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Hacia una sociedad democrática: experimentalismo y educación en J. Dewey

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Academic year: 2020

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I ENCUENTRO INTERNACIONAL DE EDUCACIÓN Espacios de investigación y divulgación.

29, 30 y 31 de octubre de 2014

NEES - Facultad de Ciencias Humanas – UNCPBA Tandil – Argentina

II.2. Sociedades plurales, igualdad y educación

Hacia una Sociedad Democrática: Experimentalismo y Educación en J. Dewey

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2 Introducción

Una de las cuestiones ampliamente reconocida y afirmada tanto en escenarios educativos como políticos es que el mantenimiento y fortalecimiento de las democracias occidentales, requiere, entre otras cosas, el desarrollo de un concepto fuerte de ciudadanía.

Se sostiene que la calidad de la democracia depende en buena medida, aunque no exclusivamente, del nivel de conciencia democrática alcanzado por la ciudadanía. El nivel de conciencia ciudadana viene determinado la adquisición de virtudes y disposiciones cívicas que incluyen tanto conocimiento como habilidades y actitudes que permiten el desarrollo y fortalecimiento del sistema democrático. La idea general es que esta conciencia ciudadana no es algo que este dado por la sola pertenencia a un régimen democrático, sino depende de diversos factores, entre ellos la cultura pero más significativamente de políticas públicas desarrolladas por el estado. Se sostiene que educación y particularmente la educación formal tienen un rol ineludible en la formación de ciudadanos capaces de integrarse plenamente a la vida democrática.

Sin embargo, más allá de estos acuerdos explícitos y por cierto demasiado generales, no existe una reflexión acerca de cómo lograr dicha meta, como así tampoco una reflexión acerca de qué características o rasgos debería tener la educación para lograrlo.

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3 Un siglo después de Kant, John Dewey ponía de manifiesto una vez más la imbricación que existía entre filosofía y educación, afirmando que la filosofía tal como él la entendía debía ser concebida como teoría general de la educación. “si consentimos entender la educación como proceso por el que se crean ciertas disposiciones fundamentales de orden intelectual y emocional con respecto a la naturaleza y a nuestros semejantes, se hace posible definir a la filosofía como la teoría general de la educación.”

Para él, la formación de sujetos aptos para vivir en comunidad, no era una tarea añadida, algo de lo que la educación tenía que ocuparse, sino que más bien constituía su razón de ser. Todo su obra está orientada a mostrar cómo debíamos reconsiderar y reconstruir la filosofía para que esa tarea fuera posible, alejado de todo dogmatismo, propuso una deconstrucción de los conceptos filosóficos con el fin de explicitar lo que estaba implícito en nuestras prácticas, aquellas miradas y concepciones que obstruían y se interponían en nuestro desarrollo tanto moral como cognoscitivo, dimensiones que consideraba básicas para todo desarrollo humano

En la presente ponencia me propongo analizar la tesis que sostiene que el desarrollo de sociedades democráticas y pluralistas requiere la formación de hábitos que permitan, entre otras cosas, asumir el carácter transitorio y revisable de nuestras valoraciones. Para ello analizaré en primer término el concepto de educación como renovación constante de la experiencia para mostrar cómo esta concepción se transforma en una condición de toda educación que aspire a ser inclusiva e igualitaria, no solo en términos epistémicos sino también en términos morales.

Experiencia y Educación

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4 cursos de acción dadas las circunstancias permanentemente cambiantes e inestables. Esta perspectiva naturalista implica que el conocimiento al igual que las especies naturales es producto de la interrelación de los organismos con su ambiente, el conocimiento es una conducta adaptativa de los organismos a las condiciones del entorno y una activa restructuración de esas condiciones. En marcada distancia con la epistemología tradicional Dewey sostendrá que aquello que conocemos no es una realidad independiente y transcendental situada más allá de nuestras interacciones cotidianas con un entorno que fundamente y justifique nuestros modos de hacer.

Vivimos en un mundo donde la incerteza es la regla y la norma, en donde nuestras acciones deben ser evaluadas a la luz de la cambiantes e inestables condiciones del entorno tanto natural como social. Bajo estas asunciones básicas transitara el pensamiento de Dewey sobre la educación y su relación con la democracia

Naturaleza Humana y Hábito

En ese tránsito Dewey se encargara de desentrañar los trazos que constituyen nuestra idea o concepto de naturaleza humana para mostrar cómo esta necesita de reevaluada a la luz de las necesidades morales y valorativas que requiere nuestro ser en el mundo.

Dewey acepta la idea de que existe una naturaleza humana, pero la comprensión que de ella nos da, no se asienta en la idea de algo fijo, de algo innato sino que más bien que la comprensión de lo que sea esa naturaleza depende de algo aprendido, algo que en el curso de nuestra interacción con el entorno adquirimos y desarrollamos: el hábito.

En Naturaleza humana y Conducta pone el de relieve, su interés por redefinir una nueva interpretación del conocimiento y la reflexión inteligente basada en una comprensión no intelectualista de la acción. Allí proporciona una comprensión del anclaje biológico de la inteligencia y los presupuestos naturalistas sobre los cuales se apoya su comprensión de la acción y la mente.

La mente, es un producto de la interacción con otros, algo que se adquiere en la interacción en el medio natural y social. La estrategia reconstructiva de Dewey consiste en invertir nuestra concepción tradicional de la mente y la acción. La acción es la respuesta originaria que nos constituye como agentes. Nuestra mente, es el resultado de

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5 igual que el concepto de experiencia, no hace referencia a algo subjetivo propio del individuo, sino que supone la integración del individuo con el entorno biológico y social. Los hábitos, al igual que otras funciones naturales, como respirar o digerir, son formas de incorporar el entorno, son las maneras en que los individuos tratan con el medio. El hábito es esa actividad que es influida por las actividades previas, y en este sentido, adquiridas. Constituye una predisposición a reaccionar de determinada manera frente a determinados estímulos. Los hábitos sociales, las costumbres, dan forma a los hábitos individuales. La primacía del hábito sobre el impulso pone en evidencia que no hay en el ser humano una naturaleza fija y determinada previa a la experiencia y a la evaluación de las condiciones reales que prescriba como ha de ser la acción.

Al mismo tiempo señala que las explicaciones tradicionales acerca de la naturaleza humana que han echado mano a la noción de algo fijo y dado, como los instintos o impulsos como conceptos explicativos del surgimiento de las instituciones sociales han convertido en un problema algo que en principio no necesita explicación si se atiende a la constitución colectiva de los hábitos. El papel de la educación en relación al habito es el de evitar que se conviertan en rutina, posibilitando un entorno que enseñe el uso de la inteligencia al formar hábitos, y a reconsiderar las experiencias pasadas a la luz de las condiciones siempre cambiantes del entorno.

Democracia como Forma de Vida y Educación

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6 Pensar que la democracia es incompatible con la existencia de principios absolutos exige pensar la democracia como proceso. La democracia es para Dewey, por encima de cualquier otra consideración, el proceso por el cual hacemos frente a los problemas de manera colectiva e inteligente. Es el medio a través del cual una comunidad se hace cargo de la experiencia y la modifica. Frente a la interpretación de la democracia como un procedimiento o unos valores sustantivos, el concepto de proceso da una idea del dinamismo que ha de caracterizarla.

Esto no significa que en democracia los procedimientos sean irrelevantes o que se carezca de compromiso con valores. Pero unos y otros, a juicio de Dewey, están más relacionados con el modo por el que encaminamos la experiencia más que con la adscripción a unos procedimientos determinados. La democracia, para Dewey tiene más que ver con la manera en que la gente vive en conjunto. Las formas de gobierno se desarrollan a partir de la manera en que la gente interactúa, de manera que la democracia es mucho más que votar; es una actitud fundamental para con el prójimo,

Al subrayar que la democracia no es tanto un conjunto de estructuras políticas, sino una forma de vida, la manera en que una comunidad toma decisiones acerca de su propio futuro, los medios como fines deben ser objeto de discusión y análisis. Una sociedad donde se da por establecido lo que políticamente queremos, o la manera de conseguirlo, es una sociedad poco democrática. En este sentido la categoría básica desde la que comprender la visión de Dewey acerca de la democracia, y que le permite alejarse de las perspectivas que hacen del individuo, o del acuerdo, un punto de partida absoluto, es de de cooperación. La comprensión de la sociedad como un organismo le permite, concebir la democracia como una forma reflexiva de cooperación social.

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7 La interacción es participación activa a través de la comunicación. Las comunidades democráticas no pretenden educar a sus miembros con el objeto de imponer prácticas o hábitos o incluso de reproducir los ya existente sino más bien de integrar experiencias individuales de manera que lleguen a formarse nuevos y mejores hábitos. De acuerdo a la descripción normativa de la educación que hace Dewey estas funciones deben ser atendidas por esa "reconstrucción o reorganización de la experiencia.

La justificación de nuestras prácticas, o de forma de vida democrática, a diferencia de una forma de vida autoritaria, se hace "desde dentro", como también lo hace la ciencia en la justificación de la verdad de sus teorías. De allí que el conocimiento, la búsqueda de la verdad, sea un producto de la actividad social. La principal virtud de la forma de vida democrática es que no puede justificarse "desde

fuera", no puede universalizarse. Esto permite la discusión racional, la justificación en

vez del autoritarismo y la imposición; la democracia es una condición para la búsqueda racional de la verdad y en esto radica su justificación. Parte de la búsqueda racional de la verdad implica la crítica de las instituciones, creencias, costumbres y políticas respecto a su relación con el bien común. Este es el interés primario de la filosofía, según el pragmatismo, el mejoramiento permanente de las instituciones educativas.

Surge ahora la siguiente cuestión: ¿qué significa afirmar que una forma de vida no puede justificarse "desde fuera", que no puede universalizarse?

Volvamos a nuestra pregunta inicial: "¿cuál es el fundamento para preferir nuestra forma de vida a otras?". Son numerosas las tradiciones filosóficas que han inspirado y sugerido que debe haber una respuesta única y verdadera a la pregunta sobre

la mejor forma de vida, es decir, deber haber una forma de justificar la forma de vida

"desde fuera" y a prori.

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8 Los criterios para decidir acerca de una forma de vida social básicamente comportan dos criterios: uno interno y otro externo. El primero de estos tiene en cuenta la extensión de los intereses de los miembros del grupo social mientras que el segundo criterio considera la interacción del grupo con otros grupos (la comunicación de la experiencia hacia fuera). Así por ejemplo una forma de vida que acepta la organización democrática se justifica en tanto se interesa más que cualquier otra en asignar un rol central a la educación de sus miembros y por lo tanto se interesa más que cualquier otra en asignar un rol central a las instituciones educativas. Como forma de vida social, la democracia permite lograr la máxima identificación de los intereses, individuales y grupales, ya que permite lograr la máxima identificación de la experiencia (hábitos, costumbres y objetivos) individual y grupal. Por consiguiente la democracia es la forma de vida más adecuada de un grupo social.

La imposibilidad de establecer criterios "externos" o a priori para justificar la forma de vida de una cierta comunidad no implica que no haya justificación posible. Se ha mostrado que la justificación "desde dentro" es la única posible pero también es la única que se requiere para tal fin. Por otra parte y en relación a los fundamentos teóricos del pluralismo el reconocimiento de la diversidad cultural tiene límites intrínsecos y conceptuales, tales límites son los que definen nuestra posibilidad de comprender distintas formas de vida y distintas prácticas y considerarlas como tales.

Como lo ha señalado con acierto Dewey las comunidades pluralistas no pretenden educar a sus miembros con el objeto de imponer prácticas o hábitos o incluso de reproducir los ya existente sino más bien de integrar experiencias individuales de manera que lleguen a formarse nuevos y mejores hábitos. De acuerdo a la descripción normativa de la educación que hace Dewey estas funciones deben ser atendidas por esa "reconstrucción o reorganización de la experiencia".

Dewey piensa que los individuos no son creaturas centradas en sí mismas que han de ser sobornadas en beneficio de interés social, sino más bien seres comunitarios que aprenderán a pensar en términos sociales sólo en la medida en que participan en las prácticas de formar e instrumentar medios y fines colectivos. Estos fines no pueden ser establecidos con antelación a nuestras prácticas reales y de ahí que la educación deba ser entendida, según Dewey, como una renovación constante de la experiencia. De lo que se trata es de evaluar nuestra práctica a la luz de nuestras necesidades reales que

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9 algo que preexista conceptualmente a la acción y la experiencia sino que su contenido se determina en relación a ambas.

Dicho en otros términos, Dewey se opone aquellos que piensan que es posible

determinar y evaluar a priori fines con independencia de las prácticas; la continuidad

entre acción e inteligencia requiere que seamos capaces de asumir el experimentalismo

acerca de los valores reconociendo que medios y fines están en un continuo y que en el curso de la investigación pueden ser revisados. Toda organización social que aspire a perpetuarse pero también a desarrollarse mejorándose y mejorando la calidad de vida de sus integrantes deberá ser democrática, comunitaria y educadora.

El condicionamiento explicito que existe entre educación y democracia, revivido actualmente través de la noción de ciudadanía, no estriba exclusivamente en una especie de habilitación dada por el desarrollo de determinadas disposiciones a través de la educación, sino que con lleva el compromiso con la idea de que la democracia no es solo una forma de ordenamiento político sino que constituye una forma de vida, un modo mediante el cual nuestra subjetividad se realiza y se hace posible.

Referencias

Dewey, J. (1964). Naturaleza Humana y conducta. México: FCE.

Dewey, J.(1973). Democracia y educación. Buenos Aires: Losada.

Honnett, A. (2013). La educación y el espacio público. Isegoria Nº49 377-395

Kant, I. (2008). Sobre pedagogía. Córdoba: Encuentro Grupo Editor.

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