T R A T A M I E N T O P S I C O L Ó G I C O P A R A L A A N S I E D A D

Texto completo

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Año 2021

Curso On Line

Lic. en Psicología Olivera Noelia B.

nolivera2020@ebg.ec

T R A T A M I E N T O P S I C O L Ó G I C O

P A R A L A A N S I E D A D

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Contenido

Clase 1: Comprendiendo el concepto de Ansiedad

De acuerdo con algunos investigadores como Sierra, Ortega y Zubeidat (2003) no se necesita mucha perspicacia para advertir que la psicología recoge multitud de conceptos cuyas definiciones se contradicen o se solapan a la vista de diferentes desarrollos teóricos, indicio de su nivel de avance y complejidad como ciencia. Muchas expresiones lingüísticas diferentes se refieren a la experiencia subjetiva de la ansiedad, ésto ha generado cierta confusión e inexactitudes en el uso habitual del término “ansioso”.

Multiples investigaciones se han desarrollado a lo largo de la história con dos problemas fundamentales: la ambigüedad conceptual del constructo de ansiedad y las dificultades metodológicas para abordarlo. Estos problemas dieron lugar a que las distintas corrientes psicológicas (psicodinámica, humanista, existencial, conductista, psicométrica y, las más recientes, cognitiva y cognitivo-conductual) se ocuparan del abordaje de la ansiedad y de las similitudes y diferencias con otros conceptos, dada la gran confusión terminológica con la angustia, el estrés, temor, miedo, tensión, arousal, entre otros.

Sin embargo, cualquier teoría de la ansiedad que espere ser útil para la investigación o tratamiento de la misma debe distinguir claramente el “miedo” de la “ansiedad”.

Barlow y Beck coinciden en que el miedo es un constructo fundamental y discreto mientras que la ansiedad es una respuesta subjetiva más general. De este modo:

 El miedo es un estado neurofisiológico automático primitivo de alarma que conlleva la valoración cognitiva de una amenaza o peligro inminente para la seguridad física o psíquica de un individuo.

 La ansiedad es un sistema complejo de respuesta conductual, fisiológica, afectiva y cognitiva (es decir, a modo de amenaza) que se activa al anticipar sucesos o circunstancias que se juzgan como muy aversivas porque se perciben como acontecimientos imprevisibles, incontrolables que potencialmente podrían amenazar los intereses vitales de un individuo. En relación al solapamiento de conceptos como ansiedad, angustia, estrés y preocupación o nerviosismo, algunos autores han logrado realizar investigaciones basadas en la evolución de algunos de estos conceptos o el desarrollo y estudio de sus particularidades, logrando asi establecer aspectos que los diferencian entre sí. Sin embargo, cabe resaltar que existen aún muchas corrientes y autores que las emplean como sinónimos.

Es por esta razón que muchas investigaciones remarcan el hecho de que, si bien la ansiedad es uno de los conceptos más estudiados e investigados en el campo de la salud mental, algunos autores han destacado su carácter multívoco, multifacético y ambiguo.

Si bien cada corriente psicológica adopta una visión particular en lo que a la ansiedad refiere trazando su estrategia de trabajo en función de ello, cabe considerar la distinción hecha desde la psicología de la personalidad que concibe la ansiedad en términos de rasgo y estado. Desde el punto de vista de rasgo (personalidad neurótica), se presenta una tendencia individual a responder de forma ansiosa, es decir, se tiende hacia una interpretación situacional-estimular caracterizada por el peligro o la amenaza, respondiendo ante la misma con ansiedad. En general, esta tendencia va acompañada de una personalidad neurótica de base similar a la timidez, apareciendo durante largos periodos de tiempo en todo tipo de situaciones. Existe una gran variabilidad interindividual en cuanto al rasgo de ansiedad, debido a la influencia tanto de factores biológicos como aprendidos; así pues, algunos sujetos tienden a percibir un gran número de

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situaciones como amenazantes, reaccionando con ansiedad, mientras que otros no le conceden mayor importancia. Por otra parte, la ansiedad entendida como estado se asimila a una fase emocional transitoria y variable en cuanto a intensidad y duración; ésta es vivenciada por el individuo como patológica en un momento particular, caracterizándose por una activación autonómica y somática y por una percepción consciente de la tensión subjetiva. Cuando las circunstancias son percibidas como amenazantes por el sujeto, la intensidad de la emoción aumenta independientemente del peligro real, mientras que cuando las mismas son valoradas como no amenazantes, la intensidad de la emoción será baja, aunque exista dicho peligro real. La relación entre ambos puntos de vista es muy estrecha, pues un individuo con alto rasgo de ansiedad reaccionará con mayor frecuencia de forma ansiosa (Miguel-Tobal, 1996. Citado en Sierra, Ortega y Zubeidat, 2003). Spiellberger (1966, 1972, 1989) propuso la teoría de Ansiedad Estado – Rasgo siendo que:

 Ansiedad estado es un estado emocional inmediato, modificable en el tiempo, caracterizado por una combinación única de sentimientos de tensión, aprensión y nerviosismo, pensamientos molestos y preocupaciones, junto a cambios fisiológicos.

 Ansiedad rasgo hace referencia a las diferencias individuales de ansiedad relativamente estables, siendo estas una disposición, tendencia o rasgo. Esta se manifiesta directamente en la conducta y debe ser inferida por la frecuencia con la que un individuo experimenta aumentos en su estado de ansiedad. De este modo las personas con alto grado de ansiedad rasgo perciben un mayor rasgo rango de situaciones como amenazantes y están más predispuestos a sufrir ansiedad estado de forma más frecuente o con mayor intensidad.

Con el fin de remarcar la complejidad de la ansiedad, Miguel-Tobal (1990) Tras realizar una revisión de las distintas orientaciones propone que “la ansiedad es una respuesta emocional, o patrón de respuestas, que engloba:

 aspectos cognitivos, displacenteros, de tensión y aprensión;

 aspectos fisiológicos, caracterizados por un alto grado de activación del sistema nervioso autónomo;

 aspectos motores, que suelen implicar comportamientos poco ajustados y escasamente adaptativos.

Esto guarda especial relación con el modelo tridimensional de la ansiedad, propuesto por Peter Lang en 1968, donde una experiencia emocional cualquiera puede descomponerse en tres componentes:

-EMOCIÓN (con sus manifestaciones fisiológicas) -PENSAMIENTOS

-CONDUCTA.

Cada uno de estos componentes se encadenan, relacionan, y suceden entre sí para generar una vivencia más amplia, que llamamos experiencia emocional.

Estos conceptos tan simples a primera vista nos permitirán comprender el comportamiento humano sano y también el patológico. Serán una magnífica ayuda para entender cómo nos comportamos y por qué, en algunas ocasiones, llegamos a sentirnos tan terriblemente mal. Al mismo tiempo, y gracias a comprender cómo y por qué sufrimos, seremos capaces de plantear soluciones y mostrar al lector cómo introducir cambios que nos conduzcan hacia una vida emocional más plena, saludable y satisfactoria.

La respuesta de ansiedad puede ser elicitada, tanto por estímulos externos o situacionales, como por estímulos internos al sujeto, tales como pensamientos, ideas, imágenes, etc., que son percibidos por el individuo como peligrosos y

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amenazantes. El tipo de estímulo capaz de evocar la respuesta de ansiedad vendrá determinado en gran medida por las características del sujeto y determina la característica endógena y exógena de la misma.

Considerando lo endógeno y exógeno debe contemplarse además el concepto de vulnerabilidad.

La vulnerabilidad es una condición permanente (si bien modificable en mayor o menor medida según el caso), producto de la suma o interacción de dos factores principales:

A) la carga genética con la que hemos llegado al mundo y

B) las modificaciones psico-neuro-biológicas operadas en nuestro cerebro-mente por el entorno de crianza, en particular por los llamados eventos traumáticos tempranos.

Cualquiera de estos dos factores, aun operando en solitario, será capaz de generarnos una vulnerabilidad aumentada si su peso específico resulta suficiente. La vulnerabilidad constituye entonces una matriz dinámica sobre la cual actuará el tercer factor de esta ecuación: los estresores, o eventos adversos, de la vida actual. Quienes presenten elevada vulnerabilidad serán más susceptibles a desarrollar, frente a eventos estresantes actuales (pérdidas, separaciones, problemas laborales, sociales o de salud, etc.) o aun en ausencia de ellos, síntomas de ansiedad, preocupación excesiva o trastornos del estado de ánimo, que aquellos afortunados portadores de una vulnerabilidad menor.

Hablamos de herencia o herencia genética para referirnos a características normales o patológicas que deben su presencia, en buena medida, a la expresión de genes transmitidos de padres a hijos. Subrayamos expresión para denotar que los genes no siempre manifiestan, o expresan, su potencial. Muchos de ellos, por diversas razones, permanecen en silencio a lo largo de toda la vida.

El neuroticismo y el transportador de serotonina (SERT), serian dos elementos bien conocidos en cuanto a su incidencia en el desarrollo de ansiedad, preocupación excesiva e inestabilidad emocional.

Todo lo hasta aquí mencionado influye en la variabilidad interindividual de la ansiedad.

En cuanto a la clasificación de los trastornos de ansiedad el DSM V ha realizado diversas modificaciones respecto a lo que se proponía en sus versiones previas que deben considerarse:

 El DSM V ya no incluye el TOC dentro de los trastornos de ansiedad (ahora está incluido en los Trastornos Obsesivos Compulsivos y trastornos relacionados). El DSM V ya no incluye el el TEPT ni el Trastorno por Estrés Agudo dentro de los trastornos de ansiedad (ahora están incluidos en Trastornos relacionados con el trauma y estresores). Sin embargo, el orden secuencial de estos capítulos en el DSM V refleja la cercana relación entre ellos.

 Agorafobia, Fobia específica y Trastorno de Ansiedad Social (Fobia

Social): Primero, se elimina el requisito de que los mayores de 18 años

reconozcan que su ansiedad es excesiva o irracional. En cambio se especifica que la ansiedad debe ser desproporcionada para el peligro o amenaza real de la situación, teniendo en cuenta los factores culturales. Segundo, el criterio de 6 meses de duración se aplica ahora a todas las edades, para reducir el sobrediagnóstico de miedos transitorios.

 Ataque de pánico: Se cambian los diferentes tipos de ataques de pánico del DSM IV por los términos esperado e inesperado

 Trastorno de pánico y agorafobia: Ambos diagnósticos no están relacionados en el DSM V, son dos diagnósticos con criterios separados.

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Este cambio reconoce que un número importante de individuos con agorafobia no tienen síntomas de pánico.

 Trastorno de Ansiedad Social (Fobia Social): El término “generalizada” se ha eliminado y sustituido por “situaciones de ejecución” (ejemplo, hablar en público). Estos individuos se diferencian en términos de etiología, edad de inicio, respuesta fisiológica y respuesta al tratamiento.

 Trastorno de Ansiedad por Separación: en el DSM IV estaba incluido en la sección “Trastornos en la infancia y adolescencia”, y en el DSM V pasa a los Trastornos de Ansiedad. Se elimina el criterio de inicio antes de los 18 años, se han especificado de forma más adecuada los síntomas del trastorno en los adultos (por ejemplo, las conductas de evitación pueden ocurrir en el trabajo) y se incluye un criterio de duración de al menos 6 meses, para diferenciarlo de miedos transitorios.

 Mutismo selectivo: en el DSM IV estaba incluido en la sección “Trastornos en la infancia y adolescencia”, y en el DSM V pasa a los Trastornos de Ansiedad, ya que la gran mayoría de niños con este trastorno son ansiosos (Dehesa, s/d)

En la CIE-11, los trastornos de ansiedad y trastornos relacionados con el miedo que se manifiestan a lo largo de la vida se reúnen en una nueva agrupación. Bajo la CIE-10, la mayoría de los trastornos de ansiedad se encuentran en el grupo de los trastornos neuróticos, relacionados con el estrés y somatomorfos. La propuesta de la CIE-11 es reunir a todos los trastornos de ansiedad o miedo en esta nueva agrupación. Los trastornos de ansiedad por separación y el mutismo selectivo, que se clasifican en la CIE-10 en una sección separada en los trastornos de la infancia, también se incluyen en esta nueva agrupación. Cada trastorno en esta agrupación se define de acuerdo con sus características esenciales (es decir, requeridos) con un énfasis particular en el foco de aprehensión, es decir, el estímulo o situación que desencadena el miedo o la ansiedad. Debido a que la activación f isiológica y la evitación existen en todos los trastornos de ansiedad en diferentes grados, el foco de aprehensión proporciona la base más clara para la diferenciación diagnóstica. Los Trastornos obsesivos-compulsivos y trastornos relacionados, y los asociados específicamente con el estrés, también se han colocado en agrupaciones distintas en la CIE-11, separados del grupo de los trastornos de ansiedad y trastornos relacionados con el miedo. Las guías diagnósticas propuestas en la CIE-11 para el diagnóstico reconocen elementos comunes entre todos estos grupos, entre ellos el hecho de que el miedo y la ansiedad son a menudo presentaciones de los síntomas de estos otros trastornos. Una guía práctica sobre cómo diferenciar los trastornos de ansiedad y trastornos relacionados con el miedo, y otros trastornos con síntomas superpuestos, se proporciona en las guías diagnósticas propuestas en la CIE-11 (Kogan, 2017)

Clase 2: análisis de los componentes de la ansiedad

El autor Rasnik (2018) expresa que cuando la ansiedad alcanza niveles muy elevados desencadena síntomas físicos y mentales tan inquietantes que el sitio y el contexto donde la crisis tuvo lugar quedan asociados, en nuestra memoria, a la posibilidad de un nuevo episodio futuro. Con frecuencia un solo episodio de ataque de pánico (que es un tipo de crisis de ansiedad) resulta suficiente para inaugurar una historia de años de evitación. No por nada quienes sufrimos de preocupación excesiva evitamos todo tipo de situaciones que impliquen incertidumbre o mayores problemas, y con ello el temido incremento de la ansiedad.

A fin de poder realizar una distinción entre la ansiedad patológica de la ansiedad normal, deben considerarse cinco aspectos señalados por Beck y Clark (2012), que

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encuadran la multiplicidad de síntomas y características propias de una ansiedad clínica:

 Cognición disfuncional.  Deterioro del funcionamiento  Persistencia

 Falsas alarmas

 Hipersensibilidad a los estímulos

En lo que a sintomatología refiere, si bien es variable y relativa, se pueden considerar en el plano de lo cognitivo y desde diferentes autores: distorsiones cognitivas, pensamientos automáticos, expectación aprensiva, pensamientos catastróficos, sesgos en el procesamiento de la amenaza y la seguridad, intolerancia a la incertidumbre, SEPOEN, rumiación, autodominio y autoestima baja, entre los más destacados; y, desde lo conductual y emocional: limitaciones en diferentes áreas de la cotidianeidad de la persona, conductas de evitación, estrategias de afrontamiento maladaptativas, inquietud, palpitaciones, dolores, contracturas, cefaleas, mareos, hiperventilación, baja tolerancia, sensación de agotamiento o falta de ánimo, frustración, miedo, tristeza, angustia, entre otros. Rasnik (2018) explica en uno de sus libros el circuito de la preocupación excesiva donde se integran gran parte de los aspectos previamente mencionados. En este circuito, señala que se encuentran:

Evento disparador

Intolerancia a la incertidumbre Pensamientos catastróficos Vivencias de indefensión

Percepción alimentada de amenazas Necesidad de control

Aludiendo a las palabras del autor, en este circuito los elementos descriptos se estimulan y retroalimentan entre sí. La preocupación excesiva se hace presente con todo su peso en el escenario de la conciencia, ya sea en primerísimo plano o como ruido de fondo. La rumiación anticipatoria de inconvenientes o calamidades gira como una cinta sinfín. La sensación de debilidad o indefensión aumenta tanto la búsqueda o monitoreo de amenazas (si nos sentimos incapaces de defendernos, mejor estar bien atentos) como la necesidad de control. La consiguiente percepción distorsionada de amenazas incrementa, a su vez, el temor y la incertidumbre (y cómo no, si encontramos señales ansiógenas por todos lados). La incertidumbre nos marea, nos confunde, no nos deja pensar, se hace insoportable. No conseguimos decirnos quizás no sea nada, imposible para nosotros considerar la posibilidad de que puede ser una pavada, o algo no tan serio Los pensamientos catastróficos se solazan a gusto por nuestro cerebromente. Resultado de todo lo anterior: preocupación excesiva, expectación aprensiva, agobio.

Los autores Beck y Clark (2012) mencionan que La ansiedad es multifacética, conlleva elementos diversos del dominio fisiológico, cognitivo, conductual y afectivo del funcionamiento humano:

 Las respuestas fisiológicas automáticas que normalmente ocurren en presencia de una amenaza o de un peligro se consideran respuestas defensivas. Implica la activación del sistema nervioso autónomo.

 Las características conductuales implican primordialmente las respuestas de abandono o de evitación, así como de búsqueda de seguridad.

 Las variables cognitivas aportan la interpretación lógica de nuestro estado interno como de ansiedad.

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 El dominio afectivo se deriva de la activación cognitiva y fisiológica conjunta y constituye la experiencia subjetiva de la sensación ansiosa.

Clase 3: Trastornos de ansiedad y consideraciones para el tratamiento psicológico

Los trastornos de ansiedad, en sí mismos o asociados a otras patologías, son una de las causas más frecuentes de consulta en atención primaria. La falta de una pauta común de presentación, la somatización y asociación con enfermedades crónicas, así como la necesidad de una terapéutica específica y en ocasiones prolongada, hace que el manejo de estos pacientes resulte complejo (Orozco y Baldares, 2012)

Para el tratamiento no solo deben conocerse los aspectos propios a la ansiedad y a los trastornos asociados a la misma, sino, que deben contemplarse aspectos propios a la etapa vital de la persona que asiste en busca de atención psicológica. Así, por ejemplo, los miedos constituyen un factor casi constante en el transcurso del desarrollo humano. La aparición de la ansiedad en los niños, lejos de constituir un rasgo patológico, indica una evolución en la que podemos observar la conciencia que el niño va adquiriendo acerca de su propia individualidad, de sus límites y de sus recursos. El registro de aquello que pueda resultar peligroso es una adquisición evolutiva fundamental.

Hay por lo tanto miedos que son considerados normales a lo largo de la infancia, los cuales disminuyen o desaparecen cuando el niño evoluciona de modo normal. Si esto no ocurre, es probable que nos encontremos frente a un Trastorno de Ansiedad.

Guerra y Herrera (2007) señalan que el estado psíquico ansioso en la niñez se expresa con manifestaciones de síntomas emocionales (miedo excesivo, expresión de vivencias negativas, preocupación por eventos futuros, tristeza, llanto, necesidad insatisfecha de afecto y agresividad); neurovegetativos (cefalea, hiperhidrosis, cólicos, taquicardia, frialdad en la piel, dermatitis y alopecia areata); motores (hiperactividad o pasividad); vinculares (conflictos en las relaciones interpersonales con padres, adultos y coetáneos y la agresividad); cognoscitivos (distractibilidad, afectación dinámica de la actividad mnémica y disminución e inestabilidad del rendimiento intelectual), y trastornos de los hábitos (pesadillas, insomnio, inapetencia, enuresis y tics) con predominio de los primeros, no secundarios a otra enfermedad y con una evolución progresiva y dinámica de los mismos, con tendencia a la estructuración en la medida en que no se atiende al menor, limitando temporalmente el eficaz desenvolvimiento del niño en al menos dos contextos de interacción social y expresándose con determinada intensidad al menos durante un año, en correspondencia con la influencia de factores potencialmente psicopatógenos, de repercusión negativa en la esf era familiar, escolar o social. Tayeh, gonzalez y Chaskel (s/d) expresan que la mayoría de los criterios diagnósticos usados para los trastornos de ansiedad pediátricos son los de la población adulta, con pocas adaptaciones para los niños y adolescentes. Aunque la unificación de los criterios diagnósticos de ansiedad de los adultos con los de los niños y adolescentes promueve la identificación de factores de riesgo tempranos para la ansiedad crónica, tiene como desventaja que puede llevar a considerar enfermedad las diferentes manifestaciones de ansiedad no patológicas, que se presentan típicamente a lo largo del desarrollo infantil, si no se tienen en cuenta la existencia y las edades normales de cada una a la hora de realizar diagnósticos de trastornos de ansiedad.

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Con el fin de minimizar el sobrediagnóstico de los trastornos de ansiedad en edades pediátricas por confusión con los miedos transitorios normales del desarrollo, el DSM-5 amplió el criterio del tiempo mínimo que deben estar presentes los síntomas ansiosos, a 6 meses para los pacientes menores de 18 años de edad.

En un estudio realizado por Moreno, Barrio y Mestre (1995) se corroboro lo que muchos los autores habían concluido en cuanto a que los Acontecimientos vitales negativos en la infancia o adolescencia son predictores de desórdenes psicológicos como la ansiedad.

Otros autores resaltan que Además de la genética, la química del cerebro, la personalidad y sucesos de la vida, se debe considerar lo siguiente a fin de comprender la ansiedad en los adolescentes:

 Altas expectativas y presión por alcanzar el éxito

 Un mundo que parece atemorizante y amenazador. Redes de apoyo  Las redes sociales

 Reacciones inesperadas y desproporcionadas al desarrollo normal de experiencias

Considerando las particularidades hasta aquí descriptas, que pueden ser parte de la vida de un adulto que es diagnósticado con ansiedad y las contingencias o factores estresantes propios de las obligaciones, el trabajo, la familia, entre otras muchas responsabilidades propias de esta etapa vital, suele ser más común, recién durante ésta, la búsqueda de ayuda terapéutica. Especialmente si en las etapas previas no se han desarrollado recursos o estrategias de afrontamiento adaptativas para hacer frente a la ansiedad.

En la vejez, los trastornos de ansiedad se relacionan con diferentes trastornos mentales anteriores a esta etapa vital o de inicio en la edad adulto o finales de la edad adulta y con las situaciones puntuales de deterioro de la salud que puedan derivar en dificultades mayores de salud o en pensamientos de muerte o en la vulnerabilidad de la salud física. En general los trastornos de ansiedad en la vejez están relacionados con depresión, demencias, alcoholismo y con problemas físicos que pueden crearles inseguridad o dependencia no deseada.

Pocas veces se encuentra el trastorno de ansiedad como diagnóstico principal en los ancianos, pocas veces se produce a partir de los 65 años y generalmente porque se incluye dentro de otra categoría diagnóstica que se considera la principal como puede ser la depresión, enfermedades somáticas, etc.

Desde el departamento de salud y servicios de los Estados Unidos, Instituto Nacional de la Salud Mental, los trastornos de ansiedad ocurren comúnmente junto con otras enfermedades mentales o físicas, incluyendo abuso del consumo de alcohol o sustancias, lo cual puede enmascarar los síntomas de la ansiedad o empeorarlos. En algunos casos, estas otras enfermedades necesitan ser tratadas antes de que una persona pueda responder a un tratamiento para el trastorno de ansiedad.

Cada trastorno de ansiedad tiene diferentes síntomas, pero todos los síntomas se agrupan alrededor de un temor o pavor irracional y excesivo. En general, los trastornos de ansiedad se tratan con medicación, tipos específicos de psicoterapia, o ambos. Los tratamientos a escoger dependen del problema y de la preferencia de la persona. Antes de comenzar un tratamiento, un médico debe realizar una evaluación diagnóstica cuidadosamente para determinar si los síntomas de una persona son causados por un trastorno de ansiedad o por un problema físico. Si se diagnostica un trastorno de ansiedad, el tipo de trastorno o la combinación de trastornos presentes deben identificarse, al igual que cualquier enfermedad coexistente, tales como depresión o abuso de sustancias. En ocasiones, el alcoholismo, la depresión, u otras enfermedades coexistentes tienen un efecto tan

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fuerte sobre el individuo, que el tratamiento del trastorno de ansiedad debe esperar hasta que las enfermedades coexistentes queden bajo control.

Los individuos con Trastornos de Ansiedad que hayan recibido tratamiento previamente, deben informarlo a su médico, reportando si fue farmacológica o de psicoterapia, incluyendo el tipo de medicación, dosis inicial, efectos secundarios y resultados (Orozco y Baldares, 2012)

Es bien sabido que cada corriente psicológica expondrá sus estrategias de trabajo en función de su mirada, teorías de base y conceptualización de los trastornos a tratar. Sin embargo, la terapia cognitivo conductual (TCC) es el enfoque psicoterapéutico más usado en el tratamiento de los trastornos de ansiedad. Avalada por un cuerpo de investigación científica a nivel mundial, la TCC es una psicoterapia centrada en el presente y focalizada en el problema motivador de la consulta. Estudios científicos han demostrado su eficacia en el tratamiento de la preocupación excesiva. En tratamientos bien realizados conduce a una mejoría de los síntomas de ansiedad y esos buenos resultados se mantienen luego del tratamiento (Rasnik, 2018)

El terapeuta que adhiere a esta terapia para tratar los Trastornos de ansiedad, diseña su intervención en función del diagnóstico diferencial, los síntomas y su rango y las particularidades propias del paciente y su contexto, valiéndose de técnicas y estrategias puntuales.

Asi por ejemplo, Rasnik (2018) expresa que la TCC enfocada en la preocupación excesiva y catastrófica aporta ejercicios y técnicas destinados a aprender a controlar los estados de preocupación, a desafiar pensamientos distorsionados y a modificar comportamientos disfuncionales. Dentro del conjunto de ejercicios y técnicas mencionados se incluyen:

• Psicoeducación acerca de la preocupación excesiva y la ansiedad; • Autorregistro de la preocupación;

• Técnicas de respiración profunda y relajación muscular; • Reestructuración cognitiva de pensamientos distorsionados; • Ejercicios de afrontamiento a situaciones temidas;

• Exposición a la preocupación.

Con frecuencia y de acuerdo con las necesidades de determinados pacientes, necesitamos incorporar a la psicoterapia técnicas adicionales. Algunas de ellas son: • Técnica de Resolución de problemas;

• Manejo del tiempo;

• Entrenamiento en asertividad;

• Psicoeducación en higiene del sueño

Desde Beck y Clark (2012) describen un marco de trabajo general para la conceptualización cognitiva del caso que puede aplicarse a todos los trastornos de ansiedad. Este incluye:

Evaluación diagnóstica y de síntomas

-Entrevistas diagnósticas -Medidas de síntomas

Activación del miedo: evaluación y formulación

-Análisis situacional

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-Respuestas Inhibitorias Inmediatas -Errores cognitivos de procesamiento

Revaloración secundaria: evaluación y formulación

-Evaluación de las capacidades de afrontamiento -Conducta Intencionada de Búsqueda de Seguridad -Modo constructivo

-Afrontamiento cognitivo y la función de la preocupación -Revaloración de la amenaza

En lo que a tratamiento farmacológico refiere Orozco y Baldares (2012) describen un tratamiento a corto y a largo plazo:

Tratamiento a corto plazo (12 semanas): El objetivo es la disminución de la frecuencia e intensidad de las crisis, control de la ansiedad anticipatoria y de las conductas evitativas agorafóbicas. Las intervenciones psicológicas (cognitivo-conductual) han demostrado ser efectivas. Así como también, el abordaje con inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), antidepresivos tricíclicos (ATC) y benzodiazepinas (BZD). Se recomienda mantener el tratamiento 12 semanas para valorar sus resultados. El tratamiento combinado (psicoterapia más antidepresivos) a corto plazo parece más efectivo que la psicoterapia sola o el tratamiento farmacológico solo.

Tratamiento a largo plazo (3-4 meses): En el tratamiento a largo plazo el objetivo es mantener el control sobre los síntomas y reducir las tasas de recaída.

Para Rasnik (2018), la medicación, si se utiliza de manera adecuada y oportuna, constituye una herramienta de gran utilidad en el tratamiento de la preocupación excesiva y catastrófica, el TAG (trastorno de ansiedad generalizada) y los trastornos de ansiedad en general. Es muy importante que la indicación se realice en el marco de un diagnóstico de certeza (esto parece una obviedad, pero en muchos casos no se cumple) e integrada en un enfoque psicoterapéutico específico. De no ser así habrá altas probabilidades de que el tratamiento no brinde los resultados perseguidos.

La indicación de medicamentos en desórdenes anímicos o de ansiedad se realiz a, en general, cuando los síntomas comienzan a ser muy molestos casi todos los días durante buena parte del día, o cuando, a pesar de ser menos frecuentes o duraderos, su intensidad resulta demasiado elevada y difícil de tolerar. En aquellas personas en las cuales la sintomatología es moderada, intentaremos, en primer término, trabajar el problema con recursos psicoterapéuticos adecuados a cada caso en particular. Si estos no resultan eficaces dentro de plazos razonables recurriremos, de manera simultánea, a la medicación.

En lo que a prevención refiere Orozco y Baldares (2012) expresan que Dentro de los objetivos de la prevención de la ansiedad en atención primaria se describen: a) Identificar a los individuos de alto riesgo para TA e introducir estrategias para reducir ese riesgo;

b) Detección precoz y el tratamiento adecuado de los nuevos casos; c) Disminuir el riesgo de recaídas;

d) Minimizar la discapacidad y minusvalía en los casos en que los síntomas son prolongados y severos.

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A su vez esa prevención se divide en una prevención primaria, secundaria y terciaria:

PREVENCIÓN PRIMARIA: Identificar los individuos de alto riesgo valorando los factores de riesgo:

a. Factores de riesgo relacionados con las experiencias b. Factores de riesgo relacionados con la vulnerabilidad c. Ausencia de apoyo social

PREVENCIÓN SECUNDARIA a. Detección precoz

b. Tratamiento precoz de los nuevos casos c. Intervenciones psicológicas focalizadas PREVENCIÓN TERCIARIA

a. Prevención de recaídas b. Reducción de daño

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