Violencia en el noviazgo: Un programa de intervención conductual en adolescentes escolarizados.
Proyecto de Grado
Presentado por
JORGE ARTURO MARTÍNEZ GÓMEZ
Directora:
MÓNICA NOVOA GÓMEZ Co-Directora:
ROCHY VARGAS GUTIÉRREZ
PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA FACULTAD DE PSICOLOGÍA MAESTRÍA EN PSICOLOGÍA CLÍNICA
Tabla de Contenido
Introducción……….………...8
Justificación del problema……….11
Pregunta de investigación……….……….19
Marco teórico y estado del arte……….………20
Definición violencia en el noviazgo…………..………20
Tipologías de violencia en pareja jóvenes...……….21
Diferencias entre violencia en el noviazgo y violencia en parejas adultas………...24
Modelos explicativos de la violencia de pareja……….………25
Aprendizaje social……….27
Adquisición de las conductas de violencia………28
Mantenimiento de las conductas de violencia………...30
Fundamentación teórica del programa ……….32
Perspectiva analítica funcional………..32
Programas de terapia y modificación de la conducta………33
Evidencia empírica de la intervención conductual de pareja………34
Principios básicos del aprendizaje y estrategias para el cambio…………...………35
Técnica de modelamiento………..35
Técnica de solución de problemas………36
Refuerzo positivo………..37
Habilidades de comunicación………....37
Programas de prevención de violencia en el noviazgo……..………38
General………..48
Específicos………..………...48
Método………….……….49
Tipo de investigación………49
Diseño de Investigación ………...49
Diseño primera fase………...49
Diseño segunda fase………...49
Definición de variables………..50
Variable independiente………..50
Variable dependiente……….50
Participantes fase exploratoria………..………..56
Tipo de Muestreo………..57
Participantes del programa de intervención……….58
Instrumentos……….60 Procedimiento……….…..63 Primera fase………...………63 Segunda fase………..64 Tercera fase………...65 Cuarta fase……….66 Quinta fase………66 Resultados ………...68
Resultados medida inicial y final del tratamiento……….76
Resultados fase análisis funcional de la intervención………...79
Pareja II……….88
Pareja III………...96
Discusión……….104
Referencias………115
Anexos A Lista de Chequeo de Experiencias de Maltrato en la Pareja (Forma A)………123
Anexo B Consentimiento informado………..127
Anexo C Esquema Guía de sesiones en el proceso de intervención ……….…129
Anexo D Registro diario de experiencias de maltrato ………...……153
Anexo E Formulación Clínica……….166
Anexo F Inventario de comunicación primaria………..……173
Lista de figuras
Figura 1. Medida inicial y final de conductas de violencia reportadas con la lista de
chequeo por la pareja I………..52 Figura 2. Línea base e intervención en estrategias de comunicación y solución de problemas en relación con el número de conductas de violencia ejercidas por el hombre en la pareja I………...54 Figura 3. Línea base e intervención en estrategias de comunicación y solución de problemas en relación con el número de conductas de violencia ejercidas por la mujer en la pareja I ………...………...54 Figura 4. Medida inicial y final de conductas de violencia reportadas con la lista de chequeo por la pareja II...………..52 Figura 5. Línea base e intervención en estrategias de comunicación y solución de problemas en relación con el número de conductas de violencia ejercidas por el hombre en la pareja II ……….………..…54 Figura 6. Línea base e intervención en estrategias de comunicación y solución de problemas en relación con el número de conductas de violencia ejercidas por la mujer en la pareja II ………....54 Figura 7. Medida inicial y final de conductas de violencia reportadas con la lista de chequeo por la pareja III….………..52 Figura 8. Línea base e intervención en estrategias de comunicación y solución de problemas en relación con el número de conductas de violencia ejercidas por el hombre en la pareja III ………...…………54
Figura 9. Línea base e intervención en estrategias de comunicación y solución de problemas en relación con el número de conductas de violencia ejercidas por la mujer en la pareja III ………...54
Lista de tablas
Tabla 1. Programas publicados entre 1990 -2010 de prevención de violencia en la relación de noviazgo………...39 Tabla 2. Esquema general del programa de intervención conductual en adolescentes
escolarizados……….28 Tabla 3. Características sociodemográficas de los participantes………..32 Tabla 4. Frecuencia de conductas de violencia reportadas por los encuestados…………...40 Tabla 5. Tabla de contingencia con las variables de violencia entre los padres y conductas de violencia reportadas en la pareja………..41 Tabla 6. Conductas de violencia reportadas por los encuestados en función de género…..41 Tabla 7. Tipo de violencia reportada por los encuestados en función del género…………43 Tabla 8. Conductas de violencia reportadas por los encuestados en sus relaciones de
noviazgo………44 Tabla 9. Frecuencia de conductas de violencia reportadas por la pareja con la lista de chequeo medición inicial y final………...46 Tabla 10. Puntajes totales del nivel de comunicación percibido por la pareja a través del inventario de comunicación primaria ………..48
Resumen
El objetivo de este trabajo fue describir las experiencias de maltrato, el tipo y forma de violencia en el noviazgo con el fin de implementar y evaluar la pertinencia e impacto de un programa de intervención conductual sobre la violencia en el noviazgo, con adolescentes escolares en la ciudad de Tunja. El tipo de estudio es mixto con niveles de análisis descriptivo y funcional, con una primera fase exploratoria descriptiva, con un total de 589
estudiantes (294 mujeres, 295 hombres, edad M = 15.3 años, DT = 1.42 años, rango de edad
12-22 años) de los grados noveno, décimo y undécimo de tres colegios públicos de la ciudad de Tunja (Boyacá) y una segunda fase en la que se realizó una intervención conductual grupal, donde se entrenó en habilidades de solución de problemas, regulación emocional y comunicación, con metodología de diseño de caso único AB con la participación de tres parejas heterosexuales (3 mujeres, 3 hombres, M edad = 17.6 años, rango de edad 16-19 años). Los instrumentos utilizados fueron: (a) una lista de chequeo de experiencias de maltrato en la pareja forma A, que permite informar sobre la violencia recibida por la pareja y la forma B que permite ver la violencia perpetrada en la pareja; (b) registro diario de experiencias de maltrato en la pareja que identifica 29 conductas de violencia que se puede presentar en una relación de noviazgo; (c) escala de comunicación primaria de (Navran, 1967). Las variables que se evaluaron fueron violencia física, emocional, psicológica, sexual y los estilos de comunicación en la pareja. En la fase exploratoria se encontró que el 70.9 % de los encuestados reportaron haber sido víctimas de al menos una forma de violencia por parte de su pareja y el 48.6% reportó haber utilizado al menos una forma de violencia en contra de su pareja, los tipos de violencia que más reportan los encuestados son la psicológica y emocional. En la fase de intervención se encontró que el programa tuvo un efecto en la reducción de las conductas de violencia en
las tres parejas, entrenadas en estrategias de comunicación asertiva y solución de problemas.
Palabras claves: Violencia de pareja, adolescentes, prevención, noviazgo, programas, intervención, terapia comportamental.
Abstract
The objective of this research was to describe the experiences of maltreatment, the type and form of violence in the dating period in order to implement and assess the relevance and impact of a behavioral intervention program on violence in the courtship with school teenagers in the city of Tunja. The type of study is mixed with levels of descriptive and functional analysis; initially, descriptive exploratory, with a total of 589
students (294 women, 295 men, age M = 15.3 years, SD = 1.42 years, age rank 12-22 years)
from ninth, tenth and eleventh graders from three public schools in the city of Tunja (Boyacá) and a second stage implementing a group behavioral intervention, where it trained in problem-solving skills, and emotional regulation communication, the methodology of AB single case design involving three heterosexual couples (3 women, 3 men, M age = 17.6 years, age rank 16-19). The instruments used were: (a) a checklist of experiences of couple abuse form A, which allows reporting on received violence by the couple and the B form, to show the occurring violence in the family; (b) daily register of couple abuse experiences that identifies 29 behaviors of violence that can occur in a couple relationship; (c) primary communication scale (Navran, 1967). The assessed variables were physical, emotional, psychological, sexual violence and styles of communication among couples. In the exploratory phase was found that 70.9 % of reported respondents have been victims of at least one form of violence from their couples and 48.6 % reported have used at least one form of violence against their couples, the reporting types of violence are more psychological and emotional. In intervention phase was found that the program had an effect in reducing violent behavior in the three couples, positively reinforcing interaction and communication.
Key words: Couple Violence, teenagers, prevention, courtship, intervention programmes, behavioral therapy.
Introducción
El presente trabajo aborda la problemática de la violencia en el noviazgo en adolescentes de tres colegios públicos de la ciudad de Tunja (Boyacá). El objetivo general fue describir las experiencias de maltrato, el tipo y forma de violencia, con el fin de implementar y evaluar la pertinencia e impacto de un programa de intervención conductual en tres parejas de novios donde se presenta conductas de violencia física, psicológica, emocional y sexual.
La violencia en el noviazgo se puede definir como actos de control y comportamientos agresivos que ocurren en una relación romántica entre parejas que no conviven, con el objeto de controlar o dominar a la persona física, sexual o
psicológicamente (Close, 2005; Chung, 2005; Grover, 2004). Este tipo de conductas
pueden presentarse en relaciones heterosexuales u homosexuales (Freedner, Freed, Yang & Austin, 2002).
La característica principal de este tipo de violencia son las conductas de control que pueden incluir: prohibir relaciones con amigos del sexo opuesto, llamada y búsqueda con frecuencia para averiguar dónde se encuentra, con quien está e indagar por lo que está haciendo, exigir que debe pasar el mayor tiempo con él o con ella o también imponer los criterios a la hora de vestir. Este tipo violencia puede ser acompañado por el abuso verbal y emocional, por ejemplo las desvalorizaciones, burlas, insultos, menosprecios, amenazar con hacer daño a alguien de su familia o a él mismo o a ella misma, si no hace lo que él o ella quiere. Además se pueden presentar violencia física como: empujar, morder, golpear, cachetear, patear, halar el pelo, estrangular, con el objetivo de hacer daño y someter a su pareja. Finalmente en las relaciones de noviazgo se pueden presentar violencia sexual como: contacto físico no deseado, obligar a tener relaciones sexuales, no permitir el uso de
un método anticonceptivo, obligar hacer actos sexuales indeseados (Halpern, Oslak, Young, Martin & Kupper, 2001; Linder, Crick & Collins 2002; Smith, White & Holland, 2003).
El problema de violencia en la pareja en Colombia, según la encuesta nacional de demografía (ENDS, Profamilia, 2010), presenta altos índices de prevalencia, los datos muestran que el 65 por ciento de las mujeres colombianas encuestadas, reportaron que sus esposos o compañeros ejercían situaciones de control sobre ellas, con respecto a la violencia física el 37 por ciento de las mujeres sufrió agresiones por parte de su esposo o compañero, para el caso específico de la violencia en el noviazgo no se cuenta con información general, pero la que se tiene según la ENDS (2010) es que 4.4 por ciento de las mujeres informaron haber sido víctimas de violencia física por parte de su novio y el 14 por ciento haber sido víctima de violencia por parte de su exnovio.
Estos datos permiten pensar que es un problema frecuente en la relaciones de noviazgo en Colombia y que puede tener consecuencias que incluyen desde las secuelas de tipo físico para quien la recibe (lesiones, incapacidades permanentes, pérdida gradual de capacidades físicas), hasta un conjunto de trastornos del comportamiento y emocionales como la depresión, el estrés postraumático, las fobias específicas, el consumo de sustancias, los intentos de suicidio y los trastornos de la alimentación.
Para analizar dicha problemática, en esta investigación se pretende, en primer lugar hacer una caracterización de lo que en la literatura se define como violencia en el noviazgo, para luego presentar los datos que caracterizan la problemática en el contexto internacional y los estudios y avances a nivel colombiano, así como las aproximaciones teóricas y conceptuales sobre este tipo de interacción. Se detalla el objetivo general y los específicos, así como la metodología elegida para dar cumplimiento a estos objetivos.
En segundo lugar, se presentan los hallazgos de la fase del estudio exploratorio descriptivo donde se identifica y describe el tipo y la forma de violencia con mayor prevalencia en los adolescentes de noveno, décimo y undécimo grado de tres colegios públicos de la ciudad de Tunja. En tercer lugar, se presentan los resultados de la evaluación de la pertinencia e impacto del programa de intervención conductual, sobre las conductas de violencia en el noviazgo, bajo la modalidad de un diseño de caso único AB con seguimiento con tres parejas jóvenes escolares.
Finalmente, el lector encontrará los anexos con los consentimientos informados, los instrumentos de evaluación, la bibliografía y referencias usadas en este trabajo.
Este trabajo de investigación se desarrolló como requisito para obtener el título de Magister en Psicología Clínica, de la Facultad de Psicología de la Pontificia Universidad Javeriana y pretende aportar al grupo de Investigación en Psicología y Salud, la cual busca avanzar en la conceptualización alrededor de problemas relacionados con los factores contextuales implicados en las condiciones de salud y bienestar de las personas, grupos y poblaciones.
Justificación del problema
La violencia en el noviazgo entre adolescentes se ha convertido en un problema social, que predice la violencia de pareja en la edad adulta (Browne & Herbert, 1997; Rodríguez, Antuña & Rodríguez, 2001; Sarquis, 2005). Los estudios sugieren que la prevalencia de esta problemática en los últimos años presenta una tendencia a aumentar, con consecuencias en la salud física y psicológica de los adolescentes tales como el abuso de sustancias, conductas sexuales de riesgo, bajo rendimiento académico, abandono de los estudios, baja autoestima, además tiene relación con suicidios, embarazos no deseados, trastornos alimentarios, aumento de sentimiento de culpa, ira, dolor y ansiedad (Wekerle & Wolfe, 1999; Navarro & Pereira, 2000; Jackson., Cram, & Seymour, 2000; Lewis & Fremouw, 2001; Silverman, Mucci & Hathaway 2001; Rivera, Allen, Rodríguez, Chávez & Lazcano, 2006; Giordano, Soto, Manning & Longmore, 2010).
De acuerdo con Howard y Wang (2003), en Estados Unidos, la prevalencia de adolescentes víctimas de alguna forma de violencia por su pareja oscila entre el 18 y el 32 por ciento. Estudios relacionados indican que entre el 20 y el 50 por ciento de los adolescentes informaron estar en una relación de noviazgo donde experimentaron violencia por parte de su pareja (Connolly & Josephson, 2007; Jouriles, Platt, & McDonald, 2009) , y entre un 50 y 80 por ciento han conocido a un amigo que ha experimentado violencia en su relación de noviazgo (Craigen, Sikes , Healey, & Hays, 2009).
En un estudio longitudinal, Humphrey y White (2000) informaron que el 69.8 por ciento de las mujeres había experimentado por lo menos un caso de violencia sexual, en su relación de noviazgo. Otro estudio encontró que el 68 por ciento de los varones y el 33 por ciento de las mujeres que asistieron a la preparatoria reportaron haber sido violentos con su pareja (Chase, Treboux, O'Leary & Strassberg, 1998).
En chile (Región de la Araucanía), se desarrolló un estudio con 205 estudiantes universitarios, para determinar la prevalencia de la violencia en el noviazgo, un 71,7 por ciento de los estudiantes encuestados declara haber experimentado al menos un episodio de violencia en su relación de pareja. Un 62 por ciento declara haber experimentado episodios de violencia psicológica y un 31.7% por ciento violencia física. Los datos arrojaron una correlación significativa entre ser víctima de violencia y ser agresor(a), mostrando que los hombres son los victimarios más frecuentes en la relación de noviazgo (Saldivia & Vizcarra, 2012).
Para el caso de Colombia, la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (Profamilia, 2010), presenta datos a nivel nacional y por regiones, sobre violencia de pareja, agrupándola en las siguientes categorías: violencia verbal, maltrato sicológico, violencia física, abuso sexual, maltrato económico, los resultados indican que el 65 por ciento de las mujeres colombianas encuestadas reportan que sus esposos o compañeros ejercían situaciones de control sobre ellas, específicamente el 34 por ciento informó que habían sido acusadas de infidelidad, 29 por ciento que su pareja le impedía el contacto con amigas o amigos, el 39 por ciento siempre le insistía en saber en dónde estaba ella y un 33 por ciento, informó que su esposo no le consultaba o tenía en cuenta para la toma de las decisiones relacionadas con su hogar. De igual manera, el 26 por ciento de las mujeres contestó que su esposo o compañero propiciaba situaciones donde se presentaba insultos o expresiones desobligantes. Demás, el 32 por ciento de las mujeres, afirmó que sus esposos o compañeros ejercían amenazas contra ellas.
Con respecto a la violencia física el 37 por ciento de las mujeres reportaron haber sufrido agresiones por parte de su esposo o compañero, las conductas de violencia física más frecuentes son: empujar o zarandear (33 por ciento), golpear con la mano (27 por
ciento), patear o arrastrar (12 por ciento), violar (10 por ciento). Los departamentos con mayor prevalencia de violencia física por parte de esposos y compañeros son: Chocó (46 por ciento), Meta (46 por ciento), Amazonas (45 por ciento), Boyacá (45 por ciento), Caquetá (44 por ciento), Cauca (43 por ciento), Tolima (43 por ciento) y Cundinamarca (43 por ciento). Como resultado de las agresiones físicas, el 85 por ciento de las mujeres afirma haber presentado secuelas físicas o psicológicas tales como: perder interés por el sexo (71 por ciento), dolores fuertes y moretones (58 por ciento), pérdida de autoestima (51 por ciento), disminución de rendimiento laboral (39 por ciento), alteración de las relaciones con sus hijos (30 por ciento), deseos de suicidarse (23 por ciento).
Se encontró que el 37 por ciento de la mujeres informaron el uso de alguna forma de violencia física hacia su esposo o compañero, sin tener una causa aparente para ejercer este tipo de conductas, como podría ser en defensa de su integridad. Las mujeres que hacen esto con más frecuencia son las más jóvenes, las que están en unión libre, las de la zona urbana, las de las regiones Central y Pacífica, las que tienen más alto nivel de educación y las que tienen índice de riqueza bajo.
Con respecto a la violencia en las relaciones de noviazgo, los resultados de la encuesta muestran que 4.4 por ciento de las mujeres informaron haber sido víctimas de violencia física por parte de su novio y el 14 por ciento informó haber sido víctima de violencia por parte de su exnovio. Con respecto al departamento de Boyacá, según la encuesta la violencia reportada por las mujeres por parte de su novio fue de 3.8 por ciento y exnovio 10.8 por ciento. Durante el desarrollo de la ENDS 2010 también se les preguntó a todas las mujeres en edad fértil (15-49 años), si alguna vez su novio la había forzado a tener relaciones sexuales contra su voluntad, el 6 por ciento informó este tipo de agresión por
parte de su novio, en el caso de Boyacá un 9.2 por ciento informó haber sido víctima de violación por parte de su novio.
De acuerdo con los anteriores datos la violencia se constituye en un problema, tanto por su prevalencia como por sus consecuencias, esta información permite pensar que la violencia en las relaciones de noviazgo es frecuente en las relaciones de los jóvenes, sin embargo, estos datos no permitan identificar la forma, el tipo y las consecuencias de la violencia en el noviazgo.
El Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses en su informe de FORENSIS MASATUGÓ (2010), hace un análisis de los datos recopilados en los años de 2004 al 2008 de mujeres que denunciaron ser víctimas de maltrato de pareja, con respecto al novio como posible agresor, los datos muestran que en el 2004 se reportaron 1.524 casos, en el 2005 se reportaron 1.668 casos, en el 2006 se reportaron 1.557 casos, en el 2007 se reportaron 1.842 casos y en el 2008 se reportaron 1.829 casos.
En su reciente publicación, el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses registró durante 2012, un total de 89.436 casos de violencia intrafamiliar, conformada en su mayoría por la violencia de pareja con un 64,7% (57.875 casos de violencia de pareja). La diferencia entre sexos en la violencia de pareja está dada por un 88,4% de mujeres víctimas, sobre 11,6% de hombres víctimas.
Las cifras del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses (2012), resaltan que de los 57.875 casos de violencia de pareja que valoró en el año 2010, 13.374 corresponden a personas entre los 25 a 29 años de edad, conformando el grupo con mayor prevalencia. Así mismo indicó que el segundo lugar fue ocupado por el rango de edad entre 20 y 24 años con un total de 12.322 de casos registrados; es importante resaltar que entre los 10 a 14 años se presentaron un total de 136 casos, de los cuales 132 fueron mujeres
víctimas de violencia. El victimario más frecuente en las relaciones de pareja es el compañero permanente con el 41%, seguido de los esposos (as) con el 25%. Se encontró un total de 2.146 casos de violencia en la pareja en una relación amorosa de noviazgo de los cuales 220 fueron hombres víctimas y 1926 mujeres víctimas.
Los datos de prevalencia e incidencia en Colombia, muestran que en las parejas en la edad adulta, la principal causa de problemas es la violencia de todo tipo, los indicadores de la Encuesta Nacional de Demografía Salud y del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses describen la severidad de esta problemática. No hay datos específicos para Colombia que den información sobre violencia en el noviazgo, pero hay una investigación realizada por Rey-Anacona (2008), donde evaluó 562 estudiantes de una universidad pública en la ciudad de Tunja (Boyacá –Colombia), encontrando que el 87.9 por ciento de los participantes refieren haber ejercido conductas de violencia, con mayor frecuencia maltrato psicológico, seguido por el físico, el emocional, el sexual, el negligente y el económico. Lo que permite pensar que el problema de la violencia en el noviazgo es tan frecuente y grave como en la vida adulta.
Los estudios sobre intervenciones terapéuticas en violencia de pareja, muestran que los componentes de comunicación y solución de problemas son importantes, porque entrenan en estrategias orientadas al cambio, enfocadas en el intercambio comportamental incrementando la interacción positiva, dejando que esas respuestas moldeen el comportamiento de la pareja (Lebow, Chambers, Christensen & Johnson, 2012).
Con respecto a la violencia en el noviazgo, se cuentan con programas de prevención que han demostrado tener un impacto en la disminución de conductas violentas. Están diseñados y dirigidos para ser administrados bajo la modalidad de talleres grupales con el propósito de prevenir la aparición de conductas de violencia en grupos escolares y
universitarios, utilizando una combinación de técnicas de tratamiento cognitivo-conductuales, perspectiva de género y psi-coeducación. Los componentes de los programas fueron dirigidos a: (a) manejo de conflictos y habilidades para resolver problemas; (b) búsqueda de ayuda; (c) conocimientos sobre relaciones saludables, acoso sexual y asalto sexual; (d) cambio de actitud sobre la violencia en las relaciones de noviazgo; (e) aumento de conductas apropiadas para prevenir el asalto sexual; (f) disminuir el control; (g) estrategias para terminar un relación de noviazgo con características de malos tratos y (h) desarrollar una mayor consciencia interpersonal de su ser; para prevenir la violencia en el noviazgo. (Pacifici, Stoolmiller, & Nelson, 2001; Rosenbluth, 2002; Weisz, & Black, 2001; Wolfe, Crooks, Jaffe, Chiodo, Hughes, Ellis, Stitt, & Donner, 2010).
Las técnicas conductuales más utilizadas en estos programas son: (a) solución de problemas; (b) entrenamiento en habilidades sociales; (c) control emocional; (d) desarrollo de valores; (e) habilidades de negociación.
Sin embargo, ninguno de los programas fue diseñado para intervenir parejas de novios que presentaran una interacción de conductas de violencia en su relación, todos estos programas fueron administrados a la población escolar y universitaria en general. Por lo tanto, se puede considerar que la prevención de la violencia en el noviazgo en adolescentes se encuentra todavía en sus inicios (Niolon et al., 2009). Dadas las implicaciones en la salud física y psicológica, como consecuencia de la violencia de pareja entre adolescentes y el número limitado de programas de prevención eficaces disponibles en la región, hay una necesidad significativa que los investigadores y los profesionales diseñen e implementen programas para prevenir eficazmente la violencia de pareja adolescente.
Por lo cual en esta investigación se pretendió evaluar si una intervención basada en la enseñanza de habilidades de solución de problemas, regulación emocional y comunicación, mediante técnicas como: (a) juegos de roles; (b) modelamiento; (c) grupos de discusión; (d) video foros; (e) psi coeducación; (f) técnicas de relajación; (g) acuerdo conductual; (h) ensayo conductual; (i) instrucciones, permiten modificar los patrones de conducta violenta en el noviazgo. Esto es acorde con la perspectiva comportamental, porque permite aplicar los principios del aprendizaje fundamentados en la investigación básica, además cumple con las características como: (a) análisis de la manera de cómo reaccionan los individuos a las situaciones específicas; (b) dedicación del desarrollo y refinamiento de técnicas específicas; (c) adopción del modelo de entrenamiento en habilidades con énfasis en el aprendizaje de competencias conductuales; (d) desarrollo de técnicas específicas para reducir “conductas problemas” (Goldfried y Castonguay, 1993).
Ahora bien, si la información disponible sobre las características y prevalencia de violencia en el noviazgo en Colombia es escasa, lo son aún más los estudios publicados sobre programas de prevención, intervención y manejo en términos de efectividad y cobertura.
El tema que aborda este trabajo es de gran importancia y se justifica por varias razones.
El tema de violencia en el noviazgo es importante y relevante para la psicología clínica porque tiene incidencia en el desarrollo psicológico de los adolescentes, también en otras problemáticas psicológicas como el consumo de sustancias, ansiedad, depresión, baja autoestima, embarazos no deseados, enfermedades de trasmisión sexual, pensamiento suicidas e intento de suicidio, además, en el casos de jóvenes escolarizados influye en su desempeño académico y deserción escolar. Esto lo constituye no solo en un fenómeno
psicológico sino también social y cultural, por lo cual se necesita conocer y determinar su prevalencia aproximada dentro de la población, con el fin de planificar soluciones que permitan intervenir y prevenir sus consecuencias.
De igual forma, es disciplinariamente relevante porque los modelos conceptuales que han trabajado sobre esto, la mayor parte de ellos vienen de la perspectiva sistémica que enfatiza en las pautas comunicativas, en las estructuras familiares de los jóvenes, por lo tanto, para el enfoque comportamental resulta relevante éste estudio porque permite establecer cuáles son los procesos que se dan en la interacción de parejas que resultan mantenedores o predisponentes de la violencia. De esta forma, la información pueda ser empleada por el gobierno local, regional y nacional, para desarrollar políticas públicas que contribuyan reducir el uso de conductas de violencia en el noviazgo, generando prácticas sociales que permitan disminuir el impacto que tiene esta problemática en la integridad de la salud física, psicológica y libertades de los adolescentes.
Este trabajo tiene un impacto en la comunidad Boyacense porque ayuda a disminuir la prevalencia de la violencia en el noviazgo y de esta manera impactar en la incidencia de la violencia en la vida adulta, ya que una intervención temprana de la violencia en el noviazgo durante la adolescencia puede prevenir la victimización durante la convivencia en relaciones amorosas en la edad adulta, teniendo en cuenta que es en la adolescencia donde la persona desarrolla su personalidad y patrones de comunicación interpersonal (Rodríguez, Antuña y Rodríguez, 2001; Sarquis, 2005). El tratamiento de dichos patrones de conducta agresiva en adolescentes con una relación de noviazgo, se convierte, por lo tanto, en objetivo primordial para las ciencias interesadas en el comportamiento humano y los sectores preocupados por la salud familiar y juvenil que pueden ser abordados disciplinaria e interdisciplinariamente.
Finalmente, es una investigación interesante para el enfoque comportamental porque hace un acercamiento a la posible explicación de las variables o procesos psicológicos asociados a la vulnerabilidad y el mantenimiento de la violencia en el noviazgo. Así mismo, realiza una importante contribución a la práctica clínica sobre la utilización de técnicas conductuales para una amplia variedad de problemas psicológicos, generando evidencia relacionada entre el cambio conductual y la aplicación de la intervención conductual.
Con base en lo anterior, se formulan las siguientes preguntas de investigación: ¿Cuál es el tipo y la forma de violencia en el noviazgo con mayor prevalencia en estudiantes de noveno, décimo y undécimo de tres colegios públicos de la ciudad de Tunja y el efecto de un programa de intervención conductual, en la modalidad grupal, en la disminución de conductas de violencia en el noviazgo en tres parejas de novios de adolescentes escolarizados que reportan la presencia de estas conductas y pertenecen al grupo inicialmente evaluado?
Marco teórico y estado del arte Definición violencia en el noviazgo
En Colombia el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses (INMLCF, 2010) describe la violencia de pareja como uno de los cuatro tipos o grupos de violencia intrafamiliar (Violencia a: niños, niñas y adolescentes; adulto mayor; entre otros familiares y de pareja). Para las estadísticas de violencia de pareja se tienen en cuenta a todos los que fueron pareja en el pasado (ex esposo (a), ex compañero (a) sentimental, ex novio (a), ex amantes). De esta forma la violencia en el noviazgo es un tipo de violencia de pareja.
La violencia en el noviazgo es conocida en inglés como “dating violence” y ha sido definida como actos que ocurren en una relación para controlar o dominar a una persona física, sexual o psicológicamente, dirigidos a lastimar o generan daño a algún miembro de la pareja en el contexto de una relación en la que existe atracción y en la que los dos miembros salen juntos (Muñoz-Rivas, Graña, O’Leary y González, 2007; Wekerle y Wolfe, 1996).
Diversos estudios han investigado el tema de violencia en el noviazgo, un pionero fue Makepeace (1981), fue el pionero, al comenzar a investigar esta problemática, señalado la naturaleza y la prevalencia de la violencia en el noviazgo, en su investigación encontró que uno de cada cinco estudiantes universitarios reportaba violencia física por parte de su pareja, siendo frecuente y con consecuencias negativas.
La forma de violencia más frecuente en las relaciones de noviazgo es la emocional o psicológica, la cual, implica el uso de expresiones verbales o no verbales destinadas a intimidar o herir a la pareja (DeMaris, 1992, Hanley y O'Neill, 1997; Murphy y Cascardi, 1999; Murphy y Hoover, 2001). Sin embargo, también se presenta conductas de violencia física pero con menor frecuencia, donde la intención es causar daño a la víctima dentro de la relación (Harned, 2001).
Tipologías de violencia en pareja jóvenes
Se han identificado varias formas de violencia hacia la pareja, siendo la física, la psicológica y la sexual las más citadas. La violencia física consiste, de acuerdo con el Ministerio de Salud de Colombia (1999), en una:
“forma de agresión producida por la aplicación de la fuerza física no accidental, caracterizada por lesiones variables sobre el cuerpo de la persona agredida, con consecuencias leves o graves, incluso la muerte, pero que siempre tienen efectos traumáticos de orden psicológico o emocional ya que es generada con una intencionalidad específica” (p. 22).
Este tipo de violencia incluye actos como empujar, abofetear, golpear, patear, sofocar, atacar con un arma, sujetar, amarrar, recluir, dejar a la otra persona en un sitio peligroso y negarse a ayudarla cuando está enferma o herida.
La violencia emocional o psicológica, por su parte, por lo común precede o acompaña a la violencia física e incluye actos de violencia verbal así como acciones tales como: a) Amenaza de daño; b) aislamiento físico y social; c) celos extremos y posesividad; d) privación; e) intimidación; f) degradación y humillación; g) llamar a la otra persona con nombres peyorativos y criticarle, insultarle y devaluarle constantemente; h) acusarle falsamente, culparle de todo lo que sucede; i) ignorar, minimizar o ridiculizar sus
necesidades; j) mentir, no cumplir promesas, destruir su confianza; k) incumplir las obligaciones económicas y l) sobrecargarla con las tareas domésticas (Ministerio de Salud de Colombia, 1999).
La violencia sexual, a su vez, consiste, según el Instituto Colombiano de Medicina Legal y Ciencias Forenses (2005), en:
“la imposición de actos de carácter sexual contra la voluntad de la otra persona. Como por ejemplo exposición a actividades sexuales no deseadas, o la manipulación a través de la sexualidad o criticar el desempeño sexual o ridiculizar las necesidades y apariencia sexual de la pareja” (p. 116).
Stordeur y Stille (1989) señalan otras formas de violencia de pareja, definiendo las siguientes: a) Estrategias de aislamiento: buscar que la pareja esté socialmente aislada de fuentes potenciales de apoyo o controlar lo que hace o a dónde va; b) abuso emocional: hacer sentir mal a la pareja consigo misma, ponerle apodos, hacerla sentir que está loca; c) abuso económico: No dejarla trabajar cuando puede hacerlo y aprovechar el hecho de que depende económicamente del otro miembro de la pareja; d) abuso sexual: obligarla a tener relaciones sexuales o tratarla como un objeto sexual y e) usar los hijos: hacerla sentir culpable por las conductas negativas de los hijos; recargar toda la responsabilidad de la crianza sobre ella; involucrar a los hijos en los conflictos de pareja. Otras formas de maltrato, según dichos autores, son las amenazas (por ejemplo, amenazar a la pareja con hacerle daño a ella o a los hijos) y las intimidaciones (por ejemplo, intimidarla cada vez que dice algo, destruir cosas suyas). De acuerdo con estos autores, no es común que se presente únicamente un tipo de violencia de pareja, sino que por lo común coexisten diferentes formas de violencia que forman un continuo que tienen en común el hecho de que constituyen formas de manejo del poder y del control sobre la pareja.
Browne y Herbert (1997) señalan una serie de manifestaciones de violencia en la familia, que pueden aplicarse a la violencia de pareja: a) Abuso físico: Infligir o amenazar de daño o dolor físico o trato degradante; por ejemplo, puños, mordiscos, empujones, puntapiés, halar el pelo, asfixiar, y golpear en general; b) abuso sexual: Contacto sexual sin consentimiento; cualquier exploración o coerción sexual, incluyendo acariciar, coito, sodomía anal u oral, ataque en los órganos o partes sexuales del cuerpo; c) abuso psicológico: Infligir angustia al controlar y limitar el acceso a los amigos, la escuela y el trabajo, forzando al aislamiento y al encierro; presenciar involuntariamente imágenes o acciones de violencia, intimidación, uso de ofensas y/o armas, destruir o dañar la propiedad de la otra persona; d) abuso emocional: Se refiere a las críticas destructivas, humillación, degradación, insultos, malos tratos y uso de sobrenombres que deterioran la autoestima de la persona a quién se dirigen; e) abuso económico: Forzar a la dependencia material, explotar financieramente y controlar el dinero, entre otros; f) negligencia deliberada: negarse o fallar en el cumplimiento de las obligaciones como cuidador, como un intento premeditado de generar daño físico o estrés emocional (p.e., el abandono deliberado, no proporcionar adecuadamente y a tiempo, comida, dinero o servicios de salud) y g) negligencia no deliberada: Fallas en el cumplimiento de las obligaciones como cuidador sin intención explícita de hacerlo (e. g., abandonar, no proveer el alimento, dinero o servicios de salud por causa del temor, pobre conocimiento, pereza o enfermedad).
No obstante, algunas investigaciones han encontrado que la violencia física es común en las relaciones de pareja jóvenes (noviazgo), presentándose con frecuencia agresiones verbales y psicológicas (insultos, acusaciones e intimidación), (Halpern, Oslak, Young, Martin y Kupper, 2001; Smith, White y Holland, 2003).
Asimismo, distintos estudios han reconocido que la violencia verbal, emocional o psicológica, en el noviazgo, implica el uso de expresiones verbales o no verbales destinadas a intimidar o herir a la pareja (DeMaris, 1992, Hanley y O'Neill, 1997; Murphy y Cascardi, 1999; Murphy y Hoover, 2001). Además la violencia psicológica es considerada por los adolescentes y jóvenes como prácticas normalizadas en las relaciones amorosas del noviazgo (Gonzales, Muñoz y Graña, 2003).
Estas conductas violentas puede manifestarse de dos formas: 1) violencia impulsiva: se trata de una conducta agresiva motivada por sentimientos de ira y que refleja dificultades en el control de los impulsos o en la expresión de los afectos, luego de lo cual se presenta con frecuencia el remordimiento espontáneo después del acto de agresión. 2) violencia instrumental: Este caso es más grave que el anterior, dado que la conducta agresiva es planificada, expresa un grado profundo de insatisfacción y no genera sentimientos de culpa. (Fernández-Montalvo y Echeburúa, 1997; Echeburúa y Corral 1998).
Cuando se habla de la violencia en la pareja, se debe identificar las diferencias entre la violencia en el noviazgo y violencia en parejas adultas que conviven, siguiendo González-Ortega, Echeburúa y Corral (2008), la violencia en las parejas jóvenes es un precursor de la violencia en las parejas adultas. De acuerdo con esto autores la violencia en las parejas jóvenes suele ser mayor prevalencia la psicológica, sutil y ser menos grave que en las parejas en la vida adulta.
La frecuencia de la violencia en parejas jóvenes se presenta dos a tres veces más que en las parejas adultas casadas, (Caruana, 2005; Straus, 2004). Dentro de las principales características de la violencia en las parejas jóvenes están que suele ser de tipo psicológico, presentarse de forma sutil, dificultado la identificación de la violencia por parte de la víctima, desconociendo el riesgo de continuar la relación de pareja con el maltratador
(Barilari, 2007). Este problema se intensifica cuando se presenta en forma de violencia emocional (amenazas de acabar con la relación, chantajes emocionales, descalificaciones, conductas controladoras y/o celos excesivos), porque los adolescentes pueden restar importancia a estas conductas y no percibirlas como violencia al no presentarse agresiones de tipo físico (Hernando, 2007; Barilari,2007). La violencia psicológica puede ser un predictor de violencia física, cuando la pareja tiene mayor tiempo de relación y toma un carácter más formal (González y Santana, 2001, 2002; Swart, Garth y Ricardo, 2002).
En general, la gravedad de la violencia suele ser menor que en el caso de las parejas adultas. Pero cuando se analizan las parejas maltratadas en busca de ayuda terapéutica, las parejas más jóvenes experimentan un maltrato objetivamente más grave, están expuestas a un mayor riesgo para su integridad y sufren un mayor impacto psicológico que las víctimas de mayor edad (Sarasua, Zubizarreta,Echeburúa y Corral, 2007).
Para los adolescentes dar por terminado una relación violenta resulta ser un proceso complejo, dado por la inmadurez emocional, apego e idealización de la pareja, por los sesgos cognitivos en relación con la pareja, así como por la presencia de creencias y actitudes conservadoras sobre los roles tradicionales y modelos sexistas para disculpar la violencia (Díaz-Aguado, 2005; Hernando, 2007). A pesar que en las relaciones de noviazgo los niveles de compromiso no son tan estrechos como en las parejas adultas, es difícil de entender la dificultad para terminar una relación con esas características. Por ejemplo en las parejas adultas las víctimas se sienten impotentes para culminar su relación al estar sujeta al control del agresor mediante la dependencia económica, emocional, la presencia de hijos pequeños y falta de alternativas de vida futura (Echeburúa, Amor y Corral, 2002).
Se cuenta con varias propuestas que explican un modelo teórico que ayude a entender lo que ocurre en los episodios de violencia en el contexto de relaciones de pareja, enfatizando en aspectos diferentes, como socioculturales, educativos, estructurales, biológicos, de ejercicio de poder contra la mujer, genero, entre otros (Boonzaier, 2008; Bograd y Mederos, 1999). Se señalan, a continuación, algunas referencias de cada una de esas áreas.
Desde un modelos biológico, se considera que en la agresividad influyen factores genéticos, encontrándose una relación funcional entre bioquímica y conducta (Ferrara, citado en Rivas, 2001). Desde una perspectiva psicopatológica, se explica el comportamiento agresivo de los victimarios debido a trastornos mentales (Rivas, 2001), entre las psicopatologías de los agresores se encuentra la impulsividad, la paranoia (delirios celotípicos), la inseguridad, trastornos de personalidad depresiva y sádica (López, 2004).
Otro modelo que explica la adquisición la violencia en la pareja es la indefensión aprendida, la cual ocurre porque la víctima no puede controlar la conducta violenta impredecible de su pareja, lo cual origina una conducta sumisa que permite la agresión a pesar de que tenga otras opciones para evitarla como la evitación o escape, lo cual se traduce en un condicionamiento que experimenta una adaptación a la violencia (Ferreira, 1991).
Por otro lado, el modelo ecológico explica la violencia intrafamiliar y de pareja, de una forma holística, la cual comprende la realidad doméstica, social y cultural como un sistema compuesto por diferentes subsistemas que se articulan entre sí de forma dinámica, los subsistemas son: macrosistema, exosistema, microsistema y el nivel individual. El macrosistema es el contexto más amplio que incluye las formas de organización social, sistemas de creencias y los estilos de vida en una cultura o subcultura (Corsi, 1994). Las
creencias estereotipadas y tradicionales relacionadas con lo que significa ser mujer, hombre, niño o niña proporcionan un marco general en el cual trascurre la violencia (Ruiz y otros, 2003). El exosistema está compuesto por la comunidad más próxima, incluye instituciones mediadores entre el macrosistema y el individuo como la escuela, la iglesia, medios de comunicación, instituciones recreativas, laborales, judiciales y de seguridad (Corsi, 1994). Para Puyana y Bernal (2001) un factor de perpetuación de la violencia conyugal es la ineficacia, baja cobertura, poca coordinación y escasa divulgación de la normatividad en violencia intrafamiliar de las instituciones que atienden a víctimas y agresores; así como la reproducción de modelos verticales y autoritarios en las organizaciones, en las parejas con conductas de violentas en su relación hay ausencia de actividades recreativas y un mayor índice de poder por parte del victimario e insatisfacción marital por parte de la víctima (Cáceres, 2002).
La teoría de aprendizaje social explica que la conducta violenta es aprendida en el hogar, cuyos miembros la repiten posteriormente cuando forman sus propias familias (Rivas, 2001). Los procedimientos mediante los cuales se lleva a cabo el aprendizaje de la conducta social en la edad adulta son los mismos que explican su adquisición temprana en la infancia, esto es, el modelado, las instrucciones y las contingencias (Bellack y Morrison, 1982). Según estos autores, permanentemente se imita elementos de la conducta social de los sujetos con los cuales se interactúa de forma cotidiana (vocabulario, gestos, patrones de conducta).
Desde esta perspectiva, las conductas de violencia que se presentan en las relaciones de noviazgo de jóvenes, pueden explicarse en función de si se posee o no en su repertorio conductual comportamientos sociales idóneos para la solución de problemas y asumir una relación afectiva saludables.
De otro lado, en el modelo de déficit conductual, cuando la persona no posee en su repertorio comportamientos sociales adecuados, posiblemente por la escasez de experiencias, un patrón cultural machista que inculca la subordinación y pasividad femenina, posiblemente tendrá limitaciones para tomar la iniciativa o puede omitir opiniones por consideración a los otros. Cuando la persona posee un repertorio de comportamientos sociales adecuados algunos factores interfieren su presentación, por ejemplo ciertas cogniciones inadecuadas sobre las relaciones interpersonales pueden generar dificultades en el desempeño social, tales como, obtener la aprobación de otros o la necesidad de depender de alguien más fuerte (Aroca, Bellver & Alba, 2012).
Hasta aquí, se ha definido la violencia en el noviazgo, las formas y tipos, se ha diferenciado y caracterizado la violencia en relaciones de pareja en dos etapas evolutivas, jóvenes que no conviven y adultos que conviven y finalmente los modelos explicativos de este problema. Veamos a continuación, la adquisición y el mantenimiento de las conductas de violenta en la relación de noviazgo desde una perspectiva conductual.
Al hablar sobre la adquisición de conductas de violencia en las relaciones de noviazgo, se hace referencia a la forma en la cual los miembros de la pareja, aprendieron o adquirieron el comportamiento problema.
Dos teorías que explican la adquisición de la conducta violenta en las relaciones de pareja son: la teoría del aprendizaje social y la teoría feminista. La teoría del aprendizaje social propone que la relación la violencia en la adolescencia se aprende en la primera infancia a través de diversos mecanismos, incluyendo el aprendizaje por observación, modelado y el desarrollo de contingencia que refuerzan la conducta violenta (Mihalic & Elliot, 1997). Para la teoría feminista la violencia en las relaciones de noviazgo, se adquiere
por los roles de género que instaura la sociedad, como un contexto machista y patriarcal (Bograd, 1988).
Las conductas violentas en las relaciones de noviazgo pueden haber sido instauradas o adquiridas por múltiples variables, por ejemplo la historia individual de cada miembro de la pareja o por los patrones de interacción que se desarrollan al interior de la misma. Bandura (1969) señala que los problemas que se presentan en la pareja son productos de los patrones de interacción de los miembros de la pareja con su contexto.
Se ha encontrado que estas prácticas son trasmitidas entre individuos por generaciones estableciendo y manteniendo redes de reforzamiento. Existen investigaciones que han encontrado que adolescentes expuestos en su niñez, a modelos de agresión y maltrato intrafamiliar como abuso físico, falta de calidez de los padres, falta de confianza y negligencia en el cuidado, tienen mayor probabilidad de buscar una relación de noviazgo poco saludable, ejerciendo y permitiendo conductas de violencia en la relación de pareja (Malik, Sorenson y Aneshensel, 1997; O´Keefe, 1997; Price, y Byers, 1999; Leadbeater, Elizabeth, Wendy y Yeung, 2008). De igual forma, Próspero (2006) señala que los niños de hogares conflictivos informaron estar involucrados en mayores niveles de agresión verbal y física con sus relaciones de noviazgo.
En un estudio realizado por Williams, Connolly, Pepler, Craig y Laporte (2008) de tipo longitudinal, se examinó los modelos de riesgo de violencia que repiten los adolescentes a través de diferentes relaciones. Los resultados muestran que algunos adolescentes pueden dar por terminada una relación violenta, pero repiten los mismos patrones de comportamiento con las nuevas relaciones amorosas, tal vez debido a los conflictos y pocas habilidades de solución de problemas o de elegir su pareja. El 13% de los adolescentes en esta muestra reportó la agresión a través de dos relaciones diferentes;
estos resultados sugieren que la agresión en relación de noviazgo puede ser estable para algunas adolescentes y no es algo que ocurra aisladamente.
La interacción negativa entre las parejas, se presentan por diferentes variables: (a) no dimensionan el impacto de las conductas problema; (b) las conductas negativas son aprendidas como estrategias para generar cambio de comportamientos, para tener control sobre el otro, para que su pareja satisfaga sus necesidades o para evitar o escapar de conductas negativas de su pareja; (c) el comportamiento violento de la pareja puede ser consecuencia de problemas psicológicos (Epstein y Baucom, 2002).
Para Patterson (1982), los problemas de las parejas puede ser el resultado comportamientos que emplean técnicas coercitivas como la deprivación de un reforzamiento o la exposición a un aversivo los cuales son considerados patrones de comportamientos negativos. Esos patrones de interacción negativos que conducen a problemas de pareja, pueden ser desarrollados a través del tiempo de la relación (Christensen, Jacobson y Babcock, 1995).
En un estudio desarrollado por Osterhout, Frame y Johnson (2011), encontraron que las parejas presentan antes del matrimonio comportamientos negativos de interacción, de igual forma, South, Krueger y Iacono (2011), en su estudio pudieron demostrar que no se necesita estar casado para presentar problemas en la relación de pareja. Estos autores señalan que durante la etapa de noviazgo, la intervención psicológica puede ser de gran ayuda para prevenir los conflictos y sus consecuencias en relaciones futuras.
Esto lleva a concluir que la historia de aprendizaje, las diferencias individuales, posibles problemas psicológicos y principalmente los patrones de interacción en la pareja tienen una relación con la violencia en las relaciones de noviazgo.
En el mantenimiento de las conductas violentas, se presenta comportamientos negativos en las relaciones de pareja, es común que estas respondan de forma negativa frente a las conductas aversivas ejercidas por su pareja, de esta forma cada persona considera que su comportamiento fue estimulado por las conductas negativas del otro (a) (Epstein y Baucom, 2002).
A partir de esto, se puede considerar, que los comportamientos agresivos en las parejas se presentan como forma de ejercer control y de relacionarse entre ellos; utilizando el refuerzo como alternativa para relacionarse como pareja. Lo anterior, incrementa la probabilidad que las agresiones se presenten con mayor frecuencia entre las parejas; ya que el refuerzo negativo tiene la función de evitar o escapar a hechos desagradables, aumentando cualquier comportamiento que lo reduzca (Swenson, 1992).
La violencia en las relaciones de pareja puede ser mantenida por refuerzo positivo y negativo, puesto que cuando el victimario a partir de la coerción hace que su pareja haga lo que él o ella quiere, se refuerza su comportamiento positivamente y obtiene su recompensa, sin embargo, la víctima al recibir la conducta coercitiva, se refuerza su comportamiento negativamente ya que deja de recibir el estímulo aversivo, aumentado de esta forma la posibilidad que en el futuro se vuelva a presentar las conductas por parte de los miembros de la pareja (Christensen, Jacobson y Babcock, 1995).
Desde la teoría de los marcos relacionales se puede entender el mantenimiento de las conductas de violencia en las parejas, como evitación experiencial, donde el sujeto hace todo lo necesario para mantenerse alejado de la experiencia de malestar y dolor en el cual vive, convirtiéndose esta en un reforzador (Luciano y Hayes, 2001). El evitar experiencias en la relación, lleva a que la pareja tenga una interacción limitada, puesto que la evitación
generaliza el sufrimiento a diferentes áreas funcionales de la persona, siendo perjudicial porque la pareja no resuelve sus conflictos (Wilson y Luciano, 2002).
El mantenimiento de los comportamiento de violencia en las relaciones de pareja, están relacionados con la forma inadecuada de comunicación y sus dificultades para la solución de los conflictos, porque la pareja presenta un déficit en la toma de decisiones para afrontar y reducir ese problema (Snyder, Heyman y Haynes, 2005).
De esta forma, la intervención psicológica debe estar dirigida hacia las variables que mantienen las conductas de violencia en las relaciones de noviazgo, las cuales son las habilidades de comunicación y solución de problemas, que permitan un intercambio de comportamientos y consecuencias entre la pareja, entendidas como conductas aprendidas y que hacen parte de las capacidades o destrezas sociales específicas requeridas para ejecutar competentemente una tarea interpersonal (Monjas y Gonzales, 1998). De esta forma se busca mejorar la convivencia entre las parejas y disminuir sus consecuencias, al considerar que las dificultades principalmente en la comunicación y el manejo inadecuado de solución de problemas, pueden traer consigo consecuencias negativas cómo la violencia.
Liberman (1970), señala que las parejas cuando tienen problemas, tienden a disminuir las conductas gratificantes en la interacción de su relación, además usan el castigo y el reforzamiento negativo, como conductas de control, también señala que esto puede ser causa de problemas en la comunicación, de ahí que el autor haga del entrenamiento en habilidades de comunicación, un componente importante de la terapia de pareja.
Fundamentación teórica del programa Perspectiva Analítica Conductual
Desde la perspectiva analítico-conductual, el comportamiento es interdependiente de su contexto, por lo tanto entenderlo implica identificar y analizar las relaciones de interdependencia o de contingencia entre los comportamientos y sus consecuencias, así como sus antecedentes; un principio de la conducta es una regla que describe la relación entre lo que hace un individuo y las condiciones específicas (Catania, 2007).
Al explicar la conducta de violencia en el noviazgo desde la perspectiva analítica conductual, se busca identificar “variables de control”, es decir, acontecimientos que se encuentren en relación contingencial o condiciones que se relacionen con las conductas violentas. Desde este punto de vista, es importante hacer una descripción de la relación funcional del contexto en relación con la conducta de violencia y para así poder hacer sistemáticamente una descripción de las relaciones funcionales o análisis funcional de la conducta, (Kohlenberg y Tsai, 2007), el cual va más allá de una descripción morfológica del comportamiento, para describe los eventos ambientales que anteceden, co- ocurren y las consecuencias que siguen a la conducta blanco (Haynes y O´ Brien, 1990) en este caso las conductas violentas.
De esta forma, el terapeuta ve la conducta blanco como una variable dependiente y a partir del análisis funcional determina las variables independientes, las cuales serán manipuladas mediante un procedimiento conductual basado en los principios de la conducta para obtener el cambio deseado (Goldfried, 1982).
Los programas de terapia y modificación de conducta se constituyen en una de las principales corrientes de la psicoterapia y de los tratamientos psicológicos. Surgen como
una aplicación de los principios del aprendizaje fundamentados en la investigación básica, que según Goldfried y Castonguay (1993), tiene seis características importantes de la terapia de la conducta: (a) análisis de la manera de cómo reaccionan los individuos a las situaciones específicas; (b) dedicación del desarrollo y refinamiento de técnicas específicas; (c) adopción del modelo de entrenamiento en habilidades con énfasis en el aprendizaje de competencias conductuales; (d) focalización en la situación de la vida real; (e) estimulación de la investigación de resultado; (f) desarrollo de técnicas específicas para reducir “sintomatologías” concretas (Pérez, 1996). Finalmente, vale la pena anotar que las terapias de la conducta cuentan con evidencia empírica sobre su efectividad, tanto en niños como en adultos y en parejas.
Históricamente este enfoque ha mostrado cuatro corrientes generales: orientación conductista mediacional, análisis conductual aplicado, aprendizaje social y orientación cognoscitivo conductual (Labrador, Cruzado y Muñoz, 1998).
Existe actualmente una gran tendencia hacia el desarrollo y soporte empírico de programas de terapia conductual para una gran diversidad de problemáticas, incluyendo los trastornos de personalidad, los trastornos de ansiedad y del estado de ánimo y el manejo del estrés (Butler, Chapman, Forman y Beck, 2006).
Los programas de tratamiento realizados desde esta perspectiva también se fundamentan en teorías sobre la cognición, con el fin de intervenir en procesos de pensamiento disfuncionales (Labrador, Cruzado y Muñoz, 1998).
La intervención descrita en esta investigación se basa teóricamente en los conocimientos sobre el condicionamiento clásico, el aprendizaje social y condicionamiento operante, refuerzo positivo y social, combinando técnicas como: modelamiento, juegos de roles, ensayos conductuales, instrucciones y feedback, siguiendo la lógica del aprendizaje
estructurado de Goldstein (1973) para entrenar en habilidades de interacción interpersonal, incluyendo las habilidades de resolución de conflictos y de expresión de afecto, el control emocional y las habilidades de comunicación.
Evidencia empírica de la intervención conductual de pareja
Al proponer la implementación de un programa de intervención conductual en
adolescentes escolarizados que presentan violencia en el noviazgo, se desarrolló una búsqueda sobre la evidencia empírica de las terapias comportamentales utilizadas para la intervención en terapia de pareja.
La terapia conductual de pareja tradicional, hace énfasis en el análisis funcional del comportamiento, se interesa por un cambio basado en el seguimiento de reglas, haciendo referencia a las instrucciones que se dan en el entrenamiento de habilidades de comunicación y solución de problemas, para buscar el cambio comportamental en las contingencias que utiliza las parejas para solucionar sus problemas. (Christensen y Jacobson, 1998; Morón, 2006).
Por lo tanto, el terapeuta comportamental tradicional, entrena a la pareja en estrategias orientadas al cambio, tales como habilidades de comunicación, solución de problemas y como reforzar esa comunicación, enfocada en el intercambio comportamental incrementando la interacción positiva, dejando que esas respuestas moldeen el comportamiento de la pareja (Lebow, Chambers, Christensen yJohnson, 2012). Esta terapia tiene éxito porque modifica las contingencias de refuerzo entre los miembros de la pareja (Liberman, 1970).
Snyder, Castellani y Whisman (2006), investigaron la efectividad de la terapia comportamental tradicional, encontrado que ésta intervención ayuda a mejorar la interacción entre la pareja. Christensen y Heavey (1999), igualmente en su investigación
demostraron, que esos cambios se mantenían después de seis meses y un año de realizada la intervención.
Principios básicos del aprendizaje y estrategias para el cambio. Técnicas de modelado.
El modelado o aprendizaje vicario es una técnica basada en la teoría de aprendizaje social, según Bandura (1987) gran parte de la conducta se aprende por observación mediante modelado, es decir el sujeto observa la conducta de un modelo y como consecuencia la imita a fin de: (a) adquirir nuevos patrones de respuesta; (b) fortalecer o debilitar respuesta o (c) facilitar la ejecución de respuestas, ya existentes en el repertorio conductual. La premisa fundamental de modelado establece que cualquier comportamiento que se puede adquirir o modificar por medio de una experiencia directa es, en principio, susceptible de aprenderse o cambiar por la observación de la conducta de los demás y de las consecuencias que les siguen (Méndez, Rodríguez y Ortigoza, 2008).
Técnicas de solución de problemas.
El entrenamiento en solución de problemas pretende enseñar al sujeto un método sistemático para que analice y evalué posibles opciones para la solución de problemas. Las técnicas de solución de problemas están destinadas a proporcionar a los sujetos ciertas habilidades que permitan aumentar la probabilidad de resolver eficazmente las múltiples situaciones problemáticas en las que se pueda ver inmerso diariamente.
En el área de psicología clínica la resolución de problemas vitales es conocida como: resolución de conflictos sociales, resolución de problemas interpersonales, resolución de problemas personales y resolución de problemas aplicado. Este entrenamiento tiene dos finalidades terapéutica o preventiva (Méndez, Olivares y Abásolo, 2008).
Para la intervención en esta investigación se tomó la técnica de solución de problemas de D´Zurilla y Nezu (1982) la cual se desarrolla en cinco fases: (a) orientación del problema; (b) formulación y definición del problema; (c) generación de alternativas; (d) toma de decisiones; (e) puesta en práctica de la decisión y verificación de resultados.
Refuerzo positivo.
Es un evento que cuando se presenta inmediatamente después de una conducta aumenta la frecuencia de dicha conducta en el futuro. Los reforzadores sociales son aquellas conductas que realizan otros individuos dentro de un determinado contexto, comprenden expresiones verbales positivas como elogios, alabanzas, felicitaciones, frases de ánimo, expresiones faciales, como sonrisas, guiños, contacto físico como abrazos, caricias, apretones de manos entre otros (Reep y Hormer, 2000).
Programas de prevención de violencia en el noviazgo
Las formas de prevención de la violencia en el noviazgo, que han demostrado tener mayor eficacia para intervenir esta problemática, ha sido la implementación de programas educativos, los cuales se han desarrollado principalmente en Estados Unidos. Este tipo de programas se pueden dividir en dos subtipos: (a) de prevención primaria y (b) de prevención secundaria. La prevención primaria se dirige a toda la población, perteneciente a una localidad, un municipio, una ciudad en particular o un país entero y tiene que ver con acciones diseñadas para llegar a la mayor cantidad posible de personas de dicha población, dirigidas a evitar que aparezca o se desarrolle la problemática en cuestión. Se utiliza como estrategia para su difusión mensajes enviados por medios masivos de comunicación, que favorecen prácticas de comportamiento que no permiten dicho desarrollo dentro de los miembros de la población. La prevención secundaria se centra en trabajar con las personas
que muestran señales de la problemática en cuestión, ya sea leve o moderada, o que están en alto riesgo presentar la problemática y sus consecuencias.