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CAPITULO VIII u

Estilo que se observa en la reducción y conversión de los indios.

61. El Espíritu Santo dice en los cantares:

cdis&. 2. 'No queráis despertar á mi amada

has-ta que ella quiera'. En cuyas palabras se da á entender el estilo con quo los ministros evangé-licos han de procurar de los infieles la reduc-ción, solicitando por los medios más suaves y voluntarios despertarlos del sueño de la infideli-dad y, ya despiertos, instruirlos con todo amor,

buenos ejemplos y doctrina, porque la ley de Dios, que es suave yago, no les parezca carga pesada. Mandó Dios á. Moisés, Núm. zo, y. 8, que te hablase g una piedra, y el haberla herido con la taza fué motivo de la divina indignación y obs.

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Uculo para que entrase £ la tierra prometida. Recelo de la imprudencia y mal mortificadas pa-siones de la naturaleza, grave impedimento que puede ocasionar en los indios mayor dureza y

obstinación, y el que los gentiles, que aún están g la mira, cierren la puerta al Evangelio y que-den sin remedio.

Por lo cua l exhorto en el Señor á ,los religio-sos que quisieren pasar g las Indias, reconozcan con toda madurez los motivos de su vocación, la cual, si no es fundada en puro espíritu y celo Apostólico de salvar almas exponiéndose á

to-dos trabajos y

peli3ros, cuales son dejar su pa-tria, padres, parientes y amigos, lícitas y religio-sas conveniencias en sus provincias, pasando á. temperamentos incómodos y á regiones extra-ñas, á tratar con gentes indómitas y bárbaras será mejor excusar el transito.

62. Corderos deben ser y muy armados de la paciencia y mansedumbre si quieren ganar almas. Mal, ro. 16. Prudentes y sencillos; aplicando todo el conato principalmente en ad-ministrar la doctrina á los que la ignoran y sufriendo sus miserias y desórdenes y así verán logrado el fruto de su trabajo. Esta es la política que enseñaron Cristo nuestro Señor y los Após-toles, por palabra y ejemplo, y todos aquellos que han seguido sus pisadas. Débense persuadir

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CONVERSIÓN DEL PIRITO 99

"de la fe y de cooperar á la solicitud

y

desvelo de nuestro granMonarca, de cuya conciencia el descargo está vinculado en gran parte en aque-llos religiosos que de la Orden de nuestro padre San Francisco pasan g las Indias; y aquellos que

sa este particular no obraren con la .prudenaa y eficacia que dieta la conciencia desambarazada

de humanos respetos, tengan por sin duda, que •tdemás de no cumplir con su obligación, se ha-llarán incursos en una excomunión papal, que si no es

reservada

se incurro

ipso falo y sin

ple-na satisfacción de los daños espirituales y tem-porales que ocasionaren, que suelen ser muchos, no pueden ser. absuelto. Para que lo crean, oigan las palabras de Adriano VI, Sumo Fon-«fice; en la Bula ya citada:

7ales autem fratres,

-ska,nnivatos. aid liten/jatos, ab corum superioribus

stricté prat-ipimus sub ex-comomunicalionis perna

.ebso

Jade ineurrenda, nc aliquis inferior audiat

as'iquosliter imp edire, cliam si pro tuin ¿sant ira

of-ficius

Çonfessionis Fradicationis, ¡ecl/anis,

Guar--dianatus, custodiatus, ministeriatus, provincialatus,

cid

comrnissarialus generalis, quibus non

obstanti--bus lransirej5sssinl, & debeant.

De estas jerar-quías deben ser los sujetos y llenos del espíritu de Dios para pasar g las indias y los que no son así, van errados. Y siendo idóneos, aunque sean 'de las dichas graduaciones, no pueden los

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pro-vinciales ni aún los generales impedirles el trán-sito, sin contravenir á la intención de Su Santi-dad y quedar incursos en excomunión mayor

:ftso fado,

según consta de las palabras ya ci-tadas:

63. Sea prevención para los que ya se halla-ren entre los indios un caso que refiere el Padre Fr. Juan Bautista, de la provincia del Santo Evangelio en sus advertencias. .En cierto lugar de indios se quejaba un religioso de la mucha terquedad que tenían y pocos indicios que da-ban de ser buenos cristianos, á cuyas quejas como las oyesen algunos de ellos dieron satisfacción con las siguientes razonés: apliquen los Padres tanto desvelo y solicitud en enseñarnos la Ley-de Dios, cuanto los sacerdotes Ley-de los ídolos ea enseñarnos la suya, que de esa suerte consegui-rán el que los indios seamos buenos cristianos.. Indubitable me parece el que si nuestras dilí-gencias en predicarles la verdad y desengañar-los son iguales (sino mayores) á las que aplican los ministros de la mentira, demás de cumplir con nuestro ministerio, según el consejo del a póstol, ad Thirnot, cooperará el Señor y hárá que prevalezca, desterrando las tinieblas de sus ignorancias. Hánme motivado á esta digresión diversas razones de las cuales una es la grave compasión que tengo de todos los indios cuya.

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CONVERSIÓN DEL PIRITO 10r

infidelidad es solo negativa, originada de suma ignorancia, y su dureza no nace do oposición alguna que tengan á la ley de Dios, que esto siento Id abrazan de mejor voluntad por medio ilel amor y agasajos, que con rigores y aspare--zas. Este me ha conservado entre ellos iñuchos

años y de portarme con toda mansedumbre he visto efectos maravillosos; por lo cual deseo que 'en todas las conversione2 se practique esta po, utica ordenada, con que lograrán notables incre-mentos: diré de la de Piritú lo que pudiere en

'este capítulo.

-64. El principal estudio y cuidado que el superior y demás religiosos ponen á los princi-pios es procurar granjear las voluntades de los in-'dios principales más cercanos, y obtenida ésta, el prelado señala al religioso ó religiosos que han de ir áá, la nueva reducción. Estos se parten sin otras prevenciones que el mérito de la santa -cbediencia, ua ornamento para celebrar y un muchacho para que les ayudo. Con los indios buscan sitio aparente para fundar la población, en el cual la primera diligencia es levantar una cruz grande y exhortará los circunstantes á que se

hinquen de rodillas y la adoren, dándoles á en-'tender, con brevedad de sermón, en su lengua, los profundos y soberanos misterios do nuestra Redención y muerte de Jesucristo para la

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satis-facción do todos los pecados del mundo, cuya doctrina les van á ensei'iar sin otra mira que po-nerlos en el camino del cielo, que no sabeo. Después, ayudados de los mismos indios, for-man una como chozuela de pastores en que se, albergan en tanto que la población se fabrica. Padecen muchos trabajos por lo incómodo de la habitación, por los mosquitos y diversidad de sabandijas que hay á los principios, y por la grande omisión con que los indios andan, los acompañan CD todas las faenas, cargando con,

ellos las maderas y demás materiales para las casas. Forman la iglesia toda de madera; con la decencia y curiosidad posible, y una cuadra para la escuela y educación de los indios. En la casa de su habitación ponen clausura suficiente, para que no puedan entrar las mujeres á lo in-terior, ni se sirven de ellas, sino de los mucha-chos, do los cuales cuatro ó seis asisten £ los. religiosos para guisar la comida, cuidar de la limpieza de la iglesia y de la casa; ofician las misas en los días solemnes, y hay algunos tan hábiles quo, sin saber la lengua castellana, saben leer la lengua latina y cantan las epístolas en el coro. En poco tiempo saben ayudar á misa to-dos y la doctrina cristiana en su lengua mater-na. Tres horas ante; que amanezca se levantan los religiosos á la oración mental, á preparariet

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CØNVKRSU5N DEL. PIRITÚ 103 para el Santo Sacrificio y prevenir lo que han

de predicar, y en rompiendo el alba mandan tocar las campdnas y acuden todos los indios de la población á la plaza y, puestos en orden, los

varones g la mano derecha y las hembras g la izquierda, sale uno de los religiosos, y puesto en medio de todos, con una cruz en la mano, man-da salir á man-das de los muchachos, que cantan 6 rezan la doctrina cristiana y la repiten todos. El religioso toma aquel punto que le parece y so-bre di hace una plática, la cual acabada, hace con todos un acto de contricción, y los cristia-nos se quedan á oir la misa, y los infiels se van 4 sus casas. La gente adulta no se obliga á más para que tengan tiempo de asistir t sus casas y familia. La gente pequeña acude á la escuel's g hora competente, y 1. la tarde rezan la Corona en la iglesia¡ y los sábados se cantan la Letanía y Salve de Nuestra Señora. Comulgan y confi.. sao los cristianos para cumplir con el precepto de la Iglesia, y algunos en algunas fiestas, y las principales si celebran con la solemnidad posi-ble; en algunos pueblos se hace procesión la.

Semana Santa y se azotan los indios en la mis-ma formis-ma que los españoles.

6. Este es el ordinario estilo que observan todos los religiosos en la conversión y educa-ción de los indios: el demás tiempo lo gastan en

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visitar ¡1 los enfermos, en bautizar párvulos 6 adultos) en administrar los demás sacramentos y en rezar el Oficio Divino y estudiar la lengua. Viven separados en la población 6 reducción que los pone la obediencia, acompañados 6 so-los. Los pueblos están poco distantes unos de otros y así con facilidad se comunican y se con-suelan. No se juntan si no es para la elección de prelado ó para alguna consulta de importancia en que es necesario oir el parecer de todos. EL superior cuida de todas las necesidades corpo-rales que los indios no pueden socorrer, visfta los muy á menudo y Los anim? á la perseveran. cia. Esta es, en suma, la política y estilo que en la conversión de Piritil se practica y deben celar los sucesores en toda conformidad para su pro-pagación, desengaño y utilidad de aquellos in-fieles, y cualquier otro estilo 6 novegad es pre-ciso se oponga á las santas y loables costum-bres de los mayores, muy dignas de ser imita-das; y amonesto á los que se consagraren g ir de nuevo que á los principios han de ser discí-pulos y no maestros, ni'se dejen vencer del pro-pio genio y habilidad, porque lo ordinario es tentación y suele costar muy caro. Y como dice el adagio: cA donde quieras que fueres, hat como vieres».

Y

si alguno presumiere mejore' aciertos, fuera del ordinario estilo de los

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ante-CONVERSIÓ-N DEL prnrrCi io

tOsores, vivirá engañado y con el tiempo y la experiencia entrará en acuerdo y verá que cual-quier novedad es dañosa para aquel gentío.

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