MANUEL ADRIÁN LÓPEZ DEL LIBRO INEDITO SINDROME DE RESIGNACIÓN

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Texto completo

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https://www.iztacala.unam.mx/errancia/v22/caidal_25.html Síndrome de resignación

Te avisan los carniceros:

sin mirarte

sin tan siquiera tocarte un hombro sin querer saber nada de tu pasado.

No revisan tu hoja clínica.

Tú currículo aquí no importa ni los libros publicados

ni tus lecturas

ni tus anaqueles con la evidencia expuesta.

Aquí solo cuenta que tipo de

seguro tienes.

Te preguntan:

¿Cómo está tu situación económica?

Guarda tus credenciales.

Ni te atrevas a mencionar de dónde vienes

invéntate otra nacionalidad

cambia el acento

visualízate sin ese pesar que han creado “just for you”. Cierra los ojos

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ponte en coma tú mismo.

Deja de comer y tragar

aunque te pongan delante

un vino verde.

Transpórtate a un lugar menos hostil.

No dejes ni una señal de tu paradero:

apaga el celular

cancela la suscripción de Netflix antes de embarcar en ese letargo.

Letargo fabricado por los manipuladores

los que se la saben todo los que hoy

son poetas por encargo

mañana editores

y si eso no le da

vuelven a la peluquería.

Serán shampoo girls

clavando sus uñas en el cuero cabelludo

de clientas que solo leen

revistas del corazón.

Tus libros nadie ni tan siquiera los ojeará mientras sigas despierto.

Con cada publicación tuya

en el solar cibernético vas eliminando seguidores.

Una daga en sus pupilas.

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Apúntate al plan:

una siesta infinita

duerme

hasta que pase el apocalipsis y el amiguismo se evapore

y llegue la sequía

de culpar a los gringos de su prepotencia

y de todos nuestros males

sin observarnos

sin ubicarnos debajo de la lupa sin aceptar la maldad

que se escapa de las muelas cariadas

de los nuestros.

Has sido contaminado con la epidemia

te lo repiten los encargados.

No tienes edad

para el síndrome de resignación.

Eres un caso entre mil.

A tus cincuenta lo que te toca son otros malestares.

Esto debe ser deficiencia de la niñez

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y vitaminas.

Todas controladas por el bestiario insular. Revolucionarios que en sus palacios

visten de Adidas

y comen langostas de Maine.

Acaso no fue un mártir nuestro el que dijo: “Los niños son la esperanza del mundo.” Nadie recuerda tales palabras.

Los amos han manipulado la cita celebre

y la memoria del poeta

a su antojo.

Si logras escapar a la pandemia

despertarás en una cama desconocida

sin almohadas con plumas de ganso y a la par de niños ucranianos.

Bostezarás estirándote después de tu prolongado caos y no recordarás absolutamente nada.

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https://www.iztacala.unam.mx/errancia/v22/caidal_25.html Niños apáticos

No éramos niños refugiados de la antigua Rusia. Esto no sucedió en Suecia.

Nuestro mal era caribeño.

Sufríamos una enfermedad tropical

y lo único que recordábamos de los rusos era su peste a grajo

y la carne enlatada que apareció

una temporada en la isla.

Éramos niños apáticos

hijos de padres gusanos.

Nos alimentábamos por las manos de la abuela. Por las sondas corrían frijoles negros

a veces duro frio de mango

mermelada de guayaba y dulce de leche.

No escuchábamos los discursos de seis o más horas.

no lo necesitábamos inculcaban nuestros padres.

Éramos niños apáticos.

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de un pulpo verde olivo

y en cualquier momento podía llegar la hora señalada.

Vestidos de miedo

esperábamos pensando:

¿y si nos regresan?

Quisiera haber olvidado la travesía el amargo del vomito

ese fuerte olor a orina

que luego me dejó queriendo sentirlo en todo mi cuerpo

la primera vez que me bañe con otro hombre.

Y hemos seguido siendo niños apáticos aparentemente despiertos

sin realmente pertenecer

de un lado o del otro.

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https://www.iztacala.unam.mx/errancia/v22/caidal_25.html Resignarme

¿Cuántas veces debo resignarme? O acaso esto es un perenne estado

una vida entera de rodillas

un síndrome incurable. No creo haberme recuperado

del salto en el estómago.

Mariposas acuchilladas sucumbiendo

en mi interior.

Nunca superé la ansiedad

de sentir un informante

a mis espaldas.

No he logrado olvidar

a la anciana sin nombre

suspendida por extraños sobre las olas furiosas.

La ubico repetidamente

en todo lo que escribo.

Me resigno a no pertenecer. Nadie nos salvó

de los hambrientos tiburones

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aparentando ser héroes

mientras enriquecían a la par de burgueses

a los que deben criticar

para seguir empañándole la vista

a los que nos prohíben

manjares.

Las vacas son nuestras hermanas

corren por la sabana

temblando de miedo

con las mismas mariposas nuestras

acuchilladas en estómagos anémicos. Resignarnos. Pudrirnos en espera a sabiendas que no superaremos el pánico: ¡Queremos costillas!

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https://www.iztacala.unam.mx/errancia/v22/caidal_25.html Aprender a contar la comida y otros menesteres

Aprendo a contar las rebanadas de pan tocan a dos por día.

Mastica lento la ensalada mustia.

Macarronis disfrazados un día con perejil y ajo

otro

revueltos con gandules

y siempre con un velo de mozzarella.

Nada de quemar la comida en estos tiempos.

No te atrevas a botar ni un frijol.

Escurre la última gota de tomate de la batidora.

La corteza del pan ponla a un lado

tuéstala

acompáñala con la sopa.

¡Ah la sopa!

No cuentes a nadie que has derramado

la crema de apio y zanahoria hirviente

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¡Serás castigado!

Un hombre ante un tribunal

Confieso estar inundado por ácido.

Un ácido que fluye envilecido

por mis caries

con residuos del verde

eneldo

y el coral quemado del salmón.

Por la yema desgastada

de pinchazos diarios

para saber que tan alto o bajo anda mi dulzor.

En los hombros y su peso

desproporcionado

resguardando la memoria

la mía

y la de otros ya idos.

No soy Robin Hood ni tan siquiera Errol Flynn.

No llego a sus talones

ni a su belleza ni a su masculinidad.

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Lucho conmigo

contra mis deficiencias

con ese apabullante deseo

de ser acariciado por hombres. Hombres sin rostros

ni apellidos.

Hombres negros o blancos delgados y obesos.

No discrimino a la hora de

aceptarlos.

Ese minuto breve del roce es lo único que logro recordar.

Batallo con el pie derecho

y su protuberancia huesuda afilada espada

que corta zapatos

y dibuja arcos sangrientos

que no logro sentir.

Soy un cementerio de cicatrices

una tumba por cada herida

un mausoleo estrictamente para el motor.

Un motor impaciente

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y ser mejor.

Confieso que he dedicado mi obra a señalar lo que me disgusta

lo que me da asco

lo que no cabe en mis pupilas. Pupilas que lento se apagan

intermitentes

una chispa restante en la fogata.

Denuncio los excesos

la vileza de mujeres y hombres

que dicen ser mejor.

La ceguera de activistas que no consideran a mi pueblo

cautivo

por un traidor y su familia

herederos de la Bacardí dueños absolutos del caimán.

Me confieso.

Confieso que errado a veces estuve.

Calciné con palabras

o miradas

a varios y varias sanguijuelas.

También corrí lejos

de oportunistas

de hombres que buscaban

un salvavidas

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o volvieron

los que debían seguir caminando

a mi lado.

Los que nos daremos la mano sudorosa y gélida

en la recta final.

He sido implacable.

He sido fiel e infiel.

He sido tonto a la ligera.

Se me ha hecho más fácil dar

que recibir

y de ahí parte esta frialdad esta ventisca aplacada

esta conformidad aparente

este apagado pesar

en mi interior agrio.

Aquí estoy ante ustedes

jueces implacables dispuesto

a que me descuarticen

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https://www.iztacala.unam.mx/errancia/v22/caidal_25.html La otra pandemia lo agarró desprevenido

Esa reina viril y trasnochada

dando pasitos lentos aplastantes

como los que la fabrican

no se dejó ver.

Estaba enfrascado

con el síndrome de la resignación.

Había llegado a un puerto abandonado. Un puerto que le avisaba

era hora de ocuparse

del niño que había sido. Las grúas portuarias

oxidadas

hacía años que no querían manejar

cargas pesadas.

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cuando pensó haberla extraviado.

Retenerla consigo.

Agradecer que no se la llevaran aquel febrero.

La arrolladora con corona sorprendió a todos.

Tuvo que salir a buscar provisiones:

Alcohol para las heridas. Laticas para la gata.

Agua oxigenada para las heridas.

Comida seca para la gata.

Pan de varios tipos para las heridas. Papel higiénico para la gata.

El aire se sentía con una densidad extraña. Lo único que recordó

fue aquel huracán de los 90

y el silencio antes de azotar.

En pocos días la reina se apoderó del mundo.

Él quiso ser como los demás:

Repetitivos miedosos

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Se apartó.

Desde entonces la espera.

Espera a esa reina que no es monarca de nadie

y dueña de todos.

Me han preguntado por los desamparados de la ciudad

No he leído noticias sobre el paradero de los desamparados. No puedo contestar.

Así de egocentrista somos.

No sé dónde los han ubicado. ¿Será al este o al oeste

de la metrópolis agonizante?

No tienen la luz que tengo en este palomar

ni las nubes que prohíben exigir respuestas.

Tienen más:

La brisa absoluta les pertenece.

No tienen la ansiedad que viaja conmigo.

Son dueños de amaneceres con y sin vistas

diseñadas a su antojo.

El sol y la luna los resguardan en sus bolsillos

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Arrepentido estoy de creerme el ombligo del mundo.

¡No tengo idea de lo que han hecho con los desamparados de mi ciudad!

La parejita blanca maquiavélica

Infectemos a las computadoras para luego venderle el antivirus.

Infectemos a la población

para luego venderle la vacuna.

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De salvadores y farsantes

Andará sobre los mares el Mesías contando los verdes

cruzando el puente de Brooklyn.

En los 80’s la hizo grande con el SIDA embobeciendo hasta Larry Kramer.

El simpático negro-blanco Hussein

le otorgó millones para Wuhan en el 2015. El mismo Wuhan del supuesto murciélago.

El 10 de enero del 2017 en Georgetown University

dio conferencia (pagada por supuesto) sobre la próxima pandemia.

Meryl le susurró al oído una canción de CATS.

El ex jefe de la CIA le otorgó una mención.

Dios Fauci que estas en la ciénega

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Los finales en tiempo de pandemia

Una prima me dijo de la muerte del esposo de una amiga del vecino suyo y la escuché con atención

además de los “wow’s” y los “aja’s” requeridos. Me asombré del mismo modo

cuando tuve un pene gigante y rubio en mis manos infantiles y primerizas

obligándome a acariciarlo

debajo de la escalera

en ese edificio que hace esquina

de la ciudad del fango.

El muerto tuvo que enfermarse y morirse solo en la habitación de un hospital sin nombre

sin que los suyos lo apapacharan

una última vez.

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el cortejo fúnebre desfiló por frente de la casa

sonando el claxon escandalosamente

para que la viuda con saludo tipo Evita Perón

y escondida detrás de las persianas

se despidiera de su amor.

Manuel Adrián López nació en Morón, Cuba (1969). Poeta y narrador. Su obra ha sido

publicada en varias revistas literarias de España, Estados Unidos y Latinoamérica. Tiene publicado los libros: Yo, el arquero aquel (Editorial Velámenes, 2011), Room at the Top (Eriginal Books, 2013), Los poetas nunca pecan demasiado (Editorial Betania, 2013. Medalla de Oro en los Florida Book Awards 2013), El barro se subleva (Ediciones Baquiana, 2014), Temporada para suicidios (Eriginal Books, 2015), Muestrario de un vidente (Proyecto Editorial La Chifurnia, 2016), Fragmentos de un deceso/El revés en el espejo, libro en conjunto con el poeta ecuatoriano David Sánchez Santillán para la colección Dos Alas (El Ángel Editor, 2017), El arte de perder/The

Art of Losing (Eriginal Books, 2017), El hombre incompleto (Dos Orillas, 2017), Los días de Ellwood (Nueva York Poetry Press, 2018/2020), y Un juego que nadie ve (Ediciones Deslinde,

2019).

Su poesía aparece en las antologías: La luna en verso (Ediciones El Torno Gráfico, 2013), Todo

Parecía. Poesía cubana contemporánea de temas Gay y lésbicos (Ediciones La Mirada, 2015), Voces de América Latina Volumen II (Media Isla Ediciones, 2016), NO RESIGNACIÓN. Poetas del mundo por la no violencia contra la mujer (Ayuntamiento de Salamanca, 2016), Antología Paralelo Cero 2017 (El Ángel Editor) y Escritores Salvajes (Hypermedia, 2019).

Ha participado en varios eventos literarios: Miami Book Fair International, XXXV Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería en Ciudad México, IV Festival Atlántico de Poesía de Canarias al Mundo en Gran Canaria, España, V Festival de Poesía de Lima en Perú, Poesía en Paralelo Cero 2017 en Ecuador, en la lectura bilingüe, Poetry of the Americas, en New York Public Library, Americas Poetry Festival New York 2017, X Festival Internacional de Poesía en Puerto

Rico, y Semana Internacional de la Poesía de Santo Domingo 2020.

Todos los poemas pertenecen al libro inédito que busca casa, Síndrome de resignación

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