• No se han encontrado resultados

EPIFANÍA DEL SEÑOR MISA DEL DÍA. Pastoral Litúrgica Diócesis de Girardota

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "EPIFANÍA DEL SEÑOR MISA DEL DÍA. Pastoral Litúrgica Diócesis de Girardota"

Copied!
26
0
0

Texto completo

(1)

EPIFANÍA DEL SEÑOR

MISA DEL DÍA

(2)

RITOS INICIALES

Reunido el pueblo, el sacerdote y los ministros, revestidos con sus vestiduras sagradas, proceden hacia el altar en este orden:

a) El turiferario con el incensario humeante, cuando se emplea incienso.

b) Los ministros que llevan los cirios encendidos y, en medio de ellos, el acólito u otro ministro con la cruz.

c) Los acólitos y los demás ministros.

d) El lector, que puede llevar el Evangeliario, mas no el leccionario, un poco elevado.

e) El sacerdote que va a celebrar la Misa.

Si se emplea incienso, el sacerdote antes de iniciar la procesión, pone incienso en el incensario y lo bendice con el signo de la cruz, sin decir nada.

Mientras se hace la procesión hacia el altar se ejecuta el canto de entrada. Al llegar al altar, el sacerdote y los ministros hacen inclinación profunda.

La cruz adornada con la imagen de Cristo crucificado y tal vez llevada en la procesión, puede erigirse cerca del altar para que se convierta en cruz del altar, la cual debe ser una sola; de lo contrario, déjese en un lugar digno. Los candeleros se colocan sobre el altar o cerca de él; es laudable poner el Evangeliario sobre el altar.

El sacerdote se acerca al altar y lo venera con un beso. En seguida, según corresponda, inciensa la cruz y el altar rodeándolo.

Terminado esto, el sacerdote se dirige a la sede. Terminado el canto de entrada, estando todos de pie, el sacerdote y los fieles se signan con la señal de la cruz. En el nombre del Padre,

y del Hijo,

y del Espíritu Santo. El pueblo responde: Amén

Saludo

El Presidente, extendiendo las manos, saluda al pueblo con la fórmula siguiente: La paz y el amor de Dios, nuestro Padre,

que se han manifestado en Cristo, nacido para nuestra salvación, estén con todos ustedes.

(3)

El Presidente, con las manos juntas, introduce la celebración con éstas u otras palabras:

Hermanos, toda eucaristía es manifestación del Señor y de su misericordia. Cristo que se manifiesta en su Palabra proclamada y en su Cuerpo y Sangre compartidos, nos quiere dar la salvación. Iniciemos esta celebración llenos de alegría y gratitud, dispuestos a reconocer a Jesús, el Mesías, el Señor, y a acogerlo en nuestras vidas. Como sabemos que no siempre hemos venido a adorar al señor con nuestras acciones, pidamos perdón y experimentemos la misericordia del Padre.

Se hace una pausa en silencio. Después el Presidente dice: Señor, ten misericordia de nosotros.

El pueblo responde:

Porque hemos pecado contra ti. El presidente prosigue:

Muéstranos, Señor, tu misericordia. El pueblo responde:

Y danos tu Salvación Después el presidente dice: Dios todopoderoso

tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados

y nos lleve a la vida eterna. El pueblo responde:

(4)

Luego se cantan (o se rezan) las siguientes invocaciones:

V/. Señor, ten piedad. R/. Señor, ten piedad. V/. Cristo, ten piedad. R/. Cristo, ten piedad. V/. Señor, ten piedad. R/. Señor, ten piedad. A continuación se canta o se dice el himno:

loria a Dios en el cielo,

y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos,

te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias,

Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;

tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros;

tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;

tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros;

porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor,

sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo

en la gloria de Dios Padre. Amén.

(5)

El Presidente, con las manos juntas, dice: Oremos

Y todos, junto con el Presidente, oran en silencio durante unos momentos. Después el Presidente, con las manos extendidas, dice la oración colecta.

h Dios que en este día, por medio de una estrella

revelaste a tu Unigénito a las naciones: concede, que los que ya te conocemos por la fe,

lleguemos a contemplar la hermosura infinita de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu hijo

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. R/. Amén.

Lugo se procede a la Liturgia de la Palabra

O

(6)

Anuncio de la Pascua y de las fiestas móviles del año 2015

Finalizada la proclamación del Evangelio, y desde el ambón, el diácono (o el sacerdote) dice:

Queridos hermanos:

a gloria del Señor se ha manifestado

y se continuará manifestando entre nosotros, hasta el día de su retorno glorioso.

En la sucesión

de las diversas fiestas y solemnidades del Tiempo, recordamos y vivimos los misterios de la salvación. Centro de todo el año litúrgico

es el Triduo Pascual del Señor crucificado, sepultado y resucitado,

que este año culminará en la Noche Santa de Pascua que, con gozo, celebraremos el día 27 de marzo.

Cada domingo, Pascua semanal,

la Santa Iglesia hará presente este mismo acontecimiento, en el cual Cristo ha vencido al pecado y la muerte.

De la Pascua fluyen, como de su manantial, todos los demás días santos:

el Miércoles de Ceniza, comienzo de la Cuaresma, que celebraremos el día 10 de febrero.

La Ascensión del Señor,

que este año será el 8 de mayo. El Domingo de Pentecostés,

que este año coincidirá con el día 15 de mayo. El primer Domingo de Adviento,

(7)

que celebraremos el día 27 de noviembre.

También en las fiestas de la Virgen María, Madre de Dios, de los apóstoles, de los santos

y en la Conmemoración de todos los fieles difuntos, la Iglesia, peregrina en la tierra,

proclama la Pascua de su Señor. A él, el Cristo glorioso,

el que era, el que es y el que viene,

al que es Señor del tiempo y de la historia, el honor y la gloria por los siglos de los siglos.

R/. Amén.

El sacerdote, de pie en la sede o en el ambón mismo, o según las circunstancias, en otro lugar idóneo pronuncia la homilía; terminada ésta se puede guardar unos momentos de silencio.

(8)

PROFESIÓN DE FE

MONICIÓN PRESIDENCIAL

Convencidos en que Cristo, el niño de Belén está presente en medio de nuestras tinieblas y nos ilumina, profesemos alegremente nuestra fe, que tiene su sentido más profundo en el amor infinito de un Dios misericordioso que viene a nuestro encuentro en la humildad y en la pobreza.

El Símbolo se canta o se dice por el sacerdote juntamente con el pueblo estando todos de pie.

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan.

que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen,

padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos,

al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos

y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.

(9)

ORACIÓN UNIVERSAL

Dicho el Símbolo, en la sede, el sacerdote de pie y con las manos juntas, invita a los fieles a la oración universal con una breve monición.

Queridos hermanos,

iluminados por la manifestación gloriosa del Señor, elevemos a Dios, con ánimo confiado y agradecido, nuestras súplicas:

Después el cantor o el lector u otro, desde el ambón o desde otro sitio conveniente, vuelto hacia el pueblo, propone las intenciones; el pueblo, por su parte, responde suplicante:

R/. Te rogamos, óyenos.

1. Oremos por la Iglesia santa de Dios: Que la luz nueva que resplandece en Belén, brille siempre en las palabras y obras de misericordia de los ministros del Evangelio y en todo hombre que reconoce a Jesús como el Señor. Invoquemos al Señor.

2. Oremos por los científicos y los hombres que buscan la verdad: La luz verdadera que se difunde desde Belén guíe la mente y la voluntad de quienes buscan la verdad, el bien y la belleza. Invoquemos al Señor.

3. Oremos por los que buscan a Dios: La luz santa que rompe las tinieblas de Belén, lleve a cumplimiento el deseo que arde en corazón inquieto de todo hombre. Invoquemos al Señor.

4. Oremos por los migrantes, prófugos y exiliados: La luz gloriosa que irradia desde Belén, disipe las tinieblas de la soledad, de la angustia y del sufrimiento que envuelven todavía la vida de tantos hermanos. Invoquemos al Señor.

(10)

5. Oremos por la familia de Dios hoy aquí congregada: La luz poderosa que transforma la noche de Belén, convierta y transfigure la vida de aquellos que han sido reunidos en la gracia y misericordia. Invoquemos al Señor.

Finalmente, el sacerdote con las manos extendidas, concluye la súplica con la oración.

Señor,

tú que te manifestaste

a quienes esperaban contemplar tu rostro, escucha los deseos y plegarias de tu Iglesia. Por Cristo nuestro Señor.

(11)

LITURGIA EUCARÍSTICA

Terminada la oración universal, todos se sientan y comienza el canto del ofertorio El acólito u otro ministro laico coloca sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.

Es conveniente que la participación de los fieles se manifieste por la presentación del pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, o de otros dones con los que se ayude a las necesidades de la iglesia o de los pobres.

El sacerdote ayudado por el acólito o por otro ministro recibe las ofrendas de los fieles. Al celebrante llevan el pan y el vino para la Eucaristía; y él los pone sobre el altar; pero los demás dones se colocan en otro lugar adecuado.

El sacerdote, en el altar, recibe o toma la patena con el pan, y con ambas manos la tiene un poco elevada sobre el altar, diciendo en secreto:

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan

fruto de la tierra y del trabajo del hombre,

que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.

Después deja la patena con el pan sobre el corporal.

Si no se canta durante la presentación de las ofrendas, el Presidente puede decir en voz alta estas palabras; al final el pueblo puede aclamar:

Bendito seas por siempre, Señor.

En seguida, el sacerdote de pie a un lado del altar, ayudado por el ministro que le presenta las vinajeras, vierte en el cáliz vino y un poco de agua, diciendo en secreto:

El agua unida al vino

sea signo de nuestra participación en la vida divina

de quien ha querido compartir nuestra condición humana.

Vuelto al medio del altar, toma el cáliz con ambas manos, lo tiene un poco elevado, diciendo en secreto:

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino,

fruto de la vid y del trabajo del hombre,

que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

(12)

y después coloca el cáliz sobre el corporal y, según las circunstancias, lo cubre con la palia.

Pero cuando no hay canto al ofertorio ni se toca el órgano, en la presentación del pan y del vino, está permitido al sacerdote decir en voz alta las fórmulas de bendición a las que el pueblo aclama:

Bendito seas por siempre, Señor.

Habiendo dejado el cáliz sobre el altar, el sacerdote profundamente inclinado, dice en secreto:

Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde;

que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor Dios nuestro.

En seguida, si se usa incienso, el sacerdote lo echa en el incensario, lo bendice sin decir nada, e inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. El ministro de pie, a un lado del altar, inciensa al sacerdote y después al pueblo.

Luego el Presidente, de pie a un lado del altar, se lava las manos, diciendo en secreto:

Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado.

Después, vuelto al centro del altar, el sacerdote, de pie, de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, invita al pueblo a orar, diciendo::

Oren, hermanos,

para que llevando al altar

los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso. El pueblo responde:

El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

(13)

Luego el Presidente, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas: e rogamos, Señor,

que mires propicio los dones de tu Iglesia, que no te presenta oro, incienso y mirra, sino a Aquél que, por estos mismos dones,

se manifiesta, se inmola y se da como alimento, Jesucristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama: Amén

PREFACIO DE EPIFANÍA

Cristo, luz de las naciones

V/. El Señor esté con ustedes. R/. Y con tu espíritu

V/. Levantemos el corazón R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor

V/. Demos gracias al Señor nuestro Dios R/. Es justo y necesario

n verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación

darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque revelaste hoy, en Cristo,

para iluminar a todos los pueblos, el misterio de nuestra salvación;

y, al manifestarse Él en nuestra carne mortal, nos renovaste con la gloria de su inmortalidad. Por eso, con los Ángeles y los Arcángeles,

con los Tronos y las Dominaciones y con todos los coros celestiales,

cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

T

E

(14)

PLEGARIA EUCARÍSTICA I –Canon Romano-

El sacerdote con las manos extendidas dice: adre misericordioso,

te pedimos humildemente

por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, Junta las manos y dice:

que aceptes y bendigas

Traza, una sola vez, el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:

estos

dones,

este sacrificio santo y puro que te ofrecemos, Con las manos extendidas, prosigue:

ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad

y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa N.N,

con nuestro Obispo N.N,

y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.

Acuérdate, Señor, de tus hijos N y N

_______________________________________________________ Se pueden nombrar algunas personas o bien decir:

nuestros ancianos y enfermos

que hoy no han podido venir a esta celebración

_______________________________________________________

P

CP

(15)

y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan,

te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza,

a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.

Reunidos en comunión con toda la Iglesia, para celebrar el día santo

en que tu único Hijo, eterno como como Tú en la gloria, se manifestó en la verdad de nuestra carne,

hecho hombre como nosotros, veneramos la memoria,

ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor la de su esposo, san José;

la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés,

[Santiago y Juan,

Tomás, Santiago, Felipe,

Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente,

Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono,

Juan y Pablo,

Cosme y Damián,] y la de todos los santos; por sus méritos y oraciones

concédenos en todo tu protección.

[Por Cristo, nuestro Señor. Amén] Con las manos extendidas, prosigue:

(16)

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa;

ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos. Junta las manos.

[Por Cristo, nuestro Señor. Amén] Extendiendo las manos sobre las ofrendas, dice:

Bendice y santifica, esta ofrenda, Padre, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti, que se convierta para nosotros

en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.

Junta las manos.

En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse con claridad, como lo requiere la naturaleza de éstas.

El cual, la víspera de su Pasión,

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: tomó pan en sus santas y venerables manos,

Eleva los ojos.

Y, elevando los ojos al cielo,

hacia ti Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo,

lo partió,

y lo dio a sus discípulos, diciendo: Se inclina un poco

CC CP

(17)

T

OMAD Y COMED TODOS DE ÉL

,

PORQUE ESTO ES MI

C

UERPO

,

QUE SERÁ ENTREGADO POR VOSOTROS

.

Muestra la Hostia consagrada al pueblo, la deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión. Después prosigue.

Del mismo modo, acabada la cena,

Toma el cáliz y sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: tomó este cáliz glorioso

en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo,

y lo dio a sus discípulos, diciendo: Se inclina un poco

T

OMAD Y BEBED TODOS DE ÉL

,

PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI

S

ANGRE

,

S

ANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA

,

QUE SERÁ DERRAMADA POR VOSOTROS Y POR MUCHOS

PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS

.

H

ACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA

.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión. Luego dice una de las siguientes fórmulas:

1. Éste es el misterio de la fe. R/. Anunciamos tu muerte,

proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

(18)

Después el Sacerdote, con las manos extendidas, dice: Por eso, Padre,

nosotros, tus siervos, y de todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor;

de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos,

te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna

y cáliz de eterna salvación.

Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala,

como aceptaste los dones del justo Abel,

el sacrificio de Abrahán, nuestro Padre en la fe, y la oblación pura

de tu sumo sacerdote Melquisedec. Inclinado, con las manos juntas, prosigue: Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso,

que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo,

por manos de tu ángel,

para que cuantos recibimos

el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, Se endereza y se signa, diciendo:

seamos colmados de gracia y bendición. CC

(19)

[Por Cristo, nuestro Señor. Amén]

Acuérdate también, Señor, de tus hijos N y N.,

_______________________________________________________ Se pueden nombrar algunos difuntos recientes o bien decir:

que en otros años

celebraban estas fiestas de Navidad con nosotros y

_______________________________________________________ que nos han precedido con el signo de la fe

y duermen ya el sueño de la paz.

Junta las manos y ora unos momentos por los difuntos por quienes tiene intención de orar.

Después, con las manos extendidas, prosigue:

A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo,

de la luz y de la paz. Junta las manos.

[Por Cristo, nuestro Señor. Amén] Con la mano derecha se golpea el pecho, diciendo:

Y a nosotros, pecadores siervos tuyos, Con las manos extendidas prosigue:

que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea

de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban,

Matías y Bernabé,

[Ignacio, Alejandro, C3

(20)

Marcelino y Pedro, Felicidad y Perpetua, Águeda, Lucía,

Inés, Cecilia, Anastasia,] y de todos los santos;

y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad. Junta las manos y prosigue:

Por Cristo, Señor nuestro, por quien sigues creando todos los bienes,

los santificas, los llenas de vida,

los bendices y los repartes entre nosotros.

Toma la patena, con el pan consagrado, y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice: Por Cristo, con él y en él,

a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria

por los siglos de los siglos. El pueblo aclama: Amén.

Una vez dejado el cáliz y la patena, el Presidente, con las manos juntas, dice: Llenos de alegría por ser hijos de Dios,

digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:

(21)

Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:

adre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

El Presidente, con las manos extendidas, prosigue él solo: Líbranos de todos los males, Señor,

y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado

y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

Junta las manos.

El pueblo concluye la oración, aclamando: Tuyo es el reino,

tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el Presidente, con las manos extendidas, dice en voz alta: Señor Jesucristo,

que dijiste a tus Apóstoles:

«La paz les dejo, mi paz les doy»,

no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia

y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.

(22)

Junta las manos.

Tú que vives y reinas

por los siglos de los siglos. El pueblo responde: Amén

El Presidente, extendiendo y juntando las manos, añade: La paz del Señor esté siempre con ustedes. El pueblo responde: Y con tu espíritu

Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el Presidente, añade: Dense fraternalmente la paz.

O bien:

Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.

O bien:

En Cristo, que nos ha hecho hermanos con su cruz, dense la paz como signo de reconciliación.

O bien:

En el Espíritu de Cristo resucitado, dense fraternalmente la paz.

Y todos según la costumbre del lugar, se dan la paz. El Presidente da la paz al diácono o al ministro.

Después toma el pan consagrado, lo parte sobre la patena, y deja caer una parte del mismo en el cáliz, diciendo en secreto:

El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz,

sean para nosotros

(23)

Mientras tanto se canta o se dice:

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

A continuación el Presidente, con las manos juntas, dice en secreto: Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo,

que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo,

diste con tu muerte la vida al mundo,

líbrame por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal.

Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permitas que me separe de ti.

O bien:

Señor Jesucristo,

la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre

no sea para mí un motivo de juicio y condenación, sino que, por tu piedad,

me aproveche para defensa de alma y cuerpo y como remedio saludable.

El Presidente hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:

Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

(24)

Y, juntamente con el pueblo, añade:

Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya

bastará para sanarme. El Presidente dice en secreto:

El Cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna. Y comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo.

Después toma el cáliz y dice en secreto:

La Sangre de Cristo me guarde para la vida eterna. Y bebe reverentemente la Sangre de Cristo.

Después toma la patena o la píxide, se acerca a los que quieren comulgar y les presenta el pan consagrado, que sostiene un poco elevado, diciendo a cada uno de ellos:

El Cuerpo de Cristo.

El que va a comulgar responde: Amén Y comulga.

Después que el celebrante ha sumido el cuerpo y la sangre del Señor, distribuye la comunión.

ORACIÓN POST-COMUNIÓN Oremos

e pedimos, Señor, que la luz celestial nos disponga siempre y en todo lugar a que contemplemos con mirada pura y recibamos con amor sincero

el misterio del cual quisiste que participáramos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén

(25)

RITO DE CONCLUSIÓN

El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice: El Señor esté con ustedes.

El pueblo responde: Y con tu espíritu.

El diácono o, en su defecto, el mismo sacerdote puede amonestar a los fieles con estas palabras u otras parecidas:

Inclinen la cabeza para recibir la bendición.

Luego, el sacerdote, con las manos extendidas sobre el pueblo, dice la bendición. Todos responden: Amén

Dios, que los llamó de las tinieblas a su luz admirable, derrame bondadosamente sobre ustedes su bendición, y fortifique sus corazones

en la fe, la esperanza y la caridad. R/. Amén

Y porque siguen confiadamente a Cristo, quien se manifestó hoy al mundo

como luz que brilla en las tinieblas,

los haga asimismo a ustedes luz para sus hermanos . R/. Amén

Hasta cuando, terminada su peregrinación, lleguen a Aquél,

a quien buscaron los magos, guiados por la estrella, a Cristo Señor, luz de luz,

a quien, con inmenso gozo, ellos encontraron. R/. Amén

(26)

Y el sacerdote, une de nuevo las manos, e inmediatamente pone la mano izquierda sobre el pecho y elevando la mano derecha, agrega:

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo,

y Espíritu Santo,

descienda sobre ustedes y permanezca siempre. R/. Amén

Luego el diácono, o el mismo sacerdote, con las manos juntas, despide al pueblo con la fórmula siguiente:

Glorifiquen al Señor con su vida. Pueden ir en paz.

El pueblo responde:

Demos gracias a Dios

Después el sacerdote besa con veneración el altar, como al comienzo, y, hecha la debida reverencia con los ministros, se retira a la sacristía.

MMXVI

Gabriel Jaime Gómez G., Pbro.

Maestro de Ceremonias Delegado para la Liturgia

Referencias

Documento similar

Sacerdote: La bendición de Dios, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre todos ustedes y permanezca para siempre. Sacerdote: Vayamos en paz, glorificando al Señor con

Creemos en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no

Creemos en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no

Señor Hijo único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre: Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo,

porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios

Cristo Señor, Hijo de Dios vivo, que vino a salvar del pecado a su pueblo y a santificar a todos los hombres, como Él fue enviado por el Padre, así también envió a sus Apóstoles

4 El cual fué declarado Hijo de Dios con potencia, según el espíritu de santidad, por la re- surrección de los muertos), de Jesucristo Señor nuestro, 5 Por el cual recibimos

nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por.. los siglos de