Lía Berisso
Ingeniera Electromecánica (UBA, Argentina,1983), con estudios de posgrado en telefonía digital internacional (San Pablo y Estocolmo). Licenciada en Filosofía (UdelaR, 1997). Actualmente redactando tesis doctoral (UBA)
15 años de ejercicio profesional de Ingeniero.
Docente de Facultad de Humanidades (UdelaR) desde 1993. Pertenece actualmente al Departamento de Filosofía de la Práctica.
"Pasiones y razón en la teoría humeana de la acción"
Lía Berisso
Depto. de Filosofía de la Práctica - FHCE
Hume llama a la Ética la “Ciencia del Hombre”. Para él toda acción humana es un evento que tiene una causa. (y las ciencias humanas buscan las causas de la conducta humana). Las causas de las acciones se resumen siempre en pasiones. Una pasión (o lo que para él sería lo mismo, una emoción) es una “existencia original” completa en sí misma, no una proposición. Su teoría es moral, una teoría de la acción, no una teoría de la racionalidad.
Las pasiones no “representan” las cosas de ninguna manera: únicamente “existen” o “son sentidas”. Cuando tengo una cierta pasión sufro cierta modificación de la existencia. Esa modificación de la existencia “explica” la acción.
En este breve trabajo, pretendemos establecer el esquema de la relación razón-pasiones en una óptica humeana desde una teoría neohumeana de la acción.
filósofo de Sevilla, intentaremos fundamentar una interpretación un tanto escéptica del humean’s fork.
I.
Para Hume la razón puede participar en la deliberación del curso de la acción a seguir solamente informando acerca de las acciones que serán más adecuadas para alcanzar las metas y deseos o sea de la eficacia o ineficacia, de la adaptación, buena, mediana o francamente mala de los rumbos de la conducta con vistas a alcanzar ‘lo pretendido’ pero nunca dirá qué metas y deseos se debe tener.
¿Cuál sería la “naturaleza” de la razón?:
Es una facultad que se ejerce en dos ámbitos: el de las cuestiones de hecho y el de las relaciones entre las ideas.
“que los hombres no se asombren de las operaciones de su propia razón y, en
cambio, admiren el instinto de los animales y encuentren difícil explicarlo,
simplemente porque no puede ser reducido a los mismos principios que guían
la razón. Pero considerando el asunto como es debido, la razón no es sino un
maravilloso e inteligible instinto de nuestras almas….” (T 1.4.16, SB 1791)
Quien determina el telos son las pasiones (que no son ni buenas ni malas, son, esto es son de hecho) No hay entonces un ‘deber ser’ como tal, sino un deber ser como adecuación entre medios y fines. La razón es el medio instintivo para satisfacer las pasiones y si se adecua bien o mal eso es una cuestión de eficiencia o de eficacia como se prefiera.
1
En este sentido, Hume afirma que la razón es esclava de las pasiones, en el famoso “pasaje del esclavo” (slave passage del Treatise: T 2.3.3, SB 415):
“No nos expresamos estrictamente ni de un modo filosófico cuando hablamos
del combate entre la pasión y la razón [No hay tal combate, simplemente,] La razón es y sólo debe ser, esclava de las pasiones, y no puede pretender otro
oficio que el de servirlas y obedecerlas”
Las actividades de la razón (generalmente llamada entendimiento) se resumen en esa dualidad, el llamado Hume’s fork (horqueta, tenedor): estamos frente a la limitación de la razón en la vida moral.
- La razón sola no puede constituir un motivo de ninguna acción de la voluntad, esto es : no puede mover a ningún hombre a actuar.
- La razón no puede nunca oponerse a la pasión en la dirección de la voluntad.
Hay además un uso impropio de los términos ‘razón’ y ‘razonable’, que se produce cuando se confunde ciertas pasiones serenas con la razón. Para Hume se trata también de tendencias y deseos.
Hume dice llanamente que nuestras aversiones o propensiones, y las acciones subsiguientes que puedan provocar, se deben a las perspectivas de placer o dolor que puedan despertarse en relación con cualquier objeto.
“Todos los objetos de la razón e investigación humana pueden, naturalmente, dividirse en dos grupos, a saber: relaciones de ideas y cuestiones de hecho; a
la primera clase pertenecen las ciencias de la Geometría, Algebra y Aritmética
y, en resumen, toda afirmación que es intuitiva o demostrativamente cierta. (...)
Las proposiciones de esta clase pueden descubrirse por la mera operación del
pensamiento, independientemente de lo que pueda existir en cualquier parte
del universo. (...) No son averiguadas de la misma manera las cuestiones de hecho, los segundos objetos de la razón humana; ni nuestra evidencia de su
verdad, por muy grande que sea, es de la misma naturaleza que la
precedente“. (EHU, 3, SB 252)
II. Porqué (o cómo) podemos mirar esto desde una perspectiva neohumeana:
Vamos a comenzar con una referencia al Calígula de Albert Camus:
“Las cosas no se consiguen porque nunca se las sigue hasta el fin. Pero quizás
basta permanecer lógico hasta el fin”3
Calígula ha decidido ser racional, hasta las últimas consecuencias (la muerte de todos o la suya propia). Sólo un poco más adelante, el implacable e impecable razonamiento lógico:
“Se muere por ser culpable. Se es culpable por ser súbdito de Calígula. Ahora bien, todo el mundo es súbdito de Calígula. Luego todo el mundo es culpable.
De donde resulta que todo el mundo debe morir. Es cuestión de tiempo y de
paciencia.” 4
2
Cito de las Enquiry según el formato (EHU, Sección, SB# )donde el # corresponde a la numeración de la edición considerada estandard, Enquiry concerning the human Understanding [1ªed.1748], ed. de L.A Selby-Bigge and P.H. Nidditch, 3ªed., Clarendon Press, Oxford, 1975). Para la traducción me guío por Investigación sobre el conocimiento humano, ed. de Jaime de Salas Orueta, Alianza, Madrid, 1980). El lector atento comprobará que sólo hay leves y muy pocas diferencias entre mi versión castellana y la de referencia.
3
Albert Camus, ‘Calígula’ en El Malentendido-Calígula, Losada, Buenos Aires, 1949, p.61.
Calígula declaró: “yo he decidido ser lógico, y como tengo el poder, veréis lo que os costará la lógica”5
Ahora bien, ¿es Calígula racional o es la suya la brillante expresión del paranoico? ¿Es la racionalidad llevada al límite (tendiendo al infinito) una forma de paranoia?
Dice Hume:
“Nunca nos concerniría en lo más mínimo el saber que tales objetos son
causas y tales objetos son efectos, si tanto las causas como los efectos nos
fueran indiferentes. Si los objetos mismo no nos afectaran su conexión no
podría nunca conferirles influencia alguna, y es evidente que, como la razón no
consiste sino en el descubrimiento de esa conexión, no podrá ser por ella como
medio, como sean capaces de afectarnos los objetos”(T 2.3.3, SB 414)
Así que dentro de los límites de la mera razón los objetos, un cierto objeto, por ejemplo la vida de los súbditos de Calígula, como vida, no afecta a nadie.
La referencia a Calígula, la tomamos de un neohumeano, el Filósofo de Sevilla José Luis Tasset.
Tasset se queda un poco más acá, para él un proyecto neohumeano del desarrollo del concepto filosófico de ‘pasiones’ simplemente presenta ventajas frente a otros proyectos de comprensión del comportamiento humano más racionalistas. Para nosotros es el único posible.
En primer lugar se trata de qué entendemos por razón. La hemos definido como el medio instintivo para satisfacer las pasiones.
5
En una perspectiva prescriptivista, a la manera de R. M. Hare, es claro que las acciones no pueden ser como las proposiciones, verdaderas o falsas, pero si pueden ser inconsecuentes. Esto establece en primer lugar una relación entre lógica y acción, en términos de que sólo la acción consecuente con la lógica será eficiente. Esto descarta las acciones inconsecuentes, como meras fallas de la racionalidad.
En segundo lugar, subsiste la cuestión de sí y cómo pueden justificarse los actos morales. En la concepción no-cognitivista (y esta es la posición de Hume para Hare) el ámbito de la ética no es susceptible de un conocimiento científico (en el sentido de discernible como objetivo y/o verdadero). En este sentido para Hume, como para Hare, los juicios morales son recomendaciones para la acción. La distancia (de 200 años6) la establece la pretensión de Hare de que el individuo debe estar dispuesto a fundar esas recomendaciones (prescripciones) en razones de validez universal.
Entonces el papel de la razón se ha agigantado, no es ya sólo instrumento de la acción sino que es el lugar definicional. Naturalmente hay que separar aquí razones de causas: las pasiones suministran las causas de la acción.
Para R.M. Hare la universabilizabilidad (que se identifica en último término con la verdad y la razón) es la condición sine que non de la argumentación moral. Mientras Hare es una especie de filósofo kantiano del lenguaje, Hume establece una suerte de psicología moral.
III.
Toda teoría neohumeana de la acción, que arranque de lo establecido por David Hume hace tres siglos y se informe del discurso moral desarrollado por
6
los hombres hasta nuestro tiempo, debe recorrer la distancia de significaciones que implica el universalismo.
Hume se pregunta “¿Qué teoría de la moral puede en absoluto servir a un propósito útil, como no pueda demostrar (…) que todos los deberes que recomienda constituyen también el verdadero interés de cada individuo”7 Y su solución (y esto si recurrir a la afirmación de la inmortalidad del alma) es que el interés universal y el individual coinciden siempre. Pero, ¿coinciden? ¿Qué hacemos con el “bellaco prudente”, el “sinvergüenza (i)razonable”? Y no son dos posiciones idénticas y todos conocemos ‘alguien’ así.
“Si su corazón no se rebela contra esas máximas perniciosas, si no siente
rechazo ante los pensamientos de villanía o bajeza…”
Lo que Hume afirma es simplemente falso (u optimista, en fin) No es verdad que los deberes que una moral recomienda coincidan para todos los individuos, en todos los momentos, con sus propios fines. ¿Podemos atrevernos a afirmar que la teoría falla, en sus propios términos?
Podemos intentar salvar los hechos y forzar la universabilidad, pero ya no estamos propiamente dentro del sistema de Hume.
Como lo pone Derek Parfit: “Sabemos que hay razones para actuar, y que algunas razones son mejores o más fuertes que otras (…) Discutiré varias teorías. Algunas de ellas son teorías morales, otras son teorías sobre la
racionalidad”8. Nuestro intento ha sido mostrar que la teoría humeana es una teoría moral, de ningún modo una teoría sobre la racionalidad. En este sentido
7
An Enquiry Concerning the Principles of Morals, Clarendon Press, Oxford, 1975, Conclusión, Sec. 2.
8
el Hume’s fork, resulta un dilema irresoluble: ambos cuernos se apoyan, se suponen y se contraponen, de manera insalvable.
BIBLIOGRAFIA
FUENTES (Obras de Davis Hume citadas):
An Enquiry Concerning the Principles of Morals,[1751], citado desde Enquiries concerning Human Understanding and concerning the Principles of
Moral, ed. de L.A Selby-Bigge and P.H. Nidditch, 3ªed., Clarendon Press, Oxford, 1975.
Enquiry concerning the human Understanding [1748], citado desde Enquiries concerning Human Understanding and concerning the Principles of
Moral, ed. de L.A Selby-Bigge and P.H. Nidditch, 3ªed., Clarendon Press, Oxford, 1975.
A Treatise of Human Nature [1739-40], ed. de L.A Selby-Bigge and P.H.Niddish, 2ªed., Clarendon Press, Oxford, 1978.
Otras Obras de referencia
Camus, A., [1947] ‘Calígula’ en El Malentendido-Calígula, Losada, Buenos Aires, 1949.
Fate Norton, D. (ed.) The Cambridge Companion to Hume, Cambridge University Press, Cambridge-UK, 1993.
Parfit, D., [1984] Razones y Personas, A. Machado Libros, Madrid, 2004.
Tasset,J.L., “Introducción” y “Notas” en D. Hume, Disertación sobre las pasiones y otros ensayos morales, ed. bilingüe, Anthropos, Madrid, 2004.