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Sobre Miguel L. Muñoz, Historia numismática del estado de México

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Ahora bien, si abandonamos el terreno de los dramas

"circuns-tanciales" para pasar a aquellos consagrados a los dogmas

funda-mentales del cristianismo, el panorama cambia por completo. A q u í

l l a m a n la a t e n c i ó n de inmediato la sencillez, la economía de

ele-mentos y la forma directa de presentar la caída, la encarnación, la

r e d e n c i ó n y el j u i c i o final. Sorprende además, y hasta p o d r í a

decir-se que conmueve, el ver cómo las obras dedicadas al misterio de la

e n c a r n a c i ó n se centran en la epifanía, es decir, en la revelación

del Mesías a los gentiles, a f i n de hacer sentir a estos nuevos

con-versos que ellos t a m b i é n h a b í a sido llamados desde a n t i g u ó a la fe..

Y como dicen los ingleses,

last but not least,

h a b r í a que

men-cionar el hecho de que la obra más antigua sea

El juicio final,

lo que nos lleva directamente toda la p r o b l e m á t i c a milenarista y

apocalíptica que ha venido atribuyéndose a los franciscanos y de

la que este drama vendría a ser u n testimonio m á s .

Para terminar, cabe a ñ a d i r que la simple lectura del libro, sin

preocupaciones literarias, históricas o religiosas, resulta deliciosa.

¿ D ó n d e m á s p o d r í a m o s "oír" a Heredes apostrofar a los judíos

l l a m á n d o l e s "judiazos", enterarnos de que fue u n guajolote el que

le c a n t ó a san Pedro o sufrir con el autor la incertidumbre acerca

de la localización geográfica de los santos lugares?

Ojalá, pues, que el segundo tomo de tan ú t i l y bella obra no se

haga esperar demasiado.

Elsa Cecilia FROST

El Colegio de México

M i g u e l L .

M U Ñ O Z : Historia numismática del estado de

Mé-xico,

México, Biblioteca Enciclopédica del Estado de

México, 1975.

E l cuerpo del libro que nos ocupa está dividido en tres partes

fundamentales: en la primera se estudia la historia de la moneda

metálica, en la segunda la del papel moneda y en la tercera la

de la medalíístic'a.

Dichas partes están precedidas de u n p r ó l o g o de su editor - e l

señor Mario C o l í n - de una n ó m i n a de los periódicos consultados,

de una lista de otras publicaciones del autor, de u n vocabulario

n u m i s m á t i c o , de una advertencia al lector e x p l i c á n d o l e q u é debe

entender por numismática, y de unos antecedentes históricos sobre

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336

E X A M E N D E LIBROS

la materia. E n esta ú l t i m a parte se habla del origen de la moneda

en el mundo y en el México prehispánico. T o d o lo anterior,

aun-que en capítulos separados, constituye en conjunto una especie de

introducción.

A c o n t i n u a c i ó n sigue la historia de la moneda en la Nueva

Es-paña, que se inicia, según el autor, con la autorización dada a

Calón por los reyes católicos para a c u ñ a r monedas, y termina con

la fabricación de moneda por parte del gobierno de la primera

república federal, en 1824. En ella incluye datos curiosos, como el

origen de las palabras

tinco, chapuza

o

chapucero

y

peso,

y parte

del texto que el Soberano Congreso Mexicano e x p i d i ó el 1» de

agosto de 1823 sobre la acuñación de monedas, y en el que se

habla sobre q u é figuras deben estamparse en ellas.

Después el autor inserta una "Breve historia territorial del

es-tado de. M é x i c o " en la que habla sobre el origen y las distintas

mutilaciones que sufrió dicha zona geográfica en el transcurso de

unos noventa años. En este apartado queda claro que la historia

geográfica del Distrito Federal está estrechamente ligada a la del

estado de México.

A c o n t i n u a c i ó n habla de la acuñación de moneda en dicho

es-tado. Según él, el establecimiento de una casa de moneda y de

una oficina de apartado de metales por decreto del congreso

cons-tituyente del estado de México del

l<>

de j u l i o de 1825 fue una

consecuencia inmediata de la segregación del Distrito Federal.

Agrega que no fue posible crear dicho establecimiento porque la

sede de los poderes del estado no era fija, pues el Distrito

Fe-deral los h a b í a desplazado; que primeramente se asentaron en

Texcoco en 1827, dos años después de haber sido creado el Distrito

Federal, pero que aquí sólo estuvieron de febrero a septiembre

de 1827, y que de a q u í se. cambiaron a T l a l p a n . E l autor dice que

Lorenzo de Zavala, gobernador del estado, cedió una de sus

pro-piedades en dicha villa, que servía de veraneo a las familias de

la capital, la llamada "Casa de la cadena", para que mediante una

adaptación sirviera como casa de moneda. La acuñación fue

otor-gada a u n particular, según costumbre de entonces: explica que

fueron varios los obstáculos que la impidieron, primero la falta

de troqueles y luego la negativa de los mineros del estado de

en-viar su material, pues lo r e m i t í a n a la ciudad de México. Agrega

que, como negocio, la casa de moneda fue u n fracaso y que por

ello se o r d e n ó su clausura. " L a legislatura del estado c o m p r e n d i ó

que Ja' proximidad de T l a l p a n a la capital no. era conveniente por

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muchas razones., entre ellas la confusión que esto traía con los

poderes de la u n i ó n , por lo que se decretó trasladar los poderes

del estado de México a la ciudad de Toluca" (p. 47) .

M u ñ o z dice que la casa de moneda del estado de México

es-casamente trabajó cerca de dos años y que en ese período sus

ba-lances mostraron saldos negativos. A c o n t i n u a c i ó n habla sobre ¡os

tipos de moneda que se a c u ñ a r o n ahí durante el breve lapso que

f u n c i o n ó ; relata que sólo se fabricaron monedas de oro y plata,

con exclusión de las de cobre.

Como es u n libro dirigido en primer lugar a los numismáticos,

el autor pone en relieve' varias noticias o comentarios dirigidos a

ellos, como el de que las monedas acuñadas en el estado de

Méxi-co son muy solicitadas por los Méxi-coleccionistas y alcanzan una Méxi-

coti-zación elevada; por la misma razón se detiene en aclarar lo

refe-rente a una supuesta casa de moneda en Tejupilco (p. 59) y a

unas monedas de bronce acuñadas en 1890 y que tienen una

deno-m i n a c i ó n de dos centavos y la leyenda "Estado de México".

Posteriormente se ocupa de la moneda a c u ñ a d a durante la

re-v o l u c i ó n . Dice que "toda guerra causa trastornos al sistema

mo-netario de u n país. Cuando ésta es guerra civil, el trastorno es

doble [ . . . ] las distintas facciones revolucionarias se ven obligadas

a fabricar monedas [ . . . ] . En numismática a este tipo de moneda

se le llama, precisamente, de

necesidad

[cursiva del autor] o

absi-dional si ésta fuera fabricada durante el sitio de una plaza" (p. 105).

E n el estado de México se a c u ñ a r o n monedas en Amecameca,

Tex-coco, T o l u c a y Tenenancingo y M u ñ o z describe y comenta cada

uno de los diversos tipos acuñados en esos lugares. Con ello

ter-mina la parte dedicada a la moneda metálica. En la siguiente se

ocupa de la historia del papel moneda y dice que el Banco del

Estado de México fue uno de los primeros en hacer i m p r i m i r

bille-tes el a ñ o de 1898 y que a partir de esta fecha y hasta febrero

de 1914 fueron varias las emisiones que hizo. Habla después sobre

el papel moneda revolucionario y explica que lo hubo de varios

tipos, puesto que hubo emisiones del gobierno del estado y de

particulares, y que durante la revolución "el sueldo de u n

emplea-do o jornalero, las rentas de u n comerciante o el capital de un

hombre de negocios se p o d í a n esfumar de la noche a la m a ñ a n a .

Una persona se p o d í a encontrar al d í a siguiente en la inopia

por-que !a facción revolucionaria por-que lo h a b í a obligado a aceptar

'bi-limbiques' había salido de la ciudad sin haber hecho el menor

raido mientn.s la gente d o r m í a tranquilamente" (p. 86).

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A c o n t i n u a c i ó n se ocupa de la medallística y describe

minucio-samente algunas de las preseas que se fabricaron en el estado de

México desde la época virreinal hasta el " A ñ o Internacional de la

Mujer".

Para finalizar, el l i b r o dedica unas páginas a la "Condecoración

Cruz de Toluca", al "Collar del Estado de México, al mérito, en

grado ú n i c o " (sic), al "Templo numismático de Ocoyoacac" y a

las falsificaciones.

Ahora bien, más que u n libro de historia es u n libro de

nu-mismática, y de ahí que notemos algunas deficiencias en el aparato

crítico, pues el autor no es muy riguroso. Así, la n ó m i n a de

perió-dicos está inserta inmediatamente después de la i n t r o d u c c i ó n y

precediendo a la advertencia, mientras que la bibliografía está al

final del cuerpo del libro y antes del apéndice documental. Las

fichas hemerográficas se concretan a títulos de periódicos sin

nin-g ú n otro dato adicional, como por ejemplo la fecha y el lunin-gar de

publicación. Seguramente por la misma razón notamos ciertos

defectos en la estructura general del libro. Se ve claro el deseo

del autor de i r de la historia general a la particular del estado de

México siguiendo u n riguroso orden cronológico, lo que es

eri-comiable; para ello se vale del recurso de p e q u e ñ o s capítulos. Pero

más que capítulos d e b e r í a n ser incisos, pues los hay tan breves

-dos h o j a s - que no ameritaban la separación.

Otro aspecto que debemos hacer notar es que, en su relato,

Miguel L . M u ñ o z no plantea n i n g ú n problema de tipo histórico,

n i concluye tampoco nada, sino que se limita a narrar la historia

de la moneda y a manera de recapitulación escribe que "a pesar

de que la casa de moneda de México causó muchos sinsabores a

mucha gente y fue u n verdadero fracaso económico, los

numismá-ticos debemos estar muy agradecidos por ser ésta una de las más

importantes de las catorce cecas que operaron, en u n momento y

otro, de 1824 a 1905. La mejor prueba de lo antes dicho es que

tanto las monedas de plata como las de oro de la casa de moneda

del estado de México en la ciudad de T l a l p a n (con las siglas

Eo. Mo.) siempre son muy solicitadas y alcanzan los mejores

pre-cios cuando llegan a ser ofrecidas en ventas o subastas

numismá-ticas" (p. 57) .

T a l vez la parte m á s interesante del libro es el rico apéndice

documental, en el que publica una serie de folletos relativos a la

acuñación de moneda y a la casa de moneda del estado de México,

y reproducciones fascsimilares de monedas y billetes. Ambas cosas,

(5)

folletos e iconografía monetaria, difícilmente se pueden encontrar en los libros de historia y n i duda cabe que son un magnífico documento para la elaboración de estudios históricos.

A pesar de no ser u n libro para historiadores, sino para colec-cionistas, es importante que se d é a conocer este tipo de obras, que de alguna manera ayudan a comprender u n poco más la his-toria de México.

Aurelio DE LOS REYES

El Colegio de México

Tercer Encuentro de Historiadores de Provincia - Notas

bibliográficas.

E N LAS REUNIONES DE HISTORIADORES (congresos, encuentros, mesas redondas) es frecuente hacer intercambio de publicaciones. E l I I I Encuentro de historiadores regionales efectuado en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, los días 18, 1 9 y 2 0 de septiembre de 1 9 7 6 no fue, en esto, distinto de otros y el trueque de libros, folletos y revistas facilitó el conocimiento y la identificación entre sí de los historiadores. Como es de suponer, el mayor n ú m e r o de libros reco-gidos (que no todos los que circularon) se refiere a la historia de Monterrey o Nuevo L e ó n . La í n d o l e de las obras es muy va-riada: boletines informativos, monografías, textos escolares, historias locales, biografías, etc. Es curioso que en este lote de libros abun-den los escritos por médicos y es muy de advertir la buena calidad del papel, de la impresión y de las ilustraciones de las obras. U n a característica general de ellas es que parece u n propósito c o m ú n de los autores el que la historia que escriban sirva de conocimien-to ú t i l para, prever el futuro. He 3-C[ui la lista de esos libros:

// Encuentro de Historiadores de Provincia, San Luis Potosí, S.

L . P., 25-26 de octubre de 1974 - Memorias, San Luis Potosí,

T a l l e r Linotipográfico " E v o l u c i ó n " , 1 9 7 5 , 8 3 pp.

El Primer Encuentro de Historiadores de Provincia se efectuó en agosto de 1972 y en él se constituyó la "Asociación Mexicana de Historia Regional, A. C " . Estas Memorias contienen la crónica del I I Encuentro, ponencias y discursos leídos en él, un "Breve informe de las labores desarrolladas por la 'Asociación Mexicana de Historia Regional, A. C." durante el período del 26 de agosto de 1972

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