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FACULTAD DE DERECHO

Departamento de Filosofía del Derecho, Moral y Política I

TESIS DOCTORAL

Hacia una teoría mimética de lo político:

René Girard y su escuela

MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR PRESENTADA POR

Domingo González Hernández

Director

Evaristo Palomar Maldonado

Madrid, 2015

© Domingo González Hernández, 2015

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UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID FACULTAD DE DERECHO

Departamento de Filosofía del Derecho, Moral y Política I

HACIA UNA TEORÍA MIMÉTICA DE LO POLÍTICO:

RENÉ GIRARD Y SU ESCUELA

MEMORIA DE DOCTORADO Domingo González Hernández

Director:

Dr. Evaristo Palomar Maldonado

2015

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INDICE

Resumen I

Motivación y objetivo I

Estructura II

Conclusión V

Abstract VI

Motivation and objectiv VI

Structure VII

Conclusion X

Agradecimientos 4

Razón y método: el por qué y el cómo de esta investigación 6

René Girard: las labores y los días. Aproximación 22

Nuestro personaje 22

Retrato biográfico 25

Contribuciones y balances en los campos intelectual y cultural 43

Parte I. Girard. La mimesis y lo político. Promesas y silencios 67

I.1. La mimesis como paradigma 69

Olvidos 71

Ariadna y su hilo 76

Méconnaissance 88

Metodología girardiana: cientificidad y realismo 95

I.2. La Estructura mimética 107

Antropología mimética 109

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Lecturas socio-políticas 126

Rivalidad mimética y conflicto 147

Sociología mimética 157

El contagio mimético 157

De la crisis mimética al chivo expiatorio 167

Chivo expiatorio y orden sagrado 182

Orden sagrado: Unidad y variedad 194

Política mimética 222

Nacimiento del orden político 222

Julio César de Shakespeare 244

I.3. Ruptura Cristiana 255

Hominización, Historia de la Humanidad y ruptura de la Revelación 255

Inteligencia cristiana del mimetismo 262

Mitos y Biblia: continuidad y ruptura 262

Lo cristiano y la mimesis 268

Desvelamiento del asesinato fundador 283

Lectura antisacrificial 291

Interpretaciones evangélicas mimético-políticas 298 Política tras la Revelación: violencia, modernidad y Apocalipsis 306

Parte II. Más allá de Girard. Fundamentos y horizonte de una teoría mimética

de lo político 331

II. 1. Antropología y política 343

Mimesis, ¿silencio político? 343

Lecturas sobre Girard: desde la gnosis a la sospecha… 347 Lo político implícito: deseo, mimesis, pecado original. 369

(5)

Interpretación de la politicidad humana en Javier Conde.

¿Zoon politikon en Girard? 380

Shoeck y Fernández de la Mora: a propósito de la “envidia” política 388

Concepciones antropológico-políticas 417

Contraste de paradigmas: lo fraternal vs lo paternal 431 Holismo e individualismo, un debate: la teoría mimética

como teoría sociogenética 444

II.2. Lo político: cuestión de su esencia 461

Freund y Voegelin 461

Gauchet-Girard (el debate que no tuvo lugar): de lo sagrado a lo político 489

El poder: función pharmakológica 516

Presupuestos de lo político 532

La mimesis como lente: conceptos 558

Decisión 558

Intensidad 567

La causalidad diabólica. Girard y León Poliakov 581

Lo cristiano en lo político 635

Mimesis política y el in crescendo del poder 667

El katechon, ¿pharmakología política cristiana? 695

Conclusiones 737

Bibliografía 745

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Hacia una teoría mimética de lo político: René Girard y su escuela

Motivación y objetivo

La génesis, motivación y objeto de esta tesis doctoral vienen dados por la propia figura y rabiosa actualidad de la obra de René Girard. Pensador inclasificable, su itinerario intelectual y teórico han permitido el despliegue de la teoría mimética (también denominada, en ocasiones, como “neo-mimética” por su creador) que habiendo iniciado su recorrido en el campo de la crítica literaria, ha conseguido elevarse, por su propia y ambiciosa lógica omniabarcante, hasta la antropología, la historia de las religiones, la psicología, la teología, y el conjunto de las ciencias humanas y sociales con intención de afirmarse como paradigma renovador y fundante.

Existe un profundo equívoco en cuanto a la exposición de las relaciones entre el pensamiento de René Girard y su relación con el ámbito de reflexión política. Nuestro autor, salta a la vista, no es un pensador político. El silencio de Girard sobre estas cuestiones es prácticamente absoluto. De ahí el reto que supone la construcción de una teoría política deudora de los principios del mecanismo mimético. Las preguntas que surgen naturalmente de esta reflexión inicial son, sin duda, sugerentes. ¿Se pueden analizar las principales cuestiones de “lo político” a partir de las categorías antropológicas del mimetismo? ¿Se pueden trasladar las constantes teóricas de la teoría mimética al espacio político? ¿Existe en la teoría mimética el reconocimiento clásico de la dimensión política natural en el hombre, o se trata simplemente de un avatar posterior reductible a las categorías supremas de la rivalidad mimética y del logos de la violencia? Todas estas cuestiones podrían reducirse a una sola: ¿es posible desarrollar un pensamiento político a partir de la teoría mimética o queda toda reflexión política subsumida en los infiernos de la “violencia y lo sagrado”? La estructura de esta tesis doctoral responde en gran medida a la dificultad de las preguntas y dificultad arriba planteadas.

Indudablemente, puede localizarse en la obra de Girard el embrión de una antropología y de una teoría política. Sus desarrollos concretos, en cambio, brillan por su ausencia. Hay en el pensamiento de Girard, verdaderamente, una genuina “promesa” política.

Pero cumplir con esa promesa exige ir “más allá de Girard”. La promesa política de su teoría se encuentra ya en ella misma, aunque estaría “diseminada”.

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Estructura

Este trabajo se configura en dos bloques. En el primero de ellos, con Girard, se expone el pensamiento del pensador franco-americano y se presenta panorámicamente el conjunto de su obra y de su teoría, vertebrada sistemáticamente a través de su característica lógica secuencial inherente. En la teoría de Girard, lo político, se asoma poco a poco, muy tímidamente. El objetivo de este bloque es reflejar la clara ambición de una teoría marcada por la voluntad de impulsar el conjunto de su recorrido gracias al empuje de una premisa fundamental, que es al tiempo sencilla, profunda y destinada, según las orientaciones del propio autor, a revolucionar nuestra concepción del hombre y de las relaciones sociales. Esta premisa es el mimetismo.

En el segundo bloque, más allá de Girard, se descubren, gracias a la brújula de la misma teoría girardiana, los fundamentos inexplorados del mimetismo por el propio Girard, habida cuenta de las inmensas posibilidades de la antropología mimética. En este segundo bloque, se expone a la teoría mimética a un diálogo con autores, escuelas y teorías con los que Girard jamás había entablado trato. Diálogo que permite extraer el fruto de esas inmensas posibilidades de lo mimético para lo político.

En el primer bloque, se estudian, en primer lugar, los fundamentos del paradigma mimético. Este paradigma se vertebra a partir de dos cimientos: el mimetismo y la méconnaissance (mal conocimiento). En este apartado, también se discute la cientificidad de la propuesta girardiana.

A continuación, se expone lo que se podría llamar la “estructura de la teoría mimética”. Con el término de “estructura” se hace referencia a los pilares antropológicos fundamentales que sustentan la totalidad del edificio de René Girard. Este capítulo, se divide en tres partes: antropología, sociología, y política.

En el apartado referente a la antropología, se descubre el arsenal conceptual del que se nutre el paradigma mimético y su vocabulario principal con la preocupación no sólo de exponer razonadamente la vertebración de dichos conceptos sino también su eventual significación política.

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La antropología mimética, antes incluso de desembocar en su teoría social, contiene importantes insinuaciones que afectan al espacio político. Este trabajo explicita dichas insinuaciones y las traduce en el nivel correspondiente. ¿Qué consecuencias políticas puede provocar la consideración del hombre como animal mimético? ¿En qué medida su sociabilidad queda definida al establecer tal tipo de presupuesto? ¿Cómo puede orientar y delimitar la reflexión política una concepción del conflicto como la que presenta la rivalidad mimética?

Este apartado también ofrecerá la oportunidad de aprovechar una suave transición hacia la “política mimética”. En ella se estudian las reflexiones de Girard sobre el surgimiento del poder político mediante el análisis de las monarquías sagradas, y se analiza cómo Girard emplea la lógica mimética para esclarecer situaciones histórico-políticas, extrayendo conclusiones sobre la naturaleza del poder y la lógica que ha guiado su imparable crecimiento totalitario en el curso de nuestra modernidad.

El siguiente capítulo se dedica a la Revelación judeocristiana que se presenta como Ruptura del orden arcaico. La ruptura del cristianismo no invalida la estructura mimética de la naturaleza humana pero al disolver la eficacia psicológica y cultural de la méconnaissance desmonta la estructura del edificio cultural arcaico. El cristianismo es liberador en cierto sentido, pero desde otro ángulo anticipa las peores violencias, y prefigura el escenario apocalíptico. Se aborda la lectura girardiana de la Escritura judeocristiana, las razones de la superior comprensión cristiana de las leyes del mimetismo que anticiparán la tendencia apocalíptica que Girard cree descubrir en la reciente historia de la Humanidad.

En el bloque “más allá de Girard”, se dibuja el perfil hacia una teoría mimética de lo político. Se divide en dos capítulos principales, uno dedicado a la teoría de las antropologías políticas y el eventual encaje dentro de ellas de la antropología girardiana, y otro dedicado a la eventual capacidad fundante de la teoría girardiana de una “esencia de lo político”.

En el primero de estos capítulos, tras abordar las perspectivas abiertas por la antropología mimética como antropología política, desfilarán las obras y reflexiones, altamente convergentes con el enfoque mimético, de distintos tratadistas, pensadores y

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teóricos de lo político. Entre ellas, por su singular relevancia y sin ánimo de exhaustividad, la concepción de la “envidia política” del teórico conservador español Gonzalo Fernández de la Mora, los análisis sobre la envidia y la sociedad del sociólogo alemán Helmut Schoeck, la reflexión sobre el hombre como “animal político” de un olvidado y brillante pensador político español del siglo pasado (Javier Conde), la clasificación de las concepciones antropológico- políticas de Dalmacio Negro.

El primer capítulo termina con dos últimas cuestiones. Por un lado, la exposición del contraste entre dos paradigmas interpretativos de la relación política (el fraternal y el paternal), y la imbricación genealógica entre ambos. Y por otro, la presentación, gracias al apoyo teórico de los análisis de un intérprete autorizado de los estudios miméticos (el filósofo Jean-Pierre Dupuy), de la teoría mimética como teoría morfogenética o sociogenética. Estos dos últimos epígrafes permiten vislumbrar el potencial teorético del paradigma mimético en el espacio político.

En el segundo capítulo de este segundo bloque, se adopta explícitamente, como punto de partida, la concepción de la “esencia de lo político” del brillante teórico alsaciano, de ascendencia schmittiana, Julien Freund. El objetivo de este planteamiento es enhebrar el paradigma mimético con los presupuestos de la esencia de lo político analizados con gran profusión en la obra de Freund. Si los grandes conceptos políticos (mando, obediencia, amistad y enemistad, decisión, monocracia, intensidad, etc) admiten una fundamentación coherente con la antropología mimética y la teoría girardiana de la violencia y el orden religioso resultante, entonces la postulación del paradigma girardiano como paradigma de lo político podrá recibir la credibilidad epistemológica y teórica de la que es merecedor. En este capítulo, sobresale también el diálogo fallido entre René Girard y Marcel Gauchet, rescatado gracias a la inestimable reflexión contenida en la obra monumental, y recientemente publicada, Le symbolique et le Sacré del sociólogo francés de las religiones Camille Tarot.

Gracias a este encuentro girardo-gauchetiano emergerá la idea de la función pharmakológica del poder, puente de singular importancia para restablecer las comunicaciones entre lo sagrado y lo político. Además, todas estas reflexiones no pueden dejar de plantearse la revolución producida en el ámbito de la política de una modernidad fecundada por el logos evangélico. ¿La dinámica imparable de crecimiento de los tentáculos del poder político puede acaso interpretarse mejor gracias a la teología girardiana de la Historia? La obra de Bertrand

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de Jouvenel ayudará a entender que puede existir otra forma de mimetismo, aplicable a la competencia entre unidades políticas. Por último, el capítulo termina interrogándose sobre otra cuestión decisiva, habida cuenta de la dimensión apologética cristiana de la obra de Girard: ¿existe una propuesta político-mimética coherente con el logos evangélico? Al hilo de esta esta interrogación, brotará la teología pre-agustiniana del oscuro e inquietante teólogo

“católico-donatista” Ticonio y las concepciones sobre la idea paulina del katechon de cara a penetrar la no menos misteriosa esencia de lo político.

Conclusión

En conclusión, este estudio expone la posibilidad de un pensamiento alter-mimético, estrictamente fiel al horizonte antropológico de René Girard, aunque crítico con el insuficiente recorrido efectuado hasta el momento por la teoría mimética.

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Towards a mimetic theory in politics: René Girard and his school.

Motivation and objective

The origin, motivation and objective of this doctoral thesis are derived from the figure of René Girard and the extreme relevance of his works. An unclassifiable thinker, his intellectual and theoretical course has permitted the unfolding of mimetic theory (also called neo-mimetic on some occasions by its creator). Having started out in the field of literary criticism, he has managed to extend himself, by means of his own all-encompassing ambitious logic, to anthropology, the history of religion, psychology, theology, and the entire set of human and social sciences, with the intention of asserting his work as a reforming and founding paradigm.

There is a profound error with respect to the explanation of the connections between René Girard's thought and his relationship to the area of political reflection. It can clearly be seen that this author is not a political thinker. Girard's silence on these questions is almost absolute. Hence, the challenge that is posed by the construction of a political theory which is based on the principles of mimetic mechanism. Undoubtedly, the questions that naturally extend from this initial reflection are intriguing. Is it possible to analyse the main questions concerning "the political" by using the anthropological categories of mimicry? Is it possible to translate the theoretical constants of mimetic theory to the political space? In mimetic theory, is there a classic recognition of the natural political dimension of man, or does it simply refer to a subsequent avatar that can be reduced to the supreme categories of mimetic rivalry and the logos of violence? All these questions could be summarised in a single query: is it possible to develop a political thought based on mimetic theory, or is all political reflection subsumed under the infernos of the "violence of the sacred"? The structure of this doctoral thesis is largely dictated by the questions and difficulties stated above.

Undoubtedly, the embryo of an anthropology and a political theory can be found in Girard's works. However, their exact developments are conspicuously absent. In Girard's thought, there is truly a genuine political "promise"; but keeping this promise requires "going beyond Girard". His theory's political promise can be found within itself, while it is

"dispersed".

Structure

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Two blocks. In the first, with Girard, the thought of this French-American thinker is expounded. A panoramic presentation of his works and theory is given, systematically ordered by means of his characteristic inherent sequential logic. In Girard's theory, the political gradually appears, very timidly. The aim of this block is to show the clear ambition of a theory that is distinguished by the will to propel its entire course with the force of a fundamental premise, which is also simple, profound and destined, according to the orientations of the author himself, to revolutionise our conception of man and social relationships. This premise is mimecry.

In the second block, going beyond Girard, the foundations of mimecry that are not explored by Girard are discovered—with the assistance of the Girardian theoretical compass—, taking into consideration the immense possibilities of mimetic anthropology. In this second block, mimetic theory is entered into a dialogue with authors, schools and theories that Girard never treated. A dialogue that will permit the realisation of the immense possibilities of the mimetic for political thought.

In the first block, the foundations of the mimetic paradigm are studied. This paradigm is ordered according to two bases: mimecry and méconnaissance (misunderstanding). In this section, the scientific nature of the Girardian notion is also discussed.

Subsequently, what might be called the "structure of mimetic theory" is presented. The term "structure" refers to the fundamental anthropological pillars that sustain the Girardian edifice. This chapter is divided into three parts: anthropology, sociology and politics.

In the section on anthropology, the conceptual repertoire that nourishes mimetic theory is explored, as well as its key concepts, with an eye not only to rationally presenting the structure of the said concepts but also their potential political significance.

Mimetic anthropology, even before it leads into social theory, contains important insinuations that affect the political space. This work explains these insinuations and translates them to their corresponding levels. What are the political consequences of the consideration that man is a mimetic animal? To what extent is his sociability defined when

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this type of presupposition is established? How can political reflection orientate and demarcate a concept of conflict, such as that posed by mimetic rivalry?

This section will also provide the opportunity to take advantage of a smooth transition towards "political mimecry". Here, Girard's reflections on the emergence of political power through the analysis of sacred monarchies are studied, and the way in which Girard employs mimetic logic to shed light on historical-political situations is analysed, drawing conclusions on the nature of power and the logic that has guided its unstoppable totalitarian growth in the course of modernity.

The next chapter is devoted to the Judeo-Christian Revelation that is presented as a Rupture with the archaic order. The rupture of Christianity does not invalidate the mimetic structure of human nature; however, as it dissolves the psychological and cultural efficacy of méconnaissance, it dismantles the structure of the archaic cultural edifice. Christianity is liberating in a sense, but from a different perspective; it anticipates the worst types of violence and prefigures the apocalyptic scenario. The Girardian reading of the Judeo-Christian Scriptures is addressed, together with the reasons for the superior Christian understanding of the laws of mimecry, which will foresee the apocalyptic trend that Girard believes to uncover in the recent history of humanity.

In the block going beyond Girard, the outline is sketched towards a mimetic theory of the political. It is divided into two main chapters, one dedicated to the theories of political anthropology and the potential adaptability of Girardian anthropology to them, and the other considers Girardian theory's possible founding capacity of an "essence of the political".

In the first of these chapters, after tackling the perspectives created by mimetic anthropology as a political anthropology, the works and reflections of various political treatise writers, thinkers and theorists will follow, all of which are very much in agreement with the mimetic focus. Among them, for their unique relevance but without wishing to be exhaustive, the concept of "political envy" developed by the Spanish conservative theorist Gonzalo Fernández de la Mora, analyses of envy and society by the German sociologist Helmut Schoeck, the reflection on man as a "political animal" by the forgotten yet brilliant Spanish

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political thinker from the last century (Javier Conde), and the classification of anthropological-political conceptions by Dalmacio Negro.

The first chapter ends with the last two questions. On the one hand, the presentation of the contrast between two interpretive paradigms of the political relationship (the fraternal and the paternal), and the genealogical interweaving between them. And on the other, the presentation—thanks to the theoretical basis provided by analyses from an authorised reader of mimetic studies (the philosopher Jean-Pierre Dupuy)—of mimetic theory as a morphogenetic and sociogenetic theory. These last two epigraphs will permit the discernment of the theoretical potential of the mimetic paradigm in the political space.

In the second chapter of this second block, the concept of the "essence of the political"

by the brilliant Alsatian theorist, who comes from the Smittian school of thought, Julien Freund, is explicitly adopted as a starting point. The objective of this approach is to string the mimetic paradigm together with the presuppositions of the essence of the political, which are analysed at length in Freund's works. If the great political concepts (authority, obedience, friendship and enmity, decision, monocracy, intensity, etc.) admit a coherent grounding in mimetic anthropology and the Girardian theory of violence and resulting religious order, then the postulation of the Girardian paradigm as a paradigm of the political could be given the epistemological and theoretical credibility that it deserves. In this chapter, it is also worth noting the failed dialogue between René Girard and Marcel Gauchet, rescued thanks to the invaluable reflection offered in the monumental and recently published work, Le symbolique et le Sacré, by the French sociologist of religion Camille Tarot. As a result of this meeting between Girardism-Gauchetism, the idea of the pharmakológica function of power will emerge, a bridge of utmost importance to re-establish communications between the sacred and the political. In addition, all these reflections cannot refrain from considering the revolution produced in the political area of a modernity nourished by the evangelical logos.

Can the unstoppable growth dynamic of the tentacles of political power perhaps be interpreted better thanks to the Girardian theology of history? Bertrand de Jouvenel's work will assist in the understanding that there could be another form of mimecry, applicable to competition between political units. Finally, the chapter will conclude by asking another decisive question, considering the apologetic Christian dimension of Girard's works: is there a political-mimetic proposal that is congruous with the evangelical logos? With regard to this question, the pre-

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Augustinian theology of the dark and disturbing "Catholic-Donatist" theologian Ticonio will arise, as well as the conceptions of the chastening idea of katechon, with the aim of penetrating the no less mysterious essence of the political.

Conclusion

In conclusion, this study presents the possibility of an alter-mimetic thought, which is strictly faithful to the anthropological horizon of René Girard, while critical with the insufficient development of mimetic theory up until now.

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Agradecimientos

Son muchas las personas con las que creo haber contraído una deuda de gratitud en relación con el trabajo que aquí se presenta. Temo que estas breves palabras no basten para expresar hasta dónde llega mi agradecimiento y cómo la culminación de este esfuerzo no hubiera podido producirse sin su ayuda.

¿Cómo podré saldar el inestimable apoyo y confianza de Charles Ramond? El interés, atención y la siempre amable disponibilidad de Dalmacio Negro, así como la de quienes integran su seminario de Teoría Política. La cordial invitación de Pierre Manent al EHESS de Paris, pese a sus “reservas en relación con estos nobles apocalípticos”, tal y como calificó a René Girard y Donoso Cortés en su considerada respuesta a mi solicitud.

No dejo de lado a Angel David Martin Rubio, que organizó en la diócesis de Coria- Cáceres unas jornadas sobre Donoso Cortés, a las que también fue “invitada”, en forma de conferencia (que se repitió después), la teoría de Girard; a Paul Dumouchel, James Alison, Jean-Pierre Dupuy, Jean-Marc Bourdin, y el resto de participantes de la universidad de verano René Girard organizada en el Moulin d’Andé, el verano de 2014, gracias a la Association des Recherches Mimétiques y a su incansable y brillante presidente, Benoît Chantre. Guardo un imborrable recuerdo de aquellas jornadas y fue un privilegio compartirlas con las principales cabezas pensantes la teoría mimética a nivel internacional. Ni olvido desde luego a mis queridos amigos Arnaud-Guyot Jeannin y Alain Couartou, que han prestado siempre serena atención a mis investigaciones sobre Girard, y sobre todo, me han animado y ayudado a perseverar en el trabajo.

Por otro lado, mis entrañables Angel Barahona y a todos los girardianos españoles de Xiphias Gladius. Espero que el futuro se presente tan prometedor como parece a tenor de las próximas actividades previstas.

Mi reconocimiento agradecido a la Universidad San Pablo CEU y a todos los compañeros del Instituto de Humanidades. Más en particular al profesor Alejandro Rodríguez de la Peña, que ha considerado, supongo que empujado primero por una confianza afectuosa, y después acompañada por un franco interés, el estudio de la obra girardiana.

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Por último, y muy especialmente, a Evaristo Palomar Maldonado, director de esta tesis doctoral, que no hubiera podido llegar a su conclusión sin su generosidad, dedicación y paciencia.

A todos ellos, mi reconocimiento y cariño que, como se comprenderá, es todavía mayor en el caso de las personas que me acompañan en la vida diaria. A mi madre, mi hermana, y a Gema. A mi prima María Poveda y a mi tía Rosa Hernández Luis por su disponibilidad y valiosa ayuda de última hora. Gracias de todo corazón por su cariño y amor incondicionales.

Por último, no quisiera terminar sin una última referencia personal a René Girard.

Tuve ocasión de conocerle personalmente en el año 2009 en la grabación radiofónica de un programa dedicado a su obra, al que fui invitado por mi amigo el periodista Arnaud Guyot- Jeannin. Fue un privilegio tener esa oportunidad, que lamentablemente no se volverá a repetir.

A sus 91 años, según nos cuenta con pesar Benoît Chantre, René Girard ha dejado de hablar.

Paradójico silencio para quien tanto ha dicho con su vida y su obra.

Uno de los propósitos principales de este trabajo es que el eco de su voz, y con ella, la voz “mal conocida” de lo real, no lleguen a enmudecer nunca.

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Razón y método: el por qué de esta investigación

La génesis, motivación y objeto de esta tesis doctoral vienen dados por la propia figura y rabiosa actualidad de la obra de René Girard. Pensador inclasificable, su itinerario intelectual y teórico han permitido el despliegue de la teoría mimética (también denominada, en ocasiones, como “neo-mimética” por su creador, para reconocer las aportaciones de algunos insignes precursores, clásicos o modernos), que habiendo iniciado su recorrido en el campo de la crítica literaria, ha conseguido elevarse, por su propia y ambiciosa lógica omniabarcante, hasta la antropología, la historia de las religiones, la psicología, la teología, y el conjunto de las ciencias humanas y sociales, no sólo por afición pasajera y ociosa, sino con intención de afirmarse como paradigma renovador y fundante. En este sentido, el desembarco de la teoría mimética en el terreno de la reflexión y del análisis político se presenta, indudablemente, como la crónica de una visita anunciada.

La relevancia y originalidad del trabajo investigador realizado se justifica por su condición de primer estudio, en el ámbito académico español, de la proyección y posibilidades de una teoría mimética de lo político. Aunque, con escasas excepciones puntuales, el conjunto de la obra de René Girard ha sido traducida al castellano, lo cierto es que el impacto de su pensamiento no ha alcanzado, en España, el impacto, consideración y reconocimiento que esta misma obra ha recibido en el mundo, tanto en el ámbito anglosajón (lógico reflejo de su larga y prolífica actividad en la vida académica norteamericana), como en la vieja Europa. “En Estados Unidos -escribe Alejandro Llano-, sobre todo desde los acontecimientos del 11 de septiembre, se habla de un auténtido “fenómeno Girard”1, que se ha convertido en autor de referencia, tanto en teología y filosofía como en teoría literaria, en psicopatología y en estudios de multiculturalismo”. Aunque en Francia, su país de origen, sigue existiendo un recelo considerable a la recepción de sus teorías, su aclamada elección como miembro de la Academia Francesa en 2005 ha supuesto un aldabonazo definitivo, y también, un reflejo significativo de un reconocimiento cada vez más extenso, pues “si se repasan los índices onomásticos de importantes obras europeas en estas áreas, sobre todo las publicadas en las dos últimas décadas, se apreciará la abundancia de referencias a Girard, que ha pasado a ser un pensador de visita obligada para quienes quieran comprender el mundo en

1 A. Llano, Deseo, violencia, sacrificio: El secreto del mito según René Girard, EUNSA, Pamplona, 2004, p.19.

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el que vivimos”2.

Este trabajo intenta abrirse paso, por tanto, en el difícil y angosto sendero estrechamente vigilado por un doble silencio, que, a falta de otros calificativos mejores, llamaremos “silencio hispánico” y “silencio político”. Ya se ha hecho alusión, brevemente, al primero. En cuanto al segundo, su interés merece una más honda explicación, pues afecta directamente a la elección y elaboración de la temática de la investigación que aquí se presenta. Existe, a nuestro entender, un profundo equívoco en cuanto a la exposición de las relaciones entre el pensamiento de René Girard y su relación con el ámbito de reflexión política. Se suelen justificar los reparos a la consideración de todo parentesco entre uno y otro en la propia personalidad y contenido de la obra de Girard. Nuestro autor, salta a la vista, no es un pensador político. Quien aspire a encontrar en sus variados estudios y tratados, marcados por la ambición de revelarnos nada menos que “las cosas ocultas desde la fundación del mundo”, alguna indicación sobre la mejor forma de gobierno y alguna clasificación erudita sobre las formas políticas, se sentirá inmediatemente decepcionado. El silencio de Girard sobre estas cuestiones es prácticamente absoluto y, de hecho, muy revelador de una posición marcadamente característica de un tipo de “ayuno” intelectual que define también, en parte, su posición religiosa y el sesgo apocalíptico de su obra. Pero esta primera verdad, incontestable desde el punto de vista empírico, deja escapar habitualmente una realidad menos evidente de lo que a primera vista podría parecer.

En efecto, en los últimos tiempos, y especialmente a raíz de la publicación de su obra sobre Clausewitz, algunos han creído descubrir, súbitamente, un nuevo e inesperado interés de nuestro ilustre académico por la política. Sin duda, habían olvidado leer la letra pequeña.

En respuesta a este nuevo campo de reflexión girardiana, ya es frecuente encontrar trabajos de distinta índole centrados en la cuestión que nos ocupa, la teoría mimética y lo político. Podría pensarse, ateniéndonos a esta reciente y postrera transformación de los intereses internos de los estudiosos de la teoría mimética, que esta nueva preocupación responde a un intento de recuperar el tiempo perdido tras algunas décadas de acusado mutismo político de un pensador que no en vano ha sido acusado repetidamente de “antipolítico”. Hay en toda acusación un embrión de verdad, e intentaremos en nuestro trabajo separar la paja del trigo. En esta introducción, nos conformaremos con afirmar que, en realidad, pese a la ausencia de una

2 Idem.

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exposición explícita y separada de la dimensión política de la naturaleza humana, las pistas para una futura reflexión política (sin duda insuficientes) aparecen ya en el primer libro del pensador franco-americano, Mentira romántica y verdad novelesca, allá por 1962. Desde entonces y hasta la ya citada aparición de su Clausewitz, René Girard no ha dejado de cultivar tímidamente esa pequeña tierra de la reflexión política. Sus detractores subrayarán el hecho, difícil de rebatir (aunque merecedor de una mirada más atenta), de que esa tierra no ha dejado nunca de pertenecer a su verdadero propietario y señor, pues ha subsistido en estricta relación de dependencia y vasallaje (si nos arriesgamos a forzar la metáfora feudal) con la genuina marca de referencia del resto de la teoría mimética, a saber, “la violencia y lo sagrado”, los

“sangrientos orígenes”3 de la hominización y de la cultura. Lo político no podría alcanzar jamás en Girard, según estos mismos detractores, la plena emancipación de un cosmos entera y tiránicamente dominado por los dioses arcaicos de los mitos y los ritos nacidos del asesinato fundador. Dejemos que se apunten, de momento, ese tanto. Tal vez sea necesario para empezar otro partido, mucho más interesante que el de los tópicos y clichés con que el pensamiento acostubrado al esquematismo reduccionista suele justificarse.

Frente a estos lugares comunes, otros muchos investigadores, pensadores de lo político y estudiosos de la historia de las ideas, acogen con renovado interés las amplias posibilidades que ofrece en el terreno de la reflexión política el paradigma mimético. Merece la pena destacar los esfuerzos en este sentido de dos de los mejores representantes de esta línea de interpretación, tanto en el conjunto de las ciencias sociales como en el análisis político en particular. Nos referimos a Jean-Pierre Dupuy y a Paul Dumouchel. Se les puede considerar, en gran medida, precursores de este reconocimiento y guías en la afirmación y desarrollo de la capacidad fundante del paradigma mimético para reconstruir, a partir de la antropología, los fundamentos del estudio de lo político, desde la ontología y orígenes del poder, pasando por las funciones del orden político, hasta llegar a reconocer las claves de interpretación de las peculiaridades de la modernidad política. Sus trabajos y aportaciones avalan la legitimidad de la elección de nuestra investigación, amenazada sin duda por incomprensiones de partida.

Como ya dejamos escrito recientemente,

3 Tomamos la expresión de uno de los últimas recopilaciones de textos inéditos de Girard. R. Girard, Sanglantes origines. Entretiens avec Walter Burkert, Renato Rosaldo et Jonathan Z. Smith, Flammarion, Paris,

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El reto de la construcción de una teoría política deudora de los principios del mecanismo mimético sitúa a la obra girardiana ante uno de sus desafíos más imponentes. Pero también ante sus debilidades y tentaciones más recurrentes. Las preguntas que surgen naturalmente de esta reflexión inicial son, sin duda, sugerentes. ¿Se pueden analizar las principales cuestiones de “lo político” a partir de las categorías antropológicas del mimetismo? ¿Se pueden trasladar las constantes teóricas de la teoría mimética al espacio político? ¿En qué medida? ¿Con qué reservas? ¿Se trata de una simple aplicación deductiva de un conjunto de principios con validez general? ¿Qué se debe mantener y qué se debe adaptar o transformar de la teoría mimética en su discurso político, atendiendo a la naturaleza propia y específica de la dimensión política de lo humano? ¿Existe en la teoría mimética el reconocimiento clásico de esta dimensión natural, o se trata simplemente de un avatar posterior reductible a las categorías supremas de la rivalidad mimética y del logos heracliteano del que emana el orden sacrificial arcaico? Todas estas cuestiones podrían reducirse a una sola: ¿es posible desarrollar un pensamiento político a partir de la teoría mimética o queda toda reflexión política subsumida en los infiernos de la

“violencia y lo sagrado” revelados por la teoría mimética, convertida en suprema ciencia psicológica de las profundidades y de los orígenes?4.

Aquí aparecen algunas de las preguntas que se intentarán responder al hilo de la exposición de este trabajo.

La estructura de nuestra exposición responde en gran medida a la dificultad de las preguntas arriba planteadas. Habida cuenta del “ayuno político” de Girard, abordar únicamente sus explícitas referencias a la política se antojaba como la mejor forma de adelgazar un estudio que ya de por sí podría ser acusado de “raquítico”. Pero, por otro lado y en el otro extremo, una exposición general y completa del conjunto de la obra de Girard sería indudablemente juzgada como innecesaria para un estudio que se presenta como destinado a ofrecer una lectura exclusivamente política de un pensamiento. Hemos optado, por consiguiente, por una vía intermedia y no sólo por honrar la popular concepción aristotélica del “justo medio”, sino también por exigencias metodológicas inexcusables. En efecto, el pensamiento de René Girard obedece a una estricta lógica interna que no admite compartimentos estancos. Se nos felicitará por la ingenuidad de nuestro descubrimiento, pues todo pensamiento obedece al mismo espíritu de unidad y totalidad. Hay, sin embargo, en la lógica del pensamiento de Girard, que hemos denominado en nuestro trabajo “paradigma 2011.

4 D. Gonzalez, “Entre Charybde et Scylla: une théorie mimétique du politique”, Cités, 53, mars 2013, pp.41- 42.

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mimético”, algo mucho más profundo que ese lugar común, y que nos obliga imperativamente a ofrecer una visión general de sus planteamientos si queremos aterrizar en tierras políticas sin olvidar parte de un equipaje que será necesario para sobrevivir en este nuevo territorio. Los detractores del pensamiento “político” de Girard nos reprocharán la metáfora, pues si el campo de la reflexión política en la teoría mimética no puede en ningún caso reclamar la autonomía de una isla ni justificarse en la larga distancia del trayecto (por la estricta relación de vasallaje que anteriormente recogíamos), no se entiende muy bien el recurso al transporte aéreo ni la lógica del “aterizaje”. Se puede aceptar la crítica en lo que tiene de estrictamente rigurosa en el empleo de la analogía como recurso narrativo, pero hay que advertir también que se puede utilizar a nuestro favor. Pues si en efecto, como se sugiere, el universo mimético es un continente único en el que todas las regiones viven intercomunicadas, con grandes flujos comerciales a nivel epistemológico, sería imposible reconocer el paisaje, los usos y costumbres (los mitos y los ritos, diríamos, para ser más fieles al vocabulario girardiano) de la región política del universo mimético que nos aventuramos a explorar sin antes haber recorrido el amplio espacio continental del paradigma mimético. Este amplio espacio nos ofrecerá las claves indispensables para acometer el estudio de nuestro campo específico: la antropología mimética (el estudio de los conceptos centrales de la concepción girardiana del hombre, el deseo y la rivalidad mimética, la mediación interna y externa, etc), la “sociología mimética” (que parte del contagio mimético, la indiferenciación social, hasta llegar a la constitución del orden sagrado por la mediación del momento capital del asesinato fundador y la violencia fundacional del chivo expiatorio), y la ruptura cristiana de la Revelación (que jugará el papel fundamental de revolucionar la estructura ancestral y milenaria del orden arcaico sin destruir por ello la estructura antropológica que se asienta en el deseo mimético).

Entendemos, por tanto, que nuestra elección metodológica está plenamente justificada: sólo el René Girard “Darwin de la cultura” (Michel Serres) o “Hegel del cristianismo” (Jean-Marie Domenach) (como pomposamente se han atrevido a calificarlo), puede abrirnos las puertas para conocer al más desconocido zoon politikon Girard. Sólo la afirmación del hombre como animal mimético puede ofrecernos la llave para descubrir su politicidad. Sólo la sociología mimética nos permitirá adentrarnos en el espacio político con suficientes garantías de supervivencia teorética.

En la línea de Julien Freund, entendemos que existe una “esencia de lo político”. Y nos atrevemos a afirmar, ya en esta introducción, que el pensamiento de René Girard está en

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condiciones de ofrecernos, gracias a esta inmersión en los “sangrientos orígenes” de la violencia y lo sagrado, una “esencia de dicha esencia”, “una esencia de la esencia de lo político”. ¿A qué profundas e insondables realidades pueden responder esos binomios (amigo/enemigo, privado/público, mando/obediencia) en los que Freund cifraba la “esencia”

de lo político? ¿No se pueden acaso descubrir, incluso en un primer acercamiento intuitivo, la línea que se podría trazar entre aquellos binomios y los conceptos clave del pensamiento de Girard? ¿No conduce acaso el deseo mimético a la rivalidad y al conflicto, categoría básica del pensamiento político? ¿Y no es el chivo expiatorio una realidad consustancial a la constitución del poder, que hunde sus raíces en una realidad “sagrada” sin la cual no podríamos acercarnos a entender el profundo misterio que rodea la naturaleza de lo político?

Hay en Girard mucho más de lo que sus afirmaciones políticas, encerradas en la lógica de su vocabulario, podrían dejar entrever. Es necesario trazar la línea que unirá a sus propuestas antropológicas con sus derivadas políticas, aun a riesgo de desafiar las propias inconsistencias de un pensamiento muchas veces tentado por un agustinismo radical, confortado asimismo por la violencia quiliástica de sus veleidades apocalípticas. Ahora bien, la particularidad de nuestra exposición general de las coordenadas intelectuales del paradigma mimético consistirá, como puede deducirse de las consideraciones anteriormente expuestas, en la voluntad de orientar decididamente a la reflexión política cada uno de los sucesivos estadios de un teoría, la mimética, marcadamente secuencial. Donoso Cortés ya advirtió que en toda gran cuestión política va envuelta una gran cuestión teológica. Carl Schmitt, por su parte, en El concepto de lo político, ya expuso que se podrían clasificar todas las teorías políticas en función del pesismismo u optimismo antropológico que presuponen, señalando así que ninguna afirmación antropológica está exenta de consecuencias políticas.5

Aunque René Girard no parte de ninguna verdad teológica, es indudable que su teoría comienza por una rotunda (algunos dirían “rígida”) premisa antropológica, el mitemismo del deseo, extraída del estudio de los clásicos de la literatura. A partir de ahí, los distintos componentes de su teoría se van hilvanando sucesivamente en un orden que se pretende racional y científico, y que ciertos teólogos y pensadores, alentados por el propio académico francés, no han dudado en asociar a la antropología bíblica fundada en la Creación y el pecado de los primeros padres. Así pues, la antropología mimética, antes incluso de desembocar en su

5 Carl Schmitt, H. Orestes Aguilar (Autor, selección y prólogo), Carl Schmitt, téologo de la política, Fondo de cultura económica, México, D.F. 2001, p.204.

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teoría social, contiene importantes insinuaciones que afectan al espacio político. Es preciso explicitar dichas insinuaciones y traducirlas en el nivel correspondiente. ¿Qué consecuencias políticas puede provocar la consideración del hombre como animal mimético? ¿En qué medida su sociabilidad queda definida al establecer tal tipo de presupuesto? Expondremos estas problemáticas al hilo de nuestra exposición sistemática de la obra y el pensamiento de Girard. Nuestro estudio apunta en todo momento, por consiguiente, al objetivo final de la discusión y elaboración de una teoría mimética de lo político, y no eludirá las lagunas y debates que puedan derivarse en cada momento de la exposición. Esta es la razón por la que nuestra exhibición general de la obra de Girard no será una presentación teórica del tipo acostumbrado, sino más bien un manual de instrucciones destinado a edificar, con las piezas que nos ofrece el paradigma mimético (tan susceptible, por otro lado y como veremos, de adaptarse a los más variados usos y finalidades), los cimientos y las bases de una teoría mimética de lo político. Así pues, en esta exposición general de orientación política de la obra de René Girard, se ofrecerán las líneas maestras de lo que podría considerarse una lectura sistemático-secuencial de su pensamiento, no siempre coincidente con los distintos estadios cronológicos de su desenvolvimiento biográfico a nivel intelectual. Diseccionar de este modo ofrece múltiples ventajas a la hora de extraer las oportunas conclusiones adaptadas para un estudio de esta naturaleza. En primer lugar, permite comprender razonadamente el hilván de los distintos momentos o secuencias de la teoría mimética. En segundo lugar, permite avanzar progresivamente en la tarea del esclarecimiento de los presupuestos políticos de dicha teoría, sin transiciones abruptas o intersecciones forzadas. Los distintos elementos de los que se compone dicha teoría de lo político irán sumándose progresivamente al hilo de la exposición y se integrarán con las eventuales aportaciones explícitas en ese terreno del propio Girard , mucho menos “autista” políticamente de lo que en un primer momento cabría suponer, como ya hemos indicado.

Y, sin embargo, acometer la tarea de una elucidación de una eventual teoría mimética de lo político exige desbordar los linderos impuestos por la obra y el pensamiento del propio Girard. Si, indudablemente, puede localizarse en su obra el embrión de una antropología y de una teoría políticas, sus desarrollos concretos, en cambio, brillan por su ausencia. Hay en el pensamiento de Girard, verdaderamente, una genuina “promesa” política. Pero cumplir con esa promesa exige ir “más allá de Girard”. Según Yves Charles Zarka, algo muy similar a la antropología mimética ya se expresó de forma privilegiada en la obra de Thomas Hobbes,

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cuya significación y relevancia políticas nadie podrá cuestionar de cara a una cabal comprensión del pensamiento moderno. La peculiaridad de la antropología mimética girardiana sería, en opinión de Zarka, que se situaría “por debajo” (en deça) y “más allá” (au- delà) de lo político6, en el sentido de que su naturaleza profunda consiste en situarse en la perspectiva de lo religioso, y no de lo político. Si esto es así (y a nuestro entender, el juicio de Zarka es muy atinado), la fisonomía intelectual de nuestro trabajo nos obliga a imprimir, a la obra y antropología de Girard, un cambio de perspectiva, a forzar un giro en su ángulo de visión. Y es que, si bien el vocabulario de Girard no parece haber sido concebido para dar respuesta a las problemáticas políticas, sí es posible señalar que la promesa política de su teoría se encuentra ya en ella misma, aunque estaría, como señala Stéphane Vinolo,

“diseminada, agazapada a la sombra de los conceptos”.7 Como hemos dejado escrito en un artículo recientemente publicado en la revista de filosofía Espíritu, construir una teoría mimética de lo político nos obliga a ir “más allá de Girard”, nos impone Achever Girard.8

Así pues, este trabajo se estructura en dos bloques. En el primero de ellos, con Girard, dejaremos que el pensador franco-americano nos presente panorámicamente el conjunto de su obra y de su teoría, vertebrada sistemáticamente a través de su característica lógica secuencial inherente. En este primer bloque es esencialmente Girard el que habla, y veremos cómo lo político, se asoma poco a poco, (eso sí, muy tímidamente) al hilo de la exposición de su teoría. En el segundo bloque, más allá de Girard, nos emanciparemos de la tutela intelectual del creador de la teoría mimética para intentar, gracias a la brújula de esa misma teoría, descubrir fundamentos (por debajo, en deça) y horizontes (más llá, au-delà) inexplorados por el pensador aviñonés, pero perfectamente alcanzables habida cuenta de las inmensas posibilidades de la antropología girardiana y de su teoría de la violencia y la religión. En este segundo bloque, expondremos a la teoría mimética a un diálogo con autores, escuelas y teorías con los que Girard jamás había entablado trato. Diálogo que permite, a nuestro entender, extraer el fruto de aquellas inmensas posibilidades, de lo mimético para lo político, anteriormente mencionadas.

Creemos que, gracias a estas indicaciones, puede entenderse del mejor modo la

6 Y. Zarka, “Girard: en deça et au-delà du politique”, Cités, op.cit., p.6.

7 S. Vinolo, “La majorité contre la foule”, Cités, op.cit., p.87.

8 D. González, “René Girard: la impotencia política de un pensador apocalíptico”, Espíritu, Volumen LXIII,

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estructura de nuestra exposición que, en coherencia con las mismas, pasamos a exponer resumidamente a continuación.

Una vez reseñadas, a modo de apertura, las circunstancias vitales y ambientales de la elaboración de su pensamiento, así como las respectivas influencias personales o doctrinales que contribuyeron a moldearlo progresivamente en el conjunto de las obras que lo conforman (y que serán expuestas puntualmente, junto a los encendidos debates que la irrupción de la teoría mimética suscitó en determinaos ambientes), se pasa a exponer propiamente nuestro estudio. Ya en la primera parte, dedicada al estudio del pensamiento de Girard, se analiza con detenimiento en su primer capítulo lo que hemos llamado anteriormente “el paradigma mimético”. El objetivo de dicho capítulo no es otro que reflejar la clara ambición de una teoría marcada por la voluntad de impulsar el conjunto de su recorrido gracias al empuje de una premisa fundamental, que es al tiempo sencilla, profunda y destinada, según las orientaciones del propio autor, a revolucionar nuestra concepción del hombre y de las relaciones sociales. Esta premisa es el mimetismo. Y la ambición es tanto mayor cuanto que el recorrido al que hacíamos refrencia no es un paseo cualquiera sino la océanica exposición de un viaje de horizontes difíciles de acotar, pues nos conduce, a partir de las fuentes de la gran literatura de las que extrae su “maná teórico”, desde la exploración del secreto de los mitos arcaicos, desde el esclarecimiento del origen de las más variadas intituciones y, por consiguiente, desde la cultura misma, hasta la comprensión del proceso de hominización, marcado por una circularidad recurrente hasta la, según Girard, milagrosa irrupción de la Revelación cristiana, que abrirá a nuestro mundo a apropiarse de un dilema de proporciones gigantescas, que justifica la pertinencia de una mirada apocalíptica en la interpretación de nuestro futuro inmediato, con la que René Girard cerrará, siempre con polémica, su pensamiento. Parece difícil de creer que nuestro autor haya podido llegar tan lejos orientado por una brújula tan aparentemente insignificante como la del mimetismo. Y, sin embargo, así es. Sus detractores no desaprovecharán la ocasión para acusarle de reduccionismo. Aunque lo cierto es que esta brújula se complementa con un apoyo decisivo en la tarea: la méconnaissance. Mimetismo y méconnaissance se conjugan y juntos respaldan las sucesivas transiciones dialécticas a través de las cuales la teoría mimética se desplaza escalonadamente.

Este capítulo abonará el terreno más propicio para discutir sobre la metodología girardiana, su discutida “cientificidad”, y las respectivas objeciones que ha merecido, y no es de extrañar, a Núm. 147, Enero-Junio 2014, pp. 173-179.

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la vista de las profundas revelaciones que contiene.

En el segundo capítulo, se expondrá la “estructura de la teoría mimética”. Nuestra elección carece de cualquier veleidad estructuralista, por mucho que el propio Girard haya sido acusado de simpatías con dicha corriente de pensamiento, con la que sin duda coexistió a lo largo de toda su evolución intelectual, y no siempre pacíficamente. Con el término de

“estructura” nos referimos a los pilares antropológicos fundamentales que sustentan el edificio girardiano, y cuyos materiales o componentes químicos capitales ya hemos señalado al recordar el mimetismo y la méconnaissance. En este capítulo, hemos dividido la exposición en tres partes: antropología, sociología, y política. En ella puede observarse fácilmente la intención y orientación fundamental de nuestro trabajo, y no tanto la ordenación jerárquica del pensamiento de Girard (especialmente en lo relativo a un campo específico referido a la política). En el apartado referente a la antropología, descubriremos el arsenal conceptual del que se nutre el paradigma mimético y su vocabulario principal (deseo mimético-triangular- metafísico, mediación interna-externa-doble,etc), con la preocupación no sólo de exponer razonadamente la vertebración de dichos conceptos sino también su eventual significación política, como ya quedó apuntado. El punto de inflexión “sociológico” tampoco refleja la propia terminología de Girard, pero hemos creído conveniente subrayarlo para destacar el momento decisivo que supone en el desenvolvimiento de la rivalidad mimética la aparición de un “tercer” actor. Es la noción de “contagio mimético” la que permite una elevación hacia esa mirada sociológica que ayuda a comprender aspectos tan relevantes como el surgimiento del orden social y cultural (es decir, religioso) a partir del desorden de la violencia indiferenciadora que culmina en el asesinato fundador. El propio Girard ha podido sintetizar este momento decisivo de su propio proceso intelectual, con el título de uno de sus libros más significativos, en cuya formulación se encierra la profunda significación del conjunto: La violencia y lo sagrado. La fórmula recoge tanto el misterio del paso del desorden al orden (mediante el no menos misterioso salto del “todos contra todos”, resultante del contagio mimético, al “todos contra uno” de la violencia fundacional reunida en torno al chivo expiatorio) como la paradoja de la equivalencia entre un orden “sagrado” (y por tanto pacífico) y su origen violento y sangriento. Es, en cualquier caso, en este terreno sociológico en el que encontrará naturalmente acomodo el estudio del poder político que, en el esquema de Girard, obedece a la misma lógica interna del proceso general, aunque admite una modulación particular y, tal vez, por tanto, un escaso margen de autonomía. Este amplio

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capítulo nos permitirá, de esta manera, recorrer un importante camino, que se extiende desde el contagio mimético de la violencia indiferenciada hasta el estudio del orden cultural (el sacrificio, los ritos, los mitos), sin desatender al momento capital y central de toda la teoría mimética, llamado a reaparecer de manera recurrente: el chivo expiatorio. También nos ofrecerá la oportunidad de aprovechar una suave transición hacia la “política mimética”, apartado en el que no sólo se estudirán las oportunas reflexiones de Girard sobre el surgimiento del poder político mediante el análisis de las monarquías sagradas, sino que también servirá para recoger el conjunto de reflexiones del pensador franco-americano en torno a la cuestión política, esparcidas y diseminadas en cada una de sus obras. Este momento de nuestra exposición se revelará como decisivo pues otorgará la legitimidad necesaria (que otros muchos niegan) para establecer un fundamento mimético para el análisis de las situaciones y de las realidades políticas. Observaremos que René Girard no dudará en emplear la lógica mimética para esclarecer situaciones histórico-políticas, extrayendo puntualmente, relevantes y agudas conclusiones sobre la naturaleza del poder y la lógica que ha guiado su imparable crecimiento totalitario-nihilista en el curso de nuestra modernidad. Consideraciones valiosas que habrán de servirnos a la hora de articular posteriormente una teoría mimética de lo político.

El siguiente capítulo justifica plenamente su autonomía, y mucho más que eso, pues representa el más significativo punto de inflexión de una teoría que, hasta aquí, se habría hecho acreedora a acusaciones de circularidad, determinismo (antropológico y social) y sistematismo. La Revelación judeocristiana, progresivamente afirmada en el curso de la Historia mediante el Antiguo Testamento, encuentra su culminación el el Evangelio, que unifica y al mismo tiempo enmienda el curso global de la Historia humana, o para decirlo con mayor rigor, inaugura verdaderamente la Historia al permitir al Hombre, por la Revelación, escapar de las garras de la ignorancia y de la “pacífica violencia” de la que disfrutaba. Se encierra aquí todo el misterio y la paradoja de esta Revelación, que hemos querido definir como Ruptura, para destacar su significación en relación con la Estructura analizada en el capítulo anterior. Como veremos, todo empeño por escapar de un tipo de pensamiento aproximativo es en este terreno más necesario que en cualquier otro. Porque la ruptura del cristianismo no invalida la estructura mimética de la naturaleza humana (el deseo, la rivalidad, y la tendencia a la convergencia violenta), pero al disolver la eficacia psicológica y cultural de la méconnaissance por la Revelación de la violencia que hasta entonces acusaba a la víctima

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(y que desde entonces será considerada, por ese motivo, chivo expiatorio), atacará la línea de flotación de todo el edificio cultural arcaico, en el que todas las sociedades hasta entonces han encontrado refugio ante su propia violencia. De este modo, el cristianismo es liberador en cierto sentido, pero desde otro ángulo anticipa las peores violencias, y prefigura el escenario apocalíptico. “No he venido a traer la paz, sino la espada”. Girard cree encontrar en estas oscuras palabras de Cristo la poderosa luz que nos guía en la comprensión de este profundo misterio. En este capítulo, abordaremos la lectura girardiana de la Escritura judeocristiana, las razones de la superior comprensión cristiana de las leyes del mimetismo, la teología de la Historia que ofrecerá la dualidad (de marcado acento agustiniano) entre los dos logoi, el logos heracliteano de la violencia y el logos evangélico del amor, el estudio etimológico y sistemático de Satán como constructo polimorfo que reúne el conjunto del ciclo mimético, las estrechas aunque controvertidas relaciones entre cristianismo y modernidad, que anticiparán la tendencia apocalíptica que Girard cree descubrir en la reciente historia de la Humanidad. Y, como en los capítulos anteriores, también este capítulo no dejará escapar la ocasión para entender la relevancia de esta misma ruptura en su lectura política.

En cuanto al bloque “meta-girardiano” (Más allá de Girard hacia una teoría mimética de lo político), se divide a su vez en dos capítulos principales, uno dedicado a la teoría de las antropologías políticas y el eventual encaje dentro de ellas de la antropología girardiana, y otro dedicado a la eventual capacidad fundante de la teoría girardiana de una “esencia de lo político”.

En el primero de estos capítulos, tras abordar las perspectivas abiertas por la antropología mimética como antropología política, desfilarán las obras y reflexiones, altamente convergentes con el enfoque mimético, de distintos tratadistas, pensadores y teóricos de lo político. Entre ellas, por su singular relevancia y sin ánimo de exhaustividad, la concepción de la “envidia política” del teórico conservador español Gonzalo Fernández de la Mora, los análisis sobre la envidia y la sociedad del sociólogo alemán Helmut Schoeck, la reflexión sobre el hombre como “animal político” de un olvidado y brillante pensador político español del siglo pasado (Javier Conde), la clasificación de las concepciones antropológico- políticas de Dalmacio Negro. La exposición de estos planetamientos se justifica, como ya se dijo, por su alta capacidad de diálogo, con ambición hermenéutica, en relación con el desarrollo político de la teoría mimética girardiana. El capítulo termina con dos últimos

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epígrafes. Por un lado, la exposición del contraste entre dos paradigmas interpretativos de la relación política (el fraternal y el paternal), y la imbricación genealógica entre ambos gracias a la luz epistemológica del aporte girardiano. Y por otro, gracias al apoyo teórico de los análisis de un intérprete autorizado como Jean-Pierre Dupuy, la presentación de la teoría mimética como teoría morfogenética o sociogenética. Estos dos últimos epígrafes permiten vislumbrar el potencial teorético del paradigma mimético en el espacio político.

En el segundo capítulo, destinado a despejar las posibilidades del paradigma mimético como “Esencia de la esencia de lo político”, se adopta explícitamente, como punto de partida, la concepción de la “esencia de lo político” del brillante teórico alsaciano, de ascendencia schmittiana, Julien Freund. El objetivo de este planteamiento es enhebrar el paradigma mimético con los presupuestos de la esencia de lo político analizados con gran profusión en la obra de Freund. Si los grandes conceptos políticos (mando, obediencia, amistad y enemistad políticas, decisión, monocracia, intensidad, etc) admiten una fundamentación coherente con la antropología mimética y la teoría girardiana de la violencia y el orden religioso resultante, entonces la postulación del paradigma girardiano como paradigma de lo político podrá recibir la credibilidad epistemológica y teórica de la que, a nuestro entender, es merecedor. En este capítulo, sobresale también el diálogo fallido entre René Girard y Marcel Gauchet, rescatado gracias a la inestimable reflexión contenida en la obra monumental, y recientemente publicada, Le symbolique et le Sacré9 del sociólogo francés de las religiones Camille Tarot.

Gracias a este encuentro girardo-gauchetiano emergerá la idea de la función pharmakológica del poder, puente de singular importancia para restablecer las comunicaciones entre lo sagrado y lo político, sin las cuales todo proyecto de fundamentación mimética de lo político dentro de las coordenadas girardianas está destinado a abortar. Además, todas estas reflexiones no pueden dejar de plantearse la irrupción, y consiguiente revolución, producida en el ámbito de la política de una modernidad fecundada, ciertamente, por el logos evangélico pero también penetrada por una nueva versión, más sibilina y sofisticada, del lenguaje satánico-heracliteano. ¿La dinámica imparable de crecimiento de los tentáculos del poder político puede acaso interpretarse mejor gracias a la teología girardiana de la Historia? La obra de Bertrand de Jouvenel ayudará a entender que puede existir otra forma de mimetismo, aplicable en este caso a la competencia entre unidades políticas (e intuido por cierto en ciertos análisis girardianos), que permite descifrar con lucidez esta dinámica del Estado moderno

Referencias

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