La guerra cultural del régimen de Israel contra el pueblo palestino.

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LA GUERRA CULTURAL DEL REGIMEN DE ISRAEL CONTRA EL PUEBLO PALESTINO.

Por: Salam Ahmad Mousa Reyes Introducción:

El conflicto entre Israel y Palestina es uno de los más antiguos de la historia

moderna. Durante su desarrollo ha sido un temas muy tratado informativamente,

aunque muchas de sus aristas permanecen poco exploradas. El objetivo de este

artículo es profundizar en uno de estos temas: la guerra cultural, a la cual como

parte del proceso de colonización y hegemonización israelí, es sometido el

pueblo palestino.

El arte palestino ha servido como instrumento de lucha ideológica que desafía la

narrativa sionista, cuyo fin explícito en términos políticos ha sido borrar la historia

e identidad del pueblo palestino. Para ello han empleado desde refinadas

medidas de influencia hasta la política de los cañones, naturalizando el genocidio

contra la población palestina. Los orígenes de esta forma de actuación están

precisamente en la infame cita de Golda Meir1 de que los palestinos no existían,

nunca existieron.

Desarrollo:

Ante todo debemos comprender que este tema se trata de una cuestión de

construcción de ideología. Según el ideólogo cubano Fernando Martínez

Heredia, todo proceso de colonización para convertirse en hegemónico, tiene

que ser cultural y en este sentido el gobierno de Israel pondera el uso de

herramientas de guerra cultural encaminadas a subyugar ideológicamente al

pueblo palestino.

Para el estado de Israel es imprescindible la aplicación de una gama de políticas

culturales de fomento y censura, según sea el caso, en las cuales está contenida

su ambición hegemónica de controlar la opinión mundial sobre el conflicto con

Palestina, para lo cual se apoya en acciones de guerra cultural.

1 Maestra y política israelí que ocupó el cargo de Primer Ministro en 1969. De origen ucraniano, realizó sus estudios universitarios en la universidad de Wisconsin. Ha s ido la única mujer en ocupar la cartera de gobernación, siendo descrita como “La Dama de Hierro” de la política israelí.

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Para desarrollar el análisis, este estudio se acoge a dos definiciones que dan la

perspectiva política al enfoque del tema que se está tratando. Entenderemos

como Guerra cultural: “(…) la sustitución o destrucción de los valores de un

sujeto de identidad por los de otro, para beneficio del segundo. Cuando este recurso alcanza el rango de instrumento de política exterior de una potencia (…)

la cultura conforma una dimensión inaplazable en los diseños de las estrategias de seguridad nacional (…)” (González Patricio-2004)

Por otra parte, entenderemos la hegemonía cultural, desde la perspectiva de Antonio Gramsci como “… la dominación y mantenimiento de poder que ejerce

una persona o un grupo para la persuasión de otro u otros sometidos,

minoritarios o ambas cosas, imponiendo sus propios valores, creencias e

ideologías que configuran y sostienen el sistema político y social, con el fin de

conseguir y perpetuar un estado de homogeneidad en el pensamiento y en la

acción, así como una restricción de la temática y el enfoque de las producciones y las publicaciones culturales…”

La guerra cultural puede ser el objetivo o el acompañamiento a la realización de

otro u otros objetivos estratégicos. En el caso que ocupa, es el complemento de

otras acciones de carácter más violento, las que persiguen como fin la

colonización de los territorios palestinos y el eventual desplazamiento o

aniquilación de la población local y su cultura.

Algunos investigadores y estudiosos tratan de hacer ver la guerra cultural como una etapa de la denominada “guerra fría” que concluyó con la caída del muro de

Berlín. Sin embargo, la historia muestra que desde que existen enfrentamientos

entre humanos con identidades culturales diferentes se han establecido

conflictos de ese tipo. Más aún, mientras concurran antagonismos políticos entre

diferentes identidades culturales, la confrontación se trasladará también a ese

plano.

Tal cómo se define por González Patricio, la guerra cultural puede alcanzar el

rango de instrumento de política exterior. Esta expresión se maximiza cuando se

proyecta desde centros de poder mundial como es el caso de Israel, país que

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Gracias a la investigación realizada por la escritora y periodista británica Frances

Stonor Saunders en su libro: “La CIA y la Guerra Fría Cultural”, se puede dar

cuenta de algunas acciones catalogadas como instrumentos de guerra cultural:

 Presentación de desertores como modelos de éxito y líderes de opinión en espacios legitimados.

 Diálogo y empleo de todas las fuerzas políticas que no compartan intereses comunes con el partido en el poder.

 Financiamiento de proyectos de diferentes grupos políticos de varias

tendencias sin objetivos de dominación, sino de mantenerlos cercanos.

 Participación de tanques pensantes en eventos internacionales dando discursos y presentaciones que desmonten o contradigan las ideas

políticas que se quieren atacar.

 Creación de clubes y fundaciones no gubernamentales.

 Empleo de terceros países como base de operaciones.

 Creación de revistas, periódicos y publicaciones en internet.

 Descrédito y debate con los ideólogos del sistema, no con las masas ni

con el sistema en sí mismo.

Acciones de guerra cultural desarrolladas por el estado de Israel.

La campaña de Israel por el exterminio de una nacionalidad se acerca más a la

idea de la guerra entre culturas, que a la guerra por la cultura. La legitimación de

la ocupación, la naturalización del genocidio, la propaganda pro régimen, la

cultura de la sumisión, invisibilización y la censura de diferentes tipos y niveles

parecen ser los instrumentos principales de esta manifestación de la guerra

sionista que se despliega contra la nación palestina.

Hago referencia al término nación, porque justamente eso es lo que se trata de

eliminar de estas poblaciones, el constructo psico social que las caracteriza e

identifica, desacreditándolas y descalificándolas ante mundo, presentándolas

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y culturalmente retrasado frente a una nación potencia –más que estado- que trata de mantener al margen a estos “fundamentalistas”.

Para argumentar estos presupuestos se ejemplificarán acciones del poderío

cultural y hegemónico del estado israelí contra la idea de una nación palestina.

Pese a contar con el reconocimiento internacional, la bandera palestina es un

símbolo prohibido para los habitantes de esa región del mundo. Como resultado

de esta medida, muchas pinturas de artistas palestinos donde se exhiben los

colores prohibidos de esa bandera, han sido confiscadas y algunos de los

creadores han sido detenidos, llegando a sufrir prisión debido a su arte, que es

percibido por el régimen de ocupación como “un acto de incitación”. Ejemplo de

esto son los difuntos artistas Ghassan Kanafani y Naji Al-Ali, palestinos exiliados

cuya producción artística y literaria condujo a su asesinato.

En Hollywood, la meca de la industria cultural capitalista, el tema del conflicto

israelo-palestino está vedado. Para las principales figuras del cine y el

espectáculo tocar este tema está prohibido. Ejemplo de ello es que mientras en

todo el mundo se debatía acaloradamente sobre la operación militar lanzada por

Israel en Gaza, a consecuencia de la cual murieron más de 800 palestinos, en

su mayoría civiles, y más de una treintena de israelíes, en la meca del cine reinó

el silencio.

En el reportaje titulado “Regla Número uno: hable de cualquier tema político en

Hollywood… excepto de Gaza”- la periodista Tina Daunt del medio The

Hollywood Reporter señala que “mientras continúan aumentando las víctimas

sobre el terreno, en las altas esferas de la industria del cine hay reticencia a hablar de lo que está ocurriendo”. Daunt apuntó que “la afinidad y el apoyo político” hacia Israel por parte de los altos ejecutivos de Hollywood -muchos de

los cuales son judíos- lleva dándose desde hace décadas.

Un ejemplo de la presión que pueden llegar a ejercer estas esferas de poder es

el de la cantante de pop Rihanna, quien durante esos eventos publicó un

mensaje en su cuenta de la red social Twitter con el hashtag #FreePalestine

(Palestina libre). La estrella nacida en las islas Barbados eliminó el tuit a los

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hebrea de los Estados Unidos y de los grandes productores, y uno de sus

representantes emitió un comunicado en el que aseguraba que la cantante no quería tomar partido y “tan sólo está a favor de la paz”.

La artista de origen hispano Selena Gómez también fue criticada por colgar un

mensaje en su cuenta de Instagram en el que, entre otras cosas, decía: “Se trata de humanidad: recen por Gaza”. Al día siguiente, Gómez publicó un nuevo

mensaje en el que clarificaba que no estaba tomando partido por nadie y que rezaba por la paz “para todo el mundo”.

Otro ejemplo de censura e invisibilización son las acciones del gobierno sionista

por impedir la difusión de la ideología y la comunicación palestina. Para ello

emplea como método el cierre de las emisoras de radio y televisión que

transmiten desde territorio palestino, convirtiendo esas instalaciones en blancos

de ataques.

Para validar esta afirmación tenemos el caso de la emisora de radio palestina Al Hurria en Hebrón, en Cisjordania, acusada de alentar los ataques con cuchillo y difundir “informaciones falsas” para incitar a la violencia. Esta emisora fue creada

en el año 2002 en la franja de Gaza por Fatah, el movimiento dirigido por el

presidente palestino, Mahmoud Abbas. Su sede fue transferida a Hebrón

después de que Hamas tomaran el poder en el territorio palestino en 2007. Al

Hurria cerró temporalmente en 2002 y 2008. Igualmente sucedió con la televisora

Falestine al-Yom (la Palestina de hoy).

A nivel internacional la historia de los palestinos es tratada en forma de lead

informativo con matices que varían según la tendencia política del medio. Pese

a ello, el uso de frases como “nuevamente”, “una vez más” u “otra ola de violencia” al iniciar las narraciones pre-condiciona al espectador a que la noticia

que va a escuchar es algo que ya ha sucedido otras veces.

Una y otra vez se muestran imágenes del ejército israelí reprimiendo

manifestantes o bombardeando ciudades. Sin embargo, justamente por ser tan

frecuentes en la pantalla pierden su valor. Se naturalizan y se convierten en un contenido cotidiano que incluso se puede pasar por alto al ser “más de lo mismo”.

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Las informaciones que se tratan de Palestina son siempre despersonalizadas.

Se habla de cifras de muertos y heridos. De niños y mujeres que pierden la vida

después de cada incursión militar israelí, pero al igual que lo que sucede con las

imágenes no causa ningún efecto. Es algo más que ya estamos acostumbrados

a escuchar. Sí es significativo, sin embargo, cuando escuchamos que detonó

una bomba en Tel Aviv, ya que no se concibe que eso pueda suceder en Israel.

En este rol juegan un papel fundamental los medios de comunicación del mundo,

que reducen el dolor de las familias en duelo a una abstracción transmitida a la

velocidad del rayo a través de una pantalla de televisión.

Por otra parte, las cadenas o realizadores con visiones diferentes al relato oficial

israelí no pueden acceder en muchos casos al territorio palestino. Igualmente ,

durante las incursiones del ejército israelí se prohíbe la presencia de la prensa,

salvo la que está orientada y autorizada por el régimen.

Pero la censura y la invisibilización no son impuestas únicamente por las

autoridades militares sionistas. Existe una red global apoyada en las

comunidades hebreas con el encargo de combatir todo lo relacionado con el

tema palestino. Así vemos el ejemplo del periodista argentino Carlos Aznarez,

director del periódico Resumen Latinoamericano, quien fue denunciado por la

Delegación de Asociaciones Israelitas Argentina (DAIA) por publicar un editorial

sobre el tema del conflicto entre israelíes y palestinos. Según el propio periodista, el fin de estas acciones es “disciplinar” el pensamiento, amordazar la libertad de

expresión, de opinión y la privacidad que cualquier periodista debe estar decidido

a defender.

Similar historia cuenta el realizador británico Ken Loach, acusado de haber dado “legitimidad espuria” a la negación del Holocausto. El ataque provino de los

periodistas Jonathan Freedland y Howard Jacobson en los diarios “The Guardian” de Reino Unido y “New York Times” de Estados Unidos,

respectivamente. Ninguno de estos rotativos cedió espacio para que Loach

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Según este creador todo es parte de una campaña organizada para hacer

inaceptable criticar a Israel. Para correr un velo sobre las veces que Israel ha

infringido el derecho internacional y para ver la crítica contra el sionismo como

antisemita.

La literatura también tiene su expresión censurada. El Ministerio israelí de

Educación excluyó una novela sobre el amor entre un palestino musulmán y una

judía israelí en el programa de lecturas recomendadas para niveles de

secundaria. “Borderlife”, de la escritora Dorit Rabinyan, nacida en Israel y de

origen iraní, cuenta la historia de una traductora israelí (Liat) y un artista palestino

(Hilmi) que se enamoran en Nueva York, y tienen que separarse cuando ella

vuelve a Tel Aviv y él a la ciudad de Ramala, en Cisjordania.

De forma pública las autoridades de cultura de Israel manifestaron que la

exclusión de la obra se debió a que “alienta a la asimilación e incita a las

relaciones íntimas, y más aún la posibilidad de institucionalizarlas casándose y fundando una familia entre judíos y no judíos”.

En un mundo cada día más interconectado y donde habitamos con el fenómeno

de la convergencia del espacio físico con el digital, las redes sociales se

convierten en un campo de batalla ideológico por excelencia. El gobierno

sionista apuesta no solamente por su hegemonía, sino por el control total de lo

que se publica en internet.

La censura en este aspecto alcanza niveles increíbles. Un ejemplo de ello es el

caso de la poetisa palestina Dareen Tatour, quien enfrenta hasta ocho años de

prisión por un poema que publicó en su página de Facebook en 2015.

Estos hechos demuestran que existe una relación entre el gobierno israelí y la

empresa transnacional Facebook. La colaboración va más allá, ya que esta

compañía ha estado cooperando con el Gobierno israelí para eliminar el

contenido de publicaciones pro palestinas que especialistas del ejército de Israel

encuentran “objetable”. Del otro lado de la moneda, los israelíes, incluidos los

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los palestinos sin censura por parte de Facebook o de otras compañías de

medios.

En 2014, justo antes de que Israel comenzase a bombardear Gaza, Ayelet

Shaked, una diputada de extrema derecha, publicó un mensaje en Facebook

diciendo que las madres de los combatientes palestinos deberían ser asesinadas

y sus casas destruidas. Ni el Gobierno israelí ni Facebook tomaron medidas

contra Shaked, que es actualmente Ministra de Justicia de Israel.

El Centro Árabe para el Avance de los Medios de Comunicación Social o 7amleh

(pronúnciese hamleh), publicó recientemente un informe sobre el racismo y la

incitación en los medios israelíes. Se encontró que el número de publicaciones

agresivas hechas por los judíos israelíes contra los árabes y palestinos se

duplicaron en 2016 en comparación con 2015, llegando a 675 milpublicaciones. Estas fueron principalmente en Facebook; los ejemplos incluyen “violen a todos los árabes y échenlos en el mar” y “una mañana con mucha energía para matar árabes”. Estas acciones se dan en un contexto en el cual Israel está presionando

a Facebook a través de estrategias como una ley que obligará a la empresa a

cooperar en los anuncios que ellos consideren que constituyen amenazas de

seguridad.

Algo similar sucede con la empresa transnacional Google, que borró de su

aplicación de mapas el nombre de Palestina y lo reemplazó por el nombre de

Israel. Por esta acción, el gigante tecnológico estadounidense ahora enfrenta

fuertes críticas y condenas a nivel internacional.

Pero las pretensiones del régimen sionista van más allá. En el año 2015, se

celebró en Jerusalén el 5to Congreso antisemitismo, donde la idea central que

se debatió fue la de crear un marco internacional de censura en internet sobre

los temas relacionados con el estado de Israel y su historia. Todo ello amparado

en el escudo anti-semitista y la historia del holocausto.

Las fuerzas de guerra del régimen israelí también han censurado más de 16 mil

artículos desde 2011 al 2016. Además también ha prohibido la publicación de

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uno de cada cinco artículos redactados en Israel se censuraron en todo o en

parte.

Desde su creación, el régimen de Tel Aviv mantiene en vigor leyes que

condicionan la publicación de artículos de opinión a recibir la luz verde del

ejército israelí antes de ser divulgados, hecho que, según personalidades

políticas y analistas, limita severamente la libre expresión. Además, el periodista

cuyo artículo se censura no tiene derecho a revelar qué ha sido alterado o

eliminado, ni decir siquiera qué parte de su artículo se modificó. De hacerlo,

podría recibir penas de cárcel.

Las actividades económicas del estado de Israel también van en detrimento de

la vida de los pobladores palestinos. Ejemplo de ello es el cierre ilegalmente

impuesto por Tel Aviv a seis millas náuticas de las aguas territoriales palestinas.

El motivo fundamental para esta medida es proteger las plataformas de

almacenamiento de gas de la empresa “Noble Energy” ubicada a 13 millas

náuticas de la Franja de Gaza

“Noble Energy”, el operador principal del campo Leviatán desde 2011, extrae gas

unilateralmente de un yacimiento conjunto palestino-israelí sin permiso palestino

como exige el derecho internacional consuetudinario y los Acuerdos de Oslo.

Entre los intentos sionistas por borrar la historia y la cultura palestina se

encuentra El Proyecto Heritage (Proyecto Herencia), patrocinado por la

Fundación Rothschild de Israel, con el cual los turistas israelíes podrán seguir

dos caminos hacia 150 sitios históricos judíos y sionistas restaurados, dándole

así cuerpo a la idea de que Israel era un estado para el pueblo judío. Entre los

sitios previstos a visitar están la casa del dirigente sionista Joseph Trumpledor,

y el edificio en el Boulevard Rotchschild, en donde David Ben-Gurion anunció

por primera vez la existencia del estado de Israel.

En estos recorridos se incluye la visita a la Tumba de los Patriarcas en Hebrón y

la tumba de Raquel. El problema es que estos dos sitios están en el territorio de

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La contra-cultura Palestina como forma de resistencia.

Para las poblaciones palestinas el arte es una herramienta expresiva que brinda

el empoderamiento social y cívico que niegan las autoridades ocupantes. Dentro

de la lucha de resistencia, ha sido la táctica para superar el estado de sitio y la

ocupación impuesta, logrando de esta forma escapar de la sensación de

impotencia que se puede sentir fácilmente en las condiciones de vida del pueblo

palestino. El arte ha sido la forma en que naturalmente se intenta describir lo

indescriptible.

En el contexto de Palestina, la creatividad es una herramienta necesaria para la

supervivencia y un camino hacia una mejor salud física y mental. El arte para

muchos palestinos se vio como una forma de participar y escribir su propia

narrativa, expresar su identidad, empoderarse y moverse más allá del círculo de

víctimas para convertirse en actores que critican, reflejan e interactúan con sus

asuntos circundantes.

Un ejemplo de esta capacidad creativa es la celebración del Festival de Cine y

Derechos Humanos “Karama-Gaza” (Red Carpet), que se muestra como un

espacio alternativo desde el cual se denuncian las actuaciones colonialistas

israelíes. Al mismo tiempo, muestra cómo, pese a la situación de bloqueo que

viven estas comunidades, hay espacio para las artes visuales con trabajos que

muestran la potencialidad del arte palestino, pese al estado de sitio bajo el cual

se ve obligado a permanecer.

Este evento ha celebrado ya tres ediciones, aunque la cobertura internacional ha

sido casi nula por la negativa de las autoridades sionistas de permitir el acceso

a los medios de prensa.

En el año 2017, el artista callejero británico Banksy, organizó una simbólica

fiesta de arrepentimiento en Belén por la Declaración de Balfour. En el

performance por el centenario de la Declaración de Balfour, una mujer,

interpretando a la Reina Isabel II, develó una talla en el muro de separación

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En el 2016 un grupo de artistas palestinos conmocionaron al mundo con una

exposición de obras realizadas con balas, bombas y alambres usados por el

régimen israelí para oprimir al pueblo palestino, que tuvo como escenario el

Museo Mahmud Darvish, en Ramala.

En esta misma tendencia de convertir la guerra en arte, un grupo de artistas

palestinos que captaron en 2014 las imágenes de los bombardeos israelíes en

Gaza, decidieron convertir esas imágenes en arte distribuida por internet, donde

las nubes de la destrucción que ocasionan las bombas cobraban vida. La idea

de transformar las escenas de las explosiones en líneas de dibujo que perfilan

caras humanas en señal de desafío y resolución, causó gran impacto

internacional.

El arte palestino siempre se ha percibido como una forma cultural de resistencia

política que, a menudo, aborda cuestiones relacionadas con la memoria

colectiva, los recuerdos de la Nakba2, con énfasis en la resistencia frente a la

brutalidad de Israel, junto con la esperanza, que en sí misma es resistencia.

El proyecto “Guernica-Gaza” de la pareja de artistas palestinos Dina y Mohamed al –Hawajri persigue como meta explicar, a través del arte, la situación palestina. Una reinterpretación del “Guernica” de Picasso nos acerca a lienzos que

muestran el fósforo blanco, el muro y el apartheid que sufre la población de las

ciudades de la Ribera Occidental.

En la plástica, destaca también la obra de Ismail Shammut (1930-2006), pintor

palestino que fue expulsado de su tierra a los 17 años de edad junto a su familia.

En sus obras representó temas como el exilio, la resistencia, lucha e identidad

nacional.

Las frecuentes migraciones propiciaron que la música palestina se esparciera en

la región del Medio Oriente, al propiciarse el re-asentamiento de varios artistas

palestinos en otros países árabes.

2 Término árabe que significa “catástrofe”, utilizado para designar al éxodo palestino efectuado en mayo de 1948 ante la agresión del ejército israelí.

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Actualmente aunque los sonidos evolucionan y se hacen más innovadores, el

pueblo palestino no olvida los instrumentos que le dieron reconocimiento, entre

ellos, los de viento, que generan melodías adecuadas para la danza “dabke”.

Esta es una de las expresiones folclóricas más representativas de la cultura

árabe.

En la actualidad, los palestinos han adquirido otras formas de organización

desde terceros países. Bajo un mismo presupuesto (la liberación de Palestina)

se organizan reuniones, conferencias, eventos y festividades. Ejemplo de ello es

el evento celebrado en Santiago de Chile en enero de 2017, que tuvo como propósito explicar “la diáspora palestina” y “poner al país en el mapa internacional”, como aseguró la convocatoria al encuentro que reunió 14

delegaciones de palestinos.

Pese a las presiones de Israel y sus aliados, desde el año 2015 ondea en la sede

de Naciones Unidas la bandera de Palestina. Aprobada con 119 votos a favor,

8 en contra y 45 abstenciones, la colocación del pabellón palestino legitima el

derecho de esa nación a tener un estado y decidir su futuro.

Conclusiones:

Pese a las condiciones de vida en Palestina, se cultiva el arte entre la población

local. Un arte arraigado en conceptos claros como son la supervivencia, la

militancia política y los deseos de libertad. Se presenta como un bloque

heterogéneo que abarca diferentes aspectos de la vida cultural de la nación.

Producida tanto dentro como fuera de sus fronteras territoriales, tiene un

marcado matiz político con una dramaturgia que exalta los valores más

arraigados en las culturas árabes de la región: el amor a la familia, a la tierra, el

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Referencias