NUESTRAS PROPIAS SOMBRAS NUESTRAS PROPIAS SOMBRAS
TENTA
TENTACIONE
CIONES. CO
S. COMPLEJ
MPLEJOS. L
OS. LIMITA
IMITACION
CIONES
ES
Anselm Gr Anselm Grüünn
PRÓLOGO A LA EDICIÓN ESPAÑOLA
PRÓLOGO A LA EDICIÓN ESPAÑOLA
Carlos Castro Cubells Carlos Castro Cubells
Este segundo libro del P. Anselm Gr
Este segundo libro del P. Anselm Grüün O.S.B. que he traducido me invita an O.S.B. que he traducido me invita a hac
hacer er unaunas s refreflexlexioniones es que que conconsidsideroero úútiles para el lector espatiles para el lector españñol y, enol y, en general, para todo el que se interese por el momento espiritual y meditativo general, para todo el que se interese por el momento espiritual y meditativo que vivimos. El primer libro que traduje fue
que vivimos. El primer libro que traduje fue La mitad de la vida como tarea La mitad de la vida como tarea espiritual
espiritual ; este segundo no creo que sea el; este segundo no creo que sea el úúltimo pues ya estltimo pues ya estáá en el telar laen el telar la traducci
traduccióón n dde e aallggununo o mmáás s ddel el mmisismmo o auautotorr. . PPor or elello lo mme e sisieentnto o een n lala necesidad cordial y agradecida de presentar de una manera m
necesidad cordial y agradecida de presentar de una manera máás detallada als detallada al autor y se
autor y seññalar su intento, es decir aquello que nos sugiere sin decalar su intento, es decir aquello que nos sugiere sin decíírnoslo delrnoslo del todo.
todo. El P.
El P. AnAnselselm m GrGrüün n es un es un momonjnje e y y vivive ve su monsu monacacatato o en una en una ababadadííaa benedictina del centro de Europa que se dilata en af
benedictina del centro de Europa que se dilata en af áán y en esperanza hastan y en esperanza hasta los confines del mundo y que es misionera. Ahora remit
los confines del mundo y que es misionera. Ahora remitáámonos al presentemonos al presente libro. Y es ... que el presente libro nos indica y hasta nos denuncia un libro. Y es ... que el presente libro nos indica y hasta nos denuncia un impulso del autor que no es s
impulso del autor que no es sóólo impulso sino que se ha convertido enlo impulso sino que se ha convertido en vocaci
vocacióón.n.
Ese impulso y vocaci
Ese impulso y vocacióón consiste en presentar la inmensa riqueza y n consiste en presentar la inmensa riqueza y profundidad de la vida monacal a los contempor
profundidad de la vida monacal a los contemporááneos, hermanos actualesneos, hermanos actuales del que hoy es monje. Pero cuidado con lo dicho. No se trata de presentar a del que hoy es monje. Pero cuidado con lo dicho. No se trata de presentar a los hombres de hoy “la actualidad del monacato”, ni de hacer una apolog los hombres de hoy “la actualidad del monacato”, ni de hacer una apolog íía,a, que ser
que seríía «“apolog a «“apolog éética”, de la vida montica”, de la vida monáástica. ¡Qustica. ¡Quéé horror! Apolog horror! Apolog éética y tica y vida mon
vida monáástica son terminos incompatibles. El monje no necesita nistica son terminos incompatibles. El monje no necesita ni apolog
apolog éética ni “poner al dtica ni “poner al díía”, ni demostrar que tambia”, ni demostrar que tambiéén hoy los monjesn hoy los monjes tie
tienen nen actactualualidaidad, d, o o cuacualqulquier ier ttóópico semejante propio de otros prediospico semejante propio de otros predios superficiales y buscadores del
superficiales y buscadores del úúltimo tren de las corrientes de opiniltimo tren de las corrientes de opinióón n y y moda.
moda.
No. Se trata de otra cosa. Se trata de presentar l
No. Se trata de otra cosa. Se trata de presentar lúúcida, lealmente, con rigor locida, lealmente, con rigor lo que es la visi
que es la visióón que de la realidad, y de lan que de la realidad, y de la úúltima realidad, han tenido y tienenltima realidad, han tenido y tienen los monjes. Por eso el P. Anselm emplaza a los monjes del pasado – con ello los monjes. Por eso el P. Anselm emplaza a los monjes del pasado – con ello emplaza a los del presente, y se emplaza a s
emplaza a los del presente, y se emplaza a síí mismo – para que de su voz y elmismo – para que de su voz y el testimonio de su experiencia en puntos decisivos de nuestra vida. veamos. testimonio de su experiencia en puntos decisivos de nuestra vida. veamos. Hay en el P. Anselm dos preguntas no expresadas del todo y que conviene Hay en el P. Anselm dos preguntas no expresadas del todo y que conviene decir y dar raz
decir y dar razóón de ellas. La primera cuestin de ellas. La primera cuestióón n eses éésta: ¿Csta: ¿Cóómo vivieron losmo vivieron los monjes – la tradici
monjes – la tradicióón monn monáástica – los problemas esenciales de nuestra vida?stica – los problemas esenciales de nuestra vida? para responder a esta pregunta hay que o
La
La segsegununda da cuecuestistióón reza asn reza asíí: : En En el el trtratato, o, cocomemercrcioio, , rerelalacicióón n ccoon n eesososs prob
problemalemas, s, ¿qu¿quéé descdescubrieubrieron ron los los monmonjes, jes, ququéé dijeron y ensedijeron y enseññaron, quaron, quéé horizontes tocaron y desde qu
horizontes tocaron y desde quéé lenguaje podemos seguir un dilenguaje podemos seguir un diáálogologo fecundo? Como puede verse las cuestiones no son peque
fecundo? Como puede verse las cuestiones no son pequeññas y nos sumergenas y nos sumergen hasta el abismamiento en lo que es la vocaci
hasta el abismamiento en lo que es la vocacióón monacal, en lo que es lan monacal, en lo que es la vocaci
vocacióón del hombre que se arriesga a bucear por los mares infinitos de lan del hombre que se arriesga a bucear por los mares infinitos de la existencia.
existencia. ¿C
¿Cóómo vivieron los monjes –o un monje- las crisis de la vida, nuestra relacimo vivieron los monjes –o un monje- las crisis de la vida, nuestra relacióónn con el mal, la relaci
con el mal, la relacióón con el prn con el próó jimo? Estos jimo? Estos son son los los temas temas del del P. P. Anselm Anselm . . y y tambi
tambiéén, segunda pregunta, ¿qun, segunda pregunta, ¿quéé descubrieron y qudescubrieron y quéé nos ensenos enseññaron? ¿Cuaron? ¿Cuááll fue su lenguaje y c
fue su lenguaje y cóómo hablar de ello con ellos y entre nosotros?mo hablar de ello con ellos y entre nosotros?
EL MAL COMO EXPERIENCIA
EL MAL COMO EXPERIENCIA
El mal es una experiencia que todo hombre tiene y que no es una teor
El mal es una experiencia que todo hombre tiene y que no es una teoríía, nia, ni una pregunta metaf
una pregunta metaf íísica. El mal es algo que todos experimentamos de unasica. El mal es algo que todos experimentamos de una manera concreta y particular y, por ello, antes de hablar del mal deber
manera concreta y particular y, por ello, antes de hablar del mal deberííamosamos hablar de los males. ¿C
hablar de los males. ¿Cóómo vieron los males y el mal como conjunto demo vieron los males y el mal como conjunto de males los antiguos monjes? ¿Qu
males los antiguos monjes? ¿Quéé descubrieron y qudescubrieron y quéé nos dijeron acerca denos dijeron acerca de ello?
ello?
Estas fascinantes preguntas constituyen el tema y el objeto de este peque Estas fascinantes preguntas constituyen el tema y el objeto de este pequeññoo libro que es profundo y sugestivo como pocos. Un libro que s
libro que es profundo y sugestivo como pocos. Un libro que sóólo tiene unlo tiene un de
defefectcto: o: el el de de seser r exexcecesisivavamementnte e brbreveve e y y obobliligagar, r, popor r elellolo, , al al trtradaducuctotor- r-pr
prolologogisista ta a a expexplalayayarsrse e y y exextetendnderersese. . PoPor r eseso o lo lo hahago go sisin n didisisimumulalar r mimi satisfacci
satisfaccióón, sobre todo, por tratarse de quien se trata: un monje benedictinon, sobre todo, por tratarse de quien se trata: un monje benedictino y alem
y alemáán.n.
El monje antiguo y el actual sabe que hay un mal f
El monje antiguo y el actual sabe que hay un mal f íísico que produce un dolorsico que produce un dolor f
f íísico. Sabe tambisico. Sabe tambiéén que hay un mal del alma que constituye el mal psn que hay un mal del alma que constituye el mal psííquicoquico y,
y, porpor úúltimo, sabe que hay un mal espiritual que es el mal del espltimo, sabe que hay un mal espiritual que es el mal del espííritu. Losritu. Los monjes no han necesitado, para hacer esta divisi
monjes no han necesitado, para hacer esta divisióón, recurrir a la terminolog n, recurrir a la terminolog ííaa moderna, pues desde antiguo ellos sab
moderna, pues desde antiguo ellos sabíían –y de ellos lo aprendieron losan –y de ellos lo aprendieron los modernos- que hab
modernos- que habíía un hombre physicha un hombre physichóós, otro physichos y otros, otro physichos y otro pneumatich
pneumatichóós. Cada estrato del ser o de la persona, el f s. Cada estrato del ser o de la persona, el f íísico, el pssico, el psííquico y elquico y el espiritual experimenta una faceta del mal.
espiritual experimenta una faceta del mal. El monje antiguo experiment
El monje antiguo experimentóó el mal f el mal f íísico y lo soportsico y lo soportóó con los recursos de lacon los recursos de la
é
época y la mejor presencia depoca y la mejor presencia de áánimo que le fue concedida. Fue mucho mnimo que le fue concedida. Fue mucho mááss
avisado y entendido de los males ps
avisado y entendido de los males psííquicos. Tuvieron los monjes de la granquicos. Tuvieron los monjes de la gran
é
época (siglos III al VI) una perspicacia psicolpoca (siglos III al VI) una perspicacia psicolóógica poco comgica poco comúún e hicieronn e hicieron
descubrimientos pr
descubrimientos práácticos que la ciencia tardarcticos que la ciencia tardaríía siglos en reconocer. Sina siglos en reconocer. Sin embargo –y esto nos lo ense
embargo –y esto nos lo enseñña muy discretamente y en fina sugerencia el P.a muy discretamente y en fina sugerencia el P. Anselm-
Anselm- no no es es el el objetivo objetivo esencial esencial del del monte monte ser ser psicpsicóólogo o quedarse en ellogo o quedarse en el plano psicol
plano psicolóógico. El monje descubre, cultiva y se mueve en el plano delgico. El monje descubre, cultiva y se mueve en el plano del esp
espííritu. Pero no olvida los otros dos planos. Y en el plano del espritu. Pero no olvida los otros dos planos. Y en el plano del espííritu, o en laritu, o en la esfera del esp
La
La segsegununda da cuecuestistióón reza asn reza asíí: : En En el el trtratato, o, cocomemercrcioio, , rerelalacicióón n ccoon n eesososs prob
problemalemas, s, ¿qu¿quéé descdescubrieubrieron ron los los monmonjes, jes, ququéé dijeron y ensedijeron y enseññaron, quaron, quéé horizontes tocaron y desde qu
horizontes tocaron y desde quéé lenguaje podemos seguir un dilenguaje podemos seguir un diáálogologo fecundo? Como puede verse las cuestiones no son peque
fecundo? Como puede verse las cuestiones no son pequeññas y nos sumergenas y nos sumergen hasta el abismamiento en lo que es la vocaci
hasta el abismamiento en lo que es la vocacióón monacal, en lo que es lan monacal, en lo que es la vocaci
vocacióón del hombre que se arriesga a bucear por los mares infinitos de lan del hombre que se arriesga a bucear por los mares infinitos de la existencia.
existencia. ¿C
¿Cóómo vivieron los monjes –o un monje- las crisis de la vida, nuestra relacimo vivieron los monjes –o un monje- las crisis de la vida, nuestra relacióónn con el mal, la relaci
con el mal, la relacióón con el prn con el próó jimo? Estos jimo? Estos son son los los temas temas del del P. P. Anselm Anselm . . y y tambi
tambiéén, segunda pregunta, ¿qun, segunda pregunta, ¿quéé descubrieron y qudescubrieron y quéé nos ensenos enseññaron? ¿Cuaron? ¿Cuááll fue su lenguaje y c
fue su lenguaje y cóómo hablar de ello con ellos y entre nosotros?mo hablar de ello con ellos y entre nosotros?
EL MAL COMO EXPERIENCIA
EL MAL COMO EXPERIENCIA
El mal es una experiencia que todo hombre tiene y que no es una teor
El mal es una experiencia que todo hombre tiene y que no es una teoríía, nia, ni una pregunta metaf
una pregunta metaf íísica. El mal es algo que todos experimentamos de unasica. El mal es algo que todos experimentamos de una manera concreta y particular y, por ello, antes de hablar del mal deber
manera concreta y particular y, por ello, antes de hablar del mal deberííamosamos hablar de los males. ¿C
hablar de los males. ¿Cóómo vieron los males y el mal como conjunto demo vieron los males y el mal como conjunto de males los antiguos monjes? ¿Qu
males los antiguos monjes? ¿Quéé descubrieron y qudescubrieron y quéé nos dijeron acerca denos dijeron acerca de ello?
ello?
Estas fascinantes preguntas constituyen el tema y el objeto de este peque Estas fascinantes preguntas constituyen el tema y el objeto de este pequeññoo libro que es profundo y sugestivo como pocos. Un libro que s
libro que es profundo y sugestivo como pocos. Un libro que sóólo tiene unlo tiene un de
defefectcto: o: el el de de seser r exexcecesisivavamementnte e brbreveve e y y obobliligagar, r, popor r elellolo, , al al trtradaducuctotor- r-pr
prolologogisista ta a a expexplalayayarsrse e y y exextetendnderersese. . PoPor r eseso o lo lo hahago go sisin n didisisimumulalar r mimi satisfacci
satisfaccióón, sobre todo, por tratarse de quien se trata: un monje benedictinon, sobre todo, por tratarse de quien se trata: un monje benedictino y alem
y alemáán.n.
El monje antiguo y el actual sabe que hay un mal f
El monje antiguo y el actual sabe que hay un mal f íísico que produce un dolorsico que produce un dolor f
f íísico. Sabe tambisico. Sabe tambiéén que hay un mal del alma que constituye el mal psn que hay un mal del alma que constituye el mal psííquicoquico y,
y, porpor úúltimo, sabe que hay un mal espiritual que es el mal del espltimo, sabe que hay un mal espiritual que es el mal del espííritu. Losritu. Los monjes no han necesitado, para hacer esta divisi
monjes no han necesitado, para hacer esta divisióón, recurrir a la terminolog n, recurrir a la terminolog ííaa moderna, pues desde antiguo ellos sab
moderna, pues desde antiguo ellos sabíían –y de ellos lo aprendieron losan –y de ellos lo aprendieron los modernos- que hab
modernos- que habíía un hombre physicha un hombre physichóós, otro physichos y otros, otro physichos y otro pneumatich
pneumatichóós. Cada estrato del ser o de la persona, el f s. Cada estrato del ser o de la persona, el f íísico, el pssico, el psííquico y elquico y el espiritual experimenta una faceta del mal.
espiritual experimenta una faceta del mal. El monje antiguo experiment
El monje antiguo experimentóó el mal f el mal f íísico y lo soportsico y lo soportóó con los recursos de lacon los recursos de la
é
época y la mejor presencia depoca y la mejor presencia de áánimo que le fue concedida. Fue mucho mnimo que le fue concedida. Fue mucho mááss
avisado y entendido de los males ps
avisado y entendido de los males psííquicos. Tuvieron los monjes de la granquicos. Tuvieron los monjes de la gran
é
época (siglos III al VI) una perspicacia psicolpoca (siglos III al VI) una perspicacia psicolóógica poco comgica poco comúún e hicieronn e hicieron
descubrimientos pr
descubrimientos práácticos que la ciencia tardarcticos que la ciencia tardaríía siglos en reconocer. Sina siglos en reconocer. Sin embargo –y esto nos lo ense
embargo –y esto nos lo enseñña muy discretamente y en fina sugerencia el P.a muy discretamente y en fina sugerencia el P. Anselm-
Anselm- no no es es el el objetivo objetivo esencial esencial del del monte monte ser ser psicpsicóólogo o quedarse en ellogo o quedarse en el plano psicol
plano psicolóógico. El monje descubre, cultiva y se mueve en el plano delgico. El monje descubre, cultiva y se mueve en el plano del esp
espííritu. Pero no olvida los otros dos planos. Y en el plano del espritu. Pero no olvida los otros dos planos. Y en el plano del espííritu, o en laritu, o en la esfera del esp
enf
enfermermos os f f íísicos y pssicos y psííququicicosos, , lolos s hahay y esespipiriritutualaleses. . Y Y si si el el enenfefermrmo o f f íísicosico requiere tratamiento f
requiere tratamiento f íísico y si el pssico y si el psííquico demanda tratamientoquico demanda tratamiento psiqui
psiquiáátrico, el enfermo espiritual pide un adecuado tratamiento que es detrico, el enfermo espiritual pide un adecuado tratamiento que es de orden espiritual, penum
orden espiritual, penumáático o religioso que tiende a su sanacitico o religioso que tiende a su sanacióón, que esn, que es salvaci
salvacióón y que no tiene otro nombre que el tradicional de la conversin y que no tiene otro nombre que el tradicional de la conversióón.n. En estos males del alma y del esp
En estos males del alma y del espííritu fueron especialistas los antiguos y losritu fueron especialistas los antiguos y los modernos monjes. lo que les debemos es algo extraordinario que alg
modernos monjes. lo que les debemos es algo extraordinario que alg úún n ddíía a y y en alg
en alg úún lugar habrn lugar habráá que detallar y resumir histque detallar y resumir históóricamente. Han sido y sonricamente. Han sido y son los monjes especialistas en curaciones y tambi
los monjes especialistas en curaciones y tambiéén en el conocimienton en el conocimiento pr
prááctico de los riesgos y dificultades de la existencia. Serctico de los riesgos y dificultades de la existencia. Seríía, sin embargo,a, sin embargo, mutilada la visi
mutilada la visióón de lo que es un monje creer que sn de lo que es un monje creer que sóólo es especialista en ello es especialista en el conocimiento y tratamiento de los males. Fue y es tambi
conocimiento y tratamiento de los males. Fue y es tambiéén un fino catadorn un fino catador de los bienes, del bien y del abismo infinito de la verdad, bondad y belleza en de los bienes, del bien y del abismo infinito de la verdad, bondad y belleza en el absoluto de Dios.
el absoluto de Dios.
Pero el libro que nos ocupa y da pie a estas reflexiones versa sobre el mal y Pero el libro que nos ocupa y da pie a estas reflexiones versa sobre el mal y los malignos, es decir, los demonios. Se me ocurre glosar en nuestro idioma los malignos, es decir, los demonios. Se me ocurre glosar en nuestro idioma espa
españñol dos cosas. Es la primera, la riqueza de la experiencia psicolol dos cosas. Es la primera, la riqueza de la experiencia psicolóógicagica monacal. La segunda es la cuesti
monacal. La segunda es la cuestióón del lenguaje con el que se aborda el teman del lenguaje con el que se aborda el tema co
concncrereto to dedel l mamal. l. TTododo o elello lo esesttáá dedentntro ro de de la la cucuesestitióón n ddel el mmal al cocommoo experiencia.
experiencia. S
Síí, , es es ununa a expexpererieiencncia ia coconcncrereta ta y y enencacauzuzadada a popor r cacamiminonos s prpráácticticos cos queque buscan el equilibrio concreto y real de personas reales. Y esas personas reales buscan el equilibrio concreto y real de personas reales. Y esas personas reales que son los monjes, los cristianos a los que se dirigen las ense
que son los monjes, los cristianos a los que se dirigen las enseññanzas, tienenanzas, tienen como horizonte la vida del esp
como horizonte la vida del espííritu, la vida en Dios que les da su dimensiritu, la vida en Dios que les da su dimensióón y n y su destino. Por todo ello antes de comentar las dos cuestiones se
su destino. Por todo ello antes de comentar las dos cuestiones seññaladas voy aladas voy a detenerme en lo que significa el mal como experiencia.
a detenerme en lo que significa el mal como experiencia. To
Tododos s tetenenemmos os la la exexpeperirienencicia a de de lolos s mamaleles, s, dedel l mmalal. . PoPor r eseso o tatammbibiéénn tenemos la experiencia del sufrimiento, del dolor. As
tenemos la experiencia del sufrimiento, del dolor. Asíí todos hemostodos hemos ex
expeperirimementntadado o el el mamaleleststarar, , el el dodololor r anante te la la pepenunuriria, a, la la enenfefermrmededadad, , elel panorama de la vejez, la perspectiva de la muerte. Estas cuatro realidades panorama de la vejez, la perspectiva de la muerte. Estas cuatro realidades provocaron una actitud en el que iba a ser “el Iluminado”, el Budha, que provocaron una actitud en el que iba a ser “el Iluminado”, el Budha, que habr
habríía a de de tetenener r coconsnsececueuencnciaias s momonanacacaleles. s. PePero ro si si eses éésstte e eel l mmaal l qquuee normalmente acosa a cada hombre, hay todav
normalmente acosa a cada hombre, hay todav íía otra faceta del mal que esa otra faceta del mal que es a
aúún n mmáás s ppererttububadadorora a y y “m“malaligignana”. ”. No No se se ttraratta a tatan n ssóóllo o ddeel l mmaal l qquuee podr
podrííamos llamar normal y esperado sino de otro que tiene caracteramos llamar normal y esperado sino de otro que tiene caracteríísticassticas propias y que hiere m
propias y que hiere máás profundamente, por lo cual se le ha reservado els profundamente, por lo cual se le ha reservado el calificativo acentuado de MALIGNO.
calificativo acentuado de MALIGNO.
Hay dos clases de males, como hay dos clases de sufrimiento y de dolor. Por Hay dos clases de males, como hay dos clases de sufrimiento y de dolor. Por una parte el dolor, el mal esperado, el que corresponde a nuestra naturaleza una parte el dolor, el mal esperado, el que corresponde a nuestra naturaleza limitada, y el otro mal que llena de amargura especial y que va contra limitada, y el otro mal que llena de amargura especial y que va contra nuestras propia naturaleza que pretende apartarnos de esa nuestra nuestras propia naturaleza que pretende apartarnos de esa nuestra naturaleza, de nuestra patria. A ese mal es a lo que se ha llamado malignidad, naturaleza, de nuestra patria. A ese mal es a lo que se ha llamado malignidad, el MALIGNO o simplemente DEMONIO.
M
Máás tarde veremos por qus tarde veremos por quéé se le ha llamado asse le ha llamado asíí en una larga tradicien una larga tradicióón. Antesn. Antes es necesario esclarecer en qu
es necesario esclarecer en quéé consiste y quconsiste y quéé experiexperiencencia ia coconcncitaita. . Es Es lala experiencia del mal radical que est
experiencia del mal radical que estáá mmáás alls alláá de los dolores producidos por lade los dolores producidos por la situaci
situacióón limitada de nuestra condicin limitada de nuestra condicióón. Es la experiencia de un combaten. Es la experiencia de un combate que no se desarrolla en los terrenos de lo visible sino en los aires que es que no se desarrolla en los terrenos de lo visible sino en los aires que es
á
ámbito propicio de los demonios. Muy bien lo expresaba San Pablo en lambito propicio de los demonios. Muy bien lo expresaba San Pablo en la
carta a los Efesios cuando dice: “Que no es nuestra lucha contra la carne y la carta a los Efesios cuando dice: “Que no es nuestra lucha contra la carne y la sa
sangngre re (e(el l hohombmbre re y y lo lo viviabablele) ) sisino no cocontntra ra lolos s prprinincicipapadodos, s, popoteteststadadeses,, dominaciones de este mundo de tinieblas, contra los esp
dominaciones de este mundo de tinieblas, contra los espííritus del mal queritus del mal que est
estáán en los cielos (los aires)” (6, 12).n en los cielos (los aires)” (6, 12).
Este mal es el tema y el objeto del combate de aquellos monjes que nos trae a Este mal es el tema y el objeto del combate de aquellos monjes que nos trae a colaci
colacióón para nuestra ensen para nuestra enseññanza y advertimiento, el P. Anselm con sabiduranza y advertimiento, el P. Anselm con sabidurííaa y
y aviso aviso monacales. monacales. Y Y es es que que tenemos tenemos que que luchar, luchar, queramos queramos o o no, no, con con unasunas fuerzas invisibles, que “andan por los aires” y que retuercen, impiden y fuerzas invisibles, que “andan por los aires” y que retuercen, impiden y atormentan nuestras conductas. Un serio an
atormentan nuestras conductas. Un serio anáálisis de nuestra realidadlisis de nuestra realidad denuncia estas presencias y nos pueden orientar. Nos puede hacer “caer en denuncia estas presencias y nos pueden orientar. Nos puede hacer “caer en la cuenta” de nuestra verdadera situaci
la cuenta” de nuestra verdadera situacióón.n. ¿Cu
¿Cuáál l es es nuenuestrstra a ververdaddadera era sitsituacuaciióón? ¿Dn? ¿Dóóndnde e esesttáán n nuenuestrstros os eneenemigmigos?os? ¿Cu
¿Cuááles son nuestros enemigos? Y aqules son nuestros enemigos? Y aquíí surge una de las cuestionessurge una de las cuestiones fu
fundndamamenentataleles s de de la la vivida da momonanacacal l y y dedel l poporqrquuéé hahay y monmonjesjes. . nuenuestrstrosos enemigos son unas realidades invisibles, pero tremendamente reales, que enemigos son unas realidades invisibles, pero tremendamente reales, que operan contra nosotros y que para enfrentarlos tenemos que descender a operan contra nosotros y que para enfrentarlos tenemos que descender a ver
verdaddaderaeras s prprofunofundiddidadeades s y y lejlejanaanas, s, dedesiesiertortos s y y abiabismsmos os de de solsoledaedad d y y silencio.
silencio.
Esta es la gran aventura monacal que tuvo como escenario el desierto, lugar Esta es la gran aventura monacal que tuvo como escenario el desierto, lugar de los demonios y lugar tambi
de los demonios y lugar tambiéén de encuentro con Dios como el lectorn de encuentro con Dios como el lector percibir
percibiráá en las pen las pááginginas de este libas de este libro. Pero. Pero esta avero esta aventuntura monara monacal cal es laes la aventura de todo hombre o mujer que se arriesgue a tomar su vida en sus aventura de todo hombre o mujer que se arriesgue a tomar su vida en sus manos y dirigirla con responsabilidad. Es la aventura que no se agota con el manos y dirigirla con responsabilidad. Es la aventura que no se agota con el escla
esclarecimrecimientiento o psicpsicololóógigicoco, , pepero ro quque e no no se se ppueuede de rerealalizizar ar sisin n lulucicidedezz ps
psííquica. Tras ella viene la amplificaciquica. Tras ella viene la amplificacióón (o iluminacin (o iluminacióón) de conciencia quen) de conciencia que nos lleva a lo traspersonal, a lo espiritual, al abismo de Dios. Y esto supone nos lleva a lo traspersonal, a lo espiritual, al abismo de Dios. Y esto supone una lucha contra el demonio. Hora es ya de que veamos por qu
una lucha contra el demonio. Hora es ya de que veamos por quéé se llamase llama demonio a semejante enemigo de nuestra propia realizaci
demonio a semejante enemigo de nuestra propia realizacióón n y y cumplimiento.
cumplimiento.
LENGUAJE MÍTICO Y LENGUAJE CIENTÍFICO
LENGUAJE MÍTICO Y LENGUAJE CIENTÍFICO
Los escritores de un monje suponen siempre una actitud que conlleva un Los escritores de un monje suponen siempre una actitud que conlleva un lenguaje en el que se expresa esa actitud. As
lenguaje en el que se expresa esa actitud. Asíí sucede con los escritos de lossucede con los escritos de los monjes antiguos y con los del P. Anselm. Aquellos monjes de los primeros monjes antiguos y con los del P. Anselm. Aquellos monjes de los primeros siglos del cristianismo con su experiencia del “mal maligno”, teniendo entre siglos del cristianismo con su experiencia del “mal maligno”, teniendo entre sus manos las resistencias, excusas y estratagemas diversas del ser humana sus manos las resistencias, excusas y estratagemas diversas del ser humana se hab
se habíían zambullido nada menos que en la aventura del trato con “losan zambullido nada menos que en la aventura del trato con “los poderes del aire” y hab
La experiencia de ese mundo halló su expresión en el lenguaje mítico. Y aquí tenemos otra de las cuestiones y sugerencias de este libro que nos presenta, entre otras muchas cosas, el gran valor del lenguaje, mítico para expresar la experiencia religiosa.
El hombre moderno ha perdido casi por completo la sensibilidad por lo mítico. Esto se debe a la primacía de lo mental, de lo racional sobre todas las cosas. Las religiones se habían expresado en lenguaje mítico; la “edad de la razón” sustituye el mito por la reflexión, por la comprobación científica. Durante mucho tiempo se ha creído que la razón podía agotar el conocimiento de toda la realidad. Pero yo también este estado de conciencia y esta convicción ha entrado en crisis, han pasado y se está volviendo a descubrir que el mito es una f ábula de la fantasía sino un modo de percibir y tocar la realidad.
No quiere decir esto que hayamos de volver a la etapa mítica de la humildad, pero sí que hemos de incorporar la dimensión mítica como una realidad que forma parte de nuestro ser completo que no es, precisamente, el de ser solamente “racional”. Hay realidades que no pueden captarse con la razón. Y para el nuevo estado de conciencia al que vamos, superada la exclusividad racionalista, vuelve a aparecérsenos el gran valor y vigencia de lo mítico. Así, para percibir y tratar con esa realidad maligna que tantas veces nos cerca, la visión mítica nos ha sido de mucho provecho y es un acierto que no puede ignorarse.
Una de esas realidades que no puede captarse con la razón es el mal. Y es que la razón percibe la realidad de manera no inmediata, sino mediata. La razón “rodea” el objeto y mediante el concepto se relaciona con él y lo maneja. Pero, ¿ha penetrado, ha conocido verdaderamente al objeto? Hoy estamos ya convencidos de que no. Necesitamos, en general, pero de manera especial – como es el caso del mal- tocar, palpar, entrar en relación viva con lo que llamamos objetos, realidades.
Lo más simple y elemental, lo más profundo por otra parte, se resiste al conocimiento racional. Además hay todo un mundo que es arracional, irracional, sobre-racional. Y todo ese ámbito ha sido expresado míticamente, simbólicamente que no es fabulosamente, ni falsamente. El lenguaje mítico nos transmite las experiencias profundas de todo aquello que no puede captarse (ya esta palabra es significativamente) con la mediación de la razón, sino que nos invita a una relación más profunda y de otro orden. Con el mal, con las realidades elementales y superiores no puedo quedarme en una relación conceptual. Esto hoy lo tenemos muy claro. Y la forma de expresar esa otra relación ha sido durante siglos la expresión mítica, el lenguaje que han solido utilizar las religiones. Por eso, plantear hoy si “existen” o no existen los demonios no tiene verdadero sentido por que antiguamente esto no necesitaba plantearse ni hoy tampoco. Quiero decir que no hace falta plantear la cuestión como problema intelectual.
¡Qué finura la de aquellos monjes y qué finura la del P. Anselm para sumergirnos en realidades y no insistir en temas subsidiarios! Los monjes antiguos y el creyente de hoy indican con la figura del demonio una realidad cuyas manifestaciones están claras y ahí. Y esta realidad en su último hontanar es un misterio y algo inalcanzable, todav ía en mayor medida que lo puede ser la neurosis o el complejo psíquico. Ya lo dijo acertadísimamente C. J. Jung.
El lenguaje mítico expresa una realidad que no es un “nada más qué”, sino el “más allá” que trasciende la limitación de lo mental mediato. Sólo el lenguaje mítico nos puede llevar a lo transreal a que nos remite nuestra experiencia de contacto directo con otras esferas de realidad. Porque estamos en contacto con otras esferas de realidad y lo que nos pasa en forma de impulsos o inhibiciones, de ansias o bloqueos de placeres y displaceres no es otra cosa que el conjunto de indicios y mensajerías de la otra realidad. Se llega también a la otra realidad por la experiencia del mal.
Este es el gran emplazamiento existencial: llegar a la otra realidad, a lo absoluto, a Dios en la confrontación con el mal. Debe el lector, demos todos reparar en la gravedad de la transmisión por estos textos tan firnamente escogidos. Así comprendemos la expresión de San Pablo citada más arriba. Nuestra lucha está en el combate con las potestades de los aires. Todo este mundo, este ámbito es el que el psicólogo atisba pero cuya última expresión es la inmersión en el ámbito de lo absoluto, de lo espiritual, de lo religioso. El lenguaje científico ha venido a confirmar y a enriquecer desde otro punto de vista lo que ya desde antiguo se había percibido. Aquí tampoco se trata de una corroboración “apolog ética”. Se trata de una coincidencia en la unidad. El lenguaje y el pensamiento científico han entrado en una fase nueva más realista y abierta, en una nueva conciencia que les hace capaces de entrar en la nueva era. Lo mítico también reconoce sus límites. Lo científico, los suyos y así estas dos últimas etapas de la conciencia se preparan para ser asumidas, superadas, pero no abolidas, en la nueva dimensión de la conciencia que se anuncia.
Perdone el lector que sólo aluda a temas tan graves como éstos con breves referencias. Si entrase más a fondo sustituirá el magnífico trabajo del P. Anselm por aquello que sugiere. Pero sí había que decir que lo ha sugerido y
que lo hemos entendido. Su voz ha sonado y ha sido recogida. Y creo que será para él una satisfacción el que se le diga que su libro nos trae todo el trasunto de lo que es la vocación monástica. La vocación y la vida monástica es un acontecimiento que lleva a la unidad el talante y lenguaje mítico y el científico y, esto no por componendas, sino porque poniendo, de verdad, a cada uno en su lugar, sin reduccionismos ni exclusivismos se va construyendo la armonía de las distintas esferas del ser humano iluminado por la gran Presencia de Dios.
LA VOZ MONÁSTICA NOS HABLA
Apuntado lo anterior nos queda todav ía por decir lo que para mí es lo más importante y lo que creo que, consciente o inconscientemente late en los afanes de este monje del siglo XX que, por su edad, será del siglo XXI.
Me queda por decir lo que nos trasmite esencialmente, es decir, cordialmente este libro sobre nuestra relación con el mal. Nos trasmite la experiencia monástica. No se asuste el lector. La experiencia monástica no es otra sino la seria relación con las cosas, con la vida tomándola en serio y hasta sus últimas consecuencias.
En este tomar en serio la vida, en la radicalidad de las promesas bautismales, el monje descubre el horizonte del mal y entra en contacto con él confrontándose de manera decisiva. La confrontación es una lucha que afecta a la existencia entera y pone en conmoción todos los resortes vitales. Así en esta lucha se exige un serio conocimiento de sí mismo, tanto de los planos conscientes como de los inconscientes y de aquéllas máscaras que ocultan o tratan de ocultar nuestras verdaderas actitudes y tendencias.
El conocimiento de uno mismo es uno de los frutos más ricos de la experiencia prolongada de la soledad y el silencio. Instalados en la última solitudo, que es el núcleo personal, los monjes superan los prejuicios y las insinceridades en una labor catártica constante. Este drama tuvo lugar en tiempos en el desierto f ísico y ahora y siempre en el desierto de una actitud. Por ello es conveniente que consideremos brevemente lo que es el desierto como lugar y como desencadenante de la lucha con el mal que es la lucha por el bien.
En primer término el desierto es un lugar f ísico cuyas notas más importantes son su carácter agreste, solitario y silencioso. El desierto siempre ha sido un símbolo profundo para el corazón humano. En él resuena como en pocos sitios la invitación a sentirse criatura y a ponerse ante lo absoluto.
Por una parte, el desierto es el punto donde Dios se manifiesta. Y esto por dos motivos: por que se está lejos de las distracciones y por que en el desirto se toca, palpa y ve la gran presencia. Pero, precisamente por ello, el desierto es también lugar de demonios, de los malos, de los males. Y es que el desierto es situación límite que presenta la ambivalencia del bien y del mal. Nos pone el desierto en el borde de la trascendencia. Así comprendemos que toda situación límite de nuestra vida, tomada en serio es un desierto, una actitud de desierto. Es una coyontura propicia para el comercio con lo absoluto.
La vocación monacal se convierte por ello en invitación para todos porque todos hemos de afrontar, en un momento o en otro, la situación límite que consiste en haber nacido, tener que morir, y tener que vivir con sentido y orientación salvadora.
¿Cómo se nos aparece el mal en el desierto de la seriedad aceptada de nuestra vida? Por lo pronto se nos aparece como contraste en una
confrontación. En el momento en que un hombre se sabe poner verdadera, conscientemente ante Dios y en Dios choca con la terrible experiencia de su nihilidad, de su ceniza. Así lo sintió Abrahám en el Antiguo Testamento.
A la primera sensación del célebre “polvo y ceniza” se une la conciencia de las propias faltas, de las faltas “añadidas”. Y cuanto mayor es la tendencia hacia lo absoluto, hacia el bien, hacia Dios, tanto mayores son las dificultades y necesidad de combate. Y al conjunto de esta situación se le llama tentaciones del demonio.
Dios es una tensión y hasta que no se descubre, la vida llamada “religiosa” es inmadura. Dios es tensión de amor con las dificultades propias del amor. Los monjes han sido y son los especialistas en la tensión y en este combate y por ello ayudan a todos sus hermanos con su irradiación. El mal pues, en la experiencia monástica, es la nota de distancia entre Dios y la criatura que se va diluyendo en la unidad. De ahí que la gran batalla contra el demonio es la oración.
La oración es siempre un acercarse a Dios y una lucha con el demonio. La oración es el gran desaf ío al demonio porque supone instalarse en el ámbito al que el demonio no tiene acceso. En este caso como en todos hemos de ver las polaridades como anuncios de unidad. Leyendo las páginas de este libro se percibe una voz que nos llama y nos fortalece para superar las dificultades y a trav és de, no a pesar de, nos conduce a la otra dimensión.
Se comprende que para todo este drama el desierto sea el lugar apropiado. Desierto, soledad, silencio, contemplación, fidelidad a trav és de las dificultades, descenso a la sinceridad, a la autenticidad, descenso a la sinceridad, a la autenticidad, liberación de los prejuicios, realización de la paz en la nueva conciencia... he ahí lo que el autor nos dice al enseñarnos cómo de manera concreta se lucha con el mal, con el maligno, con el demonio.
INTRODUCCIÓN
Siempre se ha dicho y contado que los primeros monjes sostuvieron luchas con los demonios. Basta con ojear el relato de la vida de S. Antonio escrita por Atanasio, para comprobar cómo Antonio fue asediado y atacado constantemente por los demonios. Cuando Antonio decidió irse al desierto, que era considerado como el dominio de los demonios, éstos intentaron con toda su fuerza impedirle este propósito y alejarle del desierto diciéndole: “¡Retírate de nuestro reino! ¿Qué tienes tú que hacer en el desierto?” Antonio fue al desierto para vivir exclusivamente para Dios y abrirse del todo a Él. Sin embargo el camino a la soledad no sólo conduce a la proximidad de Dios sino también a la cercanía del mal. El mal se le acerca ahora de una manera clara y patente. Y su soledad se revela como una ambivalencia con el mal. Y Antonio tiene que aceptar la lucha con el mal para que su camino en el
desierto no sea una catástofre sino una senda que conduzca a Dios.
La experiencia de Antonio es, para el monaquismo primitivo (siglo III al VI aproximadamente), algo típico. Los monjes han experimentado en carne propia que el camino hacia Dios tiene sus primeros pasos en una lucha con las fuerzas oscuras. Han vivido la alternancia entre las fuerzas que acercan y alejan de Dios. A estas fuerzas negativas que los monjes ven en deseos, impulsos, motivaciones y emociones les llaman demonios. Igualmente descubren con todo detalle las distintas clases de demonios que hay, así como las técnicas y métodos que emplean para arrastrar a los hombres a sus caminos. También dan numerosos consejos para la lucha contra ellos.
Nos fijamos especialmente en Evagrio Póntico, (+ 339), el monje escritor más significativo del Oriente. En su Tratado Práctico nos transmite una serie de
instrucciones sobre cómo el monje puede reconocer al demonio y habérselas con él, cosa que alcanza positivamente por la serenidad (apatheia) y ausencia de pasiones. Evagrio ejerció una gran influencia en el antiguo monacato, sobre todo en Casiano que marcó de manera decisiva el monaquismo occidental. Lo que presentamos de Evagrio, y de otros padres monásticos como complemento, es algo más que un testimonio de un tiempo pasado. Se trata de experiencias de monjes. Y a la luz de sus experiencias podemos nosotros comprender y valorar las nuestras. Sobre todo aquellas experiencias pueden ofrecernos esperanzas para la lucha con los poderes con los que nos vemos confrontados y que nos amenazan con hacernos enfermar interiormente.
Vamos a tratar de la lucha con los demonios, aunque no se plantea aquí la cuestión de si los hay o no los hay. La polémica que se ha encendido en los
últimos años en torno al exorcismo corresponde más bien a la pregunta
sobre la existencia de los demonios. Pero cuando la cuestión es la que nos ocupa, esto es la lucha, se da por supuesto que se sabe lo que son los demonios y lo que absolutamente se puede decir, existan o no existan.
La palabra demonio perfila una determinada idea. Ciertamente, sin embargo, se trata de una imagen, de un símbolo que hace referencia a una realidad que no coincide plenamente con la idea pura. El contenido es más importante que la discusión sobre la palabra y la idea. Lo decisivo es la descripción de la actividad de los demonios, de su técnica, de sus formas de aparición y de su conducta. Los fenómenos que los antiguos monjes observaron y que expresaron en su lenguaje son algo que también hoy nosotros debemos tomar en serio. Sin embargo los habremos de denominar con nuestro lenguaje psicológico distinto.
La cuestión se reduce en todo caso a qué lenguaje se usa para describir los hechos. Se puede usar un lenguaje puramente científico o un lenguaje elaborado con imágenes mitológicas que no se ajusta a la estricta realidad comprobable sino que deja espacio para lo incomprensible. Un lenguaje que trabaja con el “nada más que” nos cierra la realidad más que nos la abre. El decir, por ejemplo, que los demonios no son “nada más que” tendencias de la voluntad, reduce la realidad a lo fijo, a lo ya conocido y nos limita el campo de investigación de lo desconocido.
¿Es que acaso conocemos perfectamente el misterio de los pensamientos y de las pasiones? ¿Conocemos realmente lo que son las emociones y los complejos? En las páginas que siguen nos vamos a ocupar no tanto de la creencia o no creencia en los demonios como de los fenómenos que los monjes han descrito como tales demonios y con los que tanto entonces como ahora nos tenemos que enfrentar.
NATURALEZA DE LOS DEMONIOS
La doctrina sobre los demonios de los antiguos monjes es una enseñanza sobre la práctica, no es una teoría. La recta relación con los demonios es más importante que la especulación sobre su naturaleza y su esencia, aunque naturalmente encontremos algunas observaciones sobre su naturaleza.
Los demonios eran oringanalmente ángeles. Sin embargo, al caer, al apartarse de Dios se convirtieron en algo malo. Ahora, en el estado actual intentan seducir a los hombres y conducirlos al mal. Evagrio registra tres categorías de seres racionales: los ángeles, los demonios y los hombres. A cada uno de estos órdenes le corresponde una fuerza espiritual: el nous (espíritu) a los ángeles, el thymos, a los demonios y la epithymia (deseos) a los hombres. Thymos es la parte emocional del alma, la parte excitable, la parte en la que aparecen las vehementes emociones como la ira, el odio, la envidia. El demonio se caracteriza por un predominio del thymos, por la confusión y desorden de la parte irascible del alma. La ira ciega que se enfurece contra los demás, es para Evagrio una imagen de la esencia del demonio. En una ocasión llega identificar al demonio con una persona poseída por la ira y la indignación.
“Ning ú n vicio entrega tanto al demonio como la ira puesto que pone en conmoci ó n la parte emocional del alma ... No creas que el demonio es otra cosa que el hombre llevado por la ira”.
Los antiguos monjes atribuyen a los demonios también un cuerpo aunque algo más leve que el de los hombres. Se compone fundamentalmente de aire. El aire es además el ámbito donde están los demonios. En él se pueden mover más rápidamente que los hombres porque vuelan. Son fríos como el hielo. Normalmente son para nosotros invisibles, pero pueden adoptar determinadas formas de manifestación- No pueden convertirse en cuerpos como los ángeles pero pueden tomar formas y colores de cuerpo y presentarse como cuerpos humanos o algo semejante. Pueden hacerse oír como voces.
El punto de contacto entre la posibilidad de conocimiento humano y los demonios es la fantasía. Los demonios excitan en nosotros las imágenes de la fantasía. En el sueño por los ensueños. Y puesto que los demonios tienen un cuerpo, están unidos a los objetos corporales y a trav és de ellos actúan en la fantasía. Crean representaciones de cosas visibles en el alma que unidas a la emoción y conmoción, como thymos en el fondo del ser, produce fuertes emociones. También apoy ándose en nuestros recuerdos emociones que pueden impulsarnos en la dirección que ellos buscan. El método más común que usan para influir sobre nosotros es el de los malos pensamientos. Frecuentemente los demonios son identificados con los malos pensamientos, ya que no es siempre posible distinguir si los pensamientos son el mismo demonio o provocados por él.
La lucha contra el demonio consiste principalmente en luchar contra los propios pensamientos, pensamientos cargados de afectividad y que no son puramente intelectuales. Así Evagrio atribuye sólo a los demonios los pensamientos teñidos de emocionalidad; distingue pensamientos ang élicos, demoníacos y simplemente humanos. Los pensamientos que nos inspiran los ángeles exploran las cosas, el porqué han sido creadas, para qué sirven, cuál es su esencia y cómo pueden ser símbolos. Los pensamientos simplemente humanos pueden solamente presentar al espíritu la forma de una cosa. Y los pensamientos que vienen del demonio contemplan las cosas siempre con pasión y emoción. Así, por ejemplo, cómo se pueden poseer las cosas, quéplacer proporcionan y si pueden dar gloria y honor.
Los demonios son astutos, bloquean, mienten y engañan. Comparados con los ángeles son menos inteligentes. No pueden penetrar con su mirada el fondo de las almas de los hombres sino que su conocimiento depende de las apariencias de la conducta y a trav és de ella comprenden la situación del alma humana: ven la actitud corporal, la voz, los movimientos. Sin embargo asombran a los hombres cuando pueden prever lo que les sucederá, su conducta. Antonio explica esta capacidad por la levedad de su cuerpo. Así, si unos hermanos se ponen en camino para visitarnos, los demonios se adelantan y nos previenen de su llegada. Esto para Antonio no es nada infrecuente:
“Este adelanto lo podr í a hacer tambi é n alguien que fuese a caballo porque ir í a m á s deprisa que los caminantes. No hay por qu é asombrarse. Pero de lo que va a suceder despu é s no saben los demonios nada de antemano. S ó lo Dios sabe antes lo que suceder á . Los demonios, en cambio, anuncian como ladrones lo que ven mientras corren delante”.
Los demonios pueden dominar a un hombre que esté poseído. Le producen enfermedades como esquizofrenia, epilepsia, locura e histeria. Las historias de los monjes narran distintos síntomas de enfermedades psíquicas que atribuyen a los demonios. Un monje se como sus excrementos (coprofagia), otro se rasca hasta hacerse heridas. Otros son zarandeados de aquí para alláy algunos impulsados al suicidio.
Si se investigan más de cerca las afirmaciones de los monjes sobre los demonios se perciben intentos de aclarar los fenómenos. No se trata de definiciones y no intentan comprender exactamente, conocer, lo que los demonios sean realmente. Los monjes lo que hacen es expresar en su lenguaje mitológico realidades psíquicas.
Si ahora nosotros confrontamos estas afirmaciones de los monjes con lo que dice C. G. Jung como psicólogo sobre los demonios no significa esta comparación que los demonios sean otra cosa que factores psíquicos. Jung intenta, como empírico, penetrar en los mismos fenómenos que los monjes han descrito desde su doctrina de los demonios. Ambos intentos de acercarse a la realidad, deben ponerse uno al lado del otro, simplemente, sin dar un juicio sobre cuál de las tentativas ha aclarado mejor la realidad. De
esta comparación puede resultar que la realidad que intentamos describir tanto en lenguaje científico como mitológico puede ser presentada pero nunca captada plenamente.
Jung trata de los demonios relacionándolos con su doctrina de los complejos autónomos y de la proyección. Proyección es “una inconsciente – esto es no percibida ni clara – transferencia de una situación anímica subjetiva a un objeto exterior”. En la medida en que los propios deseos o emociones los trasladamos a otro no vemos en ese otro la realidad. Nos dejamos engañar por la propia proyección y somos dominados por ella. Este hecho fue descrito por los antiguos como engaño del demonio. De manera semejante se entendió la acción de proyecciones extrañas como algo demoníaco. Cuando otros lanzan sobre nosotros sus proyecciones nos presionan con una fuerza que apenas podemos sustraernos de ellas. Las proyecciones son como una especie de proyectiles disparados por un hombre malo y que nos enferman.
M. L. Von Franz, discípula de C. G. Jung escribe lo siguiente a propósito de estas acciones negativas de las proyecciones de otros sobre nosotros:
“Tan pronto como una persona proyecta sobre otra un trozo de sus sombras incita al venenoso contenido de lo dicho. Las palabras, que son como proyectiles contra el otro, (agudezas, pullas) simbolizan el torrente an í mico negativo que dirige el proyectante contra el otro. Cuando se es blanco de las proyecciones negativas de otro se siente un odio hacia el otro casi f í sico como ante un proyectil”.
Las proyecciones propias nos arrastran con su fuerza. Las proyecciones extrañas sobre nosotros como malos espíritus. La causa de las proyecciones es para Jung los complejos a los que define como:
“La imagen de una determinada situaci ó n ps í quica que est á acentuada emocionalmente de forma fuerte y que se manifiesta como incompatible con las situaciones o enfoques normales de la conciencia. Este cuadro est á fuertemente cerrado, posee su propia totalidad y posee adem á s un relativo
grado de autonom í a”.
En el comienzo de un complejo hay un contenido sentimental acentuado; un contenido cuya sola mención desencadena en nosotros fuertes emociones que habíamos eliminado de nuestra conciencia. Un complejo nos coloca “en una situación de compulsión de pensamientos y de acción”. El complejo es relativamente autónomo. En los sueños, los complejos se presentan personalizados. Por eso Jung comprendió que los demonios de los antiguos fueran considerados como seres independientes. Se nos presentan frecuentemente como personas; para Jung son trozos de las psyche separados y, puesto que son inconscientes, pueden tener un señorío sobre el YO. Jung describe esto como identidad del complejo y afirma:
“Esta idea absolutamente moderna ten í a en la Edad Media otro nombre: entonces se llamaba posesi ó n. Esta situaci ó n no es indiferente pues no hay
ninguna diferencia entre una posibilidad de complejo y la tremenda blasfemia de un pose í do. S ó lo hay diferencia de grado”.
Jung llega a pensar que los antiguos no sólo no habían psicologizado los complejos perturbadores sino que al designarlos como seres independientes, es decir, como demonios, habían determinado mejor su contenido que los intentos modernos de describirlos diciendo: “Yo tengo un complejo”. Porque en realidad es el complejo el que nos tiene a nosotros. Al despojar al complejo de su autonomía y descubrirlo como actividad propia, aparece la angustia ante su destructora acción. Cuando los antiguos hablan de posesión describen la acción del complejo exactamente. Reconocen con ello que el poseído:
“No es ex á ctamente un enfermo sino que sufre una influencia espiritual invisible de la que no puede ser en ninguna manera se ñ or. Este invisible “algo” es el llamado complejo aut ó nomo, un contenido inconsciente que se sustrae a la captaci ó n de la voluntad consciente”.
Jung distingue dos complejos diferentes: el complejo del alma y el complejo del espíritu, Jung añade al complejo del alma el inconsciente personal que surge por la represión de contenidos que son excluidos por principios morales o estéticos del ambiente. El complejo del alma debe ser integrado por el hombre. El daño de un complejo del alma se experimenta como enfermizo.
El complejo del espiritu aparece cuando irrumpen determinados contenidos en la conciencia provenientes del incosciente colectivo. El hombre siente el complejo del espíritu como algo extraño e incómodo y, a la vez, fascinante. Tan pronto como un contenido de éstos es alejado de la conciencia, el hombre se siente aliviado. En el complejo del espíritu algo extraño llega hasta nosotros. Raros e inéditos pensamientos nos sorprenden, el mundo se trasmuta y se siente uno amenazado, atacado.
En el complejo del espíritu no queda otra opción que la de apartarlo del
ámbito del sujeto. Esto lo expresaban los antiguos diciendo que había que
arrojar a los demonios. Franz ha hecho la experiencia: en algunos demonios. Franz ha hecho la experiencia: en algunos pacientes, no hay otra solución para resolver el encuentro con el diablo interior que la huida.
“Solamente se puede aconsejar al paciente que se mantenga alejado de las zonas y situaciones que puedan favorecer el complejo... Ante determinados poderes oscuros en el propio interior solamente se puede huir o en todo caso mantenerse a distancia”.
Jung señala la íntima unión que hay entre el complejo y el afecto.
“Todo afecto encierra la inclinaci ó n a convertirse en complejo aut ó nomo, separarse de la jerarqu í a de la conciencia y, a ser posible, a arrastrar al YO tras s í ”.
Jung recuerda la experiencia que se tiene cuando alguien se deja llevar por expresiones no meditadas. Entonces se dice que se ha dejado llevar por la
lengua, con lo cual se expresa claramente que su hablar se ha convertido en un ser independiente que ha arrastrado al sujeto y se lo ha llevado. Por eso es natural que los antiguos vean en ello la actividad de un espíritu, de un demonio. Y que el demonio sea la imagen de un afecto independiente, de un afecto personificado.
Aunque las exposiciones de Jung nos llevan de nuevo a la doctrina de los demonios de los antiguos monjes hay que saber distinguir. Jung trata sobre todo del fenómeno de la posesión, esto es de una enfermedad. También los antiguos monjes ponen en relación la posesión con los demonios. Sin embargo, para ellos no es éste el principal fenómeno. Jung es médico y, como tal, se esfuerza por curar al enfermo. Pero para el monje la curación del poseído es la consecuencia de una justa relación con el demonio. Para los monjes se trata en la lucha contra el demonio de la cotidiana confrontación con el mal, de la conducta ante la prueba y la tentación. Los demonios son imágenes de los contenidos inconscientes que intentan arrastrar al hombre a su torbellino. En la medida en que los monjes proyectan en contenido negativo del inconsciente en la figura del demonio, crean la posibilidad de evitarlo. Colocan fuera el inconsciente, lo nombran y así se pueden defender de él. En este sentido, la confrontación con los demonios es una forma eficaz de sortear el inconsciente, sobre todo en lo referente a los afectos y emociones. La proyección de las realidades interiores en los demonios libera cosas y personas de la prisión.
Los monjes intuyen con su doctrina sobre los demonios el mecanismo por el que nosotros proyectamos nuestros propios deseos y emociones en los otros. No es culpable el pró jimo que nos molesta, sino un demonio que, por medio del pró jimo y su conducta impertinente, quiere molestarnos para mantenernos en el afecto negativo.
Hablando de los demonios, los monjes dan razón de la seriedad y multiplicidad de la amenaza del mal sobre nosotros. No se vence al mal con un poquito de buena voluntad. El mal viene hasta nosotros como demonio refinado y con técnicas muy sutiles. Si el hombre se abre a su propia realidad se siente atacado y puesto en peligro por el abismo e impenetrabilidad del mal.
Esta experiencia la expresan los monjes cuando describen la amenaza de los “demonios malos”. Aquí no es la idea lo decisivo, sino el fenómeno, que la idea, o mejor la imagen, del demonio quiere indicar. Por último, se trata en la doctrina del demonio de una advertencia para que tengamos una recta relación con el mal. Más importante que conocer la esencia de los demonios lo que se ventila es el saber sus técnicas.
TÉCNICA DE LOS DEMONIOS
Los demonio luchan de distintas maneras con los hombres. La forma de esta lucha depende de las circunstancias de cada cual:
“Con las gentes del mundo, los demonios combaten m á s bien a prop ó sito de cosas. Con los monjes a prop ó sito de pensamientos. Debido a la soledad, los monjes carecen de cosas. Como es mucho m á s f á cil pecar con los pensamientos que con actos, la luch contra los pensamientos es m á s dif í cil que contra las cosas. La inteligencia es f á cilmente movible y dif í cil de gobernar en lo que se refiere a las im á genes il í citas de la fantas í a”.
Evagrio nos da con estas palabras dos técnicas fundamentales distintas: la lucha por las cosas, por la renuncia a los bienes del mundo exterior, y la lucha en el ámbito de los pensamientos y de las imágenes de la fantasía.
Sobre cómo se presenta la lucha con las cosas nos dice Anastasio:
“Cuando Antonio se decidi ó por el camino del desierto los demonios quisieron impedirselo y le prsentaron, en primer t é rmino, una gran cantidad de plata en el camino. Antonio reconoci ó en la plata la tentaci ó n y argucia del enemigo malo. Maldijo la plata y al momento desapareci ó . Sin embargo, al poco, percibi ó en el camino oro. Ahora no se trataba de una apariencia sino de verdadero oro. Pero Antonio no se dej ó detener en su prop ó sito. Pas ó sobre todo aquello “como sobre fuego” y corri ó para sustraerse de la tentaci ó n”.
Las cosas exteriores pueden ser para el hombre una tentación. Por el dinero el demonio tienta la codicia del hombre. El dinero, en cuanto dinero, no es en sí malo, pero los sentimientos que el dinero despierta en el hombre pueden convertirse por obra del demonio en codicia. Algo semejante ocurre con las otras cosas. Si a alguien le ocurre una desgracia, si se le rompe una parte del cuerpo, se considera como algo normal; pero la reacción ante el hecho puede ser dirigida por el demonio. Si se reacciona con ira, el monje ve en ello al demonio de la ira que le tienta. Si alguien tropieza con alg ún impedimento en el camino, puede que lo haya puesto un demonio para ponerme en un estado de ánimo enojado o para impedirme alg ún propósito. Las cosas no son demoníacas, pero pueden provocar en mí reacciones que rompan mi equilibrio y que me impulsen en determinada dirección de pensar o de obrar. Un apotegma de los Padres muestra como puede influir el demonio mediante las cosas exteriores en los hombres.
“El abba Niketa contaba de dos hermanos que hab í an venido juntos para llevar una vida com ú n. Uno de ellos se propuso lo siguiente: “Si mi hermano desea alguna cosa, yo lo har é ”. Por su parte, el otro pens ó : “Yo har é la voluntad de mi hermano”. Vivieron muchos a ñ os en una gran armon í a. Cuando el enemigo vio esto decidi ó separarlos. Se puso delante de la puerta y se mostr ó a uno como paloma y al otro como corneja. Entonces uno dijo: “Mira la paloma”. Y el otro repuso: “Es una corneja”. Y empezaron a discutir acalor á ndose tanto la disputa que llegaron hasta la sangre para alegr í a del enemigo maligno. Se separaron. Despu é s de tres d í as, volviendo sobre s í mismo, reflexionaron y se echaron el uno a los pies del otro y cada uno de ellos concedi ó que se trataba de un p á jaro lo que hab í an visto. Reconocieron la tentaci ó n del diablo y permanecieron inseparables hasta el fin”.
Siempre es decisiva la reacción del hombre ante los acontecimientos externos. Cuando reaccionamos pasionalmente nos dejamos influir por un demonio. Cuando vemos las cosas a la luz de nuestros propios deseos y emociones, cuando arrojamos sobre las cosas nuestras proyecciones, entonces son los demonios los que actúan y nos atrapan a trav és de las cosas. Pero si las cosas y las contrariedades exteriores las consideramos a la luz de Dios, como viniendo de Dios y proyectadas por Dios y consentidas por Dios, entonces todo puede servir para salvación.
Además de objetos y acontecimientos, los demonios utilizan también a las personas. A este propósito dice Evagrio:
“A los solitarios, los demonios les combaten directamente; pero contra aquellos que viven en monasterios y conventos y se ejercitan en las virtudes, movilizan a los hermanos poco diligentes. Esta lucha es, sin embargo, m á s leve que la otra pues no hay en la tierra ning ú n hombre tan cruel como los demonios”. También nuestra reacción tiene su papel, pues si somos atacados por un demonio y nos dejamos llevar por el enojo y la ira en lugar de aceptar al otro tal como es los resultados son distintos. Si adoptamos la segunda actitud mantendremos el equilibrio y el otro, el pró jimo, no nos “atacará”.
Los demonios combaten a los monjes especialmente con los pensamientos. Los pensamientos son imágenes que el entendimiento forma con objetos del mundo exterior. Los demonios no pueden producir por sí mismos pensamientos en los hombres sino que solamente influyen mediante la nueva presentación de cosas o personas percibidas anteriormente. Evagrio explica así:
“Todos los pensamientos demon í acos introducen en el alma representaciones de objetos ya percibidos. El intelecto que ha conservado la impresi ó n mantiene en s í la forma de ese objeto. As í el intelecto reconoce por el objeto al demonio que se le aproxima. Si, por ejemplo, aparece en mi esp í ritu el rostro del hermano que me ha molestado o herido, es una se ñ al de que soy tentado por el pensamiento de la amargura. Si se piensa en riquezas y honores, entonces se hace patente el objeto que nos acosa. Si se piensa en riquezas y honores, entonces se hace patente el objeto que nos acosa. Igual sucede cuando se trata de otros pensamientos: siempre ser á en el objeto donde has de descubrir qu é demonio hay y qu é te presenta la imagen”.
Los demonios pueden influir en la clase de cosas o personas que aparecen en nuestro espíritu. Si nos preguntamos por qué precisamente pensamos en tal o cual acontecimiento no podemos dar una respuesta exacta. Y es que el pensamiento aparece simplemente en nosotros. Muchos pensamientos aparecen en nosotros áridos, opacos, y engendran situaciones de ánimo enojosas e irritantes. Para Evagrio esto es siempre una señal de que un demonio nos ha conducido a estos pensamientos; también piensa que no todos los pensamientos son engendrados por los demonios. Surgen también del mismo hombre. “Sin embargo los recuerdos que más allá de todo límite llevan a la ira o al deseo”, proceden del demonio. Aquí Evagrio hace una
aclaración ante la dif ícil pregunta sobre el origen de nuestros pensamientos es decir, de dónde vienen. Los buenos y saludables los producen los ángeles. Los malos, los demonios. Los pensamientos influyen sobre el estado de
ánimo y sobre toda la actitud del hombre. Por eso es importante conocer los
pensamientos que se consideran y aquéllos con los que se lucha y se rechazan.
Una forma de pensamientos son los recuerdos. Precisamente por medio de los recuerdos de la vida pasada puede el demonio hacer caer a muchos. Despierta por los recuerdos antiguos sentimientos y ocupaciones. Un recuerdo teñido emocionalmente tiene su fundamento en una experiencia fuertemente emotiva del pasado:
“Si recordamos algo con pasi ó n (emocionalmente) ya hemos aceptado tambi é n la pasi ó n pasada. Y al rev é s, lo que aceptamos apasionadamente lo recordamos de nuevo con pasi ó n (empat í a)”.
Experiencias que despiertan fuertes emociones en los hombre actúan destructivamente, en el caso de que se sepa elaborarlas. Los dmeonios mantienen abiertas las heridas del pasado y continúan despertando con el recuerdo las dañosas emociones, sobre todo la amargura, la tristeza y el desaliento.
Los demonios usan en la lucha contras los hombres imágenes de la fantasía y del ensueño, visiones y alucinaciones. Depende de qué parte del alma ataquen. Si atacan la parte concupiscible, forjan un espejismo de copiosas comidas o de mujeres desnudas. Cuando el combate se libra en el campo de las emociones aparecen bien en el sueño o en la vigilia las imágenes de serpientes, leones y escorpiones. A veces orquestan un infernal estrépito para aterrorizar y producir angustia. Atanasio cuenta lo siguiente de Antonio:
“Tal era el estruendo que durante la noche hac í an los demonios que parec í a que todo el lugar se estremec í a. Parec í a como si los demonios fueran a romper y a atravesar los cuatro muros de la peque ñ a estancia. Despu é s se convert í an en figuras de fieras salvajes y serpientes. Frecuentemente se llenaba la estancia con apariciones de leones, osos, leopardos, toros y culebras, v í boras, escorpiones y lobos”.
El ensueño es para los demonios su puerta de entrada favorita. Las imágenes que surgen en el sueño producen efectos ulteriores. Si los demonios representan la imagen de un grupo de amigos, francachelas con los parientes y mujerío durante el sueño, el hombre al día siguiente se encuentra enfermo en la parte concuspicible de su alma, mientras dura la fuerza de la pasión. Mediante las imágenes de bestias feroces el alma se torna temerosa y angustiada. Estas imágenes son causa a veces de palideces y de decaimientos. De Antonio se cuenta que le golpearon los demonios hasta dejarlo medio muerto y que quedó sin poder moverse. En cuanto a la acció n en el cuerpo está claro que los demonios no inducen a pensamientos inofensivos sino que son una fuerte realidad psíquica. Los fenómenos que los