Sesión 37: Mis metas a largo plazo y como lograrlas
1Dimensión
: Desarrollo Personal
Eje
: Habilidades socioemocionales
Grado
: Quinto grado
¿Qué buscamos?
Que las y los estudiantes se tracen metas a largo plazo y elaboren un plan de acción para realizarlas
Materiales:
Plumón de pizarra
Hoja Anexo 1
Presentación:
Tiempo: 10’
Motivación y exploración
El tutor o tutora iniciará la sesión expresando: Quiero proponerles que iniciemos nuestra sesión pensando en algo nuevo y que nos haya pasado en las últimas semanas, cualquier cosa; también podemos contar algo bueno así no sea nuevo. En parejas vamos a compartir lo que recordamos.
(7) Este material ha sido adaptado de una coproducción (2014) del Ministerio de Educación de Perú y el Banco Mundial. Fuera de Perú, dicho trabajo es promocionado por el Banco Mundial bajo el Nombre “Paso a Paso”, Caja de Herramientas de Educación Socioemocional.
Revisión de acuerdos
Tiempo: 10’
En plenaria, la coordinadora o coordinador del aula pide a la secretaria o
secretario que lea los acuerdos y compromisos asumidos en la sesión
anterior para evaluar su nivel de cumplimiento (que va de 0%, 50%, 75% o
100%). El grupo felicita el logro o brinda sugerencias para su consecución.
Desarrollo:
Tiempo: 45’
Información y orientación
Teniendo en cuentala hoja de trabajo “Virgilio Martínez” (ver Anexo 1), el tutor o tutora les preguntará ¿Alguno de ustedes sabe quién es Virgilio Martínez?
A partir de las respuestas, señalaremos que vamos a conocer un poco más de este chef peruano. En estos momentos de sus vidas ustedes se encuentran definiendo qué harán y hacia dónde dirigirán sus esfuerzos. Los invito a hacer la lectura de manera individual e ir resaltando o subrayando lo que les llame la atención de la historia de vida de Virgilio Martínez.
Culminada la lectura, les preguntaremos:
• ¿Qué les llama la atención de la trayectoria de Virgilio?
Respuestas posibles: Que ensayó varias cosas antes de definir qué quería hacer; que hizo lo que él quería a pesar de que su familia quería otra cosa para él; que tuvo que pasar por situaciones difíciles para lograr especializarse en su oficio; que fue persistente; que no se dejó vencer por los obstáculos; que fue humilde para aprender; que cometía equivocaciones y seguía adelante; que tiene buen sentido del humor y toma las cosas de manera tranquila; entre otras.
• ¿Qué características personales de él pueden deducir a través de la trayectoria que cuenta en la entrevista?
Respuestas posibles: Que es persistente, que cree en sus capacidades, que se equivoca como todo ser humano y que sigue adelante, que es humilde para recibir las enseñanzas de quienes tienen más experiencia, entre otras.
• ¿Con qué partes del relato se sienten identificados o los hace pensar algo de ustedes mismos?
Permita que los estudiantes participen.
Asigne el tiempo necesario para que realicen la lectura.
Cierre:
Tiempo: 25’Para finalizar la sesión, el tutor o tutora reflexionará con el grupo sobre lo siguiente:
• ¿Qué personas conocen que han tenido planes para lograr sus sueños y los han logrado?
• ¿Y conocen personas que no tuvieron planes, vivieron “según las circunstancias” y no están contentas con los resultados obtenidos en sus vidas?
• ¿Qué sucede si sus sueños o metas son diferentes a lo que quieren sus padres, amigos u otras personas importantes en su vida?
Respuesta sugerida: Que los deben sacar adelante y asumir las responsabilidades de tomar sus propias decisiones.
Después de la hora de tutoría:
Anexo 1
Virgilio Martínez
4Por Mauricio Silva / Fotos Rafael Cornejo
Desde el mes pasado, según la publicación de los 50 Best el peruano Virgilio Martínez, con su restaurante Central (en Lima), es el chef número 1 de Latinoamérica.
¿Cuál fue su primera experiencia gastronómica?
El mismo cliché de todos: la cocina de la abuelita. Lo que pasa es que en las casas limeñas eso sucedió y aún sucede muchísimo. Yo me crie con todos esos guisos que ahora no comemos: la carapulca, el ají de gallina
¿De niño imaginó ser cocinero?
¡Noooo! En Perú eso era muy raro.
¿Es cierto que de niño jugó fútbol y lo jugó bien?
De hecho era bastante bueno, así todo el mundo se ría. [Risas]. Yo era el 10 del deportivo Zúñiga, un equipo infantil que representó a Perú en Suramérica, en Chile, en Argentina... No me gusta decirlo, pero yo era una promesa, el problema es que no tengo pruebas. [Risas].
¿Cuándo terminó el sueño del futbolista?
Cuando me llamaron en serio los clubes y me hicieron pruebas. Cuando me llevaban a la playa a correr y a entrenar y jugar poco fútbol y a hacer 40 kilómetros y a esas cosas. Me aburrí. Yo, la verdad, quería divertirme. Mi padre sí quería que yo fuera profesional. Un buen día, a los 12 años, le dije: “Ya no quiero más fútbol. He descubierto el skate”.
Entonces comenzó una carrera como skater con la que, incluso, alcanzó un título nacional…
Descubrí que con el skate me divertía muchísimo más. Me enamoré de su técnica, de su estilo de vida, de que era muy competitivo. Las piernas las tengo destrozadas, me fracturé las dos clavículas y me di muchas veces golpes bien fuertes en la cabeza. Mi mamá me decía: “Te vas a quedar bruto”. Cuando sucedió lo de las clavículas, mi viejo me dijo: “Ya no más”.
¿Pero sí es cierto que fue campeón nacional del Perú?
Fue un campeonato nacional en el Callao. Yo siempre perdía en las finales porque me iba por la rutina más difícil. Esa vez logré hacer la rutina más difícil y gané. Soy campeón nacional. [Risas].
¿Pero hay trofeo?
Nunca me lo dieron. Pero soy campeón nacional. [Risas].
¿Hasta cuándo el skate?
Hasta los 18, cuando me partí la clavícula y mi papá me insistió en que ya era hora de estudiar derecho. Mi papá, abogado; mi hermano, abogado; mis dos primos mayores, abogados… No había escapatoria. El ejemplo del abogado con éxito ganó.
¿Cuánto duraron los estudios de abogacía?
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4. Entrevista tomada de http://www.eltiempo.com/bocas/virgilio-martinez-chef-de-central-en-entrevista-con-revistabocas/14737075 24 de octubre de 2014, recuperada 20/02/2014
¿Y cuándo le sonó la idea de ser cocinero?
Primero quise vivir de la cocina. O mejor, quise vivir fuera del Perú. Cuando empecé a viajar por Europa, a mis 15 años, vi que se podía vivir trabajando en las cocinas. Entonces yo no quería la vida normal del Perú: abogado, familia, perro, etc. El caso es que, cuando fui a hacer
un curso de inglés en Escocia, a mis 15 años, vi que podía trabajar en las cocinas y con eso ganar algún dinero. Y me di cuenta de que era fácil. Comencé limpiando zanahorias y brócolis y luego pelando almejas y abriendo ostras. Entonces dije: “Vuelvo a Europa y pelo papas, si es necesario. Todo para seguir viajando. Pero aquí, en Perú, no me quedo”. Eran los tiempos difíciles de mí país, cuando todo el mundo se quería ir, había un ambiente como de que en Perú no había futuro. Estábamos jodidos en todo, en fútbol, en política, en economía, en secuestros, en terrorismo, en todo…
Y se dio cuenta de que podía ser cocinero, ¿no?
Sí. Entendí que podía ser una linda profesión y que para estudiarla había que salir, que era lo que quería. El día que fui a pagar mi segundo año de derecho, haciendo la cola me di cuenta de que no podía seguir en eso. Ahí mismo dije: “Quiero ser cocinero”. Así que me metí a estudiar en Le Cordon Blue de Ottawa, Canadá. Escogí esa ciudad porque allí había la posibilidad de hablar y de aprender inglés y francés, y de tener cercanía a la cocina francesa que, en ese tiempo, era mi sueño. Entonces no tenía conciencia de la cocina peruana. Francia era la regla máxima.
¿Y se encontró como cocinero?
Desde mi primera clase supe que era lo mío. En la segunda, un profesor pidió un asistente y yo levanté la mano. Luego logré ser esa especie de ‘monaguillo’ que lavaba las ollas de la escuela entera, solo para vivir todo ese mundo desde adentro. Allá hice los cursos básicos. Tenía 19 años.
En Canadá estuvo un año y luego se fue a Londres, ¿por qué el cambio?
Porque en Ottawa no hay escuela superior, solo básica. Y Londres porque es una ciudad que siempre amé, porque yo era skater, porque escuchaba el punk-rock de allá. Era un sueño. Pero Londres era carísimo, por eso siempre era lavador de platos, para pagarme mis cosas.
¿Cómo fue que usted llegó a trabajar en la cocina del hotel Ritz de Londres?
Porque uno de mis profesores tenía el contacto ahí y me consiguió el último puesto de la cocina, el peón, el peor rango… Yo le limpiaba la %$#( a todo el mundo. La cosa era tan triste que el único día que me preguntaron el nombre y yo dije “Virgilio”, me dijeron: “No, tú te llamas Ross”. Y así me quedé… Yo asumí todo con tal de estar ahí y con tal de sostener mi permiso de trabajo. Ellos se iban al pub y me decían: “Ross, ahora sí a trabajar”, y me dejaban montañas de pescado para limpiar. Y lo hacía. Y gracias a eso el chef ejecutivo se dio cuenta de mi trabajo y empecé a ascender. Pasé a ser asistente de asistente de asistente: pelar papas y demás. Luego pasé a asistente del asistente. Luego a asistente, que ya es un logro. Y por último, chef de partida. Hasta que terminé mis estudios y perdí mi visa.
Y de ahí saltó a Nueva York, a un súper restaurante francés que se llama Lutece. ¿Finalmente realizó su sueño de hacer la mejor cocina francesa del mundo?
un año. Ahí fui chef de partida, pero volví a ser el más /%#& de la cocina, porque era el único no francés.
Anthony Bourdain dice en su libro “Confesiones de un chef” que los ecuatorianos, colombianos y peruanos son los mejores en la cocina porque los tratan mal y al otro día vuelven felices a su trabajo…
Tal cual. Una vez le jodí la salsa a uno de mis jefes, un chef francés de la vieja guardia, y él se fue a mi casillero, sacó mi morral, en el que tenía mi ropa con mi billetera y todo, y lo zambulló en la olla donde hacíamos el fondo de pescado. Y me dijo: “Tú me jodes mi salsa y yo te jodo tu ropa”. Por supuesto nunca más le volví a joder la salsa a ningún chef. Una forma de aprender un poco desgraciada. Recuerdo que era una salsa de oporto con demi-glace que se pasó y empezó a oler a ahumadito… [Ríe].
¿Es cierto que usted casi incendia un restaurante?
Fue en el Four Seasons de Londres, mi siguiente trabajo, después de Nueva York. El caso es que un cocinero ruso, viejo, medio jodido, me dijo, así medio de afán, que le echara un ojo a unos pasteles de papa… “Tienes que subir en una hora a apagarlos”, me dijo en pleno servicio. Yo le dije: “Sí, sí, sí”. Y por supuesto a mí se me olvidó. Y como todos, me fui a tomar una cerveza. Al otro día, cuando llegué al hotel, encontré que se había quemado la cocina, que habían sacado a los huéspedes y que había un letrerito que decía: “Virgilio Martínez, por favor pase por la oficina de personal”.
¿Lo botaron?
Casi me matan, pero no me botaron, porque yo siempre cumplo.
También es sabido que a usted casi le vuelan una oreja en una cocina. ¿Cómo fue eso?
En Letuce, en Nueva York. Yo estaba encima de las sopas y se me acabó el caldo. Y en vez de traer mi caldo y calentarlo, saqué agua de una botella y le eché a la sopa. El chef me vio y me lanzó un cenicero que me cortó la oreja.
¿Eso cambió? ¿Ese trato criminal de las cocinas cambió? Incluso, en su restaurante hay todo un rollo de paz y amor, casi eco-hippie.
No exactamente, pero sí ha cambiado mucho ese mundo.
¿Cómo llegó a Singapur?
El Four Seasons me mandó a trabajar en el restaurante asiático del hotel allá. Y mire cómo son las cosas, cuando me enfrenté a las cocinas china, vietnamita, thai, dije: “A la &&%& la cocina francesa”. Encontré que era lo mejor. Tanto que, a los tres meses, me fui a la isla Co-Phi-Phi, en Tailandia, a cocinar en restaurantes de mochileros, a llevar una vida bien hippie, a vivir en la playa y a entender esa cocina sencilla pero llena desabores.
¿Cuándo decide meterle el diente, literalmente, a la cocina peruana?
Cuando volví a mi país hice parte del proyecto Café del Mar, de Gastón Acurio, que era mediterránea, pero con toques peruanos. Era una fusión. El caso es que, sumadas mis experiencias, entendí que había algo con la cocina peruana. Pero me volvieron a llamar de Londres, para otro restaurante y dije: “Tengo que aprender más y luego vuelvo a lo mío”. Y así fue. No solo trabajé en Londres, sino en Francia e Italia. Estando en esas, Gastón me llamó y me dijo: “Voy a abrir Astrid & Gastón en Bogotá y quiero que tú lo dirijas”.
¿Con qué edad llegó a Bogotá?
Con 27. Pero duré seis meses sin hacer nada porque la obra de la casa se demoró. Así que estuve rumbeando y paseando, hasta que abrimos.
Porque ya había leído de Ferran Adrià y quería vivir esa experiencia. Así que pasé por muchos restaurantes, entre ellos Astrid & Gastón en Madrid, hasta que llegué al de Santi Santamaría.
Santamaría es un hito de la gastronomía mundial. ¿Qué aprendió de él?
De él aprendí a organizar una cocina. Saber hacer equipo. Los sub chefs donde deben estar.
¿Cuál es el chef del que más ha aprendido?
Varios, y casi todos no son figuras. Los que me tocaron codo a codo. Los callados.
¿Cuándo nace la idea de abrir Central?
En España. Ya quería poner algo donde expresara todo lo que había visto y, sin darme cuenta, me fui metiendo poco a poco en la idea de la cocina del Perú. Duré un año viajando por mi país, antes de abrir el local.
¿Y cuándo encontró su lenguaje?
Cuando entendí que si quería un restaurante de innovación, tenía que investigar y eso significa caminar mi país y eso te lleva a la identidad. Nunca me puse en la orilla del “Yo conozco la cocina clásica peruana”, sino que, más bien, dije: “Esto es lo que vi en tal parte y creo que se puede hacer así”. Entonces la visión se fue más allá, a lo antropológico, a lo social. Y también artística, estética. Así pues, empecé a entender que lo bello es lo que es justo. Cuando entendí todo, dije, este es el camino.
Un proceso de investigación como el suyo lleva a un proceso de responsabilidad de cara a la realidad de nuestros países tan jodidos, ¿o no?
Me compromete todo el tiempo. Todos los días nos despertamos con un temor, con un miedo que va más allá de la comida: los proveedores, los campesinos, los costos, el servicio, las reservas, los comensales. Pero más allá de eso, nos hace pensar en para dónde va todo esto. Hacia dónde nos vamos a mover.
Y se movió a Cuzco, ¿y cómo le fue?
Ya cerré.
¿De dónde salió el dinero para montar el restaurante Central?
Esto es una hipoteca de la familia que todavía le estamos pagando a un banco.
¿Le pesa el estrellato?
A ver. Cuando me dicen que si quiero ser embajador de la marca Perú, pues ya no puedo hacer cagadas en la calle. Y eso significa que, de repente, eres un ejemplo para cierta gente. Que lo que dices debe ser prudente. Que lo que haces sea consecuente. Igual, siempre he sido una persona que trabaja un montón y eso me salva.
¿Cuántos platos ha creado?
Más de 500, seguro.
¿En qué consiste su talento?
La intuición, en cuanto a agruparme y juntarme con gente. De la misma manera, en la intuición de no juntarme con los que no me debo juntar.
¿Qué le aconsejaría a un joven que se inicia en la cocina?