Pecado y existencia cristiana, hoy
Sobre nuestra sociedad contemponinea recaen no pocos interrogantes de indudable gravedad. Uno de ellos, y no de escasa importancia en el terreno religioso, es éste: l,cual es la postura de nuestro hombre frente al pecado? l,Cree en el pecado, 10 siente, habla de él, 10 ha destruido ... ? El hecho de que el pecado haya sido una preocupaci6n constante no s6lo en el cristianismo auténtico, sino en general en nuestra sociedad occidental ha ce pensar que no estamos ante preguntas triviales.
Quiza el hecho mismo de que las preguntas se hagan con insistencia y ansiedad esta indicando que, independientemente de la respuesta que se dé, algo ha emergido de esa misma sociedad provocando aSI las pre-guntas. Aun la pregunta mas inocente tiene su fundamento.
;,Se pierde el sentido deI pecado? Plo XII, faz atenta y vigilante, impresion6 con aquella frase muchas veces repetida: "es posible que el mayor pecado en el mundo de hoy consista en que los hombres han empezado a perder el sentido de pecado" 1. La literatura ascética ha seguido este mismo juicio valorativo. Incluso pa-rece que la mayor parte de la literatura religiosa esta sustancialmente de acuerdo 2. Lo que quiere decir que este pensamiento no debe rechazarse coma un pensamiento infantil.
Otros, por el contrario, piensan que el cristiano ha logrado purificar su concepto de pecado, sin ver la serpiente debajo de cualquier arbol. No
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1 Las palabras de Pio XII estan en el contexto de un mensaje dirigido al congreso
catequfs-tico de Boston en octubre de 1946 (cf. Ecclesia, 6 (1946) 8. La frase se ha repetido mucho. Nos interesa testimonial' aquf s610 dos recuerdos de estas palabras en distintos afios, porque su cita implica algo: H.-D. Rops, È attuale il peccato?, en «II peccato», Roma, Ares, 1959, 250; A. PETEIRO, Pecado y hombre actual, Estella, Verbo Divino, 1972, p. 311. El sUbrayado deI texto es mio. /,Quiere decir el Papa que estamos ante un producto tlpico de nuestra sociedad contemporanea?
2 Pueden verse varios testimonios y bibliografia en la obra citada de A. Peteiro, que trata expl'esamente este aspecto deI problema deI pecado. O. c., pp. 310-323.
PECADO y EXISTENCIA CRISTIANA, HOY 187
es, pues, la conciencia de pecado la que se ha perdido, sino la conciencia de un sentido neurotico de pecado (neurosis tanto en sentido pSlquico coma teologico). Pongamos aqulla tendencia de una moral y pastoral que estân a mucha distancia de la de allOS atrâs 3.
Una tercera categorîa de personas confies a que asistimos no tanto al olvido deI pecado cuanto a una nueva conciencia deI mismo. Es verdad que hoy se desestiman ciertos pecados "antiguos", se insiste menos en la "ofensa a Dios" 0 en el "castigo eterno", etc. Pero esto no puede
conside-rarse camo negacion deI pecado 0 de su sentido, ni camo silencio, pues
quizâ nunca se hablo tanto deI pecado ni se tropezo tanto con él. Resulta que los libros mâs famosos de las teologias en boga dedican un capîtulo, o al menos unas pâginas, al pecado, no solo camo crîtica a un concepto tradicional de pecado, sino camo fundamentacion de un pecado en cuya existencia creen firmemente 4.
y puede hablarse por ûltimo de otra categoria de personas que hadan suyo en esta cuestion deI pecado el juicio emitido por C. Lelouch al ma-nifestar 10 que ha pretendido con su oscura pellcula La aventura es la aventura: "he hecho un film sobre la confusion que reina hoy en el mundo, intentando reflejar la que tengo también yo en la cabeza. Desde hace cua-tro 0 cinco allos no consigo entender 10 que ocurre a mi alrededor" s.
Tenemos, pues, que matizar nuestros precipitados juicios al hablar deI pecado. No podemos enfocar mal el objetivo, pues nos saldria borrosa la imagen. Hablemos, mâs que de pérdidas deI sentido de pecado 0 algo
pare-cido, de nue va situaciôn, de un nuevo situarse frente al pecado. Quizâ sea preferible esta categoria a la de crisis 0 problema, categodas que van
can-sando ya, porque se han convertido también ellas, en privilegiados articulos de la sociedad de con sumo 6.
Teologia y nueva situaciôn ante el pecado Si hubiéramos de preguntarnos por las causas de esta nueva situacion 0
este nuevo situarse frente al pecado, tendriamos que retroceder no pocos allos. La nueva actitud no es producto de generacion espontânea. El
racio-3 Véase cuanto decimos en la primera parte con sus notas. Nos referimos principalmente a ellas.
4 Cf. nota 24. No queremos referirnos a una problematlca mas amplia y que podriamos formular con las expresiones: «el esti!o de vida cristiana» (W. HAMILTON, La nueva esencia riel Gristianismo, Salamanca, Sigueme, 1969, 213 ss.), «la nueva moralidad» (J. A. T. ROBINSON, Sin· cero para con Dios, Esplugues de Llobregat, Ariel, 1967, 169 ss.), «la moral cristiana hoy» (de J. A. ROBINSON, Madrid, Mester ediciones, 1966, etc.
5 Tomo la noticia de la revista Gritica, abri! 1973, p. 17. Refleja un clima que se percibe en los tftulos de no pocos libros religiosos, cuyo tema comun parece ser la preocupaci6n por la que hemos de creer hoy, enunciado de forma interrogativa.
6 Una pagina que impresiona por su dureza en este sentido es la de K._H. CRUMBACH, Erinnerung an Ostern. Eine Besinnung, en «Geist und Lebem>, 45 (1972) 81. Lleva como titulo particular esa pagina las palabras: «Exodus aus der Krise» y denuncia 10 bien que viven algunos a costa de la palabras crisis.
nalismo de la Encic1opedia, el naturalismo de Rousseau, el existencialismo negativo de Jasper, Heidegger y Sartre, la literatura yel arte, la psicologia y la sociologia han tenido en ello su buena parte. No hay duda gue todo, desde distintos angulos, ha torpedeado -no interesa ahora si para bien o para mal- una actitud ante el pecado gue ellos, honesta 0
deshonesta-mente, decîan no poder aguantar, pues creian alienante para el hombre con el que convivlan.
Todos estos recursos han tenido en los ûltimos afios una fuerza de penetracion enorme. Se piense, por ejemplo, en el arte y la literatura, cuyo liberalismo y amoralidad es proverbial (con razon 0 sin ella). Su fino
instin-to para denunciar la hipocresia, su genio innegable para ridiculizar casos extremos de gazmofieria (desgraciadamente presentados coma tesis cris-tianas), su fuerte personalidad profética (al menos en sentido cultural), yel empefio por defender, sublimar, y a veces erigir en criterio de conducta una burda pasion 0 una tara personal, ha influido consciente 0
inconscien-temente en la formacion de una conciencia frente al pecado. Y éste es solo un ejemplo, gue tiene detras de SI otros muchos. Nosotros no los con si-deramos agui, pero no gueremos olvidarlos al tratar deI pecado en nues-tros dfas 7. Nuestros hermanos son deudores de todo esto y de mucho mas.
Nosotros hemos de limitar nuestro punto de mira. Vamos a considerar la nueva situacion en cuanto provocada por la tealagfa de los ûltimos afios 8. El sensible cambio notado sea en la moral, sea en el dogma, sea en el nacimiento de las mas variadas tealagfas de los ûltimos afios tiene su incidencia en este nuevo situarse. Esta incidencia nos hara también sus pre-guntas, preguntas gue, dentro de 10 posible, procuraremos contestar.
I. ESTRECHANDO EL CAMPO DEL PECADO
Tanto la teologia moral coma la dogmatica y la espiritual vienen insis-tiendo desde hace afios en algunos principios cuya incidencia sobre la exis-tencia cristiana es innegable. Vamos a recordar salamente algunas, los gue nos parecen mas interesantes cuando se les observa desde la teologla deI pecado. Podremos observar como todos ellos contribuyen a estrechar el campo deI pecado.
a. De la estâtica a la dinâmica y pragresiva. El pecado no puede ser nunca una realidad a la gue se da vida en un tubo de ensayo. Agui
"",,,,~n'F' ..• ,
7 Para una visi6n de conjunto de cuanto decimos en el texto puede verse el extenso volumen
Il peccado, Roma, Ares, 1959. También es interesante El pecado de la jilosojfa moderna, Madrid,
Rialp, 1963 (escrito en cOlaboraci6n), sobre todo el estudio de C. Fabro sobre El problema
del pecado en el existencialismo.
8 AI hablar de teologla me atengo al sentido ordinario de la palabra, aunque me parece
digna de consideraci6n la observaci6n de H. Jürgen Schultz: da teologla es menos un tema,
por decirlo asi, que una dimensi6n en todos los temas» (Tendencias de la teologfa en el si·
PECADO y EXISTENCIA CRISTIANA, HOY 189
las pruebas resultarian una lamentable pérdida de tiempo. Es la persona la que se enfrenta a las divers as posibilidades que le ofrece la vida.
Mas aûn, no es s610 lü persona la que se enfrenta al mar de la existen-ciao Es, propiamente, una persona determinada. La generalizada queja de que la moral, sobre todo en la formaci6n de la conciencia (que es la res-ponsable final), ha hecho un canon comûn para el hombre (consideraci6n estatica) 0 para todas las edades a partir de la edad adulta, implica una grave acusaci6n a la moral en el sentido de que desconoce la antropolo-gia y la psicoloantropolo-gia evolutiva 9. Los nifios, los j6venes y los ancianos se sienten fuera deI mundo real cuando se les juzga con criterios de hombres adultos, en plena madurez humana.
b. Libertad situada. La mas tradicional y cerrada de las visiones mora-les y ascéticas ha exigido siempre la libertad para que pueda acusarse la existencia de un pecado. Y ha proporcionado la responsabilidad a la liber-tad (aunque no s610 a la liberliber-tad). A mayor liberliber-tad, mas responsabilidad moral. Esto era tan evidente, que negarlo hubiera supuesto una falta ele-mental de criteria.
La nuevo en los ûltimos aîios ha sido un reexamen de la libertad situada. También aqui la psicologia, la sociologîa y la experiencia de los me jar es moralistas ha sabido tirar de la libertad hasta encamarla en las realidades humanas. Porque, en realidad, no existe la libertad, sino hom-bres lihom-bres 0 no libres. Y el hombre de nuestra calle no ha sido creado por Dias coma Adan, ni ha sido puesto en una zona esterilizada. Sobre todo hombre pesa un factor biol6gico, sociol6gico y psicol6gico 10. El hom-bre es hijo de sus padres (y de varias generaciones anteriores), de su edu-caci6n, de su ambiente, de todo aquello que ejerce algûn influjo sobre él. Es cierto que todo hombre es libre. Pero también 10 es que todo hombre esta escIavizado par un entomo interior y exterior. No se niegan los limites de la libertad y la escIavitud, pero se desconocen. 0 al menos no se cono-cen facilmente en una persona.
De donde se sigue que muchas veces peca el hombre (apenas habrîa duda en afirmarlo), pero no es tan evidente, ni cierto, que haya pecado este hombre. El hecho de que las aceradas discusiones sobre las relacio-nes entre libertad y gracia hayan pasado a la consideraci6n de estas mis-mas relaciones entre determinismo y gracia (determinismo biol6gico, socio-16gico y psicol6gico) manifiesta c1aramente el nuevo giro antropol6gico seguido por la teologia en sus reflexiones sobre el pecado 11.
En este apartado existen pruebas de que dentro de la Iglesia cat6-lica, como en las restantes confesiones cristianas, el tema ha llevado a
fric-9 Remitimos para esta afirmaci6n a las hermosas paginas que dediea al tema A. HORTELANO,
Moral responsable. Conciencia moral cristiana, Salamanca, Sfgueme, 1969, 151 SS. 10 Cf. L. MONDEN, Conciencia, libre albedrio, pecado, Barcelona, Herder, 1968, pp. 32-43.
ciones molestas. Con relativa frecuencia en los 6ltimos anos, y sobre todo en materia de castidad, se ha intentado probar que apenas puede hablarse de libertad en la persona 12. Es de suponer, y los estamos viendo ya, que sucede 10 mismo con otros temas.
c. Acto y opciôn fundamental. Hubo un tiempo en el que el tema de la libertad, tema que acabamos de ver, atrajo toda la atencion en el casa deI pecado. Fueron los anos en los que la teologia se acerco a la psicologia (0
la psicologia a la teologia). Posteriormente la atencion de la teologia ha hecho un viraje y se ha centrado mas en la voluntariedad, elemento tam-bién siempre de primer orden en la consideracion deI pecado.
El viraje esta, radicalmente, en que se miraban los actos particulares como ruptura 0 confirmacion de la propia conciencia, de manera que se
suponia pasar a la oposiciôn (cambiar la voluntad, 0 cambiar de
intencio-nes) a todo el que libre y voluntariamente realizaba un acto contrario a sus intenciones anteriores. Hoy, en cambio, muchos piensan de otra manera. Estiman que en todo orden de cosas es mas importante la actitud que el acto, y que no necesariamente todo acto particular implica un cambio de rumbo. La afirmacion no es alocada. Se piensa que ese acto, que parece realizado con la mayor voluntariedad personal, esta chocando precisamente con otra determinacion personal, anterior y mas profunda, la determina-cion de mantenerse en una esfera concreta (aqui la cristiana) de pensa-miento y acciOn. Tiene lugar asi un pugilato entre dos dinamismos de la persona en el que la victoria de unD (el acto, en concreto, cuando se hace un acto malo) no supone la muerte deI otro (de la actitud buena en nuestro caso). Estamos solo ante un sincope, que desde 10 mas profundo aspira a la vida. l,Puede decirse perfectamente voluntario ese acto cuando después de vencer recoge a su adversario y 10 mima para que se reponga?
Hay incluso teologos que pretenden dar un paso ulterior: hemos pasa-do deI acto a la actitud. Es preciso pasar, dicen, de la actitud a la opciôn fundamental13
• Entra as! esta categoria deI pensamiento teologico,
catego-ria que da mucho juego 14. En n~estro orden de cosas tenemos que
enten-12 No pocas veces han tenido que intervenir las Congregaciones romanas insistiendo en la libertad sUficiente, como norma, frente a cualquier tipo de pecados, y sobre todo frente a los que dicen relaci6n con la castidad. La actividad de la Iglesia se ha extendido también en este mismo sentido hasta prohibir libros, de psicologia fundamentalmente, que no pareclan conceder esta libertad responsable a los «pecadores». Ultimamente Pablo VI ha hecho dos Hamadas de atenci6n -sin referencia particular a un tipo de pecados- frente al determinismo
(cf. Ecclesta, 29 (1969) 217-218; 30 (1970) 73-74).
13 Personalmente no crea que admitan muchos esta distinci6n, ni me parece un paso mas, sino la doble expresi6n de una misma realidad. El texto refleja la opini6n sacada de una conferencia de J. Burgaleta sobre Pecado y sacramento de la penitencia.
14 Sobre la opci6n fundamental se ha escrito mucha no s610 en el campo moral, sino tam·
bién en el dogmatico. Una bibliografia fundamental y estudio suficientemente amplio puede verse en M. FLWK·Z. ALSZEGHY, L'opzione fondamentale della vita morale e la grazia, en «Gregorianum», 41 (1960) 593·619. Ulteriormente los autores han ido poniendo al dia la biblio· grafia en sus escritos -traducidos al casteHano-, El Evangelio de la gracia, Salamanca, Si· gueme, 1967, nn. 147-173, y Antropologia teol6gica, Salamanca, Sigueme, 1970, nn. 448-468.
PECADO y EXISTENCIA CRISTIANA, HOY 191 der la opciôn fundamental como entrega el evangelio, 0, quiza mejor, como
aceptaci6n activa deI programa de Dios sobre un hombre concreto. Es la admisi6n de Dios en la vida deI hombre para que El determine por d6nde tenemos que ir, acogiendo su voluntad con sencillez y entrega generosa.
En quien ha hecho la opciôn fundamental el campo deI pecado queda bastante limitado. Existiria cuando se diese una continuada indiferencia frente a la voluntad de Dios 0 cuando un acto fuera de tal categoria que
se viese claramente que rompia esa misma opci6n, 10 cual no debe pre su-mirse con facilidad.
d. El progreso en el bien. Formando cuerpo con cuanto precede encon-tramos 10 que ha dado en llamarse ley del crecimiento progresivo en el bien. Cuando los impuros e imperfectos juzgamos la vida de los santos, solemos tacharlos temerariamente de escrupulosos, porque hilan mas del-gado que nosotros. Ellos juzgan con su conciencia de seres perfecto s, de hombres en término (0 muy cerca deI término) unas obras que hicieron estando de camino. Pero a veces sucede 10 contrario: aplicamos a los que estan de camino unos principios que convienen unicamente a los que estan en el término, a los perfectos. Confundimos la llamada a la perfecci6n, que afecta también a un nirro pequerro, con la consecuci6n de la misma, que, inculpablemente, no suele darse en ese mismo nmo. Y esto tampoco es razonable.
Segun este modo de pensar, 10 que llamamos acci6n mas 0 menos
peca-minosa es s6lo una manifestaci6n ineludible de la imperfecci6n que aûn se tiene en un momento determinado. No se niega la imperfecci6n, pero se limita su culpabilidad teol6gica. Si la operaci6n sigue al ser, la imper-fecci6n esencial dei hombre peregrino (sus limitaciones de todo tipo) tiene que salir par donde sea, en unos par una parte, y en otros por otra. El hombre que va caminando hacia la perfecci6n siente su imperfecci6n, la reconoce al menas a la luz de la fe, y la detesta, pero sabe que su des-aparici6n es una tarea lenta. Intuye, incluso, que quiza no alcance en esta vida la perfecci6n moral tal camo la suerra.
El pecado, mirada la acci6n humana en esta visu al, seria la renuncia a caminar hacia 10 que la fe le dice que es su propia perfecci6n, pero n'O cualquier acto que no sea perfecto. El hombre emperrado en alcanzar a Dios no considera pecado estar en camino, ni le parece tan importante sentarse de vez en cuando. iNo hay que tomarse la vida por la tremenda!, se dice. Quiza cuando llegue a la presencia deI Serror lamente no haber logrado antes la meta. Pero este juicio no la puede hacer, ni se le puede aplicar mientras esta de camino, porque no 10 entiende.
Todo la que precede estrecha considerablemente el numero de peca-dos. Puede el hombre hacer suyo este juicio deI P. Haring, juici~ que
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pue de y debe extenderse a las diversas areas de la existencia aunque hable de la sacerdotal: "queda uno estupefacto al confrontar cinco manuales de moral todavia en uso. Descubrimos que sus autores enumeran, en tomo a la administracion de los sacramento s, rubricas y vestiduras sagradas, unas 240 prescripciones de la Iglesia que pueden ser ocasion de pecado mort al" 15. Pare ce que, al menas de momento, esto se ha acabado. Como parece haberse acabado el modo que tenian ciertos "consejos" diocesanos de hacer pecados 16. Mas bien, crea que en virtud de los diversos princi-pios enunciados, se tiende de tal manera a disminuir la existencia deI peca-do que alguno afirma ser muy dificil que el bautizapeca-do caiga en un pecapeca-do mortal17•
Un balance fa1vol'able. Las reflexiones que preceden provocan una actitud personal que, bre-vemente, vamos a resumir. Voces discordes invitan a la prudencia y a la serenidad, procurando atisbar con limpieza de miras en algo tan vital para la conciencia cristiana.
a. ;,Hay algo nuevo? Quiza muchos puedan decir que no hay cosas
nuevas en 10 que precede, y que la teologia ha dicho siempre 10 mismo. Para una discusion, esto seria 10 mas comodo. Pero no parece ser asi. Aun-que nada mas fuera el haberse tomado en serio y aplicar a la persona 10 que antes se habia fOl'mulado, seria suficiente. En cualquier escrito sobre la conducta cristiana se desarrolla hoy, con suficiente extension e interés, la que no hace mucho eran supuestos.
Pero hay mas: no parece honesto negar que los principios de la opcion fundamental y la ley deI progreso en el bien han recibido en nuestros di as una consideracion antes desconocida. Como también parece bastante nue-vo 0 muy cambiado el rumbo que toma el juicio moral: no es el pecador
el que se ve interpelado por la ley, sino la ley la que se ve juzgada par el hombre. Con ello gana la ley 'en dimension humana, y no se rebaja el hombre a ser manipulado por la ley.
15 B. HiiRING, La predicazione della morale dopo il Concilio, Roma, Ediz. Paolina, 1967, p. 149. En realidad, todas las obras dei P. Haring tienen este denominador comun.
16 Me contaba en cierta ocasi6n un miembro de esos consejos diocesanos el modo que tenian de determinar 10 que era pecado mortal y pecado venial en cuestiones de moralidad publica allâ por la década de los cincuenta y recuerdo que ni él mismo pudo reprimir este juicio: /'Y con qué autoridad determinabamos nosotros todo aquello?
17 La opini6n es dei P. B. HiiRING, Velso una teologia morale cristiana, Roma 1967, pp. 81·82. Citado en B. Russo, Peccato mortale: eccezione 0 inflazione, en «Rassegna di teologia», 12 (1971) 77, nota 2. El articulo (pp. 76·97) informa bastante sobre la cuesti6n y sirve también para comprender algunas de las cosas que hemos recordado en el texto. Su juicio personal es bastante dura (de acuerdo con la t6nica general dei autor en sus frecuentes articulos sobre cuestiones teol6gicas deI momento).
PECADO y EXISTENCIA CRISTIANA, HOY 193
b. ;,Queda fado en el aire? Otro de los reproches que caen sobre la conciencia asî desdibujada es que nuestro juicio sobre la maralidad, per-fecci6n 0 imperfecci6n de la acci6n humana queda flotando en el aire. La
objeci6n es valida, pero s6lo en parte, es decir, si la relacionamos con nuestro anterior modo de juzgar. "No veîamos quiza antes las cosas con excesiva c1aridad? "C6mo es posible que nuestro juicio tan susceptible de error a la hora de poner un acto en otros dominios no 10 fuera en el domi-nia religiasa? "De d6nde nos venîa la seguridad de nuestra decisi6n, de la fe, 0 de nuestra malformaci6n? La complicada naturaleza humana, con sus
reacciones imprevisibles y su misma plural constituci6n nos hace andar a tientas en la mayor parte de nuestras decisiones. No acotemos un terreno, como el religioso, para decisiones precisas (a no ser que la creamos de tan escaso valor que nos parezca indiferente concedernos cualquiera de nuestras alternativas). Andar a tientas es el triste privilegio que le cabe al hombre. Esta inseguridad, exceptuadas muy contadas ocasiones, puede ser una de sus purificaciones mas encarnadas.
En la vida ordinaria va desapareciendo un facil "paternalismo" en favor de una busqueda personal, arriesgada, !enta y expuesta. No pueden darnoslo todo hecho. Quiza nos estemos pasando al campo contrario, al de no querer comprometer nuestra palabra en un consejo 0 en una
deter-minaci6n de otra persona. Lo cierto es que esta nueva postura ha venido porque era necesaria y tiene sus valores. No los desaprovechemos, par si las cosas cambian. Una mejor comprensi6n de nosotros mismos, de nues-tra mecanismo y de nuesnues-tra ambiente, es una buena adquisici6n.
c. ;,La religiôn de la fâeil? Es otra de los reproches a 10 que de nuevo tienen los principios recordados. Con frecuencia se oye decir, con no poca guasa: "qué, tu ya hiciste la apeiônl de tu vida? Inc1uso los que no 10 pre-guntan no han podido vencer siempre una extraîia impresi6n cuando oyen a muchos proc1amar que, efectivamente, han hecho esa opci6n. Viene en-tonces la duda de si no facilitamos demasiado la vida cristiana enunciando unos principios que sean poco menos que la disculpa frlvola de las propias deficiencias.
La respuesta puede ser no, y puede ser st Realizar una opci6n en favor deI Evangelio es olvidarse de uno mismo, 0 mejor, comprometerse
en un difîcil trabajo con una mala herramienta. Parque el Evangelio nos revela no s6lo nuestra misi6n, sino también la miseria de que estamos hechos. La opci6n, pues, no es un acto sin importancia. Pero quiza se rea-liza frecuentemente sin importarnos de verdad. Optan por el Evangelio te6ricamente los que quieren s6lo la practica, optan por 10 difîcil quienes no han sido capaces de vivir 10 no tan difîcil. Es decir, se opta por 10 que
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no afecta a la persona, evadiéndose de 10 que afecta y cuesta. Y en este caso, nuestra encarnaciôn es pura palabreria. Es una verdadera lastima, porque la opciôn, en sî, es una exigencia evangélica.
II. CAMBIO y ENS ANCHE DEL CAMPO DEL PECADO
En los ûltimos ailos, sobre todo en la ûltima década, han ido surgiendo divers as teologias. Todas ellas muestran rasgos comunes, aunque no se identifican 18.
No sin soma se escribe y se dice con frecuencia: las teologias mo-dernas no pueden ocuparse deI pecado. jTienen temas mucho mas im-portantes! Esta acusaciôn, al menos en principio, nos parece inexacta.
Por 10 pronto, y como medida inicial, no estarîa mal que quienes asî juzgan a estos teôlogos ateos tomasen contacto con los originales de est' curioso mundo teolôgico. Para nosotros es imprescindible hacerlo. Estos autores han entrado con buen pie en los ambientes cultos, y en nuestro mundo todos se precian, un poco por snobismo, de haber leîdo estas obras. Creer que no han dejado en los lectores una huella firme, cuando precisa-mente esta huella es la mejor prueba de que conocen su pensamiento, es pensar ficticiamente. Veamos, pues, brevemente 10 que opinan algunos de estos autores sobre el pecado.
a. Jesûs de Nazareth y la libertad. Van Buren es uno de los autores de la "teologîa radical" 19. En su interpretaciôn es fundamental atender siem-pre al "contexto" cristolôgico. De 10 contrario nos quedamos sin referen-ciao Y esto suce de también al hablar del pecado.
En cristiano sôlo podemos hablar de pecado a la luz deI hombre sin pecado, J esûs de Nazareth. J esûs de Nazareth se nos presenta como el hombre libre. "Comparados con él, los hombres no son libres; estan atena-zados por el temor y la angustia, por la desconfianza y el interés propio. La palabra empleada para describir esta condiciôn, cuando es medida por este metro, es pecado" 20. Vamos entrando asî, insensiblemente y por el
18 El lector de lengua castellana puede formarse una idea de estas diferencias, y también de las aflnidades, en estos libros: V. CAMPS, Los te6logos de la muerte de Dios, Barcelona, Nova Terra, 1968. R.-L. RICHARD, Teologia de la secularizaci6n, Salamanca, Sigueme, 1969.
E. COLOMER, Dios no puede morir, Barcelona, Nova Terra, 1970. Hay otros muchos Iibros es-critos 0 traducidos, pero creemos que los citados pueden ser suficientes. Estudios particulares no creemos preciso citar en una nota de esta indole, pues no tocan expresamente nuestro tema.
19 La expresi6n teologfa radical tiene un doble sentido: negativo (superaci6n de las anterio-res categorias teol6gicas) y positivo (busqueda dei sentido cristiano para un hombre secular).
El santo y sena de esta teologia, coma reeonocen sus mismos autores, es la expresi6n: Dios ha muerto, expresi6n desafortunada y concepto alin no muy clara. POl' eso, podemos identificar teologia radical y teologia de la muerte de Dios.
20 P. M. VAN BUREN, El significado secular dei evangelio, Barcelona, Edic. Peninsula, 1968,
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camino de la relaci6n contextual, en 10 que es el pecado en el hombre, el pecado concreto (pocas abstracciones, coma signo de la vuelta que se ope-ra al mundo semitico de la Escrituope-ra).
Esta realidad deI "pecado" se percibe mas claramente cuando se la mira en categorias positivas, a la luz de la santificaci6n. Si ei pecado es incompatible con la libertad, la gracia 10 es con la esclavitud. Es decir, que gracia y libertad son una misma cosa, coma 10 son pecado y esclavitud. Pero todo este maridaje y exclusi6n han de considerarse en la unica visu al de Van Buren: el contexto deI Jesus de Nazareth. Hay que conocer, por eso, en qué consiste la libertad de Jesus de Nazareth, asi veremos en qué consiste la gracia y, de rechazo, el pecado. La confesi6n fundamental de Van Buren, muy en consonancia con toda la teologia de la secularizaci6n, es ésta: "la libertad de Jesus mismo, es una libertad para preocuparse y compadecerse de los demas, para comprometerse por causa de nuestro pr6jimo en el mundo que nos rodea" 21. Esta es la verdad que nos harâ libres destruyendo el pecado.
Van Buren es consciente de que, segûn muchos y segun un primer contacto con la revelaci6n, el evangelio de Jesus de Nazareth podria
volver-Si: contra esta concepci6n deI pecado. Se le podria objetar que en esta
ex-plicaci6n parece olvidarse, si no negarse, el primer precepto deI evange-lio: amar a Dios. La objeci6n, cree Van Buren, queda contestada sobre la base de la teologia de san Juan, quien admite la identidad deI doble mandamiento de Jesus: amar a Dios y amar al pr6jimo. La interpretaci6n de este al parecer doble mandamiento, siempre segun Van Buren, no puede ser otra que ésta: "s610 pueden significar que tenemos que amar al pr6ji-mo sobre el pr6ji-modelo de Jesus y en su libertad" 22.
b. Soberbia y apatia. La teologia politica lleva pocos anos de existen-cia, pero ya suena en muchos escritos 23. Y también la teologia politica se ha preocupado deI pecado 24.
El primer paso de la teologia po1ltica al enfrentarse con el pecador es desenmascararle. El pecador, unas veces encarnado en el te610go y otras en un personaje normal de nuestras calles, busca unos mecanismos de defensa que le tengan tranquiIo. Afecta pureza y rectitud; por eso re-chaza ciertas afirmaciones modernas y no admite signos de los tiempos. Por
21 lb., p. 216.
22 lb., p. 218.
23 Podemos entender por teologia politica la refiexi6n cristiana que atiende a todas las rea-lidades que afectan a la comunidad civica (polis). En si, pues, la expresi6n es totalmente inocente.
24 Por brevedad y claridad voy a limitarme a concretar el pensamiento de H. Cox y de D. SCille en sus referencias expresas al pecado. Para H. Cox, cf. El pecado: traici6n deI hombre a su propia humanidad, en «El cristiano coma rebelden, Madrid, Marova, 1968, PP. 39-52. Para D. SaLLE, cf. El pecado, interpretado pollticamente, y, El perd6n pollticamente interpre. tado, en «Teolog!a Politican, Salamanca, Sigueme, 1972, pp. 93-119.
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ejemplo: "el miedo de la teologfa conservadora ante la sociologfa es un mecanismo de defensa usado para poder mantener una conciencia de pe-cado alin mas inofensiva" 25. Y no es s6lo este mecanismo el que le mueve. Los cristianos corrientes acuden también al argumento de las "necesida-des ineludibles" 26, y al mundo en que se encuentran 27. No pueden, dicen, salirse deI mundo en que viven.
La teologfa polltica le recuerda que "Dios ha asignado al hombre una gran responsabilidad de cara a este mundo (00 .). Dios ha depositado el tim6n de la historia en las manos deI hombre" 28. La referencia al mundo en que se encuentra, no sirve. Al hombre no le cabe la actitud de tum-barse "en su hamaca, abandonando el navfo a los vientos y a las olas" 29. Esto seria un pecado. El pecado interpretado politicamente esta en aceptar el mundo "natural", acomodândose a esta situaci6n, en lugar de trans-formarlo. Por eso, "el vocablo contemporaneo que mejor refleja el con-cepto bfulico de pecado es "apatia" 30, apatia que puede ser personal, cuando nos negamos a transformar las estructuras, 0 colectiva, cuando
colaboramos con los demas en las multiples in just ici as de este mundo, algunas al parecer sin importancia, pera que la tienen 31.
Al cristiano le cuesta aceptar esta comprensi6n y explicaci6n deI pe-cado. Pero quiza 10 es porque no ha descubierto la verdadera ralz de esta resistencia. En el fondo, mas alla por 10 tanto de los mecanismos antes recordados, se encuentra un complejo inicial que es preciso vencer: Adan se rebelô, quiso ser coma Dios, hacerse una vida personal, a su aire, pecô de soberbia. Tanto se 10 han repetido al cristiano desde su nllez, que le han hecho ver claramente que la soberbia es el pecado principal, el pri-mera, y la fuente de los restantes pecados. De este acento sobre la sober-bia ha nacido el inculcar a los hombres una actitud escondida y apagada,
"sumisa", pasiva y apatica (humilde). De aqul también esa concepci6n de la historia que parece tan cristiana, concepci6n providencialista en la que el hombre espera y acoge 10 que, dice, es voluntad de Dios.
25 D. SOLLE, O. C., p. 99. La importancia de esta referencia de Salle a la sociologfa se
entiende Unicamente si se tiene en cuenta el trasfondo de su teologia. Para ella, si Dias existe, no existe alla arriba, en 10 que llamamos cielo, sino escondido en el mas pequefio de los
hermanos (Mt 25, 40). De ah! la negaci6n de toda relaci6n directa con El (uni6n mistica,
oraci6n) y la importancia de las relaciones indirectas -a través de los hombres-, relaciones
que la sociologia nos pedira y testimoniara. Y todo ello segful el modelo de Cristo, que res·
ponde de los hombres sin reserva alguna. En este sentido, y como presupuesto para comprender
nuestro tema, su obra Stellvertretung. Ein Kapitel Theologie nach dem Tode Gottes, Stuttgart,
Kreuz·Verlag, 1967.
26 lb., p. 95.
27 lb., p. 96.
28 H. Cox, O. c., p. 41. También para este autor hay que tener siempre en cuenta su obra
fundamental La ciudad secular, Barcelona, Edlc. Penfnsula, 1968.
29 lb., p. 41.
30 lb., pp. 42, 45·47.
31 D. Salle cita este caso, entre otros varios: cceon cada platano que me como, estafo a
quienes los cultivan en la mas importante de su salario y apoyo a la United Fruit Company
PECADO y EXISTENCIA CRISTIANA, HOY 197 A todo este proceso responde la teologîa polîtica diciendo que efec-tivamente "la base radical deI pecado deI hombre la constituye la sober-bia" 32. Pero anade que "equivocadamente, se identifica la soberbia con la actitud rebelde y, también erroneamente, eI hombre pecador es equi-parado con el insurreccionario altivo que blande sus punos (. .. ). Esta concepcion es esencialmente griega y salpicada luego de advertencias ad-monitorias por parte de la cultura burguesa que ha logrado, durante siglos, distraer nuestra atencion de los puntos neunllgicos de la biblia" 33. Es una vision mas de SOfoc1es que de la Escritura 34.
A esta vision deprimente la interesa que el hombre interna y externa-mente se de je dominar por la pereza, la apatîa, la acedia. Y este es el gran pecado. La vocacion dei hombre es trabajar por "una transformacion nueva de todo el hombre en un mundo nuevo" 35. Y esta vocacion se logra unicamente siendo un rebelde 36.
c. "El pecado de la desesperaciôn" 37. La teologîa de la esperanza, convertida hoy en centro de toda la teologîa cristiana, esta muy cerca de la teologfa poHtica, al menos en el tema deI pecado.
También para la teologîa de la esperanza el enemigo mas radical es "la humilde conformidad con el presente" 38. Y también aquf, la sober-bia "representa tan solo una cara deI pecado" 39. La otra cara hay que buscarla en la resignacion, la pereza, la tristeza y la frustracion "que im-pregnan todo 10 viviente con los gérmenes de una duIce putrefaccion" 40. Moltmann, el padre de la Teologia de la esperanza, no procede aprio-rÎsticamente en esta terrible diatriba. Tiene en sus manos el resistente asidero de la revelacion y la tradicion. El Apocalipsis desveIa la gravedad de la cobardia (Apoc 21, 8) poniendo a los "cabardes" "antes que a los incrédulos, que a los impios, que a los asesinos y que a otros" 41. Y
tam-bién la tradici6n le asegura que "la edad media consideraba la acedia 32 H. Cox, O. C., p. 44.
33 lb., p. 44.
34 lb., p. 46.
35 D. SOLI.E, O. C., p. 99.
36 A este respecto es signiflcativo el titulo deI libro de H. Cox, El cristiano como rebelde.
El titulo original es God's revolution and man's responsability. Independientemente de las razo· nes que hayan podido aconsejar este cambio de tltulo -pues no estamos ante una traducci6n literal- hay que decir que el titulo de la versi6n castellana nos parece preciso. Al menos si miramos el capitulo dedicado al pecado, capitulo que aqui nos interesa. Conviene recordar que para Cox la acedia es la ({renuncia a las implicaciones de su propia dignidad humana» y puede considerarse como ({origen de todos los pecados» (O. c., p. 49).
37 Este es precisamente el titulo deI paragrafo dedicado por J. Moltmann al pecado en su famoso libre Teologfa de la esperanza, Salamanca, Slgueme, 1969, p. 28.
38 lb., p. 33.
39 lb., p. 33.
40 lb., p. 28. La expresi6n es dura e ir6nica.
41 lb., p. 28. La cita puede tener su importancia si se piensa que 10 fuerte de este libro
o tristitia coma unD de los pecados contra el Espiritu Santo, que llevan a la muerte" 42.
De aqul que "la tentaci6n no consiste tanto en querer ser, titanica-mente, coma Dias, sino en la debilidad, en el desaliento, en el cansancio de no querer ser aquello que Dios nos propone" 43. El hombre "no se atreve" 44 a realizar el proyecto de Dios, y "éste es el pecado que mas hondamente amenaza al creyente" 45.
Seria diflcil precisar la penetraci6n de estas ideas en el pensamiento cat6lico a todos los niveles. A pesar de la que pueda tener de general la afirmaci6n podemos decir que tanto en la teologla coma en los movimien-tas apost6licos, esmovimien-tas ideas se barajan bastante mas que sus contrarias.
Estas ideas abren un campo inmenso al pecado: todo aquello que esta en relaci6n mas 0 menos direct a con la construcci6n deI mundo, con la
justicia, con el respeto a la persona, con las desigualdades sociales, con las oportunidades poIiticas y econ6micas. El hombre ha de procurar no solamente saltar el foso de su propio establisemen1t, sino debera tener en cuenta su condici6n social. Ello le obligara a prote star, rebelarse, luchar, exponer la propia vida de puertas afuera, negarse a una colaboraci6n ma-nipulada de los mas diversos aspectos de la existencia multiple deI hom-bre. l,Quién dijo que se acab6 el pecado para los modernos? Quiza no se ha acabado. Quiza se ha abierto una mina de pecados.
Valoraci6n critica El contacto sereno con cualquiera de estas modernas teologias, y aun-que sea unicamente en uno de sus puntos de consideraci6n camo es el pecado, llena la cabeza de preguntas. Quisiéramos conte star aqul alguna de ellas. Lo haremos brevemente y sin polémica, que nada resuelve. Ve-remos algunos de los valores y contravalores, coma veVe-remos también las dudas que surgen al entrar en contacto con la teorla y la praxis de estas teologias.
Valores Dice bien empezar siempre por los valores. En nuestro caso, nos pa-rece, los ha y, y no tenemos por qué ocultarlos.
1. Buenas intenciones. Es curioso quiza que concedamos coma va-lor las buenas intenciones a quienes parece no importarles mucho las bue-42 lb., p. 29. En la exposici6n objetiva deI pensamiento deI autor no puede ser nuestra tarea
el control de si estas palabras responden 0 no a la realidad objetivo. Mas bien esto entraria
en una crisis seria deI pensamiento de Moltmann, que no es posible realizar en estas paginas. 43 lb., p. 28 .
.. lb., p. 29.
PECADO y EXISTENCIA CRISTIANA, HOY 199 nas intenciones, sino la praxis, los hechos. Pero precisamente es este juicio el primera que tenemos que desmontar, que se trate, en estas teologias, de s6lo praxismo. La teologia poHtica pretende que la praxis no sea mas que manifestaci6n de una verdad -de la fe-, que no puede ser ûnica-mente teoria. "La teologîa polltica parte de una comprensi6n de la ver-dad que media mutuamente entre la teona y la praxis de la fe" 46.
i,Estara demas recordar en este mismo apartado que 10 que pretenden estas teologias, y sus adeptos cat6licos, no es entregar el cristianismo al comunismo? Sin detenernos en ello (pues no merece la pena), quiza sea preciso recordarlo, porque hay muchas voces que aûn desentonan al dar esta nota 47.
2. Plenitud humana de la revelacion. No parece pueda negarse que durante mucho tiempo hemos desligado de una forma antievangélica la teona y la practica, y que hemos limitado el mundo deI pecado a ciertos objetos, que no es preciso nombrar una vez mas. Esta postura dicot6mica y acomplejada ha perjudicado innegablemente a la Iglesia y ha sido infiel al pensamiento de la revelaci6n, mucho mas amplio y coherente.
Las teologîas aparecidas en estos ûltimos anos han tenido el valor de acercarse a la Escritura en busca de otros pecados, con frecuencia olvi-dados. Por una sensibilidad especial que les ha dado el contacto y la preocupaci6n por las realidades deI mundo en que viven han logrado es-cuchar esas voces apagadas de la revelaci6n, establecer su contexto, ilu-minar su importancia, comparar sus exigencias con las de otras verda-des, etc. Todo el que estima esta palabra de Dios no puede menos de agradecerlo, aunque a veces le cueste, pues le introduce en un mundo desconocido.
El Antiguo testamento, ya desde los primeras capitulos dei Génesis, ensena que "el ser humano anda siempre buscando por d6nde escapar" 48, y que no todo se reduce a la soberbia, sino a otras muchas debilidades 49. Los Prafetas asombran con enumeraciones de pecados 50, que no
pare-(i>·'
46 D. SOLLE, O. c., p. 93.
47 Escribe N. Greinacher en la Presentaci6n dei numero 84 (abril 1973) de Concilium:
«muchos cristianos piden que esa vieja uni6n [entre "trono y altar"] no sea sustituida por un nuevo maridaje entre "cruz y bandera roja", es decir, que no se elimine el tradicional integrismo de derechas con un nuevo integrismo de izquierdas» (p. 5). Este n11mero Heva coma titulo general: el compromiso politico de la parroquia cristiana). Efectivamente, a pesar dei «aprovechamiento» de unos cuantos por lograr este ultimo maridaje, y de la dificultad de des-Iindar con precisi6n 10 cristiano y 10 marxista, la mayor parte de los buenos cristianos y de los cristianos formados, ni intentan ni estân realizando esa destrucci6n deI cristianismo que tan fâcilmente predican no pocos amparândose y valiéndose de una postura de privilegio.
48 H. Cox, O. c., p. 46.
49 lb., p. 46.
50 Ponemos el acento en la enumeraci6n de realidades particulares, pues es bien conocido que el genio hebreo es menos dado a nociones abstractas que a situaciones concretas. Por eso, en el sentido deI pecado hay que entrar mâs a través de datos concretos que a través de especu-laciones.
200 AUGUSTO GUERRA
dan haber fnteresado a muchos de nuestros hombres. Ahi han encontrado los te610gos esos pecados de categoria social, polîtica y econ6mica camo son oprimir a los débiles, a los justos, maltratar a los pobres (Am 4, 1) 51, defraudar el justo salario (Dt 24, 14-15; Lev 19, 13), aborrecer al que habla rectamente (Am 5, 10), aceptar el sobomo y hacer perder al pobre su causa (Am 5, 12), ayudar al enemigo contra el pueblo (Miq 2, 8), abo-rrecer el bien y amar el mal (Miq 3, 2), corner la came deI puebla (Miq 3, 3), aborrecer el derecho, torcer 10 recto, edificar con sangre (Miq 3, 9-10), etc. El Antiguo Testamento no ha dudado en calificar estas accio-nes de "prevaricaci6n" y "pecado" (Am 5, 12; Miq 1, 5). lPor qué va-mas a olvidarlo nosotros? l Y no es verdad que con frecuencia 10 hemos olvidado?
y si pasamos deI Antiguo Testamento al Nuevo, nos encontramos con la postura de Jesus, que se encara con los poderosos, los escribas y fari-seos, dirigiéndoles unas diatribas que no soportaria hoy ningun dirigente de la comunidad, sea civil, sea religiosa. Olvidar esta actitud deI Senor no va de acuerdo con una rectitud cristiana que predica la necesidad de seguir al Senor hasta la muerte. Y no olvidemos los golpes de Santiago en un tema tan "demagôgico" como el deI salario y las riquezas (Sant 4, 13-5, 1-6). lEs de cristianos dejar que a todo este aspecto deI cristianis-mo se le continuen aplicando panos calientes? Quizâ nunca agradezcacristianis-mos suficientemente a estas teologias la voz de alerta que han sido para un mundo en cambio.
3. Evangelio y contestaci6n. La fe cristiana, en sus mâs autorizadas versiones deI momento, proclama el valor contestatario deI Evangelio. En este sentido, la mejor teologia catôlica parece estar de acuerdo: toda estructura humana es susceptible de alienar al hombre. Y frente a esta situaciôn, cuando se produce, el Evangelio puede y debe in-tervenir. Como pueden y deben intervenir los cristianos. Los hombres comprometidos con el Evangelio deben desenterrar los valores auténticos y comprometerse efectivamente en una contestaciôn profética eficaz. Estos hombres no sôlo no pueden decir si a las estructuras, mecanismos y ma-nipulaciones degradantes 0 a toda rémora que se ponga a la perfecciôn
integral del hombre, sino que deberan decir nia. El servicio al Evangelio, cuando es auténtico, se introduce en el corazôn mismo de las circunstan-cias humanas. A los que piensan que asi se confunde el cielo con la tierra y 10 natural con 10 sobrenatural, la mejor teologia les responde que esta
51 Tomamos, al azar, unos cuantos datos de los profetas Am6s y Miqueas (exceptuada una
cita dei Dt.). Las citas podrian multipllcarse facilmente y darfan una impresi6n fuerte de 10 que significa este tipo de pecados para la revelaci6n.
PECADO y EXISTENCIA CRISTIANA, ROY 201
actitud es vivencia de la fe, esperanza y caridad evangélicas, no "natura-lismo" 52.
En este sentido, las nuevas teologîas no han hecho mas que desen-mascarar, a veces ciertamente de manera brutal y con lenguaje hecho de retazos de la vida ordinaria -con frecuencia cruel-, muchos pecados contra el Evangelio.
4. Sensibilidad hist6rica y pecado colectivo. La fidelidad al Evan-gelio y a los signos de los tiempos, seriamente entendidos, nos llevan a descubrir en las teologlas record ad as esta doble faceta lntimamente uni-da. "El N. Testamento dejaria de ser nuevo y, por la tanto, perderia su esencial caracter encarnatorio, desde el momento que de jar a de respon-der a la concreta y actual situaciôn deI hombre de hoy que exige una reencarnaciôn de Cristo en nuestro mundo, marcado por trazos de todas clases que le hacen muy diferente dei mundo material y antropolôgico en el que Cristo se encarnô" 53. La reflexiôn teolôgica ensena que parte de las rebeldlas hoy en boga contra eI pecado se deben a que se han acentuado aspectos que no van con la mentalidad de hoy, de jan do en la oscuridad los que van mejor con nuestro tiempo 54. Quiza no se deba callar todo aspecto que no vaya con la mentalidad de hoy (10 veremos después). Pero 10 cierto es que debe entrarse por la puerta comun, apro-vechando la oportunidad que nos brinda la sensibilidad especial de nues-tros hombres. El Antiguo Testamento vislumbraba esta pedagogla dei Me-slas cuando deda de él: "la cana cascada no la quebrara. El pabilo va-cil ante no 10 apagara" (1s 42, 3).
Y parte de esta sensibilidad especial de nuestros hombres es el ca-racter comunitario de nuestras acciones y, por 10 tanto, de nuestros pe-cados, aspecto que se ve sin dificultad en los pecados sociales. Es 10 que podriamos llamar, en sentido un poco general, "pecado colectivo" 55.
Baste la enumeraciôn de estos cuatro valores para testimoniar el apre-cio que hemos de sentir por tantas reflexiones como hoy se nos brindan frente a una concepciôn plena deI pecado. Hemos querido enumerar
so-52 En este sentido puede verse todo el Iibro de Ph. ROQUEPLO, Expérience du monde: expé-rience de Dieu?, Paris, Cerf, 1968, principalmente, PP. 309-313 (el Iibro es bastante moderado y pubIicado en la famosa colecci6n Cogltatio fidei). En esta misma linea estan los mejores te610gos cat6Iicos. Para una visi6n de conjunto véase Théologie d'aujourd'hui et de demain.
Paris, Cerf, 1967 (el !ibro esta escrito en colaboraci6n por los mejores te610gos cat6licos dei momento).
53 J.-M. LLINARES, El cardcter situacional de la moral, en «Proyecci6m>, 16 (1969) 333.
54 Cf. A. PETEIRO, O. c., pp. 324-325, con nota 67.
55 No entra propiamente en nuestra perspectiva el tema dei pecado colectivo. Citamos, pues, solamente unos tltulos que pongan al corriente de las diversas dimensiones de este problema cn cuanto pueda relacionarse con nuestro tema: J. SAGÜES, Alcance de la expresl6n «pecado colec-tiVOll, en «Estudios eclesiasticosll, 36 (1961) 303-321; E. LEPARNEUR, Responsabilidade colectiva
e pecado, en «Revista ecclesiastica braslleira)), 30 (1970) 538-567; J. SOMMET, Peché collectif, en «Christusll, 19 (1972) 147-158; E. L6PEZ AZPITARTE, Pecado y comunidad, en «Proyecci6m>, 20 (1973) 9-19.
202 AUGUSTO GUERRA
lamente algunos, que nos parecîan de mayor interés. Hay otros muchos, que dejamos por el momento.
Contravalores Al lector de estas paginas hay que suponerle abierto y ansioso de per-feccionar el concepto y campo deI pecado. Lo dicho aquî no intenta, en modo alguno, destruir una fe que se poseîa, sino perfeccionarla, y, si es preciso, purificarla. Esto quiere decir que interesa mas detenerse en los valores, para asumirlos, que en los contravalores, para rechazarlos. Pero esto no quiere decir que no se tengan en cuenta. Quiere s6lo decir que nos detenemos menos en ellos, aunque algunos contravalores sean esen-ciales. Par ejemplo:
1. Cristologia deficiente. Desde Bonhoeffer, se admite en las moder-nas teologîas que Jesus es el hombre para los demas 56. Sin examinar la que esta afirmaci6n pueda suponer para el problema de la divinidad de Cristo, hay que decir que la ejemplaridad (0 compasi6n, coma se expresa esta misma teologîa) de Jesûs queda mutilada en estas teologîas. El acen-to en los pecados de tipo social hace olvidar sistematicamente la existencia deI pecado interna a el aspecta interno del pecado y la relaci6n deI hom-bre al Padre. J esûs fue el homhom-bre para los demas en el sentido de ejem-plaridad, si les ensefia no solamente a comportarse con los demas y dar su vida par ellos, sino si les ensefia también que las relaciones con el Padre, con un Dias extra-mundano, son esenciales a todo el que le sigue. y esta, parece negarse. Asistimos asî a un cambio de campos, no a una integraci6n 57.
2. Intramundanismo radical. No podemos admitir este juicio toma-do coma suena: "hoy -tras la extinci6n de la relaci6n religiosa inme-diata con Dias -para nosotros es valida que Dios s610 puede ser odiado y ofendido en el hombre. El pecado, en su sentido religioso especîfico, no se puede entender coma una imperfecci6n en el amor a Dios a coma 56 R.-L. Richard concretiza asi el problema en Robinson, que es un poco el portavoz de
todas estas teologfas: «el tema predominante [en Sincero para con Dios], que tiene su pro-longaci6n en JLa nueva Reforma?, es el de Bonhoeffer, «el hombre para los demas» ( ... l- Su verdadero problema, sobre todo en el capitulo titulado «El hombre para los demas», es que siguiendo el camino dei helenismo, hayamos desembocado en el Cristo estatico e inanimado de Dios-hombre de Calcedonia, de jan do asi preterido y desconocido el hombre para los demas dei Nuevo Testamento» (Teologia de la secularizaci6n, Salamanca, Sigueme, 1969, p. 59). En la edici6n castellana de Sincero para con Dios, Esplugues de Llobregat, Ariel, 1967, el capitulo
El hombre para los demas ocupa las paginas 109-136.
57 Me parece que incluso una sociologia que no es cristologia queda descentrada, porque caemos en el peligro de escuchar solamente 10 <maturah,. Y para un cristiano esto es imper-fecto (no negamos su parte de verdad). El verdadero proceso parece ser leer primera el mensaje para leer el mundo, y s610 después leer en éste para comprender aquél. La afirmaci6n es un tanto peligrosa y no queda muy matizada, pero fundamentalmente es valida, con tal de que no olvidemos ninguno de los dos momentos deI proceso.
PECADO y EXISTENCIA CRISTIANA, HOY 203
un rechazo de un sefior, sino que hay que pensarlo de forma politieo-mundana. No nos acusan el templo desacralizado 0 las iglesias vacîas,
sino el estado de nuestro mundo" 58. Admitimos gustosos 10 que tiene de enumerativo, pero no 10 que tiene de exclusivo. El exclusivismo de las formulaciones parece ser el vicio esencial de todas estas teologias 59. Ro-queplo ha observado con agudeza: se empieza entregândose a la politiea por exigencias deI Evangelio, y se termina admitiendo el Evangelio s610
en cuanto anima esos valores politicos 60.
3. Concepto de pecado. Viene de la negaciôn de toda posible re1a-ciôn inmediata con el Dias de la revelare1a-ciôn como persona distinta de las personas humanas. Parece bastante claro que en todas estas teologias sôlo tienen que ver dos partes: el que obra (0 no obra) y el que sufre las consecuencias. Para un cristiano, en el pecado tienen que ver tres par-tes: Dios, el agente y el paciente.
Un problema ulterior serâ cômo alcanza a Dios una acciôn pecami-nosa. No es éste el lugar de entrar en la discusiôn. Lo cierto es que, a pesar de la oscuridad de las expresiones, hay entre los cristianos afirma-ciones muy distintas. Y quizâ a veces no sea la principal la formulaciôn, que ninguno logra presentar en su perfecciôn. Hay, por debajo de las for-mulaciones, una postura personal que los distingue radiealmente. No po-cas pâginas de estas teologias parecen no admitir el minimo necesario en la concepciôn de un Dios personal ensefiado por la fe cristiana. Y sin esto, no es posible hablar de concepto teolôgico deI pecado.
Dudas que no se aclaran Es siempre el capitula mâs extenso. Pero también aqui 10 abreviamos por las mismas razones que aduciamos en el apartado anterior. Llama-mos la atenciôn sôlo sobre éstas:
1. Dinamismo de 10 provisional. Como hemos visto, la insistencia en ciertos aspectas del pecado, y en ciertos tipos de pecado, tiene su parte positiva y su parte negativa. La historia, y una serena reflexiôn sobre la limitaciôn humana, ensefian que muy dificilmente puede el hom-bre vivir todos esos aspectos y entregarse a luchar plenamente contra todo
58 D. SOLLE, O. c., pp. 101-102.
59 El peligro de exclusivismo ha sido denunciado con frecuencia. Por haberse preocupado
bas-tante de estos temas cito aqu! a C. Pozo, Iglesia y secularizaci6n, Madrid, BAC, 1971, pp_ 107-108; 117-118. También me interesa citar a A. HORTELANO, Moral responsable, Salamanca, Siguerne.
1969, pp. 257-258. Es un reproche que puede hacerse también a no pocos cat6licos. Lo hernas hecho tratando dei tema de la oraci6n personal en Crisis de la oraci6n personal en un munclo secularizado, en «Revista de Espirltualidad», 29 (1970) 7-47.
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tipo de pecado ((,no aconsejaba y aconseja una ascética atm en vigor la vir-tud en ejercicio, norma de vida, 0 coma se quiera 11amar? Y la mismo
en el aspecta negativo deI pecado). Generalmente tiene que optar por aigu no en particular, la que implica, se quiera a no, renunciar de hecho a los demas. Esta renuncia no es necesariamente negaci6n en el plana de las ide as y de los deseos, sino simple método.
En este contexto, la duda quedana formulada en estas palabras: dada que el hombre no va a ser capaz de vivir todos los aspectas deI pecado y vencer de golpe todo tipo de pecado, (,convendna dedicar el esfuerzo principal en la lucha contra el aspecto humano y los pecados de tipo so-cial? Si la respuesta es afirmativa, nuestra meditaci6n, nuestra predicaci6n y todo nuestro estllo de vida debena asumir una direcci6n muy definida. Parece que la mayor parte va por este camino. Otros, no obstante, creen que asi se contribuye a olvidar la mas importante y 10 mas descuidado, también en nuestros dîas, razones par las que contestan negativamente. 2. Violencia y respeto. Day por supuesto que una cierta "rebeldia" y "no resignaci6n" es hoy comunmente admitida para bien de una con-vivencia humana y religiosa. La duda radica mas bien en saber si la re-beldia proclamada con frecuencia en estas teologîas no 11eva inexorable-mente a la violencia coma método. Y entonces, (,a qué se reduce el res-peto a las distintas opiniones, que, al fin y al cabo, es diversidad en los modos de comprender la vida? De hecho, no pocos grupos afines a estas teologias admiten la violencia (en la que, no obstante, se dan varias gra-dos) coma tactica. Esta violencia ha entrado también en movimientos ca-t6licos. La jerarquîa, no obstante, ha sido siempre negativa a este respecta.
3. Diversidad vocacional. (,No sena posible respetar las vocaciones personales e institucionales de forma que en este mundo, siempre imper-fecto, unas personas pudieran vivir particularmente ciertos aspectas dei pecado y manifestar la victoria sobre cierto tipo de pecados sin ser acu-sadas de alienadas, mientras otras siguen otro camino sin ser tachadas de ateas?
4. Dios y el hombre. El modo de hablar de apatîa y resÎgnaclOn, (,no hace vislumbrar una autosuficiencia humana contraria al verdadero concepto de providencia? Lo que despectivamente, aunque a veces con mucha raz6n, se 11ama "providencialismo", (,no es, también con frecuen-cia, rebeldîa y negaci6n deI modo misterioso de obrar de Dias? No admi-timos un falso, y frecuente, "providencialismo". Pero es esencial nuestra fe sincera en la providencia.
PECADO y EXISTENCIA CRISTIANA, HOY 205
CONCLUSION
Las reflexiones que preceden pueden ayudarnos a examinar personal-mente nuestra conciencia pecadora. Hay malformaciones de conciencia que condicionan toda una vida 0 existencia cristiana. Algunas de estas
malformaciones, por carta de mas 0 por carta de menos, son ca si
congé-nitas. Otras se deben al influjo de una fuerte experiencia particular. En todo caso, es diffcil cambiar el cuadro de mandos. Pero hay que inten-tarlo.
La teologia viene en nuestra ayuda. Hay que agradecerlo. No inten-ta, ni mucho menos, desmontar la seriedad deI pecado. 0, al menos, no 10 ha conseguido. Quien tome en serio vivir su opciôn cristiana, admitlr su imperfecciôn terrena y caminar continuamente, esperanzado y sin des-mayo, al encuentro definitivo de Dios, que le Hama desde su propio in-terior, podra testimoniarlo. Quiza consiga la teologia superar un cierto complejo de culpa 0 un sentimiento de inquietud (y a veces casi de
deses-peraciôn). Pero esto, no solamente no es malo. Es muy bueno, porque es posibilitar que toda la fuerza se desarroHe en una Hnea de progresiva asimilaciôn de la propia vocaciôn en este mundo.
Quiza la misma teologia, las diversas teologias, a pesar de su buena voluntad no han logrado captar toda la problematica deI pecado. Hay que reconocerlo. Y quiza ciertas afirmaciones vengan a inquietarnos mas que a ayudarnos, destruyendo asi 10 que de bueno habîan construido en nuestro interior. Quiza. Pero... no 10 supongamos a priori. Meditemos toda la palabra de Dios (no recordemos sôlo ciertas frases manidas), es-cuchemos el latido de Dios presente también (ifaltada mas!) en nuestro mundo, vayamos a su encuentro con la honestidad que supone el radi-calismo deI Evangelio y, sôlo entonces, procedamos en paz a descartar 10 que no va de acuerdo con esos principios fundamentales. l,Cambiara entonces algo en nuestra vida cristiana? Es probable que sI. Es probable que tanto interna como externamente cambien bastante nuestros senti-mientos, nuestras ilusiones y nuestras acciones. Nada sera facil. Ni si-quiera el cambio. Pero puede y debe ser positivo, y esto es 10 que cuenta.
AUGUSTO GUERRA, ocd
Triana, 9 Madrid-16