Canastas de consumo y salarios en Colombia: evolución de las
condiciones de vida a nivel local y comparación internacional, 1790-1905
Juan Sebastián Rojas Rojas*
Asesor:
Profesor Ph.D. Miguel Urrutia
Resumen
En este artículo se presentan dos distintas metodologías que permiten estimar el nivel del bienestar material para un grupo de tres países latinoamericanos (Brasil, Colombia y Chile) para compararlos, posteriormente, con respecto a Inglaterra. La primera metodología, basada en el índice de paridad de poder adquisitivo (PPA) permite comparar los salarios a nivel internacional. La segunda metodología se fundamenta en la elaboración de una canasta de subsistencia que permite comparar el bienestar material entre países. Las estimaciones revelan que ambas metodologías difieren en resultados, pues el recurso del PPA elabora comparaciones más robustas que permiten incluir una mayor cantidad de alimentos, además del rubro de alquiler. De forma similar, este artículo contribuye a la ampliación de la cota de referencia internacional 1892-1905. El aporte empírico principal de este trabajo es el hallazgo de fuentes primarias y el uso de estas en la construcción de las canastas colombianas. Se encuentra que el nivel de precios de alimentos de Colombia es el menor entre los cuatro países, mientras que el nivel de precios del alquiler mantiene la tendencia de los demás países. Finalmente, se encuentra que el nivel de salario de un trabajador no calificado colombiano es menor con respecto al caso inglés; por el contrario, en el caso del trabajador calificado, el salario es mayor.
Clasificación JEL: B41, J31, N36, O47, O54
Palabras clave: precios, costo de vida, bienestar, salario real, Colombia, América Latina
* Agradezco de manera especial los acertados comentarios del profesor Miguel Urrutia como asesor de la memoria de grado, así como la colaboración del personal del Archivo General de la Nación de Colombia y de la Biblioteca Nacional de Colombia, especialmente, a Leonilde Chirva por sus desinteresadas recomendaciones archivísticas. Así mismo, los comentarios y aportes metodológicos de la profesora Carolina Román, durante mi presentación en el Simposio 8 del CLADHE III, enriquecieron y
Consumption Baskets and Wages in Colombia: Evolution of Living
Conditions on a Local Level and International Comparison, 1790-1905
Juan Sebastián Rojas Rojas
Thesis supervisor: Ph.D. Professor Miguel Urrutia
Abstract
This paper introduces two different methodologies that make it possible to estimate the level of material well-being for a group of three Latin American countries (Brazil, Colombia and Chile) in order to compare them with the English case. The first methodology, based on the purchasing power parity (PPA) index, allows comparison of wages on an international level. The second one is based on the elaboration of a subsistence basket that makes it possible to compare the material well-being between countries. Estimations reveal that both methods have different results because the PPA makes stronger comparisons that allow the inclusion of a greater amount of foodstuffs, aside from rent. Similarly, this paper contributes to expanding the 1892-1905 international benchmark. The main empirical contribution of this study is the finding of primary sources and their use in the construction of Colombian baskets. It is found that food price levels in Colombia are the lowest among the four countries, while rent price levels follow the trend of the other nations. Finally, it is found that the wages of an unskilled worker in Colombia are lower than in England, while, in the case of skilled workers, wages are higher.
JEL Classification: B41, J31, N36, O47, O54
1. Introducción
La historia económica es la disciplina que encuentra su núcleo de interés en el desarrollo de los sistemas económicos y sus diferentes componentes: la producción, el intercambio, la distribución y el consumo. De este modo, la historia económica pretende explicitar las tendencias que rigen estos procesos, las etapas de su desarrollo, los determinantes de su surgimiento y decadencia, y su especificidad histórica. Por este motivo, algunos historiadores económicos han impulsado diversos estudios alrededor de la evolución de la calidad de vida, medida a través de los cambios en las pautas de consumo, de los seres humanos.
El debate sobre la convergencia-divergencia de los niveles y tasas de crecimiento de producción e ingreso han hecho parte de la agenda investigativa en los años recientes. A partir de distintos desarrollos teóricos, los historiadores económicos han enfocado su interés en los determinantes que estimularon la evolución de las condiciones de vida en un entorno internacional y de globalización.
No obstante, la mayoría de estos desarrollos teóricos subestiman un argumento básico: la trayectoria de un país pasa por diferentes períodos históricos, dentro de los cuales existen fenómenos culturales, económicos, sociales y políticos que difieren entre países. Debido a lo anterior, es necesario abordar el estudio del régimen convergencia-divergencia mediante la construcción de canastas nativas, que permita una mejor comparación histórica. El estudio de los salarios reales internacionales permite afrontar dos desafíos, que se presentan en la agenda investigativa del historiador económico latinoamericano.
El primer desafío para los historiadores económicos latinoamericanos es la construcción de series temporales que permitan sustentar, de un modo más contundente, el conocimiento de sus economías nacionales. Un segundo desafío está constituido por la estandarización de estas series históricas a una cota de referencia internacional. Así pues, los historiadores podrán elaborar comparaciones, sincrónicamente, con países de diferentes niveles de renta per cápita.
Este trabajo tiene como objetivo presentar algunas nuevas estimaciones de salarios internacionales y complementos a otras anteriores. La evidencia trata de la comparación de las condiciones de vida durante el período 1892-1905, medida a través del consumo de alimentos, entre Brasil, Colombia, Chile y Reino Unido. También, se presenta una comparación internacional de salarios reales, a través del uso de la estrategia interpretativa derivada del recurso teórico del índice de paridad de poder adquisitivo (PPA), que integra la evidencia empírica de los países anteriormente nombrados. Adicionalmente, este trabajo de grado integra cuatro canastas de consumo de los bogotanos durante el período 1790-1894. Las canastas corresponden a los años de 1790, 1838, 1882 y 1790-1894. Esta información permitirá, en otro trabajo, la construcción de un índice de precios del siglo XIX para Colombia.
Así mismo, se busca enriquecer la discusión sobre régimen de convergencia-divergencia mediante la incorporación de datos estadísticos concernientes al desempeño económico e histórico de Colombia. Respecto a lo anterior, la investigación se circunscribirá a la información cuantitativa disponible en archivos históricos y bibliotecas. Haciendo uso de fuentes primarias representadas en periódicos, manuscritos y diarios comerciales se construirán canastas de consumo, las cuales se limitarán a los alimentos, y en algunos casos se incluirán rentas de alquiler. Los datos correspondientes a los otros países, tomados de fuentes bibliográficas, permitirán diseñar una cota de referencia internacional.
El trabajo se desarrollará en cuatro partes. La primera parte es una revisión de literatura, concerniente a los textos más representativos que han abordado el debate sobre convergencia-divergencia. La segunda sección expone la importancia del uso del índice PPA en las estimaciones relacionadas con el cálculo de salarios reales según su capacidad de compra. La tercera sección contiene la descripción de los datos empleados para construir las canastas de consumo para los cuatro países. Así mismo, en esta sección se presenta la
metodología empleada, la cual está basada en el aporte teórico de Bértola et al (1999b) y
Allen (2001). Finalmente, se presentan los resultados de las estimaciones realizadas y algunos posibles desarrollos empíricos y metodológicos para otros trabajos.
2. Revisión de literatura
La estandarización de las series históricas relacionadas con la evolución de las condiciones de vida, y en paralelo a las dinámicas de crecimiento de un determinado país, bajo una norma internacional que les permita ser comparables de manera sincrónica con países de diferentes niveles de renta per cápita, ha sido uno de los mayores desafíos que han enfrentado los historiadores económicos. Esta discusión ha girado alrededor de la identificación de los niveles relativos de los precios, de los salarios reales y de las condiciones de vida entre países de la misma región. También, al tomar como referencia a aquellos países que, contemporáneamente, habrían alcanzado mayores avances en términos de bienestar material.
Sin embargo, hasta la fecha la historia económica nacional y regional ha prestado relativamente poca atención a los datos locales y, más bien, ha privilegiado aquellos cálculos basados en datos correspondientes a estimaciones medias y globales provenientes de fuentes externas. El conocimiento existente sobre la evolución de las condiciones de vida de un país específico ha involucrado, parcialmente, las fuentes nacionales contemporáneas, y ha omitido los patrones históricos y locales de consumo. Lo importante para el análisis comparativo de diferentes canastas de consumo, radica en que cada una de estas representa un régimen de alimentación que es histórico, no sólo porque varía en el tiempo y en el espacio, sino porque varía de acuerdo a la modalidad de su inserción dentro de las relaciones sociales. En este sentido, los caracteres del proceso de consumo no se reducen a la sumatoria o al promedio de conductas y variables de una organización social “ideal”.
En esta sección se presentarán los trabajos más representativos de tres distintas líneas de investigación que han surgido alrededor del debate anteriormente expuesto. En primer
lugar, se reseñarán los trabajos de Williamson y Bértola et al. En segundo lugar, de
presentarán los trabajos de Allen y Arroyo. Finalmente, se presentan las investigaciones recientes en materia de historia nutricional de Torres y Newell & Gazeley.
En esta dirección, uno de los primeros trabajos fue el intento presentado por Williamson (1995) de compilar, mejorar e interpretar una amplia base de datos de salarios de 16 países elaborada por Maddison (1982). Williamson se inserta, a través de este trabajo, en el debate concerniente a los regímenes de convergencia-divergencia en la economía mundial que, principalmente, había estado enfocado en las estimaciones de PIB y productividad relativa. El principal interés del autor era el de concentrar su estudio en los precios de los factores de producción, especialmente en los salarios, pues estos últimos podían cumplir una mejor función estadística que el PIB per cápita. Las razones esgrimidas por Williamson justificaban, en primer lugar, que la serie de salarios reales construida para el período que antecedió a la Primera Guerra Mundial eran de mejor calidad que los datos de PIB; en segundo lugar, el precio de los factores combinado con los salarios ofrecía una mejor panorámica en relación a los problemas de la distribución, mientras que los datos de PIB mostraban estimaciones promedio; y por último, los cambios y transformaciones de los sistemas económicos nacionales podrían ser analizados exhaustivamente por medio de los movimientos de los precios de los factores.
Aunque el artículo de Williamson ofrece una amplia información estadística dirigida a enriquecer el debate sobre los regímenes de convergencia-divergencia, con base en el uso del recurso teórico del factor de estabilización de precios, el aporte innovador es el uso del índice de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA) ajustado a los salarios reales de los trabajadores urbanos no calificados. Los datos incorporados por Williamson a la base de datos de Maddison se justificaban debido a que las series estaban parcialmente completas y, generalmente, fueron construidas mediante proyecciones hacia atrás a partir de tasas que asumían promedios de crecimiento económico (Astorga & Fitzgerald, 1998).
El interés del autor por estudiar la evolución global de los mercados de trabajo desde 1830 hasta 1988 resultó en la construcción de una nueva base de datos, constituida por un grupo de series de tiempo de los salarios reales de 15 países, incluyendo un país ausente en la base de datos de Maddison: Argentina. La construcción de la base de datos se basó en tres procesos estadísticos: 1. Construcción de una serie de tiempo de los salarios nominales para cada país, en donde se usaron salarios de los trabajadores del sector de las manufacturas; 2.
Aplicación de un deflactor del costo de vida a las series de tiempo de los salarios nominales (este índice estaba compuesto por el rubro de alimentación, renta de alquiler, combustible y ropa); 3. Conversión de salarios reales nacionales en unidades internacionales comparables mediante el establecimiento de cotas de referencia (especialmente los años en que los salarios pudieran ser comparados por tipo de trabajadores); 4. Los salarios eran deflactados por un índice de precios PPA que permitió comparar las canastas de consumo.
En una trilogía que estudió el comportamiento de los salarios reales sobre la convergencia-divergencia, Williamson se concentró en tres regiones periféricas: Asia (1998a), América Latina (1998b) y la Cuenca del Mediterráneo (1998c). El mensaje central concerniente al trabajo de la Cuenca del Mediterráneo (1998c) indicaba que la brecha entre las economías centrales y periféricas en Europa no fue producto de la globalización de finales del siglo XIX. Por el contrario, fue el resultado de dos eventos distintos: primero, las economías centrales lograron un éxito económico durante los siglos XVII y XVIII, mientras que la periferia se quedó estancada durante la época preindustrial; segundo, los países que no lograron emular la revolución industrial de Inglaterra se quedaron al margen de esta transformación económica.
Por otra parte, las conclusiones derivadas del estudio sobre Asia (1998a) sugieren que el rezago de Asia frente Europa, por un lado, fue el resultado de las diferencias en intensidad y ubicación geográfica de las revoluciones industriales respectivas. Se suma a lo anterior, la inhabilidad de Asia para aprovechar el boom de la globalización durante la segunda mitad del siglo XIX. Con respecto a América Latina, Williamson (1998b) sostiene que en la región solo hubo un país líder durante el proceso de convergencia antes de 1913: Argentina. Adicionalmente, el autor considera que el factor demográfico afectó significativamente el proceso de convergencia, aunque afirma que no existe evidencia suficiente para sugerir que los países con tasas de crecimiento aceleradas (debido a las altas tasas de migración) hayan perdido posiciones relativas dentro de la región antes de 1914. No obstante, Williamson encuentra que las tasas de salarios y rentas de alquiler mostraron una tendencia decreciente en países con abundante tierra baldía, mientras que en países afectados por la migración europea ocurrió lo contrario.
En Williamson (1998d) es posible ver que la idea de convergencia-divergencia se encuentra más madura que en sus otros trabajos. En este artículo, los efectos de la transición demográfica sobre el crecimiento son ampliamente estudiados, especialmente, se toma en consideración el impacto de la estructura etaria de la población sobre la fuerza laboral. De forma paralela, el autor afirma que la convergencia debe ser modelada a partir de una ecuación de crecimiento que incluya datos sobre política pública, globalización, calidad institucional, educación, dotación de recursos naturales y geografía económica.
El trabajo de grado a desarrollar, sobre el estudio de la evolución de las condiciones de vida en Bogotá para el período en cuestión, se vio estimulado por el artículo de Bértola, Calicchio, Camou y Porcile (1999a). Los autores dedicaron una sección para presentar comentarios al trabajo de Williamson (1995), pues los primeros, aunque reconocen las grandes contribuciones del segundo para entender las fuerzas que explican el desarrollo económico y las tasas de crecimiento relativo, proponen unas mejoras a la metodología y unos complementos a la base de datos. De allí que, los autores presentaran unas estimaciones alternativas, las cuales, para el interés de esta memoria de grado, resaltan la incorporación de datos de salarios reales para Brasil, Uruguay y Argentina.
Una debilidad del trabajo de Williamson (1998b) es la suposición de igualar los salarios de Argentina con los de Uruguay por razones de proximidad geográfica y debido a las
semejanzas presentadas en el PIB per cápita. Es así como Bértola et al (1999a) señalan
como culpable al PIB por ser un “artefacto estadístico”. Uno de los aportes significativos de los autores es el de haber recopilado datos sobre las rentas de alquiler y haberlos incluido en las cestas de consumo. No obstante, una falla metodológica en la construcción de las cestas de consumo es que los artículos incluidos son reducidos y limitados, y además, el hecho de tomar la canasta de Inglaterra, como base, condiciona y restringe la comparación de los alimentos.
El artículo de Bértola, Camou y Porcile (1999b) planteaba una serie de nuevas estimaciones de salarios internacionales y mejoras a las presentadas en los trabajos de Williamson (1995
y 1998b) y Bértola et al (1999a). Principalmente, los autores centran su atención en comparar niveles salariales de acuerdo a su capacidad de compra con la finalidad de encontrar las tendencias existentes alrededor del desempeño de Argentina, Uruguay y Brasil entre 1870-1945. La estimación anterior se complementó al compararla con los datos de cuatro países que tenían economías de centro: Alemania, Estados Unidos, Francia e Inglaterra. La mayor parte del trabajo analiza los determinantes del desempeño relativo de los salarios reales de distintos países en una perspectiva de largo plazo enfocándose en el régimen de convergencia-divergencia. No obstante, los autores presentan una metodología más robusta, que le da mejor sustento a los salarios reales obtenidos.
En efecto, esta metodología aunque estuvo mucho mejor sustentada –por estar basada en la construcción de dos hitos de referencia comunes correspondientes a los salarios británicos para 1905 y 1927–, no superó las deficiencias presentes en las estimaciones de Williamson (1995) y (1998b), pues cada canasta de consumo se construyó sintonizando los alimentos en torno a la cesta británica. Esto produjo la eliminación de algunos alimentos específicos para cada país y la pérdida de la historicidad de las cestas de consumo.
Debido a lo anterior, los autores muestran que la metodología empleada por Williamson (1995) impide mantener la diversidad cultural, climática y de recursos naturales, por tanto, recurren a construir una canasta específica para Brasil, Argentina y Uruguay con el fin de hacer la comparación con Gran Bretaña que respete las especificidades nutricionales de cada país. Este procedimiento los obligó a equilibrar los componentes nutritivos de las diferentes canastas. Sin embargo, las diferencias alimentarias los conduce a realizar únicamente la cobertura en términos nutricionales de los alimentos relacionados con las proteínas animales.
Llegado a este punto, es necesario mencionar que la debilidad de este trabajo es haber considerado pequeñas canastas de consumo y con poca variedad en los ítems. Al mismo tiempo, las “conversiones estadísticas” realizadas por los autores presentan estimaciones que pudieron haber sobreestimado o subestimado las cantidades de algunos alimentos, puesto que la finalidad de esta metodología era la de equilibrar los consumos de los
alimentos en pro de la estandarización hacia una canasta internacional. Posteriormente, las
estimaciones específicas presentadas por Bértola et al (1999b) indicaban que el contenido
nutricional anual de la canasta del Reino Unido para 1905 contenía 3´138.356 calorías, 87.711 proteínas, 138.851 grasas y 283.570 carbohidratos; y para Brasil 1892 contenía 2´984.550 calorías, 91.955 proteínas, 153.345 grasas y 305.860 carbohidratos. Las estimaciones de macronutrientes para Argentina y Uruguay se hicieron a partir de la selección de distintos tipos de carnes, y eliminando los demás alimentos.
Los artículos de Allen (2001), y recientemente, Allen, Murphy y Schneider (2011), presentan una metodología que dista de la empleada por Williamson (1995) para la medición de los salarios reales, y su comparación, entre los distintos países de Europa y Asia. Esta consiste en tres etapas: en primer lugar, se mide el ingreso anual para trabajadores no calificados pertenecientes a la industria de la construcción; en segundo lugar, se estima el valor de la canasta de bienes de subsistencia para una familia de 4 individuos (dos adultos y dos niños); y en tercer lugar, se calcula la tasa de bienestar, que es el número de canastas que pueden ser compradas con el salario de un trabajador no calificado. Los estándares relativos de las condiciones de vida de los trabajadores no calificados en Europa 1300-1914 fue calculada usando una canasta de consumo estandarizada de bienes tomada de Estrasburgo en el año de 1750.
El intento de construir canastas similares para Japón, China e India, y compararlas con países europeos, reveló que la canasta europea era mucho más diversa y más lujosa que la de los países asiáticos. Esta canasta básica fue denominada “bare-bones basket”, la cual aportaba 1.940 calorías por día. Esta canasta contenía pequeñas cantidades de carne o pescado, aceite o mantequilla, y sorgo (canasta asiática) o avena (canasta europea). Finalmente, la canasta también incluía pequeñas cantidades de textiles, jabón, carbón, velas y aceite de lámpara.
En Allen, Murphy y Schneider (2011) se presentan las estimaciones de salarios reales para las ciudades importantes de América del Norte y América del Sur entre 1500 y 1800. Los autores comienzan midiendo los salarios reales de estas dos regiones para después
compararlos con Europa y Asia. Las ciudades escogidas fueron Boston, Filadelfia, Ciudad de México, Potosí y Bogotá. Para todos estos lugares, los autores recolectaron salarios y precios de bienes de consumo con el objetivo de combinarlos en un índice de precios. Adicionalmente, este índice se calibró con respecto a los estándares de vida expresados en la línea de pobreza del Banco Mundial (sus siglas en inglés WBPL).
El interés que este trabajo suscita en esta memoria de grado gira en torno a los datos empleados para el caso colombiano. Los autores utilizan los datos compilados por Pardo Pardo (1972) que hacen referencia a los registros de los conventos de La Concepción y de San Francisco en Bogotá. Los alimentos escogidos para elaborar la canasta eran: garbanzos, maíz, carne y mantequilla. Dentro del rubro “otros” se tuvo en cuenta: velas, aceite de lámpara, jabón, ropa de algodón y madera.
En un trabajo reciente, presentado por Arroyo, Davies y Van Zanden (2011), se aplicó la
metodología empleada por Allen (2001) y Allen et al. (2011) con la finalidad de construir
canastas similares para los países de América Latina. Los bienes básicos incluidos fueron: maíz, fríjol y carne para el caso mexicano y andino. Para Argentina y Chile se emplearon datos de trigo y carne. Además, se realizó una homogeneización a partir de los datos de los países de Europa occidental de bienes como textiles, madera para calefacción y jabón. Seguidamente, los autores calcularon la tasa de bienestar siguiendo, nuevamente, a Allen
(2001) y Allen et al. (2011). Esta estimación asume que una familia está compuesta por 4
personas, aunque se toman 3 adultos para la canasta de consumo, y un 5% adicional para el gasto en renta de alquiler (no incluida en la canasta original). Más aún, se asume que los trabajadores son empleados 250 días al año.
Recientemente, Bértola y Román (2012) expusieron nuevas y más robustas estimaciones basadas en tasas de cambio PPA que les permitió ajustar los salarios reales para un grupo de cinco países latinoamericanos: Argentina, Chile, Brasil, Uruguay y Colombia. La metodología empleada favorece la construcción de dos cotas de referencia: 1890-1913 y 1914-1940. Al mismo tiempo, los autores complementan la discusión en torno a la composición de las canastas de consumo mediante la inclusión de nuevos alimentos y datos
sobre el costo de la vivienda. Así pues, este trabajo indica que los salarios reales brindan una sólida comparación internacional, a través de la transformación de los salarios nominales en una medida común, usando la metodología PPA.
Este artículo puede tomarse como la continuación del trabajo de Bértola et al (1999b)
porque la incorporación de Chile, y especialmente Colombia, permite diversificar el carácter geográfico de la comparación. El eje metodológico central del artículo es la presentación de dos diferentes formas para estimar el valor del alquiler de la vivienda: el primero se basa en información correspondiente a los valores para viviendas de tres habitaciones; por el contrario, el segundo método incluyó una estimación indirecta derivada del uso de la proporción entre el promedio de gasto en comida de una familia con el presupuesto destinado para el alquiler de la vivienda. De este modo, Bértola y Román (2012) construyen dos clases de índices PPA.
Sin embargo, los autores consideran que el uso de los precios de la renta de tres habitaciones permite obtener mejores resultados, puesto que se puede comparar el impacto del gasto en alquiler independientemente del gasto en alimentación. Así mismo, el primer método permite comparar el precio de un ítem similar en diferentes países, mientras que el segundo método puede ocultar diferencias en los estándares de vida de la población.
El artículo de Bértola et al (1998) y (1999) es fundamental en la construcción de las
canastas de alimentos debido a que Bértola y Román (2012) utilizan los mismo parámetros de los primeros: la canasta está basada en las necesidades de una familia compuesta por dos adultos y dos niños, y provee un promedio anual de 3´000.000 calorías, 100.000 proteínas, 150.000 grasas y 300.000 carbohidratos. La canasta calculada por Bértola y Román (2012) es mucho más rica en términos de calorías que la calculada por Allen (2001), pues incluye una cantidad mayor de alimentos y provee cerca del doble de calorías. La canasta de Allen provee cerca de 1´450.750 calorías anuales debido a que su estimación corresponde a una línea de pobreza, la cual contiene alimentos que parecerían corresponder a una canasta pre-moderna. Aunque la propuesta metodológica de Allen (2001) aportó las bases fundamentales para construir un índice de precios para Europa, desde la edad media hasta
la Primera Guerra Mundial, su canasta no muestra los niveles de macronutrientes necesarios para la subsistencia de una familia moderna.
Siguiendo la metodología presentada por Allen (2001) y Allen et al. (2011), Arroyo (2013) presentó un trabajo en el cual estima el costo de vida en Venezuela, y su comparación internacional mediante el cálculo de una serie histórica de salarios reales. El aporte empírico principal es la recolección de datos de fuentes documentales del Archivo General de La Nación de Venezuela durante el período 1830-1900. Arroyo parte del trabajo de Carrillo Batalla (2001) y (2002) debido a la importancia que éste imprimió a la historiografía venezolana en el manejo de fuentes estadísticas obtenidas a partir de publicaciones periódicas nacionales. En adición, Arroyo replica la metodología empleada por Carrillo para el caso venezolano: un índice de precios de subsistencia derivado de las estimaciones de Allen (2001). Paralelamente, la autora parte del índice de precios “tradicional” construido por Gómez Galvarriato (1998).
La canasta de Allen (2001) computa 1940 calorías y 60 gramos de proteínas diarias, donde los alimentos incluidos son carne, fríjoles y un carbohidrato. Para el caso de Venezuela, Arroyo incluye al maíz. Por el contrario, la canasta “tradicional” incluye una variedad de carnes y bebidas alcohólicas como el aguardiente. Esta última canasta muestra que la composición relativa es 83,5% para alimentos y bebidas, mientras que 16,5% en otros (jabón, textiles y tabaco).
A continuación se presentarán los trabajos de dos autores diferentes que adelantaron el problema de la evolución de las condiciones de vida desde una perspectiva metodológica diferente a la expuesta en los trabajos anteriormente mencionados. Estas investigaciones se diferencian de las anteriormente reseñadas porque los autores escogieron hacer un análisis local sobre los patrones de consumo de alimentos.
En primer lugar, se encuentran los trabajos de Torres (1990), (2000) y (2004) que muestran el patrón de consumo de alimentos en Venezuela durante el período 1775-1910. Según el autor, el desarrollo histórico de las distintas dietas tuvo episodios de empobrecimiento
nutricional perceptibles en la violenta caída del consumo proteína/animal y el aumento de la ingesta de carbohidratos. Para la dieta de 1775, Torres (2004) estimó que la dieta consumida por los caraqueños estaba compuesta por 3.392 calorías. En Torres (2000) se calculó el promedio de consumo en gramos de carne: 201 gramos de carne diariamente en 1775, y 196 gramos de carne en 1799.
Al mismo tiempo, Torres (2000) muestra la tendencia de datos locales sobre consumo de calorías: de 3.392 calorías en 1775 se pasó a 2.698 calorías en 1839, para incrementar el consumo hasta 5.443 calorías en 1873. Estos resultados pueden estar asociados al proceso de transición nutricional de la dieta colonial a la dieta republicana: se disminuyó el consumo de maíz, casabe y carne, y desapareció el cacao. Así mismo, Torres cree que se presentó una continuidad del “binomio gastronómico” colonial maíz-plátano, pero se presentó un aumento en la ingesta de granos y papelón.
En otro trabajo, Torres (1990) realizó cálculos estadísticos a partir de datos de consumo de alimentos de las haciendas cafeteras del Táchira. Los resultados muestran que los peones agrícolas consumían diariamente un promedio de 5.300 calorías. Los datos disponibles exponen el contenido de las raciones medias para 1887-1889, e indican tres comidas diarias, en las que predominaba el consumo de bollos de maíz, café, pasteles de carne y plátano.
Finalmente, el trabajo de Newell y Gazeley (2012) reporta una investigación acerca del consumo de alimentos y evolución de aspectos nutricionales, durante los primeros años del siglo XX, en Inglaterra. A partir del uso de la base de datos “Board of Trade” de 1904, que reporta las cantidades de consumo y el costo de los alimentos, los autores lograron crear una cota de referencia de los niveles de consumo de cada clase socio-económica. Uno de los aportes representativos de este artículo es el registro del consumo de alcohol en las dietas de las familias.
El punto de inicio de los autores es el trabajo de Oddy (1970), (1976) y (2003), en el cual se presenta un completo análisis sobre los patrones de consumo de alimentos y nutrición de la
clase obrera a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. La evidencia empírica utilizada por los autores, y tomada de Oddy (2003), contiene 2.500 presupuestos de familias obreras en el período 1890-1914.
Newell y Gazeley exponen que la tradicional y típica dieta de la clase obrera inglesa estaba basada, principalmente, en una gran cantidad de pan y harinas azucaradas, aunque el mayor gasto monetario era en carne. El análisis de los autores comenzó mediante la clasificación de las familias en un sistema de clases sociales derivado de las ocupaciones de los jefe de hogar. Dentro de los resultados más importantes, los autores encontraron que los trabajadores no calificados consumían más grasas y azúcares que los trabajadores calificados. Otro resultado significativo fue el de utilizar los registros de consumo de alcohol, especialmente de cerveza. Las estimaciones encuentran que un individuo adulto consumía, en promedio, 30 galones de cerveza y 1 galón de vino anualmente.
Las estimaciones del consumo promedio por persona (incluyendo adultos y niños) era de 2.400 calorías, mientras que un adulto consumía cerca de 3.000 calorías por día. Según los autores, el rango de pobreza estaría entre 1.700 y 2.700 calorías. No obstante, un hombre adulto dedicado a una actividad laboral de alto esfuerzo (carpintería, mecánica) podía consumir 3.558 calorías diariamente, contrariamente, un empleado de actividad física menor requería de 2.270 calorías. Finalmente, la estimación que ellos recomiendan como más robusta y acertada es la siguiente: 3.165 calorías para trabajadores calificados, y 2.700 calorías para trabajadores no calificados.
3. Marco teórico
El desarrollo teórico del índice paridad de poder adquisitivo (PPA) ha sufrido de flujos y reflujos a través de los años. Sin embargo, en años recientes el uso de nuevo material estadístico ha permitido crear lazos entre el índice PPA y las tasas de cambio. Particularmente, las comparaciones internacionales de los estándares de vida están basadas, frecuentemente, en aplicaciones del índice PPA. Broadberry y Burhop (2009) consideran que el índice PPA abre la posibilidad para realizar dos tipos de comparaciones: la primera
está relacionada con la comparación de la productividad laboral real; mientras que la segunda, se ocupa de comparar los salarios reales mediante el poder de compra de éstos. Sin embargo, si los bienes y servicios pueden ser comercializados libremente -en ausencia de barreras geográficas-, entonces ambos tipos de PPA deberían ser iguales. Por el contrario, cuando los bienes no pueden ser libremente comercializados, ambos PPA difieren.
Para los propósitos de este trabajo, el índice PPA utilizado está basado en Bértola et al
(1999b) y Williamson (1995). Este recurso teórico permite estimar canastas de consumo equivalentes según su capacidad de compra, y comparar cada una en términos de una canasta internacional. Las canastas de consumo incluyen alimentos y vivienda dentro de los rubros de gasto de la familia. Un punto importante de estas canastas es que éstas deben intentar ser semejantes en términos de contenido calórico, proteínas, grasas y carbohidratos.
4. Fuentes y metodología
4.1. Fuentes
La construcción de las canastas utilizadas en este trabajo de grado se basó, para el caso colombiano, en fuentes primarias, mientras que los datos correspondientes a las canastas de Brasil, Chile y Reino Unido fueron adaptados de artículos académicos. A continuación, se presenta una explicación sobre los tipos de fuentes archivísticas y hemerográficas utilizadas para construir las canastas de Colombia. Sin embargo, en el Anexo 2. presentado en la parte final del trabajo se encuentra un inventario preciso de las fuentes primarias y secundarias utilizadas.
Las fuentes primarias utilizadas para obtener precios, salarios y alimentos de Colombia durante el período 1790-1894 básicamente son de tres tipos. En primer lugar, y
comenzando con las más antiguas, están los registros de los Libros de Cuentas de los
hospitales San Juan de Dios (1790) y Hospital Militar (1838). Este material documental contiene diferentes raciones y los precios de los alimentos: para el caso del hospital San
Juan de Dios se presentan tres dietas; mientras que para el Hospital Militar, se muestran cuatro diferentes canastas.
En segundo lugar, los contratos de alimentación, que particulares contraían con el Colegio del Rosario, permitieron recopilar y elaborar una canasta de consumo para el año de 1882. Este documento histórico muestra la alimentación ofrecida a los alumnos del Colegio del Rosario, quienes tenían cinco raciones de alimentos durante el día. En tercer lugar, se utilizaron recursos hemerográficos, especialmente, se indagó en la prensa de la época para completar los precios de los alimentos. Adicionalmente, en un periódico de 1894, se encontró la dieta de los peones agrícolas de Bogotá.
4.2. Metodología
Básicamente, la metodología empleada está basada en dos propuestas diferentes. La
primera referencia metodológica es la diseñada por Bértola et al (1999a) y (1999b). La
segunda propuesta se deriva de Allen (2001). La primera propuesta considera que existe una canasta de referencia, en este caso es Inglaterra (1905), a partir de la cual se construyen las demás canastas en términos nutricionales. De esta forma, se establece un hito de referencia en 1905. Por otra parte, Allen (2001) propone la elaboración de una canasta de subsistencia. De acuerdo a Allen et al. (2011), la elección de este tipo de canasta obedece al intento por obtener una herramienta estadística que permita comparar los distintos niveles y costos de vida en el mundo. Las fuentes de información para la construcción de cada canasta se encuentra en el Anexo 2.
Profundizando en la estructura metodológica seguida por Bértola et al. (1999b), se tienen
tres pasos a seguir:
1) Composición de una canasta de consumo equivalente a la británica para Colombia,
procurando que los componentes de la canasta tengan una equivalencia en términos nutritivos cuando se trate de alimentos. Este es el punto clave de la metodología de
usando datos locales, permite una estimación más robusta que los cálculos indirectos basados en el PIB per cápita.
2) Identificación de la capacidad de compra del salario de un colombiano –las cestas
representan el consumo en Bogotá– en relación a la canasta británica de 1905, lo cual permite expresar la capacidad de compra del salario de un trabajador colombiano genérico respecto al salario del trabajador británico en 1905. Simultáneamente, se procede a calcular la participación del costo semanal colombiano en alimentos y en alquiler –expresado en libras esterlinas– dentro del costo equivalente en Inglaterra. La fórmula general es:
𝑷𝒂𝒓𝒕𝒊𝒄𝒊𝒑𝒂𝒄𝒊ó𝒏 𝒅𝒆𝒍 𝒄𝒐𝒔𝒕𝒐 𝑪𝑶𝑳 𝒆𝒏 𝒆𝒍 𝒄𝒐𝒔𝒕𝒐 𝑰𝑵𝑮=
𝒄𝒐𝒔𝒕𝒐 𝒅í𝒂 𝒂𝒍𝒊𝒎𝒆𝒏𝒕𝒐𝒔 𝒂𝒍𝒒𝒖𝒊𝒍𝒆𝒓 𝒕𝒐𝒕𝒂𝒍 𝑪𝑶𝑳
𝒕𝒊𝒑𝒐 𝒅𝒆 𝒄𝒂𝒎𝒃𝒊𝒐 𝒏𝒐𝒎𝒊𝒏𝒂𝒍
𝒄𝒐𝒔𝒕𝒐 𝒅í𝒂 𝒂𝒍𝒊𝒎𝒆𝒏𝒕𝒐𝒔 𝒂𝒍𝒒𝒖𝒊𝒍𝒆𝒓 𝒕𝒐𝒕𝒂𝒍 𝑹𝑼 ∗𝟏𝟎𝟎
Posteriormente, el porcentaje de participación permite convertir el tipo de cambio colombiano a paridad de poder adquisitivo (PPA), mediante la fórmula:
𝑇𝑎𝑠𝑎 𝑐𝑎𝑚𝑏𝑖𝑜 𝑃𝑃𝐴=𝑡𝑎𝑠𝑎 𝑐𝑎𝑚𝑏𝑖𝑜 𝑛𝑜𝑚𝑖𝑛𝑎𝑙∗𝑝𝑜𝑟𝑐𝑒𝑛𝑡𝑎𝑗𝑒 𝑑𝑒 𝑝𝑎𝑟𝑡𝑖𝑐𝑖𝑝𝑎𝑐𝑖ó𝑛 100
3) Finalmente, este tipo de cambio PPA abre la posibilidad de calcular la participación
porcentual de salarios colombianos dentro de los salarios británicos equivalentes. Para ello, se procede a calcular la participación del salario colombiano dentro del salario británico equivalente. Siguiendo la lógica propuesta por Williamson (1995) y Bértola et al (1999b), esta computación considera los salarios de un trabajador no calificado y otro calificado. En todo caso, la fórmula es la siguiente:
𝑷𝒂𝒓𝒕𝒊𝒄𝒊𝒑𝒂𝒄𝒊ó𝒏 𝒅𝒆𝒍 𝒔𝒂𝒍𝒂𝒓𝒊𝒐 𝑪𝑶𝑳 𝒆𝒏 𝒔𝒂𝒍𝒂𝒓𝒊𝒐 𝑹𝑼=
𝒔𝒂𝒍𝒂𝒓𝒊𝒐 𝒕𝒓𝒂𝒃𝒂𝒋𝒂𝒅𝒐𝒓 (𝒄𝒂𝒍𝒊𝒇𝒊𝒄𝒂𝒅𝒐 𝒏𝒐 𝒄𝒂𝒍𝒊𝒇𝒊𝒄𝒂𝒅𝒐)𝑪𝑶𝑳
𝒕𝒊𝒑𝒐 𝒅𝒆 𝒄𝒂𝒎𝒃𝒊𝒐 𝑷𝑷𝑨
𝒔𝒂𝒍𝒂𝒓𝒊𝒐 𝒕𝒓𝒂𝒃𝒂𝒋𝒂𝒅𝒐𝒓 (𝒄𝒂𝒍𝒊𝒇𝒊𝒄𝒂𝒅𝒐 𝒏𝒐 𝒄𝒂𝒍𝒊𝒇𝒊𝒄𝒂𝒅𝒐) 𝑹𝑼 ∗𝟏𝟎𝟎
En otro orden de ideas, la canasta de Allen (2001) y Allen et al. (2011) computa una
de proteína animal complementada con una ración de carbohidratos. Debido a que cada canasta especifica las cantidades de estos alimentos, es posible calcular el costo en moneda local de la misma. Así pues, usando la canasta de subsistencia es posible determinar si una unidad familiar podía satisfacer las necesidades básicas. Los pasos a seguir son:
1) Calcular el costo de vida para una familia tipo (constituida por cuatro personas), familia
tipo está compuesta por dos adultos y dos menores equivalentes a un adulto: se multiplica la canasta de subsistencia por tres.
2) Estimación de un ratio de bienestar:
𝑅𝑎𝑡𝑖𝑜 𝑑𝑒 𝑏𝑖𝑒𝑛𝑒𝑠𝑡𝑎𝑟= 𝑠𝑎𝑙𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑛𝑜𝑚𝑖𝑛𝑎𝑙
𝑐𝑎𝑛𝑎𝑠𝑡𝑎 𝑑𝑒 𝑠𝑢𝑏𝑠𝑖𝑠𝑡𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑑𝑒 𝑓𝑎𝑚𝑖𝑙𝑖𝑎 𝑡𝑖𝑝𝑜
Este indicador permite determinar el poder adquisitivo del salario nominal respecto a un nivel de consumo mínimo (de subsistencia). La interpretación del ratio tiene tres escenarios: 1. Un ratio de uno, el poder adquisitivo del salario es exactamente igual al costo del nivel de consumo de subsistencia; 2. Un cociente mayor a uno implica que la familia posee un salario que satisface el consumo mínimo; 3. Un cociente menor a uno indica que con ese salario nominal, una familia no puede cubrir el nivel mínimo de subsistencia.
5. Resultados
Para el caso de Colombia se lograron construir cuatro distintas canastas de consumo. La totalidad de los datos recolectados en fuentes primarias son de la ciudad de Bogotá. El Cuadro 1 muestra que, a lo largo del siglo XIX, los bogotanos mantuvieron, de manera relativa, una cantidad similar de calorías. Sin embargo, realizar una comparación histórica directa entre canastas plantea una serie de problemas.
Primero, es difícil saber que tipo de trabajadores recibían raciones de comida en 1790 y, en menor medida, en 1839. De forma similar, resulta complejo clasificar a los estudiantes del
Colegio del Rosario (1882) en el binomio trabajador calificado/trabajado no calificado. Segundo, no existe una canasta estándar para Bogotá. Como se evidencia en el Anexo 1 el pan y la carne de res, son los únicos alimentos que se mantuvieron en la canasta de los bogotanos durante el período 1790-1894.
Finalmente, las diferentes pautas de consumo de los bogotanos impide la elaboración de una canasta estándar basada en equivalencias nutricionales. Por ejemplo, en 1894, la ingesta de calorías de los carreteros y arrieros bogotanos, se basaba , principalmente, en un producto: la chicha. Para este caso, la chicha representaba, aproximadamente, el 50% de las calorías absorbidas diariamente.
La estimación de las cotas de referencia, mostrada en el Cuadro 2 (ver referencias y fuentes en Anexo 2), para los niveles de precios y salarios se limitó a la comparación de las canastas de Colombia (1882) y (1894) con la canasta de Brasil (1892), Chile (1902) y
Reino Unido (1905). A diferencia de la estimación presentada por Bértola et al. (1999b)
-donde se utilizó la canasta de consumo de Uruguay como punto de referencia en la construcción de las canastas de los demás países-, la elaboración de cada canasta, en la estimación presente, tuvo en cuenta los alimentos tradicionales de cada país. Las diferencias notorias entre el clima, los recursos naturales y las pautas culturales de
alimentación de Brasil, Colombia, Chile y Reino Unido plantearon serias dificultades en la construcción de una canasta estándar a nivel internacional.
Los hitos de referencia (mojones estimados), usando la metodología de Bértola et al.
(1999b), se resumen en el Cuadro 3 (ver referencias y fuentes en Anexo 2) que se presenta a continuación:
Los resultados del Cuadro 2 indican que el contenido calórico de las canastas de Brasil, Chile y Reino Unido se encuentran en el rango de 2.700-3.300 calorías. Según Bértola et al.
Lo anterior indica, entonces, que los tres países mencionados anteriormente se encuentra en el rango propuesto por los autores. No obstante, el valor de las calorías de la canasta colombiana podría parecer, aparentemente, elevado con respecto a los demás valores. Al analizar detalladamente la composición nutricional y su relación con los alimentos de la canasta colombiana es necesario señalar lo siguiente: la chicha aporta el 52% de las calorías totales.
Si las calorías correspondientes a la chicha son eliminadas de la estimación, la canasta resulta con 2.300 calorías. Esto indicaría que los peones agrícolas bogotanos en 1894 se alimentaban de forma pésima, pues la baja cantidad de calorías estaba acompañada de un reducido consumo de proteína animal: 50 gramos de carne de res. La pésima calidad de vida de los arrieros y carreteros bogotanos fue evidenciada por Vanegas Mora (1892) en un estudio contemporáneo con respecto a la canasta aquí planteada. Este estudio evidencia la deficiente alimentación de estos trabajadores debido a los bajos ingresos percibidos en los jornales agrícolas.
Sin embargo, resulta complejo eliminar el rubro de la chicha de la canasta colombiana. La chicha era consumida por los peones agrícolas con la finalidad de obtener energía que les permitiera trabajar hasta 18 horas diarias. Para justificar la permanencia de la chicha dentro de la canasta colombiana, el caso de los trabajadores venezolanos permite ilustrar este punto. Los datos recopilados por Torres (2000) indican que el régimen alimenticio de los peones de los hatos ganaderos del Alto Apure giraba en torno a los siguientes productos básicos: maíz, plátanos, topochos y panela. Especialmente, el maíz aportaba, aproximadamente, el 53,4% (2989 calorías) de las calorías totales. Lo anterior revela un paralelo con la alimentación de los peones bogotanos (52% de las calorías). El maíz era consumido como ración complementaria a la carne y se usaba en la producción de bebidas alcohólicas junto con la panela (papelón).
Los resultados presentados en el Cuadro 3. abren un espacio para la discusión de la
metodología propuesta por Bértola et al. (1999b), pues se debe intentar completar las
nivel de precios promedio ponderado para el caso colombiano, se tiene que el nivel de precios promedio de la canasta colombiana (aprox. 52,26%) resulta ser la mitad del nivel de precios promedio de la canasta inglesa. Sin embargo, al analizar la composición porcentual del gasto en alquiler comparado con el gasto en alimentación, los datos señalan que los peones bogotanos utilizaban el 58% de sus ingresos para alimentarse y el 42% para el pago del alquiler de vivienda (ver Cuadro 4).
Así pues, se tienen dos conclusiones. Primero, el Cuadro 3 evidencia que el nivel de precios de los alimentos de Colombia es el más bajo entre los cuatro países, sin embargo, los peones gastan más de la mitad de su sueldo en la canasta de alimentos; esto indica que la capacidad de compra en alimentos del salario colombiano es mayor que para los otros países. Segundo, lo anterior se debe principalmente a un elevado costo del alquiler en Colombia. Mientras en Brasil, Chile y el Reino Unido se destina cerca de una quinta parte del sueldo, en promedio, para el gasto en vivienda, en Colombia se destinan dos quintas partes del sueldo.
Cuadro 4. Composición de las canastas
COL (1894) BRA (1892) CHI (1902) RU (1905) Gasto en alimentación 58% 91% 77% 89% Gasto en alquiler 42% 9% 23% 11%
Resulta interesante señalar que el salario semanal de un obrero de la construcción colombiano (trabajador calificado) representaba alrededor de un 109,14% de su equivalente británico, mientras que el salario de un trabajador no calificado (peón agrícola) equivalía al 64% de su símil británico. Promediando ambos salarios, el salario de un trabajador genérico en Colombia representaba en 1894, un 86% del de su símil británico.
Por otra parte, los resultados provenientes de la estimación derivada de la metodología propuesta por Allen (2001) y Allen et al. (2011) son resumidos en los Cuadro 5, Cuadro 6 y Cuadro 7. Esta canasta, al igual que la de Bértola et al. (1999b), se deriva, principalmente, de la canasta de Inglaterra. Por tal motivo, los datos empleados en este trabajo de grado no
permiten computar una canasta con el rubro otros, pues aún no se han encontrado bienes no alimenticios tales como textiles, velas y combustibles.
Cuadro 7. Ratios de bienestar de ciudades seleccionadas País Año *Ratio de bienestar **Ratio de bienestar Brasil 1892 0,39 0,54
Colombia 1894 1,62 4,02 Chile 1902 1,45 2,32 Reino Unido 1905 2,37 3,47
*Se usó el salario de un trabajador no calificado ** Se usó el salario de un trabajador calificado
No resulta claro que el nivel de bienestar en Colombia esté por encima del nivel de subsistencia. Aunque el ratio de bienestar para Colombia indica que los peones agrícolas y los trabajadores calificados satisfacían el consumo mínimo, no resulta comprensible que Colombia se ubique por encima de Chile y Reino Unido, pues la participación del salario colombiano en términos del salario británico muestra que la capacidad de compra del salario colombiano era baja. Así mismo, la metodología de Allen (2001) no incluye el costo de alquiler de vivienda, lo que oculta el elevado gasto de los colombianos en este rubro y
6. Conclusiones
Los hallazgos empíricos permiten apreciar una diferencia significativa en el nivel de bienestar de los países comparados. Nutricionalmente las distintas dietas presentaban un mínimo calórico, aunque en algunos casos se evidencia la deficiencia en proteínas y exceso en grasas, no adecuado a los requerimientos nutricionales para trabajos de similar intensidad. Por ejemplo, en el caso colombiano, el exceso de calorías, debido a la chicha, era acompañado de un desequilibrio proteico en los trabajadores agrícolas. Sin embargo, frente a la precariedad de las condiciones que definan una canasta equilibrada nutricionalmente, la monotonía de las raciones son garantía de adecuación a los requerimientos energéticos básicos y a la conformación de una canasta estándar a nivel internacional.
La ausencia de observaciones e investigaciones sobre la variabilidad de las distintas dietas nacionales en el tiempo y en el espacio es una debilidad metodológica de las estimaciones presentadas. La evidente monotonía del régimen alimenticio, derivada de una cesta internacional, tenía implicaciones respecto a la calidad y variedad de la dieta. Todo indicaría que el patrón carne-pan es la única herramienta que permite las comparaciones internacionales. Para el caso colombiano, la canasta de 1894 revela que los peones agrícolas ingerían una canasta de alimentos rica en calorías, pero deficiente en proteínas. Adicionalmente, el costo de los alimentos es el más bajo en comparación con Brasil, Chile y Reino Unido. Una posible interpretación indicaría que los alimentos, al ser cocinados en gran cantidad en las fondas, resultaban baratos aunque deficientes nutricionalmente.
Por otra parte, el elevado nivel de precio del arriendo en Colombia, comparativamente, se debía a que los peones pagaban el alojamiento de forma temporal y no permanente. Otra posible interpretación es la baja cantidad de fondas, pues éstas se encontraban en lugares alejados de la ciudad, dejando como efecto, un alto precio del alquiler de vivienda debido a las condiciones monopólicas en la oferta de vivienda. Dentro de la agenda de investigación futura, es importante resaltar la necesidad de elaborar un índice de salarios reales para Colombia basado en el PPA. Finalmente, este trabajo sugiere la importancia de profundizar
en la construcción de canastas, que incluyan la indumentaria y varios tipos de vivienda para diferentes trabajadores, con el fin de realizar comparaciones más robustas a nivel local e internacional.
7. Referencias consultadas 7.1. Fuentes primarias
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-Fondo Hospitales y Cementerios, legajo 8, folios 590-602. -Fondo Miscelánea, legajo 8.
SECCIÓN REPÚBLICA
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ARCHIVO HISTÓRICO UNIVERSIDAD DEL ROSARIO (AHUR) -Caja 66, Año 1883, folios 282r-287v
BIBLIOTECA NACIONAL DE COLOMBIA (BNC, BOGOTÁ) RECURSOS HEMEROGRÁFICOS
-Almanaque nacional, ó, Guía de forasteros en la Nueva Granada para el año de MDCCCXXXVIII (1838)
-Correo Mercantil (1883, 1884) -El Orden (1894)
-Guía Oficial de Bogotá (1894)
BIBLIOTECA LUIS ÁNGEL ARANGO LIBROS RAROS Y MANUSCRITOS
-Vanegas Mora, Ramón (1892). Estudio sobre nuestra clase obrera. Bogotá.
7.2. Fuentes bibliográficas
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