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El Antidotarium (ms. 97-10, BCT) de Álvaro de Castro: introducción, edición crítica y estudio

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Academic year: 2020

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(1)El Antidotarium (ms. 97-10, BCT) de Álvaro de Castro: introducción, edición crítica y estudio. Tesis doctoral realizada por Rocío Martínez Prieto Dirigida por Dra. María Teresa Santamaría Hernández. Universidad de Castilla-La Mancha Departamento de FIlología Hispánica y Clásica 2019.

(2) UNIVERSIDAD DE CASTILLA-LA MANCHA Facultad de Humanidades de Departamento de Filología Hispánica y Clásica. EL ANTIDOTARIUM (MS. 97-10, BCT) DE ÁLVARO DE CASTRO: INTRODUCCIÓN, EDICIÓN CRÍTICA Y ESTUDIO. Rocío Martínez Prieto. Directora: Dra. María Teresa Santamaría Hernández. Albacete, octubre de 2019.

(3)

(4) ÍNDICE. 1. INTRODUCCIÓN...............................................................................................................5 2. CONTEXTO CIENTÍFICO Y LITERARIO................................................................................7 2.1. La Medicina en la Edad Media: árabes y latinos..........................................................7 2.1.1. Teoría y práctica en la Medicina árabe 2.1.2. La preservación de la salud en la Edad Media latina 2.2. La literatura médica en el occidente medieval...........................................................14 2.2.1. Los textos de la Medicina árabe y su proyección en el occidente latino 2.2.2. Producción de obras propias en la Medicina medieval latina: géneros y autores más destacados 2.2.3. Léxico técnico en la Medicina medieval: el papel de las traducciones 2.3. Difusión y la creación de literatura médica en el Renacimiento.................................25 2.3.1. La llegada de la imprenta y los nuevos principios humanistas 2.3.2. El trabajo del autor: entre la obra original y la edición 3. EL AUTOR Y SU ÉPOCA...................................................................................................31 3.1. Literatura médica en la Castilla bajomedieval: la producción extraacadémica de la minoría judía toledana......................................................................................................31 3.2. El autor: Álvaro de Castro.........................................................................................33 3.2.1. Apuntes biográficos y formación 3.2.2. Obra médica 4. EL ANTIDOTARIUM: FORMA Y CONTENIDO DEL TEXTO....................................................38 4.1. Estructura y género literario......................................................................................38. 3.

(5) 4.2. Tradición doctrinal....................................................................................................40 4.3. Fuentes del escrito.....................................................................................................42 4.3.1. Fuentes clásicas: el caso aislado de Galeno 4.3.2. Fuentes árabes 4.3.3. Fuentes medievales 4.3.4. Fragmentos problemáticos 4.4. Lengua y léxico.........................................................................................................65 4.4.1. Estilo y lengua de las recetas: el latín técnico medieval 4.4.2. Términos de origen árabe. 5. EDICIÓN CRÍTICA...........................................................................................................74 5.1. Introducción a la edición...........................................................................................74 5.2. El texto......................................................................................................................77. 6. APÉNDICES.................................................................................................................724. BIBLIOGRAFÍA................................................................................................................769. 4.

(6) 1. INTRODUCCIÓN. La presente tesis es fruto de un largo pero gratificante proceso comandado por el afán de interpretar y difundir el patrimonio textual de la Medicina grecolatina, conservado en los fondos de numerosas bibliotecas europeas. Esta labor, llevada a cabo por un pequeño pero incansable equipo de investigadores dirigido por la Dra. María Teresa Santamaría Hernández, se ha centrado especialmente en editar los manuscritos médicos latinos catalogados en la Biblioteca de la Catedral de Toledo. Entre estas obras se encuentra el Antidotarium (ms. 97-10) de Álvaro de Castro, un testimonio único y autógrafo que recoge una gran cantidad de compuestos Medicinales procedentes de diversas fuentes. El objetivo, desde un primer momento, fue elaborar una edición crítica que permitiera al lector actual acceder al texto con facilidad y acompañarla de una introducción y un estudio formal y doctrinal que contribuyeran a engrosar el discurso de disciplinas como la Filología Latina y la Historia de la Medicina.. Una labor de este tipo exige un considerable dominio no solo de la lengua del escrito sino también de la época del autor y de la materia sobre la que versa. Es imprescindible conocer los presupuestos generados por los estudios de lenguas clásicas y los procedimientos con los que trabaja la crítica textual, que se convierte en el método principal de trabajo. Desde que recibí en 2014 el microfilm que contenía la obra sobre medicamentos compuestos del médico toledano inicié un largo camino que comenzó con la lectura y elaboración del primer borrador de la transcripción y terminó con lo que se presenta a continuación como tesis doctoral. La valiosa formación adquirida durante el proceso, gracias a la inmersión práctica y al contacto con otros investigadores, me ha permitido sortear los obstáculos que un trabajo de esta naturaleza presenta: el estado del texto manuscrito, cercano al de un borrador, y su carácter de testimonio único y autógrafo; la incertidumbre bibliográfica en torno a la vida y obra del autor, del que apenas se sabe con certeza la fecha de nacimiento; la diversidad gráfica del escrito, fruto de la abundancia y variedad de fuentes empleadas en su configuración; y la inestabilidad de las ediciones de las fuentes que han servido de apoyo a la hora de fijar el texto y de elaborar el estudio.. Los distintos recursos que actualmente nos brinda Internet (motores de búsqueda, bases de datos, catálogos digitales y tesauros) han constituido una herramienta esencial. 5.

(7) en el desarrollo del proyecto. Esta ayuda ha sido completada con diversos materiales bibliográficos, entre ellos léxicos médico-botánicos, diccionarios y enciclopedias médicas, manuales sobre paleografía y crítica textual y monografías sobre textos médicos latinos e Historia de la Medicina. Distintas visitas a la Biblioteca Capitular de la Catedral de Toledo han permitido, por otra parte, acceder a algunos detalles del manuscrito que no podían percibirse en las copias proporcionadas por el microfilm; agradezco la buena disposición que el personal ha demostrado en todo momento cuando he necesitado consultar los fondos. De gran ayuda fue también la consulta de las grandes colecciones bibliográficas de la Warburg Institute Library, a cuyos responsables agradezco la cálida acogida durante mi estancia de investigación.. Sin estos recursos no habría sido posible alcanzar el objetivo presentado en el proyecto inicial, cuya importancia reside en la ausencia de una edición crítica de la obra y de un análisis filológico de la misma. Además, la escasez de datos sobre la formación y la actividad médica y literaria del autor justifica la necesidad de desarrollar estudios relacionados con su legado bibliográfico. En este sentido, las aportaciones de este trabajo se centran en editar desde una perspectiva científica y rigurosa un texto que solo se conserva manuscrito y que ha sido obviado por historiadores y bibliógrafos, contribuyendo así a la recuperación e interpretación de esa parte de nuestro patrimonio escrito que todavía espera ver la luz. Esta edición, además, pretende ser útil no solo a filólogos interesados en el estudio diacrónico de la lengua latina y del léxico médico-botánico, sino también a historiadores, médicos o farmacólogos que deseen acercarse a la doctrina terapéutica desde un punto de vista diacrónico como parte del acervo histórico de la Medicina europea. En este interés multidisciplinar radica uno de los puntos fuertes del trabajo, que además busca abrir nuevas líneas que incidan en la recuperación y revalorización del patrimonio textual de la Medicina europea.. Este interés tan necesario por valorar y difundir las raíces culturales y humanas de la civilización europea, que encuentran su sólida base en el latín y la cultura clásica, es herencia incuestionable de la Dra. María Teresa Santamaría Hernández, que no solo ha dirigido esta tesis sino que me ha permitido formarme como investigadora y como persona durante el desarrollo de la misma. Valoro igualmente la paciencia de mi familia, especialmente de mis padres, el apoyo de mis compañeros de Facultad y la huella que han dejado en mí cada una de las personas que me han acompañado en este proceso. Gracias. 6.

(8) 2. CONTEXTO CIENTÍFICO Y LITERARIO. 2.1. La Medicina en la Edad Media: árabes y latinos. 2.1.1. Teoría y práctica en la Medicina árabe. La asimilación cultural entre civilizaciones ha sido una constante a lo largo de la historia, y ha garantizado el desarrollo de sistemas artísticos, sociales y científicos que reciclan y adaptan los elementos vigentes a sus contextos. Si la Medicina de la antigua Grecia había construido sus doctrinas sobre la base de algunos presupuestos extranjeros, los árabes utilizaron este sistema, representado por las teorías de Galeno e Hipócrates, como trampolín para desarrollar su literatura médica. Esta labor de asimilación tuvo lugar durante los siglos VIII-IX1, cuando numerosas obras galénicas, algunos escritos hipocráticos y textos de otros autores de la Medicina griega fueron traducidos al árabe. Las primeras huellas del proceso2 pueden rastrearse en las versiones al siriaco de Hipócrates y Galeno realizadas en el siglo V por el presbítero y protomédico Sergio de Reshaina. A partir del siglo VIII, Hunayn ben Ishaq, conocido en el occidente latino como Ioannitius, y su hijo encabezaron las labores de traducción que permitieron a los árabes conocer a autores griegos como Platón, Dioscórides o Galeno. Toda esta actividad traductora tuvo su centro en Bagdad, donde un temprano florecimiento intelectual en torno al palacio califal creó el clima adecuado para su desarrollo.. Desde el siglo X, los autores árabes enriquecieron con sus propios elementos el sistema de la Medicina griega, siempre conservando la supremacía de los preceptos galénicos, lo que les condujo a alcanzar un período de máximo esplendor entre los siglos XXII. Es en este momento en el que las grandes figuras de la Medicina árabe desarrollan su literatura3: desde ibn Serabi, conocido en occidente como Serapión Senior, pasando por Razes, nombre latinizado del persa al-Rhazi, y llegando a la célebre figura de ibn Sina, más conocido en el mundo latino como Avicena. Aunque el siglo IX4 no acogió a médicos tan destacados, sí cedió a la historia de la ciencia obras capitales como las de ibn. Cf., LÓPEZ PIÑERO 2005: 38-39. Sobre las primeras etapas de traducción del griego al árabe escribe Laín Entralgo (1978: 158-159). 3 Cf. CAMPBELL 1926 (vol. 1): 60-84. 4 Cf. LAÍN ENTRALGO 1978: 159. 1 2. 7.

(9) Masawayh, Mesué Senior en occidente, que se conservan en nueve ediciones latinas elaboradas entre los siglos XV-XVI, o como la Isagoge ad Tegni Galeni del ya citado Ioannitius, más célebre quizá por sus traducciones. Durante el esplendor del Califato de Bagdad5 la primera figura conocida que destacó en la Medicina fue Razes, autor de una gran enciclopedia clínica titulada al-Hawi, que en el occidente latino fue traducida como Continens, y de un famoso compendio, el Kitab al-Mansuri, que Gerardo de Cremona tradujo como Liber ad Almansorem. Este último trabajo, reflejo de la arabización de Galeno e Hipócrates, ejerció una considerable influencia entre los médicos de la Edad Media latina. Quizá menos conocidos, pero también esenciales, fueron los tratados sobre diversos temas clínicos de Isaac Iudaeus, nombre latino por el que se conoció en occidente al médico judío Abu Jakub ben Soleiman alIsraili. Pero la gran figura de la Medicina árabe sería ibn Sina, conocido en el mundo occidental como Avicena, y autor de una obra en cinco libros titulada Al-Qanun, que sería ampliamente difundida durante la Edad Media latina bajo el nombre de Canon. El texto, gran parte de su contenido procedente de Galeno, emplea una dialéctica más depurada para exponer distintos aspectos relacionados con la Medicina. Avicena también fue autor de otros trabajos clínicos que, aunque no contaron con la fama del primero, también gozaron de una considerable recepción. Durante los siglos XII-XIII6 Al-Andalus, que se había ido consolidando como foco intelectual paralelo a Bagdad, protagonizaría los avances médicos más destacados a través de figuras como Avenzoar, Averroes o el judío Maimónides.. Todas estas obras seguían un sistema doctrinal marcado por el monoteísmo y el creacionismo del Islam y por la asimilación de la cultura griega7. Los dos primeros aspectos se ven reflejados en la concepción de la naturaleza y del cosmos, que estaban inexorablemente marcados por el destino. El segundo lo evidencian los saberes que Laín Entralgo (1978: 169-172) denomina «antropología fisiológica» y «antropología médica», y que comprenderían el estudio de la anatomía y la fisiología y de la enfermedad respectivamente, siempre sobre la base galénica transmitida por los compiladores alejandrinos.. Ofrecen una panorámica bastante completa de estos médicos Laín Entralgo (1978: 159-161) y, sobre todo, Campbell (1926, vol.1: 60-82). 6 Cf. LAÍN ENTRALGO 1978: 161-162. 7 Cf. ibídem: 168. 5. 8.

(10) Se trataría, por tanto, de un sistema esencialmente helenizado y enriquecido con la visión cosmológica del universo islámico, que mantenía la concepción galénica de la fisiología especial y, desde la Isagoge de Ioannitius, la división de la Medicina en teoría y práctica, incorporando la noción de «seis cosas no naturales» para designar los factores exteriores al organismo individual.. Los árabes concebían la Medicina como una ciencia eminentemente práctica que exigía al encargado de ejercerla (hakim) el dominio de tres capacidades8: la intelectual, la ético-médica y la etico-pedagógica. Este hecho demuestra la importancia que tenían para la sociedad árabe la religión y la enseñanza de la Medicina, que se apoyaba en la instrucción teórica y en la adquisición de un correcto desempeño práctico. Para ello fue imprescindible la asistencia a los hospitales y a la escuela (madrasa), donde se trabajaba con la lectura y comentario y el método de preguntas y respuestas. El acceso legal a la profesión, regulado por un supervisor (muhtasib) y sujeto a la superación de un examen, permitía la obtención de los distintos títulos, que jalonaban el ascenso en la carrera social del médico hasta llegar al ya mencionado estatus de hakim (‘sabio’). La ética también era fundamental para el aprendiz de médico, que, en palabras de Schipperges,9 debía prestar «asistencia y atención, sustento y provisión» al enfermo como parte de sus obligaciones religiosas.. Tanto la teoría, apoyada en los compendios que los estudiantes empleaban en la academia, como la práctica médica, que centraba su actividad en los hospitales y en la asistencia privada, seguían un esquema tripartito heredado del médico latino Celso que establecía los mecanismos de intervención para la preservación de la salud10: mientras la higiene era fundamental para evitar la enfermedad, la terapéutica se encargaba de actuar cuando esta llegaba a través de la dietética, la materia médica y la Cirugía. Una vez realizada la exploración del enfermo, el médico establecía el tratamiento que consideraba adecuado, siempre acorde con los principios del Islam. Si la dietética no era suficiente se recurría a la farmacoterapia, que estaba esencialmente fundamentada en la Materia me-. Cf. LAÍN ENTRALGO, 1978: 173-174, de donde proceden todos los términos de origen árabe recogidos en este párrafo. 9 Vid. ibidem: 178. 10 Cf. ibidem: 175. 8. 9.

(11) dica del griego Dioscórides y en los principios farmacodinámicos de Galeno, o a la Cirugía, que en el mundo árabe construyó sus avances sobre una base helenística, bizantina, persa e india.. 2.1.2. La preservación de la salud en la Edad Media latina. El influjo de la Medicina árabe no llegó al occidente latino hasta el siglo XI, cuando se inició la corriente traductora en algunas zonas de la Europa medieval. Antes de esa fecha, y desde aproximadamente el siglo V, la Medicina era esencialmente mágica y popular, rasgos que le conferían una naturaleza que Laín Entralgo (1978: 181) calificó de “cuasitécnica”. La actividad médica de este período, concentrada en los monasterios y doctrinalmente marcada por el cristianismo, no tuvo un gran desarrollo teórico-práctico, y su literatura, basada en las escasas obras de carácter compilador elaboradas en época tardoantigua, apenas garantizó la transmisión de las ideas de la ciencia grecolatina. En este contexto solo destacaron los trabajos de algunos pensadores vinculados al ámbito eclesiástico: la escasa producción literaria se concentró en la obra de importantes figuras monásticas como Casiodoro, Benito de Nursia o Beda el Venerable, y de insignes teólogos y eruditos como Isidoro de Sevilla o Alcuino de York11.. La fiebre monacal que se extendió por el occidente latino durante la Alta Edad Media fue, por tanto, esencial para el desarrollo de la Medicina medieval y para la futura gestación de los avances de la ciencia moderna. Monasterios como el de Monte Cassino, el de San Gall, el de Fulda o el de Reichenau12, encabezados por algunas de las grandes figuras de la literatura médica altomedieval, monopolizaron el saber e impulsaron una incansable labor de copia y conservación de textos científicos que representaban una pequeña parte del vasto caudal de las civilizaciones griega y romana. Tras el auge de los monasterios, las escuelas capitulares, vinculadas a catedrales como la de Reims, Chartres o Colonia, se convirtieron en focos del saber y en semilla de los futuros “estudios generales” que acabarían configurando el programa de las primeras universidades europeas en el siglo XIII13.. Cf. LAÍN ENTRALGO, 1978: 181-191. Estos y otros centros monásticos aparecen relacionados en ibidem: 184, donde también se exponen algunos datos esenciales sobre su fundación. 13 Cf. ibidem. 11 12. 10.

(12) Más fructífero fue el período comprendido entre los siglos XI-XV, marcado por el desarrollo de la Escuela de Salerno y la asimilación de las traducciones latinas de obras greco-árabes. Sería entonces cuando las escuelas catedralicias encontrarían su auge y desembocarían, con la progresiva secularización de la sociedad, en las primeras facultades de Medicina, impulsadas por el desarrollo de una ciencia más técnica y de una literatura médica con carácter propio.14 Ya en el siglo XI, señala Laín Entralgo (1978: 192193), empiezan a notarse signos evidentes del inicio de ese proceso de tecnificación, motivado por la autoexigencia que promovía el cristianismo, por la arabización del saber gracias a las traducciones árabo-latinas y por la secularización del conocimiento, que permitió el nacimiento de las primeras instituciones médicas seglares.. Aunque su papel como foco de traducción árabo-latina será abordado más adelante, resulta imprescindible hablar en este punto de la Escuela de Salerno y de su función como centro precursor de enseñanza médica. La institución, que inició su actividad en el siglo X, atravesó tres etapas: una primitiva en la que se organizó como centro de enseñanza, con un contenido que no destacaba por su excelencia; una segunda durante los siglos XI-XII en la que la escuela alcanzó su máximo esplendor gracias a Constantino el Africano, que impulsó la primera fase de recepción de la ciencia greco-árabe en occidente. Esta etapa también inaugura la creación de un considerable corpus de obras propias anónimas de calidad, como el Regimen sanitatis y el De aegritudinum curatione; la última etapa estuvo marcada por el declive progresivo de la escuela en torno al siglo XIII, cuando las facultades médicas europeas empezaron a aparecer y a recoger la herencia doctrinal de la escuela salernitana.15. El proceso de arabización del saber científico que tuvo lugar en el occidente latino entre los siglos XI-XIV fue fundamental para que la Medicina alcanzara el grado de tecnificación al que llegó durante la Baja Edad Media. Laín Entralgo (1978: 197-198) señala la existencia de dos fases, una de recepción, centrada en los principales focos de traducción árabo-latina de la zona mediterránea (a saber, Ripoll, Sicilia, Salerno y Toledo), y una de asimilación, basada en la recopilación del material traducido en compendios y. Sobre la tecnificación de la Medicina medieval y el nacimiento de las primeras facultades en la Baja Edad Media escribe, entre otros, Montero Cartelle, 2010: 32-33. 15 Cf. LAÍN ENTRALGO, 1978: 195-196. 14. 11.

(13) compilaciones y en su interpretación por medio de obras propias. Esta labor de arabización en dos etapas estuvo repartida en diferentes ámbitos histórico-geográficos: en territorio francés, la actividad se centró en Chartres, Tolosa y París; en el ámbito anglosajón, en Oxford; y en la zona itálica, en el sur de Italia y en Sicilia.. Otro hito que marcó la configuración de la Medicina medieval fue el paso de las escuelas capitulares a los llamados “estudios generales” en el siglo XIII16, motivado por la creciente importancia de la burguesía, la progresiva secularización del saber y el desarrollo de las órdenes mendicantes, nuevas formas de religiosidad que proponían abandonar los monasterios para acercar el cristianismo a la sociedad. En el ámbito de la Medicina, las escuelas más importantes fueron las de Montpellier, Bolonia y París. Durante los siglos XIII-XIV ciudades como las citadas, a las que se sumarían otras como Oxford, Salamanca, Cambridge y Viena, acogieron el nacimiento de las primeras universidades europeas, que, espoleadas por la labor de asimilación cristiana de la ciencia greco-árabe, desarrollarían programas esencialmente marcados por el escolasticismo. No es posible entender la ciencia bajomedieval sin reparar en la escolástica17, sistema doctrinal que configuró el pensamiento de las figuras más destacadas de la época y que tuvo su máximo desarrollo entre los siglos XIII-XIV. La presencia del escolasticismo ya se había hecho evidente en la filosofía, y acabó extendiéndose a otros ámbitos, entre ellos el de la Medicina, donde desarrollaría un método basado en el corpus galénico arabizado y apoyado en una amplia erudición y en una escasa crítica. Este sistema estaría además marcado por un predominio de la dialéctica, que promovería la discusión sobre problemas con escasa repercusión real, y por el abuso del principio de autoridad al asumir, sin crítica alguna, los dogmas de los autores que consideraban como fundamentales. Pero donde este sistema tuvo especial repercusión fue en el ámbito de las facultades, estructurando las lecciones magistrales de los docentes en base a una lectio, que derivaba en una disputatio si alguna autoridad ofrecía en sus textos una interpretación diferente, y a las llamadas quodlibetalia, un ejercicio dirigido por el maestro en el que se planteaban distintas cuestiones.. De esta circunstancia y de los factores que la promovieron habla Laín Entralgo, 1978: 199-200. Sobre la escolástica escriben numerosos autores, pero aquí recojo fundamentalmente las ideas expuestas por MONTERO CARTELLE, 2010: 42. 16 17. 12.

(14) El mencionado proceso de tecnificación de la Medicina tuvo lugar entre los siglos XIII-XIV, y estuvo marcado, además de por los aspectos anteriormente señalados, por el desarrollo de una serie de géneros literarios18 que reflejaban las necesidades clínicas de la época. Obras de carácter compilador y tratados monográficos colmaron las tres ramas tradicionales de la Medicina, que, tras el auge de los primeros siglos medievales, siguieron abarcando los principales métodos de prevención y tratamiento de la enfermedad durante la Baja Edad Media19: en la dietética predominaron los llamados regimina, tratados con pautas cuyo objetivo era conservar la salud de las personas sin emitir diagnósticos ni recoger síntomas; en el ámbito de la farmacia de tipo terapéutico, que en los siglos medievales alcanzó un alto grado de sofisticación gracias, sobre todo, al influjo de la Medicina árabe, destacaron los herbarios y antidotarios, encargados de describir las propiedades de los medicamentos y el proceso de elaboración de los compuestos más utilizados; por último, la Cirugía, que se benefició del renacimiento de la anatomía y de la reacción práctica frente al escolasticismo del siglo XIII en lugares como Bolonia y París20, acogió el desarrollo de tratados sobre flebotomía, anatomías y Cirugías.. Serían los médicos de la época, que desarrollaban su labor a caballo entre la función docente y la práctica clínica, quienes se encargarían de la redacción de estas obras. Apoyados en los principios del escolasticismo y en la introducción del método experimental, que promovía la observación de la naturaleza y el desarrollo de investigaciones deductivas21, destacadas figuras como el español Arnau de Vilanova o los italianos Gentile da Foligno, Mondino de Luzzi y Bartolomeo Montagnana centraron sus esfuerzos en sacar a la luz trabajos que ayudaran en la formación clínica o terapéutica del lector. Estos fueron precisamente los objetivos de los consilia bajomedievales, probablemente el género más representativo de la escolástica que, adaptado a la Medicina por el italiano Taddeo Alderotti, y en uso hasta principios del Renacimiento, pretendía dar respuesta a casos clínicos concretos22.. El asunto de los géneros literarios de la Medicina medieval será abordado con más detalle en epígrafes posteriores, por lo que aquí me limitaré a citar los aspectos más representativos en base a los tres ámbitos de acción preventiva y terapéutica en los que se dividía la Medicina. 19 Cf. MONTERO CARTELLE, 2010: 34-35 y LAÍN ENTRALGO, 1978: 230-231. 20 Cf. LAÍN ENTRALGO, 1978: 205 y 209. 21 Cf. MONTERO CARTELLE, 2010: 42 y LAÍN ENTRALGO, 1978: 201-203. 22 Cf. LAÍN ENTRALGO, 1978: 208. 18. 13.

(15) Estos trabajos reflejan el conocimiento que los médicos medievales tenían de la enfermedad, un saber patológico claramente apoyado en la nosología greco-árabe y su concepto de alteración de las llamadas res naturales, que al mismo tiempo estaba marcado por el cristianismo y su universo cósmico-sacral23. A nivel doctrinal, la Medicina bajomedieval fue esencialmente una combinación de galenismo arabizado y escolasticismo24, hecho que puede comprobarse al observar las obras que ya integraban el corpus docente de las escuelas desde el siglo XI, y que poco después engrosarían las listas de las primeras facultades de Medicina: textos como el Ars parva de Galeno o los Prognostica hipocráticos compartirían escenario con obras árabes como la Isagoge de Ioannitius, el Liber ad Almansorem de Razes o el Colliget de Averroes25. Con este programa docente, ampliamente arabizado, se regulaba la formación científica del médico, que debía conocer los textos de las autoridades antes de obtener su titulación oficial.. 2.2. La literatura médica en el occidente medieval. 2.2.1. Los textos de la Medicina árabe y su proyección en el occidente latino. El hecho de que gran parte de las obras de la Medicina árabe se conozca en la actualidad por el título de las versiones latinas de las mismas demuestra en qué medida fueron importantes para los traductores medievales, que desarrollaron una labor fundamental en la transmisión de la Medicina greco-árabe al occidente latino. En este sentido, señala con acierto Millás Vallicrosa26 que la introducción de la cultura árabe en la Europa cristiana dividió la historia de la ciencia en dos etapas: una primera, marcada por la conservación de los restos de algunos autores latinos en compilaciones y tratados técnicos, y una segunda en la que la ciencia de la Antigua Grecia es rescatada a través de los comentarios y traducciones árabes. El siglo XII marca el punto de inflexión de esta recuperación con la difusión de la ciencia greco-árabe por el occidente latino, favoreciendo el desarrollo de focos de traducción en los que se concentraba el conocimiento27.. Cf. LAÍN ENTRALGO, 1978: 223. Cf. ibidem: 226. 25 Cf. ibidem: 235. 26 MILLÁS VALLICROSA, 1942: 6. 27 Cf. DÍAZ MARTÍN 1985: 116. 23 24. 14.

(16) Aunque las primeras traducciones del árabe al latín aparecieron en el Monasterio de Santa María de Ripoll a finales del siglo X, la producción de versiones no fue importante hasta el siglo XII, cuando puntos geográficos como Salerno y Toledo se convirtieron en los principales centros de traducción del occidente latino28. La escuela salernitana29, que empezó su actividad médica en el siglo X, no solo se dedicó a verter textos árabes al latín, sino que también elaboró su propia literatura médica con una finalidad didáctica. No es extraño que Salerno se convirtiera en el primer foco de traducciones árabo-latinas, pues la diversidad cultural fue una constante en el sur de Italia: al elemento árabe, presente en la zona desde los siglos VII-VIII gracias al control musulmán, se unió en el siglo X el judío, mientras las relaciones comerciales con Bizancio garantizaban el contacto con la cultura griega30.. Campbell (1926, 1: 124) recuerda la división que M. Neuburger hacía de la Medicina medieval, situando al período salernitano (siglos XI-XII) en los albores de la infiltración árabe. Con el inicio de la actividad traductora en la segunda mitad del siglo XI, encabezada por Constantino el Africano, Salerno se convirtió en nexo fundamental entre la Medicina antigua y la moderna. Aunque estas primeras traducciones del árabe al latín no pueden considerarse especialmente precisas, su papel en la configuración del saber médico en occidente es innegable. Hasta el siglo XI, la escuela se centró en la producción de obras propias, que en algunos casos gozaron de gran popularidad en la Europa de los siglos posteriores: tratados como el Regimen Sanitatis o el Antidotarium Nicolai se convirtieron en referentes ineludibles en la educación médica, siendo traducidos y editados en numerosas ocasiones. De este centro procede también la famosa colección de escritos médicos conocida como Articella, que contenía, entre otros, la primera versión de la Isagoge de Ioannitius y varios textos hipocráticos y galénicos31. Tras el saqueo de la ciudad en 1194 por parte de Enrique VI, la Escuela de Salerno empezó a declinar a la sombra de emergentes universidades como las de Palermo y Montpellier32.. Cf. ibidem: 33 y 119-120. Sobre la Escuela de Salerno como foco de traducción y producción literaria escribe, entre otros, DÍAZ MARTÍN (1985: 33- 124-128). 30 Cf. GARCÍA BRAVO 2004: 34. 31 Sobre la naturaleza de este compendio escriben, entre otros, GARCÍA BRAVO 2004: 35, GARCÍA BALLESTER 1985: 16-17, McVAUGH 2000: 135 y DURLING 1961: 234-235. 32 Cf. CAMPBELL 1926 (v. 1): 125-130. 28 29. 15.

(17) La segunda ola de traducciones árabo-latinas tuvo su centro en Toledo, donde la coexistencia de árabes, judíos y cristianos permitió el intercambio cultural y científico que serviría de caldo de cultivo para el desarrollo de las nuevas versiones latinas de textos árabes. Para Foz (1991: 30), la importancia del movimiento traductor toledano reside en el tamaño de su producción, que permitió transferir los conocimientos de la ciencia grecoárabe a los eruditos occidentales. Parece que existe consenso33 sobre el desarrollo de dos fases cronológicas en esta actividad traductora, entre las que existiría un período de transición. En la primera fase, desarrollada durante el siglo XII, ejercería de promotor el arzobispo Raimundo, respaldado por la Iglesia34. El asunto de los intermediarios en el proceso de traducción, ampliamente debatido en la comunidad científica, es especialmente importante en esta etapa. Burnett (2009: 252) señala la posibilidad de que los eruditos cristianos, desconocedores del árabe, se sirvieran de la ayuda de traductores mozárabes o judíos, que verterían el texto del árabe a la lengua vernácula para que, finalmente, los clérigos lo tradujeran al latín. En línea con esta teoría, Foz (1991: 33, 35 y 37) plantea la existencia de dos grupos de traductores, uno de españoles y otro de extranjeros: el primero estaría integrado por tres cristianos y tres judíos, que harían de intermediarios; el segundo contaría con dos italianos (entre ellos, el célebre Gerardo de Cremona), tres anglosajones, un dálmata y un flamenco. El desconocimiento de la lengua y de los contenidos de las obras árabes por parte de los traductores cristianos podría explicar la necesidad de contar con intermediarios que suplieran estas carencias.. El siglo XIII vería el desarrollo de una segunda fase de traducciones bajo el patrocinio del rey Alfonso X. A las versiones latinas de obras árabes se sumarían ahora otras en castellano, en respuesta a un emergente concepto de nacionalismo promovido por el monarca, que se preocuparía por organizar el trabajo de traducción en torno a tres figuras fundamentales: el emendador, el capitulador y el glosador. La distribución seguiría el sistema de los dos grupos, uno de españoles y otro de extranjeros, empleado en la fase anterior. Si el patrocinio del trabajo de traducción por parte de Alfonso X condicionó el carácter nacionalista de la misma, la introducción del castellano con la idea de reforzar. 33 34. Vid. CAMPBELL 1962 (v. 1): 137-146, GIL 1985: 53-55, BURNETT 2009: 249-288, FOZ 1991: 31-41. Cf. FOZ 1991: 32-36.. 16.

(18) esta empresa condujo a una extrema literalidad que marcó, junto con la ocasional intervención del monarca, el resultado final de las traducciones.35. Sobre la forma de trabajar de algunos de los traductores más prolíficos han escrito, entre otros, Burnett (2009: 267), que considera que Gerardo de Cremona no tradujo siempre ex novo, sino que se basó en versiones ya existentes, a las que aplicaría su famoso sistema de traducción palabra por palabra. En esta última cuestión, todavía parcialmente demostrada, también incide Jacquart (1996: 971) al referirse a la traducción del Canon de Avicena elaborada por Gerardo como una versión muy literal y llena de transliteraciones. En cualquier caso, la labor de este grupo permitió que a mediados del siglo XIII las grandes facultades médicas de París, Montpellier y Boloña incorporaran a su programa docente, basado en el corpus de versiones constantinianas, muchas de las obras transmitidas gracias a las traducciones árabo-latinas realizadas en Toledo durante los dos siglos anteriores36.. Con la adición de las versiones toledanas al Corpus Constantinum se completó una colección que incluía nuevos textos de Aristóteles y Galeno y de distintos autores árabes, y que sería utilizada en los principales centros medievales de enseñanza médica. A finales del siglo XIII se incorporaron al corpus médico existente, basado en la tradición galénico-hipocrática, en torno a treinta y cinco títulos galénicos desconocidos hasta la fecha, en su mayoría procedentes de las nuevas traducciones árabo-latinas realizadas en Toledo; este conjunto de escritos, que incluía obras auténticas y espurias del médico pergameno y comentarios de sus expositores árabes traducidos al latín, se conoce con el nombre de “Nuevo Galeno”, por oposición al corpus empleado durante la Alta Edad Media, basado en la Articella salernitana37. McVaugh (2000:131) señala que, pese a la introducción de los nuevos textos galénicos en versión latina, a los estudiantes les costó abandonar su preferencia por el Canon de Avicena, pues, fruto de un proceso más corto y directo de transmisión, se había convertido en autoridad incuestionable. La Medicina medieval estuvo, por tanto, dominada por la tradición árabe, y el occidente latino solo se iría. Cf. FOZ, 1991: 32. Cf. JACQUART 1996: 970. 37 Sobre el “Nuevo Galeno” escriben, entre otros, GARCÍA BALLESTER 1985: 15-16 y 21, 22 y 33, McVAUGH 2000: 129-130 y DURLING 1961: 231-235. 35 36. 17.

(19) abriendo a los escritos de la Medicina clásica en su forma original con los primeros trabajos del movimiento humanista.. Estos hechos demuestran en qué medida la Medicina árabe y el trabajo de los traductores árabo-latinos fueron esenciales en la configuración del saber médico de los siglos posteriores, al configurar un completo corpus literario y un amplio léxico que, aunque no exentos de errores, permitieron crear el caldo de cultivo necesario para el desarrollo de los avances que servirían de antesala a los nuevos descubrimientos de la ciencia moderna. La obra que se edita en el presente trabajo es un claro ejemplo de la influencia de los principios de la farmacopea árabe en la literatura latina medieval y prerrenacentista, como podrá comprobarse en el apartado dedicado al estudio doctrinal de la misma.. 2.2.2. Producción de obras propias en la Medicina medieval latina: géneros y autores más destacados. Tras el flujo de traducciones árabo-latinas de los siglos XI-XIII, la Medicina medieval amplió su base teórica y práctica con las aportaciones de la ciencia greco-árabe38, un fenómeno que tuvo trasunto en la literatura de la época. A los géneros existentes, heredados de la Antigüedad Tardía, se añadieron nuevos rasgos procedentes del mundo árabe, que destacó sobre todo por el desarrollo de la farmacopea. En el seno de esta rama de la praxis médica se elaboraron numerosos textos sobre terapéutica, que vinieron a cubrir necesidades prácticas y teóricas vinculadas respectivamente con la actividad sanadora y con la enseñanza: tratados de simples y antidotarios39 compartieron protagonismo con trabajos que sintetizaban distintos aspectos de otros campos de la Medicina o que definían sus términos más conflictivos.. Sin embargo, y como bien señala Gutiérrez Rodilla (2007: 82), estos géneros no constituían apartados estancos, pues podían participar unos de otros y compartir características, siendo imposible clasificar algunas obras en una sola categoría. Por este motivo, resulta necesario esbozar los aspectos fundamentales no solo de los géneros relacionados. De las aportaciones de la ciencia greco-árabe a la Medicina del occidente latino escriben, entre otros, Díaz Martín 1985: 33 y 119, Campbell, 1926 y Jacquart 1996. 39 Montero Cartelle 2010: 38 señala el origen popular de algunas de estas obras, que en la Edad Media alcanzarían un alto grado de sofisticación. 38. 18.

(20) con la farmacopea medieval (ámbito que acoge el desarrollo de los antidotarios, del que es en gran parte producto la obra objeto de esta tesis), sino también de otros que por su estructura o finalidad pueden estar relacionados con los tratados estrictamente terapéuticos, que en muchos casos constituían un complemento de aquellos: entre estos géneros podemos encontrar los compendios y concordancias y los léxicos y glosarios, trabajos que reflejaron con enorme claridad el espíritu de la ciencia medieval y que completaron, desde el siglo XIII, la producción monográfica de las tres grandes ramas de la Medicina.. Debido a la constante demanda de los estudiantes, el saber médico medieval se fue sintetizando en obras de conjunto que buscaban facilitar el acceso a los textos de los autores más importantes. Este fue el origen de los compendios y las concordancias, dos géneros que ofrecían, de forma sintética, conocimientos teóricos sobre los temas o los autores más demandados en Medicina. Los primeros40 ofrecían, frecuentemente bajo el nombre de summae, una síntesis teórica del estado de una ciencia en un momento determinado; así, la Summa Medicinalis del salernitano Gualterius Agilonis, la Summa conservationis et curationis de Gulielmus Salicetus, o la Summa Medicinalis de Tomasso di Garbo. Señala Montero Cartelle (2010, 59-63, 73-74) que el género del compendium estuvo en muchos casos vinculado a los manuales didácticos, que tenían una finalidad esencialmente práctica y se difundían en época medieval bajo distintas denominaciones (breviarium, practica, thesaurus o incluso compendium); encontramos ejemplos de estos textos en la Practica de Platearius o en el Compendium Medicinae de Gilbertus Anglicus.. Las concordancias, por su parte, coleccionaban sentencias de las grandes auctoritates sobre temas determinados. Montero Cartelle (2010: 78) advierte que, en algunos casos, estaban próximas al compendium al intentar recoger la doctrina fundamental expuesta por las fuentes antiguas o árabes, incluyendo comentarios en los que predominaba la erudición por encima de la crítica. El Aggregator Brixiensis de Guglielmo de Corvi de Brescia constituye un buen ejemplo de concordancia, pero quizá el mayor representante del género fue Iohannes de Sancto Amando, autor de unas Concordantiae que se convirtieron en auténtico instrumento universitario para facilitar el aprendizaje de los estudiantes. Este trabajo incluía palabras clave a modo de entradas en las que se intentaba hacer. Vid. la completa descripción sobre el compendium medieval recogida en MONTERO CARTELLE, 2010: 59-78. 40. 19.

(21) concordar las opiniones de diferentes autoridades, y estuvo ampliamente vinculado al sistema de enseñanza universitaria de la época, basado en la lectio y la disputatio escolásticas41.. Es preciso mencionar aquí la existencia de otro género que, aunque remonte su origen a la Antigüedad, continuó siendo fundamental para los estudiantes y los médicos del período medieval. La abundancia de información procedente de textos que habían sido traducidos varias veces propició la aparición de términos confusos, sobre todo en ámbitos como el de la materia médica. Esta terminología, equívoca y deformada en muchos casos, precisaba de herramientas que ayudaran al lector a comprenderla. Con esta función eminentemente auxiliar surgieron los léxicos y glosarios42, que recogían los términos más conflictivos de los textos y los explicaban por medio de sinónimos en otras lenguas o de definiciones breves. A este ámbito pertenecen los llamados hermeneumata, glosarios greco-latinos dedicados a un tema concreto de la Medicina, y los synonyma árabo-latinos, que solían acompañar a las traducciones con el objetivo de aclarar los términos más confusos y se convirtieron en una herramienta imprescindible tras la asimilación de la Medicina greco-árabe en occidente.. Gutiérrez Rodilla (2007: 103-112) incide en la posibilidad de que estos synonyma fueran desarrollados por los propios traductores e incluidos al final de las versiones, convirtiéndose con el tiempo en obras independientes dedicadas a un único autor (como sucede, por ejemplo, con los Synonyma Rasis que acompañan a algunas ediciones de la obra de Razes). Este subgénero resulta de gran interés en el presente estudio por la estrecha relación que mantiene con el ámbito de la fitoterapia, donde los fitónimos, que habían atravesado incontables traducciones, generaban considerables problemas. Fruto de esta situación fueron los Synonyma Stephani, glosario trilingüe del siglo XII elaborado por Esteban de Antioquía o los Synonyma Bartholomei. Parece conveniente separar, junto con Gutiérrez Rodilla (2007: 113-121), estos synonyma prácticos de unos synonyma académicos más teóricos, dirigidos a un público culto, entre los que destacaría la Clavis sanationis de Simon Ianuensis, fruto de un intenso trabajo lexicográfico.. Cf. GUTIÉRREZ RODILLA, 2007: 130-136. Sobre el género de los glosarios, que comprende los hermeneumata grecolatinos y los synonyma árabolatinos, escribe GUTIÉRREZ RODILLA, 2007: 28-31, 97-121. 41 42. 20.

(22) La farmacopea medieval, por su parte, acogió el desarrollo de tratados sobre medicamentos simples y compuestos43, que buscaban ayudar al médico en la localización de fármacos y facilitar la instrucción práctica de los estudiantes de Medicina. Los primeros, conocidos como simplarios, compilaban información de distintos autores sobre los diversos medicamentos simples que engrosaban la farmacia medieval; muchos de estos tratados recibieron el nombre de herbaria al contener en mayor medida simples de origen vegetal. Los ejemplos se remontan a la época tardoantigua, período en el que se gestaron obras como los Simplicia Oribasii o el Herbarioum Apulei; en época medieval destacaron trabajos como el De viribus herbarum, un herbario atribuido al fraile francés Odón de Meun que combina fuentes antiguas y árabes, y en el que se inspira el famoso Regimen Salernitanum, de autor y fecha desconocidos; entre los siglos XIII-XIV el lexicógrafo, botánico y médico Matthaeus Silvaticus elaboraría su Pandectae Medicinae, simplario que también emplearía fuentes grecolatinas y árabes en su composición.. El ámbito de los medicamentos compuestos era tratado en los antidotaria y receptaria, que normalmente constituían un producto de la interpolación de distintas obras y autores44. Los primeros, apunta Guitérrez Rodilla (2007: 174), podían llegar a considerarse un tipo especial de concordancia médica por la forma en la que se elaboraban: a partir de distintos textos de autores antiguos y contemporáneos, construían una base teórica amplia que servía, casi siempre, de complemento a tratados generales más extensos. Un claro exponente de este género lo constituye el ya mencionado Antidotarium Nicolai, compilado por un salernitano en el siglo XII a partir de repertorios antiguos y de versiones latinas de textos árabes, una obra que gozó de amplia difusión y se convirtió en base de la farmacopea occidental, imprimiéndose varias veces en el siglo XV junto con los trabajos del árabe Mesue45. Los recetarios, por otra parte, eran más sencillos y modestos, y recogían remedios simples y de fácil aplicación; solían ser recopilaciones de diversas recetas perdidas conservadas en manuscritos que gozaban de gran difusión, llegando a convertirse, señala Gutiérrez Rodilla (2007: 176-178), en instrumentos populares empleados por los pacientes para automedicarse.. El género de los tratados sobre simples y compuestos, ampliamente relacionados con la actividad lexicográfica medieval, es abordado por GUTIÉRREZ RODILLA, 2007: 156-184. 44 Cf. ibidem: 174. 45 Cf. ibidem: 179-184. 43. 21.

(23) Ese carácter permeable de los géneros explica que obras como el Antidotarium de Álvaro de Castro participen al mismo tiempo de los rasgos de distintas categorías, y que sea necesario conocerlas todas con la intención de ubicar el escrito en el contexto literario de la época. Al mismo tiempo, el interés que los trabajos de este autor tienen como testimonios de la configuración de la lengua científica europea, por la compleja combinación de términos de diverso origen que ofrecen, plantea la necesidad de conocer las circunstancias de la transmisión de la terminología técnica que aparece en los textos de la Medicina medieval, donde las traducciones árabo-latinas desempeñan un papel fundamental.. 2.2.3. Léxico técnico en la Medicina medieval: el papel de las traducciones. El complejo fenómeno que desembocó en el enriquecimiento de la ciencia occidental latina en plena Edad Media estuvo configurado por distintas realidades imprescindibles que actuaron por separado. Al aparato de la Medicina greco-árabe, que comprende el conjunto de teoría y práctica desarrollado por los árabes tras la asimilación del saber de los antiguos griegos (mezclado, a su vez, con otros elementos orientales), se debe sumar el papel de la importante actividad traductora desempeñada en puntos concretos de Italia y de la Península Ibérica, que ya ha sido esbozado en epígrafes anteriores.. Dejando a un lado los limitados movimientos de traducción del griego al latín que pudieron desarrollarse en algún lugar de Italia entre los siglos VI-VII46, durante la Alta Edad Media el Occidente latino se mantuvo alejado de cualquier contacto con el mundo griego, y la actividad médica, bastante escasa y basada en la recopilación de algunos restos del saber clásico, se concentró en los monasterios. La introducción de la Medicina greco-árabe en la Europa medieval no se hizo evidente hasta el siglo XI, cuando algunas zonas del sur de Italia comenzaron a empaparse de los conocimientos de una doctrina que, apoyada en el sólido sistema de la ciencia griega y con la contribución de sus propios avances, había alcanzado su esplendor en el siglo anterior. Los textos de este nuevo sistema médico, obras propias escritas en árabe y trabajos de autores griegos vertidos a la lengua del Islam, fueron traducidos al latín en los siglos siguientes por grandes grupos de eruditos.. 46. Esta actividad es mencionada en MONTERO, 2010: 31-32.. 22.

(24) Este fenómeno de difusión en distintas fases marcó el contenido y la terminología de los escritos, que fueron modificados voluntaria o involuntariamente por los copistas y los traductores que garantizaron su conservación: la doctrina de los textos griegos se transmitió bajo moldes árabes, y el léxico de los distintos campos de la Medicina resultó, en la mayoría de los casos, ampliamente deformado por efecto de las traducciones. Sin embargo, no hay duda de que el papel de esta tarea fue decisivo en la consolidación de la Medicina como ciencia y en la recuperación del saber clásico, empresa que vería su culminación unos siglos más tarde con el desarrollo del movimiento humanista. No hay que olvidar en este punto que ningún proceso de transmisión textual está exento de errores por problemas de copia o traducción. Estas confusiones paleográficas y tipográficas, que Latham (1972, 31-36) y Dubler (1981, 146-147) clasificaron atendiendo a su naturaleza en distintas tipologías, podían alterar significativamente la forma y el contenido de los textos, consagrando términos deformados que sustituían a los originales y aumentaban, consecuentemente, la confusión terminológica.. Antes de identificar los errores que con más frecuencia cometían los copistas y traductores, y que marcarían la configuración del léxico de la Medicina medieval, es necesario diferenciar entre aquellos propios del proceso de traducción del griego al árabe, y aquellos efectuados durante la posterior traducción de las versiones árabes al latín. Entre los primeros47, los más frecuentes eran consecuencia de la traducción o la transcripción (cuando no era posible la primera, bien por falta de equivalentes, bien por incomprensión del término) de los nombres griegos originales al árabe, pues la ambigüedad que en muchos casos presentaba la caligrafía ocasionaba deformaciones. A veces, sin embargo, el error era resultado de una mala transcripción o de un término incorrectamente vertido.. Estas faltas podían perpetuarse en la posterior traducción de los textos del árabe al latín48, proceso que generaría además sus propias deformaciones terminológicas, ocasionadas de nuevo por la confusión paleográfica de letras con grafías similares, y por el desconocimiento de la lengua y de la materia tratada en los textos por parte de los copistas. Los tipos más representativos de errores en la transmisión de los términos árabes al latín. Sobre los errores provocados por la traducción del griego al árabe escribe, entre otros, DUBLER, 1951 (vol. 1): 146-147. 48 Para el tema de la traducción de textos del griego al siríaco o al árabe y de este al latín, y de los errores provocados por esta actividad, cf. MONTERO, 2010: 166-176 y, sobre todo, LATHAM, 1972: 30-32. 47. 23.

(25) comprenden deformaciones de vocablos de origen griego no reconocidos, alteraciones de arabismos por confusión del artículo, y deformaciones de arabismos por desconocimiento o malinterpretación de la lengua de origen. La aparición de la imprenta a finales del siglo XV traería también consigo nuevas formas de error, relacionadas con la fijación de los tipos móviles durante el proceso de la edición, o con confusiones y alteraciones derivadas de la lectura del manuscrito.. Las consecuencias de esta situación afectaron especialmente al ámbito de la Botánica49, donde la polisemia e inexactitud de muchos de los fitónimos y la procedencia oriental de gran parte de las especies señaladas en las fuentes árabes dificultaron la comprensión de los escritos y la identificación de las plantas mencionadas. No era poco frecuente que con un solo término se designaran dos especies diferentes o que una misma planta apareciera en los textos con dos o más denominaciones (conviviendo, en muchos casos, el arabismo con el helenismo o latinismo). También era común la variedad gráfica en los términos tomados del árabe (especialmente la presencia de alternancias vocálicas y consonánticas y la fluctuación en la incorporación del artículo al-/-a), resultado de la transmisión de palabras corruptas, mal escritas o marcadas con diacríticos que los copistas y editores desconocían.. El producto de esa generación continua de errores, materializado en unos textos con multitud de términos ambiguos e incomprensibles, exigiría la elaboración de listas léxicas explicativas que acompañaran a las obras. Carrera de la Red (1999: 83) y Montero Cartelle (2010: 166-168) apuntan que este fue el origen de los índices y synonyma medievales que recogían los términos más conflictivos (fundamentalmente árabes) de los textos impresos, con el objeto de aclararlos y determinar algunas de sus variantes. De estos anexos a las ediciones se nutrieron, al mismo tiempo, los glosarios y léxicos medievales, destinados a reunir definiciones y sinónimos para aquellos vocablos complejos procedentes de las obras de los autores de la literatura médica.. Carrera de la Red dedica un artículo al análisis de los arabismos técnicos presentes en el Dictionarium medicum de Antonio Nebrija, describiendo los errores más frecuentes en la transmisión de fitónimos del árabe al latín durante la Edad Media. Cf. 1999: 84-87 49. 24.

(26) 2.2. Difusión y producción de literatura médica en el Renacimiento. 2.2.2. La llegada de la imprenta y los nuevos principios humanistas. Con el Renacimiento y la expansión del humanismo entre los siglos XV-XVI, la ciencia y la cultura fueron modificando su configuración en base a una nueva forma de ver y entender la realidad. Como el resto de disciplinas, la Medicina se vio afectada por los principios de esta nueva corriente de renovación pedagógica, y de la aplicación de los mismos a este campo por parte de sus profesionales surgió lo que se conoce como humanismo médico. Este hecho supuso la aparición de una nueva figura, la del médico filólogo o humanista, que, movido por la nueva admiración hacia los clásicos de la Medicina, decidió recurrir a la labor filológica como vía para su interpretación y recuperación. Estos médicos filólogos, integrantes de una nueva élite de la Medicina caracterizada por un predominio de la parte teórica, habían asumido la tarea de recuperar los textos médicos originales de la Antigüedad, depurando para ello las versiones medievales de los clásicos, que consideraban corrompidas y depravadas, y huyendo en muchos casos de la escolástica y del galenismo arabizado50. A pesar de esto, las grandes autoridades de la Medicina continuaron siendo las mismas que en la Edad Media (fundamentalmente Galeno e Hipócrates), y la tradición árabe, por su parte, mantuvo todavía su importancia en ciertos campos de la Medicina renacentista, especialmente en el de la materia médica51.. Hay que tener en cuenta, no obstante, que existieron contrastes en el seno del propio movimiento, pues no todos los humanistas médicos se afanaron en editar, comentar y traducir a los clásicos. Al contrario, y según la opinión de Granjel que recoge en su trabajo Martín Ferreira52, existieron también seguidores de Galeno en búsqueda de un perfeccionamiento del mismo y expositores modernos del sistema galénico medieval. Además, junto con estos sectores más “tradicionales” había “disidentes” innovadores procedentes de lo que López Piñero (1979: 152) denomina la “periferia técnica”, promotores de las. Estos aspectos, propios del humanismo médico, aparecen en todas las obras que abordan la cuestión. Véanse al respecto, entre otras, LAÍN ENTRALGO, 1971-1973: 33, MARTÍN FERREIRA, 1995: 23-25 y MONTERO CARTELLE, 2010: 153. Para el galenismo medieval, escolástico o arabizado, y el método escolástico aplicado a la Medicina cf. LAÍN ENTRALGO, 1971-1973 (vol. 3): 191-339, MARTÍN FERREIRA, 1995: 25 y MONTERO CARTELLE, 2010: 31-121. 51 Cf. BLANCO PÉREZ, 1999: 25 y MARTÍN FERREIRA, 1995: 26. 52 Para esta opinión y el asunto de los “disidentes” innovadores cf. MARTÍN FERREIRA 1995, 26. 50. 25.

(27) principales renovaciones científicas del Renacimiento y que no pueden ser considerados por los estudiosos como humanistas médicos.. Aún así, este movimiento significó mucho para la renovación de la ciencia y, en concreto, la Medicina, pues la necesidad de entender de manera auténtica a los clásicos llevó al descubrimiento de contradicciones internas y a la necesidad de recurrir a la observación de la realidad, lo que derivó, en palabras de López Piñero (1979: 151), en una “crisis del criterio de autoridad como base del conocimiento científico”. Además, este acercamiento humanista a la ciencia médica, con un redescubrimiento de las doctrinas originales de los clásicos y la consecuente posibilidad de considerarlas críticamente, supuso la base de muchas reformas científicas de la época (como la del bruselense Andreas Vesalius, considerado el fundador de la anatomía moderna al señalar y rechazar errores de la obra de Galeno).. En España, el desarrollo del movimiento humanista estuvo vinculado a las universidades que funcionaron como focos de difusión53. Si bien es cierto que empezó un siglo más tarde que en el resto de Europa, los rasgos de esta corriente se manifestaron claramente en el ejercicio y la producción escrita de muchos profesores de Medicina que desarrollaron su trabajo en las universidades de Salamanca y Valladolid —donde se mantuvo por más tiempo la componente medieval, con figuras destacadas como Luis de Lemos o Luis Mercado— y de Alcalá de Henares y Valencia —donde los principios del humanismo médico se implantaron con mayor rapidez, destacando la labor de profesionales como Francisco Vallés, Pedro Jaime Esteve o Luis Collado—. También existieron figuras más independientes que, aunque recibieron formación en las universidades, desarrollaron su producción fuera de estas (así, el célebre Andrés Laguna o el insigne Miguel Servet).. Otro de los aspectos que marcó el desarrollo de la Medicina renacentista fue el del debate sobre la lengua que debía emplearse para su enseñanza y difusión. Aunque en el siglo XVI el latín se había convertido en lengua de cultura, un código común y universal. El tema del humanismo médico en España a través de los distintos focos universitarios o de algunas figuras independientes está ampliamente tratado en los estudios de BLANCO PÉREZ, 1999, GONZÁLEZ MANJARRÉS, 2000, MARTÍN FERREIRA, 1995, PÉREZ IBÁÑEZ, 1996, y SANTAMARÍA HERNÁNDEZ, 2003. Información más general sobre el tema puede encontrarse en los primeros capítulos de cada uno y también en MONTERO CARTELLE, 2010: 172-196 y LÓPEZ PIÑERO, 1979: 342-351. 53. 26.

(28) que servía de vehículo para una política y una ciencia internacionales, el avance de las lenguas vernáculas, que estaban consolidándose y creciendo en importancia, hizo que empezaran a abrirse hueco en el panorama cultural y a exigir un papel en el ámbito de la ciencia. Este hecho propició una situación de bilingüismo aceptado54, donde el latín se vería confinado al ámbito científico y las lenguas vernáculas se limitarían a la expresión literaria y cultural. Aunque con el paso del tiempo estas acabarían desbancando por completo al latín, la que fuera lengua del Imperio Romano, que por su larga historia en la materia poseía una amplia tradición y un léxico técnico elaborado, siguió siendo el código indiscutible de la ciencia en el siglo. XVI,. y, por tanto, el vehículo de expresión para la. producción escrita de la Medicina, donde las excepciones, compuestas en vernáculo, eran siempre justificadas.. Esto último demuestra que, no obstante, hubo partidarios del empleo del romance para la difusión de la Medicina, que se apoyaban en el escaso número de médicos que dominaban el latín y en el elevado nivel literario de esta lengua en el Renacimiento55. En España, la creciente importancia del castellano, que era sentido como lengua natural, y la situación un tanto adversa del latín, demostrada por los numerosos testimonios recogidos por Gil Fernández56, propiciaron la aparición de ciertos sectores que abogaron por el uso del romance y rechazaron el empleo del latín en la Medicina, a pesar de que era aceptado por la mayoría como lengua de la ciencia y de que su empleo era exigido en la enseñanza universitaria y su conocimiento por parte de los profesionales ordenado por pragmática. Las razones que adujeron los partidarios del empleo del castellano se basaban, por tanto, en motivos prácticos y de bien común, centrados en la necesidad de llegar a más gente y lograr una mayor difusión de los saberes médicos, pues la realidad en lo que al conocimiento del latín respectaba era bien diferente de lo que se proponía como ideal.. El asunto del bilingüismo aceptado y la progresiva sustitución del latín por las lenguas vernáculas puede encontrarse en BLANCO PÉREZ 1999, 165, LÓPEZ PIÑERO 1979, 123-123, MARTÍN FERREIRA 1995, 166-167, MONTERO CARTELLE 2010, 136 y PÉREZ IBÁÑEZ 1996, 130-133. 55 Cf. MONTERO CARTELLE 2010, 137. 56 Véase al respecto GIL FERNÁNDEZ 1997, 48-83. 54. 27.

(29) 2.2.3. El trabajo de autor: entre la obra original y la edición de fuentes. Aunque no hay duda de que el fruto principal de la nueva corriente fueron las numerosas ediciones, traducciones y comentarios de obras clásicas que la joven imprenta sacó a la luz, los médicos filólogos también se preocuparon por desarrollar una obra propia, apoyada en su experiencia personal y en el testimonio de otros autores. El recurso a las fuentes (ya fueran antiguas, medievales o renacentistas) se convirtió en una práctica frecuente entre los humanistas médicos, que las empleaban para dar solidez a sus propias opiniones o para refutar las de aquellos autores que consideraban erróneas. Esta postura demuestra la existencia de una visión relativamente crítica respecto a las autoridades de la Antigüedad que no existía en la Edad Media, y que estaba apoyada en el empleo de la razón personal y la propia observación a la hora de estudiar los distintos aspectos de la disciplina científica. La experiencia se convertía, por tanto, en otra fuente importante para los autores, que ahora podían conciliar contradicciones, aclarar confusiones o corregir errores57. Esta situación favoreció el desarrollo de nuevas formas de expresión literaria58, que fueron cultivadas junto a géneros medievales como los tratados y los consilia. Los nuevos formatos de difusión científica comprendían monografías especializadas sobre temas concretos (como el De humani corporis fabrica, un tratado de anatomía escrito por Andreas Vesalius), comentarios a los textos griegos, que casi siempre formaban parte de ediciones y traducciones al latín (desarrollados por humanistas como Niccolò Leoniceno, Thomas Linacre, Günther von Andernach o Janus Cornarius), textos sobre las nuevas enfermedades, epistulae (como las de Giovanni Manardo o Pietro A. Mattioli) y diálogos, en los que primaba la función didáctica.. Para la elaboración de sus trabajos, los médicos humanistas recurrieron especialmente a los clásicos grecolatinos, sobre todo a Hipócrates y Galeno. Las alusiones a fuentes medievales y árabes, por su parte, eran más escasas pero todavía ineludibles, especialmente en ciertos ámbitos como el de la materia médica. En la Universidad de Salamanca59,. Para la cuestión de la postura crítica y la experiencia en los humanistas médicos cf., sobre todo, LÓPEZ PIÑERO 1979, 164 y MONTERO CARTELLE 2010, 126. 58 Sobre los géneros de la Medicina renacentista escribe MONTERO CARTELLE, 2010: 128-136. 59 El asunto de las fuentes de las obras del humanismo médico en la Universidad de Salamanca es tratado 57. 28.

(30) uno de los grandes focos españoles del humanismo médico, la labor teórica de algunos profesores de Medicina evidenció el peso que la tradición árabe y la ciencia medieval ejercieron en el humanismo a través de las diversas referencias en sus trabajos a autores árabes como Serapio, Razes y Mesue, o a otros medievales como Bernardo de Gordon, Gentile da Foligno y Hugo de Siena. Llama la atención, por otra parte, que estos autores fueran pocas veces calificados de “bárbaros” en las obras de dichos profesores. Sin embargo, la depravación léxica de los árabes sí fue mencionada en la obra de Andrés Laguna, que empleó las alusiones a fuentes medievales sobre todo para criticarlas, a pesar de demostrar una evidente admiración por su Medicina60.. Las referencias a autores contemporáneos tuvieron, de la misma forma, su espacio en las obras de estos médicos, si bien en menor medida y casi siempre para ser criticadas o refutadas; tanto fue así que solo solían ser elogiadas, como afirma González Manjarrés61, cuando existía una cierta amistad entre el autor de la obra y el de la fuente citada, o bien cuando este último era admirado por el primero, aunque es cierto que también debieron de existir excepciones a este principio general. Pero no solo fueron empleados los testimonios de autores médicos para la elaboración de estas obras, algunas fuentes ajenas al ámbito de la Medicina (filosóficas, bíblicas o literarias) se convirtieron también en constante, pues parecían aportar una interesante esencia erudita a los escritos técnicos. De esta forma, los autores acudían a enciclopedias o compendios de dichos y sentencias muy útiles al efecto, sin dejar a un lado, no obstante, la consulta directa de los textos clásicos de la literatura o el recurso al propio bagaje que proporcionaba la formación humanística62.. Con la llegada de la imprenta, las traducciones latinas del nuevo corpus galénico, que había ido configurándose durante los últimos siglos medievales, vieron la luz a través de ediciones que compilaban las obras del pergameno, afectadas, casi siempre, por las sucesivas traducciones. Hasta que las prácticas humanistas alcanzaron suficiente difusión no se publicaron ediciones revisadas con la idea de depurar las versiones árabo-latinas medievales. Las nuevas ediciones63, que empezaron a aparecer a finales del siglo XV y por PÉREZ IBÁÑEZ, 1996: 114-125. 60 Cf. GONZÁLEZ MANJARRÉS 2000, 223-226 y 255. 61 Véase GONZÁLEZ MANJARRÉS 2000, 255-256. 62 Para el empleo de este tipo de fuentes cf., sobre todo, GONZÁLEZ MANJARRÉS, 2000: 233. 63 Montero (2010: 133 y 171) señala algunos aspectos sobre las prácticas de traducción, edición y. 29.

(31) alcanzaron su apogeo en el XVI, eran acompañadas, en muchos casos, de comentarios elaborados por los propios humanistas. Esta actividad cercana al trabajo filológico, que llegó a convertirse en un género literario propio de la época, fue especialmente frecuente en la edición de textos griegos: varias obras de autoridades como Hipócrates, Galeno o Dioscórides fueron traducidas, comentadas y editadas, en muchos casos a partir de los manuscritos griegos que los bizantinos exiliados habían traído a occidente durante el siglo anterior64, por destacados humanistas como Nicolò Leoniceno, Thomas Linacre o Andrés Laguna.. La labor literaria desempeñada por estos médicos humanistas permitió, en definitiva, recuperar y conservar una parte fundamental del patrimonio textual de la ciencia grecolatina, que fue difundida a través de las numerosas referencias incluidas en las obras propias y de las nuevas versiones de los textos de las fuentes, que suponían revisiones de las traducciones árabo-latinas realizadas durante la Edad Media, o primeras versiones de manuscritos hasta el momento desconocidos.. comentario de textos clásicos entre los humanistas médicos. 64 Cf. LAÍN ENTRALGO, 1971-1973: 33 y MONTERO CARTELLE, 2010: 126.. 30.

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