COMPRENSIÓN PSICOSOCIAL DEL INTENTO DE SUICIDIO EN TRES APRENDICES DEL CENTRO DE FORMACIÓN EN DISEÑO,
CONFECCIÓN Y MODA, SENA
SERGIO ANDRÉS CASTAÑO PULGARÍN Estudiante Coinvestigador
UNIVERSIDAD DE SAN BUENAVENTURA FACULTAD DE PSICOLOGÍA
LÍNEA DE ESTUDIOS CLÍNICOS
GRUPO DE ESTUDIOS CLÍNICOS Y SOCIALES MEDELLÍN
2009
COMPRENSIÓN PSICOSOCIAL DEL INTENTO DE SUICIDIO EN TRES APRENDICES DEL CENTRO DE FORMACIÓN EN DISEÑO,
CONFECCIÓN Y MODA, SENA
Mg. MÓNICA SHCNITTER Investigador Principal
Mg. NICOLASA MARÍA DURÁN PALACIO Asesor Coinvestigador
SERGIO ANDRÉS CASTAÑO PULGARÍN Estudiante Coinvestigador
UNIVERSIDAD DE SAN BUENAVENTURA FACULTAD DE PSICOLOGÍA
LÍNEA DE ESTUDIOS CLÍNICOS
GRUPO DE ESTUDIOS CLÍNICOS Y SOCIALES MEDELLÍN
2009
CONTENIDO
pág.
INTRODUCCIÓN……….. 4 OBJETIVOS……… 6 OBJETIVO GENERAL………..
OBJETIVOS ESPECÍFICOS………
6 6 METODOLOGÍA……… 7
CAPÍTULO PRIMERO
ENSAYOS SUICIDAS: ENTRE MOTIVOS E INTENCIONES……….. 11 DE TRISTEZAS Y SOLEDADES……… 13 IMPULSIVIDAD: HACIA EL CAOS O LA VIDA 18
CAPÍTULO SEGUNDO
MODOS DE SER Y EXPERIENCIAS RELACIONALES……… 24
LAS VOCES DEL CUERPO 29
LA EXPERIENCIA SUBJETIVA DE VACÍO ………. 39
CAPÍTULO TERCERO
EN LA TRAMA DE LA VIDA FAMILIAR: LA VIDA MALTRATADA Y
ABUSADA ………. 43 LA DESERCIÓN EMOCIONAL DE LAS FIGURAS SIGNIFICATIVAS 48 A MANERA DE CONCLUSIÓN……….. 51 REFERENCIAS………. 55 ANEXOS………. 58
INTRODUCCIÓN
La indagación sobre el suicidio en general, ha desarrollado teorizaciones importantes sobre algunos temas en particular. La hospitalización de los pacientes suicidas, la psicopatología presente en el intento suicida, la relación entre diferentes factores psicológicos que determinan el intento de suicidio, los efectos sociales y culturales del suicidio, entre otros, han sido tópicos investigativos que han aportado conceptualizaciones relevantes al campo de las disciplinas del comportamiento. Con todo esto, aún no existen líneas de pensamiento sobre el intento de suicidio que incluyan razonamientos clínicos de intervención en los que se integre, en sus modelos de aplicación y en su rango metodológico, la dimensión de lo psicosocial.
Integrar la dimensión de lo psicosocial, se hace profundamente necesario, en la medida en que el aumento acelerado de las estadísticas del intento de suicidio y los suicidios consumados en el Departamento de Antioquia reflejan la insuficiencia de las estrategias de intervención ya establecidas, reproducidas en todos los niveles de salud, que no han sido aptas para transformar la realidad de las personas involucradas en el tema del suicidio, por tratarse de tratamiento aislados que no tienen en cuenta los múltiples aspectos psicológicos, familiares, sociales y culturales.
Es por esta razón que la Línea de Estudios Clínicos de la Universidad de San Buenaventura, comprometida con la comprensión y transformación de esta realidad, se ha hecho un llamado a construir conocimientos sobre el suicidio en general, partiendo de la perspectiva de los actores que viven el fenómeno. Esto, con el fin de generar una red de comprensiones que se manifiesten en el tratamiento eficaz de las personas involucradas en dicha situación.
Del mismo modo, el propósito central de este trabajo investigativo, inserto en la Línea de Estudios Clínicos, es comprender desde una mirada clínica y social, el intento
de suicidio en tres personas, aprendices del SENA, teniendo como meta, la articulación de reflexiones conducentes a un nuevo razonamiento sobre el intento de suicidio que articule en su modelo de intervención la dimensión de lo psicosocial.
Se pretende, de este modo, facilitar una reflexión que aporte a la conceptualización de intervenciones movilizadoras de procesos psicosociales de los sujetos involucrados en esta trama de la vida y la muerte.
El marco teórico de este informe investigativo, está conformado por tres capítulos fundamentales en los que se presenta una reflexión hermenéutica, con base en los datos hallados durante el proceso de recolección de la información. Dichos capítulos recibieron como título, unidades temáticas que emergían de las entrevistas de los informantes como categorías axiales: el capítulo uno, denominado Ensayos suicidas: entre motivos e intenciones, le da lugar a un tema específico sobre las tristezas y las soledades, así como un espacio dialéctico a la impulsividad presente en el intento suicida. El segundo capítulo relata cómo los modos de ser y las experiencias relacionales, influyen en la decisión de poner fin a la vida y generan en el sujeto ciertas predisposiciones del carácter para desear la muerte y terminar con una existencia vacía y sin sentido. Finalmente, el tercer capítulo hace referencia a la compleja trama familiar que subyace a un deseo real o fantaseado de morir, en donde se encontrarán menciones a la vida maltratada y abusada, así como el tema de la deserción emocional de las figuras significativas.
OBJETIVOS
OBJETIVO GENERAL
Comprender el fenómeno del proceso suicida en tres jóvenes Aprendices a partir de los múltiples factores psicosociales asociados.
OBJETIVOS ESPECÍFICOS
Conceptualizar el fenómeno del intento de suicidio en relación con los factores psicosociales asociados.
Aprehender la esencia general del intento de suicidio desde un razonamiento clínico social, con el fin de generar estrategias de intervención, ligadas a la comprensión del fenómeno en 3 casos específicos.
Descubrir el significado tácito o explícito de la experiencia vivida en el intento de suicidio de 3 estudiantes
Describir los eventos vitales adversos que han generado mayor sufrimiento en estos 3 jóvenes y han influido en el inicio de un proceso suicida.
Interpretar las representaciones sobre sufrimiento que motivan a los jóvenes a pensar en la muerte como una opción de solución ante los diferentes conflictos psicosociales con los que se enfrentan
.
METODOLOGÍA
Éste, fue un estudio de tipo cualitativo y estuvo enmarcado en el paradigma constructivista. El enfoque utilizado para observar la realidad estudiada fue el clínico social. El método fenomenológico posibilitó la descripción de los hechos, a través de la estrategia de estudio de caso, que se sirvió de la entrevista en profundidad como instrumento. En cuanto al análisis de los datos, se siguió la técnica de la teoría fundada.
La reflexión de la experiencia vivida de los informantes de esta investigación, se llevó a cabo tras una rigurosa revisión del material grabado, a través de la transcripción de las entrevistas. En la medida que se escuchaban y releían los diálogos en el marco de una consulta clínica, emergían aspectos y realidades nuevas a la luz de las conceptualizaciones que orientaron esta investigación.
Inicialmente, los datos emergieron al identificarse datos que se repetían a lo largo del discurso de los entrevistados. En este procedimiento preliminar de codificación, la inclinación natural del investigador a clasificar elementos de acuerdo con la información previa, generó algunas dificultades para examinar la información de acuerdo con la experiencia de los informantes. Debido a esto, se hizo necesario un esfuerzo mayor para soportar la ambigüedad que el texto presentaba y facilitar así, una visión renovada del material recogido, con el fin de seguir la línea de la propedéutica fenomenológica.
El posterior proceso de categorización, inició con la rotulación de la información recogida. Esta etapa, implicó designar algunas propiedades o atributos a ciertas palabras clave que cobraban significado en la relación que existía entre el tema de la investigación y la experiencia de los informantes. En otras palabras, se integraba la
parte con el todo, pues al describir códigos significativos y al diseñar pautas de orientación conceptual, la información recogida, iba cobrando un sentido holista hacia una nueva teoría sobre la vivencia particular de tres personas con respecto a un hecho relevante como el intento de suicidio. Así pues, los datos se fueron conectando entre sí, y sus relaciones fueron generando hipótesis explicativas que finalmente aportaron a esclarecer las manifestaciones de la vida de las personas implicadas en el fenómeno del intento de suicidio.
Las expresiones de la vida de las personas deben ser entendidas, según Dilthey, citado en Martínez (2007) con base en algunas condiciones fundamentales que se integran a los postulados que enmarcaron esta investigación de tipo fenomenológico hermenéutico. La primera condición hace referencia a que “es necesario familiarizarse con los procesos mentales mediante los cuales se vive y se expresa el significado.” La comprensión del significado de las palabras y de los procesos psíquicos y afectivos de los informantes fueron entendidos en la medida en que los datos se vieron enriquecidos por la relación terapéutica dada en un momento determinado. La biografía, el contexto y el acercamiento clínico posibilitaron en mayor medida la depuración de los datos de las experiencias de los informantes.
Por otro lado, Dilthey, citado en Martínez (2007) propone un conocimiento concreto del contexto particular donde tiene lugar una expresión. Este postulado encuentra su materialización en el hecho de que las verbalizaciones y las acciones de los pacientes, informantes de esta investigación, fueron asociadas a las situaciones y características específicas de cada sujeto. Entendiendo de este modo, que los postulados teóricos de los que parte este trabajo, dan cuenta de un paradigma relacional, en el que una acción cobra sentido, en tanto está dirigida por elementos subjetivos pero también por elementos interpersonales.
No obstante el cumplimiento de estas condiciones, la categorización y la conceptualización de las vivencias no agotan los significados presentes en la gran
riqueza de la vivencia. “Los conceptos condensan el contenido de la vivencia, por esto, siempre lo reducen, lo abrevian, lo limitan” (Martínez, 2007)
El proceso de categorización constó de varias etapas. Una vez se recolectaron los datos, a través de la grabación y la posterior transcripción, se dividieron los contenidos en unidades temáticas que expresaran una idea central. Luego, se clasificaron los datos mediante una expresión que condensara la idea central de cada unidad temática. A esto se le conoce como categorización descriptiva. Las categorías se fueron descubriendo en la lectura de las transcripciones y en general, fueron palabras que sintetizaban e integraban la información emergente.
De este modo, se generaron varias categorías comprehensivas, denominadas categorías axiales: Ensayos Suicidas, que tuvo como subcategorías los siguientes conceptos centrales: De Tristezas y Soledades e Impulsividad: hacia el caos o la vida.
Modos de Ser y Experiencias relacionales como categoría axial que contenía dos conceptos: La Experiencia Subjetiva de Vacío y Las Voces del Cuerpo. Finalmente, En la Trama de la Vida Familiar, que a su vez contenía: La Deserción emocional de Figuras Significativas y Vida Maltratada y abusada. Estas clasificaciones surgieron de la asociación de códigos similares en su contenido y su naturaleza.
Tras esta clasificación axial, empezaron a emerger las estructuras que dieron paso a la interpretación fundamentada sólidamente en la información protocolar y en los referentes estructurantes de pensamiento, fundantes y constituyentes, que sirvieron de trasfondo para darle sentido a la información.
Una vez se establecieron y organizaron las categorías como elementos descriptivos, se alcanzó un nivel en la estructuración de la información denominado descripción endógena (desde adentro), en donde el análisis partió, básicamente, de la propia información y de los propios datos hacia la interpretación con las teorías subyacentes que guiaban la reflexión.
El marco teórico de este trabajo fue descubriéndose en un movimiento del todo a las partes y de las partes al todo, aumentando en espiral el nivel de profundidad y comprensión. La descripción endógena, dio paso a la conceptualización, en tanto, el nivel de reflexión incrementó en la medida que había un enfrentamiento con la realidad expresada en los informantes, relacionando las categorías entre sí, sus atributos o propiedades y descubriendo nuevas redes de categorizaciones que se tradujeron en el producto particular que se presenta a continuación.
Como ya se nombró en un apartado anterior, de este proceso de análisis de los datos surgieron las siguientes categorías: Ensayos suicidas: entre motivos e intenciones. Modos de ser y experiencias relacionales y, En la trama de la vida familiar.
Estos constituyen el cuerpo principal de todo el informe de investigación.
CAPÍTULO PRIMERO
ENSAYOS SUICIDAS: ENTRE MOTIVOS E INTENCIONES
Para lograr una comprensión holista del fenómeno suicida y describir la experiencia vivida de los sujetos con respecto a algunos factores psicosociales que convergen en el intento de suicidio, es necesario desentrañar la peculiaridad de la trama compleja que subyace a este acontecimiento existencial con base en un estudio integral que concilie la especificidad y la sensibilidad de la clínica psicológica con el rigor de la investigación fenomenológica.
Con el fin de aportar a esta comprensión, este primer apartado expone la reflexión sobre algunos de los factores que influyeron en gran medida en los intentos suicidas.
Uno de los factores que se quiere exponer para introducir la reflexión, hace referencia a los motivos y las intenciones involucradas en el intento de suicidio. En este apartado se describirá la forma en que la soledad y la tristeza confluyen en el intento de suicidio, y al mismo tiempo revelan deseos de hacerse daño, conscientes o inconscientes, a través de la manipulación de la muerte, percibida desde el imaginario del suicida, no como un fin, si no como un medio para obtener algo a cambio de las personas más significativas. El concepto de manipulación de la muerte a través del daño propio, implica que la definición del término suicidio no se limite únicamente al acto de acabar con la propia vida, si no que se amplía a todas aquellas acciones que tienen como fin perjudicarse violentamente de manera voluntaria, aunque no siempre se busque la muerte.
La impulsividad es otro de los factores al que se hará referencia en este primer capítulo denominado “Ensayos suicidas: entre motivos e intenciones” La impulsividad desde esta perspectiva, es definida como toda acción a la que se procede sin reflexión
ni cautela, donde un sujeto se deja llevar por la impresión del momento, buscando movilizar de manera desesperada un comportamiento determinado en un otro significativo. Es además un aspecto psíquico que, en el caso de los informantes de esta investigación, generó un salto repentino a un abismo entre el caos y la vida que los llevó a cometer, sin reflexión alguna, un acto auto lesivo en detrimento de su propia integridad.
DE TRISTEZAS Y SOLEDADES
El amor constituye una experiencia humana ligada inevitablemente a la experiencia de la soledad. En el devenir de la existencia de algunos sujetos, los obstáculos cotidianos parecen insalvables. La tristeza y la soledad, constituyen algo tan íntimo para estas personas, que alguna vez, en el transcurso de sus vidas, como en el caso de los participantes de esta investigación, piensan que nada pueden hacer para superar sus situaciones adversas.
La soledad a la que nos referimos, es la soledad oscura del abandono que deviene de la ruptura de los lazos amorosos con los objetos internalizados más significativos, dejando la propia existencia a merced de la insoportable incertidumbre que supone la experiencia de ser abandonado:
A1:“Por qué estoy aquí…, por que no sé qué hacer con mi vida…”
En el fluir de la existencia, las personas se tropiezan con experiencias que cobran un significado doloroso para su vida de acuerdo con las circunstancias y el momento evolutivo que atraviesan. Pierden el sentido cuando no encuentran el fin propio de su existencia. Algunas experiencias se levantan ante la vivencia de las personas, impidiéndoles seguir adelante con los recursos psicosociales que tienen a su alcance, creándoles situaciones límite que ponen su vida en peligro y originan el deseo de morir: “la visión del sujeto sobre su realidad, realidad real o fantaseada, puede llegar a ser oscura. En ella todo es tenebroso y aparece entonces como una espiga de luz, la muerte. La muerte propia nos trae paradójicamente una luminosidad” (Rojas, 1992).
Una de las motivaciones de los pacientes con potencial suicida puede ser la oscuridad que perciben, no sólo en las circunstancias que los rodean, si no también al interior de sí mismos:
A1: “Él trataba de cogerme a las malas y de estar conmigo y todo eso, hasta los trece años, y yo no le decía nada a mi mamá por que como ella lo quería tanto, pues para qué la iba a poner a sufrir. Entonces sí, desde ahí se convirtió mi vida como que en un laberinto sin salida, entonces todo eso…como que me hace pensar bobadas y no sé…, me hace como que ya no quiero estar más en esta tierra…”
La soledad y la tristeza subyacentes en la persona con impulsos suicidas, son el resultado de experiencias vinculares negativas a lo largo del desarrollo evolutivo. La exposición temprana y crónica a la violencia y al abuso físico, psicológico y sexual, es una experiencia constante en aquellos que padecen de tristeza en su vida cotidiana.
Sobre la dinámica familiar y sus consecuencias en la conducta parasuicida, se va a describir más detalladamente en el capítulo 3:
A2: “Ellos, en una de las peleas dijeron que a mi me iban a abortar, que ellos a mí no me querían tener, entonces cuando yo oí, yo me paré y fui y les dije: oíste, si no me querían tener, entonces para qué me trajeron, para verlos así, valiente gracia, no me hubieran tenido, para qué no me abortaron”.
De la percepción de tristeza y soledad surge la posibilidad de disponer de la propia vida, pues estas sensaciones aparecen en un momento determinado del desarrollo evolutivo, en donde fallan un conjunto de elementos vitales de las personas:
la perspectiva del futuro, la esperanza, el impulso vital y los afectos positivos hacia sí mismos y hacia los demás. Al mismo tiempo, se incrementan algunas sensaciones de vacío, de falta de identidad y de ausencia de apoyos familiares, así como la sensación crónica de carencia de amor de los objetos más significativos y el temor al abandono.
La falta de estos sentimientos básicos y la sensación de soledad son factores de riesgo para la aparición de la depresión, que desde ciertas perspectivas es la responsable, en la mayoría de las ocasiones, de la conducta suicida. Esta entidad nosológica, depresión, es considerada por el modelo médico como un conjunto de síntomas, resumidos en conceptos como: anhedonia, insomnio, hipersomnia, visión de túnel, llanto, tristeza crónica, entre otros. Sin embargo, en la experiencia vivida de las personas entrevistadas, la tristeza y la soledad, constituye algo tan íntimo y tan
profundo que llegaron a refugiarse en esta dimensión afectiva porque, de cualquier modo, buscaron adaptarse a unas situaciones vitales adversas que padecían en un momento determinado con los recursos de los cuales disponían.
A2: “Mis problemas…, o sea, mis depresiones empezaron cuando me separé, o antes de separarme, tres meses antes...”
“La depresión desde el modelo psicoanalítico, está asociada con la pérdida real o imaginaria del ser o del objeto amado, dando como respuesta comportamientos de rabia, autoagresión y culpa.” Este abandono es en cierta medida, el responsable de la soledad y la tristeza. Sin embargo, los recursos psíquicos de los que disponga el sujeto le permitirán afrontar de manera adaptativa este abandono. Si hay ausencia de estos recursos psíquicos, entonces muy probablemente surgirán comportamientos autolesivos.
En el abandono, la agresión se dirige hacia el sí mismo, en lugar de dirigirse al objeto de odio, en tanto el otro es sentido aún como un aspecto del sí mismo no diferenciado en su totalidad. El odio, se torna en un acto de auto-agresión intencional, en el que la persona, incapaz de dominar una situación percibida como insoportable y convencida de que no existe otra salida, planea y ejecuta una autolesión fatal. “En este acto, que muchas veces no se logra, la vida y la muerte se encuentran, se complementan y contradicen, por cuanto su camino es la ambigüedad: el acto se reviste de amor, de coraje y de cobardía, de temor y de audacia” (Dubugras y Guevara, 2007). Se reviste de coraje por cuanto es un acto de muerte contra el sí mismo que requiere de la audacia y la fuerza necesaria para poner fin a la existencia. Al mismo tiempo, el amor que no se tiene pero que se anhela, se manifiesta en el acto suicida, pues la vida ha quedado relegada ante una tristeza profunda e intolerable para el sujeto, en donde esos dos impulsos de vida y de muerte que Freud describiera en sus conceptualizaciones, se encuentran en una lucha de poderes, buscando la vida y enmascarando de muerte la necesidad de relación, que por causas propias o ajenas ha fracasado, pero que se busca restablecer de un modo desesperado y violento. Desde
la óptica de estas personas, el fenómeno parasuicida es un llamado de emergencia, expresado en un grito de auxilio frente a la disolución o transformación real o imaginada, transitoria o definitiva de las relaciones con otros altamente significativos:
A2: “Lo conocí a él, empezamos a salir como amigos, yo tenía mis amigos pues, y después de un año de conocidos, entablamos así pues como una relación como tan de repente, a los 4 meses nos casamos y duramos cinco años perfectos…conoció una muchacha, se acostó con ella, entonces me dejó…
(Llanto)…y ya…yo no confío en nadie. A mí con mi esposo no me hacía falta nadie, yo me casé y a mi no me hacía falta nadie…”
El desarrollo psíquico, emocional y físico del ser humano ocurre a partir de las relaciones con los otros, presentes o ausentes. La compañía es necesaria para la construcción de lo humano; las experiencias de ausencia de contacto, de ruptura y de aislamiento de los objetos primarios obturan el proceso de desarrollo evolutivo y representacional. La falta de compañía, de pareja o familia es percibida como carencia y menoscabo irreemplazable por la ausencia de otros con quienes se tenía establecido un vínculo afectivo. La historia del ser se teje en el marco de la presencia y ausencia de los otros, de vinculación y desvinculación, de compañía y soledad.
“Felicidad y sufrimiento son extremos dialécticos de esta vivencia humana, atada a continuidades y discontinuidades, rupturas y vinculaciones particulares en una historia que a veces evoluciona y otras involuciona, constituyendo, en todo caso, un movimiento incesante de lo humano que ocurre en el marco de las relaciones objetales y tiene como telón de fondo la historia personal”(Oviedo, 2007)
“Estamos inmersos en relaciones y estamos condenados a establecer vínculos.
Antes y después del nacimiento, antes y después de la muerte existimos en vínculos.
Antes del nacimiento, en los deseos y fantasías de otros. Después de la muerte, en el dolor y el recuerdo de otros” (Garciandía, 2005).
Dejar de existir para otro significativo constituye un dolor intolerable para algunos sujetos. La sensación interna y subjetiva de la soledad es creada por la persona, como una representación ilimitada e infinita en tiempo y espacio, originada en una especie de vacío existencial: sentirse solo, pero también estar solo.
La vivencia que articula esta representación de sentirse solo, es la carencia, bien sea de la presencia física de alguien que mitigue la sensación negativa y el miedo que la acompaña o de la presencia emocional de otro considerado prodigador de apoyo, ayuda y afecto que disminuya la sensación de no reconocimiento, carencia, falta y ausencia de otro, ante el cual el sujeto se siente reconocido, aceptado y valorado. Por esta razón, cuando los otros se retiran afectivamente o se van, el individuo experimenta sensaciones de abandono y aislamiento vivenciado como una supresión de la existencia del mundo de la vida:
A2: “Yo tuve un año que casi me muero, porque yo tenía que salir de la casa a las 5 de la mañana para entrar a las seis en el Politécnico. Estudiaba todo el día y los fines de semana estudiaba fotografía…y yo me salí de todo. Y yo no llegaba a mi casa, yo salía de mi casa a las 5 de la mañana y llegaba a las 10 de la noche, y yo no comía”
El hecho de no sentirse parte de otra persona, da lugar a esta experiencia subjetiva de soledad, la cual, a su vez, modifica la percepción del sí mismo y de la realidad, transformando la estima propia hasta el punto que las personas experimentan la sensación de vacío que conduce a la ideación y al acto suicida como una forma de liberarse del sufrimiento interno que la anomia social les produce.
IMPULSIVIDAD: HACIA EL CAOS O LA VIDA
La impulsividad es un constructo complejo que hace referencia a una acción que se realiza sin planificación o sin reflexión sobre las consecuencias de la acción realizada. Puede ser definida como una predisposición a actuar en forma inmediata o como una reacción no planeada a una tensión interna o externa, sin tener en cuenta las consecuencias de los actos para los otros y para el sí mismo. Desde el punto de vista del desarrollo, la impulsividad se conceptualiza como la consecuencia de las fallas vividas en los procesos vinculares de sostén que contribuye a la regulación de los afectos y de los actos. Se asocia con fallas en el nivel de la conciencia, que comprometen la habilidad para reflexionar e impedir actos dañinos. En este sentido, el comportamiento impulsivo difiere de las acciones premeditadas por tratarse de comportamientos inapropiados y de respuesta rápida frente a situaciones adversas, ausencia de reflexión y no medición de las consecuencias, elementos que originan disociación entre el acto realizado y la intención de la conducta.
Según la literatura psicológica y psiquiátrica, la impulsividad incrementa el riesgo de suicidio cuando se asocia con depresión o abuso de alcohol o sustancias psicoactivas. Los individuos que intentaron suicidarse en forma impulsiva comparados con quienes lo hicieron premeditadamente tenían menores expectativas de morir al momento de realizar el acto suicida y utilizaron métodos más violentos que dejaron secuelas físicas severas. Estos dos elementos ponen de manifiesto la discordancia entre intención y acción.
Algunos individuos presentan un patrón estable y permanente de comportamientos impulsivos ante diversas situaciones, en tanto que otros muestran comportamientos impulsivos pasajeros frente a situaciones biológicas o ambientales.
Los individuos con impulsividad como estilo de vida son proclives a presentar
sentimientos de pesimismo y desesperanza y mayor frecuencia de comportamientos suicidas, en tanto que los individuos con impulsividad como rasgo no estable son más sensibles a los factores ambientales, que con frecuencia desencadenan la conducta suicida, como una forma de escapar de la situación percibida como amenazante o intranquilizadora.
Jiménez, 1997 plantea que existe una asociación entre el estado de ánimo depresivo y la impulsividad del acto suicida. Los hallazgos neuroquímicos sugieren la presencia de una disfunción serotoninérgica subyacente a la depresión, a la conducta suicida, a la impulsividad y la agresión. No existen diferencias significativas con respecto a la edad, el sexo, el estado civil, la ocupación, la escolaridad y el diagnóstico pero sí en el nivel de depresión e impulsividad. Los resultados indican que los sujetos con intento suicida presentaron las características de riesgo que la bibliografía internacional reporta. Además muestra que existen mayores índices de impulsividad como estilo de vida, y que este rasgo se asocia más al intento suicida que al estado de ánimo depresivo en los casos en los que el intento fue impulsivo.
En los tres casos de esta investigación, se presenta el deseo de huir de una tensión aguda mediante la muerte, aspecto que indica la debilidad de los procesos autorregulatorios antes mencionados. Uno de los informantes, presenta una reacción espontánea o impulsiva a una angustia que se ha alimentado por las dificultades interpersonales desde tiempo atrás. Los otros dos casos tuvieron una premeditación de algunos años para llevar a cabo el intento de suicidio. La persona que recurrió al intento de suicidio de una manera impulsiva develó en su discurso que la impulsividad era un estilo de vida, manifestado en todas las relaciones interpersonales, y demostrado en mayor medida en el intento de suicidio. Es decir, la impulsividad es un rasgo que configura el carácter de manera permanente en el tiempo y en la historia de esta persona.
Asimismo, Jiménez, 1997 manifiesta que se ha encontrado que son las mujeres menores de 35 años las que lo intentan con mayor frecuencia, dentro de un contexto
reactivo a un suceso vital adverso, empleando métodos de baja letalidad y de manera impulsiva (Jiménez, 1997).
A2: “Cuando nosotros empezamos a tener los problemas, yo todavía vivía con él.
Un día no llegó temprano. O sea, temprano es que él sale a las dos y eran las 5 o 6 y él sin llegar, y yo lo llamé y le dije que estaba enferma y a él no le importó.
Simplemente me colgó. Y yo me metí al baño y me corté las venas”
El hecho de que el esposo de esta persona no llegara en el momento en el que ella lo necesitaba, no porque estaba enferma, si no por el temor de perderlo, la llevó a
“cortarse las venas”. Ella esperaba que su esposo llegara y la viera “antes de morir.”
A2: “Sí, yo no alcancé… o sea yo cogí la cuchilla y yo era pensando en él, y yo me iba haciendo, pero nunca hice heridas totalmente profundas, en 15 días, 20 días me cerraron solas sin necesidad de coserme.”
Al hablar sobre su esposo, esta paciente expresa que confiaba demasiado en él.
A2: “No sé, pero él es la única persona en que yo creo, o sea a mí, mi mamá me puede decir, esto es azul y yo lo estoy viendo azul, pero si él me dice que es rojo es rojo. Aunque me defraude yo confió mucho en él…”
De manera que se le indaga, en este orden de ideas, si al cortarse las venas esperaba que llegara su esposo para que la viera
Entrevistador: ¿Cuando usted se cortó las venas, confiaba en que él fuera a llegar para impedir que usted muriera? A2: Sí.
En otras palabras, ella esperaba que él se enterara que ella estaba sufriendo por su ausencia de manera extrema, pero no deseaba morir, porque en el fondo, su intención era que su relación volviera a ser la misma de antes: “perfecta.”
Beck y Cols., 1979, enfatizan las relaciones existentes entre la depresión, la ideación suicida, el deseo de vivir y el deseo de morir con el intento de suicidio, pero sobre todo el papel crucial y predictor de la desesperanza, que también en este estudio ha sido confirmado. Los estudios de Beck, 1979, sugieren que los individuos suicidas manifiestan fenómenos psicológicos similares: depresión, impulsividad, baja tolerancia a la frustración, caos personal, familiar y social, maltrato y/o violencia intrafamiliar, etc.
En resumen, son personas con fallas en el desarrollo de vínculos familiares, que no han encontrado el suficiente apoyo emocional para superar los obstáculos más relevantes de su existencia.
El papel que juega la impulsividad en el intento de suicidio como factor psicosocial ha sido objeto de innumerables estudios clínicos. A finales de la década de los setenta se mencionó que las dos terceras partes de los intentos suicidas eran impulsivos, sin embargo “se trataba de estudios poco controlados siendo su mayor limitante la definición operacional de la impulsividad. En este sentido, buscaron las variables que permitieran identificar a los individuos con intentos suicidas impulsivos, utilizando como criterio del acto suicida impulsivo una premeditación menor de 5 minutos; encontraron que 40% de los intentos suicidas eran impulsivos y que el estado de ánimo depresivo y el deseo de morir eran poco intensos” (Jiménez, 1997) Brown y Cols., 1982, utilizaron como definición operacional del intento de suicidio, dos apartados de la Escala de Intento Suicida de Beck y detectaron que los adolescentes no impulsivos estaban significativamente más deprimidos y desesperanzados que los impulsivos.
Una de las informantes relata que hacía muchos años venía pensando en la manera de efectuar su muerte. El intento de suicidio lo llevó a cabo 7 años después de que terminara el abuso sexual de su padrastro, a los 20 años de edad. Esto nos indica que a pesar de que el acto obedeció a la respuesta ante un evento tensionante de larga data, no hubo una reacción impulsiva, espontánea o momentánea en el momento de tensión, si no que tras los años, se inició un proceso suicida que tomó determinado tiempo para materializarse. Los sentimientos de tristeza, la desesperanza y la
impotencia por la situación personal, se ven como categorías mucho más profundas en la experiencia de esta persona que en la mencionada anteriormente, cuyos actos suicidas fueron reacciones impulsivas ante un estímulo tensionante.
A1: “Como desde los quince yo venia pensando eso y preparándome cómo lo iba a hacer. En ese tiempo yo tenía amigos roqueros y entonces ellos me decían: Hágale con pepas que eso se la lleva de una. Y yo, qué tal… apenas me deje en una silla de ruedas y no me lleve Dios qué, no, no, no, yo quiero quedar es de una…Bueno tan, me metí sinceramente 3 bolsitas, porque ya con esas 2 ya estaba muy maluca, ya estaba toda mareada, no sentía mi cuerpo. Entonces me quedé hasta las 7:00 de la mañana del domingo, fui a mi casa y se me veía la piel como con puntitos rojos y yo, ¡ay Dios mío!, esta muerte va a ser muy lenta. Yo dije así, dizque lléveme rápido, si me voy a morir lléveme rápido. Entonces yo llamé a mi mamá al celular y le dije, mami venga que es que yo hice algo que no debí hacer”.
A pesar que esta paciente ideó un plan suicida y rumió pensamientos durante años sobre su muerte, en el momento de efectuar el intento, tampoco tuvo el deseo profundo de morir, si no que por el contrario, acudió al rescate de su propia vida, llamando a su madre para que llevara al hospital.
En conclusión, la impulsividad que llevó a estas personas a cometer los intentos suicidas, fue una reacción que los inclinó hacia el caos y la vida, en tanto, los llevó a cometer un acto en contra de sus verdaderos deseos, produciendo una situación caótica en las personas a su alrededor, pero al mismo tiempo, en el caso de una de las informantes, este acto impulsivo la llevó a “despertar a la vida”, haciendo referencia a que la cercanía de la muerte a través del acto suicida le ayudó a valorar su existencia desde una nueva perspectiva más funcional.
La relación entre comportamiento impulsivo e intento de suicidio presenta dos dimensiones: la impulsividad del acto y las características del individuo que lo comete.
Si bien, más de la mitad de quienes intentan suicidarse presentan altos niveles de
impulsividad no siempre al acto suicida es impulsivo, sino que por el contrario, puede ser premeditado.
Se ha observado en diferentes estudios que la impulsividad se asocia con estresores intensos en la infancia, como rechazo, abandono o abuso sexual, que si bien no son la causa directa del aumento en la impulsividad sí contribuyen a desarrollar una expresión anormal de la impulsividad y de la conducta agresiva, que puede manifestarse en la edad adulta como comportamientos impulsivos, conductas de autoagresión, abuso de alcohol y sustancias psicoactivas, un estilo de vida caótico que en la literatura psicopatológica se designa como trastorno de personalidad del tipo antisocial o límite.
En la personalidad límite la inestabilidad afectiva es el criterio clínico que se relaciona más frecuentemente con suicidio, especialmente si se asocia con la impulsividad y el antecedente de abuso sexual. En el siguiente capítulo se describirá de manera exhaustiva la psicopatología presente en el intento de suicidio desde los postulados de Kernberg (2004).
CAPÍTULO SEGUNDO
MODOS DE SER Y EXPERIENCIAS RELACIONALES
Los modos de relación entre los seres humanos, la ocasión y el sentido de los mismos son la expresión del mundo subjetivo y del ámbito cultural en el que se desarrolla la vida cotidiana. Estos dos elementos, el mundo subjetivo y el ámbito cultural, dan lugar a las representaciones psíquicas y constituyen a su vez, un dispositivo orientador del comportamiento individual y colectivo en el escenario de un mundo cada vez más complejo y diverso. (Córdoba, 2007). En otras palabras, dan lugar a los modos particulares de ser y a las consecuentes experiencias relacionales.
Según Kernberg, (2004) en todos los casos graves de trastornos de personalidad existe la posibilidad de hallar ideación suicida e intención suicida.
Diciéndolo a la inversa, podríamos inferir que detrás de la mayoría de intentos suicidas existe un pathos psíquico de base. En otras palabras, existe un modo específico de ser que tiene una predisposición psíquica a los comportamientos suicidas. La historia de tal ideación, así como la naturaleza y gravedad de cualquier intento de suicidio generarán el diagnóstico acertado a la hora de diferenciar los distintos tipos de causas de las conductas suicidas o parasuicidas.
Asimismo, la naturaleza del diagnóstico del suicida se verá determinada por la diferenciación entre la conducta verdaderamente suicida y la conducta parasuicida. En algunos intentos de suicidio la muerte no es consumada por casualidad, pero en otros intentos, la muerte es algo que no se busca ni se pretende realmente. De hecho, no todos los comportamientos a los que se alude con dicho término han sido motivados por una decisión consciente de morir. Muchas veces ni siquiera se pretende generar un daño personal, sino simplemente expresar y comunicar sentimientos de desesperación,
desesperanza y enojo. Debido a ello, se ha propuesto una categorización de la conducta suicida desde dos conceptos diferentes:
1. Ideaciones suicidas: proceso afectivo y cognitivo que involucra sentimientos desde la falta de sentido de vida, la elaboración de planes para quitarse la vida, y la existencia de preocupaciones sistemáticas y delirantes referidas a la autodestrucción:
A2: “Yo no me veo ni tirándomele a un carro, ni dándome un balazo, ni tirándome de un puente, yo no me veo ahogándome. Rico en una ducha, porque a mi me encanta el agua, sintiendo el agua caer en mi cuerpo y que me vaya desangrando, esa siempre ha sido una de mis muertes favoritas, esa ha sido la muerte que yo siempre he querido”
2. Parasuicidios: comportamientos variados que incluyen desde gestos e intentos manipuladores hasta intentos fallidos de terminar con la propia vida. Hace referencia a actos deliberados que no tienen un final fatal pero que provocan daños en el sujeto que los ejecuta:
A2: “…Yo cogí la cuchilla y yo era pensando en él y yo me iba haciendo, pero nunca me hice una herida totalmente profunda. En 15 días, 20 días me cerraron solas sin necesidad de coserme…”
En los casos a los que se hace referencia en esta investigación, se ha concluido que los tres actos de muerte de los informantes fueron parasuicidas, es decir, no hubo un deseo real de morir, si no un deseo de expresar una tristeza íntima relacionada con las personas más significativas.
Desde los postulados de (Kernberg 1979), la conducta parasuicida crónica sin intención, fantasía o conducta suicida real, por lo general, forma parte de un trastorno grave de personalidad. Para determinar si el paciente es verdaderamente suicida, una pregunta importante que se debe formular el clínico es si esta intención suicida forma
parte de un esfuerzo por huir de los sentimientos o pensamientos intolerables característicos de una depresión, o si es parte de un trastorno depresivo que requiere de un tratamiento en particular.
“Aquellos pacientes cuyos planes suicidas no forman parte de un trastorno depresivo representan casos de intentos de suicidio como estilo de vida, un padecimiento que refleja los patrones caracterológicos destructivos y autodestructivos típicos de los trastornos graves de personalidad y en particular, del trastorno límite de la personalidad, el trastorno infantil o histriónico de la personalidad, el síndrome de narcisismo maligno y el trastorno antisocial de la personalidad propiamente dicho.
Todas estas entidades nosológicas pertenecientes al síndrome fronterizo. La depresión fronteriza es un sentimiento de soledad y aislamiento”. (Kernberg, 1979).
Los pacientes con trastornos graves de personalidad que presentan conductas suicidas o parasuicidas agudas o crónicas, sin una depresión genuina, son catalogados como aquellos que exhiben el suicidio como estilo de vida. Con gran frecuencia, la conducta suicida o parasuicida es una expresión de ataques de cólera o de rabietas que ocurren cuando la persona se siente frustrada en el contexto de una relación que crea una intensa agitación emocional en donde la conducta suicida se expresa en contra de los demás y en contra del sí mismo, de una manera bastante indiferenciada e impulsiva.
A2: “A mi con mi esposo no me hacía falta nadie, yo me casé y a mí no me hacía falta nadie. Cuando nosotros empezamos a tener los problemas, yo todavía vivía con él. Eeeh, él se quedó, o sea, un día no llegó temprano. O sea, temprano es que él sale a las dos y eran las 5 o 6 y él sin llegar, y yo lo llamé y le dije que estaba enferma y a él no le importó. Simplemente me colgó…y yo me metí pal baño y me corté las venas… “
La depresión en el síndrome fronterizo está caracterizada por una sensación de futilidad y panansiedad sin motivo concreto, sentimientos cada vez más extendidos de soledad y aislamiento y actitudes de airada exigencia que difieren de la depresión neurótica y psicótica, en las que la culpa sin razón concreta y la desvalorización tienen mayor participación. (Cary citado en Kernberg, 1979). La exigencia que subyace a la
reacción impulsiva de cortarse las venas en esta paciente es totalmente evidente: la informante exigía la presencia de su esposo en ese momento.
Este patrón se observa de forma más común en personas con trastorno límite o histriónico. (Kernberg, 2004). En los hombres, tal conducta suicida colérica suele coincidir con características narcisistas o antisociales y requiere de un diagnóstico diferencial entre diagnóstico histriónico de la personalidad, trastorno narcisista de la personalidad con características antisociales, síndrome de narcisismo maligno o trastorno antisocial de la personalidad. Las mujeres también presentan estos padecimientos y, de manera más frecuente que los varones, exhiben importantes características masoquistas que incluyen conductas contraproducentes crónicas en conjunto con la conducta suicida o parasuicida.
A2: “…Yo cogí la cuchilla y yo era pensando en él y yo me iba haciendo, pero nunca me hice una herida totalmente profunda. En 15 días, 20 días me cerraron solas sin necesidad de coserme…”
En estas palabras se evidencia el síndrome de difusión de identidad al que alude (Kernberg, 1979), así como la falta de integración de los conceptos del sí mismo y de los otros significativos, mostrando así la ausencia de la diferenciación sí mismo-objeto, lo cual indica que el daño que quería hacerle a su pareja por pretender abandonarla, no lo catectiza sobre él, si no sobre sí misma a través del acto suicida. Esta falla en la integración de las representaciones, por lo general, tiene sus orígenes en la temprana infancia y se relaciona con el fracaso de la resolución normal de la etapa de separación individuación.
Según Mahler, 2002 durante la subfase de reacercamiento del proceso de separación-individuación, en los niños que no han logrado la normal resolución de la crisis de reacercamiento suele aparecer una introyección “mala” que es infiltrada por los derivados de impulsos agresivos y puede evolucionar hacia una escisión más o menos permanente del mundo objetal, que queda escindida en objetos malos y
buenos. Sostiene que estos mecanismos, la coerción y la escisión del mundo objetal, son característicos de la mayoría de los casos de transferencia fronteriza. Este fenómeno patológico contrasta con el resultado normal de la resolución de la subfase de reacercamiento y su respectiva crisis, que lleva a la formación de la identidad alrededor del tercer año de vida.
Por otro lado, desde la perspectiva cognitiva, en la etapa evolutiva designada como adolescencia el sujeto adquiere habilidades que, en lenguaje piagetiano, lo capacitan para las operaciones formales del pensamiento. Es decir, un sujeto que haya pasado la etapa de la adolescencia como se supone que lo hace una persona de 28 años, debe poder analizar posibilidades, no sólo realidades concretas. Además, debe estar en capacidad de elaborar sistemas de pensamiento complejos que incluyan la metacognición sobre las acciones ejecutadas. Así, cuando esta paciente habla de su intento suicida, se puede hacer un análisis sobre aquello que ella nombra como pensar.
A2: “Yo cogí la cuchilla y yo era pensando en él…”
Pensar para esta persona no supone una acción metacognitiva, propia de las operaciones formales, pues no razona sobre su propia condición, si no que razona con base en las sensaciones características de las operaciones concretas. Otra de las informantes también nos da luces sobre esto:
A3: “Y el pensado mío era tirármele a un carro, cuando una señora se me arrimó y me corrió y me dijo usted tiene algo y le pasa algo, y yo le dije que sí…”
Ahora bien, desde la perspectiva de este trabajo investigativo, las personalidades suicidas, por lo menos las presentadas en este trabajo, refieren una organización psíquica desde lo que la literatura psicopatológica, especialmente Kernberg (1979), ha convenido en denominar síndrome fronterizo. Estas personalidades demuestran en su funcionamiento, una patología yoica que incluye la depresión referida por la mayoría de los pacientes suicidas, así como una variedad de características presentadas en los siguientes apartados.
LAS VOCES DEL CUERPO
Además de la depresión, los principales signos de la personalidad fronteriza y por lo tanto, de las personas suicidas participantes de esta investigación, son categorías sintomáticas definidas como: ansiedad flotante, crónica y difusa como rasgo caracterológico, que tiene un carácter más definitorio que los otros rasgos caracterológicos con la excepción de la reacción crónica de ansiedad que secundariamente ha llegado a tener el significado específico de un síntoma de conversión, que en otras palabras es lo que en esta investigación denominamos “Las voces del cuerpo”. Este fenómeno ha sido detectado en los síntomas físicos que relatan las informantes:
A2:“Me encontraron principios de leucemia, me encontraron gastritis crónica, anemia…, pues, la anemia era tan fuerte que se me volvió dizque leucemia, yo no sabía eso. No pues cuántas enfermedades no me han encontrado y yo ya estaba pues que no podía ni caminar.”
A1: “Claro que me va a marcar pa´ toda la vida, él trataba de cogerme a las malas y de estar conmigo y todo eso, hasta los trece años, y yo no le decía nada a mi mamá por que como ella lo quería tanto pues para que la iba a poner a sufrir. Entonces sí, desde ahí se convirtió mi vida como que en un laberinto sin salida, entonces todo eso…como que me hace pensar bobadas y no sé…, me hace como que ya no quiero estar más en esta tierra. A veces pienso así, pero a veces me lleno de valor y trato de salir adelante. Y ya no sé, será por eso que también esto en parte se me puso así de tanto estrés, de tantos problemas que tengo, entonces se me puso así.
(Brazo con morados) “
Una de estas informantes relató también, haber sentido el dolor que su esposo sintió en la misma mano que él se lesionó en el trabajo en el momento en que le
ocurrió, sin que ella sufriera ninguna lesión objetiva, lo cual es evidencia clínica sobre un sí mismo indiferenciado, que además presenta una ansiedad conversiva, característica de una personalidad fronteriza.
“Yo me di cuenta que él se dañó una mano, porque a mí me empezó a doler mi mano, entonces cuando él se enteró, él me llamó y me dijo, me preguntó que, qué mano me está doliendo, le dije yo: la derecha, ¿por qué? Entonces el ahí me contó que se había dañado la mano derecha. Precisamente, o sea uno se abre es acá y él me dice a mí que se había dañado fue este hueso. Y él se alivió y a mí se me quitó el dolor, pero a mí me dolía igual, y aún todavía yo no sé si a él le duele, pero a mi todavía me dan dolores en la mano”
La estructura caracterológica depresivo masoquista, es una forma compleja de patología del carácter cuya descripción es de gran utilidad a este trabajo, pues dos de sus características se evidencian en los entrevistados de esta investigación: la autodestructividad primitiva y la depresión sintomática.
Autodestructividad primitiva: esta constelación representa la tendencia perverso- masoquista que lleva a una descarga indiscriminada de la agresión hacia el mundo externo y hacia el propio cuerpo. El típico ejemplo está representado por aquellas personas que consiguen cierto alivio inespecífico de su ansiedad hiriéndose y provocándose alguna especie de automutilación, o bien mediante acciones impulsivas de tipo suicida que llevan a la práctica con un gran monto de rabia y prácticamente sin depresión alguna. Una de las personas entrevistadas, tras narrar la manera como sobrevivió al intento suicida, expresa lo siguiente:
A1: “…Y desde ahí como que desperté a la vida,… , desde ahí estoy bien, o sea lo que pasa es que uno trata de estar bien pero el pasado a veces lo atormenta, pero no, ya desde que me pasó eso (el intento de suicidio) yo ya no quiero atentar contra mi vida, ya quiero salir es adelante y ayudarle a mi mamá, a mi hermana que ya es sola que nos tiene apenas a nosotras, y no sé… salir adelante con mi vida y demostrarle a la gente que me hizo daño que si soy capaz de vivir…”
Desde el punto de vista dinámico prevalecen en ellos los conflictos pre-edípicos, con fusión y defusión bastante primitiva de los impulsos agresivos y sexuales. Si no todos, por lo menos la gran mayoría de estos pacientes presentan una organización fronteriza subyacente.
Depresión sintomática: En primer lugar debemos diferenciar la depresión como síntoma de los rasgos caracterológicos depresivos-masoquistas. En segundo lugar, se debe determinar la cualidad de la depresión sintomática, ya que cuanto mayor es la depresión que se asocia con auténticos sentimientos de culpa, remordimiento y preocupación por uno mismo, mayor es la integración superyoica que traduce. La depresión que se acerca más a una rabia impotente o a una combinación de desesperanza e indefensión derivada del derrumbe del concepto idealizado del sí mismo, como la que se describió en el primer capítulo De tristezas y soledades, tiene un valor muy inferior como índice de integración superyoica. Este hecho es importante a los fines de este estudio, porque a una mayor integración del superyó, corresponde un nivel más alto de patología caracterológica. En tercer lugar, es importante conocer el monto de la depresión sintomática en sí misma y la intensidad de sus efectos desorganizantes sobre todas las funciones yoicas. La depresión severa que se aproxima al grado psicótico de reacción depresiva tendiendo a producir una desorganización yoica que se manifiesta como despersonalización depresiva o marcado retraimiento de los vínculos emocionales con la realidad, puede ser vista tentativamente como uno más de los índices presuntivos de organización fronteriza.
“En tales casos, a causa del intacto funcionamiento superyoico”, el yo es incapaz de soportar a un superyó excesivamente severo y sádico.
Otro de los síntomas de la organización fronteriza es la neurosis polisintomática:
fobias múltiples que causan graves limitaciones en la vida cotidiana del paciente, fobias vinculadas con el propio cuerpo o la apariencia personal (temor a sonrojarse, temor a hablar en público o a ser mirado por los demás). Las fobias múltiples en especial aquellas que ponen de manifiesto tendencias paranoides y que provocan serias inhibiciones sociales constituyen una evidencia presuntiva de personalidad fronteriza
En estos pacientes se observa una tendencia paranoide vinculada al incremento, no sólo de la sensación de soledad, sino también al estado concreto y objetivo de la soledad. Su incapacidad de relacionarse de manera adecuada con el exterior a partir de las fantasías paranoides, hace que existan dificultades interpersonales provocadoras de mayor ansiedad.
A2: “Yo me aburrí mucho, entonces a consecuencia de eso, yo ya no quería hacer nada, yo ya llegaba a mi casa…yo tuve un año que casi me muero, porque yo tenía que salir de la casa a las 5 de la mañana para entrar a las seis, en el Politécnico.
Estudiaba todo el día y los fines de semana estudiaba fotografía…y yo me salí de todo. Y yo no llegaba a mi casa, yo salía de mi casa a las 5 de la mañana y llegaba a las 10 de la noche, y yo no comía…”
Los síntomas obsesivos y compulsivos que secundariamente se han hecho sintónicos con el yo, toman el carácter de pensamientos y acciones sobrevaluados. Si bien la prueba de realidad sigue estando presente y el paciente pretende liberarse de sus pensamientos o actos absurdos, tiende al mismo tiempo a racionalizarlos. Por ejemplo, una persona que se lava compulsivamente y observa rituales con los que busca protegerse de la contaminación elabora una serie de consideraciones
“razonables” acerca de la pulcritud, los peligros de la suciedad, etc. Son importantes también a los fines que nos ocupan, los pacientes con ideas obsesivas de tipo paranoide o hipocondriaco. De hecho una de las pacientes asiste a consulta con una idea obsesiva de enfermedad física que, según ella puede curar con las asesorías psicológicas, pues según su criterio, los síntomas físicos que presenta, son por el estrés de las situaciones que ha vivido. Estos síntomas físicos, como se describió en un apartado anterior pueden hacer parte de la conversión que caracteriza a una personalidad fronteriza, siempre y cuando esté descartado el daño fisiológico. Sin embargo, la hipocondría, está relacionada con la patología caracterológica subyacente. Es frecuente observar en las personalidades fronterizas una exagerada preocupación por la salud y un temor crónico a la enfermedad, que se manifiesta como
síntomas crónicos, rituales de salud y retiro de la vida social, con el fin de concentrarse en su propio estado de salud.
Según Kernberg (1979), la presencia de dos o más síntomas de los nombrados anteriormente, alertan sobre la posibilidad de una personalidad fronteriza subyacente.
De manera que según esto, se confirma que los síntomas descriptivos de la patología subyacente en los informantes suicidas de esta investigación, evidencia las razones clínicas de los sentimientos de tristeza, soledad, ansiedad e impulsividad.
Los pacientes fronterizos son personas con una desviación sexual manifiesta, en cuyo marco coexisten varias tendencias perversas polimorfas, que buscan reafirmar su identidad a través de la sexualidad y la genitalidad, al mismo tiempo que buscan de manera recurrente la vinculación sexogenital con otro como una forma de obtener momentos ilusorios de fusión y completud sin que medien procesos de reflexión y de pensamiento conducentes al autocuidado. Esto lógicamente derivado de la impulsividad como rasgo caracterológico predominante:
A3: “A ver cómo le dijera… yo me mantenía…con hombres, con el uno, con el otro, y con éste ¿si me entiende?”
Otra de las informantes de esta investigación presentó homosexualidad sin las tendencias heterosexuales perverso masoquistas, que describe Kernberg para la personalidad fronteriza. No hay presencia de promiscuidad, por lo cual no se incluye en esta categoría, ya que su vida genital está centrada en una preferencia homosexual.
A1: “…A mi los hombres nada que ver…yo tengo una amiga y con ella también tengo problemas, pero es mi pareja…”
Otra de las personas entrevistadas, manifestaba que tenía relaciones sexuales con dos personas al mismo tiempo por dinero, entre los cuales se encontraba su esposo. Éste aceptaba los tríos con la condición de que hicieran lo mismo con otra
mujer, ante lo cual ella accedía con complacencia. Este elemento representa evidencia presuntiva de una organización fronteriza. Cuanto más caóticas y múltiples son las fantasías y los actos sexuales, y cuanto más inestables son las relaciones objetales vinculadas con esas interacciones, mayores motivos hay para sospechar la presencia de un desorden fronterizo con comportamientos disociales.
El síndrome fronterizo es una forma grave de patología caracterológica en la que hace irrupción de modo crónico y repetitivo un impulso destinado a gratificar necesidades instintivas de un modo que fuera de los episodios “impulsivos” resulta distónico con el yo, como el suicidio por ejemplo, que busca gratificar una necesidad de compañía o de contacto con otro que está alejado, mientras que dentro del contexto de dichos episodios es sintónico con el yo y en algunas ocasiones gratificante. El alcoholismo, las drogadicciones, ciertas formas de obesidad psicogénica y la cleptomanía, son típicos ejemplos de esta categoría, que en los hechos se confunden con aquellas formas de desviación sexual en las que el síntoma perverso aparece de manera repentina y episódica y que, fuera de dichas manifestaciones episódicas resulta distónico con el yo y es incluso firmemente rechazada.
Se confunde también con las personalidades “actuadoras”, presentando con estas una diferencia de tipo cuantitativo. Las neurosis impulsivas parecen centrarse en la preferencia por un escape temporariamente sintónico con el yo, que permite la directa gratificación de una necesidad instintiva. Los caracteres actuadores, en cambio, muestran una falta de control de los impulsos más generalizada, combinaciones más caóticas de impulsos y defensas en diversas áreas:
A2: “Con mi hermano menor yo la voy muy mal, yo la llevo muy mal con el menor, pero él no se fue, él se tuvo que ir de la casa porque me tiró, me pegó…y yo lo iba a matar. O sea yo de rabia, donde yo lo coja….”
La impulsividad como un rasgo caracterológico evidencia menores recursos psicológicos para la autorregulación de los afectos y las acciones. Estos son signos de
la patología caracterológica más severa, típicamente representada por el carácter caótico e impulsivo, en contraposición con los clásicos tipos de formación reactiva y los más moderados rasgos evitativos. Kernberg enumera los diferentes desordenes de carácter que según él, hacen parte de los desordenes caracterológicos de nivel inferior cuyo marco es la organización fronteriza: “las personalidades histéricas, las personalidades infantiles y las personalidades narcisistas representan una secuencia en la cual la personalidad histérica es una típica neurosis caracterológica de nivel superior; la personalidad infantil corresponde al nivel medio, penetrando la típica área fronteriza, y la personalidad narcisista ocupa el nivel inferior, si bien, suele ascender hasta el nivel medio de la secuencia”
Para los fines de esta investigación se resumen las características de los desórdenes caracterológicos, únicamente en aquellos síntomas presentados por los participantes de este trabajo investigativo. La personalidad histérica y la personalidad infantil, las cuales son la primera categoría dentro de los desordenes del carácter, según la clasificación que presenta Kernberg, (1979) incluyen en su constelación sintomática la necesidad de dependencia y exhibicionismo, como una de las 6 constelaciones caracterológicas que describe. “La necesidad de ser amado, de erigirse en el centro de atención y de atracción adquiere en las personalidades histéricas una significación más sexual ya que las necesidades de dependencia de tipo oral, están ligadas con directas tendencias exhibicionistas de carácter genital.
A2: “En esa casa es todo amor últimamente, alrededor de que la niña no sufra. La niña para todo el mundo soy yo”
En la personalidad infantil, la necesidad de ser el centro de interés y atracción está menos sexualizada, tiene un carácter fundamentalmente oral, surge más de una sensación de indefensión y expresa demandas inadecuadas.” (Kernberg, 1979):
A2: “Yo no soportaba, a mi me daba rabia que me dijeran que él ya no me quería, que me dijeran que él ya no quería estar conmigo, a mi no me gustaba eso, me daba rabia. A mi me decían eso y para mí era peor…”
Los déficit narcisísticos de los pacientes fronterizos, cuyo principal problema reside en su auto apreciación, en conexión con perturbaciones específicas de sus relaciones objetales y a quienes podríamos ver casi como un cultivo puro de desarrollo patológico del narcisismo, les traen como consecuencia grandes obstáculos relacionales en la vida social. (Kernberg, 1979).
Aunque en algunos casos exhiban un funcionamiento social muy adecuado y en general, un normal control de impulsos, todas las interacciones de estos pacientes con los demás tienen como punto de referencia su grandiosidad y están referidas a sí mismos en medida inusual, tienen gran necesidad de ser amados y admirados, y se detecta en ellos una curiosa contradicción entre un concepto muy inflado de sí mismos y la desmedida necesidad de recibir el tributo de los otros.
A2: Y yo no…. Yo siempre he sido la fuerte, la de las decisiones, la que dice que se hace en mi casa, aunque yo ya no estuviera. Yo fui la que incidí para que mi mamá y mi papá se divorciaran, yo le negocie el divorcio”
Su vida emocional carece de profundidad, experimentan escasa empatía por los sentimientos de las demás personas, encuentran pocos motivos para disfrutar de la vida, más allá de lo que les brinda el homenaje de los otros en sus propias fantasías grandiosas. Se sienten inquietos y hastiados cuando el brillo externo se desgasta y no hallan nuevas fuentes para alimentar su autoestima, envidian a otras personas; tienden a idealizar a determinados individuos de quienes esperan gratificaciones narcisistas y a despreciar y desvalorizar a otros.
A2: “yo no me preocupaba por mi papá, porque no me nacía, yo a el lo quiero mucho pero a mi no me nace buscarlo. O sea, por decir yo en estos 5 años y medio que yo llevo fuera de mi casa, después de que él se fue, yo lo he visitado 3 veces