XXVII REUNIÓN DE ESTUDIOS REGIONALES. MADRID. NOVIEMBRE 2001.
ÁREA TEMÁTICA 4: SECTORES PRODUCTIVOS, TECNOLOGÍA Y DESARROLLO REGIONAL.
SECTORES PRODUCTIVOS Y ECONOMÍAS EXTERNAS.
Agustí Segarra i Blasco Departamento de Economía
UNIVERSITAT ROVIRA I VIRGILI Avenida de la Universitat, 1
43204 REUS (Tarragona)
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1.-Presentación.
La distribución espacial de las actividades económicas se caracteriza por la concentración de las empresas y de la población en un número limitado de enclaves que destacan por su elevada intensidad en términos demográficos y económicos. La desigual distribución geográfica de los actores económicos y la persistencia de determinados desequilibrios territoriales ponen de manifiesto que el espacio es una dimensión importante de la economía. Pretendemos aquí abrir una reflexión sobre determinados aspectos relacionados con la desigual distribución de la actividad productiva en el territorio. En concreto se abordan cuatro dimensiones relacionadas con la concentración espacial de las actividades económicas: los determinantes de la concentración geográfica y la especialización productiva; los efectos de la estructura productiva sobre el desarrollo territorial; la presencia de economías externas en función de la estructura productiva y el entorno territorial; y, por último, la relación entre las externalidades locales y el ciclo de vida de las industrias y las empresas.
Como es sabido, la estructura productiva de los territorios es la síntesis de un conjunto de decisiones adoptadas por los agentes individuales (empresas y trabajadores) a lo largo del tiempo. La estructura productiva -industrial-mix-actual de un determinado ámbito geográfico es un reflejo de las ventajas comparativas, el entorno competitivo y los vínculos entre los actores económicos que deciden durante su trayectoria vital donde producir, donde vivir y donde consumir. Desde esta perspectiva la historia cuenta.
En suma, la estructura productiva de un territorio es el fruto de un proceso acumulativo que arranca de los factores estáticos -ventajas comparativas- que determinan la capacidad para atraer y consolidar proyectos empresariales. Las ventajas iniciales de la región definen la especialización inicial de la zona que puede derivar en un proceso circular entre industrial mix, economías de carácter externo y crecimiento económico. La concentración en una región de determinadas actividades industriales también puede consolidar un mercado de productos intermedios y suministros que favorezca la localización y el crecimiento del resto de sectores industriales provocando un efecto crossing-in sobre dichas actividades económicas. Para algunos autores la densidad económica en el territorio, además, puede favorecer la aparición de rendimientos crecientes en determinados factores productivos, aumentando de esta forma la eficiencia de los establecimientos ubicados en las áreas con densos tejidos industriales.
Las empresas y las personas (trabajadores-consumidores) deciden su localización teniendo en cuenta un conjunto amplio de elementos. Para las empresas la dotación de factores, la presencia de actividades afines, la existencia de economías externas y las características del mercado de trabajo, entre otros aspectos, son dimensiones relevantes que influyen sobre su localización. Para las personas la oferta de residencias, el entorno cultural, los recursos medioambientales y la naturaleza del mercado laboral, entre otros aspectos, son factores a tener en cuenta en sus decisiones de localización residencial. Aunque los dos actores -empresas y personas- son distintos las decisiones de localización que toman están estrechamente relacionadas. La localización de una empresa en un enclave crea efectos de arrastre hacía atrás y la localización de nuevos residentes en la zona amplía la escala del mercado y crea vínculos de arrastre hacía adelante. Ambos actores se hallan inmersos en un proceso de causación circular que activa la presencia de fuerzas centrípetas y centrífugas. Las primeras son las que fomentan la concentración geográfica de los agentes económicos y las segundas son las que potencian la dispersión. En cierto sentido, la especialización y la diversificación productiva de las ciudades y las regiones ofrece un claro paralelismo con la cartera de valores de un inversor. Los recursos reales de un territorio podemos interpretarlos como inversiones implícitas en sus sectores productivos que configuran su cartera de valores con un nivel de riesgo global definido por su varianza y un rendimiento en función de la evolución del empleo o de la producción. Desde esta perspectiva, los territorios flexibles serán aquellos que, durante un período de tiempo determinado, reduzcan su especialización en las actividades de menor rendimiento y aumenten su participación en las actividades que alcancen mejores resultados1.
1
Una aplicación a las regiones españolas del enfoque de carteras se realiza en Reig y Picazo (1997).
2.-Concentración espacial y especialización regional.
El interés por conocer los elementos determinantes de la distribución geográfica de las actividades productivas goza de una tradición dilatada. Dada la importancia de dichos fenómenos, durante los siglos XVIII y XIX, los autores clásicos destacaron la incidencia de los factores geográficos sobre el crecimiento y el comercio internacional. Las teorías clásicas del comercio internacional, especialmente la teoría de las ventajas comparativas de David Ricardo, explican las diferencias en los niveles de productividad entre países por medio de la tecnología, la geografía y la dotación de recursos. Años después, la aproximación pionera a la localización de las empresas en un distrito industrial es obra de Alfred Marshall (1890). El autor inglés tiene el rigor del matemático que domina los instrumentos formales y la capacidad analítica del observador social, que profundiza en fenómenos tales como la presencia de economías externas a la empresa pero internas al distrito industrial. Los conceptos desarrollados por Marshall constituyen el punto de partida de buena parte de la literatura posterior y, aún hoy, son una fuente de debate y de investigación. A mediados del siglo XX, la decisiva obra de Walter Isard publicada en 1956 bajo el título de Location and Space Economy abrió perspectivas prometedoras para el desarrollo del análisis económico del espacio. Isard realiza una exhaustiva recopilación y presenta los textos de la escuela alemana en inglés, por primera vez. Además de ofrecer una brillante síntesis de los trabajos de Von Thünen, Weber, Christaller y Lösch, el trabajo de Isard es el primero que integra en un mismo discurso todas las teorías sobre la aglomeración espacial de las actividades económicas. Durante las décadas centrales del siglo XX, el texto de Isard fue un referente de obligada consulta para los interesados en la localización espacial de las actividades económicas. A pesar de su indudable interés, la obra de Isard presenta las limitaciones características de las teorías clásicas. Su aportación en ningún caso rompe el esquema rígido de los modelos tradicionales (costes de transporte en función de la distancia, demanda localizada en un núcleo, estructura de mercado competitiva, etc.).2
Para estos autores la localización de las actividades productivas depende de la dotación de factores, la disponibilidad de materias primas, la naturaleza del mercado de trabajo, y la presencia de economías externas, entre otras variables. Desde esta perspectiva la estructura productiva de un territorio es un reflejo de sus ventajas comparativas respecto a los emplazamientos alternativos.
2
Hay que esperar hasta los años setanta para encontrar una nueva ola de modelos innovadores en el análisis del espacio. Un exponente es Henderson (1974). La idea básica de estos modelos es sencilla. Las aglomeraciones económicas son fruto de la tensión que existe entre las economías externas que favorecen la concentración geográfica de la industria y, por otra parte, las deseconomías externas que potencian la dispersión geográfica. El efecto neto de estas dos fuerzas se plasma en una relación entre el tamaño de una ciudad y la utilidad de sus residentes que adopta la forma de U invertida.
Desde los años noventa, la concepción estática de la localización de las actividades económicas se ha visto enriquecida por un conjunto de aportaciones novedosas que ponen el acento en los cambios que experimentan la especialización productiva de las regiones y las ciudades. Estos trabajos se interesan por los efectos de la apertura externa sobre las pautas de localización de las actividades económicas. Los progresos actuales en el análisis económico del espacio incorporan a su discurso elementos de interés como los rendimientos crecientes, los mercados de competencia imperfecta, las economías externas y los costes de congestión. Sin duda, los desarrollos actuales ofrecen una visión más dinámica de la localización espacial de las actividades económicas.
Parte de estas aportaciones se incluyen dentro de la denominada “Nueva Geografía Económica” (Fujita, Venables, Krugman, 1999). A partir del legado de la Geografía Económica Clásica los nuevos desarrollos ganan en rigor formal y solvencia analítica y rompen con la tradición al incorporar en el estudio del espacio las nuevas herramientas de análisis procedentes de diversos ámbitos de la economía4. En este sentido tenemos que hacer una mención especial a los nuevos modelos sobre ciudades diversificadas que recurren al modelo de competencia monopolística desarrollado por Spencer (1976) y Dixit y Stiglitz (1977).
Los autores encuadrados en esta línea de trabajo abordan con un tratamiento más riguroso y formal las economías de aglomeración que tienen lugar por la concentración espacial de las actividades económicas. Los nuevos desarrollos recuperan la teoría de la causación circular desarrollada por Myrdal (1957). La evolución de los sistemas urbanos depende de las fuerzas de aglomeración y dispersión endógenas (fuerzas centrífugas-centrípetas) y de los vínculos hacia adelante y hacia atrás (backward-forward linkages) que se producen por las interrelaciones entre empresas y consumidores.
En los últimos años, la creciente apertura externa de las economías unido a las aportaciones realizadas desde el ámbito de la Nueva Geografía Económica fomenta el interés de los investigadores aplicados por los efectos de los procesos de integración económica sobre la especialización productiva de los países y las regiones. La reducción de los costes comerciales y de transporte disminuye la concentración espacial de las industrias pero, como ha puesto de manifiesto buena parte de la literatura, los efectos de la apertura exterior sobre la especialización territorial son mucho más ambiguos. Cuando los niveles de apertura externa son reducidos y, por lo tanto, los costes de transacción son elevados la especialización regional aumenta ya que las empresas se concentran en un número reducido de zonas, en cambio, cuando la integración económica avanza la especialización regional tiende a reducirse.
4 Sobre la Nueva Geografía Económica véase Ottaviano y Puga (1998), Fujita, Krugman y
Los cambios en la estructura productiva no son estables en el tiempo sino que tienen lugar bajo la tensión que existe entre la causalidad circular que mantiene una determinada estructura productiva y la presión por cambiar la situación creada por la reducción de los costes comerciales y de transporte. En palabras de Fujita, Krugman y Venables (1999, 304) “cuando caen los costes comerciales,
puede que hasta cierto punto el patrón existente de especialización regional no sea el más adecuado, aunque la misma existencia de la estructura crea un efecto de fijación y cierre (lock-in-effect) por el cual las empresas se muestran reacias a alejarse de una región especializada existente a causa de las vinculaciones creadas”.
En suma, la relación entre especialización e integración económica adopta una forma de U invertida. Durante las fases iniciales de la integración económica crece la especialización en las regiones centrales pero, pasado un determinado umbral, los niveles de especialización se reducen. Los estudios sobre la concentración industrial en las regiones o las provincias españolas cuenta ya con un conjunto variado de contribuciones, entre las cuales sobresalen las realizadas en Callejón y Costa (1996), Callejón (1997), Cuadrado (1998), Costa y Viladecans (1999) y Alonso, Chamorro y González (2001). En líneas generales estos trabajos indican que la concentración geográfica de las industrias en España ha disminuido en la segunda mitad del siglo XX, los niveles de concentración geográfica y de especialización industrial varían según las industrias y, por último, que los procesos de integración económica inciden en la distribución de las actividades industriales.
3.-Estructura productiva y desarrollo regional.
Hasta aquí hemos expuesto algunos desarrollos sobre la desigual distribución geográfica de las actividades económicas. Ahora bien, la relación entre el territorio y la estructura productiva no es unidireccional (esto es los elementos territoriales son los que determinan a largo plazo la estructura productiva), sino que es de naturaleza bidireccional (es decir la estructura productiva afecta a la dinámica de las economías). En efecto, la industrial-mix es un factor importante del crecimiento a largo plazo y de las fluctuaciones cíclicas de las economías. Los economistas del desarrollo pusieron de relieve la importancia de la estructura productiva en el crecimiento económico agregado. Para un nutrido grupo de estos economistas la composición productiva ha ocupado un lugar importante en sus investigaciones (Chenery, Watanabe y Hirschman, entre otros). Para Hirschman (1958,110) la presencia de efectos de arrastre entre industrias configura trayectorias diferentes en el crecimiento regional y afecta asimismo a la intensidad de las fluctuaciones cíclicas. Los territorios con sectores industriales clave caracterizados por sus fuertes eslabonamientos hacia adelante y hacia atrás disfrutan de un mayor crecimiento inducido por la demanda de inputs o los suministros realizados sobre el resto de las ramas productivas. Las regiones dotadas de industrias con fuertes capacidades de arrastre registran mayores
tasas de crecimiento económico a largo plazo y también son más sensibles al ciclo económico.
Por otra parte, en los desarrollos analíticos realizados dentro del ámbito de las teorías del crecimiento económico algunos autores destacan la importancia de la
industrial mix en el proceso de crecimiento y la convergencia de las rentas per
cápita. Barro y Sala-i-Martin (1995) incorporan la estructura productiva como una variable exógena que expresa los efectos diferenciales de los shocks agregados sobre los estados norteamericanos. Las diferentes estructuras productivas definen una capacidad de respuesta asimétrica de los precios relativos y los flujos comerciales ante las perturbaciones de la demanda y/o los costes de los factores productivos. De este modo, el crecimiento de las economías regionales queda sujeto a la capacidad de ajuste ante las perturbaciones macroeconómicas que afectan de forma desigual a las ramas industriales. La composición de la estructura productiva de cada economía es un factor relevante en el crecimiento económico y en la sensibilidad de la actividad económica a los factores cíclicos de corto plazo. Además, tal como ha puesto de manifiesto la literatura sobre la convergencia real, una parte importante de las reducciones en las desigualdades de la renta por habitante hay que atribuirla a los cambios en la estructura productiva, en especial a la menor participación de la agricultura (Dowrick y Nguyen, 1989).
Finalmente, el comportamiento cíclico de las actividades industriales registra variaciones notables en los niveles de productividad. En el ciclo económico las variaciones en la utilización del factor trabajo alcanzan un relieve inferior a las fluctuaciones registradas por la producción industrial. Es decir, los shocks de oferta y/o de demanda provocan efectos más que proporcionales en la producción, dando lugar a un comportamiento procíclico de la productividad. Las diferencias en el grado de utilización de la capacidad productiva y el comportamiento procíclico de la productividad deberían de traducirse en cambios de los precios relativos, y por lo tanto, en mejoras de competitividad y de las tasas de crecimiento en los territorios afectados por las perturbaciones macroeconómicas (Hall, 1986, Caballero y Lyons, 1990).
En las regiones españolas los sectores industriales registraron, entre 1978 y 1994, sendas de crecimiento distintas, poniendo de manifiesto la importancia de los factores regionales que tienden a favorecer o a moderar la expansión de las ramas industriales (Segarra y Llop, 1997). Los elementos relacionados con la
industrial-mix regional -interrelaciones sectoriales, efectos de arrastre, economías externas,
etc.- afectan a las ramas industriales desde la óptica de la oferta. Existe una relación directa entre la especialización regional en determinadas actividades industriales -minerales y productos no metálicos, papel y impresión, material de transporte e industrias agroalimentarias- y el crecimiento del producto industrial de la región. Asimismo, la especialización en las actividades agrupadas en el sector textil, calzado y confección ha tendido ha moderar el crecimiento regional. Además, la industrial-mix incide sobre las fluctuaciones cíclicas de las regiones españolas. Junto a las regiones que registran oscilaciones cíclicas elevadas
-Asturias, País Vasco, Baleares y Canarias- encontramos regiones con niveles de variabilidad en relación con el crecimiento tendencial moderados -Madrid, Aragón y Cataluña-. Las regiones con mayores fluctuaciones cíclicas fueron las que registraron tasas de crecimiento más moderadas. Por último, las industrias que disfrutan de altos niveles de especialización crean efectos inducidos sobre la conducta cíclica del resto de actividades industriales de la región.
4.-Estructura productiva y economías externas.
Los vínculos entre los actores económicos tienen lugar mediante un conjunto amplio y variado de relaciones que se desarrollan dentro o fuera del ámbito del mercado. Por su naturaleza plural y por la dificultad de modelizar las interrelaciones entre los agentes económicos las economías externas a las empresas constituyen, hoy por hoy, un punto negro de la economía. Sabemos que los actores que se agrupan geográficamente se benefician de efectos externos de alcance local, podemos determinar también cuales son sus efectos5, pero en cambio resulta mucho más difícil conocer los mecanismos de transmisión. Las economías externas presentan una naturaleza compleja y difícil de reducir a una sola dimensión. Podemos hablar de economías externas que tienen un alcance local o internacional, una naturaleza tecnológica o pecuniaria, un carácter dinámico o estático, y, por último, una dimensión inter o intraindustrial. Probablemente la naturaleza heterogénea de las economías externas explica, en parte, su elevada capacidad analítica en el estudio económico del espacio.
Dada su naturaleza las economías externas implican ciertas interdependencias fuera del mercado y, a menudo, es difícil determinar los mecanismos microeconómicos que explican su aparición (Blaug, 1962). Y es por eso que, habitualmente, los trabajos empíricos abordan las economías externas como una verdadera “black-box”, esto es como un factor residual que explica la mayor (economías) o menor (deseconomías) eficiencia de las empresas en función de sus localizaciones sin descifrar los mecanismos que las generan.
Como es sabido, el concepto de economías externas fue introducido por Marshall cuando se ocupó de las ventajas de localizarse en una zona industrial. Para Marshall, la presencia de establecimientos industriales oferentes de inputs especializados, de un mercado de trabajo compartido y de flujos de información da lugar a externalidades locales que inciden sobre la eficiencia de las empresas (Muñiz, 1996). La magnitud de las economías externas a la empresa, pero internas al espacio económico, depende de la presencia de efectos de desbordamiento -spillovers- entre las empresas. La trilogía marshalliana de las economías externas ha estado íntimamente relacionada con las concentraciones de industrias en el espacio.
5 Un análisis empírico de las economías marshallianas en los munucipios españoles se realiza en
Si las economías internas de escala provocan la concentración espacial de un volumen creciente de producción en el ámbito interno de una sola empresa, las economías externas facilitan la concentración de empresas y actividades afines en una misma localización. Alfred Marshall fue el primer economista que apreció las diferentes estructuras de mercado a las que conducen las economías de escala internas y externas. Las economías de escala internas a la empresa nos alejan del equilibrio competitivo, pero si existen “economías externas” que producen una interdependencia entre las empresas de la industria, tal como mostró Marshall, el equilibrio competitivo es compatible con las curvas de oferta de pendiente negativa6.
Marshall en su obra Principles of Economics (1890) analiza la evolución de las economías industriales y la estructura de los mercados industriales. Para Marshall, la existencia y magnitud de los rendimientos crecientes en la industria no conducen, necesariamente, a la constitución de grandes corporaciones industriales dada la existencia de economías externas en el marco de los distritos industriales. Años más tarde, en Industrial and Trade (1927), Marshall defiende el funcionamiento eficaz de los distritos industriales formados por redes de pequeñas empresas especializadas que pueden coexistir al lado de los centros de producción a gran escala.
Las aportaciones posteriores dotaron de un cierto refinamiento analítico la concepción marshalliana al distinguir -Scitovsky (1954)- entre las externalidades pecuniarias y tecnológicas. Las economías externas pecuniarias reducen los costes de las empresas -menor coste de los inputs, acceso a un mercado de factores más amplio, acceso a bienes no rivales, mayor utilización de la capacidad productiva, etc. Las economías externas tecnológicas obedecen a la presencia de spillovers tecnológicos e informativos.
Durante los años setenta, los autores italianos que analizaron el dinamismo de los tejidos empresariales de la denominada “Tercera Italia”, donde predominaban las redes de pequeñas empresas, recuperaron el concepto marshalliano de distrito industrial7. Las dificultades para confeccionar modelos formales a partir del propio concepto de distrito industrial limitaron, sin duda, la influencia de esta línea de trabajo en los desarrollos posteriores que se encuadran dentro de la Nueva Geografía Económica.
En los últimos años, las economías externas han sido objeto de un intenso debate entre los economistas. Las externalidades vinculadas al capital humano, los flujos informativos, los procesos de innovación y difusión tecnológica y, por último, las relaciones proveedor-cliente de los modelos de crecimiento endógeno (Romer, 1986; Lucas, 1988) ofrecen un marco formal adecuado para la realización de
6 Blaug (1962:475). 7 Becattini (1979).
estudios aplicados sobre la presencia y la naturaleza de las economías externas a la empresa pero internas a los territorios.
Las economías de localización -acceso a determinados recursos productivos, bajos costes de acceso a los mercados, etc.- y las economías de urbanización -demanda de bienes intermedios y servicios a las empresas, etc.- aparecen en los territorios junto a economías de carácter dinámico que afectan a la eficiencia de los establecimientos residentes, es decir, a la capacidad de crecimiento de las empresas. La presencia de economías dinámicas de carácter intraindustrial -dentro de una misma actividad o filiere- o de carácter interindustrial -entre distintas actividades productivas- aparecen por los efectos externos -spillovers- de carácter tecnológico y/o pecuniario ligadas al marco geográfico y a la estructura productiva de las regiones y de las áreas metropolitanas9.
El alcance y la naturaleza de las economías externas abren una línea de investigación que tiene un carácter fundamentalmente empírico. El trabajo de Glaeser, Kallal, Scheinkman y Shleifer (1992) es el punto de partida de un conjunto amplio de investigaciones que se ocupan de las externalidades tecnológicas y pecuniarias generadas en los entornos urbanos y que benefician a las empresas locales.
En general estos trabajos difieren en cuanto a su objeto de análisis, la metodología econométrica y los resultados obtenidos. En esencia, la investigación de Glaeser et
al. (1992) intenta dilucidar si las economías externas tecnológicas tienen lugar
entre empresas del mismo sector -externalidades intrasectoriales- o entre empresas pertenecientes a distintos sectores -externalidades intersectoriales. Adoptando como unidad de análisis las áreas metropolitanas de Estados Unidos, el trabajo encuentra evidencia del efecto positivo de las externalidades intersectoriales sobre el crecimiento de la ocupación.
Sin embargo, Henderson, Kundoro y Turner (1995) al estudiar las economías externas en cinco sectores industriales de las áreas metropolitanas norteamericanas, encuentran evidencia empírica de que la transmisión y la generación de conocimiento se da entre empresas que pertenecen a la misma industria. Este trabajo indica que las externalidades tecnológicas tienen sobre todo una dimensión intraindustrial.
Los dos trabajos mencionados alimentaron un debate sobre la naturaleza intra e intersectorial de las economías externas. Desde dicha perspectiva, las grandes ciudades brindan a las empresas entornos diversificados que facilitan economías intersectoriales -fertilización cruzada- pero a cambio de incurrir en mayores costes de emplazamiento, en cambio, los núcleos pequeños
9 En Herderson, Kundoro y Turner (1992) las economías dinámicas entre las manufacturas de
los estados norteamericanos tienen un carácter intraindustrial mientras que en Glaeser et. al. (1992), para el conjunto de actividades productivas en las áreas metropolitanas de USA, tienen un carácter interindustrial.
especializados en una determinada actividad facilitan el acceso a economías intrasectoriales y ofrecen costes de emplazamiento más reducidos. De la naturaleza y el alcance de las economías externas se derivan importantes implicaciones sobre las políticas de desarrollo regional y urbano. Si las economías externas son de naturaleza intrasectorial, los entornos especializados en una determinada actividad serán los que más se beneficiaran de la generación de efectos externos. Por el contrario, si las externalidades son de naturaleza intersectorial, las áreas diversificadas serán las que generaran mayores efectos externos cruzados.
En España los primeros trabajos empíricos sobre las economías externas dinámicas en las regiones españolas son los Callejón y Costa (1996), Moreno (1996) y de Lucio, Herce y Goicolea (1996). Posteriormente vieron la luz un número apreciable de investigaciones aplicadas al caso español (regiones, provincias o ciudades) que analizaban el papel de las economías externas en la concentración, la productividad y la competitividad de las manufacturas españolas (de Lucio (1997), Costa y Viladecans (1999), Viladecans (1999)). En general, siguiendo la trilogía de economías externas definida en Glaeser et. al. (1992) se aprecian los spillovers entre empresas del mismo sector industrial -externalidades MAR-, los spillovers entre empresas que pertenecen a distintas industrias -externalidades Jacobs-, y los efectos externos entre empresas de distintos sectores en estructuras de mercado competitivas -externalidades Porter-. Aunque desde una perspectiva distinta en Segarra y Arcarons (1999) también se estiman las externalidades intra e intersectoriales en las manufacturas de las regiones españolas. Los resultados obtenidos no son homogéneos. En general, predominan las economías intrasectoriales frente a las economías intersectoriales, que tienen lugar por los efectos cruzados entre las empresas que pertenecen a sectores distintos.
4.-Economías externas y ciclo de vida de las industrias.
El debate entre las economías externas intra e intersectoriales plantea un dilema que obliga al investigador a limitar su análisis frente a dos alternativas. Ahora bien, las externalidades intra e intersectoriales son dos dimensiones complementarias de un mismo fenómenos: las economías externas locales10. Por ello, resulta atractivo introducir en el análisis una dimensión de las actividades económicas que permita establecer la evolución de los efectos inter e intrasectoriales. Las economías externas están, sin duda, relacionadas con el ciclo de vida de las industrias y de las empresas. En las fases iniciales la rotación empresarial y los flujos tecnológicos son intensos en entornos diversificados, mientras en las etapas de madurez del mercado la movilidad empresarial y las oportunidades tecnológicas se estabilizan.
10 Para Francia durante el período 1984-1993 Combes (2000) demuestra que para los sectores
industriales la especialización y la diversidad afectan negativamente al crecimiento, a excepción de un número limitado de sectores.
Las últimas aportaciones no giran tanto sobre la dicotomía entre externalidades intra/intersectoriales y entornos diversificados/especializados sino en la coexistencia en los sistemas urbanos de ciudades diversificadas y ciudades especializadas. No se trata pues de dilucidar la presencia de un único tipo de economías externas, sino de establecer las circunstancias en las que la localización industrial persigue entornos especializados, diversificados o bien entornos que destacan por su diversidad y su especialización en determinadas ramas industriales. La diversidad urbana fomenta la innovación (Feldman y Audretsch (1999) y Duranton y Puga (1999)), pero cuando el ciclo de vida del producto alcanza un determinado nivel de estandarización, las empresas son atraídas por entornos menos densos y más especializados.
Los flujos de rotación empresarial (entradas más salidas de empresas de los mercados) y las pautas de localización de las empresas varían con el ciclo de vida de las industrias. En las etapas iniciales la rotación empresarial adquiere una elevada dimensión, el conocimiento específico del sector circula entre los agentes sin excesivas dificultades y las empresas se localizan cerca de los núcleos urbanos con estructuras productivas diversificadas y una dotación elevada de capital humano11. En las etapas maduras la rotación empresarial disminuye, el conocimiento tácito intrafirma aumenta y las empresas tienden a localizarse en entornos menos densos, donde los mercados de trabajo internos y la reducción de determinados costes (niveles salariales, precio del suelo industrial, etc.) superan los beneficios de las externalidades que ofrecen los núcleos urbanos más poblados.
Según el ciclo de vida de los productos podemos esperar que predominen las economías externas de diversificación o de especialización. Es posible la coexistencia de estructuras urbanas diversificadas y especializadas, si tenemos en cuenta que la naturaleza de los efectos externos varía con el ciclo de vida de las industrias. Si las concentraciones económicas generan efectos externos sobre las empresas locales, cabe esperar que la incidencia de dichos efectos externos varíe con la evolución de las industrias. La existencia de sistemas urbanos formados por ciudades de distintos tamaños indica que las empresas hallan diferentes atractivos en sus emplazamientos que responden a un abanico amplio de factores. No existe, pues, una única lógica de localización sino una diversidad de pautas según el ciclo de vida de las industrias, las economías externas locales y la autonomía de las empresas para decidir su emplazamiento (Costa, Segarra y Viladecans, 2000).
En resumen, durante las primeras etapas del ciclo del producto las empresas tienden a localizarse en entornos diversificados (la función incubadora del entorno urbano es importante, nursery for firms, Duranton y Puga, 2000), pero
11 Para las áreas metropolitanas norteamericanas (MSAs), Simon (1998), Glaeser et al. (1992 y
1995) y Rauch (1993) muestran la existencia de una relación estrecha entre el crecimiento de la ocupación y los niveles de capital humano de los trabajadores. Las ciudades con mayores niveles de formación disfrutan de mayores niveles en las rentas personales y los salarios.
con la estandarización de los procesos productivos cobran importancia los factores internos de la empresa que propician una mayor dispersión territorial. Las actividades intensivas en R+D suelen localizarse en las ciudades de gran tamaño que ofrecen entornos diversificados, donde el grado de especialización alcanza una magnitud reducida (Feldman y Audretsch, 1999)12. Los núcleos urbanos densamente poblados cuentan con una mayor dotación de trabajadores cualificados, menos adversos al riesgo y más aptos para aprender las modernas técnicas que precisan los nuevos escenarios (Glaeser, 1999).
Observemos, brevemente, algunos hechos estilizados que se desprenden de la localización y la dinámica industrial en las ciudades españolas. Los indicadores presentados en la Tabla 1 se obtienen a partir de la información facilitada por el Directorio Central de Empresas del INE.
Tabla 1. Localización, rotación y supervivencia de empresas industriales según el tamaño de las ciudades españolas.
Año 2000. Cohorte de 1994.
Agrupaciones sectoriales TOTAL 0-2000
2001-10000 10001-50000 10000050001- 100001-500000 Más de500000 Indice de especialización relativa
Intensivos en recursos naturales 1,00 2,12 1,36 0,92 0,75 0,66 0,47
Intensivos en mano de obra 1,00 0,85 1,01 1,03 0,94 1,07 0,96
Altas economías de escala 1,00 0,71 0,93 1,13 1,15 1,05 0,90
Productos diferenciados 1,00 0,82 0,92 1,00 1,09 1,02 1,16
Intensivos en I+D 1,00 0,28 0,44 0,77 1,34 1,41 2,00
Total manufacturas 1,00 1,00 1,00 1,00 1,00 1,00 1,00
Tasas de rotación en 2000
Intensivos en recursos naturales 14,03 13,17 12,30 12,82 16,56 18,63 17,87 Intensivos en mano de obra 20,44 15,14 18,01 18,29 21,05 24,95 24,80 Altas economías de escala 15,59 13,07 14,36 15,37 15,37 17,92 15,98 Productos diferenciados 18,15 14,80 15,54 17,38 19,10 20,59 20,69 Intensivos en I+D 21,73 22,49 20,89 20,37 21,25 20,99 23,73 Total manufacturas 18,27 14,37 15,75 17,01 19,26 21,84 21,77
Empresas activas en 2000
Intensivos en recursos naturales 48,33 54,73 51,03 49,31 43,04 40,74 40,38 Intensivos en mano de obra 43,67 48,93 46,65 46,25 40,82 36,87 43,04 Altas economías de escala 47,04 44,07 46,67 46,65 46,62 49,06 46,89 Productos diferenciados 47,53 50,82 50,50 47,65 45,16 43,98 47,85 Intensivos en I+D 44,39 57,14 39,77 48,32 40,91 45,11 43,08 Total manufacturas 45,93 50,82 48,60 47,20 43,17 41,05 45,28 Nota: Las agrupaciones sectoriales siguen los criterios de la OCDE en función de la principal variable competitiva de cada sector. Los sectores intensivos en recursos naturales comprende las divisiones 15,16 y 21; los sectores intensivos en el factor trabajo las divisiones 17, 18, 19, 20 y 36; la agrupación de actividades con elevadas economías de escala incluye las divisiones 24, 25, 34 y 35; y los sectores de productos diferenciados las divisiones 22, 26, 27, 28, 29 y 31; el de los sectores de intensidad tecnológica alta las divisiones 30, 32 y 33.
Fuente: Directorio Central de Empresas, INE.
12 La transmisión de conocimiento incurre en costes superiores cuando la distancia entre el
creador y el imitador se amplía. Lucas, de hecho, afirma que la existencia de las ciudades se debe al menor coste de transmisión y adquisición de información. En sus propias palabras:
”What can people be paying Manhattan or downtown Chicago rents for, if not for being near other people?” (Lucas, 1988).
El índice de especialización relativa indica la localización de las empresas que corresponden a cada agrupación sectorial en las ciudades del tamo “j” respecto a la participación de las empresas de cada agrupación en el conjunto de la economía española. La tasa de rotación del año 2000 recoge las entradas y salidas de empresas en relación con las empresas activas, y es un indicador de los flujos de renovación de los tejidos industriales. Por último, la tasa acumulada de supervivencia muestra el porcentaje de las empresas creadas durante el ejercicio de 1994 que continuaban operativas al finalizar el año 2000. Para facilitar la presentación de los datos se han agrupado las ramas industriales de la CNAE siguiendo la conocida clasificación de la OCDE.
En las manufacturas industriales españolas, el año 2000, operaban un total de 238.300 empresas. El 14,9% correspondían a actividades intensivas en recursos naturales; el 34,4% a industrias intensivas en mano de obra; el 6,5% a industria de elevadas economías de escala; el 40,8% a sectores basados en productos diferenciados; y, por último, el 3,3% a actividades de alta intensidad tecnológica. La localización de las empresas industriales en función del tamaño del municipio ofrece detalles de interés.
Las actividades intensivas en el uso de recursos naturales tienden a localizarse en los municipios de menos de 10.000 habitantes. Las industrias intensivas en mano de obra adoptan una pauta de localización más dispersa, entre los municipios de 10.000 y 500.000 habitantes, sin mostrar una elevada especialización en ningún tramo urbano. Las empresas de altas economías de escala presentan también una acentuada dispersión, si bien predominan en los núcleos de 10.000 a 500.000 habitantes. Las empresas con productos diferenciados tienden a localizarse en mayor medida en los municipios medianos y grandes. Y, por último, las empresas de intensidad tecnológica elevada se localizan en los grandes entornos urbanos, sobre todo en los núcleos de más de 500.000 habitantes.
Las tasas de rotación y de supervivencia describen un escenario interesante. A nivel agregado, la rotación de empresas está directamente relacionada con el tamaño de las ciudades pero la tasa de supervivencia está inversamente relacionada (si exceptuamos el repunte de las ciudades de más de 500.000 habitantes). En los entornos urbanos medios y grandes la intensidad de los flujos de entrada y salida es mayor (las barreras a la rotación son menores ) y, además, la probabilidad de sobrevivir se reduce (las barreras a la supervivencia son mayores). Sin duda, estas dos aspectos de la dinámica industrial están relacionados. En las ciudades grandes nacen más empresas, muchas de ellas de dimensiones pequeñas que se enfrentan a riesgos de mortalidad elevados. En los núcleos pequeños nacen menos empresas y la probabilidad de continuar operativas al cabo de seis años es mayor.
Nuestros datos también indican que las grandes concentraciones urbanas son entornos más adecuados para incubar nuevos proyectos empresariales (nursery
grandes núcleos urbanos, durante la fase de consolidación algunas de las nuevas empresas tenderán a desplazarse a entornos menos densos donde la probabilidad de sobrevivir es mayor.
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