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LOS 9 ESLABONES PERDIDOS DEL TAEKWON-DO. O cómo hacer que el Taekwon-Do vuelva a ser un método muy efectivo de defensa personal. Marcos P.

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LOS 9 ESLABONES

PERDIDOS

DEL TAEKWON-DO

O cómo hacer que el Taekwon-Do vuelva a ser un método muy efectivo de defensa personal

Marcos P. Castro

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Castro, Marcos Pablo

Los 9 eslabones perdidos del Taekwon-Do : o cómo hacer que el Taekwon-Do vuelva a ser un método muy efectivo de defensa personal / Marcos Pablo Castro. - 1a ed . - La Plata : Marcos Pablo Castro, 2016.

96 p. ; 21 x 15 cm.

ISBN 978-987-42-0502-5

1. Artes Marciales. 2. Defensa Personal. I. Título.

CDD 796.8071

© 2016, Marcos P. Castro

Diseño de tapa: Emanuel Di Santi Todos los derechos reservados.

Impreso en PYMEDIA S.A., Av. Pres. Tte. Gral. Juan Domingo Perón 2301, 1644 Victoria, Buenos Aires, República Argentina, en el mes de abril de 2016.

Hecho el depósito que prevé la ley 11.723 Impreso en Argentina

No se permite la reproducción parcial o total, el

almacenamiento de este libro, en cualquier forma o por

cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante

fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso

previo y por escrito del autor/editor. Su infracción está

penada por las leyes 11.723 y 24.446 de la República

Argentina.

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Prólogo

Es la madrugada. Estoy durmiendo en mi casa junto a mi esposa. Mi hija está en la habitación de al lado.

De pronto me despierto sobresaltado con un grito. Hay dos hombres encapuchados parados al costado de la cama, apuntándonos con armas de fuego.

Mi esposa se despierta y grita del susto. Uno de los hombres me ordena que la haga callar o si no le va a disparar.

Escucho el llanto de mi hija de 2 años, y sospecho que otro criminal puede estar junto a ella.

Hace casi 30 años que practico artes marciales, y como la mayoría de la gente, comencé a practicarlas para aprender defensa personal. Pero cuando me imagino un escenario como este (que suele ocurrir a diario en todo el mundo), es cuando me doy cuenta que mi entrenamiento marcial, que debía prepararme para defenderme de cualquier tipo de situación violenta, me ha dejado unas cuantas respuestas sin responder.

Por esa razón, tomé la decisión allá por el año 2000, de abandonar la práctica de artes marciales tradicionales e investigar otros métodos de defensa personal, estudiar profundamente sobre el tema, leer muchos libros, tomar infinidad de cursos, relacionarme con expertos en todo el mundo. Y en ese recorrido cree una Organización

1

, referente en investigar la violencia actual para dictar cursos a cualquier ciudadano honesto sobre cómo protegerse de un modo práctico, realista y efectivo.

De este modo, fui poco a poco encontrando esos

“eslabones perdidos” que faltaban en mi formación marcial de defensa personal.

1

Organización SPAD ® (Sistema Progresivo de Auto-Defensa). Más

información en www.spad.com.ar

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Aunque no suene creíble, hoy puedo enseñarle a una persona en unas pocas horas a defenderse con efectividad de las situaciones más comunes de violencia real. En efecto, en estos años he tenido el privilegio de capacitar a miles de personas de toda edad y condición física, así como formar a decenas de instructores que siguen ayudando a ciudadanos honestos que quieran ser capaces de protegerse, y muchísimos de esos alumnos han podido protegerse con éxito aplicando lo que aprendieron en unas pocas horas.

De todos modos, siempre me apasionaron las artes marciales y nunca las dejé completamente de lado.

Siempre sentí esa atracción especial, como le pasa a millones de personas en todo el mundo. Y si bien es inobjetable que las artes marciales nacieron como un método de defensa personal y combate militar, por una u otra razón hoy es discutible la efectividad de muchas de ellas, y a todas les faltan algunos “eslabones” al momento de preparar al practicante para afrontar las situaciones actuales de violencia e inseguridad.

No estoy hablando de efectividad para ganar un

“mano a mano”. Hoy están muy de moda las artes marciales mixtas y los torneos de Vale Todo (donde en verdad no vale todo), que supuestamente han demostrado qué arte marcial es más efectivo que otro. Pero por más extremo que sea ese deporte, por más rudos que sean esos peleadores, eso tiene poco que ver con afrontar una situación real de violencia, contra más de un criminal, con delincuentes armados, en condiciones poco favorables, sin árbitro, sin reglas (en serio), con tu familia directamente involucrada en la situación, sin preparación previa, sin estudio previo del rival.

Cualquier arte marcial devenido en deporte, ha

tenido justamente que deshacerse de lo más letal, para que

el combate de competición no se convierta en una

carnicería y termine con gente muerta.

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Y si bien tengo admiración en muchos aspectos por un peleador profesional de cualquier deporte de combate, soy consciente de que eso está lejos de lo que necesito para sobrevivir a muchas de las situaciones actuales de violencia que me pueden tocar vivir. Una situación real de violencia rara vez es un “mano a mano”, y en la mayoría de los casos, en casi todos los países del mundo, ni siquiera lo que se conoce como “mano a mano” es considerado una situación legítima de autodefensa a nivel legal, y podes ir preso en caso que termines lesionando o quitándole la vida a tu oponente.

Pero, ¿para qué sirve entonces entrenar un arte marcial durante años con el propósito de aprender a defenderse, si es posible aprender en unas pocas horas, como lo he podido comprobar más de una vez?

La diferencia es muy similar a aprender primeros auxilios o convertirte en médico. Para el primero de los casos, en sólo unas horas aprenderás qué hacer ante buena parte de las situaciones que pueden ocurrirle a una persona en una emergencia de salud… hasta que llegue un médico o puedas acercarte a un hospital. ¡Pero hacer un curso de primeros auxilios no te convierte en médico!

El médico ha decidido dedicar buena parte de su vida a volverse un experto en medicina, para ser capaz de no sólo sobrevivir a algunas urgencias, sino también, tratar más a fondo el problema, tener más recursos, poder abordar casos complejos. Y eso también le da otra tranquilidad para afrontar cualquier tipo de situación en donde la salud de alguna persona esté en juego.

En pocas horas puedo enseñarte a sobrevivir a la

mayoría de situaciones de violencia que pueden ocurrirle a

una persona con un estilo de vida “promedio”, pero nunca

se va a comparar con la capacidad de una persona que ha

decidido dedicar buena parte de su vida a forjar su cuerpo,

su mente, su espíritu, y perfeccionar al máximo posible sus

habilidades para defenderse. Esto último lleva años de

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dedicación y esfuerzo, y muy poca gente está dispuesta a transitar ese camino.

Hoy sigo enseñando tanto cursos cortos de defensa personal, como un arte marcial tradicional como es el Taekwon-Do (estilo I.T.F.), porque apuntan a dos públicos distintos. Pero lo que no puedo permitirme es enseñar un arte marcial que se ha creado para propósitos de defensa personal (por más que su práctica redunde en muchos otros beneficios o incluya otras facetas), sin estar 100%

convencido de que le va a servir realmente a mi alumno para protegerse, si lamentablemente un día se ve involucrado en una situación extrema de violencia.

Luego de haber logrado sistematizar un programa de enseñanza completo y sólido en defensa personal, hace ya algunos años volví mi mirada a las artes marciales tradicionales, con el objetivo de investigar si realmente tal o cuál arte marcial es o no poco efectivo, o si está mal enseñado o mal aprovechado.

Me niego a creer que simplemente un arte marcial creado originalmente para propósitos de defensa personal y combate militar (marcial es sinónimo de militar), haya subsistido por décadas y décadas (y en algunos casos siglos y siglos), siendo muy poco efectivo en la vida real, y sospecho que en muchos casos hubo malinterpretaciones de ejercicios, de modalidades de entrenarlo, de explicaciones técnicas, porque es sabido que por cuestiones culturales, problemas de idioma o lo que sea, muchos maestros de antaño no eran personas que se dedicaban a explicar detalladamente y con paciencia, sino que se aprendía mayormente copiando al maestro y a los compañeros, imitando (y limpiando baños, barriendo el tatami, etc.).

Pero la imitación sin la fundamentación, la

imposibilidad de preguntar y repreguntar (por vergüenza o

por miedo al castigo), estoy seguro que dio lugar a infinidad

de malas interpretaciones en muchos aspectos. Y si el

maestro del maestro de mi maestro se lo enseño así,

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entonces yo lo aprendí así sin discutirlo… y hoy llegamos a una instancia donde veo una y otra vez a practicantes avanzados de artes marciales, que no serían capaces de sobrevivir a situaciones medianamente complejas de violencia real. Algo definitivamente está mal, muy mal.

Por eso cuando realmente me puse a investigar en profundidad algunas de las artes marciales que tenía más a mano (me encantaría tener el tiempo para practicar muchas más, pero no me alcanza la vida para perfeccionar más de una o dos), lentamente comprendí que tienen mucho, pero realmente mucho para aportar en el campo de la defensa personal realista y efectiva, haciendo algunas modificaciones (o reinterpretaciones) no tanto en las técnicas, que son sólo herramientas, sino en la metodología de entrenamiento.

He comprobado más de una vez, que si el diseño de los ejercicios de práctica es excelente, y si el entendimiento profundo de los mismos también lo es, tarde o temprano practiques el método que practiques, vas a llegar a buenas conclusiones, porque naturalmente vas a descartar lo que no te ayuda y a hacer las modificaciones necesarias para que lo que sabes te sirva realmente.

Lógicamente hay otros “eslabones perdidos” que hay que completar, mayormente lo que no se puede resolver con conocimientos de defensa física. Cosas que ningún arte marcial enseña directamente (algunas aportan cosas indirectamente), pero que son igual de necesarias e importantes que saber defenderse físicamente.

Y ese es el objetivo de este libro. Ayudarte a completar esos “eslabones perdidos”, y explicarte qué cambios metodológicos (y no necesariamente técnicos) deberías hacer, para que el arte marcial que practicas te sirva realmente para sobrevivir a una difícil situación real de violencia.

Si bien, los ejemplos y análisis en este libro se

refieren mayormente al Taekwon-Do estilo I.T.F., dado que

es el arte marcial que más conozco y que actualmente sigo

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practicando y enseñando, son en su mayoría aplicables a casi cualquier otro arte marcial.

Por lo tanto, espero que estos conocimientos te sirvan tanto como me han servido a mí, y sentite libre de contactarme para ayudarte a convertirte en un artista marcial mucho más completo.

Abril 2016

Referencias

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