La educación permanente, construyendo liderazgos para la gestión Dra. Rosa María Borrell
Mi nombre es Rosa María Borrell y trabajo para el proyecto de desarrollo de derechos humanos en salud del área de sistemas de servicios de salud basado en la atención primaria de la Organización Panamericana de la Salud.
Hoy vamos a hablar de la educación permanente. Una de las estrategias más utilizada en los sistemas y servicios de salud es la capacitación y se reconoce hoy en día que sin estos procesos no hay posibilidad de mejorar la calidad de la asistencia por parte de los
trabajadores de salud. En casi todos los programas y espacios de trabajo en salud existe algún tipo de propuesta educativa y la mayoría de los proyectos con financiamiento internacional contemplan un rubro específico destinado a la capacitación.
Existe un mecanismo por parte de los gestores de los sistemas y servicios de salud, un reconocimiento sobre la necesidad de instalar procesos de aprendizaje en los servicios y que sin ellos no es posible alcanzar las transformaciones identificadas en las políticas y planes de salud. En general, las autoridades buscan constantemente mejorar el desempeño del personal en todos los niveles de atención y funciones del proceso de producción de la atención, contribuir al desarrollo de nuevas competencias como el liderazgo, la gerencia, la autogestión, nuevas prácticas de gestión de calidad, etc., servir de sustrato para los cambios culturales acorde con las nuevas orientaciones de políticas de salud.
Los trabajadores de salud de cualquiera de los niveles educativos que hayan alcanzado, o como cualquier ser humano, necesitan seguir aprendiendo a lo largo de sus vidas. De allí que existen también una alta demanda de aprendizaje por parte de los mismos
trabajadores. El aprendizaje a lo largo de la vida… ¿qué significa esto de aprender a lo largo de nuestras vidas? Rescatemos un poco de historia del concepto. Fueron
instituciones como la UNESCO, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, la Comisión Europea y otras más, quienes generaron en los años 80 un movimiento mundial sobre el aprendizaje continuo.
Parte de la justificación de la propuesta tenía que ver con el envejecimiento de la población y la jubilación y el recambio generacional, la influencia de los medios de comunicación, el desarrollo del pensamiento y las ideas, los problemas medioambientales y la exigencia de un desarrollo sostenible, los nuevos avances de la ciencia y la
tecnología, la circulación de la información a través del Internet y la necesidad de innovación y flexibilidad de los empleos, entre otras muchas cosas.
Anterior a este movimiento ya la UNESCO promovía el apoyo al aprendizaje específico y situacional en el contexto de la vida y el trabajo cotidiano, de manera que las personas pudieran comprender mejor las tareas urgentes y los cambios que se producen a lo largo de la vida. Retomando en parte este marco, la OPS también lanza en los años 80 su propuesta de educación permanente del personal de la salud para la región de las Américas.
El movimiento sobre el aprendizaje continuo cobra mayor impulso en los años 90 con otro importante informe publicado por la UNESCO en el que se presentan los cuatro pilares del aprendizaje, el aprender a hacer, el aprender a ser, el aprender a comprender y aprender a vivir juntos.
Aprender continuo para todos se convirtió en el lema fundamental de la OSD en el año 1996 provocando una diversidad de actividades en este campo, en algunos de los gobiernos de los países miembros. Aprender a lo largo de la vida significa, a mi juicio, considerar algunas cuestiones básicas. Por un lado significa aprender hasta el último de nuestros días, siempre tenemos algo que aprender y en diversos campos del
conocimiento.
Significa que las propuestas educativas deben centrarse en las personas que aprenden y en sus necesidades, entendiendo el aprendizaje como una construcción activa, como un proceso que se alimenta y se realiza a través del intercambio con otros, el intercambio con los docentes, con su grupo de trabajo, con las herramientas de conocimiento que se le exponen.
Que la propuesta educativas deben pensarse para todos y no solamente para una élite y que hay que ofrecer esas oportunidades por parte de las políticas institucionales; que los procesos de capacitación deben reorientarse haciendo un uso efectivo de las tecnologías de la comunicación y los nuevos recursos educativos y que hay que superar los esquemas clásicos de la enseñanza y el conocimiento centrado en el docente.
Por otra parte, hay que otorgar la propiedad del aprendizaje al propio aprendiz y generar redes de aprendizaje entre los propios aprendices. La idea de la educación permanente que hemos promovido durante 20 años en esta organización está fundamentada en el enfoque problematizador que rescata y valora el saber hacer y el aprender a aprender y que centra el aprendizaje en la valorización y la reformulación de los problemas del trabajo en salud y en la búsqueda de alternativas de solución.
Pero además, este enfoque rescata la participación de todo el equipo de salud, de carácter multidisciplinario en la mayoría de los casos, en la participación de estos procesos. La búsqueda de calidad para mejorar la situación de salud de la población, deberá ser entonces el gran motor que nos lleve a pensar en procesos educativos para el personal de salud.
Este gran propósito deberá llevar al equipo de salud de una determinada área a pensar de qué manera como equipo de salud podemos aprender juntos como mejorar nuestra práctica de trabajo en función de dichas necesidades. Una conclusión importante de estos cambios de enfoque es que los mismos han sufrido una verdadera revolución cognitiva y cultural. Las nuevas condiciones sociales y económicas requieren que se complementen los procesos de educación formal presencial para preparar las fuerzas de trabajo que las organizaciones requieren hoy.
Y esto implica pensar cómo hoy en día las personas aprenden de mejor manera. No se trata exclusivamente de la permanente actualización del conocimiento, sino que el desarrollo de nuevas competencias cognitivas y sociales para interactuar en redes y participar en la construcción de conocimiento. Todo esto nos lleva a analizar y repensar lo que estamos haciendo en materia de capacitación en las instituciones de salud. Seguimos ofertando cursos con esquemas pedagógicos obsoletos y lo que es peor aún a un altísimo costo y para un grupo mínimo de trabajadores de la salud que, generalmente, están en los niveles centrales de los organismos rectores de la salud.
Es por esto que la primera propuesta que hacemos a la audiencia es hacer un análisis de lo que se hace en su institución en materia educativa. Concretamente proponemos reflexionar sobre los tipos de capacitación y los enfoques educativos que priorizan el aprendizaje como eje principal de cualquier propuesta educacional, pensar si lo que hacemos puede ayudar a los trabajadores de salud a intervenir en su propio proceso de trabajo, direccionar los procesos de aprendizaje hacia el mejoramiento de la calidad de los servicios y las mismas condiciones laborales, considerando a los propios servicios y la práctica como el eje del proceso educativo ya que allí tenemos una fuente valiosa de conocimiento y podría ser además el objeto principal del cambio que buscamos. También proponemos valorar la capacidad de promover procesos de reflexión que generen un pensamiento crítico y creativo por parte de los trabajadores de la salud ante problemas específicos de su práctica de trabajo. En otras palabras, habría que indagar sobre la práctica del trabajo en salud, retomando de alguna manera la gran propuesta de Freire acerca de la pedagogía de la pregunta, ¿qué hacemos? ¿qué estamos haciendo y para qué? ¿cómo lo estamos haciendo? ¿qué dificultades tenemos para hacer los procesos educativos? ¿en cuáles situaciones hacemos? ¿por qué lo hacemos de esta manera? ¿por qué dejamos de hacer?
Todas estas preguntas nos dan suficiente información sobre cómo redireccionar los procesos de aprendizaje y adecuarlos a las necesidades del equipo de salud y de los problemas que tienen para enfrentar la tarea. En otras palabras, preguntas como estas nos ayudan a identificar las necesidades de aprendizaje de los distintos equipos de trabajo. Otro nivel de reflexión pasa por comprender y definir los procesos de salud-enfermedad de un grupo poblacional o zona determinada en la que queremos superar problemas con procesos educativos, problemas de los servicios y de la práctica de trabajo que necesitan mejorarse y las necesidades de aprendizaje del equipo de salud y también de cada uno de los trabajadores de la salud. Tanto la educación permanente como la educación forma en servicios requieren de la incorporación de las tecnologías de la información y la
comunicación en sus programas.
Y los nuevos desarrollos educativos han avanzado en la construcción de ambientes virtuales de aprendizaje facilitando el aprendizaje en red y el aprendizaje permanente que complementa y refuerza las actividades de aprendizaje presencial y semi-presencial en los contextos de trabajo. Las tecnologías de la información y comunicación permiten potenciar la diseminación global, la democratización del conocimiento con gran apertura
y flexibilidad en el acceso a la información, el intercambio inmediato y oportuno entre los participantes de un programa y un proceso de aprendizaje superando los clásicos problemas de distancia y de costo de los procesos presenciales.
Estas nuevas tecnologías también facilitan la construcción de redes y el aprendizaje en red. Planteamos, entonces, el desafío de integrar estos avances tecnológicos en cualquier nivel de educación formal o permanente con los nuevos desafíos de aprendizaje.
Retomando algunas orientaciones de nuestro enfoque educativo del campo virtual de salud pública, el aprendizaje en red implica, entonces, entender que la información de calidad es una herramienta estratégica para el aprendizaje y una mediación para el análisis reflexivo y que facilita – impulsa – los cambios de los distintos contextos. Que el aprendizaje es el eje central a través de la construcción del conocimiento activo, valiéndose de la interactividad que facilita el entorno y potenciando el incremento de experiencias, de conocimientos y del aprendizaje colaborativo, colectivo. Por otra parte, que la reflexión y la problematización son el motor de aquello que se aprende y son los mecanismos más importantes para favorecer la transferencia de aprendizaje a la práctica. Y que es estratégico apuntar cambios en las prácticas laborales y organizacionales a través de propuestas de intervención o de mejora en los contextos específicos de trabajo por parte de los participantes. De esa manera, se podría pensar en el desarrollo de procesos educativos en diferentes modalidades y formatos, incluyendo cursos
autodirigidos, cursos interactivos, programáticos y tutoriales, material didáctico, etc. La interacción entre grupos y personas de distintos contextos con interdependencia de las distancias, desarrollando el intercambio y debate de experiencias, podríamos pensar en el acceso a fuentes de conocimientos en red y la navegación a través de enlaces. También el uso de diversos recursos de comunicación y aprendizaje y la generación de comunidades virtuales de investigación y actualización de conocimiento habilitando el aprendizaje permanente. Pensar, además, en la evaluación de los procesos educativos, del aprendizaje de los alumnos y los tutores así como de la propuesta en sí misma.
En el inicio de cualquier diseño educativo recomendamos además describir las
competencias entendidas como conocimientos, habilidades y aptitudes que se esperan desarrollar en los trabajadores de salud de la región para abordar esos problemas de salud previamente identificados, describir el propósito y los objetivos generales de aprendizaje que se esperan alcanzar a lo largo de la propuesta educativa.
Identificar los contenidos precisos con los que se pretende desarrollar las competencias y avanzar sobre los problemas de la práctica de salud y considerar la problematización y reflexión que implica pensar y diseñar actividades de aprendizajes o ejercicios que conllevan a los alumnos a enfrentar las situaciones específicas de análisis, de
identificación de problemas, sus determinantes básicos, la búsqueda de informaciones nacionales, internacionales, el planteamiento de hipótesis, la definición de estrategias de intervención, etc.
Estas actividades se deben diseñar de manera creativa con ejercicios diversos que pueden ser desde análisis de casos, simulados o reales, análisis de situación de país, preguntas diversas, preguntas reflexivas, búsqueda de información, entrevistas, análisis de noticias, planteamientos de un problema específico, etc. La selección del número de actividades de aprendizaje o ejercicios depende en gran parte de la longitud del curso y del número de módulos o unidades de aprendizaje definidas. Lo más importante es que estas actividades sean representativas de los problemas generales que en el campo temático se presentan, de manera que los alumnos puedan reflexionar sobre los problemas de su propio país y de su institución en particular.
Finalmente, quisiera hablar de la tarea del tutor o facilitador de los procesos de educación permanente. Las principales tareas del tutor contemporáneos están centradas en orientar y guiar al participante a lo largo del itinerario formativo. A motivar, estimular, acompañar el trabajo individual y grupal, a realizar un seguimiento del desempeño de los alumnos y ofrecerles retroalimentación.
El tutor debe ser capaz de realizar estas actividades con el apoyo de tecnologías de información y de comunicación. Para esto, un tutor debe conocer los contenidos y prácticas del campo en el que se inscribe la propuesta educativa. Debe además tener las habilidades cognitivas para identificar dificultades de comprensión en los participantes y poder reorientar las actividades ajustándolas a las características del grupo que tiene a su cargo.
El tutor no debe perder de vista tres roles que se articulan entre sí: organización de la tarea educativa, promoción de la comunicación y la integración, el sostenimiento del proceso de aprendizaje de cada participante. El estudio y el análisis de experiencias diversas muestra que los tutores más efectivos son aquellos que desarrollan una
interacción intensa con sus alumnos, que intervienen oportunamente y pertinentemente retroalimentando a sus alumnos, aquellos que orientan en forma personalizada y situada, que inducen además a la reflexión y las respuestas en forma de preguntas o de
sugerencias en lugar de dar instrucciones, correcciones o respuestas hechas y que propician un estilo comunicativo empático, respetuoso y efectivo.
Finalmente, los organizadores de las propuestas de educación permanente tienen que pensar en otros aspectos relativos a la organización del proceso educativo en su conjunto, tales como los temas de financiamiento, la formación de los tutores o de los facilitadores, el acceso a fuentes de información, el seguimiento a los alumnos o de los trabajadores de salud luego de terminada la primara fase, el programa de aprendizaje, y la evaluación de los resultados de todo este proceso incluyendo fundamentalmente los cambios en la práctica al servicio ofrecido.
Esperamos que tanto este video como el Power Point sugerido para este espacio dentro del curso que la audiencia va a tener, pueda servirles para discutir y reflexionar sobre la intervención a nivel educativo en los servicios de salud.