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ENFERMEDAD Y BIOGRAFÍA;]

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Jancia (trabajo de URnANrs-

bno.s agradecer la valiosa co- prestacto el profesor G.'.imez cando las larvas, y el doctol' a<lrid, facilitándonos bibllo-

ioGRAFIA

1ales. Viena, 1941.

'aringológica.

ier caso de miasis urinaria ctt Ea.

rn de 1949.

na Médica Española», agosto do s localizaC'iones raras de la mia.

,

ógica de San Pablo». Brasil, julio

~ire.

OPhis 1930. mastoide. «Anales de Mala- , 1 «Semana Médica Española», fe.

'IALE DEL CARRIL.-Otorrinolann- s, 1943.

N BADAJOZ

, la lesión no queremos de-

&s

dificultades que muchas

diferencial de esta afec- :

os de recidiva o de larga identificación con el lupus :no puede hacerse ni aun

f. tener estos casos una es- ,

o, DoSTROVSKI y F. SAGIIER

edio d~ Noguchi, moctifi- toman muestras con tu-

~has en los límites de la ,arásitos después de una anas en la estufa a 220 ;

rásitos aun en los casos haya sido positivo.

ropuesto también por es- ,Clermorreacciones con va-

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~cuenta

que el tratamien-

dos más rápidos, ya que

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la existencia 1ue suponer que la ende- mbre, nos inclinamos a recomienda Mmó, prac- centro de la lesión y pe- pón en veinticinco días ctos.

~ueremos

haeer también hón recomendada por el respuesta alérgica p0r unas preparadas con el lesiones apa:rentemen-

curación es definitiva es rs casos que están lla-

•.eja de tener importan- , y también puede ser-

~ectivo de una cicatriz

~s

ellas la reacción será icatriz no es específica omo ya decíamos.

ENFERMEDAD Y BIOGRAFÍA;]

CUATRO VIÑETAS DE HISTORIA CONTEMPORANEA

1.-El problema antes de la primera guerra :mundial. 11.-La obi·a .le Ludolf Krehl.

III.-La "medicina biográfica .. , de Viktor von W eizsaecker. IV.-El pi•obleme., hoy: Siebeck, el círculo de von Wei21saecker, la .. patología psicosomática ... Jasper~.

por el

Profesor Dr. PEDRO LAIN ENTRALGO

Catedrático de Historia de la Medicina en la Facultad de Medicina de Madrid.

I

EL PROBLEMA ANTES DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Entre Jos años 1907· y 1910, muy poco antes de su

":rte, seguía escribiendo Guillermo Dilthey esbozos capítulos sueltos para la nunca conclusa segunda :te de su Einleitung in die Geisteswissenschatten.

:o de ellos lleva por título «Die Biogrnphie», y eh él leen estas líneas : «Toda vida puede ser descrita : la

¡;queña como la poderosa, Ja cotidiana como la ex- ::iordinaria. Desde los puntos de vista más diversos,

:ede nacer el interés de hacerlo. La familia cons-er- asi sus r,écuerdos. La justicia criminal y sus teorías .;criben la vida de un delincuente; la patología psí- :!ca, la de un hombre anormal. Todo lo humano se Jeca en documentos que nos actualizan alguna de las :dnitas posibilidades de· nuestra existencia ... » (Ge'sam~

o!te Schriften, VII, 247).

El lector actual, y_ mucho más si es médico, no :pue- ' evitar un leve movimiento de sorpresa. ¿Por qué

sólo Ja «patología psíquica» la que estudia biográ- :camente a sus pacientes? ¿Acaso no los estudia así

~«Patología somática»? Pero la sorpresa sólo dura un rutante. Dos consideraciones llegan a disiparla. La

¡:unera, la fecha del texto: ¡primer decenio de nuestro

;:glo. La situación de la Medicina en esos años, ¿per- :nitía, por ventura, otro modo de pensar? La segunda :onsideración atañe rtanto a la Medicina misma como quienes opinan sobre ella. ¿No hay muchos médi- ros y muchos hombres reflexivos que, incluso hoy, si-

¡uen pensando lo que a primera vista parece indicar

:'Si' texto de Dilthey?

Nada menos que Jaspers escribe-incomprensible- :nente-en Ja quinta y última edición de su Allgemeine Psychopatologie : «A1 paso que el médico somático, en cuanto tal, sólo tiene que habérselas con una enferme- dad pasajera o crónica, o con una condición típica del mfermo, llámese sexo o constitución, pero no c-On la

;wsonalidad total, los psiquiatras se han preocupado

;iempre de toda la vida pretérita de sus enfermos, y m todos sus respectos, así los de naturaleza personal como los de naturaleza social» (IV, III, pág. 563). Si esto lo dice Jaspers en 1948, ¿cómo puede extrañar que Dilthey dijese algo parecido entre 1905 y 1910?

Recordemos, en efecto, cuál era la situación del pen- samiento médico en los tres primeros lustros de nues- tro siglo ; reconstruyamos lo que la Medicina «oficial>>

pensaba acerca de la enfermedad. Una enfermedad se- ria, a Ja postre, un trastorno, típico e individual a la rez, en el proceso material y energético de la vida.

Había llegado a su plenitud histórica y social la idea de la patología que proclamaron en el corazón del si- glo xrx las dos mentes más decisivamente rectoras de la Medicina entre 1850 y 1920: la de los discípulos di- rectos o indirectos de Johannes Müller-los fisiólogos Helmholtz, Du Bois Reymond y Pflüger; los morfó- logos Schwann y Henle; los patólogos y clínicos Vir- chow, Wunderlich, Traube, Frerichs-, y, por otra parte, a este lado del Rin, la mente de Cl. Be,rnard.

El año 1880 fundó Fr-erichs, ayudado por Leyden, la Zeitschrift jür klinische Medizin, en cuya «Introduc- ción», redactaida por el propio Frerichs, puede leerse, a título de consigna principal: «Las condiciones baio Jas cuales se configura la vida enferma deben ser in- vestigadas según el mismo proceder empírico que las del general proceso de la vida, del cual aquélla es sólo una fracción.» No -eran estas palabras sino repe- tición del pensamiento nosológico común a toda la escuela : «la patología no es sino fisiología en condi- ciones alteradas». Gran verdad. Pero a la ·hora de es- tudiar esa fisiología y esa patología, el fisiólogo y el patólogo no sabían considerar «científicamente» sino las determinaciones físicas y químicas de la vida sana o morbosa; y, según ellas, trataban de entender, more

mec1ianico, eso que Frerichs, todavia con indicios del pasa.do entus\i.a.smo romá'ntico, llamaba allgememen Lebensprocess, «general proceso de la vida».

No era otro el pensamiento de Cl. Bernard. Inequí- voca e insistentemente lo declara : «Las enf,ermedades no son, en el fondo, más que fenómenos fisiológicos en condiciones nuevas. Las reglas indicadas para la investigación fisiológica son absolutamente las mismas que conviene seguir en Patología y Terapéutica.» El laboratorio debe ser, por tanto, el árbitro de la Medi- cina entera: «Yo considero al hospital~escri,bía Cl. Ber- nard-sólo como el vestíbulo de la Medicina científica, como el primer campo de observación en que debe entrar el médico ; pero es el 1aboratorio el verdadero santuario de la ciencia médica.» Así se explica que en otra página pueda decir : «El médico se ve con fre- cuencia obligado a tener en cuenta en sus tratamien- tos eso que llaman influencia de lo moral sobre lo físico, y, ,por consiguiente, una multitud de consider.t- ciones de familia o de posición social que nada tie- nen que ver con la ciencia.» El pensamiento es diáfa- no : todo aquello en que interviene la libertad del hombre, es decir, lo verdaderamente humano de su condición, «nada tiene que ver con la ciencia.» Si no hubiese otra posibilidad de «ciencia» que la correspon- diente a la idea que del determinismo tuvo Cl. Ber- nard, tendría toda la razón el gran fisiólogo. Pero ha-

(2)

(trabajo de URBANTS- gradecer Ja valiosa co- .do el profesor G.Jmez

las larvas, y el doctor facilitándonos biblio- IA

f.ena, 1941.

~gica.

p de miasis urinaria en Es- l949.

ica Española», agosto de

r izaetones raras de la mia- le San Pablo». Brasil, julio

astoide. «Anales de Mala- na Médica Española», fe-

·EL CARRIL.-Otorrinolarin-

BADAJOZ

. esión no queremos de- cultades que muchas ,rencial de esta afec- :e recidiva o de larga

ificación con el lupus )uede hacerse ni aun [er estos casos una es-

STROVSKI y F. SAGHER

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o de Noguchi, modifi- n muestras con tu- en los límites de la itos después de una s en la estufa a 22º ; Sitos aun en los casos

a sido positivo.

uesto también por es- oneacciones con va- solubles, como acon- nta que el tratamien- más rápidos, ya que ostrada la existencia suponer que la ende- ire, nos inclinamos a

omienda MIRó, prac- lntro de la lesión y pe- en veinticinco días remos hacer también recomendada por el espuesta alérgica por as preparadas con el lesiones aparentemen-

ación es definitiva es casos que están lla- a de tener importan- Y también puede ser-

~

ivo de una cicatriz ellas la reacción será

atriz no es ~specifica

o ya decíamos.

ENFERME.DAD Y BIOGRAFÍA;}

CUATRO VIÑETAS DE HISTORIA CONTEMPORANEA

1.-El problema antes d.e la primera guerra :muni!.ia1. 11.-La obra d.e Lud.olf Krehl.

III.-La "medicina biográfica'', de Viktor von W ehsaccker. IV.-El problema., Loy: Siebeck, el círculo de von W eizsaecker, la "patología psicosomática", Jaspers.

por el

Profesor Dr. PEDRO LAIN ENTRALGO

Catedrático de Historia de la Medicina en la Facultad de Medicina de Madrid.

I

EL PROBLEMA ANTES DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Entre los años 1907 y 1910, muy poco antes de su muerte, seguía escribiendo Guillermo Dilthey esbozos y capítulos sueltos para la nunca conclusa segunda parte de su Einleitung in die Geisteswissenschoften.

Uno de ellos lleva por título «Die Biographie», y eh él se leen estas líneas : «Toda vida puede ser descrita : la pequeña como la poderosa, la cotidiana como la ex- traordinaria. Desde los puntos de vista más diversos, puede nacer el interés de hacerlo. La familia con.s-er- va asi sus r·ecuerdos. La justicia criminal y sus teorías describen la vida de un delincuente ; la patología psí- quica, la de un hombre anormal. Todo lo humano se trueca en documentos que nos actualizan alguna de las infinitas posibilidades de nuestra existencia ... » (Gesam.

inelte Schriften, VII, 247).

El lector actual, y_ mucho más si es médico, no pue- de evitar un leve movimiento de sorpresa. ¿Por qué es sólo la «patología psíquica» la que estudia biográ- ficamente a sus pacientes? ¿Acaso no los estudia asi Ja «patología somática»? Pero la sorpresa sólo dura un instante. Dos consideraciones llegan a disiparla. La primera, la .techa del texto: primer decenio de nuestro siglo. La situación de la Medicina en esos años, ¿per- mitia, por ventura, otro modo de pensar? La segunda consideración atañe rtanto a la Medicina misma como a quimes opinan sobre ella. ¿No hay muchos médi- cos y muchos hombres reflexivos que, incluso hoy, si- guen pensando lo que a primera vista parece indicar

;:se texto de Dilthey?

Nada menos que Jaspers escribe-incomprensible- mente-en la quinta y última edición de su Allgemeine Psychopatologie: «Al paso que el médico somático, en cuanto tal, sólo tiene que habérselas con una enferme- dad pasajera o crónica, o con una condición típica del enfermo, llámese sexo o constitución, pero no eón la Jll'r>onalidad total, los psiquiatras se han preocupado

>i·:mpre de toda la vida pretérita de sus enfermos, y

"n todos sus respectos, asi los de naturaleza personal como los de naturaleza social» (IV, III, pág. 563). Si mo lo dice Jaspers en 1948, ¿cómo puede extrañar que Dilthey dijese algo parecido entre 1905 y 1910?

R<>cordemos, en efecto, cuál era la situación del pen- samiento médico en los tres primeros lustros de nues- tro siglo; reconstruyamos lo que la Medicina «Oficial>>

pensaba. acerca de la enfermedad. Una enfermedad se- rla, a la postre, un trastorno, típico e individual a la rez, en el proceso material y energético de la vida.

Había llegado a su plenitud histórica y social la idea de la patología que proclamaron en el corazón del si- glo xrx las dos mentes más decisivamente rectoras de la Medicina entre 1850 y 1920: la de los discípulos di- rectos o indirectos de Johannes Müller-los fisiólogos Helmholtz, Du Bois Reymond y Pftüger; los mor!ó- logos Schwann y Henle; los patólogos y clinicos Vir- chow, wunderlich, Traube, Frerichs-, y, .por otra parte, a este lado del Rin, la mente de Cl. Bernard .

El año 1880 fundó Frerichs, ayudado por Leyden, la Zeitschrift für klinische Medizin, en cuya «Introduc- ción>>, redactada por el propio Frerichs, puede leerse, a título de consigna principal: «Las condiciones baio las cuales se configura la vida enferma deben ser in- vestigadas según el mismo proceder empírico que las del general proceso de la vida, del cual aquélla es sólo una fracción.» No eran estas palabras sino repe- tición del pensamiento nosológico común a toda la escuela : «la patología no es sino fisiología en condi- ciones altera-O.as». Gran verdad. Pero a la hora de es- tudiar esa fisiología y esa patología, el fisiólogo y el patólogo no sabían considerar «científicamente» sino las determinaciones físicas y químicas de la vida sana o morbosa; y, según ellas, trataban de entender, more mechanico, eso que Frerichs, todavía con indicios del pasado entus.ia.smo romántico, llamaba allgemeinen Lebensprocess, «general proceso de la vida».

No era otro el pensamiento de Cl. Bernard. Inequí- voca e insistentemente lo declara : «Las enfermedades no son, en el fondo, más que fenómenos fisiológicos en condiciones nuevas. Las reglas indicadas para la investigación fisiológica. son absolutamente las mismas que conviene seguir en Patología y Terapéutica.» E.l laboratorio debe ser, por tanto, el árbitro de la M€di- cina entera: «Yo considero al hospital--escribía Cl. Ber- nard-sólo como el vestíbulo de la Medicina científica, como el primer campo de observación en que debe entrar el médico; pero es el laboratorio el verdadero santuario de la ciencia médica.» Así se explica que en otra página pueda decir: «El médico se ve con fre- cuencia obligado a tener en cuenta en sus tratamien- tos eso que llaman influencia de lo moral sobre lo físico, y, ,por consiguiente, una multitud de considen- ciones de familia o de posición social que nada tie- nen que ver con la ciencia.» El pensamiento es diáfa- no : todo aquello en que interviene la libertad del hombre, es decir, lo verdaderamente humano de su condición, «nada tiene que ver con la ciencia.» Si no hubiese otra posibilidad de «ciencia» que la correspon- diente a la idea que del determinismo tuvo Cl. Ber- nard, tendría toda la razón el gran fisiólogo. Pero ha-

(3)

290 MEDICAMENTA bria que preguntarle: 1.0 , si no cabe la existencia de

«ciencias» basadas en ideas del determinismo distintas de la suya, y 2.0, si con su visión :del determinismo pue- den ser suficientemente ex,plicadas la fisiologia y la patología del hombre.

Dejemos, empero, la faena de criticar el coinci¡iente pensamiento patológico de Cl. Bernard y los discípu- los de Johannes Müller. Como pronto veremos, la diar léctica real de la Historia-el curso de la Medicina contemporánea-irá haciéndolo implacablemente. Li- mitémonos ahora a preguntarnos: si ese pensamiento patológico había logrado su plenitud. hístórica y so- cial entre 1900 y 1915, ¿en qué medida podía el clíni- co atender a la biografía de sus pacientes?, ¿qué im- portancia podía tener para su pensamiento y su con- ducta de médico el hecho de que a un ulceroso de es- tómago le fuese antipático el jefe de su oficina, o que el novio de tal enferma de anginas tuviese una amante?

No seamos injustos. A los clínícos de entonces y de todas las épocas les han importado siempre estos problemas. ¿Quién no recuerda, por ejemplo, la fe- liz intervención diagnóstica de Erasístrato en el casto triángulo amoroso formado por Seleuco, Antíoco y la linda Estratónica? Laennec, por su parte, ¿no pen- saba que la tisis pulmonar es más frecuente en las grandes ciudades, porque las contrariedades morales son en ellas más numerosas y profundas? Y von Ley- den, pontífice de la clíníca alemana en el primer lus- tro de nuestro siglo, ¿no enseñaba a sus discípulos que el primer acto del tratamiento médico es el acto de dar la mano al paciente? La realidad de las cosas ha obligado siempre al clínico a ver en el enfermo un ser dotado de biografía «humana>>. Lo propio de la Medicina «Oficial» de 1910 no era tanto desconocer esta realidad como adoptar frente a ella una actitud de menosprecio a la vez estadístico e intelectual. Esta- dístico, porque se pensaba que la influencia de 1a vida anímica sobre la enfermedad es un evento excepcional, al menos en lo relativo a las afecciones estrictamente somáticas. Menosprecio intelectual, también, porque el conocimíento médico de tal influencia no sería ni po- dría ser verdadera «ciencia>>. Recordemos las tajantes palabras de Cl. Bernard, y advirtamos, por añadidura, el cariz semi despectivo de su expresión: «Eso que llaman

·influencia de lo moral sobre lo físico», ce qu'on appelle ...

La consideración cliníca de las vicisitudes pertinentes a la vida personal del enferm(}--SU existencia familiar, profesional, política y religiosa, la relación entre su inti- midad y su vida instintiva--sería, a lo sumo, si se me permite la frase, una habilidosa «gramática parda»

del clínico, en modo alguno un saber con jerarquía de

«ciencia». Ciencia sería auscultar, explorar los refle- jos. y medir la glicemia; lo demás, picardía clínica.

Tratemos de expresar con cierto rigor esa idea de la relación entre Ja enfermedad y los ingredientes «ex- trasomáticos»-sociales, históricos o íntimos-de la bio- grafía individual. Respecto de la enfermedad, esos in- gredientes <le la vida humana que provisionalmente

he llamado extrasomáticos, podrían ocupar dos ~

ciones contrapuestas: la de causa remota y la de epi.

fenómeno. Todos saben c,ue una vida personal con- trariada puede ser la causa remota de un desord n intestinal crónico; el libro de Axel Munthe es, p1en- so, testimonío suficiente. Pero, una vez producido el trastorno, el médico lo estudiaba a favor de los mé- todos exploratorios físicos y químicos de su «cimc patológica», y sólo con ellos. La índole de la causa m · recería, cuando más, cierta atención terapéutica-{1Cá·

sese usted», «No viva usted con sus suegros», cte- nunca respeto intelectual, nunca, por tanto, conside- ración patológica; y en cuanto al mecanismo de· des- orden morboso, Ja alusión vaga a una misteriosa in- teracción psico!ísica colmaba las medidas de los m exigentes. Quien lo dude, lea los tratados de Patolo- gía general vigentes a comienws de siglo.

El ingrediente «extrasomático» de la vida humana podría ser, además, epüenómeno de la enfermedad, rear.ción del enfermo al hecho de padecerla. Mas tam·

poco esta segunda posibilidad merecía del médico spe- cial estimación. Veía en ,ella, tal vez, un signo oi:en- tador de su exploración objetiva; nada más. ¿Qué valor tenía, por ejemplo, la actitud del enfermo free·

te a su propia dolencia? Una sincera frase de L<'ulx' resume el juicio de la gran mayoría de los médícoo

«El tiempo empleado en hacer un interrogatorio 1111-

nucioso es tiempo IJerdido para hacer un diagnóstico exacto.» De la biografía del enfermo importaban las vicisitudes de orden somático, aquellas cuyo mecanJs.

mo puede hacerse «visible» : un contagio microbial:o lar ingestión de un tóxico, una caída de espaldas. la fracción extrasomática de esa biografía, aquella que sólo es «audible>>--un disgusto intimo, una pasión re- primida-, apenas existía para el clínico, y no llegaba a existir para el patólogo. En la enfermedad, (uese aguda o crónica, sólo se veía, si vale hablar as!.

un

«quiste biológico» en la biografía del enfermo, un ep sodio de su vida más o menos largo y penoso para é

Tal era la situación del pensamiento médico cu~ndo

escribió Dilthey el texto precedente. La fisicali~:·:lóD

de la M€P.icina parecía hallarse muy próxima a su ·¡un fo total. Pero ese triunfo, ¿no era acaso una victom tardía, pírrica? Los nombres de Dilthey y Bergson el grito herido y perturbador de Nietzsche, la obra bio- lógica de Driesch, ¿no proclamaban el hundim1eno de la mentalidad mecanicista? Más que el último y ya inmediato objetivo de la visión mecánica del mundo.

¿no seria la Patología un reducto postrero, y el médi·

co su granadero más tenaz? No tardó en demostrar o con evidencia la propia realidad histórica. Tanto más.

cuanto que a la crisis de la visión mecánica del m'JD·

do se añadieron otros dos ingentes sucesos : la prime guerra mundial y la fabulosa difüsión del psicoaná lisis de Freud. Pero esto requiere explicación más pre- cisa.

(Continuará.

Desde la época más remota se atribuye al hígado un es ración sanguínea, siquiera tanto empírica, se hubo de una época más moderna, a

l\lINOT y MURPHY, publicad con el Premio Nóbel, por 1 ei especial efecto antianémi cos. y que han venido a e poco, la base fundamental se sometían los enfermos anemia, y, principalmente, Por los fundamentales trabaj

SPIES y colaboradores y pu y 1946, vinieron a conocerse ranémicos de gran valor en brlan de ser, primeramente d1endo a la fórmula de ácido rlormente la thymina, que 5 m~tiluracilo, ambos empru·~

más tarde habrían de ser ut1 de determina.dos procesos etcétera- . si bien sus result~

ce que sean eficaces más que

¡

cemia. A la vista de estos d~

só en tener resuelto el probl mitnto !le la anemia pernic puesta hemática a la medie hacía concebir esperanzas m Ilusión no se hizo esperar,

ño rscaso de intervalo, hub meras decepciones al comp verdad que el cuadro hemáti toria con este tipo de medie nos verdad que los síntomas neración coruonal combinada núnimo con tales procederes ae planteaba en estos términoi Ja anemia nutritiva, en la ma 1 perniciosa, no se había .t miento de aproximación, per bfa llegado a conseguir la su lor y que hiciese un efecto ev uno de los componentes del e dro anémico, pero no se inflt llo lento, pero progresivo, del

to añadimos que la thymin tlva que el ácido fálico, com~

Jor terapéutico que pueda ten tro arsenal clínico no podrem Dl:\s que con este último prep:

Así planteada la cuestión, l to de RICKES, BRINK, KONIUS:

bllcado en 1948, y en el que e

IU tancia, a la que enjuician ~

respondería a una fórmula <

aisla a partir de extractos h prueba su efecto altamente llllento de las anemias macrc

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ENFERMEDAD Y BIOGRAFÍA

CUATRO VIÑETAS DE HISTORIA CONTEMPORANEA

1.-El pi•oblema antes de la primera guetra mundial. II.-La obra de Ludolf Krehl.

III.-La "medicina biogi•áfica", de Viktor von Weizsaecker. IV.-EI probletna, hoy: Siebeck, el círculo de von W eizsaecker, la "patología psicosom.ática", Jaspe1·s.

(CONTINUACIÓN)

por el

Profesor Dr. PEDRO LAIN ENTRALGO

Cated~ático de Historia de la Medicina en la Facúltad de Medic,na de Madrid.

II

LA OBRA DE LUDOLF KREHL

Os invito a convivir con un gran maestro de la Me- dicina alemana, Ludolf Krehl, la experiencia de un médico inteligente y sensible durante los años de la primera guerra mundial. El año 1914 ha cumplid<J Krehl los cincuenta y tres de su edad. Hállase en su plenitud científica y docente. Pocos han aplicado a la Clínica con tanto provecho los métodos mensurativos y exac- tos de la Fisica y la Quimica; ninguno con más en- tusiasmo. Sus trabajos sobre la patologI'l del músculo cardíaco, sobre la fiebre y la termogénesi.'>. sobre el metabolismo patológico. sobre la regulación nerviosa el.e las funciones. pertenecen ya al ace:-vo universal de Ja fisiopatologia «cientifica». Su famosa Pathotogisc1ie Physiologie ha c.ado la vuelta al mundo. ¿Recordáis el pró:ogo del autor? «La Anatomía, la Fisiología y la Patología-esto es.-la Anatomía p'.ltoiógica-sor. y se- rán siempre los fundamentos inconmovibles de la cien- cia médica; el poder, la importancia y el valor del mé- dico serán tanto mayores cuanto menos se aleje de esta base, cuanto más fiel sea a las ciencias de la Naturale- za.>> Hasta los años decisivos de 1914 a 1918. Krehl ha entendido la «ci€ncia médica» según el consejo ce Cl. Bernard, y ha visto en el laboratorio su «verdadero santuario». Así lo hicieron casi todos los clínicos ale- manes de su generación: «La visita hospitalaria del asistente joven-€scribe un buen conccedor de la épo- ca-no duraba mucho; pero su trabajo en el labora- torio consumía horas y horas del día y ce la noche » Ese parecía ser el único <'camino real» dt> la ciencia;

der konigliche weg der Wissinschaft, como había ense- ñado a decir-y a pensar-Immanuel Kant, el orácu- lo 1 ll.

Llega asi la guerra de 1914. Lucoif Krehl, ya pro- fesor es movilizado como director de un hospital de campaña. Cumpk su nuevo c:leber con entusiasmo co- tidiano y eficaz; con el buen entusiasmo. Pero ¿cuál es, en verdad, su deber? Ahora no tiene, allende la sala hospitalaria, el perenne incentivo de un laboratorio lleno de calorímetros, galvanómetros, quimógrafos Y alambiques La sala del hospital no es atrio, sino meta.

Ahora está el médico solo consigo mismo y con un puñado de enfermos que exigen-y de los que se exi- ge--curación rápida y segura. La finura «Científica»

(1) Es muy representativo de esta época de Krehl su trabajo

«Klinik und Experiment», publicado en el volumen con que t"1

Deutsches Archiv für klinwche Medizin celebró el primer cente- nario de la Clínica Médica de Leipzig (vol. LXIV, 1899).

del diagnóstico se halla rigurosamen've subordinada a

la eficacia «práctica» del tratamiento. El profesor na puede ser fisiopatólogo, sino médico, puro médico; no hay opción.

Durante meses y meses, Krehl está solo con sus en·

fermos y con sus pensamientos. Poco a poco van n:j·

durando en su espírttu las preguntas ineludibles. ¿Q¡:é sentido y qué posibilidades tiene mi viejo y vigoroso saber fisiopatológico frente a las exigencias de la CJ.

nica? Ei «Saber clínico», ¿es, como yo pensaba, la mm aplicación concreta de un «Saber fisiopatológico» cons- truido con el galvanómetro, el quimógrafo y el tu1'1 i!i ensayo? Aunque la respuesta sea previsible, no sr:1 ocioso formularla : Krehl descubrió en la realie!acl m·i·

ma, y no mediante especulaciones criticas, que la 'i >

patología «tradicional», la orientada por los disci¡;•:

de Joh. Müller y por Cl. Bernard, era esencialmp¡¡;

inválida para resolver con plenitud los problema~ d r.

Clínica; o, con otras palabras, que aquella fisiopa. 1 gía no era sino una esquematización artificiosa e rn·

suficiente de la realidad observable en et enfn.

Años más tarde escribirá en su libro sobre el orwn.

el diagnóstico y el tratamiento de las enfermed ,d¡s

internas: «Era mi plan origmario exponer el t;.::.a- miento de las enfermedades internas según los pr.:i-

cipios de la Fisiologia patológica. Soñé el mismo :,~

ño que cien años antes había soñado el gran M:·:~

die ... Tuve qua ver, con dolor, que tal exposición no es posible... Ha 'podiqo verse, en efecto, que sólo en u•

parte de los casos concuerda el modo de pensar G~

nos orienta a los médicos en la dirección de un tra:.i·

miento con el que usamos al hacer Fisiología patc!r.

gica. con otras palabras : sólo un número relativan:~

te escaso de enfermos, y siempre en sólo una par' e sus trastornos, son tratados conforme a nuestro cr- nocimiento biológico de loo procesos naturales, esto<

según una consecuencia necesaria de las considcrac' nes formuladas por la Fisiología patológica ... Ce.

tra lo que he deseado y esperado durante la mitad 1!1

mi vida, no ES la Terapéutica una consecuencia, s'.nl un complemento de la Fisiopatología.»

En aquellos años de activa y reflexiva soledad, Kr' vivió en suma, la insuficiencia de una actitud i::·

lectu~l frente a la enfermedad humana. La enfr;:¡

dad de un hombre no es un mero desorden tlpico ' ~ dividua! en el «general proceso tj.e la vida» ; la Ana'

mia patológica y la Fisiopatologia de quimógrr'.i alambique son, si, necesarias, pero nv son sufici1~·

En tal caso, ¿qué debe hacer el médico, un mé~

intelectualmente !orzado a se1· patólogo?

TOMO XII. - NÚM. 173

-

---

Cuando se ve fallar un 11 hasta entonces, poderoso-e·

glo xx la Fisiopatologia «tra chas actitudes espirituales. J patológico, todas o casi to ron entre los hombres de 1 bia encastillarse muy dign cional, y esperar con pacie los hábitos nuevos; eso hi Müller, el gran maestro renegar del rnber patológi mensurativa y hasta de la i bre de una turbia biología hipocrática; así, Bernhard Alguno pretendió resolver l surada, ambiciosa y-si se sistema patológico nuevo; t' Kraus. Mas también era po el de Ludolf KTehL

La actitud espiritual de J parte, la humildad: un est to a la primaria realidad mos ; la fidelidad a la consi., Sachen selbst !--que por en lóscfos. Por otro lado, la pr derar la realidad sabiendo práctica es siempre una b Krehl a ninguno de sus sa.

\'ena ya agotada la investi~

la Patología ; pero se dispm térito y el saber posible en blema patológico. Más que

de los continuadores, su le nova assumere <lie los creado;

clo que, pese a la magnifica

~.ños, él no lograría sino en na presentida (2).

Una famosa conferencia ti l'ersonlichkeit, nos muestra tendía esa nueva visión )'.le!

pronunciada en Letpzig. en j la memoria de los grandes , derlich, Ludwig, Curschman Thiersch-, y se declaró here yamos todavía sobre €1 sue pies; la ciencia natural com de la Medicina.» «Pero no de tan grandes maestros-pi si con nuestras débiles fuerz•

ulterior evolución de la JVIe mi parecer, en el ingreso de c:icina como objeto de inves el 'cir, en la reinstauración y de la.:; relaciones de la vid fundamentos de la Medicin chos, con la ciencia natural.

La Medicina sería, por ta teoréticos y prácticos acerca yado sobre dos pies: las

(2) Muestra muy bien este pro ln comparación de las sucesivas edi s.ofouie. «Para el médico tiene el t.•nfermo mucha más importancia nuestro tiempo», dice ya en la d

(5)

f KreLI.

oLle-a, Jaspers.

en.e subordinnda liento. El profesor no

co, puro médico; no está solo con sus f'll·

oco a poco van ma- tas ineludibles. ¿Qué

mi viejo y vigoroso exigencias de la

c:t-

yo pensaba, la m fisiopatoló3l<."O» co 'mógrafo y el tubo d

previsible, no srr~

M en la realidad mts criticas, que lo. fitto- da por los diSctpul d, era esencialmmt d los pmblema.c; de z, e aquella fisiopatol ción artificiosa e iu·

able en et enfermo.

libro sobre el ortgPn, de las enfermedades io exponer el trata- rnas según los prln- Soñé el mismo sue- ifiado el gran Magrn-

'e tal exposición no es

cto, que sólo en una modo de pensar qu irección de un trnta- cer Fisiología patoló- número relativnmen- en sólo un.i. parte C:

forme a nuestro c os naturales, esto

de las consldernclo-

·a patológica... Con durante la mltnd d·

a consccuencln, sino gía.»

flexiva soledad, Krehl de una actitud lnv

.umana. La enferme.

desorden típico e In·

e la vida» ; Ja Anato- ia de qulmógrafo

ro nJ son suflclrn 1 médico, un médico

tólogo?

, M E D I C A M E N T A 339

Cu:indo se ve fallar un hábito intelectual hondo y,

Jta entonces, poderoso-eso era a comienzos del si- xx la Fisiopatología «tradicionll.l»-. son posibles mu- s actitudes espirituales. Relativamentf' al problema .ológieo, todas o casi todas las imaginables se die-

mtre los hombres de la generación de Krehl. Ca- encastillarse muy dignamente en el saber tradl-

1nal, y esperar con paciencia y cierto .altivo decoro

hábitos nuevos; eso hizo, por ejemplo, Friedrich iiller, el gran maestro muniqués. Otros prefirieron

•gar del eaber patológico heredado, de la ciencia nsurativa y hasta de Ja inteligencia lógica, en nom-

de una turbia biología más o menos intuitiva e

¡ocrática ; asi, Bernhard Aschner y sus secuaces.

uno pretendió resolver la aporía construyendo apre- rada, ambiciosa y-si se quiere-titánicamente un

ma patológico nuevo; tal fué el caso de Friediich us Mas también era posible otro camino, y ése fué óe Ludolf Krehl.

La actitud espiritual de Krehl fué doble. Por una te, la humildad: un estricto y rendido atenimien- a la primaria realidad de cada uno de sus enfer-

; la fidelidad a la consigna imprescriptib:e-zu den chen se[bst !-que por entonces proclamaban los fi-

tos. Por otro lado, la prestancia intelectual: consi- rar la realidad sabiendo de antemano que la mejor

·Actica es siempre una buena teona. No renunció ehl a ninguno de sus :;aberes antiguos ni consideró na ya agotada la investigación cientificonatural de Patología; pero se dispuso a 01-aenar el saber pre- ito y el saber posible en una nueva visión del pro- ::ma patológico. Más que el vetera novis perjicere

los continuadores, su lema era el tácito vetera tn

va assumere Cie los creadores originales. Aun sabien- o que, pese a la magnifica elasticidad de sus sesenta

·.ños. él no lograría sino entrever una parte de la tie-

presentida (2).

Una famosa conferencia titulada Kranlcneitsform und

·irsonlichkeit, nos muestra sinópticamente cómo en- end!a esa nueva visión del problema patológico. Fué

enunciada en Leipzig. en junio de 1928 Honró Krehl

il memoria de los grandes maestros lipsienses-Wun- erlich, Ludwig, Curschmann, His, Cohnheim, Heubner, Thiersch-, y se declaró heredero de su obra : «Nos apo-

:imos todavía sobre el ~;uelo que dieron a nuestros .es; la ciencia natural como uno de los i:undamentos

~J la Medicina.» «Pero no seriamos dignos discipuloo

~ tan grandes maestros-prosiguió diciendo Krehl-, con nuestras débiles fuerzas no colaborásemos en

za

!terior evolución de la Medicina. La cual consiste, a

:!Ji parecer, en el ingreso de la personalidad en la Me-

;cina como objtto de investigación v estimación. Es

~ecir, en la reinstauración de las ciencias dez esp¡rttu

de la::. relaciones de la vida entera como otro de los fundamentos de la Medicina, y, en igualdad de dere-

:ho.'3, con la ciencia natural.»

La Medicina seria, por tanto, un cuerpo de saberes teoréticos y prácticos acerca del hombre enfermo, apo-

1do sobre dos pies : J.a.s ciencias de la Naturaleza

(2) Muestra muy bien este proceso del pensamiento de Krehl l comparación de las sucesivas ediciones de su Patholoyische Phy ..

1ío!ouie. «Para el médico tiene el recinto de la personalidad del ..!lfermo mucha más importancia de lo que solíamos admitir en nuestro tiempo», dice ya en la de 1918.

(Física, Qu1mica, Biología) y las cien~ias del espíritu

<Psicologia de Ja personalldad Sociologia). Muy con su época, llama Krehl «racionales» a los saberes corres- pondientes al primero de (·Sos dos dominiDs, e «irracio- nales» a los procedentes del segundo, «porque la vida y la personalidad son, en última instancia, irraciona- les, al menos para nosotros». ¿Logrará la Patología re- ducir a unidad esos dos modos de saber acerca del hombre y la enfermedad? «Una experiencia y un aná- lisis progresivos-responde Krehl-muestran cómo se van tendiendo hilos conectivos entre lo nuevo y lo vie- jo, primero entre los diversos miembros aiSlados, luego trabándolo todo en unidad.»

El problema fundamental del patólogo Ludolf Krehl es ahora la comprensión die la forma de la enferme- dad en el enfermo individual. ¿Qué es lo que en cada proceso morboso determina la apariencia del cuadro i;intomático? En la concreta enfermedad de un hombre,

¿qué es Jo que de su propia exist.encia pertenece a tal en!ermedad? La respuesta debe ser tajante: «Todo»

El moeo de enfermar «depende, por supuesto, del gé- nerc;, la forma, la extensión y la causa del daño or- gánico; pero todavía más de la indole corporal y aní- mica del enfermo». Frente a las más diversas afeccio- nes morbosas-enfermedades cardiorrenales e infeccio- sas, el vómito, la tos--, va mostrando el gran clinico cómo la apariencia de cada proceso individual viene determinada por una pléyade de momentos causales : la etiología de la enfermedad, el órgano afecto, la co- rrelación interorgánica, la constitución psicofisica in- dividual, la vida psíquica consciente ª inconscif'nte.

No pronuncia KrEhl expresamente la palabra «bio- grafía»; pero no deja die aludir a ella con harta clari- dad: «La forma de un proceso morboso depende siem- pre de la totalidad de cuanto en ese hombre acaeció y acaece.» Y en otro lugar declara confiar en «las con- siderables perspectivas del proceder d~ Freuru>. Pronto veremos lo que esto significaba.

Cuenta von Wtizsaecker que en los últimos afios de Krehl habla en su escuela «algo asi como dos alas : la antigua, cientificonatural, y la joven, psicológica y so- cialmente matizada. Si esa. escuela no se le partió en dos fragmentos fué gracias a la elasticidad de su pen- samiento y a la juventud ce su corazón». Ludolf Krehl, a caballo entre dos mandos, se limitó a juntarlos y a presentir su radical unidad en cada existencia huma- na individual.

Dos de sus discípulos, Richard Siebeck y Viktor von weizsaecker, proseguirán la empresa que él inició, y se aproximarán más al objetivo supremo. El pensamien- to patológico del primero ha que<!.ado muy bien ex- puesto-no contando otras publicaciones, como su libro

ueber Beurteilung und Behandlung von Kranken CBer- lin, 1928)-en los capítulos inicial y final del magnifico Lehrbuch der innere Mectizm, de Assmann. Beckmann, von Bergmann, etc <3>. Las ideas de von Weizsaecker acerca de las relaciones entre la enfermedad y la bio- grafia óel enfermo merecen, creo, exposición aparte.

(Continuará.)

(3) El reciente libro Medizin in Bewegunu (Stuttgart, 19·i9) es, sin embargo. el mejor testimonio del pensamiento clínico oe Siebeck. Trátasc de una hermosa obra de plena madurez, cuya traducción al castellano recomiendo con instancia.

---@---

(6)

I. - NÚM. 175 jero y meterla

'.del enfermo con

esquina de la el rito completo os de epilepsia.

fuego, como Ha- de Ja piel. Una insiste en llamar er dos fuegos de l €nfermo entre las cenizas. Para r un agujero en ués se introduce ,asta que explota

es el fuego nue- Js otros dos. Se- se enciende fá- curará ; [pero si, tcenderse, quiere

una gran fe en que emanan los ón de una novia

!os que lleva la a virtud de cu- as mágicas, que a terminar con scuché de labios

\Y extendida en-

;ia figura de ba- puso a secar al a. vida ; pero el

de la obra de tta y un aguj e- í la vida en las le salió por los :rbas y con ellas ía hecho el dia-

Adán, dirigién- ñor, dejas este

contestó: «Este iéis que morir, tprano, sale por

a Adán; «Las os agujeros son un dolor en el irlo.» El primer de las hierbas, han ido pooo a bnemos que re-

~nicos que han

;1EN

'Ub

=

ENFERMEDAD Y BIOGRAFÍA

CUATRO VIÑETAS DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA

1.-EI problenia antes de la priniera guerra niuadial. 11.-La obra de Ludolf Krehl.

111. - La ".medicina biográfica", de Viktor voa Wei:z:saet;ker. IV.• El problema, hoy: Sieheck, el círculo de voa Weizsaecker, la .. patología psicosomática", Jaspers.

(CONTINUACIÓN)

por el

Profesor Dr. PEDRO LAIN ENTRALGO

Catedrático de Historia de la Medicina en la Facultad de Medicina de :M;adrid.

III

L\ «MEDICINA BIOGRÁFICA» DE VIKTOR VON WEIZSAECKER

Para entender lo que significa históricamente la obra de Viktor von Weizsaecker~e la cual no puedo con- siderar aqui sino lo que en ella atañe a mi tema: la relación entre la enfermedad y la biografia-, es ne- cesario desentrañar el sentido de aquella esperanza de Krehl en las posibilidades médicas «del proceder de Freudl>. En boca de un internista formado entre 1880 y 1900, ¿no es pasmosa, literalmente, la expresión?

Durante los tres primeros lustros de nuestro siglo ha- bla una Medicina «Oficial» : la construida siguiendo a Cl. Bernard y a 1os discipulos de Joh. Müller; y en torno a ella, agria o suavemente proscritos, dos movi- mientos médicos extramurales: el naturismo en sus diversas formas y el psicoanálisis. ¿ Quedarian siempre allende los muros de esa «oficialidad»? No siempre.

Cuando la ciudad vive en crisis, entra inexorablemente en ella el arrabal, y pocas \"eces deja de ser fecunda la invasión. Asi en nuestro caso: cuando en la tras- guerra de 1918 proc1amaron--con excesivo aspaviento, confesémoslcr-Ja «Crisis ce la Medicina académica», esos dos movimientos extramurales penetraron en su recinto. El naturismo. de la mano de Aschner y Bier ; el psicoanálisis, de modo mucho más amplio y difuso.

Quien lo dude, lea los índices bibliográficos del excelen- te libro colectivo Psychogenese und Psychothera2iie kor- perlieher Symptome, publicado en 1925 (1).

Nada más significativo de la invasión que ia c:t.ada frase de Krehl. Quien habla es, no lo olvidemos, inter- nista y :fisiopatólogo. su clientela hospitalaria y privada no está constituida por muchachas histéricas, sino por en!ermop con lesiones corporales visibles. Lo repito:

¿no es literalmente pasmoso que este hombre-un Or- d.inaritts de Heidelberg, uno de los mandarines de la Medicina «oficial>>-proclame su esperanza en las posi- bilidades del psicoaná!Jsis? ¿Qué podía esperar un in- ternista de Ja perturbadora y escandalosa. construcción de Freud?

Si uno sabe prescindir de todo dogmatismo de escue- la y de cualquier unilateralidad interpretativa, adverti- rá que la ingente contribución del psicoanálisis a la Medicina puede cifrarse en cuatro puntos: 1.0 La es- timación diagnóstica y terapéutica del componente ins- tintivo del hombre: aoctrina de la libido. 2.0 El des- cubrimiento de la importancia dinámica que tiene lR diversa situación del recuerdo en la intimidad de cada hombre: doctrina de la represión y de la abreacctóln.

~.º El advertimiento de la rigurosa necesidad ce! diálo- go personal con el paciente, asi desde un punto de

( 1) Hay una buena traducción española: Psicoyénesis ¡¡ psi·

coterapia. de los síntomas corporales. Barcelona. 1932.

vista diagnóstico como desde el terapéutico: doctrtna de la transferencia y de la catarsis. 4.0 La preocupación por oré'enar comprensivamente la enfermedad en la bio- grafía del enfermo : doctrina del trauma psiquico.

El psicoanálisis tradicional-todo lo revolucionario tiene pronto su tradición-aplicó férrea, sistemática- mente estos principios al problema de las neurosis, psiconeurosis stricto sensu o neurosis orgánicas. Pero el dominio de las neurosis orgánicas--cada vez más am- plio desde 1918, según las mejores estadísticas-pertene- ce, sin duda. a la Medicina interna. La observación empírica venia demostrando, por otra parte, que el ámbito y la profundidad de la mutua influencia entre la vida animica y los procesos corporales es mucho ma- yor de lo que se pensaba. Recordemos por todo ejemplo un hallazgo de Heyer : si a un hombre sano se le su- giere hipnóticamente que está bebiendo un vaso de agua azucarada, sube el nivel del azúcar en su sangre.

Véanse mil ejemplos más en los libros de Alkan (Ana- tomische Organerkrankungen aus seelischer Ursach·e;

Stuttgart,. 1930) y de ·Wittkower (Emjluss der Gemurn- bewegungen auf den Korper, Viena, 1937). Siendo esto así, ¿podía no penetrar la doctrina psicoanalítica-or- tcdoxa, heterodoxa o libre-en el cuerpo mismo de la Medicina interna? Tal era la situación expresada por las ya no tan pasmosas palabras de Krehl.

Viktor von Weizsaecker, brillante neurólogo en sus comienzos, no es un freudiano ortodoxo; pero ha sa- bido percibir y hacer suya la honda significación mé- dica de la obra de Freud. «Mi propia inclinación-me decía en carta reciente-me lleva hacia lo que puede llamarse antropología médica. La investigación y la te2·1péutica h9.n hecho del psicoanálisis un firme com- ponr·nt.e de esta aspiración.» Pero el psicoanálisis, an- tes lo hemos •isto, lleva consigo la consideración bio- gráfica ae la enfermedad. ¿Cómo verá von Weizsaec- ker la proyeccióy¡ de este imperativo diagnóstico sobre la realidad de la Medicina interna? ¿Cómo entenderá, si existe, la conexión t>ntre tma enfermedad y la bio- grafía del que la padece?

La palabra biografía tiene dos acepciones : la reazt- dad misma del curso vital de un hvmbre y la descriz¡- cián de ese curso vital, la «grafia» del «bios» humano.

Pero, sea realidad o descripción, la biografía alude siempre al curso de la vida en el tiempo, al antes y a:

después del ser y de las situaciones de u.>i hombre. Que la enfermedad tiene que ver con la biografía, con el curso temporal de la vida humana, es, en cierto sen- tido, una verdad de mi homónimo Pero Gí ullo. cuando padecí una fiebre tifoidea, esta vicisitud acaeció en tal momento de mi vida, y fué consecuencia de que yo, en un momento anterior, hiciese una vida expuesta al contagio. Esto es obvio. Pero igualmente obvio parecía : primero, que los componentes más estrictamente hu- manos de mi vida.-mi libertad, mi personal destino,

(7)

38 MEDICAMENTA TOMO XIII. - NÚM. 175 mis creencias, los gustos y la formación de mi espíritu,

mis proyectos intimos acerca de mi propia existencia- no tuvieron la menor relación con la génesis y la con- iiguración de la fiebre tifoidea que yo padeci, y seguncto, que la relación entre el «antes» d~ esa fiebr·e tifoidea -el contagio-y su «después»-la fiebre tifoidea mis- ma-era una pura causalidad biológica, como la que ,puede existir entre el hecho de que un :perro hambrien- to vea un trozo de carne y la consecutiva secreción de jugo gástrico en su estómago.

Ahora bien: la presunta «verdad» de estas dos 'afir- maciones ¿es tan de Pero Grullo como la de afirmar, sin más, que la enfermedad pertenece a la biografia del que la padece? Von Weiir.5aecker ha tenido la suti- leza y la osadía de negarlo: para él-y ésta es la pe- regrina novedad de su hallazgo-la génesis y la conft- quración de las enfermedades orgánicas (u:nia, tnfec- ción, un tumor) no sólo dependen de la dimensión más

«biológica» de la biografía i,ndivirttuaz; tamoién, en buen número de casos, de la totalidad de esa inddvidual bio- grafía, es decir, de la dimensión más íntima y «per- sonal» de la existencia humana. Freud lo habia demos- trado en la neurosis; pero con su idea instintiva, li- bidinosa, de la existencia humana, consideró de un modo excesivamente «biológic0>>, si vale hablar asi, la relación entre el «antes» y el «después» del aconte- cer morboso. Groddeck y Ferenczi trataron de injerir el psicoanálisis en la Medicina interna. Von Weizsaec- ker ha sabido extender esa plena consideración bio- gráfica a todas las enfermedades, incluso las más gro- sera y primitivamente orgánicas, y no ha renunciado a ver en el hombre un ser viviente personal: un in- dividuo tan naturalmente dotado de libertad,, intimi- dad e inteligencia racional, como de oscuros y calientes instintos vita¡es,

He hablado de la «configuración» y la «génesis» de ia enfermedad. Son los dos modos principales de la r<'lación entre la total entidad de individuo humano y las enfermedades que padece. La plenitud de mi bio- grafía, y no sólo su comp<mente biológico, influye de algún modo en la figura de mis dolencias ; éste era, eomo se recordará, el problema de Ludolf Krehl. Pero los momentos más estrictamente humanos y persona- les de mi vida-mi libertad, mis proyectos de existen- cia, mi modo de ser hombre,, mi idea de mi mismo-

¿pueden tener, en cierto modo, una influencia gené- tica sobre mis enfermedades no neuróticas? Y si po- seen tal influencia determinante, ¿cómo la ejercen?

El temp!e fundamental de la antropologia de von Weizsaecker no es optimista. El hombre sería ü.'1 SI'!!'

siempre dispuesto a enfermar, hasta cuar:dc· p;:rece más sano: «no es un ser concluso, siempre e;o lábil su equilibrio», escribe. Este equilibrio es ~I rrsultado de la unita.ria articulación de dos instancias: la personal actitud frente al propio destino-una actitud a la vez eonsciente e inconsciente-y 10s azares de nuestra existencia en el mundo. El curso sucesivo de esa articu- lación es la biografía :personal, parcialmente sentida en la intimidad y parcialmente expresada por el cuer- po. No debe extrañar, por tanto, la esencial relación que a veces se observa entre la enfermedad Y. el cur- so biográfico del destino personal, tanto. más visible cuanto más egregia es la persona del protagonista.

Describe von We1zsaecker los casos del general Primo de Rivera, Aristides Briand, Stressemann, Lenin, Trots- ky. «Briand--citaré su caso como único ejemplo---lle- gó a Thoiry cansado, agotado. Su exhausto organismo se hallaba maduro para una enfermedad. Le sobreco- gió la fiebre, y apareció una erupción en su frente, que al principio tenía el aspecto de una urticaria. No quiso dejar el trabajo, y poco después de su llegada con- certó una entrevista con Stressemann. Pero la mala

estrella que parecía cernirse sobre Thoiry se hizo también sentir en ese instante. La víspera de la con- versación acordada subió bruscamente su fiebre. El médico, llamado al dia siguiente,, diagnosticó un ata- que grave de herpes zóster. Stressemann trató de ob- tener una entrevista, aunque fuese breve; pero en vano. El médico prohibió al paciente todo esfuerzo, y ordenó su inmediato regreso a Paris» (1).

La enfermedad parece estar, a veces, en intima cone- xión con momentos decisivos de la biografía personal:

tiene o parece tener un «sentido biográfico», revelado por la «oportunidad» en que surge. Que ese sentido sea en ocasiones adverso a los fines personales del enfermo, y otras ocultamente favorable a ellos, no ex- cluiría la :funda.mental oportunidad biográfica del ac- cidente morboso.

Pero todo esto, ¿qué es, en rigor? ¿Se trata de una brillante ocurrencia frente a la anécdota de algunos casos egregios, o es un suceso observable con cierta regularidad? Von Weizsaecker ha estudiado el proble- ma en su práctica hospitalaria y privada. En verdad, la misma importancia tienen para el hombre vulgar los vulgares conflictos de su existencia privada que los grandes sucesos históricos para quienes son sus prota- gonistas. Cuando en nuestra guerra herían a un com- ba.tiente en una acción minúscula,, no era infrecuente oírle: «Para mí, Waterloo.» Pues bien; el resultado ob- tenido investigando con minuciosidad y buen método las enfermedades de un gran número de pacientes

«vulgares»., parece confirmar lo observado ·en los egre- gios. Las triviales anginas, las poliurias hipofisarias de causa orgánica, las crisis de agudeza en las enferme- dades crónicas del corazón, las úlceras de estómago, muestran, convenientemente exploradas, cierta secre- ta oportunidad biográfica. Revélanse, en suma. como episodios de vn drama o-por qué no---de una come- dia : el drama o la comedia que es la vida de su ti- tular. Ved, a título de ejemplo, la historia de este caso de angina tonsilar :

«Un hombre de treinta años se enamora de una muchacha que parece reunir todas las condiciones necesarias nara hacer favorable un matrimonio. Descubre. sin embargo, con creciente apasionamiento que las razones ex.ternas de esa impresión son dudosas, y que el enlace sería difícil. Mientras se consume so ...

pesando motivos en pro y en contra, enferma de fiebre la joven que contraría sus sentimientos (¿gripe?), y, puesto que él es mé- dico, le llama para que la atienda. Cuando la explora, siente sú- bitamente una repulsión por el cuerpo de la muchacha, repul ..

sién que provoca inmediatamente la clara idea de que con ello se l'-.an resuelto sus dudas : el compromiso debe ser rot.o. En seguida enferma él de una angina difteroide, en cuya convale- cencia, a raíz del primer baño caliente, le aparece una urticaria general de pocos minutos de duración; luego sufre durante al- gunos meses una irregularitas cordis y depresión psíquica. Al fin, se siente alegre de haber podido salvarse a tiempo de su error» (Studien zur Pathogenese. Leipzig, 1935).

Trátase de un caso perteneciente a toda una serie de anginas tonsilares «biográficamente» condicionadas, famosas en el mundo entero desde la publicación del librito de von Weizsaecker.

Había escrito Krehl, el maestro: «Dentro de ciertos límites, pertenece a mi enfermedad, por una parte, aquello que yo quiero que pertenezca. Pero, fuera de estos límites, aquello que mi ser pone en ella. Esto se halla sustraído a mi intelección directa, y depende de lo que Dios, la vida y yo hicimos de mí mismo.» De- jando aparte la voluntad de Dios, que está a la vez sobre todo y dentro C.e todo, von Weizsaecker demues- tra cómo en la realidad de cada enfermo coinciden :(ormalmente C.os términos que Krehl enunció sepa- l'ados : la vi.rla y el sí mismo, su biología y su per- sonalidad.

(1) Texto tomado por von Weizsaecker de la biografía d&

Briand que compuso Antonina Vallentin.

TOMO XIII. - Si esto fuese sucesión de v~

resolver cinco 1.0 Un prob bre y de la vi y científica-y enfermedades?

2.0 Un prob los distintos e sus instintos, cía moral-en ni.os «enferma

3.0 Un ¡rrob da la enferm · dades de nue según lo que r Vida del homb 4.0 Un prob tre ese modo situación histó verdad, real y titud defensiva 1nvasión por JetiVO>>?

5.0 Un prObl

¿qué grado de y terapéutica dad humana?

cia del médico puede no serlo Por !ortuna ciar esas grav

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