ISSN 0213-3334 Universidad de Huelva, Universidad de Sevilla
Dirección de los autores: Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. Facultad de Psicología. c/ Camilo José Cela, s/n. 41018 Sevilla.
Correo electrónico: [email protected]
Agradecimientos: nuestro agradecimiento a la Dirección General de Infancia y Familias de la Junta de Andalucía y, muy especialmente, a Mª Dolores Delgado por el apoyo prestado al proyecto. También expresamos nuestro agradecimiento a las familias acogedoras y a los profesionales de los centros de menores que colaboraron para hacerlo realidad.
Recibido: julio 2013. Aceptado: octubre 2013.
Comunicación, orígenes e identidad en el acogimiento
familiar y residencial: el programa “Viaje a mi historia”
Jesús M. JIMÉNEZ MORAGO Rocío MARTÍNEZ CABEZA Estefanía MATA FERNÁNDEZ
Universidad de Sevilla
Resumen
El presente artículo revisa los principales retos y necesidades que tienen los niños y niñas en el sistema de protección centrándose en la necesidad de saber acerca de su familia de origen y su situación familiar en el acogimiento familiar y residencial. Existe un considerable consenso científico y profesional acerca de la necesidad de hablar con los niños y de que una comunicación abierta, afectuosa y fluida sobre estos temas favorece su mejor adaptación. Sin embargo, diferentes estudios indican que la comunicación entre acogedores y acogidos no es una tarea fácil y que acogedores y profesionales necesitan apoyo y formación específica para abordarla adecuadamente. Al hilo de estos resultados, se exponen las líneas generales del programa Viaje a mi Historia que se lleva a cabo en la Comunidad Autónoma de Andalucía. Este programa ha sido diseñado con el objetivo de apoyar la tarea de acogedores y profesionales y servir de recurso en la comunicación entre acogedores y acogidos de manera que los niños y niñas puedan conocer su historia personal y familiar, las razones por la cuales están acogidos y su futuro en la medida de protección, contribuyendo así a que puedan desarrollar una identidad positiva en su paso por el acogimiento.
Palabras clave: acogimiento familiar, acogimiento residencial, comunicación sobre el acogimiento, trabajo de historia de vida, técnicas y recursos de intervención.
Abstract
This article reviews the main challenges and needs the children have in the protection system focusing on the need to know about their family of origin and family status in foster care and residential centres. There is considerable scien-tific and professional consensus today about the need to talk with children and that an open communication, caring and smooth on these issues enables a better adaptation. However, several studies show that communication between carers and children is not an easy task and, conversely, carers and professionals need support and specific training to address it properly. In line with these results, are also set out the broad lines of the program Travel to My Story carried out in the Autonomous Community of Andalusia (Spain). This program was designed with the aim to support the work of carers and professionals, as well as serve as a resource for communication between carers and children so that children can know their personal and family history, the reasons why they are in foster care or protection centres and their future in the protection measures, thus contributing to developing a positive identity on their way through the placement.
Keywords: family foster care, protection centres, communication about placement, life story work, intervention resources and techniques.
Para crecer y desarrollarnos de manera positiva y salu-dable es fundamental que nuestra familia nos proporcione cuidados y protección y que se convierta en el soporte vital que satisfaga nuestras necesidades básicas. Por desgracia,
presente y futuro. Para estos niños y niñas, la intervención de los servicios de protección es una oportunidad que no está exenta de dificultades y retos de adaptación. Es obvio que estos niños y niñas tienen las mismas necesidades básicas que todos los demás, pero también que en algunos casos han pasado por situaciones familiares muy adversas que les han dejado una profunda huella de dolor, inseguridad y desconfianza. La separación de su núcleo familiar y el paso de estos niños y niñas al sistema de protección plantean nuevas necesidades específicas que también tienen que ser atendidas por imperativo legal y ético. Como han señalado Amorós y Palacios (2004), estas necesidades que tienen que ver con su adaptación a la nueva situación (en unos casos en centros de acogida y en otros en una familia acogedora), con la reparación de los daños producidos anteriormente, con evitar la acumulación de más cambios y rupturas en su paso por el sistema de protección y, desde luego, con la necesidad de conocer su propia historia y saber qué va a ser de él o de ella y a saberlo lo antes posible, en una escala temporal acorde con el ritmo de desarrollo de niños y niñas. Nos refe-riremos en este artículo precisamente a esta última cuestión. Nuestra familia es el escenario natural donde nacemos y nos desarrollamos, algo consustancial a nosotros mismos y que siempre ha estado ahí. Esta continuidad favorece un sentimiento de pertenencia que a su vez contribuye al desarrollo de una identidad positiva y a la construcción de un relato claro y coherente de quiénes somos y cómo en-cajamos en el mundo (Berástegui, & Gómez, 2007). Como sostienen Cook-Cotone y Beck (2007), para la mayoría de los niños y niñas sus padres son sus principales cuidadores y sus principales contadores de historias familiares y de ficción. Mientras que los niños y niñas que viven con sus familias de origen tienen la oportunidad de conocer su pa-sado, aclarar y actualizar los acontecimientos en cualquier momento, los que experimentan diferentes modalidades de acogimiento en el sistema de protección pierden, a veces de manera dramática, esa posibilidad (Ryan, & Walker, 2007). Como ponen de relieve diferentes estudios (Gil, & Molero, 2010; Jiménez, & Palacios, 2008), el paso de los menores acogidos por distintas medidas y recursos de pro-tección es casi una constante del sistema. Y cuando van de una familia a otra o pasan a un centro a otro, cambian a su alrededor no sólo las personas sino también los significados, las rutinas, los espacios y los objetos. En esa situación, su origen y su pasado pueden desvanecerse y perderse en el olvido o la confusión y, cuando los niños pierden la pista de su pasado, su desarrollo emocional y social, presente y fu-turo, puede resentirse (Falhberg, 1994; Gómez, 2006; Rose, 2005). Las estancias en centros y los cambios frecuentes en el acogimiento pueden dificultar que el niño establezca una secuencia lógica y coherente de acontecimientos en su agenda personal de identidad (Amorós, & Palacios, 2004; Fernández, & Fuentes, 2000; Rodríguez de Castro, 2008; Unrau, Seita, & Putney, 2008). Para algunos de estos niños
y niñas, estos cambios se convierten en un agregado de segmentos vitales inconexos: diferentes personas, diferentes vidas y diferentes identidades. Si a esto añadimos que en al-gunos casos no han tenido la oportunidad de interactuar con cuidadores o acogedores estables y comprometidos con su atención y cuidado, no resulta difícil imaginar lo complicado que puede llegar a ser para ellos sentirse seguros y queridos. Tampoco es fácil que estos niños y niñas desarrollen una autoestima positiva cuando lo que han experimentado en sus cortas vidas ha sido el rechazo, la frialdad o el abuso por parte de sus padres y la falta de estabilidad y compro-miso en el sistema de protección. En algunos casos, estas experiencias conducen a niños y niñas a desconfiar de los adultos e incluso a sabotear activamente las relaciones que mantienen con ellos (Amorós, & Palacios, 2004; Fahlberg, 1994; Rose, 2005; Ryan, & Walker, 2007).
Como se desprende de lo anterior, el camino hacia el conocimiento de sí mismos y hacia el desarrollo de una identidad positiva es un camino plagado de obstáculos en la vida de estos niños y niñas; obstáculos que están en sus situaciones familiares de origen y también en la falta de recursos adecuados y estabilidad en el funcionamiento de las medidas de acogimiento.
La difícil tarea de comunicar
Una manera de afrontar estas dificultades y responder a las necesidades de los niños es hablar con ellos acerca de su historia personal, las razones que les llevaron acogimiento y también acerca de su futuro personal y familiar durante su estancia en familias de acogida o en centros (Ryan, & Walker, 2007). Pero la comunicación entre estos niños y niñas y las personas adultas que los cuidan no es una tarea fácil, más aún teniendo en cuenta las dificultades que pueden mostrar como consecuencia de las historias de adversidad que han padecido (Clark, & Statham, 2005; Fahlberg, 1994; Ryan, & Walker, 2007; Triseliotis, 1993; Triseliotis, Sellick, & Short, 1995). Sin embargo, las dificultades para estable-cer esta comunicación no sólo están en los niños, también están en las familias y en los profesionales (Berástegui, & Gómez, 2007; Gómez, 2006; Jiménez, Martínez, Muñoz, & León, 2013). Dificultades como el miedo a reconocer o reabrir viejas heridas, a desvelar secretos familiares, a sos-tener falsas creencias sobre la situación de los menores o, por ejemplo, temor a hacer daño, a estigmatizar a los niños o a influir de manera negativa en sus relaciones familiares. Además, como señalan Jiménez y Palacios (2008), que muchos acogimientos en familia extensa se inicien de hecho con niños y niñas muy pequeños puede contribuir a que los familiares confundan su rol de acogedores con el de padres y, consiguientemente, no consideren oportuno ni necesario hablar con los acogidos acerca de estas cuestiones.
comunicación abierta, afectuosa y fluida con los menores adoptados y acogidos acerca de su situación familiar y su historia a fin de que puedan elaborar adecuadamente su identidad y afrontar mejor los cambios y transiciones que les ha tocado vivir (Amorós, & Palacios, 2004; Berástegui, 2012; Berástegui, & Gómez, 2007; Cook-Cottone, & Beck, 2007; Fernández, & Fuentes, 2000; Gómez, 2006; Fahlberg, 1994; Jiménez, Martínez, & Mata, 2010a; Ryan, & Walker, 2007; Triseliotis, 1993). En el caso de los menores adop-tados, la evidencia empírica indica que esta comunicación se relaciona con un mejor ajuste a lo largo de la adopción (Brodzinsky, 2006; Juffer, & Van IJzendoorn, 2005).
La comunicación sobre el acogimiento en familias acogedoras: la situación en España
En una investigación preparatoria de un programa de apoyo para adolescentes en acogimiento en familia extensa, Balsells, Fuentes-Peláez, Mateo, Mateos y Violant (2010) detectaron que una de las principales necesidades de los jóvenes era conocer de su propia historia y las razones que les condujeron al acogimiento familiar. Por su parte, Gómez (2006) observó que el 62.5% de las familias extensas acoge-doras a las que se prestaba atención psicológica presentaban problemas relacionados con la comunicación o la clarifica-ción a los menores acogidos de algún aspecto o la totalidad de su historia. Sin embargo, y a pesar de la relevancia de estos datos, son muy pocas las investigaciones que abordan este tema en el acogimiento familiar, donde existe una nota-ble falta de formación y apoyo a las familias acogedoras y también una falta de formación y recursos entre los profesio-nales (Álvarez-Baz, 2009; Baynes, 2008; Edelstein, Burge, & Waterman, 2001; Fernández, & Fuentes, 2000; Gómez, 2006; Jiménez, & Palacios, 2008; Jiménez, Martínez, & Mata, 2010a; Montserrat, 2008; Shotton, 2010, 2013). Entre las muy escasas y limitadas aportaciones exis-tentes sobre este tema en nuestro país, Jiménez y Palacios (2008) pusieron de relieve en una investigación con familias acogedoras que la mayoría de los acogidos conocían su si-tuación familiar (68%), aunque el porcentaje de los que no la conocían era significativamente mayor entre los acogidos en familia extensa (30%) que en familia ajena (19%). La edad promedio a la que comenzaba esa comunicación se situó en torno a los 6 años, lo que indica que pueden pasar entre 2 y 3 años en acogimiento antes de que el tema se aborde. Aunque la mayor parte de los acogedores de este estudio valoraron positivamente la comunicación y habían hablado con los acogidos sobre su historia y su situación familiar, un porcentaje que oscila entre el 38% en el primer estudio y el 24,3% en el más reciente (Jiménez et al., 2013) manifestaba no haberlo hecho con menores cuyas edades rondaban, o incluso superaban, los 9 años. Llama la atención en este contexto que prácticamente la mitad de los acogidos en esta investigación se dirigieran a sus acogedores
llamán-doles papá y mamá. Cuando esta comunicación se da, las conversaciones ocurren de forma muy esporádica (sólo entre el 20% y un 28% lo hace con alguna frecuencia). Respecto a los acogidos, aproximadamente el 30% se sitúa ante el tema con interés, curiosidad o naturalidad, frente al 50% que nunca habla del tema o sencillamente lo evita.
Un estudio más reciente con familias acogedoras ex-tensas analizó qué aspectos del funcionamiento familiar, la adaptación y el ajuste de los menores se relacionaban con esta comunicación (Jiménez, Palacios, León, & Muñoz, 2012; Jiménez et al., 2013). La comparación reveló dife-rencias estadísticamente significativas entre las familias que habían hablado con sus acogidos sobre el acogimiento (75%) y las que no lo habían hecho (25%). En primer lugar, la edad media de los niños y niñas en el momento del estu-dio era un año menor en el grupo de los que aún no habían comunicado. En cuanto al funcionamiento familiar, los datos indicaron que las familias que habían hablado con los acogidos mostraban una mayor Disposición para satisfacer las necesidades psicológicas y educativas de los niños, así como una mayor Cohesión Familiar y también una mayor Capacidad de Adaptación ante nuevas situaciones. Además, las familias que habían hablado de estos temas con los aco-gidos valoraban de manera significativamente más positiva la comunicación que las que no habían hablado. Finalmente, el estudio mostró que el grupo de niños y niñas con los que se había hablado habían experimentado una evolución más satisfactoria a lo largo del acogimiento.
dinámica relacional entre acogidos y acogedores y también un predictor de la evolución del acogimiento.
De estos estudios también se desprende, por último, la necesidad de acometer con urgencia, pero con profundidad, una estrategia de apoyo y formación de las familias en el ámbito de la comunicación con los acogidos sobre el aco-gimiento y su historia familiar.
El trabajo de historia de vida con niños y niñas en acogimiento
Como ya hemos referido anteriormente, la idea de abordar con los niños y niñas estos temas en el acogimiento familiar y residencial no es nueva (Fahlberg, 1994; Baynes, 2008; Fernández, & Fuentes, 2000; Ryan, & Walker, 1985; Triseliotis, 1993). El modelo más ampliamente utilizado y reconocido en este tipo de intervención es, sin duda, el ba-sado en el trabajo de historia de vida (Baynes, 2008; Clark, & Stantham, 2005; Cook-Cottone, & Beck, 2007; Fahlberg, 1994; Ryan, & Walker, 1993, 2007; Shotton, 2010, 2013). El trabajo de historia de vida es un recurso de intervención ori-ginalmente desarrollado para atender las necesidades de los niños y niñas separados de sus familias de origen y que están en adopción o en acogimientos de larga duración (Baynes, 2008; Cook-Cottone, & Beck, 2007). Según Baynes (2008), comprende tres elementos principales: la recopilación de objetos valiosos, fotografías y recuerdos; la elaboración de un relato escrito en el que se recoge información sobre la fa-milia de origen y se explican las razones del acogimiento; y la comunicación de esta historia al niño de una manera clara y significativa para él o ella. En este enfoque se invita a los niños y niñas a participar activamente en la elaboración de esta historia a través del dibujo, el juego, las manualidades e incluso mediante la realización de visitas a sus anteriores cuidadores. En el caso de los más pequeños, son los edu-cadores o los acogedores los encargados de recoger toda la información valiosa y de escribir la historia del niño o de la niña. El trabajo de historia de vida es un instrumento de intervención basado en un enfoque biográfico ideado para ayudar a los niños y niñas a comprender y dar sentido a sus vidas. En el caso de los niños y niñas que están en acogi-miento, este tipo de intervención está indicada de manera especial para dar continuidad a su experiencia vital y para abordar su identidad en clave positiva (Cook-Cottone, & Beck, 2007; Fahlberg, 1994; Ryan, & Walker, 2007).
Aunque la forma más frecuente en la que se materializa es a través de la realización de un libro de vida, también se pueden utilizar vídeos, fotografías, objetos y recuer-dos u otras formas de expresión plástica o escrita; o una combinación de todas. En realidad, lo importante no es el producto final sino el proceso, el camino que el niño y el adulto siguen para rescatar y elaborar las experiencias del pasado, encarar el presente y proyectarse hacia el futuro. Eso sí, el trabajo debe quedar registrado y de él tiene que
quedar constancia material para que niños y niñas puedan utilizarlo de referencia y volver a él cuando lo deseen: a fin de cuentas se trata de su historia y su identidad. Por último, aunque el trabajo de historia de vida aborda temas sensibles y puede ayudar a niños y niñas a sentirse mejor consigo mismos y con su situación familiar no es psicoterapia, ni sustituye de ninguna manera el trabajo terapéutico que estos niños puedan necesitar (Baynes, 2008).
Mientras que en algunos países, como el Reino Unido o EEUU, existe una tradición de este tipo trabajo con niños y niñas del sistema de protección que se remonta a principios de la década de los 80 del siglo pasado, en nuestro país ha ido tomando carta de naturaleza en los últimos años, en especial vinculado al auge de la adopción internacional y a la necesidad de abordar con estos niños y niñas su historia personal y sus orígenes (Berástegui, 2008; Berástegui, & Gómez, 2007; Rosso, 2008; San Román, 2013). Así, aunque es posible encontrar profesionales en centros de acogida y en entidades que desarrollan algunas actividades con familias y emplean algunos recursos técnicos con niños y niñas en los que se abordan estos temas, estas iniciativas carecen de la necesaria sistematización y apoyo técnico, suelen desa-rrollarse aisladas unas de otras y, con frecuencia, no están convenientemente documentadas. Sin duda, la propuesta más elaborada y sistemática llevada a cabo hasta el momento en España en este ámbito es el libro de vida Así soy yo de la Junta de Castilla y León (2003), aunque recientemente se ha presentado otro programa en la Comunidad Autónoma de Extremadura (Gordillo, & Gómez, 2013) que sigue la línea marcada por Así soy yo y por el programa que aquí presentamos.
El programa Viaje a mi historia
El programa Viaje a mi historia (Jiménez, Martínez, & Mata, 2010a) se diseñó con el fin de proporcionar informa-ción y conocimientos sobre el trabajo basado en la historia de vida a profesionales y acogedores y para impulsarles a incorporar este enfoque en su relación y en su trabajo con niños y niñas acogidos. Además, el programa trata de ofrecer modelos de actuación y servir de recurso en el trabajo de historia de vida en acogimientos familiares y residenciales y, de esa manera, contribuir a que los niños y niñas acogidos puedan conocer su historia personal y familiar y puedan desarrollar una identidad positiva durante el acogimiento.
en el Reino Unido por estas entidades, se procedió al diseño de las actividades y del material básico del libro de vida que se utilizaría en el programa. A continuación, se procedió a llevar a cabo un estudio piloto en las provincias de Sevilla y Granada en el que participaron 6 menores de dos centros y 4 en acogimiento familiar con edades comprendidas entre 4-12 años. También colaboraron en la realización de las actividades y en la valoración del programa los educadores, el personal técnico de acogimiento familiar y los acogedores de los menores participantes. Este estudio permitió poner a prueba el material y las actividades en su contexto real, lo que contribuyó decisivamente a modificar el orden y la forma en que se realizaban determinadas actividades, par-ticularmente las que abordaban contenidos más sensibles para los niños. El estudio también supuso cambios en el formato de algunas actividades para hacerlas más sencillas y atractivas. Además, la observación de la relación de aco-gedores y educadores con los menores durante la realización de las actividades permitió obtener información muy valiosa acerca de su actitud ante el tratamiento de estas cuestiones y acerca de la importancia de unas relaciones de calidad entre adultos y acogidos en la realización del trabajo. Así pues, estas observaciones pusieron de manifiesto la nece-sidad de incorporar al programa actividades de formación previa dirigidas a los profesionales y a las familias, así como actividades de seguimiento y apoyo durante la realización del trabajo.
En su formulación final, el programa Viaje a mi historia (Jiménez, Martínez, & Mata, 2010a) propone a los acoge-dores familiares y a los educaacoge-dores de los centros que traten con niños y niñas de una manera estructurada y sencilla acerca de sus orígenes familiares, de las razones por las que están en acogimiento y acerca de cuál puede ser su futuro durante su estancia en centros o en familias acogedoras. El objetivo principal estas actividades es ayudar a los niños a comprender los acontecimientos significativos de su pasado, a afrontar los sentimientos derivados de esos aconteci-mientos y a mirar al futuro de manera positiva, sintiéndose implicados en la planificación de sus vidas. El programa trata de evitar que se produzcan rupturas dramáticas en el relato personal de estos niños y niñas y se fundamenta en acompañarles en la activa elaboración de una secuencia de acontecimientos que tenga sentido para él o ella en función de su edad, su madurez y las circunstancias vividas antes y en torno a la separación. Se trata de contribuir a que el niño o la niña elabore un relato coherente acerca de sí mismos que les permita proyectarse hacia el futuro con confianza sobre la base de una imagen positiva y la experiencia de sentirse aceptados, valorados y queridos por sus acogedores o sus educadores.
Así, con bebés y niños pequeños (0-3 años), el programa propone a las familias acogedoras y a los educadores regis-trar de manera regular y periódica, mediante la realización de fotografías, notas escritas y dibujos, etc. las vivencias,
los hitos evolutivos y los momentos especiales de la estancia del niño en el centro o en la familia acogedora y, al tiempo, ser depositarios de esos recuerdos, que los menores se llevarán consigo cuando finalice su estancia en el centro o en la familia. A partir de los 4-5 años, para llevar a cabo el programa, acogedores y educadores deberán dedicar con una frecuencia semanal (que puede aumentar o disminuir en cada caso en función de las circunstancias) un espacio y un tiempo a la realización de las actividades. Con este fin, Viaje a mi historia propone tareas sencillas que niños y adultos pueden realizar juntos en un contexto de actividad compartida y de juego. Sin duda, el recurso técnico prin-cipal consiste en la realización conjunta de las actividades del libro de vida, pero también se propone la utilización de otras técnicas y estrategias específicas de este tipo de intervención como el flujograma, el ecomapa, los cuader-nillos de presentación, el camino de la vida, etc., así como la utilización de recursos habituales en el trabajo con niños como el juego, la expresión plástica y las manualidades. Así pues, las actividades del programa se pueden llevar a cabo con niños y niñas con edades comprendidas entre el nacimiento y los 12 años desde el momento de su ingreso en el acogimiento. La duración de la actividades del programa puede variar considerablemente ya que muchas de ellas pueden repetirse y actualizarse tantas veces como quiera el niño o la niña y deben adecuarse en todo momento al ritmo que cada menor necesite.
Materiales
Guía
El programa consta de una guía con documentación explicativa, técnicas y orientaciones prácticas para realizar el trabajo de historia de vida con niños y niñas dirigida a profesionales y acogedores (Jiménez, Martínez, & Mata, 2010a).
El contenido de la guía se divide en dos grandes aparta-dos. El primero de ellos se dedica a fundamentar este tipo de intervención, justificando su necesidad, abordando los prin-cipales aspectos conceptuales y metodológicos y tratando acerca de las actividades y recursos técnicos de uso común en este enfoque. En el segundo, se realiza un recorrido por cada una de las fases que caracteriza la práctica del trabajo de historia de vida en el programa.
La primera corresponde a la fase de Investigación y pre-paración previa, consistente en la recopilación por parte de profesionales y de acogedores de la información relevante acerca del niño y de su familia.
La siguiente fase, Forjando las relaciones, es una conti-nuación de los encuentros de la fase anterior y se basa en el fortalecimiento del conocimiento mutuo y la planificación de las sesiones.
La siguiente etapa en el recorrido que propone el pro-grama es la fase que llamamos Desde el presente al pasado con el fin de trabajar la identidad y la historia pasada de los niños y niñas y ayudarles a comprender los cambios que se han producido en su vida.
La última fase, Mirando hacia el futuro, pretende ayu-dar a los niños y niñas a reducir la incertidumbre acerca de su futuro, proporcionándoles la información que necesitan sobre su plan de intervención. Especial énfasis cobra en esta fase el tratamiento de los sentimientos, deseos y temo-res sobre la medida de protección y, en general, en todo lo relativo a su trayectoria futura.
Esta guía es un instrumento fundamental del programa ya que facilita a los profesionales la adquisición de los co-nocimientos básicos del trabajo de historia de vida al tiempo que sirve para estructurar la intervención, proporcionando los recursos prácticos necesarios para la realización de ac-tividades tanto con menores como con familias.
Libro de vida
El programa también se acompaña de un modelo de libro de vida. La realización conjunta por parte de menores y acogedores o educadores de las actividades propuestas en este libro a lo largo del acogimiento es el segundo pilar del programa.
Viaje a mi historia (Jiménez, Martínez, & Mata, 2010b) es un libro de vida diseñado para niños y niñas de edades comprendidas entre 5-6 y 12 años y que están en acogimien-to familiar o residencial. Su principal objetivo es ayudar a niños y niñas a construir la historia de sus vidas registrando hechos y acontecimientos significativos acerca de sí mis-mos, acerca de sus familias de origen y acerca del lugar y las personas con las que viven; hechos y recuerdos de sus orígenes y de cómo eran en el pasado; de cómo son en el presente, de cuáles son sus gustos, temores y aspiraciones y acerca de los cambios que se están produciendo en sus vidas y que les afectan de manera directa. Con una frecuencia se-manal, que puede variar según las circunstancias concretas, niños y niñas, con ayuda de sus acogedores y/o educadores, pueden ir plasmando en él sus observaciones personales y sus pensamientos, sus recuerdos personales y familiares, sus sentimientos y sus deseos acerca de las cosas que les pasan y el rumbo que tomará su vida mientras están en aco-gimiento. Por este motivo, este libro ha sido diseñado para ser usado de manera flexible, creativa y sensitiva, con un tamaño que permite escribir y dibujar, añadir nuevas hojas y actividades, pegar fotos a modo de álbum o recortes, ser utilizado como un diario, etc.
El libro de vida Viaje a mi historia permite abordar los temas fundamentales del trabajo de historia de vida al
tiempo que facilita muy notablemente la actividad a educa-dores y acogeeduca-dores (ver tabla 1). El libro se acompaña de un manual de uso que permite a los acogedores o a los educa-dores planificar el trabajo y sacar el máximo partido a cada una de las actividades, adaptando secciones y actividades a las circunstancias de cada niño y a las que son propias del acogimiento familiar o residencial. El trabajo conjunto en torno a este libro es sin duda una de las actividades centrales del programa.
Tabla 1. Secciones y principales contenidos del libro de vida “Viaje a mi historia”.
Así soy yo - Datos personales (nombre y apellidos, fecha y lugar de nacimiento, nacionalidad,…). - Datos sobre mi salud (grupo sanguíneo,
alergias, enfermedades,..). - Descripción física.
- Hitos en el desarrollo (cuando empecé a andar, mis primeras palabras,..).
- Mis gustos y preferencias (comidas, ropa, personajes, música, programas de televisión, juegos, animales preferidos…).
- Ocio y tiempo libre. Mi familia de
origen - Mi madre.- Mi padre.
- Mis hermanos y hermanas. - Esta es mi familia. - Otros familiares. - La casa de mis padres. Mi llegada al
acogimiento - Bienvenida.- Los primeros momentos.
- El mi habitación y el lugar en el que vivo. - Mis primeras actividades en el acogimiento. - Momentos en mi vida hasta el presente. - Motivos del acogimiento.
Mi nuevo hogar, mis amigos y mis amigas
- Localización.
- Mis acogedores y mis educadores.
- Mi relación con mi familia acogedora o mis educadores.
- Las visitas de mis familiares. - Mis amigos/as en el acogimiento. Mi colegio - Mi colegio.
- Mis compañeros/as de clase
- Gustos y preferencias en relación con el colegio.
- Actividades extraescolares. - Datos académicos. Mis
actividades en el acogimiento
- Cumpleaños. - Excursiones y viajes. - Vacaciones.
- Recuerdos y ocasiones especiales. Mis
pensamientos y
sentimientos
- La historia de Daniel. - Cosas que me hacen reír. - El semáforo de los sentimientos. - Personas que me hacen sentir bien. - Mis pensamientos y sentimientos. Mi futuro - Entrevista a mis cuidadores.
- Expectativas de futuro en el acogimiento. - Dudas y temores.
Caja de recuerdos
Además, el material del programa se completa con una caja decorada con los colores y motivos gráficos del progra-ma que llaprogra-mamos la caja de los recuerdos. El prograprogra-ma pro-pone que esta caja se entregue a los menores en el momento de su llegada a los centros o a las familias acogedoras. En su interior, cada caja contiene un libro de vida para el niño/a, un ejemplar de la guía que se dirige a los acogedores y un obsequio para el menor. La caja se puede personalizar y en ella se pueden guardar los objetos y recuerdos que el niño o la niña vaya “atesorando” durante el acogimiento. Una vez que el menor finaliza su estancia en una familia acogedora o en un centro se lleva a su nuevo destino su caja conteniendo su libro de vida y todos aquellos recuerdos y objetos que desee y que hayan adquirido un significado especial para él o ella durante su acogimiento.
Implantación actual del programa
La puesta en marcha del programa se ha llevado a cabo en distintas fases desde su presentación oficial en marzo de 2011. La primera fase consistió en dar a conocer el pro-grama y en formar a los profesionales que trabajan en el sistema de protección en Andalucía en centros de menores y con familias de acogida. Con ese fin, organizados por el Observatorio de la Infancia en Andalucía (OIA) y la Direc-ción General Infancia y Familias (DGIF), los autores del programa llevaron a cabo en 2011 dos cursos en Sevilla y uno en Granada de 20 horas presenciales de duración cada uno en los que participaron un total de 75 profesionales. Para ampliar el ámbito de formación, el equipo del programa diseñó un curso de formación en modalidad on-line de 30 horas lectivas que ha sido ofrecido a través de la plataforma de formación virtual del Observatorio de la Infancia en Andalucía en varias ediciones. Hasta el momento, a través de este recurso on-line se han formado más de 500 profe-sionales. La formación impartida en estos cursos combina el tratamiento de aspectos teóricos y prácticos del trabajo de historia de vida desde un enfoque activo y participativo. Naturalmente, ello implica la exposición de contenidos, la lectura comprensiva, el estudio de las propuestas y el material del programa, la realización de ejercicios y activi-dades individuales y en grupo, el análisis de casos a través de documentos y/o vídeo, la puesta en común de historias y experiencias relacionadas con el trabajo de historia de vida, etc..
Los contenidos principales de estos cursos fueron: (1) identidad, comunicación y tratamiento de orígenes en niños y niñas acogidos; (2) el trabajo de historia de vida: justifica-ción, fundamentos, técnicas y recursos más habituales; (3) presentación del programa Viaje a mi historia: principales propuestas, fases y materiales; (4) habilidades básicas del trabajo de historia de vida; (5) reconociendo actitudes y reacciones en el niño/a y el tratamiento de la información
potencialmente sensible; y (6) condiciones, criterios y limitaciones de la práctica del trabajo de historia de vida.
El perfil profesional más frecuente de los participantes en estas actividades formativas es el de educador/a (41%), el de psicólogo/a (21%) y el de trabajador/a social (20%). Los centros protección de menores son los lugares de trabajo más frecuentes, seguidos de las entidades colaboradoras que trabajan en el ámbito del acogimiento familiar. Con menor presencia, algunos de los participantes desarrollan su labor en ayuntamientos y diputaciones o en los servicios técnicos de la Junta de Andalucía. Las actividades de formación han sido muy bien valoradas por los participantes y el material del programa está entre los documentos técnicos más des-cargados del portal del OIA.
La segunda fase tiene que ver con la implantación propiamente dicha del programa con niños y niñas. En esta segunda fase, habría que distinguir entre el acogimiento familiar y el acogimiento residencial. En el primer caso, corresponde a las Instituciones Colaboradoras de Integra-ción Familiar (ICIF), que son las entidades que trabajan directamente con las familias de acogida, dar a conocer el programa y formar a las familias contando con los profesionales previamente formados en los cursos. En el caso del acogimiento residencial, son los profesionales de equipos de los centros, previamente formados, los que van poniendo en práctica el programa con los niños y niñas bajo la supervisión del equipo de coordinación de la DGIF. Dada la cantidad y la complejidad de recursos necesarios para la puesta en marcha del programa en las ocho provincias andaluzas, esta implantación se ha llevado a cabo de manera escalonada por provincias, primero en Andalucía Occidental y después en las provincias orientales de la Comunidad.
Para implantar el programa en el acogimiento re-sidencial en Andalucía Occidental, la DGIF procedió a seleccionar los Centros de Acogida Inmediata (CAI) con menores acogidos con edades comprendidas entre los 6 y los 12 años. Se comenzó en Cádiz con tres centros en noviembre de 2012, y seguidamente en Huelva y Sevilla también con tres centros respectivamente. En la actualidad se está llevando a cabo el programa con un total de 37 niños y niñas, número que se irá ampliando conforme se vayan produciendo nuevos ingresos de menores con edades dentro del margen establecido. Hasta el momento, la implantación del programa en Andalucía Oriental se ha iniciado solo en los centros de protección seleccionados de la provincia de Granada.
Actualmente, teniendo en cuenta solo los acogimientos familiares, en las cuatro provincias occidentales habría 110 familias y 125 menores realizando las actividades del programa.
El trabajo con estas familias se inicia en todos los casos con unas sesiones previas de formación en grupo a cargo de los profesionales de la entidad en donde se presenta el mate-rial del programa (con especial mención al libro de vida) y en las que se abordan los contenidos fundamentales del trabajo de historia de vida. La duración de estas actividades es de unas ocho horas, aunque la estructura y la frecuencia de las sesiones varía de unas entidades a otras. Seguidamente, cada familia comienza a trabajar con el cuaderno de presentación y el libro de vida, de acuerdo a las directrices del programa y adaptando las actividades a cada niño o niña en función de su edad, todo ello bajo la supervisión, el seguimiento y el apoyo de los equipos técnicos de las entidades. En algunos casos, también se han programado sesiones grupales para compartir experiencias y resolver dudas, así como para supervisar el trabajo realizado. Con niños más pequeños (0-3 años), lo más frecuente es que las familias empiecen por elaborar un álbum con fotos y dibujos en el que cuentan las experiencias y vivencias del menor acogido y que con-tiene información básica sobre sus padres y su situación de acogimiento. Aunque la mayoría de las familias considera que el libro de vida del programa es útil y atractivo, algunas consideran que necesita ciertas adaptaciones y, en algunos casos, que recuerda demasiado a las tareas escolares. Así, algunas familias que prefieren hacer un libro personalizado siguiendo el guión de actividades propuesto en el modelo del programa e incluyendo o adaptando actividades y con-tenidos. El seguimiento de estas familias ha revelado que la realización de las actividades requiere unas condiciones tanto por parte de las acogedores como por parte de los me-nores que a veces no se dan (tiempo suficiente, tranquilidad y situación adecuada, concentración, expresión escrita,..), lo que, en algunos casos, puede dificultar la frecuencia y la continuidad del trabajo.
En la actualidad se está llevando a cabo una investiga-ción con familias de acogida en las provincias de Sevilla y Cádiz cuya finalidad es hacer un seguimiento del programa y conocer cómo afrontan los acogedores y acogedoras las actividades propuestas. Aunque no ha finalizado la recogida de información de este seguimiento y, por lo tanto, es prema-turo extraer conclusiones podemos decir que el programa ha contribuido muy positivamente a generalizar y a normalizar la comunicación entre menores y sus acogedores en torno a su historia de vida. También parece desprenderse de las entrevistas realizadas hasta el momento que las familias necesitan un mayor acceso a la documentación relevante y un mayor conocimiento de los acontecimientos significa-tivos de la biografía del menor, al tiempo que el material del programa podría necesitar ciertos ajustes. Por último, a pesar de la formación recibida y de la motivación y el cariño
que ponen las familias en la realización de las actividades, parece que siguen teniendo dificultades para tratar algunos temas, no están familiarizadas con el uso de determinadas técnicas y, en algunos casos, se les olvida que deben favo-recer la implicación y la participación directa de los niños en las actividades, dándoles el lugar que verdaderamente les corresponde en el trabajo de historia de vida.
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