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Tiempo dorado en la tierra vidriosa : el relato de los primeros años de la conquista de Chile

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Academic year: 2020

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(1)ANALES DE LITERATURA CHILENA Año 9, Diciembre 2008, Número 10, 25 - 36 ISSN 0717-6058. TIEMPO DORADO EN LA TIERRA VIDRIOSA: EL RELATO DE LOS PRIMEROS AÑOS DE LA CONQUISTA DE CHILE1 Sarissa Carneiro Universidad de Chile [email protected]. AMÉRICA Y EDAD DORADA El descubrimiento, la conquista y la colonización de América se acompañan de una notable proliferación de imágenes que reciclan y reelaboran imágenes familiares del archivo imaginario europeo (Buarque de Holanda, Cro, Gil, Pastor). Muchas de estas imágenes apuntan al signo utópico que, como ha señalado Beatriz Pastor, está presente no solo en la exploración geográfica, la indagación filosófica, la renovación moral y la experimentación con nuevos modelos sociales y políticos, sino también en los procesos deshumanizadores, vinculados a la conquista (Pastor 12). Más que el influjo de una tradición literaria, la experiencia americana habría sido determinante en el carácter utópico de numerosos discursos coloniales de Hispanoamérica (Cro). Como advierte Pastor, el reciclaje de imágenes de la tradición, en concreto de imágenes que articulan un pensamiento utópico, no se presenta como pérdida del sentido de realidad sino más bien como familiarización, “proceso de indagación particular en una nueva realidad”, que se desarrolla “dentro del marco de opciones que ofrece el pensamiento de la época y se caracteriza por el predominio. Este artículo recoge algunos planteamientos de mi tesis doctoral, “Palabras peregrinas: escritura, traducción y diferencia en Jerónimo de Vivar y Pero de Magalhaes Gândavo”. Su actual orientación tiene como marco el proyecto FONDECYT 1085189 “La Crónica de Jerónimo de Vivar: edición crítica y relectura”, cuya investigadora responsable es Raïssa Kordić Riquelme, y los co-investigadores son Manuel Contreras y la autora. 1.

(2) 26. SARISSA CARNEIRO. de la razón simbólica que articula los procesos cognitivos sobre las imágenes del deseo” (Pastor 52-53). El deseo proyecta, según Pastor, las imágenes del pasado hacia el futuro en un contexto epistemológico que busca analogías “entre lo que se ve y lo que se sabe” (56). Una de las imágenes ideales recurrentes en esa red de relaciones simbólicas es la de la Edad de Oro (Ainsa, Cro). Junto a El Dorado o La Ciudad de los Césares, constituye parte del mito del oro en América, un mito de doble signo, como ha señalado Ainsa: América es, por un lado, el espacio legendario donde se objetiva la riqueza y el poder, y por otro, el territorio del feliz reencuentro del Viejo Mundo con la perdida Edad de Oro (Ainsa 81). Desde Colón, y sobre todo desde Pedro Mártir de Anglería, el motivo de la Edad de Oro en América se vincula con la descripción de un feliz estado de los indios que viven inocentes y puros “sin pesos, sin medidas y, sobre todo, sin el mortífero dinero” (Décadas)2 en contraposición al infeliz estado de europeos, decadentes y corruptos: la edad de oro de los naturales de América se define por la carencia de los objetos típicos de la civilización europea (Cro 13). El impulso esperanzador radicaría en que el contacto con este estado natural podría modificar los hábitos de los europeos y por ello el estado feliz sería aún posible (Cro 16). El motivo se vincula, así, con una imagen de América dominante en los textos del descubrimiento, conquista y colonización: la del Nuevo Mundo como “lugar donde es posible hacer realidad las aspiraciones de una vida mejor, de una sociedad más perfecta […] Tierra de Promisión, remanso en el curso de los siglos en el cual se había refugiado la Edad de Oro, Paraíso posible de ser recuperado, espacio privilegiado para construir una sociedad que concretara sueños y anhelos” (Invernizzi, “Utopía en el origen de América” 30). En algunos textos de la Conquista de Chile se advierte la presencia de este motivo que busca ya no identificar como Edad de Oro el estado natural de los indios, sino definir como “edad primera” o “tiempo dorado” los primeros años de la presencia española en Chile. En cuanto tal, establece una división temporal que opone, por contraste, ese “tiempo dorado” con la imagen predominante en los relatos de soldados y conquistadores, la de la guerra de Arauco. Su presencia se vincula a distintas funciones en los textos, pero la red simbólica a la cual hemos aludido hasta aquí incide en la visión que presentan los mismos: el furor bélico de los que ocuparon la “tierra. La cita completa dice “Creo yo, empero, que estos isleños de la Española son más felices que aquellos, con tal de que se les instruya en la verdadera religión, porque viven desnudos, sin pesas, sin medidas y, sobre todo, sin el mortífero dinero en una verdadera edad de oro, sin jueces calumniosos y sin libros, satisfechos con los bienes de la naturaleza, y sin preocupaciones por el porvenir” (Pedro Mártir, citado por Cro 12). 2.

(3) TIEMPO DORADO EN LA TIERRA VIDRIOSA: EL RELATO DE LOS PRIMEROS AÑOS.... 27. vedriosa”, como la llamó Valdivia, por un instante al menos se mezcló con esa nostalgia que ha nutrido siempre la utopía. LLAMÁBALE YO A ESTE TIEMPO, TIEMPO DORADO Cinco años tardó Pedro de Valdivia en cumplir la obligación de dar cuenta a la autoridad, en concreto al monarca Carlos V, de su empresa en lo que llamó la Nueva Extremadura. La que se conoce como Carta II está fechada el 4 de septiembre de 1545. El silencio de estos cincos años recibe, como es previsible, justificaciones y excusas desde el párrafo inicial de su carta al Emperador: “Cinco años ha que vine de las provincias del Perú […] a conquistar y poblar éstas de la Nueva Extremadura […] y en todo este tiempo no he podido dar cuenta a vuestra Majestad de lo que he hecho en ellas, por haberlo gastado en su cesáreo servicio” (26). Al interior de la Carta II, estos cinco años son objeto, sin embargo, de una clara división: el relato de los tres primeros años de la conquista de Chile ocupa los cuatro folios iniciales (de un total de 15 folios) como período explícitamente delimitado y diferenciado del que le sigue. De esos tres años hace Valdivia una “breve relación” (34): retrospectiva y sintética, de gran elaboración simbólica, ésta abarca las acciones y sucesos que tuvieron lugar desde el primer viaje de Valdivia hasta el regreso de Alonso de Monroy con el “socorro” (33). El relato de estos tres años iniciales tiene como eje fundamental su definición en términos de período de máxima carencia y dificultad, lo que se cifra en la palabra “trabajos”, trabajos de la guerra y trabajos del hambre, como ha advertido Lucía Invernizzi (“Los trabajos de la guerra”). Este concepto encierra el relato en un marco que enfatiza la dimensión señalada: lo abre la definición del contenido de la carta como “noticia de los trabajos” (“tengo a muy buena dicha hayan venido a noticia de vuestra Majestad mis trabajos por indiretas primero” 26) y lo cierra la declaración de su función, hacer saber al rey que las dificultades presentadas requirieron del máximo esfuerzo (especialmente del subscriptor), esfuerzo digno por lo tanto de todas las mercedes que solicita como retribución: esta breve relación, señala Valdivia, se hace “para que vuestra Majestad sepa no hemos tomado truchas a bragas enjutas” (34), expresión que, como aclara Covarrubias, señala que “las cosas de precio y valor no se alcanzan sin trabajo y diligencia” (350). Trabajos “en abundancia” son narrados y descritos especialmente en el relato de los primeros años: desde la entrada a la tierra “mal infamada” de la que huían los españoles como de la “pestilencia”, la empresa carece, según Valdivia, del apoyo necesario: “no había hombre que quisiese venir a esta tierra […] y aún muchas personas que me querían y eran tenidos por cuerdos no me tovieron por tal cuando me vieron gastar la hacienda que tenía en empresa tan apartada del Perú y donde el Adelantado no había perseverado” (27). Como persona que “veía” el “servicio” que se hacía al emperador al poblar y conquistar la tierra hasta el Estrecho de Magallanes, Valdivia refiere la.

(4) 28. SARISSA CARNEIRO. “buena maña” con que logra reunir lo necesario para un viaje que estará plagado de “grandes trabajos de hambres, guerra con indios y otras malas venturas” (27). Instalado con sus ciento cincuenta hombres en Santiago del Nuevo Extremo, episodios como la conjuración y especialmente la quema y destrucción de la ciudad incrementan los obstáculos y carencias: Quemaron toda la ciudad y comida y la ropa y cuanta hacienda teníamos que no quedamos sino con los andrajos que teníamos para la guerra y con las armas que traíamos a cuestas y dos porquezuelas y un cochinillo y una polla y un pollo y hasta dos almuerzas de trigo (30).. Comienza entonces lo que Valdivia llama la “guerra de veras”: los indígenas dejan de sembrar y se mantienen con cebolletas y simientes. Es en este contexto que surge la imagen de la edad dorada referida a los primeros años de la conquista de Chile: “como vi las orejas al lobo, parecióme, para perseverar en la tierra y perpetuarla a vuestra Majestad, habíamos de comer del trabajo de nuestras manos como en la primera edad. Procuré de darme a sembrar y hice de la gente que tenía dos partes, y todos cavábamos, arábamos y sembrábamos en su tiempo, siempre armados y los caballos ensillados” (31). Como advierte Cedomil Goic, la comparatio con la Edad de Oro se asemeja en la elaboración retórica de Valdivia, a los rasgos de la Utopía de Tomás Moro “en la alteración de los trabajos y el comunismo del principio que la ordena, y que incluye a yanaconas a la par de los españoles” (“Retórica de las cartas” 110). La “edad primera” de la Carta II es, sin embargo, una situación momentánea, superada ya en el momento de la escritura: para Valdivia, él y sus hombres, que son “más que hombres” pues pasaron los “trabajos de la guerra” concurriendo con ellos “los del hambre”, no solo han “sustentado” la tierra sino que también la han transformado. Se recogerán por diciembre, dice Valdivia, “once o doce mil hanegas de trigo y maíz sin número, y de las dos porquezuelas y el cochinillo que salvamos cuando los indios quemaron esta ciudad hay ya ocho a diez mil cabezas, y de la polla y el pollo, tantas gallinas como yerbas” (42) de manera que “esta tierra es tal que para poder vivir en ella y perpetuarse no la hay mejor en el mundo” (43)3. Pero esta situación del presente escritural no está del todo privada de inestabilidad, lo que se cifra aquí en la imagen de la “tierra vidriosa”, imagen que respalda el pedido de Valdivia al monarca en el sentido de que no envíe persona que lo “perturbe en esta coyuntura” que “si nos viesen litigar sobre la tierra, está tan vedriosa que se. 3 Véase para este tema Invernizzi, “La representación de la tierra” y “Los trabajos de la guerra”..

(5) TIEMPO DORADO EN LA TIERRA VIDRIOSA: EL RELATO DE LOS PRIMEROS AÑOS.... 29. quebraría y el juego no se podría tornar a entablar en la vida” (47). Del oro al vidrio, la “edad primera” de los primeros años de la conquista se signan, en el discurso de Valdivia, como lo irrepetible, lo irrecuperable si llega a perderse, a la vez que lo “superado” gracias al máximo esfuerzo protagonizado por quien fuera, en su autodefinición, gobernador y capitán pero también padre, jumétrico, alarife, labrador, gañán, mayoral, rabadán, poblador, criador, sustentador, conquistador y descubridor (41). La imagen de la “edad primera” en la Carta II constituye el punto de partida para las reelaboraciones del discurso de Vivar y Góngora Marmolejo4. Las semejanzas se advierten sobre todo en la Crónica de Vivar: allí se reitera una división temporal que asigna a los primeros años de la Conquista un carácter ideal, marcado por la solidaridad entre españoles y un esfuerzo comunitario por la “sustentación” de la tierra. En los cuarenta capítulos iniciales de la Crónica de los Reinos de Chile (1558), Jerónimo de Vivar se ocupa de los cuatro primeros años de la conquista de Chile. En ellos predomina la descripción de las penurias, dificultades y carencias que marcaron ese período. La falta de bastimentos dicta los movimientos y acciones de los españoles; la “tierra alzada”, las condiciones geográficas y climáticas adversas determinan el “trabajo tan grande en buscar y hallar bastimento”; las acciones bélicas buscan como botín cualquier alimento a lo largo de la expedición. Luego de la instalación en Santiago, la destrucción de la ciudad por Michimalongo marca también en la Crónica el inicio del período de máxima carencia: suenan los ecos de Valdivia en la narración de Vivar, “todo el maíz y gallinas y puercos que tenían, con la mísera ropa se quemó cuando la ciudad, que no se salvó sino lo que traían vestido y armado y un poco de trigo”, “y escaparon dos cochinas y un cochino y un pollo y una polla y una gallina que fue la multiplicadora y sacadora de todos los pollos, de suerte que le llamaron madre Eva” (128). Desde entonces, los trabajos de siembra deberán ser asegurados por una vela permanente y el espacio español se ciñe a los límites de una fortaleza (131). Al narrar la llegada a Chile del navío de provisiones y posteriormente el regreso de Monroy con el refuerzo de sesenta hombres, Vivar resume retrospectivamente el período: “cuatro años había que los españoles estaban en la tierra […] que no se. 4 La reelaboración de imágenes y expresiones, las relaciones intertextuales entre los textos de Vivar y Góngora Marmolejo y las cartas de Pedro de Valdivia deben ser comprendidas en el marco de la caracterización que hizo Mario Ferreccio del scriptorium de la conquista de Chile, en concreto, de la participación de distintos personajes (entre los cuales estarían Vivar y Góngora Marmolejo) en las sesiones de redacción de documentos y cartas de la conquista y la posibilidad de que éstos consultaran discrecionalmente el archivo, en un manejo que vendría a bosquejar un “modo literario” generalizado entre los relatores de la conquista (Véase Ferreccio 46)..

(6) 30. SARISSA CARNEIRO. vestían después que rompieron la ropa que trajeron, sino de pieles de raposas y de nutrias y de lobos marinos”, “y había cinco meses que no se decía misa por falta de vino” (168), “en todo este tiempo […] no hubo hombre que se desnudase para dormir ni durmiese desnudo, ni desarmado de las armas que cada uno tenía, si no era el que estaba herido o enfermo”, “ni aun la acostumbrada guerra no les daba tanto trabajo ni la sintieran, si no viniera tan acompañada de tanta hambre y necesidad de provisión, porque acontecía a muchos españoles ir a cavar de dos a dos días y sacar para comer unas cebolletas […] carne, si por ventura no se cazaba, no la había” (171). En la Crónica de Vivar, estos elementos no solo incrementan la dimensión hazañosa de los hechos narrados como propone Invernizzi (“Los trabajos” 7) sino que constituyen el punto de partida para la idealización del período inicial de la conquista, idealización cifrada por Vivar en la imagen de la edad dorada: “Era un tiempo bueno y un tiempo sano sin malicia y libre de avaricia. Todos hermanos, todos compañeros, todos contentos con lo que les sucedía y con lo que hacía. Llamábale yo a este tiempo, tiempo dorado” (169). Vivar hace de la “edad primera” de Valdivia una actualización de la Edad de Oro en cuanto figura utópica de extenso desarrollo en la tradición occidental. El “tiempo dorado” de Vivar enfatiza, de hecho, un aspecto particular de la tradición clásica: la ausencia de conflictos (malicia, avaricia), atribuida a la satisfacción con lo que se tiene y se es (Ainsa 86-89). También propio de las imágenes clásicas es la instalación de ese tiempo dorado en un orden natural asegurado por la división del mundo y la incomunicación de sus partes, en este caso, el limitado espacio de la fortaleza en la que se transforma Santiago luego de su destrucción y que habría hecho, según Vivar, que los hombres de Valdivia fueran fraternos, solidarios y autosuficientes en su aislamiento. Desde ese punto de vista, la llegada de elementos externos (el navío de provisiones y el socorro de Monroy) marca la ruptura o quiebre del “tiempo dorado”. El aislamiento y la incomunicación del período se confirman en la otra imagen que utiliza Vivar, la del limbo: Preguntaban los de acá como hombres que estaban en el limbo a los otros [los españoles que llegaron con Monroy] como a personas que venían del mundo. Demandaban los recién venidos lo que demandaron los del purgatorio a Dante Aligero, cuando allá anduvo con la imaginación, según él lo relataba en sus tratados (Crónica 171). La sobreimpresión de las imágenes dantescas de limbo y purgatorio refuerzan en la narración de Vivar la idea de una “suspensión” y de una ruptura de ésta marcada por la llegada de Monroy y sus compañeros: habiendo estado suspendidos, como las almas del limbo (Dante 97), los primeros conquistadores preguntan por las noticias.

(7) TIEMPO DORADO EN LA TIERRA VIDRIOSA: EL RELATO DE LOS PRIMEROS AÑOS.... 31. del “mundo” y siendo interrogados, a su vez, por los recién venidos “agolpados” como las almas del purgatorio ante el poeta y su guía (Dante 300). Si en Valdivia la superación de “edad primera” cedía espacio al presente de equilibrio inestable signado por la imagen de la tierra vidriosa, en Vivar la ruptura de la edad dorada da lugar a la aparición de otro mito del oro, el de la Ciudad de los Césares. Así, el tránsito de la Crónica ejemplifica lo que Ainsa llamó la aparición en América del mito del oro bajo el doble signo de la errancia nostálgica en busca de la Edad de Oro perdida y de la objetivación de la riqueza y el poder en las distintas versiones americanas de El Dorado (Ainsa 81). El desvanecimiento del mito original de la edad dorada y su reemplazo por la búsqueda de la ciudad mirífica se establece en el marco de un cambio de signo en las acciones narradas por Vivar: luego de su regreso del Perú, un Valdivia victorioso y legitimado, por fin gobernador, intensifica la pulsión expansionista en la sucesiva fundación de ciudades al sur de Santiago y en la reconocida búsqueda del oro botín. En la Historia de todas las cosas que han acaecido en Chile y de los que lo han gobernado (1575), de Alonso de Góngora Marmolejo, si bien desaparece la definición “edad primera” o “tiempo dorado”, se reiteran elementos ya señalados en la narración de la fundación y sustentación de la ciudad de Santiago: Visto el lugar conviniente trazó [Valdivia] una casa, y con toda la diligencia posible, unos cortando madera y otros haciendo adobes sin hacer diferencia de personas, los más caballeros y gente principal eran los primeros que se cargaban de lo que convenía; y como cosa en que consistía su remedio, fue en breve tiempo acabada de poner en defensa, para que con seguridad pudiese estar en ella la gente que bastase, y por otra parte dando orden en hacer sementeras de maíz y quitar a los indios que no hiciesen las suyas, proveyendo en sacar oro con el servicio que tenía, como hombre prudente en una cosa proveyó muchas, pues con facilidad todo se podía hacer (Historia de todas las cosas 80).. Sin embargo, la narración correspondiente a los primeros años de la conquista, en especial, los que se refieren a la gobernación de Valdivia, apunta, asimismo, a la codicia, ambición y deseos de poder entre españoles. Como ha señalado Invernizzi, en el discurso de Góngora Marmolejo “la realidad histórica del reino de Chile se presenta casi totalmente privada de grandeza heroica, disminuida y degradada por el vicio y el pecado de quienes lo han gobernado, en estado de permanente alteración e inestabilidad” (67). A diferencia de Vivar, Góngora Marmolejo inicia su Historia no con Valdivia sino con Diego de Almagro. Su referencia al paso de Almagro por Chile inaugura las imágenes auríferas que signan la tierra como espacio de la codicia de aquellos que se veían sin remedio en el Perú (75). La mucha fama que tenía de oro, según la.

(8) 32. SARISSA CARNEIRO. información de los incas, sobrevive al regreso de Almagro al Perú: allí, el adelantado habría esparcido, según Góngora Marmolejo, la “nueva de Chile”, “diciendo no dejara atrás aquella tierra poblara Chile, y que después del Pirú era reino principal”, nueva que “levantó a muchos el deseo de venir a Chile”, señala el historiador (75). Así, la conquista de la “tierra mal infamada” que en el discurso de Valdivia y de Vivar cifraba el desinterés material del primero, en el discurso de Góngora Marmolejo constituye el primer signo de su deseo de poder: “aunque Francisco Pizarro le diese de comer […] no había de ser más de un vecino particular, como hombre que tenía los pensamientos grandes […] trató […] que como su capitán y en nombre suyo le enviase con gente a poblar la tierra de Chile” (76). En el relato de Góngora Marmolejo, trabajos, dificultades y carencias no tienen la misma incidencia que en el discurso de Valdivia y Vivar. En su lugar, la voz indígena señala, en la Historia, a los conquistadores como terribles vecinos, codiciosos de sus haciendas y muy mandones (78). En la narración de la quema de Santiago, se silencia el daño de los españoles para referirse a la crueldad con que estos mataron a trescientos indios: con “golpes de lanzas y cuchilladas […] tan bravas”, en especial, “un clérigo natural de Sanlúcar, llamado Lobo, que ansí andaba entre ellos como lobo entre pobres ovejas” (79). La misma imagen será retomada luego en referencia al mismo Valdivia: al narrar el viaje de éste al Perú, con la hacienda de los españoles engañados, Góngora Marmolejo anota que un trompeta que allí estaba llamado Alonso de Torres, “viendo el navío ir a la vela, comenzó a tocar su trompeta diciendo: Cata el lobo do va Juanita, cata el lobo do va…” (87). Este episodio, que da cuenta de la sagacidad y astucia, pero también de la codicia y deseos de mando de Valdivia, es recordado luego en la narración de su muerte entendida por Góngora Marmolejo como castigo divino frente a la ambición: Grandes secretos de Dios que debe considerar el cristiano! Un hombre como éste, tan obedecido, tan temido, tan señor y respetado, morir una muerte tan cruel a manos de bárbaros. Por donde cada cristiano ha de entender que aquel estado que Dios les da es el mejor; y si no se levanta más es para más bien suyo, porque muchas veces vemos procurar los hombres ambiciosos cargos grandes (…) y es Dios servido que después de habellos alcanzado los vengan a perder con ignominia y gran castigo hecho de sus personas, como a Valdivia le acaeció cuando tomó el oro en el navío y se fue con él al Pirú (Historia 116).. Ahora bien, como en Valdivia y en Vivar, los primeros años de la conquista de Chile en la Historia de Góngora Marmolejo se caracterizan por su inestabilidad: estaba la tierra de Chile tan vidriosa… recuerda el autor. Esta imagen de la tierra, que sostiene la argumentación y petición de Valdivia en la Carta II, apunta a las primeras fisuras en la Crónica de Vivar, las que se desarrollan in extenso en la Historia de Góngora.

(9) TIEMPO DORADO EN LA TIERRA VIDRIOSA: EL RELATO DE LOS PRIMEROS AÑOS.... 33. Marmolejo, hacia 1575. Allí, la delimitación de los primeros años de la conquista como “edad dorada” permanece en la referencia a la instalación de Santiago y la alusión al trabajo comunitario de españoles a la par de indios de servicio. El juicio moral del historiador, que critica la codicia y ambición de los españoles, recupera no obstante la imagen que en Valdivia y Vivar sostienen la definición del período como “edad dorada”, lo que da cuenta de la extensión de la imagen en los discursos del siglo XVI. VALDIVIA, FIGURA ALQUÍMICA El camino trazado ha permitido subrayar la extensión de la imagen de la Edad de Oro en los textos inaugurales de la conquista de Chile, al tiempo que establecer distinciones en los énfasis que recibe en cada uno de ellos. La breve referencia de Valdivia da lugar a una elaboración más extensa y compleja en la Crónica de Vivar. Uno de los elementos más importantes de la referencia de Valdivia se mantiene, a su vez, en la Historia de Góngora Marmolejo, si bien allí predomina el juicio moral. Para concluir quisiera referirme brevemente a la incidencia de la figura de Valdivia en el carácter atribuido al primer período de la conquista, así como a la significativa relación en los textos entre carencia (“trabajos”) y “tiempo dorado”. En el discurso del mismo Valdivia y en la Crónica de Vivar, la imagen de la “edad primera” o del “tiempo dorado” se vincula estrechamente con la imagen del primer gobernador de Chile. En la Carta II, es el gobernador y capitán, padre, jumétrico, alarife, labrador, gañán, mayoral, rabadán, poblador, criador, sustentador, conquistador y descubridor, el que transforma la “tierra mal infamada” en el “mejor pedazo de tierra” (Invernizzi, “La probanza de servicios”). En la Crónica de Vivar, la imagen del “tiempo dorado” se inscribe en una narración de la conquista de Chile que es, al mismo tiempo, una biografía de Valdivia, biografía que presenta al primer gobernador como figura heroica y modélica, que reúne tanto los atributos señalados por el conquistador en la carta a Carlos V, como los valores y virtudes del vasallo y caballero cristiano, estratega y conquistador de Indias. En ese sentido, el sustrato utópico de la imagen del “tiempo dorado” se vincula aquí con lo que Beatriz Pastor llamó la figura utópica del conquistador como figura alquímica que transmuta la alteridad (Pastor 87). Si en Bernal Díaz, como advierte Pastor, la figura del conquistador sustituye el vicio de la cultura ajena por la policía del propio orden, en Vivar –como en el mismo Valdivia– es la figura utópica del primer gobernador quien sustenta la tierra y transforma el período de máxima carencia en “tiempo dorado”. Esa misma figura, ahora objeto del juicio ético del historiador Góngora Marmolejo, exhibe vicios y virtudes que signan el período de Valdivia como etapa que si.

(10) 34. SARISSA CARNEIRO. bien obtuvo logros también condujo a fracasos, en una estructura que se reitera a lo largo de la Historia5. Junto a la incidencia de la figura de Valdivia en el carácter atribuido a los primeros años de la conquista de Chile se advierte una analogía que bien podría afirmarse apunta a una particularidad del signo utópico de la imagen ideal del “tiempo dorado” en los textos revisados. Me refiero a la condición de máxima carencia, la presencia de dificultades y obstáculos que redundan en una especial relación con los compañeros de conquista y los yanaconas (“todos hermanos”, diría Vivar) así como con la tierra, trabajada con el “trabajo de nuestras manos” (Valdivia). Lucía Invernizzi ha señalado que el relieve y desarrollo del relato de penurias, dificultades y carencias cifradas, en los textos chilenos del siglo XVI, en la palabra “trabajos”, conlleva una reducción del componente heroico y la consiguiente “valoración de dimensiones más humanas que puramente marciales” (“Los trabajos de la guerra” 13). Podríamos agregar que estos aspectos dan lugar incluso a una imagen ideal, de carácter tradicionalmente utópico, como la de la Edad de Oro. Para perseverar en la tierra fue necesario, según Valdivia, comer “del trabajo de nuestras manos como en la primera edad”, cavar, arar y sembrar todos, “siempre armados”. En ese “tiempo dorado”, “tiempo bueno, sano sin malicia y libre de avaricia”, según Vivar, eran “todos compañeros”, “todos contentos con lo que les sucedía” aunque vestidos con pieles de animales y alimentados, con suerte, de unas cebolletas que daba la tierra. Todos juntos, “los más caballeros y gente principal eran los primeros”, haciendo con toda diligencia lo que para su remedio “convenía”, recordará Góngora Marmolejo. La imagen concentra esa pérdida del discurrir incesante de la vida que convierte cualquier paisaje en desierto, como describe Beatriz Pastor a partir de Cioran (11), pero en ella reverbera la posibilidad de huir del estruendo de la. Al respecto ha señalado Invernizzi: “Cada una de estas seis unidades narrativas [de la Historia] se estructura de acuerdo con un esquema mantenido que dispone el relato, organizándolo en secuencias centradas en la figura de cada gobernador el que se representa en diversos planos: el de su acción guerrera en el que se muestra la figura como capitán de las tropas españolas en su lucha con los araucanos, en sus aciertos y desaciertos en la conducción de la guerra, en el éxito y fracasos obtenidos en ello; el de su acción colonizadora, atraída en las referencias a fundaciones de ciudades, puertos, fuertes y refundaciones de ellos por destrucción y pérdida provocadas por araucanos; en el de su acción política de gobernante y administrador del reino, plano éste en el que la figura se representa enfrentada a los conflictos del poder, a las dificultades en la conducción del reino y a los diversos modos de relación que establece con los gobernados, todo ello valorado en términos de aciertos y errores, logros y fracasos, buen y mal gobierno; en su condición de cristiana, ante las alternativas de vicio y virtud, del bien y del mal, tanto en la vida pública como en la privada” (“Estructura de la Historia” 44-45). 5.

(11) TIEMPO DORADO EN LA TIERRA VIDRIOSA: EL RELATO DE LOS PRIMEROS AÑOS.... 35. guerra, de la sed del oro en la tierra vidriosa de Chile y recuperar lo perdido también en América. BIBLIOGRAFÍA CITADA Ainsa, Fernando. De la Edad de Oro a El Dorado. Génesis del discurso utópico americano. 1992. México: Fondo de Cultura Económica, 1998. Bernand, Carmen y Serge Gruzinski. Historia del Nuevo Mundo. Tomo II. Los mestizajes, 1550-1640. México: Fondo de Cultura Económica, 1999. Buarque de Holanda, Sérgio. Visão do Paraíso. São Paulo: Brasiliana, 1969. Covarrubias, Sebastián de. Tesoro de la lengua castellana o española. Ignacio Arellano y Rafael Zafra, eds. Madrid: Iberoamericana, 2006. Cro, Stelio. Realidad y utopía en el descubrimiento y conquista de América. Troy, Michigan: FUE, 1983. Dante Alighieri. Divina Comedia. Madrid: Cátedra, 2005. Ferreccio Podestá, Mario. “El epistolario cronístico valdiviano y el scriptorium de conquista”. En Cartas de Don Pedro de Valdivia que tratan del descubrimiento y conquista de la Nueva Extremadura. Ed. facsimilar al cuidado de Rojas Mix. Notas y transcripción por Mario Ferreccio. Barcelona: Lumen, 1991. 33-53. Gil, Juan. Mitos y utopías del Descubrimiento. Madrid: Alianza, 1989. Goic, Cedomil. Letras del Reino de Chile. Madrid: Iberoamericana Editorial Vervuert, 2006. Góngora Marmolejo, Alonso de. Historia de todas las cosas que han acaecido en el Reino de Chile y de los que lo han gobernado (1536-1575). Santiago: Ediciones de la Universidad de Chile, 1990. Invernizzi, Lucía. “La representación de la tierra de Chile en cinco textos de los siglos XVI y XVII”. Revista Chilena de Literatura 23 (1984): 5-37. ————— “Los trabajos de la guerra y los trabajos del hambre: dos ejes del discurso narrativo de la conquista de Chile (Valdivia, Vivar, Góngora Marmolejo)”. Revista Chilena de Literatura 36 (1990): 7-15. ————— “Estructura de la historia de Góngora Marmolejo”. Historia de todas las cosas que han acaecido en el Reino de Chile y de los que lo han gobernado (1536-1575). Alonso de Góngora Marmolejo. Santiago: Ediciones de la Universidad de Chile, 1990. 21-67. ————— “Utopía en el origen de América”. Estudios Públicos 35 (1989): 28-37. ————— “La probanza de servicios y méritos en las Cartas de Pedro de Valdivia o el valor de los trabajos de la guerra y los trabajos del hambre”. En Cartas de Don Pedro de Valdivia que tratan del descubrimiento y conquista de la Nueva Extremadura..

(12) 36. SARISSA CARNEIRO. Ed. facsimilar al cuidado de Rojas Mix. Notas y transcripción por Mario Ferreccio. Barcelona: Lumen, 1991. 249-263. Pastor, Beatriz. El jardín y el peregrino. El pensamiento utópico en América Latina. México: UNAM, 1999. Valdivia, Pedro de. Cartas de relación de la conquista de Chile. Mario Ferreccio, ed. Santiago: Universitaria, 1970. Vivar, Jerónimo de. Crónica de los reinos de Chile. Ángel Barral Gómez, ed. Madrid: Historia 16, 1988.. RESUMEN / ABSTRACT En contraste con la imagen predominante de una Conquista marcada por la guerra y la inestabilidad, algunos textos del siglo XVI actualizan el motivo clásico de la Edad de Oro para describir los primeros años de la presencia española en Chile. Este ensayo se aproxima a esta imagen en la Carta II (1545) de Pedro de Valdivia, la Crónica de los Reinos de Chile (1558) de Jerónimo de Vivar y la Historia de todas las cosas que han acaecido en Chile y de los que lo han gobernado (1536-1575) de Alonso de Góngora Marmolejo. PALABRAS CLAVE: Pedro de Valdivia (1497-1553), Carta II (1545), Jerónimo de Vivar (1524-?), Crónica de los Reinos de Chile (1558), Alonso de Góngora Marmolejo (1524-1576), Historia de todas las cosas que han acaecido en Chile y de los que lo han gobernado (1536-1575) (1575), conquista de Chile, Edad de Oro. THE GOLDEN AGE IN A FRAGILE LAND: THE NARRATIVE OF THE EARLY YEARS OF THE CONQUEST OF CHILE In contrast to the predominant image of a military conquest marked by war and instability, some 16th century texts use the classic motif of the Golden Age in order to describe the early years of the Spanish presence in Chile. This paper studies the use of this image in Letter II (1545) by Pedro de Valdivia, the Crónica de los Reinos de Chile [Chronicle of the Kingdoms of Chile], 1558, by Jerónimo de Vivar, and the Historia de todas las cosas que han acaecido en Chile y de los que lo han gobernado, 1536-1575 [History of All Things that Have Happened in Chile of Those Who Have Governed It], by Alonso de Góngora Marmolejo. KEY WORDS: Pedro de Valdivia (1497-1553), Letter II (1545), Jerónimo de Vivar (1524-?), Crónica de los Reinos de Chile [Chronicle of the Kingdoms of Chile] (1558), Alonso de Góngora y Marmolejo (15241576), Historia de todas las cosas que han acaecido en Chile y de los que lo han gobernado, 1536-1575 [History of All Things that Have Happened in Chile of Those Who Have Governed It] (1575), Conquist of Chile, Golden Age.. Recibido el 14 de junio de 2008. Aprobado el 30 de julio de 2008.

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Referencias

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