Ácidos grasos omega 6

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Resumen

La evidencia es clara en cuanto a que las grasas omega 6 son esenciales para un óptimo funcionamiento del cuerpo y para el mantenimiento de la salud. Todos los estudios demuestran su función en la reducción del colesterol total y en la reduc-ción del riesgo de enfermedad cardiaca coronaria. La grasa es una parte importante de la dieta, junto con los carbo-hidratos y las proteínas, y mientras las personas no excedan sus requerimientos calóricos diarios, no hay necesidad de limitar la cantidad de omega 6 en la dieta. Nuevos estudios que evalúen la función de las grasas omega 6 y sus fuentes en la dieta ayudarán a promover una mejor dieta para todos. Observe a su alrededor y no podrá evitar notar que más y más gente habla acerca de los ácidos grasos omega 6. La conver-sación se expresa en porcentajes y con la misma frecuencia se reduce a consejos sobre los niveles apropiados de consumo. Por suerte, la mayoría de las personas se están acercando a con-sumir la cantidad requerida de omega 6 en su dieta. Pero con todo el despliegue que rodea a los posibles efectos negativos del consumo de omega 6 así como el aumento de las discusiones (a menudo confusas) acerca de los porcentajes de omega 6 y omega 3, es importante entender los datos relacionados con las grasas omega 6.

¿Qué son los ácidos grasos omega 6 y de dónde provienen? Hace más de 50 años que los investigadores saben que las dietas con alto contenido de grasas no saturadas ayudan a reducir el riesgo de enfermedad cardiaca porque reducen el colesterol en sangre. En las décadas de 1950 y 1960, los consejos de ali-mentación para reducir el riesgo de enfermedad cardíaca in-cluían recomendaciones para aumentar la ingesta de grasas no saturadas y reducir las grasas saturadas y el colesterol en la dieta.

Las pautas alimentarias más recientes incluidas en las Pautas Al-imentarias para los Estadounidenses 2005 recomiendan man-tener la ingesta total de grasas entre el 20 y el 35 por ciento de las calorías, y la mayoría de las grasas deben provenir de fuentes de grasas no saturadas, poliinsaturadas y monoinsaturadas, tales como pescado, nueces y aceites vegetales.

Manual sobre las grasas

Técnicamente, las grasas deberían nombrarse en plural. Las grasas son combinaciones de muchos ácidos grasos diferentes, todos con funciones específicas en el cuerpo, y se las nombra en base a su estructura química, que puede ser saturada o no satu-rada. Las grasas saturadas son una cadena de átomos de carbón, similar a una cadena de eslabones, y no tienen enlaces dobles. Las grasas no saturadas tienen enlaces dobles dentro de la ca-dena de carbón, lo que hace que la estructura se doble, como el brazo se dobla a la altura del codo. Los ácidos grasos no satura-dos con un enlace doble se denominan ácisatura-dos grasos monoinsat-urados (MUFA), y los que tienen más de un enlace doble se denominan ácidos grasos poliinsaturados (PUFA).

Las grasas poliinsaturadas se definen también en base a dónde se encuentra el primer enlace doble dentro de la cadena de car-bón. Estos se conocen como ácidos grasos omega 3 y omega 6. Dos de estos ácidos grasos poliinsaturados son esenciales, lo que significa que deben ser consumidos en la dieta porque no pueden ser producidos por el cuerpo. Estos dos ácidos grasos son el ácido linoleico, que es un ácido graso omega 6, y el ácido alfa-linolénico, que es un ácido graso omega 3.

Las grasas y los aceites que contienen omega 6 son esenciales para la vida y recientemente se ha vuelto a confirmar que son necesarios para la salud.(2,3,4)

El consumo de ciertos alimentos como aceites vegetales, nueces y algunos pescados se recomienda por sus calidades saludables, entre ellas, el contenido de grasa, y por su potencial para reducir el riesgo de enfermedad, incluida la enfermedad cardiaca y el cáncer.

Los ácidos grasos existen en los alimentos como mezclas, y ciertos alimentos son buenas fuentes de ácidos grasos específi-cos. Por ejemplo, las principales grasas poliinsaturadas de fuentes vegetales incluyen el ácido linoleico (LA), un ácido graso omega 6 que se encuentra en los porotos de soja, en el maíz y en el girasol, y el ácido alfa-linolénico (ALA), un ácido graso omega 3 que se encuentra en la semilla de lino y en los aceites de lino, canola y soja.

Los ácidos grasos omega 3 de cadena larga, como el ácido eicosapentanoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA) se encuentran en los pescados grasos como el salmón, las sardinas y la caballa.

Ácidos grasos omega 6

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Fuentes de ácidos grasos omega 6

* Extractado del Banco de Datos Nacional de Nutrientes del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, Servicio de Investigación Agrícola, visitado en: http://www.ars.usda.gov/ * Extractado del Servicio de Investigación Económica del De-partamento de Agricultura de los Estados Unidos. Anuario de Cultivos de Aceite 2008: Tabla 31 Grasas y aceites comestibles: Oferta y desaparición, EE.UU., 1993/94-2008/09 disponible en: http://usda.mannlib.cornell.edu/.

Recomendaciones de consumo de omega 6

En 2002, el Instituto de Medicina (Institute of Medicine - IOM) revisó la evidencia para los requerimientos de grasa alimentaria y recomendó que entre el cinco y el diez por ciento de las calorías totales debían provenir del ácido graso linoleico omega 6 para tener efectos beneficiosos sobre la enfermedad cardiaca coronaria (ECC). Después de los 50 años se requiere un poco menos.(5)

Esto es un reconocimiento del valor crítico que esta grasa tiene para la salud. El siguiente cuadro, "Ácidos grasos omega 6 y omega 3: Ingestas recomendadas y usuales" incluye datos de in-gesta recomendada y usual para dos tipos específicos de grasas omega 6 y omega 3.

En el cuerpo, las grasas omega 6, específicamente el ácido linoleico, se alargan y forman el ácido araquidónico, que se in-corpora a las células y a las membranas de las células ofreciendo un soporte estructural. También se lo puede encontrar en órganos vitales como el cerebro, los ojos y los riñones y es parte importante de la señalización celular.

La proporción omega 6/ omega 3

A pesar de estas recomendaciones del Instituto de Medicina, el estudio permanente de las cantidades óptimas de grasas poliin-saturadas en la dieta ha llevado a establecer la premisa de que es necesario un equilibrio específico de grasas omega 6 y omega 3 para maximizar los beneficios de estas grasas.(6)

Algunos científicos creen que las dietas con alto contenido de grasas omega 6 con relación al contenido de grasas omega 3 se pueden asociar con mayor prevalencia de enfermedades cróni-cas, entre ellas enfermedad cardiaca y ciertos tipos de

cáncer.(6,7,8)

Esta teoría ha llevado a proponer el uso de una meta para la pro-porción de ingesta de grasas omega 6 / omega 3 para evaluar el riesgo para la salud y para hacer recomendaciones alimentarias tanto para la dieta de una persona como para alimentos individ-uales.

Se estima que la proporción de ácidos grasos omega 6 y omega 3 en la dieta actual es de aproximadamente 9.8 a 1, y algunas es-timaciones llegan a mencionar una proporción de 20-25 a 1.9. Unos pocos estudios sugieren que lo deseable es una proporción mucho menor de grasas omega 6 respecto de las omega 3, entre 2 a 1 y 5 a 1, para reducir el riesgo de enfermedad, incluida la enfermedad cardiaca, el cáncer y los trastornos autoin-munes.(7,8)

Aún así, recientemente un grupo de científicos especializados en nutrición fue convocado por la Asociación Estadounidense para

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el Corazón para evaluar la validez de una proporción definida como meta. Estos científicos descubrieron que el uso de una proporción como consejo alimentario para las personas no sólo es difícil de medir y de implementar, sino que también hay er-rores y limitaciones en la aplicación de una proporción a cumplir para evaluar el riesgo de enfermedad.(10)

Otros investigadores indican que la proporción de los dos ácidos grasos carece de importancia, y son las cantidades absolutas de cada tipo de ácido graso lo que es crítico. Citan la función bien establecida del ácido linoleico para bajar los niveles de coles-terol en sangre. Además, reconocen la evidencia clínica y epi-demiológica que prueba el valor de las grasas omega 3, especialmente de los aceites de pescado, para reducir el riesgo de enfermedad cardiaca coronaria.

Esta investigación sugiere que no es necesario modificar la pro-porción de grasas omega 6 y omega 3 reduciendo la ingesta de ácidos grasos omega 6. Es beneficioso aumentar las ingestas de omega 3, especialmente de pescado, a los niveles recomendados por esta pauta alimentaria.(11)

La mayor parte de la evidencia disponible hasta la fecha resalta la función beneficiosa que juegan las grasas omega 6 y omega 3 en la reducción del riesgo de enfermedad, y no la relación de ellas entre sí.(4)

Mientras que grupos como la Asociación Dietética Esta-dounidense, la Asociación Estadounidense para el Corazón

(AHA) y el Comité Asesor de Pautas Alimentarias de los Esta-dos UniEsta-dos recomiendan el consumo de pescado en las comidas, particularmente pescado rico en ácidos grasos omega 3 de ca-dena larga, esta recomendación no resta valor a los ácidos gra-sos omega 6 para beneficio de la salud.(12,13,1)

En este momento, los estudios disponibles no demuestran la necesidad de reducir la ingesta diaria de grasas omega 6. Por el contrario, si las personas comienzan a reducir su ingesta de grasas omega 6, los porcentajes de enfermedad cardiaca coro-naria (ECC) en realidad pueden aumentar, lo cual tendría un efecto negativo sobre la salud pública.(4)

Omega 6 y salud cardíaca

Los factores alimentarios pueden tener una función importante en el riesgo de enfermedad cardiaca. Numerosos estudios han demostrado cómo el consumo de ciertos alimentos puede afectar el colesterol total en sangre, incluida la lipoproteína de baja den-sidad (LDL) o "colesterol malo", la lipoproteína de alta denden-sidad (HDL) o "colesterol bueno", así como los triglicéridos. Los estu-dios con animales experimentales, las investigaciones de labora-torio, epidemiológicas y las formas genéticas de

hipercolesterolemia indican que el colesterol LDL elevado es una de las principales causas de ECC. Además, recientes en-sayos clínicos demuestran de manera contundente que la terapia de reducción del LDL reduce el riesgo de ECC. Por lo tanto, la estrategia primaria para reducir el riesgo de enfermedad cardiaca se concentra en reducir el colesterol LDL.14

Estudios epidemiológicos de grandes poblaciones a lo largo de varios años pueden detectar los cambios en la dieta con el tiempo y pueden comparar las ingestas individuales de varios nutrientes. El Estudio de Salud de las Enfermeras, que hizo un

1. Instituto de Medicina, Ingestas de referencia alimentaria para calorías, carbohidratos, fibras, grasas, ácidos Grasos, coles-terol, proteína y aminoácidos, 2002.

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seguimiento de 99.000 mujeres, y el Estudio de Seguimiento de Profesionales de la Salud, realizado en 51.000 hombres, encon-tró una relación inversa entre la ingesta de ácido linoleico y la ECC.(15,16,17)

Los hallazgos demostraron que las personas que consumían más grasas omega 6 en forma de ácido linoleico y más grasas omega 3 experimentaban una reducción en el riesgo de desarrollar ECC.

Estos estudios señalan la función del ácido linoleico en la reduc-ción del colesterol LDL así como en la reducreduc-ción de la propor-ción de colesterol total y colesterol HDL, que es otro factor de riesgo para enfermedad cardíaca. El ácido linoleico también puede actuar reduciendo los niveles de triglicéridos en sangre después de una comida o como medio para frenar las arritmias cardiacas adversas.(15)

Los ensayos clínicos ayudan a aclarar los mecanismos relaciona-dos con las grasas omega 6 y la reducción del colesterol, y nuevos estudios continúan sumando información.(18,19,3) En el cuerpo, el ácido linoleico de ácidos grasos de 18 carbones y el ácido alfa linolénico se alargan a cadenas de 20 carbones y, así, se forman sustancias parecidas a las hormonas, denominadas eicosanoides. Los eicosanoides son necesarios para la función inmune normal, para la inflamación y para la coagulación de la sangre. Las grasas omega 3 de cadena larga (EPA y DHA) que se encuentran en el pescado pueden reducir la enfermedad car-diovascular mediante la supresión de los factores inflamatorios. Las grasas omega 6 también reducen la enfermedad cardiovas-cular a través de los cambios que producen en muchos otros sis-temas, tales como aquellos que afectan la disponibilidad de oxígeno, el flujo de sangre, la resistencia a la insulina y la pre-sión arterial.(20,21)

En un análisis de 60 estudios clínicos se descubrió que los áci-dos grasos poliinsaturaáci-dos (principalmente ácido linoleico) re-ducen el colesterol LDL, aumentan el colesterol HDL y rere-ducen los niveles de triglicéridos totales en comparación con los carbo-hidratos.(22)

Es necesario hacer más estudios para comprender los efectos cardiovasculares de varias grasas. Si bien se ha escrito mucho acerca de los beneficios de las grasas omega 3,

estudios epidemiológicos y estudios clínicos hechos en pobla-ciones grandes afirman que el mayor consumo de grasas omega 6 se relaciona significativamente con un menor riesgo de ECC. Esta correlación inversa se da en hombres, mujeres y jóvenes, así como en otros individuos.(23,24,2)

Además, un reciente Consejo de Ciencia de la Asociación Esta-dounidense para el Corazón afirma que el consumo de por lo menos cinco a diez por ciento de calorías de grasas omega 6

re-duce el riesgo de ECC con relación a las ingestas por debajo del cinco por ciento de las calorías.(4)

Cáncer y ácidos grasos omega 6

El Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer y el Instituto Estadounidense para la Investigación del Cáncer publicaron un informe basado en evidencia sobre alimentos, nutrición, activi-dad física y prevención del cáncer. El informe permitió des-cubrir que hay evidencia limitada para sugerir que la ingesta de grasa total es una causa de cáncer de mama, de pulmón o de cáncer colorrectal.(25)

Además, los estudios que examinan la relación entre los ácidos grasos específicos y el cáncer no brindan un panorama claro. Un meta análisis, que evaluó el ácido linoleico y el riesgo de cáncer de mama, de pulmón y de cáncer colorrectal, encontró pocos datos para sugerir el aumento del riesgo de cáncer y la ingesta de ácido linoleico.(26)

El gran Estudio Japonés de Cohorte en Colaboración, que ob-servó el desarrollo de cáncer colorrectal en personas normales durante un período de siete años, no demostró ningún efecto apreciable de las grasas omega 6 sobre el mayor riesgo de cáncer colorrectal.(27)

Otro estudio indicó que las grasas omega 6 estaban inversa-mente relacionadas con el riesgo de cáncer colorrectal, pero que el efecto no era estadísticamente significativo.(28)

Sin embargo, las grasas omega 6 también pueden tener una fun-ción en la incidencia de cáncer de mama y de páncreas. El con-sumo en la dieta de grasas omega 6 se correlacionó con una menor incidencia de cáncer de mama.(29)

Los estudios preliminares con tejido específico de mama sobre el riesgo de cáncer son menos concluyentes. Y los estudios he-chos en células demuestran efectos protectores y potencialmente perjudiciales.(30,31)

Del mismo modo, los estudios preliminares que evalúan el cáncer de páncreas también demuestran efectos beneficiosos y protectores del omega 6 sobre el riesgo de cáncer de pán-creas.(32,33)

Continúa surgiendo la relación entre las grasas omega 6 y el cáncer, y comprende la necesidad de entender mejor cómo las grasas omega 6 pueden tener una función en distintos mecanis-mos de acción en el cuerpo. Si bien todos los cánceres son úni-cos y conllevan sus propios grupos de factores de riesgo, las actuales recomendaciones consensuadas del Instituto Nacional del Cáncer recomiendan que, para reducir el riesgo de cáncer, las personas deberían dejar de fumar, manejar su peso corporal

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aumentando la actividad física y manejar las calorías, consum-iendo más frutas y vegetales, y evitar el consumo de alco-hol.(34)

Otros efectos del omega 6

Dado el reciente aumento de los casos de alergia y asma y la relación entre los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga eicosanoides, que tienen una función en la función inflamatoria e inmune, algunos científicos han especulado que el omega 6, el omega 3 o la proporción de omega 6 y omega 3 en la dieta pueden estar asociados con las alergias. Sin embargo, una en-cuesta detallada sobre afecciones respiratorias, que incluyó in-gestas alimentarias y análisis de sangre, reveló que no hay asociación entre la ingesta de ácidos grasos ni entre la propor-ción de grasas omega 6 y omega 3 en la sangre y la fiebre del heno o la sensibilidad alérgica.(35)

Estudios más recientes evalúan las grasas poliinsaturadas y los efectos que pueden tener sobre el cuerpo a medida que envejece-mos. El declive en la velocidad de la conducción nerviosa es un problema común del envejecimiento. En un estudio italiano se descubrió que el contenido total de grasas poliinsaturadas en la dieta predecía un declive significativamente menor en la veloci-dad de conducción nerviosa (VCN) así como una segunda me-dida de la función nerviosa en individuos menores de 65 años.(36) Una mayor ingesta de base de ácido graso omega 6 predijo menos declive de la VCN en las personas de entre 65 y 84 años de edad. Este estudio aparentemente confirma y amplía el estudio de Rótterdam, en el que se encontró una relación entre los ácidos grasos poliinsaturados totales y un menor riesgo de enfermedad de Parkinson.(37)

Si bien los autores no recomiendan tomar suplementos con grasas omega 6 para mejorar la neuropatía periférica, recomien-dan realizar más estudios para explorar este concepto.

Fuente

Fundación del Consejo Internacional de Información Alimenta-ria

Referencias

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