Notas para la Historia de la Industria Argentina Notas para la Historia de la Industria Argentina11
Dra. Alicia Angélica Malatesta Dra. Alicia Angélica Malatesta Profesora Asociada, Facultad Regional San Francisco, U. T.N. Profesora Asociada, Facultad Regional San Francisco, U. T.N.
La Historia Industrial: enfoques recientes La Historia Industrial: enfoques recientes
En las últimas décadas, estudiosos pertenecientes a diferentes escuelas de pensamiento coinciden en En las últimas décadas, estudiosos pertenecientes a diferentes escuelas de pensamiento coinciden en encontrar, desde una perspectiva histórica, respuestas a la persistente situación crítica
encontrar, desde una perspectiva histórica, respuestas a la persistente situación crítica de la economía nacional.de la economía nacional. En este sentido, muchos investigadores abordan desde renovados enfoques distintos análisis acerca del En este sentido, muchos investigadores abordan desde renovados enfoques distintos análisis acerca del com- portamiento de
portamiento del sector l sector industrial y industrial y su parsu participación en ticipación en la vida la vida económica del económica del país, pretendipaís, pretendiendo descubendo descubrir dentrorir dentro de la temática fabril las explicaciones pertinentes e incorporando nuevas cuestiones y puntos de análisis, de la temática fabril las explicaciones pertinentes e incorporando nuevas cuestiones y puntos de análisis, ciertamente enmarcados en las nuevas condiciones internacionales del mercado global y en paradigmas ciertamente enmarcados en las nuevas condiciones internacionales del mercado global y en paradigmas productivos
productivos que que se se asientan asientan en en la la fuerte fuerte competitividad competitividad externa externa y y en en la la innovación innovación científico-tecnológicacientífico-tecnológica constante y vertiginosa; de hecho, las significativas explicaciones históricas brindadas promueven a su vez constante y vertiginosa; de hecho, las significativas explicaciones históricas brindadas promueven a su vez debates y polémicas.
debates y polémicas.
Entre los aportes recientes más
Entre los aportes recientes más importantes están los estudios efectuados por importantes están los estudios efectuados por Jorge Schvarzer, vertidosJorge Schvarzer, vertidos en diversas contribuciones y en su publicación "La industria que
en diversas contribuciones y en su publicación "La industria que supimos conseguir. Una historia político-socialsupimos conseguir. Una historia político-social de la industria argentina", que desentraña el proceso recorrido por la industria argentina desde su gestación en de la industria argentina", que desentraña el proceso recorrido por la industria argentina desde su gestación en las décadas finales del siglo XIX, hasta los tramos finales de los años 90. Este importante trabajo ofrece una las décadas finales del siglo XIX, hasta los tramos finales de los años 90. Este importante trabajo ofrece una reconstrucción histórica de orden sistémico que vincula categorías económicas, sociales y políticas. Por su reconstrucción histórica de orden sistémico que vincula categorías económicas, sociales y políticas. Por su parte, merece
parte, merece destacarse destacarse la obra la obra de Aldo de Aldo Ferrer Ferrer "El devenir "El devenir de una de una ilusión. La ilusión. La industria Aindustria Argentina", rgentina", publicada epublicada enn 1990, cuya perspectiva de análisis referente a la
1990, cuya perspectiva de análisis referente a la industrialización sustitutiva de importaciones -y del abandonoindustrialización sustitutiva de importaciones -y del abandono del modelo industrialista a partir del golpe de Estado de 1976- no se puede soslayar.
del modelo industrialista a partir del golpe de Estado de 1976- no se puede soslayar.
En el contenido de su conocido trabajo "La clase dominante argentina", Jorge Sábato presenta una En el contenido de su conocido trabajo "La clase dominante argentina", Jorge Sábato presenta una renovada interpretación sobre el comportamiento de la él
renovada interpretación sobre el comportamiento de la élite dominante en nuestro país a fines ite dominante en nuestro país a fines del siglo XIX y sudel siglo XIX y su participación en
participación en los neglos negocios indusocios industriales del triales del momento, que momento, que desde luegdesde luego confoo conforma una rma una contribución contribución acerca de acerca de lala mentada contraposición entre los terratenientes rioplatenses y los hombres de la industria. Bernardo Kosacoff mentada contraposición entre los terratenientes rioplatenses y los hombres de la industria. Bernardo Kosacoff (1996) dirige "El desafío de la competitividad. La industria argentina en transformación", compilación que (1996) dirige "El desafío de la competitividad. La industria argentina en transformación", compilación que apunta a ponderar los cambios recientes en la estructura de la industria argentina y su inserción en el mercado apunta a ponderar los cambios recientes en la estructura de la industria argentina y su inserción en el mercado internacional a través de la necesaria competitividad y especialización. En el artículo de su autoría pone énfasis internacional a través de la necesaria competitividad y especialización. En el artículo de su autoría pone énfasis en la etapa posterior a 1983, signada por el desalentador comportamiento general del sector fabril, y da cuenta en la etapa posterior a 1983, signada por el desalentador comportamiento general del sector fabril, y da cuenta de las profundas transformaciones que evidencia la actividad industrial, tales como el incremento de la de las profundas transformaciones que evidencia la actividad industrial, tales como el incremento de la concentración y la desigual performance frente al mercado global. De igual modo, significativos aportes concentración y la desigual performance frente al mercado global. De igual modo, significativos aportes presentan autores tales como Rob
presentan autores tales como Roberto Cortés Conde, Fernanerto Cortés Conde, Fernando Rocchi, y María Inés Barbdo Rocchi, y María Inés Barbero.ero.
Obviamente, los estudios mencionados no agotan la pluralidad de análisis recientes relativos a la Obviamente, los estudios mencionados no agotan la pluralidad de análisis recientes relativos a la te-mática de la
mática de la historia de la industria; sin embargo, elhistoria de la industria; sin embargo, ellos conforman referentes ineludibles a la hora los conforman referentes ineludibles a la hora de embarcarsede embarcarse en el siempre convocante análisis del
en el siempre convocante análisis del fenómeno industrial en nuestro país.fenómeno industrial en nuestro país.
Fases de la industrialización argentina Fases de la industrialización argentina
La determinación de las etapas de la actividad industrial nacional no ha resultado unívoca; por el La determinación de las etapas de la actividad industrial nacional no ha resultado unívoca; por el con-trario, no pocos especialistas fechan el inicio de las labores fabriles recién a partir de la crisis económica de trario, no pocos especialistas fechan el inicio de las labores fabriles recién a partir de la crisis económica de 1929. Sin embargo, a la luz de las más recientes investigaciones, la división temporal resultante -que de hecho 1929. Sin embargo, a la luz de las más recientes investigaciones, la división temporal resultante -que de hecho resulta útil a nivel metodológico, pero que
resulta útil a nivel metodológico, pero que para su correcta interpretación debe inscribirse dentro de un enfoquepara su correcta interpretación debe inscribirse dentro de un enfoque de proceso que apunte a reconocer tanto l
de proceso que apunte a reconocer tanto los cambios como las permanencias- puede sintetizarse de la os cambios como las permanencias- puede sintetizarse de la siguientesiguiente manera:
manera:
• Génesis de la acti
• Génesis de la actividad industrial.vidad industrial.
••Auge del modelo de industrialización sustitutiva de Auge del modelo de industrialización sustitutiva de importaciones.importaciones. ••Consolidación industrial y capitales externos.Consolidación industrial y capitales externos.
Daín.-• Cierre de la
• Cierre de la industrialización sustitutiva de importaciones.industrialización sustitutiva de importaciones. • Apertura de la economía.
• Apertura de la economía. Génesis de la actividad i
Génesis de la actividad industrialndustrial
Es necesario remarcar que el surgimiento de la industria en nuestro país acontece desde los últimos Es necesario remarcar que el surgimiento de la industria en nuestro país acontece desde los últimos tramos del siglo anterior; esto es, durante la plena vigencia del modelo económico agro exportador que se tramos del siglo anterior; esto es, durante la plena vigencia del modelo económico agro exportador que se sustenta en la demanda externa de la producción rural y, como contrapartida, en la satisfacción de las sustenta en la demanda externa de la producción rural y, como contrapartida, en la satisfacción de las necesidades de productos industrializados diversos a través de
necesidades de productos industrializados diversos a través de la importación. Es en la importación. Es en este contexto, caracterizadoeste contexto, caracterizado por el
por el eufórico crecimeufórico crecimiento tanto de iento tanto de la ganadería comla ganadería como de o de las áreas las áreas sembradas y sembradas y por su por su clara vinculación clara vinculación con loscon los mercados internacionales, cuando da inicio el
mercados internacionales, cuando da inicio el proceso industrial argentino.proceso industrial argentino.
Fuera de lo estrictamente productivo, indudablemente se comportan como factores favorecedores de Fuera de lo estrictamente productivo, indudablemente se comportan como factores favorecedores de dicho proceso diversos aspectos tales como la finalización de los enfrentamientos armados y la vigencia de dicho proceso diversos aspectos tales como la finalización de los enfrentamientos armados y la vigencia de loslos principios constitucionales,
principios constitucionales, la incorporación de la incorporación de tierras resultantes de tierras resultantes de la denominada "conqula denominada "conquista del desierto", lista del desierto", laa federalización de la ciudad de Buenos Aires, el establecimiento de una red de transportes, la conformación del federalización de la ciudad de Buenos Aires, el establecimiento de una red de transportes, la conformación del mercado nacional al eliminarse el pago de derechos provinciales, el crecimiento demográfico a
mercado nacional al eliminarse el pago de derechos provinciales, el crecimiento demográfico a raíz de la llegadaraíz de la llegada de amplios contingentes de inmigrantes europeos, y la
de amplios contingentes de inmigrantes europeos, y la inversión de capitales externos.inversión de capitales externos.
Con respecto a los inmigrantes provenientes de Europa y su relación con la industria, es interesante Con respecto a los inmigrantes provenientes de Europa y su relación con la industria, es interesante resaltar que muchos de ellos inician labores manufactureras en reducidos talleres que con el correr del tiempo resaltar que muchos de ellos inician labores manufactureras en reducidos talleres que con el correr del tiempo dan lugar a empresas de importancia. Asimismo, no son pocos los extranjeros afincados en tierras argentinas dan lugar a empresas de importancia. Asimismo, no son pocos los extranjeros afincados en tierras argentinas que con espíritu empresario aportan capitales
que con espíritu empresario aportan capitales considerables a sus emprendimientos fabriles, y aplican considerables a sus emprendimientos fabriles, y aplican técnicas ytécnicas y experiencias adquiridas en sus países de origen. Por lo
experiencias adquiridas en sus países de origen. Por lo tanto, los inmigrantes llegados de ultramar se tanto, los inmigrantes llegados de ultramar se insertan eninsertan en la actividad industrial no sólo en el estrato obrero sino que su presencia también es significativa entre los la actividad industrial no sólo en el estrato obrero sino que su presencia también es significativa entre los propietarios.
propietarios.
Como se sabe, los registros censales constituyen la fuente de datos más exhaustiva sobre la industria Como se sabe, los registros censales constituyen la fuente de datos más exhaustiva sobre la industria argentina en tiempos pasados, aunque ofrecen dificultades
argentina en tiempos pasados, aunque ofrecen dificultades a la hora de a la hora de efectuar los análisis pertinentes, en razónefectuar los análisis pertinentes, en razón de no poseer homogeneidad en conceptualizaciones, clasificaciones y sistematización
de no poseer homogeneidad en conceptualizaciones, clasificaciones y sistematización de la información en de la información en loslos atributos recogidos. El Segundo Censo General de la Nación, relevado en 1895, conforma un valioso registro atributos recogidos. El Segundo Censo General de la Nación, relevado en 1895, conforma un valioso registro del sector económico-productivo del país pues contempla ganadería, agricultura, industria y comercio. Con del sector económico-productivo del país pues contempla ganadería, agricultura, industria y comercio. Con respecto al tema que nos ocupa,
respecto al tema que nos ocupa, dicha fuente compendia de la información en dicha fuente compendia de la información en los momentos previos al inicio dellos momentos previos al inicio del siglo XX y demuestra claramente el
siglo XX y demuestra claramente el avance que experimentan las industrias.avance que experimentan las industrias.
De manera global, puede señalarse que en dicho censo los rubros de mayor relieve son el ali
De manera global, puede señalarse que en dicho censo los rubros de mayor relieve son el alimenticio, elmenticio, el textil y de la
textil y de la construcción, dado que cuentan con mayores ventajas comparativas derivadas de lconstrucción, dado que cuentan con mayores ventajas comparativas derivadas de la disponibilidada disponibilidad tanto de materias primas producidas en el área rural a precios muy reducidos, como de mercados consumidores tanto de materias primas producidas en el área rural a precios muy reducidos, como de mercados consumidores cercanos. De igual modo, el sector alimenticio exportador -conformado por frigoríficos y molinos cercanos. De igual modo, el sector alimenticio exportador -conformado por frigoríficos y molinos harineros-disfruta de bajos costos de producción y, por tal motivo, de una creciente inserción en los mercados disfruta de bajos costos de producción y, por tal motivo, de una creciente inserción en los mercados internacionales distantes.
internacionales distantes.
Por un lado, en la actividad fabril de fines del siglo XIX resulta evidente la preeminencia numérica de Por un lado, en la actividad fabril de fines del siglo XIX resulta evidente la preeminencia numérica de pequeños es
pequeños establecimientos de tablecimientos de neto corte neto corte artesanal, que artesanal, que emplean sencillos emplean sencillos procedimientos procedimientos técnicos y técnicos y que puedeque puedenn caracterizarse como un simple aprovechamiento de las materias primas provenientes del agro. Por el otro, se caracterizarse como un simple aprovechamiento de las materias primas provenientes del agro. Por el otro, se registra la acción de un reducido grupo de empresas de envergadura, cuya influencia política y económica se registra la acción de un reducido grupo de empresas de envergadura, cuya influencia política y económica se consolida con el transcurrir de los años. Demuestran fuertes inversiones de capital, notable dinamismo y, por consolida con el transcurrir de los años. Demuestran fuertes inversiones de capital, notable dinamismo y, por cierto, alta rentabilidad; en este últi
cierto, alta rentabilidad; en este último caso, la decisión empresaria se define por la esperanza mo caso, la decisión empresaria se define por la esperanza de los importantesde los importantes beneficios a obtener, lo cual explica el su
beneficios a obtener, lo cual explica el surgimiento de grandes emprendimrgimiento de grandes emprendimientos fabriles.ientos fabriles. Sin embargo, a nivel general, la
Sin embargo, a nivel general, la falta de asignación de falta de asignación de recursos al sector industrial se presenta como unarecursos al sector industrial se presenta como una de las características constantes y determinantes de sus posibilidades de crecimiento; como se sabe, dentro de de las características constantes y determinantes de sus posibilidades de crecimiento; como se sabe, dentro de las actividades productivas la mayor proporción de capitales se aplica a la explotación agro ganadera, debido a las actividades productivas la mayor proporción de capitales se aplica a la explotación agro ganadera, debido a su jugosa rentabilidad en el corto plazo (en oposición a las inversiones en el área industrial, que operan en su jugosa rentabilidad en el corto plazo (en oposición a las inversiones en el área industrial, que operan en tiempos prolongados) y por la vigencia de una
tiempos prolongados) y por la vigencia de una escala de prestigio social que privilegia a escala de prestigio social que privilegia a terratenientes. De igualterratenientes. De igual modo, los réditos generados por la agro exportación son escasamente destinados a inversiones fabriles y así los modo, los réditos generados por la agro exportación son escasamente destinados a inversiones fabriles y así los industriales, ante la necesidad de contar con el capital necesario, reclaman sin éxito el auxilio financiero a las industriales, ante la necesidad de contar con el capital necesario, reclaman sin éxito el auxilio financiero a las distintas entidades bancarias. Cabe agregar que los inversores sólo se encaminan hacia
distintas entidades bancarias. Cabe agregar que los inversores sólo se encaminan hacia los rubros de la industrialos rubros de la industria que prometen un negocio seguro, es decir hacia aquellos renglones productivos que gozan de protección natural, que prometen un negocio seguro, es decir hacia aquellos renglones productivos que gozan de protección natural, control oligopólico del mercado, y demanda
Estas circunstancias contribuyen a moldear un tipo de empresario que, confiado en las óptimas ga-nancias obtenidas en cada ejercicio, se despreocupa por el progreso tecnológico, la innovación, la incorporación de técnicos y especialistas, y en síntesis, por el mejoramiento del producto. Así coexisten un conjunto de grandes empresas y una multitud de pequeños emprendimientos en los que trabajan sólo sus dueños y algún familiar; empero, además de las dificultades de financiamiento apuntadas, todas ellas deben sortear múltiples escollos: en especial, la competencia que ofrecen los artículos importados, favorecidos por la política aduanera y cuya demanda se halla sólidamente instalada en las pautas de conducta de los consumidores. Al respecto, y como modo de captar un mayor volumen de éstos, no pocas veces los industriales simulan la procedencia europea del producto a través del empleo de rótulos, marcas y etiquetas semejantes a los que poseen los artículos importados.
Por otra parte, con respecto a la localización de las plantas fabriles, los mayores registros se observan en la Capital Federal y en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes. Predominan los establecimientos radicados en los espacios geográficos que congregan tierras fértiles, radicación de inmigrantes de ultramar, ferrocarriles y comunicaciones en general, y que están cercanos a la zona portuaria; de tal manera, con la instalación y producción de dichas industrias se fortalece el progreso económico del litoral que, como se sabe, se halla vinculado a la agroexportación. Sin embargo, no debe perderse de vista la importancia que adquiere la producción vítívínícola de Mendoza y la de azúcar en Tucumán, pues constituyen dos de los rubros de mayor crecimiento en el período, alentados por la política proteccionista que instrumenta el Estado nacional.
De todo lo dicho se desprende que a fines del siglo XIX se produce un cambio fundamental en la economía del país. Las regiones que en tiempos anteriores conformaban el espacio geográfico de mayor desenvolvimiento poblacional -Noroeste y Cuyo- pierden significación. En su reemplazo el sector litoral, encabezado por el propio puerto de Buenos Aires, se transforma en impulsor y eje del crecimiento. En este contexto, la actividad industrial surge como correlato de los cambios operados en la estructura económica del país. De tal manera, corresponde ubicar la génesis de la evolución del sector fabril en el marco, y al mismo
tiempo como resultado, de la expansión económica de la denominada Argentina moderna.
Al iniciarse el nuevo siglo, y por iniciativa de la Unión Industrial Argentina, se efectúa el Censo In-dustrial de 1908. En efecto, esta entidad solicitó a las autoridades gubernamentales la realización de una estadística completa de la actividad fabril, con el expreso propósito de contar con datos precisos. La información registrada permite señalar que continúa la gran preponderancia de la producción alimenticia y, en segundo término, de las manufacturas textiles a raíz de la expansión en el país de los cultivos de algodón y -más tardíamente- de la mayor disponibilidad de lana. Persiste la concentración de las actividades industriales en la Capital Federal y en las provincias del litoral, mientras que en el resto del espacio nacional no se verifican avan-ces cualitativos en la marcha del sector; por el contrario, continúa la especialización productiva basada, según las diversas regiones, en yerbatales, ingenios azucareros, y producción vitivinícola.
De tal manera, el sector industrial prosigue exhibiendo su estructura dual debido a que contabiliza, por un lado, un nutrido conglomerado de pequeños establecimientos destinados a surtir el consumo interno o local y, por el otro, grandes emprendimientos fabriles tales como frigoríficos, molinos harineros, ingenios y refinerías de azúcar, fábricas de cerveza y bodegas, que se caracterizan por alta inversión de capitales, gran rentabilidad, empleo de modernos métodos de procesamiento y también por la cercanía al poder político de sus directivos en razón de su pertenencia a la clase dominante. Como ya se ha dicho, el desenvolvimiento fabril surge y se desarrolla íntimamente vinculado a la expansión agropecuaria y, ciertamente, con gran aporte del capital extranjero. De tal manera, la economía argentina se encuadra dentro de la concepción de la división internacional del trabajo que cuenta con el concurso del sector político-económico preponderante, y así puede hablarse de la concordancia de intereses existente entre el grupo económicamente poderoso y su similar en el país hegemónico.
No obstante, en los primeros tramos del siglo XX se advierte claramente el crecimiento del sector industrial, del que da cuenta el Tercer Censo Nacional del año 1914. En él se registra un importante aumento de la cantidad total de establecimientos y también de operarios, al igual que la capitalización y tecnificación que experimentan muchas empresas; sin embargo, predominan numéricamente los pequeños establecimientos que cuentan con escaso personal y métodos simples de labor. Con referencia a las ramas productivas, persiste la preeminencia de los renglones del sector alimenticio, al cual pertenecen las empresas de mayor envergadura.
Por su parte, el sector textil demuestra gran expansión y diversificación.
Por otro lado, merece destacarse la radicación de empresas extranjeras particularmente provenientes de los Estados Unidos -primer ejemplo en estas tierras de las inversiones extranjeras directas que se orientan hacia
rubros no tradicionales, es decir, a las industrias de bienes de consumo duradero, mediante filiales de re-nombradas firmas de ultramar; se caracterizan por la utilización de nuevas tecnologías de capital intensivo y se dedican a la metalurgia y a la fabricación de productos químicos.
El desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial provoca un inesperado estímulo a la producción industrial argentina. En efecto, el conflicto bélico obstaculiza el comercio internacional y ello determina que no se pueda satisfacer la demanda del público consumidor de productos extranjeros. Esta especial coyuntura representa el primer gran momento en la sustitución con producción propia de los artículos que anteriormente se importaban, y alienta tanto el surgimiento de nuevas industrias como el fortalecimiento de las ya existentes; como se comprende, este hecho -si bien espontáneo pero factible de constatar- no abona la tesis sostenida por los autores que fechan el inicio de la sustitución de importaciones recién tras la crisis económica mundial de 1929. Sin embargo, y a pesar de que el enfrentamiento armado brinda una oportunidad inmejorable para oxigenar la actividad fabril con importante demanda por parte del público, y para alejar los productos extranjeros de los comercios y de las preferencias populares, también representa para los industriales la imposibilidad de contar con materias primas esenciales, equipos, repuestos, y combustibles que no existen en el mercado local y que las manufacturas nacionales necesitan adquirir en el extranjero (en el caso de las materias primas, por la falta de una conveniente explotación).
Esta situación es más notable, y por tanto significativa, en los rubros industriales que hacen una utilización intensiva de recursos minerales que deben ser adquiridos necesariamente en los mercados externos, en tanto que para las fábricas procesadoras de materias primas domésticas la coyuntura resulta menos problemá-tica. Lo apuntado impide que la producción autóctona pueda adquirir la necesaria fortaleza para competir en calidad y variedad con los productos extranjeros que, tras la finalización del conflicto bélico, adquieren renovada significación en el consumo interno.
Paralelamente, es posible advertir una reanudación de la polémica entre los partidarios del librecambio y los que alientan el proteccionismo. Entre éstos últimos comienzan a escucharse planteas y reclamos en pos de que el Estado intervenga en la diagramación de una política efectiva de protección de la actividad de las fábricas nativas, a fin de robustecer su acción frente a las importaciones de bienes y productos. En este sentido, estiman como imprescindible la re definición y consecuente aplicación de una nueva ley aduanera.
Por otra parte, en los años 20 la actividad industrial del país registra una mayor diversificación al tomar cierto auge el sector metalúrgico y asimismo el petrolero, a través de Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Esta empresa, dirigida por el general Mosconi desde 1922, se embarca en el mejoramiento tecnológico y en una polí-tica de crecimiento empresario. Al mismo tiempo, se fortalecen dentro de los ámbitos castrenses las opiniones en favor de la necesidad de contar con fábricas de armas en el país. Sobre estas inquietudes opera, sin duda, la experiencia de las carencias sufridas durante la guerra y preanuncian la participación del ejército en la temática industrial en la década siguiente.
Industrialización Sustitutiva de Importaciones
Como es ampliamente conocido, en 1930 -a raíz de la confluencia de factores internos y externos- la etapa en que la vida económica gira en tomo a la agroexportación llega a su límite en nuestro país. En cuanto a lo interno, durante los años 20 concluye la progresiva ocupación de la tierra destinada a las labores agrícolas. Por su parte, a raíz de la quiebra financiera de la Bolsa de Nueva York, a partir de 1929 se desencadena una profunda crisis en el sistema capitalista internacional, que se manifiesta -entre otras características- en el alza
del valor de los productos industrializados y en la disminución del precio las materias primas. La delicada situación impone un nuevo ordenamiento y desde entonces el Estado asume una creciente intervención en el proceso económico, abandonando el persistente liberalismo e iniciando el camino hacia medidas proteccionistas
que eviten que las importaciones compitan con la producción propia. De tal manera, puede decirse que la crisis mundial transforma el modelo económico vigente y pone crudamente de manifiesto la dependencia del país respecto de las economías externas.
Ante ese panorama, la Argentina se ve obligada a volcar sus energías e iniciativas hacia el mercado interno, porque la notoria disminución en la capacidad de importar impone necesariamente la exigencia de producir internamente los productos que antes se obtenían a través del comercio exterior. Esta etapa se conoce comúnmente bajo la denominación de "industrialización por sustitución de importaciones", y en ella se pone en práctica una marcada orientación hacia el autoabastecimiento, predominantemente de bienes de consumo. El poder público adopta medidas tales como el control de cambio, la elevación de los derechos aduaneros y la
li-mitación de las importaciones, lo cual implica un notable viraje que beneficia al sector industrial.
Sin embargo, es preciso señalar que en la década de 1930 no se elabora un nuevo proyecto económico, sino que se incorporan elementos adecuados a las exigencias del momento. Corresponde hablar, entonces, de una reformulación de los principios que sustentan la economía del país. De ahí que el impulso que recibe la actividad fabril es limitado y, al no existir una planificación adecuada al desarrollo experimentado por aquélla, se caracteriza por corresponder a una industria liviana que elabora productos de consumo inmediato. No obstante, sería incorrecto afirmar que todo permanece igual: las industrias tradicionales, es decir, alimentos, bebidas y tabaco, como así también las textiles, manifiestan un interesante desarrollo. Este liderazgo es abso-lutamente comprensible en procesos industriales tardíos, y la razón de ello estriba en la escasa demanda de capital y tecnología, y en la facilidad de organización que tales actividades implican.
Al respecto cabe señalar que, desde épocas anteriores, el público consumidor de nuestro país exhibe una especial preferencia por los artículos manufacturados en el extranjero, que como se sabe conjugan alta calidad y menor precio. Esta circunstancia está unida, en la mayoría de los casos, al prestigio social que acarrea la adquisición y usufructo de dichos productos. Para superar en parte los prejuicios existentes en torno a la producción nacional, los industriales a menudo colocan etiquetas y frases que simulan el origen importado de bienes producidos en el país. En este sentido y con el claro propósito de sanear las prácticas del comercio inte-rior, a través de un conjunto de leyes nacionales, se impone el uso de la leyenda "industria argentina" y el empleo del idioma nacional en las marcas de fábrica; así, se observa la clara intención de revertir el proceso anteriormente señalado y asimismo estimular el consumo de genuinos productos de fabricación argentina.
El Censo Industrial efectuado en el año 1935 constituye el primer relevamiento específico que se efectúa en el país y por lo tanto representa un registro valiosísimo de la actividad fabril. El análisis de sus datos permite clarificar la real dimensión del desenvolvimiento experimentado por el sector y revela el neto predominio de la producción liviana; prueba de ello es el alto porcentaje de establecimientos dedicados al rubro sustancias alimenticias, bebidas y tabaco, que representa más del 28% del total. Similar predominio se registra con respecto al total de mano de obra empleada ya los demás indicadores. Con respecto a la localización industrial, persiste la concentración en la dominada zona litoral, que comprende a la Capital Federal y a las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes. Esta región nuclea a más del 76% del total de plantas productoras destacándose, por cierto, la Capital Federal y su periferia.
La notable concentración fabril en esos espacios responde a diferentes razones. En primer término, puede mencionarse la importancia fundamental de Buenos Aires como puerto desde los albores mismos de nuestra historia. Por otra parte, desde los años 30 se acentúa el crecimiento de la población en los sectores subur- banos de la gran ciudad, en virtud de la existencia de una base industrial instalada. El desarrollo de este verdadero cinturón fabril es un rasgo destacable, además, por las importantes derivaciones políticas que dicha aglomeración obrera produce en la historia del país. Este aumento poblacional se debe a migraciones internas que, empujadas por crisis del sector agrícola, se ven atraídas por las perspectivas de empleo que ofrecen las industrias concentradas en Capital Federal y las zonas linderas. El proceso condujo necesariamente a la constitución, dentro del territorio argentino, de una situación centro-periferia entre la región cercana al puerto y el resto del país.
A fines de la década de 1930, el estallido de la Segunda Guerra Mundial representa una nueva coyuntura favorable para el fortalecimiento de la actividad fabril, en virtud de que la lucha armada impone que los países industrializados involucrados dediquen su producción a las necesidades bélicas. De igual manera, la guerra submarina determina un relativo aislamiento internacional al ocasionar dificultades en el comercio interoceánico; sin embargo, merece resaltarse que durante los años del conflicto se exportan productos industriales nacionales a los países latinoamericanos.
Esas circunstancias significan un incentivo para el accionar de los establecimientos fabriles argentinos pues, a excepción de los productos que pueden adquirirse en el continente americano, nuestro país se ve imposibilitado de aprovisionarse de materias primas, equipos y combustibles. Como se comprende, lo dicho representa un nuevo impulso a la actividad industrial que se ve fuertemente inducida a sustituir los productos anteriormente elaborados en el exterior; al mismo tiempo, influye en la vida cotidiana de los millones de argentinos que deben limitarse a adquirir y consumir lo producido por la industria nacional. Paralelamente, las restricciones a las importaciones permiten que los capitales disponibles se apliquen a la actividad industrial. Otra gran fuente de ingresos son los notables saldos comerciales derivados de las exportaciones a los países en conflicto. Por lo tanto, como queda expuesto, la conflagración bélica impulsa con vigor las tendencias encaminadas a desarrollar y fortalecer el mercado interno y, de igual modo, intensifica el intervencionismo
esta-tal en la esfera económica.
Sin embargo, el desarrollo de la guerra evidencia una vez más la marcada dependencia de la economía argentina y su extrema vulnerabilidad. En este contexto se elabora el primer documento del Estado en el que se analiza la posibilidad de modificar al plan económico vigente, y cuyo objetivo es brindar respuestas inmediatas a los problemas surgidos a causa de la guerra. Se trata del Programa de Reactivación de la Economía Nacional, conocido como "Plan Pineda", que es enviado por el Poder Ejecutivo al Senado de la Nación el 14 de noviembre de 1940. Dicho plan, a través de una serie de medidas tendientes a superar la recesión, procura compatibilizar la industrialización con las actividades productivas tradicionales, y fomentar las relaciones económicas con los países limítrofes y con los Estados Unidos. Se apunta a favorecer el procesamiento de las materias primas derivadas del agro, que son consideradas como "naturales", y desalentar el de aquellas que se estiman "artificiales": es decir, se evidencia la clara intención de salvaguardar los intereses de la clase dominante, de marcado tinte agroganadero. El plan es aprobado en la Cámara de Senadores pero no logra el apoyo necesario en la Cámara de Diputados, al ser juzgado como demasiado innovador y perjudicial para el comercio de exportación.
A pesar del fracaso de esa propuesta, el proceso de sustitución de importaciones se consolida paulatinamente. A ello concurren las ideas de alto tinte nacionalista que valoran al desarrollo de la industria
nacional como medio para lograr la autosuficiencia económica y de manera especial el abastecimiento de armamentos y materiales bélicos, metas que se afianzan particularmente tras la revolución militar de14 de junio de 1943.
Ejército e Industria
Según hemos visto, desde los años 30 se observa un creciente accionar del Estado en la vida económica. Al mismo tiempo, en ámbitos políticos, empresarios e intelectuales se fortalece el debate en torno al protagonismo que le cabe a los poderes públicos en defensa de la producción propia del país como eficaz y
fundamental herramienta de crecimiento. Poco a poco se añade un nuevo sector que imprime matices propios en torno a la acción promotora estatal. Se trata del Ejército, y esto es así porque sectores de importancia dentro de esta institución señalan como necesaria la conexión entre poderío militar y grado de desarrollo fabril, y juzgan imprescindible propiciar la industrialización del país con el propósito de obtener una adecuada y moderna infraestructura logística defensiva-ofensiva.
Con ese claro objetivo se producen innovaciones en el organigrama funcional del Ejército Argentino, y en 1935 se crea la Dirección General del Material del Ejército (DGME). Al año siguiente se estructura el Cuartel Maestre General (CMG), entre cuyos fines se destaca el fomento de las ramas industriales que interesen a la de-fensa del país. Pocos años después la ley Nº 12.709 de 1946 da nacimiento a la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFFMM) y se propone organizar la defensa industrial del país, producir elementos esenciales para la actividad castrense y fomentar las industrias que garanticen el cumplimiento de dicha ley. En un breve período se establecen y comienzan su producción específica once fábricas militares en diferentes puntos de la Argentina. Igualmente significativo es el impulso brindado a la realización de obras públicas -en especial, caminos, tendidos ferroviarios, puentes, cuarteles y hospitales militares- que reportan una marcada actividad para los diversos rubros productivos vinculados a la construcción.
Interesa destacar que estas plantas, más allá de su desempeño propio, ejercen un notorio influjo en el desenvolvimiento fabril de las ciudades en las que se hallan radicadas, al imprimirles un neto matiz industrial. Por otra parte, no sólo encaran la producción bélica, sino también una variada gama de productos para las indus-trias o el consumo civil, y operan como importantes captadoras y entrenadoras de mano de obra. Al mismo tiempo, al requerir distintos bienes y servicios, resultan propulsoras de un creciente número de plantas subsidiarias. Por ello, es posible detectar la significativa promoción industrial que llevan a cabo: su principal aporte a la transformación de la estructura industrial argentina proviene de su localización geográfica, y reside en la contribución efectuada en cuanto a opacar el predominio fabril porteño al favorecer y concretar una verdadera acción en pro del crecimiento industrial -y económico en general- de las distintas regiones del país.
El 4 de junio de 1943 estalla la revolución que depone al gobierno del presidente Castillo. En esta nueva irrupción de los militares en la arena política cobra cada vez más relevancia la figura del c oronel Juan D. Perón. La gestión militar, aspirando a alcanzar la ansiada soberanía económica, pone en práctica medidas que apuntan a la consolidación del mercado interno. Recurre para ello a la fuerte intervención del Estado como ejecutor de acciones que tradicionalmente se hallaban en manos de particulares y reguladas por el libre juego del mercado.
De igual manera, tiene lugar la gestación y aplicación de un paradigma de crecimiento económico-social en el que la industria desempeña un papel destacado. El despliegue de la acción pública -enmarcada en un nacionalismo cada vez más fuerte- posibilita la conformación de un modelo de Estado omnicomprensivo, en consonancia con que acontece internacionalmente a raíz de la consolidación de las recetas de Keynes en los diversos países. Por ello, el período que se inicia en 1943 y se extiende hasta el año 1955 puede ser considerado como de liderazgo estatal, y en él la actividad industrial -orientada hacia el mercado interno- constituye el sector preponderante y destinatario de una variada gama de resoluciones.
En ese sentido cabe mencionar la creación del Banco de Crédito Industrial Argentino en 1944 que, con sede en la ciudad de Buenos Aires, asume la especial función de financiar a largo plazo y a baja tasa de interés toda clase de emprendimientos industriales. La creación de esta importante entidad crediticia denota un marcado interés por parte de las autoridades de gobierno en la promoción de la actividad fabril.
El peronismo y los Planes Quinquenales
A partir del año 1946 el gobierno del presidente electo Juan D. Perón elabora y pone en vigencia una estrategia económica que se enmarca en un modelo de crecimiento sustentado en la expansión industrial, en un mercado delimitado fronteras hacia adentro y en la redistribución de ingresos, apostando decididamente a la ac-ción intervencionista del Estado. En efecto, la concepac-ción de la economía adoptada, si bien asume ribetes propios, se sustenta en las políticas ya implementadas a partir de la revolución de los Coroneles. Se trata de la puesta en práctica de una alta regulación del poder público en los sectores productivos, con el propósito de lograr los proclamados objetivos de independencia económica. Este activo intervencionismo requiere de la correspondiente planificación ya ello apuntan los Planes Quinquenales aprobados en los años de la "Nueva Argentina". Dentro de la propuesta global, la actividad industrial resulta especialmente ponderada como gene-radora del crecimiento y paralelamente vehiculizadora de los programas sociales, pues permite canalizar el pleno empleo.
Entre el inicio de la primera gestión peronista y el desencadenamiento de las dificultades económicas de fines de 1950, la actividad industrial registra un evidente crecimiento. El sector resulta claramente apoyado a través de diversas disposiciones directas emanadas del poder público, especialmente en cuanto al incremento notable en los derechos de importación y la acción de empresas estatales en actividades productivas estratégicas. De hecho, en este sentido se inscriben también los regímenes que propician y fomentan las industrias conside-radas de "interés nacional". Entre los mecanismos de promoción indirectos puestos en práctica se destacan los tipos de cambio diferenciales y la creciente asignación de créditos sencillos y baratos destinados a promover el desenvolvimiento de pequeños y medianos establecimientos; sin embargo, las grandes empresas también resultan captadoras de préstamos que implican la asignación de importantes volúmenes de capital.
El proceso de sustitución de importaciones se consolida paulatinamente en un contexto signado por el fortalecimiento de las ideas nacionalistas que impregnan toda la etapa postbélica y que valoran el crecimiento industrial como medio para lograr la autosuficiencia económica; de manera especial, como ya se ha visto, en cuanto al abastecimiento de armamentos y materiales bélicos. De este modo, la industrialización sustitutiva adquiere mayor dinamismo e intensidad, en particular la producción de bienes de consumo directo tales como alimentos y bebidas, textiles y calzados, enseres domésticos, y otros.
Los incrementos salariales y los amplios beneficios sociales concedidos a los sectores trabajadores, en un marco caracterizado por la acumulación de divisas y con una creciente proclamación a través de importantes campañas publicitarias, conforman una etapa que bien puede caracterizarse como de euforia y auge popular con gran protagonismo estatal. La construcción del Estado de Bienestar y la política de ingresos favorable al asalariado logran la expansión del mercado consumidor interno y se transforman en verdaderos acicates para la producción industrial de bienes de consumo, es decir, aquella de carácter liviano que resulta particularmente promovida por el gobierno nacional.
El IV relevamiento censal de la Nación realizado en 1946 constituye un eficaz instrumento de análisis y de valoración de la evolución industrial argentina. El total de establecimientos registrados es de 86.440. Si se tiene presente que la cantidad total de plantas computadas en 1935 era de 40.613, puede inferirse que en poco más de una década la cifra experimentó un incremento mayor que el 100%. También se observan significativos aumentos con respecto al personal ocupado en la actividad fabril argentina.
No obstante, en el año 1946 la industrialización continúa siendo liviana. Confirma lo dicho el elevado porcentual (más del 21%) que representa el rubro alimentos y bebidas sobre el total de establecimientos
registrados; al mismo tiempo, éste es el grupo fabril que absorbe la mayor cantidad de mano de obra. El laboreo y la manufactura de metales sólo se desarrollan en un 10% de las plantas industriales. Sin embargo, su impor-tancia queda de manifiesto al observar que reúne a un destacado porcentual de obreros. De igual manera, resulta significativo el desarrollo que adquiere la rama dedicada a la producción de vehículos y maquinarias -excluida la eléctrica- tanto por la cantidad de establecimientos como por el total de operarios que emplea.
Según hemos visto, la industrialización sustitutiva de importaciones -incrementada y favorecida por la acción del gobierno peronista- se halla en franco desenvolvimiento. No obstante, la preeminencia de la actividad fabril de carácter liviano conlleva implícitamente una serie de importantes limitaciones. En efecto, aquélla ti- pificada como industrialización de bienes finales de consumo -fundamentada en el aumento de la demanda y asociada a la disponibilidad de recursos por parte de la población- requiere para su funcionamiento de combusti- bles, equipos, y materias primas que no se producen en el país. Por ello, persiste la dependencia de las importaciones de bienes de capital, materiales intermedios y repuestos. Como se comprenderá, esta particular situación implica una peligrosa vulnerabilidad de la estructura industrial del país. Claro está que dicha sujeción tiene su raíz en los propios orígenes del desenvolvimiento fabril argentino, pues desde ese entonces se registran las necesarias importaciones de bienes producidos por las industrias básicas o dinámicas en los países centrales. Por ello, puede afirmarse que la instalación y el funcionamiento de las denominadas industrias pesadas o de base resultan postergados en el país. En su reemplazo se aborda la producción de bienes de consumo de uso único. Ésta, asentada sobre la utilización intensiva de maquinarias y equipos existentes exhibe, en la mayoría de los ca-sos, baja productividad y altos costos; así la actividad fabril -al no modificar sus estructuras adecuadamente- no tarda en alcanzar sus límites.
De tal manera, a comienzos de los años 50 se detiene el desarrollo experimentado durante dos décadas y al mismo tiempo acontece un verdadero estrangulamiento del crecimiento industrial. Las empresas lo cales, ante su incapacidad para producir o incorporar la tecnología necesaria y así diversificar su producción, acuden al amparo del Estado. Sin embargo, la disponibilidad de divisas se ha reducido notablemente y la dependencia externa es cada vez más marcada. Por ello, se agota la expansión del mercado interno y se desacelera la estrategia de industrialización. Consecuentemente, la economía argentina se aísla progresivamente de las corrientes dinámicas del comercio internacional. A este grave panorama concurren también, por un lado, la crisis agrícola de 1950-52 que determina la reducción de los beneficios de la agroexportación y, por el otro, la contracción del mercado interno resultante de la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores.
El inicio de la década del 50 encuentra a la Argentina en una verdadera encrucijada de orden económico-social y claramente quedan a la vista los problemas de fondo. Se torna imperioso optar entre la continuidad del modo de industrialización por sustitución de importaciones livianas -también llamadas sencillas- o bien encarar la producción de bienes de consumo durables, bienes de capital y productos intermedios.
En diciembre de 1952 -y como modo de responder a la crítica situación económica por la que atraviesa el país- se aprueba el Segundo Plan Quinquenal que se prevé aplicar desde 1953 hasta 1957. Este instrumento exhibe importantes transformaciones respecto del Primer Plan Quinquenal -vigente entre los años 1947 y 1951-dado que incluye declaraciones tanto a favor del arraigo de la industria pesada cuanto las destinadas a solucionar el problema del abastecimiento de combustibles que registra el país. Al respecto, conviene recordar que si bien la producción de YPF aumenta, no logra satisfacer la demanda existente y por lo tanto se recurre a la creciente importación de combustibles. Ante las dificultades económicas del país, en el Plan se registra la preocupación por la eficiencia de las industrias, en particular las relacionadas con el logro del bienestar social, considerando
que en la concepción peronista la producción cara e ineficiente es apreciada como contraria al bien común. Por ello, y tendiendo al logro de estos objetivos, el Segundo Plan Quinquenal establece -entre otros asuntos- el asesoramiento técnico estatal, el análisis en la asignación de divisas, y el estímulo para la racionalización del sector privado con el propósito de atender al mercado interno y a la producción exportable.
Por otra parte, y advirtiendo los denominados "nichos vacíos" de la actividad industrial -esto es, los sectores básicos o dinámicos- se ordena dar prioridad al desarrollo de las ramas productivas tales como siderurgia, metalúrgica, química, y también al área de transporte y de energía; a los mencionados rubros se los califica como un estadio superior de la industrialización argentina. Aquí conviene señalar que r esulta llamativo el establecimiento de dichos nuevos focos de atención centrados en la producción pesada cuando la aprobación de la denominada Ley Savia -que prevé la instalación de una planta siderúrgica- data del año 1951 pero sin lograr concreción. Los enunciados del Plan, cimentados en un fuerte voluntarismo, pueden apenas materializarse y, ante la delicada situación por la que atraviesa la economía del país en su conjunto, el gobierno
apuesta, como salida positiva, a la radicación de capitales externos.
La industria nacional a comienzos de los años 50 exhibe notables aristas problemáticas. Una de ellas es la insuficiente inversión de capitales tanto de orden público como de origen privado; los requerimientos de recursos son particularmente imprescindibles para hacer frente a la provisión de equipamiento, repuestos y combustibles que, a lo largo de esos años, son mayoritariamente de origen importado.
Frente a ese panorama, con el propósito de revitalizar la economía y, desde luego, superar los inconvenientes provenientes de la balanza de pagos, el poder público resuelve facilitar la llegada de capitales de origen externo.
El objetivo primordial es lograr la reactivación del alicaído proceso fabril mediante la obtención del financiamiento requerido para nuevos emprendimientos industriales, como así también incorporar la tecnología e insumas necesarios a través de la inversión externa directa, especialmente proveniente de los Estados Unidos. Y aquí conviene agregar que en amplios sectores de la sociedad las empresas extranjeras son apreciadas positivamente al poseer modernas tecnologías y métodos productivos.
De hecho, la acción en favor de atraer las radicaciones de procedencia externa, significa un replanteo no sólo de la marcha de la actividad industrial en general, sino que esencialmente se trata del abandono del nacional-populismo vigente. En efecto, a partir del año 1953, el presidente Juan D. Perón, alejándose de su propio discurso de tinte nacionalista, procura lograr la inversión de capitales extranjeros en el sector industrial
argentino. Así, la política oficial del gobierno se encamina a concertar acuerdos directos con importantes firmas de origen estadounidense e italiano que producen vehículos, automóviles y maquinarias. A nivel legislativo, en el mes de agosto de ese año se sanciona la Ley N° 14.222 que propicia las inversiones externas dirigidas a actividades fabriles y mineras. Se trata del primer instrumento legal que se orienta a atraer y facilitar la radica-ción de empresas industriales extranjeras que se dediquen a las actividades previstas por los planes de gobierno, en particular por el Segundo Plan Quinquenal.
Se aplica a esa fase la denominación de industrialización sustitutiva de importaciones basada en las empresas transnacionales (ET). Ciertamente, la decisión del gobierno argentino coincide con el propio interés que las compañías extranjeras demuestran, dado que la estrategia coyuntural de crecimiento que ellas elaboran se basa en la expansión de sus filiales en los países periféricos.
No obstante, si bien esas acciones logran la radicación en el país de catorce filiales de empresas extranjeras entre 1953 y 1955, sólo obtienen inversiones modestas y la dependencia energética persiste de manera notable. Recién en los años siguientes el proceso de acumulación de capital industrial se evidencia con gran intensidad y se instalan en el país cerca de doscientas firmas provenientes de otros países.
Esta intensificación del aporte de capitales y tecnologías de origen internacional ahonda el proceso de sustitución de importaciones; claro está que con un matiz diferente al del proceso anterior pues ahora la penetración extranjera en la economía nacional adquiere mayor intensidad. Ella aborda, de manera preferencial,
los rubros dinámicos y su actividad orienta y acapara el crecimiento del sector manufacturero pero, sin embargo, transfiere al exterior sus utilidades.
En Córdoba, a partir de 1952, la reconocida Fábrica Militar de Aviones (FMA) creada en el año 1927, diversifica su producción. Así, se constituye sobre la base del antiguo Instituto Aerotécnico, la empresa estatal Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado (lAME) que se aboca a la fabricación de motores, automóviles -los recordados "Graciela Institec" y "Rastrojero"-, motocicletas "Puma", lanchas y veleros, paracaídas, maquinarias y herramientas diversas.
Ese establecimiento, por su trascendente accionar, se convierte en piedra angular de la industria pesada del país; cabe mencionar que ocupa a más del 50% de la mano de obra que emplea el conjunto de las industrias dinámicas cordobesas. Por otra parte, es destacable su labor como agente promotor de la actividad manufacturera pues proporciona a los noveles industriales ayuda técnica, asesoramiento, laboratorios, y fomenta la producción en serie y el empleo de procesos industriales racionales que reemplacen al modo de trabajo artesanal. Una importante rama productiva del IAME está representada por la fabricación de tractores "El Pampa". A los pocos meses de aprobarse la ley de radicación de capitales externos, las autoridades gubernamentales inician la licitación para privatizar la fábrica de tractores del IAME.
En este proceso resulta seleccionada la firma italiana FIAT, que ya actuaba como proveedora de la antigua fábrica de tractores estatal. Desde entonces, la compañía itálica extiende sus producciones y constituye FIAT Concord Argentina, transformándose en la mayor planta existente fuera de su país de origen. Cabe aclarar que esta radicación obtiene créditos blandos por parte del Banco de Crédito Industrial Argentino, como así también aporte de equipos y de personal calificado por parte de FMA; estas ventajas son concedidas también a
las empresas automotrices que llegan a Córdoba en los años siguientes. Evidentemente la instalación de este complejo industrial consolida un verdadero polo de desarrollo de las ramas metal-mecánica, automotriz y de tractores en la ciudad capital, y constituye un poderoso incentivo para la creación y la producción de nume-rosísimas industrias subsidiarias al actuar en un mercado interno protegido.
Una nueva e importante radicación de compañías externas acontece en 1955, al instalarse en la provincia de Córdoba la primera y más grande fábrica de automóviles en serie del país, que en menos de diez años produce 300 mil vehículos. Se trata de Industrias Kaiser Argentina (IKA), empresa de origen esta-dounidense que como respuesta a la apertura nacional al capital extranjero, radica una filial en Argentina a través de un contrato efectuado con el IAME.
Ese emprendimiento, localizado cerca de la planta estatal, recibe también los terrenos para la construcción de las naves industriales en las proximidades de la ciudad de Córdoba, el aporte de maquinarias, de trabajadores entrenados, como así también créditos beneficiosos y la posibilidad de importar automóviles producidos en los últimos tiempos en su país de origen.
Su accionar significa el inicio de la producción de automóviles a gran escala; primero la Estanciera y el Jeep Willys y, con posterioridad, los de pasajeros Kaiser Carabela y Bergantín. En noviembre de 1959 IKA firma un contrato de licencia y asistencia técnica para la fabricación de vehículos con la Régie Nationale des Usines Renault; así, se producen los Renault Dauphine y Torino. En 1962, se concreta un nuevo acuerdo, esta vez, con la empresa American Motors Corporation de Detroit (Estados Unidos) y se inicia la producción del Rambler.
La radicación de IKA y de las empresas que constituyen el Grupo FIAT proporciona la impronta definitiva para la caracterización de la actividad industrial de Córdoba. Al mismo tiempo, el acentuado crecimiento de las diversas producciones dinámicas -entre ellas vehículos, motores, tractores- se ve claramente favorecido por un mercado provincial y extra-provincial con una gran demanda insatisfecha. La significación de las grandes industrias automotrices asentadas en Córdoba trasciende los límites estrictos de la fabricación de repuestos o de determinadas partes, pues desencadena y requiere de la acción de numerosas empresas que se dediquen a producir pinturas, cristales, combustibles, tapicería, como así también máquinas, herramientas, matrices y dispositivos. El accionar de estos grandes emprendimientos fabriles vigoriza notablemente la vida económica de la provincia; al aportar importantes capitales y generar miles de fuentes de trabajo ocasiona, indudablemente, una benéfica influencia en la vida de la comunidad y en este predominio de las fabricaciones dinámicas consiste la presencia relevante de la provincia de Córdoba en el proceso industrial argentino.
Cabe mencionar que la ley de radicación de capitales de origen externo también permite la llegada a nuestro país de Mercedes Benz, que instala una fábrica de camiones en González Catán, provincia de Buenos Aires.
El contenido de la mencionada Ley N° 14.222 da lugar a la firma de los convenios referentes a la producción petrolera que, sin duda, representan el punto más polémico de la inversión de capitales foráneos. Como se sabe, las posibilidades de explotación petrolera del país se ven incrementadas ante los descubrimientos de nuevos yacimientos; paralelamente, la demanda de combustibles registra un persistente incremento. Sin embargo, la acción de YPF encuentra dificultades frente a la necesidad de importar la tecnología i mprescindible para la explotación de las reservas existentes.
En el año 1955, para incrementar la producción y resolver la escasez de combustibles, se resuelve concretar los discutidos acuerdos petroleros con la compañía Standard Oil de California, que conceden a la empresa estadounidense la explotación por cuarenta años de cincuenta mil kilómetros cuadrados en Santa Cruz. Las cláusulas -que repiten prácticas de concesión de territorio propias de la región de Medio Oriente- ocasionan un gran debate en el Congreso de la Nación y entre la ciudadanía en general, en especial lo concerniente a la facultad de la empresa de construir y emplear con exclusividad puertos, aeropuertos, caminos, importar libremente insumos, repatriar utilidades sin restricciones y no acatar, dentro del área otorgada, la legislación laboral argentina. No obstante, debe señalarse que al sobrevenir los acontecimientos político -militares del 16 de septiembre de 1955, que ponen fin al gobierno de Perón, el Congreso nada ha resuelto sobre esta temática.
Las decisiones políticas adoptadas en el corto plazo a partir de la caída del gobierno peronista tienden, por un lado, a desmantelar los sostenes de la intervención estatal en la economía del país y, por el otro, a hacer frente a las dificultades económicas -en particular a la inflación y a la crisis en la balanza de pagos- dado que las exportaciones son menores que las importaciones.
Frente a la situación, cobran vigor y se difunden ampliamente los debates en torno al modo de alcanzar el desarrollo económico de Argentina y, fundamentalmente discernir qué papel debe protagonizar la industria en
el logro de dicho objetivo. En su mayoría, las opiniones coinciden en afirmar que por esos tiempos el país atraviesa un callejón sin salida y que la actividad fabril puede promover el desarrollo sostenido. Sin embargo, se advierten claramente dos posiciones diferentes.
Una de las tendencias -de marcado tinte liberal- sostiene que las políticas dispuestas por el Estado peronista son las responsables de todas las dificultades existentes y que, por lo tanto, la solución es limitar el papel del poder público, apoyar la acción de la libre empresa y fomentar la inversión realizando una fuerte atracción a la radicación de capitales externos. Con respecto a la producción se afirma que las políticas a instrumentarse deben promover la profundización de la industrialización del país y alcanzar de ese modo la integración del sistema respectivo, entendiendo por tal el abordaje más intenso de los sectores dinámicos que hasta el momento estaban en su mayor parte cubiertos vía importación.
Por otro lado, los sectores nacionalistas pretenden reformar el Estado -aunque corrigiendo excesos y desvíos en su accionar- como modo de revitalizar y promover una equitativa distribución de la riqueza. En este aspecto, conceden especial importancia a la actividad industrial de capital nacional como dadora de empleos y promotora del crecimiento en su conjunto. Por lo tanto, en opinión de estos grupos, el sector fabril debe ser protegido de la competencia externa a través de una adecuada estrategia de consolidación de la producción. En
el debate mencionado el tema de la industria constituye casi una obsesión para los argentinos y la imagen de un proceso de industrialización tardío, incompleto y trunco se asocia a la del destino frustrado del país. Esta atrapante búsqueda de explicaciones y soluciones -que se prolonga en el tiempo y aún convoca en nuestros días amplia discusión, tanto en ámbitos académicos cuanto en la opinión pública en general- transcurre a fines de los años 50 en un contexto económico que continua exhibiendo graves problemáticas. Entre ellas, puede mencionarse la acción oligopólica del capital industrial externo que acentúa antiguas falencias del proceso productivo al marginar a los sectores fabriles que, habiendo prosperado en la primera etapa de sustitución de
importaciones, resultan en este nuevo período ineficientes frente a las grandes empresas transnacionales. En segundo lugar, la ubicación preferencial de estas filiales en la zona portuaria y litoral -que se extiende desde La Plata hasta la ciudad de Rosario- profundiza en el país la dualidad espacial centro-periferia. En efecto, resulta claramente observable la conformación en la República de un espacio geográfico que reúne el poder político y económico, pues en él se localizan más del 50% de la población, modernos y eficaces medios de transportes, fuentes de energía, centros asistenciales y educativos, amplia gama de servicios, y una elevada actividad agrícola-ganadera que se presenta como moderna, tecnificada, eficiente y de creciente productividad. El resto -subordinado al anterior por no contar con los recursos necesarios- permanece retrasado y sin posibilidades de desarrollarse o competir con aquél.
Consolidación industrial y capitales externos
Desde los últimos años de la década de 1950 tiene lugar en nuestro país el despliegue de la denominada última fase de la industrialización sustitutiva de importaciones (ISI), que se extiende hasta el golpe militar que estalla el 24 de marzo de 1976. En este tramo de la evolución industrial argentina, el actor más importante lo constituye el conjunto de empresas transnacionales (ET) centradas en los sectores capital-intensivos y en los rubros manufactureros que comprenden las denominadas "industrias dinámicas", también caracterizados por sus modernos métodos de producción.
A raíz de la revolución del 16 de septiembre de 1955 que destituye de la Presidencia al Gral. Juan Domingo Perón, la vida política e institucional del país resulta fuertemente alterada. El Gral. Eduardo Lonardi, jefe de la sublevación armada, ejerce el poder por un breve lapso e inicia el reordenamiento general de acuerdo con las pautas surgidas del movimiento revolucionario; entre ellas puede mencionarse la suspensión de la vigencia del segundo Plan Quinquenal. Lo sucede el Gral. Pedro Eugenio Aramburu quien, a lo largo de su mandato, aprueba la vinculación del país con los organismos financieros internacionales (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Club de París), la desarticulación del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI), y un conjunto de disposiciones tendientes a debilitar tanto el poder de los sindicatos cuanto al propio justicialismo; todo ello destinado a hacer desaparecer el denominado "Estado Peronista".
Es posible aseverar que de tal modo se pone fin a la etapa originada a comienzos de la década del 40, caracterizada por un creciente intervencionismo del poder público en las actividades productivas y una fuerte injerencia estatal a través de políticas de planificación y control. En suma, finaliza un Estado designado como benefactor en los años correspondientes al primero y segundo gobierno peronista.
destinadas a promover el crecimiento económico giran en torno a cuatro tipos de medidas con las que se pretende atacar el estancamiento y la crónica inflación: los planes de estabilización, las devaluaciones, las
inver-siones extranjeras y los empréstitos externos. De hecho, las disposiciones que se aprueban resultan de las dos líneas de pensamiento que se alternan en su predominio en el poder: el nacionalismo y el liberalismo.
El retorno a la vigencia de las instituciones republicanas se produce en el año 1958 cuando asume el presidente electo Arturo Frondizi, perteneciente a la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI).
Sin embargo, en tal época la vida política e institucional argentina dista mucho de reflejar la completa voluntad del electorado, pues gran parte de éste se encuentra impedido de ejercer sus derechos políticos a raíz de la proscripción del peronismo ordenada en tiempos del Gral. Aramburu. En consecuencia, a lo largo de la década de 1960 el proceso democrático exhibe graves revueltas y atraviesa significativos momentos críticos que dan lugar a la denominada alternancia cívico-militar, esto es, la sucesión de gobiernos militares de facto y gobiernos elegidos por la ciudadanía. De tal manera, las alteraciones institucionales demuestran la debilidad que posee el sistema republicano en nuestro país y, como resulta claramente comprensible, todo quiebre en la vida de las instituciones de gobierno incide de modo notable en la formulación y ejecución de las políticas de Estado, y en la producción en su conjunto.
El desarrollismo y la industria
A partir de mayo de 1958 el presidente Arturo Frondizi pone en marcha un nuevo y ambicioso programa económico sustentado en el desarrollismo, cuya filosofía puede resumirse en la afirmación de que la exportación de materias primas no alcanza por sí misma para posibilitar el crecimiento económico y que, por tanto, es imperioso modificar la dependencia de nuestro país de la importación de materiales esenciales tales como acero, productos químicos y combustibles. En consecuencia, como medio para acelerar la sustitución de importaciones, resulta prioritario orientar la producción fabril hasta alcanzar una plena economía industrial inte-grada, en donde los sectores de combustibles, energía y ramas dinámicas ocupen la escena productiva con un adecuado desarrollo tecnológico. De igual manera, desde el gobierno se apunta a fomentar tanto la fabricación de automóviles y camiones como así también la creación de una red de rutas que interconecte las distintas regiones del país. Para lograr tales metas se estima imprescindible facilitar y promover las inversiones externas, y para tal fin se aprueba la ley N° 14.780 que brinda a los capitales extranjeros igual trato que a los locales y libera la transferencia al exterior de las utilidades de las empresas internacionales.
De ese modo, en el desarrollo de la actividad industrial tiene lugar la ocupación de los denominados "casilleros vacíos" de la producción de bienes de consumo durables (en particular, los sectores automotriz y de electrodomésticos), los bienes e insumos intermedios (las ramas química y petrolera) que se erigen en el motor del crecimiento y, en menor proporción, los bienes de capital y equipos.
Como hemos descripto, ya desde el comienzo de los años 50 se inicia un replanteo en el proceso industrial de nuestro país, en el cual la entrada de tecnología y de inversiones directas provenientes de empresas internacionales se visualiza como el camino hacia la obtención de las maquinarias y divisas necesarias para proseguir con la producción fabril. Así se intenta revivir la experiencia que atravesara la República Argentina
hasta la tercera década del siglo XX, en donde el ingreso de las inversiones externas en los rubros productivos es ponderada como de gran incidencia positiva.
Por otra parte, cabe destacar que la decisión política en torno a la necesaria intervención del capital foráneo coincide con el propio interés que demuestran las empresas extranjeras, dado que la propuesta coyuntural de crecimiento que éstas elaboran se basa en la expansión de sus filiales en distintos países. La particular estrategia e intenciones predominantes en las firmas fabriles externas permite afirmar que esta
sub-etapa podría rotularse como de "industrialización por desborde" de las empresas externas de su mercado local. Al respecto, no debe perderse de vista la notable hegemonía económica que ejercen los Estados Unidos y su vigorosa expansión de capitales a través de la radicación de filiales industriales en países periféricos.
De tal manera, desde el plano internacional la propuesta desarrollista resulta alimentada por la puesta en marcha de la Alianza para el Progreso concebida en los EE.UU. y que, bajo la especial combinación de industrialización y seguridad hemisférica, se traduce en ayuda técnica y financiera a los países latinoamericanos para que se encaminen en la solución de sus problemáticas económico-sociales y se alejen de la senda
revolu-cionaria que emprende Cuba en esa época.
En nuestro país, desde fines de los años 50 y a lo largo de la década de 1960 la marcada aceleración de la actividad fabril se traduce en la puesta en marcha de un gran número de proyectos empresarios en las ramas