APUNTES DE LENGUA Y LITERATURA PARA SELECTIVIDAD COLEGIO VIRGEN DEL CARMEN
CURSO 2007-2008
Prof. Dr. Antonio José Mialdea Baena
Dedicado a mi alumno Gonzalo Camacho Guerrero (Estos apuntes son en una buena parte originales del profesor y en otra tomados de otros colegas. Este profesor se ha sentido con la libertad de añadir o suprimir fragmentos dependiendo de las necesidades de sus alumnos. No cito todas mis fuentes porque el uso que hacemos de estos apuntes es privado. Si encuentras faltas de ortografía se debe a que tengo estropeado el teclado del ordenador).
1. INTRODUCCIÓN
Lo que te vas a encontrar en el examen de lengua y literatura de selectividad es un texto del que vas a tener que responder a 5 preguntas. Las tres primeras forman un bloque que podríamos denominar el comentario critico. En la primera tendrás que hacer un breve resumen, en la segunda proponer un tema y una estructura textual y en la tercera te exigen que ofrezcas tu opinión personal y fundamentada del texto así como algunas ideas sobre la construcción lingüística o literaria del texto mismo. El segundo bloque esta formado por las preguntas cuarta y quinta. En ambos casos se ofrece la posibilidad de dos opciones para escoger una de ellas. La pregunta cuarta se centra en cuestiones lingüísticas y la quinta en cuestiones literarias.
Lo que te ofrezco a continuación es un breve resumen a modo de apuntes o de “tormenta de ideas” para que puedas afrontar cada una de las preguntas con una cierta coherencia.
2. EL TEXTO
Ya sabes que te vas a encontrar dos textos y tendrás que elegir uno de ellos para elaborar tu examen. En principio, los textos serán periodísticos o literarios (recuerda que te pueden caer dos literarios). Aunque es bastante improbable que caiga un texto de ensayo, ofreceré en estas notas algunas características generales de este tipo de textos.
quinta para ver si tu elección textual viene igualmente acompañada por preguntas que sean más cómodas para ti.
Bien, he dicho que tres tipos de textos son los que debes tener presentes: periodísticos, literarios y de ensayo. Antes de decir algo sobre cada uno de ellos, te diré algunas características comunes de los textos que puedes utilizar en el examen.
Dejando de lado la textualidad oral o hablada, porque no te va a hacer falta, debes saber que un texto es el resultado de un acto de comunicación con una extensión indeterminada, con un sentido y en el que el emisor tiene una intencionalidad que puede ser comunicativa (transmitir una información) e ilocutiva (deseo de lograr un determinado efecto en el receptor).
Por su modalidad, los textos pueden ser de cinco tipos esencialmente:
a) descriptivos: se representan cualidades de personas, objetos, espacios y tiempos sin tener que seguir un orden predeterminado.
b) Expositivos: se representa lo abstracto y genérico, conceptos, ideas, pensamientos entre los que no se puede establecer una conexión lógica o temporal.
c) Narrativos: se representan acontecimientos que se desarrollan en el espacio y el tiempo con un orden determinado. Posee una finalidad estética.
d) Argumentativos: son aquellos textos en los que se presentan pruebas para validar una tesis o una opinión.
e) Prescriptivos: son textos que ordenan o determinan algo (jurídicos, administrativos o legislativos).
Un texto debe poseer textualidad y para que esto ocurra deben darse una serie de condiciones:
- que tenga adecuación, es decir, que se adapte al tipo de receptor a quien va dirigido, que no se salga del tema del que trata, que utilice el lenguaje conveniente (culto, coloquial…)
- que tenga coherencia, es decir, que tenga en cuenta una adecuada cantidad de información, que las ideas del texto sean claras y comprensibles, que todo vaya en relación al tema propuesto, que este bien estructurado.
- Que tenga cohesión, es decir, que posea coherencia lingüística. Con esto me refiero a que las construcciones gramaticales sean correctas. Ya sabes que un texto puede utilizar muchos mecanismos de cohesión textual:
++ La referencia: que puede ser situacional o textual. Situacional cuando se señala algún elemento que no esta en el texto; textual cuando se señala a algún elemento que esta en el texto. Si se refiere a algo ya enunciado se llama anáfora; si se refiere a algo que se enunciara después se llama catáfora.
++ La elipsis: que se produce cuando existe una omisión de algún elemento del texto que se sobreentiende.
++ La sustitución que esta muy relacionada con la referencia textual. ++ La isotopía, que consiste en repetir elementos del texto y puede ser gramatical si se refiere a repetición de sustantivos, adjetivos, etc.; semántica si se refiere a repetición de significados; y fónica si se refiere a la repetición de sonidos.
++ Los conectores (o marcadores textuales, enlaces, nexos), que son palabras que sirven para enlazar los enunciados o partes del texto. Pueden ser conjunciones, adverbios, locuciones adverbiales o conjuntivas. Pueden expresar: temporalidad, adición, restricción, objeción, causa, consecuencia, alternativa, orden, especificación. Como ves, los conectores están estrechamente relacionados con el asunto de la oración compuesta tanto por coordinación como por subordinación (aprovecha para repasar el cuadro de la oración compuesta, aprender los nexos y hacer ejercicios de análisis).
Hasta aquí las características generales de cualquier texto que debes señalar en el texto del examen que escojas, no importa de que tipo sea. Estas nociones que te he puesto arriba deben ser analizadas sea cual sea el texto. No hace falta que hables de todo pero si que se te note una cierta soltura en estos asuntos. Escoge la pregunta tres para desarrollar estas cuestiones puramente textuales.
A continuación te diré algo sobre cada uno de los tres tipos de textos que antes he mencionado:
2.1 textos periodísticos
Los medios de comunicación social son los canales específicos a través de los cuales se difunde todo tipo de informaciones sobre hechos de interés para una colectividad. La comunicación periodística busca satisfacer la necesidad de información sobre asuntos de interés general.
Los medios de comunicación social cumplen, en general, tres funciones: información, formación y entretenimiento. Las propiamente periodísticas son las dos primeras: información y formación.
La información es el fin principal de un periódico. Transmitir información, difundir noticias es la función fundamental que satisface la necesidad básica del lector, oyente o espectador de conocer lo que acontece en el mundo. Puede definirse como la difusión objetiva de relatos de hechos novedosos que tienen un interés general, realizada periódicamente. Son, pues, cuatro caracteres básicos los que contiene esta definición:
a) Periodicidad. Ello permite clasificar las publicaciones de prensa en diarios, semanarios y revistas mensuales.
b) Novedad. Los hechos han de ser recientes o bien inéditos. Una noticia es perecedera, la información que se transmite pierde su vigencia y su interés para el lector con mucha rapidez.
humano, la proximidad geográfica, etc. El lector crítico y reflexivo debe plantearse cuáles son los motivos que en cada caso han llevado a la publicación a informar de tal hecho y no de otros. A veces, los medios confunden interés público (o general) con interés del público (ej. la vida de los famosos), un interés que esos medios contribuyen a crear.
d) Objetividad. La información periodística debe ser ante todo veraz y objetiva. No obstante, la plena objetividad informativa es imposible de alcanzar. La propia selección de las noticias que se van a transmitir implica un acto subjetivo.
Son varios los factores que condicionan la objetividad, tanto de tipo externo como de tipo interno. De tipo externo podemos citar el Estado (en una democracia, puede favorecer determinados medios mediante filtraciones, el contrato exclusivo de espacios publicitarios...), las agencias de prensa (las agencias internacionales y nacionales seleccionan e interpretan la información que facilitan a los medios), la empresa editora (como toda empresa, está sujeta a intereses económicos, políticos, religiosos...), la publicidad (al ser la fuente principal de ingresos de un medio, éste se cuidará de no perjudicar los intereses de un anunciante) y, por último, el receptor o suscriptor, que exige una línea ideológica afín y constante.
En relación con los factores internos, podemos referirnos a la elección del material informativo, la redacción de la noticia (tratamiento, estructura, punto de vista y expresión), rasgos tipográficos (lugar en que se publica, espacio concedido, contexto, signos no verbales [mapas, dibujos, fotos...) o los titulares (tamaño, redacción, etc.).
La segunda función básica de la comunicación periodística consiste en la interpretación de los hechos. Además de la información objetiva, la publicación realiza el análisis, reflexión y valoración de los hechos, sus causas y de sus consecuencias o repercusiones.
Más allá de la interpretación y la opinión sobre los hechos está la propaganda: la publicidad comercial o la propaganda electoral o institucional.
2.1.1 El espacio periodístico
La comunicación periodística se lleva a cabo en unidades textuales de cierta complejidad estructural: el periódico (o la revista) en la prensa escrita y el programa informativo en radio y televisión. Este espacio está caracterizado por su unidad externa, su variedad temática y la estructuración jerárquica de los mensajes.
La unidad externa viene definida por el hecho de que un periódico o programa recogen toda la información y opinión correspondiente a un determinado período de tiempo. La variedad temática es grande. Por ello se organiza en secciones diferentes (internacional, nacional, local, cultura sociedad...). Este procedimiento facilita al receptor la lectura, ya que puede localizar con rapidez la información que le interese.
a) El lugar relativo: La importancia que se concede a la primera página del periódico nos permite deducir que las noticias en ella contenidas son las más relevantes para la redacción. Asimismo, la primera página de cada sección se sobrepone a las páginas siguientes. De igual modo, las páginas impares cobran mayor relieve dentro de cada sección.
b) Lugar en la página. Son posiciones preferentes la mitad superior frente a la inferior (anuncios), la posición central (frente a las columnas situadas a los lados) y, entre éstas, la exterior, la parte derecha (frente a la que queda en el interior).
c) Extensión. Una noticia impresa a dos o más columnas, aunque sean de corta longitud, es más relevante que a la impresa a una sola columna.
d) Tamaño y tipo de letra. El titular de la noticia es en sí mismo un signo de importancia, que se refuerza con el tamaño y tipo de letra que se le conceda. e) Códigos iconográficos. El uso de fotografías dibujos, diagramas, mapas... aumentan el espacio y con ello, el relieve de la noticia.
f) Montaje de la noticia. Por último, el contexto en el que se inserta condiciona la importancia relativa de la noticia: sección en la que se incluye, noticias que aparecen en la misma página, dentro o fuera de recuadro, etc.
2.1.2. GÉNEROS PERIODÍSTICOS
El periódico es un texto unitario, aunque sus secciones traten de asuntos muy diversos (deportes, cultura, sociedad, política nacional o internacional...). La diversidad de asuntos tratados justifica la coexistencia de géneros diversos, que poseen rasgos característicos de contenido y expresión.
Los rasgos que diferencian unos géneros de otros están vinculados a las dos funciones básicas de la comunicación periodística: información y opinión. Así, podemos distinguir tres tipos de géneros:
a) Informativos: la noticia, el reportaje y la entrevista.
b) Opinión: el editorial, el artículo de opinión y las cartas al director.
c) Mixtos: la crónica y la crítica.
2.1. 3. CARACTERÍSTICAS DEL LENGUAJE PERIODÍSTICO
Hemos de manifestar, en primer lugar, que no es uniforme en los distintos géneros, ni en los distintos medios. Al contrario, si algo caracteriza a la lengua usada en los medios de comunicación es la heterogeneidad.
Esta heterogeneidad obedece a varios factores: diversidad de canales (textos escritos en la prensa escrita, o textos orales o escritos oralizados en la radio y la televisión); géneros dispares (los géneros subjetivos- el artículo o la columna- son cuasi-literarios frente a los géneros informativos que buscan la claridad, la concisión y el rigor), y temas variados (los temas deportivos, taurinos, económicos... imponen sus propios tecnicismos).
medios de comunicación sobre el idioma general. Su enorme capacidad de difusión los convierte en poderosos instrumentos de educación idiomática, incluso para muchos hablantes modelo único de corrección. No obstante, en ocasiones, esta influencia es perniciosa. De ahí, la creación por los medios y empresas informativas de los Libros de estilo.
La lengua en los géneros informativos
Los rasgos generales del uso de la lengua en los géneros informativos, determinados por la propia finalidad comunicativa del género, son la objetividad, la concisión y la claridad.
La OBJETIVIDAD determina que predominen las oraciones enunciativas y en tercera persona; las oraciones impersonales y las pasivas reflejas; las generalizaciones (todos ven, cualquiera reconoce...). Respecto del léxico, ha de ser rigurosamente denotativo, por lo que se prescinde de todo elemento valorativo: los adjetivos son descriptivos, especificativos. Los verbos, dado que se trata de una narración, están en modo indicativo y en pretérito indefinido o pretérito perfecto compuesto, o bien en presente histórico, sobre todo, en titulares. Asimismo, esta exigencia de objetividad explica el uso preferente del estilo directo: la reproducción literal y entre comillas de palabras del personaje. La CLARIDAD se justifica por el carácter del destinatario: un público amplio y heterogéneo que busca sencillez, rapidez y eficacia en la transmisión del una información. Por ello, los enunciados suelen ser simples y sin alteraciones del orden natural.
Sin embargo, la tendencia a la CONCISIÓN lleva a los periodistas a intentar acumular gran cantidad de información en el mínimo espacio posible. Ello hace que las oraciones se alarguen por la utilización de extensos sintagmas nominales, incisos explicativos y oraciones subordinadas.
La variedad temática de las noticias explica que se acepte con facilidad usos lingüísticos procedentes otras variedades funcionales de la lengua (la política, la economía, la ciencia, el registro coloquial, la lengua literaria...).
Por último, es característico el descuido en el uso de la lengua. La rapidez en la redacción, pero también el uso de ciertos vicios idiomáticos han acabado consolidándose como propios del lenguaje la información, pese a los esfuerzos de los Libros de estilo.
La lengua en los géneros de opinión
Los géneros de opinión son textos personalizados: dependen de la voluntad y gusto del autor que goza de gran libertad. El uso de la lengua está condicionado por el tema y por los efectos que pretende conseguir en el lector. Por su carácter de pequeño ensayo, se hace patente la subjetividad a través de:
- el uso de la 1ª persona de singular y a veces interpelaciones a la 2ª: - juicios personales, verbos de opinión, como creo, pensamos, me parece;
2.2. Los textos literarios
El lenguaje literario es, básicamente, la lengua escrita estándar en la que se introducen palabras poco usuales (cultismos, voces inusitadas, extranjerismos, arcaísmos, etc.) y que se somete normalmente a una voluntad de forma. Por una parte, tiene muchos rasgos que lo acercan a la lengua escrita culta; pero por otra, es frecuente que aparezcan en él giros coloquiales y hasta vulgares, para producir ciertos efectos expresivos.
Artificios lingüísticos
En la literatura suele emplearse el idioma para llamar la atención sobre sí mismo, sobre cómo están dichas las cosas. El escritor debe producir extrañeza y ha de usar, con ese fin, los artificios adecuados. Aunque no por literarios estos recursos han de ser muy raros o chocantes. Tengamos en cuenta que en la lengua ordinaria utilizamos con frecuencia el asíndeton, la adjetivación ornamental, las series binarias de palabras, metáforas, metonimias, etc.
Función poética
Cuando el lenguaje se utiliza para producir belleza, para llamar la atención sobre sí mismo, actúa en él la función poética. Lo importante no es tanto lo que se dice sino cómo se dice. El escritor pretende suscitar en el receptor una serie de sensaciones de belleza, creatividad e influencia a través de la forma de su mensaje. Son válidos todos los recursos expresivos. Esta función aparece también en el lenguaje coloquial; cualquier persona, al construir su mensaje, selecciona de manera consciente o inconsciente las palabras, las inflexiones de la voz o los tipos de oraciones para conseguir una transmisión más eficaz de aquello que se pretende comunicar.
El texto literario como acto de comunicación
El texto literario funciona como un acto de comunicación que posee las siguientes características:
- Es resultado de una creación que el autor destina a que perdure y se conserve exactamente con la misma forma original.
- La comunicación que la obra literaria establece con el lector y oyente es unilateral, porque el mensaje no puede recibir respuesta inmediata del receptor. - La obra no se dirige a un destinatario concreto, sino a receptores
desconocidos, muchos o pocos, actuales o futuros (receptor universal).
- El lector u oyente no establece relación directa con el autor, sino sólo con el mensaje, con su obra (comunicación diferida). Y ello, cuando él lo desea. De esa manera, la iniciativa del contacto comunicativo corresponde al receptor. - La comunicación literaria es desinteresada, no tiene una finalidad
práctica inmediata. Por el contrario, posee una naturaleza estética, es decir, pretende producir las reacciones que en el ánimo suscita lo bello. Sin dejar de ser cierto lo anterior, no lo es menos que muchos autores escriben literatura para favorecer una determinada causa, para promover un cambio en la sociedad, para denunciar una situación.
Rasgos diferenciales
El límite que separa al lenguaje literario de otros tipos de lenguaje es muy difuso. Muchos escritos de carácter periodístico o científico pueden ser considerados como verdaderas piezas literarias.
Así pues, el texto literario posee unas características internas sumamente peculiares pero, a la vez, difíciles de aislar. Comparte un buen número de ellas con otras clases de textos: la plegaria, el mensaje publicitario, el eslogan, el conjuro, el texto periodístico, etc.
Carácter desinteresado
Quizá el rasgo más diferencial sea su carácter desinteresado. Desinteresado en cuanto a la comunicación en sí misma, no por lo que se refiere a la remuneración que el autor pueda obtener a cambio de lo escrito. El texto literario no tiene una finalidad práctica inmediata.
Final previsto
A diferencia de lo que ocurre en la comunicación ordinaria (la conversación entre dos interlocutores), el texto literario posee un final previsto por el autor. La extensión del texto dependerá del género elegido, pero siempre fluctuará dentro de unos límites aproximados. El cierre es, pues, otra de sus características diferenciales.
Artificios lingüísticos
Cuanto más estricta sea la exigencia del cierre, mayores efectos suele provocar en el lenguaje de la obra. Los géneros en verso muestran mayores artificios lingüísticos que los géneros en prosa; pero, en general, el empleo de expresiones poco usuales: arcaísmos, neologismos, voces inusitadas y cultas, y construcciones sintácticas atípicas caracterizan a todos los géneros literarios. De estos artificios lingüísticos trataremos con más detalle en el apartado Recursos literarios.
Polisemia
El texto literario se presta a múltiples interpretaciones o lecturas; en teoría, a tantas como lectores y oyentes. Y ello no perturba la comunicación; por el contrario, muchos lectores que muestran entusiasmo por una obra literaria no la entienden, o la comprenden de un modo deficiente y superficial. Pero la comunicación resulta satisfactoria. Esto no puede ocurrir en los mensajes ordinarios o en otros mensajes de finalidad práctica, pues daría lugar a errores que podrían ser muy graves; imaginemos lo que podría resultar de una polisemia en las señales de tráfico.
Recursos literarios
Uno de los recursos que de forma más general caracterizan al lenguaje literario es el uso de una adjetivación especial, el uso de epítetos. Los epítetos son adjetivos ornamentales, no estrictamente necesarios para la comprensión de un mensaje. El buen escritor busca evitar los epítetos triviales y, en general, prescindir de los que no produzcan efecto de novedad.
Según la Retórica tradicional, son figuras todas las anomalías que se producen en un escrito, todo aquello que produce extrañeza en el lector. Muchas de ellas se basan en la repetición y en el paralelismo. La repetición produce efectos rítmicos tanto en verso como en prosa. Puede conferir brillo a cualquier tipo de prosa, aunque el abuso de las construcciones rítmicas entraña el riesgo de caer en la excesiva musicalidad o en el sonsonete.
Figuras fónicas
La principal es la aliteración o repetición de uno o varios fonemas, con una frecuencia perceptible. Cuando la aliteración persigue una finalidad imitativa de sonidos o ruidos de la naturaleza, se denomina onomatopeya. La aliteración, como toda repetición muy marcada, perjudica a la prosa no literaria, y puede producir cacofonías y sonsonetes.
Figuras sintácticas
Son artificios de la construcción gramatical, y muchos de ellos se producen por apareamiento o paralelismo. Son más abundantes en el verso, pero no están ausentes en la prosa literaria. Dos de las más frecuentes son el hipérbaton y la anáfora.
Figuras de palabra: los tropos
Llamamos tropos a aquellas figuras retóricas que cambian el significado de la palabra.
El símil o comparación
No se trata, hablando con propiedad, de un tropo, pero es un concepto muy próximo. Cuando comparamos, por ejemplo, la vejez con una puesta de sol, en ninguno de los dos términos que intervienen en la comparación se produce mutación de significado. En todo símil hay un término real (A) y un término imaginario o imagen (B). Además, de un modo u otro, al comparar marcamos gramaticalmente el hecho de que estamos comparando (A es como B, A semeja B, A me parece B, etc.).
La comparación es frecuente también fuera de la lengua literaria. Se recurre a ella para presentar más plásticamente lo que se quiere decir y, muchas veces, para concretar un pensamiento abstracto.
Los símiles estereotipados o hiperbólicos suelen ser perjudiciales para el estilo de un escrito.
La metáfora
La metáfora es el tropo por el cual se aplica el nombre de un objeto a otro objeto con el cual se observa alguna analogía, suprimiendo cualquier rastro gramatical de comparación.
Hay metáforas que están incorporadas al uso general, los diccionarios las registran y nadie las identifica como figuras, ya que no producen extrañeza alguna (la cabeza de un alfiler). Pero el escritor crea sus propias metáforas (Mi soledad llevo dentro, torre de ciegas ventanas; o, en un texto periodístico: Raúl se pasó la tarde hambriento de balón).
Una palabra aislada no puede funcionar como metáfora, necesita de un contexto en el que cobrar significado.
La metonimia
Consiste en la sustitución de un término por otro que esta en relación de continuidad por causa, por procedencia, por efecto o por consecuencia. “Te iras llenando de sol” (se entiende que de la luz del sol).
Hipérbole
En ella la expresión no corresponde al pensamiento. Se trata de una exageración, de una afirmación por exceso: Una mujer tan delgada, / que en la vaina de una espada / se trajo a la sepultura.
Lítotes o litótesis
Con ella se atenúa lo que se quiere decir, bien para no molestar al interlocutor, bien para dar más relieve al contenido: no está mal (por está bien).
Personificación
Es la atribución de cualidades humanas a los animales y a las cosas: el viento
susurra una canción monótona.
Ironía
Consiste en decir lo contrario de lo que se piensa: por ahí va Brad Pitt, (señalando a un tipo feísimo).
Antítesis
Una palabra se pone en relación, más o menos sorprendente, con otra contraria: Era sólo sombra de su pasado esplendor.
Paradoja
Es una contradicción aparente: al avaro, las riquezas lo hacen más pobre. Formas de elocución literaria
Los textos literarios suelen ser una combinación de las tres formas de elocución clásicas: narración, descripción, y diálogo. El retrato y el monólogo pueden ser interpretados como variantes de las anteriores.
Narración
Los términos narración o texto narrativo se utilizan en su sentido estricto para hacer referencia a los fragmentos en los que se relatan hechos reales o imaginarios.
La narración es una de las formas de elocución más antiguas y de mayor tradición literaria. Es la base del cuento, de la novela, de la leyenda, del poema épico y otros géneros y subgéneros literarios; pero también lo es de buena parte de nuestra comunicación habitual con los demás.
Puesto que lo narrado son principalmente acciones, el verbo ocupa un lugar destacado en ella, tanto por su frecuencia, como por su significado.
Como el narrador cuenta sucesos ya ocurridos, predominan los verbos en pasado, en especial los pretéritos indefinidos y los imperfectos. Cuando aparecen otros tiempos verbales como conductores de la narración, suelen tener valor de pasado (presente histórico, por ejemplo).
El narrador
El narrador es el personaje que conduce la historia, presenta a los demás personajes, explica las circunstancias en que se desarrollan los hechos que narra, etc.
El narrador puede formar parte de la ficción literaria como un personaje más o separarse de ella. Cuando el narrador cuenta la historia conociendo todos sus hechos pasados, presentes y futuros, hablamos de narrador omnisciente. Cuando el narrador y el protagonista se identifican en una misma persona, decimos que el relato se presenta como una autobiografía. Hay casos en los que la autobiografía es real y otros en los que es sólo un artificio literario.
Las personas y el punto de vista
El narrador puede valerse de cualquiera de las personas gramaticales para dar vida a su relato desde diferentes puntos de vista:
- Narración en primera persona. El narrador participa de los hechos que narra como un personaje más, presentándose a sí mismo bien como el protagonista de esos sucesos, bien como un personaje secundario o bien como mero testigo de ellos.
- Narración en segunda persona. El narrador se dirige a sí mismo, de forma que se convierte a la vez en narrador y en personaje. Este desdoblamiento es un artificio que se utiliza en algunas narraciones modernas. - Narración en tercera persona. Es la más frecuente. El narrador cuenta
unos sucesos que ocurrieron a otros personajes ajenos a él. Orden y sucesión de acontecimientos
El orden en que aparecen los elementos de una narración depende de cuál sea el foco considerado de mayor interés dentro de la misma.
Si interesa conocer el desenlace de unos acontecimientos, la narración seguirá un orden cronológico desde los primeros hasta los últimos sucesos. En este caso, lo narrado tiene un desarrollo lineal.
Si lo que importa destacar no es el desenlace, sino las circunstancias que llevaron a tal desenlace, la narración puede comenzar por los últimos sucesos para después dar un salto al pasado (flash back) y narrar el resto de la historia desde el principio hasta esos sucesos finales, como si se tratara de recuerdos. Cuando se trata de destacar tanto los orígenes o causas como el desenlace, se puede empezar la narración en un punto intermedio de la historia, e ir relatando luego los acontecimientos anteriores y posteriores al punto de arranque. Este procedimiento se denomina narración in medias res ('en mitad del asunto'). Descripción
Describir es dibujar con palabras. Definida con más precisión, la descripción es la representación de personas o cosas por medio de la lengua, refiriendo o explicando sus distintas partes, cualidades o circunstancias.
lentitud y estatismo. Se recurre frecuentemente a la comparación como método descriptivo.
Clases de descripción
Según lo descrito, podemos hablar de descripción de paisajes y objetos, o de personas y animales. Ambas pueden realizarse de forma realista o impresionista. La descripción de personas se denomina retrato, que suele realizarse mediante la combinación de prosopografía (descripción de la apariencia externa de una persona, los rasgos físicos y la indumentaria) y etopeya (descripción del carácter, acciones y costumbres de una persona). Ni una ni otra suelen aparecer aisladas. Aunque predomine la descripción física, el autor suele introducir comentarios relacionados con el carácter del personaje o hace derivar de los rasgos físicos alguna peculiaridad psicológica de la persona retratada. Según la intención con que se realice el retrato o el tono empleado en su redacción, hablamos de retrato objetivo o subjetivo, laudatorio o satírico.
Según el que describe, la descripción puede ser objetiva o subjetiva, estática o dinámica. La finalidad de la descripción objetiva es informar fielmente del aspecto, componentes y otras características de un mecanismo, de un fenómeno, de una reacción, etc. Es más propia de la prosa de investigación que de la literaria. La descripción subjetiva se caracteriza por dar entrada, en mayor o en menor medida, a la opinión del que describe. De hecho, es muy frecuente que, a través de sus descripciones, el autor pretenda influir en la opinión que el lector ha de formarse sobre lo descrito.
Estática o dinámica. En una descripción estática el punto desde el cual se supone que el autor observa es fijo; desde ese punto y mediante una técnica fotográfica más o menos fiel el autor presenta un cuadro de lo que percibe. En la dinámica el autor describe el objeto a medida que va descubriéndolo; con técnica cinematográfica, se va adentrando en una realidad que aparentemente descubre al tiempo que el lector.
Diálogo
Aunque el diálogo, el medio de comunicación humana más utilizado y es característico de la lengua oral, también aparece con frecuencia en la lengua escrita, por ejemplo en formas narrativas como la novela o el cuento, en formas expositivas e, incluso, en poesía.
Para la trascripción del diálogo puede utilizarse el estilo directo, el indirecto o el indirecto libre.
Cuando el discurso de una persona se dirige hacia sí misma o hacia un interlocutor que no se halle presente, se produce un monólogo. El monólogo está sujeto a las mismas formas de trascripción que el diálogo.
Géneros literarios
El concepto de género se ha ido conformando históricamente; se entiende por género un conjunto de constantes retóricas y semióticas que identifican y permiten clasificar los textos literarios; dicho de otro modo, son ciertas técnicas de composición, y ciertas leyes de forma y contenido a las que se someten las obras literarias.
se mantiene esencialmente la misma clasificación con distintos nombres (narrativa, poesía y drama), pero la evolución de los gustos y modas estéticas ha provocado que en muchos textos modernos resulte difícil fijar rígidamente los límites entre lo puramente lírico, lo narrativo o lo dramático.
El género lírico
Los textos líricos expresan el mundo subjetivo del autor, sus emociones y sentimientos, o una profunda reflexión. Se prefiere para ello el verso a la prosa y se manifiesta profusamente la función expresiva del lenguaje. Tradicionalmente la lírica es una expresión de la experiencia del yo, pero en ciertas formas de la lírica moderna el yo se desvanece en favor de la imagen o de una escena desligada de la subjetividad del poeta.
El género dramático
El autor no habla por sí mismo sino que hace hablar a sus personajes. Puede estar compuesto en verso o prosa y habitualmente están presentes todas las funciones del lenguaje. Aunque puede ser leído, se escribe para ser representado.
Características del género dramático
Así, este género literario cuenta con las siguientes características básicas: - Los autores dramáticos deben contar una historia en un lapso de tiempo
bastante limitado, con lo que no se pueden permitir demoras innecesarias. - El hilo argumental debe captar la atención del público durante toda la
representación. El recurso fundamental para conseguirlo consiste en establecer, cada cierto tiempo, un momento culminante o clímax que vaya encaminando la historia hacia el desenlace.
- El teatro es una mezcla de recursos lingüísticos y espectaculares, o lo que es lo mismo, el texto literario se suma, como un elemento más, a los elementos escénicos pertinentes para conseguir un espectáculo completo. - Aunque podamos leer una obra de teatro, los personajes que intervienen
en ella han sido concebidos por el autor para ser encarnados por actores sobre un escenario.
- La acción se ve determinada por el diálogo y, a través de él, se establece el conflicto central de la obra.
- El autor queda oculto detrás del argumento y los personajes. Si leemos una obra teatral, observaremos que de vez en cuando aparecen indicaciones sobre cómo debe ser el escenario o cómo deben actuar los personajes. Estas instrucciones se denominan acotaciones. Por lo demás, los sentimientos del autor, sus ideas y opiniones se encuentran diluidos en la amalgama de personajes y ambientes que forman una obra de teatro.
A partir de estas características generales, los elementos que otorgan personalidad propia a este género son los siguientes:
Acción
desarrolla ante nuestros ojos cuando asistimos a una representación teatral. Este argumento suele estar dividido en actos o partes (también denominados
jornadas). La antigua tragedia griega no se dividía en actos, sino en episodios
(de dos a seis) separados entre sí por las intervenciones del coro. A partir del teatro romano se generalizó la división en cinco actos, hasta que Lope de Vega (1562-1635) redujo la acción a tres actos, división que llega hasta hoy. Si dentro de un acto se produce un cambio de espacio, entonces se ha producido un cambio de cuadro, con lo que dentro de un acto puede haber distintos cuadros según los espacios que aparezcan. Por otra parte, cada vez que un personaje sale de la escena, o bien cuando se incorpora uno nuevo, se produce una nueva escena. Un acto constará de tantas escenas como entradas y salidas de personajes haya.
Personajes
Son quienes llevan a cabo la acción dramática a través del diálogo. Debido a las limitaciones espacio-temporales de una obra teatral, es difícil que podamos asistir a una caracterización psicológica profunda de todos los personajes, por lo que sólo son analizados con detenimiento los protagonistas. Los personajes se suelen valer de la mímica o los gestos como complemento al discurso. Estas expresiones fisonómicas o gestos suelen obedecer a las acotaciones del autor, aunque en algunas representaciones es el director de escenografía el que dicta los movimientos de los actores, en ocasiones, de manera distinta a las acotaciones. Con la eclosión del teatro durante el Siglo de Oro (XVI-XVII), aparecen una serie de personajes o tipos característicos que representan actitudes o comportamientos ideales, tales como el galán, la dama, el padre o hermano de la dama, el gracioso como contraste al galán, el criado criticón o el soldado presumido y fanfarrón. A partir del Romanticismo no podemos hablar de tipos determinados, sino de personajes que evolucionan ante los ojos del espectador.
Tensión dramática
Es la reacción que se produce en el espectador ante los acontecimientos que están ocurriendo en la obra. Los autores buscan el interés del público mediante la inclusión de momentos culminantes al final de cada acto, lo cual contribuye a que se mantenga la atención hasta el desenlace. La tensión dramática pone en juego recursos como el avance rápido de la acción justo después de la presentación, de modo que se pone inmediatamente en marcha el conflicto; momentos que van retardando el desenlace, con lo que el interés aumenta, y el denominado anticlímax, cuando el conflicto que presenta la acción llega a un desenlace inesperado o no previsto.
Tiempo
denominado tiempo aludido. Así, hemos de diferenciar entre tiempo de la representación, tiempo de la acción y tiempo aludido.
Como hemos dicho arriba, las obras se suelen dividir en actos o jornadas. Normalmente, si se produce algún salto temporal, éste estará situado entre dos actos, y serán los personajes los encargados de informar, mediante sus palabras, del tiempo que ha transcurrido con respecto al acto anterior. Aristóteles, en el siglo IV a. C., estableció en su Poética unas sencillas técnicas que ayudaban a evitar los saltos espaciotemporales: se trata de la regla de las tres unidades, según la cual la acción de una obra dramática sólo se podrá desarrollar en un día (unidad de tiempo), en un único espacio (unidad de lugar) y con un solo hilo argumental, sin acciones secundarias (unidad de acción). Lope de Vega rompe con estas reglas tan estrictas y el teatro del Romanticismo (XIX), siguiendo las directrices de Lope en su Arte nuevo de hacer comedias, consagrará la ruptura definitiva con la Poética de Aristóteles. Diálogo
Las conversaciones que los personajes mantienen entre sí hacen que la acción avance. Estas conversaciones se pueden producir entre dos o más personajes. En algún momento, un personaje, apartándose del resto o desviando su mirada, puede hacer un comentario en voz alta, destinado al público, que no es oído por el resto de personajes. Este recurso se denomina aparte. Mediante los
apartes los personajes realizan reflexiones en voz alta, hacen comentarios malintencionados o declaran un pensamiento que puede ser de utilidad para el desarrollo de la acción. La finalidad de los apartes es la de informar al público. Por otra parte, uno de los recursos más característicos del teatro es el monólogo: discurso que un personaje, normalmente solo sobre el escenario, pronuncia para sí mismo a modo de pensamiento o reflexión, aunque en realidad el receptor último es el público. Suele tener un carácter lírico y reflexivo y una extensión considerable. El monólogo más famoso de nuestra literatura es el que pronuncia Segismundo en La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca (1600-1681). Hoy en día el término monólogo se ha puesto de moda gracias a las intervenciones que ciertos humoristas realizan sobre un escenario ante el público. Se trata de un recurso teatral desgajado del contexto de una obra dramática, que demuestra el gran rendimiento que puede ofrecer como reflexión o información a los espectadores. Por último, en el teatro clásico grecolatino solía aparecer un coro que, en ciertos momentos de la representación, era tomado por la voz de la conciencia del personaje, el narrador o una comunidad de personas. Este personaje colectivo solía poner el punto final a cada uno de los episodios en los que estaban divididas las obras dramáticas.
Acotación
Se trata de aclaraciones que el autor de la obra teatral realiza sobre cómo debe ser el decorado, cómo se tienen que mover los personajes, qué gestos deben hacer... Son orientaciones que intentan clarificar la comprensión de la obra, por lo cual, aunque aparezcan ante nuestros ojos cuando leemos una obra dramática (normalmente entre paréntesis o con letra cursiva), no pueden ser pronunciadas durante una representación.
Para que el argumento de una obra sea creíble, los directores teatrales suelen recurrir a recursos auxiliares que contribuyan al espectáculo: un vestuario acorde con la época en la que se sitúa la obra, música de fondo o de acompañamiento (con la misma finalidad que la banda sonora de una película), iluminación adecuada a cada momento y una escenografía adaptada a la obra en cuestión, que suele estar al cargo del director de escena. En el teatro medieval estos recursos eran casi inexistentes, con lo que los espectadores debían utilizar más su imaginación para la contemplación de una obra teatral. Durante el Siglo de Oro, con la representación en corrales de comedias, los autores se debían valer de dos o tres puertas al fondo del escenario y un primer piso con ventanas y un balcón. Poco a poco el teatro se fue desarrollando y fue precisamente Calderón de la Barca quien más contribuyó al desarrollo de los efectos más o menos especiales y de la escenografía. Hoy en día la representación depende, en cuanto a su escenografía, del director de escena, que puede concebir un escenario minimalista, es decir, con los mínimos recursos, o bien una representación clásica, esto es, lo más realista posible.
2.3 Los textos ensayísticos
El ensayo se puede definir como “un texto en prosa, de extensión variable, aunque generalmente breve, de amplia variedad temática y de carácter reflexivo. Sus características son:
-Modalidades textuales: exposición, argumentación (ésta última imprescindible para justificar ideas). Pero las pruebas que se aportan en los ensayos no son demostraciones científicas sino razones verosímiles y probables, valoraciones subjetivas y experiencias personales.
-Tipo de reflexión: subjetiva e histórica. Se realiza desde la perspectiva del emisor (el ensayista), que está situado en un contexto temporal y espacial determinado, por eso, quizá sea el género más subordinado a las circunstancias sociales, ideológicas, culturales e históricas en que se produce. Presenta un tono personal y subjetivo que refleja la posición del autor, su crítica sobre el tema.
-Finalidad: la intención comunicativa del emisor es persuadir al lector (convencer) no solo de las opiniones expuestas., sino de lo bien argumentadas que están y de su buen estilo lingüístico.
-Estructura: presentan una estructura abierta, es decir, los temas no son tratados con exhaustividad y las reflexiones son provisionales. Son frecuentes las digresiones, cuando el tema principal varía hacia otros, y se incluyen fragmentos heterogéneos como narraciones, descripciones, ejemplos y citas. -Estilo. El ensayo presenta la lengua estándar, con voluntad de claridad y corrección.
Se utilizan pocos tecnicismos, ya que va dirigido a un público culto, pero no especialista.
Predomina el vocabulario abstracto de tipo humanístico, procurando, al mismo tiempo, una expresión clara, elegante y amena.
para implicar al lector, así como expresiones de referencia general (la gente, alguien, nadie…) o las formas de impersonalidad (se cree, se considera...) Inclusión de vocativos, como forma de interpretación al lector.
-Uso de un léxico ponderativo y de expresiones de duda o de interrogación. Empleo de oraciones de las modalidades imperativa e interrogativa.
-Empleo de sinónimos, neologismos, polisemia, creación de palabras... - Uso abundante de las perífrasis por la posibilidad de matices.
-El lenguaje pretende ser preciso, pero sin sujetarse a la univocidad léxica del lenguaje científico (es decir, el lenguaje científico tiende a buscar un solo significado, huye por tanto de la polisemia).
-Tratamiento estilístico con la elección de determinados recursos expresivos. Estilo vivo, dinámico, que no rechaza los procedimientos literarios: metáforas, comparaciones, refranes, frases hechas…
Hay ensayos literarios como el de Manuel Azaña llamado “Juan Valera”, hay ensayos también de tema religioso como “La agonía del cristianismo” de Unamuno, filosóficos, científicos etc... Hoy es, sin duda, el género más cultivado.
3. EL RESUMEN, EL TEMA Y EL COMENTARIO CRÍTICO
Ya tienes material suficiente para responder a la pregunta tres el examen, o sea, la que se refiere propiamente al comentario crítico. Tienes tanto para responder a cuestiones generales de un texto como a las cuestiones mas especificas dependiendo de que te elijas uno periodístico, uno literario o uno de ensayo. Ahora, algunos consejillos prácticos para realizar las tres preguntas. Es importante que, aunque cada una lleve su número correspondiente, le des una continuidad a estas tres primeras preguntas para evitar repeticiones innecesarias.
Para realizar un buen resumen (supuesto que ya has leído el texto con el máximo interés) tienes que tener en cuenta cuatro premisas básicas: la primera, que la extensión de lo que escribas no debe superar un tercio del texto original; la segunda, que no debes repetir oraciones que ya aparezcan en el texto (ni siquiera para citarlas entrecomilladas: esto déjalo para el comentario critico); la tercera, que lo mejor es comenzar con una oración simple tratando de evitar expresiones del tipo: “en este texto se dice…” o “el autor señala…”, y otras del mismo tipo; y cuarta pero no menos importante, que no hagas comentarios críticos ni juicios de valor en este momento (eso lo dejas para la pregunta 3).
Si te atienes a estas cuatro premisas es muy probable que te salga un buen resumen.
cuenta la intención del autor, su subjetividad. Es muy importante el tono que el autor ha utilizado, especialmente en los texto humorísticos o irónicos, pues en estos casos, el resumen y el tema pueden ser muy distantes. Por ello, es aconsejable dejar esta labor para el final, incluso después de haber hecho el comentario crítico, pues éste puede darnos pistas sobre la verdadera intención del autor al elaborar el texto.
La estructura consiste básicamente en dividir el texto en partes, desde el punto de vista de su contenido. La estructura externa del texto puede ser de gran utilidad, puesto que hay una correspondencia muy grande entre la división en párrafos y la estructura interna, organizativa, del texto. Si el texto no se divide en párrafos, la labor es más compleja, pues obligaría a fijarse en los conectores textuales de los que te hable anteriormente y que te darán una idea del tipo de subordinación presente en el texto (mas abajo te señalo los más importantes).
Para hallar la estructura interna (la del contenido) se pueden seguir las siguientes pautas de trabajo:
- Dividir en partes el texto, señalando las líneas o párrafos que comprende cada una de estas partes.
- Justificación apropiada de los apartados.
- Señalar las ideas principales y secundarias de cada parte.
- Indicar las conexiones textuales (lógicas, gramaticales, etc.) entre las partes. La estructura interna también dependerá del tipo de texto que tienes delante. En general, los periodísticos (en el caso de los artículos de opinión) y los ensayísticos son más fáciles de tratar en este sentido ya que suelen estructurarse en forma de tesis-desarrollo-conclusión, trinomio que incluso se encuentra separado ya en párrafos, por lo que no importan tanto los conectores o marcadores textuales. Donde importan mas es en los textos literarios narrativos (en los poemas menos) ya que al ponerte un fragmento pequeño de una obra completa uno puede encontrarse algo mas perdido. Por eso, aquí conviene atender a los conectores porque nos pueden ayudar a resolver la estructura interna del párrafo y sobre todo no te olvides, cuando no hay párrafos, de dividir por líneas, es decir, de la línea tal a la línea cual... Te escribo ahora los conectores más usuales:
Aditivos. Expresan suma de ideas.
Noción de suma: y, además, también, asimismo, también, por añadidura, igualmente.
Matiz intensificador: encima, es más, más aún. Grado máximo: incluso, hasta, para colmo.
Concesión: con todo, a pesar de todo, aun así, ahora bien, de cualquier modo, al mismo tiempo.
Restricción: pero, sin embargo, no obstante, en cierto modo, en cierta medida hasta cierto punto, si bien, por otra parte.
Exclusión: por el contrario, en cambio.
Causativos-Consecutivos. Expresan relaciones de causa o consecuencia entre los enunciados
Consecutivos: por tanto, por consiguiente, de ahí que, en consecuencia, así pues, por consiguiente, por lo tanto, por eso, por lo que sigue, por esta razón, entonces, entonces resulta que, de manera que .
Causales: porque, pues, puesto que.
Comparativos. Subrayan algún tipo de semejanza entre los enunciados Del mismo modo, igualmente, análogamente, de modo similar.
Reformulativos. Indican que un enunciado posterior reproduce total o parcialmente, bajo otra forma, lo expresado en uno o más enunciados anteriores.
Explicación: es decir, o sea, esto es, a saber, en otras palabras. Recapitulación: en resumen, en resumidas cuentas, en suma, total, en una palabra, en otras palabras, dicho de otro modo, en breve, en síntesis. Ejemplificación: por ejemplo, así, así como, verbigracia, por ejemplo, particularmente, específicamente, para ilustrar.
Corrección: mejor dicho, o sea, bueno.
Ordenadores. Señalan las diferentes partes del texto
Comienzo de discurso: bueno, bien (en un registro coloquial): ante todo, para comenzar, primeramente (en un registro más formal)
Cierre de discurso: en fin, por último, en suma, finalmente, por último, terminando, para resumir.
Transición: por otro lado, por otra parte, en otro orden de cosas, a continuación, acto seguido, después.
Digresión: por cierto, a propósito, a todo esto.
Temporales: después (de). después (que), luego, desde (que), desde
(entonces), a partir de.... antes de, antes que, hasta que, en cuanto, al principio, en el comienzo, a continuación, inmediatamente, temporalmente, actualmente, finalmente, por último, cuando.
Dentro de la pregunta 3, la del comentario crítico, tienes dos vertientes a las que tienes que atender: por un lado, a cuestiones de topología textual y para eso léete el apartado que he dedicado al texto. Con eso tienes más que suficiente para responder a la primera vertiente, digamos, mas objetiva. La otra vertiente, la más subjetiva, es la de tu opinión crítica sobre lo que has leído. Existen varias perspectivas desde las que abordar la opinión personal. En cualquier caso no son más que pautas; no todas ellas serán posibles, ni todas tendrán el mismo interés, en función del texto que se presente. No deben aparecer ni como referencia ni como títulos en el comentario.
Debe presentar una estructura argumentativa, con los siguientes apartados: INTRODUCCIÓN del tema. Dentro de la introducción pueden considerar dos aspectos:
a) Localización
Se sitúa al autor del texto, o la época histórica, cultural o literaria, siempre si se conoce. En caso contrario, se salta. Es preferible no decir nada que “meter la pata”.
b) Valoración del propio texto
Se parte de la idea principal: se glosa, se explica. Hay que tener en cuenta que no siempre se pide opinar sobre la idea principal del texto, sino que se sugiere alguna idea que tenga alguna relación con el mismo. No se puede opinar sobre un texto que no se entiende. Se pueden utilizar apoyaturas (Citar textualmente frases del texto, siempre "entrecomilladas”). El comentario puede incluir aquí explicaciones sobre esas ideas.
DESARROLLO ordenado de las ideas. Es la parte más extensa. Se trata de aportar argumentos que tengan relación con el texto. Hay que tener en cuenta que se valorarán tanto los argumentos aportados, como la originalidad de los mismos. No se trata, pues, de enumerar rasgos presentes en el texto, sino aportar ideas sobre el texto. Pueden seguirse las siguientes pautas. Relación entre el autor y el texto.
Se valorará la actitud o posición del autor, poniendo de manifiesto la coherencia o incoherencia del texto, teniendo en cuenta:
la implicación del autor en lo que dice:
- se lo cree - no se lo cree.
el punto de vista: objetivo, irónico, afectivo, humorístico, etc. Justificarlo
la manipulación del material ideológico y lingüístico, señalando el uso de
procedimientos literarios y gramaticales que lo justifiquen Relación entre el texto y el lector.
Se puede estar de acuerdo, en desacuerdo, o matizar algunas ideas. Se deben justificar adecuadamente los motivos de adhesión o rechazo, no limitándose solo a señalar la postura ante el texto.
Hay que evitar siempre la visceralidad. Las opiniones deben ser medidas y pesadas, tanto en el contenido como en la expresión. El elogio excesivo y la crítica feroz no son muestras de mayor madurez, sino precisamente de lo contrario. Comentar con mesura, sin miedo, pero razonadamente.
Relación entre el texto y la sociedad
Se prestará atención a las condiciones sociales, políticas, culturales, etc., que el texto muestra, poniendo de manifiesto, si fuera necesario, su adscripción a determinadas corrientes o grupos ideológicos presentes en nuestro mundo. También es posible acercar el texto a nuestra realidad, estableciendo relaciones con nuestras lecturas, aficiones, problemas, etc..., bien de una forma general (aludiendo a su presencia en medios de comunicación de masas: prensa, radio, televisión, cine,...), bien de una forma personal (situándonos dentro de un determinado grupo, social, cultural, o incluso, político).
Relación entre el texto y la historia
En algunos casos, es posible establecer vinculaciones del texto con la tradición histórica o con otros textos de diferentes épocas, señalando su oportunidad, originalidad temática o formal, trascendencia o intrascendencia del texto. Pero siempre atendiendo a estos aspectos desde una perspectiva general, no como estudiantes de Bachillerato. Se puede incurrir en el error de "llevar" el texto al temario de las asignaturas de Bachillerato, concretamente a la Filosofía o la Historia. Esto es, demostrar lo interesante que es el texto en relación con la Crítica de la Razón Práctica de Kant o con la evolución de la economía capitalista en el siglo XIX. No hay que mezclar asignaturas.
CONCLUSIÓN: Resumen de las ideas más importantes que se han expuesto antes, aportando una visión final sobre el texto.
4. LA PREGUNTA CUARTA: CUESTIONES DE LENGUA ESPAÑOLA Y DE LINGÜÍSTICA GENERAL
trata del análisis tradicional; mientras que si te piden relaciones sintácticas se trata mas bien de un análisis proposicional en el que de manera redactada tienes que ir relatando el tipo de relaciones que se establecen entre las distintas proposiciones del segmento textual que te hayan propuesto. El grado de dificultad entre la una y la otra es similar.
A los profesores que te corrijan el ejercicio de análisis no les importa la forma en que decidas realizarlo siempre que el resultado sea bueno. Aunque no voy a indicarte ahora la manera de realizar un análisis sintáctico, conviene que tomes buena nota de estos consejos.
El primero es que trates de ver el segmento textual a vista de pájaro, es decir, acuérdate del esquema en el que tanto he insistido en clase. Ese esquema te ayuda a situar lo que tienes (seria como contestar a la pregunta de relaciones sintácticas). Con el esquema consigues poner delante las relaciones de coordinación y de subordinación que se establecen entre las distintas partes de la oración que tienes que analizar. Y ya sabes que la coordinación siempre prevalece por encima de la subordinación. Así que las coordinadas son las que dividen en partes la oración (siempre que las haya naturalmente).
El segundo es que analices siempre desde fuera hacia dentro o por partes, pero no de forma lineal. Esta estrategia es más para que la tengas en la cabeza que sobre el papel, quiero decir que analices por partes sin perder de vista la relación entre las partes.
El tercero es que no te olvides de hacer preguntas al verbo porque generalmente el no tiene inconveniente en responderte. Y así, preguntándole, seguramente te Irán saliendo todas las funciones sintácticas del segmento que te hayan propuesto.
El cuarto es que no dejes de repasar el cuadro de las oraciones compuestas, sobre todo para aprenderte los nexos, no solo porque son importantes para la sintaxis, sino porque además, como te he dicho antes, te pueden servir de mucha ayuda para averiguar la estructura interna o de contenidos en aquellos textos cuya estructura externa no ayude mucho.
La opción “b” de esta cuarta pregunta se refiere a cuestiones de lingüística general o de historia de la lengua española. Ya tienes algunas cuestiones por apuntes que te he ido entregando, como por ejemplo, sobre la formación de palabras castellano. Ahora te dejo algunas cuestiones que son también de interés.
EL LÉXICO ESPAÑOL. Base latina.
El léxico español está formado mayoritariamente por las palabras procedentes del latín. El porcentaje de palabras de procedencia latina se estima en un 73%. Ahora bien, no todas han sufrido los mismos cambios, ni se han incorporado a la lengua de la misma forma. Se distinguen dos vías:
Son aquellas palabras que han estado presentes siempre en nuestra lengua, desde que los romanos llegaron a la Península hasta hoy. Nuestra lengua no es sino "latín del Siglo XX". Estas palabras han evolucionado fonéticamente (al igual que los otros niveles de la lengua) hasta el punto de que, a veces, no se puede reconocer su "paternidad" latina. Así, la palabra latina hominem es nuestra actual hombre. En medio de ambas, hay toda una evolución y vacilación entre diversas soluciones ( hominen> hom'ne> hombre ) que sólo se encontrarán si se estudian los textos medievales y renacentistas, pues estas palabras quedan fijadas, con su forma definitiva, hacia el siglo XVI/XVII en el mejor de los casos. Y ello es así porque en esta época queda "fijado" el sistema fonológico español en sus aspectos más importantes. Todas ellas se conocen como palabras patrimoniales.
Vía culta:
Otras palabras han sido introducidas en la lengua en diferentes épocas de la historia, generalmente por escritores cultos que necesitaban vocablos para designar conceptos nuevos o por necesidades expresivas o artísticas. Estas palabras se denominan cultismos. En su origen, eran palabras propias de personas cultas, pero la mayoría de ellas pronto pasaron a la lengua estándar, siendo hoy, desde una perspectiva sincrónica, palabras de uso y significado muy común.
Frente a las palabras patrimoniales, los cultismos no han sufrido apenas las evoluciones fonéticas propias de aquellas. Conservan casi intactos los fonemas del latín. Así, la palabra latina fraternus es hoy fraterno. Ha habido diversas épocas en que la incorporación de cultismos se ha producido de forma masiva. En general, coinciden con épocas de latinización del lenguaje. Por diversos motivos, el siglo XV y el siglo XVI y XVII han sido los periodos más productivos. No obstante, los cultismos llegan hasta hoy, pues la mayoría de los tecnicismos son cultismos.
Vía patrimonial y vía culta:
En ciertos casos, la evolución de ciertas palabras patrimoniales se detuvo en sus mismos orígenes. Generalmente la presión que se ejercía culturalmente sobre ellas era grande, especialmente desde el ámbito religioso. Los clérigos eran conocedores del latín y seguían utilizando estas palabras con su fonética latina. Pero eran palabras patrimoniales: siempre habían sido utilizadas por el pueblo. Así, seculus hubiera dado lugar a *sejo (seculo> seg'lo> sieglo>* sejo); sin embargo la presión culta detuvo la evolución en siglo. O fructus, que hubiera evolucionado a *frucho se detuvo en fruto. Estas palabras son los semicultismos.
Préstamos.
A esa base latina, se han ido incorporando otros préstamos léxicos. Unos se fueron incorporando al latín, desde donde han sufrido los mismos cambios que cualquier otra palabra latina. Por ello, son difíciles de reconocer. Se trata fundamentalmente de voces prerromanas y germanismos. Otros se incorporaron ya al naciente castellano, como los arabismos. Otros, finalmente, son de incorporación más o menos reciente.
Voces prerromanas.
En la Península, antes de la Romanización (218 a - 29 y 19 a. C.) coexistían numerosos idiomas: lenguas celtas, iberas, turdetanas, etc. Los romanos lograron la uniformidad lingüística al imponer el latín como lengua común. Sólo un territorio permaneció aislado y su idioma subsistió y ha llegado hasta hoy: el vascuence o euskera.
De esas lenguas, mal conocidas casi todas ellas (el ibero se ha llegado a leer), se conservan aún unas cuantas palabras. En efecto, son voces prerromanas: vega, barro, carrasca, páramo, balsa, losa, arroyo, camino, cabaña, camisa, braga, salmón, cerveza.
Germanismos.
Los germanos, procedentes de Centro Europa, invadieron la Península Ibérica en el siglo V. Para combatir a estas tribus invasoras (suevos, vándalos, alanos), los romanos se aliaron con otro pueblo germánico, el de los visigodos, que acabaron imponiendo su poder militar. Sin embargo, como su número era escaso, adoptaron la lengua de los vencidos: el latín, en donde introdujeron algunas palabras germánicas o germanismos, referidas principalmente al campo bélico: adrede, agasajar, aspa, ataviar, brotar, escarnecer, escatimar, espía, espuela, esquila, estaca, galardón, gana, ganar, ganso, guardar, guerra, guiar, parra, rico, rapar, ropa, rueca, sala, tapa, triscar, ufano, yelmo. Hay también antropónimos (nombres propios de persona) germánicos: Alberto, Álvaro, Fernando, Rodrigo, Rosendo, Argimiro, Elvira, Gonzalo, Alfonso, etc. Y son también germánicos algunos topónimos (nombres de lugar): Mondariz, Guitiriz, Gondomar, Castrogeriz, Villafáfila, etc.
Arabismos.
En el 711 los árabes iniciaron la conquista de la Península. Su avance fue vertiginoso. En sólo siete años ocuparon toda la Península. Sólo resistieron algunos reductos cristianos al norte. Al quedar aislados entre sí, el latín perdió la homogeneidad que hasta entonces había tenido y se produjo la fragmentación lingüística de la Península, en donde fueron surgiendo las nuevas lenguas romances, siguiendo en buena medida el avance de la Reconquista.
Hasta 1492 no se consigue la total expulsión de los musulmanes. Fueron en total siete siglos de convivencia, Esto se tradujo en una incorporación masiva de palabras árabes a las diversas lenguas hispánicas. El castellano posee hoy unas cuatro mil palabras (un 17% de léxico). No debemos olvidar que los árabes aportaron una serie de conocimientos fundamentales a la Europa de su tiempo, gracias a la Escuela de Traductores de Toledo y que representaban una cultura más rica que la europea.
busca de la piedra filosofal. Conocen el alcohol, que destilan en alambiques. Su organización militar y administrativa es superior: alcaldes y alguaciles velan por el buen funcionamiento del municipio. Las campanas tocan a rebato, cuando se produce una algarabía; los alféreces y adalides dirigen a los jinetes, que destrozan todo con sus alfanjes.
Pero también hay períodos de paz. Las mujeres se dedican a fabricar
alfombras, albornoces, almohadas. Se adornan además con alhajas, abalorios
y ajorcas, pues son muy zalameras. Las casas tienen bellos zaguanes, adornados con azulejos. De ahí se pasa a las alcobas. En la cocina tienen
alacenas, donde guardan tazas y jarras. Como vemos, a los albañiles no les faltaba trabajo; hacían buenos tabiques y azoteas. Y se preocupaban por el
alcantarillado.
En el campo, hacían acequias, para retener el agua. Sacaban el agua de los pozos con norias y la repartían a través de zanjas. Con estos nuevos sistemas de regadío conseguían buenos productos, como berenjenas, zanahorias, sandías, alcachofas, alubias, arroz, azafrán, azúcar, etc. A veces, los jabalíes
destrozaban los huertos. Las aceitunas eran prensadas en almazaras, de donde retiraban luego el aceite, después del pago de la maquila. Además, se conservan numerosos topónimos: Alcalá, Algeciras, Madrid, Guadalajara, Medina de ...; aunque el más extendido es el que hace referencia a los ríos, en árabe guad-: Guadalorce, Guadalquivir. Algunos topónimos mezclan el árabe con el latín: así Guadiana, "Río Ana" (denominación latina del mismo río) o Guadalupe, "río de los lobos", [lupi (plural), en latín].
Galicismos
Las voces procedentes del francés (galicismos) se han incorporado abundantemente al castellano en dos épocas, la Edad Media y el siglo XVIII. En la Edad Media, y a través del Camino de Santiago, se incorporaron muchos galicismos: alemán, batalla, barón (título), ciprés, coraje, hereje, pincel, escote, jamón, joya, manjar, mantel..
En el Siglo XVIII, con la llegada de una nueva dinastía reinante, los Borbones (de origen francés), se incorporan palabras como bayoneta, bufanda, brigada, gabinete,espectro, cadete, funcionario, espectador, petimetre.
Americanismos
Hasta la conquista de América, nadie fumaba tabaco, ni se podían comer
patatas, tomates, maíz, cacao, cacahuetes, ni tampoco se podía tomar café, ni
chocolate. Colón descubrió un Nuevo Mundo, al que llevamos nuestra lengua.
A cambio, América aportó muchas plantas y frutos desconocidos por los europeos, tantas como había en la tierra de Jauja . Los ríos servían de comunicación por medio de las canoas, pero tenían que tener cuidado con las
pirañas. En el mar acechaban los tiburones y los tremendos huracanes.
Cada tribu tenía su jefe o cacique. Las lenguas y pueblos eran numerosos. Desde México hasta la Patagonia vivían aztecas, mayas, aimaras, araucanos, incas, etc.
Anglicismos