El contexto migratorio como determinante de la violencia de género en mujeres inmigrantes
Santa Ana Bello Morales
UNIVERSIDAD DE ALICANTE DEPARTAMENTO DE SOCIOLOGÍA II
EL CONTEXTO MIGRATORIO COMO DETERMINANTE DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO EN MUJERES INMIGRANTES
Tesis Doctoral
Autora:
Santa Ana Bello Morales
Dirigida por:
Daniel La Parra Casado Carmen Vives Cases
2012
A mi familia
AGRADECIMIENTOS
Con el tiempo, recordaré que escribí este documento en uno de los momentos más complicados de mi vida, por cuanto la ansiedad, los miedos, la soledad, y al mismo tiempo los momentos de alegría y satisfacción que acompañan a una tesis, fueron vividos intensamente. Precisamente, la particular complejidad que rodeó esta investigación hace que vea en ella más que una retribución académica, una extraordinaria experiencia de vida.
Como no podía ser de otro modo, fueron muchas las personas que me acompañaron en este proceso, algunas son plenamente conscientes de ello, mientras que otras, por el contrario, favorecieron sin saberlo la realización de un sueño. Por ello, las siguientes líneas intentarán rendir un reconocimiento a su generosidad.
Quisiera manifestar mi gratitud al Doctor Daniel La Parra y a la Doctora Carmen Vives, ambos directores de esta tesis doctoral, no sólo por aceptar tutelarla, sino también por su disposición, compromiso y estímulo a lo largo de todo el proceso. Fueron, sin duda, la guía que todo doctorando desearía tener.
Hago explícita también, mi gratitud a todo el equipo de trabajo del proyecto de investigación “Violencia de género en mujeres inmigrantes. Factores de riesgo y determinantes de acceso a los servicios socio sanitarios”, adscrito a la Universidad de Alicante. Su apertura y apoyo fueron fundamentales en el desarrollo de este estudio.
A Teresa Martín, agradezco su talante, su amistad, y sobre todo el haber creído en mí. Le debo además, el haber podido participar en el proyecto de prevención de la violencia de género que dirigió durante los años 2007 a 2011. “Conocer para cambiar la mirada” fue una de las experiencias más gratificantes de mi vida.
Un reconocimiento especial merecen Miguel Ángel Mateo y Enrique Romá, gracias a ellos consolidé en gran medida mi particular proceso migratorio.
A mi entrañable amiga Isabel Hurtado, agradezco la complicidad, la escucha, la paciencia y la empatía, sobre todo en los momentos más duros. Contar contigo es un regalo.
Resulta apremiante dar las gracias a Mary Romero y a Miguel Romá, por el apoyo y el afecto sin límites.
Gracias por ser mi familia en España, y gracias por hacer de la Peri, mi segundo hogar.
A María de los Ángeles Llorca, por regalarme a sus 92 años el tiempo y la tranquilidad para escribir esta tesis. Su llegada fue providencial, y por ello mi deuda es impagable.
Debo hacer una mención especial al grupo de profesionales que participó y facilitó toda la información requerida para llevar a buen puerto este estudio. Sin ellos no hubiera sido posible.
Por último, aunque no por ello menos importante, quiero dar las gracias a mi familia. A mi madre, por su amor sin límites. A mis abuelos, Lucía y Maximiliano, que aunque ya no están con nosotros, fueron los primeros en sembrar en este huerto, por cuanto es justo que se reconozcan sus frutos. A mi hermano, al que admiro profundamente porque posee la templanza requerida para vivir sosegadamente, y a la vida, por supuesto.
A todas y todos mil gracias.
“Creo que es buena esa ambición de ser cosmopolita, aquella idea de ser ciudadano no de una pequeña parcela del mundo, que cambia según las convenciones de la política, según las guerras, según lo que ocurra, sino de sentir todo el mundo como nuestra patria.”
“Ser cosmopolita no significa ser indiferente a un país y ser sensible a otros. Significa la generosa ambición de ser sensibles a todos los países y todas las épocas, el deseo de eternidad, el deseo de haber sido muchos...”
“Soy un cosmopolita que atraviesa fronteras porque no le gustan"
Jorge Luís Borges
“El truco no es no tener hogar, sino tener muchos, y estar al mismo tiempo fuera y dentro de cada uno de ellos, combinar la intimidad con la mirada crítica de lo ajeno, el involucramiento con el distanciamiento (un truco que las personas sedentarias tienen pocas posibilidades de aprender). Aprenderlo es la oportunidad del exiliado: de alguien técnicamente exiliado (el que está en el lugar, pero no es de él).”
Zygmunt Bauman
ÍNDICE DE CONTENIDOS
Introducción...10
PRIMERA PARTE: CONTEXTUALIZACIÓN TEÓRICA Capítulo 1. Marco teórico: violencia interseccionalidad y empoderamiento…………...15
1.1. La violencia según Johan Galtung………...16
1.1.1. Dimensiones de la violencia………...16
1.1.2. Tipología de la violencia directa y estructural………...18
1.2. Teoría de la Interseccionalidad………...19
1.3. Empoderamiento: origen y definiciones………...26
1.3.1.El empoderamiento en las relaciones de género ………...27
1.3.2. Empoderamiento: una reivindicación colectiva para el mejoramiento de la calidad de vida de las mujeres………...30
Capítulo 2. Marco conceptual de análisis...……....…...33
2.1. El Sistema patriarcal y el género como categoría de análisis...34
2.1.1. El patriarcado...34
2.1.2. El género...36
2.2. Feminización de la pobreza...37
2.3. Desigualdades de género, etnia y clase en el proceso migratorio...38
2.4. Violencia de género...39
2.4.1. La violencia de género y el enfoque de Johan Galtung………...42
2.4.1.1. El sistema sexo/género y la violencia de género...43
2.5. Cultura y violencia de género...46
Capítulo 3. Planteamiento del problema y objetivos de investigación...50
3.1. Objetivo general...50
3.1.1. Objetivos específicos...51
3.2. Hipótesis de investigación...51
SEGUNDA PARTE: ESTADO DE LA CUESTIÓN Capítulo 4. Panorama general de la situación de las mujeres inmigrantes en el contexto español...53
4.1. Migraciones femeninas...53
4.2. Países de procedencia de las mujeres inmigrantes...57
4.3. Las mujeres inmigrantes en el mercado laboral español: Tasas de actividad, segregación sectorial y ocupacional………...58
Capítulo 5. Perfil epidemiológico de la violencia de género en mujeres inmigrantes en España...………...64
Capítulo 6. Políticas públicas. Una mirada al Marco Legal………...69
6.1. Contexto internacional...69
6.2. Contexto nacional. Marco Normativo Legal de la Violencia de Género en España...73
6.2.1.La ley orgánica 1/2004 de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género………...73
6.2.2. Ley Orgánica 4/2004 sobre los derechos y libertades de los Extranjeros en España y su integración
social...75
6.2.3. La Ley 12/2009, de 30 octubre, reguladora del derecho de asilo y de la protección subsidiaria...78
6.2.4. Plan de atención y prevención de la violencia de género en población extranjera inmigrante (2009- 2012)...80
6.3. Recursos de intervención...82
Capítulo 7. Discursos sobre la violencia de género en mujeres inmigrantes. Evidencias y retos...84
7.1. La vulnerabilidad estructural de las mujeres inmigrantes. Voces de aquí y de allá...84
7.1.1. Ámbito internacional...84
7.1.2. Ámbito nacional...88
7.2. Preludio al capítulo de resultados...92
TERCERA PARTE: INVESTIGACIÓN EMPÍRICA Capítulo 8. Metodología...96
8.1. Llegada al campo de trabajo...96
8.1.1. Ámbito de la investigación...97
8.1.2. Sujetos...97
8.1.3. Instrumentos...98
8.1.3.1. Entrevista semiestructurada...98
8.1.3.2. Diario de campo...100
8.2. Procedimiento...100
8.2.1. Desarrollo de las entrevistas...101
8.2.2. Análisis...102
Capítulo 9. Resultados...104
9.1. Dificultades y barreras de acceso a los servicios...104
9.1.1. Dificultades y barreras estructurales...107
9.1.1.1. La documentación...107
9.1.1.2. Barreras lingüísticas...112
9.1.1.3. Desarraigo y redes de apoyo...116
9.1.1.4. Condicionamientos culturales (género y religión)...121
9.1.1.5. Desconocimiento y falta de formación de los profesionales...127
9.1.2. Dificultades y barreras coyunturales...133
9.1.2.1. El miedo...133
9.1.2.2. Desconocimiento de las mujeres...138
9.1.3. Consideraciones finales del apartado...139
9.2. Percepciones de los profesionales acerca del acompañamiento...145
9.2.1. Protocolo específico de actuación...145
9.2.2. Percepción sobre las mujeres inmigrantes en situación de malos tratos...148
9.2.2.1. Con respecto al nivel de exigencia...148
9.2.2.2. Con respecto a los recursos existentes...149
9.2.3. Percepciones de los propios profesionales sobre los recursos...154
9.2.4. Consecuencias de la crisis económica...162
9.2.5. Consideraciones finales del apartado...166
9.3. Pautas de prevención y estrategias de intervención encaminadas al empoderamiento de las mujeres
inmigrantes víctimas de la violencia de género...170
9.3.1. Inclusión de la perspectiva de género partiendo del reconocimiento de la diversidad...170
9.3.2. Garantizar el acceso efectivo a los recursos...175
9.3.3 Promover el papel de las asociaciones...180
9.3.4. Coordinar esfuerzos con los países de procedencia de las mujeres...183
9.3.5. Rescatar los aspectos positivos de la migración y potenciar las condiciones del contexto español como garante de una vida sin violencia...184
9.3.6. Consideraciones finales del apartado...185
CUARTA PARTE: CONCLUSIONES 10. Conclusiones: aspectos generales...189
10.1. Conclusiones con respecto a las dificultades y barreras de acceso a los servicios...189
10.2. Conclusiones con respecto al acompañamiento...190
10.3. Conclusiones con respecto a las Pautas de prevención y estrategias de intervención encaminadas al empoderamiento de las mujeres inmigrantes víctimas de la violencia de género...191
QUINTA PARTE: REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Bibliografía...194
SEXTA PARTE: ANEXOS Anexo I. Guía de las entrevistas realizadas a los profesionales de los diversos ámbitos...211
1. Guión de la entrevista a personal de entidades oficiales (Servicios Sociales)...211
2. Guión de la entrevista a personal adscrito a Asociaciones, ONGs, Fundaciones...215
3. Guión de la entrevista a personal adscrito al ámbito policial/judicial...218
Anexo II. Modelo de Ficha/Resumen...222
Anexo III. Estructura y medidas del plan de atención y prevención de la violencia de género en población extranjera inmigrante (2009-2012)...223
ÍNDICE DE TABLAS Y FIGURAS TABLAS
1. El modelo de violencia de Galtung y las necesidades humanas básicas...18
2. Esquema sexo/género...44
3. Estructura de la violencia/violencia de género...45
4. Población extranjera empadronada 2002-2012...56
5. Nacionalidades predominantes entre las mujeres extranjeras empadronadas en España...58
6. Prevalencia de casos de violencia de género en España 2006...65
7. Prevalencia de casos de violencia de género en España 2011...65
8. Porcentaje de permanencia y salida de los malos tratos (españolas e inmigrantes)...66
9. Mujeres muertas por violencia de género, según nacionalidad (1999-2012)...67
10. Resumen bloque temático de las entrevistas...99
11. Itinerario de las entrevistas...101
FIGURAS 1. Contexto global de la investigación...93
2. Bases teóricas del estudio...94
3. Esquema de las dificultades...105
Introducción
Las propuestas de investigación deben su formulación a innumerables factores, no obstante, creo particularmente que por lo menos dos condiciones deben ser invariables para generar resultados válidos, no sólo para quien investiga sino para su entorno. De aquí que, al momento de plantear temas susceptibles de ser investigados recurro al binomio compuesto, por una parte, por la subjetividad de quien investiga (afinidad, preferencias conceptuales, compromisos personales, entre otros) y por otra, a la objetividad ligada a la pertinencia, y a la repercusión del trabajo en la realidad.
El presente diseño de investigación responde desde luego a ambas condiciones, precisamente porque es un tema con el que me siento comprometida personal y profesionalmente, y de igual modo, la emergencia social que gira en torno al mismo da cuenta de su pertinencia. Así las cosas, la afinidad con los temas de género, violencia e inmigración, que se corresponden con la realidad de una sociedad multicultural, han conducido a este trabajo.
La tasa de violencia de género en mujeres inmigrantes ha mantenido un aumento considerable en los últimos años, incremento, que de acuerdo con los datos oficiales entre los años 1999 y 2004, fue cinco veces superior a la de las mujeres españolas (Instituto de la Mujer, 2008). Unido a ello, y tal como queda recogido en el plan de atención y prevención de la violencia de género en población extranjera inmigrante. “… de acuerdo con la información disponible, la proporción de mujeres extranjeras en España víctimas de violencia de género, al igual que la proporción de agresores extranjeros suponen una sobre-representación respecto al peso demográfico de mujeres y varones extranjeros en España” (Plan te atención y prevención de la violencia de género en población extranjera inmigrante. 2009-2012:4). En estos términos, la violencia de género en la población de mujeres inmigrantes ha seguido una evolución creciente durante estos últimos años, circunstancia que debe ser abordada con el ánimo de desarrollar medidas que permitan llevar a cabo una mejor respuesta frente al problema.
Bajo estas premisas, el presente trabajo pretende indagar acerca de la situación real y el abordaje del tema de estudio, con el propósito de brindar alternativas coherentes capaces de afrontar con pertinencia un problema tan ineludible como susceptible de enfrentar. Ello se intentó realizar desde el respeto y la empatía con las mujeres afectadas, confiando siempre en su autodeterminación para enfrentar la lacra de la violencia que padecen, así como desde la valoración de la experiencia de trabajo de los profesionales vinculados al acompañamiento y la evaluación de las medidas existentes, intentando no restarles el mérito implícito, pero observándolas con la distancia necesaria para detectar fisuras o fallos, siempre con el ánimo de construir y no de destruir.
De acuerdo con lo anterior, y partiendo del hecho de que la base etimológica del concepto de teoría es
“hacer ver”, en esta investigación se intentará mostrar, desde el marco teórico elegido, aspectos que bajo el enfoque convencional desde el que se ha observado el problema de la violencia de género en la población de mujeres inmigrantes, podrían estar ocultos, minimizados, invisibilizados y hasta
justificados. De aquí que esta propuesta si bien pretende observar, analizar y reflexionar mediante la teoría, también intentará en la medida de lo posible encausar dichas reflexiones y conclusiones hacia el plano de la práctica social cotidiana del abordaje del problema.
Por otro lado, en lo que respecta al desarrollo y posterior presentación del texto principal del trabajo, se acordó construir una estructura que organizara de forma lógica las ideas desplegadas a lo largo de todo el proceso de investigación, de tal manera que se estableciera con ello un hilo conductor sólido entre el marco de análisis, la investigación empírica y las conclusiones. Es por ello que la tesis se encuentra ordenada en seis partes vinculadas entre sí para garantizar por un lado, la coherencia entre los distintos apartados y por otra, la continuidad en el recorrido de los mismos.
En este orden de ideas, en la primera parte, se incluye todo el soporte teórico y conceptual que vertebra el análisis de la investigación. Para ello se desarrolla en el Capítulo 1 un marco teórico cuyo engranaje está compuesto por la definición integral de violencia ofrecida por la teoría de Johan Galtung, la teoría de la interseccionalidad y el empoderamiento. De esta forma, la violencia vista desde el prisma que ofrece Galtung permite un abordaje mucho más amplio, interdisciplinario y propositivo1 de la violencia de género, el cual se ajusta al análisis que desde el paradigma de la interseccionalidad, legado de la teoría feminista, se hace de los diferentes dispositivos de desigualdad que las estructuras jerárquicas basadas en relaciones de poder injustas promueven en la vida de las mujeres. Finalmente, el empoderamiento en el contexto de las relaciones de género se presenta en este capítulo como una alternativa frente al problema de las mujeres inmigrantes que padecen la lacra de los malos tratos.
Una vez configuradas y asumidas las gafas teóricas con las que observar y analizar la realidad investigada, se inscribe en el capítulo 2 el marco conceptual que se focalizará en las distintas unidades desarrolladas para soportar dicho análisis. La primera de ellas se vincula a un sistema patriarcal que sustenta las desigualdades entre hombres y mujeres con base en las diferencias biológicas entre los sexos construyéndolas socio-culturalmente a través del género, de aquí que sea precisamente el género el segundo de los conceptos establecidos como categoría de análisis.
Siguiendo el curso de la temática central del trabajo, fue absolutamente necesario incluir dos nuevas unidades conceptuales que permitieran abordar los sesgos de género al interior de un proceso migratorio, los cuales además de ser impuestos por un sistema patriarcal de dominio están condicionados por etiquetas derivadas de la clase social y la etnia, lo que en el caso específico de las mujeres configura una doble segregación, como mujeres y como inmigrantes. En este caso, la feminización de la pobreza y las desigualdades en el proceso migratorio contribuyeron a ampliar las reflexiones en este sentido. Por último, se incluyen en este capítulo, las percepciones acerca de las actitudes de tolerancia hacia la violencia de género, de las cuales se advierte que además de ser un factor de riesgo varían con respecto a
1 Lo que involucra el planteamiento de reflexiones alternativas frente a la problemática suscitada.
la cultura y al avance social de la igualdad entre hombres y mujeres, acentuándose en sociedades en donde la posición de la mujer está en desventaja con respecto a la de los hombres.
En este punto, se incorpora un nuevo capítulo (Capítulo 3) que contiene la razón de ser de esta tesis doctoral, por cuanto está asociado al planteamiento del problema de investigación, a los objetivos sobre los que se propone trabajar y a la hipótesis que traza el recorrido.
A partir de aquí, la estructura concibe una segunda parte organizada en cuatro capítulos que conforman el contexto en el que se desarrolla la investigación, de aquí que se le denomine justamente Estado de la cuestión. En el capítulo 4, se enmarca el panorama general de la situación de las mujeres inmigrantes en el contexto español, abordando entre otras cuestiones los principales países de procedencia y su posición en el mercado laboral. Por su parte, el capítulo 5, suministra información concerniente al perfil epidemiológico de la violencia de género en España, teniendo en cuenta la prevalencia de casos, el reporte de denuncias, órdenes de alejamiento y las cifras mortales.
En esta misma línea, el capítulo 6 plantea un recorrido por las diferentes políticas públicas incluidas en el Marco legal de la violencia de género en España, identificando en ellas las disposiciones contempladas para afrontar este tipo de violencia en la población de mujeres inmigrantes. En este sentido, se aporta información detallada de la Ley orgánica 1/2004 de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, y a partir de allí la exploración se dirige a indagar acerca de las disposiciones más relevantes de la Ley Orgánica 4/2004 que considera los derechos y libertades de los Extranjeros en España, así como su integración social. Posteriormente, se incluye la Ley 12/2009, de 30 octubre, reguladora del derecho de asilo y de la protección subsidiaria, las cuestiones más relevantes del plan de atención y prevención de la violencia de género en población extranjera inmigrante (2009-2012) y por último, se hace una breve referencia a los recursos de intervención.
En el capítulo 7 se examinan diferentes discursos sobre la violencia de género en mujeres inmigrantes, lo cual se llevó a cabo a través del desarrollo de dos bloques temáticos destinados a indagar por una parte, distintas posiciones en el ámbito internacional y por otra, visiones al respecto en el contexto nacional.
Precisamente, este capítulo intentará ir más allá de las cifras que aportan los organismos oficiales para dar trascendencia a las diferentes investigaciones y posturas que giran en torno a dicha problemática. Lo que sin duda favorece el análisis en tanto que amplía la perspectiva teórico-práctica.
A continuación, se incorpora una tercer parte relacionada con la investigación empírica. En concreto, con el trabajo de campo que condujo a la búsqueda y posterior análisis del ámbito de investigación elegido.
En este caso, la presentación se ordena en dos capítulos provistos de la siguiente información: en el capítulo 8 se dejan sentadas las herramientas metodológicas de las que se sirvió el estudio, contextualizando además, los motivos por los cuales se eligieron. Una vez descritos los métodos, técnicas de investigación y el escenario del trabajo de campo, se presentan los resultados en el capítulo 9.
Puesto que se entendía necesario incorporar tres puntos en los cuales se abordaran cada uno de los objetivos específicos de investigación, en el apartado 9.1 se desarrollan todas las consideraciones atinentes al análisis de las dificultades y barreras de acceso de las mujeres inmigrantes, el apartado 9.2 se adentra en las distintas percepciones de los profesionales involucrados en el acompañamiento a las mujeres en situación de malos tratos, lo que pasa por explorar su punto de vista con respecto a las actuaciones específicas, la visión que se tiene de las víctimas y de los recursos existentes. Así mismo, el apartado 9.3 propone, para cerrar esta parte, algunas pautas de prevención y estrategias de intervención que promuevan el empoderamiento en la población de mujeres inmigrantes afectadas por la violencia de género.
Se incluye entonces, una cuarta parte que resume en las conclusiones el desarrollo de las principales ideas alrededor de las cuales se ha configurado este trabajo, incorporando además las impresiones derivadas del análisis y de las cuales era indiscutible dejar evidencia. Necesariamente en este etapa de cierre, y a juzgar por la importancia de los diferentes textos citados a lo largo de todo el trabajo, la penúltima y quinta parte, suministra toda la información bibliográfica que ha apoyado la presente investigación, y sin la cual no hubiera sido posible llevarla a cabo.
Por último, la tesis incluye una sexta parte que compendia tres anexos que complementan y amplían datos relevantes, pero al mismo tiempo imposibles de incluir en el cuerpo del trabajo. El anexo I contiene las diferentes guías utilizadas en las entrevistas realizadas a los profesionales de los distintos ámbitos. En el anexo II se incluye el modelo de ficha/resumen de cada entrevista, y en el anexo III, se incorpora la información correspondiente a la estructura y medidas del Plan de atención y prevención de la violencia de género en población extranjera inmigrante (2009-2012) de España.
Sólo resta indicar que con este trabajo se ha pretendido dejar planteadas algunas reflexiones con respecto a la problemática señalada, por cuanto a partir de este punto es totalmente oportuno iniciar el trásito que permitirá reconocerlas.
PRIMERA PARTE: CONTEXTUALIZACIÓN TEÓRICA
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1. Marco teórico: violencia, interseccionalidad y empoderamiento
La búsqueda de un marco teórico integral que permitiera incluir de forma coherente las experiencias de mujeres inmigrantes víctimas de la violencia de género2, condujo esta propuesta a la teoría de Johan Galtung3 y su planteamiento de un modelo triangular que esquematiza flujos de relación entre los tres tipos de violencia que a su entender acopian en conjunto este problema (violencia directa, violencia estructural y violencia cultural). Así mismo, fue totalmente imprescindible para los propósitos de este estudio incluir el legado feminista puesto que el paradigma de la interseccionalidad y el concepto de empoderamiento posibilitan un abordaje particular del tema de investigación.
En suma, el trabajo de revisión bibliográfica que permitió la configuración del marco teórico que se expondrá a continuación, se realizó con la pretendida intencionalidad de lograr un espacio de análisis pertinente y a la vez propositivo que abordara el tema de estudio desde la interdisciplinariedad que su carácter complejo amerita. De acuerdo con ello, el marco de análisis elegido, resulta pertinente para los fines propuestos, dado que en la temática tratada confluyen múltiples y variadas situaciones que requieren de un tratamiento multidisciplinar, por cuanto la teoría de J. Galtung, la teoría de la interseccionalidad y el empoderamiento cumplen con tal exigencia.
En este sentido, Galtung permitirá ampliar la visión del fenómeno de la violencia de género, otorgándole importancia no sólo a las manifestaciones palpables, o a los acontecimientos más próximos vinculados a la violencia directa, sino además a la violencia estructural relacionada con la injusticia social que en muchas ocasiones se reproduce en las instituciones y que configura obstáculos para el libre ejercicio de la ciudadanía por parte de las mujeres que emprenden un proceso de salida de la situación de malos tratos.
Así mismo, bajo la mirada de este autor será posible examinar la violencia cultural adscrita al proceso migratorio y a los prejuicios que el imaginario colectivo produce y re-produce basándose en ideas preconcebidas con respecto a las mujeres procedentes de otras culturas.
La teoría de la interseccionalidad, por su parte, posibilitará el reconocimiento y análisis de los factores de opresión que estructuran una situación de especial vulnerabilidad para las mujeres inmigrantes afectadas por la violencia de género, las cuales se confabulan con las barreras de acceso a los servicios, dificultando cualquier intento de superación del problema.
2 Como plantea Begoña Marugán Pintos, “El tratar a las mujeres como sujetos es un paso que les da poder y autoestima, mientras que cuando se les devuelve una imagen de 'maltratada' se las victimiza nuevamente. Es evidente que en muchas ocasiones estas personas precisan de medios y ayudas, pero también sabemos de la capacidad de recuperación de las mujeres a través de su agencia” (Marugán, Begoña. 2009, 105) Por tanto, en este estudio la consideración de víctima, en los casos en los que se haga referencia a ella, estará íntimamente ligada a la de superviviente. Para señalar, que en efecto los malos tratos que reciben impiden el ejercicio libre y consciente de sus derechos (cosa que no se puede ocultar) pero sin negar su capacidad para enfrentar el problema.
Ante ello Marugán añade: “La imagen de la víctima es muy problemática y también lo es la denominación de maltratada que ha hecho que el padecer determinadas conductas se convierta en efecto halo que define a la persona, estigmatizándola, además, si hubiera que nombrarlas de algún modo sería con el adjetivo de las 'supervivientes' –máxime si son inmigrantes- porque en algunos casos han sobrevivido a situaciones muy difíciles” (Marugán, Begoña. 2009, 115)
3 Investigador Sueco, pionero en los estudios sobre paz y conflictos. La obra de este autor, es de algún modo la mitad de la investigación por la paz; cualquier persona que se asome a esta área de investigación se encuentra con alguna de sus tesis. Paz por medios pacíficos, es el estandarte dentro de esta obra, en el que Galtung hace en 1995 una especie de antología, reuniendo en un solo texto los muchos temas que durante décadas había ido tratando en un número considerable de trabajos.
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Finalmente, el empoderamiento se incluye para considerar no sólo la identificación y el análisis de las circunstancias particulares que envuelven el tema de estudio, sino la búsqueda de aportes significativos y proposititos para el abordaje de la de la violencia de género, involucrando a las mujeres en esta situación como participantes y no como simples beneficiarias y considerándolas como agentes de cambio.
1.1. La violencia según Johan Galtung
A pesar de la amplia bibliografía existente acerca de la definición de violencia, aún es común identificarla sólo con actos de agresiones físicas entre personas concretas. Sin embargo, este tipo de violencia es sólo la punta del iceberg, que aunque es la más visible, no es la única ni la más peligrosa. Johan Galtung (2003) brinda una conceptualización mucho más extensa del problema que permite un análisis interdisciplinario y configura una herramienta de intervención propositiva que confluye con los fines de esta investigación. Según este autor “la violencia está presente cuando los seres humanos se ven influidos de tal manera que sus realizaciones efectivas, somáticas y mentales están por debajo de sus realizaciones potenciales”, de aquí que, “cuando lo potencial es mayor que lo efectivo, y ello es evitable, existe violencia” (Espinar y Mateo, 2007: 191). Toda esta reflexión hace que Johan Galtung entienda la violencia “como afrentas evitables a las necesidades humanas básicas, y más globalmente contra la vida, que rebajan el nivel real de la satisfacción de las necesidades por debajo de lo que es potencialmente posible” (Galtung,. 2003: 262).
Si se tiene en cuenta que la violencia de género es todo acto que limita la dignidad y libertad de las mujeres, es evidente que no puede circunscribirse sólo a agresiones físicas, por cuanto el concepto de violencia propuesto por este autor es totalmente acertado en esta investigación, precisamente porque muestra que la agresión física o violencia directa puede ser una de muchas otras formas de limitar las potencialidades de una persona, pero no la única, lo que tendría como corolario que en ocasiones no es necesario el ultraje físico para violentar a un ser humano y en el caso específico de la violencia de género a las mujeres.
1.1.1. Dimensiones de la violencia
Johan Galtung también plantea diferentes formas de violencia no estrictamente físicas. Emplea para ello tres términos de referencia, uno de ellos es el de violencia directa para referirse a la violencia física y/o verbal, fácilmente identificable por su carácter “visible al ojo desnudo, y al empirismo de a pie […] con todo su historial de crueldad directa perpetrada por seres humanos contra otros seres humanos…“(Galtung, 2003: 265).
Mucho más difícil de distinguir resulta la violencia estructural que hace referencia, según Galtung, a un proceso en cuyo núcleo se halla la explotación, la discriminación, la exclusión o la dominación4. “una
4 Para Galtung, “esto significa simplemente que , algunos, los de arriba, obtienen de la interacción en la estructura mucho más (medido aquí en moneda de necesidades) que otros, los de abajo”
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violencia edificada dentro de la estructura y [que] se manifiesta como un poder desigual, y consiguientemente, como oportunidades de vida distintas. Los recursos están desigualmente distribuidos y […] por encima de todo, está desigualmente repartido el poder de decisión acerca de la distribución”
(Espinar y Mateo, 2007: 191). De aquí que, el denominador común de la violencia estructural, sea la desigualdad y la injusticia social (Espinar y Mateo, 2007: 191). Dicha estructura se refuerza con cuatro expresiones que
“funcionan impidiendo la formación y movilización conscientes, dos condiciones necesarias para la lucha eficaz contra la explotación. La penetración - implantación de los dominantes en el interior de las personas dominadas, los de arriba en los de abajo, por decirlo coloquialmente-, combinada con la segmentación -proporcionar a la parte de abajo una visión muy parcial de lo que ocurre- hará la primera parte del trabajo. Y la marginación, dejar fuera a la parte inferior, combinada con la fragmentación, mantener a las personas de esa parte de abajo separadas entre sí, hará la segunda“(Galtung, 2003: 264).
El autor en mención utiliza el término violencia cultural5 para catalogar un tipo de violencia aún menos visible, que se soporta en “aquellos aspectos de la cultura, el ámbito simbólico de nuestra existencia (materializado en religión e ideología, lengua y arte, ciencias empíricas y ciencias formales –lógica, matemáticas-)” (Galtung, 2003: 261). De ahí que sea tan fácilmente mimetizable y tan persistente en el tiempo, hasta el punto de normalizarla, interiorizarla u obviarla, pues su propósito es legitimar, promover y mantener la violencia en sus formas estructural y directa6.
En este trípode en el que se sostiene la violencia conceptualizada por Johan Galtung, cada soporte es indispensable para mantener la plataforma, debido a que en este modelo triangular las interacciones entre los tipos de violencias se realimentan y retroalimentan, generando una estrecha e íntima relación entre ellas conduciendo unas a otras, tal como señala este autor:
“Generalmente, se puede identificar un flujo causal de la violencia cultural a la violencia directa pasando por la violencia estructural. La cultura sermonea, enseña, amonesta, incita y nos embota para que aceptemos la explotación y/o la represión como algo normal y natural, o para que no la veamos en absoluto (en especial la explotación). Entonces llegan las erupciones, los esfuerzos de utilización de la violencia directa para salir de la jaula de hierro estructural, y la contraviolencia para mantener la jaula intacta” (Galtung, 2003: 265).
5 Como dato curioso parece importante destacar que la forma como los aspectos culturales logran difuminar una ideología, mucho más si ésta intenta mantener una jerarquía, pueden atravesarlo todo impidiendo ver unas cosas o dejando ver sólo las que se desee. Galtung constató durante el año 1969 la diferencia entre violencia directa y estructural, con lo que diseñó un sistema bipolar y sólo veinte años después reconoce la violencia cultural incorporándola en su análisis y configurando un modelo triangular, que es el que hoy por hoy maneja. Algo muy creativo, pero sobre todo la demostración de que la miopía que producen algunos aspectos culturales puede ocultar verdades, incluso a los que ya se han puesto las gafas para reconocerlas.
6 La violencia simbólica definida por Pierre Bourdieu guarda mucha relación con la violencia cultural de Galtung. En este sentido Bordieu considera la violencia simbólica como “esa violencia amortiguada insensible e invisible para sus propias víctimas, que se ejerce esencialmente a través de los caminos puramente simbólicos de la comunicación y del conocimiento […] del reconocimiento, o en último término, del sentimiento” (Bourdieu. 2000, 12)
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No obstante, Johan Galtung aclara que los flujos de relación no sólo van de la violencia cultural a la estructural y de allí a provocar la directa, en lo absoluto, pues ello daría lugar a un modelo estratificado, piramidal y no triangular como lo plantea su creador (la idea de los estratos no es rechazada por Galtung sino que puede ser complementaria a la del triángulo, pero no la única referencia) esto significa que los flujos pueden iniciar en cualquiera de los vértices.
De igual modo, destaca que “Pese a las simetrías, hay una diferencia básica en la relación temporal de los conceptos de violencia. La violencia directa es un acontecimiento; la violencia estructural es un proceso con sus altos y bajos, y la violencia cultural es una constante, un permanente, que se mantiene básicamente igual durante varios períodos, dadas las lentas transformaciones de la cultura básica”
(Galtung, 2003: 265).
1.1.2. Tipología de la violencia directa y estructural
El modelo de Johan Galtung que parte de la violencia como afrentas evitables a las necesidades humanas básicas, plantea, basado en la combinación de la diferenciación de la violencia directa y violencia estructural y en cuatro clases de necesidades básicas, una tipología reflejada en la siguiente tabla.
Tabla 1. El modelo de violencia de Galtung y las necesidades humanas básicas
Necesidad de supervivencia
Necesidad de bienestar Necesidades identitarias Necesidades de libertad
Violencia directa
Muerte Mutilaciones, acoso, sanciones, miseria
Desocialización, resocialización, ciudadanía de segunda
Represión,
detención, expulsión Violencia
estructural
Explotación A (fuerte)
Explotación B (débil) Marginación
Fuente: Paz por medios pacíficos, paz y conflicto, desarrollo y civilización. 2003: 262
Las cuatro clases de necesidades básicas –resultado de exhaustivos diálogos en muchas partes del mundo- son: necesidad de supervivencia y su negación se manifiesta en la muerte, en la mortalidad; la necesidad de bienestar cuya negación se evidencia en el sufrimiento, en la falta de salud; la identidad, necesidad de representación, se niega con la alienación y la necesidad de libertad se constriñe con la represión (Galtung, 2003).
Para La Parra y Tortosa (2003), las interacciones mutuas entre la violencia directa y estructural son útiles para explicar un problema común. Puesto que tanto la violencia estructural como la violencia directa establecen motivos por los que una parte de la humanidad no puede satisfacer sus necesidades humanas básicas. De aquí que para ambos autores “El término violencia estructural es útil para indagar la relación existente entre las situaciones de violencia estructural y formas de violencia directa. En este sentido, por poner un ejemplo, la violencia represiva puede entenderse como un mecanismo necesario para mantener una determinada estructura de poder cuando existen altos niveles de violencia estructural” (pág. 62)
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De igual modo, “El término violencia estructural es útil para introducir los mecanismos de ejercicio del poder como causantes de procesos de deprivación de necesidades humanas básicas... [Precisamente porque] El término violencia estructural contiene una carga valorativa y explicativa determinante: la deprivación se define como el resultado de un conflicto entre dos o más partes en el que el reparto, acceso o posibilidad de uso de los recursos es resuelto sistemáticamente a favor de alguna de las partes y en perjuicio de las demás [...] El término violencia estructural sirve por tanto para recordar que la eficiencia se produce en cualquier caso a costa de una forma de reparto que es sistemáticamente desfavorable para algunas de las partes, que esto es conflictivo y que existen motivos para pensar que la situación es impuesta por los ganadores y no es deseada por los perdedores” (pág. 63)
1.2. Teoría de la Interseccionalidad
La teoría feminista es amplia, multidisciplinar y propositiva de aquí que su estudio implique la división de acuerdo con las cuestiones centrales a las que se enfrenta, y las respuestas relevantes dadas a los interrogantes centrales de la teoría feminista contemporánea: ¿Qué hay de las mujeres? ¿Por qué todo esto es como es? ¿Cómo podemos cambiarlo?
Si bien, estas tres preguntas unifican la labor feminista, no menos cierto es que las respuestas que se produzcan generan categorizaciones que estructuran tipos de feminismos que mantienen la esencia pero responden de manera diferente a esos cuestionamientos.
Una de las clasificaciones existentes de las diferentes teorías feministas es la que realiza Patricia Madoo Lengermann y Jill Niebrugge- Brantley (2002) en el libro de George Ritzer “Teoría Sociológica Moderna”. En el capítulo denominado “Teoría feminista contemporánea”, las autoras clasifican las teorías feministas en cuatro grandes grupos:
• Teoría de la diferencia
• Teoría de la desigualdad de género
• Teorías de la opresión, que incluye o Feminismo psicoanalítico o Feminismo radical
• Teorías de la opresión estructural, que incluye a su vez o Feminismo Socialista
o Teoría de la interseccionalidad (Madoo y Niebrugge- Brantley, 2002: 417)
La teoría de la interseccionalidad, en la que se basa la presente investigación, parte de la creencia de que las mujeres experimentan la opresión en varias formas y en distintos grados de intensidad. El tema central de esta teoría es que aunque todas las mujeres experimentan la opresión sobre la base del género, están diferentemente oprimidas por las diversas intersecciones de otros ejes de desigualdad social, descritos como vectores de opresión y privilegio, entre los que se incluye la clase, la etnia, la situación geográfica, 19
la preferencia sexual y la edad. La variación de estas intersecciones altera cualitativamente la experiencia de ser una mujer (Madoo, y Niebrugge- Brantley, 2002).
El argumento de la teoría de la interseccionalidad es que estos vectores de opresión deben tenerse en cuenta a la hora de teorizar sobre las experiencias de las mujeres porque la pluralidad de este grupo no permite generalizaciones arbitrarias, como por ejemplo agrupar a las mujeres bajo la denominación de “la mujer”. Sin embargo, evitar dichas generalizaciones requiere de un proceso de construcción teórica, investigación y crítica lo que ha proporcionado no sólo a la teoría de la interseccionalidad uno de sus aspectos más relevantes, sino que además ha incorporado a la teoría feminista una de las cuestiones centrales en los últimos años: cómo defender el principio analítico y el hecho innegable de la diversidad entre las mujeres y mantener al mismo tiempo la posición política y valorativa de que determinados grupos de mujeres comparten un punto de vista distinto (Madoo y Niebrugge- Brantley, 2002).
Como plantea Rosalía Romero, “no hay una visión unificada en el movimiento de mujeres contemporáneo, pero sí existe un acuerdo sobre una “utopía mínima” en lo que respecta a la vida social:
relaciones de afecto, de cuidados, expresivas y no expresivas, entre el yo y el otro, el yo y la naturaleza”
(Romero, 2000: 60). Es precisamente esa “utopía mínima” la que debe fundamentar el accionar feminista sin obviar, desde luego, las particularidades.
Ante un paradigma interdisciplinar, como lo es el que se plantea en la teoría de la interseccionalidad, resulta útil relacionarlo con el esquema triangular de Galtung. Se parte precisamente, de que el primero por pertenecer a la teoría feminista incluye la perspectiva de género, compartiendo de hecho la conceptualización de la violencia basada en las relaciones de desigualdad que éste impone. Ahora bien, en este caso la violencia intersecciona no sólo con el género sino con los ejes de desigualdad anteriormente mencionados (clase social, etnia, situación geográfica, preferencia sexual y edad) configurando relaciones de opresión particulares, dignas de ser expuestas a la luz, puesto que, como sugiere la teoría de la interseccionalidad al identificar dichos vectores de opresión y privilegio, queda claro que el privilegio ejercido por algunas mujeres y hombres se convierten en opresión de otras mujeres y hombres.
Ahora bien, la teoría de la interseccionalidad concibe estos ejes de desigualdad como estructuras jerárquicas basadas en relaciones de poder injustas. El tema de la injusticia marca el enfoque crítico del análisis de la intersecciónalidad, y a su vez constituye la piedra angular de la violencia estructural descrita por Galtung y es a partir de este aspecto común donde se percibe conveniente iniciar el análisis compartido.
La teoría de la interseccionalidad reconoce el vínculo fundamental entre la ideología y el poder que permite a los grupos sociales dominantes controlar a los subordinados, creando una política en la que la diferencia se convierte en una herramienta conceptual para justificar los vectores de opresión. En la práctica social, quienes dominan utilizan las diferencias entre las personas para justificar las prácticas 20
opresivas al traducir las diferencias en modelos de inferioridad y superioridad; las personas son socializadas de manera que ven la diferencia no como una fuente de diversidad, interés y riqueza cultural, sino evaluativamente en términos de “peor” o “mejor” (Madoo y Niebrugge- Brantley, 2002).
Esta relación en que la ideología legitima el poder de dominación es lo que Galtung identifica como violencia cultural que mediante prejuicios y creencias que desvalorizan a un grupo determinado justifica su opresión para auspiciar el rechazo institucional de la diferencia convirtiéndose así en una herramienta para una economía de beneficios que precisa de los extraños como personas excedentes, situándolos en posiciones de desigualdad, identificada esta con la violencia estructural.
La ideología (que auspicia la violencia cultural de Johan Galtung) opera, para justificar la estructura, creando una “norma mítica” con la que la gente se evalúa y evalúa a los demás. En la sociedad estadounidense (epicentro de la cultura occidental) esta norma es “blanco, delgado, varón, joven, heterosexual, cristiano y económicamente asentado” (Madoo y Niebrugge- Brantley, 2002: 418).
Este “patrón de medida humana” no sólo permite a los dominantes controlar la producción social retribuida y no retribuida (violencia estructural que indica explotación e injusticia social); también forma parte de la subjetividad de cada individuo, un rechazo internalizado de la diferencia que refuerzan la estructura. En palabras de Galtung “impidiendo la formación y movilización consciente, dos condiciones necesarias para la lucha eficaz contra la explotación” (Galtung, 2003: 264). Esto sucede cuando las personas devalúan su propia persona con base en un modelo gestionado como “superior” y en la mayoría de los casos inalcanzable (para Galtung penetración); cuando las distancias entre el grupo social dominante y el oprimido son tan amplias que los primeros pueden mostrar sólo lo que quieren, parcializando la visión general de los segundos (segmentación).
Lo anterior ocasiona que los primeros dejen fuera del goce de la mayor parte de los beneficios totales a los segundos (marginación); y por último, cuando no sólo se rechaza a las personas de grupos diferentes sino que se crean los criterios del propio grupo para excluir, castigar o marginar a miembros del mismo grupo (fragmentación).
Finalmente, estos vectores de opresión permiten que los que se atribuyan los privilegios mediante el modelo impuesto, “cosifiquen” a quienes incumplan la norma, despojándolo de sus derechos y convirtiéndolos en objetos de agresiones (violencia directa), hecho que bajo el prisma de los valores fomentados es totalmente normalizado7.
7 Galtung lo explica de forma magistral “La violencia cultural hace que la violencia directa y estructural aparezcan, e incluso se perciban, como cargadas de razón -o por lo menos no malas- . igual que la ciencia política trata de dos problemas –el uso del poder y la legitimación del uso del poder- los estudios sobre la violencia son sobre dos problemas: la utilización de la violencia y la legitimación de su uso. El mecanismo psicológico sería la interiorización. El estudio de la violencia cultural pone de relieve la forma en que se legitiman el acto de violencia directa y el hecho de la violencia estructural y, por lo tanto, resultan aceptables a la sociedad. Una de las maneras de actuación de la violencia cultural es cambiar el color moral de un acto, pasando de rojo/incorrecto al verde/correcto o, por lo menos, al amarillo/aceptable; un ejemplo sería asesinato por la patria, correcto; en beneficio propio, incorrecto. Otra forma es hacer opaca la realidad, de forma que no vemos el hecho o acto violento, o al menos no lo vemos como violento” (Paz por medios pacíficos. P. 262)
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La “norma mítica” que plantea la teoría de la interseccionalidad “blanco, delgado, varón, joven, heterosexual, cristiano y económicamente asentado”, para el caso de las mujeres es discriminatoria porque parte de una visión androcéntrica, que impone al varón como regla universal, lo que por razones de información genética las mujeres nunca podrán cumplir, encontrándonos frente a una norma sexista construida e inalcanzable para las mujeres, que determina un sesgo de género primigenio y estructural.
No obstante, la discriminación no se reduce sólo a ello, pues incorpora otros filtros, “blanco”, por ejemplo. He aquí entonces, que si se es mujer ya se está excluida de los privilegios; pero si se es mujer y negra la opresión se agudizará; de igual modo, al incluir el término “económicamente asentado” se incluye un dispositivo de opresión relacionado con la clase, y así sucesivamente si se revisan cada uno de estos factores. Lo que nos da una idea de las distintas combinaciones de opresión ligadas a las diferencias entre mujeres, bien llamadas vectores de opresión.
Lo anterior pone sobre la mesa que las intersecciones de vectores de opresión y privilegio crean variaciones tanto en las formas como en la intensidad en que las personas (en el caso que nos compete las mujeres) experimentan la opresión. “no todo sufrimiento es igual, se puede calcular el dolor” (Madoo y Niebrugge- Brantley, 2002: 418).
Gran parte del trabajo y la investigación8 llevada a cabo desde el paradigma de la interseccionalidad presenta la realidad concreta de la vida de mujeres condicionadas por las intersecciones de estos vectores, precisamente porque el proyecto de esta teoría es dar voz al conocimiento de grupo generado por experiencias vitales específicas creadas por intersecciones históricas de desigualdad y desarrollar varias expresiones feministas de estos conocimientos, rescatando una evidencia constatable a partir de los análisis proferidos, el hecho de que las mujeres en respuesta a sus circunstancias materiales, crean interpretaciones y estrategias para sobrevivir y oponerse al ejercicio persistente del poder injusto9 (Madoo y Niebrugge- Brantley, 2002). En este sentido, como se verá más adelante, el empoderamiento jugará su papel más importante en esta propuesta.
Ante ello, la feminista negra Patricia Hill Collins (Madoo y Niebrugge- Brantley, 2002) efectúa una explicación bastante coherente. Propone el punto de vista como una visión del mundo compartida por un grupo caracterizado por su “comunalidad heterogénea”. Indica que el carácter de “compartido” se refiere,
8 Las intersecciones que más estudian las feministas son las de género y raza, pero también hay numerosos estudios que tratan las intersecciones derivadas del género y la clase, del género y la edad, del género y la situación geográfica y del género y la preferencia sexual.
9 En este sentido, en la investigación “Out of África: Coping strategies of african immigrant women survivors of intimate partner violence” (Ting, L y Panchanadeswaran, S. 2010) Publicado en Health Care for Women International. Se Exploraron las conductas de afrontamiento de 15 inmigrantes Africanas sobrevivientes a la violencia del compañero íntimo (VCI) en los Estados Unidos. Encontrándose similitudes y diferencias en las estrategias de supervivencia entre las mujeres inmigrantes de África y observándose otras muy particulares. Los resultados del análisis cualitativo con inmigrantes africanas sobrevivientes arrojaron que ellas utilizan múltiples estrategias de supervivencia, incluidas las creencias en la espiritualidad y la retribución divina, una orientación hacia el futuro, y un sentido de auto-eficacia. La aceptación / resistencia de abuso, lo que ellos creen que era "normal "en relaciones hombre / mujer, la reducción al mínimo de los abusos y conductas y pensamientos de evitación también se utilizaron. Búsqueda de apoyo Informal y el apoyo formal / búsqueda de ayuda, y el conocimiento de los servicios disponibles para las mujeres. Lo cual tiene implicaciones para la política, la práctica y las investigaciones futuras.
Relacionado con lo anterior, otro estudio llevado a cabo por Magnussen, Shoultz, Hansen, Sapolu, y Samifua (2008) denominado “Intimate partner violence:
Perceptions of Samoan women”. Publicado en Journal of Community Health. Encontró que Las mujeres afectadas identificaban claramente la violencia del compañero íntimo (IPV) y eran conscientes de que se producía en su grupo cultural. Identificaron, además, múltiples respuestas individuales de las mujeres, las familias y las comunidades a la (VCI) A partir de allí, en Samoa se produjo un proceso formalizado para la solución de este problema.
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como sugirió Marx, a “circunstancias directamente vividas, dadas y transmitidas por el pasado” (Madoo y Niebrugge- Brantley, 2002: 419-420).
Así, continúa Hill Colins, el punto de vista de un grupo no sólo está formado por cierto esencialismo, sino que se deriva del reconocimiento de que, como la también activista negra, Fannie Lou Hamer, declara,”Estamos juntas en el mismo barco”. Aunque los vectores de opresión y privilegio (género, etnia, clase, edad, situación geográfica y preferencia sexual...) interseccionan en la vida de todo el mundo, estas teóricas afirman que el modo en que interseccionan influye notablemente en el grado en que se consolida un punto de vista común. Entre los factores que facilitan esta consolidación se incluye la existencia de un grupo con el paso del tiempo, el sentido de su propia historia como grupo, su ubicación en espacios identificables relativamente segregados y su desarrollo de un sistema intragrupal de organizaciones y conocimientos sociales para enfrentarse a la opresión (Madoo y Niebrugge- Brantley, 2002).
Las teóricas de la interseccionalidad advierten que, no obstante la existencia del punto de vista común, no debe caerse en dos peligrosas tendencias. Por una parte, no se debe homogeneizar a las personas, pues cada una de ellas tiene su propia dinámica interna frente a la situación, y por otra parte, tampoco es conveniente fijar la experiencia de la intersección y del punto de vista en los individuos este sería un reduccionismo teórico y políticamente peligroso porque eclipsa las estructuras históricas de la desigualdad de poder que han promovido la experiencia individual y han obstruido las iniciativas de cambio político.
Las experiencias de mujeres inmigrantes son totalmente susceptibles de afrontar estructuras de opresión que las excluyen y dificultan el ejercicio de una ciudadanía en igualdad de condiciones y oportunidades, su situación es tan compleja como amplio es el abanico de posibilidades de exclusión social, que involucran no sólo la construcción sociocultural de las diferencias sexuales entre mujeres y hombres, sino también su condición de extranjeras provenientes de países en vía de desarrollo, las encasilla en estereotipos cuya valoración social suele ser negativa. Así mismo, las políticas públicas tendientes a garantizar su “integración” satisfactoria en la sociedad del país de acogida, en ocasiones están permeadas por dichos prejuicios socioculturales, con lo cual, sus efectos podrían resultar contraproducentes.
Con relación a ello, el estudio llevado a cabo por Erez, Adelman, y Gregory (2009) analiza la interrelación entre las desigualdades sociales, las identidades sociales, y la violencia doméstica. En este sentido, examinan la relación entre la inmigración y la violencia doméstica, encontrando que las formas de inmigración permiten entender a las mujeres que padecen este tipo de violencia, su acceso a los recursos, y las respuestas frente a los malos tratos perpetrados. Esta investigación observa además, la dinámica de interrelación estructural vinculada al origen nacional y el estado de ciudadanía, considerándola como otro nivel de política de la identidad y la marginación en relación con la violencia doméstica en las mujeres inmigrantes.
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De acuerdo con lo anterior, si se analiza el contexto en el que surge la categoría sociopolítica de mujeres inmigrantes, quedará al descubierto lo que Belén Agrela ha analizado ampliamente. La autora pone especial énfasis en la división sexual del trabajo, “que además de estar previamente desregularizado, flexibilizado y precarizado, se estructura en base a unos criterios de género y etnicidad que ordenan el sexo, nacionalidad y etnia de quien ocupa qué puestos de trabajo” (Agrela, 2009: 2-3).
En estos términos, y en consonancia con muchas otras investigadoras, plantea que la llegada de las mujeres inmigrantes viene a convertirse en el colchón sobre el cual recaen las actividades domésticas y de cuidados que las mujeres nacionales ya no realizan debido a su incorporación en el mercado de trabajo
“productivo”, lo cual no sólo reproduce en las mujeres inmigrantes el estereotipo de género que vincula a las mujeres en exclusiva a dichas actividades reproductivas, sino que difumina el debate acerca de las políticas de conciliación de la vida laboral y familiar así como la negociación de dicha corresponsabilidad entre hombres y mujeres.
Esta “especialización de género” configura uno de los más importantes vectores de opresión según la teoría de la interseccionalidad, por cuanto “superada” la naturalización de las ocupaciones entre mujeres y hombres en el seno de la sociedad del país de acogida, estas recobran su “valor” en la población de mujeres inmigrantes, constituyendo una transferencia “del trabajo sucio” (Anderson, 2000) que ya no pueden seguir realizando las nacionales por cuanto su avance social ya no lo tolera, pero que pueden llevar a cabo las inmigrantes pues no atenta contra su “nivel económico y sociocultural”.
Sin duda, lo anterior constituye la forma más hipócrita de alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres, por cuanto la base de dicha igualdad se soporta en el desplazamiento de los estereotipos de género, es decir, en la tolerancia de las desigualdades sociales basadas en el género, en otros grupos de mujeres, en este caso en el de inmigrantes. Así, la tan loable igualdad instaurada por muchos estados adolece de una doble moral, pues está restringida única y exclusivamente para las autóctonas (ciudadanas de primera categoría). En cuyo caso, nos enfrentamos a una igualdad basada en privilegios culturales, sociales y económicos, que en términos generales condiciona el acceso a las oportunidades y al ejercicio de los derechos, es decir, nos enfrentamos a una falsa y cínica igualdad10.
Ahora bien, con el ánimo de hacer “políticamente correcto” este desplazamiento de las desigualdades, se hace necesario la construcción social de la otredad (Agrela, 2002) lo que la teoría de la interseccionalidad define como la “norma mítica” que traza la línea divisoria entre “las autóctonas” y las “otras inmigrantes”, de aquí que básicamente se recurra a la cultura para construir dicho artificio. En este sentido, “La cultura adquiere así el poder simbólico de lo inmutable, que se alimenta con la insistencia
10Cínica, porque si bien los hombres históricamente para acceder sin obstáculos al mundo de lo público, desplazaron a la mujer al mundo de lo privado, es decir, su plena libertad se basaba en la limitación de la libertad de las mujeres; de igual modo, la libertad obtenida por muchas mujeres nacionales, se basa no en la repartición equitativa de tareas con los hombres, sino en la delegación de las responsabilidades antes asumidas por ellas a otras mujeres, lo cual establece un nuevo sofisma de distracción para frenar la consecución de una igualdad real.
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de que buena parte de sus desigualdades [las que padecen las mujeres inmigrantes] tienen que ver con su origen y la cultura que portan” (Agrela, 2009: 23).
Institucionalizándose una distancia cultural entre ellas, “Las otras culturales” (que provienen de culturas atrasadas y pobres) y “las de la cultura occidental” (Agrela, 2002:) avanzada y con altos niveles económicos que justifica la adjudicación de los trabajos que realizan, por razones de etnia y clase.
Precisamente, la cultura omite la diversidad entre las mujeres haciéndolas parecer como un grupo que se comporta de forma homogénea, dejando de lado la autonomía y la autodeterminación de cada persona.
Justamente por ello, la teoría de la interseccionalidad se orienta hacia el conocimiento de las personas oprimidas sin descuidar la estructura que propicia tal opresión. En definitiva, este paradigma se interesa por desentrañar que “las personas no son presas perpetuas de sus orígenes culturales ni tienen forzosamente las mismas experiencias aún cuando nos obstinemos en encuadrarlas bajo una misma categoría” (Agrela, 2009: 27).
A este respecto, el argumento de la teoría de la interseccionalidad es que la pluralidad de este grupo no permite generalizaciones arbitrarias de “la mujer” basadas en aspectos culturales, por cuanto se hace necesario un tratamiento integral de “las mujeres” vistas como grupo heterogéneo, ello conducirá a implementar medidas de intervención incluyentes, propositivas y justas.
Por el contrario, cuando las prácticas legales, los textos y discursos políticos dirigidos hacia la acción y la integración social de las mujeres inmigrantes, reproducen los estereotipos de género, clase y etnia, entre otros (Gil, 2002), nos encontramos frente a modelos de intervención cuyos prejuicios etnocéntrico, androcéntricos, feministas o conservadores configuran prácticas cuyos efectos son totalmente desacertados e incluso perversos (Agrela, 2006). Desafortunadamente, en gran parte de las políticas se
”...elaboran y reproducen imágenes sobre las mujeres inmigrantes… [Que] tienden a marcarlas como dependientes, sumisas, tradicionales, tan sólo desde su rol en tanto que madres y esposas, subdesarrolladas y pobres, descaminadas... Como mujeres que encarnan los significados que tienen atribuidos desde Europa los países de donde proceden. Pero muy especialmente, son retratadas como víctimas: de sus maridos, de su cultura, de sus tradiciones, de su ignorancia, de las mujeres mismas. Por su doble condición de inmigrante que procede de países pobres y por la de mujer, a quien se le supone un bagaje cultural igualmente exiguo, fuertemente desvalorizado y atrasado” (Agrela, 2009: 17-18).
Así las cosas, la forma en que se categorizan y tipifican las mujeres inmigrantes condicionan los modelos de intervención destinados a su integración, estos a su vez reproducen de manera sistemática no sólo los estereotipos construidos socialmente, sino la problemática derivada de los mismos. En estos términos, el marco analítico desde el que se elaboran las políticas destinadas a la integración de las mujeres inmigrantes alberga representaciones de género que conducen a análisis sesgados y simplistas de su
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realidad. Dando lugar a modelos de intervención reduccionistas y asistencialistas que reproducen la discriminación y agudizan la exclusión de las mujeres inmigrantes.
Frente a ello, esta investigación, parte de la teoría de la interseccionalidad porque permite establecer un análisis más coherente con la situación específica de las mujeres inmigrantes que padecen la violencia de género, puesto que, tal y como se ha expuesto a lo largo de este epígrafe, contempla no sólo los distintos vectores de opresión y desigualdad a los que este colectivo se enfrenta, sino que también permite hacer visible la reproducción de los mismos en las políticas existentes que paradójicamente pretenden garantizar sus derechos. Además, tal como se expone en el siguiente apartado, se incluirá la perspectiva del empoderamiento aportada también por la teoría feminista, para proporcionar una herramienta que vaya un poco más allá del plano teórico y permita brindar un apoyo práctico a las mujeres inmigrantes que luchan por superar este problema, y a los profesionales vinculados al acompañamiento, no sólo para paliar el acontecimiento (mecanismos de corto plazo frente a las manifestaciones de la violencia directa) sino que posibilite trabajar desde la raíz para potenciar a las mujeres como agentes de cambio, capaces de escoger el tipo de vida que quieren llevar, alejadas de la violencia. Medidas estas destinadas a elevar su calidad de vida en el mediano y largo plazo.
1.3. Empoderamiento: origen y definiciones
El origen del concepto se relaciona con los movimientos populares vinculados a los procesos de defensa por los derechos civiles en los Estados Unidos en la década de los sesenta, asociados particularmente a las luchas de la comunidad afroamericana por la incorporación democrática y justa a la sociedad.
En la actualidad, el término empoderamiento tiene diferentes significados en diferentes contextos sociales, económicos, políticos y culturales11. Sumado a ello, es difícil su traducción a todos los idiomas, se asocia con los intereses de los desposeídos de poder, de aquí que el concepto se tome como expresión de obtención de dominio y autogeneración, fuerza personal, control, poder personal, elección propia, vida digna en concordancia con los propios valores de la persona, capacidad de luchar por los derechos propios, independencia, toma de decisiones propias, ser libre, despertar, y capacidad (Banco Mundial, 2002).
El empoderamiento está enclavado en los sistemas de valores y creencias locales. Es de valor intrínseco.
También tiene valor instrumental. Es relevante a nivel individual y colectivo. Puede ser económico, social o político. Puede usarse para caracterizar relaciones dentro de los hogares o entre los pobres y otros actores a nivel global. Por lo tanto hay muchas posibles definiciones de empoderamiento, incluidas definiciones basadas en derechos. En su sentido amplio, empoderamiento es la expansión de la libertad de elección y acción. Esto significa incrementar la propia autoridad y control sobre los recursos y las
11 Las estrategias destinadas al empoderamiento, no pueden desviarse del contexto histórico al que pertenecen, como tampoco pueden ser sacadas de los eventos recientes.
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decisiones que afectan la propia vida. En la medida en que la gente ejerce sus facultades de elección real, tiene mayor control sobre su propia vida (Banco Mundial, 2002).
De igual modo, en esta propuesta el empoderamiento se entiende más como autodeterminación y no como asunción del modelo de poder imperante, puesto que es necesario cuestionar y desmontar la noción perversa del poder, ligada al sistema patriarcal. Lo que en términos generales vincularía la noción de empoderamiento, en este caso, con la de emancipación (elección libre y consciente) de las estructuras tradicionales de poder, y no con la reproducción misma del poder tradicional e injusto por parte de las mujeres.
Magdalena León (1997) señala en su compilación “Poder y empoderamiento de las mujeres” que los sinónimos en español de este término12 se asocian con potenciación y poderío, o en su forma verbal, con empoderar, potenciar y apoderar. El sustantivo potenciación implica comunicar potencia a una cosa o incrementar la que tiene, pero se refiere a potenciar cosas y no personas. La palabra empoderar denota acción por su prefijo. A este verbo se le ha dado como sinónimo apoderar, de uso antiguo, que se define como dar poder a uno/a y facultades y como constituirle y hacerle dueño/a de una cosa, hacer poderoso/a y hacerse poderoso/a (León, 1997).
La autora en mención, privilegia el uso de los términos empoderamiento y empoderar porque ellos señalan acción y porque empoderamiento implica que el sujeto se convierta en agente activo como resultado de accionar, que varía con cada situación concreta. El rasgo más significativo del concepto es contener la palabra poder, por cuanto su uso es un llamado de atención sobre las relaciones de poder o del poder como relación social (León, 1997).
En definitiva, Magdalena León plantea que existe la política de recuperar y expandir el uso de la palabra empoderamiento en el castellano, estimulada especialmente por los movimientos de mujeres, los cuales tienen la intención de impulsar cambios en la cultura, en particular en los imaginarios sociales sobre la relación de las mujeres en el poder, como se verá a continuación.
1.3.1. El empoderamiento en las relaciones de género
Dentro de las nuevas connotaciones que posee el término empoderamiento se encuentra la utilizada en el contexto de las relaciones de género. En la década de los setenta la ciencia social crítica y el Movimiento de Mujeres, particularmente su vertiente feminista, retoman y desarrollan este concepto (León, 1997).
Dichas ideas surgieron precisamente en los debates en el campo del Género en el Desarrollo, los cuales respondiendo a la inquietud acerca de las herramientas de liberación de las mujeres de las estructuras de subordinación, dieron con el término empoderamiento “como una manera alternativa de percibir el desarrollo, desarrollo que viene de abajo hacia arriba como un aporte de las bases” (León, 1997: 13).
12 Los estudios de las mujeres se han visto abocados a encontrar un equivalente del verbo empower y del sustantivo empowerment en español. En la traducción de UNICEF el termino empowerment fue traducido por “adquisición de poder, mientras que en el libro citado líneas atrás, se utiliza la versión de empoderamiento.
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