J a c k F a r f á n C e d r ó n
El Cristo enamorado
Primera Edición e-Book, Cajamarca, Septiembre 2011
COPYRIGHT © Jack Farfán Cedrón, 2008
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Y encontré a Jesucristo y le conté que estaba enamorado, y
éste durmióse, como estaba escrito.
I
Tientas mi rastro desaparecido, mi camino agrietado hacia el vacío Caída a oscuras,
eterna sinfín, danza viento, huella tranquilidad, agua luego del diluvio; Ariadna mía, desastrosa, en fiesta colorida de otoño
En un principio eran las tinieblas, presencia,
luz regada orando las corolas, tiernas frescas azucenas, ángelus del bosque,
preludio sueño de las flores
Magdalena de mar a mis pies besando Yo recogí tus trenzas negras mojadas, ráfaga en la cruz volando,
legión de tinieblas y sollozos bajo mis párpados perdonadores Yo te perdoné y te besé
en nombre de las ovejas desordenadas Yo fui redención para tu cuerpo mutilado Yo te amé a la primera luz
Y dormimos al primer riego de rosarios tendidos bajo lámparas
Y se acordó Pedro de las palabras de Jesús, que le dijo: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliéndose fuera, lloró amarga- mente
San Mateo 26, 75
II
Bailarina de los cascabeles plateados Yo y sólo yo supe que me mirabas, como al último solitario,
desde la fiesta de tus cascabeles, bailarina de la noche,
fantasma casual de los vacíos Entonces fue el olor de tu face, canela fatigada,
perdida de los sollozos, abrazada mía oré oré oré
y el gallo predecía mi naufragio en tus lagos de oscuridad circundándome el sufrimiento, llorándome por todas las ovejas atardeceres olvidados
Los corderos son los destellos desaparecidos El mar ya no regresa los recuerdos
El Reino de los Cielos es se- mejante a una red que se echa al mar y recoge peces de todas clases.
San Mateo 13, 47
En la red de mi música estás presa, amor mío, y mis redes de música son anchas como el cielo.
Pablo Neruda Poema 16
III
Entre las redes viene mi pesar Los peces ya no escapan
Entre las redes, camino hacia las aguas Quedan todos los espacios
Entre las redes llora tu silencio La neblina se disipa
En el puerto aún esperas
Tu pelo húmedo después de la tormenta, paso de gaviota,
silencio después del trino,
persecución de multitudes que ruegan a espaldas de mi Sol,
de cara hacia la Luna;
recolectora de mis lágrimas sólidas luego que me alejo de la Luna; adiós visita de ave,
mujer mala,
tu bondad me endulza
fiesta velorio, fogata fenecida; última fogata apagada en las playas Red inconsolable de oraciones
IV
A veces, cuando es hora de orar por todos, en nombre de todo y para todo,
nace tu oración entre mis ojos, tu primera oración, pecadora mía; rostro de Luna bañado por el Sol, mañana atascada en la neblina, cielo descorazonado
Lámparas
V
Mujer de escombros destruidos,
de guerras entre dioses que ignoran el cuerpo, guerras y casas regadas en sangre,
riego de tus brazos en mi perdón Redentora mía de mi ahogo
VI
Consoladora de los vacíos impenetrables, hoy te he sentido cansada,
te he visto disuelta entre la niebla Mañana presentida de los ecos, te he visto cansada esperando la lluvia de los vacíos impenetrables Triste, viaje de canario
por el itinerario celeste, con las alas de oro del verano
VII
Me dueles por estar solitaria y silente, agua reposada,
VIII
Aquí en mis manos de luz,
aquí tengo tus ojos que me rozan, aquí musita el aire,
aquí sobra el mundo
IX
Detenme la hora del sueño Un despertar abre mi camino La palabra está naciendo
Tú recorres el lenguaje de mis manos Oración de regreso,
tibio canto al mediodía, plegaria de partida
en las astas frías del otoño
Qué harás cuando callen los principios Paso de nube y de color,
riego cromado de las luces
Tus ojos, el perfil de la oscuridad, el eterno retoño de los trigos maduros Pero aún no estás detenida,
X
En ti es la gloria
En el día, banderas aves
llegan de sombra hacia tus ojos En ti es la noche,
lumbrera perdida del mundo, azul como las flores calladas,
Entonces Jesús se alejó de allí en barca a un lugar despoblado para estar solo. Pero la gente, en cuanto lo supo, lo siguió por tierra desde sus pueblos. Jesús, al desembarcar y ver a tanta gente reunida, tuvo compasión y sanó a los enfermos.
San Mateo 13, 13-14
XI
Me voy hacia en la barca con los míos No me despierten hasta el advenimiento de tus manos en mi frente
No quiero despertar y ver gotas de estrella entre tus ojos Me gustarás demasiado demasiado demasiado
Ya no tendré rocío de universo en la mirada Vete y no toques mis entrañas
Duermo solo y no me acuerdo del camino, te sueño solo en gotas de estrella en la mirada
XII
Adónde van las golondrinas cuando pienso desde los escombros del cielo
cuando por ser fría
haces que las cosas sean ese fuego de ceniza derrumbada, corazón de ceniza, corazón del cielo,
con despedidas aladas como flechas,
golondrinas punzando el corazón del cielo derruido A veces te alejas para tomarme de la mano
entre los cristales que piensas cuando ida Qué veo cuando alzo mi cáliz al cielo y pienso en la canción de ángeles,
grande rosa iluminada pensando a orillas del río, escuchando el alma lejana del agua,
escogiendo como sembradora entre el agua y la Tierra los colores de las piedras soleadas
Creadora del postludio de la melancolía Sentada/arrodillada junto a tu cesta de oro y tu pelo fresco recién creado para la lluvia, recién mojado para mi olfato,
tu pelo mojado cuando te respiro lejana; tu pelo, esa lluvia de veranos dormidos desde la cruz aquí distante tu lamento, creadora del día derruido
A veces me hablabas como la noche al silencio del río, me instabas al silencio,
yo me iba pensativo
Regresé y lo vi en tu rostro Iluminada
Enamorada del Sol al otro lado de la Tierra Tierna creadora de mis oraciones
Tú escuchabas mis pasos en el interludio del milagro perdido Creadora de oraciones de agua en reposo
XIII
Si la lluvia monótona persiste, yo te esperaré
en la capa blanca del día,
sufriendo tu llegada en mis brazos, crucificado en la neblina de mi espera, paladeando la dulce hiel de tu saliva
XIV
Del corazón gris de las nubes me vienen flechas aladas a punzar Escondo tus palabras de rechazo
XV
Me voy a soñarte alegre
aunque también te pongas triste si te duele verme solo en la cruz
pensando en tus párpados verdes y suaves, Triste soñolienta que sonríes
XVI
Tus ojos son las puertas de la lluvia, los pasos del cielo que en legión avanzan con todos sus soldados, grillos de viaje, a la mañana que sonrías en los míos
Y como descendió del monte, le seguían muchas gentes.
San Mateo 8, 1
Y la compañía que era muy nume- rosa, tendía sus mantos en el camino: y otros cortaban ramos de los árboles, y los tendían por el camino.
San Mateo 21, 8
XVII
Presiento que entre esta multitud cuando el asno venio venidero
entre palmas y sonrisas me encaminaba al viento, estabas llorando a corazones mi llegada
y te fuiste con la tarde
XVIII
Entre el agua y el celeste del cielo ascendíamos despacio a la gloria venida de muy lejos a sentir aleluyas
de cuerpos desnudos naciendo hacia el cielo, peces alegres que se alejan
En ese pueblo había una mujer conocida como pecadora. Esta, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, compró un vaso de perfume y, entrando, se puso de pie detrás de Jesús. Allí se puso a llorar junto a sus pies, los secó con sus cabellos, se los cubrió de besos y se los ungió con el perfume.
San Lucas 7, 27-38
XIX
Despiertas
Una tropa de hombres te posee Termina tu jornada y tu sábana llora y te sientas en una esquina y lloras,
desnuda en el lago que soñamos con tus lágrimas Pero yo te perdonaré todo,
hacedora de lamentos, tiende tu plegaria, lluvia lejana del Oriente
XX
Chasquean los pasos desastrosos del agua Un río nace y se aleja
Algunas gotas de agua en mi frente Estás presente entre la lluvia y lo adivino Yo que rezo para la lluvia
Recuerdo Manto suave
XXI
Encuentro amor en la tristeza
Curadas de invierno, golondradas criaturas, de primavera en rayo, de trueno en otoño; golondras cansadas aman la tristeza A la tristeza en el amor encuentro; en el viento soñando tras tu cortina, pelo ambarino,
prado cubierto de flores amarillas bajo una desgracia roja de nubes,
verano alejado lloviendo en esta ventana Detenida, mirando los grises
Paso de ave solitaria, ausente abandonada
entre multitudes plagadas de pecado, buscando luz en mis manos
Riego de mieses al viento silbador Tu pelo regado al viento de la tarde Cruz de caña, quena oprimida,
plantada sobre el trigo de fuegos dorados Llena, fértil,
capaz de cubrir la Tierra con tus pasos de grano Semilla, pelo de miel mañanera
XXII
Sentada en aquel muro, más allá, sombras despiertas; yo las veo,
son esos seres de humo negro y ceniza que me empañan tu neblina replegada donde duermes al borde
y ya parada y ya sola,
XXIII
Otra vez la desgracia de la lluvia Al amanecer un riego negro de casas, de vidrios, de sueños volados,
de peces dormidos a la orilla del barro, de banderas rotas de las naciones que rezo, calaveras cansadas flotando en un río cementerio Desgracia buscarte en la lluvia;
en los cerros difusos, enfermos; en las aves cojeando en los jardines; en vuelos imposibles, mariposas mojadas Y otra vez me duelen los pasos de la lluvia; guitarra sin cuerdas, rincón de mi choza, vela lloriqueando polvo y frío azul
Una nariz negra y húmeda tiritando lejos de mi puerta Este peso de narices de perro,
de orejas ausentes en caminos tormentas Hacedora rezando en lluvias por los perdidos, por los abrazados al barro en caminos tormentas
XXIV
Triada mágica, dulce colorida, descanso neblina dormida en los cerros acostados bajo lágrimas de cielo,
la noche vuelve a doler mis ojos en los astros
XXV
Dame todo el tiempo mirado, necesito silencio para imaginarte Vuelve a mis latidos,
toma el ritmo de mis pasos si a la torcida sombra del Sol, de espaldas, de poniente,
XXVI
Toma la huida a diestra y siniestra, las aguas,
la senda roja de la Tierra de la salvación, las tablas rotas,
el becerro de oro y la orgía, toma toda mi sangre
como el Sol ahoga en lágrimas de mar Tómalo todo,
déjame, déjame,
quiero hundirme rojo en latidos, permanecer tibio y destelloso
así desaparezcan los llantos de las aguas, destellos fugaces, latidos del Mar
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo estanca como el agua tu mirada nocturna.
Pablo Neruda Poema 16
XXVII
Alguien no me habla en compañía de mi ausencia, mas pienso y adivino el vacío de los astros,
la fugaz mañana en la Luna adormilada, todo el silencio de mi ausencia en tu mirada
Por ese tiempo, vino Jesús, de Galilea al río Jordán, en busca de
Juan para que lo bautizara.
San Mateo 3, 13
Y Jesús, después que fué bautiza- do, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vió al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y he aquí una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento.
San Mateo 3, 16-17
XXVIII
Pero memoria, déjala en blanco; quiero paz roja, pasión ave; vientos suaves de trinidad,
las primeras aguas bajadas desde mis ojos, palomas descendiendo en luz
a saludar mi frente,
vientos apacibles de trinidad, paloma Dame esa paz de tus manos,
esa loa de inicios de río, de pesares de mar Dame ese sueño, piénsame en el tiempo, recuérdame a mediodía
Dame paz negra y frío sueño,
pero olvídame, pero déjala en blanco, memoria río de neblina
XXIX
No me mires hacia la noche Mis luces no te sueñan,
mis destellos no corren tu belleza muerta, tus párpados de noche colorida
Pero no me mires hacia la noche niña caída sobre tus manos
XXX
¿En dónde piensas cuando piensas?
Pregunta vana, la colina más fría es tu morada Suave lecho de oscuridad en el invierno; dura, fin de fogata en las playas abandonadas Las gaviotas piensan a espaldas del ocaso
Y Jesús dijo: Las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recueste su cabeza.
San Mateo 8, 20
XXXI
Esto puede terminar
pero estás muy cerca y muy seria,
como los hombres a las manos de los niños hombres caídos a las Lágrimas
Y esto es, niña de la noche,
XXXII
No puedo existir vacío reflejando aguas rotas, no puedo existir, no puedo
SALMO DE PAZ
Sólo ven por la mañana,
como una canción de agua que soñara desde lejos en olas suaves de viento tranquilo,
entre nubes preñadas de Sol, en un tiempo celeste
de legiones de velas mariposas Ven solamente,
durmamos en paz
sobre un lecho de trenzas recogidas: sueño del pelo dormido del verano Mujeres acabadas
al advenimiento de la muerte tranquila Ven blanca, luz, ave;
ven sueño y duerme mi sueño, ven sola en la mañana tranquila
XXXIV
Te pienso triste al otro lado de la línea Las gaviotas ya no sueñan,
escapan del brillo de tus sueños, de tus párpados callados,
de tus sueños musicales en la línea Si despertaras dormitando
sería el inicio del espacio,
la explosión de los colores soñolientos en la línea de mis sueños perdidos
No se enciende una lámpara para esconder-
la en un tiesto, sino para ponerla en un candelero a fin de que alumbre a todos los de la casa. Así, pues, debe brillar su luz ante los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifi- quen al Padre de ustedes que está en los Cielos.
San Mateo 5, 14
XXXV
Hablas de la verdad y del invierno Tus ojos son la verdad mojada, la tempestad olvidando al viento, tendida en charcos negros y fríos
alrededor del horizonte plagado de gotas fugaces Ni una vela,
ni una luz dentro de una casa abandonada bajo la tormenta,
sólo un oscilar desesperado de árboles en las garras de la noche perdida la lluvia desgalgándose,
XXXVI
Una mano de luz predice mi camino una ausencia de despedidas,
vacía sin alas, ave desaparecida
Qué habré de conciliar entre plumas caídas, entre ramas desesperadas en el camino, qué habré de conciliar entre un adiós y el fugaz aleteo de la ausencia
XXXVII
Es clara la pasión de tu rosa escondida, oscura, sueño que precede al frío esta noche de grillos encuentros cruces en la música roja del tiempo,
atrás,
XXXVIII
Inclinada en la orilla pensando Ya el desorden pasó de la sangre Ya el alboroto de las estrellas pasó Rojas lágrimas
Los luceros han rodado y duerme la ventisca si hay que dejar este mundo
para ponerse pensativo al borde de tu regazo El Río habla el oro de las piedras
Canta la corriente noches tranquilas Ven tiempo de soledad
en flores blancas abrazadas a la orilla Arrodillada y distante,
flotando sobre guijarros de sueño soleado Tu voz canta, tu rostro es blanco y luz, tus manos derraman tesoros, polvo dorado; mas sólo piensas en lo bajo, lo negro del mundo Corre a la otra orilla
Nuestro río hacia abajo
Alcanzamos la lejanía dolorosa Qué puedo hacer para existir Ya se han ido tus pensamientos Levanta el rostro de Luna,
la mirada de un negro profundo, el loto imaginario de los días; levanta el rocío, las albas, la mirada Piensa en la orilla
Las Piedras huelen al calor, al olor verde del agua Piensa en la orilla
si tus ojos siempre vuelven al silencio del río Me vuelo tranquilo y caído
pero tranquilo
si hay que sonar la tibieza del río en los oídos Quédate, oye mi silencio,
La orilla resplandece Los reflejos de la vida Los tibios reflejos del río Inclinada en la orilla pensando
XXXIX
El hombre no debe caminar sobre las aguas El camino destella ocasos perdidos en el mar El camino es flotar los ojos en el mar,
sobre la luz del ocaso, sobre la luz del silencio
Eres mía, eres mía, y vives en mis sueños inmortales.
Rabindranath Tagore; El Jardinero, Poema 30
CANCIÓN A LA ÚLTIMA ESTRELLA SOLITARIA Nube de sangre en el cielo de mi alma
Para mi corazón eres el río de melancolía que amo cuando me retiro a quererte Eres de mis sueños
y ruedas como astro en llamas en la noche solitaria
Tus pies tibios soleados en una mañana que riego a tu paso Riegas de las mieses al viento perfume y color,
ave de agua perfumada;
tus alas son el paso de tus pies cálidos y frescos, ala flecha punzante de mi dolor dulce y alegre
El vino agrio que bebo de tus labios me sabe a tu dolor Eres de mis sueños
Y lloras como el fuego en llamas de la última estrella solitaria
Mis remansos son de noche radiante y viven felices durmiendo en tu mirada Mi pasión oscurece los ojos de tu Alma Barca repleta del mar de mi mirada Red vacía de mis peces alegres
La música plateada canta en sombras ocultas de mar Red vacía y solitaria
Yo te canto atrapándote en mis sueños Eres de mis sueños
MUERTE DE CRISTO Camino ciego y muerto
La Música es lenta en constelaciones que brillan Bailo una tenue balada con mi compañera ausente Por qué no ha de ser así
Tus brazos resisten y duermen mi muerte Tú, muerta y dormida en mi penumbra, constelación
La música es lenta Por qué no ha de ser Camino ciego y muerto El amor quedó
Estoy ciego y dormido
El amor es caminar hacia la muerte, con un candil de oscuridad,
hacia el vacío, hacia el vacío
Camino ciego y muerto
con el amor entre los ojos abiertos al silencio Por qué no ha de ser así
EL CRISTO ENAMORADO Separados de este mundo
en el lecho de escombros y ceniza que dejaron los hombres malos. Quemaron nuestra casa
y con ella los necios creyeron que todo acabaría entre nosotros. El pecado según los justos,
“nuestro pecado”,
según los que buscan un trono allá en lo alto, es lo que ellos hacen a escondidas.
“Nadie me ve”, -susurran como ratas, pero las lanzas justas de mi padre los pondrán donde siempre han estado, en su infierno que en Tierra urdieron. Como diamantes han relumbrado nuestras lágrimas
a puertas de un ocaso sin estrellas. Parte de este mundo son sombras y sombras de las sombras
como golondrinas
que cayeron del techo carbonizado a nuestro lecho de amantes perdidos en una selva de murmullos turbulentos. Cómo tan suaves tus muslos ante el lecho, cómo en un sueño te derrites
en el fuego de mi cuerpo
y desvistes la claridad de mi cuerpo primero. Desvistes el velo de un enigma
desvistes las dudas
y nuestros cuerpos se unen
en una danza suave de peces que se rozan y se chocan y retuercen
en un mar de plata viscosa. Esta manera de amarnos
como cuando entra el sol en la mañana virgen, como cuando un abismo se ilumina
ante el origen de la luz que vence todos los infiernos. Esta mística de amarnos en silencio.
Pusiste una llaga más grande que la que ya se encontraba en mi pecho,
me untaste el cuerpo con un frasco de lágrimas, me curaste las heridas
que dejaron un camino escarpado en la sombra de mi vida.
María Magdalena,
la de los tiernos lamentos en tardes frías, la pecadora apedreada,
la que también me acompañó a repartir palabras como peces,
el pan como cuerpo de una vida que acaba, el agua, la sangre divina de la vida,
como un vago vino que es mi sangre.
Los hombres ciegos como peces en un mar de lodo, los hombres ciegos nos señalan
con el dedo acusador, el amarnos,
el amarnos, que para nosotros es nacer cada día; ciegos hombres como peces en el lodo
Todos los hombres se ven la viga en el ojo ajeno, todos se ven culpables, sucios,
en un mar por donde no pueden caminar, hombres que han perdido la fe
en los rastros del agua que hunde sus pasos, ciegos por los rastros del sol cuando anochece,
ciegos comos las lágrimas del mar echadas a la deriva por una tempestad que azota la sal de los ojos,
ciegos ante la luz última que muere.
Como si ante una tumba que despide tristeza
asumieras el reto de llorar por este humano que siente, de cambiar tus habituales formas de instinto carnal, por una mujer limpia que ha cambiado
a la sombra del amor como un alero. Antes de que yo llegara a tu vida como una luz evidenciada por el humo en una casa que se ahoga en la miseria, antes que todo y sin noche y sin vacío, antes que tu cuerpo fuera un cementerio, una pared de barro
en donde todos clavan sus culpas como cruces, antes de toda esa desgracia que hiciste de tu cuerpo, eras una flor que se difunde
en un recinto de luces en un día soleado; antes eras la semilla,
antes de que yo llegara a tu lecho eras un punto que origina una vida,
un ciego espacio que se pierde en la memoria. Suaves pájaros surcan la tarde solitaria.
mis heridas están guardadas en el templo de tu cuerpo. Sé que la existencia es un surco de agua
por donde va dejando mi barca estrellas que nadie voltea a ver,
ni las razones prometidas por nadie que alargan la duda del viaje
de un final que está en otra luz que me espera. Nuestra separación es inminente, María Magdalena. Después de la cruz, ni los lamentos,
ni los ciegos ruegos que no alivian ni la muerte. Después de la separación final
ya todo estará dicho.
Jack Farfán Cedrón ha publicado Pasajero irreal y Vironte, (2005); Cartas y la serie de plaquettes Al Castor (2006); Ángel, Las ramas de la noche y El leve resquicio del amor (2007); Ángeluz, La Hendidura del Vacío y Series absurdas (2009); Gravitación del amor; Aves pestañas vaticinando el horror de las lágrimas (2010) y El Cristo enamorado (2011). Modera los blogs ‘El Águila de Zaratustra’ & ‘Exquioc’, y edita la revista on-line Kcreatinn, en la que prepara un especial a Emil Cioran. Textos suyos han aparecido en Periódico de poesía (UNAM, México); Letralia (Venezuela); Revista de Letras; La comuna de los desheredados; La comunidad inconfesable (España); Destiempos (México) y Letras hispanas.