COMISIÓN DIOCESANA PARA LA PASTORAL LITÚRGICA PUNTOS SOBRE LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA QUE HAY QUE TENER EN CUENTA

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Muy estimado hermano sacerdote:

Reciba un cordial saludo deseándole, en el Señor, toda clase de bienes y bendiciones para usted y su comunidad.

Como usted sabe, esta Comisión Diocesana ha venido visitando cada uno de los decanatos de nuestra Diócesis con el fin de compartir un curso básico de liturgia, que ha consistido, prácticamente, en la explicación de cada una de las partes que componen la celebración de la Santa Misa. Durante las exposiciones tenidas, se ha dado tiempo para escuchar las dudas e inquietudes que surgen en nuestros agentes involucrados en las celebraciones litúrgicas. Las dudas que surgían era por la manera en cómo se celebra en la propia parroquia, algunas de ellas provocaban sorpresa por lo que nuestros agentes exponían.

Para ayudar a mejorar nuestras celebraciones eucarísticas y, sobre todo, para celebrar con el espíritu auténtico que la Iglesia nos propone (no se trata de uniformar), esta Comisión ha considerado necesario y oportuno hacer algunas aclaraciones sobre algunas partes de nuestras Eucaristías, en las que hemos venido notando prácticas que no se apegan al verdadero espíritu litúrgico.

Esperamos que estas aclaraciones ayuden a mejorar, incluso de forma notable, nuestras celebraciones y que éstas, de verdad, se conviertan en una auténtica epifanía de la presencia de Cristo «el que ora por nosotros, ora en nosotros y al mismo tiempo es a él a quien dirigimos nuestra oración»1 y de un verdadero espíritu de oración y alabanza que se dirige al Padre Eterno por Cristo en el Espíritu Santo. Estas aclaraciones van dirigidas, también, a nuestros agentes de Pastora Litúrgica.

1. Ambientación:

1.1.Al comenzar la Celebración Eucarística, debe estar todo lo necesario preparado con anticipación (Misal separado con las oraciones que se utilizarán, Leccionario, Altar dispuesto, vasos sagrados, velas encendidas, ministros listos, coro en su lugar, etc.). No improvisar en el momento; no preparar inmediatamente antes de iniciar la celebración.

1.2.Procúrese, por todos los medios posibles, contar con suficientes ministros que ayuden a una celebración más digna: servidores del altar, lectores para cada una de las lecturas (Salmo incluido), monitor (si se requiere), coro, colectores, etc. Evitar que entre pocos se haga todo y cada ministro haga sólo aquello que le corresponde (Cfr. Concilio Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium, 28).

1.3.Utilizar durante la celebración sólo los libros litúrgicos legítimamente aprobados. No utilizar Misales Mensuales, anuales o Propios de la Misa, que no son sino subsidios y no están para suplantar el libro litúrgico legítimamente aprobado.

1.4.Si hay intenciones para la celebración, pueden leerse antes de iniciarla o bien, si las circunstancias lo permiten, en la oración de fieles.

                                                                                                                         

1 SAN AGUSTÍN, Comentarios sobre los salmos 85,1: PL 37,1081.

COMISIÓN DIOCESANA PARA LA PASTORAL LITÚRGICA

PUNTOS SOBRE LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA QUE HAY QUE TENER EN CUENTA

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1.5.El Altar debe tener mantel blanco (IGMR 304) y no según el color litúrgico correspondiente al tiempo que se celebra. El altar es donde se actualiza, en cada Eucaristía, el Misterio Pascual de Cristo, nuestra máxima (e incluso única) fiesta. El color utilizado para la Pascua y para las fiestas ha sido el blanco, por lo tanto es el color que le corresponde tener siempre (Cfr. IGMR 296. 297).

1.6.Colocar sobre el altar sólo aquello que se requiere para la celebración de la Misa y cuando se debe utilizar: Evangeliario, Misal (durante la plegaria eucarística), vasos sagrados, corporal, purificador, palia. Evitar poner ahí carpetas, avisos, lentes, etc. ¡No es un escritorio! (Cfr. IGMR 306).

1.7.Respecto a la vestidura de los ministros que sirven en la liturgia: Debe ser decorosa, acorde a la fiesta que se celebra. A los servidores del altar no imponerles sotana negra; ésta es propia de los clérigos y de los seminaristas en formación (cuyo distintivo como tales es la banda azul; fajín negro para los clérigos). Tratemos de no clericalizar a nuestros laicos con vestiduras que los hagan parecer tales. Cada comunidad puede establecer su propia vestidura, buscando no suscitar esta confusión entre la vestidura del Ministro Ordenado y la del laico que sirve en la liturgia (cfr. IGMR 335-339).

1.8.Sobre los cantos: utilizar aquellos cantos que sean de índole netamente católica, surgidos en una comunidad que celebra y adora la Eucaristía. No utilizar cantos protestantes o parodias de canciones profanas, cuya letra ha sido modificada para poder cantarla “en sentido cristiano” (por ejemplo la melodía de la canción “amor eterno”, hecho un canto a la Virgen; el canto de “Saber que vendrás”, parodia de la canción de Blowin in the wind de Bob Dylan, etc.). El canto de “Hay ángeles volando en este lugar” es de origen pentecostal, por lo tanto hay que omitirlo en las celebraciones litúrgicas.

1.9.El sacerdote que preside debe utilizar estola y casulla, no sólo estola o no sólo casulla (cfr. IGMR 336-337).

2. Curso de la celebración:

2.1.Canto de entrada: «Su fin es abrir la celebración, fomentar la unión de quienes se han reunido, elevar sus pensamientos a la contemplación del Misterio del tiempo litúrgico o de la fiesta y acompañar la procesión de sacerdotes y ministros» IGMR 47. Éste debe terminar al llegar el Sacerdote a la sede, no extenderse más; su finalidad ha sido cumplida.

2.2.Saludo: No decir el saludo cotidiano (buenos días, buenas tardes). El Misal nos propone 25 formas distintas de saludo, de acuerdo al tiempo litúrgico. Se trata de un saludo litúrgico-celebrativo. La celebración responde a una realidad que trasciende la realidad cotidiana, por ello el saludo “normal” o cotidiano no tiene lugar en nuestra celebración.

2.3.Señor, ten piedad: Los coros de nuestras comunidades utilizan versiones que agregan: Ten piedad de nosotros. El texto litúrgico desconoce este por nosotros. Sólo decir o cantar: Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Esta segunda parte (ten piedad de nosotros), sí se dirá en el momento del Cordero de Dios.

2.4.Liturgia de la Palabra: «No está permitido cambiar las lecturas y el salmo responsorial que contienen la Palabra de Dios, por otros textos no bíblicos» IGMR 57. «La proclamación de la Palabra de Dios no es tanto un momento de meditación o catequesis, sino que es el diálogo de Dios con su pueblo» SS JUAN PABLO II, Carta Apostólica Dies Domini sobre la santificación del Domingo, 41.

2.5.Modo de anunciar las lecturas y el evangelio: Por mucho tiempo se extendió la costumbre de que el lector decía: “Lectura del libro de…, Palabra de Dios tomada del libro de…” o en el caso del Evangelio: “Proclamación del Santo Evangelio según San…” u otras fórmulas semejantes. Para México, la manera que la CEM ha dispuesto es, simplemente (para las lecturas y el Evangelio): “Del libro de… Del Santo Evangelio según San…” (cfr. IGMR 134. 175). Al comenzar el Evangelio, el saludo que se hace a la Asamblea es: El Señor esté con ustedes, y no QUE EL SEÑOR ESTÉ CON USTEDES. Vale también esta aclaración para los demás saludos que se le dirija a los fieles.

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2.6.Aleluya: «Después de la lectura que precede inmediatamente al Evangelio, se canta el Aleluya. Esta aclamación constituye por sí misma un rito o un acto en el cual la asamblea de los fieles recibe al Señor que está por hablar en el Evangelio» IGMR 62. Si se utiliza incienso, no se hace silencio al terminar la 2ª lectura o el Salmo previo al Evangelio; se canta apenas terminada la lectura correspondiente el Aleluya, mientras se pone incienso y, en su caso, se bendice al diácono o mientras el concelebrante va por el Evangeliario (Cfr. Misal Romano 3ª edición típica para México, Ordinario de la Misa n. 13-14, p. 476).

2.7.Silencio: Es una herramienta muy necesaria y oportuna: «se puede guardar antes de que inicie la misma Liturgia de la Palabra, después de la primera y segunda lectura y terminada la homilía» (IGMR 56). No debe ser demasiado prolongado ni demasiado breve que no llegue a percibirse. También tener cuidado de no abusar del tiempo que duraría en la celebración.

2.8.Homilía: «La Homilía es la piedra de toque para evaluar la cercanía y la capacidad de encuentro de un Pastor con su pueblo… La homilía no puede ser un espectáculo entretenido… se trata de una predicación dentro del marco de una celebración litúrgica; por consiguiente DEBE SER BREVE Y EVITAR PARECERSE A UNA CHARLA O UNA CLASE» SS FRANCISCO, Exhortación Apostólica

Evangelii Gaudium 135.138. Entiéndase breve que dure de 10-15 min máximo; después de 20 minutos la capacidad de atención humana normal se pierde. «La homilía la hará, normalmente, el mismo sacerdote o él se la encomendará a un sacerdote concelebrante, o a veces, según las circunstancias, también al diácono, pero NUNCA A UN LAICO» CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, Instrucción sobre la Santísima Eucaristía Redemptionis Sacramentum (25 de marzo del 2004), 64.

2.9.Canto de ofertorio: Se entona sólo mientras se preparan las ofrendas sobre el altar y debe terminarse una vez que el sacerdote se coloque para hacer la oración sobre las ofrendas, terminado ya el lavatorio de manos (posterior a la incensación de ofrendas, si la hubo).

2.10.Cómo incensar: «La incensación significa la reverencia y la oración… El sacerdote pone en el incienso y lo bendice con un signo de cruz, sin añadir nada más… Se inciensa con tres movimientos: el Santísimo Sacramento, la reliquia de la Santa Cruz y las imágenes del Señor expuestas a la veneración pública, las ofrendas para el sacrificio de la Misa, la cruz del altar, el Evangeliario, el Cirio Pascual, el sacerdote y el pueblo… Con dos movimientos se inciensan las reliquias e imágenes de los Santos y expuestos a la veneración pública» IGMR 276-277. Hay que distinguir entre movimientos y series de movimientos: tradicionalmente hacemos dos o tres series de dos o tres o movimientos (incensamos 6 o 9 veces el objeto litúrgico o la persona a la que se inciensa). Puede permanecer esa costumbre, siguiendo la cantidad de movimientos que nos aclara la IGMR, haciéndola en series de dos o tres.

2.11.Plegaria Eucarística: «Es el punto central y el momento culminante de toda la celebración; es una plegaria de acción de gracias y de santificación» IGMR 78. La debe hacer sólo el sacerdote y, en su caso, los concelebrantes, quienes podrán decir la parte de la Plegaria que el Misal Romano prevé para ellos. No asociar a ningún fiel a que diga alguna parte de esta plegaria. Durante su recitación, en el altar, únicamente pueden estar en él: el Sacerdote presidente, el (los) diácono(s) (si lo(s) hubiera), el o los concelebrante(s). Los servidores del altar NO pueden ayudar al Sacerdote durante la Plegaria, por ejemplo a mover el Misal, excepto en casos de grave necesidad (enfermedad muscular, visual o algo semejante).

2.12.Epíclesis: La invocación al Espíritu Santo es imprescindible en la acción litúrgica. El gesto corporal con el que se indica que se invoca al Espíritu, antes del relato de la institución, es extender las manos sobre las ofrendas. Es este el momento en el que la Asamblea debe ponerse de rodillas, no antes ni después. Hay que enseñar a nuestras comunidades a que observen y escuchen los gestos y palabras que

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pronuncia el Presidente para que estén verdaderamente atentos y sepan hacer lo que les corresponde en el momento indicado.

2.13.Relato de la institución de la Eucaristía: «Se ha difundido el abuso de que el sacerdote parte la hostia en el momento de la consagración. Este abuso se realiza contra la tradición de la Iglesia. Sea reprobado y corregido con urgencia» CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, Instrucción sobre la Santísima Eucaristía Redemptionis Sacramentum (25 de marzo de 2004), 55. Esa fracción se realizará, propiamente, durante el canto del Cordero de Dios. No alentar a los fieles o, si es el caso, quitar la costumbre de responder después de la consagración de cada una de las especies: ¡Señor mío y Dios mío! Es una expresión que no aparece en el texto del Misal Romano; se trata de una costumbre que se va expandiendo. Es sólo costumbre, no un uso litúrgico. La aclamación litúrgica viene al terminar el relato y el Misal propone tres respuestas diferentes, según la que se utilice. Está, por lo tanto, de más decir: ¡Señor mío y Dios mío! como aclamación, aunque sea murmullo. «El pueblo se asocia al sacerdote en la fe y con el silencio, también en las intervenciones indicadas en el curso de la Plegaria Eucarística, que son: las respuestas en el diálogo del prefacio, el Santo, la aclamación después de la consagración y la aclamación “Amén”, después de la doxología final» CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, Instrucción sobre la Santísima Eucaristía Redemptionis Sacramentum (25 de marzo de 2004), 54. Otra costumbre que se ha notado en algunas comunidades es la de hacer una adoración eucarística durante el Relato de la Institución. La adoración la indica la postura corporal ya asumida desde la Epíclesis: de rodillas. Poner un canto eucarístico en este momento o cualquier otro acto de adoración, está fuera de lugar; ya la postura corporal y el silencio reverente indica, precisamente, adoración.

Hay que cuidar que durante el relato de la institución, mientras se tiene alguna de las especies en la mano, ya sea el pan o el cáliz con el vino, no hacer el gesto de pasar u ofrecer la especie que se está consagrando a los fieles. No se trata de una escenificación de lo que hizo Jesús. Es una representación (volver a hacer presente, platicarle al Padre) de lo que dijo e hizo su Hijo en la noche de la Última Cena.

2.14.Rito de la Paz: «Conviene que cada uno exprese el signo de la paz sobriamente y sólo a las personas más cercanas» IGMR 82. «El rito de la paz alcanza ya su profundo significado con la oración y el ofrecimiento de la paz en el contexto de la Eucaristía. El darse la paz correctamente entre los participantes en la Misa enriquece su significado y confiere expresividad al rito mismo. Por tanto, es totalmente legítimo afirmar que no es necesario invitar “mecánicamente” a darse la paz. Si se prevé que el intercambio no se llevará adecuadamente por circunstancias concretas2… se puede o se debe omitir» CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, Carta Circular sobre el Significado Ritual del don de la Paz en la Misa (8 junio 2014), 6a. «Será necesario que en el momento de darse la paz se eviten abusos tales como: la introducción de un canto para la paz, inexistente en el Rito Romano; los desplazamientos de los fieles para darse la paz; el que el sacerdote abandone el altar para dar la paz a algunos de los fieles; que en algunas circunstancias el darse la paz sea una ocasión para felicitar o expresarse condolencias entre los presentes» ÍDEM, 6c.

2.15.Fracción del Pan: El Canto del Cordero de Dios es un canto que acompaña a la acción. Por lo tanto se comenzará cuando el Sacerdote comience a fraccionar la(s) hostia(s) que se consumirán en la celebración.

                                                                                                                         

2 Circunstancias concretas: en bodas o en XV años, Ordenaciones Sacerdotales, Profesiones Religiosas, donde el saludo de paz deja de

ser tal para convertirse en felicitación; en los funerales pasa a ser el momento de dar el pésame a los dolientes. En estos casos, como lo afirma la circular de la Congregación, es preferible omitir el Saludo de Paz.

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2.16.Comunión: Antes de que los fieles se acerquen a recibir el Cuerpo del Señor, el sacerdote lo muestra a la asamblea reunida; esta “ostensión” de la especie eucarística debe hacerse levantando el pan y el cáliz, o bien sólo el pan (cfr. IGMR 84). NOTA: No volver a unir las fracciones del pan para esta ostensión; el pan ha sido partido y no tiene ningún sentido volver a reunir las partes en las que se ha fraccionado. Los fieles que se acerquen a comulgar, lo pueden hacer pidiendo la Comunión en la mano o en la boca, de pie o de rodillas (Cfr. CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, Instrucción sobre la Santísima Eucaristía Redemptionis Sacramentum [25 de marzo del 2004] 90. 92). Es deseable que se comulgue con Hostias Consagradas en la misma Misa (IGMR 85), por lo que hay que cuidar no sólo utilizar la Reserva Eucarística que se posea (que es para la comunión a los enfermos y para la adoración, para la cual bastaría una sola forma), sino que se consagre lo que se utilice. No dejar demasiadas formas en el Sagrario; hay que mostrar “la novedad” del milagro eucarístico que se realiza sobre el altar no sólo con la hostia que comulgará el sacerdote, sino también con las formas que comulgará la Asamblea.

2.17.Canto de comunión: «Mientras el sacerdote recibe el Sacramento, empieza el canto de comunión… el canto se prolonga mientras a los fieles se administra el Sacramento. En el caso de que se cante un himno después de la comunión, ese canto termínese a tiempo» IGMR 86. Es oportuno hacer un momento de silencio cuando se termine la comunión de los fieles (cfr. IGMR 88). Sería adecuando enseñar a los coros a terminar el canto de comunión cuando se termine de dar la comunión a la Asamblea; a partir de ahí guardar un silencio sagrado de adoración y de íntimo diálogo con el Señor a quien apenas se ha recibido.

2.18.Ritos de conclusión: Terminada la oración después de la comunión, se pueden dar los avisos. Hay que buscar que éstos sean breves en cantidad y redacción. Terminados los avisos se da la bendición al pueblo, de forma sencilla o solemne.

La descripción de los momentos apenas mencionados, cierto, no obedece a cada una de las partes de la Misa. Se han escogido éstos ya que es donde más hemos notado que se cometen abusos u omisiones en su ejecución. Esperamos que estas aclaraciones, sustentadas en el Magisterio de la Iglesia, sean de verdad una ayuda para mejorar nuestras celebraciones parroquiales y sea en nuestras comunidades donde brille la bondad y belleza del Culto Cristiano, que no celebra a nadie más que a Jesucristo, Señor Nuestro.

No se trata de uniformar la diócesis sino de unificarla en su espíritu celebrativo, para que la liturgia que nosotros celebramos sea la liturgia de la Iglesia de Rito Latino y no la Liturgia inventada o alterada por nosotros. Ésa será la mejor manera de ejercer el Sacerdocio Ministerial como tal: como un servicio y no una arbitraria posesión de lo que no pertenece a una persona sino a la Iglesia entera.

Con la aprobación del Señor Arzobispo para su publicación, difusión y pronta ejecución.

Chihuahua, Chih. A los 21 días del mes de Octubre A.D. 2014.

Comisión Diocesana para la Pastoral Litúrgica Arquidiócesis de Chihuahua

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