo en creación de infraestructura se realizó en la primera fase de vida del nuevo Es-tado (37).
Es posible que, al inciarse la vida del nuevo Estado, las diferencias entre las dos zonas fueran ya importantes, pero nuestro problema no es determinar si la integración provocó el hundimiento de la industria del "mezzogiorno". Los autores que han tratado este tema parecen estar de acuerdo en que la industria del Sur se hallaba ya en una fase de estan-camiento en el momento de realizarse la unidad (1850-1860), pero lo que sí nos interesa es cómo evolucionó la diferencia económica entre (36) A este respecto, sumamente interesante, aunque fragmentaria, es la obra de Gramsci, op. cit.
(37) En el "risorgimento" se manifiesta la relación posterior entre Norte y Sur, como una relación parecida a la del campo y ciudad, pero por sus características espaciales, aquí el conflicto acentúa los aspectos de un choque entre culturas.
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ambas zonas a partir de ese momento. Al principio de la vida del nuevo Estado político, el Norte se hallaba en situación superior en cuanto a nivel de producción y de renta "per cápita", detentaba una ganadería pro-gresiva; mientras el Sur era superior, en cierta medida, únicamente en cereales y fruta. Esta superioridad se notaba también en cuanto a capital invertido en infraestructuras y capital humano, y asimismo en cuanto a capital invertido en la agricultura (38). La unidad política no eliminó las diferencias en la capacidad de desarrollo de las dos zonas, pero sí, quizás, impidió que aumentara, por lo menos en las primeras décadas. El hecho es que para el "mezzogiorno", con una base agrícola (población rural total), fue importante la diferencia inicial y los aranceles proteccionistas de la industria de 1878 a 1887.
Como hemos visto, el sector agrario en la península es el que obtuvo la menor tasa de desarrollo desde 1860, llegando incluso a una larga fase de estancamiento.
Si nos fijamos en tipos de índices indirectos, como el volumen de car-ga de mercancías en origen, aparece también la tendencia necar-gativa de la zona meridional: el aumento del volumen mencionado durante el período de 1872 a 1885 fue de 250 por 100 en el Centro, de 230 por 100 en el Norte y de 175 por 100 en el Sur. Pero la evolución de la economía agraria del "mezzogiorno" no tuvo una tendencia uniforme. Se constata, en efecto, que en la primera fase de quince años después de la unificación el aumento de producción en general superó tanto en el Sur como en el Centro los niveles del Norte (1861-1875), mientras que, al iniciarse la dé-cada de 1880, la producción cerealista decae y toma una tendencia clara-mente regresiva en el período siguiente (1896-1898) (39).
¿Cuál puede ser la periodificación de la tendencia en las relaciones Norte-Sur? Los autores que se han ocupado del problema aceptan las series de la taba II. 1 (40).
(38) Las diferencias en producción que aparecen entre las dos zonas habrían sido de un 20 por 100, y en renta "per capita", entre un 15 y un 20 por 100. R. S. ECKAUS : en II divario Nord-Sud nei primi decenni dell'Unitá, "Journal of Economic History", septiembre 1961, págs. 285-317. Según este autor, además, el Norte invertía en Agricultura, seis veces más que en el Sur.
(39) Es interesante señalar que la decadencia agrícola del Sur tiene su co-mienzo en la década de 1880, período en el que se adoptan las medidas proteccio-nistas que determinarán la ruptura de relaciones comerciales con Francia, tradi-cional importadora de los productos agrícolas del Sur.
Años 1861-65 1866-70 1871-75 1876-80 1881-85 1886-90 I89I-95 1896-00 1901-05 ... 1906-10 ^ " " ^
CUADRO NUM. A 48.845 51.138 53-4O3 55-877 S6.665 58.600 60.674 64.378 74.500 84.589 92.340 9 B 5 4 5 4 4 4 1 6 16 13 9 C 3,9 4,5 3,6 3,4 4,8 6,4 3;2 3-5 6,7 1 0 2 7,2
A = RN a precios de 1938; B = Crecimiento del período en %: C = Inversión neta en % de la RN.
Los períodos definidos para toda la economía italiana serían, según los autores citados (40), los siguientes:
a) 1881-1890, desarrollo moderado b) 1891-1895, estancamiento c) 1896-1905, desarrollo rápido d) 1906-1915, desarrollo moderado.
Gráfico II
Distribución de la ocupación industrial (en tantos por ciento
sobre el total) (41).
(41) Fuente citada en R. S. Eckaus, op. cit.
ALEJANDRO CHECCHI
El Sur no participa de la tendencia general, contrariamente al Norte. ¿A qué conclusión se puede llegar a la vista de los datos de que se ha dispuesto? Si el Sur no siguió la tendencia general del país, a pesar de los aumentos relativos en ciertas inversiones (42), solamente pudo ser debido a dos causas el aumento de diferencias interzonales: primera-mente, a la insuficiente capacidad de consumo-renta de la población re-sidente en el Sur: la insuficiente base de ahorro ofrecida por su estruc-tura económica, que llevó a una infrautilización de las inversiones pú-blicas programadas en el período, y, en segundo lugar, a las diferencias iniciales. Ambas pueden explicar la acentuación de los ritmos de creci-miento entre las dos zonas; no explican, sin embargo, la ausencia en el Sur de una minoría empresarial, pero éste es un hecho puramente his-tórico. El "mezzogiorno" disponía de una situación relativamente buena, si se piensa en la capacidad de acumulación de fuerza de trabajo, red de transporte ferroviario suficiente; pero su población, asentada en la agricultura, "sin revolución", le impidió crear un mercado para los pro-ductos industriales, amplia y dinámico, que atrajera a la industria del Norte (43).
VIII. FINANCIACIÓN DEL DESARROLLO
Dada una estructura predominantemente agraria y un desarrollo in-dustrial posterior, apoyado en el proteccionismo triguero-siderúrgico, es aceptable el supuesto de que el país no dispusiera de capitales para finan-ciar su propio desarrollo. No pretendemos de ningún modo hacer una historia financiera de la economía durante el período que nos ocupa, sino simplemente resaltar algunas relaciones que ayuden a aclarar el papel de la agricultura en el desarrollo del país.
(42) No hemos de olvidar que tendencias parecidas a ésta se han contrastado en la construcción de vías férreas e infraestructura en general. Según Eckaus, el Sur tuvo un mayor aumento en kilometraje construido que el Norte.
En el cuadro 10 se recoge el único intento conocido de reconstrucción de las balanzas de la Cuenta de la Renta.
CUADRO NÚM. 10
SALDOS DE LA BALANZA DE PAGOS
(Promedios anuales en millones de liras de 1938)
Años
1861-1870 1871-1880 1881-1890 1891-1900 1901-1910 1911-1920
Fuente: Tagliacarne,
Balanza corriente
— 1-289,5
+ 38,3
— 9i6,i
+ 976,8 + 1-247,5
— 6.062,9
op. cit.
Transferencias corrientes
+ 10,2 + 24,1
+ 48-3
+ 152,2
+ 460,6 + 652,2
Saldo total
— 1-279,3
+ 62,4 — 867,8
+ 1.152,0 + 1.708,1
— 5-4io,7
Los períodos de saldo negativo son 1861-70, 1881-90 y 1911-20; como veremos, especialmente para el primero, se da una coincidencia con la evolución de las deudas públicas, las inversiones extranjeras y las alzas de tipo de interés pagado por la Deuda Pública.
En el cuadro número 11 se especifican algunas de las partidas prin-cipales de las balanza corriente; de él se puede deducir la importancia del turismo y de las remesas de emigrantes, y a este respecto es lícito recordar que hasta 1901, aproximadamente, el porcentaje de campesinos fue el 46 por 100 de la emigración total (43 bis).
ALEJANDRO CHECCHI
CUADRO NÚM. 11
ALGUNAS PARTIDAS DE LA BALANZA CORRIENTE (En millones de liras de 1938)
Años 1861-1870 . 1871-1880 . 1881-1890 . 1891-1900 . 1901-1910 . 1911-1920 . 1861-1870 1871-1880 1881-1890 1891-1900 1901-1910 1911-1920 B. C. — 1.342 — SÓI — I.84S — I.O76 — 3.811 — IO.I58 Turismo + 456 + 746 + 1.286 + 1-653 + 2.450 + 1.768
CUADRO NÚM. 12
EMIGRACIÓN
A ñ o s
Fletes — 106 — 141 — 254 — 386 — 572 — 2.578 Total 121.040 117.596 187.920 283.473 602.669 382.807 Transferenc. (Remesas de emigrantes) 140 367 694 1-574 3-734 2-774
Especialmente teniendo en cuenta la serie de emigración total (cua-dro número 12), las remesas de emigrantes son mayores en valores "per cápita" en los períodos primeros que en los siguientes.
Tenemos, por tanto, una balanza comercial en déficit permanente, más gastos de turismo crecientes en valor absoluto y las remesas de emigran-tes. Estas tres partidas difícilmente pudieron compensar el desequilibrio de la Balanza de Pagos durante los primeros veinte años de integración; esta compensación se debía realizar forzosamente a través de la cuenta de capital, y más concretamente a través de las inversiones extranjeras y la Deuda Pública comprada desde el exterior.
í , r
En este período el déficit significa el 47 por 100 del presupuesto; para compensar el déficit se recurrió a la Deuda Pública (en cuatro años, 2.660 millones de liras). El tipo de interés efectivo fue del 7 por 100, por-que debido a la escasez de ahorro, se vendió la Deuda a un 70 por 100 del valor nominal. Durante este período la evasión fiscal aumentó peli-grosamente, debido a que el sistema tributario se había creado a imagen y semejanza del piamontés (con incidencia tributaria mayor), sin tener en cuentas las condiciones de diferente desarrollo de las otras zonas del país (44).
La escasez de ahorro es un dato sumamente importante, contrastable por la evolución de los intereses efectivos pagados por la Deuda Pública: 1863, 6,77 por 100; 1864, 7,40 por 100; 1865, 7,67 por 100; 1866, 8,83 por 100, y 1867, 9,38 por 100.
"Estas tasas tan elevadas desviaban los fondos disponibles de empleos agrícolas e industriales, con daño evidente. Por otro lado, reclamaban útil-mente "capitales extranjeros" (45).
La importancia de la Deuda Pública adquirida en el extranjero queda en evidencia por el hecho de que los pagos al exterior de las cédulas aumenta de 32 a 98 millones (1861-1866), siendo mayores que los corres-pondientes pagos al exterior.
De ello se puede deducir que el papel de la inversión extranjera fue importante, sin duda, como elemento equilibrador de la Balanza de Pagos. Así parece afirmarlo la historiografía acerca del "Credit Mobiliaire" y la Banca Rotschild, de París. Sus operaciones en la península están rela-cionadas (46) con la creación de un crédito mobiliario que actuó como fondo de inversión, principalmente para la industria siderúrgica y la in-fraestructura.
Por otro lado, no se puede excluir que de alguna manera el sector agrario pudo contribuir al desarrollo del país, a través de la disminución de su renta global, precisamente coincidiendo con la primera fase protec-cionista (1878-1888) y con la creación de las primeras infraestructuras (47).
(44) C. ARENA: La Finanza Publica dell'unita od oggi, Giufré Editore, 1961. (45) C. ARENA, op. cit.
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CONCLUSIONES
Inicialmente hemos visto cómo la integración producida con la unidad política de la península no implica, por lo pronto, una disminución de su comercio exterior con el resto del mundo. Sin embargo, la integración sí que afectó al comercio exterior agrario, a través de las tarifas de 1878, y especialmente de 1888 (desapareciendo el mercado francés de produc-tos agrícolas italianos). Por otro lado, teniendo en cuenta las aportaciones doctrinales de la introducción (primer apartado), podemos aceptar que las importaciones agrarias, la emigración campesina y la evolución de la renta agraria, tal y como lo describe Eckaus, permiten apreciar una relación es-trecha entre el proteccionismo industrial-triguero, la financiación extran-jera y el aumento de la población urbana.
La revolución agraria que se realizó en Inglaterra en el xvín, como prerrequisito de la revolución industrial, no tuvo su paralelo en toda la península y quizá allí esté una de las contradicciones iniciales del "modelo". Pero, de tener Italia algún parecido paralelo, fue sin duda en el Norte, donde hubo algo similar a la revolución agraria (48), acentuándose la falta de incentivos para que las industrias del Norte se dirigieran a otras zonas. Desde el punto de vista de la integración del "mezzogiorno" dentro del nuevo sistema económico, interesa resaltar una serie de condiciona-mientos: 1) que uno de los elementos determinantes del nuevo sistema económico respecto de las áreas menos desarrolladas fueron las diferencias iniciales, tanto en términos absolutos como relativos; 2) que el modelo de desarrollo "preferido" por las áreas más desarrolladas fue progresiva-mente "adoptado" para todo el sistema, sin tener en cuenta la diferente naturaleza económica de las áreas que se habían integrado. (En síntesis, se escogió la protección industrial, antes que el desarrollo agrario.)
Las funciones de la agricultura del Sur y del Norte posiblemente no fueran las mismas, pero en términos globales se pueden establecer, a modo de síntesis, los siguientes criterios:
1) Proporcionar un excedente de alimentos comer•cicdizables.
des estructurales en aumentar la producción por habitante. Los cambios tecnológicos en realidad afectaron únicamente a las zonas más desarro-lladas del país. En el resto, la inversión en capital humano debía ser una condición previa para cualquier reforma tecnológica, pero la historia de las escuelas de agricultura es relativamente reciente.
2) Crear mercados rurales para la producción industrial.
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ción, el efecto de mercado no se dio porque no podía darse, pero que este hecho, lejos de ser contraproducente, aceleró el crecimiento.
A efectos de nuestro análisis, centrado en la segunda mitad de si-glo xix, interesa destacar que el efecto marcado no aparece claramente en las estadísticas disponibles y que, sin embargo, se puede inducir que el principal defecto del sistema fueron las instituciones que gobernaron el país. Posiblemente la crisis europea de 1880 provocó desajutes pro-fundos en las variables claves de la economía, de manera que mientras algunos países afrontaban la alternativa, otros se rezagaban detrás del velo proteccionista sin determinar claramente el papel de su agricultura. Sin duda, la Península se halla entre estos últimos. Sucede, pues, que la reforma agraria, o dicho de otra manera, la incorporación efectiva de los agricultores al control de la política, ha existido siempre en aquellos países que adoptaron soluciones librecambistas, y en los que además se dio un efecto de capacidad de mercado.
3) Proveer un excedente de mano de obra para el sector urbano en expansión,.
Creemos que, en efecto, la agricultura ofreció este excedente al resto de la economía a medida que el sistema se desarrollaba, y aunque la dis-minución de población agraria fue lenta, las fases de esta disdis-minución coinciden con la aceleración en índices indirectos, como la capacidad instalada en kilovatios y la disminución del porcentaje de campesinos en el total de emigrantes.
4) Suministrar fondos para el crecimiento industrial.
En la primera fase del nuevo sistema integrado las principales aporta-ciones de capital creemos que fueron extranjeras, ya directamente, ya a través de la compra de valores de Deuda Pública. Sin embargo, la exis-tencia de 700 unidades empresariales agrarias en el Norte, con un grado de desarrollo importante, permite creer que se produjera un trasvase de fondos e incluso de empresarios (50).
En el Sur, sin embargo, el fenómeno tuvo que ser diferente. Es
sible que el trasvase se realizara a través de la unidad monetaria, la unificación de tarifas sin tener en cuenta diferenciaciones regionales, y considerando la evolución ya mencionada de la Deuda Pública, así como la estructura bancada incipiente entonces.
5) Proporcionar ganancias con la exportación.
Sin duda, el sector agrario cumple con esta función tanto en sentido absoluto como relativo. Sin embargo, hay que reconocer que la integra-ción y la política comercial no le fueron excesivamente favorables. Cree-mos que únicamente la ausencia de datos impide aplicar las proposicio-nes modernas de la teoría de las tarifas expuestas en la introducción. Pero es concebible una disminución de la renta agraria a medida que la política comercial se hacía más proteccionista.