CONTENIDO
EL QUE NOS MUESTRA LAS COSASQUE SUCEDERÁN . . . 1
JEHOVÁ RUGIENDO DESDE SIÓN . . . 65
LA VENIDA DEL REINO DE DIOS
Y LA POSICIÓN DE CADA CREYENTE EN ÉL . . . 115
EL MISTERIO DE LA ESPOSA DEL CORDERO . . . 151
LAS NACIONES SUBIENDO AL MONTE DE JEHOVÁ PARA
CONOCER SU CAMINO Y ANDAR POR ÉL . . . 179
EL QUE MULTIPLICA LOS PANES Y LOS PECES . . . 235
LA GRAN RAMERA SENTADA
SOBRE MUCHAS AGUAS . . . 279
EL QUE NOS MUESTRA
LAS COSAS QUE
LAS COSAS QUE SUCEDERÁN
Por William Soto Santiago
Domingo, 9 de Marzo de 2003
Santa Cruz, Bolivia
M
uy buenos días, amables amigos y hermanos presen-tes; es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.2. Reciban todos saludos de mi esposa Erica, y también
los niños reciban saludos de mis niñas América y Yahan-nah Gabriela.
3. Para esta ocasión quiero leer en Apocalipsis, capítulo
22, versos 6 al 9, donde dice de la siguiente manera:
“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.
¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.
Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas.
Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.
Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca.”
4. Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos
permita entenderla.
5. Nuestro tema es: “EL QUE NOS MUESTRA LAS
COSAS QUE SUCEDERÁN.”
6. En el verso 6 de este pasaje que leímos, dice:
“Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”
7. Conforme a esta Escritura el que muestra las cosas que
deben suceder pronto, las cosas que sucederán, es el Ángel del Señor Jesucristo, enviado por el Señor para ese propó-sito.
8. En Apocalipsis 22 también, verso 16, Cristo mismo,
hablando de Su Ángel, dice:
“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”
9. También en el capítulo 4 del Apocalipsis, también dice:
“Después de esto mire (verso 1), y he aquí una puerta
abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas.”
10. Y en Apocalipsis, capítulo 1, dice:
“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan,
que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto. Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras
de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.”
11. Desde el capítulo 1 del Apocalipsis hasta el capítulo 22
del Apocalipsis encontramos al Ángel del Señor Jesucristo enviado con la revelación de Jesucristo; así como en el Antiguo Testamento, desde el Génesis hasta Malaquías, encontramos al Ángel de Jehová enviado por Dios; y a través del Ángel de Jehová, Dios se manifestó a Adán y a todos los demás profetas: a Set, a Enoc también, a Noé también, a Abraham, a Isaac, a Jacob...
12. Jacob luchó con el Ángel de Jehová, y no lo soltó hasta
que recibió la bendición del Ángel de Jehová, el cual le cambió el nombre de Jacob a Israel (eso está en el capítulo 32 del Génesis, versos 24 al 32). Y Jacob dijo que había visto a Dios cara a cara. Y el lugar donde tuvo esa expe-riencia le llamó: “Peniel”, que significa: “Rostro de Dios.”
13. Ahora, ¿quién es el Ángel de Jehová en el Antiguo
Testamento? Es nada menos que Cristo en Su cuerpo
angelical. Dios a través de Cristo en Su cuerpo angelical creó los Cielos y la Tierra. Cristo en Su cuerpo angelical es el Verbo que era con Dios y era Dios, y se hizo carne, conforme a San Juan, capítulo 1. Vean. Dice:
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.
Este era en el principio con Dios.
Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hom-bres.”
14. Y ahora, el Verbo que era con Dios, y por el cual Dios
creó todas las cosas, es nada menos que Cristo.
también, verso 1 al 4, ahora capítulo 1, verso 14 de San Juan, dice:
“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre noso-tros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”
16. Y cuando el Verbo se hizo carne, ¿quién era? Jesucristo
nuestro Salvador, el Verbo hecho carne. El Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, se hizo carne, se hizo hombre de esta dimensión terrenal; pero antes de hacerse carne en esta dimensión terrenal, Él era hombre de otra dimensión, y ése es nada menos que el Ángel de Jehová, el cual le apareció al Profeta Moisés en una llama de fuego, y le dijo: “Yo Soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.”
17. ¿Y cómo el Ángel de Jehová puede ser el Dios de
Abraham, de Isaac y de Jacob, y Dios también del padre de Moisés (o sea, de Amram, el padre de Moisés)?
Porque Él es el Verbo que era con Dios y era Dios. Él es nada menos que Jesucristo en Su cuerpo angelical, en quien estaba Dios; y a través de Jesucristo en Su cuerpo angelical, llamado el Ángel de Jehová, se le apareció a Moisés.
18. Y la Escritura dice en el libro de los Hebreos, o carta de
los Hebreos de San Pablo, en el capítulo 1, verso 7, Él dice que hace a Sus ángeles espíritu y a Sus ministros llama de Fuego. Y en el capítulo 1, verso 14, dice que son ángeles ministradores enviados a los herederos de salvación. Los herederos de salvación reciben la visita de ángeles de Dios, los cuales traen la Palabra de Dios en cada tiempo.
19. También en Proverbios, dice en el Proverbio número
20, verso 27, dice:
“Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre
Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre, La cual escudriña lo más profundo del corazón.”
20. Es el espíritu del hombre el que escudriña lo profundo
del ser humano. Nadie conoció las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en el hombre, en el ser humano; ése conoce las cosas del hombre, el espíritu propio de la persona. Y dice: “Y nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu, ¿de quién? De Dios.” [Primera de Corin-tios 2:11]. Y el Espíritu de Dios es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, Cristo en Su cuerpo angelical.
21. Todas las cosas le fueron reveladas a Jesucristo. ¿Ven?
Y Jesucristo decía: “Yo no hago nada de mí mismo, sino que lo que yo oigo al Padre hablar, y lo que yo veo al Padre hacer, eso es lo que yo hablo y eso es lo que yo hago.” [San Juan 5:19] No puede el Hijo hacer nada de Sí mismo; tampoco puede hablar nada de Sí mismo.
22. Así como usted: su cuerpo físico no puede hablar nada
de sí mismo, porque el cuerpo físico no es el que habla. Usted le saca el espíritu y el alma a un cuerpo, ¿y qué es? Un cadáver; y usted le pregunta a ese cuerpo algo, y no le puede contestar; porque el cuerpo no es el que habla, el que habla es el que está dentro del cuerpo, el cual es alma viviente. Y él (el alma viviente) usa el espíritu, que es un cuerpo de otra dimensión; y el espíritu usa el cuerpo de carne, y transmite a través del cuerpo de carne lo que el alma está diciéndole a las personas. Y así es Dios en Jesucristo.
23. Veamos aquí, en Hebreos, capítulo 1, verso 1 en
adelante, lo que nos dice San Pablo, el cual tenía una revelación completa de Dios el Padre y de Cristo. Dice, capítulo 1, verso 1 al 3:
maneras en otro tiempo a los padres por los profetas...”
24. ¿Cómo habló Dios en el Antiguo Testamento? Por
medio de los Profetas; era Dios en Espíritu Santo manifes-tado en los profetas, era Dios a través de Su Ángel, el Ángel de Jehová, usando velos de carne llamados los Profetas de Dios.
“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,
en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”
25. Y ahora Dios habla por medio de Jesucristo como habló
a través de los Profetas del Antiguo Testamento.
26. Y ahora Dios con Su cuerpo angelical, llamado el
Ángel de Jehová, el cual era manifestado en los Profetas, ahora está manifestado en un cuerpo de carne que Él mismo se creó en el vientre de la virgen María.
27. Y ahora tiene Dios Su propio cuerpo de carne llamado
Jesús. En Jesucristo habitó la plenitud de la Divinidad.
28. En ninguno de los Profetas había habitado la plenitud
de la Divinidad, porque todos habían nacido por medio de la unión de un hombre y de una mujer; pero ahora nació uno por medio de Creación Divina, llamado Jesús, nació en Belén de Judea, y en ese cuerpo de carne habitó Dios en toda Su plenitud. Por eso Jesús decía: “El Padre que mora en Mí.” Y también en una ocasión dijo: “El Espíritu del Señor está sobre mí.”
29. Así que el Padre... Padre, Hijo y Espíritu Santo estaba
en Jesús: eso es la plenitud de Dios habitando en un cuerpo de carne. Por eso Jesucristo es la Persona más importante, no solamente del planeta Tierra, sino del Universo comple-to. Vean, dice:
“...En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”
30. ¿Ven? Dios por medio de Jesucristo, estando Jesucristo
en Su cuerpo angelical, y llamado el Ángel de Jehová, creó Dios el Universo completo. “En el principio creó Dios los Cielos y la Tierra.” ¿Cómo? Por medio de Su Hijo Jesucris-to, estando Jesucristo en Su cuerpo angelical, llamado también el Verbo que era con Dios y era Dios, porque Dios estaba dentro de Él.
31. ¿Y para quién creó Dios por medio de Jesucristo
todas las cosas? Para Él. Jesucristo es el Heredero de todas
las cosas, a quien constituyó heredero de todo.
32. ¿No es acaso el más importante de toda la Creación,
Jesucristo? ¡Si es el Heredero de todo! Nadie más tiene nada, el único que tiene es Jesucristo, Él es el Dueño de toda la Creación. Y si es el Dueño de toda la Creación, ¿será el más importante de todos? No hay nadie más importante. Todo le pertenece a Jesucristo.
33. Por lo tanto, Él es el único que tiene la vida eterna para
otorgarla a toda persona que quiere vivir eternamente con Cristo en Su Reino. El que no quiera vivir con Cristo en Su Reino eternamente, pues no tiene que recibir a Cristo como su Salvador, no va a estar allá con Cristo.
34. Pero el que quiere vivir con Cristo en Su Reino por toda
la eternidad, entonces lo recibe como su Salvador, Cristo lo recibe; la persona arrepentida de sus pecados los confiesa a Cristo, Cristo lo perdona, y con Su Sangre preciosa lo limpia de todo pecado, y la persona es bautizada en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Cristo dijo: “Id por todo el
mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no
creyere, será condenado.” [Marcos 16:15].
35. Así que todo ser humano en esta Tierra tiene dos
opciones: o creer, o no creer. Si no cree: es condenado, será juzgado en el Juicio Final y será echado en el lago de fuego, que es la segunda muerte, donde dejará de existir en cuerpo, espíritu y alma, y será como si nunca hubiese existido esa persona en la Tierra. Pero el que creyere y fuere bautizado, será salvo y vivirá eternamente con Cristo en Su Reino.
36. Ahora, podemos ver la bendición tan grande que hay en
creer en el Evangelio y recibir a Cristo como nuestro Salvador personal. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; la persona será bautizada en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo lo bautizará con Espíritu Santo y Fuego, y así la persona habrá obtenido el nuevo nacimien-to, habrá nacido en el Reino de Crisnacimien-to, que es el Reino de los Cielos, el cual es la Iglesia del Señor Jesucristo.
37. Cristo dijo a Nicodemo: “El que no nazca del Agua y
del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” Por lo tanto, la persona que cree en Cristo como su Salvador, que arrepentido de sus pecados los confiesa a Cristo, Cristo lo limpia con Su Sangre preciosa, perdona sus pecados, es bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y así la persona habrá obtenido el nuevo nacimiento, habrá nacido del Agua y del Espíritu; habrá nacido en el Reino de Cristo.
38. ¿Por qué se requiere un nuevo nacimiento? Porque
el nacimiento que hemos obtenido aquí en la Tierra a través de nuestros padres terrenales, ha sido un nacimiento en un reino mortal, corruptible y temporal; porque desde la caída del ser humano en el Huerto del Edén, la raza humana perdió la gloria de Dios, y la raza humana perdió la imagen
celestial de Dios, y por consiguiente la raza humana vino a ser mortal.
39. Por lo tanto, nuestro nacimiento físico ha sido en una
raza caída, en una raza a la cual entró la muerte. Por lo tanto, esta vida terrenal, ¿qué le ofrece al ser humano? Le ofrece: nacer, le ofrece comer, dormir, crecer, luego más adelante estudiar en la escuela, luego graduarse, ir a la universidad, hacerse de una profesión (los que pueden hacerse de una profesión), luego trabajar, casarse, tener familia y después morir. ¿Ven? Por que la raza humana fue juzgada y condenada a muerte por haber pecado contra Dios.
40. ¿Y cómo podemos ser libertados de esa situación? Una
sola forma hay para el ser humano ser libertado y poder vivir eternamente.
41. Nuestra estadía aquí en la Tierra es pasajera, y es una
experiencia única, no se repetirá esta experiencia; y es por un propósito divino por el cual estamos nosotros en la Tierra.
42. La raza humana tiene una angustia, se llama la angustia
existencial; porque no sabe de dónde ha venido, ni siquiera sabe cómo ha venido, no sabe dónde está, ni porqué está aquí, y no sabe a dónde va después que sus días aquí en la Tierra terminan. La ciencia no ha podido descubrir de dónde vino, porqué está aquí y hacia dónde va después que se muere.
43. Y como muchas personas dicen: Si la ciencia no sabe,
pues nadie sabe. Pero hay Uno que sí sabe, se llama: El Señor Jesucristo. Él dijo: “Salí de Dios y vuelvo a Dios, salí del Padre y vuelvo al Padre.” Y Él dijo que donde Él está... Él dijo al Padre: “Yo quiero que donde Yo estoy, éstos también estén conmigo.”
44. Ahora, cuando la persona recibe a Cristo como su
Salvador, arrepentido de sus pecados, y lava sus pecados en la Sangre de Cristo y es bautizado en agua en Su Nombre, Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y la persona nace de nuevo; y ya esa angustia existencial desaparece de la persona, porque ya sabe que ha venido del Cielo, de donde vino Jesús, y sabe que está aquí en la Tierra por un propósito divino: para hacer contacto con Cristo, la vida eterna, y confirmar su lugar en la vida eterna.
45. Cuando recibimos a Cristo como nuestro Salvador
estamos confirmando nuestro lugar en la vida eterna, en el Reino de Jesucristo nuestro Salvador; por lo tanto, la angustia existencial desaparece de nuestras almas, porque ya sabemos lo que será después que termine nuestra vida terrenal aquí en la Tierra.
46. Cuando una persona creyente en Cristo muere, lo que
muere es su cuerpo de carne, pero la persona sigue vivien-do porque es alma viviente y tiene un cuerpo espiritual de la sexta dimensión, y la sexta dimensión es el Paraíso; ese es el Espíritu Santo que ha recibido: un cuerpo angelical de la sexta dimensión, y va al Cielo a vivir a la sexta dimen-sión, que es el Paraíso.
47. Es llevado por los ángeles de Dios, como fue llevado el
mendigo Lázaro al Seno de Abraham, que estaba antes en cierto lugar, pero que ahora los santos en el Nuevo Testa-mento van al Paraíso, que es la sexta dimensión, porque ya la Sangre de Cristo está funcionando en el Nuevo Testa-mento; y no cubre el pecado de las personas, sino que quita el pecado de la persona, lo desintegra, y por consiguiente regresa a su origen, que es el diablo; pero la persona queda libre, queda justificada, como si nunca en la vida hubiese pecado. Eso hace la Sangre de Cristo; por eso obtenemos la
victoria por medio de la Sangre de Jesucristo nuestro Salvador.
48. Ahora, podemos ver quién es nuestro amado Señor
Jesucristo. Por eso en San Juan, capítulo 8, verso 56, Él podía decir unas palabras que, para los que la escucharon, para los que escucharon esas palabras, fue un escándalo y una blasfemia, según ellos, pero no según Dios; porque la verdad es la verdad, aunque muchas personas se escandali-cen; aunque muchas personas no la entiendan, la verdad sigue siendo la verdad; y aunque muchas personas rechacen la verdad, continúa siendo la verdad; y aunque muchas personas digan que es mentira, la verdad sigue siendo la verdad. Cristo dijo: “Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida.”
49. Muchos, y sobre todo líderes religiosos, incluyendo el
sumo sacerdote, dijeron que era un hombre pecador, dijeron que era un amigo de publicanos y de pecadores, dijeron que era Beelzebú, dijeron que era samaritano y tenía demonios (miren todas las cosas que dijeron). Pero todavía Jesucristo sigue siendo, ¿qué? La Verdad; y los mentirosos fueron aquellos líderes religiosos que dijeron que Cristo era un impostor, era un farsante.
50. Y ahora, conforme a las Escrituras, los farsantes fueron
ellos y no Jesucristo. Jesucristo sigue siendo la única Verdad.
51. Ahora, vean lo que dijo aquí, en San Juan, capítulo 8,
verso 54 en adelante... vamos a ver un poquito antes: Capítulo 8, verso 47 en adelante, dice:
“El que es de Dios, las palabras de Dios oye...”
52. ¿Qué hacen los que son de Dios, los hijos de Dios?
Oyen la Palabra de Dios.
no las oís vosotros, porque no sois de Dios.”
53. Así le habló Cristo a aquellos líderes religiosos y
aquellos fariseos y saduceos de aquel tiempo.
“Respondieron entonces los judíos, y le dijeron: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio? (Miren, porque dice la verdad...)
Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, antes honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis.
Pero yo no busco mi gloria; hay quien la busca, y juzga.
De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte.”
54. O sea, vivirá eternamente con Cristo en Su Reino;
aunque su cuerpo físico muera, Cristo ha prometido una resurrección para todos los creyentes en Él; y para los que queden vivos en este tiempo final, hasta que Cristo resucite a los muertos creyentes en Él en cuerpos glorificados y eternos, ¿entonces qué pasará con nosotros, si permanece-mos vivos hasta ese momento? Serepermanece-mos transformados, y entonces tendremos un cuerpo eterno como el cuerpo eterno y glorificado de nuestro amado Señor Jesucristo; y ya entonces no seremos físicamente mortales, sino inmorta-les; tendremos el cuerpo que tanto hemos deseado: un cuerpo que no tendrá ni una falla, que usted no le encontra-rá ningún defecto. Pero hemos tenido que venir en este cuerpo mortal, corruptible y temporal por una temporada. Y Cristo dice: “En lo poco has sido fiel, en lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor.”
55. Pero los que no son fieles, y no reciben a Cristo como
su Salvador, y no lavan sus pecados en la Sangre de Cristo, y no son bautizados en agua en Su Nombre para recibir el Espíritu Santo; esas personas pierden la oportunidad y el
derecho de recibir un cuerpo eterno para vivir por toda la eternidad con Cristo en Su Reino. A los siervos que no han sido fieles les dirá: “Siervo infiel: al fuego preparado para el diablo y sus ángeles.” ¿Ven? Al lago de fuego. Ahora, continuemos leyendo aquí:
“De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte.
Entonces los judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio. Abraham murió, y los profetas; y tú dices: El que guarda mi palabra, nunca sufrirá muerte.
¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? ¡Y los profetas murieron! ¿Quién te haces a ti mismo?
Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios.
Pero vosotros no le conocéis; mas yo le conozco, y si dijere que no le conozco, sería mentiroso como vosotros; pero le conozco, y guardo su palabra.
Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.”
56. ¿Cuándo lo vio? El día antes de la destrucción de
Sodoma y Gomorra le apareció Dios con Sus Arcángeles Gabriel y Miguel, y comió con Abraham, y le reconfirmó la promesa del hijo prometido. Y luego los Arcángeles Gabriel y Miguel bajaron a Sodoma para sacar a Lot de Sodoma, y traer la destrucción de Sodoma y Gomorra y las ciudades cercanas.
“Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuen-ta años, ¿y has visto a Abraham?
Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.”
57. ¿Cómo era Cristo antes que Abraham? Cristo era
nada menos que el Ángel de Jehová, Cristo en Su cuerpo angelical. Todavía no tenía el cuerpo de carne, porque el cuerpo de carne fue el cuerpo que nació a través de la virgen María; pero Él en el Antiguo Testamento tenía Su cuerpo angelical, en el cual estaba Dios en toda Su pleni-tud.
58. Ahora, podemos comprender porqué Pablo dice que
Jesucristo es la imagen del Dios invisible. Jesucristo en Su cuerpo angelical es la imagen del Dios invisible; la imagen es el cuerpo angelical; y la semejanza física terrenal del Dios invisible es Jesucristo también, en Su cuerpo físico de carne, en el cual estuvo en medio del pueblo hebreo; cuerpo que luego fue transformado y está en el Cielo.
59. Ahora, vean lo que sucedió:
“Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue.”
60. ¿Ven? Jesús no podía hablar estas cosas tan grandes,
estas revelaciones tan grandes, con gente que no tenían el entendimiento de estas cosas; no conocían al Dios Creador de los Cielos y de la Tierra; no conocían que Él, por medio del Verbo que era con Dios y era Dios, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical, creó los Cielos y la Tierra; y no sabían que allí estaba, en Jesús, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; el Dios del pueblo hebreo estaba allí en Jesús en toda Su plenitud.
61. Por lo tanto, Cristo no podía hablar con gente fanática
religiosas; se necesita gente que no sean fanáticos religio-sos, que puedan escuchar la Voz de Dios y puedan recibir la revelación de Dios. El fanatismo religioso es un obstácu-lo para las personas poder comprender la Palabra de Dios,
para poder comprender todo el Programa Divino y conocer al Dios Creador de los Cielos y de la Tierra.
62. Por lo tanto, para poder comprender todo el Programa
de Dios no se necesitan fanáticos religiosos, sino personas realistas, que escuchan la Voz de Dios, la Palabra de Dios, y abren su corazón a la Palabra de Dios, y Cristo les abre el entendimiento para poder comprender las Escrituras que Él está abriéndole al pueblo.
63. Ahora, hemos visto quién es nuestro amado Señor
Jesucristo: Él es el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, el que libertó al pueblo hebreo y luego vino en carne humana en medio del pueblo hebreo; y el pueblo que lo estaba esperando, lo rechazó. Pero hubo un propósito en eso: era el propósito de la Redención, en el cual Jesucristo tenía que morir por usted y por mí.
64. Así que, gracias a Dios porque el pueblo hebreo rechazó
a Cristo, y Cristo murió en la Cruz del Calvario por mí. ¿Y por quién más? Por todos ustedes también, y por el pueblo hebreo también. Ellos todavía no saben que mataron el velo de carne de Dios, el cuerpo físico de Dios, donde Dios estaba habitando en toda Su plenitud.
65. Por eso San Pablo en Primera de Timoteo, capítulo 3,
verso 15, dice: “Sin contradicción...” Vamos a ver... es algo que no tiene contradicción. Y nos habla ahí del misterio de Dios en Cristo:
“E indiscutiblemente (o sea, eso es ‘sin contradicción’)
grande es el misterio de la piedad (o sea, grande es el misterio de Dios):
Dios fue manifestado en carne (¿en quién? En Jesucristo),
Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles,
Predicado a los gentiles, Creído en el mundo,
Recibido arriba en gloria.”
66. Todo eso dice de Dios. Fue recibido arriba en gloria
cuando ascendió al Cielo Jesucristo. Jesucristo es el velo de carne donde Dios estaba habitando, y a través del cual Dios estaba hablándole al pueblo hebreo. “Y en estos Postreros Días Dios nos ha hablado por Su Hijo,” dice Pablo en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3, lo cual ya leímos. Tam-bién dice Pablo, ahí en ese mismo pasaje, dice:
“...El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia.”
67. ¿Ven? ¿Quién es la imagen misma de Su sustancia?
Cristo. Cristo en Su cuerpo angelical es la imagen de Dios.
“... y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas (se sentó en el Trono de Dios).”
68. Y es la primera ocasión en que un cuerpo físico, pero
glorificado, se sienta en el Trono de Dios.
69. Y ahora, podemos ver también en Colosenses, donde
nos habla acerca de Cristo, en el capítulo 1, verso 12 en adelante, dice:
“...Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;
el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,
en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.
El es la imagen del Dios invisible...”
70. ¿Quién es la imagen del Dios invisible? Jesucristo,
Dios invisible es Jesucristo en Su cuerpo físico, en Su cuerpo de carne, el cual ya está glorificado y está sentado en el Trono celestial de Dios.
“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.
Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.”
71. ¿Por medio de quién Dios creó todas las cosas: el
mundo invisible y el mundo visible? Por medio de
Jesucristo, por medio de Jesucristo: la imagen del Dios invisible, por medio de Jesucristo en Su cuerpo angelical.
“...Todo fue creado por medio de él y para él.”
72. Toda la Creación, Dios la creó por medio de Jesucristo
para Jesucristo; porque en Jesucristo, Dios está en toda Su plenitud.
“Y él es antes de todas las cosas...”
73. ¿Ven? Jesucristo es antes de todas las cosas, Jesucristo
es antes de toda la Creación.
“Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.”
74. Sin Cristo dejan de existir las cosas, con Cristo
conti-núan existiendo las cosas, porque Él es el que sustenta todas las cosas.
“... y todas las cosas en él subsisten;
y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;
por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,
y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.
Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado.”
75. La reconciliación del ser humano con Dios es a través
de Cristo, es Jesucristo el que reconcilia al ser humano con Dios, y hace la paz entre Dios y el ser humano. Por eso esa paz que Cristo dijo: “Mi paz os dejo, mi paz os doy; no como el mundo la da, yo os la doy,” es la paz de Dios, es la paz entre Dios y el ser humano.
76. Y ahora, el capítulo 2, verso 9 al 10 dice, de esta misma
carta de Colosenses, dice San Pablo:
“Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad (¿en quién? En Jesucristo)
y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.
En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecamino-so carnal, en la circuncisión de Cristo;
sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.
Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados.”
77. Todo eso en Cristo. Por lo tanto, la única Esperanza
nuestra es Jesucristo nuestro Salvador; fuera de Jesucristo no hay esperanzas para ninguna persona, y mucho menos de vida eterna.
Colosenses, también dice... verso 1 en adelante:
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba (o sea, las celestiales), donde está Cristo
sentado a la diestra de Dios.
Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.”
79. Nuestra esperanza no está en la profesión que podamos
tener, no está en nuestra posición social o económica, no está en el dinero, sino que está en Jesucristo, Él es nuestro futuro.
80. Cualquier persona que coloque su vista y su futuro en
las cosas de la Tierra, descubrirá al final que todo era vanidad, todo es pasajero. Cuando muere la persona no se puede llevar ni el auto, ni se puede llevar la casa, ni se puede llevar el dinero, ni se puede llevar su profesión: no va a llegar a la dimensión donde le toque ir; porque hay solamente dos dimensiones: está la quinta dimensión, que es el infierno, para los que no reciben a Cristo como su Salvador, porque no quieren estar con Cristo, pues Cristo no los va tener allá; y la sexta dimensión, que es el Paraíso, que es la dimensión donde van los creyentes en Cristo.
81. Ahora, ninguna persona llega a una de esas dimensiones
a decir: “Yo soy el abogado fulano de tal, o el doctor fulano de tal, o el político fulano de tal”; ahí no vale nada de eso.
82. A la quinta dimensión, cuando van allá, lo que entra es
un incrédulo, un pecador que no recibió a Cristo como su Salvador. Y los que mueren y son creyentes en Cristo, cristianos, van al Paraíso, y allá entró un cristiano, un creyente en Cristo. ¿Ven? Así que no valen los títulos cuando la persona termina su vida terrenal. Si es un creyente en Cristo, lo que vale es que fue un creyente en Cristo, otra cosa no tiene valor.
83. Ahora, continuemos leyendo, dice... Por eso dice:
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.
Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.
Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.
Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste (o sea, eso es la Segunda Venida de Cristo a Su Iglesia), entonces
vosotros también seréis manifestados con él en gloria.”
84. Entonces nosotros seremos transformados, los muertos
en Cristo resucitados en cuerpos glorificados, y entonces todos seremos manifestados en gloria, en cuerpos glorifica-dos, con Cristo nuestro Salvador; y todos entonces tendre-mos un cuerpo igual al cuerpo glorificado de Jesucristo, nuestro Salvador; y entonces podremos ir con Cristo a la Casa de nuestro Padre Celestial, a la Gran Fiesta de la Cena de las Bodas del Cordero, que durará tres años y medio.
85. Y mientras estemos con Cristo en el Cielo, en la Cena
de las Bodas del Cordero, disfrutando las bendiciones celestiales, y con cuerpos eternos y jóvenes para toda la eternidad, la humanidad estará pasando por la gran tribula-ción, que son tres años y medio, donde los juicios divinos caerán sobre la raza humana. Y todos los que no recibieron a Cristo como su Salvador tendrán que enfrentarse al juicio divino.
86. Muchas personas pueden decir: “Hace años y siglos
están predicando que viene el juicio divino, y no ha venido.” ¡Gracias a Dios que no ha venido todavía! Mien-tras no haya comenzado el juicio divino sobre la raza humana, hay oportunidad de salvación para las personas;
pero cuando Cristo complete Su Iglesia, por lo cual el juicio divino se ha detenido, está aguantado... porque Dios no puede destruir al justo con el injusto, Él no puede destruir a todas esas personas que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; por lo tanto, Él tiene que llamarlos por medio del Evangelio, y colocarlos ¿dónde? En Su Iglesia, con vida eterna.
87. Eso es Cristo, el Buen Pastor, en Espíritu Santo en
medio de Su Iglesia, llamando y juntando Sus ovejas; y Sus ovejas oyen Su Voz y le siguen; porque el que es de Dios, la Voz de Dios oye. Y las ovejas de Dios que le han sido dadas a Cristo, son de Dios, y por consiguiente escuchan la Voz de Dios, la Voz de Dios por medio del Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, de edad en edad, hablando por medio del Mensajero correspondiente a cada edad.
88. Y en cada edad o etapa de la Iglesia, Cristo en Espíritu
Santo ha estado llamando y juntando Sus escogidos a través de la predicación del Evangelio, y han estado creyendo y siendo bautizados millones de seres humanos a través de estos dos mil años, aproximadamente, que van de Cristo hasta este tiempo en que vivimos.
89. Eso es Cristo en Espíritu Santo, el que muestra las cosas
que sucederán. Así como lo hizo en el Antiguo Testamento, por los Profetas del Antiguo Testamento, mostrando las cosas que sucederían. Vean, aquí en Isaías, capítulo 42, dice... dice Dios en Isaías, capítulo 42, verso 9 (8 al 9), dice:
“Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.
He aquí se cumplieron las cosas primeras, y yo anuncio cosas nuevas; antes que salgan a luz, yo os las haré notorias.”
90. ¿Quién es el que anuncia, el que muestra las cosas
que han de suceder antes de suceder? El Dios de
Abra-ham, de Isaac y de Jacob. ¿Cómo lo hace? Veamos en Zacarías, capítulo 7, verso 11 al 12, cuando le hablaba al pueblo hebreo y no querían escuchar; vean cómo le hablaba (era por medio de los Profetas), veamos:
“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;
y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.”
91. Ahora, ¿cómo le hablaba Dios al pueblo hebreo?
Dice:
“Y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros.”
92. Dios por medio de Su Espíritu Santo, Dios por medio
del Ángel de Jehová, Dios por medio de Cristo en Su cuerpo angelical, hablaba a través de los Profetas; por eso los Profetas veían al Ángel de Jehová. Era el Ángel de Jehová en el cual estaba Dios usando los Profetas del Antiguo Testamento, hablando a través de ellos; no eran las palabras de un hombre, sino la Palabra de Dios por medio del Ángel de Jehová a través de los Profetas, y después habló por medio de Jesucristo al estar en carne humana.
93. Ahora, podemos ver quién es el que anuncia, el que
muestra, las cosas que sucederán.
94. Y ahora, en Isaías también, en el capítulo 54, vamos a
ver, verso 13, dice:
“Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová; y se multiplicará la paz de tus hijos.”
95. Cuando las personas son enseñadas por Dios se
multi-plica la paz para las personas. Este fue el pasaje que Cristo utilizó en una ocasión, cuando en el capítulo 6 de San Juan, verso 45, le dijeron: “Tú siendo hombre, te haces Dios.” Vamos a ver:
“Murmuraban entonces de él los judíos (verso 41 en adelante), porque había dicho: Yo soy el pan que descendió
del cielo.
Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?
Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre voso-tros.
Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.
Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí.
No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre.
De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.
Yo soy el pan de vida.”
96. Ahora, podemos ver ahí cómo Cristo toma ese pasaje de
Isaías y muestra que todos serán enseñados de Dios; y para Dios enseñar tiene que usar un hombre, un instrumento. Así como usó a los Profetas del Antiguo Testamento, Dios enviando a Su Espíritu Santo, enviando al Ángel de Jehová, y usando a esos Profetas, ahora el Ángel de Jehová está dentro del cuerpo de carne llamado Jesús, y por consiguien-te Dios está ahí en toda Su plenitud, y está Dios hablando por medio de Jesús.
97. El Dios que habló por medio de los profetas, dice
Pablo, ahora nos ha hablado por medio de Su Hijo. Por eso Cristo decía: “Las palabras que yo hablo, no las hablo de mí mismo; el Padre que mora en mí, Él hace las obras, Él me muestra qué yo debo hablar, qué yo debo decir y qué yo debo hacer.”
98. Así como su cuerpo físico no habla de sí mismo, ningún
cuerpo físico habla de sí mismo. Es el alma de la persona el que habla a través de su espíritu, y el espíritu de la persona a través del cuerpo. Por eso la persona, cuando va hablar, primero le llega al pensamiento lo que va hablar; eso es el alma transmitiendo a la mente, al espíritu de la persona, lo que debe a hablar; y entonces lo que piensa, entonces eso lo ordena al cuerpo que lo hable, y el cuerpo lo habla; pero es el alma de la persona hablando a través de ese velo de carne.
99. Ahora, así era como Dios hablaba a través de los
Profetas y a través de Jesucristo, y a través de San Pedro y los apóstoles, y a través de los ángeles mensajeros, de edad en edad. Y para este tiempo final, así estará hablando a través de Su Ángel, el Ángel del Señor Jesucristo.
100. Cristo ha estado usando Mensajeros, porque Su cuerpo
de carne fue glorificado y está sentado en el Trono a la Diestra del Poder de Dios.
101. Y ahora, Él ha estado usando velos de carne, como los
Apóstoles San Pedro y demás apóstoles, y luego San Pablo y los demás ángeles mensajeros. Y para este tiempo final está prometido que usará a Su Ángel Mensajero, a través del cual estará dando a conocer todas las cosas que deben suceder pronto.
102. Ahora, ¿quién será el que estará hablando? Vamos a
que deben suceder pronto, en este tiempo final? Vamos a ver aquí, que lo diga el mismo Jesucristo, nuestro Salvador: En el capítulo 14 de San Juan, verso 26, dice Cristo:
“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”
103. ¿Quién es el encargado de enseñarle a la Iglesia de
Jesucristo, y por consiguiente, a todo ser humano, todas las cosas que deben ser conocidas acerca de Dios? El
Espíritu Santo.
“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas.”
104. El mismo Espíritu Santo que en el Antiguo Testamento
enseñaba a través de los Profetas.
105. Hay solamente un Maestro: El Espíritu Santo. Dios por
medio de Su Espíritu Santo es el que enseña a Su pueblo; y todos son, serán enseñados por Dios.
106. Así ha sido de etapa en etapa, de edad en edad; así fue
a través de Jesucristo, así fue a través de San Pedro y los apóstoles, así fue a través de cada ángel mensajero, y así es para este tiempo final.
107. Hay un sólo Maestro: El Espíritu Santo, el cual es
Cristo en Espíritu Santo.
108. Cristo dijo: “Estaré con vosotros hasta el fin del
mundo.” Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia.
109. Ahora, en el capítulo 15 del Evangelio según San Juan,
verso 26, dice:
“Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.”
eso es el Espíritu Santo ungiendo a los apóstoles y a los ángeles mensajeros, y hablando a través de ellos, y trayen-do el Mensaje del Evangelio de la Gracia.
111. La predicación del Evangelio de la Gracia es el
Testi-monio que el Espíritu Santo da de Jesucristo, donde muestra que Jesucristo es el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo, el que murió en la Cruz del Calvario por ustedes y por mí, y con Su Sacrificio Él nos salvó; Su Sangre nos limpia de todo pecado.
112. Y ahora, ese es el testimonio que el Espíritu Santo da
acerca de Jesucristo, y Su testimonio es verdadero.
113. Ahora, veamos aquí en San Juan, capítulo 16, versos 12
en adelante, donde dice (12 al 15):
“Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.
Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.”
114. ¿Quién es el que hará saber las cosas que habrán de
venir? El Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo en medio
de Su Iglesia.
“El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.
Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.”
115. Todas las cosas que los apóstoles predicaron fueron, no
las palabras de hombres, sino la Palabra de Dios por medio de Su Espíritu Santo a través de los apóstoles y a través de los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia; y así será para este tiempo final; porque para este tiempo final la promesa es, en Apocalipsis, capítulo 4:
“Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas.”
116. ¿Quién estará dando a conocer esas cosas que
sucederán después de estas? En Apocalipsis, capítulo 22,
verso 6, dice:
“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”
117. ¿Ven? Por medio del Ángel del Señor Jesucristo son
mostradas todas estas cosas que deben suceder pronto.
118. ¿Y no era el Espíritu Santo el enviado para dar a
conocer las cosas que iban a suceder? Claro que sí.
119. ¿Y cómo aparece este Ángel enviado por el mismo
Cristo, para dar a conocer todas las cosas que han de suceder? Porque en ese Ángel estará el Espíritu Santo
dándonos a conocer todas las cosas, todas las cosas que deben suceder pronto.
120. Apocalipsis 22, verso 16, dice: “Yo Jesús he enviado mi
ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias.”
121. ¿Ven? Esa es la forma en el Nuevo Testamento para
obtener el conocimiento de todas las cosas que deben suceder pronto.
122. Apocalipsis, capítulo 1, también da testimonio de esto,
cuando dice: “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio,
para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel.”
123. Ese Ángel es el mismo Ángel de Apocalipsis, capítulo
7, del cual dice la Escritura, dice Apocalipsis 7, verso 2:
“Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo.”
el Ángel que viene con el Espíritu Santo en el Día Postrero.
125. En Efesios, capítulo 4, verso 30, San Pablo dice: “Y no
contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”
126. O sea, para el Día en que Cristo resucitará los muertos
creyentes en Él en cuerpos glorificados y nos transformará a nosotros los que vivimos, y entonces todos tendremos un cuerpo glorificado: ese es el Día de Redención, la reden-ción del cuerpo, esa es la Adopreden-ción, la redenreden-ción del cuerpo, donde seremos transformados; y entonces seremos inmortales y seremos restaurados a la vida eterna física también.
127. Ahora, este Ángel viene con el Sello del Dios vivo, y
veamos para qué es que viene [Apocalipsis 7:2]:
“Y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar,
diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.
Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.
De la tribu de Judá, doce mil sellados. De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados (y sigue enumerando doce mil sellados de cada tribu).”
128. Ese Ángel del Señor Jesucristo viene con el Espíritu
Santo, con el Sello del Dios vivo, para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos (doce mil de cada tribu) cuando se haya completado la Iglesia del Señor Jesucristo.
ciento cuarenta y cuatro mil hebreos. Este grupo de ciento cuarenta y cuatro mil hebreos van a pasar por la gran tribulación y van a morir en la gran tribulación; pero los escogidos de la Iglesia de Jesucristo van a ser transforma-dos en este tiempo final, y vamos a ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.
130. Este Ángel que viene con el Sello del Dios vivo
(prime-ro estará en medio de la Iglesia), es el Ángel del Señor Jesucristo a través del cual Cristo en Espíritu Santo estará manifestado dandónos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final. Porque es Cristo en Espíritu Santo el que revela, el que muestra las cosas que sucederán; y para este tiempo final tendrá el último de los Profetas, que será un Profeta dispensacional, será el Profeta más grande después del Señor Jesucristo, este será el segundo Profeta más grande de todos los Profetas de Dios.
131. Recuerden que los últimos son primeros y los primeros
son últimos, los postreros primeros y los primeros postre-ros.
132. Ahora, ese Ángel del Señor Jesucristo será un miembro
de la Iglesia del Señor Jesucristo. El Rvdo. William Branham hablando de este Ángel, dijo que ese Ángel que le dio a Juan el Apóstol la revelación del Apocalipsis es un Profeta. Y ese Ángel estaba en el tiempo de Juan; eso fue por el año 95 (por ahí), 95 al 96; durante unos dos años estuvo dándole a Juan el Apóstol esta revelación del Apocalipsis.
133. Ahora, ¿cómo es posible esto: que casi mil novecientos
y algo de años atrás ya este Profeta, el Ángel del Señor Jesucristo, estaba dándole a Juan el Apóstol la revelación del Apocalipsis? Así como fue posible que Cristo fuera
antes que Abraham.
134. Cristo en Su cuerpo angelical fue el que libertó al
pueblo hebreo, el que le dio la Ley al pueblo hebreo en el Monte Sinaí, el que guió al pueblo hebreo; fue el Ángel en el cual estaba el Nombre de Dios, y cuando se hizo carne dijo: “Yo he venido en Nombre de mi Padre.”
135. Vean, en Éxodo, capítulo 23, Dios habla acerca de Su
Ángel, y dice: Capítulo 23, verso 20 en adelante:
“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.
Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebel-de; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.”
136. ¿Dónde estaba el Nombre de Dios? En el Ángel. Por
eso cuando Moisés le preguntó al Ángel de Jehová: “¿Cuál es tu Nombre?” El Ángel le dijo cuál era Su Nombre al darle cuatro consonantes, que es la ‘Y,’ la ‘H,’ la ‘W,’ y la ‘H.’ O sea, cuatro consonantes: Y H W H; y le han añadido otras letras para que - para poder pronunciar un nombre; pero con todo y eso no han logrado todavía pronunciar ese nombre correctamente; pero Moisés escuchó ese Nombre.
137. Ahora, Cristo dijo: “Yo he venido en Nombre de mi
Padre.” En Él estaba el misterio del Nombre de Dios.
138. Ahora, ya que hablamos de este Nombre, vean, el Ángel
de Jehová es el que lo tiene. Sigue diciendo:
“Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere...”
139. Vean: “Si oyeres Su Voz (la Voz del Ángel), e hicieres
todo lo que yo te dijere.”
140. ¿Y cómo va Dios a hablar? Por medio del Ángel, por
le estaría hablando a Moisés y estaría hablando a través del Profeta Moisés.
“Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.
Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir.”
141. El pueblo que oye la Voz de Dios a través de Su
Ángel, es un pueblo que tiene la protección de Dios, Dios está con ese pueblo. Dice: “Y afligiré a los que te
afligieren.” O sea, que los defenderá; y se cumple lo que Dios prometió a Abraham, a Isaac y a Jacob: “El que te bendiga será bendito, y el que te maldiga será maldito.”
142. Ahora, en el Nuevo Testamento, miren aquí lo mismo,
Dios dijo acá en lo que leímos:
“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.”
143. Ahora veamos en el Nuevo Testamento lo que sucede:
Apocalipsis, capítulo 22, verso 16: “Yo Jesús he enviado
mi ángel...”
144. Y ahora, así como Dios en el Antiguo Testamento envió
Su Ángel, ahora Jesucristo en el Nuevo Testamento dice que ha enviado Su Ángel. Así como Dios en el Antiguo Testamento colocó Su Nombre, ¿dónde? En Su Ángel, el Ángel de Jehová...
145. Ahora, vamos a ver aquí, con relación a esto que Cristo
nos dice. Apocalipsis, capítulo 3, verso 12, dice:
“Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios,
la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.”
146. Lo mismo que Dios hizo con Su Ángel, con Su Ángel
en el Antiguo Testamento, que colocó Su Nombre en Su Ángel, ahora Cristo dice que Él escribe el Nombre de nuestro Dios y el Nombre de la Ciudad de nuestro Dios y Su Nombre Nuevo, lo escribe sobre el Vencedor: ese es el Ángel del Señor Jesucristo. Ese es un misterio, como fue un misterio el Ángel de Jehová en el Antiguo Testamento y el Nombre de Dios en el Ángel de Jehová.
147. Ahora, en el Ángel del Señor Jesucristo estará el que
muestra las cosas que han de suceder, estará ¿quién? El Espíritu Santo, que es el único que conoce todas las cosas de Dios. “Nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios,” y nos las ha revelado por Su Espíritu. Vamos a ver, esto está por aquí en Primera de Corintios, capítulo 2. San Pablo hablando en el capítulo 2, verso 9 en adelante dice:
“Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre,
Son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.
Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.
Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.”
148. Para así conocer todas las cosas que Dios nos ha dado,
nos ha concedido, y conocer todas las cosas que deben suceder.
149. Ahora, en Romanos también nos dice San Pablo, en el
capítulo 11 de Romanos, versos 33 en adelante:
“¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!
Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?
¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recom-pensado?
Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.”
150. Ahora, ¿quién entendió la Mente de Dios? ¿Quién
conoció la Mente de Dios? El Espíritu de Dios, que es el
Ángel de Jehová, que es el Varón vestido de lienzo con el tintero en su cintura, de Ezequiel, capítulo 9. Ese es Cristo en Su cuerpo angelical.
151. Todas las cosas le han sido transmitidas a Cristo, Cristo
es el que conoce todas las cosas de Dios, y Él es el único que puede dar a conocer todas las cosas de Dios.
152. Y Cristo en Espíritu Santo está en medio de Su Iglesia,
de etapa en etapa, dando a conocer lo correspondiente a cada tiempo a través de los apóstoles y de los siete ángeles mensajeros de las siete edades. Y para este tiempo final Cristo dice: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros
testimonio de estas cosas en las iglesias.”
153. Ese es el Ángel que viene con la revelación de
Jesucris-to, y viene con el Espíritu de CrisJesucris-to, el Espíritu SanJesucris-to, en medio de la Iglesia de Jesucristo, para darle a conocer, para mostrarle, todas las cosas que deben suceder.
154. Ahora, encontramos que toda revelación divina tiene
que venir a un Profeta, así ha sido de etapa en etapa.
“Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.” (Amós, capítulo 3, verso 7).
155. Y en Deuteronomio, capítulo 18, versos 15 en adelante,
Dios estableció la forma en que Él hablaría a Su pueblo. Dice, capítulo 18, verso 15 al 19, hablando el Profeta Moisés:
“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis.”
156. ¿A quién dice el Profeta Moisés que hay que
escu-char? Al Profeta que Dios envía. Y aquí esta profecía se
cumple plenamente en Cristo en Su Primera Venida y en Su Segunda Venida. Por consiguiente, parcialmente se cumple en los Profetas del Antiguo Testamento, luego en Cristo en toda su plenitud, luego en los apóstoles, y luego en los siete ángeles mensajeros, y luego en el Ángel del Señor Jesucristo.
157. ¿Y por qué hay que escuchar al Profeta que Dios
envía? Porque en ese Profeta viene el Espíritu Santo
hablándole a Su pueblo. Vamos a verlo aquí. Dice:
“Conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.
Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.
Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca.”
158. ¿Dónde Dios coloca Sus Palabras, que Él quiere que
Él envía; y a través de ese Profeta Él muestra las cosas que han de suceder.
“... y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.”
159. ¿Qué habla un Profeta enviado por Dios? Lo que
Dios le manda a hablar. Dios coloca en el alma, en el corazón, la mente y la boca de ese Profeta, la Palabra Divina, la Palabra Creadora de Dios, para que ese profeta la hable; y eso es un Profeta, un hombre, hablando ungido con el Espíritu Santo; por lo tanto, eso es Dios por medio de Su Espíritu Santo hablando a través de un hombre, a través de un Profeta; y esa Palabra es la Palabra de Dios. Así ha venido toda la Palabra de Dios: La Biblia, por medio de Profetas, de hombres de Dios.
160. Ahora, hay personas que siempre dicen: “Yo no estoy
interesado en cosas espirituales, cosas religiosas, yo no estoy interesado en escuchar a un hombre.” Puede la persona decir lo que quiera, porque toda persona tiene libre albedrío, puede escuchar o no escuchar.
161. ¿Y qué pasará con los que no quieren escuchar?
Vean lo que dice:
“Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.”
162. Se las tendrá que arreglar con Dios, Dios le va a pedir
cuenta en el Juicio Final, lo va a juzgar, y por incrédulo lo va a echar en el lago de fuego, porque no quiso escuchar la Voz de Dios a través de un Profeta.
163. Pero aquellos que escuchan reciben las bendiciones de
Dios. “Si oyes hoy su voz, no endurezcas tu corazón.” Ya sabes cómo es que Él estuvo hablando en tiempos pasados: Dios por medio de Su Espíritu Santo a través de los Profetas, estuvo hablando. Los que no quisieron escuchar
a esos Profetas, no quisieron escuchar a Dios; los que escucharon a esos Profetas, estaban escuchando a Dios hablando a través de esos Profetas.
164. Los que no quisieron escuchar a Jesucristo, no quisieron
escuchar a Dios que estaba hablando a través de Jesucristo; los que escucharon a Jesucristo, estaban escuchando a Dios hablando a través de Jesús, y ellos recibieron la bendición de Dios.
165. Los que no quisieron recibir a los profetas, no quisieron
recibir a Dios; los que no quisieron recibir a Cristo, no quisieron recibir a Dios que estaba en Cristo; y los que no recibieron a los Profetas, no quisieron recibir a Dios que estaba en los Profetas.
166. Pero los que los recibieron tuvieron la bendición que
dice: “El que recibe a profeta, en nombre de profeta, recompensa de profeta recibe.” Recibe toda la bendición de Dios que Él trae en ese Profeta para el pueblo, la cual es hablada por Dios a través de ese Profeta.
167. Ahora, esta Escritura donde dice que cualquiera que no
quisiera escuchar, Dios le pedirá cuenta, también la cita San Pedro en el capítulo 3 del libro de los Hechos; y dice (verso 22 en adelante):
“Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable;
y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarrai-gada del pueblo (pierde el privilegio de pertenecer al pueblo de Dios, es desarraigado del pueblo).”
168. Por lo tanto, también, si tiene su nombre escrito en la
sección del Libro de la Vida es borrado de esa sección también, y pierde el derecho a vivir eternamente; porque no quiso escuchar, no a un hombre, sino a Dios que estaba
hablando a través de ese hombre.
169. Ahora, para este tiempo final tenemos grandes
prome-sas de coprome-sas grandes y maravilloprome-sas que Dios va hablar a Su pueblo, a Su Iglesia, las cuales le traerán grandes bendiciones del Cielo.
170. Ahora, veamos lo que nos dice el Rvdo. William
Branham en el libro de “Los Sellos,” página 128: dice en uno de los párrafos, por el centro de la página:
“Ahora, los siete Truenos de Apocalipsis, permitirán que Él muestre a la Novia cómo prepararse para obtener esa gran fe de traslación.”
171. La fe para ser transformados y llevados con Cristo a la
Cena de las Bodas del Cordero viene, es dada, a través de los Siete Truenos de Apocalipsis 10. Y los Siete Truenos de Apocalipsis, capítulo 10, es la Voz de Cristo, el Ángel Fuerte descendiendo del Cielo, es la Voz del Ángel de Jehová, del Ángel del Pacto, de Cristo. Y estará clamando como cuando ruge un León. Eso nos habla de un Mensaje dispensacional que estará siendo proclamado por Cristo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová. Y para eso tendrá un velo de carne a través del cual estará hablándonos ese Mensaje, estará clamando como cuando ruge un león, y Siete Truenos emitiendo Sus voces.
172. ¿Y cuál es el misterio grande contenido en los Siete
Truenos? ¿Cuál es el misterio grande que dan a conocer los Siete Truenos, la Voz de Cristo hablando en forma consecutiva en el Día Postrero, por medio de Su Ángel Mensajero? Porque ése es el último Profeta, y es
cional, y por consiguiente viene con un Mensaje dispensa-cional. Y el único Mensaje dispensacional que está prome-tido para ser traído en este tiempo final es el Mensaje del Evangelio del Reino.
173. Y con el Mensaje del Evangelio del Reino, que es la
Voz de Cristo clamando como cuando un león ruge, y Siete Truenos emitiendo sus voces, hablándonos por medio de un hombre, de un Profeta dispensacional, por medio del Ángel del Señor Jesucristo, estará abriéndonos el misterio del Séptimo Sello, el Misterio de la Segunda Venida de Cristo.
174. Ese es el misterio más grande en el Cielo, el cual en
Apocalipsis, capítulo 8, verso 1, cuando fue abierto, hubo silencio en el Cielo como por media hora.
175. Es el misterio que ni los ángeles conocían, es el
miste-rio que ni el Hijo del Hombre conocía en aquellos días en que Jesús estuvo en la Tierra, pero luego, cuando ya fue transformado y ascendió al Cielo, sí lo supo. Pero es un misterio que la humanidad no ha conocido, es un misterio que ni lo teólogos saben lo que es, es un misterio que ni los ángeles conocen; ese es el misterio de la Segunda Venida de Cristo, prometido para ser dado a conocer a la Iglesia del Señor Jesucristo.
176. Y eso es lo que le da a la Iglesia de Jesucristo en el Día
Postrero la fe, la revelación, para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Esa es la fe, la revelación, que la Iglesia-Novia de Jesucristo, en el Día Postrero, estará esperando.
177. Y para ser dada una revelación a la Iglesia, veamos
cómo tiene que venir toda revelación a la Iglesia del Señor Jesucristo... Si no viene en esa forma, no es una revelación de Dios, es cualquier cosa menos una revelación de Dios; pueden ser conjeturas humanas, de sabiduría humana, de interpretaciones teológicas; pero toda revelación divina tiene un Orden para venir al pueblo de Dios. No puede venir por teólogos, no puede venir por doctores en divini-dad, no puede venir por cualquier tipo de persona. Vamos
a ver cómo tiene que venir toda revelación de Dios.
178. En la página 301 y 302 del libro de “Los Sellos” en
español, dice el Rvdo. William Branham, hablando del Ángel del Señor Jesucristo. Dice:
“Noten bien: En el tiempo cuando Dios iba librar al mundo antes del diluvio (o sea, cuando lo iba a destruir, iba a librar a Noé y su familia) Él mandó un águila.”
179. Un águila representa un Profeta. Dios también se
representa en un águila, y representa a todos Sus hijos en águilas también.
“Cuando decidió librar a Israel, también mandó un aguila (a Moisés).”
180. Cuando fue a libertar al pueblo hebreo de la esclavitud
en Egipto, mandó un Profeta dispensacional, el cual fue Moisés; eso es un águila mayor: un Profeta dispensacional.
“¿No cree usted, que cuando Juan estaba en la Isla de Patmos, este Mensaje era tan perfecto que no podía ser confiado a un Ángel? Ahora, un Ángel es un Mensajero, pero ¿sabía usted que aquel Mensajero era un profeta?
(¿Sabía usted que aquel Ángel de Jesucristo que le dio a Juan la revelación del Apocalipsis era un profeta?) ¿Lo
creen? Vamos a probarlo. Veamos Apocalipsis 22, verso 9, para ver si no era un águila. Él era un Ángel, un Mensaje-ro, pero era un profeta, el cual reveló a Juan completamen-te escompletamen-te libro del Apocalipsis. Ahora veamos lo que Juan vio:
‘Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas.
Y él (el ángel) me dijo: Mira, no lo hagas (ningún verdadero profeta recibirá adoración o mensajero alguno); porque yo soy siervo contigo, y con tus hermanos los
profetas, y con los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.’ Apocalipsis 22:8-9.
Ahora, el Libro era tan importante, y es la Palabra de Dios. ¡Cuidado! Cuando la Palabra de Dios es revelada, tiene que ser traída por el profeta, porque solamente a él llega la Palabra de Dios.”
181. Y este Ángel es un Profeta, un Profeta dispensacional;
por eso tiene la Palabra y la da a Juan el Apóstol en forma simbólica. Ese Ángel ahí está en su cuerpo angelical, como Jesucristo estuvo en Su cuerpo angelical en el Antiguo Testamento.
182. El Arcángel o Voz de Arcángel, Trompeta de Dios:
Todo esto está prometido para este tiempo final. Eso será la Voz de Dios en medio de Su Iglesia dándonos a conocer las cosas que sucederán.
183. Ahora, hemos visto el Orden Divino para venir toda
revelación divina al pueblo de Dios, a la Iglesia del Señor Jesucristo, y también al pueblo hebreo.
184. Y el Ángel del Señor Jesucristo, dice el Rvdo. William
Branham (en lo que leímos): “Es un Profeta.” Ese es el mismo Ángel con el Sello del Dios vivo, para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos; en él estará el Espíritu Santo operando los Ministerios de Moisés, de Elías y de Jesús; porque el único que tiene ministerios es el Espíritu Santo, y los opera a través de seres humanos.
185. Ahora, hemos visto que el Orden para venir toda
revelación divina es a través de un Profeta. La fe, la revelación, para ser transformados y raptados, llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, tiene que venir conforme al orden ya establecido: a través de un Profeta. Y para la Iglesia de Jesucristo está la promesa de Jesús: