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DIÁLOGOS SOBRE REPARACIÓN: QUÉ REPARAR EN LOS CASOS DE VIOLACIONES DE DERECHOS HUMANOS

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Academic year: 2020

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Diálogos sobre la reparación

Qué reparar en los casos de violaciones

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Diálogos sobre la reparación

Qué reparar en los casos de violaciones

de derechos humanos

Carlos Martín Beristain

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Néstor Arbito Chica

Ministro de Justicia y Derechos Humanos

Ministerio de Justicia y Derechos Humanos Av. Amazonas y Atahualpa

Edif. Anexo al Ex Banco Popular Telf: (593) 2 2464 929 Fax: 2469914

www.minjustica-ddhh.gov.ec

Equipo de Apoyo

Ramiro Ávila Santamaría Nicole Pérez Ruales Alejandro Valencia Villa Carolina Villagómez Páez

ISBN: 978-9978-92-738-0 Derechos de autor: 031712 Carlos Martín Beristain

Imprenta: V&M Gráficas (02 3201 171)

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Presentación...vii

Néstor Arbito Chica,Ministro de Justicia y Derechos Humanos Presentación...ix

Ramiro Ávila Santamaría,Subsecretario de Desarrollo Normativo Presentación primera edición...xiii

Roberto Cuéllar,Director del Instituto Interamericano de Derechos Humanos Prólogo...xv

Alejandro Valencia Villa,Asesor de la Comisión de Verdad del Ecuador Introducción...xix

Agradecimientos...xxi

Algunas consideraciones previas...xxiii

PARTE I Actores, procesos, cumplimiento La situación de las víctimas y familias afectadas ...3

Expectativas y demandas de las víctimas ...22

Proceso de las víctimas y litigio...44

Los procesos de acompañamiento...58

Las audiencias: espacio de investigación y reparación...66

El papel de los peritajes ...71

Sistema interamericano. Evolución y desafíos de los organismos del sistema...83

Cumplimiento y mecanismos para hacer efectiva la reparación ...119

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PARTE II Medidas de reparación

La reparación: del diseño al cumplimiento ...173

Criterios de reparación ...183

Actos de reconocimiento. Expresando responsabilidad y voluntad ...197

Medidas simbólicas. Reparación, memoria y conflicto...227

Reparación económica. Valor, sentido e impacto ...248

Atención en salud y psicosocial...283

Becas y medidas de apoyo a la educación...312

Búsqueda de los desaparecidos, exhumación y entrega de los restos ...322

La justicia: avances, límites y paradojas...347

Garantías de no repetición...373

Reparación colectiva...393

El derecho a la tierra...427

Reparación en los casos indígenas. Perspectiva cultural y superación de la marginación ...436

Seguridad y protección. El derecho a vivir sin miedo ...453

Violencia sexual y reparación...461

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T

engo el enorme honor de presentar el libro “Diálogo sobre la reparación. Qué reparar en los casos de violaciones de derechos humanos”,el número 10 de la Serie Justicia y Derechos Humanos, que trata sobre un tema muy poco explorado en el Ecuador: las reparaciones.

Más de una persona ha calificado a la Constitución de Montecristi como garantista. El calificativo se merece no sólo por el extenso y necesario catálogo de derechos, sino porque ubica al Estado, en su integralidad, como garante a través de todas las emanaciones del poder público. El Estado es garante cuando expide normas, cuando define y aplica políticas pú-blicas y, finalmente, cuando dicta sentencias o medidas cautelares para proteger derechos. Pero la garantía jurisdiccional hubiese sido incompleta si no se introducía el concepto de reparación integral, que ha sido acuñado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en sus sentencias, y que ahora ha sido recogido por la Asamblea Constituyente del 2008.

La reparación integral no es un concepto fácil, particularmente cuando hemos estado acostumbrados desde la doctrina tradicional del derecho civil a considerar que la forma de enmendar el daño es a través de la indemnización civil (daño emergente y lucro cesante). La reparación, como podrá apreciarse en libro, comprende aspectos que tienen que ver con la plenitud y la dignidad de la vida de las personas. Precisamente este libro recoge es la ex-periencia, positiva y negativa, y desde la voz de sus actores, del único órgano regional juris-diccional que ha reparado integralmente.

Nuestros abogados y abogadas, y por supuesto las víctimas de violaciones de derechos humanos, no deberán partir de cero para demandar o reconocer el derecho a ser reparados. El libro proporciona pistas sobre por dónde ir para que las reparaciones sean adecuadas y efectivas.

El libro fue publicado por el Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH) en dos extensos tomos, que abordan de forma completa todas las aristas de la experiencia en reparar de nuestro sistema regional de protección de derechos. El autor ha tenido la ge-nerosidad de permitirnos publicar esta obra y también la audacia para extraer lo que, en su criterio y en un sólo tomo, es lo más útil para las personas usuarias de esta novedosa insti-tución constitucional.

Presentación

Néstor Arbito Chica,

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Agradezco enormemente a Carlos Martín Beristain por permitirnos circular su trabajo, fruto de un evidente esfuerzo titánico en recoger información, y al IIDH por compartir sus publicaciones para que lleguen a más gente.

El Ministerio de Justicia y Derechos Humanos difundirá esta publicación a personas y entidades que están directamente relacionadas con la protección de los derechos humanos y, en consecuencia, con la reparación, en particular las juezas y jueces.

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Los diálogos sobre la reparación y sus rupturas

N

o es usual en las publicaciones del Ministerio de Justicia que se escriban dos presen-taciones; primero porque es innecesario y segundo porque abundar en palabras, como preámbulo a un texto tan profundo como el que presentamos, suele ser superficial. Sin em-bargo, no puedo, en este caso, dejar de expresar lo que siento –y hasta confesar hechos– sobre el autor, sobre el texto y sobre las reparaciones.

A Carlos Martín Beristain lo conocí primero de “oídas”. En Guatemala, en 1998, cuando trabajaba en la Comisión de Esclarecimiento Histórico (Comisión de la Verdad), mi labor consistía en recoger testimonios sobre violaciones a los derechos humanos acae-cidos en el conflicto armado interno entre la guerrilla y el gobierno, en una zona conocida como Baja Verapaz, donde “uno caminaba sobre huesos” –como decía alguien del lugar, para expresar que en esa tierra fueron masacradas miles de personas. No hubiese podido hacer mi trabajo si años antes la Iglesia, a través del Proyecto de Recuperación de la Me-moria Histórica (REMHI), no hubiese lidiado con el miedo y con el dolor de la gente. Nosotros, los de la Comisión, recorrimos el camino abierto por el RHEMI. El informe,

Guatemala Nunca Más,presentado por el proyecto y dirigido por el autor de este libro, fue fruto del trabajo de un gran número de personas y que tomó mucho tiempo para su ela-boración, tuvo una fuerte y manifiesta presencia de Carlos Martín. Desde esa época, su entrega incondicional hacia las personas más vulnerables y su capacidad para el trabajo me-recían mi admiración.

Años más tarde, ya en Ecuador, unos amigos comunes, me invitaron a una reunión para hablar sobre mi experiencia en la litigación en el sistema interamericano de protección de derechos humanos y para explorar la posibilidad de conformar un grupo de psicólogos es-pecialistas en atender casos de violación de derechos humanos. Ahí estaba Carlos Martín,

Presentación

Ramiro Ávila Santamaría,

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quien había venido a dar apoyo a comunidades indígenas víctimas de contaminación am-biental. En adelante, ya no de “oídas”, pude confirmar que el Carlos Martín de la época de Guatemala seguía en sus luchas quijotescas, como resorte en toda Latinoamérica, por la reinvidicación de los derechos de la gente que ha sufrido los peores atentados a su dignidad. Hay muy poca gente por el mundo que es absolutamente consecuentemente con lo que piensa, con lo que siente, con lo que cree y con lo que vive. Todos en esa reunión –con mi deshonrosa excepción– eran de esa estirpe de seres humanos, de los que hacen creer que la esperanza, el amor, la justicia, la vida tienen sentido.

Imaginen lo que significó para mí, cuando encontré publicado su libro por el IIDH, pedir a Carlos Martín que nos permita difundirlo en Ecuador. Un tributo y reconocimiento a su trabajo hubiese sido una razón suficiente. Pero el libro tiene valor por sí mismo. El libro “habla”. El libro es de esos textos en los que uno no deja de escuchar. Y me detengo en la escucha, que es una de las rupturas que propone la obra de Carlos Martín.

Una de las manifestaciones de la cultura patriarcal es la inhabilitación progresiva y aguda, por parte de las personas que tienen una posición de poder, de nuestra capacidad de escuchar y aprender del otro. Las profesiones liberales, como la medicina y la abogacía, están con-centradas en los textos y en el saber del profesional. Cuando uno acude al médico, éste se fija en los exámenes de laboratorio y en el cuerpo, pero no en lo que siente la gente. De igual modo, las abogadas y los abogados encasillamos el problema humano en una norma legal, y casi nunca en lo que vive la gente. A veces, en la medicina y en el derecho, las per-sonas encuentran solución a sus problemas al ser simple y francamente escuchados. Esto lo descubrió ya El Principito cuando tenía que preguntar más de una vez a un adulto o cuando, en su viaje por los planetas antes de llegar a la tierra, se encontró con gente que vivía para sí (salvo el farolero) y se escuchaba a sí mismo. Mientras más poder, menos escucha. La obra de Carlos Martín es un llamado, para mejor aplicar el derecho, a prestar atención en las de-mandas de la gente.

O

tra ruptura es de tinte metodológico. Los textos académicos tradicionales a los que estamos acostumbrados se sustentan en referentes con autoridad científica, que es lo que Umberto Eco sugería, al afirmar ideas, que hay que “sentarse sobre los hombros de gi-gantes”. Entonces –y de esto yo soy una buena muestra cuando hablo y escribo– partimos desde Kelsen, y pasamos por Hart, Ferrajoli, Dworkin, Raz, Nino, Postner... y la lista se hace interminable, y nuestros textos cuentan con pomposos y numerosos pies de página para hacer que nuestra voz sea creíble. Carlos Martín parte, en cambio, desde las víctimas de violación de derechos humanos y recorre por las voces de quienes mediaron para que salga una sentencia; en lugar de pies de página, tiene como respaldo a sus afirmaciones, ex-tractos de los testimonios. El proceso es inverso y nos demuestra que no sólo tenemos que escuchar esas voces sino que podemos aprender de ellas. Qué fuerte e interpelador me resulta, por ejemplo, escuchar ese testimonio que dice “Una de las cosas que recuerdo es que mis abo-gados sabían muchas cosas sobre el caso pero no sabían lo que está pasando dentro de mi persona”

(Dianna Ortíz, p. 58).

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Carlos Martín utiliza de manera cuidadosa métodos cualitativos de investigación. Doy fe, porque le he visto trabajar, de la manera cálida a través de la que minuciosamente recoge los testimonios; luego los transcribe y finalmente hasta consulta sobre el texto a publicar con las personas involucradas. La forma de trabajar con los testimonios es una lección de metodología de la investigación, particularmente para abogadas y abogados, tan acostum-brados a los métodos exegéticos y formales de investigación, en los que partimos del derecho y nos quedamos en la ley; por eso, un poco con sorna, Zagrebelsky nos acusa a las personas juristas de tener la cabeza en las nubes. Carlos Martín parte de la realidad para terminar en el derecho. Desde esa realidad puede valorar si el litigio, las normas y hasta la misma repa-ración tiene sentido; es decir, tiene la cabeza en la gente y los pies en la tierra.

Dicen que hay que conocer la historia para no repetirla. Acá encontramos la clave para otra ruptura. Las personas juristas solemos con harta frecuencia despreciar los datos que arroja la realidad a la que aplicamos el derecho. Por esta desidia, proponemos normas que no son aplicables, hacemos demandas irrealizables y a veces hasta sentenciamos lo imposible de cumplir. ¿Será que tenemos la culpa cuando nadie nos enseñó en la universidad ni en el ejercicio de la profesión a aproximarnos de manera racional a la realidad? ¿Por qué después de más de tres siglos de procesos inquisitivos, sabiendo que hemos fracasado en resolver los conflictos de forma oportuna y eficaz, seguimos practicando y nutriendo una justicia buro-crática y escrita? Simplemente desconocemos la historia y la seguimos perpetuando. Carlos Martín nos presenta el diagnóstico, los fracasos y también los aciertos, del sistema intera-mericano en su búsqueda por instituir una justicia reparadora ejemplar. En base a esa historia contada por jueces, abogados, agentes de estado, víctimas, Carlos Martín nos propone cues-tiones a considerar cuando nos enfrentamos a la reparación (qué reparar, cómo reparar, en qué pensar, a quién considerar, qué no hacer...).

P

odría señalar más rupturas, pero quiero señalar una última: la creatividad. No me voy a referir a la creatividad demostrada al estructurar el libro, sino a la creatividad que se debe tener al reparar. Las abogadas y abogados estamos acostumbradas a ser meros aplica-dores pasivos de las normas. La realidad de las violaciones, como se cuenta en la primera parte, es inimaginable. La maldad humana no tiene límites. Las formas de resistencia al poder opresivo, de igual modo, tampoco tiene límites. Luego, parecería que la consecuencia lógica es que tampoco las formas de reparación deberían tener límites. La ley, en su expresión tradicional, tenía la respuesta en la misma norma y la jueza o juez debía simplemente apli-carla. Las normas de derechos humanos establecidas en las convenciones internacionales y en las mismas constituciones no tienen consecuencia alguna y exigen del operador jurídico el adaptar la respuesta normativa a la necesidad de la víctima. Aún suponiendo que existe una misma violación de derechos, el impacto y por tanto la reparación en las personas puede ser distinta. En la segunda parte del libro encontraremos las múltiples formas de reparar, que va desde la más simple, que es económica, hasta otras más complejas como poner nom-bre a una calle o escuela, construir monumentos, pedir perdón, cerrar cárceles, reformar leyes, dar créditos o becas, ejecutar proyectos productivos; y también, Carlos Martín, nos

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invita a pensar en la diversidad de las personas o colectividades que pueden ser reparadas, como las presas, las indígenas, las desplazadas. Sin duda, la cuestión de las reparaciones no es fácil, pero la tenemos institucionalizada en la Constitución. Las víctimas de violación a los derechos humanos merecen ser reparadas de forma adecuada y nosotros, juristas, tenemos la obligación de seguir aprendiendo.

Por esos recorridos por la geografía regional americana de la muerte violenta y del dolor, por su inquebrantable fe de que las violaciones a los derechos humanos no sucedan otra vez, por esa voz de aliento a las víctimas de derechos humanos, por ese espíritu que escucha, por las rupturas que propone, por este libro, gracias.

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L

a publicación de Diálogos sobre la reparación. Experiencias en el sistema interamericano de derechos humanosconstituye, sin lugar a dudas, una contribución oportuna y estra-tégica para los diversos actores del sistema interamericano.

Carlos Martín Beristain, médico y doctor en psicología, originario de Euskadi, España, ha orientado su profesión al servicio de los derechos humanos, en uno de sus escenarios más complejos: la atención a las víctimas de tortura. Así ha llegado a conocer el hondo sufri-miento y, paradójicamente, la mayor esperanza de justicia. Su experiencia, además, le ha permitido analizar los problemas de la transición desde las dictaduras hacia las democracias, y ser parte, entre otros, del esfuerzo que culminó con el informe Guatemala Nunca Más, del proyecto de Reconstrucción de la Memoria Histórica de la Oficina de Derechos Huma-nos del Arzobispado de Guatemala y, más recientemente, de la Comisión de la Verdad de Paraguay. Esta experiencia, entre lo vivencial y lo estructural, constituye el rico sustrato de la investigación que hoy presento.

El sistema interamericano es una instancia creada por los Estados para rectificar sus pro-pios abusos y reparar a las víctimas; esta investigación ofrece elementos para definir cuánto se ha avanzado en ese sentido. Sin duda, el sistema ha marcado hitos que lo han convertido, cada vez más, en una herramienta y en un referente esencial para la comunidad de derechos humanos. En la actualidad, litigantes y defensores comprenden que una reivindicación no se agota en las instancias de la jurisdicción doméstica, sino que puede trascender hacia un escenario internacional. En definitiva, ahora las víctimas tienen más esperanzas.

La investigación aborda múltiples aspectos del sistema, en particular con respecto a su funcionamiento, y señala pautas para identificar logros y dificultades. Se trata, en fin, de un estudio contrastante que, utilizando la ruta jurídica de un caso, indaga sobre la realidad de las víctimas a través de su propia voz, y documenta con acuciosidad las repercusiones del retraso en los procedimientos como un factor de frustración en sus expectativas. Asimismo, se analiza el impacto que sobre ellas ejercen otros mecanismos relacionados como las solu-ciones amistosas, el allanamiento, los peritajes, y la efectividad de las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

El epígrafe de este libro, en palabras de Carlos Marecos, líder de la Comunidad Indí-gena Sawhoyamaxa, resulta así revelador porque recoge la experiencia desde una

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ción humana: “Uno de los motivos, digamos, de que llegase el caso a la Corte es que vimos que aún nos quedaban fuerzas para luchar”.

El Instituto Interamericano de Derechos Humanos se complace en auspiciar la publica-ción de esta obra, que se enmarca en una línea de trabajo que ha venido impulsando desde inicios de 2003 como parte del proyecto “Asistencia psicológica a víctimas de tortura en el sistema interamericano de derechos humanos”, con un significativo impacto –cuantitativo y cualitativo– en el apoyo a este tipo de casos. Asimismo, este libro insta a una nueva refle-xión sobre el sistema interamericano y al indispensable debate jurídico que debe, además, recuperar su funcionalidad. La responsabilidad del sistema interamericano es colectiva. En el dominio del derecho internacional, este concepto deviene en una llamada de atención para los Estados, al advertirles que ellos han creado el sistema y que deben, por tanto, ase-gurar su funcionamiento efectivo e ideal.

Pero Carlos Martín Beristain plantea en estas páginas otro paradigma, al demostrar que –sobre el funcionamiento, efecto e ideal del sistema–, a la ineludible responsabilidad de los Estados, corresponde también la de todos los actores; en especial, las organizaciones no gu-bernamentales que ejercen la representación procesal de las víctimas, los peritos y la sociedad civil; y aquellos actores inmediatos, los tomadores de decisión dentro de todos los órganos y entidades vinculados o asociados con el sistema interamericano. Cada uno desde una pers-pectiva propia, cada uno con una magnitud inconfundible, cada uno en un momento his-tórico particular.

Por ello ha sido un privilegio para el IIDH acompañarle en este proceso de investigación, cuyos hallazgos nos orientan con mayor claridad sobre la verdadera razón de ser del sistema interamericano: la afirmación de su carácter humanista. Estoy seguro de que esta publicación abre un nuevo escenario en el sistema interamericano, y que se convertirá en un referente ineludible para garantizar lo que a todos y todas nos convoca: la defensa de los derechos hu-manos.

Quiero reiterar el agradecimiento a Carlos Martín Beristain, y extenderlo a mis colegas Gilda Pacheco, Cristina Zeledón y Carlos Urquilla, por su invaluable contribución profe-sional para la concreción de este libro.

Roberto Cuéllar

D

IRECTOR

E

JECUTIVO

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L

a obra que tienen los lectores en sus manos aporta elementos esenciales sobre el cono-cimiento del tema de reparaciones y la comprensión del sistema interamericano de de-rechos humanos. Es un texto de lectura imprescindible para quien quiera estar al día con cualquiera de estos dos aspectos y me atrevería a decir que por la magnitud de la investiga-ción, parte en dos los análisis que hasta la fecha se han publicado sobre la reparación en las Américas. Con seguridad se enriquecerán con esta publicación los operadores de justicia, los funcionarios públicos, los miembros de organizaciones no gubernamentales, los aboga-dos, las víctimas de violaciones de derechos humanos y la comunidad en general. Siete as-pectos centrales deseo destacar que demuestran su sensibilidad, calidad, relevancia, seriedad, singularidad y actualidad.

En primer lugar, el libro se construye a partir de voces. La publicación tiene como fuente principal los testimonios de 207 personas, un número que sobrepasa con creces el promedio de cualquier investigación. Estos protagonistas son sobre todo las víctimas de violaciones de derechos humanos pero también están sus representantes, funcionarios gubernamentales y miembros del sistema interamericano de protección de derechos humanos, entre otras. No es un trabajo convencional con abundantes citas de pie de página, sino que es fundado en lo que expresan personas de carne y hueso. Lo que más sorprende aún es que todas las entrevistas las realizó el autor, lo que le permitió aprovechar de manera envidiable el testi-monio como fuente de investigación. El estudio se nutre de las palabras de las personas y su principal valor es que transmite lo que siente y piensa la gente. Aquí radica lo conmovedor del texto.

En segundo lugar, es un trabajo comparado. Se analizan experiencias de 14 países ame-ricanos en muy diversos temas. La inigualable experiencia del autor, con casi veinte años de trabajo en Latinoamérica con víctimas de violaciones de derechos humanos está reflejada en cada uno de los capítulos. Esta mirada polifónica por nuestro continente invita a no ser auto referenciales y aprender de las experiencias de los otros.

En tercer lugar, es un libro pedagógico. Está escrito en un lenguaje claro y sencillo, con suficientes subtítulos, cuadros y guías que permiten una fácil lectura. La cantidad de casos y ejemplos concretos permite que cualquier lector comprenda los objetivos propuestos por la obra. Además, las referencias mínimas a textos legales, decisiones judiciales y obras

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démicas, hacen que el texto no sea acartonado y por el contrario sea agradable de leer. La ausencia de estas referencias bibliográficas no demerita la seriedad académica de la investi-gación sino por el contrario revalora el papel que tienen las voces de los testimonios.

En cuarto lugar, es un estudio que permite que se entiendan los bemoles y las facetas de la reparación. Se comprende al fin y al cabo en qué consiste la reparación y los diferentes elementos que la conforman. Las medidas de satisfacción, restitución, indemnización, re-habilitación y no repetición, consideradas por el actual derecho internacional como los com-ponentes básicos de cualquier reparación, son abordadas con suficiente profundidad. A medida que el lector avanza en la lectura queda muy claro que la reparación es un programa de transformación, es un proceso, que tiene sus contextos, un antes y un después. También se subraya que el sentido reparador es un conjunto de medidas, donde es tan importante el qué se repara y el cómo se repara. Las diferentes aristas y matices de la reparación son desa-rrolladas en los diferentes capítulos, y no solo en lo que corresponde a las reparaciones in-dividuales sino también a las colectivas. En fin se ofrece una mirada holística e integral a esta temática.

En quinto lugar, en la publicación se abordan otros temas de derechos humanos dife-rentes a la reparación. Los otros dos componentes de la justicia transicional como son la verdad y la justicia, son tratados con profundidad. La investigación demuestra la interde-pendencia e indivisibilidad de la verdad, la justicia y la reparación como componentes im-prescindibles para alcanzar una reconciliación en cualquier contexto. También se estudian graves violaciones de derechos humanos como son las ejecuciones extrajudiciales, la desa-parición forzada, las masacres, las torturas y la violencia sexual. Aspectos como el impacto de estas violaciones, el modus operandi en su realización, son motivo de análisis, para men-cionar dos ejemplos. Otros temas se tratan con una visión de derechos humanos como son el enfoque de género, la situación de los derechos de los pueblos indígenas, las problemáticas de la tierra o los derechos de las personas privadas de la libertad.

En sexto lugar, la perspectiva psicosocial es un eje transversal en el libro. La mayor espe-cialidad del autor se transmite no solo en el capítulo específico sobre este tema sino a través de toda la obra. El impacto de las violaciones, las angustias que produce el terror y el miedo, los desafíos de la atención en salud tanto física como psicológica, las dificultades de los pro-cesos de duelo, el significado de victimizar y re victimizar, la necesidad de acompañar a las víctimas, son algunos de los aspectos abordados. La pericia del autor que se debe a su expe-riencia personal en este campo, enriquece de tal manera el análisis que permite diagnosticar con solvencia y profundidad las dificultades y los retos que debe afrontar la reparación en el campo psicosocial.

En séptimo lugar, el escenario de la reparación es el sistema interamericano de derechos humanos. El libro se pasea por todas las etapas de este sistema regional: el procedimiento, las audiencias, los peritajes, las soluciones amistosas, las sentencias, las resoluciones de cum-plimiento, entre otras. Además las voces de todos los protagonistas del sistema tienen la pa-labra: las víctimas, los organismos no gubernamentales de derechos humanos, los representantes del Estado, los funcionarios estatales, los jueces de la Corte Interamericana, los comisionados de la Comisión Interamericana, los funcionarios de la Corte y de la

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misión, los peritos. En fin, prácticamente no se omite la opinión de ningún actor del sistema interamericano. Esta abundancia en abarcar los pasos ante el sistema y el sentir de sus par-ticipantes, le permite al lector encontrar el propósito que tienen los instrumentos y los me-canismos interamericanos de protección de derechos humanos. El resultado es que no solo se aprende del sistema interamericano sino que se lo evalúa. Sin querer queriéndolo, el libro señala lo bueno, lo malo y lo feo del sistema interamericano. Lo novedoso es que dicha eva-luación se hace bajo dos pretextos, uno temático y otro metodológico, la reparación y las voces de las personas.

Uno de los tantos testimonios citados señala una expresión que resume muy bien los al-cances de esta obra: “tiene sentido”. Este libro tiene sentido puesto que los aspectos men-cionados y otros muchos más, lo tocan a uno como ser humano. No solo se aprende de reparaciones o del sistema interamericano sino sobre lo que es la dignidad humana. Escribía Emmanuel Lévinas que “el único valor absoluto es la posibilidad humana de dar una prio-ridad al otro sobre uno mismo”, afirmación que se saborea con esta investigación. Gracias al autor por compartir su experiencia y ofrecérnosla en la palabra de seres con rostros hu-manos.

Quito, agosto de 2009.

Alejandro Valencia Villa

A

SESOR DE LA

C

OMISIÓN DE

V

ERDAD DEL

E

CUADOR

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Uno de los motivos, digamos, de que llegase el caso a la Corte es que vimos que aún nos quedaban fuerzas para luchar.

Carlos Marecos, líder Sawhoyamaxa

E

ste libro habla sobre la experiencia de las víctimas de violaciones de derechos humanos que han llevado sus casos ante el sistema interamericano. También del conjunto de ac-tores –organizaciones de derechos humanos, órganos del sistema, Estados, expertos– que in-tervienen en dichos procesos, y de los desafíos que se presentan en el campo de la reparación.

El sistema interamericano se basa en la Convención Americana de Derechos Humanos, y funciona a través de sus órganos: la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Hu-manos. Es un sistema que se encuentra en un proceso de evolución permanente; entre los años 2008 y 2009 se conmemoran varios acontecimientos que conciernen a su desarrollo. Si bien existen numerosas investigaciones que se ocupan de la significativa evolución de la jurisprudencia, de los aspectos jurídicos de las violaciones de derechos humanos y de la re-paración, la presente está centrada en la experiencia compartida entre los diversos actores, y evalúa las particularidades de las diferentes medidas, el impacto de la reparación, y los fac-tores que intervienen en él.

Con frecuencia, las demandas de los casos ante el sistema interamericano constituyen para las víctimas la última esperanza de que sus experiencias sean escuchadas, de que los he-chos sean investigados y de que sus demandas sean tenidas en cuenta, incluyendo la deter-minación de la responsabilidad del Estado en las violaciones sufridas. Tales demandas también permiten que se pongan en marcha medidas de reparación de variada índole, que pueden ir desde el reconocimiento público de la responsabilidad por los hechos o la indem-nización por los daños causados, hasta la investigación y sanción a los responsables o la bús-queda de los restos de las personas desaparecidas; desde las medidas de salud o educación, hasta la adopción de garantías de no repetición.

Las víctimas y familiares entrevistados en esta investigación reconocen el enorme valor de los órganos del sistema interamericano para la defensa de los derechos humanos. Los

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DIÁLOGOS SOBRE LA REPARACIÓN. QUÉ REPARAR EN LOS CASOS DE VIOLACIONES DE DERECHOS HUMANOS

casos que llegan al sistema son únicos pero, a la vez, representan otras muchas violaciones de derechos humanos que siguen produciéndose en numerosos países.

Esta investigación se centra en el efecto de la reparación, explora el después. Lo que pasa luego de sentencias y acuerdos de solución amistosa o informes. El recorrido que tienen que hacer las víctimas, la experiencia de los Estados y las ONG que litigan los casos. Pero para explorar el después, fue preciso analizar todo el proceso. Muchos de los hallazgos, los pro-blemas o los éxitos de la reparación se basan precisamente en la forma cómo se construyen los casos, en la relación con las víctimas y su participación o acompañamiento. El propio proceso y los sucesivos pasos, gestiones, peritajes, audiencias, etc., tienen incidencia en la definición de las reparaciones, pero también pueden aportar un sentido reparador. Este libro habla de los resultados, pero también de los procesos. Y de cómo el proceso es también un resultado.

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E

ste trabajo no hubiera sido posible sin la colaboración y confianza de las personas en-trevistadas; las víctimas y familiares que han compartido sus experiencias, logros y frus-traciones, y sin cuyo compromiso en la defensa de los derechos humanos, ninguno de estos casos hubiera seguido adelante. Las organizaciones de derechos humanos de los diferentes países que han acompañado los casos y propiciado un trabajo riguroso y sensible, en medio de innumerables dificultades. Los miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, de su Secretaría Ejecutiva y las abogadas y abogados que colaboraron desde el inicio, compartiendo su experiencia con una enorme variedad de casos y ayudaron a guiar la investigación con sus reflexiones y propuestas. Los miembros de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, los Jueces y las Juezas, su Secretario y Secretaria Adjunta, las abo-gadas y abogados que facilitaron una mejor comprensión del litigio ante el tribunal, así como los avances y los desafíos que se plantean en el funcionamiento, la investigación judi-cial y las sentencias de la Corte.

También los expertos que realizaron peritajes y acompañamiento a las víctimas en los procesos judiciales, tanto del campo jurídico como en el de la psicología o la antropología, o que han participado en programas de reparación en diferentes países. Y los agentes del Estado encargados de llevar a cabo el cumplimiento, la coordinación de la reparación, y que han mostrado algunos de los avances y los todavía enormes desafíos en este campo, y que son parte del objetivo de esta investigación.

Ha habido algunas personas que han hecho posible el trabajo de sistematización de las entrevistas, realizando buena parte de las transcripciones y colaborando en otras así como en las discusiones sobre diversos temas; especialmente, la psicóloga Ángeles Herráez, la abo-gada Andrea Galindo, y otros amigos y amigas generosos de varios países y que no puedo nombrar en este espacio.

Por fin, mi agradecimiento al IIDH que se comprometió desde el primer momento en el apoyo de la investigación y, posteriormente, en su publicación y difusión. Especialmente a Cristina Zeledón, Carlos Urquilla y Gilda Pacheco, que tuvieron el compromiso y la pa-ciencia necesarios para llevar este proyecto adelante durante el proceso de lectura, revisión y edición, así como por su determinación y apoyo en la difusión del libro y de sus conclu-siones. Gracias a todos y todas.

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Las personas entrevistadas aportaron una experiencia muy valiosa y tuvieron la disponi-bilidad, el tiempo, para compartirla. Sin ellos, este libro no hubiera podido realizarse, y pro-bablemente tampoco tendría sentido, dado que sus destinatarios son todos aquellos que están interesados en conocer y mejorar el impacto del propio sistema interamericano –y es-pecíficamente de las reparaciones– en el contexto de los casos y los países.

Las reflexiones y experiencias –que se incluyen en las frecuentes citas a las que se hace referencia– forman parte del sentido de la investigación. Estos diálogosson un valioso aporte de las numerosas personas y perfiles profesionales que interactúan en el litigio, y de las ac-ciones orientadas a la investigación y reparación en los casos de violaac-ciones de derechos hu-manos en el sistema interamericano.

Los casos son un referente muy importante con respecto a las medidas de reparación, dado que el interamericano es el sistema de protección que más ha desarrollado la jurispru-dencia y la práctica, en un amplio abanico, en torno a las mismas. Son también un obser-vatorio privilegiado para analizar, aun en casos contenciosos individuales o colectivos, las dificultades, logros y sentidos que adquiere la reparación para las víctimas y el papel de los diferentes actores que intervienen en el proceso. Suponen, así, un enorme aprendizaje tanto para el trabajo con los casos, en el presente y en el futuro, como para el diseño de políticas de reparación más acordes con su propio sentido.

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as referencias de los casos aparecen de la forma en que más comúnmente se conocen en el sistema y entre los interlocutores implicados en el litigio. Cuando son individuales, se incluye el nombre de la persona afectada, que es la víctima directa, lo que facilita su re-conocimiento. Cuando se trata de una víctima indirecta (familiar o persona ligada emocio-nalmente con aquella), se cita su nombre como familiar del caso. En algunas ocasiones, las personas entrevistadas han tenido una vinculación procesal con el caso, como testigos, peritos o dirigentes de entidades o comunidades que han sido protagonistas; se las cita entonces con su nombre, profesión y, si procede, se indica el nombre de la organización. El resto de las personas entrevistadas son citadas con su nombre y una referencia al cargo que ocupaban en el transcurso de la investigación, o se señala cuando ha habido cambios significativos. Las citas incluyen sus reflexiones sobre su experiencia, pero no constituyen la visión oficial de sus instituciones. Son ejemplos de diversos aspectos o tendencias observados en el análisis, y reveladoras –en varios sentidos– por sí mismas.

Un resumen de los casos puede encontrarse en el anexo, donde se hace una breve refe-rencia a las circunstancias de los hechos o su relevancia.

A lo largo de la investigación se mencionan términos como “caso” o “víctima” que se uti-lizan frecuentemente en el lenguaje jurídico. Sin embargo, tienen además otras acepciones desde una perspectiva más amplia, psicosocial o antropológica. Los casos son hechos viola-torios y experiencias de litigio judicial, pero también los impactos de las violaciones y los esfuerzos por la reconstrucción personal, familiar o colectiva. Jurídicamente, las víctimas son las personas afectadas en sus derechos por las violaciones, pero este término conlleva frecuentemente otros significados en el campo social o en la experiencia personal. Algunas personas lo rechazan o no se reconocen en él, mientras que para otras es una forma de hacer énfasis en la violación de sus derechos y en la responsabilidad del Estado. Unas y otras son personas activas y sujetos de su propia historia, por lo que el uso de los términos se hace te-niendo en cuenta esta perspectiva.

Impacto de las reparaciones en el sistema interamericano

La presente investigación muestra los avances, dificultades y desafíos de la reparación en el contexto de los casos ante el sistema interamericano. Se centra en los determinantes de la

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DIÁLOGOS SOBRE LA REPARACIÓN. QUÉ REPARAR EN LOS CASOS DE VIOLACIONES DE DERECHOS HUMANOS

reparación, los criterios en que se basan las diferentes medidas, el grado de cumplimiento y el impacto que han tenido en las víctimas o en los propios países.

Cuatro fueron los objetivos de la investigación: 1) explorar las percepciones y experiencias de los diferentes actores en la reparación; 2) analizar los factores que intervienen en el proceso del litigio y su influencia en la reparación; 3) identificar los problemas y puntos críticos con respecto a la adecuación de la reparación y al cumplimiento, y 4) valorar las alternativas o propuestas específicas en los campos analizados.

El trabajo de campo incluyó entrevistas a 207 personas de catorce países de América La-tina. En ellas se abordaron aspectos estructurales del sistema, los Estados o las organizaciones no gubernamentales que de alguna manera participan en los casos y litigios (ONG), así como la experiencia de las víctimas y los casos. Los hallazgos que se discuten en este libro se basan en el análisis de 64 casos de doce países, incluyendo 38 que tuvieron sentencias –y, por tanto, conocidos por la Corte Interamericana– y 26 que tuvieron acuerdos de solución amistosa o informes finales y, en consecuencia, conocidos por la Comisión Interamericana. Solamente dos de ellos se encontraban aún como proceso activo en fase de litigio ante la Comisión, y se seleccionaron por la importancia del proceso colectivo que conllevan. Tam-bién se hace referencia, de forma circunstancial, a otros casos que no se analizaron, pero que fueron señalados por algunos interlocutores por su relevancia en algún aspecto.

El libro no hace un análisis pormenorizado de cada país, de forma individual, ni supone una fotografía fija de la situación de los casos. Los hallazgos que se muestran han podido evolucionar en el tiempo, dado que el trabajo de campo se hizo entre los años 2006 y 2007, aunque se ha revisado el estado de cumplimiento en la actualidad, en la mayor parte de los casos. Se ha tratado de privilegiar un análisis comparativo que refleje problemas, tendencias y perspectivas que –aunque se hayan dado de forma diferente en distintos momentos y países–, permitan obtener una visión global de las carencias, así como de los logros y los de-safíos, implicados en la dinámica reparatoria.

El resultado de esta investigación recoge un diálogo entre las voces de los protagonistas de estos procesos. Los puntos en común, las divergencias y algunas de las soluciones pro-puestas, se analizan a la luz de la experiencia comparada entre los países, en los casos del sis-tema, y de las experiencias de reparación más avanzadas. En este sentido, se investigan también referencias a programas más generales que se han llevado a cabo en algunos países como Chile o Argentina.

Tipo de muestra y casos

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miembros de organizaciones de derechos humanos de los países y de la organización Center for Justice and International Law (CEJIL), que ha litigado numerosos casos ante el sistema. De igual manera, se realizaron entrevistas a 29 peritos y otros expertos conocedores del sis-tema o de las medidas de reparación, y 19 a Agentes del Estado de 11 países.

Personas entrevistadas Número

Comisionados o excomisionados 7

Abogados CIDH 8

Jueces de la Corte 5

Abogados Corte Interamericana 5

Víctimas y familiares 72

Abogados representantes de las víctimas y miembros de ONG peticionarias. 62

Peritos y otros expertos 29

Agentes del Estado 19

Total 207

Los casos analizados constituyen una muestra importante y representativa de varios tipos de violaciones graves de derechos humanos, tales como ejecución extrajudicial y desaparición forzada, tortura y condiciones carcelarias, masacres, violación sexual y violencia contra las mujeres. Igualmente, se incluyen casos de derechos de pueblos indígenas y de derechos la-borales. Es, por tanto, una amplia gama de casos, circunstancias y países, y de muy diferentes medidas de reparación individual y colectiva. Esta clasificación inicial no es cerrada, ya que varios casos podrían ubicarse en distintas categorías por el conjunto de violaciones que in-volucran.

Tipo de casos Número

Ejecuciones extrajudiciales y desaparición forzada 18 Tortura y cárcel (ley antiterrorista, narcotráfico, pena de muerte y menores) 13 Violación sexual y violencia contra las mujeres 6

Masacres 16

Dchos. pueblos indígenas y tierra 3

Dchos. laborales 2

Otros 5

Total 63

Metodología de investigación

ncluyó la realización de entrevistas con diferentes guiones para los distintos actores de la Comisión y de la Corte, abogados representantes, víctimas, peritos y agentes del Estado. Previamente, se recogió y analizó la información disponible, especialmente las sentencias dictadas por la Corte, así como los acuerdos o informes de la Comisión.

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DIÁLOGOS SOBRE LA REPARACIÓN. QUÉ REPARAR EN LOS CASOS DE VIOLACIONES DE DERECHOS HUMANOS

En las entrevistas se exploraron tanto las experiencias de los actores como sus percep-ciones sobre la reparación y los problemas o alternativas con respecto el cumplimiento. Fue-ron transcritas y analizadas mediante un programa informático de análisis cualitativo Atlas-ti. Se identificaron 125 códigos, tomando en cuenta los diferentes aspectos incluidos en las entrevistas. Luego, estos códigos fueron agrupados en 48 familias, según los grandes temas o aspectos señalados. Las familias de códigos incluían entre 50 y 200 citas, aproximada-mente, de entre 25 a 99 personas, con una representación de los actores entrevistados y pa-íses, y fueron la base para establecer los capítulos.

Evidentemente, en algunos capítulos, la información se fundamenta en los testimonios de las propias víctimas y familiares, como en aquellos que recogen sus expectativas y efectos; otros, en cambio, privilegian las entrevistas a abogados o miembros del sistema interameri-cano, cuando se centran en los mecanismos del sistema para el cumplimiento de sus deci-siones. Sin embargo, prácticamente la totalidad de los capítulos incluye múltiples perspectivas de los distintos actores, con una combinación significativa de tipos de viola-ciones y casos, países y distintos actores. Esto resulta más relevante en la segunda parte de este libro, en la cual se analizan las medidas de reparación.

A partir de toda esa información, se desarrolló el esquema de la investigación teniendo en cuenta dos partes: una centrada en los procesos y otra en las diferentes medidas de repa-ración. El libro consta de 34 capítulos sobre las diversas temáticas, incluyendo un análisis de la situación de cada uno de los temas, la evaluación de los criterios de eficacia o adecua-ción, un análisis de las dificultades y límites, así como una valoración de las propuestas o al-ternativas de actuación.

Tipos de análisis

Se realizaron varios tipos de análisis. Uno, de las informaciones, percepciones y experiencias de los actores: agentes del Estado, miembros de la Corte o de la Comisión, abogados representantes y víctimas. En dicho análisis se trataba de identificar la visión de los mismos, las tendencias y los elementos diferenciales en sus respuestas, así como la reconstrucción de los elementos claves de las diferentes visiones y experiencias. Otro tipo de análisis incluyó la triangulación de las fuentes y perspectivas de los diferentes actores, identificando los núcleos comunes de los variados aspectos y las visiones divergentes. También se analizaron los desafíos que surgen del contraste de esas experiencias, teniendo en cuenta la evolución del sistema, la práctica de los Estados y el proceso de litigio en general, de las organizaciones en los distintos países.

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Estructura del libro

La investigación se ha estructurado en dos partes. La primera está centrada en los actores, procesos y mecanismos que tienen que ver con la reparación. La segunda analiza las dife-rentes medidas y algunas situaciones específicas de reparación.

La primera parte se inicia con la experiencia de las víctimas cuando llegan al sistema; se analiza el impacto de las violaciones y sus expectativas, frente al sistema mismo y la repara-ción. Posteriormente, se describen algunos elementos del proceso de las víctimas y del litigio. Los ritmos y dinámicas de la demanda están mediatizados por las gestiones y aspectos judi-ciales o políticos de los casos, pero se relacionan también con los procesos personales o fa-miliares de las víctimas.

Se abordan luego algunos de los momentos más importantes en el litigio, como los pe-ritajes, audiencias, allanamientos, soluciones amistosas y sentencias. El contexto del propio sistema, su evolución en el tiempo, se analiza junto con el papel de la Comisión Interame-ricana en torno a la reparación, así como la perspectiva y el rol de las organizaciones no gu-bernamentales y grupos de derechos humanos que representan a las víctimas y el de los Estados.

Por último, se exploran las dificultades y procesos inherentes al cumplimiento, además de una evaluación de los mecanismos disponibles y otros que pueden ser puestos en marcha para mejorar el impacto de la reparación.

La segunda parte del libro incluye un análisis de las distintas medidas. Se analizan los criterios en que se basan, las dificultades generales, los aspectos críticos que generan o cues-tionan su sentido reparador, las experiencias positivas y las alternativas, teniendo en cuenta las diferencias entre casos y personas o comunidades.

Se analizan, asimismo, las medidas de satisfacción (actos de reconocimiento y medidas simbólicas); los criterios e impacto de la reparación económica; las medidas de rehabilitación con sus diferentes posibilidades y modelos (servicios de salud, atención psicosocial y educa-ción); la búsqueda de los desaparecidos y exhumaciones, la investigación y la justicia, así como las garantías de no repetición. Se realiza, además, un análisis de la reparación colectiva que afecta a grupos o comunidades, incluyendo los problemas derivados de la reivindicación del derecho a la tierra y al territorio, así como las implicaciones culturales de las reparaciones, que deben ser cuidadosamente observadas. Por fin, se abordan algunas situaciones, como la publicación de partes específicas de las sentencias y la reparación en los casos que implican situaciones carcelarias y de violencia sexual, y se explora uno de los desafíos del sistema en la actualidad, que tiene que ver con incluir una perspectiva de género a partir de los avances en la investigación en los últimos años. Se proponen, en los diferentes capítulos, algunas al-ternativas para las ONG, los Estados y los órganos del sistema.

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PARTE I

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Uno tiene dos opciones o te sientas a llorar tu desgracia o sigues adelante sin pensar en ella, y entonces es el problema porque no la asimilas. Te puedes sentar a llorar, pero también te tienes que poner a pensar cómo asimilar esa desgracia para que conviva con uno sin ha-certe tanto daño, y mi mamá está en ese proceso. Recién ahora ella lo ve de diferente ma-nera, a ella le ha ayudado muchísimo este proceso. Ahora ya no se nos enferma como antes a cada rato, y el médico nos decía que no tenía nada. Mayarí de Lion.

¿Cómo se encuentran las víctimas que llegan al sistema interamericano? Para quienes inter-vienen en esos procesos, la situación psicológica, el nivel de impacto de las violaciones o de la impunidad, son parte de las experiencias del litigio en testimonios o peritajes, y en las de-mandas de reparación. Para las víctimas y familiares, es parte de su propia historia, de su vida y de aquello que tratan de superar.

En este capítulo se analizan las consecuencias individuales y familiares de las violaciones de derechos humanos en los casos investigados, especialmente los de ejecución extrajudicial y desaparición forzada, masacres, tortura y encarcelamiento indebido, que constituyen un número muy importante y una experiencia desgarradora de los casos ante el sistema.

Consideraciones generales

D

IFERENCIAS INDIVIDUALES Y FAMILIARES

Un primer punto a tener en cuenta son las diferencias entre las víctimas y las familias afectadas.

Desde una perspectiva jurisprudencial, la Corte Interamericana ya había advertido la nece-sidad de hacer una distinción entre ambas. Si bien en la jurisprudencia se les da igual calidad de víctima, doctrinariamente ello corresponde a las nociones de “víctima directa” y “víctima indirecta”, cuyo precedente inaugural dentro del sistema interamericano se encuentra en el caso Blake.1No existe un patrón único de afectación, dependiendo esta del tipo de hecho traumático, la situación psicológica previa, la cohesión familiar, el tiempo trascurrido o

La situación de las víctimas y familias afectadas

Impacto psicosocial en los casos

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cómo hayan podido enfrentar las consecuencias de las violaciones. También hay diferencias individuales con respecto a la importancia de las distintas medidas de reparación o la justicia.

Yo trataba de ayudarla, hasta que la señora me dijo que sus hijos le decían que no siga, que ella ya tenía la certeza de que estaba muerto. Y hasta cambió de teléfono. Entonces, es como tan delicado, porque entre las cosas que descubrí, mi papá me diría hijita usted descubrió el agua tibia, es que cada ser humano es un continente desconocido. Entonces uno no sabe, yo respeto todo eso, y colaboro, y cuando la señora me dice: “no, yo no quiero, yo le entregué eso a mi Dios y ya”. Pues ya. Fabiola Lalinde.

Es preciso evaluar la trascendencia de estos aspectos de forma específica en los diferentes casos, tanto para valorar las necesidades de acompañamiento, como para la formulación y acogida de la expectativa de reparación.

U

NA DIMENSIÓN DE RUPTURA

Desde el punto de vista psicosocial, el impacto de las violaciones puede ser visto como un trauma, es decir como una particular herida psicológica; sin embargo, este se produce en un contexto y moviliza significados que también son sociales, por ello hablamos más bien de trauma psicosocial. También hay que tener en cuenta que esta explicación no es universal dado que, por ejemplo, en muchas culturas indígenas, el trauma no se considera como una herida, sino como la ruptura de un equilibrio con la comunidad, la naturaleza o los ancestros. Todo ello tiene implicaciones para la evaluación del daño pero, especialmente, para las me-didas de reparación.

Esta dimensión del efecto traumático, genera un sentimiento de ruptura de la continui-dad de la vida entre un antes y un después de las violaciones, que une –de una forma per-manente– el presente con ese pasado traumático. El impacto se reactualiza muchas veces, ya sea por los recuerdos o memorias traumáticas que se reactivan en determinadas circuns-tancias, o por la persistencia de la impunidad que impide alcanzar un cierto cierre psicológico a las violaciones, a través del apoyo social, la reparación o la justicia.

Como dice Nelly, toda la vida nosotros, los familiares de las víctimas, vamos a estar mar-cados por esa tragedia, y eso día a día, de una forma u otra, lo remite al pasado. Si uno prende el televisor y siempre hablan de masacres, es volver a vivir lo de uno, porque uno sí vivió ese momento; con esta vivencia es muy difícil vivir el día a día. Paola Martínez, familiar La Rochela.

C

ONSECUENCIAS EN EL TIEMPO

Cuando los casos llegan al sistema, en general las víctimas ya han hecho un largo camino en que el nivel del impacto ha disminuido, gracias a sus esfuerzos por enfrentar la situación o al apoyo obtenido. Pero el tiempo no lo cura todo, y ciertos problemas se vuelven crónicos o empeoran.

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Así sucede con los sentimientos de pérdida y duelo congelados en el pasado; la persona queda psicológicamente anclada a esa historia que se reactualiza en su vida cotidiana. En otros casos, los problemas ocasionados por las violaciones de derechos humanos se han ido complicando en el tiempo, dado que estas tienen consecuencias como el empeoramiento de las condiciones de vida; además, muchas de las víctimas se encuentran con respuestas institucionales negativas o falta de apoyo social, lo cual profundiza el impacto inicial. Pueden entonces enfrentar problemas que –aunque se arrastran desde tiempo atrás– no han tenido los recursos o las posibilidades para resolver.

Hay algunas personas que han tenido problemas importantes, incluso algunos familiares que se refugiaron en las drogas, y también la mamá tenía serios problemas de salud mental. Nosotros queríamos que mandaran a los que no tienen seguro a una clínica que tenga una buena atención.Fanny Corzo, familiar, 19 Comerciantes.

E

N BÚSQUEDA DE SENTIDO

Las víctimas tratan de buscar un sentido a los hechos traumáticos. Responder a la pregunta ¿por qué me pasó esto a mí? ¿Por qué le hicieron eso a mi familiar? Esto es parte de los es-fuerzos por enfrentar los hechos y las consecuencias de las violaciones. La investigación en psicología ha mostrado que quienes logran encontrarle un sentido al hecho, en general se encontrarán psicológicamente mejor que quienes se quedan en la confusión o se culpabilizan por lo sucedido. En cambio, las personas que permanecen atadas a la situación vivida, tra-tando de encontrar sentido a lo que no lo tiene, se encontrarán, porque esto que se convierte en una forma de retraumatización.

Yo no sé si los que hicieron eso no tendrán hijos o familia, porque yo no entiendo cómo puede haber un corazón tan negro para hacer eso; lo que yo nunca he podido entender, y quisiera tener una explicación y yo sé que es imposible, es saber… Hay gente que les pagan, de altos mandos, que nunca se ocuparon de ese municipio para nada, que ni si-quiera sabían que existía. Entonces, yo me pregunto cómo esa gente tuvo ese corazón para mandar a hacer esa masacre allá, y esa gente no les estaba haciendo nada a ellos. O sea, yo quisiera saber qué realmente pasó, qué tenían en contra de esa gente, qué les había hecho esa gente, porque mi papá era una persona demasiado humilde. Viviana Barreda, familiar Mapiripán.

Sin embargo, muchas de las violaciones se dan en un contexto de ruptura de una lógica de proporcionalidad (“si nada debo, nada temo”) y cuestionan el sentido habitual de otras si-tuaciones de la vida. Los esfuerzos de víctimas y familiares por lograr una investigación ade-cuada, obtener reconocimiento o justicia, son intentos para dotar de sentido y enfrentar de forma constructiva las violaciones.

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I

MPACTO EN LA DIGNIDAD

Tanto el modo en que se cometieron las violaciones, como buena parte del trato que luego han sufrido las víctimas –en especial la situación de impunidad–, conllevan un efecto en su dignidad como personas. Esto tiene consecuencias para la comprensión de la experiencia de las víctimas, para la valoración del daño (que generalmente se identifica como “daño in-material”), y para la determinación precisa y, si se quiere, ad hoc de las medidas de reparación que deben brindárseles.

Salió el caso de mi hermana y todo el mundo quiso hablar conmigo; pero, antes de eso, la gente cruzaba la vereda para no hablar conmigo. Dejé de tener vida social, la vida social desapareció. Eso mismo les pasaba a ellos, el aislamiento del medio social por el hecho de tener a un familiar acusado o condenado por terrorismo. Carolina Loayza, abogada y familiar.

El impacto y la lucha por la dignidad son parte del litigio ante el sistema. Desde un punto de vista psicosocial, el litigio puede ser visto como un esfuerzo por revertir ese impacto y lo-grar un reconocimiento. Este reconocimiento tiene una dimensión individual, familiar y social, especialmente cuando las violaciones conllevaron una criminalización de las víctimas.

Lo que más me interesaba era que mi papá, mi mamá y mi hijo me creyeran. Porque la imagen que se encargan de crear desde el Estado es en contra tuya, es una mentira tan cre-íble que resulta creyéndose. Cuando lo dice el Estado es verdad y cuando lo dice la víctima es mentira. Entonces, creámosle al Estado. Por muchos años fue bien difícil probar la ver-dad, pero ya a los doce años se probó. Si lo gané fue por resistencia; no gané en los derechos sino en resistencia. Pero mi familia ha seguido sufriendo las consecuencias porque durante el problema, la reputación y el buen nombre de mi familia fueron dañados. Wilson Gu-tiérrez.

Es por tal razón que las medidas de reparación deben tener un fuerte componente de dig-nificación de las víctimas. En ello se incluye una dimensión de reconocimiento del daño sufrido, de la injusticia de las violaciones y del valor humano de las personas que resultaron afectadas. Las formas de reparación que se analizan en esta investigación, para ser realmente reparadoras, han de tener -todas ellas- un sustrato común: el reconocimiento y el trato con dignidad.

Si bien es cierto eso no recompensa la pérdida de su hijo o de su hermano, sí recompensa el daño moral. Los familiares de Humberto levantaron mucho su autoestima al recibir sus restos en ceremonia pública, presidida por autoridades de alto nivel, y ser acompañados luego a su lugar de origen, donde se produjo un ritual de “cristiana sepultura”. Si todos los procesos de reparación o de cumplimiento de sentencia se fueran cumpliendo, con los re-presentantes legales trabajando con toda esa mística para que la gente se sienta importante,

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reivindicada moralmente, otra cosa sería. La gente solo quiere que le devuelvan su digni-dad, su paz familiar y que le respeten su dolor interior; nosotros hemos visto que cuando el dolor es respetado, las personas se sienten compensadas.Bertha Oliva, COFADEH.

C

AMBIO EN CREENCIAS Y FORMAS DE VER EL MUNDO

Uno de los efectos menos visibles –pero más profundos– de los hechos traumáticos, como las violaciones graves de derechos humanos, es el que incide en las creencias y asunciones básicas sobre el mundo, en la relación con los otros, o en la confianza en sí mismo.

Los hechos traumáticos de carácter violento cuestionan la manera de ver el mundo como un lugar más o menos seguro o predecible; de ver a los otros no como un enemigo, sino como alguien en quien se puede confiar, o de percibir que el mundo tiene un sentido con un componente humano o religioso. Este conjunto de asunciones básicas, que forman parte del funcionamiento normal e inconsciente de la gente en muchas culturas, es cuestionado por el impacto de la violencia y el carácter intencional del trauma. En otros sentidos, la ex-periencia de las violaciones ha puesto al descubierto la vulnerabilidad de las personas o las víctimas, pero también las realidades que permanecían ocultas o no se podían ver.

Nos ha impactado terriblemente, nos ha quitado la alegría de vivir, nos ha hecho dema-siado escépticos con cuestiones como la justicia, como la solidaridad, como amistad, como la lealtad. Y nosotros teníamos mucha afición, creencias de que estas cosas, creíamos que estábamos en otro mundo. Probablemente fue un despertar muy doloroso, pensar que por-que, si yo tenía que cumplir mi deber y hacía y cumplía mi deber, iba a resultar que me expulsaran del ejército y tuviera que vivir todo esto... Ahora hay cosas que valoro mucho más, como la verdad. General Rodolfo Robles.

F

ORMAS DE ENFRENTAR LAS VIOLACIONES

Tener en cuenta el impacto de las violaciones de derechos humanos no significa ver las ex-periencias traumáticas como estigmas o rasgos que niegan la capacidad de recuperación y de reconstruir la vida de las víctimas. Reconocer ese impacto es parte del proceso que se da en ellas y en el propio litigio, pero también se trata de estimular las fuerzas que pueden ayu-dar a la recuperación. Este es el sentido esencial de la reparación.

Yo sí puedo decir que la gran mayoría de los familiares hemos quedado marcados por lo que hemos vivido y ha habido transformaciones no siempre positivas, sino negativas, en nuestra personalidad. Hay temor, hay ansiedad, hay depresión, hay miedo y hay descon-fianza, y esto hay que trabajarlo para volver a recuperarse. Gisela Ortiz, La Cantuta.

La situación en que se encuentren las víctimas dependerá también de sus formas de enfrentar los hechos, manejar sus emociones y responder a los enormes desafíos que produce el sufri-miento y el empeorasufri-miento de las condiciones de vida, que generalmente conllevan las

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laciones de derechos humanos. Algunas víctimas prefieren verse como sobrevivientes y han demostrado una enorme capacidad de resistencia a la adversidad. Es frecuente que mucha gente quiera tratar de olvidar lo sucedido, aunque los intentos de reprimir memorias, re-cuerdos y emociones tienen, con frecuencia, efectos contrarios, reforzando el malestar o la “rumiación”. Las víctimas y familiares tienen que aprender a vivir con lo que han vivido, a disminuir sus efectos y, muchas veces, la propia experiencia de litigio es una forma de luchar contra las causas de su malestar y el de otros.

De todas maneras, eso es un dolor que no sana. Eso yo lo llamo “aprender a manejar”. Yo como que ese dolor lo aprendí a manejar, por un lado como se maneja una enfermedad crónica, y está ahí. El diabético dura muchos años, pero aprende a manejar su enfermedad. Yo aprendí a manejar ese dolor, que fue muy violento. Tuve épocas en que estuve muy en-ferma, que se me iba la voz, que me dolían los riñones, que sufría del colon, que me salía úlcera, hasta que acabé somatizando en la piel. Pero, a la vez, eso me daba como el coraje y el desafío de que como lo quieren dejar a Luis Fernando como un NN, pues yo les voy a probar que eso no va a ser así. Entonces, eso se me convirtió en un reto y un desafío.Fabiola Lalinde.

M

ANEJO DEL IMPACTO EN EL CONTEXTO SOCIAL

La situación de las víctimas también va a depender del grado de apoyo social, es decir de si han encontrado personas con las que compartir, con las que se sienten comprendidas, escu-chadas y que tienen en cuenta sus necesidades psicológicas. Las víctimas que han contado con un importante apoyo social, en forma de redes de relaciones, información o sostén emo-cional, pueden enfrentar mejor las consecuencias psicológicas y tener una mayor integración social, aunque este apoyo no siempre disminuye las consecuencias físicas del estrés.

Sin embargo, la mayor parte de los casos de violaciones se encuentran con una respuesta social negativa, que criminaliza a las víctimas o sus familiares; se han dado incluso situaciones de marginación u ostracismo social. Todo ello contribuye a empeorar las condiciones psico-lógicas y familiares.

Para muchas víctimas es difícil encontrar ese apoyo. La necesidad de tener que contar siempre la experiencia, las respuestas de incomprensión o extrañeza, las dificultades de hallar el momento o la persona adecuada, forman parte de los desafíos que enfrentan.

A veces siento como que nadie… Es difícil explicarle a una persona mi vida, sin explicarle la historia de Guatemala y muchas cosas, para explicar que una persona así puede desa-parecer. A veces me siento mal porque para no explicar, a veces, digo sí, mi papá murió, hace años o hace meses; a veces puede ser de un ataque cardiaco, de un accidente, pero para no tener que explicar. A veces siento que soy un poco anormal… No sé si los senti-mientos han sido parecidos; a veces nos sentimos solas. María Luisa del Rosal.

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I

MPACTO Y ADAPTACIÓN A LARGO PLAZO

Las víctimas que llegan al sistema son una pequeña muestra de aquellas que han sufrido violaciones en sus países, cuyos casos a veces no fueron denunciados, o no encontraron quien los tomara en cuenta. Llevan largos años en la lucha por la justicia, primero en el sis-tema interno y luego en el interamericano. En este extenso camino han tenido que desarro-llar maneras diferentes de enfrentar las consecuencias de las violaciones y adaptarse a la vida cotidiana.

Tal capacidad de adaptación, incluso en personas que ha logrado una buena integración social, no excluye sin embargo la necesidad de seguir enfrentando el impacto, a mediano o largo plazo, en cuestiones que siguen recordando lo vivido y actualizando el malestar. En este caso, por ejemplo, las consecuencias tenían que ver con el miedo a la policía y la des-confianza como mecanismo de defensa, a pesar de que la persona había contado con apoyo terapéutico de pareja cuando su compañero salió de la cárcel, y se encontraba bien adaptada y recuperada.

Para mí todavía no está concluido el asunto, todavía me causa mucho dolor; fue una ex-periencia tan dura, que de un momento a otro Iván se fue a trabajar y no volvió hasta después de cuatro años. Fue terrible, terrible, toda esa lucha con esta gente que nunca nos escuchaba, que nos veían como estorbos, esa mala gente, tan feo. Yo me volví un per-sona absolutamente desconfiada, temerosa, hasta ahora tengo en la mente que cuidado con la policía, por ejemplo, que aparte todavía te chequean y te pueden coger y hacer algo; para mí es algo que de mi cabeza no sale y creo que no hay posibilidad de que salga. Tengo mucho resentimiento, mucho rencor contra toda esta gente. Esposa de Iván Suárez Rosero.

Se requiere flexibilidad para normalizar y dar sentido a las propias emociones y vivencias. Muchas de ellas son reacciones normales frente a experiencias anormales, y necesitan ser entendidas para abordarse de una manera más eficaz. Eso no significa minimizar los pro-blemas. Como señala Magdalena Ibáñez, quien ha fungido como perito psicóloga, el otro punto que es importante es la culpa, la culpa que ocasiona más sufrimiento y menos salud mental, por utilizar estos términos. Y luego también está el legitimar la rabia.

Creo que el dolor sigue allí intocado, y es esa sensación que yo tengo tan presente de que las cosas no pasaron, sino que cada vez que llego ahí suceden nuevamente, y me cuesta mucho despegarme de eso. Pienso que ahí hay mucho de culpa, de sufrimiento, de lealtad hacia él, hacia mi papá, hacia mi mamá; mucha voluntad impracticable junto con la imposibilidad de volver al pasado y cambiar lo que sucedió… Entonces esa impotencia te magnifica los sentimientos, eso es un proceso totalmente incontrolable en ciertos momentos.

Lucrecia Molina.

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Las diferentes experiencias y violaciones de derechos humanos

El impacto de las violaciones depende, en primer lugar, del tipo de hecho traumático y de los desafíos que implica. Si bien hay cuestiones generales que pueden mostrar manifestacio-nes psicológicas similares, las diferentes violaciomanifestacio-nes confrontan a las víctimas con situaciomanifestacio-nes, pérdidas y circunstancias de los hechos específicas, que hay que conocer para tratar de en-tender la experiencia de las víctimas y cómo esta se manifiesta en forma de sentimientos, percepciones o conductas.

E

L IMPACTO DE LAS PÉRDIDAS Y PROCESOS DE DUELO

Un hecho determinante es la pérdida de seres queridos a causa de las violaciones. En térmi-nos psicológicos, la forma en que las personas enfrentamos las pérdidas se llama proceso de duelo. En los casos de muertos y desaparecidos como consecuencia de la violencia política, la mayoría de las veces las víctimas directas son hombres, por lo que son las mujeres las que tienen que enfrentar el impacto afectivo, el cuidado de los hijos, y la sobrecarga afectiva y social que se da en estos casos, además de sus propias experiencias de violencia.

Cuando pasó lo de la masacre, yo nunca había trabajado, me quedé sola y tuve problemas con la familia de él. Me tocó salir y pagar un apartamento, me puse a beber mucho; yo pensé que no iba a poder sacar mis hijos adelante, no sabía hacer nada; un día me corté las venas. Nelly había pedido una licencia y se mantenía muy pendiente de mí, al igual que Marielita, otra de las viudas que dejó esta masacre; nos mantenemos muy unidas y en esa época nos reuníamos todos los fines de semana. Nelly llegó en el momento que intenté quitarme la vida y evitó que mis hijos sufrieran otra tragedia. Paola Martínez, familiar La Rochela.

Los duelos traumáticos suponen, en general, un largo proceso de enfrentar el dolor, aceptar la pérdida como definitiva, poder expresarse y contar con apoyo, pero también necesitan de la verdad y la justicia. En contextos políticos de violencia, cuando ni siquiera se ha podido saber la verdad de lo sucedido y conocer dónde está el familiar o sus restos, el impacto ne-gativo es mucho mayor. Las celebraciones del recuerdo, que en otro tipo de situaciones po-drían ayudar a asimilar la pérdida, suponen en estos casos una actualización de esos sentimientos. La necesidad de contar con espacios y apoyo para la expresión se ve limitada con frecuencia, y eso obliga a inhibir el dolor para centrarse en los otros y la vida cotidiana.

Cada vez que viene un cumpleaños, ese es un dolor para mí, cuando veo a las nietas es un dolor para mí. Claro que yo tengo que no demostrarlo, porque tengo que vivir, porque tengo otras nietas, tengo otros hijos; pero para mí es demasiado grave y cada vez que vengo a una reunión tengo que llorar, porque tengo una cosa y es que no vi a mi hijo tampoco, ni siquiera para verlo por última vez, y que me lo hubieran matado; eso es lo que a mí me duele, que no sé dónde está. Me engañaron, porque a mí el gobierno me engañó (llorando),

Referencias

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