L A C I U D A D D E O A X A C A E N
VÍSPERAS D E L A R E F O R M A
Charles B E R R Y U n i v e r s i d a d d e L o u i s v i l l e
L o s D I O S E S F U E R O N C A P R I C H O S O S cuando crearon O a x a c a : die-ron a la región recursos en abundancia pero a l a vez una oro-grafía tan formidable que apenas la moderna tecnología puede conquistar su territorio. N o hay simetría en las cadenas
monta-ñosas que se amontonan a trochemoche por todo él, y rara vez rompen éstas su monotonía, abriéndose para dar lugar a la pla-na superficie de los valles. E n uno de esos raros espacios, cerca del eentro del Estado, las altas y toscas montañas, azules y ca-fés, se apartan de m a l a gana para permitir la convergencia de tres valles. C e r c a de ahí tuvieron su asiento los señoríos mixteca y zapoteca, que florecieron en la oscura prehistoria del Nuevo M u n d o . Ahí, donde la inmensa mole del San Felipe lanza unos contrafuertes que casi tocan M o n t e Albán, los arrojados conquis-tadores españoles fundaron, en 1523, u n a población que llama-ron Antequera en recuerdo de su patria andaluza.
Los colonizadores fueron perseverantes y lograron el estable-cimiento de l a ciudad a pesar de los varios intentos para expul-sarlos por parte de Hernán Cortés, que decía que habían pene-trado en su Estado, el vasto señorío que le otorgó la Corona española. C e r c a de esa población, Cortés, titulado marqués del V a l l e , instaló la cabecera de la parte sur de sus dominios y em-pezó a construir u n palacio y unas oficinas administrativas. C o n el tiempo se vio forzado a ceder privilegios, dejando a los po-bladores crecer en número y enriquecerse.1
1 José F e r n a n d o I T U R R I B A R Í A : O a x a c a e n la h i s t o r i a . D e la época
p r e c o l o m b i n a a l o s t i e m p o s a c t u a l e s , México, E d i t o r i a l Stylo, 1955, p p .
61-65.
H a c i a mediados del siglo x i x l a ciudad de O a x a c a , como se la llamaba para entonces, había crecido considerablemente en población y superficie pero conservaba el sello de su origen y su arquitectura españolas.2 L a traza de l a ciudad, herencia de sus fundadores, continuaba reflejando l a unidad económica, social y espiritual de sus habitantes.
L a zona comercial se estableció alrededor de l a plaza central, u n espacio amplio y abierto que en 1850 apenas estaba p a -vimentado a medias, sin árboles n i jardines, y con u n a fuente en el centro. A la parte del norte estaban l a Catedral, l a parro¬ quia del Sagrario y las oficinas administrativas de l a diócesis. Por l a parte opuesta, al sur, estaba el inconcluso Palacio de G o -bierno, cuya construcción había sido iniciada en 1832 para sus¬ tituir al viejo edificio, arruinado por los frecuentes temblores que se sienten en l a región.5
Los edificios que rodeaban a l a plaza cubrían las aceras con arcadas abiertas al modo de los claustros de los monasterios. Se les llamaba portales, y tenían u n nombre particular para cada lado de l a plaza. A los del sur se les llamaba los Portales del Palacio, y a los del norte, de Clavería, por las oficinas diocesa-nas. A l este y al oeste había comercios y sus portales se llamaban respectivamente de los Zapateros y de las Flores, aunque éste a veces era nombrado del Señor, porque en u n nicho sobre la puerta de una de las tiendas— había una venerada imagen de Cristo. L a honraban muy especialmente los viernes de cua-resma, en que l a plaza se llenaba de creyentes que cantaban
2 José F e r n a n d o I T U R R I B A R Í A : " A l o n s o García B r a v o , trazador y
alarife de la villa A n t e q u e r a " , en H i s t o r i a M e x i c a n a , v n : l (jul.-sept.,
1957), p p . 84-86.
3 E l ala oeste de este edificio se terminó p r i m e r o , pero la falta de
fondos y los disturbios civiles detuvieron la construcción. A pesar de los esfuerzos de varios gobiernos por terminarla, esto n o sería logrado sino hasta 1881, después de medio siglo, lo que es indicio de la pobreza que
cayó sobre O a x a c a en el siglo x i x . José F e r n a n d o I T U R R I B A R R Í A : M o n o
-grafía histórica d e l P a l a c i o d e l o s P o d e r e s d e l E s t a d o d e O a x a c a , s/1,
himnos, acompañados por una orquesta, y oraban al Cristo de los Portales.*
Enfrente de la Catedral, que miraba al oeste, estaba l a pe-queña A l a m e d a , con "árboles frondosos, calzaditas de arena, bancas de piedra, lamparas y una sección enrejada", como la describía u n viajero del siglo pasado.5 E n el lado norte de la C a -tedral estaba el Palacio Episcopal —-uno de los mayores edifi-cios de l a c i u d a d — residencia del obispo, y el seminario dio-cesano.
E l mercado ocupaba dos manzanas al sudoeste de l a plaza mayor. Se le llamaba Plaza de San Juan de Dios por tener a su lado la iglesia de ese nombre. Régalada a la ciudad por C o r -tés en u n momento de generosidad, la plaza del mercado, abier-ta, tenía corredores y puestos por todos lados, llamados de sol o de sombra y más o menos caros según la cantidad de sol o sombra que recibían al día.6 L a plaza era propiedad del ayun-tamiento, que la rentaba a u n individuo que a su vez subarren-daba los puestos. A mediados del siglo xrx una astuta mujer de negocios, Josefa Bustamante, tenía rentada l a plaza por 500 pe-sos anuales.
L a ciudad bebía el agua de u n manantial cercano al pueblo
* Andrés P O R T I L L O : O a x a c a e n e l c e n t e n a r i o d e \a I n d e p e n d e n c i a N a c i o n a l . N o t i c i a s históricas y estadísticas d e la c i u d a d d e O a x a c a y a l -g u n a s l e y e n d a s t r a d i c i o n a l e s . . . , O a x a c a , H . Santaella, 1910, p. 130
( C a d a cuarta página de este libro está n u m e r a d a , de modo que cada página que citemos se puede referir bien a la p r o p i a página n u m e r a d a , bien a la última página n u m e r a d a antes de la que contiene la informa-ción c i t a d a ) .
5 G . F . V O N T E M P S K Y : M i t l a , A N a r r a t i v e o f I n c i d e n t s a n d P e r s o n a l A d v e n t u r e s o n a J o u r n e y in M e x i c o , G u a t e m a l a a n d S a l v a d o r i n t h e Y e a r s 1 8 5 3 t o 1 8 5 5 , E d . de J . S. Bell, Londres, L o n g m a n , B r o w n , G r e e n ,
L o n g m a n s & Roberts, 1858, p. 248.
s M a n u e l M A R T Í N E Z G R A C I D A : Colección d e l o s " c u a d r o s sinópticos"
d e l o s p u e b l o s , h a c i e n d a s y r a n c h o s d e l E s t a d o L i b r e y S o b e r a n o d e O a -x a c a . A n e -x o número 5 0 a la m e m o r i a a d m i n i s t r a t i v a p r e s e n t a d a al H . C o n g r e s o d e l m i s m o e l 1 7 d e s e p t i e m b r e d e 1 8 8 3 , O a x a c a , I m p r . del
de San Felipe del A g u a , al norte, que llegaba por un acueducto construido en 1755 y ya muy deteriorado cien años después. L a construcción del acueducto benefició a gran número de conven-tos, y llevaba el agua a varios jardines. Pero las zonas más po-bres no tenían agua y sus residentes tenían que traerla de algu-na de las nueve fuentes públicas o de los ríos cercanos.7 A veces eran necesarias reparaciones en el acueducto, y la corriente de agua se suprimía por el tiempo necesario.8 Llegada a la ciudad, el agua era repartida a las fuentes y a las casas y corría por caños al centro de cuatro de las principales calles norte-sur. U n o de esos caños, cruzado por angostos puentecillos de piedra, corría por la calle que separaba a la Catedral de la Alameda, y al oeste de la plaza mayor.9
A mediados del siglo había 185 manzanas en Oaxaca, 15 ca-lles en sentido norte-sur y 18 en sentido este-oeste, casi todas sin pavimentar y con profundas huellas de carros.1 0 L a ciudad tenía la forma de u n diamante, con los ángulos desvanecidos y los picos hacia los cuatro puntos cardinales. E n 1852, para fa-cilitar las levas y la recolección de impuestos, el levantamiento de censos y la conservación del orden, se la dividió en cuarteles, cada uno con 4 secciones.1 1 L a población era de unas 20 000 almas.1 2
Por l a orilla sur de la ciudad corría el río Atoyac, cuyo
cur-7 José F e r n a n d o I T U R R I B A R Í A : E l a g u a e n la c i u d a d d e O a x a c a d e s -d e l o s t i e m p o s más r e m o t o s h a s t a e l p r i m e r t e r c i o -d e l s i g l o x x , O a x a c a ,
Talleres Gráficos del G o b i e r n o del Estado, 1943, p p . 11-13.
8 U n a nota sobre u n a de estas reparaciones aparece en L a D e m o
-c r a -c i a . Periódi-co d e l G o b i e r n o d e O a x a -c a , i v : 7 (Feb. 17, 1859), p. 4.
0 J u a n Bautista C A R R I E D O : E n s a y o histérico-estadístico d e l D e p a r t a *
mentó d e O a x a c a . . . año d e 1 8 4 3 , O a x a c a , Impr. del Estado, 1889, p p .
12-13. io I b i d .
« Colección d e l e y e s y d e c r e t o s d e l E s t a d o L i b r e d e O a x a c a , O a x a c a ,
I m p r . del Estado, 1850-1909 (22 vols.), n , 88-91. Decreto de oct. 4 de 1852), y p p . 120-125 (decreto de nov. 2 de 1852).
i2 Sólo existen estimaciones. L a s siguientes cifras d a n idea del
so había sido modificado tiempo atrás, llevándolo más lejos con objeto de dar mayor espacio a los cultivos de la ciudad. E n la época colonial, parientes de los indios encomendados se
esta-1 7 7 4 : esta-1 4 0 0 0
1 7 9 2 : 2 2 1 1 3 (Censo de Revillagigedo) 1 7 9 7 : 1 9 0 6 2
1 8 0 8 : 1 7 5 9 9
1 8 1 5 : 1 5 7 0 2
1 8 2 8 : 1 7 3 0 6 1 8 4 3 : 1 8 1 1 8
1 8 6 3 : 2 4 4 3 3
1 8 6 5 : 2 4 9 0 7
(según P O R T I L L O : O a x a c a e n e l c e n t e n a r i o , p. 1 4 5 , que no cita las
fuentes de las cifras). Otras estimaciones varían considerablemente de las a n -teriores. José M a r í a M U R G U Í A Y G A L A R D I ( E x t r a c t o g e n e r a l q u e a b r a z a la estadística t o d a e n s u l a . y 2 a . p a r t e d e l E s t a d o d e G u a j a c a , y h a r e u n i d o d e o r d e n d e l S u p r e m o G o b i e r n o e l I n t e d e n t e d e p r o v i n c i a e n c l a s e d e l o s c e s a n t e s . . . , 1 8 2 7 ( 2 vols., el segundo titulado S e g u n d a p a r t e d e la estadística d e l E s t a d o d e G u a j a c a ) , M S . la Colección L a t i
-noamericana de l a U n i v e r s i d a d de Texas en A u s t i n ) , i , p. 2 0 , da la cifra de 1 8 - 1 1 8 habitantes como población de la ciudad en 1 8 2 7 . C A R R I E D O
( E n s a y o ) recoge esta cifra p a r a 1 8 4 3 y l a repite, diciendo de que está
se-guro que la c i u d a d tiene más habitantes, pero que esa es la cifra oficial,
y P O R T I L L O ( s u p r a ) usa la misma cifra p a r a 1 8 4 3 , tomándola de
Carrie-do. E l general José M a r í a García, gobernador del Estado en 1 8 5 5 , esti-m a b a ¡a población en 2 5 0 0 0 habitantes, en el apéndice a la "Estadística antigua y m o d e r n a de la provincia, hoy Estado L i b r e , Soberano e
Inde-pendiente de G u a j a c a " . en Boletín d e la S o c i e d a d M e x i c a n a d e G e o g r a
-fía y Estadística, v n ( 1 8 5 9 ) , p. 2 7 3 . Esta cifra de 2 5 0 0 0 es aceptada
por E u g e n i o M A I L L E F E R T , c o m p . : D i r e c t o r i o d e l c o m e r c i o d e l I m p e r i o M e x i c a n o p a r a e l año d e 1 8 6 7 . . . , México, E . Maillefert, 1 8 6 7 , p. 4 0 .
Francisco V A S C O N C E L O S , secretario del A y u n t a m i e n t o durante la Inter-vención francesa, hizo unas estadísticas en las que la c i u d a d de O a x a c a aparecía con 1 4 9 0 7 habitantes en mayo 2 5 de 1 8 6 5 . ( A r c h i v o M u n i c i -pal de O a x a c a , L i b r o de tesorería m u n i c i p a l , 1 8 5 9 a 1 8 6 7 , T . v m , exp. " C u r i o s a s noticias del año de 1 8 6 5 . Censo de la capital en 1 8 6 5 " ) . E n vista del éxodo que sufrió la c i u d a d en diciembre de 1 8 6 4 y enero de 1 8 6 5 esta cifra baja puede ser cierta y l a que Portillo da p a r a el mismo año ( 2 4 0 9 7 ) puede ser error de imprenta.
blecieron en esa zona. Se le llamó T r i n i d a d de las Huertas y aún en el siglo x i x reflejaba su fuerte herencia indígena. Por el norte y el noreste, u n arroyo, pretenciosamente llamado río de Jalatlaco, casi nunca tenía agua, excepto en algunas tempo-radas de lluvias, en que corría tempestuosamente. Formando un arco más allá de la orilla norte de la ciudad estaban los pueblos indios de Jalatlaco, X o c h i m i l c o y Tepeaca, y al oeste, el su-burbio del Marquesado, o Santa María Oaxaca. Todos ellos ya eran contiguos a la ciudad en 1850, pero permanecían como en-tidades políticas separadas.
O a x a c a conoció la prosperidad en la época colonial porque estaba en l a ruta que iba de la meseta mexicana —100 millas al N . O . — a la Capitanía General de Guatemala al S . E . Frailes y monjas, burócratas y funcionarios, soldados y vagabundos, con-voyes de muías y bueyes, iban de u n a región a otra pasando por Oaxaca, l a más atractiva ciudad del camino. Pero más notorio como factor de prosperidad era el nopal, abundante, y los pequeños, rojos, insectos de forma de araña que vivían en la p l a n -ta. E l cuidado de nopales e insectos y l a manufactura de la cochinilla, colorante rojo obtenido de los animalillos exprimidos, se convirtió en la industria que dio riqueza a la región.
E n la época colonial muchos ricos terratenientes, manufac-tureros y distribuidores de cochinilla, comerciantes y propieta-rios de recuas, vivieron en la ciudad. Construyeron magníficas casas, grandes y sólidas, usando a menudo la hermosa cantera verde que provenía del cercano poblado indígena de Santa L u -cía del C a m i n o . Pero en su mayor parte l a ciudad estaba hecha con casas de adobe y cal de u n solo piso, unas junto a otras, de suerte que alguien, caminando por l a calle, no veía otra cosa que u n a sólida pared pintada de varios colores y cortada por vanos enrejados.1 3 Resaltaban sobre las bajas construcciones las 25 iglesias y conventos: con sus fachadas de piedra labrada y
M Désiré C H A R N A Y : L e M e x i q u e : s o u v e n i r s e t i m p r e s s i o n s d e v o y a g e ,
París, E . D e n t u , 1863, p p . 122-123. C h a r n a y estuvo en O a x a c a a fines
de 1858 o principios de 1859. V O N T E M P S K Y : M i t l a , p. 248, hace
sus torres cubiertas de tejas blancas, amarillas y azules que re-flejaban el sol, esas estructuras podían verse desde todas partes.
E L CORRER D E L T I E M P O en l a O a x a c a de mediados del siglo x i x era lento. E l paso de las horas lo marcaban el reloj de l a torre de Catedral, las campanas de las iglesias que llamaban a misa, y el callado, rápido, rezo de los fieles; el de los días, el calenda-rio de la Iglesia con sus anotaciones de fiestas y abstinencias, jubileos y duelos. L a gente se levantaba temprano en la mañana para rezar el Rosario, y algunos aún tan temprano como a las tres para formarse en la procesión que salía del convento de los dominicos y recorría las calles por treinta minutos. Esas tempranas devociones eran seguidas de u n refrigerio con chocolate. L u e -go, los creyentes iban a misa a las cinco a l a iglesia más cercana. Se mataba el tiempo alrededor de la casa hasta las nueve, hora en que el desayuno era servido. L a primera comida del día v a -riaba de acuerdo con l a posición económica: los más pobres sólo comían tortillas y frijoles; los mejor situados tenían huevos y, acaso, p a n blanco en vez de tortillas; los más ricos tenían carne. Pero a nadie faltaba u n a bebida hecha con chocolate h i r -viente y agua, el champurrado.
Después del desayuno, las familias que se lo podían permitir mandaban a sus niños a l a escuela, el padre se iba a trabajar, y la madre continuaba sus quehaceres en casa. A u n si podían te-ner servidumbre, ésta se ocupaba sólo de las labores más duras, como el barrer l a calle frente a la casa —había que hacerlo miércoles y domingos, por orden del ayuntamiento— el traer agua o el mover los muebles. L a señora de l a casa hacía el tra-bajo ligero, como hacer las camas o limpiar a los niños. Se iba al mercado generalmente en l a mañana, después de misa y antes del desayuno.
A mediodía se tomaba algo de fruta y se rezaban tres Aves. L a familia se reunía a las dos p a r a comer y luego se retiraban todos para d o r m i r u n a siesta de u n a hora. Después del descanso los hombres volvían a su trabajo mientras las mujeres se reu-nían en el balcón que dominaba el patio de la casa a coser mientras daba la hora de las oraciones vespertinas: al
crepúscu-lo, las campanas de las iglesias llamaban a ellas —tres Aves con un Rosario a l que asistía toda l a familia, incluidos los sirvientes. C o m o a las siete era servida u n a ligera cena. U n a hora más tarde las campanas de las iglesias volvían a tocar un "doblecilo" y l a gente volvía a orar. E l resto de l a tarde l a familia se reu-nía a conversar hasta las nueve, en que, con los repiques de Catedral, todos se iban a cama, dejando encendidas velas que quedaban en recipientes puestos en palanganas con agua para evitar que los ratones se comieran l a cera o dieran contra la l u z . "
Visitas e invitaciones eran costumbre sólo de unos pocos r i -cos. Desde 1840 las charadas se convirtieron en una popular especie de diversión familiar para las tardes. Paseos vespertinos no se acostumbraban sino en las ocasiones especiales, como el 16 de septiembre, día de l a Independencia, o los días de las fies-tas de los santos en los distintos barrios.
Las casas, que tenían todas patios en el centro, estaban siem-pre limpias y ordenadas. Los muebles, no muy lujosos ni aun en las casas más ricas, eran apropiados y cómodos, siempre más útiles que decorativos. L a s mujeres aprendían a leer lo suficien-te para ensuficien-tender sus devocionarios y libros de cocina, pero esa era l a única educación que recibían, a excepción de las artes
i i L o anterior coincide con la descripción hecha en los anónimos
A p u n t e s históricos e n la v i d a d e O a x a c a e n e l s i g l o x i x , p p . 6-9. Este
manuscrito fue encontrado entre los papeles de Francisco V A S C O N C E L O S , tío de José Vasconcelos, y el licenciado L u i s E s t r a d a Guzmán hizo u n a copia manuscrita de él p a r a su colección, copia que utilizó el autoi de este artículo. L a obra, llena de valiosa información para la historia social, está llevada en forma de u n diálogo entre D o ñ a Bibliana, mujer de noventa años cuyo nacimiento es colocado en 1820, y A n t o n i a , u n a joven lavandera que pregunta a la a n c i a n a sobre la v i d a en O a x a c a en tiempos idos. Estas conversaciones tienen lugar a l atardecer y están d i -vididas en capítulos llamados veladas. E l M S . probablemente data de
1910 y Vasconcelos, que dejó otros manuscritos, es probablemente el autor. L o citaremos como autor en otras notas. Algunas páginas en la copia están numeradas y otras n o ; c u a n d o existe el número de la pá-srfna, se cita éste, y cuando no, el número de l a velada.
manuales que tendrían que dominar como esposas y madres. A u n eran verdaderas amas de casa.
A los niños se les enseñaba a temer a Dios, que se les repre-sentaba como u n severo juez con u n a espada de fuego que de-jaría caer sobre todo aquel que obrara mal. C o m o corolario, se-les enseñaba también a creer en u n demonio omnipresente, que aparecía bajo diversas formas para atrapar a los imprudentes bajo sus garras. E l populacho era supersticioso, ignorante, y creía reconocer en las sombras de l a noche a las brujas, a Tío Pelle-jos y, lo peor de todo, a l a Matlacihua, que se comía a los niños.
Los padres, aun cuando cometían faltas y tenían sus peca-dillos por ahí, eran siempre cuidadosos de ocultar sus pequeñas libertades a sus familias y de hacer crecer a sus niños rectos y obe-dientes.1 5
E n suma, l a v i d a era callada, ordenada. Había poca violen-cia, pocos excesos, poca exitación. E l trabajo no era gravoso y las distracciones no acaparaban el horario todos los días. Pero eso no quería decir que todo el mundo estaba seguro en su per-sona y en sus bienes, o que todo mundo era saludable, feliz y próspero, o que nada fuera ele lo normal rompía l a oscura y m o -nótona rutina.
Fuertes rejas cubrían los vanos de todas las ventanas, que sólo tenían vidrios en su parte superior, pues l a inferior se pro-tegía con metal o madera. Los recursos financieros del munici-pio eran tan escasos que l a ciudad sólo podía disponer de una pequeña fuerza policiaca. E n las noches las oscuras calles eran vigilidas por los serenos, quienes, en los primeros años del siglo, no iban armados más que con machetes, aunque después reci-bieron carabinas. Estos veladores voceaban las horas y el estado del tiempo durante toda l a noche. A veces, para suplii su es-caso número, una patrulla policiaca de voluntarios, organizada por el alcalde, recorría las 16 secciones de la ciudad. Los robos tenían lugar generalmente en los aledaños de la Catedral y de la plaza mayor, de modo que esta zona comercial fue l a primera
en gozar de iluminación nocturna cuando los fondos m u n i c i -pales permitieron hacer el gasto. E n 1860 ya casi todas las ca-lles tenían sus pocas lámparas de petróleo que colgaban de postes en el centro de las calles.1 6
M a n u e l Martínez G r a c i d a , u n historiador local cuya prolija obra cubrió l a mayor parte de l a última m i t a d del siglo x r x , hizo u n a crónica de dos tomos en l a que narraba día por día los acontecimientos de l a ciudad y sus alrededores. Es muy fre-cuente l a mención de robos y asaltos. M u c h o s de ellos pueden atribuirse a l a lucha política entre liberales y conservadores, pero otros no. D e todos modos, su frecuencia es indicio del estado en que estaban las cosas, de l a falta de leyes y de l a inseguridad.1 7
A u n q u e se tomaban medidas para proteger l a salud de l a población, gran parte del pueblo sufría de parasitosis intestinal y de desórdenes respiratorios. Epidemias de varios tipos frecuen-temente asolaban a l a gente. Dos terribles de cólera cobraron muchas vidas en el Distrito Central del Estado en 1833 y 1854. Para colmo, l a viruela se presentaba en proporciones epidémicas de cuando en cuando. E n 1851 y 1852, 1 146 personas murie-ron por su causa en l a ciudad de O a x a c a y sus alrededores.1 8 Control y difusión de l a vacuna era función de las autoridades, y los médicos procuraban que el suero estuviera siempre
dispo-io I b i d , velada segunda. M a n u e l M A R T Í N E Z G R A C I D A : H i s t o r i a d e O a x a c a , año d e 1 8 5 1 , " M a l estado de l a policía". ( E n adelante H i s t -O a x . L o s 6 tomos no están numerados, n i tampoco sus páginas.) E n
l a ordenanza de l a policía m u n i c i p a l de enero 2 1 de 1 8 5 1 , en la m i s m a obra, hay u n artículo que dispone quitar armas a las personas que se reúnan en grupos de más de tres en las calles después de las 1 0 : 3 0 de
la noche.
« M a n u e l M A R T Í N E Z G R A C I D A : Efemérides oaxaqueñas 1 8 5 3 - 1 8 9 2 ,
México, Tipografía de E l Siglo x r x , 1 8 9 2 , i , passim.
" V e i n t e m i l fallecimientos p o r cólera h u b o en el Estado duranta la epidemia de agosto-diciembre de 1 8 5 3 , y otros tantos en l a sufrida d o j
décadas después. Jorge F e r n a n d o I T U R R I B A R Í A : H i s t o r i a d e O a x a c a ,
1 8 2 1 - 1 8 5 4 : D e l a consumación d e la I n d e p e n d e n c i a a la iniciación d e l a R e f o r m a , O a x a c a , Ediciones E . R . B . , 1 9 3 5 , p p . 1 9 8 - 2 0 0 , M A R T Í N E Z
nible en O a x a c a . Inmunizaciones masivas eran frecuentes y los periódicos publicaban a menudo noticia de las medidas tomadas contra l a viruela, calendarios de vacunas y menciones de rega-los de vacas infectadas al ayuntamiento, de las cuales se podría obtener l a vacuna.
Los servicios hospitalarios de l a ciudad eran pobres. Tres órdenes de religiosos hospitalarios se habían establecido en O a -xaca, bien sostenidas con propiedades rentables, pero ya estaban en decadencia para comienzos del siglo xrx, y finalmente fueron suprimidas por las Cortes españolas apenas antes de l a I n dependencia. Su abolición dejó a l a zona sin hospitales. E l m u -nicipio se hizo cargo del de los Betlemitas, pero no tenía dinero suficiente para manejarlo adecuadamente. Fueron varios los i n -tentos hechos durante u n tiempo para convencer a ios dignata-rios eclesiásticos de l a conveniencia de agrupar los recursos de los tres antiguos establecimientos y lograr así que l a ciudad con-tara con u n buen hospital, pero siempre en vano. Todos los fondos de los hospitales habían caído en manos del obispado cuando las órdenes fueron suprimidas.1 9
Para l a diversión había u n teatro, propiedad de u n particu-lar e inaugurado en 1840.2 0 Estaba muy elaboradamente deco-rado, aunque era pequeño. D e vez en cuando, compañías via-jeras de actores llegaban a l a ciudad y permanecían algunas semanas y hasta u n mes, si el público lo pedía, ejecutando obras que eran populares en l a ciudad de México. También músicos locales —había varios— daban funciones de música de cámara a beneficio de alguna obra de caridad. E n estos eventos, los
19 M e m o r i a q u e e l g o b e r n a d o r d e l E s t a d o [José María Díaz Ordaz] p r e s e n t a al p r i m e r c o n g r e s o c o n s t i t u c i o n a l d e O a x a c a e n sus s e s i o n e s or-d i n a r i a s or-d e 1 8 5 8 , O a x a c a , I m p r . or-de Ignacio Rincón, 1858, p p . 14-16
(en adelante D Í A Z O R D A Z : M e m o r i a ) ; Pedro C A M A C H O : E n s a y o d e
monografía s o b r e l o s h o s p i t a l e s d e l E s t a d o y p a r t i c u l a r m e n t e s o b r e e l H o s p i t a l G e n e r a l d e e s t a c i u d a d , O a x a c a , Talleres de Imprenta y
encua-demación del G o b i e r n o del Estado, 1927, p p . 1-10.
Alcalá, padre e hijo, conocedores de varios instrumentos, juga-ban u n importante papel.
Había también peleas de gallos y juegos de cartas y de da-dos. L a s corridas de toros fueron prohibidas por l a primera le-gislatura local porque causaban alborotos y atraían a muchos vagabundos y rateros, y porque l a poca policía que había no podía controlar a l a muchedumbre. Desde entonces las corridas fueron muy raras, porque para hacerlas se requería de u n per-miso especial del gobierno del Estado. Algunos pueblos tenían el mismo problema para obtener permiso para celebrar las fies-tas de sus santos patronos.2 1
Danzas y bailes no eran desconocidos, aunque tampoco fre-cuentes, porque —según u n viajero que visitó l a región— los sentimientos de partido estaban tan profundamente arraigados en l a gente que rara vez podía haber lugar a u n a actitud ami-gable y social.2 2 De modo que las mayores de todas las diversio-nes eran las muchas y largas procesiodiversio-nes y los festivales de las iglesias. Algunas veces, los indios de los pueblos vecinos se unían al populacho de la ciudad para llevar en andas imágenes de los patronos, banderas, reliquias y linternas, o para tocar tambori-nes y flautillas o chirimías, fuente de un sonido áspero y salvaje. Les seguían los frailes, vestidos en los hábitos de sus respectivas órdenes: los dominicos de blanco con capas negras, los carme-litas de café con capas blancas, los agustinos todos de negro, los mercedarios de blanco y los franciscanos de azul. Seguían el cle-ro secular, las autoridades civiles —vestidas de paisano, trajes negros y cuellos blancos— y los militares con sus uniformes mag-níficos, borlados y brillantes, y una banda de música siempre desafinada.2 3
L a mayor de todas las procesiones era l a de Corpus Christi,
21 Colección d e l e y e s , I, p. 2 9 8 . E n el A r c h i v o del Estado de O a x a c a ,
R a m o de Asuntos varios, C a r p e t a negra, 1 8 5 6 , registro 304, exp. 2 4 , hay u n a petición del pueblo de S a n M i g u e l T l a l i x t a c p a r a celebrar u n a co-r co-r i d a el día de la fiesta de San M i g u e l .
" M a t h i e u de F O S E Y : L e M e x i q u e , Paris, H . Pion, 1 8 5 7 , p. 3 5 6 .
que caía en mayo o en junio. Casi toda la ciudad y los indios de los alrededores tomaban parte. Algunos de éstos llevaban sus propias bandas; otros apenas tambores y chirimías. E n el desfi-lé, las imágenes de los santos patronos de todas las iglesias eran llevadas por los miembros de sus cofradías. M a r c h a b a n todos los munícipes, los religiosos y hasta el obispo, rodeado de 30 miembros del cabildo eclesiástico, conduciendo la Santa E u c a -ristía bajo u n elegente dosel.2 4
Rivalizaban en esplendor con ésta, la procesión de la tarde del Viernes Santo que salía del convento de Santo Domingo llevando al Santo Sepulcro al convento de las hermanas domi-nicas, u n a cuadra más allá, donde se le custodiaba hasta l a si-guiente tarde. E n esta procesión iban 22 hombres vestidos de ángeles negros, cada uno representando a una hermandad, y c u -yos miembros marchaban agrupados. También 22 bandas pre-cedían a los dominicos, al dosel con el Sepulcro, a las señoras de la ciudad, a las imágenes de l a Dolorosa, San Pedro, San J u a n y la M a g d a l e n a . Después estaban los miembros del cabil-do, u n a escolta de soldados y más músicos.2 5
En casi todas las procesiones participaban flagelantes, que se azotaban la espalda hasta que l a sangre manchaba sus ca-misas blancas.2 6
Si cada h o r a se iba distinguiendo con el tañido de las cam-panas y las oraciones de los fieles, los días eran marcados por las festividades religiosas, algunas más importantes que otras y cada una con su propio "público". Los dominicos celebraban el año nuevo, el día de Santo Domingo (agosto 4) y el del Rosa-rio (1er. domingo de octubre) ; los carmelitas honraban a Santa Teresa de Ávila en su día (octubre 15) ; los agustinos a San Agustín y a su madre Santa Mónica (agosto 28 y mayo 4 ) ; las monjas de l a Soledad el día de la V i r g e n de l a Soledad (diciem-bre 18), cuya milagrosa imagen, vestida de terciopelo negro
bor-2-1 V A S C O N C E L O S : 25 I b i d .
26 I b i d .
dado de perlas y piedras preciosas, se guardaba en su convento; las capuchinas españolas a San José (marzo 19), etc. C a d a u n a c o n sus procesiones, su pompa, sus banquetes y sus carnavales.2 7 Así, antes de la Reforma, l a Iglesia era en O a x a c a como en todo el país el común denominador de todos los segmentos de la sociedad, el único nivel en donde todos —pobres y ricos, sol-dados y curas, mendigos y burócratas— se podían encontrar. E n las procesiones y en la misa todos eran iguales, sin que con-taran los harapos o las galas, la sapiencia de algunos o la igno-rancia de muchos, la elevada posición de los funcionarios o la humilde de la mayoría de los ciudadanos.
L a Iglesia no sólo daba a los hombres ciertos rasgos de igualdad y les animaba en la oscura vida de Oaxaca. También recibía su obediencia y apoyo y, por otra parte, cuidaba que su prosperidad material no decayera. Frailes y monjas recorrían todos los días l a ciudad pidiendo limosna en las esquinas y de puerta en puerta. Los conventos recogían huérfanos y cuidaban de ellos, procuraban empleo a muchos sirvientes domésticos, y daban comida y ropa a ios desvalidos. L o s más activos en esas obras de caridad eran los dominicos, cuya riqueza les permitía alimentar diariamente a gran cantidad de pobres, poniéndoles como condición sólo el orar el Rosario después de la c o m i d a .2 8
Pero ya para mediados del siglo el clero oaxaqueño tenía menos influencia, menos riqueza y menos miembros. Probable-mente pasó por el cénit de la opulencia en el tercer cuarto del siglo x v i n , cuando se construyeron nuevas iglesias, nuevas órde-nes establecieron más conventos, y había suficientes clérigos para ocupar todas las parroquias. Este cénit sin duda estaba estrecha-mente relacionado con la riqueza y la prosperidad que trajo consigo la industria de la cochinilla. E l dinero que daba la m a
-« I b i d .
-3 Francisco V A S C O N C E L O S : R e m i n i s c e n c i a s d e l o q u e f u e O a x a c a
e n e l c u l t o e x t e r n o , órdenes r e l i g i o s a s y a l g u n o s a c t o s q u e a u n q u e q u e -d a n e n p a r t e f u e r o n u n i -d o s e n la época a q u e e s t a reseña s e r e f i e r e y e s a n t e s d e q u e e s t u b i e r a n e n v i g o r las l e y e s d e R e f o r m a , mecanuscrito
nufactura del colorante permitía a los ciudadanos dotar a los conventos, establecer o reforzar obras pías y pagar las dotes requeridas para que sus hijas entraran a los conventos.
Después de la Independencia la decadencia vino lenta, casi imperceptiblemente. Había sido u n golpe duro el traspaso de muchos de los bienes de la Iglesia a la C o r o n a en los primeros años del siglo, seguida de los préstamos forzosos que le impuso Morelos cuando invadió O a x a c a durante la guerra de Indepen-dencia, y también la expulsión de los españoles en 1828-29, que eran en general comerciantes acomodados, y la decadencia de la industria de la cochinilla. Y en l a educación de los jóvenes el recién fundado Instituto de Ciencias y Artes entró en compe-tencia con el seminario diocesano, introduciendo una nueva co-rriente de pensamiento.
Junto a l a disminución de la riqueza económica vino la baja en el número de los regulares. A u n q u e las estadísticas son des-iguales, el cuadro de la siguiente página da idea de esa baja.2 9
Además, había en los conventos de concepcionistas y herma-nas dominicas, en 1850, 62 sirvientas y 20 niñas.3 0
Son todavía más claro indicio del rápido crecimiento del nú-mero de religiosos las cifras de 1859, cuando los conventos fue-ron suprimidos, que suman 28 frailes y 78 monjas.
Aparentemente muchas monjas hicieron votos en los conven-tos en el siglo xrx, pero comparada la cifra con l a del siglo an-terior, el descenso es notorio. Sólo disponemos de estadísticas de los conventos de Santa Catarina, de monjas dominicas, y de
la Soledad, de agustinas recoletas. Éste fue abierto en 1697.
2 9 C i f r a s tomadas de I n f o r m e p r e s e n t a d o al C o n g r e s o d e la Unión e l
1 6 d e s e p t i e m b r e d e 1 8 7 4 e n c u m p l i m i e n t o d e l p r e c e p t o c o n s t i t u c i o n a l p o r e l C . F r a n c i s c o Mejía, S e c r e t a r i o d e E s t a d o y d e l D e s p a c h o d e H a -c i e n d a y Crédito Públi-co d e l o s E s t a d o s U n i d o s M e x i -c a n o s , Méxi-co,
Im-prenta del gobierno en Palacio, 1874, n , p. 2 5 5 .
3« M e m o r i a d e l M i n i s t e r i o d e J u s t i c i a y N e g o c i o s Eclesiásticos p r e -s e n t a d a a la-s a u g u -s t a -s Cámara-s d e l C o n g r e -s o G e n e r a l d e l o -s E -s t a d o i U n i d o s M e x i c a n o s p o r e l s e c r e t a r i o d e l r a m o e n e l m e s d e e n e r o d e 1 8 5 1 , M é x i c o , Imprenta de C u m p l i d o , 1851, doc. N ? 2 0 .
o r d e n 1 8 2 6 1 8 4 3 1 8 5 0
conventos de hombres:
carmelitas 9 5 4
agustinos ? 2 1
dominicos 25 27 24
franciscanos 22 11 7
mercedarios 3 10 3
oratorianos 4 0 0
T o t a l e s 63 55 30
«ventos de monjas:
concepcionistas 26 25 27 (y 5 novicias )
hermanas dominicas 38 30 18(y 1 novicia)
capuchinas españolas 29 32 34
agustinas recoletas 21 19 18(y 6 novicias)
capuchinas indias 30 28 28
T o t a l e s 144 134 125(y 12 novicias!
Desde esta fecha hasta 1855, en que tuvo lugar l a última profe-sión, 117 monjas tomaron el hábito. Las hermanas dominicas, que llegaron a O a x a c a en 1577 para fundar uno de los prime-ros conventos de monjas de América —que vivió 290 años— el total de profesiones que llegó a 400, incluyendo las de las f u n -dadoras. Las profesiones, en grupos de 34 años, se cuentan así:3 1
3 1 L a s cifras h a n sido calculadas del L i b r o d e la fundación d e l c o n
-v e n t o y m o n a s t e r i o d e m o n j a s i n t i t u l a d o S a n c t a C a t h a r i n a d e S e n a , d e l a O r d e n d e l o s P r e d i c a d o r e s , f u n d a d o e n la c i u d a d d e A n t e q u e r a
d e l o s v a l l e s d e O a x a c a . B u l a s p o n t i f i c i a s , e s t a t u t o s , c o n s t i t u c i o n e s , o r -d e n a c i o n e s y p a r t i -d a s -d e las r e l i g i o s a s p r o f e s a s (copia mecanuscrita en
C C G , en adelante L i b r o d e la fundación), y L i b r o d e e n t r a d a s y óbitos
e n e s t e c o n v e n t o d e a g u s t i n a s r e c o l e t a s d e N t r a . Señora d e la S o l e d a d d e s t a c i u d a d d e H o a x a c a . ( C o p i a mecanuscrita en C C G . )
h e r m a n a s d o m i n i c a s a g u s t i n o s r e c o l e t a s
1577-1610 1611-1644 1645-1678 1679-1712 1713-1746 1747-1780 1781-1814 1815-1849 1850-1855
65 58 59 56 60 47 35 20
21 (1697-1712) 34
20 16 24 2
Si se estudian las finanzas de u n convento en funciones t a m -poco puede asentarse que l a iglesia fuera rica en el siglo xrx. E n 1812 el capital activo del convento de concepcionistas de Regina Coeli sumaba $ 18 225.. que daban a l año sólo $ 911.20, o sea el cinco por ciento.3 2 E n 1830, 18 años más tarde, gastó el convento $ 7 182.26 en gastos ordinarios como l a paga de médicos y cirujanos, mozos y organista, l a compra de velas, m e d i -cinas y jabón, l a alimentación de 25 monjas, sus pupilas y l a servidumbre, y los gastos de las fiestas que l a orden celebraba.3 3 Ésta no era u n a situación poco ordinaria. Las concepcionistas no eran medicantes, sino más bien u n a de las órdenes más ricas,
v sus monjas tenían sirvientas. L a s capuchinas indias, aunque eran más en número, no tenían servidumbre, de modo que sus gastos eran tal vez semejantes a los de las concepcionistas. Por otra parte, las capuchinas no tenían tantas propiedades y
depen-" M U R G U Í A Y G A L A R D I : Extracto general, n, p. 2 5 .
33 L i b r o e n q u e c o n s t a n las b o l e t a s q u e m e n s u a l m e n t e s e r e m i t e n a las r e v e r e n d a s m a d r e s d e l c o n v e n t o d e N . S . d e la Concepción R e g i n a C o e l i d e e s t a c i u d a d d e O a j a c a , p o r s u A d m i n i s t r a d o r D . I g n a c i o M o -r a l e s y p-rincipió e n 19 d e e n e -r o d e 1 8 3 0 (copia en C C G ) . E l lib-ro d a
dían en mucho de l a caridad, que les daba mucho menos ingre-so que el que recibían las monjas de R e g i n a .3 4
L u i s Castañeda Guzmán h a mostrado cómo las capuchinas indias tenían que gastar su capital en l a manutención de l a igle-sia de los Príncipes, anexa a su convento — c e r a para velas, aceite para lámparas, vino para l a comunión y l a paga de orga-nista, cantores, coro, sacristán y cura para las misas especiales. Además de estos cuantiosos gastos, estaban las estipulaciones so-bre sus activos, que limitaban su libertad p a r a utilizar sus crédi-tos. Por ejemplo, una casa escriturada a favor del convento y valuada en unos siete m i l pesos, constituía aproximadamente un 5 0 % de los activos de las capuchinas. L o s ingresos del arrenda-miento de esta casa oscilaban alrededor de u n 5 % de su valor al año, y de este ingreso —unos 400 pesos— tenían que pagarse las reparaciones de las casas y el capellán que decía una solemne M i s a M a y o r todas las semanas por el a l m a de l a persona que había legado la propiedad al convento.3 5 N o es pues, extraño, que muchas de las monjas llevaran u n a v i d a triste y que a me-nudo se cirnieran a l borde de l a miseria.
Para algunas, sin embargo, l a situación era diferente. L a s hermanas dominicas al parecer no vivían m a l y tenían pocas necesidades. U n a razón, tal vez, es que de las cinco órdenes de monjas que había en l a ciudad de O a x a c a , l a rama femenina de l a O r d e n de Predicadores era l a única que no estaba sujeta a la autoridad del obispo, sino que estaba administrada por los dominicos de l a Provincia de San Hipólito Mártir, u n a de las cuatro divisiones de los dominicos en México, cuyos límites coin-cidían con los del Estado de Oaxaca. Los Predicadores eran cé-lebres por sus habilidades administrativas y por l a eficacia con que manejaban sus establecimientos. S i su convento de monjas de Santa Catarina de Sena hubiera estado bajo la jurisdicción del obispo de Antequera su estabilidad financiera y su
prosperi-3 4 Luis C A S T A Ñ E D A G U Z M Á N : T e m p l o d e l o s S i e t e Príncipes y M o
-n a s t e r i o d e N u e s t r a Señora d e l o s A -n g e l e s (e-nsayo i-nédito e-n poder del
L i c . Castañeda, sin numeración de páginas).
dad no hubieran sido tan grandes, pues no se hubieran aprovechado de las dotes administrativas de los dominicos y en c a m -bio m u c h o de su dinero hubiera sido empleado en gastos diver-sos de l a propia diócesis. O t r a de las razones de su solvencia y bienestar era que las monjas que entraban a l a orden lleva-ban consigo, generalmente, jugosas dotes. Entre 1577, fecha de su fundación, y 1734, 274 monjas que tomaron sus hábitos die-ron por concepto de dotes u n total de $ 3 7 0 050. Entre 1737 y
1 793, 89 que profesaron dejaron $ 227 100, y entre 1815 y 1849, hasta l a 400ava. y última profesión, 19 mujeres entraron al con-vento: 16 dieron dotes de 3 000 pesos cada una, 2, de 2 000, y la última nada, para hacer u n total de $ 52 000.3 8
Pero en 1851 el obispo Antonio Mantecón e Ibarra se abro-g ó l a jurisdicción sobre las dominicas de Santa Catarina, obe-deciendo u n decreto papal de noviembre de 1850 que ponía a todas las monjas de O a x a c a bajo control de la diócesis. E l prior de l a provincia de San Hipólito Mártir protestó vigorosamente pero en vano, y el obispo le culpó de los "desórdenes provocados por algunas monjas de Santa C a t a r i n a " , que afortunadamente iban a cesar ahora que l a administración había cambiado.3 7
Pocos meses después, en mayo, los dominicos de toda l a pro-vincia se dividieron en facciones por desavenencias ante l a elec-ción de u n nuevo superior. Algunos querían derrocar a las auto-ridades, acusándolas de haber provocado escándalos, mientras que otros querían perpetuar el s t a t u s q u o . L o s rebeldes quisie-ron ganarse el apoyo del gobierno, y escribiequisie-ron a Benito Juárez, entonces en su primer período como gobenardor del Estado, que
s« Cálculos basados en las cifras del L i b r o d e la fundación, p a s s i m
D e las 4 0 0 monjas que profesaron en S a n t a C a t a r i n a faltan las cifras de las dotes p a r a las dieciocho que entraron a l convento entre 1 7 3 4 y 1 7 3 7 , y 1 7 9 3 y 1 8 1 5 . E l monto p r o m e d i o de las dotes de las 8 3 2 conocidas era de poco más de 1 6 9 9 pesos.
3 7 M a n t e c ó n a l m u y reverendo p a d r e provincial del convento de
Santo D o m i n g o , fray Jacinto Castro, m a r . 6 , 1 8 5 1 , en M A R T Í N E Z G R A -C I D A : H i s t O a x , 1 8 5 1 , " M o n j a s de Santa C a t a r i n a " .
los suscritos, que amamos a nuestra Provincia y queremos evitar su completa ruina, hemos propuesto en l a reunión de capítulos del día 24 [de mayo] que la elección de de-finidores [miembros de los capítulos generales de l a pro-vincia] y provincial recaiga en varones virtuosos, quienes, procurando l a completa observancia de nuestras reglas y buscando l a mejor forma de invertir nuestros ingresos, de-vuelvan a nuestra desgraciada Provincia el esplendor que tuvo en otros t i e m p o s . . . H a y que añadir que entre los electores que constituyen el presente Colegio están algu-nos cuya ineficacia es notoria y cuyos nombres y defectos no queremos mencionar porque no nos parece
necesario.-Estas palabras testimonian del estado en que habían caído en vísperas de la R e f o r m a las otrora opulentas y poderosas ór-denes religiosas.
L a situación del clero secular en el mismo período es mucho más difícil de dilucidar porque las estadísticas generalmente dan datos para todo el Estado de Oaxaca, lo que hace casi i m -posible determinar qué porción corresponde a l a ciudad capital y a su distrito, y porque las cuentas hacendarías de l a diócesis han desaparecido. Murguía y G a l a r d i , segundo gobernador del Estado, anotaba que en 1827 había 129 miembros del clero secular en l a ciudad, incluyendo al obispo, 5 canónigos de l a C a -tedral, 5 empleados del secretariado y la corte eclesiástica, 10 capellanes también de l a Catedral, 2 párrocos con nueve ayu-dantes, 6 capellanes de los conventos de monjas y 91 curas y diáconos con varias funciones.3 9 E n 1847 había unos 300 seculares en toda l a diócesis, que era u n poco más grande que el E s -tado pues comprendía algunas parroquias de los de Puebla y Veracruz. Ese número, a primera vista, podría parecer más que suficiente para los 140 parroquias de l a diócesis, pero hay que to-mar en cuenta que las parroquias tenían generalmente u n
terri-es Frailterri-es M a n u e l Márquez, M a u r i c i o López, Braulio Dueñas y L u i s
A . Caldelas a Benito Juárez, may. 26, 1851, en I b i d . , "Disensiones
entre los d o m i n i c o s " .
torio m u y extenso y comprendían más de u n pueblo, es decir, varias iglesias. Además, se sabe que muchos sacerdotes — u n a gran minoría— tenían tradicionalmente su residencia en l a ca-pital, donde l a v i d a era más cómoda y agradable, y sólo de cuando en cuando salían al campo a vistar a sus feligreses.
L a cuantía de los activos que manejaba el clero es también difícil de estimar. Podía contar con los diezmos, cuya recolec-ción el gobierno civil ya no procuraba, por lo que el ingreso proveniente de ellos ya no era tan grande como en otros tiem-pos. L a s contribuciones voluntarias de los fieles eran de unos 200 000 pesos al año.4 0 L o s cobros por bautizos, matrimonios y entierros que la Iglesia percibía eran causa de disputa por todo el Estado hacia 1852 y llamaron l a atención del gobernador Juárez, quien expidió órdenes para que se estableciera u n a ta-rifa justa por esos servicios. L a falta de pago por los servicios de los clérigos era u n delito civil y éstos podían pedir justicia en las cortes. L a s cifras que Juárez dio en su informe a l a legisla-tura estatal en 1842 muestran cómo los ingresos provenientes de esos honorarios habían disminuido de 1790 a 1852 a pesar del aumento de l a población.1 1 E l solo hecho de que hubiera tantos conflictos en cuanto a las cuotas indica que los propios párrocos, los tradicionales apoyos del pueblo, y de cuyas filas provenían, habían perdido contacto con su feligresía.
Poco antes de l a Reforma el seminario diocesano —que h a -bía sido fundado en 1683— hizo algunas revisiones a sus pro-gramas y contó u n número considerable de estudiantes. A me-diados de l a quinta década se habían agregado los cursos de
*° M A R T Í N E Z G R A C I D A , H i s t O a x , 1 8 5 2 , " D e r e c h o s parroquiales",
permite estimar las contribuciones y el número de los seculares. « E n 1790 de estas tarifas p r o v i n o u n ingreso de $ 238 784; 62 años más tarde el obispo promulgó u n a nueva tarifa que dio $ 209 779, $ 29 005 menos que l a p r i m e r a vez. E n el mismo período los ingresos
del Distrito C e n t r a l decrecieron en $ 2 687. Exposición q u e e l g o b e r
-n a d o r d e l E s t a d o [Be-nito Juárez] h a c e e -n c u m p l i m i e -n t o d e l artículo 8 3 d e la Constitución d e l S o b e r a n o C o n g r e s o al a b r i r s u s p r i m e r a s s e s i o n e s o r d i n a r i a s e l día d o s d e j u l i o d e 1 8 5 2 , O a x a c a , Imp. por Ignacio Rincón,
derecho civil y criminal a las cátedras de teología, derecho c a -nónico, filosofía y latín, y unos pocos años después se empezó a enseñar francés. Entre 1831 y 1850 las inscripciones subieron de 250 a 379 estudiantes gracias a los cursos de derecho.4 2 N o co-nocemos las cifras de los estudiantes del seminario que recibie-ra las sagrecibie-radas órdenes, pero otrecibie-ras fuentes nos indican que l a tasa de deserción era alta. Los jóvenes estaban interesados princi-palmente, hacia el último cuarto del siglo, en obtener u n a edu-cación profesional, no en llegar a curas. Basta con leer las bio-grafías de los oaxaqueños más destacados de l a época para darse cuenta de cuántos empezaron sus estudios en e l Seminario para abandonarlo justo antes de hacer votos o para pasarse a l Insti-tuto de Ciencias y Artes.4 3
L a baja en los ingresos de l a Iglesia, l a pobreza de alguno* conventos, l a disminución en el número de los religiosos, las dispu-tas entre clérigos y feligreses, no eran u n m a l en sí, sino síntomas de l a epidemia de secularismo que cubría a l mundo occidental desde su aparición en Francia en el siglo x v m . Debilitada eco-nómicamente y disputada su preponderancia en las cosas del espíritu, l a Iglesia se veía obligada a sostener u n a desigual bata-lla contra hombres imbuidos de nuevas ideas y conceptos. Esta tendencia moderna había llegado a México a finales del siglo
• « José B r a v o U g a r t e : " D a t o s sobre l a fundación de los seminarios
diocesanos de M é x i c o y sus confiscaciones", en M e m o r i a s d e la A c a
-d e m i a M e x i c a n a -d e la H i s t o r i a , x i (abr. j u n . 1952), p . 144, -d a l a fecha
de la fundación del seminario; C A R R I E D O : E n s a y o , p p . 37-38, las
refor-mas a los prograrefor-mas y las razones p a r a aumentar e l número de
estu-diantes. V i d . también J u a n Bautista C A R R I E D O : E s t u d i o s históricos y
estadísticos d e l E s t a d o L i b r e d e O a x a c a , M é x i c o , Talleres Gráficos de
A . M o r a l e s , 1949, i , p. 111 (Biblioteca de autores y de asuntos
oaxa-queños, 1) p a r a el número de los estudiantes e n 1831, y M e m o r i a d e l
M i n i s t e r i o d e J u s t i c i a 1 8 5 1 , doc. 16, p a r a el mismo e n 1850 y p a r a
otras informaciones sobre los programas.
43 M a n u e l M A R T Í N E Z G R A C I D A , M a n u e l B R I O S O Y C A N D I A N I , C a y e
-tano E S T E V A , y Francisco S A L A Z A R : Biografías d e oaxaqueños d i s t i n
-g u i d o s y d e e s c r i t o r e s y p e r s o n a j e s r e l a c i o n a d o s c o n la c u l t u r a e h i s t o r i a d e O a x a c a , p a s s i m .
xviii. G u a n d o se consumó la Independencia había echado raí-ces y se había difundido rápidamente. E n 1844 u n sacerdote oaxaqueño, el doctor José M a r i a n o Galíndez, apreciaba muy bien lo que sucedía en la capital del Estado:
Nuestra Iglesia, en tiempos idos, era depositaría de la fe y era admirada por su piedad religiosa. Pongo como ejem-plo a muchos conventos, donde la virtud y la sabiduría adornaban a muchas personas, conventos que eran asilos
de inocencia y austeridad: a muchos eclesiásticos que nos Irán dejado memoria de sus virtudes; al entusiasmo por los ejercicios espirituales de que estaban empapadas todas las clases; a la exactitud con que la Iglesia era obedecida;
a la devota asistencia a sus ceremonias; a las obras pías V fundaciones- a la lectura de literatura inocente- a la educación cristiana. . . en una palabra, a las buenas cos-tumbres. . . Pero volvamos nuestros ojos al presente tiem-po ¡ Qué diferente escena! Sufrimos el que los libros más impíos v licenciosos llesmen hasta aquí: empezaron a ser leídos con cierta reserva después los lectores se los pasa-ron a sus amigos y lúe™ se difundiepasa-ron con tanta rapidez que empezaron a ser vendidos abiertamente en nuestras bi¬
t o t e c a s A sP ¿ a m o s
a t o S r S I ,
golpear por 'nuevas doctrinas y aún deseando deificar a hombres que nos engañan con astucia. Cambiados los sen-timientos, los maestros son sacados de entre quienes apre-cian las nuevas ideas. ¿ Y cuál es el resultado? L o que na¬ turalmente tenía oue suceder- el corazón se hiela rl entendimien o se o Z L 7 c 7 TS\ o L m b m s ,e orrompV
as no son anüf cada que sólo los' niños v laTancianas ntadosaGuardan o b e d l n c i a a l a S e a que la abst nen
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« [José M a r i a n o G A L Í N D E Z ] : S e r m o n e s panegíricos y m o r a l e s p r e
E l símbolo de l a m o d a filosófica a que se refería el doctoi Galíndez era, por lo menos en Oaxaca, el Instituto de Ciencias y Artes. Competía con el seminario en l a formación de l a j u -ventud y graduaba a muchos de los hombres que estaban desti-nados a presidir el derrocamiento de l a Iglesia mexicana. N o es raro, pues, que los sacerdotes se refirieran a ella como l a "casa de los herejes" o l a "casa de prostitución", y a sus estu-diantes como "libertinos".4 5
E n 1826 l a primera legislatura constitucional de Oaxaca, la mitad de cuyos miembros eran clérigos, había decretado el' establecimiento del Instituto. Sus puertas se abrieron en enero del año siguiente. S u programa, en u n principio, comprendía cursos de bellas artes (letras), inglés, francés, retórica, lógica, ética, elementos de matemáticas, estadística, economía política, física, geografía, botánica, química, mineralogía, cirugía, m e -dicina, historia natural de México, derecho civil y natural, de-recho constitucional público, dede-recho canónico e historia ecle-siástica. Poco después fueron añadidos los cursos de farmacia, gramática española y latín. E n 1835 este programa fue m o d i f i -cado con el propósito de dar más énfasis a los estudios cientí-ficos y a l a preparación de abogados y médicos. A l mismo tiem-po se organizó el senado académico, con cinco doctores en medicina, cinco abogados y cinco teólogos, más el director del Instituto, cuyas labores eran el examen de los candidatos y el otorgamiento del título de bachiller E l senado también p r o c u -raba promover el estudio de l a literatura y las investigaciones científicas.4 6
oaxaqueño, O a x a c a , I m p . p o r Ignacio C a n d i a n i , 1 8 4 4 - 4 5 , sermón rx
( " D e nuestra señora de l a soledad de O a x a c a , Sobre el patronato de M a r í a Santísima". D i c . 18, 1 8 4 4 ) i , p p . 1 9 3 - 1 9 6 .
« C A R R I E D O : E n s a y o , p. 1 5 ss; Benito J U Á R E Z : " A p u n t e s p a r a mis
h i j o s " , en Jorge L . T A M A Y O (ed.) : B e n i t o Juárez. D o c u m e n t o s , d i s c u r -s o -s y c o r r e -s p o n d e n c i a , M é x i c o , Secretaría del Patrimonio N a c i o n a l ,
1 9 6 4 , i , p. 9 5 .
*« C A R R I E D O : E n s a y o , p p . 3 6 3 7 ; Pedro C A M A C H O : L i g e r o s a p u n -t e s his-tóricos d e l I n s -t i -t u -t o d e C i e n c i a s y A r -t e s d e l E s -t a d o d e O a x a c a ,
Las cátedras del Instituto fueron ocupadas, durante varios años, por hombres muy capaces, muchos de los cuales llegaron a tener f a m a nacional: M a n u e l Iturribarría, M a n u e l Ortega Reyes, José Antonio G a m b o a , Justo Benítez, Porfirio Díaz, Fé-lix Romero, Benito Juárez, José María Murguía y Galardi, M a r c o s Pérez y M a n u e l Dublán, por mencionar a algunos. A d e -más, cuatro de sus primeros directores, clérigos todos, estaban entre los más prominentes eclesiásticos de su época: fray F r a n cisco A p a r i c i o era prior del convento de Santo D o m i n g o ; F l o -rencio del Castillo, costarricense, había representado a su tierra natal en las Cortes españolas antes de establecerse en O a x a c a ; Francisco García Cantarines, obispo titular de H y p e n , había sido presidente del primer Congreso nacional, y Juan Canseco era abogado y cura y había sido diputado y senador en varias ocasiones.
Parecería extraño que varios sacerdotes estuvieran conecta-dos con el Instituto, ora como fundadores o directores, ora como profesores, en vista de l a poca estima que llegó a tener entre el
clero. S i n embargo, en sus primeros años estuvo estrechamente ligado a su sector más progresista v visionario tanto regular como secular, y vivió lo que uno de sus directores posteriores llamó " u n largo período teológico" oue se prolongó Ii3.st3, los años c u a r e n t a . " E l Instituto no había sido fundado para h a -cerle l a competencia a l a Iglesia sino más bien para extender el control eclesiástico sobre l a educación secular. Fue nutrido en su infancia por el clero, al menos por uno de sus sectores más importantes, y no empezó a desligarse de él sino, paulati-namente, desde alrededor de 1840, y a mediados de la década
nota de M a n u e l Dublán sobre la historia del Instituto en E l D i a r i o d e l
I m p e r i o , i v : 557 (Nov. 6, 1866), p p . 381-382, tratan, todos, de los
cambios en los programas, variando ligeramente entre sí en los detalles.
« R a m ó n P A R D O : B r e v e e s t u d i o s o b r e la evolución d e l I n s t i t u t o
d e C i e n c i a s y A r t e s d e O a x a c a , p p . 6-7. ( F a l t a la página que d a la
fecha de la publicación en este ejemplar, único conocido por el autor, y que se conserva en C C G ) . P a r d o fue director del Instituto en varios períodos entre 1908 y 1921.
y a (¡mpezaba a ser el a l m a m a t e r de las nuevas ideas, l a fuente del liberalismo p u r o .4 8
L a ruptura parece estar estrechamente conectada con el p r i -mer período de Juárez como gobernador, que empezó en 1848. Juárez se había pasado del Seminario al Instituto en sus primeros años, y había vuelto para ser su director poco antes de a l -canzar l a gubernatura. C o m o gobernador mostró u n gran interés tanto por l a educación primaria como por l a superior en el E s -tado.1 9
E n 1846 o 1857 el obispo García Cantarines dijo, al pare-cer, en su clase de derecho constitucional que, de acuerdo con los tiempos y juzgando por lo que estaba sucediendo en la R e -pública, era seguro que l a separación de l a Iglesia y el Estado sería decretada. "Ténganlo en mente", decía.5 0 A juzgar por lo que había sucedido y lo que aún habría de pasar, l a observa-ción es significativa.
¿De qué calidad y que tan efectiva era l a instrucción del Instituto? E l edificio era viejo y, de seguro, dada l a crónica es-casez de fondos que padecían las arcas del Estado, siempre ne-cesitaba reparaciones. Los primeros ocho años los pasó en u n gran edificio de la calle de San Nicolás. E n 1835 se mudó a las viejas construcciones del convento de San Pablo, que había sido —antes de la construcción del de Santo Domingo en el si-glo x v n — l a primera casa de los dominicos en Oaxaca. Pero también dejaban éstas mucho que desear. L o s estudiantes que se inscribían para los cursos de medicina carecían de
instrumen-ta I b i d . , p p . 3-5. Nos parece que la pequeña obra de P a r d o es la
mejor sobre el Instituto.
*» F i d e l L Ó P E Z C A R R A S C O : H i s t o r i a d e la educación e n e l E s t a d o
d e O a x a c a , México, Publicaciones del M u s e o Pedagógico N a c i o n a l ,
1 9 5 0 , p p . 26-34.
5« E s t e b a n S I L V A Y E S C O B A R : I n s t i t u t o d e C i e n c i a s y A r t e s d e l
E s t a d o . Monografía e n ocasión d e l C X X V a n i v e r s a r i o d e s u fundación,
O a x a c a , 1952, p. 24. E l Instituto se l l a m a hoy día U n i v e r s i d a d Benito Juárez y es la universidad estatal, pero no es más que una sombra de lo que fue y alcanzó u n a centuria atrás.
tos con qué trabajar: los cadáveres se empleaban cuando se con-seguían, pero l a mayor parte del tiempo tenían que usar u n atlas anatómico de papel. Sin embargo, podían observar las ope-raciones de sus profesores desde el afiteatro que tenía el hospi-tal de Belem. N o había u n jardín botánico donde estudiar a las plantas, pero varios ciudadanos dejaban a los estudiantes entrar a sus jardines. Algunas clases de farmacia se daban en las boti-cas de los maestros, donde éstos daban a los jóvenes lecciones prácticas de mezcla y administración de medicinas.5 1 A l Insti-tuto pertenecía un museo, "más bien un pequeño y empobreci-do aempobreci-dorno", como le llamó u n escritor, así como u n a bibloteca "que no era de lo mejor d o t a d a " .5 2
Había tres bibliotecas en l a ciudad: las del Seminario, del Instituto y del convento de Santo Domingo. Ésta era, con m u -cha ventaja, l a mayor y mejor, poseedora de cientos de volú-menes. Permanecía abandonada y empolvada por el decreciente número de los dominicos y por el abandono mismo del estudio dentro de l a orden. Se trató de obtener del prior l a licencia para que la biblioteca fuera cedida al Instituto, donde sería cuidada y utilizada. Durante años el gobierno y los religiosos cambiaron notas sin llegar a n a d a .5 3 Pronto vendría l a oportunidad de confiscarla. E n 1827, cuando se abrió el Instituto, su biblioteca tenía 610 títulos en 2 035 volúmenes. E n 1857 había 3 902 vo-lúmenes.5 4
A pesar del momento y del lugar, los estudios no estaban muy lejos de los más recientes adelantos de las ciencias. Textos de los grandes patólogos y fisiólogos franceses François Magendie y Claude B e r n a r d eran usados en el Instituto desde 1856. Se estudiaban también las obras de Eugène Soubiran en farmacia,
si Informe de J u a n N e p o m u c e n o Bolaños, director del Instituto, al ministro de Justicia e Instrucción Pública, O a x a c a , feb. 1 3 , 1 8 5 5 ,
en M A R T Í N E Z G R A C I D A : H i s t O a x , 1 8 5 5 , " S a n t a A n n a convierte el
ins-tituto del E s t a d o e n C o l e g i o de Estudios Preparatorios".
52 C A R R I E D O : Ensayo, p. 37.
5 3 D Í A Z O R D A Z : M e m o r i a , p p . 3 0 - 3 1 .
de A . Bouchardat y del toxicólogo O r f i l a en química, de F r a n -çois Arago en astronomía y de C . S. M . Pouillet en física ele-mental. Todos ellos eran investigadores de l a época. E n filosofía, servían de texto los libros del tradicionalista español Jaime L u ciano Balmes. E n derecho se usaban obras más viejas, pero i m -portantes: de los jurisconsultos suizos Jean Jacques Burlamaqui (1694-1748) y Emeric de V a t t e l (1714-1767) en derecha natu-ral político e internacional, y del alemán Johann Gottlieb Heinecio (1681 - 1741) en derecho natural e internacional. Éste fue uno de los primeros en tratar del derecho como cien-cia natural, con principios propios, en vez de tratarla como u n simple medio para resolver problemas. Además, la enseñanza no era estática e inmodificada. L o s libros de texto cambiaban con los años, indicio del amplio saber de los profesores, de su habilidad para recibir los avances de sus ciencias y seleccionar las obras que debían seguirse, y de su deseo de estar al día.5 5
F l m í e los nrofesores fueran nrofesionales en sus camnos v practicaran el derecho l a medicina o l a farmacia a l a vez que daban , ayudó mucho a elevar l a calidad de l a
ins-tnirción nue recibían los estudiantes Políticos activos también enseñaban derecho y cuestiones constitucionales estatales v n a -cionales y daban a los estudiantes sin duda u n a noción valiosa de la labor del o-ohierno5 0 T o d a l a instrucción era srratuita sostenida c ó m o d a m e n t e por el Estado aue l a ponía al alcancé de cualquer joven que quisiera recibir u n a educación superior
5 5 L a s variaciones en los cursos, los textos empleados y los
profe-sores que enseñaron en el Instituto entre los años de 1856 y 1863
pue-den ser comparados consultando lo siguiente: E l C o n s t i t u y e n t e . S u p l e ¬
m e n t o d e a c t a s y d e c r e t o s o f i c i a l e s , M a y . 1 5 , 1856, p p . 34; L a d e m o -c r a -c i a , i : 7 ( O -c t . 23, 1856), p. 3; D Í A Z O R D A Z : M e m o r i a , do-cumento
2 0 ; M e m o r i a q u e e l g o b e r n a d o r c o n s t i t u c i o n a l d e l E s t a d o [Ramón
Cajiga] p r e s e n t a al s e g u n d o C o n g r e s o d e O a x a c a e n e l p r i m e r p e r i o d o d e s u s s e s i o n e s o r d i n a r i a s e l 1 6 d e s e p t i e m b r e d e 1 8 6 1 , O a x a c a , I m p .
de Ignacio Rincón, 1861, documento 22. ( E n adelante C A J I G A : M e
-m o r i a ) , y L a v i c t o r i a . Periódico d e l g o b i e r n o d e O a x a c a , -m : 5 0 (ene.
8, 1863), p. 1.
Éste era u n principio acorde con l a preocupación liberal por enfatizar en la educación, considerada el baluarte de l a de-mocracia.
Gracias a l a carrera que siguieron sus graduados fue tanta l a influencia del Instituto en México. Puede compararse con l a que ejerció durante el porfiriato l a Escuela Nacional Prepa-ratoria de l a ciudad de México.
L a educación primaria no era obligatoria en l a ciudad y probablemente sólo l a recibían los niños de l a más alta po-sición. Había cuatro escuelas públicas, unas cuantas privadas, u n a escuela comercial también privada y u n internado para niñas dependiente de l a Iglesia. Este Colegio de Niñas E d u -candas, fundado en 1686, tenía pocos recursos y de hecho era u n a institución de caridad a l a vez que escuela para niñas po-bres.6 7 Además, había u n a escuela lancasteriana, fundada en 1824 y en u n tiempo anexa al instituto como escuela prepara-toria. Allí l a instrucción era mutua, esto es, que u n maestro enseñaba a estudiantes que, a su vez, ayudaban ¡a enseñar a otros. Acabó por convertirse en l a escuela normal del Estado en 1861.5 S L a s materias que se estudiaban en estas academias seguían más o menos u n plan general: lectura, dibujo, escri-tura aritmética gramática española algo de geoorafía rudi-mentos de geometría, doctrina cristiana, urbanidad y
civis-E L D I S T R I T O C civis-E N T R A L del civis-Estado de Oaxaca, con unas 212 millas cuadradas, era el menor de los 25 distritos, pero el más poblado. Cercaba al valle de O a x a c a y sus límites corrían pri-mero por las cimas de las montañas que lo rodeaban y luego
« P O R T I L L O : O a x a c a en el centenario, p. 139; L Ó P E Z C A R R A S C O :
H i s t o r i a d e la educación, p. 15.
ss I b i d . , p p . 27-29; Policarpio T . S Á N C H E Z : M e m o r i a d e l a e s c u e l a n o r m a l d e O a x a c a e n s u inauguración, 2 9 d e o c t u b r e d e 1 9 4 6 , s/f,
pp. 12-14.
™ C a t e c i s m o político d e d i c a d o a la instrucción p r i m a r i a d e la j u -v e n t u d oaxaqueña, O a x a c a , I m p . de I. Rincón, 1857, p. 39.